La paciencia salva la vida

24 may

Torino 8. Foto en flickr de gatogrunge. Algunos derechos reservados.

Esta segunda parte de nuestra lectura nos va a llevar a través de tres países: Turquía, Grecia e Italia, final del viaje de Enaiat. Las estancias en Turquía y Grecia serán mucho más cortas que las precedentes. En Turquía y Grecia no hay apenas trabajo y la presión de la policía es grande. Enaiat no encuentra en ellos su lugar, y, como se ha hecho mayor y más sabio gracias a las experiencias vividas, abandona estos países en cuanto se da cuenta de que no quiere estar en ellos. Enaiat va vivir la parte más dura del viaje, y nosotros con él: había quien se quedaba congelado en las montañas, quien moría a manos de los policías de la frontera, quien se ahogaba en el mar entre las costas de Turquía y las de Grecia. Su paso de Irán a Turquía por las montañas, veintiséis días caminando de noche en grupo (setenta y siete personas) en condiciones extremas de frío, cansancio, peligro, hambre… en el que muchos quedarán por el camino donde otros ya habían quedado antes (estaban sentadas para siempre. Estaban congeladas. Estaban muertas), para después viajar hasta Estambul durante tres días infernales en un doble fondo de un camión de cincuenta centímetros de ancho, a oscuras, encogidos, sin moverse, sin comer, sin poder orinar… algo absolutamente inhumano: a partir de cierto momento, dejé de existir; dejé de contar los segundos, de imaginar la llegada. Lloraban los pensamientos y los músculos. Lloraban el entumecimiento y los huesos. Olores. Recuerdo los olores: meados y sudor. Gritos. Pero las penurias todavía no han terminado y vivirá una travesía por mar, con cuatro niños más menores que él, en un pequeño bote salvavidas desde las costas de Turquía a la isla griega de Mitilene (no pensábamos en los peligros de la travesía. La muerte es siempre un pensamiento lejano, incluso cuando las sientes cerca. Piensas que te las arreglarás, y tus amigos también). Es milagroso que puedan llegar a su destino cuando ni siquiera saben remar y mucho menos nadar, y tienen tanto miedo que piensan incluso que en el mar hay cocodrilos. Uno de ellos caerá al mar y lo perderán (la muerte tan presente que ni siquiera pueden pararse a llorarla). Pero el afán de supervivencia, la resiliencia, la actitud positiva y la suerte, mucha suerte, acompañan a Ena hasta su destino final. El resto de los viajes, en tren, autobús o ferry, excepto uno escondido en un contenedor de un barco, serán más cómodos.

A pesar de todo lo terrible que es lo que vive Enaiat, hay lugar para descripciones plenas de belleza: el sol había conquistado cada rincón del cielo, el azul no era azul sino amarillo, las nubes doradas y sangrantes por las heridas que les hacían los montes. Donde las peñas machacan. Donde la nieve corta y ahoga, y liberación: me pareció que con la sangre fluía, de dentro de mí, todo el cansancio, la arena del desierto, el polvo de los caminos y la nieve de las montañas, la sal del mar y la cal de Isfahán, las piedras de Qom y los residuos de las cloacas de Quetta. Cuando la sangre dejó de salir, estaba bien, muy bien. Como nunca había estado.

Por el camino se encontrará con gente buena que le ayuda, como la anciana griega en Mitilene que le salva de un gran aprieto dándole comida, ropa decente y cincuenta euros para poder coger el ferry a Atenas: pensé que hay gente muy extraña y amable en el mundo. De nuevo, Fabio le replica ante su ausencia de explicaciones sobre esta mujer: me cuentas las cosas, Enaiat, pero inmediatamente te escapas a otro asunto. Dime algo de esa señora. Descríbeme su casa. Enaiat insiste en su visión de las cosas: a mí me interesa lo que pasó. La señora es importante por lo que hizo. No importa su nombre. No importa cómo era su casa. Ella es cualquiera. Cualquiera que se porte así. ¿Qué opináis sobre el punto de vista de Ena? A mí me llama la atención y no paro de buscarle una respuesta, como le pasa a Fabio. Más personas le ayudarán, una pareja de ciclistas y un chico, ya en Italia, y sus amigos reencontrados, increíblemente, en Grecia, Jamal, y en Italia, Payam (la manera en que localiza a éste es difícil de creer) y, sobre todo, en Turín, una familia le acogerá y podrá comenzar a tener una vida normal y, sobre todo, estudiar que es lo que más desea. Ellos, su familia de acogida, al contrario que la suya propia, sí tienen nombre (me apetece decir los nombres. No son nombres que me hagan sentir mal, al contrario): Danila, la madre, Marco, el padre, y Matteo y Francesco, los hijos. Ena se siente inmensamente feliz con ellos: espectacular. Espectacular aquel día. Espectaculares los días siguientes […] Era algo fantástico […] Que nos querríamos, bueno, eso lo entendí solo. Y es en Turín, por fin, donde encuentra su lugar de vida: ¿Cómo se encuentra un sitio para crecer, Enaiat? ¿Cómo se le distingue de los otros? Lo reconoces porque no sientes ganas de irte. No porque sea perfecto. No existen los sitios perfectos. Pero existen sitios donde, por lo menos, nadie intenta hacerte daño.

Así empezó. Mi segunda vida, quiero decir. Sólo le queda conseguir el permiso de residencia como refugiado político. Antes asiste a clases y aprende con una rapidez asombrosa: la lengua, los estudios de primaria y después comienza los de secundaria. Sus ansias de saber son infinitas. Hice amigos. Aprendí muchas cosas que me obligaron a mirar la vida con otros ojos, como cuando te pones unas gafas de sol con los cristales de colores. Cuando estudiaba higiene me dejaba pasmado lo que me decían, porque lo comparaba con mi pasado, con las condiciones en las que había vivido, con la comida que había comido, etcétera: me pregunté cómo era posible que todavía estuviera íntegro. Finalmente consigue, no sin dificultad y gracias a su inteligencia, el permiso de residencia. No es hasta que pasan tres años de su nueva vida en Italia que se decide a ponerse en contacto con su madre: podría haberla buscado antes, pero sólo después de haber obtenido el permiso de residencia, sólo después de haber recuperado hasta el fondo del tonel la serenidad necesaria, volví a pensar en ella, en mi hermano y en mi hermana. Los había borrado de mi memoria durante mucho tiempo. Y no por maldad ni nada parecido, sino porque antes de ocuparte de los demás tienes que encontrar la manera de estar bien contigo mismo. ¿Cómo puedes dar amor, si no amas tu vida?. Toda una lección de saber vivir la que nos da Enaiat. Se pone en contacto con amigos en Pakistán que van hasta Afganistán, la bondad de nuevo, y terminan por encontrar a su familia. El final, cuando Ena y su madre pueden hablar por teléfono después de ocho largos años es de una emoción que sólo el silencio puede explicar, el silencio de ellos que no pueden hablar, sólo llorar, y nuestro silencio, con un nudo en la garganta, mientras leemos las últimas palabras de este maravilloso libro: en ese momento supe que aún estaba viva y quizá, ahí, me di cuenta por primera vez de que también lo estaba yo. No sé bien cómo. Pero también lo estaba yo.

Plazos

Terminada la increíble historia de Enaiatollah Akbari, es hora de vuestros comentarios. Disponéis de una semana para comentar esta segunda parte y todo el libro en general. Espero que los comentarios sean muchos y muy variados como lo han sido los de la primera parte. No todos tenéis la misma opinión sobre el libro por lo que os pido que os deis la réplica los unos a los otros, como si estuvierais cara a cara, para hacer más vivo el debate. ¡Gracias!

La esperanza de una vida mejor es más fuerte que cualquier sentimiento

19 may

Lahore to Quetta. Foto en flickr de . . . _ _ _ . . . Algunos derechos reservados.

Esta primera parte que vamos a leer comprende, en tiempo, casi la totalidad del viaje de Ena desde que sale de Afganistán, cuatro años y medio. Vivirá en Quetta (Pakistán) un año y medio y en Isfahán y Qom (Irán) tres años haciendo los más diversos trabajos para sobrevivir. En el primer capítulo dedicado a Afganistán sabremos a través de varios flashback los motivos por los cuales su madre decide que tiene que abandonar el país ya que su vida corre peligro de muerte. Comienza en Quetta cuando su madre le deja en el samavat Qgazi, una especie de hotel que Ena define como un almacén de cuerpos y almas; un depósito donde amontonarse en espera de ser empaquetados y expedidos a Irán o Afganistán, o quién sabe adónde; un lugar donde entrar en contacto con los traficantes de hombres. Su madre le da tres consejos: no tomar drogas, no usar armas (aunque sólo sea un cucharón) y no robar, y le habla de sueños y de que siempre hay que tener un deseo ante los ojos, como un burro una zanahoria, y es en el intento de satisfacer nuestros deseos donde encontramos la fuerza para volver a levantarnos, y que si un deseo, cualquiera que sea, se tiene, en alto, a un palmo de la frente, entonces vivir valdrá siempre la pena. Ena no es consciente de que su madre se está despidiendo. Sólo cuando se despierta y no la ve por ninguna parte, Rahim, el jefe del samavat, ante sus preguntas, se lo confirmará: en ese momento me quedé sin palabras. Quizá hubiera otras, adecuadas, pero yo no las conocía.

Ena vivía en Nava, en la provincia de Ghazni, con su madre y sus dos hermanos, una zona habitada sólo por hazara. A su padre lo mataron cuando el niño sólo tenía seis años. Los pastunes lo obligaron a ir a Irán y volver con el camión, a recoger productos que luego vendían en sus comercios. Si no lo hacía, matarían a su familia. Unos bandidos asaltaron su camión, lo robaron y lo mataron. Los pastunes les dijeron que tenían que pagar la mercancía perdida o si no se llevarían a mi hermano y a mí para utilizarnos como esclavos. Su madre los escondía en un hoyo hasta que Ena se hizo mayor y ya casi no cabía en él. Entonces decidió, sin Ena saberlo, que tenía que salir del país. Sólo tenía diez años. A Ena la vida en Nava le gustaba mucho pero sobre todo le gustaba la escuela. Pero los talibanes la cerraron porque iba contra la voluntad de Dios y mataron al maestro, delante de los niños, que con mucha educación se había enfrenado a ellos. La vida, sin escuela, es como la ceniza.

En su huida caminan durante tres noches hasta Kandahar con mucho peligro pues contaban que, por esa zona, a los hazara de paso como nosotros los cogían los talibanes y los arrojaban vivos a un pozo profundísimo o se los echaban de comer a los perros vagabundos. En Kandahar encuentran a un hombre que los llevará a Pakistán en un camión. Un viaje largo a través de las montañas hasta llegar a Quetta. Una vez que la madre se va, Ena piensa que tenía que pensar, y que pensar que hay que pensar, como decía siempre mi maestro, es ya algo grande. Pero no había pensamientos dentro de mi cabeza, sólo una luz que sepultaba todo y no me dejaba ver nada, como cuando miras el sol.

Todo el relato está contado de una manera muy sutil e incluso poética, esa extraordinaria delicadeza que dicen que es una característica muy afgana.

Ya en Pakistán y abandonado a su suerte, Ena reacciona pronto y decide que tiene que trabajar y evitar que se aprovechen de él. Primero lo hará en el samavat pues le da miedo salir a la calle. Rahim, el encargado, apiadado, le ofrece comida y techo a cambio de hacer cualquier cosa que él le mande. El trabajo es un infierno, no para de hacer cosas que no sabe ni hacer, pero el chico tiene recursos, es fuerte y no se deja asaltar por los recuerdos ni por las comparaciones con su casa: antes de asustarme demasiado, con las manos disolví la comparación en el aire. Ena es listo y procura mantenerse al margen de cualquier problema. Debido a esto su estatus en el samavat asciende y empieza a llevar el chay a las tiendas, un trabajo mucho más agradable. Ena es siempre positivo y ve en todos sus avances un motivo de contento. Todos los días cuando pasa por delante de un colegio espera al recreo: las puertas se abrían de par en par y los niños salían gritando y corriendo a jugar en el patio. Mientras ellos jugaban, yo gritaba dentro de mí y jugaba llamando a mis amigos de Nava. Sólo quiere oírlos para poder dejar correr su fantasía y transformar su realidad. Es su manera de seguir siendo un niño y no olvidar cómo era su vida antes, sin que ésta le haga daño. Pero, en general, la vida de Enaiat está centrada en el trabajo, siempre duro y difícil, en sobrevivir aceptando la suerte que le ha tocado. No hay ni sombra de lamentación ni pena.

Supongo que os habrá pasado que leyendo este libro habréis comparado su vida con la que llevamos aquí nosotros y nuestros hijos. Un abismo. Es difícil desde la comodidad del primer mundo ponernos en la piel de Enaiat y quizá poder entenderlo. ¿No piensa en su madre? ¿No llora? ¿No tiene miedo? Creo que cuando ya has nacido en un lugar difícil y la vida te lo va poniendo cada vez más difícil, no hay lugar para la queja y al miedo lo manejas como puedes, aunque seas un niño (nunca tengo miedo, Enaiat, dijo. Y siempre tengo miedo. Ya no sé distinguir una cosa de la otra). La mera supervivencia, los trabajos de sol a sol, trabajar, comer y dormir, apenas descansar, todo ello creo que te impide pensar en nada, te anestesia, estás demasiado cansado y acaba convirtiéndose en un recurso a tu favor para seguir hacia adelante, eso sí, siempre con un deseo en tu mente que es el que te mueve a continuar. Aceptas tu realidad, no te queda otra, e, incluso, encuentras en ella momentos de alegría. Llevas en tu corazón a todo lo que amas, como en un cofrecito sagrado, pero no lo abres pues si no quizás las fuerzas te abandonen y eso no te lo puedes permitir. La supervivencia de nuevo.

A los seis meses de estar en Quetta, un propietario de un comercio que siempre le trata bien le ofrece ser vendedor ambulante como otros niños y poder ganar un dinero. Lo más importante es intentar que no le roben. Conoce a otros niños hazara, entre ellos a Sufi, que se convierte en su primer amigo. A Ena no le gusta este trabajo: no me gustaba molestar. No me gustaba que me trataran mal. Pero todos (incluido yo) tenemos mucho interés en vivir, y por vivir estamos dispuestos a hacer cosas que no nos gustan. Finalmente Enaiat, después de muchos meses, acaba cansándose. Está harto de que los fundamentalistas o los policías le roben o le peguen, está harto de arriesgar la vida en los atentados de los extremistas que también suceden allí. Y decide irse a Irán pues ha oído que en este país las cosas están mejor que en Pakistán, que hay mucho más trabajo y además son chiítas como él. Sufi decide irse con Ena y Rahim les pone en contacto con un traficante de hombres que será el que les lleve a Irán y les encuentre un trabajo pero, como no tienen apenas dinero, tendrán que pagarle a él sus cuatro primeros sueldos. Ena está conforme pues la perspectiva de tener trabajo al llegar es lo que más le agrada. Entiende las razones del traficante, de alguna manera es su aliado y, más adelante, cumplirá su palabra. O sea, que es un traficante “legal”. Casi todos con los que se encuentre en su viaje lo van a ser. Y será gracias a ellos que podrá cruzar las fronteras de todos los países. Así está montado el negocio. Pero sabemos que, desgraciadamente, no en todos los casos es de esa manera, sino todo lo contrario.

En uno de los diálogos con Fabio que salpican el libro, éste le pide que le cuente sobre los lugares y las personas que ama pero Ena le contesta: no quiero hablar de ellos, ni siquiera de los lugares. No son importantes. Lo importante son los hechos. Lo importante es la historia. Lo que te cambia la vida es lo que te pasa, no dónde ni con quién. Esto explica el porqué en el libro los hechos es casi lo único que se cuenta, pero ¿qué opináis de estas palabras? ¿Creéis que Ena esconde sus sentimientos detrás de esta actitud?

El viaje a Irán, excepto en un tramo, es bastante cómodo y al llegar Enaiat cae muy enfermo. Le cuidan y le medican como pueden y él presa de delirios por la fiebre sí que recuerda su pueblo, la nieve, la mano de su madre, a su maestro… Están dentro de él y el descanso mezclado con la enfermedad le conceden una tregua a tanto trabajo y, claro, se cuelan los sentimientos. En Irán pasará tres años en las ciudades de Isfahán y Qom trabajando primero en la construcción de casas y después en una cantera. Son trabajos duros, de muchísimas horas, sólo tienen medio día libre a la semana, son todos trabajadores ilegales, clandestinos, que apenas salen del lugar de trabajo (La obra era un mundo. La obra era el sistema solar) por miedo a ser detenidos y por lo tanto repatriados o, lo que es peor, enviados a una especie de campos de concentración (lugares sin esperanza), Telisia y Sang Safid, de los que corren historias terribles. Todos los temen. Pero Ena es relativamente feliz, juega al fútbol en la tarde libre con otros niños y se lleva bien con todos, además gana dinero.

Sufi se va antes a Qom y Enaiat le echa de menos, está triste: de la ausencia de una persona te das cuenta por las pequeñas cosas […] Cuando no tienes familia, los amigos lo son todo. Estando allí presencia en una televisión los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas: en una canal había una película con torres que se derrumbaban. Luego sabrá lo que ha sido en realidad, se da cuenta de la gravedad pero para él es más grave no estar con Sufi. Ena está contento a las afueras de Isfahán construyendo casas, además se atreve a salir y conoce a la gente del pueblo que es muy amable: casi pensaba que aquél podía ser un lugar donde vivir para siempre. Un lugar al que por fin llamar casa.

Pero entonces le detienen y le repatrian a Herat, en Afganistán, lo cual no es ningún problema porque Herat está llena de traficantes a la espera de repatriados. Casi no tienes tiempo de dejarte apalear por la policía, cuando inmediatamente te cogen y te llevan de nuevo a Irán. Incluso si no llevas dinero, puedes pagarles más tarde. Está claro que hay un negocio corrupto (muchos policías eran corruptos, por suerte) montado entre los traficantes y la policía en el que todos sacan tajada. Terrible. Pero bueno para Ena que vuelve a Irán, esta vez a Qom, con Safi, a trabajar la piedra. Esta ciudad, de un millón de habitantes, está llena de fábricas de piedras. El trabajo es durísimo: estar bien y evitar ponerse enfermo – como suele gustarle a la gente – era difícil, y no sólo estar bien, incluso seguir vivo era difícil. O entero. Enaiat sufre un accidente terrible cuando una piedra le cae encima del pie. La herida es tan profunda que se le ve hasta el hueso. Pero le hacen terminar el trabajo mientras se desangra porque aquella piedra era importantísima. Cosas así tan duras nos las cuenta como lo más normal mientras nosotros, lectores cómodamente sentados en nuestros sillones, nos estremecemos al leerlas.

¿Os imagináis pasar por algo así? No, es imposible, pero hay millones de personas que sí pasan por esto, que esta es su vida o su muerte. ¿Y nos importa realmente? Lo vemos en las noticias un día sí y otro también pero seguimos con nuestras vidas. Por no tener no tienen ni nombre, sólo son números. Recuerdo alguna escena de inmigrantes supervivientes de un naufragio llegando a las playas del sur de España mientras bañistas en sus toallas ni los miraban… No los tenemos tan lejos, están aquí, en el Mediterráneo, muriendo a centenares, en la valla de Melilla (la famosa foto de la valla en la que están a lomos un puñado de inmigrantes mientras al lado hay un impecable campo de golf donde juegan unas personas ajenas a ellos. Supongo que la habéis visto. Fue hace poco y acaba de ganar un premio importante). ¿Y? Me gustaría que comentarais sobre este tema. La vida de Enaiat nos permite conocer más de cerca a aquellos que son sólo números. Y eso es importante, muy importante.

Dejamos a Enaiat sufriendo una segunda repatriación mucho más dura con los policías disparando sobre ellos mientras intentan huir: cuando dejé de correr porque ya estaba lo bastante lejos, pensé en irme. No quería volver a tener miedo, no. Fue en aquel momento cuando decidí que iba a intentar llegar a Turquía.

Plazos
Comentaremos esta primera parte de la lectura a lo largo de una semana más o menos. Mientras, proseguiremos con el libro a partir del capítulo Turquía (pág. 101) hasta el final de la novela. ¡Espero que vuestros comentarios sean muy numerosos!

En el mar hay cocodrilos. La historia de Enaiatollah Akbari: valor y supervivencia

11 may

Fabio Geda. Foto en flickr de Biblioteca Fondazione Mach. Algunos derechos reservados.

Este es un libro diferente. Para empezar no es una novela, no es ficción, es pura realidad. Es la historia de un viaje muy peculiar. Cinco años en la vida de un niño aparentemente contados por él mismo. Pero hay un intermediario, el escritor Fabio Geda, a quién Enaiatollah Akbari le narra su historia (y también Enaiat en muchas ocasiones parece dialogar con los lectores, se dirige a ellos). Fabio escribe la historia que Enaiat le cuenta (nueve meses de grabaciones y borradores: quedábamos y Ena empezaba a contarme. Yo escribía y luego le pasaba el texto. Y poco a poco se iba acordando de más detalles). Y lo hace como si fuese el mismo niño el que la escribiera. De vez en cuando hay pequeños incisos donde el autor pregunta alguna duda que tiene sobre la historia o algún apunte que quiere hacer pero es una historia en primera persona. Consigue un estilo coloquial, ameno, como si se tratase de literatura oral. Pero debajo de esa aparente sencillez se esconde un libro escrito esmeradamente, está muy medido todo lo que cuenta y sobre todo cómo lo cuenta. Es un estilo muy depurado, muy trabajado aunque nuestra impresión sea la de fluidez. Ese es el gran logro de Fabio Geda. Ya por eso le considero un gran escritor y me apetece leer más cosas de él. En la escritura, y en la narración, hay realidad, toda, pero también poesía. Cuenta cosas a veces terribles pero no hay drama o sentimentalismo en su manera de contarlas, no se detiene en los detalles escabrosos, incluso hay ironía y humor (no se trata de literatura sentimental, no quería que la gente sintiera compasión, explica Enaiat). Va directo a los hechos, prescinde casi de las descripciones, de la caracterización de personajes, de los detalles (será el lector el que irá creando con su imaginación el escenario de los hechos), del entorno (no hay ni una alusión a la realidad política o religiosa de los países por los que pasa Enaiat) y, por supuesto, de los juicios de valor. Va a la esencia: a que conozcamos la historia de este muchacho afgano. La fuerza de esta novela radica en su propia historia, en su contenido. Una historia que se alza como símbolo de muchísimas otras, miles, que están pasando en el mundo que habitamos y a las que apenas prestamos atención cuando aparecen en las noticias. Historias que no tienen nombres. Y para ponerle nombre y toda la realidad Geda escribe este conmovedor y valiente libro.

Siento que hay un acuerdo entre Fabio y Ena para que el libro sea como es. Por supuesto que pienso que hay mucho de Ena en la manera en que el libro está escrito. Lo imagino contándole a Geda sus peripecias y en la esencia el libro es Enaiat. En una reseña del diario La Repubblica dice que la historia tiene una característica muy afgana: una extraordinaria delicadeza. En ningún momento sentimos rencor en las palabras del chico, ni odio, ni lamentación. Enaiat está completamente centrado en lograr salir adelante y encontrar un lugar para él. No olvidemos que cuando comienza la historia es un niño de diez años y cuando termina tiene quince. Pero, como dice Geda, es cuestión de resiliencia: la resiliencia es la capacidad de un material de doblarse sin partirse. Los niños la tienen mucho más que los adultos. Y este libro es la mirada de un niño.

La historia comienza cuando, en un gesto de amor desesperado, su madre le deja solo en la ciudad de Quetta (Pakistán) porque sabe que no hay otra alternativa para él. Estamos en 1999, los talibanes siembran el terror en Afganistán. Enaiat es hazara, el tercer grupo étnico del país (comprenden el 24% de la población), son musulmanes chiitas que están sometidos a la mayoría pastún, musulmanes sunitas, y a los talibanes, también sunitas y con una visión más radical de la religión. A los hazara los desprecian y los persiguen los talibanes por motivos religiosos y por cuestiones tan absurdas como que físicamente carecen de barba. Los consideran impuros. Su dicho es: “¡A los hazara, Goristán!” (“Gor” significa muerte). El gesto de su madre lo resume muy bien el propio Enaiat: una vez en Pakistán, ella decidió que saberme en peligro lejos de ella, pero de viaje hacia un futuro diferente, era mejor que saberme en peligro cerca de ella, pero en el fango del miedo siempre.

A partir de ese momento, Enaiat nos cuenta su asombroso relato de supervivencia a lo largo de cinco años y cinco países: Pakistán, Irán, Turquía, Grecia e Italia. Cada país constituye un capítulo del libro. Cada país es un paso en busca de una vida mejor. Ena es un niño increíblemente maduro (como todos los demás niños que vamos a conocer en su viaje), con gran valor y resistencia y también, hay que decirlo, con mucha suerte. Por el camino irá dejando atrás a otros que no tendrán su misma suerte y que seguramente son igual de valientes. En su viaje hay momentos muy duros y otros de una aparente tranquilidad. Enaiat nunca pierda la esperanza ni la calma, le mantiene con vida su búsqueda de un lugar en el mundo donde haya un espacio para él, un lugar amable donde él sienta que quiere quedarse y construir una vida. A lo largo de ese duro viaje conocerá a personas corruptas y crueles que se aprovecharán de su situación de desventaja pero también a otras personas buenas que le ayudarán mucho. Es muy interesante el concepto de amistad que se forma entre las personas que están en la misma situación que nuestro protagonista, sobre todo los chicos: se necesitan, viven juntos una temporada pero cuando uno decide irse, se despide y, sin más, se va. Son muy importantes esos lazos de amistad, son los que le mantienen con vida, pero, a la vez, la realidad se impone de una manera que a nosotros quizás nos cueste entender. Todos luchan por lo mismo, todos sobreviven lo mejor que pueden, todos maduran a marchas forzadas y, al final, se impone esa realidad tan dura y cada uno sigue su camino.

Un viaje de más de 5.000 kilómetros, en camión, autobús, tren, bote y hasta andando. Trabajos forzosos, detenciones, repatriaciones, muertes, condiciones dramáticas de viaje. Y al igual que hay gente buena, hay mafias que comercian con las vidas humanas, pero es interesante resaltar como Enaiat nunca habla de los traficantes de manera negativa, sino como gente que presta un servicio. En palabras de Fabio Geda: los traficantes de hombres. Aunque parezca monstruoso a nuestros ojos, a los ojos de un niño eran la única esperanza. Traficantes que no les cobran demasiado dinero, no les tratan mal y los llevan al otro lado. Sí, un oxímoron.

Bueno no cuento más del libro porque ya tendremos ocasión de hacerlo cuando lo analicemos a lo largo de nuestra lectura. Sólo deciros que este libro está editado en más de 30 países y sólo en Italia ha vendido más de 200.000 copias. Os dejo tres enlaces a tres entrevistas realizadas al autor y a Enaiat en los diarios El País, ABC y La Vanguardia.

Plazos
Vamos a dividir la lectura en dos partes, la primera nos llevará hasta la página 100 donde finaliza el capítulo de Irán. Lo leeremos a lo largo de una semana. Os pido que en este post sólo dejéis, como siempre, vuestros comentarios iniciales sobre la lectura o sobre lo que aquí he escrito. Ya tendremos tiempo de analizar esta primera parte cuando publique el post correspondiente a ella dentro de una semana. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: EN EL MAR HAY COCODRILOS de FABIO GEDA

29 abr

Fabio Geda es un escritor italiano que ha trabajado durante muchos años ayudando a jóvenes conflictivos. En esta novela nos va a contar la historia real de Enaiatollah Akbari, un joven afgano con una vida más que difícil. Con diez años fue sacado del país por su madre ante la amenaza de los talibanes y abandonado a su suerte en Pakistán. A partir de ahí, comenzará un largo periplo a través de varios países camino al sueño de Occidente.

Un niño atrapado en los momentos dramáticos más importantes de nuestra historia reciente, en Oriente Medio y Occidente, en su búsqueda de un lugar donde crecer. El mundo está lleno de historias como ésta, y nunca tan actuales como ahora, de personas que tienen que huir de su país, sin nada, en las más terribles condiciones y este libro es un buen pretexto para acercarnos a estas vidas tan difíciles.

En la solapa del libro se puede ver una foto del autor con Enaiatollah. Por deseo de Geda, la mitad de la retribución por los derechos de autor del libro es para el joven afgano protagonista de la historia.
Un relato emocionante, lleno de encanto, verdad y magia. Vanity Fair ha dicho un libro bellísimo sobre la dignidad del ser humano y el coraje de sobrevivir.

A partir de mañana jueves 30 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña, disponéis de una semana para conseguir el libro editado por Áncora y Delfín.
No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Rosa candida. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer En el mar hay cocodrilos. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre Rosa candida, podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

Así comienza mi nueva vida, así se crea la realidad

22 abr

Rose Gardens, Hertfordshire, UK. Foto en flickr de ukgardenphotos. Algunos derechos reservados.

Lobbi prosigue su estancia en el pequeño pueblo dedicado a la reconstrucción del jardín. Todo transcurre plácidamente mientras se afana en aprender el dialecto local y mantiene conversaciones sobre los temas que ocupan su mente con el padre Tomás. Entre película y película, todas de gran calidad (algunos de cuyos títulos nos los detalla Anna Cristina en el anterior post), y copita y copita, Lobbi le habla al monje de la muerte, de su cuerpo y su sexualidad y del jardín. El padre Tomás le contesta en un tono relajado y no exento, a veces, de humor: son muy pocos los que se toman el tiempo suficiente para pensar en la muerte. Luego están también los que no tienen tiempo para morir. Ese grupo no hace más que crecer. Eres muy maduro, joven […] La gente se pasa la vida buscándose. Nadie logra encontrar la respuesta definitiva. Y lo cierto es que no me da la sensación de que estés en las últimas. Lobbi lo considera su padre espiritual. Las conversaciones con el monje, durante la estancia en el monasterio del joven, contribuirán en el camino hacia la madurez del muchacho aunque éste no se dé cuenta ya que piensa que si habla con él es para aliviar mi corazón.

Y cuando parece que todo va a continuar transcurriendo con la misma placidez, Lobbi recibe una carta de Anna, la madre de Flora Sol. Lobbi todavía no sabe que su vida va a cambiar radicalmente y que todo lo que va a ocurrir a partir de ese momento le va a conducir a una madurez aún mayor y también a resolver, por lo menos en parte, los temas que le preocupan. Anna tiene planes de irse al extranjero a ampliar sus estudios pero antes tiene que terminar su tesina y le pide al chico que se quede con su hija un mes. Ella irá al pueblo a llevarle a la niña. Precisamente cuando mi vida ha comenzado a rodar sin esfuerzo, el jardín ha sufrido cambios espectaculares y yo he empezado a decir casi automáticamente frases en la nueva lengua, sucede esto. Tenía dos opciones, decir que sí o que no. Nunca se me ha dado bien tomar decisiones categóricas y definitivas que excluyan todo lo demás. Desde luego, no cuando se trata de personas y sentimientos. Lobbi, a pesar de su desconcierto ante tal petición y las numerosas dudas que irrumpen en él, acepta. Se siente responsable de la criatura. Pero aunque acepta siente que sus objetivos: el jardín y poner en orden su propia vida, se van a ver interrumpidos y eso le preocupa.

Aun así, prepara todo para la llegada inminente de las dos. Alquila un piso (mi primera casa, después de la de mis padres), lo arregla, lo llena de flores, compra comida pensando en qué va a cocinar y todo lo que cree necesario mientras se interroga sobre lo que podrá necesitar un bebé de nueve meses. Desde el primer momento que ve a Anna se siente atraído por ella (antes ni se acordaba de qué color eran sus ojos): lo primero que se me ocurre al verla bajar del tren es que habría valido la pena conocerla mejor. Hace tres años ni siquiera me habría dado cuenta de la presencia de una chica como ella por la calle; hoy sería distinto, porque ya no soy el mismo hombre. La niña es una delicia: sociable, risueña, buena, inteligente, muy precoz para su edad… Mi hija extiende los brazos hacia mí. Lobbi se siente feliz, es como si su vida, de repente, cobrara sentido: en cuanto mi hija y su madre han entrado en mi casa, en mi primer intento de crear un hogar, es como si todo se iluminara, como si el piso se llenara de luz. Y, de nuevo, aparece su madre, percibe en la niña su presencia: donde estaba mamá también lucía siempre el sol, hiciera el tiempo que hiciese. De alguna forma, era toda ella luminosa […] Había luz en el cabello de mamá, igual que en el pelo de la niña. Lobbi se hace enseguida a la niña, todo le resulta increíblemente fácil y placentero, pareciera que siempre han estado juntos.

La narración de la novela está plagada de los detalles más nimios pero no por eso se hace pesada. La autora posee el don de narrar con fluidez y un ritmo lento, que no tedioso, todos los acontecimientos. Su prosa es limpia y avanza a pesar de tanto detalle. Es más, nos gustan los detalles, nos hace visualizar todo lo que ocurre. Creo que es la característica más señalada de su estilo. Por ejemplo, ocurre con todo lo referente a Flora Sol. Somos capaces de ver a ese encanto de niña, la manera en cómo gatea o sonríe o alza sus manitas o mira todo con gran curiosidad con sus grandes y expresivos ojos. Otra característica de esta novela es la empatía que la autora logra que sintamos con los personajes. Nos reconocemos en cosas de cada uno de ellos, nos gustan, los cogemos cariño, los entendemos. ¿Qué opináis vosotros?

Pero todavía va a haber más cambios. Anna decide finalmente quedarse con ellos mientras termina la tesina. Lobbi, que cada vez la ve más guapa, se siente contento a pesar de lo deprisa que está cambiando su vida: y pese a todo, en lo más hondo, de una forma extraña e indefinida, estoy encantado. Lobbi quizá piense que las cosas suceden sin que uno pueda hacer nada para evitarlo o prepararlo. Ambos se organizan para estar con la niña y poderse dedicar cada uno a sus quehaceres. En poco tiempo, el Lobbi que se sentía tan ajeno a formar un hogar, sólo con sus plantas, y una familia, se adapta entusiasmado y con gran facilidad a ambas cosas. Anna, en cambio, de vez en cuando parece ausente, es como si le preocupasen más sus estudios: me preocupa la fugacidad de sus momentos de alegría. No sabemos bien lo que quiere Anna ya que el punto de vista es siempre el de Lobbi.

Los dos se van conociendo con un ritmo pausado, como todo en la novela. A menudo Lobbi piensa en el invernadero donde concibieron a Flora Sol. El invernadero: el lugar más importante de la vida del muchacho, donde han pasado las cosas más decisivas de su vida. Mientras, la niña es como un don que les hubiera concedido el cielo. Como algunos habéis apuntado, la religión está muy presente en la historia. La niña se parece increíblemente a una pintura del niño Jesús que hay en la iglesia y que todos los días van a ver. Cuando van, Flora Sol se queda mirando fijamente a ese niño. Todo es como un milagro, hasta la luz que irradia la niña: es como si la niña estuviera siempre nimbada de luz, y no soy el único que se ha dado cuenta del brillo que rodea a mi hija. Además, la gente que está en contacto con ella sana de sus enfermedades: la vecina, la amiga de la vecina… Está radiante, yo soy un padre radiante y no puedo esperar a que Anna vuelva de la biblioteca para compartir con ella mi orgullo de padre. También me gustaría que mamá pudiera ver a su nieta, querría que mamá pudiera verme en mi papel de padre. ¿Le habría gustado Anna a mamá? Lobbi sigue en contacto con su padre a través de las llamadas telefónicas: me conmueve hablar con papá, nuestras conversaciones me despiertan toda clase de sentimientos. Siempre existe la posibilidad de que detrás de lo que dice esté acechando algún otro significado, que lo que realmente quiere transmitir esté muy por debajo de la superficie. El amor inunda a Lobbi: su hija, su madre, su padre, su hermano, Anna… Y Flora Sol es una niña confiada que ama todo lo que le rodea, igual que su padre: mi hija parece tan buenecita y siempre demuestra, incluso cuando sería preferible que no lo hiciera, un gran amor al mundo; nada le gusta tanto como dar palmas y acariciar a cualquier ser vivo que se ponga a su alcance. La niña madura a una velocidad asombrosa. Comienza a andar y Anna se da cuenta de que Lobbi tiene mucho que ver con todo esto. Ella siente una gran responsabilidad por ser madre.

Lobbi sigue preocupado por el aire ausente de Anna a pesar de que también es cariñosa y alegre. Se cuestiona lo diferentes que son los hombres de las mujeres y se pregunta qué es lo que le pasa a la madre de su hija. Él se siente cada vez más atraído por ella: admito que se me ha pasado por la cabeza la posibilidad de que algo pueda nacer entre la madre de mi hija y yo […] No soy dueño de mi mente, pero de pronto siento deseos de acostarme con ella. Lobbi se está enamorando perdidamente: me siento tan desaforadamente feliz que no puedo ocultarlo. Me pilla totalmente por sorpresa el absurdo grado de mi alegría, como si estuviera descubriendo a Anna por primera vez. Finalmente comienzan una relación sexual que va in crescendo pero de la que no hablan: siento que no es posible aproximarse tanto a una mujer, que ella esté dentro de mí y yo dentro de ella. La quiero locamente y no me importa lo más mínimo que tengamos una hija juntos: ella es nueva y distinta […] ¿Qué haré con esta nueva intimidad? Es la primera vez que no me marcho después de acostarme con una chica. Lobbi lo habla con el padre Tomás que, de alguna manera, ocupa el lugar que ha dejado vacío su madre.

Lobbi está expectante. No hablan de lo que está pasando y él, de vez en cuando, continúa sintiendo ausente a Anna, no en la cama, sino durante la vida del día a día. Por fin hablan a instancias del chico y Anna le dice: no te enamores de mí, no sé si seré capaz de estar a tu altura. Anna se va, ya ha terminado lo que puede hacer allí y le confiesa que aunque él le parece un chico estupendo, bueno y generoso, ella está confusa en su interior: siento que tengo tantas cosas que hacer antes de poder convertirme en madre […] Es sólo que no estoy preparada para tener un niño […] Te quiero muchísimo, pero deseo estar sola un tiempo, unos años para encontrarme a mí misma y terminar los estudios. Creo que soy demasiado joven para fundar una familia. Ahora entendemos lo que le pasaba a Anna. Le confiesa que percibe que la niña y él tienen su mundo privado al que ella no pertenece y que se siente de más. Lobbi siente desgarrarse por dentro pero no pierde la compostura. Anna le pide que se quede con Flora Sol, se da cuenta de que no puede separarlos. Perdona. Dame seis meses. Son sus últimas palabras. Y se va. Lobbi, tranquilo, ya que todo queda abierto y tiene a la niña con él, decide volver con Flora Sol a Islandia, pero antes, en una última visita a la iglesia tiene una visión: miro directamente hacia la luz, hacia la claridad cegadora, y entonces es cuando la veo en lo más alto del ventanal del coro: la rosa purpúrea de ocho pétalos, exactamente cuando el primer rayo atraviesa la corola y se posa en la mejilla de la niña. La rosa candida. Y la luz, siempre la presencia de la luz. La luz que es la vida.

Plazos
Acabada esta hermosísima novela, es hora de comentarla. Disponéis de una semana más o menos para comentar esta segunda parte y toda la novela en general. Espero que los comentarios sean muchos y muy variados. Esta novela te deja un poso de bienestar que perdura: amor por la vida, por las cosas más sencillas así como por las más fundamentales.

James Ellroy en A Coruña dentro del ciclo Libros en directo

15 abr

Cuando me enteré de que el mítico escritor estadounidense James Ellroy (Los Ángeles, 1948), maestro de la novela negra americana, venía a Coruña, no me lo podía creer. Admiro, casi venero, a este escritor, sobre todo sus novelas autobiográficas Mis rincones oscuros y A la caza de la mujer, ambas las dos altísimamente recomendables, pero también todo el resto de su obra, la mayoría de género policiaco. Cada vez que leo un libro de Ellroy es como si se produjese un milagro. Escriba de lo que escriba, su estilo es único, intenso, escueto, cortante, poético pero también brutal, todo él rezuma verdad. Es la verdad así a secas, como si te dieran un golpe en mitad del cerebro.

Mañana, jueves 16 estará en el Centro Ágora a las 20.00h para presentar su última novela Perfidia (Alfaguara, 2015) dentro del ciclo Libros en directo que coordina Pedro Ramos. La entrada es libre hasta completar aforo.

Con esta nueva novela, James Ellroy vuelve a los escenarios y al universo de lo que fue su mayor éxito literario: el Cuarteto de Los Ángeles; compuesto por La Dalia Negra, El gran desierto, L.A. Confidencial y Jazz blanco (algunas de ellas llevadas al cine con gran éxito). En ellas presentaba de un modo descarnado el mundo del crimen durante la segunda mitad de los años cuarenta y los cincuenta, en una América que salía de la Segunda Guerra Mundial. Sus personajes decadentes y carentes de esperanza lo han llevado a ser denominado el “Demon Dog of American Crime Fiction” (el perro demoníaco de la novela negra americana).

Perfidia, que es el primer volumen de lo que será el segundo Cuarteto de Los Ángeles, arranca en esta ciudad el 6 de diciembre de 1941, en un Estados Unidos al borde de la Segunda Guerra Mundial. La noche anterior al ataque japonés de Pearl Harbor y en una escalada creciente de rencor hacia los japoneses, los cuerpos de una familia de clase media nipona son hallados sin vida en su hogar. Todo parece indicar que la familia Watanabe se ha suicidado a través del ritual del Seppuku, pero hay otros indicios que apuntan al asesinato. El departamento de policía de Los Ángeles sospecha que detrás de estas muertes se esconde una trama relacionada con el ataque a Pearl Harbor y la existencia de una quinta columna japonesa. A nivel político, el caso se convierte en la patata caliente del descontrolado y corrupto departamento de policía al cual el FBI investiga a través de un sistema de escuchas secretas. La guerra y el caso Watanabe pone patas arriba una ciudad donde reinan el caos, las largas colas de reclutas voluntarios, los cortes de luz y las redadas contra la población americana de origen japonés.

Busco las palabras adecuadas para esta nueva etapa de mi vida

14 abr

Rosa candida. Foto en flickr de pippo.baron. Algunos derechos reservados.

Lo primero que nos dice Lobbi es que se va del país y que se va a llevar unos esquejes de rosas. Ya desde las primeras líneas aparecen su padre, de setenta y siete años de edad, su hermano gemelo Jósef, mentalmente atrasado, y la omnipresencia de su madre, muerta recientemente, a través de los platos que cocinaba, y que su padre quiere recuperar, y de su afición a la jardinería, especialmente a las rosas. Son una familia sencilla, el padre electricista y la madre ama de casa dedicada a su jardín, a la cocina y a sus “hombres”. Se quieren, son silenciosos y bastante especiales, en el buen sentido, todos ellos. A continuación aparecen la hija de Lobbi, Flora Sol, y su madre con la que no le une más que la cuarta parte de una noche, una quinta parte se acercaría más a la realidad. El padre está aferrado al recuerdo de la madre y no cesa de mencionarla. También desde el primer momento hay casualidades, a las que el padre, no así Lobbi, les da una importancia clave y nada casual: el cumpleaños de mamá, el día del nacimiento de su nieta y el día del fallecimiento de mamá, todo en la misma fecha del calendario, el siete de agosto. Más adelante sabremos que la madre de Lobbi y la madre de Flora Sol se llaman igual: Anna. ¿A qué creéis que se deben estas casualidades? ¿Azar o destino? ¿Qué nos quiere decir la autora?

Lobbi, de 22 años, ha sido un excelente estudiante toda su vida y después de cuatro meses trabajando en un pesquero en alta mar se va a otro país a reconstruir un jardín. Quiere ser jardinero, estar en contacto con las plantas al aire libre (decisión en la que tiene mucho que ver la relación que ha mantenido siempre con su madre: el jardín, ella y él como un todo indisoluble): me siento más a gusto en la tierra mojada, es muy distinto poder tocar plantas vivas […] Mi interés está en lo que crece de la tierra fértil. Aunque Lobbi no está seguro de casi nada (claro, que tampoco puedo ir y contarle a mi electricista que a lo mejor no sé lo que quiero, que puede ser difícil decidir algo así de una vez por todas, en un determinado momento de la vida), se cuestiona todo, duda pero, a la vez, su decisión de marcharse es lo único que parece que tiene claro: al principio me dirijo hacia el sol, no puede ser más simple. Quizá aún me esté buscando a mí mismo, pero al menos sé adónde voy. Su equipaje es ligero y lo más importante son los esquejes de las rosas que cuida con mimo a lo largo de todo el viaje. Asimismo, en el capítulo cinco nos deja claro los temas que le obsesionan y que serán un leitmotiv en toda la novela: soy un hombre de veintidós años de edad, y varias veces al día he de enfrascarme en pensamientos sobre la muerte, en segundo lugar, sobre el cuerpo, tanto el mío propio como el de los otros; y en tercer lugar, sobre rosas y otras plantas.

Esta primera parte es como una road movie de ritmo muy suave en la que el chico va narrando con todo detalle lo que ocurre, poniendo la atención hasta en las cosas más nimias: cuando amanezca de verdad, ya me habré alejado de la pardusca nieve sucia, la sal de la tierra permanecerá como mucho en forma de un círculo blanco en la puntera de mis zapatos. Hay hermosas descripciones, casi poéticas principalmente sobre la naturaleza: puedo contemplar los pájaros que se posan regularmente en los violáceos picos de lava en los variados colores del alba hasta donde alcanza la vista, una capa de color encima de otra, como una trágica composición musical in crescendo. El transcurrir del viaje está jalonado de frecuentes flash-back. Como dice Silvia acertadamente: “las analepsis están utilizadas para entrar en el recuerdo y en el pensamiento / conciencia interna de Arnljótur”. A través de ellas sabremos quién era su madre para él y el importante papel que ocupaba en la familia, la difícil y finalmente lograda construcción de su jardín (al final, todo crecía en el jardín de mamá, en sus manos todo echaba firmes raíces), cómo fue su trágica muerte en accidente de coche (emotiva escena que te pone los pelos de punta en la que la autora nos hace partícipes de la llamada teléfonica que la madre hace mientras se está muriendo para darles paz y tranquilizarlos), cómo fue su encuentro sexual en el invernadero con Anna y cómo se enteró de que iba a ser padre asistiendo incluso al nacimiento de su hija a pesar de no tener nada más que un encuentro casual con la madre durante el embarazo (hermosísima la noche que Lobbi pasa al lado de su hija recién nacida tomando conciencia de su paternidad y del milagro de la vida: examiné con detenimiento a la niña, me la bebí). Es importante resaltar que incluso en los flash-back la autora usa el tiempo presente. Me gustaría preguntaros qué opináis vosotros de esta elección en el tiempo verbal para narrar la historia.

La acción como he dicho transcurre lentamente. Lobbi toma un avión pero una inesperada apendicitis (que le hace pensar inicialmente que va a morir. Otra vez la muerte y reflexiones interesantes sobre ella) le obliga a tener que operarse en la ciudad a la que llega y convalecer en casa de su amiga del colegio más días de los que había planeado. La operación funciona también a modo de símbolo, es como el resurgir de un nuevo Lobbi, la madurez, la cicatriz, las marcas que deja la vida: no soy sino este nuevo cuerpo con cicatriz. Sensaciones, recuerdos y sueños no son ya lo que hacen que yo sea yo, sino que soy sobre todo un cuerpo de varón hecho de carne y hueso. La presencia de las mujeres es clave en el viaje: las azafatas y la pasajera del vuelo, las enfermeras que lo cuidan, su amiga con la que acaba compartiendo cama pero nada más, la vecina de su amiga a la que observa desde la ventana, la hija del dueño del restaurante-hotel a la que lleva en coche a su ciudad… con todas se plantea el tema del cuerpo, o sea del sexo, pero no hace nada por tenerlo, todo queda en su pensamiento. Se cuestiona qué lugar ocupa respecto a ellas: no estoy igual de seguro de si sería capaz de protegerla de lo que ella pudiera temer. Por regla general, las chicas tienen mucho más que decir que yo […] No es la primera vez que le pido a una mujer que decida por mí. Una vez repuesto, alquila un coche y comienza el viaje al monasterio de la rosaleda del que sólo sabemos que está en el sur. Todo el mundo es amable con él, como ocurre en el restaurante donde para a cenar y termina degustando numerosos y exquisitos platos (de nuevo la comida) por un módico precio. Duerme allí y continúa el viaje llevando a la chica, que estudia arte dramático, hasta su ciudad. En el largo viaje es cuando más flash-back hay, especialmente sobre la situación de su paternidad inesperada. Todos los recuerdos que Lobbi tiene ocupan un lugar en su viaje que en realidad es un encuentro consigo mismo. Y, a modo de anécdota, a casi todas estas mujeres acaba enseñándoles la foto de su pequeña hija de seis meses y medio dando lugar a una cómica situación sobre la ausencia del pelo de la niña, comentario que le enfada mucho al muchacho.

Lobbi se siente diferente a los demás hombres: yo no soy un manitas como los hombres de familia, que entre todos saben hacer de todo […] Yo no soy de esa clase de hombres. No concibe el concepto de hogar ni su lugar, como hombre, en él: cuanto más pienso en la posibilidad de fundar un hogar, tanto más claro veo que eso no es para mí. Otra cosa sería el jardín, podría pasarme tardes y noches enteras yo solo en el jardín. Lobbi es un hombre diferente. La autora nos quiere dejar claro que otro tipo de hombre es posible y Lobbi sería un buen ejemplo de él. Más adelante, en la segunda parte, veremos cómo se desarrolla este tipo de hombre.

Durante el viaje con la estudiante de arte dramático presencian un espantoso accidente de carretera. A pesar de lo terrible del hecho, hay belleza en lo que contemplan y en su reacción de apoyo mutuo: ahora que hemos sido testigos los dos de un accidente mortal, se puede decir que compartimos una experiencia vital […] nuestras vivencias comunes de las seis últimas horas, lado a lado en el coche, abarcan dos de los sucesos más importantes de la existencia humana: el nacimiento y la muerte, el principio y el fin. Si ella me preguntara con gesto decidido durante los cien últimos kilómetros del viaje si querría acostarme con ella, yo no me negaría. Los tres grandes temas en unas pocas líneas: la vida, la muerte y la sexualidad.

Finalmente llega a su destino. En el camino se ha ido encontrando con gente amable: la gente es increíblemente amable, yo soy de la opinión de que, en el fondo, el ser humano es bueno y honrado por naturaleza, si las condiciones se lo permiten, y que la gente suele hacer las cosas lo mejor que puede. Esta es una de las filosofías principales de esta novela. El pueblo es hermoso. Sobre una elevación rocosa, el monasterio al que se dirige está en lo más alto del roquedal. Los colores del lugar le recuerdan a la ropa que viste su hermano Jósef. A pesar de haberse ido, Lobbi echa de menos a su padre y a su hermano, los llama con mucha frecuencia, está muy unido a ellos y los quiere. En la aldea hablan un dialecto casi extinto que él está dispuesto a aprender. El padre Tomás, el superior del convento, le acoge con calidez. Es un personaje peculiar que habla numerosas lenguas cuyo hobby es ver películas de calidad en versión original (hay de todo menos películas de Hollywood) y siempre le invita a Lobbi a una copita de licor.

El joven va descubriendo al pueblo y a sus habitantes. En la iglesia encuentra una pintura de María con el niño Jesús, un niño que se parece increíblemente a su hija. Por fin está en el umbral de una de las rosaledas más famosas del mundo […] Mamá me enseñó el primer libro sobre la rosaleda cuando yo era sólo un chavalito, y en cualquiera de los que leído desde entonces sobre el cultivo de las rosas, en todas partes se menciona el jardín de los monjes, alejado de todo. Pero la rosaleda más famosa del mundo ya no es ni sombra de lo que fue y Lobbi se dispone a recuperar aquel maravilloso jardín de rosas. Es para lo que ha venido. Mentalmente visualiza todo lo que tiene que hacer para conseguirlo. Lo tiene claro. Se pone manos a la obra. Tiene trabajo para dos o tres meses pero me parece bastante probable que dentro de dos o tres meses no haya conseguido llegar a ninguna conclusión sobre mi vida. Me siento bien en el jardín, es agradable gozar la soledad entre los macizos de flores para reconocer los propios deseos y las propias aspiraciones. Lobbi está bien situado y, en el centro del jardín, luce con brillo propio la reina de todas las rosas: la Rosa candida.

Plazos
Es vuestro turno para comentar esta primera parte. Espero que los comentarios sean muy numerosos. Disponéis de una semana más o menos para hacerlo. A la vez que comentamos todo lo que se nos ocurra, seguiremos leyendo el libro desde el capítulo treinta y ocho (página 141) hasta el final de la novela.

Rosa candida: un viaje de crecimiento personal

3 abr

Un nuevo viaje. Iceland. Foto en flickr de anieto2k. Algunos derechos reservados.

Audur Ava Ólafsdóttir es una escritora islandesa nacida en Reikiavik en 1958. Trabaja como profesora asistente de Historia del Arte en la Universidad de Islandia y dirige también el Museo de la Universidad. Rosa candida es su tercera novela y, además de conseguir numerosos premios, ha sido un gran éxito de crítica y de ventas tanto en su país como en todos aquellos otros en los que ha sido publicada. Creo que es una magnífica oportunidad de descubrir la literatura islandesa, tan desconocida para nosotros, excepto las novelas de género negro de Arnaldur Indridason, muy recomendables, por cierto.

Ésta es una novela abierta, yo diría que muy abierta, tanto en la manera en que está escrita como en los acontecimientos que suceden. Su estilo es diferente al que estamos acostumbrados en un autor europeo. Mezcla de poesía y descripciones de los más nimios detalles, su prosa está impregnada de una gran originalidad en la narración de los hechos. Se calla más que se dice pero en lo que se dice intuimos de una manera muy sutil verdades muy profundas. Es fácil de leer pues su estilo es sencillo y depurado y posee un tono optimista hacia la vida que se agradece. Todo transcurre suavemente y apenas hay grandes acontecimientos o giros en la narración, así como tampoco tensión o dramatismo.

El joven de 22 años, Arnljótur Porir al que su padre llama a lo largo de la novela con los apelativos cariñosos de Lobbi, Addi o Dabbi, ha decidido dejar su hogar en la helada Islandia, el malpaís (rocas erosionadas de origen volcánico en un ambiente árido), a su hermano gemelo autista, Jósef y a su padre casi octogenario. Su madre, mucho más joven que su padre, ha muerto hace poco en un trágico accidente de coche lo que le ha dejado un profundo vacío, pero a Lobbi le une sigue uniendo a ella un fuerte lazo. Creció muy unido a ella sobre todo pasando mucho tiempo en el invernadero y en el jardín a los que su madre se dedicaba con mimo consiguiendo hacer crecer la vida en medio de la aridez de esa tierra. Lobbi ha aprendido desde muy niño todo lo referente a la jardinería ayudando a su madre y, a la vez, todo lo ha compartido con ella. Su madre cultivaba una extraña variedad de rosa: la rosa candida (nombre en latín, sin acento), de ocho pétalos y sin espinas, de ahí el título (la rosa candida es un símbolo de lo infrecuente, lo aislado y por salvar, de lo efímero que puede volver a renacer). Arnljótur tiene una niña de meses, Flora Sol, fruto de un fortuito y corto encuentro con Anna que no es ni su novia ni siquiera su amiga. Y el joven decide viajar a otro país (nunca se nos dirá su nombre), a un antiguo monasterio donde existe una legendaria y mítica rosaleda, famosísima en el pasado, que ahora está abandonada y muy deteriorada. Arnljótur va a recuperar esa rosaleda pues su deseo es dedicarse a la jardinería. Su padre no está de acuerdo pues quiere que estudie en la universidad. El viaje a este destino y su estancia en él se convertirán en un viaje en busca de su identidad lo que le hará madurar y convertirse en un hombre. Lobbi no puede encontrarse a sí mismo en ese país árido donde la ausencia de la madre muerta no le permite hallar la esperanza y la fuerza para continuar.

Podríamos dividir el libro en dos partes: la primera parte del libro cuenta el viaje hasta llegar al monasterio como si se tratase de un road movie donde va encontrándose con buenas personas (la mayoría mujeres) que siempre le ayudarán a continuar . En él el recuerdo de su madre y de su hija, a la que apenas conoce, siempre están presentes. Está algo perdido pero ha tomado una decisión y actúa en consecuencia. La segunda parte nos narra su estancia en el monasterio que está en un pequeño pueblo. Cómo va arreglando el jardín, cómo se va relacionando con la gente (para ello aprende un minoritario dialecto que hablan allí) y sobre todo con el padre Tomás, superior del monasterio, que habla 19 lenguas y conoce otras 15 más, con el que tendrá interesantes conversaciones sobre la vida. Esta parte destila optimismo, conciliación y paz. Hay algo importante que pasará allí pero no lo adelanto para no desvelar el único giro, vital, que tendrá lugar en este pueblo.

Escrita en primera persona, el punto de vista es el de Arnljótur, en presente y en cortos capítulos, Rosa candida es una novela sensorial, sutil, simbólica, emotiva, intimista, auténtica, optimista, positiva, delicada, cándida (como la rosa) y aparentemente sencilla pues esconde mucha profundidad. Destila bondad, tranquilidad, sencilla belleza (la belleza de las cosas más pequeñas pero por eso tan importantes), silencio, serenidad, melancolía, espiritualidad… Es una novela llena de sentimientos, silencios y gestos. Todo ello lo utiliza la autora para narrarnos el viaje de crecimiento personal del joven Lobbi, la asunción de su paternidad tan inesperada así como la muerte de su madre también inesperada y más cosas que no desvelo por ahora. La relación con su padre es algo a resaltar en la novela. Es muy sutil y profunda a pesar de que a veces se sienta incómodo con él, al principio de la novela, o después a través de las llamadas telefónicas. Pero ambos se necesitan mutuamente y se quieren profundamente. Más borrosa queda la figura de Jósef, el hermano autista, tan diferente incluso físicamente, del que Lobbi se ocupó en su infancia ya que era el gemelo mayor y al que indudablemente quiere. Pero Arnljótur creció más unido a la madre, y Jósef, al padre.

En la búsqueda del joven aparecen reiterativamente varios temas: las plantas, las flores (la jardinería), la paternidad, la muerte y lo que él denomina el cuerpo, su consciencia de él y el de los demás, que le conduce directamente a su sexualidad. Todo ello lo hablará con el padre Tomás lo que le llevará a madurar. Y el cine, presente a través de la cantidad de películas de calidad que ve el padre Tomás, le servirá a éste, a falta de experiencia personal en esos temas, para instruirle sobre la vida. Asimismo, hay una presencia continua de la gastronomía, la manera de preparar los platos que su madre cocinaba y que su padre quiere recuperar o cómo Lobbi aprende a cocinar en el monasterio. Esa cotidianeidad de algo tan básico hace poner los pies en la tierra al joven.

Como dice la autora en una entrevista, lo que la movió a escribir esta novela fue trasmitirnos un nuevo concepto de hombre: mi libro es una oda al hombre, a la nueva masculinidad; es totalmente antivikingo. Los padres son tanto o más importantes que las madres, si se dieran cuenta de ello tendríamos un mundo mejor… Aquí sabemos de eso: los vikingos dejaban a sus familias para ir a robar y violar, destrozaban hogares y luego volvían al suyo a descansar. Y en otra afirma: en la novela hay dos temas fundamentales: la muerte y el cuerpo. El protagonista es un hombre que es a la vez hijo, hermano, padre y amante y vive una historia de amor que no se desarrolla en el orden establecido.

Una novela llena de pétalos, una novela que se huele, se siente, se toca, se vive a través de los sentidos en la que está continuamente presente la esperanza en la naturaleza humana.

Os dejo una serie de enlaces para conocer mejor la obra y a la autora. En primer lugar una crítica del diario El País, titulada: Un libro contra el hombre vikingo. A continuación, otra del ABC titulada: La escritora islandesa que leía a Roberto Bolaño. Un dossier sobre Rosa candida de la editorial Alfaguara. Y, para finalizar, sendas entrevistas a la autora con motivo de la publicación de otros dos de sus libros: La excepción, entrevista en todoliteratura, y La mujer es una isla en el diario ABC.

Plazos
Vamos a dividir la lectura en dos partes. Leeremos, a lo largo de una semana, la primera parte que nos llevará hasta el final del capítulo Treinta y siete (pág. 140, inclusive). En este post podremos ir dejando comentarios generales sobre lo que nos va sugiriendo la lectura. Cuando publique, al cabo de esa semana, el post de análisis de esta primera parte ya nos explayaremos más en los comentarios sobre ella.

Nuestro próximo libro: ROSA CANDIDA de AUDUR AVA ÓLAFSDÓTTIR

25 mar

Damos un giro de casi 360 grados para irnos a Islandia de la mano de una escritora en pleno desarrollo de su oficio. Rosa candida es la tercera novela de Audur Ava Ólafsdóttir. Publicada en 2007 ha cosechado numerosos premios fuera y dentro de su país por motivos tales como: rompe con los moldes tradicionales sin dejar de ocuparse de los conflictos filosóficos básicos, o por el atractivo de sus múltiples capas de significado y su creación de un nuevo paradigma masculino.

Los críticos han dicho de ella: Un encanto muy difícil de igualar. Una delicadeza y una autenticidad impropias de nuestra época. (Elle). Un humor a la vez barroco y ligero irradia a lo largo de toda esta historia, donde nada ocurre como debiera o sería esperable. Lo que afirma este libro con gran belleza es que nos asustamos más de lo razonable, y que retorcemos las cosas hasta caer en una tristeza infundada. (Le Nouvel Observateur). La muerte, el deseo, las rosas: la alquimia de una novela que causa asombro página tras página, y que suscita una enorme admiración por quién la ha escrito. (Paris Match). La exótica Audur Ava Ólafsdóttir ha pulido en la penumbra boreal esta fantástica novela, una delicada joya donde la vida tiene el perfume de las flores. (L’Express).

El protagonista, el joven Arnljótur, decide abandonar su casa, a su hermano gemelo autista, a su padre octogenario y los paisajes crepusculares de montañas de lava cubiertas de líquenes. Este es el inicio de esta historia. No adelanto más. Ya habrá tiempo para ello. Pero la novela promete, y mucho. Otro mundo y otra manera de contar una historia.

A partir de mañana miércoles 25 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de una semana más o menos para conseguir el libro editado por Alfaguara.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Los mares del Sur. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer Rosa candida (así sin tilde. Es el nombre de un tipo de rosa). Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre Los mares del Sur, podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

Coruña Mayúscula 2015

20 mar

El Festival Coruña Mayúscula vuelve, como todos los años, a Coruña para ofrecernos una serie de actividades centradas en la literatura. Tendrá lugar los días 25, 26, 27 y 28 de marzo en el Centro Ágora. Más de 44 horas de talleres, encuentros, charlas y coloquios dedicadas al arte de contar historias de intriga y misterio.

Autores de la talla de John Banville, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014, Lorenzo Silva, Toni Hill, Alfredo Conde, Nieves Abarca, Elena Galván, Diego Ameixeiras, Anibal Malvar… desvelarán sus misterios.

Talleres de relato, poesía, novela y escritura multimedia a cargo de Ignacio Ferrando, Miguel Anxo Fernán Vello, Paolo Sortino y Sandra Huber.

Dos obras de teatro: La mujer como personaje: de Pandora al s.XXI a cargo de Ana I. Roncero y Caminando con Antonio Machado. De “De los días azules” a “El sol de mi infancia”, donde el gran actor José Sacristán hará una lectura dramatizada, acompañada de música de violonchelo, de los poemas más íntimos de la época de exilo de Antonio Machado.

Os dejo aquí un enlace al programa completo de todas las actividades.

La cosa promete y os animo, como lectores que sois, a que asistáis a todo aquello que podáis. Es una buena ocasión para conocer con profundidad la obra de todos estos autores y acercarnos a la literatura de misterio en todos sus ámbitos.

Ya nadie me llevará al sur

14 mar

Perifèria urbana. Foto en flickr de Joan Sorolla Creative Commons site. Algunos derechos reservados.

La resaca posterior al festín con sus amigos le va a producir a Carvalho hondas reflexiones y remordimientos (aún no todo está perdido) sobre su desnortada vida: Nunca más. Nunca más. ¿Para qué? Se bebe esperando el clic que abre la puerta siempre cerrada. Pero, a la vez, no deja de darle vueltas en la cabeza el caso y lo que acaba de descubrir en el posible significado de los fragmentos literarios. Una corazonada le conduce a un mapa: con un dedo señaló la zona donde habían encontrado el cadáver de Stuart Pedrell. La mirada viajó hacia el otro extremo de la ciudad. El barrio de San Magín. Un hombre muere apuñalado y a sus asesinos se les ocurre descontextualizarlo. Hay que llevarlo a la otra punta de la ciudad, pero también a un marco en el que su muerte tenga sentido, tenga paisaje humano y urbano adecuado. ¿Fuiste a los mares del Sur en metro?

El desencanto de Pedrell ante ese mítico Sur le ha llevado al barrio de San Magín que en los años cincuenta sus socios y él construyeron para el proletariado inmigrante. Un barrio para unas diez o doce mil personas a las afueras de la ciudad símbolo de la especulación reinante en aquellos tiempos. Hacerse rico con muy poca inversión y construir con materiales baratos un lugar falto total de servicios asistenciales: el criminal vuelve al lugar del crimen ¿Por qué? Tú te fuiste a San Magín a ver tu obra de cerca, a ver cómo vivían tus canacos en las cabañas que les habías preparado. ¿Un viaje de exploración? ¿Tal vez de búsqueda de la autenticidad popular? ¿Investigabas usos y costumbres charnegas? ¿La caída de la “d” en posición intervocálica? Stuart Pedrell, ¿qué coño fuiste a buscar a San Magín? […] Seguramente fuiste en metro para una mayor identidad entre forma y fondo del largo viaje a los mares del Sur. Y luego dicen que la poesía es imposible en el siglo XX. Y la aventura.

Nos podemos preguntar por qué Carvalho lo averigua cuando nada apunta a tal viaje. Quizá una corazonada de buen investigador privado, de un hombre conocedor de la vida y de los hombres y los resortes que les mueven. ¿Dónde podía estar ese Sur al que Pedrell quería huir? Pues parece que muy cerca. Y hasta ese otro mundo se va el detective siguiendo su corazonada. De los palacios a las cabañas. Abandonamos a la clase alta y nos vamos a conocer cómo vive la clase obrera. Y nos vamos en metro, lo que le permite a Carvalho, a través de la observación de lo que le rodea, hacer reflexiones sobre este mundo que le despierta solidaridad y miedo. El miedo a ser todos víctimas de un mediocre y fatal viaje de la pobreza a la nada. El lenguaje que Montalbán utiliza en sus descripciones de algo tan prosaico y feo como un barrio obrero es brillante y poético. Un gran homenaje a los desfavorecidos a través de su prosa, a esos desfavorecidos a los que el autor nunca abandonó. De ahí su solidaridad. Y no olvidemos que el propio autor procedía del mismo lugar. Conciencia de clase se llama.

Carvalho recorre las calles enseñando una foto de Pedrell a todo el que encuentra sin mucho resultado: aunque me cueste dos semanas de búsqueda, se decía, pero pensaba que en cuanto llegara la noche huiría de San Magín y volvería a coger el hilo lógico en busca de otra salida. Duda pero continúa hasta llegar a la sede de Comisiones Obreras (¿otra corazonada?) y allí el recepcionista sí que le reconoce: venía a reuniones. Discutía poco. A veces intervenía en público […] Un hombre muy educado. Muy prudente. No hablaba para no ofender. Stuart Pedrell vivió un año en ese barrio con una identidad nueva: Antonio Porqueres, de profesión contable en unos almacenes de vidrio. El recepcionista le da datos, sobre todo el nombre de una mujer, obrera de la SEAT y muy radical, que le acompañaba: Ana Briongos.

Carvalho se entrevista con el encargado del almacén de vidrios que le da más datos. Todos lo que le conocieron en el barrio le veían diferente: no era hombre para este trabajo ni para este barrio, por eso nadie se extrañó cuando desapareció. A continuación visita al encargado de obras del barrio, Vila, que nunca conoció a Pedrell personalmente porque ni se acercó por las obras. A petición de Pedrell, Vila busca trabajo y alojamiento para un amigo suyo de la infancia, Antonio Porqueres. Le pide discreción y tampoco llegó nunca a verlo. Stuart Pedrell lo organizó bien: para mí una petición del señor Stuart era una orden. Le dejé las llaves en la portería. No sé siquiera si ese señor sigue viviendo en el piso. Carvalho consigue que le deje las llaves del piso donde vivió ese año Pedrell. Todo lo que allí encuentra es bastante deprimente y lúgubre. La única huella del paso del empresario por ese piso es una buena cantidad de libros (cuyos títulos el autor enumera y califica: más que seleccionados, parecían muestras de una sed intelectual que a Carvalho le parecía enfermiza), un mapa del Pacífico (¿querría todavía ir a los mares del Sur?), y notas políticas de la época. Carvalho decide quedarse a dormir allí, quizá para sentir lo que sintió el empresario y poder acercarse al enigma de porqué se fue a ese barrio obrero. El detective saca conclusiones, claves, sobre lo averiguado hasta ese momento: Le bastaba recorrer unos kilómetros para recuperar todo lo que había sido durante cincuenta años y, en cambio, permaneció en aquella oscuridad, noche tras noche, interpretando el papel de un Gauguin manipulado por un autor fanático del realismo socialista, un autor cabrón dispuesto a castigarlo por todos los pecados de clase dominante que había cometido. Y ese autor era él mismo. Incapaz de sacar el lenguaje de sí, él mismo se había convertido en lenguaje. Vivía la novela que no podía escribir o la película que no podía dirigir. Pero ¿para qué público? ¿Quién tenía que aplaudir o silbar al final de la interpretación? Él mismo. Es un sufrido narcisista, había dicho el marqués Munt. Mucha capacidad de desprecio se necesitaba para aguantar noches y noches esa soledad anónima, una soledad de amnésico. […] Le costaba comprender cómo un hombre puede falsificar su papel sólo para sí. Parece que Stuart Pedrell con su “huida” al Sur personifada en el barrio de San Magín buscaba una especie de redención por el pecado de pertenecer a la clase social dominante.

Por fin aparece en escena Ana Briongos, la última amante de Stuart Pedrell, muy diferente a las anteriores: clase obrera, joven también pero baqueteada por la vida, militante desde adolescente conoce las cárceles del franquismo. Ana es la única que siente dolor ante la muerte del empresario, la única que manifiesta sentimientos pero es fuerte y madura para su edad. Acepta una cita para más tarde. Mientras, Carvalho vuelve a su mundo. Barrio Chino versus San Magín. El detective se permite una reflexión sobre la diferencia entre ambas miserias: la fea pobreza del Barrio Chino tenía pátina de historia. No se parecía en nada a la fea pobreza prefabricada por especuladores prefabricados prefabricadores de barrios prefabricados. Es preferible que la pobreza sea sórdida y no mediocre. En San Magín no había borrachos derrumbados ante los portales, sorbiendo el hilillo de pequeño calor que salía de escaleras terribles. Pero no era un logro del progreso, sino todo lo contrario. Los habitantes de San Magín no podían autodestruirse hasta que no pagaran todas las letras que debían por comprar su agujero en aquella ciudad nueva para una vida nueva. Sabias palabras.

De nuevo un paseo por la clase alta: cita con la viuda que quiere saber cómo va la investigación y la hija Yes, que persiste en tener algo con él. Carvalho le deja las cosas claras: mientras dure la investigación podrán verse alguna vez pero no debe esperar nada de él una vez termine. Yes opina que a su padre le mataron ellos. Mi madre, Planas, el marqués, Lita Vilardell… Estaba muerto de asco, como lo estoy yo. También visita a Charo lo que aprovecha el autor para hablarnos de su relación tan peculiar.

Volvemos a Ana Briongos que le habla al detective sobre su relación con Antonio Porqueres-Stuart Pedrell. Me contó que era viudo y había residido mucho tiempo en el extranjero. Estaba cansado y quería sobrevivir, simplemente sobrevivir, observar, participar en la nueva etapa del país. Ana está embarazada pero ella siente que el hijo por venir es sólo suyo. Carvalho le informa de la verdadera identidad de su amante y de cómo fue su muerte. Quiere saber de su entorno para encontrar una explicación a la muerte de Pedrell pero Ana no le quiere contar nada, así que el detective se informa vía Vila sobre la familia de la chica. Carvalho piensa que la respuesta tiene que estar en el entorno de Ana, porque si no ¿quién, y por qué, puede haber matado al empresario? Así se entera de que la chica tiene un hermanastro, Pedro Larios, que es un pequeño delincuente desde muy joven. Carvalho va atando cabos cuando visita a los padres de Ana y comienza a entender el papel que ocupa este hermano que nunca fue aceptado por la madre (fruto de un desliz del padre) y se convirtió en un inadaptado de reformatorio en reformatorio pero que, a la vez, quiere mucho a sus hermanos. Los padres no confiesan, tienen miedo: tenéis miedo. No sé si es ese miedo preventivo que tenemos todos los que no tuvimos nunca dónde caernos vivos, pero tenéis miedo.

También tienen miedo los socios de Stuart cuando se enteran, por Vila, de que Carvalho ha estado husmeando en San Magín: en estos momentos cualquier relación entre la muerte de Stuart y nuestros negocios nos perjudicaría […] Si hay que encontrar algo encuéntrelo en cualquier parte menos en San Magín. Planas tiene miedo pues ahora se ha convertido en vicepresidente de la Confederación de Empresarios y, a la vez, algunos periodistas están investigando sobre el escándalo inmobiliario que esconde la construcción de San Magín. Munt habla claro: Yo utilicé mi influencia con el presidente del área metropolitana para conseguir permisos casi imposibles. Un caso claro de especulación que no oculto ni del que me avergüenzo. Todo el milagro económico del régimen franquista ha sido un bluf. Todos nos hemos dedicado a especular con lo único que en realidad teníamos: el suelo. Le ofrecen a Carvalho que presene un informe verosímil a la viuda y el doble de dinero para que no hable de más. El detective no acepta. Va a hacer su trabajo hasta el final. Es una cuestión de ética profesional pues Carvalho sabe que nada de la investigación va a manchar la reputación de los empresarios. A esas alturas ya sabe que Stuart viviendo en San Magín sólo intentó limpiar su culpa de clase y que el crimen es cosa de navajeros de poca monta. Pero estos hombres de negocios tienen miedo de que su status se vaya al garete. Tienen mucho que perder y por perder pierden hasta los papeles entre ellos. Hay una crítica muy fuerte por parte del autor a esa clase social que se enriqueció con el franquismo sin ningún escrúpulo.

De fondo a la historia hay menciones a las próximas elecciones municipales, a la situación de la incipiente democracia, todo ello le sirve a Carvalho (Montalbán) para criticar la situación: en ningún programa electoral se prometía derribar lo que el franquismo había construido. Es el primer cambio político que respeta las ruinas. Y se permite soñar un cambio tanto en lo general como en lo particular. Todos sus seres queridos serían felices y él volvería a amar la rutina de investigar, ahorrar, comer, recorrer las Ramblas dos o tres veces al día, de noche vengarse inútilmente de la cultura que le había aislado de la vida. ¿Cómo amaríamos si no hubiéramos aprendido en los libros cómo se ama? ¿Cómo sufriríamos? Sin duda sufriríamos menos. Me gustaría ir a un balneario lleno de convalecientes y encontrarme a Yes entre ellos. Empezar un amor… Carvalho es a fin de cuentas un sentimental de tomo y lomo, ¿no creéis?

El detective va cara a un final que su sentido de la justicia le exige: un encuentro con Pedro Larios para que éste le confiese la verdad. Ana intenta terciar y promete contarle todo lo ocurrido pero es el hermano, según el detective, el que tiene que hablar. Es inevitable la pelea entre el detective y Pedro y sus compinches. Gana Carvalho, claro, y el chico habla: quería limpiar la mancha de su hermana embarazada y sólo quiso darle un susto a Antonio-Suart. El detective descubre que no fueron ellos quienes le mataron sino que le dejaron herido, muy herido pero no muerto, tirado en la calle: Stuart Pedrell había tratado de descubrir la otra cara de la luna. Había encontrado unos indígenas endurecidos, la misma dureza que Gauguin encontraría en las Marquesas, cuando los indígenas hubieran asimilado del todo que el mundo es un mercado global en el que hasta ellos están en perpetua venta. Sabias palabras de nuevo.

Fue el propio Pedrell el que busca ayuda en su antigua amante, Lita Vilardell, amante en ese momento del abogado Viladecans (todo queda en casa), pero llega tan malherido que muere antes de que puedan ayudarle. Ambos deciden entonces tirar el cadáver en un descampado y asunto terminado. Fin del viaje al mítico Sur.

La viuda, que en ningún momento ha querido un escándalo ni saber quién fue el asesino sino sólo defender su patrimonio, acepta el informe de Carvalho. El crimen queda impune y la mujer se va de viaje ¡a los mares del Sur!, con la conciencia tranquila una vez sabido todo lo que pasó y que, sobre todo, nada va a cambiar en su vida perfecta y millonaria. Ante la invitación de que le acompañe al viaje y su negativa (tengo obligaciones: una perra de meses y dos personas que de momento me necesitan o creen que me necesitan), Carvalho le contesta: Quisiera llegar a un lugar del que no quisiera regresar. Ese lugar lo busca todo el mundo. Yo también. Hay quien tiene léxico para expresar esa necesidad y hay quien tiene dinero para satisfacerla. Pero millones y millones de personas quieren ir al sur.

La novela termina con el asesinato de Bleda, seguramente a manos de Pedro, y con un Carvalho roto llorando y sabiendo con total certeza que, aunque quisiera cambiar, no va a poder conseguirlo nunca. Siempre habrá algo (¿él mismo?) que trunque su intento de felicidad en esta vida.

Plazos
Dedicaremos toda una semana a los comentarios sobre esta segunda parte y sobre la novela en general. Yo creo que hay mucho de lo que opinar, reflexionar… ¡Espero vuestros comentarios!

Los detectives privados somos los termómetros de la moral establecida

5 mar

Vía Laietana. Barcelona. Foto en flickr de MorBCN. Algunos derechos reservados.

No es casual que Los mares del Sur arranque con el hallazgo accidental de un cadáver por unos maleantes que no volverán a salir en la novela. Este inicio trepidante, con persecución policial incluida, le sirve a Montalbán para mostrarnos a la clase más baja que puebla la Barcelona de los años setenta. El lenguaje, el comportamiento de unos vulgares rateros muestra a las claras cómo estaba la sociedad española en aquellos momentos. En el autor hay siempre una mirada social y moral a estos pobres desheredados: prostitutas, ladrones de poca monta, camellos, mendigos… recordándonos que existen y porqué existen.

Bien, ya tenemos un cadáver, lo siguiente es la aparición del detective privado Carvalho al que, obviamente, se le va a encargar el caso. Carvalho irrumpe con fuerza en la novela con una frase de las suyas: los detectives privados somos los termómetros de la moral establecida. A continuación deja caer su visión, crítica, de la sociedad y la democracia recién estrenada. Se lo dice a Biscuter, su fiel y deseoso de agradar ayudante. Éste, al que conoció en la cárcel, no le ayuda en la resolución del caso, es más bien un criado-secretario-cocinero. En seguida se nos muestra a un Carvalho escéptico, aficionado a la bebida y a la comida y crítico con todo lo que le rodea. Lleva tres meses sin trabajar pero una llamada de un importante abogado le va a sacar de la inactividad. Un poco antes ha comprado una perra, Bleda, en un intento de agarrarse a algo humano.

Y de los bajos fondos y el ambiente popular de las Ramblas, donde el detective tiene su pequeño despacho, vamos a saltar a la clase alta barcelonesa. Esto es muy propio de las novelas de Montalbán: yo a los palacios subí, yo a las cabañas bajé, como dicen los versos del D. Juan Tenorio de Zorrilla. Carvalho se mueve bien en todos los ambientes, los conoce perfectamente, y su trabajo le lleva de unos a otros. A partir de ahora, en esta primera parte, vamos a darnos un largo paseo por la fauna y flora de la burguesía catalana a través de numerosas entrevistas que el detective realizará, salpicadas con descripciones muy vívidas de las personas, las casas, los ambientes, los barrios… y una sutil ironía que impregna todo lo que hace y dice Carvalho.

El rico abogado, Viladecans, le habla de su cliente y amigo, el empresario Carlos Stuart Pedrell, cuyo cuerpo apuñalado apareció hace dos meses en un descampado. Éste había desaparecido hacía un año anunciando que se iba a la Polinesia. Un hombre en la crisis de los cincuenta que desea dejarlo todo y emular al pintor Gauguin. Deja todo atado y bien atado en lo que a los negocios se refiere y no vuelven a saber de él. La investigación policial revela que nunca fue a la Polinesia pero nadie sabe dónde estuvo todo este tiempo. Lo que le preocupa a Viladecans y a la viuda de Pedrell es saber qué hizo a lo largo de ese año: recuerdo el caso. No se encontró al asesino. ¿También quieren al asesino? – Bueno. Si sale el asesino, pues venga el asesino. Pero lo que nos interesa es saber qué hizo durante ese año. Comprenda que hay muchos intereses en juego. La mujer, cínica y guapa, quiere la máxima discreción, no se llevaba bien con el mujeriego de su marido. Es más, desde que se marchó él, he podido respirar a mis anchas. He trabajado. He hecho su trabajo y tan bien como él, mejor que él, porque lo he hecho sin puñetas. No muestra ninguna pena o respeto por el muerto. Algo que comprobaremos a lo largo de todo el recorrido por los diferentes familiares, amigos, socios y amantes del empresario. Nadie, excepto su hija Yes, parece lamentar su muerte ni muestra ninguna tristeza. No hay ninguna pista (la policía tampoco descubrió nada ya que la familia ha hecho lo imposible para que no siga), sólo una arrugada hoja encontrada en sus bolsillos en la que está escrito: più nessuno mi porterà nel sud (ya nadie me llevará al sur).

Hay una breve aparición de Charo, la ¿novia? de Carvalho, siempre enfadada con él porque no la hace mucho caso. Charo es una prostituta con clientes fijos y aunque al detective parece que le molesta su presencia, a la vez muestra comprensión y una cierta ternura (acaban durmiendo juntos en su casa aunque no hubiera querido hacerlo). Carvalho tiene su ética: de pronto había tenido conciencia de que, buscando no crearse ataduras, en esos momentos era el responsable sentimental y moral de tres personas y una perra, él mismo, Charo, Biscuter, Bleda. (Más adelante pensará: tengo una perra, por algo se empieza; ¿acabaré teniendo tantas cosas como los demás?). Detrás de todo su sarcasmo hay un ser humano. Beben (¡y mucho!) y cenan juntos, incluido Biscuter. Hay una relación muy intensa de Carvalho con el alcohol y hay un momento en que se dice que cuando bebe es como si recuperara un rincón de patria dentro de sí mismo.

Carvalho se pone en marcha y, en la primera visita que realiza al despacho del muerto, descubre que al empresario le gustaba mucho frecuentar a intelectuales y artistas. Era un gran lector amante de la música. En su despacho encuentra muchas referencias a Gauguin (poema incluido) y al Pacífico, pero sobre todo encuentra tres fragmentos de tres poemas en inglés que hablan todos del sur, incluido el “ya nadie me llevará al sur”. Está claro que Pedrell quería irse allá, incluso la secretaria le confirma que compró un billete a Tahití. Pero ¿por qué no se fue? Prosiguen las visitas. Casi todas son un pretexto para comer y beber como la que hace al pintor Artimbau, viejo conocido del detective y amigo de Pedrell. Éste le da información sobre el muerto (era un poco cantamañanas, un poco juguetón) y sobre sus inicios como empresario y cómo llegó a amasar una grandísima fortuna. También le dice que era un hombre rico con inquietudes que se movía entre el ambiente de los empresarios por un lado y los intelectuales y artistas por otro: en cada sector se le miraba como un bicho raro. Su vida era un poco esquizofrénica. Cuando ya se hizo rico, volvió a estudiar e incluso a escribir pero yo creo que carecía de lenguaje. Eso le pasa a mucha gente. Lo tienen todo para empezar a crear y descubren que carecen de lenguaje. Entonces trasladan la literatura a su vida. Esto es un dato importante a tener en cuenta.

La visita a la casa de Pedrell le permite conocer a su hija Yes, una chica un poco desequilibrada que fuma marihuana y esnifa cocaína. Ésta también le da una pista cuando Carvalho le dice que nunca llegó a los mares del Sur: ¿Usted qué sabe? ¿Dónde están los mares del Sur? La chica, en busca de una figura paterna, se le insinúa y más adelante acabarán teniendo un affaire en el que Carvalho, no se sabe muy bien por qué, cae pues no parece que Yes le interese. Yo creo que Carvalho esconde a un hombre tierno muy baqueteado por la vida y por su propia personalidad contradictoria que busca consuelo en el alcohol, la comida y el sexo. La chica, que no pasa de ser “unos polvos”, a la vez le despierta esa ternura (la va a buscar por las Ramblas después de echarla con cajas destempladas. Recorrido que aprovecha para ofrecernos un fresco de la miseria que poblaban esas calles por entonces) e incluso su infancia, donde todo casaba: Llovía duramente sobre la Rambla de Santa Mónica y sintió en la espina dorsal un escalofrío nostálgico de sábanas y mantas, nostálgico de gripes suaves y trajines domésticos en sordina. “Pepe, Pepe, ¿te hago una limonada?” En las manos “La isla misteriosa” y en la radio “Las aventuras del inspector Nichols”, en la voz de Fernando Forga. Entonces todavía no quemaba los libros y creía en la vida.

A continuación vienen las visitas a los socios de Pedrell: el obsesionado con la salud Planas y el sibarita y hedonista Marqués de Munt. Ninguno su amigo. Sólo negocios. No era el entorno que realmente le interesaba a Pedrell. Insisto en que en todas estas visitas la ironía y el sarcasmo de Carvalho, y del autor a fin de cuentas, se despliega a sus anchas. Son los ricos, de un tipo o de otro, los que le mueven a ellas. Nunca la ejercerá con las otras clases sociales que le despiertan más la identificación o la compasión. El culmen llega con su visita a Munt. Un cínico que le invita a degustar un morteruelo y un Chablis, rodeado de una decoración imposible, mientras sólo habla de sí mismo. Pero todos le van descubriendo la personalidad del muerto: algo superficial, caprichoso, narcisista, seductor, sufridor y con sentido de culpa por pertenecer a la clase alta, con una doble o triple o quíntuple vida, amante de la cultura pero poco presto a ayudar a sus amigos intelectuales. Y, a la vez, le van dando pistas. Planas le habla del barrio de San Magín que construyeron para la clase trabajadora en el franquismo y Munt opina: quizá hiciese un viaje, pero no a los mares del Sur […] Un hombre con ganas de desaparecer, desaparece. ¿Sabe qué llegó a decirse cuando yo me marché a las cuevas del Sacromonte? Que me había ido a la Antártida con una expedición financiada por mí. Atentos a esta pista. Es muy reveladora.

Entre la visita a Planas y a Munt, Carvalho, borracho, se mete en un acto sobre la novela negra lo que aprovecha el autor para hacer una sátira sobre el mundo de los escritores (tenían ese aspecto de huevos cocidos que tienen los intelectuales en todas partes, pero en este caso adaptados a la española: parecían huevos duros con menos densidad que los huevos duros de otras latitudes. Sobrellevaban el peso de los huevos sobre los hombros con el lógico exhibicionismo, pero también con esa inquietud subdesarrollada de que el huevo peligraba) e iluminarnos un poco sobre qué es la llamada novela negra: cuando la burguesía no puede conservar el control de la novela empieza a pintarla de colores. Cuando sale, se pierde por las calles mientras su mente reflexiona con lucidez sobre dos temas claves: el amor (tal vez necesitara enamorarse, una cierta dosis de autoengaño, no se puede sobrevivir despellejado, sin posibilidad de meterse en ninguna iglesia, sin rezar no se puede vivir) y su vida (No puedes salir a borrachera diaria. Ni sorprenderte de pronto con las mandíbulas apretadas, como si estuvieras haciendo un esfuerzo interior sobrehumano. ¿Qué esfuerzo interior sobrehumano estás haciendo? ¿Te parece poco? Amanecer. Un día tras otro. Con los caros y mediocres que son por regla general los restaurantes en esta ciudad […] Su único patriotismo era gastronómico […] Repasó su destruida geografía. Le dolió cada violación de su paisaje infantil y cuando estaba a punto de tocar fondo en el pozo de la autocompasión se acercó a una cabina para llamar a su amigo, gestor y vecino de Vallvidrera, Enric Fuster).

A continuación vienen las visitas a la amantes, la más duradera, la snob Adela Vilardell, rica como Pedrell, que tampoco manifiesta ninguna pena y que parece que miente cuando le dice que Pedrell no se puso en contacto con ella durante ese año (un “no” que se le había enganchado algo al subir el aire por el pecho intetado) y la última teenager en la vida conocida de Stuart Pedrell, que también es snob y autosuficiente y que tampoco se muestra nada apenada. A ésta última la invitó a su viaje al Sur pero ella no quiso ir (yo le quería mucho. Era tierno, desvalido. Pero no entraba en mis planes buscar el paraíso perdido).

Esta primera parte termina con un festín y una revelación clave. Carvalho se reúne con su vecino Fuster y un amigo de éste, Beser, experto en literatura. Después de degustar una paella valenciana de verdad y beber de nuevo muchísimo, Beser, entre risas y mucha ironía, averigua quienes son los autores de los tres fragmentos de poesía en inglés que Carvalho había encontrado en el despacho de Pedrell: el primero no hay duda, se trata de un verso de La tierra baldía de Eliot (Leo hasta entrada la noche / y en invierno viajo al sur). El segundo fragmento también está chupado. Pertenece a Los mares del Sur, el primer poema publicado por Pavese: Pero cuando le digo / que él está entre los afortunados que han visto la aurora, / sobre las islas más bellas de la tierra, / al recuerdo sonríe y responde que cuando el sol se alzaba / el día ya era viejo para ellos. El tercero es el que más problemas le da, el verso encontrado en los bolsillos del muerto: Ya nadie me llevará al sur resulta ser al final de Salvatore Quasimodo: el lamento de un meridional que reconoce su impotencia para volver al sur. Su corazón ya se ha quedado en los prados y en las aguas nuboladas de Lombardía. Quasimodo en este poema se muestra como un desarraigado, algo que concuerda perfectamente con Stuart Pedrell. Beser le ilustra sobre el significado del Sur en la literatura del siglo XX: el mito del sur como símbolo del calor y de la luz, de la vida, del renacer del tiempo, aparece continuamente en literatura. La interpretación de estos tres fragmentos juntos y por ese orden nos la da, de nuevo, Beser: los tres fragmentos marcan todo un ciclo de desencanto: la esperanza intelectualizada de leer hasta entrada la noche y en invierno ir hacia el sur, burlando el frío y la muerte. El temor de que tal vez ese sur mítico sea otra propuesta de rutina y desencanto. Y finalmente la desilusión total… Ya nadie le llevará al sur... Carvalho le replica: pero reúne los tres fragmentos cuando sí va al sur. Cuando tiene hasta los billetes comprados y los hoteles apalabrados. Beser nos da de nuevo otra clave: ¿A qué sur? Tal vez había descubierto que aunque fuera al sur nunca llegaría al sur […] me parece que sólo es literatura. Vaya perra ha pillado la gente con lo del sur. Tal vez tuviera sentido antes de los vuelos chárter y de los tour operators, pero ahora ha dejado de existir. El sur no existe. Los americanos construyeron una mitología literaria de la nada y el sur se debe exclusivamente a ellos.

Plazos Y aquí nos quedamos con toda la información recabada por Carvalho y muchas claves que, por ahora, no le dicen nada pero que más adelante irán tomando forma y le iluminarán para la resolución del caso que leeremos ya en la segunda y última parte de nuestra lectura. Para ello, disponemos de una semana más o menos. Leeremos a partir del capítulo que comienza: “Se imaginó a su propio hígado como un animal corroído por el vitriolo”, pág. 142 de la edición que yo tengo, hasta el final de la novela. Es hora de que dejéis en este post vuestros análisis y comentarios sobre esta primera parte. ¡Espero que sean muchos! ¡Ah! Y los que vais más adelantados en la lectura, ¡tened cuidado de no desvelar nada! :)

Los mares del Sur: metáfora de la huida al paraíso

26 feb

Según cómo se mire, ésta es la tercera o la cuarta novela de la saga dedicada por Manuel Vázquez Montalbán al detective Pepe Carvalho. Y digo esto porque en Yo maté a Kennedy (1972) Carvalho, agente de la CIA en aquel momento, aparece por primera vez como personaje secundario. Será con la siguiente, Tatuaje (1975), con la que se inicie la saga realmente dicha y en la que el ya detective es el protagonista. A continuación vendrán La soledad del mánager (1977) y Los mares del Sur (1979), la novela que vamos a leer. Vázquez Montalbán le dedicó a su personaje un total de 16 novelas, las dos últimas póstumas.

Con Los mares del Sur, Vázquez Montalbán conseguirá premios, fama y muchos lectores. Es quizás la novela más leída y más traducida de la saga Carvalho. A partir de su publicación, Montalbán se convertirá en un escritor muy popular en España y fuera de ella. Periodista desde sus inicios, Vázquez Montalbán, fue un intelectual y escritor muy reconocido en todo el mundo.

La acción de la novela se desarrolla en el mismo tiempo en que está escrita: los tiempos de la Transición en España y, más concretamente, en 1979, en las vísperas de las primeras elecciones municipales de la democracia. La Transición que nos muestra Vázquez Montalbán en esta novela es una época difícil, heredera del franquismo, en la que la crisis económica y social campea a sus anchas así como la especulación, sobre todo del ladrillo, y la corrupción, más oculta que en los tiempos actuales en que vivimos. Los empresarios en aquellos momentos se enriquecieron impunemente construyendo barrios periféricos para las clases obreras con materiales baratos y sin estar dotados apenas de las infraestructuras más básicas. El autor ya supo ver desde los inicios de la democracia el desencanto que se avecinaba ante las grandes expectativas creadas por el fin de la dictadura. Es curioso comprobar, al leer la novela, cómo no ha cambiado tanto la sociedad española. Treinta y seis años después seguimos casi igual. La novela resulta muy actual. Resiste muy bien el paso del tiempo.

Podríamos decir que las novelas protagonizadas por Carvalho son novelas negras o detectivescas, aunque su autor siempre prefirió llamarlas novelas a secas, sin etiquetas. Y es que van más allá de novelas donde se resuelve un crimen, tanto por la trama como por lo que la rodea. En estas novelas hay un gran componente social y político no exento de crítica, hay cultura, literatura, reflexiones sobre la vida casi filosóficas y hay comida, mucha, y bebida, también mucha. Y un gran componente moral.

Los mares del Sur es una novela de personajes y de acción. Junto al verdadero protagonista, Carvalho, aparece una Barcelona que se convierte en personaje importantísimo: sus calles, sus bares, sus restaurantes, sus tiendas, sus barrios… Hay una plasmación perfecta de la ciudad y de su estratificación social. En la novela se nos van a mostrar tres clases sociales muy diferentes: la clase alta, la clase obrera y el mundo marginal, con sus diferentes barrios, sus diferentes costumbres y su diferente lenguaje. Toda una galería de personajes y ambientes muy bien definidos que retratan brillantemente la sociedad de finales de los setenta en Barcelona y por extensión en España.

Sobre el detective Pepe Carvalho se ha escrito mucho, incluso el propio autor escribió un artículo titulado: Carvalho y yo: ¿quién es el asesino? a los veinticinco años de la creación de su personaje. En él afirma: las novelas de Carvalho, más allá de la transición española, trazan el viaje desde la edad de la inocencia de la década de los sesenta a la edad de todos los empleos precarios y desempleos estables, esta globalizada edad de la desesperanza. Trasunto del autor, Carvalho le sirve a Montalbán para retratarse y retratar lo que le rodea. Ex-comunista, ex-agente de la CIA, detective privado después en un despacho de 30 metros en el corazón de las Ramblas, investiga todo tipo de delitos junto a su fiel ayudante y cocinero Biscuter, su Watson particular. Vive en una pequeña villa alquilada en Vallvidrera, a las afueras de Barcelona lo que le concede un excepcional punto de vista para la evaluación crítica de una sociedad descompuesta. Está dentro, pues conoce el Barrio Chino y las Ramblas, y sus personajes (como su confidente el limpiabotas Bromuro), al dedillo, y está fuera cuando se retira a su casa desde donde puede poner la distancia necesaria para sus análisis y reflexiones. Carvalho, calificado por Montalbán como un “outsider”, es un hombre solitario, complejo, contradictorio, irónico, llegando en ocasiones a ser sarcástico, crítico, pesimista, escéptico, hedonista y sibarita, tierno y sentimental cuando lo requiere la ocasión… En Los mares del Sur lo encontraremos sumido en una crisis existencial que intenta paliar a través del sexo y la comida. Ambas cosas le atenúan el escepticismo y le ayudan a vivir. Al principio de la novela se comprará una perra, Bleda, en un intento de humanizarse. Además de Biscuter, está Charo (que en esta novela sale poco), una prostituta con la que mantiene una relación intermitente y no exclusiva. Carvalho posee la extraña y conocida afición de quemar su inmensa biblioteca en la chimenea. Cada noche un libro cuidadosamente escogido. En Asesinato en el Comité Central afirma que su etapa de comprador de libros terminó a principios de los años 70 cuando se sorprendió a sí mismo esclavo de una cultura que le había separado de la vida. En esta novela hay mucha crítica en la que ridiculiza al mundillo cultural y literario en particular. Asimismo, al ser un buen gourmet, hay una exaltación del placer de comer los más diversos platos (con recetas incluidas) desde lo más exquisito a lo más popular, como la paella valenciana. Comidas regadas con abundante vino. Hay mucho alcohol también en el mundo de Carvalho.

El personaje del detective se basa en los detectives norteamericanos (Philip Marlowe, Sam Spade…) creados por Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Chester Hymes y Ross McDonald, los padres de la novela negra estadounidense: duros, cínicos, solitarios… pero Montalbán lo hace, a la vez, muy nuestro: su crisis, su vasta cultura, su condición de gourmet, su quema de libros, su ironía, su sarcasmo, las múltiples referencias literarias, culturales y políticas, el reflejo de la realidad social, el sexo muy presente en su vida que muestra con un lenguaje erótico muy crudo… y sobre todo su carácter contradictorio que lo humaniza.

Del argumento no voy a adelantar mucho pues hay demasiado misterio que no conviene desvelar: un importante y rico hombre de negocios, Carlos Stuart Pedrell, aparece muerto a navajazos en un barrio extremo de la ciudad cuando desde hace un año todo el mundo lo suponía haciendo un viaje por la Polinesia. Su abogado y su viuda le encargan a Carvalho que investigue qué es lo que hizo durante ese año. No les interesa tanto quién lo mató (no quieren escándalos) sino lo que pudo hacer y cómo esto pudo influir en sus prósperos negocios. Carvalho se lanza a entrevistar a toda la gente de su entorno y va descubriendo la personalidad de Stuart Pedrell: cincuentón en crisis, avispado hombre de negocios pero, a la vez, muy interesado por el arte y la cultura en general, se rodea de intelectuales, artistas y escritores. Es un hombre culto y refinado, narcisista y mujeriego, que se obsesiona con el pintor Gauguin, un banquero francés que abandonó su carrera financiera para establecerse como pintor en la Polinesia. Parece que decide seguir sus pasos en pos de ese Sur mítico (tan presente en la literatura símbolo de la verdadera vida) que le puede salvar. Decide cambiar de vida perseguido también por su sentimiento de culpa. Es un personaje complejo, contradictorio, que vive varias vidas a la vez. Pero ¿realmente se fue a los mares del Sur? ¿Cómo, entonces, pudo aparecer muerto en la misma Barcelona? ¿Qué hizo ese año? Ahí está el misterio que tiene que desvelar Carvalho.

Los mares del Sur está escrita en tercera persona pero focalizada en el punto de vista de Carvalho. El estilo está impregnado de una ironía muy sutil que, a veces, es simple y puro sarcasmo, es directa, legible, realista pero con tintes poéticos, sobre todo en las descripciones (no olvidemos que Montalbán fue también un gran poeta). Es una novela escrita tanto para el gran público como para lectores más selectos y exigentes. La novela posee múltiples lecturas, depende de si queremos quedarnos en la superficie o ahondar en las múltiples referencias de la que está plagada. Nosotros en nuestra lectura intentaremos esto último.

Como es lógico, dada la talla del escritor, hay numerosos documentos en la red a los que podemos acceder. Yo he hecho una selección. Primero destacar la entrevista perteneciente al programa Epílogo, que si recordáis consistía en amplias entrevistas realizadas a personas importantes que se emitían después de su muerte. En este caso la entrevista a Manuel Vázquez Montalbán se emitió el 18 de octubre de 2003 y dura algo más de cincuenta minutos. Merece la pena. Incluyo también una entrevista al escritor realizada por Canal Sur en 1998 para conmemorar los veinticinco años de la creación del personaje de Carvalho. Respecto a documentos escritos os dejo aquí el enlace a la página oficial de Club Cultura, muy completa, dedicada a Vázquez Montalbán y a su obra (incluye el artículo que os mencionado sobre Carvalho y yo). Asimismo, incluyo un perfil del autor realizado por el escritor y periodista Manuel Vicent en el diario El País. Como curiosidad, deciros que en 1989 se realizó una versión cinematográfica de Los mares del Sur dirigida por Manuel Esteban con Juan Luis Galiardo en el papel de Carvalho.

Y para terminar os dejo con las palabras de otro escritor español de novela negra, Juan Madrid: La serie Carvalho es una serie mayor en la historia de la literatura contemporánea en lengua española.

Plazos
Dividiremos la lectura en dos partes. La primera nos llevará hasta la página 141. A lo largo de una semana más o menos leeremos esta parte y podremos ir dejando comentarios generales sobre lo que nos va sugiriendo la lectura. Cuando publique, al cabo de esa semana, el post de análisis de esta primera parte ya nos explayaremos más en los comentarios sobre ella. Asimismo, en este post podéis dejar vuestros comentarios sobre este análisis general que he realizado o sobre los links que aporto o sobre el escritor, el personaje…ya que son tan populares. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: Los mares del sur de Manuel Vázquez Moltalbán

18 feb

Nos venimos a España de la mano de uno de los escritores más completos y dotados del siglo XX. Para mí es un placer leer con vosotros un libro de Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona 1939 – Bangkok, 2003). Poeta, novelista, ensayista y periodista, Vázquez Montalbán forma parte del grupo de intelectuales indispensables para entender la segunda mitad del siglo XX en nuestro país. Fue una pena que nos dejara tan pronto. Se le echa de menos tanto como escritor como por analista de la situación política y social de nuestro país.

La obra que vamos a leer es Los mares del Sur (1979), la novela que le dio la fama al ganar con ella el Premio Planeta de ese año así como el Prix International de Littérature Policière. Pertenece a la numerosa serie de novelas negras que escribió protagonizadas por su famoso y singular detective privado Pepe Carvalho y es una de las más emblemáticas. Fue incluida en la lista, realizada por el periódico El Mundo, de las 100 mejores novelas en español del siglo XX, en la que participaron para su elaboración, además de numerosos y prestigiosos críticos, más de 20.000 lectores. Los mares del Sur ha sido traducida a más de veinte idiomas.

El detective Carvalho es uno de los personajes más universales y leídos de nuestras letras, seguramente muchos de vosotros, sobre todo si os gusta la novela negra, hayáis leído alguna de estas novelas que van mucho más allá del género policiaco siendo, a la vez, novelas sociales, políticas e incluso gastronómicas.

En este caso nos vamos a la Barcelona de la Transición con la democracia recién estrenada. Un importante hombre de negocios, al que se le suponía de viaje por los mares del Sur desde hacía un año, aparece asesinado en un solar abandonado de un barrio periférico de la ciudad…

La edición que vais a leer los que recojáis la novela en la Biblioteca Fórum es una edición que se publicó en 2009 conmemorando el 30 aniversario de la obra. Contiene un prólogo y una entrevista a Vázquez Montalbán realizada en 1995 por Quim Aranda, así como fotografías y citas del propio autor.

A partir de mañana jueves podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de más o menos una semana para conseguir el libro editado por Planeta.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Un árbol crece en Brooklyn. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer esta interesantísima novela. Mientras, podéis continuar dejando vuestros comentarios finales sobre Un árbol crece en Brooklyn.

A ti te sostiene tu propia fuerza, como a mí

12 feb

Alianto (Ailanthus altissima) o árbol del cielo. Foto en flickr de Wendy Cutler. Algunos derechos reservados.

Comenzamos esta tercera y última parte de la novela con la llegada al mundo de Annie Laurie nacida el 28 de mayo de 1916 cinco meses después del fallecimiento de su padre Johnny. De nuevo las diferencias entre los hombres y las mujeres a través de las reflexiones que hace la autora sobre los dolores del parto. Frases como era lo único que las mujeres tenían en común: la certeza de los dolores que acompañan al parto / Los hombres se llevan el placer y las mujeres el sufrimiento / Parecen querer vengarse de Dios por haberlas hecho mujeres. Se percibe en la autora un sentimiento contradictorio y doloroso por su condición de ser mujer ¿no creéis? Según su punto de vista parece que las mujeres sólo pueden ser solidarias entre ellas en el dolor que se sufre en el parto (o sea en la peor parte). Yo percibo una gran individualidad en Betty Smith que transmite a sus protagonistas femeninas. Su concepción del universo femenino no está exenta de crítica.

El mundo cambia muy aprisa en aquellos años. A través de las conversaciones oídas al vuelo por Francie en el bar de McGarrity asistimos a los cambios y avances de la época: se avecina la ley seca, el voto de las mujeres, los automóviles e incluso los aviones. El cine ya es un hecho que desplaza al teatro, como el telégrafo, la electricidad en las casas, las máquinas y la inminencia de la entrada de EEUU en la I Guerra Mundial. Y Francie, apoyada en su escoba para escuchar, trataba de dar sentido a lo que oía y se esforzaba por entender un mundo que giraba en veloz confusión.

Francie termina su escuela primaria con una mala nota en inglés debido a su renuncia a escribir redacciones después de la crítica a su escritura por parte de la profesora (pero volverá a escribir). La joven Nolan tiene ya quince años y está convirtiéndose en una mujer con todo lo que eso conlleva: llora, se enternece con el recuerdo de su padre (¡papá! ¡papá! Esta invocación, que expresa su amor y su necesidad de él, aparecerá cada vez que Francie eche de menos a su padre y son muchas las veces), discute con su madre, echa de menos algo parecido a un abrazo, un entendimiento, una necesidad que no sea la de la familia: necesito a alguien a quien amar con otra clase de amor… Se da cuenta de que va a tenerse que poner a trabajar, y posponer sus estudios, como así ocurre primero en una fábrica y luego en una agencia de noticias como lectora en Nueva York (¡por fin logra cruzar el puente de Brooklyn!). Como es inteligente y despierta, gana un dinero que nunca imaginó ganar y sabe que ese dinero es necesario para proporcionar un mayor bienestar a su familia, y, en consecuencia, se sacrifica por ello: tengo miedo porque dependen de mi dinero […] ¡adiós instituto! ¡Adiós todos mis proyectos! Como siempre, es diligente también con el trabajo pero Francie no es feliz. Nueva York no le gusta (prefiere el misterio y el sueño que contiene su amado Brooklyn a ese hormiguero humano), el trabajo, aunque sea leer, con lo que tanto disfruta, no le llena (se sentía impelida hacia una norma de vida para la que ya no estaba capacitada)… Francie está viviendo la difícil adolescencia entrando de lleno en el mundo adulto del trabajo y la responsabilidad y está tan sola como siempre, más incluso ahora que comienza a despertarse al amor y hay algo que la aferra a su infancia feliz (¡Oh! Cómo desearía volver a ser niña, cuando todo era tan maravilloso), a su casa, a su barrio, a su padre al que tanto echa de menos (Si estuviese tu padre aquí… Te comprendería mucho mejor que yo)… No le gusta lo que descubre en el mundo exterior (como Alejandro Magno, Francie se afligía convencida de que no existían mundos nuevos para conquistar) y, a la vez, la renuncia a los estudios la han hecho perder, además de las promesas de un mundo mejor, algo que llenaba su vida (Yo deseo volver a estudiar más que cualquier otra cosa en mi vida).

Asimismo, Francie contempla cómo su familia se va transformando, distanciando unos de otros: Nuestra familia era como una taza fuerte. Entera y firme, sujetaba bien las cosas. Cuando murió papá apareció la primera grieta. Y la discusión de hoy producirá otra grieta. Pronto habrá tantas que la taza se romperá y sólo seremos pedazos, en vez de formar un conjunto homogéneo. No quiero que esto suceda, aunque sé que estoy produciendo una nueva grieta. Se distancia de su madre porque son iguales y chocan en lo mismo: Y esa es la raíz del mal. Somos demasiado parecidas para comprendernos mutuamente, ni siquiera nos comprendemos a nosotras mismas. Papá y yo éramos muy diferentes y nos entendíamos. Mamá comprende a Neeley porque es distinto. Ojalá fuera diferente, como Neeley. Pero no lo es y sufre por ello: en el fondo de sus corazones, cada una sabía que la amargura perduraría y jamás sería extirpada.

Y por fin entran en guerra el seis de abril de 1917 aunque ésta no va a afectar demasiado a la familia Nolan. Francie quiere recordar cada hecho importante de su vida para retenerlos siempre. ¡Está tan llena de vida! Y, a la vez, está tan sola… pero la vida gana siempre en ella, como transmite este maravilloso párrafo: Dios amado -suplicó-, permíteme ser algo cada minuto de cada hora de mi vida. Permíteme ser alegre. Permíteme ser triste. Que tenga frío. Que esté abrigada. Que tenga hambre, que tenga demasiado para comer. Permíteme andar andrajosa o bien vestida. Que sea sincera o falsa. Que sea franca o mentirosa. Honorable o pecadora. Pero permíteme soñar todo el tiempo para que no se malgaste la más mínima porción de vida.

Y Francie, finalmente, se las ingenia para volver a estudiar a través de unos cursos de verano en la Universidad que compagina con el trabajo. De nuevo es feliz, tanto que se marea: Mis abuelos nunca supieron leer ni escribir. Sus antepasados tampoco. La hermana de mi madre no sabe leer ni escribir. Mis padres no terminaron la escuela primaria. Yo no he ido al instituto. Sin embargo, yo, M. Frances K. Nolan, estoy en la universidad. ¿Oyes eso, Francie? ¡Estás en la Universidad! Pero, ¡caramba!, qué mareo. Se entrega de lleno a los estudios y además conoce a un chico, Ben Blake, que se convierte en su ángel de la guarda y del que cae totalmente enamorada, o eso cree ella (es el primer chico que conoce y ¡está tan deseosa de amar!). Ben es casi perfecto y a los diecinueve años ya tenía proyectada su vida por un camino sin desvíos. Quiere llegar a ser gobernador en una carrera profesional planificada al milímetro por lo que, aunque Francie le gusta, no tiene tiempo para las mujeres y así se lo hace saber. Al finalizar el verano, y los cursos, se despiden hasta el próximo verano: Pensaré en ti. Te escribiré cuando tenga un momento libre. – Había apenas media hora de viaje entre sus domicilios-. Si alguna vez me necesitas (siempre que no sea una bagatela, por supuesto), me escribes unas líneas y me las arreglaré para verte. Francie está triste: otra vez las noches solitarias. Francie paseaba por las calles de Brooklyn en aquellas hermosas noches de otoño y recordaba a Ben. Sí. Le necesitaba. Pero estaba segura de que él jamás iría si ella escribía: “me siento sola. Ven a pasear conmigo y a conversar”. En el ya firme esquema de su futuro, Ben no había incluido el capítulo soledad. Francie lo que más necesita es compañía, sentirse necesitada, compartir su soledad pero este chico, Ben, no sé, no me acaba de convencer en su extrema perfección y planificación de su vida. Es un poco sobrado y rechina un poco, ¿no creéis?

La tía Sissy por fin consigue tener un hijo propio y todo gracias a los avances también en la medicina. En vez de dar a luz ayudada por una comadrona, Sissy decide ir al hospital y ser atendida por un médico, judío para más señas, lo que escandaliza a sus hermanas, pero Sissy es una mujer moderna y sabe que el hospital es la mejor opción y los médicos judíos los más expertos. Será un niño y se llamará Stephen Aaron. Además, Sissy vuelve a sacar de un bajón, a través de su cariño y comprensión, a uno de los hombres de la familia, esta vez le toca el turno al tío Flittman que no sólo se recupera sino que además se convierte en una especie de hombre orquesta (ya sabemos: la vena artística de los maridos de las hermanas Rommely). La familia está feliz ya que todo va mejorando en sus vidas.

En la primavera de 1918, Francie, que ya tiene dieciséis años, se enamora perdidamente de un soldado que está a punto de partir hacia Europa. Lee Rhynor está de permiso unos días en Nueva York y tiene veintidós años. Está comprometido con una muchacha de Pensilvania pero le confiesa a Francie que no la quiere. Todo sucede muy deprisa, no hay tiempo, la guerra espera y quizás, con ella, la muerte. Se cuentan sus vidas y en la primera cita Lee la besa. Al día siguiente van a bailar y él le dice que la ama. Francie es inmensamente feliz y llega a una conclusión sobre lo que significa la felicidad: la gente siempre cree que la felicidad es algo que se pierde en la distancia, una cosa complicada y difícil de conseguir. Sin embargo, ¡qué pequeñas son las cosas que contribuyen a ella! Un lugar para refugiarse cuando llueve, una taza de café fuerte cuando una está abatida, un cigarrillo que alegre a los hombres, un libro para leer cuando una se encuentra sola, estar con alguien a quien se ama. Ésas son las cosas que hacen la felicidad. Francie también le confiesa su amor y, ante su requerimiento de boda, ella le promete me casaré contigo cuando regreses, Lee. Pero todo termina mal. El soldado va a su pueblo a despedirse de su madre y allí se casa con su prometida antes de ir a la guerra. Francie se entera de todo a través de una carta que le envía la ya esposa de Lee. Francie le había escrito previamente confesándole todo lo que sentía por él (él se lo había pedido). El tal Lee resulta ser un cobarde de tomo y lomo y Francie sufre su primera decepción amorosa ya que el amor que ha sentido por Lee, correspondido un par de días, sí es amor y no el que creyó sentir por Ben.

Desesperada se confiesa a su madre y Kate, de nuevo, hace gala, no sólo de su sensatez y su amor (ha llegado ya la hora en que no puedo evitar el sufrimiento a mis hijos […] Estaba dispuesta a matar a cualquiera que tratase de hacerles daño. Y ahora, en un brillante día de sol salen con toda su inocencia y tropiezan con el dolor que una daría su vida por ahorrarles) sino también de ser una mujer muy adelantada para su tiempo. Ya previamente le había dicho a su hija: La vida es demasiado corta. Si alguna vez te enamoras de un hombre, no pierdas el tiempo bajando la mirada y haciendo muecas. Dile con franqueza: “¡Te amo! ¿Por qué no nos casamos?”, lo cual es increíble para la época pero, incluso va más allá: hay dos verdades. Como madre te diré que habría sido terrible que te acostaras con un extraño, un hombre que conocías desde hacía sólo dieciocho horas. Te habrían podido pasar cosas horribles. Tu vida entera habría podido destruirse. Como madre, te digo la verdad. Pero, como mujer… te diré que habría sido maravilloso. Porque sólo una vez se quiere de esa manera. Francie se recupera relativamente pronto, la herida no parece ser demasiado grande y la conclusión a la que llega es que no quiere necesitar a nadie sino que alguien la necesita a ella.

Y llega el final feliz para todo el mundo gracias al matrimonio entre el señor McShane y Kate. Este hombre lleva mucho tiempo perdidamente enamorado de Kate y, una vez viudo, decide dar el paso. Kate acepta porque sabe que un hombre bueno. Pero además McShane tiene dinero y un futuro como político muy prometedor por lo cual, Francie podrá dejar de trabajar y estudiar en una Universidad. Su sueño. Pero a Francie siempre le ha parecido todo un sueño: Todo era efecto de los sueños. ¿O sería todo real y verdadero, y era ella, Francie, la soñadora? Francie irá a estudiar a Michigan y piensa que si persistía esa condición soñadora en Michigan, Francie sabría que la soñadora era ella. Ben ha vuelto a su vida, le ha ayudado a pasar con éxito los exámenes de ingreso a la universidad. Toda la familia piensa que es bueno que se aleje y se adapte a un nuevo ambiente. Es Ben el que ha elegido Michigan. Ahora, con veinte años, le ha regalado un anillo y le ha dicho que tendrán que pasar cinco años para que se puedan casar. Así ella podrá estar segura de sí misma. A Francie no le pesa gran cosa esperar ya que todavía piensa en Lee aunque sabe que Ben es un hombre decente, honorable y brillante […] Le gustaba Ben. Le gustaba muchísimo. Deseaba poder amarle. Si por lo menos él no estuviese siempre tan seguro de sí mismo. Si vacilara alguna vez, aunque sólo fuera una. Si la necesitara, aunque fuese sólo un poco. En fin, tenía cinco años para decidirse.

Kate y McShane se casan y después de la boda, Francie se va despidiendo de todo lo que ha sido su vida hasta entonces. Incluso va al baratillo de Charlie para comprarle, en un acto de justicia poética, todos los números de la tómbola. Francie se despide de su infancia en este acto simbólico. Sabe que su barrio desaparecerá más pronto o más tarde. Y también hay un recuerdo para su adorado padre (Papá… ¡Papá!). La novela termina casi como empezó: Francie se asoma a la ventana y observa a una chiquilla sentada en la escalera de incendios mientras lee y come caramelos. Pero, sobre todo, está el árbol. Lo habían cortado pero un nuevo árbol había nacido del tocón […] aquel árbol del patio que los hombres maltrataban, aquel árbol alrededor del cual habían prendido fogatas para quemar su tocón, aquél árbol aún vivía. ¡Vivía! Y no había nada que pudiese destruirlo. Adiós, Francie. A ti, tampoco nadie podrá destruirte.

Plazos
Terminada esta hermosa novela que es una gran lección de vida es la hora de vuestros comentarios sobre esta última parte y sobre la novela en general. Disponéis de una semana más o menos para ello. Yo creo que vamos a echar de menos a los Nolan ¿no os parece? Así que, prolonguemos algo más nuestra convivencia con ellos a través de todo aquello que queráis opinar, reflexionar…

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