¡Volvemos el próximo lunes 7!

3 sep

Foto en flickr de melenita2012. Algunos derechos reservados.

Hola a todas y a todos. Espero que hayáis pasado un buen verano lleno de lecturas. Ya nos contaréis.

El próximo lunes 7 de septiembre retomamos nuestras actividades lectoras. Ese día publicaremos un post anunciando el libro con el que vamos a inaugurar esta nueva etapa, que esperamos que sea mucho mejor aún que las precedentes, con muchísimos comentarios que conviertan al Club en algo vivo y muy enriquecedor para todos. Ya sabéis que el principal objetivo de este Club es crecer más como lectores y como personas.

Esperamos contar con todos los que ya sois miembros del Club, más algunas personas que se apuntaron a lo largo del verano y todos aquellos que estén interesados en sumarse a esta iniciativa de compartir lecturas a través de Internet.

A lo largo de esta semana y a la espera de comenzar, podéis ir dejando en este post comentarios sobre vuestras lecturas de verano. ¿Qué habéis leído? ¿Qué os ha gustado más?…

¡Nos vemos de nuevo aquí en menos de una semana!

¡Nos vamos de vacaciones!

30 jun

Foto en flickr de eddy_ .Algunos derechos reservados.

Bueno, pues nos vamos de vacaciones, así que “cerramos” temporalmente el Club Virtual de Lectura para disfrutar del periodo estival. Volveremos a principios de septiembre más descansados, con fuerzas renovadas y nuevos libros que compartir.

El verano se presenta siempre como un buen momento para leer aquellos libros que no nos ha dado tiempo a hacer el resto del año. Os animo a todos para que compartáis en este post recomendaciones de todo tipo. Contadnos qué libros vais a leer y animaos a dejar sugerencias. También podéis ir dejando a lo largo del verano vuestras impresiones sobre los libros que estéis leyendo.

Por mi parte, os dejo algunas recomendaciones: toda la obra del escritor estadounidense James Salter, que acaba de fallecer a la edad de 90 años. Cualquier libro de él merece la pena. Es uno de los grandes. También cualquier libro de Manuel Vázquez Montalbán al que leímos hace poco en el Club. Es un buen momento para revisar toda su obra de una gran altura literaria e intelectual. Yo me acabo de leer Los pájaros de Bangkok, de la serie Carvalho, y es magnífica. Para los adictos a Haruki Murakami, os recomiendo el último libro, de relatos, publicado en español: Hombres sin mujeres. Está a la altura de los mejores de él.

Otro de mis últimos descubrimientos es el escritor noruego Karl Ove Knausgard. En español están publicados los tres primeros libros de su ambiciosa empresa literaria (ocho libros en total) de carácter autobiográfico: La muerte del padre, Un hombre enamorado y La isla de la infancia. Está siendo un auténtico boom en todo el mundo. La manera que tiene de narrar su vida es muy original, no sigue una línea cronológica y la narración está salpicada de interesantes y profundas reflexiones sobre todo tipo de temas.

Ahora mismo me estoy leyendo, todavía no he terminado, la última novela de la escritora italiana Melania G. Mazzucco: Limbo, y me está gustando mucho. Es una escritora muy interesante a la que sigo y nunca me defrauda. Me gustó especialmente su personal biografía novelada de la fascinante Annemarie Schwarzenbach: Ella, tan amada. Y mis lecturas para este verano incluyen Sarajevo, un diario de la guerra de los Balcanes escrito por el periodista y poeta Alfonso Armada. Puede ser un buen complemento para nuestra lectura de La hija del Este. La novela Cegador del escritor rumano Mircea Cartarescu del que no he leído nada pero tengo muy buenas referencias. La biografía de la poeta polaca, Nóbel de literatura, Wislawa Szymborska que acaba de salir: Trastos, recuerdos. Adoro su poesía y me apetece mucho leer sobre su vida y su obra, también tengo muy buenas referencias de esta completa y documentada biografía. Y, para terminar, y si me da tiempo, quiero leer la extensísima novela del escritor sirio afincado en Alemania, Rafik Schami: El lado oscuro del amor.

Aunque estemos de vacaciones, yo entraré de vez en cuando en el blog, así que no dudéis de dejar cualquier comentario que os apetezca. Algunos me habéis comunicado que vais un poco atrasados en la lectura de La habitación de invitados y que entraréis a escribir algún comentario más. Adelante pues a todos los rezagados y podéis dejar todos los comentarios que queráis sobre nuestro último libro en el último post dedicado a esta lectura.

No se os olvide a los que sois de Coruña devolver vuestro ejemplar de La habitación de invitados en la Biblioteca de Forum. Gracias.

Os deseo unas felices vacaciones a todos. ¡Qué las disfrutéis y  hasta septiembre!

Volvemos en septiembre

¿Cuándo vas a enfrentarte a la realidad?

22 jun

The Opera House BW. Sydney. Foto en flickr de Giuseppe Angelè. Algunos derechos reservados.

Por fin llega el momento en el que Helen se sincera por primera vez con Nicola. Le habla de las dudas que tiene sobre la clínica, le dice que le parecen unos charlatanes. Nicola los defiende y afirma: si pierdo la fe, la única alternativa es abandonar y decir, de acuerdo, me rindo. Me muero. Cáncer, ven y llévame. Y ella lo último que quiere hacer es rendirse. Es entonces cuando Nicola habla sobre lo que piensa que ha sido su vida: He tenido una suerte asombrosa. Nací aceptablemente guapa, en una familia con dinero, y dotada de cierto talento. Pero lo malgasté todo. No me he sacado provecho. He sido perezosa. No he perseverado en nada. He fracasado y sencillamente he seguido hacia adelante. He echado a perder mi buena suerte. La he tirado por el desagüe. No es raro que ahora se me haya acabado. Así que el fracaso que siente Nicola es en gran parte el responsable de su actitud desesperada que le hace creer en cualquier solución que le permita seguir viviendo y poder quizás enmendar el concepto fallido que tiene de ella misma y de su vida.

A pesar de la conversación, Nicola continúa con el tratamiento y su fe en él. Reciben la visita de su sobrina Iris y de su novio Gab que vienen de Sidney a pasar un fin de semana con ellas. Desde el primer momento, Helen los siente como un apoyo ya que piensan más o menos como ella y conocen bien a Nicola (no olvidemos que los últimos seis meses han vivido con ella). Mientras esperan que ésta vuelva de la clínica Theodore, se ponen al día. Pero las malas noticias no tardan en llegar: Nicola está tan mal que no puede volver sola desde la clínica. Helen pierde los estribos y al final será el propio profesor Theodore la que la llevará a su casa porque vive en su zona. Helen se prepara para una confrontación en toda regla. Está dispuesta a cantarle las cuarenta y decirle que le va a denunciar. Los jóvenes la apoyan: muy bien, Helen. Listos para el baile. Ese apoyo le da a Helen más fuerzas aún. Cuando llegan, Nicola se arrastra a la cama realmente hecha trizas. Y empieza el enfrentamiento con Theodore que se muestra dispuesto a plantarle cara a Helen. Se defiende impasible ante las graves acusaciones de ésta. Entre otras “joyas” le dice que no ofrecen pronósticos a sus pacientes. La ironía, la burla e incluso la risa acompañan a sus respuestas. Helen pierde los estribos y sale de la casa. El profesor se marcha con el agradecimiento de Nicola que sigue en sus trece. La sensata Iris, que la conoce bien, se sincera acerca de lo que ha tenido que vivir esos seis meses: realmente llegué a pensar que tendría que acabar por matarla yo misma y ahorrarle las molestias al cáncer, y les cuenta su teoría: Nicola se niega a aceptar gran parte del horror de todo esto. Pero ese horror no desaparece. Es imposible, porque existe. Por tanto, otro tiene que vivirlo con ella de algún modo […] Nos ha asignado el papel de portadoras de todo lo malo, y de algún modo se lo hemos permitido. Va de un lado a otro con esa sonrisa horrenda en la cara, diciendo a todo el mundo que a mediados de la semana que viene se habrá curado, y entretanto los demás vamos dragando el fondo y recogiendo toda la angustia y la rabia que ella suelta por la borda. Sabias y certeras palabras las de Iris, ¿no creéis?

La conversación con Iris y Gab le ha dado la fuerza y el valor necesarios a Helen para enfrentarse a Nicola a la mañana siguiente cuando ésta aparece con su sonrisa inalterable. Eso y la ira que siente hacen que Helen por fin estalle y le diga todo lo que siente que le tiene que decir. No tiene ya ningún control sobre sus palabras y de su boca sale todo lo que lleva dentro esperando a salir. Palabras y acusaciones fuertes ante las que Nicola se defiende como puede. La propia Helen está asombrada de lo que dice: ¿Dónde tenía yo acumulada toda esa rabia? Salía de mí a borbotones como un vómito, y también se siente culpable: me atraganté de vergüenza: me sentí como una abusona, sorprendida con las manos en la masa. Pero no puede más: no soporto la falsedad. Me da asco. Al final acabaré perdiendo la cabeza. Iris va en su ayuda animándola a que siga hablando a la vez que abraza a Nicola que termina rindiéndose y comienza a llorar. Ante su rendición, Helen se suaviza: no soportamos verte sufrir así. No soportamos perderte. Deseamos cuidar de ti. Te queremos mucho. Pero tú te las das de valiente y nos mantienes a distancia. No podemos llegar a ti porque nos ahuyentas. Y haces que nos sintamos ridículas por preocuparnos. Nos agotas con ese estoicismo tuyo. Es como una máscara horrenda, una máscara que queremos arrancarte para encontrarte a ti. Nicola por fin habla arguyendo que nunca ha querido aburrir a la gente con sus sentimientos: he aprendido a mantener la boca cerrada y a mostrar una cara optimista. Helen le recuerda todo lo bueno que tiene: es una amiga leal, no es rencorosa, es muy generosa, divertida, sabe escuchar… Los demás nos sentimos libres cuando estamos contigo, ¿no lo sabías? ¿Crees que eso es malgastar tu vida? Después de un largo silencio Nicola apoyo el hombro contra el mío. Nos miramos a los ojos y desviamos la vista otra vez, francas y libres. Fue como sumergirnos en aguas serenas. Yo me pregunto y os pregunto: ¿entendemos a Nicola? Es fácil decir a los que no se sienten cercados por ella que hay que aceptar la muerte, pero ¿quién está realmente preparado para ello cuando llega? Es difícil el papel que le ha tocado vivir a Helen, yo la entiendo, pero también entiendo a Nicola. ¿Y vosotros?

Lo ocurrido les da una tregua que aprovechan para ir a un espectáculo de magia. Es simbólica y hermosa esta visita ya que creer en la magia es lo que necesita Nicola. El mago parece que sólo se dirige a ella: hay muchas formas de hacer desaparecer una cosa. ¿Quiere que le enseñe la manera rápida o la lenta? Nicola disfruta enormemente del espectáculo y de que se centre en ella y parece beber con los ojos todo lo que dice y hace el mago. Pero la tregua termina y cuando Iris y Gab se van, Nicola le dice a su sobrina que no va volver con ellos a Sidney, que quiere terminar el tratamiento: está decidida a conservar la fe en el profesor Theodore. Una vez sola, Helen se siente asustada pero decide, ante el aumento del dolor que sufre Nicola, ir a pedir una morfina más potente a la doctora Caplan. Ésta les dice que tienen que ir a un oncólogo que tome las riendas de su enfermedad. Nicola acepta y decide también dejar el tratamiento de la vitamina C: era por lo que yo había estado luchando, pero sentí que se me partía el corazón. Helen vive continuamente una situación contradictoria. Además Nicola le agradece que la haya acogido en su casa: sabía que apenas me quedaban fuerzas, las justas para llegar hasta ti, y le dice que ha sido muy valiente cuando le dijo toda la verdad. ¿Valiente? No sé cómo has podido perdonarme. Fui un monstruo. De nuevo la contradicción de la pobre Helen.

Cuando visitan al doctor Maloney, el oncólogo, éste decide hacerle una resonancia magnética y un escáner de huesos de inmediato. A Nicola le cae bien y se pone en sus manos. Los resultados son demoledores: la situación de Nicola es tan crítica que si no la sustituyen la vértebra C7 por un soporte de titanio puede quedar tetrapléjica. El mejor cirujano que puede hacerlo, el doctor Hathaway, está en Melbourne y a él acuden, pero Helen confía en que también en Sidney podrán operarla ya que en el fondo ella no puede más y desea que se vaya (¿egoísta?). Nicola comienza a ver la verdad y la realidad y no para de llorar: creía haber llegado a la cima de la montaña pero no estoy más que en las estribaciones. Ya no es necesario que Helen diga nada, será Nicola la que pronuncie las palabras: esto acaba en la muerte, ¿no?

Aunque Maloney sostiene que es Hathaway el que debe operarla, Helen intenta convencerla de que tiene que irse a Sidney donde tiene muchos amigos, más antiguos que ella, y a su familia, que en Melbourne no tienen el apoyo necesario para esa intervención ya que sólo cuenta con ella y ella no puede más, está agotada. Pero Nicola se resiste y piensa en llamar a amigos que la apoyen, opina que hay muchos que pueden venir a ayudarla, está pletórica de optimismo y sigue hacia adelante. Pero Helen no lo ve viable, piensa que es un delirio de ella, se siente invadida por la rabia, quiere salvar su vida. ¿Entendemos esta última reacción de Helen? ¿Qué opináis?

Finalmente Nicola se saldrá con la suya: no sabía entonces que el sueño delirante de Nicola, hacer venir a Melbourne a sus cuidadores y alojarlos en el hotel Windsor, se haría realidad, ni que al cabo de diez días regresaría a Sidney con el soporte de titanio del doctor Hathaway magistralmente implantando en la columna.

Helen irá numerosas veces a Sidney a ayudar a los amigos de Nicola que la están cuidando, no la abandona sino que contribuye en su convalecencia durmiendo incluso en el suelo. Se entrega a su amiga en cuerpo y alma echándola incluso de menos cuando no está en Sidney: te echo de menos. Me aburro. Preferiría estar limpiando la mierda de las baldosas del cuarto de baño de Iris. Cuando Nicola ya está moribunda la internarán en un hospital para casos terminales. Allí seguirán yendo sus amigos y Helen (no te vayas, por favor) a cuidarla y animarla. Su final será acorde a sus ideas: dos budistas la despedirán con sus cánticos. No tenía la menor idea de que Nicola, antes de marcharse de mi casa, me escribiría una carta de despedida con tales reproches a sí misma, con tal ternura y serena gratitud, que cuando la encontré, meses más tarde, en su astuto escondrijo, me eché a llorar a lágrima viva.

Pero Helen, recordando su actitud ante el hecho de que no podía seguir cuidándola, había estado segura de que si no sacaba a Nicola de mi casa al día siguiente, me hundiría en un pozo de cal viva donde la rabia me abrasaría y no quedaría de mí nada más que huesos desparramados sobre un paisaje arenoso. Pero también, a la vez, esa última noche yo me reconcomía de vergüenza, indignada conmigo misma por indignarme, por ser tan poco atenta con ella, tan cruel. Como dije en un anterior post, Helen Garner parece que escribió esta novela porque necesitaba realizar un ajuste de cuentas consigo misma ante lo que vivió con su amiga. Realista, sabía que no podía más pero, a la vez, sabía también que estaba traicionando a su querida Nicola. Esperamos que esta novela le haya traído la paz y la agradecemos este ejercicio de honestidad que nos muestra una situación tremendamente difícil que perfectamente podríamos vivir, con todas sus contradicciones, cualquiera de nosotros.

Plazos
Disponéis de una semana larga para dejar vuestros comentarios sobre esta última parte y sobre la novela en general. ¡Espero que sean muy numerosos! La novela se lo merece. Después, el Club se irá de vacaciones en julio y agosto y volveremos en septiembre con muchos más libros para leer y comentar.

¿Qué debo hacer?

15 jun

The Pale Blue City. Melbourne. Foto en flickr de Hadi Zaher. Algunos derechos reservados.

La novela se abre con dos citas de dos escritoras, una hace alusión a la satisfacción que conlleva la generosidad cuando nos damos a los demás, cuando les ofrecemos todo lo que está en nuestras manos y la otra trata sobre las consecuencias de todo tipo que puede traer el más hondo sufrimiento. Ambos temas muy importantes en la novela y que se interrelacionan.

La habitación de invitados nos sumerge en el tema ya desde la primera línea. No se anda con rodeos. Desde el principio sabemos de la personalidad de Nicola mientras Helen se interroga sobre cómo preparar la habitación en la que se va a hospedar su amiga durante tres semanas. Nicola es una mujer adepta a las corrientes alternativas de la “new age”: budismo, yoga, meditación, tratamientos alternativos a la medicina tradicional, vegetarianismo… Parece que lleva años practicándolas probablemente desde su ya lejana juventud hippy, que ambas compartieron allá por los años sesenta. Pero mientras Helen ha abandonado esas costumbres y parece una mujer cabal, racional, Nicola sigue siendo una excéntrica hasta en su forma de vestir, dejada, casi con la ropa rota y ajada: una de las cosas que ella consideraba superfluas eran las zapatillas de andar por casa, además de las maletas, los sujetadores, los desodorantes y las planchas.

Nicola, sola y sin hijos, está muy enferma y ha vivido los últimos seis meses en casa de su sobrina Iris en Sidney. Ella y Helen, ambas con más de sesenta años, mantienen una amistad íntima desde hace quince años. Han vivido ya muchas cosas juntas y les une una gran complicidad. Helen vive sola en Melbourne pero su hija Eva y su familia son sus vecinos puerta con puerta. Mantiene una relación muy especial con su nieta Bessie de cinco años.

Helen prepara con esmero la habitación teniendo en cuenta todos sus gustos (coloca un espejo que a las pocas horas se romperá como un mal presagio), su actitud es generosa y aunque sabe todos los datos sobre la enfermedad de Nicola (inicialmente un tumor intestinal que posteriormente se ha extendido por los huesos y el hígado la han operado. Se ha sometido a radioterapia. La han desahuciado) hace meses que no la ve y no sabe cómo está exactamente en esos momentos. La noche antes de la llegada de Nicola, Helen cena su amigo el psiquiatra Leo. Le cuenta que su amiga ha reservado plaza para un tratamiento alternativo aquí en Melbourne, en un centro de la ciudad. Suero de peróxido, saunas de ozono, ventosas chinas, dosis altísimas de vitamina C… Todo eso es pura charlatanería le dice Leo. Helen también lo intuye. Nicola es supersticiosa y acude a su amiga porque dice que le salvó la vida al librarla, un tiempo antes, de un timador que le iba a estafar una gran cantidad de dinero. Pero ahora parece que también se va a ponerse en manos de otros timadores. Leo diagnostica una fase cuatro, la última, en su enfermedad y le dice que tal vez viene a ver a Helen para que sea ella la que le diga que se va a morir. Helen está angustiada y con esa angustia se va a buscar al día siguiente a su amiga al aeropuerto. Lo que se encuentra es mucho peor de lo que se esperaba. Nicola apenas puede andar, parece una anciana, no se puede mantener erguida, tiembla… pero una sonrisa inalterable no se borra de su cara. Esa sonrisa la mantendrá Nicola contra viento y marea, es su principal arma como si con ella quisiera demostrar al mundo que todo va bien y que se va a curar. La sonrisa aparece tantas veces en la novela que de alguna manera llegará a irritarnos porque detrás de ella se esconde el autoengaño en el que vive Nicola.

La narración contiene algunas descripciones, no demasiadas, algunas de ellas impregnadas de un sutil esperanza y serenidad: poco antes del amanecer, mientras permanecía insomne en mi cama, una extraña y mínima tormenta estalló justo encima de nosotras, descargó veinte gotas de lluvia y acto seguido se alejó. La calle estaba en silencio. El aire quedó limpio y fresco. Algún pájaro cruzó de puntillas el manto de hojas caídas delante de mi ventana abierta y se detuvo brevemente para tomar aliento y ahuecarse las plumas.

La preocupación y la desolación de Helen van en aumento a medida que va comprobando el mal estado de su amiga pero ante ello su dedicación y su cariño crecen: la tapé, la arropé bien, me tendí a sus espaldas y, encogida contra ella, la estreché entre mis brazos. Recorrían su cuerpo temblores como descargas eléctricas. Era imposible darle calor. Helen se interroga sobre la salud y la situación de su amiga: ¿Cuánto tiempo llevaba en tan mal estado? ¿Por qué no me había prevenido nadie? Pero ¿quién? Ella era una mujer libre, sin marido ni hijos. Nadie estaba a cargo de ella. Pero está Iris, su sobrina y su novio Gab con los que se va a mantener en contacto. ¿Desbordada? Eso me hirió en mi orgullo. Se suponía que yo era una mujer útil en los momentos de crisis. Y, en efecto, así es. Helen se crece ante la adversidad y se le da muy bien cuidar y mantener todo en orden (ésa era la parte que me gustaba, tareas claras de amor y orden que podía realizar con facilidad) pero no sabe que Nicola se lo va a poner muy difícil cuando vaya comprobando cómo se aferra a una falsa curación sin ser capar de ver lo que de timo hay en ella. Curación que irá irritando cada vez más a Helen (¿A qué venía toda esa rabia? Tenía que ser más amable con ella. La muerte era aterradora) que tendrá que mantener un difícil equilibrio entre ayudar a su amiga a la que adora y su oposición al tratamiento. También le irritará la ceguera de Nicola y su no aceptación del fin inevitable que se le avecina. ¿Por qué no aceptar que la muerte se acerca y prepararse para ello? Pero a la vez, piensa qué quién es ella para dar lecciones a una moribunda que hace lo que puede para aferrarse a la vida (Y si lo censuraba, ¿adónde acudiría Nicola? ¿Qué le quedaría por hacer? ¿Dejar de luchar y afrontar la muerte? ¿Quién era yo para dictarle lo que debía hacer?). Este malestar y sus contradicciones irán in crescendo y, de vez en cuando, Helen perderá los nervios ante la sonrisa permanente de Nicola y sus continuas palabras de autoengaño. Ésta está convencida de que al final de ese tratamiento de tres semanas el cáncer huirá despavorido.

Una vez empezado el tratamiento, Helen confirmará todas sus sospechas (su discurso causaba estupor. Mi mente iba a la deriva, buscando algo a lo que agarrarse / Me temblaban las piernas. Respiré hondo varias veces. ¿Qué estaba pasando allí?) y cada vez le costará más acompañarla y animarla. A la vez, Helen está muy preocupada por los dolores que sufre Nicola que van en aumento: no te preocupes. El dolor se debe a los tratamientos: así sé que están dando resultado. Es por la eliminación de toxinas. Pero Helen quiere que tome algún analgésico fuerte para que no sufra tanto y le cuesta convencerla: Por favor, querida – contestó, casi con hastío-. Esa gente trata el cáncer. El dolor se da por supuesto. No les interesa mi dolor. Al final conseguirá que tome morfina y el nuevo paso consistirá en convencerla de que admita la ayuda del servicio de cuidados paliativos a domicilio. Leo le dice a su amiga: te está sometiendo a una gran presión. Es perfectamente lícito que busques ayuda. Para Nicola admitir esa ayuda externa significa aceptar que el fin está cerca y no puede ni planteárselo. La verdad es que la actitud de Nicola, su ceguera ante su enfermedad y su egoísmo de enferma, nos irrita también a los lectores y es difícil, aunque intentemos comprenderla y ponernos en su lugar, impedir que a veces no nos caiga algo mal, así como también es inevitable que no nos pongamos en el lugar de Helen y la entendamos a ella y a su tremendo autocontrol para no estallar. ¿Qué opináis? Helen siente que finge y eso no le gusta. Son amigas íntimas, siempre han hablado de todo y ahora percibe que ambas están interpretando una pantomima: aquel nauseabundo aire de falsedad. Esta pantomima llega a su culmen en la visita que realizan a Peggy, una amiga de Helen, que las invita a tomar el té: todo un despliegue del autoengaño que vive la pobre Nicola que parece que se crece ante los demás como si tuviera que demostrar algo. A ello hay que unir la actitud condescendiente que adopta hacia mi pobre Hel.

De todas formas, hay también momentos de bienestar, cuando se calma el dolor, y pueden disfrutar de la lectura, de una película, de los recuerdos y de las risas. Helen admira a la Nicola que fue un día: su belleza, su elegancia, su despreocupación, su locura, su valentía, su independencia, su libertad. Ay, cómo me gustaba esa manera suya de hacerme reír. No conocía a nadie más amable, menos insidioso, a nadie que se diera menos ínfulas. No concebía el mundo sin Nicola.

Otra situación que aparece es cómo Helen siente que está perdiendo su vida: ¿Cómo me había metido en ese lío? La muerte estaba en mi casa. Sus reglas apartaban la vida nueva con una fuerza atroz. Anhelaba la compañía de los niños. Pero también se siente culpable por ello, se siente mala: todos los defectos y la maldad de mi persona llegarían para atormentarme.

La tensión y los nervios de Helen aumentan cada día más, las amigas discuten y la ira aparece en algún momento: Sentada en el umbral de la puerta de atrás, luché con el escepticismo más negro y más rabioso. No quería caer en la intolerancia. ¿Cómo podía distanciarme de eso? Necesitaba serle útil y a la vez distanciarme. Helen decide ver a su hermana Lucy, creyente y ex enfermera para que la oriente: de nuevo me invadía aquella inmensa debilidad. Caí en la cuenta de que había estado esperando un magnífico momento de iluminación, en el que Nicola bajaría su obsesiva guardia, miraría a su alrededor, respiraría hondo y diría: “De acuerdo, voy a morir. Me resigno. Ahora viviré con la verdad lo que me queda de vida. Pero, quizá, el caso de Nicola será seguir luchando hasta el último aliento.

Se desahoga con su hermana (Ay, el delirante alivio de la delación, de la deslealtad) y ésta le dice que quizá Nicola ha elegido venir a su casa porque confía en ella, porque quizá la ha elegido a Helen para que le diga que va a morir o tal vez, consciente o inconscientemente, ha ido a tu casa para morir. Y añade: estás luchando para conservar lo que hay de valioso en esa amistad. Pero no quieres enloquecer, ni perder el contacto con la realidad como le ha pasado a ella. Es una especie de locura. Y ocurre con mucha frecuencia. Helen, no muy religiosa, le pide que la bendiga. Comienza ya a estar desesperada.

Plazos
Es vuestro turno para comentar esta primera parte. Hay mucho de lo que hablar, muchos temas interesantes que debatir sobre la situación de estas dos amigas a las que la vida les está haciendo vivir un mal momento. Espero vuestros comentarios. A la vez, seguiremos leyendo desde la página 85 hasta el final de la novela. A ambas cosas les dedicaremos una semana. Venga, ¡ánimo y a escribir! No os olvidéis que no podemos comentar la segunda y última parte, sólo leerla. Ya habrá tiempo para ello en el siguiente post que publique en una semana.

La habitación de invitados: los límites de la amistad y el egoísmo

7 jun

Just a bedroom. Foto en flickr de Lara604. Algunos derechos reservados.

Esta breve e intensa novela, de lectura fácil ya que su estilo es muy limpio, directo, sencillo y elegante, está narrada en primera persona por Helen, una mujer de más de sesenta años, independiente y moderna, con una vida cómoda y sin obligaciones. No es casual que el nombre coincida con el de la autora ya que se trata, como ella misma ha dicho, de una historia autobiográfica. Helen Garner vivió lo que nos va a contar suponemos que casi tal cual está escrito en la novela. Helen vive sola en Melbourne y al comienzo de la novela nos la encontramos preparando con esmero la habitación de invitados, de ahí su acertado e ilustrativo título, a la espera de la llegada de su vieja amiga Nicola que padece un cáncer. Nicola vive en Sydney y ha decidido trasladarse tres semanas a casa de su amiga para someterse a un tratamiento de medicina alternativa. Casi desde su llegada se hace evidente que está mucho más enferma de lo que ella misma está dispuesta a aceptar. A pesar de que Helen adopta una actitud de entrega, cuidado y sacrificio, apenas puede disimular su desacuerdo con el tratamiento que su amiga está recibiendo ya que le parece un camelo y una estafa. Pero Nicola cree ciegamente en él y, aunque está físicamente muy mal, su optimismo y positividad son absolutos. Está convencida de que se va a curar. Nicola se autoengaña aferrándose a lo último que le queda. Helen no soporta la actitud de su amiga, y aunque inicialmente lo acepta, poco a poco irá enfrentándose a ella. El desacuerdo entre ambas genera una brecha en su sólida amistad.

La habitación de invitados es una novela principalmente sobre la amistad en la enfermedad, con lo que conlleva de renuncias, limitaciones, malos entendidos y altibajos. Intenta averiguar dónde están los límites de la generosidad. Asimismo, trata el tema de la enfermedad en sí misma, del dolor físico y la actitud ante la proximidad de la muerte, así como el autoengaño, que he nombrado anteriormente, y la búsqueda a cualquier precio de soluciones y esperanzas. El libro contiene una clara denuncia de ciertos métodos alternativos de curación muy en boga es estos tiempos y en el mundo occidental. Métodos, normalmente con unos efectos secundarios terribles, que en realidad esconden un negocio descarado y vergonzoso que se aprovecha de la desesperación de los pacientes para engañarles y sacarles el dinero. El rechazo de Helen a estos tratamientos la conducen a un conflicto consigo misma entre la amistad y la lealtad, entre el deber de advertir a su amiga de un engaño que ella claramente no ve o no quiere ver o bien no inmiscuirse en la elección de Nicola. ¿Qué hacer? ¿Aceptar la decisión de Nicola, respetar su libertad individual, o intentarla convencer de que está cometiendo un gran error? Difícil elección. ¿Dónde están los límites de la amistad y el egoísmo? ¿Hasta dónde debe llegar el sacrificio, la paciencia, la generosidad y la obligación con su amiga, con la que no está de acuerdo, sin por ello renunciar a su propia forma de ver la vida? Porque también Helen se enfrenta a su egoísmo al ver amenazado su estilo de vida y su libertad e independencia. Helen siente usurpada su propia vida y se cuestiona si su sacrificio vale para algo ya que el fin de Nicola está cerca y es inevitable. Asimismo, aparece el problema de la identidad personal, la concepción que tenemos de nosotros mismos y cómo creemos que nos ven los demás. De todo esto trata esta novela. Muchos temas puestos sobre el tapete que analizaremos con tiempo mientras la vayamos leyendo.

La autora trata todas estas cuestiones tan difíciles con delicadeza, sobriedad y mucha sinceridad e incluso, a veces, con un sutil sentido del humor. La novela está narrada de forma lineal y con una estructura previsible. Se podría estructurar en tres tiempos: la preparación de la habitación y el recibimiento de Nicola, la constatación de la grave enfermedad y el conflicto que surge entre ellas y el final que se vislumbra casi desde el principio y del que hablaremos cuando lleguemos a él. Quizás a veces resulta algo repetitiva ya que la acción es mínima y todo lo que ocurre gira sobre los mismos conflictos (ya me diréis lo que opináis sobre ello en su momento).

No he podido encontrar ninguna entrevista en español a Helen Garner que nos acercara a conocer algo más a esta escritora. Aquí es una completa desconocida ya que la única novela que está traducida a nuestro idioma es ésta que vamos a leer. Sólo he encontrado algunas palabras de la autora en una reseña del periódico argentino Página 12. Nos dice la periodista Mariana Enríquez que Helen Garner quiso narrar en La habitación de invitados los “crímenes emocionales” cometidos mientras cuidaba de una amiga querida que murió en 2006. Y añade la autora: el libro está lleno de culpa, muchas veces sentí que traicionaba nuestra hermandad femenina además de nuestra amistad. Leyendo esto pareciera que Garner escribió la novela como si fuera un ajuste de cuentas consigo misma ante lo que vivió con su amiga. Un ejercicio de honestidad y autoinculpación.

Siguiendo con el artículo de Mariana Enríquez en Página 12 os transcribo un párrafo que nos acerca a la autora y a su obra: Desde el comienzo de su carrera, a fines de los ’70, se la consideró una de las más interesantes escritoras realistas y feministas de su país. En 1977 publicó Monkey Grip, una novela sobre desocupados, artistas y adictos que vivían en una casa comunitaria con ayuda del Estado en Melbourne; muchos años después contó que el material para escribirla había sido tomado de sus diarios personales. Su siguiente novela, también autobiográfica, fue The Children’s Bach, sobre un matrimonio que entra en crisis cuando se le presentar alternativas sexuales. Los años sin escribir ficción, que van desde Cosmo Cosmolino en 1992 a La habitación de invitados, los ocupó, sobre todo, en libros de no ficción, en general sobre crímenes sexuales –muchos de ellos fueron bes-sellers-. Sus temas son los ámbitos privados; su mundo es la vida cotidiana. “No creo que nada sea completamente inventado- dice -. Nadie siente la necesidad de contar una historia completamente imaginaria. Antes sentía la obligación de inventar cosas. Me sentía un fracaso porque no escribía la gran novela australiana, o épicas del desierto. Pero ya no me siento así. Desde hace mucho tiempo”.

Para finalizar os dejo una frase clave de la novela que resume la esencia de este libro: La muerte no debe negarse. Intentarlo es una presunción. Infunde locura en el alma. Absorbe la virtud. Envenena la amistad y convierte el amor en una farsa.

Plazos
Aunque la novela es corta vamos a dividir nuestra lectura en dos partes ya que tiene mucho que comentar. La primera, que leeremos a lo largo de una semana, nos llevará hasta la página 83 inclusive. Como siempre, os pido que en este post sólo dejéis vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte dentro de una semana, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: LA HABITACIÓN DE INVITADOS de HELEN GARNER

31 may

Nos vamos a Australia de la mano de la escritora Helen Garner (Geelong, 1942). Ya sabéis que me gusta que leamos a escritores de países muy diferentes y ésta es nuestra primera visita a Australia. Helen Garner es una escritora de enorme prestigio en su país. Su extensa obra incluye novelas, relatos, guiones y ensayos. La habitación de invitados (2008) marca el regreso de su autora a la ficción después de dieciséis años, y es la primera de sus novelas que se traduce al español. Ediciones Salamandra la publicó en nuestro país en 2010. La obra está traducida a muchos idiomas y ha merecido diversos premios, así como el favor de la crítica y de miles de lectores: El mejor libro que he leído en años. The Independent. Una novela perfecta. Peter Carey. Una intensa y breve joya literaria. New Statesman.

El tema no puede ser más diferente del de nuestra última novela. De carácter autobiográfico, nos narra cómo Helen, una escritora de edad madura, moderna y emancipada, recibe en su casa a su gran amiga Nicola, tan bohemia e independiente como ella. Nicola está enferma y va quedarse en casa de Helen tres semanas para someterse a un tratamiento de medicina alternativa. Helen, convertida en su enfermera, ángel de la guarda y juez, apenas puede disimular su disgusto por la extravagante cura en la que su amiga confía ciegamente.

Exenta de sentimentalismo, pero llena de sentimiento, inteligencia y humor, La habitación de invitados ahonda en los múltiples sacrificios que exige la amistad y se pregunta dónde están los límites de la generosidad, de la paciencia, de la capacidad para engañarnos y ahuyentar así el fantasma de nuestra vulnerabilidad.

A partir de mañana lunes 1 de junio podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña, disponéis de una semana para conseguir el libro.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de En el mar hay cocodrilos. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer La habitación de invitados. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre En el mar hay cocodrilos, podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

La paciencia salva la vida

24 may

Torino 8. Foto en flickr de gatogrunge. Algunos derechos reservados.

Esta segunda parte de nuestra lectura nos va a llevar a través de tres países: Turquía, Grecia e Italia, final del viaje de Enaiat. Las estancias en Turquía y Grecia serán mucho más cortas que las precedentes. En Turquía y Grecia no hay apenas trabajo y la presión de la policía es grande. Enaiat no encuentra en ellos su lugar, y, como se ha hecho mayor y más sabio gracias a las experiencias vividas, abandona estos países en cuanto se da cuenta de que no quiere estar en ellos. Enaiat va vivir la parte más dura del viaje, y nosotros con él: había quien se quedaba congelado en las montañas, quien moría a manos de los policías de la frontera, quien se ahogaba en el mar entre las costas de Turquía y las de Grecia. Su paso de Irán a Turquía por las montañas, veintiséis días caminando de noche en grupo (setenta y siete personas) en condiciones extremas de frío, cansancio, peligro, hambre… en el que muchos quedarán por el camino donde otros ya habían quedado antes (estaban sentadas para siempre. Estaban congeladas. Estaban muertas), para después viajar hasta Estambul durante tres días infernales en un doble fondo de un camión de cincuenta centímetros de ancho, a oscuras, encogidos, sin moverse, sin comer, sin poder orinar… algo absolutamente inhumano: a partir de cierto momento, dejé de existir; dejé de contar los segundos, de imaginar la llegada. Lloraban los pensamientos y los músculos. Lloraban el entumecimiento y los huesos. Olores. Recuerdo los olores: meados y sudor. Gritos. Pero las penurias todavía no han terminado y vivirá una travesía por mar, con cuatro niños más menores que él, en un pequeño bote salvavidas desde las costas de Turquía a la isla griega de Mitilene (no pensábamos en los peligros de la travesía. La muerte es siempre un pensamiento lejano, incluso cuando las sientes cerca. Piensas que te las arreglarás, y tus amigos también). Es milagroso que puedan llegar a su destino cuando ni siquiera saben remar y mucho menos nadar, y tienen tanto miedo que piensan incluso que en el mar hay cocodrilos. Uno de ellos caerá al mar y lo perderán (la muerte tan presente que ni siquiera pueden pararse a llorarla). Pero el afán de supervivencia, la resiliencia, la actitud positiva y la suerte, mucha suerte, acompañan a Ena hasta su destino final. El resto de los viajes, en tren, autobús o ferry, excepto uno escondido en un contenedor de un barco, serán más cómodos.

A pesar de todo lo terrible que es lo que vive Enaiat, hay lugar para descripciones plenas de belleza: el sol había conquistado cada rincón del cielo, el azul no era azul sino amarillo, las nubes doradas y sangrantes por las heridas que les hacían los montes. Donde las peñas machacan. Donde la nieve corta y ahoga, y liberación: me pareció que con la sangre fluía, de dentro de mí, todo el cansancio, la arena del desierto, el polvo de los caminos y la nieve de las montañas, la sal del mar y la cal de Isfahán, las piedras de Qom y los residuos de las cloacas de Quetta. Cuando la sangre dejó de salir, estaba bien, muy bien. Como nunca había estado.

Por el camino se encontrará con gente buena que le ayuda, como la anciana griega en Mitilene que le salva de un gran aprieto dándole comida, ropa decente y cincuenta euros para poder coger el ferry a Atenas: pensé que hay gente muy extraña y amable en el mundo. De nuevo, Fabio le replica ante su ausencia de explicaciones sobre esta mujer: me cuentas las cosas, Enaiat, pero inmediatamente te escapas a otro asunto. Dime algo de esa señora. Descríbeme su casa. Enaiat insiste en su visión de las cosas: a mí me interesa lo que pasó. La señora es importante por lo que hizo. No importa su nombre. No importa cómo era su casa. Ella es cualquiera. Cualquiera que se porte así. ¿Qué opináis sobre el punto de vista de Ena? A mí me llama la atención y no paro de buscarle una respuesta, como le pasa a Fabio. Más personas le ayudarán, una pareja de ciclistas y un chico, ya en Italia, y sus amigos reencontrados, increíblemente, en Grecia, Jamal, y en Italia, Payam (la manera en que localiza a éste es difícil de creer) y, sobre todo, en Turín, una familia le acogerá y podrá comenzar a tener una vida normal y, sobre todo, estudiar que es lo que más desea. Ellos, su familia de acogida, al contrario que la suya propia, sí tienen nombre (me apetece decir los nombres. No son nombres que me hagan sentir mal, al contrario): Danila, la madre, Marco, el padre, y Matteo y Francesco, los hijos. Ena se siente inmensamente feliz con ellos: espectacular. Espectacular aquel día. Espectaculares los días siguientes […] Era algo fantástico […] Que nos querríamos, bueno, eso lo entendí solo. Y es en Turín, por fin, donde encuentra su lugar de vida: ¿Cómo se encuentra un sitio para crecer, Enaiat? ¿Cómo se le distingue de los otros? Lo reconoces porque no sientes ganas de irte. No porque sea perfecto. No existen los sitios perfectos. Pero existen sitios donde, por lo menos, nadie intenta hacerte daño.

Así empezó. Mi segunda vida, quiero decir. Sólo le queda conseguir el permiso de residencia como refugiado político. Antes asiste a clases y aprende con una rapidez asombrosa: la lengua, los estudios de primaria y después comienza los de secundaria. Sus ansias de saber son infinitas. Hice amigos. Aprendí muchas cosas que me obligaron a mirar la vida con otros ojos, como cuando te pones unas gafas de sol con los cristales de colores. Cuando estudiaba higiene me dejaba pasmado lo que me decían, porque lo comparaba con mi pasado, con las condiciones en las que había vivido, con la comida que había comido, etcétera: me pregunté cómo era posible que todavía estuviera íntegro. Finalmente consigue, no sin dificultad y gracias a su inteligencia, el permiso de residencia. No es hasta que pasan tres años de su nueva vida en Italia que se decide a ponerse en contacto con su madre: podría haberla buscado antes, pero sólo después de haber obtenido el permiso de residencia, sólo después de haber recuperado hasta el fondo del tonel la serenidad necesaria, volví a pensar en ella, en mi hermano y en mi hermana. Los había borrado de mi memoria durante mucho tiempo. Y no por maldad ni nada parecido, sino porque antes de ocuparte de los demás tienes que encontrar la manera de estar bien contigo mismo. ¿Cómo puedes dar amor, si no amas tu vida?. Toda una lección de saber vivir la que nos da Enaiat. Se pone en contacto con amigos en Pakistán que van hasta Afganistán, la bondad de nuevo, y terminan por encontrar a su familia. El final, cuando Ena y su madre pueden hablar por teléfono después de ocho largos años es de una emoción que sólo el silencio puede explicar, el silencio de ellos que no pueden hablar, sólo llorar, y nuestro silencio, con un nudo en la garganta, mientras leemos las últimas palabras de este maravilloso libro: en ese momento supe que aún estaba viva y quizá, ahí, me di cuenta por primera vez de que también lo estaba yo. No sé bien cómo. Pero también lo estaba yo.

Plazos

Terminada la increíble historia de Enaiatollah Akbari, es hora de vuestros comentarios. Disponéis de una semana para comentar esta segunda parte y todo el libro en general. Espero que los comentarios sean muchos y muy variados como lo han sido los de la primera parte. No todos tenéis la misma opinión sobre el libro por lo que os pido que os deis la réplica los unos a los otros, como si estuvierais cara a cara, para hacer más vivo el debate. ¡Gracias!

La esperanza de una vida mejor es más fuerte que cualquier sentimiento

19 may

Lahore to Quetta. Foto en flickr de . . . _ _ _ . . . Algunos derechos reservados.

Esta primera parte que vamos a leer comprende, en tiempo, casi la totalidad del viaje de Ena desde que sale de Afganistán, cuatro años y medio. Vivirá en Quetta (Pakistán) un año y medio y en Isfahán y Qom (Irán) tres años haciendo los más diversos trabajos para sobrevivir. En el primer capítulo dedicado a Afganistán sabremos a través de varios flashback los motivos por los cuales su madre decide que tiene que abandonar el país ya que su vida corre peligro de muerte. Comienza en Quetta cuando su madre le deja en el samavat Qgazi, una especie de hotel que Ena define como un almacén de cuerpos y almas; un depósito donde amontonarse en espera de ser empaquetados y expedidos a Irán o Afganistán, o quién sabe adónde; un lugar donde entrar en contacto con los traficantes de hombres. Su madre le da tres consejos: no tomar drogas, no usar armas (aunque sólo sea un cucharón) y no robar, y le habla de sueños y de que siempre hay que tener un deseo ante los ojos, como un burro una zanahoria, y es en el intento de satisfacer nuestros deseos donde encontramos la fuerza para volver a levantarnos, y que si un deseo, cualquiera que sea, se tiene, en alto, a un palmo de la frente, entonces vivir valdrá siempre la pena. Ena no es consciente de que su madre se está despidiendo. Sólo cuando se despierta y no la ve por ninguna parte, Rahim, el jefe del samavat, ante sus preguntas, se lo confirmará: en ese momento me quedé sin palabras. Quizá hubiera otras, adecuadas, pero yo no las conocía.

Ena vivía en Nava, en la provincia de Ghazni, con su madre y sus dos hermanos, una zona habitada sólo por hazara. A su padre lo mataron cuando el niño sólo tenía seis años. Los pastunes lo obligaron a ir a Irán y volver con el camión, a recoger productos que luego vendían en sus comercios. Si no lo hacía, matarían a su familia. Unos bandidos asaltaron su camión, lo robaron y lo mataron. Los pastunes les dijeron que tenían que pagar la mercancía perdida o si no se llevarían a mi hermano y a mí para utilizarnos como esclavos. Su madre los escondía en un hoyo hasta que Ena se hizo mayor y ya casi no cabía en él. Entonces decidió, sin Ena saberlo, que tenía que salir del país. Sólo tenía diez años. A Ena la vida en Nava le gustaba mucho pero sobre todo le gustaba la escuela. Pero los talibanes la cerraron porque iba contra la voluntad de Dios y mataron al maestro, delante de los niños, que con mucha educación se había enfrenado a ellos. La vida, sin escuela, es como la ceniza.

En su huida caminan durante tres noches hasta Kandahar con mucho peligro pues contaban que, por esa zona, a los hazara de paso como nosotros los cogían los talibanes y los arrojaban vivos a un pozo profundísimo o se los echaban de comer a los perros vagabundos. En Kandahar encuentran a un hombre que los llevará a Pakistán en un camión. Un viaje largo a través de las montañas hasta llegar a Quetta. Una vez que la madre se va, Ena piensa que tenía que pensar, y que pensar que hay que pensar, como decía siempre mi maestro, es ya algo grande. Pero no había pensamientos dentro de mi cabeza, sólo una luz que sepultaba todo y no me dejaba ver nada, como cuando miras el sol.

Todo el relato está contado de una manera muy sutil e incluso poética, esa extraordinaria delicadeza que dicen que es una característica muy afgana.

Ya en Pakistán y abandonado a su suerte, Ena reacciona pronto y decide que tiene que trabajar y evitar que se aprovechen de él. Primero lo hará en el samavat pues le da miedo salir a la calle. Rahim, el encargado, apiadado, le ofrece comida y techo a cambio de hacer cualquier cosa que él le mande. El trabajo es un infierno, no para de hacer cosas que no sabe ni hacer, pero el chico tiene recursos, es fuerte y no se deja asaltar por los recuerdos ni por las comparaciones con su casa: antes de asustarme demasiado, con las manos disolví la comparación en el aire. Ena es listo y procura mantenerse al margen de cualquier problema. Debido a esto su estatus en el samavat asciende y empieza a llevar el chay a las tiendas, un trabajo mucho más agradable. Ena es siempre positivo y ve en todos sus avances un motivo de contento. Todos los días cuando pasa por delante de un colegio espera al recreo: las puertas se abrían de par en par y los niños salían gritando y corriendo a jugar en el patio. Mientras ellos jugaban, yo gritaba dentro de mí y jugaba llamando a mis amigos de Nava. Sólo quiere oírlos para poder dejar correr su fantasía y transformar su realidad. Es su manera de seguir siendo un niño y no olvidar cómo era su vida antes, sin que ésta le haga daño. Pero, en general, la vida de Enaiat está centrada en el trabajo, siempre duro y difícil, en sobrevivir aceptando la suerte que le ha tocado. No hay ni sombra de lamentación ni pena.

Supongo que os habrá pasado que leyendo este libro habréis comparado su vida con la que llevamos aquí nosotros y nuestros hijos. Un abismo. Es difícil desde la comodidad del primer mundo ponernos en la piel de Enaiat y quizá poder entenderlo. ¿No piensa en su madre? ¿No llora? ¿No tiene miedo? Creo que cuando ya has nacido en un lugar difícil y la vida te lo va poniendo cada vez más difícil, no hay lugar para la queja y al miedo lo manejas como puedes, aunque seas un niño (nunca tengo miedo, Enaiat, dijo. Y siempre tengo miedo. Ya no sé distinguir una cosa de la otra). La mera supervivencia, los trabajos de sol a sol, trabajar, comer y dormir, apenas descansar, todo ello creo que te impide pensar en nada, te anestesia, estás demasiado cansado y acaba convirtiéndose en un recurso a tu favor para seguir hacia adelante, eso sí, siempre con un deseo en tu mente que es el que te mueve a continuar. Aceptas tu realidad, no te queda otra, e, incluso, encuentras en ella momentos de alegría. Llevas en tu corazón a todo lo que amas, como en un cofrecito sagrado, pero no lo abres pues si no quizás las fuerzas te abandonen y eso no te lo puedes permitir. La supervivencia de nuevo.

A los seis meses de estar en Quetta, un propietario de un comercio que siempre le trata bien le ofrece ser vendedor ambulante como otros niños y poder ganar un dinero. Lo más importante es intentar que no le roben. Conoce a otros niños hazara, entre ellos a Sufi, que se convierte en su primer amigo. A Ena no le gusta este trabajo: no me gustaba molestar. No me gustaba que me trataran mal. Pero todos (incluido yo) tenemos mucho interés en vivir, y por vivir estamos dispuestos a hacer cosas que no nos gustan. Finalmente Enaiat, después de muchos meses, acaba cansándose. Está harto de que los fundamentalistas o los policías le roben o le peguen, está harto de arriesgar la vida en los atentados de los extremistas que también suceden allí. Y decide irse a Irán pues ha oído que en este país las cosas están mejor que en Pakistán, que hay mucho más trabajo y además son chiítas como él. Sufi decide irse con Ena y Rahim les pone en contacto con un traficante de hombres que será el que les lleve a Irán y les encuentre un trabajo pero, como no tienen apenas dinero, tendrán que pagarle a él sus cuatro primeros sueldos. Ena está conforme pues la perspectiva de tener trabajo al llegar es lo que más le agrada. Entiende las razones del traficante, de alguna manera es su aliado y, más adelante, cumplirá su palabra. O sea, que es un traficante “legal”. Casi todos con los que se encuentre en su viaje lo van a ser. Y será gracias a ellos que podrá cruzar las fronteras de todos los países. Así está montado el negocio. Pero sabemos que, desgraciadamente, no en todos los casos es de esa manera, sino todo lo contrario.

En uno de los diálogos con Fabio que salpican el libro, éste le pide que le cuente sobre los lugares y las personas que ama pero Ena le contesta: no quiero hablar de ellos, ni siquiera de los lugares. No son importantes. Lo importante son los hechos. Lo importante es la historia. Lo que te cambia la vida es lo que te pasa, no dónde ni con quién. Esto explica el porqué en el libro los hechos es casi lo único que se cuenta, pero ¿qué opináis de estas palabras? ¿Creéis que Ena esconde sus sentimientos detrás de esta actitud?

El viaje a Irán, excepto en un tramo, es bastante cómodo y al llegar Enaiat cae muy enfermo. Le cuidan y le medican como pueden y él presa de delirios por la fiebre sí que recuerda su pueblo, la nieve, la mano de su madre, a su maestro… Están dentro de él y el descanso mezclado con la enfermedad le conceden una tregua a tanto trabajo y, claro, se cuelan los sentimientos. En Irán pasará tres años en las ciudades de Isfahán y Qom trabajando primero en la construcción de casas y después en una cantera. Son trabajos duros, de muchísimas horas, sólo tienen medio día libre a la semana, son todos trabajadores ilegales, clandestinos, que apenas salen del lugar de trabajo (La obra era un mundo. La obra era el sistema solar) por miedo a ser detenidos y por lo tanto repatriados o, lo que es peor, enviados a una especie de campos de concentración (lugares sin esperanza), Telisia y Sang Safid, de los que corren historias terribles. Todos los temen. Pero Ena es relativamente feliz, juega al fútbol en la tarde libre con otros niños y se lleva bien con todos, además gana dinero.

Sufi se va antes a Qom y Enaiat le echa de menos, está triste: de la ausencia de una persona te das cuenta por las pequeñas cosas […] Cuando no tienes familia, los amigos lo son todo. Estando allí presencia en una televisión los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas: en una canal había una película con torres que se derrumbaban. Luego sabrá lo que ha sido en realidad, se da cuenta de la gravedad pero para él es más grave no estar con Sufi. Ena está contento a las afueras de Isfahán construyendo casas, además se atreve a salir y conoce a la gente del pueblo que es muy amable: casi pensaba que aquél podía ser un lugar donde vivir para siempre. Un lugar al que por fin llamar casa.

Pero entonces le detienen y le repatrian a Herat, en Afganistán, lo cual no es ningún problema porque Herat está llena de traficantes a la espera de repatriados. Casi no tienes tiempo de dejarte apalear por la policía, cuando inmediatamente te cogen y te llevan de nuevo a Irán. Incluso si no llevas dinero, puedes pagarles más tarde. Está claro que hay un negocio corrupto (muchos policías eran corruptos, por suerte) montado entre los traficantes y la policía en el que todos sacan tajada. Terrible. Pero bueno para Ena que vuelve a Irán, esta vez a Qom, con Safi, a trabajar la piedra. Esta ciudad, de un millón de habitantes, está llena de fábricas de piedras. El trabajo es durísimo: estar bien y evitar ponerse enfermo – como suele gustarle a la gente – era difícil, y no sólo estar bien, incluso seguir vivo era difícil. O entero. Enaiat sufre un accidente terrible cuando una piedra le cae encima del pie. La herida es tan profunda que se le ve hasta el hueso. Pero le hacen terminar el trabajo mientras se desangra porque aquella piedra era importantísima. Cosas así tan duras nos las cuenta como lo más normal mientras nosotros, lectores cómodamente sentados en nuestros sillones, nos estremecemos al leerlas.

¿Os imagináis pasar por algo así? No, es imposible, pero hay millones de personas que sí pasan por esto, que esta es su vida o su muerte. ¿Y nos importa realmente? Lo vemos en las noticias un día sí y otro también pero seguimos con nuestras vidas. Por no tener no tienen ni nombre, sólo son números. Recuerdo alguna escena de inmigrantes supervivientes de un naufragio llegando a las playas del sur de España mientras bañistas en sus toallas ni los miraban… No los tenemos tan lejos, están aquí, en el Mediterráneo, muriendo a centenares, en la valla de Melilla (la famosa foto de la valla en la que están a lomos un puñado de inmigrantes mientras al lado hay un impecable campo de golf donde juegan unas personas ajenas a ellos. Supongo que la habéis visto. Fue hace poco y acaba de ganar un premio importante). ¿Y? Me gustaría que comentarais sobre este tema. La vida de Enaiat nos permite conocer más de cerca a aquellos que son sólo números. Y eso es importante, muy importante.

Dejamos a Enaiat sufriendo una segunda repatriación mucho más dura con los policías disparando sobre ellos mientras intentan huir: cuando dejé de correr porque ya estaba lo bastante lejos, pensé en irme. No quería volver a tener miedo, no. Fue en aquel momento cuando decidí que iba a intentar llegar a Turquía.

Plazos
Comentaremos esta primera parte de la lectura a lo largo de una semana más o menos. Mientras, proseguiremos con el libro a partir del capítulo Turquía (pág. 101) hasta el final de la novela. ¡Espero que vuestros comentarios sean muy numerosos!

En el mar hay cocodrilos. La historia de Enaiatollah Akbari: valor y supervivencia

11 may

Fabio Geda. Foto en flickr de Biblioteca Fondazione Mach. Algunos derechos reservados.

Este es un libro diferente. Para empezar no es una novela, no es ficción, es pura realidad. Es la historia de un viaje muy peculiar. Cinco años en la vida de un niño aparentemente contados por él mismo. Pero hay un intermediario, el escritor Fabio Geda, a quién Enaiatollah Akbari le narra su historia (y también Enaiat en muchas ocasiones parece dialogar con los lectores, se dirige a ellos). Fabio escribe la historia que Enaiat le cuenta (nueve meses de grabaciones y borradores: quedábamos y Ena empezaba a contarme. Yo escribía y luego le pasaba el texto. Y poco a poco se iba acordando de más detalles). Y lo hace como si fuese el mismo niño el que la escribiera. De vez en cuando hay pequeños incisos donde el autor pregunta alguna duda que tiene sobre la historia o algún apunte que quiere hacer pero es una historia en primera persona. Consigue un estilo coloquial, ameno, como si se tratase de literatura oral. Pero debajo de esa aparente sencillez se esconde un libro escrito esmeradamente, está muy medido todo lo que cuenta y sobre todo cómo lo cuenta. Es un estilo muy depurado, muy trabajado aunque nuestra impresión sea la de fluidez. Ese es el gran logro de Fabio Geda. Ya por eso le considero un gran escritor y me apetece leer más cosas de él. En la escritura, y en la narración, hay realidad, toda, pero también poesía. Cuenta cosas a veces terribles pero no hay drama o sentimentalismo en su manera de contarlas, no se detiene en los detalles escabrosos, incluso hay ironía y humor (no se trata de literatura sentimental, no quería que la gente sintiera compasión, explica Enaiat). Va directo a los hechos, prescinde casi de las descripciones, de la caracterización de personajes, de los detalles (será el lector el que irá creando con su imaginación el escenario de los hechos), del entorno (no hay ni una alusión a la realidad política o religiosa de los países por los que pasa Enaiat) y, por supuesto, de los juicios de valor. Va a la esencia: a que conozcamos la historia de este muchacho afgano. La fuerza de esta novela radica en su propia historia, en su contenido. Una historia que se alza como símbolo de muchísimas otras, miles, que están pasando en el mundo que habitamos y a las que apenas prestamos atención cuando aparecen en las noticias. Historias que no tienen nombres. Y para ponerle nombre y toda la realidad Geda escribe este conmovedor y valiente libro.

Siento que hay un acuerdo entre Fabio y Ena para que el libro sea como es. Por supuesto que pienso que hay mucho de Ena en la manera en que el libro está escrito. Lo imagino contándole a Geda sus peripecias y en la esencia el libro es Enaiat. En una reseña del diario La Repubblica dice que la historia tiene una característica muy afgana: una extraordinaria delicadeza. En ningún momento sentimos rencor en las palabras del chico, ni odio, ni lamentación. Enaiat está completamente centrado en lograr salir adelante y encontrar un lugar para él. No olvidemos que cuando comienza la historia es un niño de diez años y cuando termina tiene quince. Pero, como dice Geda, es cuestión de resiliencia: la resiliencia es la capacidad de un material de doblarse sin partirse. Los niños la tienen mucho más que los adultos. Y este libro es la mirada de un niño.

La historia comienza cuando, en un gesto de amor desesperado, su madre le deja solo en la ciudad de Quetta (Pakistán) porque sabe que no hay otra alternativa para él. Estamos en 1999, los talibanes siembran el terror en Afganistán. Enaiat es hazara, el tercer grupo étnico del país (comprenden el 24% de la población), son musulmanes chiitas que están sometidos a la mayoría pastún, musulmanes sunitas, y a los talibanes, también sunitas y con una visión más radical de la religión. A los hazara los desprecian y los persiguen los talibanes por motivos religiosos y por cuestiones tan absurdas como que físicamente carecen de barba. Los consideran impuros. Su dicho es: “¡A los hazara, Goristán!” (“Gor” significa muerte). El gesto de su madre lo resume muy bien el propio Enaiat: una vez en Pakistán, ella decidió que saberme en peligro lejos de ella, pero de viaje hacia un futuro diferente, era mejor que saberme en peligro cerca de ella, pero en el fango del miedo siempre.

A partir de ese momento, Enaiat nos cuenta su asombroso relato de supervivencia a lo largo de cinco años y cinco países: Pakistán, Irán, Turquía, Grecia e Italia. Cada país constituye un capítulo del libro. Cada país es un paso en busca de una vida mejor. Ena es un niño increíblemente maduro (como todos los demás niños que vamos a conocer en su viaje), con gran valor y resistencia y también, hay que decirlo, con mucha suerte. Por el camino irá dejando atrás a otros que no tendrán su misma suerte y que seguramente son igual de valientes. En su viaje hay momentos muy duros y otros de una aparente tranquilidad. Enaiat nunca pierda la esperanza ni la calma, le mantiene con vida su búsqueda de un lugar en el mundo donde haya un espacio para él, un lugar amable donde él sienta que quiere quedarse y construir una vida. A lo largo de ese duro viaje conocerá a personas corruptas y crueles que se aprovecharán de su situación de desventaja pero también a otras personas buenas que le ayudarán mucho. Es muy interesante el concepto de amistad que se forma entre las personas que están en la misma situación que nuestro protagonista, sobre todo los chicos: se necesitan, viven juntos una temporada pero cuando uno decide irse, se despide y, sin más, se va. Son muy importantes esos lazos de amistad, son los que le mantienen con vida, pero, a la vez, la realidad se impone de una manera que a nosotros quizás nos cueste entender. Todos luchan por lo mismo, todos sobreviven lo mejor que pueden, todos maduran a marchas forzadas y, al final, se impone esa realidad tan dura y cada uno sigue su camino.

Un viaje de más de 5.000 kilómetros, en camión, autobús, tren, bote y hasta andando. Trabajos forzosos, detenciones, repatriaciones, muertes, condiciones dramáticas de viaje. Y al igual que hay gente buena, hay mafias que comercian con las vidas humanas, pero es interesante resaltar como Enaiat nunca habla de los traficantes de manera negativa, sino como gente que presta un servicio. En palabras de Fabio Geda: los traficantes de hombres. Aunque parezca monstruoso a nuestros ojos, a los ojos de un niño eran la única esperanza. Traficantes que no les cobran demasiado dinero, no les tratan mal y los llevan al otro lado. Sí, un oxímoron.

Bueno no cuento más del libro porque ya tendremos ocasión de hacerlo cuando lo analicemos a lo largo de nuestra lectura. Sólo deciros que este libro está editado en más de 30 países y sólo en Italia ha vendido más de 200.000 copias. Os dejo tres enlaces a tres entrevistas realizadas al autor y a Enaiat en los diarios El País, ABC y La Vanguardia.

Plazos
Vamos a dividir la lectura en dos partes, la primera nos llevará hasta la página 100 donde finaliza el capítulo de Irán. Lo leeremos a lo largo de una semana. Os pido que en este post sólo dejéis, como siempre, vuestros comentarios iniciales sobre la lectura o sobre lo que aquí he escrito. Ya tendremos tiempo de analizar esta primera parte cuando publique el post correspondiente a ella dentro de una semana. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: EN EL MAR HAY COCODRILOS de FABIO GEDA

29 abr

Fabio Geda es un escritor italiano que ha trabajado durante muchos años ayudando a jóvenes conflictivos. En esta novela nos va a contar la historia real de Enaiatollah Akbari, un joven afgano con una vida más que difícil. Con diez años fue sacado del país por su madre ante la amenaza de los talibanes y abandonado a su suerte en Pakistán. A partir de ahí, comenzará un largo periplo a través de varios países camino al sueño de Occidente.

Un niño atrapado en los momentos dramáticos más importantes de nuestra historia reciente, en Oriente Medio y Occidente, en su búsqueda de un lugar donde crecer. El mundo está lleno de historias como ésta, y nunca tan actuales como ahora, de personas que tienen que huir de su país, sin nada, en las más terribles condiciones y este libro es un buen pretexto para acercarnos a estas vidas tan difíciles.

En la solapa del libro se puede ver una foto del autor con Enaiatollah. Por deseo de Geda, la mitad de la retribución por los derechos de autor del libro es para el joven afgano protagonista de la historia.
Un relato emocionante, lleno de encanto, verdad y magia. Vanity Fair ha dicho un libro bellísimo sobre la dignidad del ser humano y el coraje de sobrevivir.

A partir de mañana jueves 30 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña, disponéis de una semana para conseguir el libro editado por Áncora y Delfín.
No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Rosa candida. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer En el mar hay cocodrilos. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre Rosa candida, podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

Así comienza mi nueva vida, así se crea la realidad

22 abr

Rose Gardens, Hertfordshire, UK. Foto en flickr de ukgardenphotos. Algunos derechos reservados.

Lobbi prosigue su estancia en el pequeño pueblo dedicado a la reconstrucción del jardín. Todo transcurre plácidamente mientras se afana en aprender el dialecto local y mantiene conversaciones sobre los temas que ocupan su mente con el padre Tomás. Entre película y película, todas de gran calidad (algunos de cuyos títulos nos los detalla Anna Cristina en el anterior post), y copita y copita, Lobbi le habla al monje de la muerte, de su cuerpo y su sexualidad y del jardín. El padre Tomás le contesta en un tono relajado y no exento, a veces, de humor: son muy pocos los que se toman el tiempo suficiente para pensar en la muerte. Luego están también los que no tienen tiempo para morir. Ese grupo no hace más que crecer. Eres muy maduro, joven […] La gente se pasa la vida buscándose. Nadie logra encontrar la respuesta definitiva. Y lo cierto es que no me da la sensación de que estés en las últimas. Lobbi lo considera su padre espiritual. Las conversaciones con el monje, durante la estancia en el monasterio del joven, contribuirán en el camino hacia la madurez del muchacho aunque éste no se dé cuenta ya que piensa que si habla con él es para aliviar mi corazón.

Y cuando parece que todo va a continuar transcurriendo con la misma placidez, Lobbi recibe una carta de Anna, la madre de Flora Sol. Lobbi todavía no sabe que su vida va a cambiar radicalmente y que todo lo que va a ocurrir a partir de ese momento le va a conducir a una madurez aún mayor y también a resolver, por lo menos en parte, los temas que le preocupan. Anna tiene planes de irse al extranjero a ampliar sus estudios pero antes tiene que terminar su tesina y le pide al chico que se quede con su hija un mes. Ella irá al pueblo a llevarle a la niña. Precisamente cuando mi vida ha comenzado a rodar sin esfuerzo, el jardín ha sufrido cambios espectaculares y yo he empezado a decir casi automáticamente frases en la nueva lengua, sucede esto. Tenía dos opciones, decir que sí o que no. Nunca se me ha dado bien tomar decisiones categóricas y definitivas que excluyan todo lo demás. Desde luego, no cuando se trata de personas y sentimientos. Lobbi, a pesar de su desconcierto ante tal petición y las numerosas dudas que irrumpen en él, acepta. Se siente responsable de la criatura. Pero aunque acepta siente que sus objetivos: el jardín y poner en orden su propia vida, se van a ver interrumpidos y eso le preocupa.

Aun así, prepara todo para la llegada inminente de las dos. Alquila un piso (mi primera casa, después de la de mis padres), lo arregla, lo llena de flores, compra comida pensando en qué va a cocinar y todo lo que cree necesario mientras se interroga sobre lo que podrá necesitar un bebé de nueve meses. Desde el primer momento que ve a Anna se siente atraído por ella (antes ni se acordaba de qué color eran sus ojos): lo primero que se me ocurre al verla bajar del tren es que habría valido la pena conocerla mejor. Hace tres años ni siquiera me habría dado cuenta de la presencia de una chica como ella por la calle; hoy sería distinto, porque ya no soy el mismo hombre. La niña es una delicia: sociable, risueña, buena, inteligente, muy precoz para su edad… Mi hija extiende los brazos hacia mí. Lobbi se siente feliz, es como si su vida, de repente, cobrara sentido: en cuanto mi hija y su madre han entrado en mi casa, en mi primer intento de crear un hogar, es como si todo se iluminara, como si el piso se llenara de luz. Y, de nuevo, aparece su madre, percibe en la niña su presencia: donde estaba mamá también lucía siempre el sol, hiciera el tiempo que hiciese. De alguna forma, era toda ella luminosa […] Había luz en el cabello de mamá, igual que en el pelo de la niña. Lobbi se hace enseguida a la niña, todo le resulta increíblemente fácil y placentero, pareciera que siempre han estado juntos.

La narración de la novela está plagada de los detalles más nimios pero no por eso se hace pesada. La autora posee el don de narrar con fluidez y un ritmo lento, que no tedioso, todos los acontecimientos. Su prosa es limpia y avanza a pesar de tanto detalle. Es más, nos gustan los detalles, nos hace visualizar todo lo que ocurre. Creo que es la característica más señalada de su estilo. Por ejemplo, ocurre con todo lo referente a Flora Sol. Somos capaces de ver a ese encanto de niña, la manera en cómo gatea o sonríe o alza sus manitas o mira todo con gran curiosidad con sus grandes y expresivos ojos. Otra característica de esta novela es la empatía que la autora logra que sintamos con los personajes. Nos reconocemos en cosas de cada uno de ellos, nos gustan, los cogemos cariño, los entendemos. ¿Qué opináis vosotros?

Pero todavía va a haber más cambios. Anna decide finalmente quedarse con ellos mientras termina la tesina. Lobbi, que cada vez la ve más guapa, se siente contento a pesar de lo deprisa que está cambiando su vida: y pese a todo, en lo más hondo, de una forma extraña e indefinida, estoy encantado. Lobbi quizá piense que las cosas suceden sin que uno pueda hacer nada para evitarlo o prepararlo. Ambos se organizan para estar con la niña y poderse dedicar cada uno a sus quehaceres. En poco tiempo, el Lobbi que se sentía tan ajeno a formar un hogar, sólo con sus plantas, y una familia, se adapta entusiasmado y con gran facilidad a ambas cosas. Anna, en cambio, de vez en cuando parece ausente, es como si le preocupasen más sus estudios: me preocupa la fugacidad de sus momentos de alegría. No sabemos bien lo que quiere Anna ya que el punto de vista es siempre el de Lobbi.

Los dos se van conociendo con un ritmo pausado, como todo en la novela. A menudo Lobbi piensa en el invernadero donde concibieron a Flora Sol. El invernadero: el lugar más importante de la vida del muchacho, donde han pasado las cosas más decisivas de su vida. Mientras, la niña es como un don que les hubiera concedido el cielo. Como algunos habéis apuntado, la religión está muy presente en la historia. La niña se parece increíblemente a una pintura del niño Jesús que hay en la iglesia y que todos los días van a ver. Cuando van, Flora Sol se queda mirando fijamente a ese niño. Todo es como un milagro, hasta la luz que irradia la niña: es como si la niña estuviera siempre nimbada de luz, y no soy el único que se ha dado cuenta del brillo que rodea a mi hija. Además, la gente que está en contacto con ella sana de sus enfermedades: la vecina, la amiga de la vecina… Está radiante, yo soy un padre radiante y no puedo esperar a que Anna vuelva de la biblioteca para compartir con ella mi orgullo de padre. También me gustaría que mamá pudiera ver a su nieta, querría que mamá pudiera verme en mi papel de padre. ¿Le habría gustado Anna a mamá? Lobbi sigue en contacto con su padre a través de las llamadas telefónicas: me conmueve hablar con papá, nuestras conversaciones me despiertan toda clase de sentimientos. Siempre existe la posibilidad de que detrás de lo que dice esté acechando algún otro significado, que lo que realmente quiere transmitir esté muy por debajo de la superficie. El amor inunda a Lobbi: su hija, su madre, su padre, su hermano, Anna… Y Flora Sol es una niña confiada que ama todo lo que le rodea, igual que su padre: mi hija parece tan buenecita y siempre demuestra, incluso cuando sería preferible que no lo hiciera, un gran amor al mundo; nada le gusta tanto como dar palmas y acariciar a cualquier ser vivo que se ponga a su alcance. La niña madura a una velocidad asombrosa. Comienza a andar y Anna se da cuenta de que Lobbi tiene mucho que ver con todo esto. Ella siente una gran responsabilidad por ser madre.

Lobbi sigue preocupado por el aire ausente de Anna a pesar de que también es cariñosa y alegre. Se cuestiona lo diferentes que son los hombres de las mujeres y se pregunta qué es lo que le pasa a la madre de su hija. Él se siente cada vez más atraído por ella: admito que se me ha pasado por la cabeza la posibilidad de que algo pueda nacer entre la madre de mi hija y yo […] No soy dueño de mi mente, pero de pronto siento deseos de acostarme con ella. Lobbi se está enamorando perdidamente: me siento tan desaforadamente feliz que no puedo ocultarlo. Me pilla totalmente por sorpresa el absurdo grado de mi alegría, como si estuviera descubriendo a Anna por primera vez. Finalmente comienzan una relación sexual que va in crescendo pero de la que no hablan: siento que no es posible aproximarse tanto a una mujer, que ella esté dentro de mí y yo dentro de ella. La quiero locamente y no me importa lo más mínimo que tengamos una hija juntos: ella es nueva y distinta […] ¿Qué haré con esta nueva intimidad? Es la primera vez que no me marcho después de acostarme con una chica. Lobbi lo habla con el padre Tomás que, de alguna manera, ocupa el lugar que ha dejado vacío su madre.

Lobbi está expectante. No hablan de lo que está pasando y él, de vez en cuando, continúa sintiendo ausente a Anna, no en la cama, sino durante la vida del día a día. Por fin hablan a instancias del chico y Anna le dice: no te enamores de mí, no sé si seré capaz de estar a tu altura. Anna se va, ya ha terminado lo que puede hacer allí y le confiesa que aunque él le parece un chico estupendo, bueno y generoso, ella está confusa en su interior: siento que tengo tantas cosas que hacer antes de poder convertirme en madre […] Es sólo que no estoy preparada para tener un niño […] Te quiero muchísimo, pero deseo estar sola un tiempo, unos años para encontrarme a mí misma y terminar los estudios. Creo que soy demasiado joven para fundar una familia. Ahora entendemos lo que le pasaba a Anna. Le confiesa que percibe que la niña y él tienen su mundo privado al que ella no pertenece y que se siente de más. Lobbi siente desgarrarse por dentro pero no pierde la compostura. Anna le pide que se quede con Flora Sol, se da cuenta de que no puede separarlos. Perdona. Dame seis meses. Son sus últimas palabras. Y se va. Lobbi, tranquilo, ya que todo queda abierto y tiene a la niña con él, decide volver con Flora Sol a Islandia, pero antes, en una última visita a la iglesia tiene una visión: miro directamente hacia la luz, hacia la claridad cegadora, y entonces es cuando la veo en lo más alto del ventanal del coro: la rosa purpúrea de ocho pétalos, exactamente cuando el primer rayo atraviesa la corola y se posa en la mejilla de la niña. La rosa candida. Y la luz, siempre la presencia de la luz. La luz que es la vida.

Plazos
Acabada esta hermosísima novela, es hora de comentarla. Disponéis de una semana más o menos para comentar esta segunda parte y toda la novela en general. Espero que los comentarios sean muchos y muy variados. Esta novela te deja un poso de bienestar que perdura: amor por la vida, por las cosas más sencillas así como por las más fundamentales.

James Ellroy en A Coruña dentro del ciclo Libros en directo

15 abr

Cuando me enteré de que el mítico escritor estadounidense James Ellroy (Los Ángeles, 1948), maestro de la novela negra americana, venía a Coruña, no me lo podía creer. Admiro, casi venero, a este escritor, sobre todo sus novelas autobiográficas Mis rincones oscuros y A la caza de la mujer, ambas las dos altísimamente recomendables, pero también todo el resto de su obra, la mayoría de género policiaco. Cada vez que leo un libro de Ellroy es como si se produjese un milagro. Escriba de lo que escriba, su estilo es único, intenso, escueto, cortante, poético pero también brutal, todo él rezuma verdad. Es la verdad así a secas, como si te dieran un golpe en mitad del cerebro.

Mañana, jueves 16 estará en el Centro Ágora a las 20.00h para presentar su última novela Perfidia (Alfaguara, 2015) dentro del ciclo Libros en directo que coordina Pedro Ramos. La entrada es libre hasta completar aforo.

Con esta nueva novela, James Ellroy vuelve a los escenarios y al universo de lo que fue su mayor éxito literario: el Cuarteto de Los Ángeles; compuesto por La Dalia Negra, El gran desierto, L.A. Confidencial y Jazz blanco (algunas de ellas llevadas al cine con gran éxito). En ellas presentaba de un modo descarnado el mundo del crimen durante la segunda mitad de los años cuarenta y los cincuenta, en una América que salía de la Segunda Guerra Mundial. Sus personajes decadentes y carentes de esperanza lo han llevado a ser denominado el “Demon Dog of American Crime Fiction” (el perro demoníaco de la novela negra americana).

Perfidia, que es el primer volumen de lo que será el segundo Cuarteto de Los Ángeles, arranca en esta ciudad el 6 de diciembre de 1941, en un Estados Unidos al borde de la Segunda Guerra Mundial. La noche anterior al ataque japonés de Pearl Harbor y en una escalada creciente de rencor hacia los japoneses, los cuerpos de una familia de clase media nipona son hallados sin vida en su hogar. Todo parece indicar que la familia Watanabe se ha suicidado a través del ritual del Seppuku, pero hay otros indicios que apuntan al asesinato. El departamento de policía de Los Ángeles sospecha que detrás de estas muertes se esconde una trama relacionada con el ataque a Pearl Harbor y la existencia de una quinta columna japonesa. A nivel político, el caso se convierte en la patata caliente del descontrolado y corrupto departamento de policía al cual el FBI investiga a través de un sistema de escuchas secretas. La guerra y el caso Watanabe pone patas arriba una ciudad donde reinan el caos, las largas colas de reclutas voluntarios, los cortes de luz y las redadas contra la población americana de origen japonés.

Busco las palabras adecuadas para esta nueva etapa de mi vida

14 abr

Rosa candida. Foto en flickr de pippo.baron. Algunos derechos reservados.

Lo primero que nos dice Lobbi es que se va del país y que se va a llevar unos esquejes de rosas. Ya desde las primeras líneas aparecen su padre, de setenta y siete años de edad, su hermano gemelo Jósef, mentalmente atrasado, y la omnipresencia de su madre, muerta recientemente, a través de los platos que cocinaba, y que su padre quiere recuperar, y de su afición a la jardinería, especialmente a las rosas. Son una familia sencilla, el padre electricista y la madre ama de casa dedicada a su jardín, a la cocina y a sus “hombres”. Se quieren, son silenciosos y bastante especiales, en el buen sentido, todos ellos. A continuación aparecen la hija de Lobbi, Flora Sol, y su madre con la que no le une más que la cuarta parte de una noche, una quinta parte se acercaría más a la realidad. El padre está aferrado al recuerdo de la madre y no cesa de mencionarla. También desde el primer momento hay casualidades, a las que el padre, no así Lobbi, les da una importancia clave y nada casual: el cumpleaños de mamá, el día del nacimiento de su nieta y el día del fallecimiento de mamá, todo en la misma fecha del calendario, el siete de agosto. Más adelante sabremos que la madre de Lobbi y la madre de Flora Sol se llaman igual: Anna. ¿A qué creéis que se deben estas casualidades? ¿Azar o destino? ¿Qué nos quiere decir la autora?

Lobbi, de 22 años, ha sido un excelente estudiante toda su vida y después de cuatro meses trabajando en un pesquero en alta mar se va a otro país a reconstruir un jardín. Quiere ser jardinero, estar en contacto con las plantas al aire libre (decisión en la que tiene mucho que ver la relación que ha mantenido siempre con su madre: el jardín, ella y él como un todo indisoluble): me siento más a gusto en la tierra mojada, es muy distinto poder tocar plantas vivas […] Mi interés está en lo que crece de la tierra fértil. Aunque Lobbi no está seguro de casi nada (claro, que tampoco puedo ir y contarle a mi electricista que a lo mejor no sé lo que quiero, que puede ser difícil decidir algo así de una vez por todas, en un determinado momento de la vida), se cuestiona todo, duda pero, a la vez, su decisión de marcharse es lo único que parece que tiene claro: al principio me dirijo hacia el sol, no puede ser más simple. Quizá aún me esté buscando a mí mismo, pero al menos sé adónde voy. Su equipaje es ligero y lo más importante son los esquejes de las rosas que cuida con mimo a lo largo de todo el viaje. Asimismo, en el capítulo cinco nos deja claro los temas que le obsesionan y que serán un leitmotiv en toda la novela: soy un hombre de veintidós años de edad, y varias veces al día he de enfrascarme en pensamientos sobre la muerte, en segundo lugar, sobre el cuerpo, tanto el mío propio como el de los otros; y en tercer lugar, sobre rosas y otras plantas.

Esta primera parte es como una road movie de ritmo muy suave en la que el chico va narrando con todo detalle lo que ocurre, poniendo la atención hasta en las cosas más nimias: cuando amanezca de verdad, ya me habré alejado de la pardusca nieve sucia, la sal de la tierra permanecerá como mucho en forma de un círculo blanco en la puntera de mis zapatos. Hay hermosas descripciones, casi poéticas principalmente sobre la naturaleza: puedo contemplar los pájaros que se posan regularmente en los violáceos picos de lava en los variados colores del alba hasta donde alcanza la vista, una capa de color encima de otra, como una trágica composición musical in crescendo. El transcurrir del viaje está jalonado de frecuentes flash-back. Como dice Silvia acertadamente: “las analepsis están utilizadas para entrar en el recuerdo y en el pensamiento / conciencia interna de Arnljótur”. A través de ellas sabremos quién era su madre para él y el importante papel que ocupaba en la familia, la difícil y finalmente lograda construcción de su jardín (al final, todo crecía en el jardín de mamá, en sus manos todo echaba firmes raíces), cómo fue su trágica muerte en accidente de coche (emotiva escena que te pone los pelos de punta en la que la autora nos hace partícipes de la llamada teléfonica que la madre hace mientras se está muriendo para darles paz y tranquilizarlos), cómo fue su encuentro sexual en el invernadero con Anna y cómo se enteró de que iba a ser padre asistiendo incluso al nacimiento de su hija a pesar de no tener nada más que un encuentro casual con la madre durante el embarazo (hermosísima la noche que Lobbi pasa al lado de su hija recién nacida tomando conciencia de su paternidad y del milagro de la vida: examiné con detenimiento a la niña, me la bebí). Es importante resaltar que incluso en los flash-back la autora usa el tiempo presente. Me gustaría preguntaros qué opináis vosotros de esta elección en el tiempo verbal para narrar la historia.

La acción como he dicho transcurre lentamente. Lobbi toma un avión pero una inesperada apendicitis (que le hace pensar inicialmente que va a morir. Otra vez la muerte y reflexiones interesantes sobre ella) le obliga a tener que operarse en la ciudad a la que llega y convalecer en casa de su amiga del colegio más días de los que había planeado. La operación funciona también a modo de símbolo, es como el resurgir de un nuevo Lobbi, la madurez, la cicatriz, las marcas que deja la vida: no soy sino este nuevo cuerpo con cicatriz. Sensaciones, recuerdos y sueños no son ya lo que hacen que yo sea yo, sino que soy sobre todo un cuerpo de varón hecho de carne y hueso. La presencia de las mujeres es clave en el viaje: las azafatas y la pasajera del vuelo, las enfermeras que lo cuidan, su amiga con la que acaba compartiendo cama pero nada más, la vecina de su amiga a la que observa desde la ventana, la hija del dueño del restaurante-hotel a la que lleva en coche a su ciudad… con todas se plantea el tema del cuerpo, o sea del sexo, pero no hace nada por tenerlo, todo queda en su pensamiento. Se cuestiona qué lugar ocupa respecto a ellas: no estoy igual de seguro de si sería capaz de protegerla de lo que ella pudiera temer. Por regla general, las chicas tienen mucho más que decir que yo […] No es la primera vez que le pido a una mujer que decida por mí. Una vez repuesto, alquila un coche y comienza el viaje al monasterio de la rosaleda del que sólo sabemos que está en el sur. Todo el mundo es amable con él, como ocurre en el restaurante donde para a cenar y termina degustando numerosos y exquisitos platos (de nuevo la comida) por un módico precio. Duerme allí y continúa el viaje llevando a la chica, que estudia arte dramático, hasta su ciudad. En el largo viaje es cuando más flash-back hay, especialmente sobre la situación de su paternidad inesperada. Todos los recuerdos que Lobbi tiene ocupan un lugar en su viaje que en realidad es un encuentro consigo mismo. Y, a modo de anécdota, a casi todas estas mujeres acaba enseñándoles la foto de su pequeña hija de seis meses y medio dando lugar a una cómica situación sobre la ausencia del pelo de la niña, comentario que le enfada mucho al muchacho.

Lobbi se siente diferente a los demás hombres: yo no soy un manitas como los hombres de familia, que entre todos saben hacer de todo […] Yo no soy de esa clase de hombres. No concibe el concepto de hogar ni su lugar, como hombre, en él: cuanto más pienso en la posibilidad de fundar un hogar, tanto más claro veo que eso no es para mí. Otra cosa sería el jardín, podría pasarme tardes y noches enteras yo solo en el jardín. Lobbi es un hombre diferente. La autora nos quiere dejar claro que otro tipo de hombre es posible y Lobbi sería un buen ejemplo de él. Más adelante, en la segunda parte, veremos cómo se desarrolla este tipo de hombre.

Durante el viaje con la estudiante de arte dramático presencian un espantoso accidente de carretera. A pesar de lo terrible del hecho, hay belleza en lo que contemplan y en su reacción de apoyo mutuo: ahora que hemos sido testigos los dos de un accidente mortal, se puede decir que compartimos una experiencia vital […] nuestras vivencias comunes de las seis últimas horas, lado a lado en el coche, abarcan dos de los sucesos más importantes de la existencia humana: el nacimiento y la muerte, el principio y el fin. Si ella me preguntara con gesto decidido durante los cien últimos kilómetros del viaje si querría acostarme con ella, yo no me negaría. Los tres grandes temas en unas pocas líneas: la vida, la muerte y la sexualidad.

Finalmente llega a su destino. En el camino se ha ido encontrando con gente amable: la gente es increíblemente amable, yo soy de la opinión de que, en el fondo, el ser humano es bueno y honrado por naturaleza, si las condiciones se lo permiten, y que la gente suele hacer las cosas lo mejor que puede. Esta es una de las filosofías principales de esta novela. El pueblo es hermoso. Sobre una elevación rocosa, el monasterio al que se dirige está en lo más alto del roquedal. Los colores del lugar le recuerdan a la ropa que viste su hermano Jósef. A pesar de haberse ido, Lobbi echa de menos a su padre y a su hermano, los llama con mucha frecuencia, está muy unido a ellos y los quiere. En la aldea hablan un dialecto casi extinto que él está dispuesto a aprender. El padre Tomás, el superior del convento, le acoge con calidez. Es un personaje peculiar que habla numerosas lenguas cuyo hobby es ver películas de calidad en versión original (hay de todo menos películas de Hollywood) y siempre le invita a Lobbi a una copita de licor.

El joven va descubriendo al pueblo y a sus habitantes. En la iglesia encuentra una pintura de María con el niño Jesús, un niño que se parece increíblemente a su hija. Por fin está en el umbral de una de las rosaledas más famosas del mundo […] Mamá me enseñó el primer libro sobre la rosaleda cuando yo era sólo un chavalito, y en cualquiera de los que leído desde entonces sobre el cultivo de las rosas, en todas partes se menciona el jardín de los monjes, alejado de todo. Pero la rosaleda más famosa del mundo ya no es ni sombra de lo que fue y Lobbi se dispone a recuperar aquel maravilloso jardín de rosas. Es para lo que ha venido. Mentalmente visualiza todo lo que tiene que hacer para conseguirlo. Lo tiene claro. Se pone manos a la obra. Tiene trabajo para dos o tres meses pero me parece bastante probable que dentro de dos o tres meses no haya conseguido llegar a ninguna conclusión sobre mi vida. Me siento bien en el jardín, es agradable gozar la soledad entre los macizos de flores para reconocer los propios deseos y las propias aspiraciones. Lobbi está bien situado y, en el centro del jardín, luce con brillo propio la reina de todas las rosas: la Rosa candida.

Plazos
Es vuestro turno para comentar esta primera parte. Espero que los comentarios sean muy numerosos. Disponéis de una semana más o menos para hacerlo. A la vez que comentamos todo lo que se nos ocurra, seguiremos leyendo el libro desde el capítulo treinta y ocho (página 141) hasta el final de la novela.

Rosa candida: un viaje de crecimiento personal

3 abr

Un nuevo viaje. Iceland. Foto en flickr de anieto2k. Algunos derechos reservados.

Audur Ava Ólafsdóttir es una escritora islandesa nacida en Reikiavik en 1958. Trabaja como profesora asistente de Historia del Arte en la Universidad de Islandia y dirige también el Museo de la Universidad. Rosa candida es su tercera novela y, además de conseguir numerosos premios, ha sido un gran éxito de crítica y de ventas tanto en su país como en todos aquellos otros en los que ha sido publicada. Creo que es una magnífica oportunidad de descubrir la literatura islandesa, tan desconocida para nosotros, excepto las novelas de género negro de Arnaldur Indridason, muy recomendables, por cierto.

Ésta es una novela abierta, yo diría que muy abierta, tanto en la manera en que está escrita como en los acontecimientos que suceden. Su estilo es diferente al que estamos acostumbrados en un autor europeo. Mezcla de poesía y descripciones de los más nimios detalles, su prosa está impregnada de una gran originalidad en la narración de los hechos. Se calla más que se dice pero en lo que se dice intuimos de una manera muy sutil verdades muy profundas. Es fácil de leer pues su estilo es sencillo y depurado y posee un tono optimista hacia la vida que se agradece. Todo transcurre suavemente y apenas hay grandes acontecimientos o giros en la narración, así como tampoco tensión o dramatismo.

El joven de 22 años, Arnljótur Porir al que su padre llama a lo largo de la novela con los apelativos cariñosos de Lobbi, Addi o Dabbi, ha decidido dejar su hogar en la helada Islandia, el malpaís (rocas erosionadas de origen volcánico en un ambiente árido), a su hermano gemelo autista, Jósef y a su padre casi octogenario. Su madre, mucho más joven que su padre, ha muerto hace poco en un trágico accidente de coche lo que le ha dejado un profundo vacío, pero a Lobbi le une sigue uniendo a ella un fuerte lazo. Creció muy unido a ella sobre todo pasando mucho tiempo en el invernadero y en el jardín a los que su madre se dedicaba con mimo consiguiendo hacer crecer la vida en medio de la aridez de esa tierra. Lobbi ha aprendido desde muy niño todo lo referente a la jardinería ayudando a su madre y, a la vez, todo lo ha compartido con ella. Su madre cultivaba una extraña variedad de rosa: la rosa candida (nombre en latín, sin acento), de ocho pétalos y sin espinas, de ahí el título (la rosa candida es un símbolo de lo infrecuente, lo aislado y por salvar, de lo efímero que puede volver a renacer). Arnljótur tiene una niña de meses, Flora Sol, fruto de un fortuito y corto encuentro con Anna que no es ni su novia ni siquiera su amiga. Y el joven decide viajar a otro país (nunca se nos dirá su nombre), a un antiguo monasterio donde existe una legendaria y mítica rosaleda, famosísima en el pasado, que ahora está abandonada y muy deteriorada. Arnljótur va a recuperar esa rosaleda pues su deseo es dedicarse a la jardinería. Su padre no está de acuerdo pues quiere que estudie en la universidad. El viaje a este destino y su estancia en él se convertirán en un viaje en busca de su identidad lo que le hará madurar y convertirse en un hombre. Lobbi no puede encontrarse a sí mismo en ese país árido donde la ausencia de la madre muerta no le permite hallar la esperanza y la fuerza para continuar.

Podríamos dividir el libro en dos partes: la primera parte del libro cuenta el viaje hasta llegar al monasterio como si se tratase de un road movie donde va encontrándose con buenas personas (la mayoría mujeres) que siempre le ayudarán a continuar . En él el recuerdo de su madre y de su hija, a la que apenas conoce, siempre están presentes. Está algo perdido pero ha tomado una decisión y actúa en consecuencia. La segunda parte nos narra su estancia en el monasterio que está en un pequeño pueblo. Cómo va arreglando el jardín, cómo se va relacionando con la gente (para ello aprende un minoritario dialecto que hablan allí) y sobre todo con el padre Tomás, superior del monasterio, que habla 19 lenguas y conoce otras 15 más, con el que tendrá interesantes conversaciones sobre la vida. Esta parte destila optimismo, conciliación y paz. Hay algo importante que pasará allí pero no lo adelanto para no desvelar el único giro, vital, que tendrá lugar en este pueblo.

Escrita en primera persona, el punto de vista es el de Arnljótur, en presente y en cortos capítulos, Rosa candida es una novela sensorial, sutil, simbólica, emotiva, intimista, auténtica, optimista, positiva, delicada, cándida (como la rosa) y aparentemente sencilla pues esconde mucha profundidad. Destila bondad, tranquilidad, sencilla belleza (la belleza de las cosas más pequeñas pero por eso tan importantes), silencio, serenidad, melancolía, espiritualidad… Es una novela llena de sentimientos, silencios y gestos. Todo ello lo utiliza la autora para narrarnos el viaje de crecimiento personal del joven Lobbi, la asunción de su paternidad tan inesperada así como la muerte de su madre también inesperada y más cosas que no desvelo por ahora. La relación con su padre es algo a resaltar en la novela. Es muy sutil y profunda a pesar de que a veces se sienta incómodo con él, al principio de la novela, o después a través de las llamadas telefónicas. Pero ambos se necesitan mutuamente y se quieren profundamente. Más borrosa queda la figura de Jósef, el hermano autista, tan diferente incluso físicamente, del que Lobbi se ocupó en su infancia ya que era el gemelo mayor y al que indudablemente quiere. Pero Arnljótur creció más unido a la madre, y Jósef, al padre.

En la búsqueda del joven aparecen reiterativamente varios temas: las plantas, las flores (la jardinería), la paternidad, la muerte y lo que él denomina el cuerpo, su consciencia de él y el de los demás, que le conduce directamente a su sexualidad. Todo ello lo hablará con el padre Tomás lo que le llevará a madurar. Y el cine, presente a través de la cantidad de películas de calidad que ve el padre Tomás, le servirá a éste, a falta de experiencia personal en esos temas, para instruirle sobre la vida. Asimismo, hay una presencia continua de la gastronomía, la manera de preparar los platos que su madre cocinaba y que su padre quiere recuperar o cómo Lobbi aprende a cocinar en el monasterio. Esa cotidianeidad de algo tan básico hace poner los pies en la tierra al joven.

Como dice la autora en una entrevista, lo que la movió a escribir esta novela fue trasmitirnos un nuevo concepto de hombre: mi libro es una oda al hombre, a la nueva masculinidad; es totalmente antivikingo. Los padres son tanto o más importantes que las madres, si se dieran cuenta de ello tendríamos un mundo mejor… Aquí sabemos de eso: los vikingos dejaban a sus familias para ir a robar y violar, destrozaban hogares y luego volvían al suyo a descansar. Y en otra afirma: en la novela hay dos temas fundamentales: la muerte y el cuerpo. El protagonista es un hombre que es a la vez hijo, hermano, padre y amante y vive una historia de amor que no se desarrolla en el orden establecido.

Una novela llena de pétalos, una novela que se huele, se siente, se toca, se vive a través de los sentidos en la que está continuamente presente la esperanza en la naturaleza humana.

Os dejo una serie de enlaces para conocer mejor la obra y a la autora. En primer lugar una crítica del diario El País, titulada: Un libro contra el hombre vikingo. A continuación, otra del ABC titulada: La escritora islandesa que leía a Roberto Bolaño. Un dossier sobre Rosa candida de la editorial Alfaguara. Y, para finalizar, sendas entrevistas a la autora con motivo de la publicación de otros dos de sus libros: La excepción, entrevista en todoliteratura, y La mujer es una isla en el diario ABC.

Plazos
Vamos a dividir la lectura en dos partes. Leeremos, a lo largo de una semana, la primera parte que nos llevará hasta el final del capítulo Treinta y siete (pág. 140, inclusive). En este post podremos ir dejando comentarios generales sobre lo que nos va sugiriendo la lectura. Cuando publique, al cabo de esa semana, el post de análisis de esta primera parte ya nos explayaremos más en los comentarios sobre ella.

Nuestro próximo libro: ROSA CANDIDA de AUDUR AVA ÓLAFSDÓTTIR

25 mar

Damos un giro de casi 360 grados para irnos a Islandia de la mano de una escritora en pleno desarrollo de su oficio. Rosa candida es la tercera novela de Audur Ava Ólafsdóttir. Publicada en 2007 ha cosechado numerosos premios fuera y dentro de su país por motivos tales como: rompe con los moldes tradicionales sin dejar de ocuparse de los conflictos filosóficos básicos, o por el atractivo de sus múltiples capas de significado y su creación de un nuevo paradigma masculino.

Los críticos han dicho de ella: Un encanto muy difícil de igualar. Una delicadeza y una autenticidad impropias de nuestra época. (Elle). Un humor a la vez barroco y ligero irradia a lo largo de toda esta historia, donde nada ocurre como debiera o sería esperable. Lo que afirma este libro con gran belleza es que nos asustamos más de lo razonable, y que retorcemos las cosas hasta caer en una tristeza infundada. (Le Nouvel Observateur). La muerte, el deseo, las rosas: la alquimia de una novela que causa asombro página tras página, y que suscita una enorme admiración por quién la ha escrito. (Paris Match). La exótica Audur Ava Ólafsdóttir ha pulido en la penumbra boreal esta fantástica novela, una delicada joya donde la vida tiene el perfume de las flores. (L’Express).

El protagonista, el joven Arnljótur, decide abandonar su casa, a su hermano gemelo autista, a su padre octogenario y los paisajes crepusculares de montañas de lava cubiertas de líquenes. Este es el inicio de esta historia. No adelanto más. Ya habrá tiempo para ello. Pero la novela promete, y mucho. Otro mundo y otra manera de contar una historia.

A partir de mañana miércoles 25 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de una semana más o menos para conseguir el libro editado por Alfaguara.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Los mares del Sur. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer Rosa candida (así sin tilde. Es el nombre de un tipo de rosa). Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre Los mares del Sur, podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 169 seguidores