Nuestro próximo libro: LA NIETA DEL SEÑOR LINH de PHILIPPE CLAUDEL

Cambiamos completamente de tema y para descansar de tanta guerra vamos a leer una exquisita fábula sobre el exilio, la soledad, la amistad y la lucha por preservar la identidad escrita por el francés Philippe Claudel (Nancy, 1962). La nieta del señor Linh permaneció, desde su publicación en Francia en 2005, en las listas de los libros más vendidos.

A partir del viernes 24 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Forum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de más o menos una semana para conseguir el libro editado por Salamandra.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de La hija del Este. Gracias.

Hasta que comencemos a leer La nieta del señor Linh podéis continuar dejando vuestros comentarios finales sobre La hija del Este.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer este hermoso libro.

Dos citas literarias en A Coruña: Poetas di(n)versos y Libros en directo

El próximo lunes 20 de octubre, a las 20.30 horas en el Centro Ágora, habrá, dentro del ciclo Poetas di(n)versos, una nueva cita con dos poetas: Alvin Pang y Berta Dávila. Dos poéticas hondamente intimistas que se tienden la mano desde Santiago y Singapur. Este ciclo siempre es una buena ocasión para conocer nuevas voces de la poesía actual.

Y el miércoles 22, a las 20 horas también en el Centro Ágora y dentro del ciclo Libros en directo, podremos acercarnos a la obra del escritor José María Merino, y más concretamente a su último libro de cuentos La trama oculta. El escritor y académico coruñés publica un nuevo libro donde mezcla cuentos y microcuentos realistas, fantásticos e incluso futuristas. En palabras del autor: el papel de la literatura es descifrarnos o revelarnos o, como poco, hacernos sospechar lo que a primera vista no es visible, lo que no está en la apariencia más roma o más externa de las cosas.

La entrada a ambos actos es libre hasta completar aforo.

No podemos elegir a nuestros padres ni los tiempos ni el pueblo con el que vamos a vivir

Foto en flickr de The Advocacy Project. Allgunos derechos reservados.

La historia está escrita por los vencedores. El pueblo teje leyendas. Los escritores desarrollan su imaginación. Sólo la muerte es incuestionable. Con esta afirmación del escritor yugoslavo Danilo Kis se cierra La hija del Este. Creo que resumen perfectamente el espíritu de esta novela y la intención con la que fue escrita por su autora, Clara Usón. Un poco antes, el narrador Danilo Papo nos dice: quien esto escribe un día se tropezó con la noticia de la trágica muerte de Ana Mladic. Sintió curiosidad, indagó, investigó, buscó respuestas, aquilató rumores, compulsó datos y con todo ello fabuló una explicación, de la que yo formo parte. De nuevo palabras aclaradoras que descubren el verdadero motivo que llevó a Clara Usón a escribir La hija del Este y a crear, para ello, al personaje de Danilo Papo: narrador de toda la novela, no sólo de la “Galería de héroes”, y protagonista a la vez de gran parte de ella. Me parece un gran logro por parte de la autora la creación de este personaje-narrador que mantiene oculto hasta la mitad de la novela y a partir de la cual cobra gran protagonismo. Un punto de vista de alguien joven, mezcla, como la mayoría, de todos los pueblos que habitan los Balcanes y que vive esa guerra con escepticismo e ironía hasta que finalmente se ve involucrado en ella y eso le hace cambiar. Además la autora lo convierte en amigo de Ana durante sus últimos años.

Esta última parte de la novela comprende dos capítulos dedicados a la “Galería de héroes”, uno explica por qué Danilo se incluye en ellos (se convierte en un Hamlet que quiere vengar la muerte de su padre y, al igual que Hamlet, actué sin pensar, me dejé llevar por el arrebato. El destino le pone en las manos ejecutar su venganza y es por ese motivo que se convierte en héroe) y el otro nos narra con gran maestría el horror de la matanza de Srbrenica. Es tristísimo y terrible lo que allí ocurrió y lo he leído sobrecogida y a punto del llanto pero también con gran impotencia ante la manera en que se exterminó a 8.000 bosniacos y comprobar cómo Occidente y sus cascos azules allí desplegados no hicieron nada para impedirlo. Fue una matanza muy anunciada (fue un guerra filmada hasta la extenuación) y se podría haber evitado. ¿Qué opináis? La autora no duda en denunciar la pasividad de Europa y EEUU con frases como esta gente lleva quinientos años peleándose entre ellos, recordó el presidente Clinton (o puede que fuera Bush) / una intervención exterior no hará sino empeorar las cosas, convinieron franceses, alemanes, ingleses, rusos y norteamericanos; que se zurren lo que tengan que zurrarse y cuando todo haya terminado, ya pondremos orden / habría que darles de comer, dijo la opinión pública, y los gobernantes aplaudieron la propuesta con entusiasmo. ¡Sí, eso es, vamos a alimentarlos! Es una acción humanitaria que nos compromete poco. Y enviaron a las fuerzas neutrales: la única misión de los cascos azules era asegurar que la ayuda humanitaria llegara a su destino, como si una guerra fuera una catástrofe natural, un nuevo tipo de inundación o de huracán. Y celebraron numerosas conferencias de paz que no sirvieron para nada mientras Milosevic y Karadzic disfrutaban de sus estancias en esas rutilantes ciudades extranjeras: se compraban ropa de marca, adquirían souvenirs para la familia, comparaban hoteles. Y el conflicto continuaba sin resolverse. No conseguían ponerse de acuerdo en nada, salvo en la necesidad de celebrar, en breve, otra conferencia. “¿Podría ser en Montecarlo? – sugería Karadzic-. Tiene mar y unos casinos fabulosos. A mi mujer le encanta la playa. Es tan terrible que sobran los comentarios.

Los otros dos capítulos, alternos como en toda la novela, están dedicados a los últimos días de Ana. Ésta vuelve a Belgrado y se siente mal: dolores de cabeza, angustia, tristeza, insomnio… recuerda, de nuevo, vivencias con su padre y, sobre todo, una lectura que la marcará por la similitud con su vida: un cuento de Tolstoi, Después del baile. Aquel relato la desazonó en su momento y ahora piensa que fue como una señal, una premonición. Ana siente lástima, desesperación y una gran autocompasión, todo para tapar la realidad que acaba de descubrir y que se siente incapaz de asumir. Aun así recuerda el día en que ayudó a su padre a cargar los morteros y piensa por primera vez en las víctimas, las imagina, las pone cara. De esa manera comienza su toma de conciencia en una lucha consigo misma. Sabe y no quiere saber. Ella era feliz en su ignorancia y todavía necesita a su padre para que la guíe, para que la calme con su verdad. Yo nunca te he mentido ni te mentiré, le dice siempre su padre. Pero ella empieza a dudar y, a pesar de su alegría ante la vuelta de su padre del frente de Bosnia y el amor que siente por ella tan inmenso, el declive de Ana ha comenzado y ya no parará. Buscando una salida, pero en realidad buscando la verdad, se cita con Danilo, que acude a regañadientes pues ya no es el que era después de volver de Pale, para explicarle que ella no tuvo nada que ver con la muerte de Dragan, pero Danilo le cuenta la verdad sin tapujos: su padre fue el culpable de su muerte, pero tal vez no me creas, puede que no te convenga. Ella no quiere creerle. Pero, al regresar a casa, lee las libretas de su padre donde éste escribe todo lo que pasa en el frente. Busca algo que la aclare pero lo que encuentra no le gusta: leyó entradas que la perturbaron. Recuerda sus fantasías de un futuro feliz con una familia feliz en un entorno feliz. Ahora ya no le valen. Da un último paseo con sus perros y se despide de ese futuro feliz. Ana decide, finalmente, matar a su padre y suicidarse después. Se acabarían los dos y se acabaría la guerra. Pero se da cuenta de que nunca podría enfrentarse a un hombre que la quería tanto. Ana se suicida con la Zastava y no deja ni una carta. El padre enloquece y se entrega a un espiral de muerte y destrucción aún mayor que desemboca en la salvaje matanza de Srbrenica. La muerte de Ana no ha servido para nada.

La novela termina con un epílogo en el que Danilo, el narrador, nos cuenta lo que ha sido de todos los protagonistas que han desfilado por esta historia y la paz tensa y rencorosa que se instauró en los territorios de la antigua Yugoslavia. Y nos explica por qué la ha escrito: por un instante, aquella tarde en Pale me creí Hamlet, pero yo siempre he sido Horacio, aquel cuya misión es contar al mundo todo cuanto sucedió. Respecto al suicidio de Ana, sigue, como todos, lleno de dudas: Y Ana Mladic ¿se ahogó en defensa propia, como Ofelia? ¿Se quitó la vida porque no soportaba el peso de los crímenes de su padre? ¿Era ella la conciencia de la que carece Mladic? “Morir, dormir, nada más”. Dejar de ser quien era, ya que no podía ser otra… ¿O fue su muerte un sacrificio? Esta novela ha intentado, ayudándose de la ficción, buscar una respuesta al suicidio de la hija de Ratko Mladic, el carnicero de Srbrenica. Y, a la vez, ha intentado buscar respuestas a esa guerra genocida y terrible que asoló a la antigua Yugoslavia a finales del siglo XX. La documentación aportada es ingente, es toda una lección de historia, pero como dice la cita de Hegel al inicio de la novela: la historia nos enseña que los pueblos y sus gobernantes nunca han aprendido nada de ella.

Para terminar os dejo con unas sabias palabras de la Premio Nobel de Medicina, Rita Levi Montalcini, una gran pensadora además de una gran investigadora. Palabras que nos pueden ayudar a entender el horror: el cerebro tiene dos hemisferios, uno arcaico que gobierna nuestros instintos y emociones y otro más joven en el que reside nuestra capacidad de razonar. Hoy el arcaico domina y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Es la causa de todas las tragedias que ocurren, como el Holocausto.

Plazos
Es hora de vuestros comentarios sobre esta última parte y sobre la novela en general. Os animo a que dejéis, a lo largo de una semana, vuestras opiniones, críticas, frases que os hayan impactado y todo aquello que os parezca interesante comentar.

Mi padre repetía que no sabemos quiénes somos hasta que las circunstancias nos ponen a prueba

Sarajevo, Bosnia. Foto en flickr de Kashklick. Algunos derechos reservados.

En esta segunda parte seguimos con los capítulos intercalados. Los pares, 8, 10 y 12, continúan con la “Galería de héroes” y los impares, 9 y 11, nos siguen narrando la historia de Ana a la que dejamos en Moscú aferrada a sus firmes convicciones nacionalistas.

El capítulo 8 está dedicado a Radovan Karadzic, presidente de la República de Srpska, sobre el que Francisco nos acaba de comunicar una reciente noticia publicada en prensa cuyo titular es: “Karadzic fue el “motor” de la limpieza étnica en Bosnia, según el TPIY (Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia)”. Todavía está su juicio pendiente en el que este genocida luchará por evitar la cadena perpetua. Así de recientes son los hechos que estamos leyendo por los que los culpables todavía están siendo juzgados.

La historia de Karadzic comienza en 2005 convertido en Dragan Dabic, un excéntrico experto en terapias alternativas (que florecieron junto al nacionalismo cuando el comunismo desapareció). Es hilarante que el criminal de guerra más buscado en el mundo es esos momentos se haya convertido en un cantamañanas y pueda vivir sin problemas en el marco de la nueva Serbia. Pero así fue esta guerra y los responsables de tal masacre tardaron bastantes años en ser detenidos, amparados por gran cantidad de serbios, y por el propio gobierno, que todavía continuaban creyendo en ellos. Pueblerino hortera, fanfarrón, simpático, soplón en los tiempos de Tito, vago, ególatra, mentiroso, mediocre, tramposo, cobarde… los calificativos que despliega, siempre con ironía, el narrador son de este calibre. Convertido en psiquiatra y poeta bohemio, no descolló en ninguno de estos campos, lo único que le movía era el dinero. Intentó ganarlo, de manera fallida, por varios medios hasta que descubrió la política donde sí le fue bien para conseguir su propósito. Y como corrían vientos nacionalistas a principios de los noventa se unió a Milosevic y acabó convertido en un fanático nacionalista serbio consiguiendo en 1992 ser presidente de la recién constituida República de Srpska. En este capítulo se nos narra los orígenes de la guerra de Bosnia y quienes eran los bosniacos. Esta guerra duró tres años y no lograron ganarla los serbios a pesar del cerco de Sarajevo y la cantidad de matanzas que realizaron en su intento de exterminar a los bosnios. Karadzic, como ahora sabemos, fue el motor de esta limpieza étnica. Y los que le rodeaban, de los que también nos habla el narrador, eran incluso peor que él, y, curiosamente, todos procedían de medios académicos e intelectuales. ¿No os parece increíble?

A medida que avanza esta “Galería de héroes”, el narrador se va desvelando cada vez más: nace en 1970 en Sarajevo de padre judío y madre serbia con antepasados procedentes de las otras etnias: croatas y musulmanes. Un buen ejemplo de lo que eran entonces los Balcanes (sobre todo la ciudad de Sarajevo), donde todos estaban mezclados y aparentemente convivían en paz. Predomina la figura de su padre, un profesor intelectual cuyo escepticismo hereda su hijo. Hay numerosas reflexiones de este padre sobre las cuestiones más esenciales que mueven al ser humano: la verdad, el bien, el mal, la existencia de Dios… todas vistas desde un relativismo individualista y descreído. El hijo es un fiel reflejo del padre. Me gustaría comentar estas reflexiones pero la novela está tan llena de información y acontecimientos que es imposible extenderse tanto. Si queréis, en los comentarios lo podéis hacer vosotros. El narrador nos da una clave de unos de los posibles orígenes del conflicto cuando nos cuenta que en Sarajevo y en casi todas las ciudades de Bosnia-Herzegovina, la población más culta y acomodada era la musulmana […] y eso causaba cierto resentimiento en los rudos aldeanos serbios o croatas de las montañas. ¿No os recuerda a la situación de los judíos en la Alemania nazi o la de los armenios en Turquía? La historia se repite.

El siguiente “héroe” de la galería es Ratko Mladic. El capítulo tiene un brillante arranque que nos mantiene expectantes pues nos habla de dos generales opuestos que acaban convirtiéndose en el mismo: Mladic. Las dos caras de la misma moneda. Doble personalidad (¿esquizofrenia?): bueno que hace el bien, malo que hace el mal. La misma dicotomía a la que tendrá que enfrentarse su hija cuando descubra quien es verdaderamente su padre. Destaco una serie de significativas frases de este hombre: allí donde un soldado serbio haya derramado su sangre, es tierra serbia. / ¡Cuántos hay! Va a ser un banquete. La sangre nos llegará hasta las rodillas. / Cada vez que veo a un enemigo muerto, me dan ganas de volver a matarlo. / Que trabajen los francotiradores. ¡A por ellos! ¡Qué disparen a la carne, sólo a la carne! / Prefiero que el enemigo me tema a que me coja cariño. Sin comentarios. Para que conozcáis más a este personaje, os recomiendo que leáis, si no lo habéis hecho aún, el artículo del que os puse el enlace en el post inicial en el que Clara Usón asiste al juicio de Mladic en La Haya.

Mladic provenía de un pueblo muy pobre de Bosnia-Herzegovina lleno de resentimiento hacia los ustachas y los chetniks, pertenecía a una familia campesina y desde niño tuvo que trabajar. Era responsable, valiente y decidido, un niño aplicado que se convirtió en un militar seguro de sí mismo y en padre y esposo ejemplar. Ratko Mladic perdió la guerra pero si hubiera ganado la guerra de Bosnia, la historia oficial se hubiera encargado de borrar o negar ciertos crímenes, ciertos abusos, procurando que en sus retratos, estatuas y biografías sólo fuera resaltado el perfil bueno; el otro, el del asesino, habría permanecido para siempre en la penumbra.

Y, por fin, llegamos al capítulo 12 en el que se nos va desvelar quién es el narrador: el último bogomil. Con la ironía que le caracteriza nos va a hablar de sí mismo como héroe. Aunque no sabremos exactamente porqué hasta la tercera parte, nos adelanta algo: cuando veo un héroe, echo a correr. En cierta ocasión, las circunstancias de la vida me pusieron a prueba y para mi disgusto me comporté como un héroe, por eso me incluyo aquí. Este descubrimiento es clave en la estructura de la novela pues por fin aparece uno de los personajes más relevantes de La hija del Este, que cobrará importancia a partir de aquí. Personaje de ficción (del que la autora dice que se basó para su creación en muchas de las personas que conoció cuando estuvo allí documentándose para lo novela), Danilo Papo es un joven, amigo de Ana, Petar, Marko… Enamorado de Ana pero sin conseguir ser correspondido, se convierte en amigo íntimo de ella. Mezcla de razas, de Sarajevo pero que termina viviendo en Belgrado con su madre cuando sus padres se separan, antinacionalista, escéptico, irónico, el chistoso oficial, un payaso, un bufón que a todos hace reír. En medio de este capítulo se nos habla de quienes son los bogomiles y cómo visita con su padre las tumbas bogomilas, algo que hacen a escondidas y que les une. Es una hermosa historia y son asimismo hermosísimos los epitafios, algunos de los cuales se reproducen, que encuentran en esta tumbas. ¡Eran unos sabios! Los bogomilos no creían en Dios, ni en el más allá, afirma el padre cuando se encuentran con este epitafio: El Cielo existe sólo para que puedas arrojarte con más facilidad a la nada, creyendo que accedes a la eternidad.

Después de este paréntesis poético, Danilo nos cuenta cómo conoció a Ana y cómo se hicieron amigos. Ella le habla de su padre como un ser maravilloso por lo que, cuando Danilo lo conoce, creyéndose que se va a encontrar con un hombre único, con lo que se encuentra realmente es con “una bestia”. También nos habla de cómo su cuñado, el de Danilo, se convierte en un político ultranacionalista, paradigma de los trepas, lo que utiliza, con ironía y burla, para descalificar a esta clase política ascendente y depredadora. Danilo es un escéptico como todos sus amigos y, por eso, se salvan de la fiebre de patriotismo que impera en Belgrado. No tiene bandera, no quiere identificarse como nada. Es un extranjero en su propia tierra, no es “nada” porque es mezcla de todo. También nos habla de cómo durante la guerra serbocroata hay un éxodo de los serbios de Belgrado porque los que van a la guerra son los de los pueblos, los habitantes de la Serbia profunda. Él aprovecha para ir a todas las manifestaciones en contra de la guerra y pasárselo bien. A pesar de que su madre le dice que se vaya, él todavía no quiere irse porque, a su edad, está ávido de emociones. Visita a su padre alguna vez en Sarajevo. A pesar de que Danilo le intenta convencer para que escape de allí, el padre piensa que no va a pasar nada porque en Sarajevo todas las etnias están emparentadas y se llevan muy bien. Conoce a la nueva novia de su padre, Aída, y se enamora de ella, viviendo un episodio cómico de intento de seducción que acaba fatal y con un alejamiento de su padre por su sentimiento de culpa. Finalmente Aída deja a su padre y éste se hunde más en el alcohol, pero cuando finalmente empieza la guerra de Bosnia, el padre se involucra en trabajos con la comunidad judía aunque sigue pensando que no va a pasar nada. El capítulo termina con la ascensión a general de Ratko Mladic ya que va a dirigir las tropas serbias en la guerra de Bosnia.

Los dos capítulos impares de esta parte, 9 y 11, se ocupan de Ana Mladic. En ellos van a ocurrir cosas claves que serán el principio del fin de Ana. Ésta va al encuentro con Sasha en un intento de seducirlo. El interés es mutuo y ambos, durante una comida, se van conociendo. Sasha le habla de la coincidencia de su nombre con el de Ana Karenina de Tolstoi. Discuten sobre el sentido del suicidio. Ana piensa que quien se suicida es un cobarde que no quiere enfrentarse a sus problemas. Sasha no opina igual. El periodista la invita a su casa con la intención clara de acostarse con ella. Ana, presa de fantasías adolescentes, siente que se está enamorando pero lo que encuentra en su casa no es el amor sino a dos extranjeros amigos de Sasha, un fotógrafo canadiense y una periodista bosnia que le hablan de la guerra de los Balcanes. Hablan claro. Le enseñan fotos, insultan a Mladic de una manera contundente llamándolo asesino. Le cuentan todo lo que está pasando. Ana, que se ha hecho pasar por andorrana, disimula pero está espantada. Finalmente el fotógrafo le quiere enseñar un vídeo donde se ve quien es verdaderamente Mladic. Ante las protestas de Sasha, que ve cómo se aleja su plan de seducción, Ana se sorprende a sí misma diciendo que quiere verlo. Es, quizás, el primer síntoma del cambio que se va a operar en ella. Cuando se quedan solos, Ana le confiesa a Sasha quién es realmente y le dice que Mladic es un gran héroe serbio. Pero Ana ha reconocido la voz de su padre aunque se resiste a creer lo que ha visto y oído. Es imposible que, en un principio, Ana lo crea pues toda su vida, toda la estructura que la sostiene se caería en pedazos (que es lo que va a pasar más adelante). Para evitarlo recuerda todo lo bueno que ha hecho su padre y todo lo vivido con él (todo mentiras por ella creídas). Es su último intento de agarrarse a algo.

Sasha queda horrorizado y ella recuerda cómo todos los que la rodean la desprecian u odian o evitan, le hacen el vacío en la facultad… ¿y por qué? Por quien es su padre. Ana es una joven superingenua que creer a pies juntillas en su padre y que incluso cuando un día su madre y ella le visitan en el frente, terminan ayudándole a cargar los morteros que matarán a los “terroristas musulmanes”. Ana cree estar haciendo una gran labor y no piensa, ni por un momento, en las víctimas de esas bombas. Más tarde sí lo hará.

Al final del capítulo 11, Ana, para terminar con todos sus sueños, asiste, sin ser vista, a una conversación de sus amigos sobre ella y su padre. La acusan de chetnik, de saber quién es realmente su padre y de cómo ambos enviaron al frente a Dragan, su exnovio, para vengarse de él. Más decepciones, más verdades insoportables… pero Ana sigue en sus trece: “mi padre es un héroe”.

Plazos
Me he extendido muchísimo pero es que la novela es densa y está llena de información y acontecimientos. Es la hora de vuestros comentarios. Espero que sean numerosos y comentéis lo que yo no he podido, o lo que queráis, claro. A lo largo de una semana más o menos comentaremos esta parte y continuaremos con la lectura que irá desde el capítulo 13 (pág. 299) hasta el final de la novela.

Se empieza entonando canciones folclóricas y se termina empuñando un kalashnikov

Antes de pasar a comentar esta primera parte de La hija del Este, quería hacer una alusión a la foto de portada y a las citas que encabezan la novela. La foto claramente es de Ratko Mladic y su hija Ana. Es muy significativa esta foto. En ella se ve a un joven y apuesto Mladic que mira al infinito con satisfacción y serenidad. Entre sus brazos está la pequeña Ana que sonríe a la cámara tímida y también contenta. La viva imagen de la familia (en este caso el padre y la hija) feliz. Suponemos que son buenos tiempos, todavía falta mucho para la guerra. No es casual que se haya escogido esta foto en la que se muestra la unión de los dos protagonistas de la novela así como la cara humana del genocida Mladic. A lo largo de la lectura iremos conociendo la estrecha relación que mantenían y la cara más amable, de padre amantísimo y hombre alegre y bueno, del general. Pienso que la autora quiere recalcar la parte humana de todos los asesinos que, aunque nos cueste aceptar, existe. La dicotomía bien-mal que se da en el ser humano. En la foto no podemos vislumbrar ni por asomo las atrocidades que cometería unos años después este hombre de mirada y gesto amable. ¿Qué opináis vosotros?

Respecto a las citas ambas son también muy significativas. Por un lado, la del filósofo marxista Hegel que dice una verdad como un templo y que podremos comprobar cómo se cumple, una vez más, en la parte histórica de esta novela. Y por otro lado, una cita de Ratko Mladic que muestra a las claras lo que realmente hizo este hombre: matar y matar, y no sólo en el frente de batalla, como única manera de intentar conseguir un nuevo estado, el serbio, llegando a lo que ha sido calificado como un auténtico genocidio. ¿Qué opináis de ellas?

La novela posee un buen comienzo, muy original y actual, que nos pone sobre la pista de la historia que vamos a leer. Un vídeo colgado en Youtube en el que se nos muestra primero a la familia feliz en dos momentos: en el de la guerra (1993) y en una escena familiar campestre, para pasar después a la visión de una esquela seguida de un féretro ante el que los padres destrozados lloran a su hija muerta. El capítulo introductorio termina con estas palabras: en el vídeo, un fundido en negro separa el plano que muestra a la chica risueña de la escena de su velatorio; dura menos de un segundo esa pantalla oscura, pero encierra un enigma y, quizá, una explicación. Esta frase contiene el quid de esta novela: ¿por qué una chica tan alegre y feliz se suicidó? Es lo que, leyendo, vamos a intentar averiguar. Y el verdadero motivo que movió a Clara Usón a escribir La hija del Este. Pero para ello es necesario indagar también en la historia real del país, actualmente países, en el que se desarrolla la historia personal de la novela: la antigua Yugoslavia que Tito creó después de la Segunda Guerra Mundial logrando unificar y logrando que vivieran en paz durante más de cuarenta años pueblos muy diferentes: los serbios, los croatas y los bosnios. Y que, una vez desaparecido Tito, se despedazaron los unos a los otros en una cruenta guerra civil hasta conseguir la precaria paz que disfrutan hoy en día desmembrados en seis países.

Antes de seguir quiero dejar un apunte. Es respecto al narrador. Desde el primer momento nos preguntamos: ¿quién narra esta historia? Como ya os dije, lo comprobaremos hacia la mitad de la novela, pero, este capítulo introductorio está narrado, a mi parecer, por la propia autora, Clara Usón.

Esta primera parte comprende siete capítulos, de los cuales tres (los pares) son los denominados “Galería de héroes”. A través de ellos el narrador va a intentar explicarnos parte de la compleja historia de los Balcanes. Es la parte histórica y real de la novela. En realidad excepto los dos primeros capítulos, que nos hablan de los orígenes del pueblo serbio a través de la historia-leyenda del rey Lazar y la batalla de Kosovo contra los turcos acaecida en 1389, el resto de la “Galería de héroes” se centrará en las figuras de Slobodan Milosevic, Radovan Karadzic y Ratko Mladic, claves para entender la guerra de los Balcanes, así como de alguien más, que por ahora no desvelaré, del que ya hablé en el post introductorio de la novela. Por supuesto hay muchas alusiones a la Yugoslavia comunista de Tito y a la terrible Segunda Guerra Mundial, en la que esta zona estuvo ocupada por los nazis y en la que se libró una cruenta batalla entre los partisanos, que eran comunistas, los nazis, los ustachas (croatas que apoyaron a los nazis) y los chetniks (serbios que primero se opusieron a la ocupación nazi para acabar finalmente apoyándolos).

En esta primera parte, además de la poética, aunque sanguinaria, leyenda de la batalla del rey Lazar contra los turcos que nos sirve para entender lo que va a pasar después, se nos cuenta la vida y milagros de Slobodan Milosevic: un niño obediente, empollón y patoso que pasó a ser denominado “el pequeño Lenin” en su juventud porque él era más comunista que nadie. Hizo carrera política y después, cuando comenzaron a soplar los vientos nacionalistas, se convirtió en un acérrimo defensor de la patria serbia. Un chaquetero ávido de poder cuya secreta pero firme ambición era ver su foto por todas partes y cualquier medio era aceptable si le ayudaba en la consecución de ese fin supremo, ser el nuevo mandamás. Y lo consiguió llegando a convertirse, en junio de 1989, en presidente de la República Serbia. A partir de ese momento sólo guerra, guerra y más guerra. El capítulo nos narra cómo se desarrollaron las de Eslovenia y la de Croacia dejándonos a las puertas de la de Bosnia. En este capítulo el narrador comienza a dar señales de quién es: un joven que vive en Belgrado todavía con sus padres y que se opone al nacionalismo: Serbia es pequeña, es un puto país de mierda, lleno de gilipollas nacionalistas como vosotros les increpa a una pandilla de patriotas serbios. Nos habla de sus amigos de por entonces, comienzo de los años noventa, y de su familia mientras nos desgrana la historia de Milosevic. Su lenguaje es coloquial y lleno de ironía tal como corresponde a un chico antinacionalista que vive en el hervidero patriótico en que se ha convertido Serbia. Hasta en el estilo en que están escritos estos capítulos la autora es cuidadosa.

Los capítulos impares (3, 5 y 7) nos van a contar la historia de Ana Mladic, una estudiante de medicina. Están narrados en 3ª persona desde el punto de vista de la propia Ana. Comienzan en marzo de 1994 cuando Ana, acompañada de un grupo de amigos, realiza un viaje de cinco días a Moscú. Quieren divertirse. El primer capítulo nos va presentando a los amigos, cada uno representa un arquetipo, que vierten críticas, no exentas de burla, al antiguo comunismo y a la guerra de Yugoslavia, en pleno apogeo. Nos muestra la situación actual de Rusia que se ha lanzado al capitalismo más feroz y está en manos de las mafias. Hay numerosas alusiones a la Serbia de esos momentos sometida a un embargo muy fuerte por parte de los países occidentales y a una alta inflación. Petar, el amigo más crítico, es un intelectual irónico al que Ana odia. Se nos presenta la idea de Ana de la guerra, idealizada, distorsionada, totalmente equivocada por influencia de su padre, al que adora y cree ciegamente. Tiene una bronca monumental con Petar sobre la guerra en la que Ana pierde el control. Se va furiosa y rememora su historia más reciente, sobre todo sus últimos amores (con dos hombres totalmente distintos), sus estudios y su familia. Ana, ya en el capítulo 5, harta de todo y con ganas de perder el control y transgredir las normas, algo que nunca hace ya que es una excelente alumna y una chica formal, se emborracha y en la noche moscovita conoce a un hombre que es muy amable con ella: Sasha, un fotógrafo de prensa ruso, que va a ser clave en esta historia. Ana amanece con resaca al día siguiente y se queda sola en el hotel pensando en su vida. Tiene muy presente a Dragan, su último novio aunque nunca estuvo enamorada de él. Dragan, un alocado joven bromista, despreocupado que sólo piensa en divertirse (y en hacer negocios sucios de pequeño contrabando), acaba en la guerra y muere en ella. Algo que también va a ser clave en esta historia.

Ana es una mujer con una gran ética, íntegra, buena, estudiosa, con un gran afán de autosuperación y voluntad. Pero equivocada. Aparece su padre como una presencia poderosísima. Su padre que todo lo hace bien y que la adora. Ella en el fondo lo que quiere es irse al frente de Bosnia a curar a los heridos serbios que luchan por su libertad ante los ataques de los asesinos bosnios. Eso es lo que piensa Ana. No quiere oír ni una palabra de sus amigos en contra de la guerra y de los serbios. Están equivocados. Y ahí la dejamos. En sus firmes convicciones tanto personales como políticas.

Plazos
Es la hora de vuestros comentarios sobre esta primera parte que está plagada de información y acontecimientos. Hay mucho de lo que hablar. De ahí mi extensión en el post. Y eso que me he dejado muchas cosas atrás que podréis comentar vosotros. A lo largo de una semana más o menos comentaremos esta parte y seguiremos con la lectura que irá desde el capítulo 8. Galería de héroes: Radovan Karadzic (pág. 150) hasta el final de capítulo 12. Galería de héroes: el último bogomil (pág. 298).

La hija del Este: ficción y realidad en la Guerra de los Balcanes

15 years after. Foto en flickr de M. Orellana. Algunos derechos reservados.

La hija del Este es la sexta, y por ahora última, novela de Clara Usón y podemos decir que es la más ambiciosa de todas ellas. Tardó tres años en escribirla durante los cuales se documentó exhaustiva y profundamente. La información que contiene esta novela sobre el conflicto de los Balcanes, la antigua Yugoslavia y los orígenes del conflicto es clara, completísima y nos sirve para entender perfectamente, todo lo que se puede entender un conflicto tan complejo, lo que allí pasó. Parece que la hubiera escrito un nativo. Además está escrita con un estilo claro, de fácil lectura, y, a la vez, con profundidad de pensamiento. Usón toca todos los temas que giran alrededor de esa guerra y reflexiona y nos hace reflexionar sobre todos ellos. Hay, por tanto, información y análisis.

La hija del Este mezcla historia, leyenda y ficción. Posee una compleja estructura en la que transitan diferentes voces y se mueve en dos planos: uno colectivo y otro personal. Ambos planos confluyen al final de una manera muy lograda. Podemos decir que todo lo real que se cuenta en esta novela es el armazón de la misma. Lo que sostiene y da entidad a las historias personales que se narran. Es un intenso relato de ficción e investigación histórica.

La Guerra de los Balcanes fue el conflicto más sangriento acaecido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Se compuso de varias guerras, que comenzaron en 1991 y que acabaron con la antigua Yugoslavia (Tito, Presidente de este país, murió en 1980 y hasta 1991 existió Yugoslavia y el régimen comunista conviviendo con un ascenso de los nacionalismos). La intervención de la OTAN y los acuerdos de Dayton en 1995 pusieron fin a estas guerras con la derrota de los serbios y la división de la antigua Yugoslavia en diferentes estados independientes: Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Montenegro (algunos posteriormente a 1995). Las distintas facciones que lucharon, marcadas por su religión, fueron los serbios (cristianos ortodoxos), los croatas (católicos) y los bosnios (musulmanes), sin olvidar a los albaneses de Kosovo. El origen de estas guerras fue la composición multiétnica de Yugoslavia y la supremacía política y demográfica de los serbios. Murieron entre 130.000 y 200.000 personas y hubo millones de desplazados. Se la ha calificado de un auténtico genocidio. Sirva esto como introducción a un conflicto muy complejo del que hablaremos más profundamente a lo largo de la lectura. Os aseguro que el libro nos lo va explicar con todo detalle y nos va aclarar todas nuestras dudas.

La novela está dividida en 16 capítulos y un epílogo. Los capítulos pares, escritos con una fina ironía, son una sucesión denominada “Galería de héroes” en los que partiendo de la historia del Rey Lazar (siglo XIV), nos van presentando las biografías y personalidades, así como sus fulgurantes carreras políticas, de los dirigentes de las repúblicas balcánicas en el momento de la guerra: Slobodan Milosevic, presidente de la República de Serbia, Radovan Karadzic, presidente de la República de Srpaska (una de las dos entidades políticas de Bosnia Herzegovina que se formó en 1992) y Ratko Mladic, conocido como “El carnicero de los Balcanes”, general del ejército serbio en la guerra contra Bosnia. Todos juzgados en el Tribunal Penal Internacional de La Haya como genocidas de guerra. La autora parte del pasado más remoto para poder entender el pasado inmediato. Hay otro protagonista en la “Galería de héroes” pero, por ahora, no quiero desvelar quién es ya que hacia la mitad más o menos de la novela surgen nuevos datos sobre el verdadero narrador de la historia y tiene que ver con él. Lo analizaremos a su debido momento. Estos capítulos se inscriben en el plano colectivo de la novela.

Los capítulos impares nos van a narrar los últimos días de Ana Mladic. La joven hija de 23 años del general Ratko Mladic. Ana es una joven estudiante de medicina, inteligente, risueña, sensible y muy nacionalista, que mantiene una estrecha y maravillosa relación con su padre al que considera un héroe. Pero su historia se tornará en tragedia cuando viaja con otros estudiantes a Moscú, en plena guerra, marzo de 1994, y allí descubre cosas muy feas sobre su padre que inicialmente se resiste a creer. Pero algo se transforma en ella en ese viaje porque al volver a Belgrado ya nada es como antes. Ana está triste, rara, le duele la cabeza, no puede dormir, hasta que una noche, poco después de la vuelta, toma una decisión que marcará la vida de su familia para siempre: Ana se suicida con la pistola preferida de su padre, un acto claramente simbólico, sin dejar ni una nota. Hasta aquí los hechos reales. La ficción entra cuando el narrador nos cuenta con pelos y señales sus últimos días, tanto en el viaje como después y, sobre todo, supone, conjetura sobre los motivos de su suicidio, algo que, en la realidad, nunca se sabrá (Usón comenta: quizá fue un sacrificio, un acto heroico o una simple forma de autodestrucción).

Desde el principio no hay intriga puesto que conocemos los hechos históricos y el fatal desenlace de Ana. Lo que interesa en La hija del Este son los matices, los problemas de los personajes, sus razones y sinrazones, la pérdida de la inocencia de Ana y el efecto que produce en ella el descubrimiento de una verdad terrible e insoportable. Es una novela histórica por un lado, y de personajes por otra, entra en la mente de los protagonistas para poder entender los motivos que les movieron a hacer lo que hicieron.

Hay otro protagonista en la novela, que coincide con el narrador de la historia, pero, como ya he dicho, no quiero desvelar por ahora nada sobre él, ya que, hasta la mitad de la novela no aparece como personaje ni sabremos que es el narrador.

Clara Usón decidió escribir esta novela cuando leyó en la prensa inglesa un artículo sobre Ana Mladic donde se analizaba su suicidio y las posibles causas. A la autora le pareció una historia fascinante y comenzó a documentarse descubriendo que la historia era complejísima y que necesitaba saber mucho más sobre ella. Viajó a la antigua Yugoslavia, entrevistó a decenas de personas, leyó libros, entrevistas, visionó vídeos (la guerra de los Balcanes fue una guerra muy mediática. Existen centenares de filmaciones escalofriantes) y descubrió que para escribir de Ana Mladic tenía que escribir sobre la guerra de los Balcanes. Lo hace desde el lugar de los que la causaron, los serbios, Ana lo era. Los bosnios, las verdaderas víctimas, son un personaje coral siempre de fondo en esta historia. En una entrevista Clara Usón afirma lo que me cautivó no fue el trasfondo histórico, sino la fuerza del conflicto familiar que estaba ahí encerrado.

Hay ecos de Homero, Shakespeare y Tolstoi en la novela. Lo iremos descubriendo cuando la analicemos con más profundidad.

Os dejo una serie de enlaces de entrevistas a la autora: El País (marzo 2012); a Alejandro Espiño de Pontevedra Viva; a Isabel Bugallal de La Opinión de A Coruña; a Alicia González de Casa Balcanes.
Y dos enlaces más: uno es el vídeo promocional de Seix Barral con imágenes de la Guerra de los Balcanes y otro un artículo de la propia Clara Usón, muy interesante, en la revista Letras Libres, febrero 2013, cuando visitó el Tribunal Internacional de La Haya para asistir al juicio a Ratko Mladic.

Para terminar os transcribo lo que el escritor Juan Goytisolo dijo de La hija del Este: es un magnífico texto literario en el que pasado y presente se funden con sabiduría y abarca una historia centenaria de afrentas, vergüenzas y crímenes a través de la vivencia dolorida de la enigmática protagonista.

Plazos
Como la novela es densa y larga, dividiremos la lectura en tres partes. La primera nos llevará hasta el final del capítulo 7 (pág. 149). La leeremos a lo largo de más o menos una semana. Podréis ir dejando en este post vuestras impresiones iniciales de la lectura para ya pasar a comentarla con más profundidad, una vez leída, cuando publique el siguiente post que corresponderá a esta primera parte.

Y volvemos con LA HIJA DEL ESTE de CLARA USÓN

La hija del EsteDespués de este paréntesis estival volvemos de la mano de Clara Usón (Barcelona, 1961), para mí una de las mejores escritoras españolas de la actualidad. En este caso, vamos a leer su último libro: La hija del Este (Seix Barral Biblioteca Breve, 2012), merecedor del importante Premio de la Crítica, así como el Premio Ciutat de Barcelona.

Una novela que disecciona la guerra de los Balcanes y que se nutre de datos verídicos, entrelazados con rumores y conjeturas, para conformar un híbrido de realidad y ficción.

En La hija del Este, Clara Usón reflexiona sobre el nacionalismo extremo y la manipulación política utilizando como hilo conductor a Ana Mladic, la hija del general Ratko Mladic.

Desde mañana martes ya podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Forum.

Los que todavía no hayáis devuelto ejemplares de libros anteriores, no os olvidéis de hacerlo, por favor.

Nos encontraremos aquí en el plazo de más o menos una semana para comenzar la lectura.

Los que vivís fuera de Coruña disponéis de este tiempo para conseguir el libro.

Podéis continuar dejando vuestros comentarios en el anterior post sobre los libros que habéis leído este verano. ¡Hasta pronto!

¡Volvemos el próximo lunes 8!

Foto en flickr de melenita2012. Algunos derechos reservados.

Hola a todas y a todos. Espero que hayáis pasado un buen verano lleno de lecturas. Ya nos contaréis.

El próximo lunes 8 de septiembre retomamos nuestras actividades lectoras. Ese día publicaremos un post anunciando el libro con el que vamos a inaugurar esta nueva etapa, que esperamos que sea mucho mejor aún que las precedentes, con muchísimos comentarios que conviertan al Club en algo vivo y muy enriquecedor para todos. Ya sabéis que el principal objetivo de este Club es crecer más como lectores y como personas.

Esperamos contar con todos los que ya sois miembros del Club, más algunas personas que se apuntaron a lo largo del verano y todos aquellos que estén interesados en sumarse a esta iniciativa de compartir lecturas a través de Internet.

A lo largo de esta semana y a la espera de comenzar, podéis ir dejando en este post comentarios sobre vuestras lecturas de verano. ¿Qué habéis leído? ¿Qué os ha gustado más?…

¡Nos vemos de nuevo aquí en menos de una semana!

¡Nos vamos de vacaciones!

Foto en flickr de eddy_ Algunos derechos reservados.

Bueno, pues nos vamos de vacaciones, así que “cerramos” temporalmente el Club Virtual de Lectura para disfrutar del periodo estival. Volveremos a principios de septiembre con fuerzas renovadas y más libros que compartir.

El verano se presenta siempre como un buen momento para leer aquellos libros que no nos ha dado tiempo a hacerlo. Os animo a todos para que compartáis en este post recomendaciones de todo tipo. Contadnos qué libros vais a leer y animaos a dejar sugerencias.

Aunque estemos de vacaciones, yo entraré de vez en cuando en el blog, así que no dudéis de dejar cualquier comentario que os apetezca. Algunos nos habéis comunicado que vais un poco atrasados en la lectura del libro y que entraréis a escribir algún comentario más. Adelante pues a todos los rezagados y podéis dejar todos los comentarios que queráis sobre este último libro.

No se os olvide devolver vuestro ejemplar de El olvido que seremos en la Biblioteca de Forum.

Julio y yo os deseamos unas felices vacaciones a todos. ¡Qué las disfrutéis y  hasta septiembre!

Cómo se viene la muerte

Que se marche la violencia. Foto en flickr de Tonari no Totoro. Algunos derechos reservados.

Los tiempos felices se agotan, desaparecen. El motivo es la muerte en 1972 de su hermana Marta, con sólo 16 años, de un cáncer y, quince años después, en 1987, la de su padre, que con 65 años fue asesinado. De estas muertes habla fundamentalmente esta segunda y última parte del libro.

Y después de ese paréntesis de felicidad casi perfecta, que duró algunos años, el cielo, envidioso, se acordó de nuestra familia, y ese Dios furibundo en el que creían mis ancestros descargó el rayo de su ira sobre nosotros que, tal vez sin darnos cuenta, éramos una familia feliz, e incluso muy feliz.

El autor nos habla por fin de sus hermanas narrándonos sus amoríos, y posteriores bodas, como introducción a la historia de Marta: y ahora tengo que contar la muerte de Marta, porque eso partió en dos la historia de mi casa. Marta era la artista de la familia (la portada del título lo constata: una foto de niña con un violín, su primera pasión), inteligente, buena, la preferida de su padre como el autor nos dice. Se decantó por la música pero todo lo hacía bien: yo, de entrada, me había rendido ante su superioridad. En cuatro meses la muerte se la llevará a pesar de todos los intentos por curarla. El autor narra y describe los hechos con toda minuciosidad, con la distancia y la contención, a las que ayuda el tiempo que ha pasado, con que está escrito todo el libro. Hay pocas reflexiones ante un hecho tan terrible como es la fulminante muerte de alguien querido a tan temprana edad. A continuación de narrar el entierro de su hermana, hay un “flash forward” de quince años que nos lleva al entierro de su padre y lo que aconteció allí. Las dos muertes de seres tan amados que acaban con la felicidad de la familia.

Estoy seguro de que mi papá no padeció la tentación del martirio antes de la muerte de Marta […] Cuando uno lleva por dentro una tristeza sin límites, morirse ya no es grave. Aunque uno no se quiera suicidar, o no sea capaz de levantar la mano contra sí mismo, la opción de hacerse matar por otro, y por una causa justa, se vuelve más atractiva si se ha perdido la alegría de vivir. A partir de ese momento, Héctor padre se compromete hasta la locura con batallas imposibles, con causas desesperadas. Su lucha social se hace mayor aún si cabe: Si me mataran por lo que hago, ¿no sería una muerte hermosa?, se preguntaba mi papá cuando algún familiar le decía que se estaba exponiendo mucho en sus denuncias de torturas, secuestros, asesinatos o detenciones arbitrarias, que fue a lo que se dedicó en los últimos años de su vida, a la defensa de los derechos humanos. Todavía siendo profesor universitario se sumergió de lleno en las manifestaciones de los estudiantes y los profesores que se enfrentan al Ejército que había ocupado la universidad. Después de una jubilación obligada y no deseada, además de leer, escuchar música, llevar un programa de radio, escribir artículos de prensa y cuidar de sus amadas rosas, trabajó sin descanso en el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos de Antioquia, el cual presidía.

Antes de esto, en 1978, los dos, padre e hijo, pasan casi un año en Ciudad de México. El autor tiene 19 años y para él esta estancia es decisiva. Decisiva porque entra en contacto con escritores, asiste a talleres de escritura, lee sin parar (En busca del tiempo perdido de Proust será la obra que más le marque) y es en ese momento cuando se fragua su vocación que le llevará más tarde a convertirse en escritor. Y es entonces, también, cuando yo me di cuenta de que debía separarme de él, así fuera matándolo […] Un papa tan perfecto puede llegar a ser insoportable […] Es como si uno, de todos modos, en ese final de la adolescencia, no necesitara un aliado, sino un antagonista. Héctor ha llegado al clímax de su dependencia y comunión, tiene la edad de querer volar libre, y aunque no lo conseguirá hasta el año 82 en que se casa y se va a vivir a Italia (creo que realidad sólo me liberé de él, de su excesivo amor y de su trato perfecto, de mi excesivo amor, cuando me fui a vivir a Italia), en ese momento intenta, en una delirante escena, matarle y matarse él poniendo a toda velocidad el auto en el que viajan. No lo consigue y todo queda como una anécdota plena de significado de ruptura con la infancia y con el papel tan predominante que el padre había tenido en su vida.

En Colombia crecía de nuevo la epidemia cíclica de la violencia […] y esta pestilencia, a mediados de los años ochenta, tenía la cara típica de la violencia política. El Estado, concretamente el Ejército, ayudado por escuadrones de asesinos privados, los paramilitares, apoyados por los organismos de seguridad y a veces también por la policía, estaba exterminando a los opositores políticos de izquierda, para “salvar al país de la amenaza del comunismo”, según ellos decían. Más claro y contundente no puede ser. Y el padre habla, escribe, denuncia, exige con la única arma que le quedaba: la libertad de pensamiento y expresión: la palabra, las manifestaciones pacíficas de protesta, la denuncia pública de los violadores de todo tipo […] Publicaba artículos en los que señalaba a los torturadores y a los asesinos. Denunciaba cada masacre, cada secuestro y la única respuesta que obtiene del Gobierno es el silencio, la indiferencia, el desdén y las acusaciones injustas de ser un aliado de la subversión.

El autor detalla el horror de las torturas y pone nombres y apellidos a los asesinados en un intento de que no caigan en el olvido, en el olvido que seremos. El padre empieza a sufrir amenazas pero él sigue incansable su lucha, ingenuo, como le tilda el hijo, apasionado, lanzado en un camino ya sin retorno. Héctor entresaca fragmentos de sus artículos para que conozcamos mejor la obra de su padre pero también dedica un capítulo a hablar de sus debilidades, sus defectos, sus errores para no caer en la hagiografía. Entre estos habla de su debilidad por la belleza, nombrando la película Muerte en Venecia, que yo no acabo de entender, ¿y vosotros?, ¿alguien me puede aclarar este pasaje?

Antes de narrar con todo detalle los hechos del asesinato de su padre, el autor reflexiona sobre la inevitable muerte que a todos nos va a llegar un día, transcribiendo los hermosos versos de las Coplas de Jorge Manrique por la muerte de su padre y añade: este libro es el intento de dejar un testimonio de ese dolor, un testimonio al mismo tiempo inútil y necesario.

El padre estaba preparado para morir, no le temía a la muerte pero quería vivir: ojalá que no me maten: quiero morir rodeado de mis hijos y mis nietos, tranquilamente […] una muerte violenta debe ser aterradora, no me gustaría nada. Sobrecogedoras estas palabras. Los hechos son reconstruidos por el autor paso a paso, incluso se pone en la piel del padre en el momento en que cae abatido por las balas. Da voz a sus hermanas que cuentan cómo recibieron la noticia y de qué manera reaccionó cada una. Es hermoso el párrafo en que narra cómo se sintió él al lado del cadáver ensangrentado de su padre. El último artículo, publicado postmortem, se titulaba “¿De dónde proviene la violencia?” y contesta: esta violencia nace del sentimiento de desigualdad.

El autor finalmente reflexiona sobre qué le ha llevado a escribir este libro: para que se sepa. Para alargar su recuerdo un poco más, antes de que llegue el olvido definitivo […] poner en palabras la verdad, para que ésta dure más que su mentira. No hay afán de venganza porque su padre les enseñó a no tenerla: los tristes asesinos que le robaron a él la vida y a nosotros, por muchísimos años, la felicidad e incluso la cordura, no nos van a ganar, porque el amor a la vida y a la alegría (lo que él nos enseñó) es mucho más fuerte que su inclinación a la muerte.

Y termino con estas palabras del autor: la única venganza, el único recuerdo, y también la única posibilidad de olvido y de perdón, consistía en contar lo que pasó, y nada más. Y eso es lo que ha hecho Héctor Abad Faciolince con sabiduría, con mucho amor, con inteligencia, con la verdad y con una cordura que no ha perdido en ningún momento del relato de los hechos.

Plazos
Es vuestro turno de comentar esta segunda parte y todo el libro en general. Tenéis una semana para hacerlo. Animo a los que todavía no habéis comentado nada a que lo hagáis. Es un libro para hablar largo y tendido. Si estuviéramos cara a cara lo haríamos ¿no? Pues entonces, venga, hagámoslo por escrito que es nuestra manera en este Club Virtual.
Después haremos una pausa en nuestras lecturas pues nos iremos de vacaciones estivales hasta septiembre que ¡también las necesitamos!

Y por amor a la memoria llevo sobre mi cara la cara de mi padre

Medellín. Foto en flickr de laloking97. Algunos derechos reservados.

Con esta cita de Yehuda Amijai se abre este libro. Y Héctor Abad Faciolince lo dedica a dos de los supervivientes de la masacre que asoló Colombia en los años ochenta. Toda una declaración de intenciones y una mención a los dos temas principales sobre los que va a tratar El olvido que seremos: el amor que el autor profesó a su padre y la violencia de la que fue víctima él mismo.

Esta primera parte que vamos a analizar se centra en la relación padre-hijo durante la infancia del autor. Un recorrido por la Colombia de los años sesenta y un retrato de la familia del escritor y su vida cotidiana. Héctor Abad Faciolince nos va a contar la historia de su vida teniendo como figura central a su padre: el niño, yo, amaba al señor, su padre, sobre todas las cosas. Lo amaba más que a Dios / La idea más insoportable de mi infancia era imaginar que mi papá se pudiera morir, y por eso yo había resuelto tirarme al rio Medellín si él llegaba a morirse […] Todo esto es una cosa muy primitiva, ancestral, que se siente en lo más hondo de la conciencia, en un sitio anterior al pensamiento. Ya desde el principio de su vida la relación más intensa que mantiene el hijo es con su padre: yo sentía por mi papá lo mismo que mis amigos decían que sentían por la mamá. En una familia de mujeres, madre y cinco hermanas, ellos estaban unidos de una forma casi animal, el niño buscaba el refugio de su padre, no el de su madre, por la que, por otra parte, también sentía un gran amor.

Héctor crece arropado por su padre, buscando su apoyo y sus enseñanzas, sus caricias, abrazos y besos. Era un hombre generoso que daba todo lo que tenía por lo que la madre, una mujer con los pies en la tierra y muy decidida, siempre se ocupó de la economía tanto en la casa como fuera de ella. En un tiempo no muy proclive a que las mujeres trabajaran, la madre sí lo hizo (fue, en cierto modo, una feminista adelantada a su tiempo), montando un negocio de administración de edificios, en el que sólo trabajaban mujeres, que creció como la espuma y que permitió al padre ocuparse de sus filantropías y asuntos sociales. Tanto era el amor que esa mujer le tenía. El padre trabajaba en la Facultad de Medicina, en el Departamento de Salud Publica y Medicina Preventiva, y, más tarde, ocupó también cargos públicos en el mismo campo. Escribía artículos, participaba en programas de radio, siempre enfocando su labor en conseguir mejoras en el terreno de la salud para los más desfavorecidos.

Su padre le enseñó a escribir antes de ir al colegio y él, desde muy niño, le enviaba cartas. Héctor considera que si se dedica a la escritura es gracias a su padre. Cuando lo asesinaron, Abad Faciolince todavía no había comenzado a escribir: creo que el único motivo por el que he sido capaz de seguir escribiendo todos estos años, y de entregar mis escritos a la imprenta, es porque sé que mi papá hubiera gozado más que nadie al leer todas estas páginas mías que no alcanzó a leer. Que no leerá nunca. Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra.

Su padre pensaba que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo. Nunca los pegó, era muy permisivo con ellos y siempre les manifestó un amor excesivo: yo no le tenía miedo a mi papá, sino confianza; él no era déspota, sino tolerante conmigo; no me hacía sentir débil, sino fuerte; no me creía tonto; sino brillante. El autor está completamente de acuerdo con esta actitud: ahora pienso que la única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. Todo el libro es una sucesión de manifestaciones de este tipo. ¡Qué feliz tuvo que ser Héctor y cuánto tuvo que sufrir cuando perdió a su padre de una manera tan violenta y terrible!

¿Por qué era el padre tan cariñoso y efusivo? El autor encuentra una causa posible en que el padre de su padre le educó con mano dura: creo que en la forma perfecta como mi papá nos trataba, había una protesta muda por el trato que él había recibido del abuelo. El libro está plagado de anécdotas sobre la infancia del autor, su familia, los diferentes personajes que la componían, lo que nos permite conocer su vida cotidiana en la Medellín de los años sesenta y que leemos como si de una novela se tratara. Asimismo, se extiende en la narración del trabajo de su padre, las diferentes labores que comprendía, los sucesivos puestos que fue desempeñando, siempre con el mismo objetivo: ayudar a los que menos tenían. En palabras del mismo Héctor Abad Gómez: el médico profesor tiene que estar por ahí en los caminos, observando, manoseando, viendo, oyendo, tocando, bregando por curar con la rastra de aprendices que le dan el nombre de los nombres: ¡Maestro!…Sí, doctorcitos: no es para ser lindos y pasar cuentas grandes y vender píldoras de jalea… es para mandaros a todas partes a curar, inventar y, en una palabra, a servir. Su manera de trabajar no era bien vista, le tildaban de marxista y por ese motivo tuvo que ausentarse durante meses repetidas veces a lo largo de los años yendo a trabajar a otros países para no perder su trabajo, e incluso su vida, ausencias que Héctor llevaba rematadamente mal tan unido estaba a su padre. Durante esas ausencias el padre continuaba su labor de educación con su hijo enviándole largas cartas con las que el niño Héctor incluso dormía.

La madre, las hermanas y las familias del padre y de la madre eran muy religiosas, practicantes de misas e interminables rosarios y procesiones. A Héctor le hacían participar cosa que no le gustaba nada pero luego venía el padre a contrarrestar tanta mojigatería con sus enseñanzas laicas y filosóficas en la que la razón era el único mandamiento. Héctor creció entre estos dos mundos contradictorios: A esa edad en que se forman las creencias más sólidas yo vivía azotado por un vendaval contradictorio, aunque mi verdadero héroe, secreto y vencedor, era ese nocturno caballero solitario que con paciencia de profesor y amor de padre me lo aclaraba todo con la luz de su inteligencia, al amparo de la oscuridad / Entre dos pasiones religiosas insensatas, una masculina en el colegio, y otra femenina, en la casa, yo tenía un asilo nocturno e ilustrado: mi papá. El autor hace mucho hincapié en esta contradicción que vivían incluso los propios miembros de la familia pues la madre era muy religiosa pero luego trabajaba fuera de casa y era adelantada en sus ideas y abierta en sus convicciones y el padre, a pesar de su laicismo y no asistir a la iglesia, era creyente: esta guerra sorda de convicciones viejas y convicciones nuevas, esta lucha entre el humanismo y la divinidad, venía de más atrás, tanto en la familia de mi mamá como en la de mi papá. Y también el seno de la Iglesia y del país se estaba librando esa guerra. Eran los años sesenta en los que crecería el germen de la teología de la liberación.

A pesar de todo, la familia era feliz y los años transcurrían sin sobresaltos. Son tiempos felices. Más tarde llegará la tragedia, pero eso lo dejamos ya para la segunda parte de la lectura. Esta primera parte concluye con el relato de un incidente en el que el autor se muestra muy sincero respecto a su cobardía: no fue capaz de salvar a su hermana Sol que estuvo a punto de morir ahogada. Héctor tenia nueve años, al final, quien la salva es un niño negro de su misma edad: y aunque mi hermana no se ahogó, a mí me quedó para siempre la honda sensación, la horrible desconfianza de que tal vez, si la vida me pone en una circunstancia donde yo deba demostrar lo que soy, seré un cobarde.

Es hora de vuestros comentarios. El libro es tan denso en contenidos: reflexiones, descripciones, narraciones de hechos…, que me es imposible comentarlo todo. Así que es vuestro turno para hacerlo. ¿Cuál es vuestra opinión sobre lo leído hasta ahora? ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención?

Plazos
Dedicaremos una semana a los comentarios mientras seguimos leyendo desde la página 134 hasta el final del libro.

El olvido que seremos: un libro valiente y lleno de amor

El autor Héctor Abad Faciolince. Foto en flickr de marilink. Algunos derechos reservados.

Este libro que vamos a leer es muy especial, mucho, y muy valiente. También podría decir que es muy emotivo, contiene poesía de altura y emociones que nos llevan del humor al llanto. Pero un llanto contenido porque el autor lo escribe desde la distancia necesaria (sin un exceso de sentimentalismo, que es siempre un riesgo grande en la escritura de este tipo) que le impida caer en sensiblerías que empobrecerían el texto, y lo consigue con creces pues el libro posee una gran calidad literaria.

Para el autor, Héctor Abad Faciolince, ha tenido que ser muy difícil de escribir, no en vano dejó pasar veinte años para poder hacerlo (me sacó de adentro estos recuerdos como se tiene un parto, como uno se saca un tumor). Veinte años desde que grupos paramilitares abatieron a tiros en la calle a su padre Héctor Abad Gómez el 25 de agosto de 1987. Y es entonces, en 2005, cuando el autor, que ya era un escritor reconocido de novelas, cuentos, viajes, se siente capaz de escribir lo que es un verdadero homenaje a su padre. A un padre que amó incondicionalmente, que idolatraba incluso, al que estuvo muy unido, con el que no había secretos, el que le enseñó todo, el que le abrazaba y le colmaba de cariño, el que le guió en la niñez y la juventud, el que le apoyó siempre. Es emoción lo que sentimos al leer estas páginas llenas de amor. La unión que había entre padre e hijo era muy fuerte y especial. Eran los dos únicos hombres en una familia de muchas mujeres. Mujeres fuertes que también querían y eran queridas. Pero para Héctor su padre era como un dios. De ahí el dolor que tuvo que sentir y lo difícil que debió de resultarle escribir este libro. Difícil pero necesario, para él pero también para su familia, para todas las personas que lo quisieron, que fueron muchas, para los colombianos y, en último lugar, para nosotros los lectores.

El olvido que seremos, hermoso título extraído de un poema de Borges que su hijo encontró en el bolsillo de la chaqueta de su padre cuando fue asesinado, trata de esta especial, muy cercana y enriquecedora relación que Héctor Abad Faciolince mantuvo con su padre desde su nacimiento hasta que lo mataron cuando el autor contaba 28 años de edad y su padre 65. No estamos acostumbrados a leer sobre una buena relación, extraordinaria en este caso, padre-hijo. Normalmente, quienes han escrito sobre ello narran relaciones tormentosas, difíciles, ausentes. Así lo hicieron Kafka o Philip Roth, entre otros. Por eso, nos asombra, nos extraña. Y nos interesa. E incluso algunos podrán sentir envidia de la buena. Es toda una lección de vida lo que vamos a encontrar en estas páginas. De vida, de amor filial y familiar, de alegría, de dolor cuando toca, y, me atrevería a decir, de felicidad. Nos habla de una familia como tendrían que ser todas las familias. Una familia basada en el amor mutuo y en la expresión de ese amor a través de continuos abrazos y besos y gestos y conversaciones y apoyo y confianza.

Pero este libro es más que esta maravillosa relación. Es una denuncia de la violencia, de la injusticia, del horror, sea del color que sea. En este caso nos habla de la Colombia de los años ochenta pero que se puede ampliar a cualquier situación y lugar similares. Y es un homenaje a todos los que lucharon, y cayeron, por conseguir un mundo mejor. El libro recorre la historia reciente de Colombia, desde el nacimiento del autor, en 1958, hasta finales de los años ochenta. Denuncia la exterminación sistemática, silenciosa, muy violenta, selectiva y efectiva que asoló Colombia entre 1981 hasta 2012: 23. 161 asesinatos, con torturas incluidas en muchos casos, documentados en un informe reciente del Centro de Memoria Histórica. Mataron a todos aquellos que luchaban contra ese horror, que hablaron alto y claro y lo pagaron con sus vidas: profesores, estudiantes, intelectuales, sindicalistas, políticos, líderes comunitarios… en una guerra implacable que agentes del Estado, en alianza con grupos paramilitares, llevaron a cabo. De ahí el valor histórico de este libro con el objetivo de que el olvido no se lleve todo lo ocurrido a ningún lugar.

Héctor Abad Gómez, cristiano en religión, marxista en economía y liberal en política, fue uno de estos luchadores, desde sus inicios como médico, para conseguir que Colombia fuera un país mejor. Desde el principio de su carrera estaba convencido de la necesidad del compromiso social de la medicina en países devastados por la pobreza como Colombia y quiso llevar la salud a los barrios más necesitados y a las zonas rurales más deprimidas. Y lo hizo a través de numerosos programas de salud pública y de medicina social preventiva. También como profesor de la universidad llevaba a sus alumnos a estos lugares para que conocieran la verdadera situación de su país e hicieran todo lo posible para mejorarla. Asimismo, escribió libros de análisis y denuncia y numerosos artículos en prensa donde no dejó de hablar claro, con nombres y apellidos, sobre el atropello que estaba sufriendo la sociedad colombiana. Toda su vida luchó por la paz, la tolerancia y la justicia. Por eso siempre fue una persona incómoda para el poder. Durante muchos años le salvó su prestigio como profesional y su bondad, que todos conocían. Hasta que Colombia se vio inmersa en una espiral de violencia muy difícil de parar, se convirtió en el país más violento del mundo, y acabo acribillado a tiros en una calle de Medellín. En cierta manera, era una muerte anunciada. Y él sabía que podía pasar. Pero ni esto le hizo callar y dejar de ser consecuente con todo lo que había sido a lo largo de su vida. Fue un hombre muy valiente. Como tantos otros, que el autor homenajea con nombres y apellidos, que tampoco callaron y dejaron de hacer, desde la lucha pacífica, de las palabras y los actos, lo que creían que debían de hacer: conseguir justicia, verdad, mejoras sociales… en un país marcado por las desigualdades.

El libro, dividido en cuarenta y dos capítulos, es la historia real del médico Héctor Abad y la de su hijo pero está narrado con los recursos de la novela y es, a la vez, testimonio, documento, ensayo y biografía. Lo leemos como quien lee una novela a través de una maravillosa prosa, precisa, clara, inteligente y culta, y unos acontecimientos que van desde lo cotidiano a lo histórico. El orden es cronológico pero, desde las primeras páginas, hay saltos al futuro que nos anticipan hechos y nos despiertan la curiosidad ante lo que va a suceder.

El olvido que seremos, que lleva quince ediciones sucesivas, ha gozado del favor de los lectores y posee numerosas críticas positivas. Asimismo, posee el premio WOLA-Duque Human Rights. Mario Vargas Llosa le dedicó en 2010 una de sus columnas quincenales, titulada “La amistad y los libros”, en la que afirmaba que era la más apasionante experiencia de lector de mis últimos años.

Os dejo varios enlaces, además del de Vargas Llosa, para que podáis conocer más sobre la obra. Uno de ellos es un vídeo, “El olvido que seremos en el recuerdo que somos”, en el que el Héctor Abad Faciolince habla sobre este libro durante algo más de una hora. No dejéis de verlo. Es interesantísimo y una manera inmejorable de conocer al autor y a su obra a través de su palabra. Otro es un artículo, publicado en el diario El Espectador de Colombia, titulado “Acuérdate de olvidar”, escrito por el autor que sirve como un complemento necesario a El olvido que seremos y que, además, contiene fotografías de la familia. Y, por último, el propio blog del autor.

Plazos
Vamos a dividir la lectura en dos partes. A lo largo de una semana leeremos hasta el final del capítulo 22, Pág. 133. Como siempre, podéis ir dejando vuestras impresiones iniciales en este post hasta que publique el análisis de esta primera parte en la que entonces la comentaremos más profundamente. ¡Buena lectura!

Juan José Millás en A Coruña dentro del ciclo Libros en directo

El próximo martes 17 de junio a las 20.30 h en el Centro Ágora estará el escritor Juan José Millás cerrando la segunda temporada del ciclo Libros en directo.

Millás hablará sobre su última novela, La mujer loca (Seix Barral, 2014). Esta novela narra, con el fino sentido del humor característico del autor, las tribulaciones de un escritor a la caza de un reportaje que novelar o de una novela que “reportajear”. Ficción y realidad se mezclan para crear una crónica actual, íntima y honesta con personajes entrañables como Julia (pescadera en una gran superficie, de día, sanadora de palabras, de noche), Emérita (una mujer hecha a sí misma, ferretera con un gran secreto) y Serafín (esposo y meditador).

El ciclo Libros en directo está organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de A Coruña y coordinado por Pedro Ramos. En el tiempo que lleva de existencia ha conseguido convocar en la ciudad a los autores más relevantes de la actualidad literaria.

La entrada es libre hasta completar aforo.

Nuestro próximo libro: EL OLVIDO QUE SEREMOS de HÉCTOR ABAD FACIOLINCE

Abandonamos Europa para irnos a Latinoamérica, más concretamente a Colombia. El autor escogido esta vez es Héctor Abad Faciolince (Medellín, Antioquia, 1958) y el libro, un homenaje que el escritor hace a su padre, el médico y humanista Héctor Abad Gómez, asesinado por los paramilitares en 1987. El olvido que seremos (2005) es una suerte de biografía de la vida de este hombre, y un testimonio de la estrecha y maravillosa relación que el autor mantuvo con él.

Éste será el último libro que leamos antes de las vacaciones estivales de julio y agosto. Desde mañana lunes 9 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Forum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de una semana para conseguir el libro editado por Seix Barral Biblioteca Breve.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Los platos más picantes de la cocina tártara. Gracias.

Nos vemos en una semana para empezar a leer este emotivo y valiente libro. Mientras podéis seguir comentando sobre Los platos más picantes de la cocina tártara, sobre todo los que todavía no lo habéis hecho. Acabo de dejar un comentario en el último post del libro.

John Banville obtiene el Premio Príncipe de Asturias de las Letras

John Banville

Estoy contentísima porque el escritor irlandés John Banville (Wexford, 1945) acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de este año. Y digo contentísima porque es un escritor al que admiro enormemente. Cada libro suyo que leo me confirma en su maestría en la utilización del lenguaje y en la construcción de historias. Considero que es un escritor sabio, elegante, incisivo, preciso, conocedor de los entresijos del alma humana que se supera a sí mismo con cada nuevo libro. Poseedor de un sutilísimo sentido del humor, nos devuelve la fe en la literatura pues sus novelas poseen emoción, belleza y nos permiten disfrutar del placer de leer un buen libro.

Es autor de diecisiete novelas, casi todas traducidas al español. Yo destacaría los títulos El intocable (1997), Eclipse (2000), El mar (2005), Los infinitos (2010) y Antigua luz (2012), la última por ahora. Todas publicadas por Alfaguara.

Pero Banville contiene una sorpresa y es que con el pseudónimo de Benjamin Black ha creado una serie de novela negra que lleva ya siete títulos con gran éxito de público y de crítica. La última, La rubia de ojos negros (2014) es un homenaje al maestro del género Raymond Chandler a través de su personaje Philip Marlowe. Al autor le gusta decir que Black es un artesano y Banville un estilista.

John Banville ha declarado en numerosas ocasiones que para él escribir es como respirar. Y leer es su complemento: Cuando empecé, era una manera de evadirme de mi pueblo, de mi tiempo. A medida que seguía leyendo descubrí que era más bien la vía para meterse en el mundo.

El jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014 le ha concedido el premio por su inteligente, honda y original creación novelesca, y a su otro yo, Benjamin Black, por ser autor de turbadoras y críticas novelas policíacas. La prosa de John Banville se abre a deslumbrantes espacios líricos a través de referencias culturales donde se revitalizan los mitos clásicos y la belleza va de la mano de la ironía. Al mismo tiempo, muestra un análisis intenso de complejos seres humanos que nos atrapan en su descenso a la oscuridad de la vileza o en su fraternidad existencial. Cada creación suya atrae y deleita por la maestría en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, y por su reflexión sobre los secretos del corazón humano.

Un último y curioso apunte sobre el galardonado: es uno de los nobles habitantes, en concreto duque, del Reino de Redonda. Universo creado por el escritor Javier Marías para homenajear a sus escritores y artistas más admirados.

Animaos a leerlo si todavía no lo habéis hecho. Merece la pena con creces. Para los que vivís en Coruña, las Bibliotecas Municipales poseen bastantes de sus títulos.

Os dejo un fragmento de su novela El marpara que podáis comprobar por vosotros mismos lo magistral de su prosa: Me asombra lo poco que ha cambiado en los más de cincuenta años transcurridos desde la última vez que estuve aquí. Me asombra, y me decepciona, e incluso diría que me aterra, por razones que se me hacen oscuras, pues ¿por qué iba a desear algún cambio, yo, que he vuelto para vivir entre los escombros del pasado? (…) Se supone que la vida, la auténtica vida, es una lucha, una acción y una afirmación inagotables, la voluntad embistiendo con su cabeza roma contra la pared del mundo, cosas por el estilo, pero cuando vuelvo la vista atrás me doy cuenta de que la mayor parte de mis energías se dedicaron siempre a la simple búsqueda de cobijo, de comodidad, de sí, lo admito, un rincón acogedor. Comprenderlo se me hace sorprendente, por no decir escandaloso. Antes me veía como una especie de bucanero que se enfrentaba a todo el que se me ponía a tiro con un alfanje entre los dientes, pero ahora me veo obligado a reconocer que me engañaba. Esconderme, protegerme, guarecerme, eso es lo único que realmente he querido siempre, amadrigarme en un lugar de calor uterino y quedarme allí encogido, oculto de la indiferente mirada del sol y de la severa erosión del aire. Por eso el pasado supone para mí un refugio, allí voy de buena gana, me froto las manos y me sacudo el frío presente y el frío futuro.