Archivo | La extraña desaparición de Esme Lennox RSS feed for this section

Pero no puede soltar a Esme

20 Abr

The window. Foto en flickr de cudipeich. Algunos derechos reservados.

La excursión al mar de Esme e Iris continúa. El mar, la libertad, la vida normal (¿es posible que la vida sea tan sencilla?) sacuden a Esme en su contraste con lo que acaba de dejar atrás: Cauldstone y este lugar, esta terraza con el mar de fondo, no cuajan. ¿Cómo puede hablar de eso allí? ¿Cómo puede pensar en esas cosas? Ni siquiera las ve en una frase. No sabría cómo empezar. Iris le habla de su padre, fallecido a la temprana edad de treinta y un años por una negligencia médica. Pronto sería su cumpleaños: ¿Qué día?, se interesa Esme. El veintiocho. Esme se enreda obsesivamente con los dos números: tiene que levantarse y acercarse a la barandilla para librarse de ellos, y entonces ve, debajo de la terraza de madera donde todo el mundo se sienta al sol, una masa de afiladas rocas negras.

Kitty salta de un recuerdo a otro, de la época de su boda con un hombre, Duncan, que no la hará feliz a cuando eran niñas Esme y ella. Siempre el contraste, la buena y la díscola: siempre pasaba algo, siempre había una razón, por extraña que fuera, pero resultaba imposible adivinarla. Con ella nunca se sabía, no se podía prever qué iba a pasar de un minuto al otro. Creo que por eso...

Es consciente de que esos números, ese dos y ese ocho, intentan buscar un lugar para volver. Han estado acechando desde el recinto al que ella los empujó y están organizando un asalto, un allanamiento. No piensa permitirlo. Ni hablar. Cierra de golpe todas las puertas, echa los cerrojos, las llaves […] Esme se aparta de las rocas. Ahora está a salvo. Pero mantiene una mano en la barandilla, por si acaso. Y regresan los días del colegio en los que todas las niñas se reían de ella porque era diferente, pero eso a Esme no le importaba, sabía abstraerse. Vuelve al presente y a la niña Iris que se le parece muchísimo a su madre: Es como si a Esme se le hubiese concedido una visión de su madre en una idílica vida eterna: relajada al sol, con un peinado nuevo, llevándose una taza a la boca con los diez dedos extendidos. Y la historia de la chaqueta, que vuelve una y otra vez, y el color verde, siempre tan presente: ¿os habéis dado cuenta? ¿Qué creéis que simbolizan ambas cosas? A mí no me queda claro y aunque tengo alguna teoría, espero por las vuestras.

James Dalziel, un joven de excelente familia, aparece por primera vez en los recuerdos de Kitty. James, que jugará un papel decisivo en la triste historia de Esme. Kitty se fija en él: … y la primera vez lo vi creí que me iba a derretir como azúcar en agua […] Él estaba con un amigo, Duncan Lockhart, pero yo casi ni lo miré. Le gusta James, no le gusta Duncan, su futuro marido. Pero a James quien le va a gustar es Esme: él la miraba a ella, y cómo, cualquiera diría que estaba a punto de derretirse como azúcar en agua. Celos. Pero a Esme no le interesa, no le hace ni caso como veremos más adelante (¿O le hace un poquito de caso aunque no lo quiere admitir?). Kitty insiste una y otra vez en sus recuerdos en lo rara que era su hermana, y debo reconocer que a mí me molestaba muchísimo porque su comportamiento impide que las acepten, que las inviten a fiestas, estás destrozando mis oportunidades. La madre la apoya y se queja como ella de esa hija tan extraña e insolente, el bicho raro. Esme quiere seguir estudiando, saca buenas notas, le encantan los libros, pero su padre se lo impide: mis hijas no trabajarán. Mujeres nacidas en una época y en una clase social cuyo único objetivo en la vida es encontrar un buen partido y ser amas de casa. Todo lo que le espera a Esme lo aborrece tanto que le entran ganas de gritar, mientras que Kitty lo acepta gustosa.

A James le gusta mucho Esme pero ella lo rechaza una y otra vez: no creía haber sido tan grosera con nadie. A él parece gustarle porque no es como las otras. Eso a Esme, en el fondo, le agrada aunque le dice que no piensa casarse jamás. James no da su brazo a torcer: de todas las chicas que he conocido, eres la más idónea para el matrimonio […] tienes la personalidad necesaria. Podrías igualar a un hombre, sin desmerecer en nada. A ti no te intimidaría […] tú no cambiarías en nada. No te imagino cambiando por nada. Y eso es lo que quiero. Por eso te quiero a ti. Kitty, que se da cuenta, se siente humillada pues además de gustarle mucho el chico, ella es mayor, más guapa, más educada, más adecuada para casarse con él y asiste, al igual que la madre, escandalizada y dolida al cortejo que James despliega ante la impasible y huraña Esme. A ésta, en el fondo, algo se le está removiendo por dentro, ya tiene dieciséis años. Y, osada como es, se dirige a la habitación de la madre a probarse una  negligé de seda aguamarina: quiere saber si la falda susurrará en torno a sus tobillos, quiere saber si los estrechos tirantes caerán bien sobre sus hombros, quiere ver la persona que será bajo todo aquel encaje de color mar. Tiene dieciséis años.

El padre la descubre y furioso le da una bofetada: su padre no deja de gritarle palabras horribles, palabras que ella jamás había oído. Quiere prohibirle ir a la fiesta de Nochevieja en casa de los Dalziel. Pero la madre tiene una idea para terminar con todo esto: vamos a prepararla. La pondremos guapa, la enviaremos al baile y luego la casaremos con el chico Dalziel. Esme protesta, no quiere… Lo que tú quieras no importa. El chico te quiere a ti, Dios sabrá por qué, pero así es. Tu comportamiento nunca ha sido tolerado en esta casa, y nunca lo será. Así que ya veremos si unos meses de matrimonio con James Dalziel bastarán para doblegarte. Y ahora levántate y vístete. Y estamos de nuevo en el principio de la novela: dos chicas en un baile, pues. Ese será el principio del fin de la vida “normal” de Esme. James la conduce bailando, girando (ella pensará a menudo que aquél fue el momento clave, que si llegó a haber un momento en que pudiera haber cambiado las cosas, fue aquél, cuando danzaba bajo una lámpara de araña la noche de fin de año) a un cuarto oscuro donde se amontonan los abrigos, la besa, la toca, ella sintió una oleada de furia y miedo, así que pataleó y golpeó. Él la cubrió la boca con la mano y le susurró “zorra” al oído. Y el dolor fue tan asombroso, tan increíble, que Esme pensó que se partía en dos que él la quemaba, la desgarraba. Lo que estaba pasando era impensable, no lo habría creído posible. Una vez terminado todo, Esme, en shock y de vuelta a la fiesta sólo quiere ver a su hermana pero lo que hace es comenzar a chillar, un chillido agudo que no podía detener, sobre el que no ejercía ningún control. La señora Dalziel la lleva a su casa y cuando su madre entró en el dormitorio y le preguntó qué había ocurrido exactamente la noche anterior, Esme se incorporó en la cama y produjo de nuevo aquel sonido. Abrió la boca y gritó, gritó, gritó.

Todo se precipita, llaman a un médico: vamos a llevarte a un sitio para que descanses un poco, ¿de acuerdo?, escucha Kitty a través de la cerradura: yo no quería que se fuera para siempre, sólo el tiempo necesario para poder… La diagnostican demencia precoz, lo que hoy en día llamaríamos esquizofrenia. Se la llevan a la fuerza, Esme se resiste, agarrándose a la barandilla y gritando sin parar el nombre de su hermana. Y en ese momento comienza “la extraña desaparición de Esme Lennox”. Una adolescente que es encerrada por no aceptar las convenciones sociales de la época, por querer disfrutar de la felicidad y de la libertad: bailar, ponerse las ropas de mamá, dar paseos en soledad, reír a destiempo, decir y hacer lo que quiera, no quererse casar sino ser independiente y libre… a esa rebelión en aquellos tiempos se le llamaba “histeria” o “esquizofrenia” y los padres, médicos o maridos podían decidir el ingreso en un psiquiátrico a mujeres que no cumplieran sus órdenes o se salieran de la norma con una sola firma de un médico y continuar adelante como si nada hubiese sucedido borrándolas de sus vidas completamente. Abandonándolas en su infortunio, sin una sola visita. Terrible.

Esme ha tenido la mala suerte de ser diferente, de poseer ideas propias y opiniones que no cuadran con la mentalidad de la época. En ningún momento se cuestiona en la novela si está “loca” o no. Estuviera o no estuviera lo que la espera en el psiquiátrico es una vida terrible tal como eran esas instituciones en aquellos tiempos. Si además estás lúcida y realmente no tienes ninguna enfermedad mental tienes que sufrir todavía mucho más. Sólo pensarlo da escalofríos. La tragedia de Esme nos cala hondo y nos lleva a pensar en todas aquellas mujeres que realmente sí vieron sus vidas truncadas, destrozadas, por las decisiones autoritarias del hombre del que dependían. Terrible, insisto.  El personaje de Esme, su integridad, dignidad, está magistralmente construido, tanto en lo que dice como en lo que calla y nos toca para siempre. Esme que una vez libre todavía conserva su lucidez, su ser especial, aunque dañado de alguna manera después de más de sesenta años viviendo encerrada, con tratamientos, medicación, crueldad…, ¿Cómo no va a despertarse en la sensible Iris una complicidad y un afecto hacia su tía abuela?

¿Y qué  hay de Kitty? Que no fue nunca a verla, que aceptó que le robaran el hijo a Esme para dárselo a ella ya que siempre fue virgen y lo que más deseaba era un hijo. Kitty, su cruel verdugo, siempre ateniéndose a las normas, casada con un hombre al que no quiere y que además ni la toca, huye de ella… ¿Es Kitty egoísta, cruel y cobarde o actúa obligada por las circunstancias, las imposiciones sociales, los prejuicios? ¿Qué opináis? Recordad la cita de Edith Wharton que abre el libro. Está claro que Kitty no fue nunca feliz, porque además de tener un marido que la repudia, una vez que consigue el tan preciado bebé no le puede ni siquiera ni educar porque le ponen una niñera a su cargo: entonces descubrí que mis días se tornaban muy vacíos. Pero sobre todo porque lleva el peso duro en su conciencia, ¿y la culpabilidad?, de lo que ha hecho, por eso en sus recuerdos dañados por el Alzheimer no hace más que pensar obsesivamente en todo lo que pasó y repetirle a las enfermeras: yo me lo llevé, yo me lo llevé, y nunca se lo he dicho nadie […] Era de mi hermana, ¿sabes? ¿Cómo va a ser feliz si su vida está edificada sobre la injusticia que se ha cometido contra su propia hermana, como dice Edith Wharton?

Todo lo que se relata sobre la llegada de Esme a Cauldstone y lo que vive allí esos primeros meses, que es lo que nos cuenta el narrador, es aterrador, todo el sufrimiento de esa joven que no entiende nada y que aprende a doblegarse, a fingir, a sobrevivir. Pensar en toda una vida perdida, en tantas vidas perdidas de esa cruel manera… la conmoción hierve de nuevo en lágrimas. No puede ser, no puede ser. Tiende la mano y arranca la cortina, da patadas al armario, grita, tiene que ser un error, todo esto es un error, escuchadme, por favor. Las enfermeras se apresuran con anchos cinturones de cuero y la atan a la cama, luego se alejan meneando la cabeza, enderezándose las cofias. El trato es inhumano. Pero lo peor está por llegar porque cuando parece que la van a soltar descubren que está embarazada y entonces maquinan la idea de quitarle al hijo y dárselo a su hermana, que acepta, y es por ese motivo, por ese terrible hecho, por el que ella tiene que quedarse encerrada de por vida olvidada por todos empezando por su propia, y querida, hermana que nunca querrá que Esme salga por si le pudiera quitar al que ahora es su hijo. Esme la escribe muchas cartas pidiéndole que vaya a verla y nunca sabrá porqué no fue jamás. Es magistral cómo los recuerdos de Kitty están estructurados en una narración que alterna las dos historias: la del repudio sexual de su marido y el descubrimiento del niño de Esme el día que decide ir a verla pues ha leído las cartas que sus padres han escondido. Y cómo se parece a James, el hombre que sí amaba Kitty, y la rabia y envidia que la da, y el ofrecimiento del doctor y ella que lo que más desea es tener un hijo y…

Iris y Alex, que la ha ido a visitar, hablan de Esme. Iris no la ve loca: estamos hablando de una chica de dieciséis años a la que encerraron sólo por probarse una prenda de ropa; estamos hablando de una mujer encarcelada de por vida, que ahora ha recibido un indulto y.. y es cosa mía intentar.. no sé qué. Iris ya no tiene tan claro que la vaya a llevar a ningún sitio teniendo en cuenta, además, que el piso donde vive ella es de Esme. Lo que todavía no sabe Iris, entre otras muchas cosas, es que Esme es su verdadera abuela. A la vez, Iris recuerda todo lo que pasó con Alex. Cómo huyó a Rusia después de su encuentro sexual con Alex (en el que Kitty los descubrió) y nueve meses después (nunca habían pasado tanto tiempo separados) estaba en Manhattan para asistir a la boda de su hermanastro, hace ahora once años. Y cómo la noche anterior a la boda, Alex quiso hacer el amor con ella: te vas a casar, Alex, gritó ella. Mañana, ¿te acuerdas? Y él dijo que no le importaba, no quería casarse. Pues no te cases, replicó Iris. Tengo que hacerlo, objetó él, está todo dispuesto. Si quieres se puede indisponer, replicó ella. Pero él entonces gritó: ¿Por qué has tenido que irte a Rusia? ¿Por qué? ¿Cómo pudiste marcharte así? Era preciso, chilló ella a su vez, debía hacerlo. Tú no tenías que venir a Nueva York, no tenías por qué quedarte aquí, no tienes que casarte con Fran. Sí he de casarme, repuso él. Sí.

Mientras, Esme, a través de unas fotografías que tiene Iris de la familia, en concreto una de su padre, se ha dado cuenta de todo lo que nunca ha sabido: y sostiene la fotografía, la sostiene en las manos, la mira y lo sabe. Piensa de nuevo en esos números, los doses y los ochos, que juntos hacen ochenta y dos y también veintiocho. Y piensa en lo que le pasó una vez el día 28 de un mes de verano. O más bien no lo piensa. No necesita pensarlo. Está siempre en su mente, siempre y para siempre. Lo lleva dentro constantemente, lo oye. Forma parte de su ser. Sabe quién es este hombre. Sabe quién fue. Ahora lo ve todo […] Examina la cara del  hombre y ve en sus rasgos, en el gesto de la cabeza, todo lo que en su vida ha querido saber. Lo que detecta, lo que entiende es esto: Era mío. Parece tender los brazos hacia esta constatación y tomarla. Se la pone como un abrigo. Era mío […] Y comprende que la niña también es suya. Qué idea. Qué cosa. Quiere tomarla la mano, tocar esa carne que ahora es carne de su carne, quiere abrazarla con fuerza, por si sale volando hacia las nubes como una cometa o un globo. Pero se contiene.

Y a la mañana siguiente, el domingo, Esme sabe perfectamente lo que quiere hacer: ¿Podemos ir a ver a Kitty hoy? Kitty al ver a Esme después de tantísimos años farfulla en su inconexión: ¿Y qué tenía que hacer yo? Todas mis posibilidades destrozadas. Estás igual, igual. No fui yo, ¿sabes? No fui yo. Yo no me lo llevé. ¿Para qué iba a quererlo? Menuda ridiculez. De todas formas era lo mejor. Eso tendrás que admitirlo. Padre también pensaba que era lo mejor, y el médico. No sé a qué has venido. No sé qué haces aquí, mirándome así. Era mío, siempre fue mío. Pregúntale a cualquiera. Yo no me lo llevé. No fui yo. Iris y Alex no entienden nada, pero Esme sí que lo entiende y de qué manera: Pero yo sé que te lo llevaste. Pide quedarse a solas con Kitty. Poco después siente que es un alivio que haya cesado el ruido, que todo esté en silencio. Esme se alegra. Una sentada, otra de pie.

Mientras está ocurriendo lo inevitable, Alex e Iris hablan y el hombre por fin le dice lo que lleva años queriéndole decir: tú has sido siempre la única, y lo sabes. Iris sólo quiere huir. Y sabes que yo he sido el único para ti. Iris no sabe qué contestar.  De pronto un revuelo de gente a su alrededor le hace reaccionar a Iris y, de golpe, se da cuenta de todo, de lo que ocurrió en el pasado y de lo que acaba de hacer Esme. Echa a correr hacia la habitación de Kitty: es preciso que llegue primero, alcanzar a Esme antes que nadie, tiene que decirle, tiene que decirle, por favor. Por favor, dime que no lo hiciste […] Pero al llegar a la habitación de Kitty se encuentra el pasillo lleno de gente, residentes en bata y zapatillas, personas de uniforme que salen por la puerta, rostros que se vuelven a mirarla, pálidos como huellas digitales. Una vez ya dentro y viendo lo que ha ocurrido, se sienta junto a Esme que sostiene la mano helada de su  hermana. Alex llega y le presiona el hombro y la habla: Iris siente el impulso de tocarlo, sólo un instante, de sentir aquella conocida intensidad suya, de comprobar que es él realmente, que de verdad está allí. Pero no puede soltar a Esme […] La acompañará, la seguirá entre el blanco, a través de la multitud, fuera de la sala, por el pasillo y más allá.

Plazos

Me he quedado exhausta y conmocionada leyendo (y comentando) esta novela, no sé vosotros. Es hora de vuestros comentarios sobre esta parte y sobre la novela en general. Espero que sean numerosos. La novela es sobrecogedora con respecto al tema que trata y, a la vez, muy original y, desde mi punto de vista, muy lograda la manera en que está estructurada la  historia alternando tres voces que construyen todo el relato de los hechos. Dedicaremos una semana a vuestros comentarios. Los espero con ganas. Hay mucho que comentar.

Anuncios

Un sobre marrón

12 Abr

COME… lets GO. Foto en flickr de DraconianRain. Algunos derechos reservados.

¿Cuándo comienza esta historia? Se interroga el narrador al principio de la novela. Quizás con dos chicas en un baile de nochevieja en los años treinta en algún lugar de Escocia. O no, quizá empiece mucho antes, en la India cuando esas dos chicas eran unas niñas. Lo que sí sabemos es adónde nos va a llevar. A una mujer anciana que mira a través de una ventana con barrotes. Comienzo puzzle, original, el de La extraña desaparición de Esme Lennox. Los capítulos se van a suceder entre el pasado y el presente, entre la vida de Esme, de niña, de joven y ya anciana y la vida de Iris, su sobrina nieta. Más adelante aparecerá también la voz inconexa de Kitty.

Esme, encerrada pero siendo capaz de borrar esos barrotes si se concentra lo suficiente, recuerda diversos momentos de su infancia en India: últimamente no habla con nadie. Quiere concentrarse. En ellos vislumbramos que Esme es una niña diferente, especial, ensimismada en sus ensoñaciones: Esme entorna los ojos y sus padres se desdibujan hasta formar dos siluetas borrosas: ella, un triángulo; él, una línea. Saltamos a Iris, parece que está furiosa, que tiene problemas. Iris recibe una carta en un sobre marrón en la que le hablan de una tal Euphemia Lennox pero no le hace caso, está más preocupada por sus cosas, por su vida. Iris tiene un hermano (el narrador juega y nos hace creer eso, pero más adelante sabremos que es su hermanastro), Alex. Hay mucha complicidad y confianza entre ellos. Alex está casado con Fran. Iris recibe una llamada en la que le hablan de Euphemia Lennox, de nuevo este nombre, ella no la conoce de nada, pero la llamada se corta. La joven tiene una relación con Luke desde hace dos meses pero a ella no le atrae el matrimonio: qué extraño debe de ser el matrimonio, estar tan atada, tan enganchada a otra persona.  Odia las bodas pero conoció a Luke en una. Se convirtió en su amante. No es nada más que eso. Además Luke está casado. A Iris no le importa pero no quiere saber nada de su mujer. Luke quiere dejarla pero eso a ella le da pánico. No quiere ni hablarlo. Alex siempre está por en medio. Es fundamental en su vida. No le gusta Luke para ella. La relación entre los hermanastros es, cuando menos, curiosa, diferente. Un poco más adelante sabremos que el primer hombre con el que se acostó Iris fue su hermanastro Alex.

Volvemos a Esme y a su pasado en India. Es una niña que se fija más en el más nimio detalle que le rodea que en lo supuestamente más importante (estudiar, hacer los deberes): Esme no mira los problemas de aritmética que le han puesto, sino el polvo que se arremolina en los rayos de luz, la línea blanca de la raya del pelo de su hermana, los nudos y marcas de la mesa de madera, que fluyen como el agua, las ramas de la adelfa del jardín, las leves medialunas que aparecen bajo sus cutículas. Esme y Kitty tienen un hermanito, bebé, Hugo. Esme lo adora: le encantan sus miembros apretados, nacarados, los hoyuelos de los nudillos, su olor a leche. Esme huye de su presente, el sanatorio psiquiátrico que se está desmantelando, centrándose en su pasado. Es muy importante para ella. Kitty, su hermana, tiene seis años más y ya la están buscando novio. Kitty, al contrario que Esme, es dócil, obediente, sigue las normas. Esme no quiere casarse.

Por fin, a través de una llamada, Iris se entera de que la tal Euphemia Lennox es la hermana de su abuela: mi abuela no tiene hermanas. La llaman porque Cauldstone va a cerrar y ella es el familiar con quien contactar para los asuntos pertinentes a una tal Euphemia Lennox. Sin entender nada, Iris se dirige al sanatorio para averiguar qué pasa. Allí se entera de que Esme lleva encerrada sesenta y un años, cinco meses, cuatro días con diversos diagnósticos: “bipolar”, “electroconvulsiva”… pero ahora están plenamente convencidos de su docilidad y muy seguros de que puede reisentarse en la sociedad con total garantía. A Iris nunca nadie le ha hablado de Esme, y su madre, a quien llama a Australia, no sabe nada de ella, y su padre está muerto y su abuela perdida en el mundo del alzhéimer. En Cauldstone quieren que se la lleve. Tienen prisa. Van a cerrarlo. Iris está horrorizada: ¿llevarse a una mujer que no conoce de nada? Pero la curiosidad le puede más y pide verla.

Mientras, Esme piensa en lo peor. Lo más difícil. Lo hace muy pocas veces, pero en ocasiones siente la necesidad, y es uno de esos días en que le parece ver a Hugo. El bebé tiene fiebre. Está sola con él y con Jamila, su aya, pero ésta también está enferma. Y cuando intentó coger a Hugo, le resultó muy difícil. Tenía que inclinarse y había tantas mantas y sábanas que el cuerpo del niño parecía pesar mucho, y estaba tan frío y tan tieso que era difícil agarrarlo. Estaba congelado. Esme pasa con el niño toda lo noche. Cuando vuelven sus padres, Jamila y el niño están muertos. De tifus. No quería separarse de Hugo. Tuvieron que arrancárselo de los brazos, entre su padre y un hombre que habían traído no sabía de dónde Su madre se quedó junto a la ventana hasta que todo hubo acabado. El varón tan deseado. El trauma que marcará toda la vida de Esme.

Finalmente, Iris y Esme se encuentran. Después de un recorrido por el fétido y opresivo olor de los pasillos, Iris ve a una mujer alta, de puntillas ante una ventana elevada, dándoles la espalda. Esme siempre en la ventana, siempre huyendo de su terrible presente  rebusca en su mente algo que la salve. Esta mujer es alta, tiene el rostro anguloso y unos ojos inquisitivos, cierto aire altivo, una expresión pícara, las cejas enarcadas. Aunque debe de tener más de setenta años, se advierte en ella algo incongruentemente infantil. Hablan. ¿Has venido a por mí? Pero Iris le dice que no puede llevársela. Antes de que Esme, decepcionada, desaparezca, Iris ve en la cara de Esme la cara de su padre.

Iris va a ver a su abuela a ver si le aclara algo. No va a visitarla con mucha frecuencia. Su abuela la quiso de niña pero cuando Iris llegó a la adolescencia su abuela perdió el entusiasmo por ella. Kitty sólo le dice que no había forma de que soltara al bebé. Todo lo demás es incongruente, no hay manera de sacarla nada. Iris está decidida a investigar y se va a los archivos del sanatorio que son un caos y en los que se encuentra todo tipo de historias de mujeres que no parecen que estén “locas”. Sólo diferentes, raras, atípicas para la época que les tocó vivir. Antes cualquiera podía meter a su hija o a su mujer en un manicomio sólo con la firma de un médico de cabecera. Por fin, encuentra a Esme: Edad: 16. Insiste en dejarse el pelo largo. Los padres declaran haberla encontrado bailando delante de un espejo, vestida con la ropa de su madre. Iris se está involucrando en la vida de Esme y quiere saber qué va a ser de ella: los pacientes cuya familia no pueda hacerse cargo de ellos pasarán a ser responsabilidad del Estado y serán realojados consecuentemente, le informan. Aunque no se siente capaz de encargarse de ella, quiere que salga de Cauldstone (¿Te figuras lo que debe de ser pasar casi toda la vida en un sitio así? Yo ni siquiera me imagino lo que puede ocurrir si te encierran cuando todavía eres…) y está preocupada de adónde la llevarán hasta encontrarla plaza en una residencia de ancianos: un hogar, un asilo. Decide llevarla ella misma para ver cómo es ese sitio.

Esme vuelve a sus recuerdos que la llevan al barco en el que abandonan Bombay rumbo a Escocia. Dejan atrás mucho dolor. Una nueva vida. Un nuevo lugar para las niñas, que han nacido en India. Esme no entiende porqué ella no murió también de tifus como Hugo y la aya. Y aparece Kitty por primera vez con sus monólogos inconexos en los que salta de una época a otra. Esas frases incompletas que comienzan y terminan con puntos suspensivos y que reflejan muy bien su mente enferma. Están en Escocia y en los recuerdos de Kitty aparece la actitud díscola de Esme y, por el contrario, la suya que es obediente y ejemplar: eres responsable porque tu hermana no lo es. Siempre la diferencia entre ambas.

Cuando Iris comprueba el horrible lugar donde van a aparcar temporalmente a Esme, se la lleva de allí dispuesta a devolverla a Cauldstone, a pesar de la reacción de Esme: pero yo creía que me marchaba. Dijiste que me marchaba […] Lo dijiste. Lo prometiste. Iris, convencida de que no puede quedarse con ella, lo intenta pero no la admiten porque ya es tarde y comienza el fin de semana. Mientras habla con el portero de noche, Esme cierra la boca, cierra la garganta, pliega las manos una sobre otra y hace lo que ha llegado a perfeccionar, su especialidad: ausentarse, desvanecerse. Vean, damas y caballeros. Es de importancia crucial mantenerse totalmente inmóvil. Incluso respirar puede recordarles que estás ahí, de manera que hay que hacer sólo una respiración muy corta, muy superficial, lo justo para seguir viva. Nada más. Luego tienes que imaginarte alargada. Eso es lo más difícil. Piensa que eres fina y alargada, tenue hasta la transparencia. Concéntrate. Concéntrate de verdad. Tienes que llegar a un estado en que tu ser, esa parte de ti que te hace ser lo que eres, que te hace sobresalir en tres dimensiones, pueda salir por tu cabeza hasta que, damas y caballeros, hasta que llega el momento de…: la estrategia que Esme ha elaborado con su imaginación, ya desde su condición de niña rara, para poder soportar la vida que le ha tocado en suerte. Triste y duro.

Vuelven los recuerdos de Kitty, esta vez centrados en la muerte del hermano: fue una tragedia. Nos dijeron que evitáramos el tema. Sin embargo, Esme insistía en hablar de él, decía constantemente: ¿Te acuerdas de esto?, ¿te acuerdas de lo otro?, Hugo por aquí, Hugo por allá. El padre le da un escarmiento tal que Esme nunca más vuelve a nombrarlo. Kitty se alegra pues yo tampoco quería volver a saber nada de él. Será entonces cuando Esme elabora su estrategia contra el dolor: y Esme empezó a tener aquellos momentos raros, sus “trances”, los llamaba madre. Está en uno de sus trances, decía, no le hagas caso […] Totalmente quieta, inmóvil, apenas respiraba siquiera. Podía estar mirando a lo lejos, aunque en realidad no parecía estar mirando nada. Ya podías hablarle o llamarla por su nombre, que no te oía. Era de lo más raro. Era antinatural, decía mi abuela, como una persona poseída. Y debo admitir que yo estaba de acuerdo. Pero Esme está obsesionada con lo que ha vivido con su hermano, con su terrible muerte, estuvo allí tres días sola,  a pesar de que todos los demás lo obvien como si no hubiera ocurrido.

Iris no tiene más remedio que llevarse a Esme a su casa a pesar de que no quiere. Será sólo un fin de semana, piensa. Esme reconoce la casa en la que vivió cuando volvieron a Escocia: Kitty reformó la casa para dividirla en varios pisos le informa Iris, éste y otros dos, más grandes. No recuerdo cuándo. Ella vivió muchos años en el piso de la planta baja. Luego se vendió todo para pagar su asistencia médica. Menos éste, que se puso a mi nombre. Yo iba a verla de pequeña, y por entonces el edificio era sólo una casa todavía. Un caserón gigantesco con un jardín enorme. Iris ahora vive en lo que era el desván y aloja a Esme en la antigua habitación de la criada, le informa la anciana: No entiende nada, todo se le antoja muy extraño. De pronto le ha salido un pariente. Un miembro de su familia que conoce su casa mejor que ella misma.

Iris recurre a Alex. Éste se preocupa. Una vez colgado el teléfono, la joven recuerda cómo conoció a su hermanastro cuando tenían ella cinco años y él, seis. La primera vez que lo vio lo reconoció al instante, lo había visto antes. Lo había visto un montón de veces en los ángeles de las iglesias italianas que su madre le llevó a visitar cuando su padre murió. Viven seis años juntos hasta que sus respectivos padres se separan pero Alex no quiere alejarse de Iris y se escapa numerosas veces de su casa y del colegio al que le llevan. Una vez hasta se escapan juntos. Finalmente, los padres llegan al acuerdo de que pase las vacaciones con Iris y su madre. Cuando tienen quince y dieciséis años, la madre de Iris los deja solos unos días. Se encierran en la casa. No necesitan a nadie más. Se tienen el uno al otro: es mi corazón, pero en realidad te pertenece a ti” le dice Alex. Mientras, Esme recorre la habitación que pertenece a la que un día fue su casa reconociéndola. Siempre el pasado.

Sábado. Esme e Iris desayunan juntas. La anciana continúa reconociendo los objetos que un día ella utilizó. Se interesa por la vida de la joven: ¿hasta qué punto está loca?, se pregunta Iris. ¿Cómo se miden estas cosas? Esme le pide que la lleve a ver el mar. De nuevo, recuerda sus baños en él cuando era joven, lo que disfrutaba, era valiente, se arriesgaba hasta casi ahogarse. Contempla a su familia sentada en la arena mientras ella está nadando, ve a su hermana hablando con chicos y no entiende lo que le ha pasado a Kitty. La siente lejana. Se la va a llevar un chico de esos y la perderá para siempre. Se ve a sí misma con ellos, desdoblada. La visión dura unos instantes. Vuelve al presente, mira a Iris: la niña es sorprendente para ella. Es una maravilla. Quiere nadar pero no quiere asustar a la niña. Esme da miedo, eso sí lo ha aprendido. Pero mientras Iris habla por teléfono con Luke que también le reprocha que se haya hecho cargo de esa “loca” (el miedo a la locura), ésta contempla como su anciana tía abuela se está metiendo en el agua completamente vestida. Pero vuelve. No ha sido más que un susto para la alterada Iris que no sabe muy bien cómo llevar esta situación que parece desbordarla por momentos.

Plazos

Dedicaremos una semana a comentar esta parte. Espero que os explayéis en vuestros comentarios. Que opinéis sobre los personajes, sus relaciones, los acontecimientos, los temas que se van tratando, la estructura de la novela (¿os es difícil seguirla?), el estilo… Sobre todo lo que queráis. Mientras vais dejando vuestros comentarios, seguiremos la lectura desde la página 116: “La niña la lleva a almorzar a un restaurante en el extremo de North Berwick…” hasta el final de la novela. ¡Nos vemos en el blog!

La extraña desaparición de Esme Lennox: una historia difícil

4 Abr

Edinburgh. Foto en flickr de Oscar F. Hevia. Algunos derechos reservados.

Esta es una historia que va del pasado al presente y del presente al pasado en un juego de tiempos y voces. Se mueve entre los años treinta del siglo XX, en la India colonial y en Escocia, y un año indeterminado de principios del siglo XXI en Edimburgo. Esta es fundamentalmente la historia de Esme, pero también de Iris y de Kitty. Tres voces, tres silencios, tres pensamientos, tres vidas entrelazadas de tres mujeres pertenecientes a la misma familia. Una novela que es un puzzle en el que se superponen, se entrecruzan de una manera fragmentada las historias de estas mujeres. Un rompecabezas que iremos armando a medida que vayamos leyendo. Difícil, sí, pero en su estructura, compleja, radica la maestría de Maggie O’Farrell que logra, de una manera brillante, que al final de la novela sepamos qué ocurrió y el porqué. A través de esa estructura y de un lenguaje muy visual que no sólo leemos sino que escuchamos y olemos, la autora consigue que haya misterio, suspense, lo que nos impulsa a seguir hasta el final porque queremos saber más, entender, descifrar el enigma de estas vidas entrelazadas. Las tres voces narrativas, dos en tercera persona (Esme e Iris) y una en primera (Kitty), se van alternando lo que, al principio, nos produce cierta confusión hasta que, avanzando en la lectura, conseguimos identificarlas sin dificultad. La voz más difícil de entender es la de Kitty, ya que padece Alzhéimer por lo que intercala recuerdos inconexos sin un orden aparente, mezcla pasado y presente, las frases, están plagadas de puntos suspensivos, comienzan a la mitad y no terminan… yo creo que la autora logra con gran maestría mostrar lo que podría ser la mente de un enfermo de estas características. Los cambios de narrador son parte importante de la original estructura de la novela.

Iris es una mujer joven que tiene una tienda de ropa de segunda mano en Edimburgo y un perro. Un día recibe una llamada del viejo hospital psiquiátrico de Cauldstone que va a cerrar. En él lleva internada sesenta y un años Esme, que resulta ser su tía abuela y le preguntan si quiere acogerla ya que no tiene adonde ir. Iris no sabe nada de la existencia de esta tía abuela, ni ella ni su madre ni nadie de la familia. Todo un misterio. La hermana de Esme, Kitty, al estar enferma de Alzhéimer, vive recluida en un centro hospitalario y no recuerda casi nada y cuando estaba bien jamás dijo que tuviera una hermana. La madre de Iris vive en Australia y tampoco supo nunca nada de la existencia de Esme, el padre de Iris e hijo de Kitty murió hace tiempo. ¿Qué hacer con ella? A Iris se le despierta la curiosidad sobre esta mujer que de golpe y porrazo se convierte en parte de su familia. También sobre ella pesa la gran responsabilidad de hacerse cargo de alguien supuestamente enfermo mental y a quien,  además, no conoce de nada. Finalmente, la curiosidad y el deseo de indagar en una parte de su pasado que le han mantenido oculto puede más y va a buscarla.

Dos preguntas claman por ser contestadas: ¿qué circunstancia llevó a la reclusión de Esme en un psiquiátrico cuando sólo tenía dieciséis años? ¿Por qué se ocultó su historia, su existencia, al resto de la familia? Los recuerdos de Esme, una anciana de memoria clara que no parece estar en absoluto “loca”, y los escasos momentos de lucidez de Kitty irán reconstruyendo, de una manera fragmentada que da saltos en el tiempo, la vida de las dos hermanas hasta el momento fatídico de la “extraña desaparición” de Esme: su infancia en India y la primera juventud en Escocia. A la vez, iremos descubriendo aspectos de la vida de una Iris que no está muy satisfecha y anda algo perdida: la estrecha relación con su hermanastro Alex, el inicio de un idilio con un hombre casado con el que no desea comprometerse como parece que siempre hace, y, especialmente, todo lo que concierne a su encuentro con Esme y la relación que van estableciendo. Esme piensa más que habla e Iris quiere saber. En este puzzle que es la novela, el personaje de Iris es el hilo conductor. Y nosotros, los lectores, somos Iris. Sabemos tan poco como ella sobre la historia de su familia y queremos saber tanto como ella. Esme y Kitty son las que lo saben todo pero callan o fragmentan su saber o, en el caso de Kitty, está casi perdido, pero no del todo, por efecto de la enfermedad.

Hay dolor en esta intensa novela pero también hay gozo. Hay miedo, hay soledad, hay amor, hay misterio, hay olvido, hay incomprensión, hay rebeldía, hay injusticia, hay risas, hay hechos atroces, hay felicidad, hay traición, hay libertad… todo ello contado con un estilo ágil, fugaz, inteligente. Hay atención al detalle, al más mínimo, de todo lo que ven las protagonistas, sobre todo Esme. Novela magnética narrada de una manera original que se lee con avidez a pesar de su dificultad lo que exige al lector un esfuerzo pero sobre todo una entrega. Novela de mujeres (los hombres siempre quedan en un segundo plano, excepto quizás Alex) escrita por una mujer pero sin caer en el tópico. Novela que habla también de la locura, y la cordura, de la traición, de las tortuosas relaciones de las familias y de los secretos que esconden a veces, de las convenciones sociales de una época (principios del siglo XX) cerrada, asfixiante y estrecha sobre todo para las mujeres, máximo si éstas son diferentes o “raras” y quieren ser libres e independientes. Crítica feroz y doliente. Y valor para plantear temas tan escabrosos.

El libro se abre con dos citas de grandes y, no casual, mujeres escritoras: Emily Dickinson y Edith Wharton, citas que aluden a lo que nos vamos a encontrar en la novela y que son una clara declaración de intenciones por parte de la autora: el cuestionamiento de la locura (disiente, y de inmediato serás peligroso y atado con cadenas) y la injusticia que a veces se comete contra otra persona (¿Qué clase de vida cabría edificar sobre tales cimientos?).

Como apunte curioso, parece ser que Maggie O’Farrell utiliza elementos de una novela anterior, un clásico de la literatura británica, El jardín secreto, de Frances Hogdson Brunet, publicado en 1911. Esta novela está protagonizada por Mary Lennox que, como Esme, también nace en la India colonial y, en mitad de su infancia, tiene que abandonar ese mundo cálido para volver a su país de origen. Cuando ambas, en sendas novelas, llegan a Gran Bretaña, son niñas peculiares, rebeldes y traumatizadas. Hasta ahí las semejanzas. Este giño me recuerda al que hizo Jean Rhys en su novela Ancho mar de los Sargazos (extraordinaria novela que leímos en su momento en este Club) en la que recupera al personaje de la primera mujer de Rochester, la “loca” que está encerrada en el ático de Thornfield Hall del clásico de Charlotte Bronte, Jean Eyre. Personaje secundario pero clave en la novela ya que desencadena el incendio y posteriormente se suicida. Jean Rhys convierte a esta mujer en su protagonista y nos narra su historia desde su infancia hasta que, casada con Rochester, llega a Inglaterra. Es curiosa y muy interesante esta utilización por parte de algunos escritores de personajes o historias similares escritas anteriormente.

Asimismo, en una entrevista publicada en su página web, Maggie O’Farrell cuenta cómo surgió en ella la idea de escribir La extraña desaparición de Esme Lennox: la historia se me ocurrió por primera vez hace quince años. Fue a mediados de la década de 1990, después de la reforma de salud impulsada por Margaret Thatcher, cuando los hospitales psiquiátricos comenzaron a cerrar y los pacientes fueron puestos de patitas en la calle. Por entonces, se escuchaban muchas historias de personas, sobre todo mujeres, que habían sido confinadas en manicomios por actos de inmoralidad y abandonadas a pudrirse allí por el resto de sus vidas. Un amigo me contó que la prima de su abuela, que acababa de morir en el manicomio, había sido internada allí a principios de la década de 1920 por fugarse con un oficinista. Terrible.

Os dejo los pocos enlaces que he encontrado sobre la autora: su página web en inglés y una entrevista con motivo de la publicación de la que es, por ahora, su última novela: Instrucciones para una ola de calor (2013), realizada por Lara Touitou en febrero de 2014 y traducida por María del Pilar Martínez. No he logrado encontrar ninguna entrevista sobre La extraña desaparición de Esme Lennox. Si alguno encuentra algo más relacionado con la novela que vamos a leer que nos ponga el enlace. ¡Gracias!

Plazos

Dividiremos la lectura en dos partes. Leeremos a lo largo de una semana hasta la página 116 (parte de arriba de la página) justo hasta la frase “- ¿Estás bien?- pregunta Esme” que es el final de una de las partes (no hay capítulos) en que divide la autora la novela. Para más referencias, el inicio de la siguiente parte, que no vamos a leer, comienza con: “La niña la lleva a almorzar a un restaurante en el extremo de North Berwick”.

Os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o los personajes, o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: LA EXTRAÑA DESAPARICIÓN DE ESME LENNOX de MAGGIE O’FARRELL

23 Mar

Portada de “La extraña desaparición de Esme Lennox” de Maggie O’Farrell. Edicciones Salamandra.

Vamos a leer por primera vez a una autora escocesa. Se trata de Maggie O’Farrell, nacida en Irlanda del Norte en 1972 pero crecida en Gales y Escocia. Está considerada una de las voces más sobresalientes y reconocidas de la narrativa escocesa actual. Y la obra escogida es La extraña desaparición de Esme Lennox publicada en 2006. Fue elegido Mejor Libro del Año 2007 por el Washington Post.

Esta novela es una historia hermosa e inquietante que plantea de  una forma muy valiente el peso de las convenciones sociales y la tortuosa complejidad de los lazos familiares. Maggie O’Farrell aborda con un gran talento esta historia en la que logra, con un estilo altamente original, construir personajes memorables y transmitir emociones de todo tipo. Es una buena ocasión para acercarnos a la literatura de una escritora que muchos desconocíamos y que merece la pena conocer.

A partir de mañana miércoles 23 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Dadas las fechas que son, y como vamos a tener un parón de cuatro días, disponéis, tanto los que vivís en Coruña como los que vivís fuera, de más de una semana para conseguir el libro editado por Salamandra.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Seda. Gracias.

Nos encontraremos aquí en el plazo de más o menos diez días para empezar a leer La extraña desaparición de Esme Lennox. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Alessandro Baricco podéis hacerlo a lo largo de estos días. ¡Feliz Semana Santa a todos!