Los mares del Sur: metáfora de la huida al paraíso

26 feb

Según cómo se mire, ésta es la tercera o la cuarta novela de la saga dedicada por Manuel Vázquez Montalbán al detective Pepe Carvalho. Y digo esto porque en Yo maté a Kennedy (1972) Carvalho, agente de la CIA en aquel momento, aparece por primera vez como personaje secundario. Será con la siguiente, Tatuaje (1975), con la que se inicie la saga realmente dicha y en la que el ya detective es el protagonista. A continuación vendrán La soledad del mánager (1977) y Los mares del Sur (1979), la novela que vamos a leer. Vázquez Montalbán le dedicó a su personaje un total de 16 novelas, las dos últimas póstumas.

Con Los mares del Sur, Vázquez Montalbán conseguirá premios, fama y muchos lectores. Es quizás la novela más leída y más traducida de la saga Carvalho. A partir de su publicación, Montalbán se convertirá en un escritor muy popular en España y fuera de ella. Periodista desde sus inicios, Vázquez Montalbán, fue un intelectual y escritor muy reconocido en todo el mundo.

La acción de la novela se desarrolla en el mismo tiempo en que está escrita: los tiempos de la Transición en España y, más concretamente, en 1979, en las vísperas de las primeras elecciones municipales de la democracia. La Transición que nos muestra Vázquez Montalbán en esta novela es una época difícil, heredera del franquismo, en la que la crisis económica y social campea a sus anchas así como la especulación, sobre todo del ladrillo, y la corrupción, más oculta que en los tiempos actuales en que vivimos. Los empresarios en aquellos momentos se enriquecieron impunemente construyendo barrios periféricos para las clases obreras con materiales baratos y sin estar dotados apenas de las infraestructuras más básicas. El autor ya supo ver desde los inicios de la democracia el desencanto que se avecinaba ante las grandes expectativas creadas por el fin de la dictadura. Es curioso comprobar, al leer la novela, cómo no ha cambiado tanto la sociedad española. Treinta y seis años después seguimos casi igual. La novela resulta muy actual. Resiste muy bien el paso del tiempo.

Podríamos decir que las novelas protagonizadas por Carvalho son novelas negras o detectivescas, aunque su autor siempre prefirió llamarlas novelas a secas, sin etiquetas. Y es que van más allá de novelas donde se resuelve un crimen, tanto por la trama como por lo que la rodea. En estas novelas hay un gran componente social y político no exento de crítica, hay cultura, literatura, reflexiones sobre la vida casi filosóficas y hay comida, mucha, y bebida, también mucha. Y un gran componente moral.

Los mares del Sur es una novela de personajes y de acción. Junto al verdadero protagonista, Carvalho, aparece una Barcelona que se convierte en personaje importantísimo: sus calles, sus bares, sus restaurantes, sus tiendas, sus barrios… Hay una plasmación perfecta de la ciudad y de su estratificación social. En la novela se nos van a mostrar tres clases sociales muy diferentes: la clase alta, la clase obrera y el mundo marginal, con sus diferentes barrios, sus diferentes costumbres y su diferente lenguaje. Toda una galería de personajes y ambientes muy bien definidos que retratan brillantemente la sociedad de finales de los setenta en Barcelona y por extensión en España.

Sobre el detective Pepe Carvalho se ha escrito mucho, incluso el propio autor escribió un artículo titulado: Carvalho y yo: ¿quién es el asesino? a los veinticinco años de la creación de su personaje. En él afirma: las novelas de Carvalho, más allá de la transición española, trazan el viaje desde la edad de la inocencia de la década de los sesenta a la edad de todos los empleos precarios y desempleos estables, esta globalizada edad de la desesperanza. Trasunto del autor, Carvalho le sirve a Montalbán para retratarse y retratar lo que le rodea. Ex-comunista, ex-agente de la CIA, detective privado después en un despacho de 30 metros en el corazón de las Ramblas, investiga todo tipo de delitos junto a su fiel ayudante y cocinero Biscuter, su Watson particular. Vive en una pequeña villa alquilada en Vallvidrera, a las afueras de Barcelona lo que le concede un excepcional punto de vista para la evaluación crítica de una sociedad descompuesta. Está dentro, pues conoce el Barrio Chino y las Ramblas, y sus personajes (como su confidente el limpiabotas Bromuro), al dedillo, y está fuera cuando se retira a su casa desde donde puede poner la distancia necesaria para sus análisis y reflexiones. Carvalho, calificado por Montalbán como un “outsider”, es un hombre solitario, complejo, contradictorio, irónico, llegando en ocasiones a ser sarcástico, crítico, pesimista, escéptico, hedonista y sibarita, tierno y sentimental cuando lo requiere la ocasión… En Los mares del Sur lo encontraremos sumido en una crisis existencial que intenta paliar a través del sexo y la comida. Ambas cosas le atenúan el escepticismo y le ayudan a vivir. Al principio de la novela se comprará una perra, Bleda, en un intento de humanizarse. Además de Biscuter, está Charo (que en esta novela sale poco), una prostituta con la que mantiene una relación intermitente y no exclusiva. Carvalho posee la extraña y conocida afición de quemar su inmensa biblioteca en la chimenea. Cada noche un libro cuidadosamente escogido. En Asesinato en el Comité Central afirma que su etapa de comprador de libros terminó a principios de los años 70 cuando se sorprendió a sí mismo esclavo de una cultura que le había separado de la vida. En esta novela hay mucha crítica en la que ridiculiza al mundillo cultural y literario en particular. Asimismo, al ser un buen gourmet, hay una exaltación del placer de comer los más diversos platos (con recetas incluidas) desde lo más exquisito a lo más popular, como la paella valenciana. Comidas regadas con abundante vino. Hay mucho alcohol también en el mundo de Carvalho.

El personaje del detective se basa en los detectives norteamericanos (Philip Marlowe, Sam Spade…) creados por Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Chester Hymes y Ross McDonald, los padres de la novela negra estadounidense: duros, cínicos, solitarios… pero Montalbán lo hace, a la vez, muy nuestro: su crisis, su vasta cultura, su condición de gourmet, su quema de libros, su ironía, su sarcasmo, las múltiples referencias literarias, culturales y políticas, el reflejo de la realidad social, el sexo muy presente en su vida que muestra con un lenguaje erótico muy crudo… y sobre todo su carácter contradictorio que lo humaniza.

Del argumento no voy a adelantar mucho pues hay demasiado misterio que no conviene desvelar: un importante y rico hombre de negocios, Carlos Stuart Pedrell, aparece muerto a navajazos en un barrio extremo de la ciudad cuando desde hace un año todo el mundo lo suponía haciendo un viaje por la Polinesia. Su abogado y su viuda le encargan a Carvalho que investigue qué es lo que hizo durante ese año. No les interesa tanto quién lo mató (no quieren escándalos) sino lo que pudo hacer y cómo esto pudo influir en sus prósperos negocios. Carvalho se lanza a entrevistar a toda la gente de su entorno y va descubriendo la personalidad de Stuart Pedrell: cincuentón en crisis, avispado hombre de negocios pero, a la vez, muy interesado por el arte y la cultura en general, se rodea de intelectuales, artistas y escritores. Es un hombre culto y refinado, narcisista y mujeriego, que se obsesiona con el pintor Gauguin, un banquero francés que abandonó su carrera financiera para establecerse como pintor en la Polinesia. Parece que decide seguir sus pasos en pos de ese Sur mítico (tan presente en la literatura símbolo de la verdadera vida) que le puede salvar. Decide cambiar de vida perseguido también por su sentimiento de culpa. Es un personaje complejo, contradictorio, que vive varias vidas a la vez. Pero ¿realmente se fue a los mares del Sur? ¿Cómo, entonces, pudo aparecer muerto en la misma Barcelona? ¿Qué hizo ese año? Ahí está el misterio que tiene que desvelar Carvalho.

Los mares del Sur está escrita en tercera persona pero focalizada en el punto de vista de Carvalho. El estilo está impregnado de una ironía muy sutil que, a veces, es simple y puro sarcasmo, es directa, legible, realista pero con tintes poéticos, sobre todo en las descripciones (no olvidemos que Montalbán fue también un gran poeta). Es una novela escrita tanto para el gran público como para lectores más selectos y exigentes. La novela posee múltiples lecturas, depende de si queremos quedarnos en la superficie o ahondar en las múltiples referencias de la que está plagada. Nosotros en nuestra lectura intentaremos esto último.

Como es lógico, dada la talla del escritor, hay numerosos documentos en la red a los que podemos acceder. Yo he hecho una selección. Primero destacar la entrevista perteneciente al programa Epílogo, que si recordáis consistía en amplias entrevistas realizadas a personas importantes que se emitían después de su muerte. En este caso la entrevista a Manuel Vázquez Montalbán se emitió el 18 de octubre de 2003 y dura algo más de cincuenta minutos. Merece la pena. Incluyo también una entrevista al escritor realizada por Canal Sur en 1998 para conmemorar los veinticinco años de la creación del personaje de Carvalho. Respecto a documentos escritos os dejo aquí el enlace a la página oficial de Club Cultura, muy completa, dedicada a Vázquez Montalbán y a su obra (incluye el artículo que os mencionado sobre Carvalho y yo). Asimismo, incluyo un perfil del autor realizado por el escritor y periodista Manuel Vicent en el diario El País. Como curiosidad, deciros que en 1989 se realizó una versión cinematográfica de Los mares del Sur dirigida por Manuel Esteban con Juan Luis Galiardo en el papel de Carvalho.

Y para terminar os dejo con las palabras de otro escritor español de novela negra, Juan Madrid: La serie Carvalho es una serie mayor en la historia de la literatura contemporánea en lengua española.

Plazos
Dividiremos la lectura en dos partes. La primera nos llevará hasta la página 141. A lo largo de una semana más o menos leeremos esta parte y podremos ir dejando comentarios generales sobre lo que nos va sugiriendo la lectura. Cuando publique, al cabo de esa semana, el post de análisis de esta primera parte ya nos explayaremos más en los comentarios sobre ella. Asimismo, en este post podéis dejar vuestros comentarios sobre este análisis general que he realizado o sobre los links que aporto o sobre el escritor, el personaje…ya que son tan populares. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: Los mares del sur de Manuel Vázquez Moltalbán

18 feb

Nos venimos a España de la mano de uno de los escritores más completos y dotados del siglo XX. Para mí es un placer leer con vosotros un libro de Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona 1939 – Bangkok, 2003). Poeta, novelista, ensayista y periodista, Vázquez Montalbán forma parte del grupo de intelectuales indispensables para entender la segunda mitad del siglo XX en nuestro país. Fue una pena que nos dejara tan pronto. Se le echa de menos tanto como escritor como por analista de la situación política y social de nuestro país.

La obra que vamos a leer es Los mares del Sur (1979), la novela que le dio la fama al ganar con ella el Premio Planeta de ese año así como el Prix International de Littérature Policière. Pertenece a la numerosa serie de novelas negras que escribió protagonizadas por su famoso y singular detective privado Pepe Carvalho y es una de las más emblemáticas. Fue incluida en la lista, realizada por el periódico El Mundo, de las 100 mejores novelas en español del siglo XX, en la que participaron para su elaboración, además de numerosos y prestigiosos críticos, más de 20.000 lectores. Los mares del Sur ha sido traducida a más de veinte idiomas.

El detective Carvalho es uno de los personajes más universales y leídos de nuestras letras, seguramente muchos de vosotros, sobre todo si os gusta la novela negra, hayáis leído alguna de estas novelas que van mucho más allá del género policiaco siendo, a la vez, novelas sociales, políticas e incluso gastronómicas.

En este caso nos vamos a la Barcelona de la Transición con la democracia recién estrenada. Un importante hombre de negocios, al que se le suponía de viaje por los mares del Sur desde hacía un año, aparece asesinado en un solar abandonado de un barrio periférico de la ciudad…

La edición que vais a leer los que recojáis la novela en la Biblioteca Fórum es una edición que se publicó en 2009 conmemorando el 30 aniversario de la obra. Contiene un prólogo y una entrevista a Vázquez Montalbán realizada en 1995 por Quim Aranda, así como fotografías y citas del propio autor.

A partir de mañana jueves podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de más o menos una semana para conseguir el libro editado por Planeta.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Un árbol crece en Brooklyn. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer esta interesantísima novela. Mientras, podéis continuar dejando vuestros comentarios finales sobre Un árbol crece en Brooklyn.

A ti te sostiene tu propia fuerza, como a mí

12 feb

Alianto (Ailanthus altissima) o árbol del cielo. Foto en flickr de Wendy Cutler. Algunos derechos reservados.

Comenzamos esta tercera y última parte de la novela con la llegada al mundo de Annie Laurie nacida el 28 de mayo de 1916 cinco meses después del fallecimiento de su padre Johnny. De nuevo las diferencias entre los hombres y las mujeres a través de las reflexiones que hace la autora sobre los dolores del parto. Frases como era lo único que las mujeres tenían en común: la certeza de los dolores que acompañan al parto / Los hombres se llevan el placer y las mujeres el sufrimiento / Parecen querer vengarse de Dios por haberlas hecho mujeres. Se percibe en la autora un sentimiento contradictorio y doloroso por su condición de ser mujer ¿no creéis? Según su punto de vista parece que las mujeres sólo pueden ser solidarias entre ellas en el dolor que se sufre en el parto (o sea en la peor parte). Yo percibo una gran individualidad en Betty Smith que transmite a sus protagonistas femeninas. Su concepción del universo femenino no está exenta de crítica.

El mundo cambia muy aprisa en aquellos años. A través de las conversaciones oídas al vuelo por Francie en el bar de McGarrity asistimos a los cambios y avances de la época: se avecina la ley seca, el voto de las mujeres, los automóviles e incluso los aviones. El cine ya es un hecho que desplaza al teatro, como el telégrafo, la electricidad en las casas, las máquinas y la inminencia de la entrada de EEUU en la I Guerra Mundial. Y Francie, apoyada en su escoba para escuchar, trataba de dar sentido a lo que oía y se esforzaba por entender un mundo que giraba en veloz confusión.

Francie termina su escuela primaria con una mala nota en inglés debido a su renuncia a escribir redacciones después de la crítica a su escritura por parte de la profesora (pero volverá a escribir). La joven Nolan tiene ya quince años y está convirtiéndose en una mujer con todo lo que eso conlleva: llora, se enternece con el recuerdo de su padre (¡papá! ¡papá! Esta invocación, que expresa su amor y su necesidad de él, aparecerá cada vez que Francie eche de menos a su padre y son muchas las veces), discute con su madre, echa de menos algo parecido a un abrazo, un entendimiento, una necesidad que no sea la de la familia: necesito a alguien a quien amar con otra clase de amor… Se da cuenta de que va a tenerse que poner a trabajar, y posponer sus estudios, como así ocurre primero en una fábrica y luego en una agencia de noticias como lectora en Nueva York (¡por fin logra cruzar el puente de Brooklyn!). Como es inteligente y despierta, gana un dinero que nunca imaginó ganar y sabe que ese dinero es necesario para proporcionar un mayor bienestar a su familia, y, en consecuencia, se sacrifica por ello: tengo miedo porque dependen de mi dinero […] ¡adiós instituto! ¡Adiós todos mis proyectos! Como siempre, es diligente también con el trabajo pero Francie no es feliz. Nueva York no le gusta (prefiere el misterio y el sueño que contiene su amado Brooklyn a ese hormiguero humano), el trabajo, aunque sea leer, con lo que tanto disfruta, no le llena (se sentía impelida hacia una norma de vida para la que ya no estaba capacitada)… Francie está viviendo la difícil adolescencia entrando de lleno en el mundo adulto del trabajo y la responsabilidad y está tan sola como siempre, más incluso ahora que comienza a despertarse al amor y hay algo que la aferra a su infancia feliz (¡Oh! Cómo desearía volver a ser niña, cuando todo era tan maravilloso), a su casa, a su barrio, a su padre al que tanto echa de menos (Si estuviese tu padre aquí… Te comprendería mucho mejor que yo)… No le gusta lo que descubre en el mundo exterior (como Alejandro Magno, Francie se afligía convencida de que no existían mundos nuevos para conquistar) y, a la vez, la renuncia a los estudios la han hecho perder, además de las promesas de un mundo mejor, algo que llenaba su vida (Yo deseo volver a estudiar más que cualquier otra cosa en mi vida).

Asimismo, Francie contempla cómo su familia se va transformando, distanciando unos de otros: Nuestra familia era como una taza fuerte. Entera y firme, sujetaba bien las cosas. Cuando murió papá apareció la primera grieta. Y la discusión de hoy producirá otra grieta. Pronto habrá tantas que la taza se romperá y sólo seremos pedazos, en vez de formar un conjunto homogéneo. No quiero que esto suceda, aunque sé que estoy produciendo una nueva grieta. Se distancia de su madre porque son iguales y chocan en lo mismo: Y esa es la raíz del mal. Somos demasiado parecidas para comprendernos mutuamente, ni siquiera nos comprendemos a nosotras mismas. Papá y yo éramos muy diferentes y nos entendíamos. Mamá comprende a Neeley porque es distinto. Ojalá fuera diferente, como Neeley. Pero no lo es y sufre por ello: en el fondo de sus corazones, cada una sabía que la amargura perduraría y jamás sería extirpada.

Y por fin entran en guerra el seis de abril de 1917 aunque ésta no va a afectar demasiado a la familia Nolan. Francie quiere recordar cada hecho importante de su vida para retenerlos siempre. ¡Está tan llena de vida! Y, a la vez, está tan sola… pero la vida gana siempre en ella, como transmite este maravilloso párrafo: Dios amado -suplicó-, permíteme ser algo cada minuto de cada hora de mi vida. Permíteme ser alegre. Permíteme ser triste. Que tenga frío. Que esté abrigada. Que tenga hambre, que tenga demasiado para comer. Permíteme andar andrajosa o bien vestida. Que sea sincera o falsa. Que sea franca o mentirosa. Honorable o pecadora. Pero permíteme soñar todo el tiempo para que no se malgaste la más mínima porción de vida.

Y Francie, finalmente, se las ingenia para volver a estudiar a través de unos cursos de verano en la Universidad que compagina con el trabajo. De nuevo es feliz, tanto que se marea: Mis abuelos nunca supieron leer ni escribir. Sus antepasados tampoco. La hermana de mi madre no sabe leer ni escribir. Mis padres no terminaron la escuela primaria. Yo no he ido al instituto. Sin embargo, yo, M. Frances K. Nolan, estoy en la universidad. ¿Oyes eso, Francie? ¡Estás en la Universidad! Pero, ¡caramba!, qué mareo. Se entrega de lleno a los estudios y además conoce a un chico, Ben Blake, que se convierte en su ángel de la guarda y del que cae totalmente enamorada, o eso cree ella (es el primer chico que conoce y ¡está tan deseosa de amar!). Ben es casi perfecto y a los diecinueve años ya tenía proyectada su vida por un camino sin desvíos. Quiere llegar a ser gobernador en una carrera profesional planificada al milímetro por lo que, aunque Francie le gusta, no tiene tiempo para las mujeres y así se lo hace saber. Al finalizar el verano, y los cursos, se despiden hasta el próximo verano: Pensaré en ti. Te escribiré cuando tenga un momento libre. – Había apenas media hora de viaje entre sus domicilios-. Si alguna vez me necesitas (siempre que no sea una bagatela, por supuesto), me escribes unas líneas y me las arreglaré para verte. Francie está triste: otra vez las noches solitarias. Francie paseaba por las calles de Brooklyn en aquellas hermosas noches de otoño y recordaba a Ben. Sí. Le necesitaba. Pero estaba segura de que él jamás iría si ella escribía: “me siento sola. Ven a pasear conmigo y a conversar”. En el ya firme esquema de su futuro, Ben no había incluido el capítulo soledad. Francie lo que más necesita es compañía, sentirse necesitada, compartir su soledad pero este chico, Ben, no sé, no me acaba de convencer en su extrema perfección y planificación de su vida. Es un poco sobrado y rechina un poco, ¿no creéis?

La tía Sissy por fin consigue tener un hijo propio y todo gracias a los avances también en la medicina. En vez de dar a luz ayudada por una comadrona, Sissy decide ir al hospital y ser atendida por un médico, judío para más señas, lo que escandaliza a sus hermanas, pero Sissy es una mujer moderna y sabe que el hospital es la mejor opción y los médicos judíos los más expertos. Será un niño y se llamará Stephen Aaron. Además, Sissy vuelve a sacar de un bajón, a través de su cariño y comprensión, a uno de los hombres de la familia, esta vez le toca el turno al tío Flittman que no sólo se recupera sino que además se convierte en una especie de hombre orquesta (ya sabemos: la vena artística de los maridos de las hermanas Rommely). La familia está feliz ya que todo va mejorando en sus vidas.

En la primavera de 1918, Francie, que ya tiene dieciséis años, se enamora perdidamente de un soldado que está a punto de partir hacia Europa. Lee Rhynor está de permiso unos días en Nueva York y tiene veintidós años. Está comprometido con una muchacha de Pensilvania pero le confiesa a Francie que no la quiere. Todo sucede muy deprisa, no hay tiempo, la guerra espera y quizás, con ella, la muerte. Se cuentan sus vidas y en la primera cita Lee la besa. Al día siguiente van a bailar y él le dice que la ama. Francie es inmensamente feliz y llega a una conclusión sobre lo que significa la felicidad: la gente siempre cree que la felicidad es algo que se pierde en la distancia, una cosa complicada y difícil de conseguir. Sin embargo, ¡qué pequeñas son las cosas que contribuyen a ella! Un lugar para refugiarse cuando llueve, una taza de café fuerte cuando una está abatida, un cigarrillo que alegre a los hombres, un libro para leer cuando una se encuentra sola, estar con alguien a quien se ama. Ésas son las cosas que hacen la felicidad. Francie también le confiesa su amor y, ante su requerimiento de boda, ella le promete me casaré contigo cuando regreses, Lee. Pero todo termina mal. El soldado va a su pueblo a despedirse de su madre y allí se casa con su prometida antes de ir a la guerra. Francie se entera de todo a través de una carta que le envía la ya esposa de Lee. Francie le había escrito previamente confesándole todo lo que sentía por él (él se lo había pedido). El tal Lee resulta ser un cobarde de tomo y lomo y Francie sufre su primera decepción amorosa ya que el amor que ha sentido por Lee, correspondido un par de días, sí es amor y no el que creyó sentir por Ben.

Desesperada se confiesa a su madre y Kate, de nuevo, hace gala, no sólo de su sensatez y su amor (ha llegado ya la hora en que no puedo evitar el sufrimiento a mis hijos […] Estaba dispuesta a matar a cualquiera que tratase de hacerles daño. Y ahora, en un brillante día de sol salen con toda su inocencia y tropiezan con el dolor que una daría su vida por ahorrarles) sino también de ser una mujer muy adelantada para su tiempo. Ya previamente le había dicho a su hija: La vida es demasiado corta. Si alguna vez te enamoras de un hombre, no pierdas el tiempo bajando la mirada y haciendo muecas. Dile con franqueza: “¡Te amo! ¿Por qué no nos casamos?”, lo cual es increíble para la época pero, incluso va más allá: hay dos verdades. Como madre te diré que habría sido terrible que te acostaras con un extraño, un hombre que conocías desde hacía sólo dieciocho horas. Te habrían podido pasar cosas horribles. Tu vida entera habría podido destruirse. Como madre, te digo la verdad. Pero, como mujer… te diré que habría sido maravilloso. Porque sólo una vez se quiere de esa manera. Francie se recupera relativamente pronto, la herida no parece ser demasiado grande y la conclusión a la que llega es que no quiere necesitar a nadie sino que alguien la necesita a ella.

Y llega el final feliz para todo el mundo gracias al matrimonio entre el señor McShane y Kate. Este hombre lleva mucho tiempo perdidamente enamorado de Kate y, una vez viudo, decide dar el paso. Kate acepta porque sabe que un hombre bueno. Pero además McShane tiene dinero y un futuro como político muy prometedor por lo cual, Francie podrá dejar de trabajar y estudiar en una Universidad. Su sueño. Pero a Francie siempre le ha parecido todo un sueño: Todo era efecto de los sueños. ¿O sería todo real y verdadero, y era ella, Francie, la soñadora? Francie irá a estudiar a Michigan y piensa que si persistía esa condición soñadora en Michigan, Francie sabría que la soñadora era ella. Ben ha vuelto a su vida, le ha ayudado a pasar con éxito los exámenes de ingreso a la universidad. Toda la familia piensa que es bueno que se aleje y se adapte a un nuevo ambiente. Es Ben el que ha elegido Michigan. Ahora, con veinte años, le ha regalado un anillo y le ha dicho que tendrán que pasar cinco años para que se puedan casar. Así ella podrá estar segura de sí misma. A Francie no le pesa gran cosa esperar ya que todavía piensa en Lee aunque sabe que Ben es un hombre decente, honorable y brillante […] Le gustaba Ben. Le gustaba muchísimo. Deseaba poder amarle. Si por lo menos él no estuviese siempre tan seguro de sí mismo. Si vacilara alguna vez, aunque sólo fuera una. Si la necesitara, aunque fuese sólo un poco. En fin, tenía cinco años para decidirse.

Kate y McShane se casan y después de la boda, Francie se va despidiendo de todo lo que ha sido su vida hasta entonces. Incluso va al baratillo de Charlie para comprarle, en un acto de justicia poética, todos los números de la tómbola. Francie se despide de su infancia en este acto simbólico. Sabe que su barrio desaparecerá más pronto o más tarde. Y también hay un recuerdo para su adorado padre (Papá… ¡Papá!). La novela termina casi como empezó: Francie se asoma a la ventana y observa a una chiquilla sentada en la escalera de incendios mientras lee y come caramelos. Pero, sobre todo, está el árbol. Lo habían cortado pero un nuevo árbol había nacido del tocón […] aquel árbol del patio que los hombres maltrataban, aquel árbol alrededor del cual habían prendido fogatas para quemar su tocón, aquél árbol aún vivía. ¡Vivía! Y no había nada que pudiese destruirlo. Adiós, Francie. A ti, tampoco nadie podrá destruirte.

Plazos
Terminada esta hermosa novela que es una gran lección de vida es la hora de vuestros comentarios sobre esta última parte y sobre la novela en general. Disponéis de una semana más o menos para ello. Yo creo que vamos a echar de menos a los Nolan ¿no os parece? Así que, prolonguemos algo más nuestra convivencia con ellos a través de todo aquello que queráis opinar, reflexionar…

Recital de Marta Dacosta y Ana Luísa Amaral dentro del ciclo Poetas Di(n)versos

6 feb

La próxima cita de Poetas Di(n)versos será en femenino. El lunes 9 de febrero a las 20.30 horas en el Centro Ágora se darán la mano dos poéticas intimistas, profundamente honestas y marcadas por un trazo de género: la viguesa Marta Dacosta y la portuguesa Ana Luísa Amaral.

Da tribo das sereas eu son, / e trouxéronme os ollos do mar, / e escamas brillantes / con que adorno esta pel de sal. / Da tribo das sereas, / das mulleres que berran o peixe eu son, / das que afunden as mans no xeo do amencer. / Das mulleres que alisten palangres eu son, / das que reparan e constrúen as redes / como unha firme laxe para soster o mundo. / Das mulleres que aman eu son / e con ese mesmo amor reparto a miña angueira, / como ela, pequena e enloitada, / fulcro da miña estirpe, / e que rachou as liñas que marcaban / a teimosa historia do seu mundo.

MARTA DACOSTA

…………..

AS DISJUNÇÔES PERFEITAS

O homem que dizem na minha rua / ter ligeira disfunçâo mental / disse-me hoje de manhâ “bom dia”, / com um sorriso rasgado de malmequer, / ou papoila fresca, ou plátano fresco / (ou qualquer coisa bela de mundo vegetal) / E, como eu comentava sobre o dia / (azul, de primavera) acrescentou: / “Deus é assim. É pródigo” / ah! infinito tudo, admirável mundo / que, enfim, / de lado a lado se ilumina: / de som, de fino pólen, de tâo puro / neurónio / em disjunçâo divina

ANA LUÍSA AMARAL

La educación los colocaría por encima de la miseria y la inmundicia

2 feb

Brooklyn bridge. Foto en flickr de Tim_Dawks. Algunos derechos reservados.

Continuamos con las vicisitudes de los Nolan. Hemos dejado a Francie en la escuela, en la terrible escuela donde la diferencia entre los menos pobres y los pobres de solemnidad es muy grande. Ante tanta crueldad, Francie se hace fuerte, ha heredado la fortaleza de su madre: Francie, claro está, se convirtió en una niña arisca […] pero ya se había acostumbrado a su soledad. Estaba habituada a andar sola y a que la considerasen diferente. A decir verdad, no sufría gran cosa por ello. Además, los Nolan son muy individualistas, diferentes: no se ataban a nada, excepto a lo indispensable para poder vivir en su mundo. Seguían su propia norma de vida. No formaban parte de ningún grupo social. Pero en la escuela no todo es malo, hay dos profesores maravillosos que aman a los niños y les transmiten alegría, vida y amor por la belleza: el señor Morton y la señorita Bernstone. No es casual que ambos sean profesores de materias artísticas: música y dibujo. Los dos aman a la vasta horda de niños sucios e indeseables más que a los privilegiados. Pero la autora opina, como la madre de Kate, que no todo debe ser bueno en la vida: debe haber aguas turbias y oscuras para que el sol tenga algo que enmarque su deslumbrante gloria. El capítulo dedicado al momento en que Francie aprende a leer (XXII) es muy hermoso. En él constatamos el amor desmesurado que se le despierta a esta niña por las letras y la imaginación desbordante que aplica a la aritmética. Francie no tiene amigos pero ahora los necesita todavía menos que antes porque adquiere dos tesoros preciados: la lectura y la imaginación, ambas la conducirán a la escritura en muy poco tiempo.

Francie se las ingenia, con ayuda de su amado padre, para cambiarse a un colegio mucho más bonito y amable. El padre, a regañadientes de la madre, ingenia una no muy legal manera de cambiarla (algo que estaba prohibido). Como Johnny dice es un mal para conseguir un bien mayor. ¡Me encanta este padre! Gracias a él la vida de Francie cambia a mejor y eso la hace inmensamente feliz. La imagen de ambos caminando por las calles camino a esa escuela es pura poesía y amor mutuo.

A continuación hay un capítulo dedicado a las elecciones y a la política en aquella época. Johnny es demócrata y a Katie no le interesa el tema pero lo critica con sabiduría en las conversaciones con su marido. Entonces ya existían el amiguismo, el poder de las influencias y la corrupción, que es lo que Katie critica: Por lo que Tammany da al pueblo, le saca el doble. Espera a que voten las mujeres…

Johhny sigue bebiendo: Johhny era de esos que se obsesionan. Solía obsesionarle la idea de que la vida era imposible y entonces bebía más que nunca para olvidar. Pero es un borracho pacífico y pensativo. A Francie no le gusta nada ver a su padre así porque le resulta un desconocido. Curiosamente es cuando no bebe cuando es alegre, cantarín y comunicativo. Cuando no bebe se desvive con sus hijos, intentándoles enseñar todo lo que sabe para que se conviertan en personas inteligentes. Incluso, un día les lleva a conocer el gran océano que bañaba las playas de Brooklyn en un episodio cómico y amable que nos hace sonreír.

En aquella época Francie dijo su primera mentira deliberada. Fue descubierta y decidió convertirse en escritora. La niña miente a la maestra y esta le da un consejo que no olvidará jamás: cuando suceda algo, cuente lo sucedido exactamente, pero escriba para usted lo que crea que debería haber sucedido. Diga la verdad y escriba el cuento. Así no tendrá problemas. La maestra le enseña a diferenciar una mentira de un cuento: una mentira es lo que se dice por maldad o cobardía, un cuento es lo que uno inventa respecto de algo que pudo haber sucedido; en el cuento uno no relata las cosas como han sucedido, sino tal como uno cree que debiera haber ocurrido. Aquí tenemos casi las mismas palabras que Betty Smith dijo a los periodistas cuando le preguntaron acerca de si Un árbol crece en Brooklyn era autobiográfico. Aquí está el quid de la cuestión sobre lo que la autora piensa de lo que debe ser la literatura. ¿Qué opináis vosotros?

Asimismo, en este capítulo clave se nos ofrece otra explicación importante acerca de porqué esta novela es tan amable con la vida. Francie no se atiene a la realidad, necesita darle colorido, dramatismo, tenía que engalanarla con algo de su cosecha. Katie la reprende continuamente recomendándola que suprima la fantasía. Pero es que Francie ha aprendido esto de sus propios padres: aunque Katie tenía esa misma propensión a mejorar los hechos y el mismo Johnny vivía en un mundo de ensueños, los dos trataban de combatir esa tendencia en su hija. Tal vez tuviesen un buen motivo para hacerlo. Tal vez su propio don imaginativo teñía de rosa la realidad de sus vidas cargadas de miseria y pobreza y eso fuese la causa de su conformidad. Quizá Katie pensaba que sin aquella facultad tendrían una visión más clara y precisa de las cosas, las verían tal como eran realmente y ante su vista podrían detestarlas y encontrar la forma de mejorarlas. Pero, a la vez, estas palabras contienen una crítica (¿autocrítica?) a esa visión amable de las cosas. No pueden remediar ser así pero se dan cuenta de que eso conlleva un conformismo que no es bueno y desean enseñarle a su hija la manera de mejorar la realidad que le ha tocado vivir. Y dejar la fantasía para la literatura (que es lo que es este libro). Muy interesante. Espero vuestros comentarios sobre este aspecto, creo yo que clave en la novela.

La inteligencia y la sensatez de Katie se manifiesta en sus pensamientos ante la alegría que siente la familia por haber conseguido un árbol de navidad gratis. Se interroga a sí misma sobre cómo conseguir que sus hijos salgan de esa miseria que no quieren ver: ¿el dinero? No, lo que ella quiere conseguir en sus hijos no lo da el dinero. ¿La educación? ¡Exacto! Esa es la respuesta. Sus hijos tienen que estudiar para salir de ese lugar que no les conducirá a ninguna parte. Sabe que su hija es inteligente y que llegará a ser alguien aunque esto no lo es todo ya que llegará a saber demasiado para su propia felicidad. Quiere que su hijo, al que claramente prefiere, sea médico y luchará con todas sus fuerza para que no se parezca a su padre, y sabe que su marido no estará con nosotros mucho tiempo. ¡Dios mío! Tanto que le quise. Y a veces le quiero aún. Pero es indigno… es indigno, y que Dios me perdone por haberlo descubierto. Katie, aun siendo dura, conoce muy bien el suelo que pisa, ¿no creéis?

Hay en el libro una continua referencia al orgullo y la dignidad de los pobres. Ninguno quiere reconocer que lo es, callan su condición ante ofrecimientos de caridad. Katie quisiera estar antes muerta que aceptar ayuda de los que más tienen. Quiere bastarse con su trabajo, y lo veremos más adelante cuando Johnny no esté y apenas puedan seguir adelante. Sólo Francie a veces cede ante esos ofrecimientos. Es una niña, pero eso no le impide ver lo que de obsceno hay en esa inquina a la hora de señalar que son pobres: ¿Por qué?- pensó con amargura -. ¿Por qué no lo ha podido regalar sin decir que soy pobre y ella rica? ¿Por qué no la ha podido regalar sin que se hablara de ello? Pero es más fuerte en ella poder tener una muñeca por primera (y última) vez y cede y miente y busca sus propios arreglos para no sentirse miserable ante su propia debilidad.

Francie va creciendo y descubriendo el mundo y sus verdades. Comprueba cómo las mujeres son crueles con otras mujeres y por eso no le gustan, como a su madre. Ella es una niña generosa, sensible y con un gran sentido de la justicia lo que le hace apoyar a la pobre Joanna que con diecisiete años es madre soltera. Constata que las mujeres se critican mucho entre ellas y, en cambio, los hombres poseen una mayor solidaridad entre ellos. ¿Misoginia de la autora? No lo creo, pues algo de verdad hay en lo que dice, y, además, hay otras mujeres en la novela que son maravillosas como las hermanas de Katie, la propia Katie, las hermanas profesoras de piano… Yo creo que lo que quiere criticar la autora es a esas mujeres que no gozan con la vida. Algo de lo que ellas no tienen la culpa. Más bien es la sociedad patriarcal en la que viven la culpable de sus frustraciones y odios. ¿Qué opináis vosotros?

En 1914, el año en que comienza la I Guerra Mundial, Francie se hace mujer y su padre se muere. Antes de esto sufre un conato de abuso sexual que no va a más gracias a la sangre fría de Katie que le dispara un tiro al agresor. Afortunadamente, Francie saldrá indemne de este episodio, ayudada fundamentalmente por el cariño de su padre y al buen hacer de un médico. Asimismo, aparece en escena un buen hombre, el Sargento McShane que se siente atraído por Kate y piensa que un día será su esposa. Katie se da cuenta de esto y calla. Veremos qué pasa más adelante. También Sissy consigue, por fin, ser madre. Intenta hacer creer a todos que está embarazada, lo cual no es cierto y nadie, excepto su crédulo marido, lo cree. En realidad lo que ha ocurrido es que ha adoptado, de una manera muy sui generis, típico de la excéntrica Sissy, a una niña. Convertirse en madre le hace cambiar, serenarse y dejar de buscar a los hombres. Es feliz con su John de turno y cuidando a su madre anciana así como a su pequeña.

Katie se queda de nuevo embarazada mientras Johnny se muere sin remedio. Fallece a los treinta y cuatro años el día de Navidad de pulmonía y como consecuencia de su alcoholismo. Le encuentran en la calle muerto. Todos reaccionan con gran serenidad y madurez. Francie, de alguna manera, no se lo puede creer pero asiste al sepelio con su familia y sólo, después, en un paseo con su hermano podrá llorar todo lo que no ha podido antes. Su madre les dice a partir de hoy seré madre y padre para vosotros. Pero las penurias económicas aumentan y Katie no quiere que sus hijos se pongan a trabajar, pero tampoco puede hacerlo ella como antes por su avanzado estado de gestación. Desesperada le pide ayuda a su Johnny muerto y éste a través de McGarrity, el propietario del bar que frecuentaba Johnny, viene en su auxilio. Los niños ayudarán unas horas y temporalmente (lo que no les impedirá seguir yendo a la escuela) a este hombre en el bar y en la casa. McGarrity tiene dinero y busca llenar el hueco que le ha dejado la ausencia de su amigo Johnny. La historia del dueño del bar es muy conmovedora y os la dejo a vosotros para que la comentéis.

Francie comienza a escribir sobre su padre (la realidad) en las redacciones para la escuela. Antes lo hacía sobre pájaros, árboles… Increíblemente, la profesora la critica diciéndole que la pobreza, el hambre y la embriaguez son temas desagradables y le aconseja que queme esas redacciones. La niña no está de acuerdo y aprende otra nueva lección sobre la vida y la literatura. Finalmente prevalece su criterio y quema, no las redacciones sobre su padre sino todas las anteriores en las que había sido una buena mentirosa. Francie ha crecido y va camino de convertirse en una gran mujer.

Plazos
Es hora de vuestros comentarios sobre esta segunda parte de la lectura. Espero que sean tan numerosos, o más, que en la anterior. Disponéis de una semana más o menos para ello. Al mismo tiempo, continuaremos con la lectura que nos llevará desde el capítulo XL (pág. 345) hasta el final de la novela.

La niña que estaba predestinada a hacer grandes cosas

24 ene

NYC-Brooklyn-Williamsburg: South 6th and Berry St. Foto en flickr de Wally Gobetz. Algunos derechos reservados.

El libro primero, que comprende cinco capítulos, nos sitúa en el tiempo, en el lugar y nos da a conocer a los personajes principales. Brooklyn, barrio de Williamsburg, un fin de semana en el verano de 1912. Francie Nolan, la protagonista, tiene once años. Su hermano Neeley, diez y sus padres Katie, veintinueve y Johnny, treinta y uno. Se casaron muy jóvenes, ella sólo tenía diecisiete y él, diecinueve y los hijos vinieron enseguida. Nada más empezar la narración, la autora nos presenta al árbol, el único árbol que sólo crece en las barriadas populares: el amigo de la gente pobre. Así sabemos ya desde el principio que los Nolan son pobres como casi todos los que viven en su barrio. A través de la minuciosa narración de los principales acontecimientos del fin de semana vamos sabiendo de sus vidas y sus personalidades, sobre todo de su lucha por conseguir dinero. El dinero, su ausencia, es muy importante en esta novela. La autora nos detalla cómo van consiguiendo cada dólar o cada centavo de dólar, cómo lo gastan y cómo ahorran (muy importante) también lo que pueden. El dinero se gasta casi exclusivamente en la comida (se habla mucho de lo que comen y de cómo lo consiguen) y en los gastos de la casa. Apenas queda nada para un capricho. Algún caramelo o dulce o deliciosos caprichos gratuitos como el de tirar el café en el fregadero: Francie tiene derecho a una taza de café en cada comida, como los demás; si prefiere tirarlo en vez de bebérselo, es asunto suyo. Creo que es bueno que la gente como nosotros derroche algo de vez en cuando para tener la sensación de poseer dinero y olvidar así las aflicciones de su continua falta de todo, afirma contundente Katie. Así de originales y maravillosos son los Nolan.

¡Oh, qué prodigioso era el sábado en Brooklyn! Este es el tono de casi toda la novela: positivo y remarcando lo que la vida tiene de placentera. Incluso un mal olor se convierte en una promesa de aventuras: se enorgullecía de ese olor. Para ella era el indicio de que cerca había un riachuelo que, aunque sucio, iba a un río que a su vez desembocaba en el mar. Ese olor nauseabundo le traía a la mente vapores que zarpaban hacia remotos mares y extrañas aventuras. Por eso le agradaba ese olor. Pura poesía. No hay que olvidar, tampoco, que el punto de vista es el de una niña de once años que va descubriendo la vida. Una niña, además, imaginativa y fantasiosa: Francie tenía una afición favorita: tejer conjeturas acerca de las personas que veía. También es sensible y cuando ve cosas que le afectan relacionadas con la pobreza que la rodea, se refugia en su casa donde siempre reina la comprensión y el afecto.

Los libros que lee Francie, ¡uno por día!, los consigue en la biblioteca. Los va leyendo en orden alfabético sin saltarse ni uno. La biblioteca es un lugar muy especial para la niña a pesar de la antipática bibliotecaria. Descubrir qué flores habrá en el florero del mostrador roza casi el éxtasis: la intensa emoción que le produjo esa belleza fue casi dolorosa. Lo recordaría toda la vida. Francie adora leer y sueña que cuando sea mayor tendrá una casa con un escritorio como el de la bibliotecaria, lleno de lápices y con las paredes repletas de libros. Llega el momento más codiciado en toda la semana: el ritual de la lectura en la escalera de incendios entre las ramas del árbol. Allí puede descubrir el mundo que el libro le brinda así como contemplar la vida que la rodea: estar allí fuera era como vivir en un árbol; nadie de arriba, ni de abajo, ni de enfrente podía verla; en cambio, ella lo veía todo a través de las hojas. No hay placer mayor para Francie: mientras leía en paz con el mundo, y tan feliz como sólo puede sentirse una niñita que tiene un buen libro y un bol lleno de caramelos y que además está sola en su casa, las hojas del árbol del cielo formaban sombras extrañas y la tarde declinaba. La autora consigue con su delicada prosa que podamos visualizar tan hermosa escena.

Francie tiene una relación muy especial con su padre. Le adora y él tiene predilección por su hija. La niña escucha atentamente sus quejas y sus historias. Ella sabe que es un borracho pero a la vez ¡es tan simpático, tan guapo y baila y canta tan bien! Son cómplices la “Prima Donna” y el atractivo padre. Este le dice con una sinceridad pasmosa: bebo porque soy un derrotado y porque tengo conciencia de ello. Bebo porque sé que no soy capaz de sobrellevar mis responsabilidades. No soy un hombre feliz. Tengo mujer e hijos y no soy un buen trabajador. Nunca quise tener familia. Pero se enamoró de Katie, una buena mujer. Cuando Francie le escucha sus quejas se le estruja el corazón, pero después se siente feliz cuando dice: sí, tu madre trabaja sin descanso; yo la amo y quiero a mis hijos. Pero Johnny tenía el presentimiento de que estaba derrochando la vida con demasiada rapidez. Luego se alegra y le promete a Francie que la llevará de viaje al lugar donde florecen los copos de algodón y la niña se derrite de amor. Johhny y los hombres en general en esta novela son mucho más débiles, irresponsables, despreocupados y torpes que las mujeres. También son alegres, cantarines, bohemios, intensos pero unos fracasados en la vida. Hay una oposición muy clara entre ambos géneros. ¿Qué opináis de esto?

El libro segundo comienza con un flashback a 1900 cuando Johnny conoció a Katie. Ésta se enamora perdidamente de él, se lo roba a una amiga y él cae rendido a sus pies. Se casan a los cuatro meses de haberse conocido. La autora nos presenta a la familia Rommely (de origen austriaco), la de Katie, y a la familia Nolan (de origen irlandés), la de Johnny. A sus padres y hermanos. Son muy buenas descripciones tanto físicas como de sus personalidades. Conociéndolos a ellos entendemos más del carácter de Katie y de Johnny: los Rommely generaban mujeres de fuerte personalidad. Los Nolan producían hombres débiles e ingeniosos. Todos los hermanos Nolan, incluido Johnny, van a morir, por diversos motivos, antes de llegar a los treinta y cinco años. En un hermoso párrafo (págs. 81-82) la autora nos describe cómo es Francie: una mezcla de los Nolan y los Rommely, pero también era todo lo que leía en los libros de la biblioteca; era la flor del florero marrón, era parte del árbol que crecía firmemente en el patio... Y lo más importante es que hay algo innato en ella y sólo en ella. Ese toque sobrenatural que Dios o su equivalente pone en todas las almas a quienes infunde vida.

Prosigue la vida de casados de Johnny y Katie. Al principio son muy felices. Ambos trabajan cuidando una escuela por las noches. Lo pasan muy bien, se ríen mucho, se cuentan historias, bailan, cantan… pero enseguida Katie se queda embarazada y Johnny comienza a sentirse cada vez más inquieto. En el momento del parto, Johnny, nervioso, va a buscar a su hermano, se emborrachan y se olvida de ir a trabajar. Pierde el empleo. Comienzan los problemas y el sufrimiento. Y Katie se hace aún más fuerte y, a la vez, más dura. Es consciente de que ella va a tener que llevar las riendas de esa familia y cuidar de todos. La madre de Katie, Mary, una mujer analfabeta pero muy sabia, la da sabios consejos para construir un futuro mejor para la hija que acaba de nacer: el secreto está en saber leer y escribir. Tú sabes leer. Todos los días debes leer a tu hija una página de algún libro; todos los días hasta que ella aprenda a leer. Entonces ella deberá leer todos los días. Ese es el secreto. Los libros que la madre le aconseja son la obra de Shakespeare (todo lo prodigioso de la vida se encuentra en ella) y la Biblia protestante (aunque ellos son católicos) porque su Biblia expresa mejor las bellezas de nuestro mundo y del más allá. Cada día tendrá que leer una página de cada uno a su hija aunque no entiendas lo que está escrito en ellos y aunque no sepas pronunciar bien las palabras. Y además contarle todas las leyendas que ella le contó porque la niña tiene que poseer algo muy valioso que se llama imaginación. Necesita crearse un mundo de fantasía todo suyo. Debe empezar por creer en las cosas que no son de este mundo; luego, cuando el mundo se haga demasiado duro para soportarlo, podrá refugiarse en su imaginación. Maravilloso. Después, continúa, ella de mayor descubrirá la verdad por sí misma. Al enseñar a tu hija no olvides que sufrir también es útil. Enriquece el carácter. ¡Qué abuela! Me rindo ante ella.

Johnny consigue ser camarero y cantante de café de vez en cuando. Pero Katie se vuelve a quedar embarazada y Johnny comienza a preocuparse cada vez más, se siente atrapado. Pensó que eran muy jóvenes y ya estaban derrotados. En cuanto escuchó la noticia salió para embriagarse. Neeley nace y la madre se da cuenta de que va a quererlo más que a Francie. Neeley es guapo y fuerte, igual que su padre, y Francie debilucha y frágil. Katie quiere convertirlo en el hombre que Johnny debería haber sido y se entrega de lleno a este niño pensando que Francie y Johnny ya se arreglarían de alguna forma. Los niños van creciendo y Katie se convirtió en una mujer capaz, firme y previsora. Amaba a su Johnny, pero aquella veneración de antes se había desvanecido. Amaba a su hija, sólo porque le inspiraba compasión. Más que amor, lo que sentía por ella era piedad y obligación. Duro, muy duro. Johnny y Francie percibían el cambio que se iba operando en Katie. A medida que el niño crecía en tamaño y hermosura, crecía en Johnny su debilidad e iba resbalando cada vez más cuesta abajo. Francie se dio cuenta de los sentimientos de su madre. Respondió con cierta aspereza hacia ella, y esa misma aspereza, paradójicamente, las acercó, hizo que se parecieran más. Johnny bebe cada vez más y trabaja cada vez menos: su vida había terminado antes de haber tenido ocasión de empezar. Estaba condenado, y nadie estaba más convencido de ello que el mismo Johnny Nolan. Katie, con diecinueve años, también se siente condenada pero no lo acepta, como Johnny: apartó sus sueños y abrazó la realidad.

Sissy merece un capítulo aparte. Francie está fascinada con su tía Sissy (y yo también), tiene treinta y cinco años y es la mayor de las hermanas Rommely. Es una mujer alegre, fuerte, algo loca y muy comprensiva. Siempre soluciona todos los problemas. A pesar de ser analfabeta posee una gran inteligencia natural. Le gustan mucho los hombres y el sexo y es, sobre todo, buenísima con los demás: Rebosaba ternura, y tenía muchas ganas de ofrecer a quien lo necesitara todo lo que poseía […] Deseaba dar felicidad a todo el mundo. Sissy se casa varias veces sin haberse divorciado previamente (¡!) y da luz a diez hijos que mueren al poco de nacer. Es como una maldición y ella vierte todo su amor en los demás pero sobre todo en Francie. Johnny opina de ella que era mala; pero era buena. Mala en cuanto a los hombres, pero buena porque allí donde aparecía había vida, alegría, bondad, ternura; se saboreaba la existencia. Sissy salva a Johnny de un “delirium tremens” y le da una lección a su hermana diciéndole que tiene que aceptar a Johnny, ya que lo escogió, tal como es.

Francie crece solitaria y soñadora. Echa de menos no tener amigas pero acepta las cosas tal como son. La vida continúa y la familia Nolan se las va arreglando como puede, cambian de casa varias veces, aprenden a tocar el piano (emotiva la historia de las señoritas Tynmore) y Francie y Neeley se preparan para ir al colegio. Los primeros días de escuela Francie sufre una desilusión enorme ante la crueldad de los otros niños y el desapego y dureza de las profesoras. La niña recibe su primera lección de realidad. Y ahí dejamos la lectura de esta primera parte. Con esa Francie saliendo del refugio que es su casa y enfrentándose a la dureza de la vida.

Plazos
Esta primera parte tiene muchas cosas muy interesantes que comentar. Espero que lo hagáis y que os esté gustando tanto la novela como a mí. Disponéis de una semana más o menos para comentarla, dar vuestra opinión, reflexionar sobre los hechos y los personajes… Al mismo tiempo seguiremos con la lectura que nos llevará desde el capítulo XX (pág. 167) hasta el final del capítulo XXXIX (pág. 344).

Los escritores Isaac Rosa y Marta Sanz conversarán sobre su obra literaria en A Coruña

21 ene

Mañana miércoles 21 a las 18.30 h en el Salón de Actos de la Uned     de A Coruña los escritores Isaac Rosa y Marta Sanz conversarán sobre su obra literaria. El acto se enmarca dentro del ciclo “La creación literaria y sus autores: XI Encuentros con escritores”.

Los que ya lleváis tiempo en el club recordaréis que leímos en su momento “La mano invisible” de Isaac Rosa. Una interesante reflexión sobre el mundo del trabajo. Para refrescaros sobre la obra podéis acceder a todo lo que comentamos sobre ella a través del blog. Isaac Rosa y Marta Sanz son dos escritores actuales de un alto nivel literario. Creo que merece la pena. Para los que no vivís en Coruña o no podáis asistir, el acto se podrá seguir por videoconferencia.

    

Un árbol crece en Brooklyn: retrato de familia en la América de inicios del siglo XX

17 ene

Un árbol crece en Brooklyn, que tanto éxito tuvo cuando fue publicada en 1943 lo que la convirtió en un clásico norteamericano, es una novela costumbrista y descriptiva que nos narra la vida de la familia Nolan entre los años 1912 y 1917. Los Nolan, de raíces austriacas e irlandesas, viven en Brooklyn. Llegaron a América huyendo de la pobreza de sus vidas y buscando prosperidad pero el sueño americano que a tantas personas embaucó no parece haberles mejorado muchos sus vidas. Los Nolan son pobres y luchan día a día para poder conseguir lo básico. De esta lucha y sus vicisitudes diarias habla esta novela. Pero no es sombría ni dura, como lo podría ser Las cenizas de Ángela de Frank McCourt, con la que muchos la han emparentado por la similitud de lo que cuenta. Al contrario, Un árbol crece en Brooklyn posee un tono positivo y amable. Incluso en ocasiones se incide en la belleza o en situaciones de felicidad en medio de tantas penurias. Betty Smith dota de belleza los actos más cotidianos y corrientes. Claro que se narran hechos difíciles pero no lo pasamos mal mientras los leemos. En todos los personajes hay una intención de superación o, por lo menos, de disfrute y exaltación de la vida. Una vida de supervivencia que cobra pleno significado. Y en la que también, inevitablemente dadas las circunstancias, están presentes los sueños. Los sueños que necesitan hacerse realidad.

La novela nos narra la infancia y juventud de Francie Nolan, una niña solitaria, inteligente, ingeniosa, imaginativa, madura y fuerte, que no pierde nunca la esperanza, cuyo mayor placer es leer (sueña con ser escritora) sentada en las escaleras de emergencia de su casa a la sombra de un árbol. Ese árbol, que da título al libro, es un símbolo de todos aquellos que luchan contra múltiples obstáculos para sobrevivir y salir adelante: un árbol crece en Brooklyn. Algunos lo llaman el árbol del Cielo. Caiga donde caiga su semilla, de ella surge un árbol que lucha por crecer. Crece en solares delimitados por tablas entre montones de basura abandonada. Es el único árbol que crece en el cemento. Crece exuberante… sobrevive sin sol, sin agua, hasta sin tierra, en apariencia. Podríamos decir que es bello, si no fuera porque hay tantos de su misma especie. Ese árbol es la pequeña Francie.

La familia de Francie es peculiar. La componen su padre, Johnny, un hombre guapo, dulce y agradable que a todos cae bien, pero demasiado apegado a la botella. Johnny, débil pero bueno, es quizás el único personaje que poco hace por superar sus dificultades. Siente frustración ante la vida que le ha tocado vivir pero no lo dice, sólo lo piensa. Canta en los bares y es camarero a tiempo parcial y siente predilección por su “Prima Donna” que es como llama a su hija. La madre, Katie, trabaja de portera y limpiando casas. Es una mujer fuerte y decidida, de convicciones muy claras y mucho carácter. Es el verdadero soporte de la familia. A pesar del trabajo duro que realiza, conserva su elegancia natural y su belleza y delicadeza. Quiere a su marido y acepta, a veces a regañadientes, su condición de bebedor. Se enamoró de su porte y su simpatía y se lo robó a una amiga para casarse con él siendo ambos muy jóvenes. Katie lucha con uñas y dientes para que sus hijos puedan estudiar y no tengan la misma vida que sus padres. Completa la familia el hermano de Francie, Neeley, un año menor que ella y el niño de sus ojos de la madre. Además del núcleo familiar están las hermanas de Katie, Sissy y Evy, que los visitan con frecuencia, y la madre de éstas que es una buenísima mujer. Algo que queda claro a lo largo de la lectura es que son las mujeres de esta familia las que de verdad pisan fuerte en la vida y llevan las riendas de sus respectivas familias, algo que heredará Francie. Luego están los vecinos y algún personaje más, pero la novela se centra en la familia Nolan.

La columna vertebral de la novela son sus personajes. La autora se luce en la construcción que hace de estos. Sus descripciones, sus actos, sus personalidades es lo más destacado de Un árbol crece en Brooklyn. Y con ellos, sus vivencias que son descritas con detalle y con un estilo yo diría que de alta literatura. Así que, aunque el ritmo es lento, se recrea en las descripciones, y no es una novela de acción ni de grandes giros, nos sumergimos con deleite en lo que nos narra la autora: nos alegramos, nos entristecemos, nos enternecemos con lo que van viviendo los personajes. Podemos, incluso, visualizar las calles del Brooklyn de aquellos años plagadas de inmigrantes que luchan día a día por sobrevivir y en donde se mezclan los idiomas, las religiones, las diferentes costumbres, conviviendo todos en una aparente, ¿o real?, armonía. Para describir la novela se me ocurren adjetivos tales como entrañable, detallista, vívida, tierna, emotiva, positiva, vitalista, bella, sencilla, sensible, agridulce…

Un árbol crece en Brooklyn está dividida en cinco libros que, a su vez, están divididos en 56 capítulos. El relato comienza con Francie a los once años, nos pone en situación de cómo es su vida, pero pronto realiza una retrospectiva para relatar los comienzos de la familia, desde el noviazgo de Johnny y Katie, el posterior matrimonio, el nacimiento de los hijos y su infancia para retomar de nuevo la edad en la que comienza la novela y finalizar con una Francie recién cumplidos los diecisiete años. Aunque narrada en tercera persona omnisciente el punto de vista en casi toda la novela es el de Francie. Ella es la protagonista pero, en numerosas ocasiones, sabremos lo que pasa por la cabeza de Johnny o de Katie o de Sissy.

La novela es muy autobiográfica. Sabemos que Betty Smith vivió en el barrio de Williamsburg, en Brooklyn, el mismo de Francie, que su familia era pobre, que sus padres se llamaban igual que los de la novela y que su madre limpiaba casas. También los trabajos que va realizando Francie a partir de los catorce años son similares a los realizados por la autora en la misma edad. Y Betty Smith se convirtió finalmente en escritora, el sueño de Francie. Pero cuando los periodistas le preguntaban si el libro era autobiográfico, ella contestaba que lo que ahí se contaba era su vida tal y como habría debido ser y no como realmente fue.

A la vez que sabemos de la vida de la familia Nolan vamos sabiendo también de las condiciones de vida de la sociedad obrera de aquella época en Nueva York. En esta novela el sueño americano cobra su sentido en la idea de que con el esfuerzo todo se puede conseguir. Y así es en el caso de la joven Francie. En aquellos tiempos la educación en América ya era gratuita y este es el camino que toma Francie para conseguir prosperar en la vida. Un mundo que no regala nada pero que deja las puertas abiertas para luchar por lo que se quiere llegar a ser. Y es importante recalcar la plasmación que esta novela realiza del cambio paulatino que se produce en el papel de la mujer en la sociedad. Cómo se va independizando a través de los estudios y de su incorporación en el mundo laboral. El mensaje principal del libro es que a través de la educación, la cultura, la valentía y el esfuerzo se puede escapar de la miseria y conseguir una vida más satisfactoria y plena.

La novela fue llevada al cine en 1945 por Elia Kazan con el título en español de Lazos humanos (en inglés mantuvo el mismo título de la novela). Fue la película con la que debutó el reconocido director de cine. Sería interesante poder verla una vez terminada la novela.

Plazos
Vamos a dividir la lectura en tres partes. La primera nos llevará hasta el final del capítulo XIX (pág.166). La leeremos a lo largo de más o menos una semana. Mientras la leéis, podéis ir dejando en este post vuestras impresiones iniciales sobre la lectura. En el siguiente post que publique será en el que analizaremos con más profundidad esta primera parte.

Comenzamos el año con UN ÁRBOL CRECE EN BROOKLYN de BETTY SMITH

8 ene

Hola a todos de nuevo. Ya estamos de vuelta en este recién estrenado 2015 para anunciaros el libro con el que vamos a comenzar el año. Se trata de Un árbol crece en Brooklyn de la escritora estadounidense Betty Smith (1896-1972). Una novela que se convirtió en un auténtico best seller cuando fue reeditada en español en 2008. Originariamente publicada en 1943, nos narra la vida de la pequeña Francie Nolan y de su familia a principios del siglo XX. Una peculiar familia que malvive en un barrio de Brooklyn. A través de sus vivencias podremos acercarnos al sueño americano que arrastró a tantos inmigrantes europeos a la tierra prometida. En palabras del escritor Paul Auster: un libro bellísimo de una novelista maravillosa y olvidada.

A partir del viernes 9 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de más o menos una semana para conseguir el libro editado por Lumen.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Los desorientados. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer esta hermosa y emotiva novela.

¡¡Feliz Navidad y Feliz año 2015!!

22 dic

Delicatessen de Nadal. Foto en flickr de Bibliotecas Municipais da Coruña. Algunos derechos reservados

Estamos a las puertas de la Navidad y, como todos los años, El Club Virtual de Lectura de las Bibliotecas Municipales de A Coruña quiere desear a los miembros del Club Francisco, Kelly, Lourdes, Susana, Marta 1, Marta 2, Andrea, Sandra, Lorena, Luisa, Rosario, Isolda, Javier, Irene, Saevor, Carmen, Atala, José Vicente, Patricia, Gloria, Sonia, Nancy, Mónica, Karen, María y Ángeles, y a todas las demás personas que siguen nuestro blog, unas FELICES FIESTAS y un AÑO 2015 pleno de cosas buenas en compañía de vuestros seres queridos. ¡Y también con muchas, muchas lecturas que nos hacen la vida más bella e interesante! ¡¡Qué lo paséis muy bien!!

Estamos pendientes de comentar la cuarta y última parte de nuestra lectura de LOS DESORIENTADOS de AMIN MAALOUF. Podéis ir dejando vuestros comentarios a lo largo de estos días y, ya con el nuevo año, comenzaremos una nueva lectura.

Todas las palabras que surgen de mi pluma son besos de muerte

19 dic

This is Beirut… Foto en flickr de Thomas Leuthard. Algunos derechos reservados.

Estamos ya en el duodécimo día, es martes, 1 de mayo y quedan cinco días para que finalice la novela. Fray Basile lleva a Adam al laberinto del convento y caminando por él sus pensamientos se desvanecen y una sola pregunta aflora en su mente: ¿Cuál es la razón verdadera de mi regreso a este país tan querido cuyo nombre temo escribir? La respuesta es enigmática: Sólo he vuelto para coger flores. Y se me ocurrió que ese gesto que consiste en coger un flor y añadirla al ramo que tienes ya en la mano e incluso estrechas contra el corazón es el gesto más hermoso y más cruel a un tiempo, porque rinde homenaje a la flor mientras la mata […] ¿Había aprensión, un sentimiento de culpabilidad unido a la revelación de tantas cosas íntimas relacionadas con mis amigos, mi país y mi propia persona? El memorialista es un traidor para los suyos o, al menos, un enterrador. Todas las palabras que surgen de mi pluma son besos de muerte. Palabras misteriosas y pesimistas. Quizá un presentimiento de lo que va a ocurrir más adelante. Pero, a la vez, Adam se encuentra en paz. Serenidad, humildad, deseo de silencio, sentirse invencible… todo eso es lo que siente en el laberinto.

Naím es el primero en llegar al país y el encuentro con Semi y Adam es fraternal. Naím es un hombre alegre, positivo y afable, quizá contagiado por el espíritu de Brasil, el país donde vive. Mientras cenan y brindan por la felicidad de verse nuevo juntos después de un cuarto de siglo, se cuentan sus vidas a lo largo de todos esos años. Bueno, sólo Semi y Naím hablan, pues Adam, con su reserva habitual, les deja explayarse mientras les escucha que es lo que siempre se le ha dado mejor. La timidez y el pudor siempre le han podido. Al día siguiente visitan la antigua casa de Naím mientras continúan conversando sobre sus vidas y otros temas como, de nuevo, las religiones o sus ideas de juventud. Ideas que contenían el deseo de cambiar la sociedad, algo que, visto lo ocurrido en el mundo, ven ahora pueril. Se han hecho adultos y ya no les quedan más sueños.

A instancias de sus amigos, Adam por fin cuenta su historia, visita a su casa de la infancia incluida. Adam era un niño feliz, hijo único que vivía con sus padres en una hermosa y elegante casa, no en vano su padre era arquitecto y su madre decoradora. Todo se trastocó cuando tenía doce años y medio. Hasta entonces, esa casa era para mí el centro del mundo. En agosto de 1970 sus padres mueren en un accidente de avión. Arruinado, y deshecho, tiene que vender la casa e irse a vivir con sus abuelos. Para el niño Adam este hecho tan traumático será el condicionante de toda su vida. Se convierte en una persona reservada y una idea se instala en su ser para no abandonarle jamás: cuando más feliz eres todo puede desaparecer en un instante, por lo que, en los momentos en que, ya adulto, la felicidad se instala en su vida, por ejemplo con una relación amorosa, tiene que destruir esa felicidad antes de que desaparezca. Porque Adam no concibe que esa felicidad pueda durar. Así quedó de marcado. Además no le cuenta a nadie lo ocurrido en su infancia. Es su manera de resguardarse del dolor, así como tampoco ha visitado esa casa hasta ese mismo día en que también abre su corazón a sus amigos. No voy a contaros historias de paraíso perdido, pero eso es exactamente lo que siento. Un paraíso del que me expulsaron como a nuestro antepasado, mi homónimo. Pero no por un pecado, por un accidente.

A continuación viene una larga historia en la que Adam les narra la peculiar relación que estableció, de los diez a los doce años, con una enigmática vecina. Una hermosa mujer rubia, viuda e iraquí. La pasión de ambos por los libros les une y para Adam fue su iniciadora sobre todo en la historia, la arqueología y las biografías. Una persona fundamental en su vida que le influye tanto como para hacerse historiador, pero, a mi parecer, el autor se extiende demasiado en esta historia que viene a romper y a trivializar la emoción e intensidad de lo narrado anteriormente por Adam sobre sus padres y su infancia. La historia en sí no es tan interesante y la alarga demasiado haciendo que se vuelvan a encontrar en la actualidad. No sé qué opináis vosotros. En ese encuentro, Maalouf aprovecha de nuevo para verter opiniones, en boca de la mujer, sobre lo nefastas que son todas las revoluciones. Hay un poso de pesimismo en todas las reflexiones que se hacen en el libro, ¿no creéis?, en cómo la evolución de la historia no ha llevado más a que a calamidades y desastres. En nombre del progreso, de la justicia de la libertad, de la nación o de la religión, no dejan de embarcarnos en aventuras que concluyen en naufragios. Aun así, el autor, siempre deja una puerta abierta a la esperanza en un futuro mejor.

Desde mi punto de vista, esta parte final del libro decae bastante con respecto a lo anterior. Pareciera como si el autor ya hubiera dicho todo lo que tenía que decir y se limita a proseguir con los encuentros y la preparación de la reunión. Todo va encaminado a un final abrupto e inesperado que resuelve en muy pocas páginas. Hay diseminadas en esta parte algunas premoniciones, como la que he apuntado más arriba, sobre el final que le espera a Adam: es cierto que llevo en el nombre a la humanidad naciente, pero pertenezco a una humanidad en vías de extinción […] No seré el primero de un linaje, seré el último, el último de todos los míos, el depositario de sus penas acumuladas, de sus desilusiones y también de sus vergüenzas.

Antes de llegar a ese final, tiene lugar el encuentro entre Adam y Albert, y, una vez más, éste le cuenta su vida: lo que en realidad ocurrió con sus padres, qué ha sido de su vida en EEUU, le revela su condición homosexual, su entrañable relación con sus antiguos secuestradores a los que considera sus padres adoptivos… Asimismo, nos narra la llegada de Dolores y la cena que celebran en Le Code Civil, el antiguo restaurante en el que se reunían de jóvenes, todos los que allí se encuentran: Adam, Semi, Naím, Albert y Dolores. Ésta quiere saberlo todo acerca de su vida pasada: ¡Y ahora contádmelo todo! Cómo os conocisteis, qué os juntó y qué os separó durante tanto tiempo. De nuevo, ese regusto amargo sobre el tiempo que se ha ido pero, a la vez, teñido de esperanza: Con el tiempo acabas por perder las ilusiones. Pero vale más que no ocurra demasiado pronto. Porque, en caso contrario, también pierdes el valor para vivir. La cena continúa y Dolores les pregunta: ¿Por qué la fe ocupa tanto espacio en esta región del mundo? a lo que Naím contesta: el creyente, incluso en su laicidad, es Occidente, y el religioso hasta el ateísmo es Occidente. Aquí, en Levante, no nos preocupan las creencias, sino las filiaciones. Nuestras confesiones son tribus, nuestro afán religioso es una forma de nacionalismo... ¿Qué opináis?

Y ya, en el decimosexto y último día, llega ese final abrupto e inesperado, por lo menos para mí. En catorce rápidas páginas se resuelve y nos deja con una sensación de que quizás el autor no sabía bien cómo terminar o que se había cansado de escribir y había que terminar cuanto antes o ya lo había dicho todo y no tenía sentido contar esa reunión o… ¿Qué pensáis vosotros? Se admiten sugerencias. El capítulo comienza: ese día de mayo iba a ser el del reencuentro. Fue el de la postrera separación y la postrera dispersión. Un accidente acaba con la vida del chofer y de fray Basile y deja a Adam en coma. Cuando encuentran su libreta nos enteramos de que el hermoso párrafo con el que comienza el libro lo había escrito Adam unos días antes del accidente para leerlo al final de la reunión. Un texto de clausura y de adiós. Sabiendo esto, sus palabras cobran mayor significado. A pesar de la carga de pesimismo que contienen, el final es esperanzador: mi gran alegría es haber encontrado entre las aguas unos cuantos islotes de delicadeza levantina y de ternura serena. Y eso me proporciona otra vez, al menos de momento, un apetito nuevo por la vida, razones nuevas para luchar y quizá, incluso, un estremecimiento de esperanza. Pero, como dicen las últimas palabras del libro, todo queda en suspensión: Dolores, que lo ha trasladado en avión ambulancia a una clínica parisina y que no se aparta de la cabecera de su cama, prefiere decir que está en suspensión. “Como su país, como este planeta-añade-. En suspensión como todos nosotros.

Plazos
Disponéis de una semana larga para comentar esta última parte y todo el libro en general. Luego, se nos echan las fiestas encima y haremos una pequeña pausa para volver con un nuevo libro a comienzos de enero. Aunque pondré un post para felicitaros las navidades, me adelanto para desearos ¡Feliz Navidad y un maravilloso 2015!

Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación

12 dic

Two religions. Foto en flickr de Dmytro Zagrebelnyy. Algunos derechos reservados.

Llegamos al octavo día de la estancia de Adam en el país levantino. Es viernes, 27 de abril. Estamos en el ecuador de la novela y los hechos continúan transcurriendo más o menos con la misma dinámica. Encuentros con los amigos, cartas que se van cruzando, conversaciones muy interesantes sobre los más diversos temas… La reunión se va fraguando y finalmente se adelanta para la semana siguiente. Van a estar casi todos: Adam, Semi, Tania, Albert, Naím, Ramez, Ramzi o fray Basile, Nidal, el hermano de Bilal, y algunas de sus mujeres.

Hay muchas conversaciones sobre la religión en esta parte porque además están representadas casi todas: Ramez y su mujer, Dunia, son musulmanes, Nidal se ha convertido en un islamista, fray Basile es católico, Naím es judío y los demás, aunque son cristianos, se muestran escépticos o alejados de la religión. No hay que olvidar que cuando ellos eran jóvenes, todas las religiones convivían en paz. Algo, que, en la actualidad, se ha perdido ya que se han extremado y enfrentado las posturas y la religión se ha convertido en algo omnipresente en los países árabes. De eso mismo habla Dunia cuando afirma: lo que me exaspera es este sistema de ahora de meter la religión en todas partes y de usarla para justificarlo todo […] Cada vez hay más personas para quienes la religión sustituye a la ética […] Algún día se cansará nuestra gente de una religión tan cargante y prescindirá de todo, de lo mejor y de lo peor.

Naím, por carta, le habla a Adam de una larga conversación que mantuvo con su padre sobre la situación de los judíos, especialmente en el mundo árabe: pronto no quedará ninguna comunidad judía en el mundo árabe […] ¿Hubo un solo momento en la historia del mundo árabe en que nos tratase alguien como a ciudadanos de pleno derecho? […] Si, recién concluidos los horrores nazis, no hubiera surgido este conflicto en torno a Palestina ¿no habría mejorado la suerte de los judíos en las sociedades árabes en vez de irse deteriorando? […] Nuestra suerte está echada desde mucho antes de que nacieras, e incluso desde mucho antes de que naciera yo […] El camino por el que han tirado los israelíes no me convence, pero no tengo alternativa que proponerles. Así que me voy lejos, me callo y rezo. Y Naím concluye: Estamos en la era de la mala fe y de los campos atrincherados. Bien seas judío, bien seas árabe, sólo puedes elegir ya entre odiar al otro u odiarte a ti mismo. Y, si tienes la desdicha de haber nacido como yo, árabe y judío al tiempo, entonces ya ni existes.

Igualmente Adam afirma que es ese conflicto el que impide a Occidente y al islam reconciliarse, es el que hace retroceder a la humanidad contemporánea hacia las crispaciones identitarias, hacia el fanatismo religioso […] es en primer término por ese conflicto por lo que la humanidad ha entrado en una fase de involución ética y no de progreso. Adam analiza el conflicto árabe-israelí, y el papel de occidente en él, abogando idealmente por el entendimiento, algo, que, por otro lado, ve casi imposible que pueda suceder.

En su encuentro con el integrista Nidal se vuelve a tocar el conflicto islam-occidente, pareciendo que ambos representaran a cada uno de esos mundos. Es un encuentro tenso y difícil lleno de reproches: lo que no quieres ver es que en Occidente todo cuanto proceda de nosotros se mira con hostilidad […] Desde hace siglos, existe una hostilidad sistemática hacia todo lo que procede de nosotros […] Desde su punto de vista, hagamos lo que hagamos, siempre lo hacemos mal. En esta conversación, Adam, el árabe cristiano que vive en Francia, se cuestiona en qué lado está él, llegando a la conclusión de que no pertenece a ninguno: para mí, esos dos universos rivales son a la vez “ellos” y “nosotros”. Nidal prosigue el ataque: la relación entre ellos y nosotros no es hoy en día igualitaria en absoluto. Hace cuatrocientos años que no invadimos países en Occidente; son siempre ellos los que nos invaden, los que nos imponen su ley, los que nos tienen sometidos, nos colonizan y nos humillan […] pero tú, historiador, y a quien preocupan la verdad y la objetividad, no te decantas ni por unos ni por otros. Adam le replica duramente preguntándole por qué no consiguieron impedir esa invasión y esa humillación: ¿Por qué somos incapaces de fabricar unas armas tan poderosas como las de Occidente? ¿Por qué ocurrió la revolución industrial en Europa y no aquí? ¿Por qué nos quedamos en el subdesarrollo, la vulnerabilidad y la dependencia? […] Al final no nos quedará más remedio que mirar de frente nuestra propia derrota, la gigantesca y clamorosa debacle histórica de esta civilización, de nuestra civilización […] Los vencidos siempre tienen tendencia a presentarse como víctimas inocentes pero tienen la culpa de que los hayan vencido.

Son muchas los temas que aquí se plantean, y sólo he esbozado algunos. ¿Qué opináis de estas diferentes posturas según sean judíos, cristianos, musulmanes, integristas u occidentalistas? Parece que todos les echan la culpa a los otros. La sensación que tengo al leer este libro es que Amin Maalouf plantea numerosos temas a través de las conversaciones que mantienen unos y otros pero que todas quedan abiertas, sin encontrar respuestas. Quizá es que no haya respuestas y es suficiente con plantearse las preguntas para que nos hagan pensar. Es un tema muy complejo y además a nosotros nos queda un poco lejos aunque nos interese. Pero el autor mantiene la esperanza, siempre ésta planea de fondo. Como afirma Adam: más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación.

Para poner un poco de calma y paz interior a todo este conflictivo debate, esta cuarta parte termina con una visita de Adam a fray Basile, el antiguo ingeniero que se ha retirado a una comunidad religiosa en el campo. Visita que le sirve a Adam para, de nuevo la religión, plantearse cuál es su postura ante ésta: no soy adepto a ninguna religión y no siento necesidad de serlo, aunque no siente ninguna hostilidad hacia los símbolos de la fe. Tampoco se considera ateo. ¿Qué hay más allá? No lo sé. ¿Hay algo? No lo sé […] Me hallo entre la creencia y la incredulidad igual que me hallo entre mis dos patrias: tengo presente una, tengo presente otra, sin pertenecer a ninguna de las dos. Adam pasa una jornada con los monjes sintiéndose a gusto, la atmósfera que se respira es de paz y concordia. Es una comunidad católica, minoría en ese país: a quién pertenece a una minoría le apetece callar su diferencia y no sacarla a la luz o enarbolarla como un estandarte. Y fray Basile con sus palabras vuelve, de alguna manera, al tema que nos ocupa casi todo este post: Si todos los hombres son mortales, nosotros, los cristianos de Oriente, lo somos por partida doble. Una vez como individuos, y eso es decreto del Cielo; y otra en tanto en cuanto comunidades, en tanto en cuanto, como civilización, y en eso no pinta nada el Cielo, la culpa la tienen los hombres. Al autor le preocupa la pervivencia de los judíos, los católicos, los cristianos, todos minorías en esta parte del planeta, en un mundo fundamentalmente musulmán. Y no olvidemos que las guerras en el Líbano fueron mayoritariamente entre facciones cristianas y musulmanas.

Hay más temas y vicisitudes en esa parte que os las dejo a vosotros: la carta de Dolores; la evolución de la relación entre Semi y Adam, y la explicación que éste se da a sí mismo de por qué no quiere que se acabe mientras esté en su país; la historia de Semi y su familia; la visita a Tania y la incomodidad de Adam ante el cambio de su antigua amiga… Podéis comentar todo lo que queráis sobre ello y también sobre el tema política-religión que es en el que más me he extendido.

Plazos
Es el turno de vuestros comentarios. Espero que sean numerosos. Disponéis de una semana más o menos para ello. Mientras, continuaremos con la lectura de la cuarta y última parte a partir del capítulo Duodécimo día (pág. 413) hasta el final de la novela.

¡Si nada hubiera cambiado!

5 dic

Foto en flickr de FlickrJunkie. Algunos derechos reservados.

La segunda parte de nuestra lectura continúa narrando la estancia de Adam en su país natal. Comprende desde el quinto al séptimo día. A lo largo de estos tres días, como en toda la novela, se va alternando la narración de lo que está viviendo el protagonista en su tierra con sus recuerdos del pasado que plasma por escrito, a veces a través de e-mails que envía a sus amigos para convocarlos a una próxima reunión que utiliza asimismo para hacer una puesta en común de sucesos de aquel pasado ya lejano.

El romance entre Adam y Semi continúa con el consentimiento de Dolores, la compañera de Adam. Una mujer inteligente que sabe que desde París poco puede hacer y se muestra comprensiva ante esa vuelta a la juventud que está viviendo su pareja, amores frustrados incluidos. Todo muy moderno, muy racional, muy maduro… y también, a mi parecer, un poquito frío. No siento esa pasión, no me la transmiten las palabras del autor. Pero entiendo que en esa vuelta al pasado tenía que haber algo de amor y sexo. ¡Cuántos no habremos dejado historias de este tipo sin vivir en nuestra juventud! Pero, insisto, ya que la incluye echo en falta algo más de pasión, intensidad y descoloque. ¿Qué opináis vosotros? Por otro lado, las dos mujeres se muestran muy maduras en oposición al hombre al que se le ve algo perdido y sin saber manejar muy bien la situación. Aunque ya nos ha ido dejando ver el autor que Adam es un hombre indeciso, tímido y excesivamente correcto.

Después de sus devaneos amorosos, Adam retoma su relato de lo acontecido en el pasado. Nos narra el final del rocambolesco secuestro de Albert que, gracias a las gestiones de Mourad, es liberado. Después de lo vivido, Albert ya no desea suicidarse sino marcharse del país. Además sus secuestradores le han cogido tanto cariño y él a ellos que se despiden con lágrimas y promesas de volverse a ver. Yo creo que este secuestro tan delirante sólo muestra lo delirante que fue aquella sucesión de guerras acaecidas en Líbano donde los que se enfrentaban eran, más que grupos ideológicos, familias, clanes, tribus, cabecillas locales de los diferentes barrios de la capital y de los distritos de la montaña. Albert aterriza en París en 1980 pero sólo temporalmente porque su objetivo es marcharse a EEUU a ejercer la curiosa profesión de futurólogo, algo que, a través de las cartas que se envían ambos amigos, nos explica profusamente el autor.

Mientras Mourad es enterrado, Adam, que se ha reafirmado en la idea de no ir, escribe a Albert y a Naím sendos correos electrónicos para comunicarles el fallecimiento de Mourad y el deseo de Tania de que se reúnan de nuevo todos los amigos.

Quiero hacer un aparte para comentar cómo Adam en la reconstrucción que está haciendo de su pasado se enfrenta a su yo más íntimo y encuentra un desfase entre éste y su condición de historiador. En su profesión destaca. Sabe cómo narrar la vida y los hechos de la historia, como la de Atila en cuya biografía se encuentra enfrascado en ese momento. Si de lo que habla es de la antigüedad es brillante. Puede desarrollar con gran perfección todo aquello que es ajeno a él. Por eso, la vuelta a su país le enfrenta con su propia vida, sobre todo con el hecho de no haber vuelto nunca en tantos años tratando de olvidar todo lo pasado. Adam necesita reflexionar con tiempo y enfrentarse a quién es él en realidad. Echo en falta que el autor nos dé más datos sobre esta situación tan importante que vive el protagonista. Sólo de vez en cuando un apunte como éste: el material del que dispongo para reconstruir mi propio pasado es de una abundancia inaudita, tanto en el caso de mis recuerdos personales como en el de los documentos conservados. Mi drama reside en otra parte, en esa invalidez mental que aparta mi universo íntimo de mis escritos públicos como si sólo pudiera desacreditarlos. ¿Algún comentario sobre esto?

Naím y Albert contestan al momento mostrando un gran entusiasmo en realizar esa reunión. A pesar de mostrar dolor por su muerte, ambos dedican palabras reprobatorias a la conducta pública y a la evolución ética de Mourad y Naím le pregunta directamente a Adam qué es lo que realmente sucedió entre ellos para que su amistad terminara. Éste no duda en contarle con toda profusión de detalles qué es lo que ocurrió. En realidad el motivo no fue nada personal entre ellos sino la actitud ética de Mourad desde el comienzo de la guerra en que se vio metido en una espiral de pleitos interminables sobre tierras y especialmente sobre su casa en el pueblo, su adorada casa, donde todos se reunían: la casa antigua era para él mucho más que una propiedad: representaba su categoría, su prestigio, su honor y su fidelidad a los suyos; en pocas palabras, su razón de ser […] Estaba claro que aquel litigio era, de toda la vida, su punto flaco. Y por esa grieta se colaron, efectivamente, la desdicha y la vergüenza.

La casa es finalmente ocupada por la familia enemiga de Mourad utilizando las armas y éste enloquece. Adam, que todavía está en contacto con él, intenta disuadirlo de cometer una locura pero éste le despacha con cajas destempladas. Ahí comienzan sus fisuras. Mourad termina buscando la ayuda de un siniestro personaje bien relacionado con las altas esferas y los países ocupantes en aquel momento. Un traidor. Éste no duda en ayudarle, asaltando la casa y fusilando al cabecilla responsable de la ocupación. Como ahora le debía al “Alto Comisario” la seguridad e incluso la supervivencia, Mourad se convirtió cada vez más en su hombre de confianza e incluso en su vasallo. Gracias a ese vasallaje, Mourad va ascendiendo en la escala política llegando a ser ministro e insultantemente rico […] El ascenso político de nuestro amigo fue consecuencia directa de la grave falta que cometió. Desde aquel momento cometió muchas más, por la fuerza de los acontecimientos… […] Sospecho que nuestro antiguo amigo fue, tanto en los negocios como en política, el testaferro y la cara presentable del siniestro “Alto Comisario” y que recibió la parte que le correspondía de sus múltiples manejos: extorsión, saqueo, drogas, blanqueo y a saber qué más. […] Pensar que uno de nuestros amigos íntimos tiró por ese camino me resulta intolerable. A veces hay quien me dice, para defenderlo: no hizo nada que no hicieran todos esos que prosperaron en los años de la guerra. Es posible que hiciera lo que todos, pero él era uno de los nuestros. Soñamos juntos un país diferente, un mundo diferente. A él no le perdono nada. […] tú y yo tuvimos que alejarnos de Levante para intentar seguir con las manos limpias. No tenemos nada de que avergonzarnos, pero sería aberrante preconizar que el exilio es la única solución para nuestros dilemas éticos. ¿Qué opináis de esta última afirmación? Está claro que Adam, y el autor detrás de él, se despacha a gusto a través de esta historia con su país. Todo un ajuste de cuentas. Pero el dilema ético está ahí. ¿Qué hacer ante una situación así? ¿Irse? ¿Quedarse y mancharse? ¿Quedarse y mantenerse limpio si eso es posible? Todo esto me recuerda a La hija del Este, la guerra de Yugoslavia y todas las guerras en realidad. Como dice Adam: las guerras no se limitan a sacar a flote nuestros peores instintos: los fabrican, los moldean. Se vuelven traficantes, saqueadores, secuestradores, criminales o asesinos muchos que habrían sido buenísimas personas si la sociedad en que vivían no hubiera implosionado…

Cuando Adam visita, después del entierro, a Tania, ésta se muestra dura con él e intenta disculpar a Mourad. Le dice que él hubiera hecho lo mismo si se hubiera quedado. Y va más allá cuando le pregunta qué hubiera ocurrido si todos se hubieran ido del país como hizo él. Los que se quedaron se ensuciaron las manos para conservar un país para vosotros, para que pudierais regresar un día. Creo que toda la historia de Mourad y el dilema de irse o quedarse, que resumen muy bien las palabras de reproche de Tania, son el tema central de esta novela. ¿Qué opináis de todo esto?

A continuación viene la historia de amor entre Semi y Bilal, rota por la muerte violenta de éste cuando opta por las armas. Bilal se queda con la bella Semiramis y Adam la pierde, una vez más por haberse convertido en esta persona demasiado educada, demasiado pendiente de no desagradar nunca a nadie, demasiado absorta en mis libros y en mis ensoñaciones, ¡en esta persona tan timorata! ¿Ha cambiado Adam o sigue siendo el mismo? Cuando Adam decide quedarse unos días más en el albergue de Semi ¿lo hace fundamentalmente para vivir aquello que no vivió con ella? Él se lo pregunta. Bilal y Adam eran amigos íntimos en aquel momento y, de alguna manera, Bilal le da una lección de sinceridad y amistad verdadera cuando, cuatro años después de que Semi comenzara una relación con Bilal, le saca el tema hablando con la pasión e intensidad que le caracterizaba. Bilal era un hombre que vivía todo en carne viva y Adam poseía un pudor extremo y un caparazón imposible de arrancarse.

Semi le cuenta a Adam su relación con Bilal, tormentosa, apasionada, y el porqué éste tomó las armas. Os dejo a vosotros los comentarios sobre ambos temas, muy interesantes, que podrían partir de la siguiente pregunta que se hace Adam: los conflictos que alteraban nuestro país, ¿eran sencillamente enfrentamientos entre tribus, entre clanes, por no decir entre varias bandas de golfos o tenían de verdad una dimensión más amplia, un contenido más ético?

Nos queda por comentar la historia de otros dos amigos, inseparables, Ramzi y Ramez. Dos caras de una misma moneda. Uno cristiano, el otro musulmán. Dos ingenieros que crearon una empresa que rápidamente creció por muchos países lo que les hizo inmensamente ricos. Pero Ramzi, después de años y vicisitudes varias, abandona todo y se convierte en monje mientras Ramez continúa con la empresa. Ramzi fracasa en el amor y en la paternidad y se cuestiona continuamente el porqué de lo que hacen mientras que Ramez está felizmente casado y disfruta con su trabajo. Es un hombre feliz.

Adam se encuentra con Ramez, un hombre campechano a pesar de su riqueza, simpático y buen amigo que le cuenta todo lo acontecido en su vida y en la de Ramzi a lo largo de esos años. Hay reflexiones muy interesantes sobre la situación de los árabes y los musulmanes en el mundo. Os invito a comentarlas ya que me he extendido demasiado. Podrían comenzar por esta frase de Ramez: pertenezco por nacimiento a una civilización derrotada.

Plazos
Hay muchos temas interesantes que comentar en esta parte. Es vuestro turno. Disponéis de una semana más o menos para ello. Mientras, continuaremos con la lectura a partir del capítulo Octavo día (pág. 273) hasta el final del capítulo Undécimo día (pág. 409).

Al volver a mi tierra inundada

27 nov

Beautiful Land. Beirut, Lebanon. Foto en flickr de Sorgul. Algunos derechos reservados.

El libro se abre con una cita de la pensadora y filósofa Simone Weil sobre el poder envilecedor del uso de la fuerza. Como Gloria, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice y me parece un buen arranque para Los desorientados.

Antes de comenzar con el Primer día, podemos leer un hermoso texto de tono pesimista pero no exento de esperanza a manera de introducción. Escrito por Adam, un hombre de 47 años, dos días antes del drama (¿a qué se refiere? Por ahora es muy pronto para saberlo) es todo un retrato de su persona. Empezando por su nombre: llevo en el nombre a la humanidad naciente, pero pertenezco a una humanidad que se extingue. Adam, el origen del hombre. ¿Por qué creéis que el autor escoge este nombre para el protagonista? Adam no se arrepiente de haber emprendido ese viaje, esta peregrinación inútil en la que llevo diez días a su país natal del que se alejó hace veinticinco años pero que nunca olvidó. En su estancia ha recobrado un apetito nuevo por la vida, razones nuevas para luchar y quizá, incluso, un estremecimiento de esperanza.

Pero vayamos al principio de la historia. Un viernes, 20 de abril (¿de qué año? Puedo conjeturar que es el 2001), Adam recibe de madrugada una llamada en su casa de París. Tania, la mujer de su “antiguo amigo” Mourad, le comunica: tu amigo se muere. Quiere verte. Hace veinte años que no se hablan. Adam duda un instante pero, animado por su compañera Dolores y porque si se negaba a acudir junto al lecho de su antiguo amigo, le remordería la conciencia hasta el último día de su vida, coge el primer vuelo con origen a su país natal. El país levantino (como él lo denomina) en el que vivió hasta que comenzó la guerra y decidió exiliarse en plena juventud allá por los años setenta. Adam lleva siempre consigo una libreta en la que pone en orden sus pensamientos: hay personas que para pensar tienen que escribir. Una vez en el avión comienza a escribir. A partir de ese momento la narración alternará el punto de vista del narrador omnisciente en tercera persona con el de Adam, en primera persona, en sus escritos. Éste se plantea cómo portarse con un amigo al que dejó de hablar y que está a punto de morir. Mourad, que al contrario que Adam, permaneció en el país, traicionó durante la guerra los valores en los que ambos creían. Pero de camino a su último encuentro, Adam encuentra razones para justificar sus actos: al quedarse tuvo que encontrar apaños, aceptar, según iban pasando las cosas, unas cuantas transigencias que acabaron por llevarle hasta lo inaceptable. Si me hubiera quedado en mi tierra, me hubiera portado como él. A distancia, podemos negarnos a algo impunemente; in situ, no siempre se cuenta con esa libertad. Con estas palabras, Adam comienza su viaje al interior de sí mismo no exento de autocrítica: con las primeras matanzas, me fui, escapé; seguí teniendo las manos limpias. Mi cobarde privilegio de desertor honrado. ¿Cuánto de Amin Maalouf no hay detrás de estas palabras?

Mourad muere antes de llegar a encontrarse con Adam y éste siente la necesidad de estar solo y reencontrarse con sus recuerdos a través de sus escritos. Todo su pasado, postergado durante veintitantos años, está volviendo a él con una fuerza inusitada y no desea más que abrirle la puerta. El no haber visto a su amigo vivo no le importa, es más, le satisface este epílogo ya que encuentra en él un toque de elegancia moral: la muerte tiene su sabiduría propia, hay veces en que vale más dejar las cosas en sus manos que en las de uno mismo. Y comienza a recordar cómo y dónde se conocieron. En la universidad, octubre de 1971, un grupo de amigos entre los veintitrés y los diecisiete años entrábamos en la vida estudiantil con una copa en la mano y la rebeldía en el corazón. Querían cambiar el mundo. Pero llegó la guerra y todo se corrompió: la amistad, el amor, la abnegación, las afinidades, la fe; y la fidelidad. Y también la muerte. Mis amigos eran de todas las confesiones; y todos consideraban un deber, una coquetería, burlarse de la suya; y, luego, afectuosamente, de las de los demás […] Nosotros que nos jactábamos de voltairianos, de camusianos, de sartrianos, de nietzscheanos o de surrealistas, volvimos a ser cristianos, musulmanes o judíos. Mourad y él eran muy diferentes: aquel sentía su país como suyo y Adam siempre se sintió como un invitado, incurablemente forastero. Antes que él, se marchó Naím, judío, de los últimos que quedaban en el país. Él y su familia se marcharon a Brasil en 1973. El grupo comenzaba a disgregarse. El siguiente fue Bilal. Un ser puro que escogió las armas: un ser enajenado pero puro, sí, y sin mezquindad. Fue abatido en un tiroteo entre dos grupos armados. El siguiente en irse fue él.

De nuevo en el presente, Adam se niega a pronunciar unas palabras en las exequias de Mourad: no quiere mezclarse con gente que se manchó con la guerra, pero, a la vez, un fuerte deseo de quedarse se apodera de él, acababa de empezar a recuperar sus puntos de referencia. Además, Tania le transmite su anhelo de volver a ver a todos los amigos reunidos de nuevo. Adam idea un plan que le permita quedarse pero alejado de todo “ruido” para continuar recordando con calma lo que fueron aquellos años: refugiarse en el hotel que regenta otra de sus antiguas amigas: la bella Semiramis. Un idílico lugar en medio de la naturaleza y con una anfitriona con la que no llegó a vivir una historia de amor muy deseada en el pasado. Esta es una mujer serena, que también se quedó en el país, que transmite equilibrio, seguridad e independencia. Vive su vida en soledad rodeada de numerosos libros.

Ya instalado en el hotel, Adam continúa con sus recuerdos. Explica el porqué de su marcha: sólo veía a mi alrededor violencia y regresión. En este universo levantino que se iba oscureciendo sin parar, ni estaba ya mi lugar, ni quería buscarme uno. Adam, al contrario que Mourad, no siente un apego grande a su país: nací en un planeta, no en un país. Pasaron los años postergando continuamente su vuelta: no regresaría a vivir a mi país hasta que fuera otra vez el que yo había conocido. Sabía que era imposible, pero aquella exigencia no era negociable. Y sigue sin serlo.

Adam revisa cartas que le enviaron sus amigos a París no exentas de reproches por su marcha y por no querer volver. Como apunta Monichampi, Tania le acusa: ¿Que te decepciona un amigo? Deja de ser tu amigo. ¿Que te decepciona tu país? Deja de ser tu país. Y como eres fácil de decepcionar, acabarás por verte sin amigos y sin patria. Y a continuación, Tania describe, muy certeramente, lo que es este país levantino: será siempre un país de facciones, de desorden, de favores bajo cuerda, de nepotismo, de corrupción. Pero es también el país de la dicha de vivir, de la calidez humana, de la generosidad. Y de tus amigos más ciertos. Adam sabe que si hubiera vuelto en algún momento, se hubiera quedado, pero si no lo hizo fue porque de lo que no puede uno reponerse es de la desaparición del porvenir. El país cuya ausencia me entristece y me obsesiona no es aquel que conocí en la juventud; es aquel que soñé y que nunca pudo ver la luz. Todo lo que escribe Adam es un diálogo interminable conmigo mismo.

Y aparece Albert, el amigo de la infancia, el niño que nunca tuvo familia, que siempre estuvo solo. A través de sus cartas durante la guerra, en las que continuamente se está quejando de todos los inconvenientes, Adam recuerda la amistad tan especial que siempre tuvo con él. Y recuerda, recuerda hasta llegar hasta ese día de 1979 en el que le comunica por carta que se va a suicidar porque ya no aguanta más la vida ni a ese país. A partir de ahí, comienza una historia delirante en la que Albert ve fraguado su suicidio por un secuestro muy propio de la época y del país. Adam nos lo detalla con todo tipo de detalles, no exentos de comicidad, porque finalmente el secuestro le salva la vida. A él, además, que siempre ha estado tan alejado de la política.

Percibo cómo el autor, más que narrarnos la guerra, nos habla de la influencia, enorme, que tuvo en cada uno de ellos. No hay datos, fechas, batallas, descripciones… también porque el autor no quiere en ningún momento decirnos que está hablando del Líbano, prefiere que se quede en la idea de un país impreciso y, por tanto, los datos son también imprecisos. El autor escoge centrarse en las historias personales, en los estados de ánimo de cada uno de ellos. La guerra queda difuminada como un telón de fondo de sus vidas.

El final de cuarto día y, por lo tanto de esta primera parte de nuestra lectura, termina con el inevitable encuentro sexual entre Adam y Semiramis, propiciado por ésta. Se veía venir y más desde que, cenando, ambos recuerdan cómo se conocieron y cómo no ocurrió nada entre ellos en aquel momento aunque ambos lo deseaban fervientemente. El paso del tiempo no ha atemperado su deseo y, finalmente, ambos dan rienda suelta a su sentir.

Me gustaría que fuerais comentando esta parte así como qué es lo que opináis de los diferentes personajes que van apareciendo en la historia. También podéis comentar las interesantes conversaciones que tienen lugar entre ellos a través de las cuales se van perfilando sus personalidades.

Plazos

Continuamos con la lectura a partir del capítulo Quinto día (pág. 129) hasta el final del capítulo Séptimo día (pág. 269). Lo leeremos a lo largo de una semana más o menos. Mientras leemos esta segunda parte, comentaremos esta primera parte de la lectura.

Los desorientados: la historia de una generación rota por la guerra y el exilio

21 nov

Después de diez años sin publicar ficción, Amin Maalouf vuelve a ella con Los desorientados. A lo largo de estos diez años el autor ha publicado diversos ensayos sobre las relaciones y la problemática entre las diferentes culturas, uno de sus temas clave, incidiendo, como siempre, en la necesidad de la tolerancia y la fraternidad entre los pueblos. Esta novela se mueve en el mismo terreno pero centrándose en lo personal. La pérdida de la identidad, el exilio forzado, la amistad, la pasión, el amor, la religión, los ideales perdidos, el compromiso, la traición y, de fondo, el choque de culturas. Como afirma el autor: tengo, desde hace años, la impresión obsesiva de que el mundo al que pertenezco se desdibuja más cada día, y que podría desaparecer estando yo vivo. Mi novela ha nacido de ese sentimiento. En Los desorientados, me inspiro con mucha libertad en mi propia juventud. La he pasado con amigos que creían en un mundo mejor. E incluso si ninguno de los personajes del libro corresponde a una persona real, ninguno es enteramente imaginario. Me he nutrido de mis sueños, de mis fantasmas, de mis remordimientos, tanto como de mis recuerdos. En esta novela, Maalouf regresa a su país natal con la necesidad de revisar su pasado y todo lo ocurrido en Líbano desde que se exilió a Francia en 1975.

Adam, una especie de alter ego del escritor, es un reputado historiador libanés que vive en París desde que se exilió debido a la guerra que asoló a su país en los años setenta. Atrás deja un heterogéneo grupo de amigos (musulmanes, judíos, cristianos… reflejo de la buena convivencia entre las diversas culturas y religiones que existía hasta ese momento en su país) al que los enfrentamientos obligan a tomar distintas decisiones. Hasta ese momento todos han compartido un sueño común: un mundo mejor. Los integrantes de “El Círculo de los Bizantinos”, que es como les llamaban, pretendían cambiar el mundo. Pero la guerra irrumpió separándolos y haciendo que los que cambiaran fueran ellos. Algunos se fueron al exilio y otros optaron por quedarse en el país y Adam se pregunta qué es mejor, si la elección de un exilio dorado o quedarse y enfrentarse a una situación sin elección posible. El protagonista ha olvidado, aparentemente, todo su pasado hasta que veinticinco años después recibe una llamada que le llevará a enfrentarse de nuevo a todo lo que ha querido dejar atrás. Mourad, uno de los amigos con el que se enemistó, está gravemente enfermo y quiere volver a verle para reconciliarse con él. Adam deja atrás las rencillas pasadas y vuela a su país natal sin pensárselo demasiado. Este hecho será el motor que desencadene sus recuerdos de un tiempo mejor y su reencuentro con una tierra en realidad nunca olvidada. Una vez allí querrá volver a saber qué fue de cada uno de los amigos e, improvisadamente, pondrá en marcha un encuentro con todos ellos. El pasado se apodera de él y lo que iba a ser una estancia muy corta se alarga a lo largo de dieciséis días en los cuales se encuentra con los que se quedaron allí y entra en contacto por mail con los que, como él, se exiliaron. Pareciera que Adam busca la remisión, el perdón por el exilio a través del contacto con los que optaron por permanecer en el país. Finalmente el viaje físico se convierte en un viaje al interior de sí mismo.

Los personajes son estereotipos: hay un antiguo amor, la bella Semiramis, que le acoge en su encantador hotel con la intención de recuperar el tiempo perdido, un judío, un político corrupto, un hombre de negocios de éxito, un islamista, un cristiano, un monje, un exiliado en Estados Unidos que trabaja para el gobierno, otro que optó por la lucha armada y murió… Todos fruto de una guerra desoladora que acabó con su sueño de convivencia y paz. El libro está plagado de conversaciones interesantísimas sobre los más diversos temas en los que el autor profundiza ayudándonos a entender mejor el conflicto entre el mundo occidental y el mundo árabe así como las diferencias entre estos que se han ido agudizando como consecuencia de tantos desastres consecutivos. El posicionamiento del autor es claramente a favor del entendimiento: conciliación, diálogo, comprensión, tanto a nivel personal como político. Recurro de nuevo a palabras de Amin Maalouf: la diversidad en sí misma no es ni una bendición ni una maldición. Es sencillamente una realidad, algo de lo que se puede dejar constancia. El mundo es un mosaico de incontables matices y nuestros países, nuestras provincias, nuestras ciudades irán siendo cada vez mejor a imagen y semejanza del mundo. Lo que importa no es saber si podremos vivir juntos pese a las diferencias de color, de lengua o de creencias; lo que importa es saber cómo vivir juntos, cómo convertir nuestra diversidad en provecho y no en calamidad.

Los desorientados está contada por dos voces narrativas: un narrador en tercera persona omnisciente que nos va a proporcionar una visión más global de la historia y otro en primera persona, el propio Adam a través de su diario personal, que nos aporta la parte más íntima y sincera. La novela está dividida en dieciséis capítulos que corresponden a los dieciséis días que pasa el protagonista en su país pero la acción, gracias a las notas personales de Adam, se mueve desde el presente hasta casi treinta años atrás. El estilo es sencillo, elegante, pausado, fluido y ameno.

El título hace mención a la desorientación de los personajes que ven como desaparece el mundo en el que crecieron y se las tienen que arreglar como pueden sin referencias posibles así como a la desorientación del mundo en general.

En la novela nunca se dice de qué país se trata: ¿ese país que no se nombra nunca es el país en el que he pasado yo mismo mis años de juventud? Sí y no. Lo he cogido indudablemente como modelo, pero sería vano buscar referencias precisas a lugares o fechas. Lo que acabo de decir no es, sin embargo, más que una explicación a posteriori. La verdad es que no he sentido, en ningún momento, que tuviese que llamar a ese país por su nombre. Lo cual es sin duda revelador de los sentimientos complejos que me inspira todavía. Y que me inspirará hasta el fin de mis días.

Os dejo un par de enlaces a sendas entrevistas a Amin Maalouf sobre la novela. Una concedida a El País y otra a Europa Press. Iba a incluir una entrevista que le hizo “Revista de letras”, a mí parecer la más interesante y completa, pero se me ha adelantado Susana que ha dejado el link en los comentarios del anterior post. Leedla. Merece la pena. Gracias Susana.

Plazos
Como el libro es muy largo, más de quinientas páginas, vamos a dividir la lectura en cuatro partes. La primera, a la que dedicaremos más o menos una semana, nos llevará hasta la página 125, final del capítulo que corresponde al Cuarto día. Podéis ir dejando en este post vuestras impresiones iniciales sobre la lectura para pasar ya a comentar con más profundidad esta primera parte en el siguiente post.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 158 seguidores