Archivo | La azucarera RSS feed for this section

Yo tengo fe en la vida y en los hombres

5 Oct

Urban scene of Al Qahirah (antiguo barrio fatimí de El Cairo). Foto en flickr de TwOsE. Algunos derechos reservados.

Esta tercera y última parte de nuestra lectura comienza con uno de los escasos monólogos interiores femeninos que ocupa todo el capítulo: el de Amina. El autor le da la palabra a un personaje casi inexistente hasta este momento. La fiel, sumisa y religiosa Amina que llora la muerte de su marido y manifiesta su preocupación por todos los miembros de la familia, sobre todo por sus hijos. Un monólogo desde la fe que salva a esta mujer. Un monólogo lleno de sufrimiento y tristeza pero también de intento de superación de ambos sentimientos y de resignación ante ellos ya que Dios así lo quiere: un creyente no debe entristecerse. Viviremos si Dios quiere y olvidaremos. No podremos seguir a nuestro ser querido hasta que Dios no lo quiera. Toda una apología desde su propia voz a la sumisión, aceptada con agrado, en que viven estas mujeres representantes de un tiempo que se acaba.

Estamos en 1942, han pasado cuatro meses desde la muerte del señor y Abd el-Múnim, que ya lleva demasiado tiempo solo (cuatro años) y puede volver a caer en la tentación, pide a sus padres el permiso para casarse con su prima Karima que ya tiene quince años. La madre se escandaliza (nunca le ha gustado la madre de la chica, Zannuba) pero al padre le parece una buena idea. Esperarán un año para que Karima llegue a la edad en que se pueda casar y haya pasado un tiempo prudencial desde la muerte del abuelo.

En el café Jan el-Jalili se reúnen los tres amigos Kamal, Ismail y Riyad a fumar el narguile. Vuelve a salir el tema del matrimonio ya que Riyad se va a casar. Kamal se angustia pensando que va a perder a su amigo del alma: ¿cómo iba a transcurrir la vida sin él? Cuando el matrimonio le convirtiera en una nueva persona como a Ismail, ¡adiós a todas las alegrías de la vida! Kamal reniega de nuevo del matrimonio presentándolo como una cárcel y como una pérdida del espíritu poético de la vida. Riyad le replica que tiene miedo. Él se sume de nuevo en sus dudas pero lo que de verdad desea es una esposa con el cuerpo de Atiyya (la prostituta con la que se acuesta) y el espíritu de Riyad. De esa manera se terminaría su soledad. Kamal está preso de la educación que ha recibido en la que la mujer no la escoge uno mismo sino sus padres y ésta nunca personifica lo que uno de verdad anhela. La mujer será la madre y el ama de casa pero no la compañera. Por eso todos los hombres de la generación de su padre y de la suya van con prostitutas. Es algo normal. Pero él, aún influenciado por esa manera de ver la vida, pertenece ya a otra generación y quiere algo más. Está escindido entre una época que se acaba, personificado en su padre, y otra que empieza, personificada en sus sobrinos. Además están sus propias ideas, progresistas, que le empujan pero, a la vez, no puede abandonar lo que ha mamado en su casa.

Ismail le habla de Aida. Ésta se marchó del país, así como su hermano, porque su familia se arruinó. Han pasado dieciséis años desde que Kamal amó a esta mujer en secreto y ya no siente nada. Su recuerdo lo vive como un símbolo de amor, cuya larga ausencia muchas veces entristece. Pero fue un amor no correspondido y hay algo más que le sigue trastornando y que él vive como una enfermedad: deseó en aquel instante que ocurriera un milagro del cielo, y encontrarse con Aida, y que, por unos cuantos minutos, ella le confesara que compartió sus sentimientos uno o más días, y que la diferencia de edad u otra causa fue lo que se interpuso entre ellos. Si hubiera sucedido ese milagro lo habría consolado de todos sus sufrimientos, viejos y nuevos, su alma se habría contado entre los felices de la creación y la vida no habría pasado en vano. Está condenado a que su amor de antaño permanezca como un enigma para siempre. Así de profunda es su herida. Parece que todos sus males vienen de aquello.

El azar le va a poner en su camino a una mujer que la primera vez que la ve le parece el vivo retrato de Aida, pero ésta es muy joven, veintiún años. Se siente muy atraído por ella y acaba descubriendo que es la hermana menor de Aida, Budur, que estudia letras y lleva una vida modesta con su madre (después de todo el esplendor vivido) con gran dignidad. Este hecho le va a trastornar y a hacer revivir todo lo vivido en su juventud con la hermana. La sigue, va a sus clases de oyente, se hace el encontradizo, comienza a sentir que se está enamorando pero no sabe lo que hay de verdad o de proyección de su pasado. No es casual que la primera mujer en que se fije Kamal después de tantos años sea la hermana, y tan parecida, de Aida. Es como si reviviera a ésta, y a él de paso, en su juventud. Todo lo que hace es como si lo hiciera para ver a la otra. Kamal recupera la felicidad y encuentra un sentido a su vida mientras vive todo esto: él había estado inmerso en la desesperación y el aburrimiento, así pues, apesadumbrado, había corrido tras ese algo, convencido de que sería un consuelo, ¡y qué consuelo!, y una vida, ¡y qué vida! Le bastaba con saber que había vuelto a interesarse por el tiempo, a aspirar a una ilusión y a tener esperanza en la felicidad; es más, ahí estaba su corazón palpitando cuando antes había estado muerto. Kamal quiere recuperar el hombre que fue un día y anhelaba abandonar por esta fascinación su hastío, su languidez y su confusión antes unos enigmas sin solución; como si ella fuera algo semejante al alcohol, pero con un placer más profundo y unas consecuencias más agradables. Budur parece que le corresponde con miradas y pequeñas conversaciones y él ante la idea de un posible matrimonio vuelve a sentir dudas porque ¿qué había de Aida en todo esto? La verdad era que no quería a Aida, pero no rechazaba la idea de aspirar a conocer su secreto. Tal vez para convencerse al menos de que la más hermosa época de su vida no había pasado en vano.

Ha transcurrido un año desde que Ahmad y Sawsan se han conocido. Se han convertido en inseparables trabajando juntos en la revista “El hombre nuevo”. En este último año ambos han pasado a la acción política pronunciando discursos, distribuyendo panfletos y redactando manifiestos. Se supone que pertenecen al Partido Comunista aunque esto no queda claro. Los dos saben que pueden ir a la cárcel. Ahmad está enamorado de ella y, aunque todavía no han hablado de amor, no duda de que sea correspondido. Sawsan está muy politizada y es casi el único tema del que quiere hablar con él. Es una mujer muy avanzada para su tiempo y Ahmad aunque comparte ideología con ella no puede dejar de estar influido por su procedencia burguesa y tradicional: quizá lo que más me molesta de mí mismo, impregnado de el-Sukkariyya, es que continúo considerando a veces a la mujer con una visión tradicionalista y burguesa. Pero siente que ha cambiado gracias a ella que me ha purificado en un grado considerable de la burguesía arraigada en mis entrañas. Sawsan le quiere pero no pertenecen al mismo mundo, ella es hija de un obrero, y se siente orgullosa de ello, y percibe los sólidos restos burgueses de Ahmad. Además siente que su dignidad le impide aceptar lo que intuye que va a pasar: que la familia de él la rechace: ¡sólo una cosa nos amenaza, la mentalidad burguesa! Ahmad, como símbolo de los nuevos tiempos que corren, consigue que su familia, no sin cierta oposición inicial, acepte a Sawsan como su mujer. Kamal y Yasín le apoyan, y su padre, siempre ecuánime, acepta y tranquiliza, incluso con bromas a Jadiga. No hay datos de la boda pero sí que de que pronto empiezan a vivir juntos. Aunque Ahmad le dice a su tío que se casará según la tradición de Dios y su Profeta por lo que suponemos que lo han hecho. Kamal aunque le apoya no puede dejar de estar influenciado por la realidad social. Pero admira a su sobrino: envidiaba su coraje, su fuerza de voluntad y otras cualidades de las que él estaba privado, como, ante todo, la fe en las cosas y la disposición para el trabajo y el matrimonio. Se diría que Ahmad hubiese surgido en la familia para redimirla de su apatía y pasividad.

Volvemos a Kamal y a su incertidumbre respecto a qué hacer con Budur: el interrogante se mantenía sin respuesta mientras él continuaba preguntándose si se casaba o no. Le asustan las responsabilidades que trae el matrimonio. Tiene miedo, es inmaduro pero la lucha se mantiene durante dos meses exhaustiva sopesando obsesivamente los pros y los contras. Idealiza su amor pero en su vida no hay lugar para la realidad. Riyad le anima a que se atreva a vivir la verdadera vida. Le dice que teme la responsabilidad, que es egoísta o que quizá esté enfermo. Kamal sostiene que la ama pero que no quiere casarse. En un encuentro decisivo con Budur, preso de dudas se da cuenta de que había que tomar una decisión. O el valor, o el adiós. Y triunfa el adiós sin que sepa muy bien el porqué de su decisión: ¿se merece que la trates del mismo modo con que antaño te tratara su hermana? Quizá hay esté el quid de la cuestión. O simplemente es el pavor y el espanto que le produce la idea del matrimonio como dice más adelante ¿Qué opináis?

La vida continúa y Karima y Abd el-Múnim se casan finalmente como habían acordado un año y medio después de la muerte del señor. Kamal, cuatro meses después de ver a Budur por última vez ve a esta por casualidad con un joven del brazo. Le duele mucho pues todavía la ama: las puertas de la vida se le cerraban ante su cara. Reflexiona y se da cuenta de que él era el único causante de ese tormento que soportaba. Es necesario conocerse a sí mismo para poder ser feliz y salvarse de los sufrimientos. El combate aún no había llegado a su fin, ni tampoco era la hora de la rendición. Yasín continúa con su vida alegre en las tabernas, de nuevo loas al alcohol, conversaciones de la situación política y suspiros por la juventud perdida. Jadiga se siente sola porque sus hijos, aunque viven con ellos, hacen su vida en sus respectivos pisos de la casa y todavía no le han dado nietos aunque ya ha pasado un año. Los hermanos hacen reuniones en su casa, Abd el-Múnim con los Hermanos Musulmanes y Ahmed, junto a Sawsan, con los amigos afines a sus ideas. Ambos se arriesgan mucho, a la cárcel incluso. Jadiga está estupefacta y muy enfadada: ¡jamás he visto una casa como ésta! ¡Abd el-Múnim y Ahmad tal vez son los nombres de dos cafés y yo aún no me he enterado! No ha llegado la tarde cuando ya se ha llenado la calle de visitantes, entre barbudos, extranjeros y comerciantes… ¡No he oído nada parecido en mi vida!… Jadiga, con sus numerosos enfados y aspavientos, representa la puerta por la que entra el humor en esta familia. Redwán, que tiene poco protagonismo en esta parte, ve como Abd el-Rahim Basha Isa se va de peregrinación a la Meca a buscar el perdón para todos sus pecados. Ya no es el que era, está viejo, e insta al joven a que se case, pero Redwán sigue pensando lo mismo sobre las mujeres: es algo extraño, cuya razón última no alcanzo a comprender. Sin embargo, la mujer es un ser que provoca en mí la aversión… El hombre le compadece y le dice que le domina un sentimiento enfermizo que le conducirá a la soledad como a él.

La novela termina con el arresto de los hermanos: hemos tenido noticias de reuniones sospechosas llevadas a cabo en los pisos de ambos. Son interrogados y ellos se mantienen firmes en sus creencias respectivas, aun así los internan en el campo de el-Tur en el Sinaí. Egipto en esos momentos, 1944, vive un estado de excepción. A la vez, Amina sufre un ataque gravísimo que la deja inconsciente y con una parálisis general. El médico les informa de que su vida no se prolongará más allá de tres días. Como pasó con la muerte del padre, será de nuevo a través del punto de vista de Kamal como viviremos esta triste situación: ¡Cuánto lo amó ella, y cuánto los amó a todos! ¡Cuánto amó a todas las cosas del mundo! Se interroga sobre su propia muerte y su propia vida: tu madre morirá, pero no sin antes haber construido una obra completa. En cambio tú, ¿qué has construido tú? Pero una puerta comienza a abrirse para Kamal a través de sus reflexiones: siempre es bueno que el hombre se incline hacia sus sueños. En virtud de lo cual, el ascetismo es una huida, del mismo modo que la fe ciega en la ciencia es otra forma de huida. Así pues, la acción es indispensable, y para la acción es indispensable la fe. Por tanto, la cuestión se reduce a saber cómo dotarnos de una fe adecuada a la vida. Kamal se sincera con su amigo Riyad que ha ido a acompañarlo: ¡puede parecer fácil vivir inmerso en el propio egoísmo, pero, de ese modo, es difícil encontrar algún bienestar, si se es un hombre digno de ser así llamado! Riyad se alegra de escuchar esas palabras y exclama: ¡he aquí el presagio de una gran transformación! Aunque Kamal tiene un largo camino por delante, las puertas de la fe (de cualquier fe) han comenzado a abrirse para él. También le han influido las palabras que le ha dicho su sobrino Ahmad (no es casual que haya sido él) en la cárcel: yo tengo fe en la vida y en los hombres. La novela termina de un modo abierto mientras los hijos se preparan para la muerte de la madre a la vez que una nueva vida está por llegar, la hija de Karima y Abd el-Múnim, la cuarta generación de la familia Abd el-Gawwad. Pero ésa ya es otra historia…

Plazos
Terminada la novela es hora de vuestros comentarios sobre esta tercera parte y sobre toda la novela en general. Espero que sean numerosos. Apelo sobre todo a aquellos que todavía no se han pronunciado. Si vais rezagados en la lectura ahora tenéis tiempo de terminarla y comentarla. Disponéis para ello de una semana.

Anuncios

Un breve acercamiento a Naguib Mahfuz

30 Sep

Naguib Mahfuz. Autor: Arturo Espinosa. Flickr. Algunos derechos reservados.

Naguib Mahfuz, el único Premio Nobel de literatura en lengua árabe (algo que, a mi parecer, nos puede hacer pensar), nació en 1911 en El Cairo y murió en esta misma ciudad en 2006. Considerado como el padre de la prosa árabe contemporánea, desde muy joven se entregó al ejercicio de la literatura a la que concebía como una especie de vía mística que exigía una dedicación absoluta. De hecho, como nuestro protagonista Kamal, no quiso casarse durante mucho tiempo ya que veía incompatible la vida de familia con su trabajo como escritor. Finalmente, en 1954, a la edad de cuarenta y tres años, se casó y tuvo dos hijas. Su obra comprende numerosos relatos, cincuenta novelas, guiones cinematográficos, ensayos filosóficos y artículos periodísticos.

Mahfuz escribió tanto fundamentalmente para intentar explicar ese Cairo mágico y abigarrado donde siempre vivió y del que sólo salió en tres ocasiones: el viejo Cairo con sus calles, sus mezquitas y sus cafés es un lugar fascinante, lleno de actividad y vitalidad que incluye casi todos los aspectos de la vida urbana egipcia. Vuelvo una y otra vez porque lo adoro. Siempre he ambientado mis obras en lugares en los que me gusta permanecer y el viejo Cairo es mi preferido, por eso lo reflejo en mis obras.

Al leer a Mahfuz nos sumergimos en historias apasionantes, llenas de personajes que nos resultan cercanos porque nos hablan de sentimientos universales y de su mano recorremos las calles, entramos en sus hogares, participamos de sus discusiones, fumamos un narguile en uno de los numerosos cafés cairotas… y todo ello nos ayuda a conocer mejor otra cultura, otro mundo y la historia de Egipto.

Fue uno de los escritores árabes más abiertos a la civilización y la literatura occidental, sobre todo a la inglesa: sucumbí al encanto de Shakespeare, su ironía, su énfasis. Entre él y yo se estableció una complicidad íntima, la que une a los amigos. Admiré también a O’Neill, Ibsen; descubrí con placer a Dos Passos. En cambio Hemingway me dejó indiferente, a excepción de El viejo y el mar. Faulkner me pareció más complicado de lo razonable… No niega la influencia que han ejercido sobre él algunos escritores occidentales, esto se percibe especialmente en la técnica utilizada en sus obras a partir de los años sesenta, pero, en el contenido, la mayoría de sus novelas y relatos se basan en personajes y situaciones de la vida real de su entorno.

Algo hermoso que contar acerca de Naguib Mahfuz es la relación intensa que tenía con el Nilo. Durante años vivió en una casa flotante y después en un apartamento con vistas al río. Por la mañana temprano daba largos paseos por sus orillas y durante los veranos, en los que nunca escribía debido a una alergia en los ojos, se pasaba las tardes sentado al borde de sus aguas contemplándolas y pensando sin cesar en las obras que escribiría cuando reanudara su actividad en otoño. Muchas de esas tardes se quedaba hasta el amanecer y después iba caminando hasta el café Fishawi para desayunar y fumar el narguile.

Víctima de un atentado por parte de integristas islámicos que intentaron asesinarle en 1994, atribuye la causa de la violencia en el mundo islámico al sentimiento de desesperanza originado por una profunda crisis económica y la falta de libertad política que conllevan una degradación y cuanto más grande es la degradación, mayor es la violencia.

La concesión del Premio Nobel en 1988 sirvió para que, a través de su obra y abriendo camino a otros autores, Occidente descubriera la literatura árabe.

Para finalizar os dejo la respuesta que Mahfuz dio a la pregunta ¿por qué escribo?:
Tengo que referirme al pasado para encontrar una respuesta. ¿Por qué me puse a escribir? Por placer… Por dar satisfacción a una fuerza oscura. Nada exterior me empujaba a ese acto. Más tarde, nuevas razones vinieron a ratificar ese querer escribir. El deseo de cargar con un peso… De participar de la grandeza… De ser retribuido por la obra… De mostrar al Otro los principios que se elaboran a lo largo de una búsqueda… De ser leído, simplemente.
No hago distinción entre vivir y escribir.

En mi opinión, Naguib Mahfuz es uno de los grandes escritores del siglo XX, a la altura de muchos otros pertenecientes al mundo occidental. Posee una prosa poderosa, y sencilla a la vez, que fluye con deleite acercándose a veces a la pura poesía. Nos habla de los grandes temas y del ser humano con un fondo de duda perpetua. Sus novelas están teñidas de un pesimismo existencial pero también de una exaltación de la vida. Mahfuz nos hace sentir, nos empuja a reflexionar, a cuestionarnos nuestras propias vidas y el mundo que nos rodea. Sus personajes sufren, aman, discuten, callan, se exaltan, se rebelan… viven, en definitiva, en medio de la pavorosa existencia. Y nosotros con ellos. El maestro Naguib Mahfuz, que nunca juzga, es humano, demasiado humano.

Nosotros opinamos con nuestros intelectos, pero vivimos con nuestros corazones

28 Sep

An old house in Cairo. Foto en flickr de Marwa Morgan. Algunos derechos reservados.

Ha pasado un año y Abd el-Múnim, que sigue cayendo en la tentación en sus encuentros con la joven vecina y, por lo tanto, en sus arrepentimientos posteriores ya que lo vive como un pecado, se llena de fuerza en uno de esos encuentros y rompe con ella. Si quieres vencer a Satán, ignora la ley de la naturaleza. Para mantener su decisión la única salida que encuentra desde su punto de vista religioso (¡No consiento hacer lo que hacen los otros!) es casarse aunque sólo tiene dieciocho años. Escoged vosotros mismos. ¡Quiero una esposa adecuada, la que sea!, le pide a sus padres. No va a dejar los estudios de Derecho ya que su padre le puede mantener los dos años que le quedan para terminar. Los padres acaban aceptando y ¿quién es la elegida? Su prima Naíma. En menos de un año se casan. El día de la boda, el señor Ahmad, que ya se ha jubilado vendiendo la tienda, reflexiona sobre la debilidad que le ha hecho aceptar ese matrimonio: y ya que la boda de Naíma podía aliviar la angustia del corazón de su hija, pues bienvenida fuera. Desde su punto de vista conservador le parece un escándalo que los hijos dicten su voluntad a los padres aún más cuando ni todavía han terminado los estudios: sois unos padres que parecéis haber sido creados para corromper a las generaciones. Los tiempos cambian y los viejos, no les queda otro remedio, se pliegan a ellos. Aisha tiene un motivo de felicidad por primera vez en mucho tiempo y Naíma, angustiada ante la idea de separarse de su madre, le hace prometer que irá todos los días a verla. Pero, ¿qué piensa Naíma de su propia boda? No lo sabemos. Ni ella ha escogido ni sabemos si quiere. Al principio de la novela la hemos oído decir: yo no tengo opinión. Muchos habéis comentado el papel de la mujer en esta novela fiel reflejo de los tiempos y de la cultura en que se desarrolla. Las palabras de Naíma lo expresan a la perfección. No tienen opinión. Aceptan con agrado y sin cuestionárselo lo que sus mayores disponen: no estudiar, casarse con quien ellos elijan, estar siempre en la casa… En oposición están las “otras” mujeres, las prostitutas y las cantantes y bailarinas que dan placer y entretenimiento a los hombres pero que también viven, de otra manera, para lo que ellos quieren. Sólo las dueñas de los burdeles tienen algo más de libertad pues ganan dinero y tienen su parcela de poder. Pero algo está cambiando ya que algunas mujeres comienzan a estudiar en la universidad y, sobre todo, el personaje de Sawsan Hammad, la colaboradora de la revista “El hombre nuevo”, personifica a la mujer independiente y segura que escapa de ese mundo.

Por su parte, Ahmad, que ya está en el curso preparatorio de la universidad estudiando letras, se siente atraído por una hermosa compañera, Alawiyya Sabri. No ha hablado con ella nunca pero siente una afinidad espiritual, la siente una igual ya que estudia como él. Fiel a sus ideas progresistas él escogerá a su futura mujer y tendrá que ser alguien que haya salido del mundo en el que viven las mujeres de su familia. Ahmad cree en la igualdad entre el hombre y la mujer. Pero hay alguien a quien la boda de Abd el-Múnim le ha abierto una brecha: Redwán. El asunto del matrimonio suscitaba su angustia, pues no sabía si algún día se lanzaría o no a esta aventura. Una aventura tan aterradora como necesaria, pero tan lejos de su alma y de su cuerpo. Más claro imposible: él no podía hacer otra cosa que ocultar lo que le quemaba en lo más profundo de su alma. Seguiría siendo un terrible secreto que lo amenazaba. Era como un perseguido, un extraño. ¿Quién ha dividido a los seres humanos en normales y anormales? ¿Cómo se puede ser juicio y parte? ¿Por qué nos burlamos tanto de los desgraciados? La culpa y el sufrimiento por sentirse diferente y salirse del camino en una sociedad en la que el matrimonio es la base de la sociedad. Pero estos lúgubres pensamientos no impiden al ambicioso Redwán a seguir adelante en su carrera política uniéndose a los poderosos. Está con el Wafd pues piensa que será el partido que ostente el poder a pesar de sus divisiones internas. Asiste a las reuniones y fiestas en casa de Abd el-Rahim Basha Isa con el que nos queda la duda de si mantiene algo más que una amistad.

El paso del tiempo se manifiesta a la perfección en el personaje del señor Ahmad. El patriarca que ve como el tiempo de la energía, de la lucha y de las alegrías se ha ido para siempre y al que sólo le consuelan sus reuniones, cada vez más espaciadas, con sus grandes amigos. En ellas hay una verdadera exaltación de la amistad más profunda. Algo hermoso, sin duda. Me cae bien este anciano a pesar de su conservadurismo pues ha gozado de la vida plenamente y la vejez le está dulcificando su personalidad autoritaria. Es religioso pero también terrenal. Es sabio y buena persona. Está claro que simboliza a un mundo apegado a las tradiciones que está desapareciendo: Tienes que estar orgulloso de ti mismo y decir: “hemos casado a las chicas, educado a los muchachos. Hemos visto a los nietos, tenemos dinero abundante que nos cubrirá hasta la muerte y hemos probado lo dulce del mundo durante años. ¿Años verdaderamente? Demos ahora las gracias; es necesario dar gracias a Dios por siempre y para siempre, pero ¡oh!, ¡qué nostalgia! ¡Y perdone Dios al tiempo, al tiempo cuya mera existencia – que no se detiene ni un momento – es un engaño, y qué engaño para el hombre!”. El paso del tiempo, el engañoso tiempo.

Estamos ya a finales de 1937 y la amistad entre Kamal y Riyad Quldus se ha consolidado a lo largo de un año y medio a través de sus frecuentes encuentros en sus cafés preferidos, en sus casas, en la revista y también en sus visitas a la casa de la señora Galila. Sus conversaciones sobre los temas que más les interesan: el arte, la ciencia, la literatura, la filosofía, la política… les hacen gozar de su amistad y aprender el uno del otro. Riyad ha ocupado el lugar que dejó vacío Husseyn Shaddad (el hermano de Aida) el antiguo amigo íntimo de Kamal. No opinan siempre lo mismo pero se entienden bien. Riyad está más politizado que Kamal y cree en el poder de transformación del arte y de la ciencia. Escribe novelas. Es más seguro y no duda como Kamal de todo. Riyad es copto, cristiano egipcio, una minoría siempre perseguida en Egipto. Los coptos creen en el Wafd pues consideran que hará de Egipto una nación libre para los egipcios por encima de sus razas y de sus religiones. Riyad se siente agnóstico y copto a la vez y piensa que el cristianismo es mi patria, no mi religión. No se puede olvidar de su gente y de todo lo que han sufrido. ¿Cómo vivir una minoría en el seno de una mayoría que la reprime? […] la primera misión es tender la mano a los oprimidos (Mahfuz, siempre humano y conciliador, dando voz a la minoría copta de su país). Kamal no choca con ese problema, acepta a todos por igual: ¿crees que la base de esta controversia es la religión, o que la naturaleza humana es siempre proclive a la discordia? Ni los musulmanes forman una unidad, ni tampoco los cristianos. Encontrarás continuas disputas entre shiíes y sunníes, entre higazíes e iraníes, y del mismo modo entre wafdistas y constitucionales, entre los estudiantes de letras y los de ciencias, entre los equipos Nacional y Arsenal. Pero, a pesar de todo eso, ¡qué tristes nos ponemos cuando leemos en los periódicos la noticia de un terremoto en Japón! Qué gran verdad, ¿no creéis?

La familia siempre se reúne, está unida, en los grandes acontecimientos. Es abril de 1938 y en la casa de El-Sukkariyya están todos esperando el nacimiento del primer hijo de Naíma y Abd el-Múnim. Las mujeres con la doctora en la habitación de la parturienta y los hombres esperando en el salón mientras hablan de política. Pero las cosas van mal. Naíma es un joven muy débil y no soporta el parto (El día de su nacimiento el doctor le predijo que el corazón no soportaría la vida de más de veinticinco años). Aisha enloquece: ¿Qué es esto, Señor? ¿Qué es lo que haces? ¿Por qué? Quiero comprender… Pobre Aisha, ha perdido a toda su familia y ya sólo le quedará sufrimiento y dolor. Vagará como un fantasma por la casa y se abandonará a las penas mientras la vida se le va escapando lentamente. Kamal llora la muerte de su sobrina pues la quería mucho. Pero el autor no se regodea en estos tristes hechos. Termina el capítulo y en el siguiente ya han pasado varios meses. La vida continúa. Y en ella van sucediéndose las vicisitudes de cada personaje: Ahmad logra entrar en contacto con la bella Alawiyya, se hacen amigos y él está feliz; Yasín asciende en la escala de funcionario gracias a las amistades que tiene su hijo entre los poderosos (los enchufes funcionan en esta sociedad como en todas); llega el año 1939 y con él la Segunda Guerra Mundial; Redwán consigue, en 1940, el puesto de secretario de un ministro mientras Abd el-Múnim, ayudado de nuevo por su primo y sus influencias, se convierte en un funcionario de cierto nivel; Ahmad, a pesar de que también le ofrecen un puesto de funcionario lo rechaza pues quiere ser un profesional libre y ejercer el periodismo; Karima se ha convertido en una bella joven de trece años y Jadiga piensa en ella como futura mujer de su hijo Abd el-Múnim, está en la edad pues no va a estudiar a pesar de que ella quiere hacerlo; Italia entra en guerra lo que pone a Egipto en un gran peligro, pronto llegarán los bombardeos…

Finalmente Ahmad es rechazado por Alawiyya que aspira a casarse, de acuerdo con su padre, con un hombre rico. Ahmad se despide de ella para siempre diciéndole: quizá la cuestión esté en que nunca has amado. El joven sufrirá un tiempo largo por su primer amor no correspondido. Los amigos de Kamal, incluido Riyad, intentan convencerle de que se case. Éste le habla claro: pasas por una crisis única. Todo a tu alrededor se ha zarandeado por los cuatro costados. Frivolidad e ilusiones de la mente, lucha dolorosa con los secretos de la vida y del espíritu, hastío y enfermedad… Te compadezco. Pero Kamal se resiste asegurando que el matrimonio es la última capitulación en este combate inútil. Riyad prosigue su crítica: tú me inspiras a mí la personalidad del hombre oriental indeciso entre Oriente y Occidente, dando vueltas continuamente alrededor de sí mismo hasta el vértigo. Kamal continúa con sus terribles dudas existenciales: ¿por qué no se había suicidado? ¿No aparentaba externamente su vida que él estaba lleno de entusiasmo y fe? Durante mucho tiempo se había colocado a sí mismo entre dos extremos contradictorios: el nido de los placeres y el ascetismo. Pero no era alguien que soportara una vida dedicada a la calma y los placeres. Por otro lado había algo en su interior que lo alejaba de la pasividad y la huida. Quizá esto mismo es lo que se interponía entre él y el suicidio. En algún momento su apego a la cuerda de la vida, agitándose entre sus manos, se oponía a la médula de la duda asesina. Todo se resumía en dos palabras: perplejidad y tormento.

En la vieja casa todo se desmorona. La armonía y el ambiente familiar, que constituyeron en el pasado el alma de la casa, están deteriorándose. Cada uno con sus penas, achaques y dolores. El señor entra ya en una decadencia total. Todos sus amigos han muerto y él pasa los días en la casa enfermo y cansado de todo. Pero sobre todo es Aisha la que más sufre. Se ha apagado completamente y se precipita a toda clase de enfermedades. Sus padres y Umm intentan animarla en vano. Sólo en algunos momentos participa de la charla pero al rato vuelve a sumirse en su desesperación y en un mundo propio que ha creado para ella sola. Kamal intenta cuidarla pero, a la vez, se identifica con su destino: ella había perdido su descendencia, él sus esperanzas… Ella había terminado en la nada, él también… Aunque los hijos de Aisha fueran de carne y sangre y sus esperanzas de engaños y fantasías.

Ahmad se licencia en 1941 y entra a trabajar, según sus deseos, en la revista “El hombre nuevo”. Allí se siente feliz rodeado de sus compañeros con los que comparte ideas y se vuelve a encontrar, cinco años después, con Sawsan Hammad lo que le alegra aún más. Todavía está reciente su año de sufrimiento por su amor no correspondido, pero lo ha superado y se pregunta: ¿qué le importaría a ella una victoria de Rusia? ¿Qué estaría esperando? El joven comienza a interesarse mucho por Sawsan. Es la hija del jefe del taller de la imprenta y no ha estudiado en la universidad: nunca paraba de leer o escribir. Parecía esforzada, impulsiva y de una gran inteligencia. Desde el principio, él se dio cuenta de su fuerte personalidad. Llegaba incluso a tener a veces la impresión de estar ante un hombre de férrea voluntad y gran capacidad de organización. Ella le anima a escribir literatura pero como instrumento de cambio. Es una mujer progresista que cree en el comunismo y quiere cambiar la sociedad. El joven cada vez se siente más atraído por ella aunque quiere ir con cautela para no volver a sufrir pero Ahmad, por fin, está entre los suyos y una nueva etapa ha comenzado en su vida.

Esta segunda parte de nuestra lectura termina con un fuerte bombardeo sobre El Cairo que hace que se encuentren en el mismo refugio Kamal, sus padres, Umm y Aisha. El esfuerzo de llevar al padre hasta allí hace que su corazón no pueda soportarlo y termina muriendo en su cama, ya de vuelta a la casa, en brazos de su entregada esposa Amina. La muerte del señor está narrada desde el punto de vista de Kamal que se mueve entre la desesperación, el temor y la resignación a la vez que le asaltan pensamientos sobre la muerte y siente que con la ausencia de su padre va a comenzar un nuevo periodo en su vida.

Plazos
Es el momento de vuestros comentarios sobre esta segunda parte. Los que todavía no habéis comentado la primera parte podéis hacerlo aquí uniendo vuestros comentarios sobre las dos partes. Espero, de nuevo, que los comentarios sean muy numerosos. Sois muchos los miembros del Club para que este post no se vea inundado por vuestras opiniones. ¡Y estaría muy bien que os dierais la réplica unos a otros! Disponéis de una semana para ello. Mientras, continuaremos con nuestra lectura que nos llevará desde el capítulo 38 hasta el final de la novela.

Los tiempos son difíciles

21 Sep

Al-Fishawi Café. El Cairo. Foto en flickr de M1key.me. Algunos derechos reservados. This is one of the cafés where the great Egyptian writer Naguib Mahfouz used to hang out, or so they say.

La azucarera comienza con una reunión de las mujeres de la casa al calor del brasero. Es enero de 1935. El universo femenino en su reino con sus conversaciones, sus problemas… Ha pasado el tiempo y parece que salvo algún avance, como la luz eléctrica, nada ha cambiado en el interior de la casa del señor (como así llaman servilmente al abuelo Ahmad). En este retrato femenino el sentimiento predominante es el de la tristeza: el cuerpo de Amina se había secado, su cabeza había encanecido y, aunque apenas había cumplido los sesenta, parecía diez años más vieja. Pero el cambio de Amina no era nada comparado con el derrumbamiento y postración de Aisha, una mujer todavía joven, y que fue una belleza, de treinta y cuatro años. Sólo se salva Naíma, la única hija que le queda a Aisha, una joven de dieciséis años que parecía una especie de rosa plantada en el patio del cementerio. Naíma es aún más hermosa de lo que fue su madre pero es frágil y no se despega de su madre ni un solo instante, ésta a su vez se aferra a lo único que le queda: esa esperanza luminosa en su sombrío horizonte. Umm Hánafi, la sirvienta que es una más de la familia es la que mantiene la casa y parece que a la familia entera pero sus ojos sombríos demostraban que compartía con la gente de la casa su muda tristeza. Este primer retrato nos transmite desolación, el tiempo pasa y parece que todo va a peor en cada uno de los miembros de la familia (los tiempos pasados se muestran como días en los que la vida era vida y el corazón estaba libre de preocupaciones). El señor está enfermo, ya no es ni sombra de lo que era. Las enfermedades y la vejez de los mayores, la depresión de Aisha… unido a la crisis económica que reina en el país hacen que todo parezca sombrío y desolador. El único consuelo son las canciones que escuchan en la radio, que les retrotae a tiempos pasados, y el futuro prometedor de los más jóvenes de la familia que son estudiosos y formales. Pero a las mujeres, excepto a unas pocas, les está vedado el mundo de los estudios: ya has cursado la primaria, ¿qué más quieres? No necesitas un empleo. El matrimonio, concertado y a veces entre primos, es su destino.

Kamal llega a la casa donde vive con sus padres, su hermana y su sobrina aunque está instalado en el piso superior en su estudio rodeado de libros. El profesor de inglés, de veintiocho años, escribe artículos sobre filosofía par la revista “el-Fikr”: esas pocas horas dedicadas a la filosofía, que se extendían hasta la medianoche, eran los momentos más felices de su día, aquellos en los que se sentía un ser humano. Pero el sentimiento de desolación también pesa sobre Kamal al contemplar el declive de su familia en esa atmósfera cargada de presagios de desgracia y aniquilación. Sólo le salvan el deseo de saber y el amor a la verdad, el espíritu de aventura teórica y el anhelo de consolarse y atenuar la atmósfera de aflicción que lo cubría y la sensación de soledad que se ocultaba en el fondo de su alma. A pesar de ello, la incertidumbre le hace cuestionarse todo, incluso aquello en lo que cree, pero el deseo de vivir y sus anhelos pasados, en los que luchaba por sus ideas y en los que se relacionaba con la gente y lo real más que ahora, le impulsan a seguir. Kamal se nutre tanto del escepticismo como de la nostalgia.

La familia tiene la tradición de reunirse todos los viernes alrededor del patriarca: el señor hallaba en su presencia una alegría de la que dependía cada vez más al ir envejeciendo. Es la ocasión de conocer al resto de sus miembros: la resolutiva y mandona Jadiga, mujer de buen corazón, su marido Ibrahim Sháwkat con el que mantiene una vida conyugal afortunada y sus hijos, el religioso Abd el-Múnim y el progresista Ahmad. Yasín, que sigue la estela del padre en lo que refiere a juerguista y mujeriego, su tercera mujer Zannuba, antigua cantora y prostituta que fue amante del señor Ahmad y a la que la familia ha tardado años en aceptar pero que ha logrado que Yasín siente la cabeza, y los hijos de éste, la pequeña Karima y Redwán, un hermoso joven de diecisiete años, nieto preferido del señor e hijo de la primera mujer de Yasín que opina que la política es el oficio más serio de la sociedad. Los chicos hablan de la carrera que van a estudiar, inclinándose por la de Derecho Redwán y Abd el-Múnim y por la de letras Ahmad, el sobrino preferido de Kamal (de todos, era el más cercano a su espíritu), que quiere ser periodista. Abd- el Múnim, de dieciocho años, se siente atraído por su prima Naíma ya que la ve en su papel de ama de casa y con un alma piadosa. Incluso su fragilidad le gusta. Todos están preocupados porque Kamal no se casa ni parece tener ningún interés en hacerlo. Él elude el tema y su hermano, el práctico y convencional Yasín le dice: dejas de lado las preocupaciones para que no te distraigan de la búsqueda de lo real. Pero la realidad está en las preocupaciones. No conocerás la vida en la biblioteca. La realidad está en la casa y en la calle… Kamal era una persona indecisa, que dudaba de todo, y el matrimonio era una especie de convicción. Él ha ocupado el lugar del amor por el del pensamiento y piensa que un pensador no debe de casarse y que el día que aceptara casarse, estaría irremisiblemente condenado.

Como iréis comprobando a lo largo de la lectura el autor no pierde la ocasión de hablar de Kamal que es, sin duda, el que mayor protagonismo tiene en la novela. No en vano Mahfuz dijo en una entrevista que él era Kamal y parece claro que utiliza a este personaje para plasmar sus propias ideas y sentimientos. ¿Qué opináis al respecto? A mí me encanta Kamal, he de confesar que he caído rendida a sus pies por una cierta identificación y todo lo que concierne a él me interesa. Cada capítulo en el que aparece lo leo con avidez. El autor se desvela en esta identificación y no sé si alguno piensa que es excesivo su protagonismo. A mí como me encanta no me importa pero ¿qué pensáis vosotros sobre este protagonismo? ¿Debería esconderse más el autor y dejar más espacio a los demás personajes?

Han pasado diez meses y Kamal, de nuevo él, acude a la celebración de la fiesta nacional, ocasión para que la gente manifieste sus deseos de independencia y su apoyo al partido nacionalista Wafd, aunque el pueblo ya está cansado y comienza a adoptar una postura pasiva de observador irónico. Kamal, a pesar de su escepticismo no puede ignorar la vida del pueblo: siempre latía con él, a pesar de su razón, perdida en la neblina de la duda. Kamal es un escéptico contradictorio, duda pero mantiene sus ideales e incluso su corazón se exalta intensamente, quiere volver al pasado pero su presente se lo impide. Siempre se va a mover en una cuerda floja plagada de contradicciones. Estas manifestaciones le enardecen, se disparaban las fuerzas reprimidas del alma, ávidas de una vida rebosante de sentimientos y emociones, y que impulsaban a la lucha y a la esperanza. Kamal está vivo pero su razón, su miedo, su cobardía, sus dudas, su pasado le impiden lanzarse plenamente a la vida y a la lucha. Esa será siempre la esencia de este personaje: por su carácter, no podía adoptar ese estilo de vida de forma permanente, pero lo necesitaba de vez en cuando, para no desconectarse de la existencia cotidiana. Eso, también le salva: sentía que no podía escaparse de la vida intelectual en tanto tuviera una mente capaz de pensar, pero aquello no le impedía aspirar a otra vida, empujado por todas las fuerzas bloqueadas y reprimidas, pues era su tabla de salvación. Sus sobrinos están también en la manifestación y entre ellos destaca Redwán y su inseparable amigo Hilmi Ezzat que iban y venían por el pasillo que cruzaba el pabellón o se paraban a la entrada, charlando con algunos de los supervisores de la celebración. ¡Qué jóvenes tan influyentes!

El autor manifiesta un gran amor por sus personajes, ya sea su trasunto Kamal o su hermano Yasín, tan diferente de él. A todos les mueve la bondad y todos, a pesar de sus diferencias, se cuestionan las cosas y buscan la verdad a través, sobre todo, de los monólogos interiores. Así, Yasín piensa: una parte del matrimonio es una puta estafa, pero su fuerza radica en que tú seguirás albergando el engaño mientras vivas. Los hombres tienen una vida en el exterior al margen de sus familias, especialmente en los cafés y tabernas donde hablan fundamentalmente de política pero también cantan y se emborrachan. Incluso hay loas al alcohol a pesar de ser musulmanes: la bebida es enormemente misericordiosa; te inunda de alegría, una dulce alegría, y constituye un bello consuelo frente al que todos los asuntos pierden importancia. A través de él se alejan de sus infortunios: no volverán los bienes dilapidados, ni la juventud que pasó, pero el vino valdrá para ser el mejor compañero de por vida.

Estamos ya en febrero de 1936 y la acción se centra en Redwán. Es muy guapo y elegante y lo sabe. Al vivir con Zannuba, que no es su madre, y aunque le trata bien no le quiere, se escapa frecuentemente de la casa para pasar las noches con su gran amigo Hilmi. Goza de gran libertad y es el que mayor desapego siente por su familia: cuando pasó por el-Sukkariyya volvió la cabeza hacia allí con una medio sonrisa. Al punto, recordó a su tía Jadiga y a sus dos hijos, Abd el-Múnim y Ahmad, y al pensar en estos dos últimos lo invadió un sentimiento no carente de indiferencia. La verdad es que él no se había sentido, ni una sola vez, con ánimos de considerar a ninguno de sus parientes como un amigo en el verdadero sentido de la palabra. Su amistad con Hilmi hace que lo compartan todo e incluso duerman juntos. Hablan de política inclinándose por el Wafd y se vislumbra claramente que, a través de sus estudios de derecho, quieren hacer carrera en la política. Están convencidos de que el Wafd es el futuro y desean un puesto destacado en ese futuro. El hecho de ser ambos guapos y elegantes les hace confiar más en su éxito. Se codean con miembros destacados de ese partido como Abd el-Rahim Basha Isa, un hombre ya mayor elegante y soltero que siente predilección por estos dos chicos tan guapos e inteligentes. Creo que está clara la latente homosexualidad que impregna todo este ambiente, así frases como las siguientes lo podrían poner de manifiesto: por una parte de tus miras en el esfuerzo y rectitud y después sé libre en tu vida privada. ¡Cumple con tu deber y haz lo que quieras! […] No dejes de lado las obligaciones ni los ideales elevados. Y, después de eso, te voy a hablar del placer y de la felicidad. ¿Qué opináis?

El rey Fuad muere y los hermanos Abd el-Múnim y Ahmad asisten a su entierro entre el gentío. Ambos conversan y opinan que era un tirano pero tienen diferentes opiniones. Abd el-Múnim exclama ¡En Dios está todo el poder!, mientras que Ahmad afirma yo no amo a los tiranos en ninguna circunstancia política. Después se van a un café donde se encuentran con uno de los dirigentes de los Hermanos Musulmanes rodeado de jóvenes. Abd el-Múnim se suma a ellos e invita a su hermano a unirse, pero este rehúsa hacerlo: a mí no me gustan los fanáticos. El dirigente habla exaltando a Dios y proclamando que su lema es vuelta al Corán. Ahmad en la distancia lo escucha y solo siente desprecio y cólera. Pero Abd el-Múnim no está libre de las tentaciones personificadas en una vecina por la que siente atracción. Ambos se encuentran en el descansillo de la escalera y se besan apasionadamente. Abd el-Múnim siente un deseo desbocado pero, a la vez, el arrepentimiento le tortura y ruega a Dios que expulse al demonio de su camino. Mientras, Ahmad se dirige a la revista “El hombre Nuevo” a la que envía artículos. Considera que el director es su padre espiritual del que ha recibido la luz y el conocimiento en los últimos tres años. Ésta es una revista de ideología socialista que busca algo más allá de la independencia: queremos una nueva etapa de desarrollo […] ambicionamos algo más perfecto. El director conversa con él y ante el interés de Ahmad por estudiar letras, le dice que aunque la literatura es uno de los mayores medios para alcanzar la liberación, puede también paralizar la inteligencia y matar el espíritu, para a continuación afirmar que, en contraposición, la ciencia es el fundamento de la vida moderna y que tiene que ocupar el puesto de la adivinación y la religión en el antiguo mundo. Antes de marcharse, Ahmad conoce a una colaboradora de la revista, Sawsan Hammad, que manifiesta una gran seguridad y ante la que éste se siente cohibido y atraído a la vez. Sawsan representa a esa minoría de mujeres que escapan del lugar que les tiene asignado una sociedad conservadora y machista. Simboliza una esperanza de cambio.

Esta parte termina de nuevo con Kamal que, en una visita a la revista en la que colabora, conoce a Riyad Quldus, un traductor y escritor que enseguida le gusta y que se va a convertir en el amigo del alma que en la actualidad no tiene. En la conversación que mantienen, Riyad le comenta que sus artículos son los de un historiador y le pregunta que a qué corriente filosófica se adscribe. Kamal le contesta con poesía y sinceridad: Yo soy peregrino en un museo del que nada poseo. Sólo soy un historiador. No sé bien dónde estoy. […] Los sistemas filosóficos son bellos palacios, pero no sirven para habitarlos. Continúan hablando de literatura, arte, ciencia y amor. Riyad está más seguro de sus ideas y su vida en general pero ambos sienten una gran afinidad: ¿Nos consideramos amigos? ¡Por supuesto! Tenemos que vernos en todas las ocasiones que podamos. Kamal sale feliz de la revista: sentía que una parte elevada de su corazón despertaba tras un profundo letargo. ¿Para celebrarlo? Kamal se dirige al prostíbulo de la señora Galila, vieja amiga y amante de su padre, al que acude todos los viernes para beber (de nuevo una loa al alcohol: el vino adquiría en él el soplo del hechizo desde el primer trago) y encontrarse con su preferida Atiyya con la que puede vivir el sexo sin el amor que tanto le ha torturado en el pasado en su amor no correspondido por Aida. Termino con estas palabras de Kamal sobre el amor y el deseo: si se me brindara un día encontrar a ambos en un solo ser humano, conocería el reposo ansiado.

Plazos
Ahora sí es el momento de vuestros comentarios sobre esta primera parte. Espero que sean numerosos. ¡Hay tanto para comentar y opinar! A lo largo de una semana lo haremos. Mientras, seguiremos con nuestra lectura que irá desde el capítulo 17 hasta el capítulo 37 inclusive (pág.203). ¡Nos vemos en el blog!

La azucarera: una obra sobre el tiempo y el hombre

14 Sep

Old Cairo O2. Foto en flickr de StuRap. Algunos derechos reservados.

Para hablar de esta novela tenemos que hacerlo inevitablemente de la trilogía a la que pertenece: La Trilogía de El Cairo (1956-1957), obra cumbre de la producción literaria de Naguib Mahfuz. Con esta obra finaliza la segunda etapa de su producción (1945-1957): las novelas realistas o de realismo social, también llamadas novelas cairotas (pues todas se desarrollan en El Cairo, ciudad que se convierte en un personaje más y muy importante). En ellas se dedicará a describir y analizar la realidad del Egipto contemporáneo a través de muy variados personajes y sus vidas. Son estas novelas las que consagrarán a Mahfuz como el mejor novelista árabe. La Trilogía es una novela-río, de generaciones, una saga, en la que se narra la vida y los cambios de una familia de la pequeña burguesía de El Cairo a lo largo de tres generaciones. Está plagada de personajes y matices y, a la vez, contiene muchísima información política, social e histórica de la época en que se desarrolla. Es importante resaltar que siempre va a haber un paralelismo entre el desarrollo histórico y el individual de cada personaje. Los conceptos de libertad, rebeldía, verdad, fe, justicia… los viven el país y los personajes al mismo tiempo en una confluencia magistral entre lo externo y lo interno o lo que viene a ser lo mismo entre la realidad y la ficción.

La acción de la Trilogía se desarrolla entre 1917 y 1944. Esta primera mitad del siglo XX es un periodo de conflictivo proceso político en el país. Egipto vive bajo un protectorado inglés, en realidad una verdadera ocupación mientras el pueblo lucha por liberarse de él a la vez que crece un exacerbado sentimiento nacionalista (personificado en el partido Wafd). A lo largo de estos años se producirá una progresiva conversión de Egipto en un estado independiente. Podemos decir que este periodo constituye el proceso de construcción de la nación egipcia moderna. La definitiva independencia vendrá en los años cincuenta. Y en este interesante y turbulento contexto político-social se desarrolla la vida de la familia Abd el-Gawwad. De la mano de Mahfuz recorremos las callejuelas, entramos en los hogares, participamos de intensas conversaciones políticas, asistimos a manifestaciones pero también vivimos y nos enamoramos o sufrimos a la vez que sus personajes. Mahfuz posee el don de convertir lo local en universal, algo que sólo los mejores novelistas consiguen. Lo que viven sus personajes, sobre todo en el ámbito interno e íntimo, nos atañe a todos los seres humanos: la búsqueda de la verdad, la libertad, el papel de la fe en choque con la ciencia, la justicia, el bien, el mal, el paso del tiempo pero también el amor, el dolor, la frustración, la alegría, la amistad, la familia, la muerte… Todo ello son sentimientos universales y da igual la época en que han sido vividos.

Todas las novelas de la Trilogía se desarrollan en el barrio cairota de al-Azhar (donde el autor pasó la primera parte de su vida) y los títulos de cada una de ellas son los nombres de las calles donde están las tres casas de los diferentes miembros de la familia. El conjunto de estas tres novelas, concebidas inicialmente por el autor como una sola pero que, dada su extensión, se dividieron en tres, las finalizó Mahfuz en 1952. Fecha clave en la historia egipcia pues fue entonces cuando se desarrolló una revolución que condujo al país a su independencia y, a la vez, a la desaparición irreversible de un sistema de vida, de una forma de gobierno (la monarquía), de una clase social (la aristocracia) y, sobre todo de una concepción del mundo más arcaica. De todo ello habla la Trilogía. Así, la primera generación (protagonista fundamental de la primera novela Entre dos palacios cuya acción se desarrolla entre 1917-1919) representa a esa sociedad conservadora y muy religiosa que a medida que vaya pasando el tiempo irá quedándose sin su lugar desbancada por la segunda generación (protagonista de la segunda novela El palacio del deseo cuya acción se desarrolla entre 1924 y 1927) que comienza a luchar anhelando una mayor libertad no sólo política. La Trilogía está construida sobre los cimientos de un conflicto generacional entre el peso de la tradición y las viejas estructuras y la evolución hacia otras más modernas.

Y llegamos a la tercera y última novela de la Trilogía que es la que vamos a leer nosotros. La acción de La azucarera (1957) empieza ocho años después, en 1935, y se extiende a lo largo de diez años hasta 1944. En la calle de la Azucarera (El-Sukkariyya) es donde vive Jadiga, una de las hijas del patriarca Ahmad Abd el-Gawwad. La primera generación es ya muy mayor y la enfermedad y muerte ronda sus vidas. La segunda ha entrado ya en franca decadencia por lo que es el momento de la tercera generación, los jóvenes nietos del señor Ahmad. Estos jóvenes serán los que representan las tres tendencias intelectuales e ideológicas más importantes del momento: la comunista (Ahmad Shawkat, hijo de Jadiga), la fundamentalista islámica (Abd el-Múnim Shawat, hermano del anterior y militante de los Hermanos Musulmanes) y la arribista y amoral, sin una ideología definida, que se apega al poder (Redwán, hijo de Yasín, el primogénito del señor Ahmad). La azucarera es la más abundante de las tres en cuanto a referencia y datos de la realidad histórico-política egipcia y está dedicada fundamentalmente a exponer las creencias de sus personajes, aunque sin perder de vista otro tipo de vicisitudes más personales de estos tales como el amor, el matrimonio, las enfermedades, la vida cotidiana en las casas…

Debo advertir que a pesar de ese protagonismo de cada generación en cada novela, en las tres confluyen y conviven todos los personajes de la familia en mayor o menor medida. Sabremos de las vidas, los pensamientos, la psicología y el devenir de cada uno de ellos. Y asimismo añadir que aunque no hayamos leído las dos primeras novelas podemos perfectamente leer esta tercera pues además de un árbol genealógico inicial que nos ayuda a saber quién es cada uno, en las primeras páginas se nos va informando de los cambios que se han ido produciendo a través del tiempo. De todas formas, en un comentario que publicaré en este post, cuando ya hayáis leído algunas páginas y os hayáis familiarizado con los personajes, os haré una sinopsis de las dos novelas anteriores. Yo no las he leído y he podido entender perfectamente ésta. Otra indicación que os quiero hacer es que no temáis perderos entre los datos históricos de un país que seguramente no conozcáis. Puede ocurrir que no sepáis alguna vez de qué están hablando (y ahí es ya cosa de cada uno si quiere informarse de la situación del país en esa época) pero no me perece lo más importante de la novela ya que lo realmente significativo, entre tanto nombre árabe y hechos políticos, son las ideas que quiere transmitir el autor (universales), las luchas internas de cada uno, las vicisitudes de la vida cotidiana, la personalidad de cada personaje, sus dudas, sus actos…

Mención aparte merece el personaje de Kamal, el hijo menor del patriarca Ahmad Abd el-Gawwad. Es un personaje importantísimo en la novela y tiene mucho protagonismo. Podemos decir que es el personaje más completo y más complejo. En La azucarera comienza con veintisiete años y termina con treinta y seis. Soltero, profesor de inglés en una escuela primaria, escribe artículos de filosofía para una revista y se pasa las horas libres encerrado en su habitación de la casa paterna leyendo y escribiendo. Está muy influenciado, aunque no sólo, por las lecturas de la literatura y la filosofía occidental. Es un solitario pero también acude a los cafés con sus amigos íntimos a hablar de política y de sus dudas, que son muchas. Kamal es un trasunto del autor, dicho por el mismo Mahfuz: Yo soy Kamal Abd el-Gawwad en la Trilogía y añade Kamal refleja mi crisis ideológica, que es, según creo, la crisis de una generación. Kamal representa el escepticismo como postura ideológica. Es un intelectual que no pasa a la acción después de vivir una crisis (en la segunda novela) muy profunda en la que se cuestiona todo. Ya tendremos tiempo de hablar de él pero a mí me ha cautivado completamente. Todas sus dudas, sus opiniones, sus actos… Es muy imperfecto pero a la vez muy humano y refleja, en mi opinión, muy bien, curiosamente, el espíritu de nuestra época por lo que yo lo siento muy cercano.

Naguib Mahfuz leyó siempre, además de la literatura árabe contemporánea, a muchos autores occidentales, especialmente a los grandes novelistas del siglo XIX, pero también a los del XX: Balzac, Zola, Flaubert, Tolstoi, Dostoievski, Chejov, Pérez Galdós, Ibsen, Mann, Proust, Joyce, Woolf, Kafka, Faulkner, Camus…, por lo que está muy influenciado por ellos, sobre todo en la técnica. Pero sobre todo amaba a Shakespeare (sucumbí al encanto de Shakespeare, su ironía, su énfasis. Entre él y yo se estableció una complicidad íntima, la que une a los amigos). Fue uno de los escritores árabes más abiertos a la civilización y a la literatura occidental sin abandonar en ningún momento sus profundas raíces árabes y fundamentalmente egipcias (para él Egipto fue el fundador de la civilización). Tampoco hay que olvidar que para construir sus personajes se basa en personas que conoció en las calles y en los cafés de su amado Cairo y en situaciones vividas por éstas en la vida real. Partiendo de esto, quiero comentar que un aspecto muy importante de las novelas de Mahfuz, y por lo tanto de su Trilogía, es la lucha entre el mundo tradicional y conservador, religioso, fiel seguidor del Corán y el que les llega por influjo de Occidente mucho más relajado en sus costumbres ( ahí tienen un papel clave los ingleses colonialistas que además de imponérseles políticamente trajeron consigo sus costumbres, sus ideas, su literatura…), pero sobre todo el del individuo libre que ha perdido la fe y trata de buscar la verdad por medio de la razón y la ciencia. El intelectual perdido entre tradición y modernidad. Kamal será el máximo exponente de esta lucha en la que parece que triunfa el individualismo de corte occidental frente al sentir colectivo del Islam.

La novela está escrita en 3ª persona omnisciente y en pasado. Hay que destacar la presencia de numerosos monólogos interiores fundamentalmente masculinos en los que el autor deja que fluyan libremente los pensamientos del personaje (influjo seguramente de sus lecturas occidentales). En la estructura de la novela vemos cómo en cada capítulo se van alternando los personajes, unos más protagonistas que otros. El desarrollo de los hechos es lineal, cronológico, propio de la novela realista en el que no se producen distorsiones ni rupturas graves, con saltos pequeños en el tiempo y algún flashback o analepsis. El ritmo es pausado. Su prosa es directa y versátil, sencilla pero elaborada (hay mucho trabajo detrás).

Se ha hablado mucho del papel que ocupa el tiempo en la Trilogía y se ha dicho que quizá el verdadero protagonista de ésta sea él ya que hay pocos acontecimientos propiamente dichos. Un suceder en el tiempo. El devenir de unos personajes en un contexto realista y social.

Respecto al espacio hay que diferenciar el interior del exterior. El primero se personifica en las casas donde la mujer es la principal protagonista. Muchas escenas se suceden en ellas con la familia hablando alrededor de la radio o el brasero. Y el exterior serían fundamentalmente los cafés y las calles: el mundo del hombre, de los negocios, de la política, de las diversiones. Podríamos decir que simbólicamente el interior es lo psicológico, la vida íntima y lo exterior, la política, lo social y el devenir histórico.

Habría mucho de qué hablar sobre el papel de la mujer en esta novela. Estamos en los años treinta y en un país árabe. Por un lado está la familia árabe tradicional en cuyo contexto las mujeres son sumisas, están la mayoría del tiempo en casa, dejan de estudiar en la primaria, su objetivo cuando crecen (pero muy jóvenes, con catorce o quince años) es el matrimonio, concertado por los padres. Por otro lado están las prostitutas y las bailarinas con las que se divierten los hombres y mantienen una relación de gran camaradería y confianza, incluso de amor (con algunas hasta se pueden llegar a casar). También es costumbre en los hombres divorciarse y volverse a casar. Pero en esta novela empieza a asomar tímidamente otro tipo de mujeres que se van emancipando: estudian en la universidad, participan de la lucha política, visten más occidentales… Ya hablaremos del papel de la mujer a lo largo de la lectura. Da para mucho. Y en la novela se observa un predominio de los hombres, sobre todo en la vida más activa. Asimismo, los personajes más sobresalientes de la novela son masculinos.

Pero Naguib Mahfuz no juzga. Sólo expone. Es objetivo, imparcial. Refleja una época sin tomar partido. Siempre muestra cariño y ternura hacia los personajes y hacia las situaciones vitales por las que estos pasan. No intenta, tampoco, disfrazar o disculpar miserias y mezquindades, ni tampoco se lamenta de ellas ni las ensalza. Son lo que son.

Para terminar esta introducción quisiera resaltar el carácter humano de la literatura de este autor. Mahfuz profundiza en el ser, en el hombre. Cala hondo en la condición humana. Penetra en el conocimiento de lo humano como quizás ningún otro escritor.

Os dejo una serie de enlaces para que podáis leer algunas de las entrevistas realizadas al autor. No es fácil encontrar mucho material en la red. Desconozco el porqué tratándose como se trata de un Premio Nobel de Literatura. Una es una entrevista realizada por Volkhard Windfuhr para el suplemento Babelia de El País en marzo de 2006. Otra fue realizada para la revista Intramuros en el verano de 2008 por Gamal Yusuf Zaky y, por último, la que fue la última entrevista concedida por Mahfuz en marzo de 2006 a Xavi Ayén.

Plazos
Vamos a dividir la lectura en tres partes debido a su extensión (299 págs.) y a su densidad. La primera, que leeremos a lo largo de una semana, nos llevará hasta el final del capítulo 16 (pág.107). Respecto al número de la página yo me baso en el ejemplar de Ediciones Martínez Roca. Si tenéis un ejemplar de otra editorial sólo tenéis que guiaros por los capítulos. Ya que hay muchos miembros nuevos, os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo a lo largo de esa semana, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito o sobre el contenido de las entrevistas… Pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte dentro de una semana, y todos ya hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!

Y volvemos con LA AZUCARERA de NAGUIB MAHFUZ

6 Sep

Portada de La azucarera de Naguib Mahfuz. Ediciones Martínez Roca

Después de este paréntesis estival volvemos de la mano del magistral escritor egipcio Naguib Mahfuz (El Cairo, 1911-2006), Premio Nobel de Literatura en 1988 (fue el primer escritor árabe, y por ahora el único, en recibir este galardón). Hace años leímos en el Club su obra El callejón de los milagros que hasta el día de hoy ha sido una de las que más comentarios y debates suscitó.

En esta ocasión, vamos a leer La azucarera (1957), tercera entrega de su Trilogía de El Cairo. Aunque forma parte de esta trilogía se puede leer independientemente del resto. Son estas tres novelas, publicadas entre 1956 y 1957, las que le consagraron como el mejor novelista árabe. Las dos primeras (para los que tengáis interés en leerlas) son Entre dos palacios y Palacio del deseo.

Ambientadas las tres en la capital del Nilo, narran la vida y la historia de la familia Abd el-Gawwad a través de tres generaciones. La azucarera se centra sobre todo en la tercera generación, los jóvenes y su vida entre 1935 y 1944. No sólo sabremos de sus vicisitudes sino que también es un fresco de la sociedad de la época. Los nietos de Ahmad Abd el-Gawwad encarnan la vitalidad de una nación que liberándose del dominio colonial, afrontan con valentía y variadas opciones su contradictorio futuro.

Desde mañana lunes 7 ya podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Nos encontraremos aquí en el plazo de más o menos una semana para comenzar la lectura. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de este tiempo para conseguir el libro publicado por Ediciones Martínez Roca (seguramente esté también publicado en otras editoriales).

Hasta que empecemos la lectura podéis continuar dejando vuestros comentarios en el anterior post sobre los libros que habéis leído este verano.

¡Hasta pronto!