Su temida y odiada madre

5 Feb

Palacio de invierno. San Petersburgo. Foto en flickr por Little Sadie. Algunos derechos reservados.

Para empezar situémonos en el tiempo y en el espacio. La primera parte de El vino de la soledad se desarrolla en Ucrania donde Elena vive desde los ocho a los doce años, entre 1910 y 1914, año del comienzo de la I Guerra Mundial. La segunda parte arranca con el traslado de la familia a San Petersburgo donde vivirán hasta el inicio de la Revolución Rusa de 1917 cuando Elena ya tiene quince años.

Boris y Bella Karol viven en una aletargada ciudad de provincias perdida en lo profundo de Rusia con los padres de Bella, los Safronov, y Elena, su única hija. La profesión de Boris, gerente de una fábrica de tejidos, les permite llevar una vida acomodada. Boris ha salvado de la miseria a los Safronov, una familia aristócrata que ha dilapidado su fortuna. El matrimonio de Bella ha sido claramente de conveniencia. Ésta no quiere a su marido y únicamente le ha dado una hija para contentarle. Boris, sin embargo, ama a su mujer pero se pasa casi todo el tiempo fuera y, cuando está en casa, las peleas se suceden. Boris además es débil, cede para evitar los problemas. Elena crece con el único amor de su institutriz, mademoiselle Rose. Odia a su madre, adora a su padre que tampoco parece quererla mucho (estoy de acuerdo con vosotros en lo del complejo de Edipo que sufre), siente algo de aprecio por su abuelo y no soporta mucho a su quejosa y triste abuela. Elena es víctima y, a la vez, observadora de la triste vida familiar que lleva.

A través de una cena familiar la autora nos presenta a la familia y a sus circunstancias. La narración está frecuentemente salpicada de hermosísimas descripciones de la naturaleza o el tiempo como la primera con la que arranca la novela. Bella se aburre mortalmente y se resiste a tener un amante, solución tomada por todas las mujeres casadas de la época, ella lo que quiere es ¡estar sola, ser libre! Pasear por las calles de París mientras hombres desconocidos la siguen y la abordan: eso al menos era apasionante, peligroso, excitante… Estrechar en sus brazos a un hombre del que no sabía ni el nombre ni la procedencia, que nunca volvería a verla: era lo único que le provocaba aquel intenso estremecimiento al que aspiraba. La autora pisa fuerte, no elude la verdad por muy dura que sea. Incluyo este párrafo sobre Bella para ver si podemos entenderla. Es el personaje que más rechazo nos puede provocar, con razón. A los ojos de la niña es toda defectos pero, de tanto en vez (no sé si lo habéis apreciado), hay una cierta justificación de su proceder como cuando se nos habla de sus anhelos y de sus orígenes familiares, ¿no os parece?: nunca he sido feliz. Que me dejen divertirme ahora, no hago daño a nadie. Y sobre todo: pensar que su temida y odiada madre había sido una niña como todas las demás e incluso que también tenía derecho a reprocharles algo a sus padres, introducía demasiados matices en el sumario y radical retrato que Elena había ido esbozando laboriosamente en su fuero interno. Elena no quiere saber, no quiere, quizá, entender. Pero, a la vez, hay una explicación sutil de dónde puede proceder todo.

Elena no es cariñosa con nadie, no le gustan las demostraciones de afecto y cuando recibe alguna, pocas, se siente mal (en sus raros momentos de maternal ternura, cuando estrechaba a Elena contra su pecho, sus uñas siempre arañaban la cara o el brazo desnudo de su hija). Desdeña el cariño y le gusta que la institutriz, comedida y sensata, sea parca en esas demostraciones (era ordenada, exacta, meticulosa, francesa hasta la médula, algo distante y burlona. Nada de palabras altisonantes. Pocos besos. “¿Qué si te quiero? Claro, cuando te portas bien”). A la niña le llega con saber que la quiere y que se lo diga de vez en cuando, pero con su padre todo es diferente: los únicos besos que Elena aceptaba y devolvía con gusto eran los paternos. Su sangre y su alma, su fuerza y su debilidad, sólo se sentían fraternas y cercanas con él, que inclinaba hacia la niña su pelo gris plateado con reflejos verdosos por la luz de la luna, su rostro todavía joven pero arrugado, fruncido por la atención, sus ojos, tan pronto profundos y tristes como iluminados por el brillo de un malicioso regocijo… Lo primero deciros que me rindo ante la prosa de Némirovsky, ¡es brillante! (os transcribiría decenas de párrafos), y lo segundo es una teoría que he elaborado mientras leía el libro sobre que quizás lo que salvó a Elena-Irène fue ese amor incondicional por su padre, ese Edipo, independientemente de que el padre no la correspondiera. Quizá toda su fuerza y valor vengan de ese amor que la salva de todo lo demás. ¿Qué opináis? Pero también viene de su soledad cuando se encierra en su habitación con sus juegos de guerra (de niño, curioso), sus libros y su entrega al mundo de los sueños donde se cura de todo lo malo bajo los cuidados siempre atentos de su mademoiselle que nunca la abandona.

Boris pierde el trabajo por culpa de su mujer. El director sabe que ella lleva una vida de lujo por encima de sus posibilidades y piensa que él puede acabar robando dinero para mantener ese tren de vida. Y por esa razón le despide. Mientras los oye discutir, Elena juega a la guerra con sus soldados y eso la hace fuerte (lo que más le interesaba era su fortaleza). Escapa a los gritos de sus padres a través de un sueño de sangre y gloria. La niña aprende pronto a defenderse de todo lo hostil que le rodea. Ese despido será el principio de la fortuna que amasará Boris que se marcha a Siberia, como gerente de unas minas de oro, y con el tiempo se hará inmensamente rico. En su ausencia, Bella se lanzará al desenfreno, siempre fuera de casa, siempre seduciendo a otros hombres. Elena crecerá solo con la compañía, indispensable, de Rose. E insisto: se hará fuerte: gracias a mademoiselle Rose, la niña, que se había acostado con el telón de fondo de un estrépito de gritos, discusiones y platos que estallaban en pedazos, podía oír con indiferencia aquella lejana tempestad como quien oye el viento en una casa caldeada con las ventanas cerradas, sabiendo que tenía un refugio al lado de aquella tranquila joven que cosía junto a la lámpara. Con la ausencia de su padre, Elena soporta peor la vida en familia y llora a menudo: durante mucho tiempo, la carne tuvo para Elena un regusto a sal y el pan estuvo empapado de amargura. Elena compara su vida con la de otras familias más felices y siente, a la vez, envidia y desprecio. Siempre se está defendiendo, luchando: su forma de ser no le permitía rendirse a una desesperación inútil.

Elena crece sola, asustada, triste, con terror a perder a la única persona que la quiere (No regresará. Un día se irá y no volverá) pero eso, a la vez, la hace fuerte, sobre todo el silencio y la soledad: a los diez años empezó a hallar un encanto melancólico en aquella soledad dominical. Le gustaba el extraordinario silencio de aquellas largas jornadas. Y el odio a su madre va creciendo: su corazón albergaba un extraño odio hacia su madre, odio que parecía crecer con ella, que como el amor tenía mil motivos y ninguno, y como el amor podía decir: “Porque era ella, porque era yo”. ¿Cómo entendéis esta última frase? Me parece un enigma. Aquí podemos introducir también lo que algunos habéis remarcado: la atípica relación madre-hija, el tema principal de esta novela, llena de matices, silencios, renuncias, tristeza.

A pesar de todo su sufrimiento, Elena es una niña, ya de diez años, y disfruta con el juego; sobre todo corriendo se sentía libre, contenta, fuerte. Está viva: sentía la dura y amarga alegría de estar viva con una especie de embriagadora plenitud. Observad la adjetivación de “alegría”, aparentemente contraria a su significado: “dura”, “amarga”. Como la vida de Elena: una niña que juega, se ríe, corre pero, a la vez, es muy desgraciada. Y mientras juega y corre descubre a chicas más mayores que se entregan al juego del amor y el sexo. Esto, en una edad que se acerca a la frontera entre la niña y la mujer, le produce, al mismo tiempo, curiosidad y rechazo (una oscura sensación de asco, vergüenza y atracción). ¿Qué sabe ella del amor? Su modelo son unos padres que discuten, una madre que no ama a su padre y tiene amantes, ella lo sabe bien (la escena de la camisa rasgada). El amor colocado en un lugar erróneo. Por eso no puede envidiar ni entender a esas chicas y, entonces, como oposición, se sumerge, se reboza, en la naturaleza: ¡Uf! ¡Qué horror! Volvió la cabeza y la hundió en la hierba, que se mecía suavemente, porque con el atardecer se había levantado viento. Olía al cercano río y los juncos, a la cañas que lo rodeaban. Roza la perfección cómo la autora describe esa contradicción que una niña tan desgraciada vive respecto a lo que significa hacerse mujer con el modelo de una frívola e infiel madre incapaz de amar.

En sus viajes todos los años a París, Elena es feliz. Aunque su madre se aloja en un gran hotel y manda a la niña con su institutriz a una mísera pensión, ella disfruta enormemente de la ciudad y estando en ella y viendo a otros niños, muy diferentes a ella, jugando felices en la calle, quiere ser como ellos, quiere ser otra. Ha pasado el tiempo, ya tiene doce años, es el invierno anterior a la I Guerra Mundial, está en Niza y llega su padre que se las va a llevar a vivir a San Petersburgo: de repente experimentó un sentimiento de amor por él que le colmó el corazón de una alegría casi dolorosa, intensa hasta la angustia. Pero a su padre, ya rico, sólo le interesa el dinero: la mecánica de la ganancia, los negocios, y su hija era una niña inocente que lo miraba con adoración. Y también el juego. La lleva con él al casino de Montecarlo, la deja fuera, se olvida de ella horas mientras Elena se dedica a observar, mientras espera, a toda la gente que la rodea imaginándose sus vidas: la incipiente escritora hace su aparición.

La segunda parte comienza en el otoño de 1914 cuando Elena y mademoiselle Rose llegan a San Petersburgo. Una nueva vida en una nueva ciudad. Elena se ha convertido en una niña reservada que ha aprendido a ejercer el disimulo: habría preferido morir a dejar traslucir sus sentimientos. No le gusta la ciudad, tiene un presentimiento de desgracia. ¡Es tan diferente a París! Y su amada París está en guerra, y Rose está muy triste pensando en qué será de su país y su familia y, además, nadie las viene a buscar a la estación: una oleada de dolor y hiel le inundaba el alma, ascendiendo de las profundidades de su ser, de un región de sí misma que ni ella conocía. Al llegar a la casa se encuentra con la sorpresa de que allí vive su primo Max Safronov, un joven de veinticuatro años, rico, que se ha convertido en el amante de su madre: Elena se marchó, preguntándose con angustia qué le traería aquel desconocido, si felicidad o desgracia, porque ya sabía que en adelante sería el verdadero dueño de su vida. Elena que, de alguna manera, siempre se ha sentido mayor a su edad siente que ha envejecido de golpe: qué vieja se puede ser a los doce años… – Súbitamente, se sintió ávida de soledad total, de silencio, de una amarga melancolía con la que alimentar su alma hasta saturarla de odio y tristeza. El odio, siempre el odio que la configurará hasta llegar a la venganza.

A partir de este momento se acelera la acción. Estamos ya en 1915. Europa está en guerra pero nadie de la familia, excepto Elena y Rose, piensa en ella, sólo les importa el dinero y la abundancia en la que viven. Su padre nunca está en casa, su madre o esta fuera o se encierra en el salón con Max, ella no tiene amigas… y sólo piensa en ser la mujer más hermosa del mundo: Dios mío, haz que todos los hombres se enamoren de mí cuando sea mayor (¿Cómo su madre?). Cuando su padre está en casa con amigos tan ricos como él sólo hablan de dinero y de cómo pueden conseguir más y más. De nuevo, otro salto en el tiempo, la revolución de 1917 se acerca pero nadie parece darse cuenta, no se la toman en serio ni cuando comienza a haber graves disturbios. Mademoiselle Rose ha envejecido, está como ausente, murmura frases ininteligibles, hace tres años que no sabe nada de su familia. Las dos se refugian en las iglesias donde Elena se siente tranquila, no tiene miedo a nada, se logra olvidar de esa ciudad fétida que odia. En casa se aburre, ya tiene catorce años pero la siguen vistiendo como a una niña. Tiene pensamientos de adulta: todas las casas están habitadas por mujeres adúlteras, niños infelices y hombres atareados que sólo piensan en el dinero.

Los acontecimientos se van a precipitar hacia el abismo cuando Elena, que siente que nadie le presta atención (ellos no la veían, pero para ella también eran irreales, seres lejanos medio envueltos en la bruma, vanas e inconsistentes sombras carentes de sangre y sustancia. Vivía lejos de ellos, aparte, en un mundo imaginario del que era dueña y señora), se alivia escribiendo en los márgenes de los libros todo lo que piensa de su familia. La escritura como acto de liberación, algo que ya no la abandonará a Elena-Irène. Pero, se equivoca, y Bella le arrebata el libro. Al leer lo escrito la insulta con inusitada dureza e infinita crueldad: la cara de su madre, crispada por la ira, se acercó a la suya. Vio brillar aquellos ojos que odiaba, dilatados por la cólera y el miedo. Hay que buscar una cabeza de turco y, claro, ¿quién va a ser la culpable sino mademoiselle Rose que ha sido quien la ha educado? Deciden despedirla. Elena sucumbe ante lo que más ha temido en toda su vida: perder a la única persona que la quiere. Y recurre al padre pero éste también la rechaza y Elena se dio cuenta de que su padre no deseaba saber nada, que quería seguir amando a aquella mujer y aquella caricatura de hogar, y conservar la única ilusión que le quedaba en la vida. Aunque Elena, ya mayor, sufre más por su institutriz porque sabe que no podrá vivir sin la niña a la que ha educado y amado, que no tiene a nadie más en el mundo, que morirá si la separan de ella.

En una última escena sobrecogedora, perdidas en la niebla de la ciudad hostil, mademoiselle se esfumará mientras habla sola delirando hacia el abismo, hacia la nada. Elena aterrorizada la buscará en vano y por un momento siente deseos de tirarse a los canales pero sabía que no era cierto. Cuanto veía en ese momento, cuanto experimentaba, su misma desdicha, su soledad, y aquellas aguas negras, aquellas llamitas de farol agitadas por el viento, todo, incluso su desesperación, la impulsaban hacia la vida […] No, no podrán conmigo. Soy valiente… Mademoiselle Rose muere. Ellos se van a marchar dos días después a Finlandia huyendo de la Revolución. Elena se ha hecho fuerte, muy fuerte. Todo, su familia, su vida, la guerra, la muerte, el horror, el odio, la soledad, todo ello le ha convertido en una mujer valiente: ¿acaso soy una niña pequeña? ¿Me asusta la muerte, la desgracia? ¿Me asusta la soledad? No. No pediré ayuda a nadie, y menos a ellos. No los necesito. ¡Soy más fuerte que los dos juntos! ¡No me verán llorar! ¡No son dignos de ayudarme! Nunca volveré a pronunciar su nombre… ¡No son dignos de oírlo! Sobrecogedor. Fuerte. Duro. Todo en este libro lo es.

Plazos
Disponéis de una semana larga para comentar esta primera parte. Mientras, seguiremos leyendo desde la Tercera parte, pág. 117, hasta el final de la novela. Espero que sean numerosos los comentarios. ¡Hay tanto que comentar! Los personajes, los temas fundamentales que toca, la situación histórica y social, el estilo, la verdad y el valor que contiene la prosa poderosa de Irène Némirovsky…

El vino de la soledad: la fragilidad y la fuerza del ser humano

25 Jan

Kiev in winter. Foto en flickr por Mariusz Kluzniak. Algunos derechos reservados.

El vino de la soledad es la novela más autobiográfica de Irène Némirovsky. Irène es la verdadera protagonista de la novela. Ella es Elena Karol y la novela es la historia de su vida entre los ocho y los veintiún años, de 1910 a 1923. Su confesión, su desahogo, su ajuste de cuentas. Irene tuvo una infancia difícil e infeliz con una madre que nunca le demostró amor sino más bien rechazo y un padre ausente. Hija única, creció siendo una niña solitaria sólo cuidada y querida por su institutriz francesa. Se refugió en la lectura y pronto en la escritura. La literatura fue su salvación, incluso una catarsis, y a través de ella se vengó de esa madre que la despreciaba. Irène, Elena, la misma persona.

Publicada en 1935, cuando Irène tenía treinta y dos años, El vino de la soledad (hermoso y simbólico título) cuenta la vida de una adinerada familia ruso-judía, los Karol. Boris, el padre, es un judío hecho a sí mismo de baja extracción social pero hábil en los negocios. Cuando comienza la novela no es muy rico, aunque poseen una situación acomodada, pero después se convertirá en un gran hombre de negocios que no para de viajar y que amasará una cuantiosa fortuna. Sus únicos intereses son ganar dinero y el juego. Bella, la madre, una aristócrata rusa perteneciente a una familia venida a menos, es una mujer narcisista, egocéntrica, frívola y coqueta a la que sólo le preocupa estar guapa y pasarlo bien. Colecciona amantes más por sentirse adulada que por amor. No ama a su marido ni a su hija (bueno, no ama a nadie), ésta es más bien un estorbo para ella ya que al ir creciendo le hace sentir el paso del tiempo, cosa que no le gusta nada. Bella no hace ningún caso a su hija y sólo se dirige a ella en muy pocas ocasiones para criticarla, despreciarla o censurarla. Elena la odia, no así a su padre al que adora aunque éste no le haga mucho caso y sólo establezca torpes y ocasionales contactos con ella. Boris ama a su mujer y se hace el ciego y el sordo ante la colección de amantes, también las convenciones sociales influyen en su proceder. Elena crece sola con el cariño de su adorada madeimoselle Rose, dulce y protectora que se convierte en la única figura maternal.

La historia comienza en una ciudad de provincias a las orillas del Dniéper (Ucrania) que posiblemente sea Kiev (entonces rusa). Cuando el padre prospera y se hace rico se trasladarán a San Petersburgo y después a Finlandia huyendo de la revolución bolchevique. Finlandia pertenecía entonces a Rusia pero allí las cosas están más tranquilas. Elena odia San Petersburgo y ama las nieves y el frío de Finlandia. Cuando también Finlandia se desestabiliza políticamente ante el avance de la revolución, los Karol se irán definitivamente a París, ciudad que visitaban frecuentemente en la infancia de Elena y que ésta adoraba. Pero ahora hay guerra y París ya no es la misma, es una ciudad fría, extraña y vacía que acentúa su soledad. La novela se desarrolla en una época convulsa. Los hechos históricos y políticos, que en la novela se muestran sólo con certeras pinceladas (los hechos históricos sólo hay que rozarlos, mientras se profundiza en la vida cotidiana y afectiva y, sobre todo, en la comedia que eso ofrece, Irène Némirovsky dixit), son claves en el devenir de Europa y Rusia: la caída de los zares, la I Guerra Mundial, la Revolución Rusa de 1917 y la Guerra Civil rusa entre blancos y bolcheviques en 1919. Hay un paralelismo entre la vida familiar y la situación histórica: ambas se precipitan hacia el abismo. La novela está dividida en cuatro partes, cada una corresponde a los cuatro lugares donde van a ir viviendo sucesivamente los Karol: Ucrania, San Petersburgo, Finlandia y Francia. Cada parte empieza con ese cambio espacial y la acción sigue un orden cronológico, se trata de una estructura interna lineal en la que no hay saltos temporales. Los espacios interiores también tienen una gran importancia: las casas y los hoteles en los que viven son descritos profusamente con ese estilo detallista y preciso que caracteriza a Némirovsky.

En El vino de la soledad asistimos a dos temas fundamentales como son el desmoronamiento de una familia y el odio que conduce a la venganza, en este caso de una hija hacia su madre. Otro tema secundario pero no menos importante es el de la soledad. No hay concesiones ni sentimentalismos en una narración dura y fría. Escrita en tercera persona omnisciente el punto de vista es el de Elena, aunque a veces aparece el punto de vista de otros personajes pero muy brevemente. Asistimos asimismo al desarrollo de Elena y a su evolución psicológica que crece desde una infancia en la que ya es una niña sensible, seria, inteligente, observadora, consciente de su desgracia, que se hace necesariamente fuerte y muy madura hasta convertirse en una mujer joven que echa la culpa de toda su infelicidad y soledad a su madre de la cual decide vengarse dándole en donde más le duele. Será su liberación de esa familia que la ha hecho tan desgraciada. Al final de la novela Elena cruzará la frontera hacia la edad adulta saliendo fortalecida e indemne de tanto daño y abandono. Ella es el vino de la soledad que la embriaga. El tema de la venganza de una hija hacia su madre la trató Némirovsky en otras dos grandes novelas: El baile y Jezabel. Queda claro que la autora se vengó de su maltrecha suerte a través de la literatura necesitando hacerlo en varias ocasiones. Sus novelas, veintiuna en total, quince traducidas al español, giran en general en torno a su propia vida. Una vida que la marcó a fuego y de la que tuvo necesidad de escribir para exorcizar sus demonios.

El estilo de la novela es analítico, descriptivo, directo, veraz y poético, sobre todo en lo que respecta a la naturaleza y los sentimientos. No hay humor ni ironía en su escritura, no hay vía de escape por ahí, todo lo contrario: Némirovsky opto por un tono grave, frío, sereno y estudiado. Es una gran escritora, brillante, exacta, profunda, madura, con una gran habilidad para crear tramas humanas sin concesiones a la sentimentalidad y cruda cuando tiene que serlo ya que los temas que trata así lo son. La descripción de personajes en El vino de la soledad es precisa. Excepto con Elena con la que se explaya más, los demás personajes son retratados con pocas pinceladas muy certeras sin ocultar sus flaquezas, anhelos o miserias resultando a veces incluso muy descarnados y crueles.

Asimismo asistimos, a través del punto de vista de Elena, a un demoledor retrato de la sociedad burguesa de la época en la que ella vive inmersa: hipócrita, frívola, amoral, cotilla, a la que sólo le importan las apariencias, el lujo y el dinero. A resaltar que la fortuna que consigue hacer Boris, y tantos otros rusos, proviene del aprovechamiento de la desgracia de quienes no tuvieron más remedio que vender absolutamente todo para poder huir y sobrevivir cuando la revolución bolchevique triunfa. Lo mismo aconteció con la familia de Irène Némirovsky, cuyo padre, León Némirovsky, uno de los más ricos banqueros rusos, se enriqueció de igual manera. El padre de Elena representa al hombre de negocios judío que sólo vive para ganar dinero pero no disfruta realmente de su riqueza. Embebido en amasar una fortuna (millones, millones, millones) su única salida a una vida estéril en lo personal es el juego en los casinos. El estilo de vida de los Karol y de las demás familias burguesas que los rodean es pretencioso y pleno de infidelidades: allí todas las mujeres casadas tenían un amante al que sus hijos llamaban “tío” y con quien su marido jugaba a la cartas. La propia Bella exclama en una ocasión: ¡Ay!, yo no he nacido para ser una burguesa tranquila y satisfecha entre un marido y una hija.

Para terminar, transcribo un párrafo del prólogo de Myriam Anissimov a Suite Francesa en el que podemos comprobar la similitud entre la vida real de Irène y la de Elena Karol: Irène, confiada a los buenos cuidados de su aya, recibió las enseñanzas de excelentes preceptores. Como sus padres sentían escaso interés por su hogar, fue una niña extremadamente desdichada y solitaria. Su padre, a quien adoraba y admiraba, pasaba la mayor parte del tiempo ocupado en sus negocios, de viaje o jugándose fortunas en el casino. Su madre, que se hacía llamar Fanny (de nombre hebreo Faïga), la había traído al mundo con el mero propósito de complacer a su acaudalado esposo. Sin embargo, vivió el nacimiento de su hija como una primera señal del declive de su feminidad, y la abandonó a los cuidados de su nodriza. Fanny Némirovsky (Odessa, 1887 – París, 1989) experimentaba una especie de aversión hacia su hija, que jamás recibió de ella el menor gesto de amor. Se pasaba las horas frente al espejo acechando la aparición de arrugas, maquillándose, recibiendo mensajes, y el resto fuera de casa, en busca de aventuras extraconyugales. Muy envanecida de su belleza, veía con horror cómo sus rasgos se marchitaban y la convertían en una mujer que pronto tendría que recurrir a gigolós. No obstante, para demostrarse que todavía era joven se negó a ver en Irène, ya adolescente, otra cosa que una niña, y durante mucho tiempo la obligó a vestirse y peinarse como una pequeña colegiala. Irène, abandonada a su suerte durante las vacaciones de su aya, se refugió en la lectura, empezó a escribir y resistió la desesperación desarrollando a su vez un odio feroz contra su madre. Esta violencia, las relaciones contra natura entre madre e hija, ocupa un lugar capital en su obra.

Una novela impregnada de tristeza y melancolía en la que se nos narra una historia que nos habla, a veces con terribles silencios, de heridas muy profundas, de una infancia rota, de ilusiones perdidas, de soledad, de pasión, de odio y de venganza.

Plazos
Como la novela consta de cuatro partes, dividiremos la lectura en dos partes. La primera de ellas nos llevará hasta el final de la segunda parte (pág. 113). La leeremos a lo largo de una semana. Os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito, pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: EL VINO DE LA SOLEDAD de IRÈNE NÉMIROVSKY

15 Jan

Portada de El vino de la soledad de Irène Némirovsky. Editorial Salamandra.

Empezamos el año con una autora a la que tenía muchas ganas de leer con vosotros en el club. Se trata de la excelente Irène Némirovsky (Kiev, 1903 – Auschwitz, 1942), la malograda escritora ucraniana que desarrollo toda su carrera literaria en Francia y en francés. Su vida fue muy corta ya que murió, junto a su marido, en el campo de exterminio de Auschwitz a la edad de treinta y nueve años. Gozó de fama y prestigio literario desde que publicó su primer libro en 1929 pero después de su muerte cayó en el olvido hasta que en 2004 sus hijas encontraron en una maleta el manuscrito de Suite francesa cuya publicación desencadenó un fenómeno editorial y cultural sin precedentes que continúa hasta el día de hoy. Se han reditado todas sus novelas y se la considera una escritora lúcida y brillante: Némirovsky es autora de una de las obras de ficción más grandes, humanas e incisivas que el conflicto ha originado- The New York Times Book Review.

El libro que vamos a leer de ella es El vino de la soledad, publicado por primera vez en 1935. Se le considera el más personal y autobiográfico de la autora. En esta novela se nos narra el destino de una adinerada familia rusa refugiada en París tras el estallido de la revolución rusa, y describe la venganza de una joven contra una madre que nunca la quiso.

A partir del lunes 18 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de una semana para conseguir el libro editado por Salamandra.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Brooklyn Follies. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer El vino de la soledad. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Paul Auster podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

Podía tenerlo todo sin tener que renunciar a nada

7 Jan

World Trade Center 9-11 Tribute of Light 2012. Foto en flickr por Glyn Lowe Photoworks. Algunos derechos reservados.

Dejamos a nuestros protagonistas rumbo al norte, a Vermont, para dejar a Lucy con Pamela. Todos están contentos de salir de viaje, sobre todo Tom, que no para de hablar de literatura, una intensa conversación salpicada de anécdotas sobre escritores. Este viaje será decisivo, una vuelta de tuerca en la novela y en sus vidas, debido al ingenio de la niña que de ninguna manera quiere ir a Vermont: se dedicó a pensar y trazar un plan, utilizando su considerable inteligencia para urdir una estratagema que cambiaría las tornas y la convertiría en dueña de nuestro destino. Era una idea brillante, si se me permite decirlo, algo que sólo se le habría ocurrido a una bribonzuela […] A Lucy y a mí aquella decisión también nos vino estupendamente, pero para Tom, el sufrido protagonista de estas Brooklyn Follies, fue probablemente la más importante de su vida […] la Fortuna tendió inesperadamente los brazos a nuestro muchacho y lo transportó a un mundo diferente. La brillante idea de Lucy de echar veinte latas de Coca-Cola en el depósito de gasolina a escondidas de sus tíos hará que se suspenda el viaje y se tengan que quedar unos días, mientras les arreglan el coche, en el hostal de Stanley Chowder. Nuestros amigos han encontrado, sin buscarlo, de nuevo fruto del azar, el verdadero Hotel Existencia: quiero hablar de felicidad y bienestar, de esos raros e inesperados momentos en que enmudece la voz interior y uno se siente en paz con el mundo. Cuatro maravillosos días en el Chowder Inn durante los cuales Tom conocerá a Honey, la hija de Stanley: empiezo a preguntarme si esa joven mandona e inteligente no es la respuesta a mis oraciones. No una etérea B.P.M., sino una mujer soltera desesperada por cazar a un hombre. Un tornado. Una moza ansiosa, con mucha labia. Una apisonadora capaz de aplanar a nuestro muchacho. Por supuesto acabará convirtiéndose, un tiempo después, en su flamante esposa. Asimismo, Nathan suspenderá el viaje a casa de Pamela para dejar a la niña y decidirá convertirse él en tutor provisional de Lucy. Gracias a su hazaña, la niña ha conseguido lo que quería y está feliz.

La mayoría incidís en la soledad de los personajes. Inicialmente sí lo están, pero una vez que los hechos comienzan a desarrollarse y a encontrarse unos a otros, yo no siento que estén tan solos. Son capaces de crear un pequeño pero sólido núcleo de afecto que irá creciendo tanto en cantidad como en calidad. Todos tienen mucho que dar y, aunque no han tenido suerte en la vida, ésta va a cambiar debido a la magia del azar austeriano. Como ya hemos dicho, un verdadero cuento de hadas. Prosigamos con la historia: me siento increíblemente feliz por estar donde estoy, dentro de mi propio cuerpo, mirando las cosas que hay sobre la mesa, notando cómo el aire entra y sale de mis pulmones, saboreando el simple hecho de estar vivo. Es una lástima que se acabe la vida, digo para mí, qué pena que no podamos vivir para siempre. Nathan es feliz y fantasea con la idea de comprar la casa a Stanley y convertirla en el Hotel Existencia, a Tom le parece bien la idea y piensan en hablarlo con Harry. Hasta se lo comentan a Stanley. Pero todo es un juego, un sueño, y ellos lo saben: hay que estar muerto para no disfrutar hablando de ideas descabelladas, ¿y qué mejor sitio para ello que en lo alto de una colina en medio de una región perdida de Nueva Inglaterra? Nathan está muy a gusto con la nueva vida que ha comenzado en Brooklyn como para querer dejarla. Brooklyn, ese otro e importante personaje de la historia, como muchos habéis comentado. Brooklyn está vivo: mi barrio, con su cambiante mezcla de blanco, marrón y negro, su intrincado coro de acentos extranjeros, sus niños y sus árboles, sus laboriosas familias de clase media, sus parejas de lesbianas, sus tiendas de comestibles coreanas, el santón hindú de bata blanca que me saluda con una inclinación siempre que nos cruzamos por la calle, sus enanos y lisiados, sus ancianos pensionistas que avanzan paso a paso por la acera, las campanas de sus iglesias y sus diez mil perros, la furtiva población de vagabundos sin hogar, carroñeros solitarios que deambulan por las calles empujando sus carritos de la compra, hurgando en la basura en busca de botellas. Hermosísimo retrato y homenaje lleno de amor. De Nathan pero también, obvio, de Auster.

En el Hotel Existencia Lucy comienza a hablar pero no logran aclarar nada: sólo que vive en Carolina, Carolina, que su madre le dijo que se fuera con su tío Tom, que ella sabe lo que está bien, que su padre es el hombre más justo del mundo, que no tienen teléfono y que no le puede dar su dirección porque mamá me dijo que no la dijera, y cuando mamá dice algo, yo lo hago. Y, si ha estado en silencio todos esos días, ha sido para que su madre sepa que piensa en ella porque su papá dice que el silencio purifica el espíritu, que nos prepara para recibir la palabra de Dios. Nathan está preocupado por Aurora, intuye que algo malo pasa pero no pueden hacer nada.

La idílica estancia en el Chowder Inn se termina abruptamente con una terrible noticia: Harry ha muerto. Todo el asunto del manuscrito original de La letra escarlata ha resultado ser, como Nathan vio claramente, una venganza de Gordon Dryer que le estalla en la cara al pobre Harry tanto como para morir de un ataque al corazón al comprobar el engaño y sobre todo que Gordon no lo quiere sino que le desprecia: y así fue como Harry Brightman, anteriormente llamado Harry Dunkel, padre de Flora y ex marido de Bette, murió en una acera de Brooklyn una bochornosa tarde del año 2000, acunado entre los brazos de la Bella y Perfecta Madre. Nathan lo ve como un asesinato y se siente culpable al no haber hecho más por convencer a Harry del engaño que él veía claramente: no había conocido bien a Harry, pero le tenía un cariño bastante peculiar (una mezcla de fascinación, respeto e incredulidad) […] más que conmoción, más que tristeza, lo que sentía era una oleada de cólera ante la encerrona tan grotesca que le habían preparado, por lo que Nathan les da el castigo que se merecen a Gordon y a su amante. Harry ha dejado un testamento en el que lega todo el edificio, y el negocio de libros, del Brightman’s Attic a Rufus y a Tom: la herencia ascendía a una pequeña fortuna: más dinero del que ninguno de los dos hubiera soñado jamás. En el último momento posible, Harry había realizado su espléndido gesto, su derroche de los derroches. Se había ocupado de sus chicos. El fin de la historia de Harry termina con un broche de oro: Tina Hott (en realidad Rufus travestido en artista de cabaret), una de las mujeres más bellas que había visto en la vida, haciendo un play-back de la canción “No puedo dejar de amar a ese hombre” mientras esparcen las cenizas del bueno de Harry Brightman en Prospect Park.

Pasan los meses. Tom y Honey se han casado (me alegraba mucho ver cómo el indolente y bovino Tom se iba transformando bajo la vigorosa influencia de su flamante esposa) y viven con Lucy que sigue sin decir nada sobre su madre. Nathan se ha reconciliado con su hija Rachel que, después de una pequeña crisis matrimonial, está embarazada. La Bella y Perfecta Madre se ha separado de su (im)perfecto marido y Nathan se ha hecho muy amigo de la madre de ésta. Cumple sesenta años y le hacen una fiesta sorpresa. Es decir, todo va bien excepto el tema Aurora: ¿qué es de ella? ¿Dónde vive? ¿Estará mal? Está claro que Auster tiene que solucionar esta última cuestión de manera satisfactoria, así que Rory acaba llamando y dejando un mensaje en el contestador en el que dice que todo va mal pero no le da tiempo de dar su dirección completa, sólo: calle Hawthorn (¿o Hawthorne?) número ochenta y siete de… Nathan, que ya se ha convertido en el salvador o vengador, según se tercie, de todos sus seres queridos, se pone en acción y mediante la ayuda de un antiguo compañero de trabajo consigue localizar a Rory que, efectivamente, está en peligro. Y, claro, también la salva del fanático religioso de su marido, David Minor. Muy largo de contar. Me lo salto, ;) (Sólo una pregunta que os lanzo: ¿por qué Rory no se fue con su hija cuando ya veía lo que se le avecinaba?). Aurora acaba viviendo en Brooklyn con su amada niña Lucy en casa de Nancy y su madre Joyce que para entonces ya se ha convertido en la amante de Nathan (se quieren, disfrutan, pero no se casan). Y lo más sorprendente: Nancy y Rory también se han hecho amantes y parecen ser muy felices. Todo, todo está saliendo muy bien, después de algunos problemas y disgustos, como debe de ser en un cuento de hadas con dragones incluidos.

Vuelve a pasar el tiempo, estamos en marzo de 2001 y Tom y Honey van a ser padres. El Brightman’s Attic ha sido vendido lo que le permite a Tom no volver a tener que pasar estrecheces: por duocentésima vez desde su muerte, volví a pensar en Harry, y en su prodigioso salto del ángel hacia la grandeza eterna. Tom le pide a su tío que sea el padrino del niño: tú eres nuestro único candidato. Por servicios prestados, Nathan, mucho más allá de las exigencias del deber. Por tu valor inigualable en lo más reñido de la batalla. Por arriesgar la vida y la integridad física para rescatar al camarada herido bajo un intenso fuego enemigo. Por animar a ese mismo camarada a ponerse de nuevo en pie y establecer esta unión conyugal. En reconocimiento por esos actos heroicos, y por el bien de nuestra futura descendencia, mereces ser portador de un título más ajustado a tu papel que el de tío abuelo. Asimismo, Nathan se convierte en confidente de Aurora que ha salido bastante maltrecha de su fallido matrimonio y prefiere aliviarse con él que con un psicólogo: conmigo. Con aquel hombre amargo y solitario que un año antes había llegado arrastrándose a Brooklyn, al sitio donde nació, el individuo acabado que se había convencido a sí mismo de que ya no había nada por lo que vivir…; Nathan el Estúpido, el cabeza de chorlito que no tenía nada mejor que hacer que esperar tranquilamente el momento de caerse muerto, convertido ahora en confidente y consejero, amante de viudas cachondas, caballero andante que rescataba damiselas en peligro. Justicia poética para Nathan desde todos los frentes. Bien. Se lo merece.

Nos acercamos al final de esta historia en la que Auster nos vuelve a dar un nuevo susto, con Nathan esta vez, que queda en nada. Lo que parece un infarto resulta ser al final una inflamación de esófago sin importancia. Pero durante su estancia en el hospital, nuestro protagonista tiene tiempo para idear un nuevo “plan literario”: escribir las biografías de los miles de hombres comunes, no importantes por nada, que mueren en el anonimato y se terminan olvidando. Una biografía para que la familia recuerde siempre a su ser querido. “Biografías a todo riesgo”: una cuestión de amor. El incombustible Nathan: en cuanto vi adónde me conducía, comprendí que se me acababa de ocurrir la idea más importante que había tenido jamás, una idea lo bastante grande como para tenerme ocupado todas las horas de todos los días que me quedaran de vida. Pero una sombra se cierne sobre este hombre feliz, el hombre más feliz que jamás haya existido sobre la tierra, y sobre todo el mundo cuando sale del hospital a las ocho de la mañana del 11 de septiembre de 2001, justo cuarenta y seis minutos antes de que el primer avión se estrellara contra la torre norte del World Trade Center. Sólo dos horas después, la humareda de tres mil cuerpos carbonizados se desplazaría hacia Brooklyn, precipitándose sobre nosotros en una nube blanca de cenizas y muerte. Un homenaje a las víctimas del terrible atentado y el fin de una manera de vivir que hemos compartido con nuestros amigos ya, queridos, sí, por las calles de la gran protagonista de nuestra historia: Brooklyn. ¿Qué será de la vida de todos ellos después del 11-S? No lo sabremos nunca. O sí, si Auster se anima a escribir una continuación de estas deliciosas “locuras”.

Plazos
Es hora de vuestros comentarios sobre esta segunda y última parte del libro así como de la novela en general. Disponéis de una semana para ello. Espero que, ahora que hemos terminado y que también se han terminado las fiestas con todos sus comprensibles trajines, comentéis ampliamente todo lo que queráis y se os ocurra sobre esta deliciosa novela.

Mientras siguiera en este mundo, tenía que encontrar la manera de empezar a vivir otra vez

29 Dec

Brooklyn. Foto en flickr por Roman Königshofer / Filmmaker & Photographer. Algunos derechos reservados.

Esta primera parte que vamos a comentar va presentándonos a los personajes empezando por Nathan, el protagonista. Predominan, en una trama casi inexistente (aunque al final de esta parte comenzarán a pasar cosas), estos personajes, sus historias pasadas y su situación en el presente, todo ello salpicado de anécdotas que va escribiendo Nathan en su libro del desvarío humano. En el primer capítulo, “Obertura”, Nathan, el narrador de esta historia, se nos presenta y nos sitúa en el lugar y en su vida. Primavera del año 2000. Recién llegado a Brooklyn, Nathan se nos muestra como un hombre acabado, sin ilusiones, de vuelta de todo, que no ha conseguido nada en la vida y que ha decidido ir a morir en el lugar que le vio nacer: estaba seguro de que iba a morirme, y una vez que me extirparon el tumor y pasé el extenuante suplicio de la radio y la quimioterapia, después de sufrir los largos periodos de náusea y mareos, la pérdida del pelo, la pérdida de la voluntad, la pérdida del trabajo, la pérdida de mi mujer, me resultaba difícil imaginar cómo iba a salir adelante. De ahí Brooklyn. De ahí el inconsciente regreso al lugar donde había empezado mi historia. En la narración predomina la ironía e incluso el humor sarcástico en algunas ocasiones. Pero Nathan, que no cree del todo a los médicos respecto a su recuperación, sabe que algo tiene que hacer con su vida si es que ésta continúa: mientras siguiera en este mundo, tenía que encontrar la manera de empezar a vivir otra vez, pero incluso si me moría pronto, debía hacer algo más que quedarme de brazos cruzados esperando el fin. Así que no todo es tan feo como lo pinta él, hay resquicios por los que puede entrar la vida de nuevo, otra vida más plena de sentido, en el corazón de nuestro protagonista.

Ya desde el principio empiezan a pasar pequeñas cosas: se pone desagradable con su hija Rachel en una visita que le hace ésta, pasea por el barrio, va al Brightman’s Attic, la librería de lance de Harry, come todos los días en el Cosmic Diner donde se queda prendado de la camarera Marina, comienza a escribir su libro, ocasión que aprovecha para contarnos algunas de las anécdotas que contiene… pero sobre todo se encuentra casualmente con su amado sobrino Tom Wood trabajando en el Brightman’s Attic, un hombre de treinta años al que no ve desde hace siete. Ocasión que aprovecha para contarnos la historia de su vida y su familia: su amada madre June, ya fallecida; su problemática y rebelde hermana Aurora ante la que siempre se ha sentido protector… Aurora y su hija Lucy serán muy importantes en esta historia. Nathan recuerda la última que vez que habló largo y tendido con su sobrino, cosa que hacían mucho en el pasado, sobre literatura. Es una pasión que les une. Tom, en aquel momento, es un brillante estudiante de literatura norteamericana y Nathan, que quiso ser periodista pero la vida se metió por medio, nunca perdió el interés por los libros: leer era mi válvula de escape, mi desahogo y mi consuelo, mi estimulante preferido: leer por puro placer, por la hermosa quietud que te envuelve cuando resuenan en la cabeza las palabras de un autor. En aquella conversación hablan del trabajo de fin de carrera que Tom ha escrito sobre los escritores Poe y Thoreau: es un estudio sobre el refugio interior, un mapa del territorio adonde se va cuando ya no es posible vivir en el mundo real: la imaginación. Volveremos sobre este tema.

Nathan se asombra de ver a Tom en una librería de lance y no en alguna universidad prestigiosa como Berkeley o Columbia: un joven y destacado intelectual que ya estaría trabajando en su segundo o tercer libro. Además, está mucho más gordo, con papada: se había extinguido la chispa en los ojos de mi sobrino y todo en él sugería derrota. Nathan se alegra de poder recuperar a su “doctor Pulgarcito” al que ha echado tanto de menos. Comen juntos y se ponen al día. No puedo ir contando aquí todas las innumerables historias sobre su pasado que van narrando los personajes pues ¡me saldría un post interminablemente largo, aún más largo de los que hago :)! Sólo expondré lo estrictamente necesario para poder seguir el devenir de estos personajes. Luego ya vosotros, podréis incidir en lo que más os ha gustado o llamado la atención… Tom le cuenta que ha dejado su futuro prometedor en la universidad: no tenía capacidad para llevarla (la tesis) a buen término. O que, si la tenía, ya no estaba seguro de que valiera la pena. Con veintiocho años se instala en Nueva York y se hace taxista. Siente que ese que, en un principio, es un trabajo provisional le enseñaría ciertas cosas que no podría aprender en ningún otro sitio. Tom se quiere convencer de que en ese trabajo monótono y duro hay una cierta esperanza para él. Cree que va a encontrar su propio camino a través de la paciencia y la humildad. A la vez, se va haciendo más retraído y vive en un casi total aislamiento. Pero el azar lo va salvando ya que acude con asiduidad a la librería de Harry y comienzan a establecer una relación personal. Harry le ofrece ser encargado de la sección de libros raros y manuscritos pero Tom, increíblemente, se resiste a la oferta. Sigue pensando que el taxi es un camino de redención y conocimiento del mundo real: ningún libro puede reproducir esas cosas. Estoy hablando de la verdadera transcendencia, Harry. De salir del cuerpo y entrar en la plenitud y el espesor del mundo […] El cansancio, el aburrimiento, la embrutecedora monotonía. Entonces, de pronto, sientes un súbito ramalazo de libertad, unos instantes de auténtica y absoluta dicha. Pero eso hay que pagarlo. Sin tedio, no hay gozo. Sabia reflexión, en mi opinión. Pero también hay un cierto masoquismo en su actitud. Como si se mereciera sufrir. Es decir, parece que Tom busca una redención.

Pero finalmente, después de un susto gordo con el taxi, Tom acepta la oferta. Es el momento de saber quién es Harry Brightman. Nada de lo que le ha contado es verdad incluido su apellido (Dunkel, que significa oscuridad, es el verdadero). Se ha inventado una vida interesante, sofisticada, sibarita. Pero Harry es todo lo contrario: una infancia pobre, un futuro que se supone mediocre… pero un encuentro casual en Chicago con una hija de millonario fea va a cambiar su vida. Harry, que es bisexual y amante de la belleza, se acaba casando con ella, no por su dinero, que sería lo lógico en él sino porque esa mujer está enamorada realmente de él, algo que nunca le ha pasado, y es buena y está siempre pendiente de sus deseos. Tienen una hija que con el tiempo se descubre que es esquizofrénica, monta una galería de arte, encuentra a un pintor brillante, comienza a ganar mucho dinero pero el pintor se suicida en Méjico y Harry ve peligrar su status. En ese momento aparece en su vida Gordon Dryer del que se enamora. Éste es un pintor mediocre que le propone falsificar los cuadros del suicida, como si este siguiera vivo, y eso es lo que hacen. El engaño dura algo más de un año en el que todo sale bien y continúa ganando mucho dinero. Describe aquellos meses como la época más estimulante y terrorífica de su vida. Pero un día se descubre el pastel y ambos acaban en la cárcel. Harry delata a Gordon para reducir su sentencia por lo que a éste le cae una condena más larga. Cuando sale de la cárcel en 1991, su suegro le compra el edificio del Brightman’s Attic con el compromiso de que no vuelva más a Chicago ni a ponerse en contacto con su mujer y su hija. Harry, ya Brightman, no Dunkel, acepta, a pesar del dolor que le produce, y comienza una nueva vida a los cincuenta y siete años.

A Nathan le cae bien Harry: siempre he tenido debilidad por los granujas […] imagínate lo sosa que sería la vida sin ellos […] El gran espectáculo de la falta de honradez. Lo tienes por todas partes donde mires y, te guste o no, es de lo más divertido que se pueda ver […] Yo estoy hablando del instinto de supervivencia, Tom, de la voluntad de vivir. Prefiero mil veces a un granuja astuto que a un beato inocentón. Nathan se hace amigo de Harry, es divertido, le saca punta a todo, hablador, contradictorio y lleno de sorpresas. No le juzga, Nathan nunca juzga, sino que sabe ver lo bueno que hay en cada persona y situación. A la vez, va animándose ante el giro que está dando su vida.

Continúa la galería de personajes. Después de Harry le toca el turno a Aurora, a la indómita, cabezota, inocente y, sobre todo, buena Aurora: tuvo una hija de soltera, se escapó de casa, trabajó un tiempo en el mundo de la pornografía en el que acabó muy mal, se refugió con su hermano cuando todavía estudiaba en Michigan, se hizo cantante, desapareció de nuevo, supo que se había enganchado a las drogas, reapareció reconvertida gracias a un trabajador y también ex-drogadicto que la ayudó en la clínica de desintoxicación del que se había enamorado: David Minor. Pero el tipo en cuestión era un cristiano integrista que le había lavado un poco el cerebro: ahora me encuentro más segura, más serena. Después de todas las gilipolleces que he hecho, tengo suerte de seguir viva. Volvió a desaparecer. Tom no sabe nada de ella desde hace tres años.

Todas estas vidas que va desgranando el autor y que yo resumo como puedo (¡son exhaustivas!) son para saborearlas con deleite mientras se leen. Son un derroche de imaginación puesta al servicio de la vida real. Parecen increíbles pero ya sabemos que la realidad supera a la ficción. E insisto lo bien que se lo debe pasar Auster creando estas historias, da envidia. Prosigamos: Tom y Nathan se han hecho inseparables, se acompañan en su soledad y se hacen confidencias. Ha sido un milagro (el azar, de nuevo) que se encontraran. Tom le habla de su amor platónico: B.P.M. (Bella y Perfecta Madre). Un nuevo personaje que entra en acción. A Nathan le da pena que su sobrino de treinta años idealice el amor y no lo viva cuando está en la edad de ello, así que da el paso de conocer a esta mujer y, de paso, presentársela a su sobrino, para hacerla real. Nancy Mazzucchelli, que es su verdadero nombre, resulta ser una mujer, además de bellísima, encantadora y sociable, un buen ejemplo de los que habitan ese delicioso barrio llamado Brooklyn. Y una nueva amiga para Nathan y su, aún, pequeño círculo.

El Hotel Existencia irrumpe con fuerza en un capítulo dialogado, licencia del autor, durante una cena que comparten Harry, Nathan y Tom. ¿Y qué es el Hotel Existencia? Un refugio interior. El lugar adonde acude la gente cuando ya no puede vivir en el mundo real. Tom busca una salvación para sí mismo y las personas que quiere ya que no puede salvar el mundo. Éste le produce tristeza y repugnancia y quiere irse: el capitalismo triunfante, sin nada que se le oponga ya. Y todos tan contentos, tan satisfechos de nosotros mismos, mientras medio mundo se muere de hambre y no movemos un dedo para ayudarlo. No lo aguanto más, caballeros. Quiero irme. Quiere vivir de otra manera en una especie de comunidad campestre fuera del mundo y sus leyes. Sus amigos le siguen la corriente hablando incluso de cómo conseguir el dinero, no sabemos si en serio o sólo para subirle la moral. Harry habla de ese Hotel Existencia, que creó siendo niño en su imaginación, donde enviaba a los niños huérfanos de la Segunda Guerra Mundial salvándolos de una vida dura. Más tarde, ya en la adolescencia, el Hotel Existencia se convierte en un lugar más sofisticado, donde hombres y mujeres muy elegantes beben, juegan, bailan y, sobre todo, ligan. La única función de un hotel era ofrecer comodidades y bienestar a la gente, que nada más firmar el registro y subir a la habitación podía tener todo lo que quisiera con sólo pedirlo. Un hotel representaba la promesa de un mundo mejor; más que un edificio, era una oportunidad, la ocasión de vivir dentro de los propios sueños. ¡Magnífica creación la de este Hotel Existencia verdadero leitmotiv de esta historia!

Harry vuelve a las andadas ya que anda metido en otro asunto ilegal: hay un diablillo en mi interior, y si no lo dejo salir para que haga alguna travesura de vez en cuando, el mundo se vuelve aburrido y rezongón. Soy un entusiasta, y cuantos más peligros hay en mi vida, más feliz me siento […] A mí me gusta embaucar a la gente. Me encanta llevar el engaño lo más lejos posible y quedarme tan fresco […] Yo soy así, Nathan. Generoso, bueno, leal, pero también un embaucador nato. El incorregible Harry le cuenta a Nathan en qué anda metido: un asunto de falsificación del manuscrito original (perdido) de La letra escarlata de Hawthorne (un giño de Auster a uno de sus escritores predilectos). Gordon Dryer ha vuelto a aparecer y le ha propuesto el plan. Además, aunque tiene un amante rico, le dice que le ama y Harry, que sigue enamorado de él, se lanza a sus brazos y acepta gozoso el plan. ¡Ay! La excitación del peligro. Si Harry logra vender el manuscrito (del que parece que ya tienen un comprador), ganará un millón de dólares. Nathan ve claro que le están engañando: me parece que vas a caer en una trampa, amigo. Te están haciendo la cama […] Venganza. Faena con faena se paga. Donde las dan las toman. Todas esas cualidades maravillosas tan distintivas de los seres humanos. Me temo que tu Gordon no es lo que tú crees […] Te tienen cogido por las pelotas, Harry, y tú ni siquiera te has enterado. Pero Harry no quiere verlo: si tienes razón sobre Gordon, mi vida está acabada de todos modos. Y en ese caso qué más da. Pero si te equivocas, y de eso estoy seguro, entonces te invitaré a cenar otra vez y podrás brindar por mi éxito. Veremos, ya en la segunda parte, en qué acaba todo esto.

Esta primera parte termina con la inesperada aparición de Lucy, la hija de nueve años y medio de Aurora, en casa de Tom. Un nuevo y sorprendente giro que hará que cambie todo. Nathan nos lo adelanta: sólo ahora, al cabo de tan laboriosa preparación, después de tanto escardar y rastrillar el terreno, es cuando mi crónica de las aventuras de Tom empieza a remontar el vuelo. Sola, sin maleta y muda. La niña no habla, no quiere hablar, por lo que Tom no sabe a qué atenerse. No sabe nada de su hermana y no sabe qué hacer con la niña. Pide ayuda a su tío que decide quedarse con ella hasta saber cómo solucionar el problema. Lucy está contenta con ellos, sonríe a menudo, no se la ve preocupada… Ambos deciden mandarla a Vermont, a casa de Pamela, la hermanastra de Tom, con la que no se lleva muy bien. Esta, sorprendentemente acepta y ellos preparan el viaje para el día siguiente, pero a la niña no le gusta nada la idea y llora. Algo se esconde en la mudez de Lucy y en su aparente alegría. El no hablar, sospecha Nathan, es un autocastigo que se aflige y que seguramente proviene de la vida vivida con el ya marido de Aurora, el siniestro David Minor.

Plazos
Dejamos a nuestros amigos prestos a comenzar un viaje al norte para llevar a Lucy a casa de Pamela. ¿Qué pasará? Las cosas se están liando más de la cuenta, tanto por el negocio ilegal de Harry como por la aparición de la niña. Habrá que esperar a leer la segunda parte y comentarla a su debido momento. Por lo pronto, es hora de vuestros comentarios sobre esta primera parte. Espero que sean numerosos. A la vez, seguiremos leyendo desde el capítulo “Rumbo al norte” (pág. 152) hasta el final de la novela. Para ello, disponéis de una semana.

¡¡Feliz Navidad y Feliz año 2016!!

22 Dec

Delicatessen de Nadal. Foto en flickr de Bibliotecas Municipais da Coruña. Algunos derechos reservados.

Estamos a las puertas de la Navidad y, como todos los años, El Club Virtual de Lectura de las Bibliotecas Municipales de A Coruña quiere desear a los miembros del Club:

Francisco, Keli, Carmen, Susana, Marta (two), Sandra, Lore, Rosario, Isolda, Irene, José, Carmelaeneslovenia, Gloria, Ángeles, Belén, Julia, Lui, Miranda, Marta (one), Silvia, Ana Cristina, Berta, Jéssica, Karmen, Marisa, Rebeca, Celia, Ana María, Lory, Paloma, Salo Kon, Yesi, Iria, Patricia, Raquel, Inés, Rosina, María, María Lemus, Yara, Rose, María Paula, Virginia, Uriska, Leticia, Eduardo y Churrera

y a todas las demás personas que siguen nuestro blog, unas ¡¡FELICES FIESTAS!! y un AÑO 2016 pleno de cosas buenas en compañía de vuestros seres queridos. ¡Y también con muchas, muchas lecturas que nos hacen la vida más bella e interesante! ¡¡Qué lo paséis muy bien y gracias a todos por vuestra participación y cariño a este Club!!

Un abrazo a todos y nos seguimos encontrando por aquí estas fechas.

Brooklyn Follies: el placer de contar historias

20 Dec

New York author Paul Auster. Foto en flickr por BBC World Service. Algunos derechos reservados

Brooklyn Follies es una historia singular, amable, compuesta de personajes extraordinarios que entran y salen de la historia enzarzados en un devenir de sucesos en los que te sumerges con deleite. Es un cuento de hadas fascinante impregnado de una locura sabia, optimista. En resumen: esta novela es una exaltación de la vida. Asimismo, es un libro que te hace reflexionar sobre la existencia desde una óptica vital y positiva con la intención de que el lector se dé cuenta de que la felicidad se encuentra en lo más cotidiano.

Brooklyn Follies (2006), la decimosegunda novela de Paul Auster y la más vitalista, es un emotivo homenaje a Brooklyn (el barrio donde vive Auster) y a sus habitantes. El título apela a las locuras, sabias, deliciosas, que impregnan la esencia de estos personajes. El autor nos transmite que la vida en este lugar es amable, humana, tolerante, variopinta, excéntrica. Nos gustaría irnos a vivir allí con todos ellos, ¿no? Pero, si fuéramos ahora ya no encontraríamos lo mismo. Nos lo dice el autor: mi novela es una elegía, en un himno a una forma de vivir que desapareció de un plumazo de la faz de la tierra el 11 de septiembre de 2001.

Estamos en el año 2000. Nathan Glass es un agente de seguros de casi sesenta años, divorciado después de un matrimonio de treinta y tres años y con una hija con la que no tiene una muy buena relación. Recientemente jubilado debido a un cáncer de pulmón decide volver a Brooklyn, lugar donde nació y del que salió a los tres años, pensando que será un lugar tranquilo donde morir: un fin silencioso para mi triste y ridícula vida. Está convencido de que va a morir pronto aunque el médico le ha asegurado que el cáncer está en recesión y las perspectivas son optimistas. Para distraer su tiempo de espera decide ponerse a escribir “El libro del desvarío humano”: en él pensaba escribir, en un lenguaje lo más claro y sencillo posible, un relato de cada equivocación, torpeza y batacazo, de cada insensatez, flaqueza y disparate que hubiera cometido durante mi larga y accidentada existencia. También de amigos y conocidos y de hechos acaecidos a lo largo de la historia con el fin de despertar unas carcajadas. Sólo quiere distraerse y estar ocupado el mayor tiempo posible. También frecuenta el bar del barrio y la librería de segunda mano de Harry Brightman, un homosexual culto, extravagante, contradictorio que no es quien dice ser. Allí se encuentra un día con su sobrino Tom y retoman su pasada relación de amistad y confianza. Tom, un antiguo estudiante de literatura brillante con un futuro prometedor, ha abandonado todos sus sueños convirtiéndose en taxista y en ayudante de Harry. Tom está perdido, desorientado, deprimido ya que no le encuentra un sentido a la vida. A partir de ese encuentro, Nathan, un hombre solitario, se verá inmerso en una fascinante red de personajes y descubrimientos que le empujarán a la vida casi sin quererlo.

Al particular triángulo compuesto por Nathan, Tom y Harry se irán incorporando un fantástico elenco de personajes (la gran capacidad de Auster para crear personajes): cercanos, humanos, tolerantes, originales, especiales, carismáticos, perplejos, diezmados… No son arquetipos, son reales. Llegamos a quererlos. Todos están en un punto de inflexión en sus vidas lanzándose a cruzadas delirantes la mayoría de las veces. Los personajes llevan el peso de la novela. Podríamos decir que ellos son la novela. Todos son importantes aunque Nathan, que es el que narra la historia, se alza sobre todos los demás, es el hilo conductor. El azar hará que todos ellos se encuentren y descubran un mundo lleno de posibilidades. Y aquí entra una de las características fundamentales de la literatura de Auster: el papel que ocupa el azar en nuestras vidas. Cómo incide en ellas. La idea, el mandamiento, de Auster es que todo lo que hacemos está en manos de la casualidad y que cada decisión que tomamos despliega un abanico de consecuencias inesperadas que puede dar un giro completo a nuestras vidas. Pero en esta novela, al contrario que en otras del autor, será un azar teñido de suerte. El azar, y la suerte, será lo que dirija la vida de nuestros personajes. En el universo de Paul Auster el azar y las casualidades gobiernan el mundo. También aparecen otros temas recurrentes del autor: la muerte, el amor, la soledad en las grandes urbes, la dificultad de la existencia, la mezcla entre realidad y ficción, entre vida y literatura.

El argumento es absorbente, disparatado. El hilo argumental es lo de menos. Lo importante es el suceder de los hechos ya que en este libro pasan multitud de cosas. Una sucesión de historias y de anécdotas, algunas delirantes. Historias cercanas, íntimas que también tocan la política, la literatura o la religión. Historias dentro de historias, laberintos que después de muchas vueltas de tuerca llevan a la misma puerta de salida que no es más que el mensaje de este libro: no importa lo malo que pueda pasarnos en la vida, siempre tendremos la posibilidad de volver a empezar y conseguir la felicidad tan anhelada. La historia es sencilla, tiene color, sentimientos, variedad humana, humor, costumbrismo, una cierta dosis de intriga y misterio, vitalismo, positividad, una apabullante humanidad plena de experiencia de la vida y una aparente ligereza.

Brooklyn Follies está escrita en primera persona por Nathan Glass. La voz narradora es cálida, sólida, apasionada, intensa a veces. No impone sus valores, simplemente cuenta una historia. Cuando comienza a narrar, nos encontramos a un Nathan pesimista que no se gusta a sí mismo, que no cree en él, que opina que ha cometido muchos errores en la vida, que se aísla del mundo volcado en su libro… pero a medida que se van sucediendo los hechos, esto va cambiando y va surgiendo un Nathan que se crece, que es bueno, brillante incluso, abierto, comprensivo, acogedor, que ayuda a sus amigos y a su familia (la importancia de volcarse en los demás para ser más feliz) y que encuentra el sentido de la vida y el placer de vivirla. Poco a poco, Nathan descubre que su vida no está finalizada, que le quedan muchas cosas por hacer empezando por los demás pero también ocupándose de él mismo. Nathan es el verdadero protagonista de Brooklyn Follies. A mí me encanta, es una bellísima persona y, sobre todo, creo en él.

El libro posee una gran calidad narrativa (sello del autor). Su prosa es amena, precisa, absorbente, deliciosa, elegante, seductora, mágica, fluida, sutil, coloquial, aparentemente sencilla y adjetivada con gran perfección. Por momentos es brillante y hermosa. El estilo en que está narrada la novela es pieza fundamental para sumergirnos con deleite en su lectura, para creernos todo los que nos cuenta el autor, para querer seguir leyendo más y más permitiéndole, y agradeciéndole, que nos sorprenda con tantos giros y acontecimientos. En Auster se aprecia el placer de narrar, podríamos decir que es un fabulador compulsivo, percibimos cómo disfruta, lo bien que se lo pasa y eso nos contagia a que nosotros como lectores disfrutemos del placer de leerlo. Pudieran coincidir Paul Auster, también como su personaje al filo de los sesenta cuando escribió Brooklyn Follies, y Nathan cuando éste ante su escritura de “El libro del desvarío humano” comenta: me sentaba a escribir, cerraba los ojos, y dejaba que mis pensamientos vagaran en la dirección que les apeteciese. Auster, con muchos libros ya a sus espaldas, los más importantes sin duda, parece que no quiera complicarse mucho la vida y sólo desee seguir disfrutando del impulso de contar historias. Lo cual no quiere decir que esta obra sea menor, para nada, es excelente. Pero carece de la amargura de otros de sus libros como si el autor, sabio ya a sus sesenta, quisiera gozar de la vida y los libros que le resten.

En Brooklyn Follies la literatura está presente desde el principio. El amor por los libros del agente de seguros al que le faltó valor para dedicarse a la literatura o al periodismo, que también es el caso de Tom, el deseo del protagonista de cumplir el sueño de toda su vida de escribir poniéndose manos a la obra en la recta final de su vida (nunca es tarde), las conversaciones eruditas entre tío y sobrino sobre diversos autores claves de la literatura norteamericana, la presencia de la librería con libros antiguos e importantes. Como dice el narrador: nunca debe subestimarse el poder de los libros. Este componente metaliterario en sus novelas es muy propio también de la literatura de Paul Auster.

Para finalizar os dejo el enlace de una entrevista publicada en 2006 en el suplemento Babelia de El País concedida por el autor a Eduardo Lago (gran escritor, por cierto) con motivo de la publicación de Brooklyn Follies. No he encontrado más entrevistas sobre el libro, aun así para conocer más a Paul Auster os dejo tres enlaces a entrevistas subtituladas encontradas en YouTube correspondientes a diferentes momentos: Una bastante larga, de 25 minutos, realizada en 2002. Otra de 2012 concedida a la revista Ñ de algo más de tres minutos y, por último, una entrevista concedida al programa Página 2 en 2015, con motivo de la publicación de su libro Diario de invierno (muy recomendable, ¡me encantó!). Esta entrevista está a partir del minuto 6.13.

Plazos
Vamos a dividir la lectura en dos partes. La primera nos llevará hasta el final del capítulo LLAMAN A LA PUERTA (pág. 151). Como nos cogen las fechas claves de Navidad por medio, le dedicaremos a la lectura algo más de una semana. Publicaré el post de análisis de esta primera parte sobre el 28-30 de diciembre. Os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito o sobre los enlaces que incluyo, pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura y Felices Fiestas!

Nuestro próximo libro: BROOKLYN FOLLIES de PAUL AUSTER

8 Dec

Portada de Brooklyn Follies de Paul Auster. Editorial Anagrama.

Dejamos los enigmas de Josefina Aldecoa para irnos a vivir las locuras de Brooklyn de la mano de Paul Auster (Nueva Jersey, 1947). Creo que es una buena elección para este tiempo de Navidad ya que Brooklyn Follies (2005) es una exaltación de la vida. Una novela repleta de personajes e historias de todo tipo. Un inmenso retrato de ese barrio neoyorkino tan particular. En este libro vamos a gozar como nunca del placer de fabular en el que se recrea el autor y nos reencontraremos con los temas recurrentes en la literatura de Paul Auster: el poder del azar y las coincidencias, lo relativo del concepto de identidad, los hijos perdidos y la búsqueda del padre… Tenía ganas de traer al Club a Paul Auster y disfrutar de su excelente escritura. Espero que os agrade la elección.

A partir de mañana miércoles 9 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de algo más de una semana para conseguir el libro editado por Anagrama. Como se avecinan las Navidades con todo su trajín nos tomaremos con más calma la lectura aunque no la abandonaremos. Eso sí, haremos alguna pausa corta en los días más señalados.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de El enigma. Gracias.

Nos encontraremos aquí dentro de unos diez días para empezar a leer Brooklyn Follies. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Josefina Aldecoa, podéis hacerlo a lo largo de estos días.

Nunca, nunca, podría liberarse de la trampa en la que él había hipotecado su vida

30 Nov

Broken heart 294/366. Foto en flickr por Dennis Skley. Algunos derechos reservados.

Gracias a todos por vuestros comentarios. Me gusta que sean tan diversos pues eso incita a la discusión lo cual es bueno para lograr profundizar más en el libro. Os invito a que os deis la réplica unos a otros. ¡Intentemos establecer un debate lo más cercano posible a un club presencial! Yo estoy más cercana a las opiniones negativas ya que también la acción y los personajes me parecen planos y estereotipados. Únicamente salvo el tema que plantea que es interesante y aunque muchos decís que la acción se desarrolla hace ya treinta años, no olvidéis que el libro se escribió en 2002 y la sensación que me da la autora es que pensaba que las cosas no habían cambiado tanto quince años después. Yo opino lo mismo, creo que, lamentablemente, todavía hay muchos Danieles y muchas Bertas en el mundo actual aunque con más matices ya que, reitero, me parecen algo estereotipados los personajes. Y también me parece reiterativa la acción, se repiten teorías y reflexiones y se alarga mucho, a mi parecer, la trama para llegar a un punto al que intuíamos iba a llegar muchas páginas antes.

Creo que está claro que la autora toma partido por Teresa. Es el personaje que sostiene toda su teoría y quizás Aldecoa se identifique con esta mujer. Pero, para mí, Teresa tiene luces y sombras. Me llama la atención que una mujer tan inteligente, tan independiente, tan emancipada y tan equilibrada se obceque de esa manera con un hombre como Daniel. Lo justifica continuamente intentando comprenderlo, lo va a ver a España dos veces (él no vuelve nunca a verla) y siempre está esperando que él tome una decisión (el divorcio) que nunca toma. Yo creo que desde muy pronto Teresa tiene datos que aunque sí que le hacen dudar, pero no lo suficiente, le tendrían que haber ido llevando a adquirir una consciencia de la situación más temprana que le condujera a la decisión de renunciar a un hombre tan cobarde. ¿El amor es ciego? ¿Incluso en una mujer tan inteligente y cabal? No lo sé. ¿Qué opináis? Porque como bien ha dicho alguno de vosotros, la autora, aunque lo repite numerosas veces, no nos muestra, o no nos sabe mostrar, a ese ser tan inteligente y brillante que ha sido capaz de enamorar a Teresa. Incide más en sus deficiencias, en sus defectos, en sus inseguridades. Un hecho a favor de Teresa es que él calla numerosas veces, no se abre lo suficiente para que ella pueda conocerlo realmente. Pero, a veces, hay detalles, actuaciones que nos dicen más que mil palabras.

A Teresa le asombra, y es el tema del libro que está escribiendo, que hombres “superiores” no puedan estar con mujeres a su mismo nivel para poder compartir una vida y una idea del mundo similar. Que no escojan a una mujer que esté a su altura y opten, por el contrario, por mujeres más “inferiores” que no les hagan sombra. La inteligencia de estos hombres no se corresponde con su ser emocional. Emocionalmente son inseguros, inmaduros, incluso cobardes. Desean destacar en lo suyo y no quieren a su lado a una mujer tan inteligente o más que ellos (es seguro que emocionalmente no lo soportarían). O bien, como Daniel, han escogido mal casi sin darse cuenta y no se atreven a romper, por miedo, por una educación tradicional, esos lazos que les hacen infelices. Entonces buscan una salida en un mundo al margen de su matrimonio en el que sí puedan ser ellos mismos (Daniel: el apartamento, la vida profesional). Porque, además, en el caso de Daniel, a éste le resulta cómodo el desinterés que muestra Berta por su labor profesional. Ese mundo aparte de su matrimonio que se ha creado, en el que no es juzgado o controlado, le concede tranquilidad y satisfacción. A lo largo de muchos años, se ha acostumbrado a vivir así. Tanto que, ante una Teresa deseosa de conocerle en profundidad, que le pregunta y le inquiere, que le anima a superarse aún más profesionalmente, que le juzga en numerosas ocasiones, Daniel se siente presionado y tampoco le agrada esa Teresa fiscalizadora.

Sinceramente no me queda claro el motivo real por el que Daniel renuncia a Teresa. Ese enigma que nos plantea el título. Una mujer de la que parece realmente enamorado y con la que comparte tantas cosas. Se apuntan diferentes razones: la cobardía, la educación, la culpa, la comodidad… Quizá sean suficientes razones. No lo sé. Quizá Daniel sea un buen ejemplo de la teoría que desarrolla Teresa en su libro ¿Qué opináis? Aún me parece más extraño que después de un verano idílico en el norte de España, una vez que Berta ya sabe de la existencia de Teresa, juntos, felices, con los amigos de Daniel (que sí representan un ejemplo de pareja feliz de iguales aunque también ha habido renuncias) con los que comparten tantas cosas… este hombre no dé el paso de abandonar a su mujer y comenzar una nueva vida, aparentemente sólo porque Berta realiza un simulacro de suicidio. Porque es a partir de ese simulacro cuando un Daniel derrotado vuelve como un corderito al hogar y acepta todas las condiciones de Berta, como la de irse a vivir a esa urbanización en la que ni siquiera tendrá las vistas de su piso de Madrid. Y seguramente, en un futuro no muy lejano, aceptará vender su apartamento que simboliza la parte de su vida no traicionada, tal como le exige Berta para así ya terminar con la única independencia que le quedaba y estar totalmente a su merced. ¿Por qué no deja a Berta? ¿Qué le une a ella? No hay amor en esa pareja. Ni siquiera parece que a ésta le importe su infidelidad ya que sólo le interesa guardar las apariencias, mantener su status económico. De alguna manera se nos sugiere que, mientras Daniel fuera discretamente infiel y aceptara todas las exigencias de Berta, ésta le dejaría en paz, como le ha dejado en paz en su vida profesional. ¿Sabiendo que su mujer es así, no le sería más fácil a Daniel dejarla? Sobre todo cuando le espera una vida plena en todos los sentidos junto a la mujer que ama. No sé qué opináis vosotros.

Por otro lado, está esa Berta que sólo se nos muestra en la queja, en la insatisfacción a través de unos monólogos llenos de reproches. El retrato que la autora hace de Berta es terrible, sólo hay adjetivos negativos. No hay concesiones para esa mujer. Aldecoa no nos deja conocerla en su totalidad y eso es injusto. No hay nada positivo en ella. También por ese motivo se nos hace más difícil entender que Daniel no la deje. ¿Por qué no lo hace si no la quiere y es tan negativa? Es maniqueo, a mi parecer, el retrato que la autora hace de ambas mujeres situadas en polos opuestos. La perfecta y la imperfecta. La buena y la mala. Sin matices, y la vida está llena de ellos. ¿No hay nada humano en Berta? Está claro que ese prototipo de mujer “enredadera”, como la califica la autora, no goza de la simpatía de Aldecoa. Pero yo echo de menos un retrato más completo de Berta.

En fin, esta vez no he optado por ir comentando el argumento, he preferido dejar mis impresiones y mis dudas. El enigma que plantea Josefina Aldecoa queda en eso, en enigma. Un hombre cobarde que rechaza una vida más plena para seguir en su infierno personal, un círculo vicioso del que ha sido incapaz de salir cuando le ha sido concedida una oportunidad. Desolador. Real supongo en algunos, ¿muchos?, casos. Me resulta confusa esta novela y también imperfecta. Esa es mi opinión. Espero las vuestras.

Plazos
Dedicaremos una semana a comentar esta segunda parte de la novela así como el libro en su totalidad. Además de dejar vuestros comentarios, que espero que sean numerosos, me gustaría, como os decía al principio del post, que os dierais la réplica unos a otros ya que no compartís iguales opiniones. ¡A ver si yo también aclaro la confusión que me ha dejado esta novela!

Un deseo irrefrenable de conocerse

24 Nov

Yale Campus Green. Foto en flickr por Francisco Anzola. Algunos derechos reservados.

El enigma nos presenta en los dos primeros capítulos a ambos protagonistas. Comienza con Daniel Rivera en un avión rumbo a EEUU. Con cuatro pinceladas nos muestra su insatisfecha relación matrimonial y sus últimos devaneos con una alumna (que tienen que terminar porque ella empezaba a olvidar las reglas del juego) que lo admira (algo que no encuentra en su mujer y que por eso busca en estas relaciones efímeras). A pesar de lo que deja atrás, o por eso mismo, Daniel está contento ante la promesa de una experiencia estimulante que le esperaba con toda seguridad al final de su viaje. En el segundo capítulo es el turno de Teresa que se encuentra en su casa trabajando en un libro. Ha huido de su vida en Nueva York que colmaba tantos deseos y esperanzas buscando tranquilidad y reflexión en la antigua Universidad donde vivió con su padre y su madrastra hace años. Ha dejado atrás, llena de dudas, preguntas y contradicciones, su trabajo en una revista de Humanidades y un matrimonio fracasado. Y Teresa se prepara para asistir a un cóctel de bienvenida a un profesor invitado que había llegado de Madrid días antes. Cóctel en el que se conocerán ambos protagonistas, claro. Daniel, como frecuentemente le ocurre en estos actos sociales, se siente solo, inseguro, lejano, y será Teresa, que le observa, la que le rescate llevándole a un rincón tranquilo. Allí se interesará por su vida y le hablará de la de ella. Esta actitud de Teresa respecto a Daniel se mantendrá en toda la novela.

A los pocos días, Teresa, una mujer muy directa, le invita a pasar el fin de semana con unos amigos en su casa de la playa. Está claro el interés mutuo. Daniel se siente inquieto ante una mujer tan diferente de la suya: ¿Por qué esta mujer le desconcertaba y le hacía reaccionar tan torpemente ante cualquiera de sus inesperadas observaciones? Ya en el cóctel le ha parecido una mujer bella, inteligente, segura de sí misma, libre, autosuficiente… que se habrá quedado de piedra cuando ha descubierto que el profesor Rivera, llegado con una aureola de prestigio, colaborador de revistas importantes, conferenciante serio y riguroso está casado con una burguesa tradicional que no trabaja y se dedica sólo al hogar, piensa Daniel. La acción está frecuentemente interrumpida por monólogos telefónicos protagonizados por Berta. Soliloquios llenos de quejas y reproches ante los que Daniel no dice nada pero sí reflexiona: en algún punto del camino se había equivocado y ya para siempre sería víctima de ese error. Todos los adjetivos que Daniel le dedica a Berta son (¿demasiado?) negativos.

En la playa por primera vez, ¿en siglos?, se sentía libre, lejano y libre, perdido y libre. Y comienza a conocer a Teresa y a sus amigos. También las clases comienzan y Daniel se siente a gusto entre alumnos interesados y alumnas que le ven como a un padre y a las que no tiene ningún interés en conquistar Se siente saturado de esas conquistas y de esas chicas españolas coquetas e insinuantes. En este nuevo ambiente tan diferente, Daniel se siente cómodo y comunicativo con sus nuevos amigos. Va conociendo poco a poco a Teresa que se muestra solícita con él ayudándole en cuestiones prácticas. Se siente tan bien, tan libre, que le vuelven las ganas de escribir poesía: en su nueva soledad no le costaba trabajo seguir el curso del pensamiento, el juego de percepciones y asociaciones de ideas que fructificaba en un descubrimiento estético, el origen, a veces, de un poema. Después de mucho tiempo, aquí había recuperado la capacidad creativa que creía oscurecida para siempre. La poesía y sus ganas de nuevo de ella estarán muy presentes estos cuatro meses. Él, poeta de un solo libro juvenil, siente que aquella época en la que escribía poemas fue la más feliz de su vida, la más intensa, en la que era verdaderamente él mismo. La esencia de Daniel probablemente sea el ser poeta y la abandonó muy pronto por culpa de un matrimonio errado y todo lo que esto trajo consigo.

Teresa está entregada al trabajo intelectual que se ha convertido en lo único que le da un sentimiento de felicidad. Está escribiendo un libro que se va a titular “Hombres y mujeres. Historia de siete parejas famosas” en el que ha escogido parejas en las que la mujer tiene la misma profesión que el hombre: ¿por qué la pareja del siglo XX desdeña en tantos casos el valor de una relación entre iguales superiores y desciende a una relación poco evolucionada intelectualmente? ¿Impide la relación amorosa la exploración en común de un mundo apasionante, ciencia, filosofía, arte, incluso política? Este es el enigma que plantea esta novela que se irá desarrollando a lo largo de sus páginas: ¿qué opináis al respecto? Seguro que a alguno le chirría ese “superiores”, ¿no? Pero Teresa desde que ha conocido a Daniel no se concentra: la presencia de Daniel había alterado su tranquilidad. Daniel había despertado en ella un interés excesivo. Teresa siente la necesidad de estar cerca de él: una atracción espontánea que la preocupaba. Y se pregunta si Daniel siente lo mismo que ella. Y sí, Daniel siente lo mismo: necesitaba verla. Necesitaba tenerla cerca, a su lado, como había estado casi todos los días de las últimas semanas. A él esta necesidad le sumió en un estado de confusión. Y pasa lo que tiene que pasar. A partir de ese momento se entregan con furor al conocimiento mutuo, a contárselo todo, a hablar de sus vidas desde la infancia: no conoces a nadie si no conoces su infancia […] en la infancia se encontraban zonas inexploradas que explicaban sus reacciones de adultos. Y del conocimiento y la entrega al enamoramiento sólo hay un paso.

Ambos discuten sobre el libro que está escribiendo Teresa. No están de acuerdo, claro, ya que Daniel no vive esa realidad de igualdad en su matrimonio. Teresa, sin embargo, piensa que sí puede ser posible: debe de ser maravilloso tener la suerte de vivir un amor y una identificación perfecta con el trabajo que están haciendo dos personas o que está haciendo uno con la colaboración de otro. Daniel opina que alguno tendría que renunciar a algo, como por ejemplo los hijos en el caso de la mujer y la individualidad en el caso de los hombres. ¿Qué opináis? Daniel para no renunciar a esa individualidad ha conservado su apartamento de estudiante donde se refugia a trabajar y a ligar con sus alumnas: había conseguido separar los dos mundos: la familia, el hogar, por una parte y por otra el trabajo. En ese apartamento siente una deliciosa sensación de independencia, de libertad preservada pero también le gusta regresar por la noche al hogar, al orden, a los hijos. Compagina esa doble vida pero el apartamento significa la parte de su vida no traicionada. Así se salva Daniel de su elección errada.

Teresa siente interés por Berta y su matrimonio, y cuando Daniel le cuenta todo (que es bastante desolador), Teresa le reprocha que lo ha descrito muy fríamente y que le ha parecido todo deprimente y mediocre y ajeno… Ante su confesión, Teresa piensa si estará magnificándolo, si se estará engañando: la elección de Berta, la inmadurez, la cobardía, la ausencia de rebeldía impresionaba a Teresa. Pero, inmediatamente, ésta lo justifica, lo ve como un hombre fracasado fruto de una educación tradicional y se anima a sí misma: no te aferres al pasado de Daniel. No te obceques con sus errores. Está a tu lado, está descubriendo un mundo de sentimientos. Espera… Todo está empezando. ¿Está muy enamorada o se engaña, se aferra a este atractivo hombre, intelectualmente “superior” como a ella le gustan los hombres? ¿Qué opináis? No en vano ella comparte con él muchas cosas: el sexo vivo, adulto, no aburrido, se unía a momentos de sensibilidad estética compartida, de coincidencias intelectuales inesperadas. Pero ¿eso es todo? Pregunto yo. ¿Qué hay de su parte emocional, sus sentimientos, su vida equivocada en ese terreno? ¿Podrá cambiar? Teresa espera que sí.

Se van solos a la casa de la playa a pasar un fin de semana a ver qué ocurre. Los sentimientos previos de Daniel son de incertidumbre, angustia, humillación. Después de la primera noche de amor, perfecta, Daniel se asusta, ¿será amor? La congoja era la consecuencia del éxito en la experiencia amorosa. Era el temor, el miedo al compromiso, a no saber el coste personal que esta historia de amor iba a tener. La sombra de Berta y sus hijos le había atenazado nada más despertar. Daniel le confiesa a Teresa que tiene miedo. Ambos analizan la situación, su pasado. Él confiesa que, desde niño, el mundo femenino de sus hermanas y las amigas de éstas, le ha intimidado, le ha producido desconfianza: una incipiente misoginia iba anidando sin saberlo en las primeras reflexiones del adolescente Daniel. Teresa escucha y le dice que ha tenido una educación propia de aquella época de posguerra en la que la coeducación no existía. Pero él insiste en que hay diferencias esenciales, no sólo educacionales o culturales. ¿Qué opináis? Teresa continúa aferrándose a su felicidad y no quiere tener en cuenta sus palabras. De nuevo me pregunto: ¿se engaña ya que el amor la ciega? Y, mientras, Daniel duda y duda y sólo quiere escapar de la fiesta que ha dado Teresa a su vuelta de la playa y piensa en Berta, en sus hijos… Todo un caos tiene este hombre en la cabeza: ¿lográis entender a Daniel?

Un fin de semana se quedan aislados por la nieve en la casa y entonces Daniel se relaja, es como una tregua luminosa durante la cual Daniel fue el ser más adorable, tierno e inteligente […] Nunca, como en aquel encierro forzoso, tuvo Daniel una impresión tan clara de libertad. Por una vez no tenía que decidir él. Era una situación excepcional y por tanto despojada de dudas, remordimiento o prevenciones. Daniel no quiere decidir nada, es cobarde. Y Teresa, que le acosa a preguntas, que él muchas veces no quiere responder, busca de nuevo una justificación: secretos que desvelar, reacciones que interpretar: ésa es la esencia del amor duradero, la compleja esencia de la relación amorosa. ¿Estáis de acuerdo? Pero es que a Daniel, aunque Teresa le parece fascinante, la mujer que siempre anheló, también le agota su empecinamiento en saber. Una constante indagación sobre su persona ante la que él se cierra, como siempre ha hecho. Y piensa en que, aunque Berta es muy inferior en todo a Teresa, no le exigía nada en lo profesional. Nada que no tuviera que ver con el dinero […] No indagaba cada día por qué estaba desanimado, triste, irritable. Simplemente no lo veía o no le interesaba y eso le permitía a él vivir en una cápsula de soledad e indiferencia hacia lo que le rodeaba.

Así están las cosas cuando se van unos días a Nueva York. Teresa está alegre, ama esa ciudad, su ciudad, y quiere enseñársela, compartirla con él, presentarle a sus amigos y, aunque a Daniel le encanta Nueva York, tuvo la intuición de que aquella ciudad maravillosa encerraba una amenaza. Ella no estaba totalmente curada de los problemas que le habían impulsado a huir y al mismo tiempo, lo temía, allí iba a encontrar él un obstáculo, un escollo, un abismo, algo que le separaría de Teresa. No sé muy bien a qué se refiere, la verdad, (¿alguna idea?) quizás al concepto de la vida y del amor que tiene Teresa y que representa esa ciudad y su vida en ella. Daniel conoce al ex-marido de Teresa, Robert, y los celos le invaden al ver la buena relación que mantienen, le rompe sus esquemas tradicionales. Teresa simplemente ríe, aún a pesar de una fuerte discusión, al darse cuenta de que sólo son celos. Son dos estilos de vida tan diferentes los de ambos que chocan con frecuencia. Y Teresa sigue erre que erre intentando indagar en Daniel. Aunque está enamorada (¿y se autoengaña?) no es que no vea las cosas, las ve pero siempre encuentra una justificación, se obceca en seguir con este hombre. No dudaba del Daniel intelectual. Tampoco dudaba de la pasión. A ella le surgen las dudas y los temores cuando piensa en el hombre casado con una mujer insoportable e inferior. Ahí él le parece inmaduro, retrógrado. Y además siente que se aferra a esa vida de casado insatisfecho y se cierra en banda a hablarlo con ella, a cuestionárselo. Porque Teresa lo que quiere es que deje a su mujer y se quede con ella: el fantasma de Berta se alzaba entre ellos como una amenaza, como si, por primera vez, Teresa hubiera descubierto su existencia. Esa es la cuestión.

Se acerca la Navidad y con ella el final de la estancia de Daniel en EEUU. Teresa está cada vez más irritable y nerviosa porque ve que él no toma ninguna decisión. Y Daniel imagina el reencuentro. Berta. Nunca le dejaría irse. Berta. Los hijos… Los hijos para Berta eran un seguro de vida. Daniel no se atreve a tomar una decisión. Está paralizado. En un último fin de semana en la casa de la playa, Teresa le confiesa que está desesperada, que no quiere separarse de él: no te vayas. Quédate. O déjame que te acompañe. Viviremos en Nueva York, en Madrid o donde tú quieras. Pero juntos… A Daniel le sorprende (¿?) su apasionamiento, su urgencia: Daniel no reaccionaba. No esperaba una propuesta así de Teresa. Y le contesta que no es fácil lo que le propone, que una propuesta así necesita un tiempo. Teresa acepta, le dice que le quiere a pesar de que una angustia devastadora la posee.

Plazos
Es hora de vuestros comentarios sobre esta parte. Yo creo que hay mucho, muchísimo que comentar, y espero que así sea. Disponéis de una semana para ello. Mientras, continuaremos la lectura desde la segunda parte, pág. 133, hasta el final de la novela. ¡Espero con mucho interés vuestros comentarios!

El enigma: una teoría sobre la pareja

16 Nov

Love. Foto en flickr por udithawix. Algunos derechos reservados.

El enigma es una larga e interesante reflexión sobre las relaciones amorosas que, principalmente, aborda el tema de la compatibilidad entre dos personas de un mismo nivel intelectual en el marco de una pareja. La novela nos narra una historia de amor aparentemente sencilla, normal, frecuente encuadrada en el eterno triángulo esposa-marido-amante. Trata además temas como la soledad, la cobardía, el convencionalismo de la institución familiar, las consecuencias de una educación rígida, las diferentes maneras en que viven el amor el hombre y la mujer y el papel asignado a cada uno de ellos en la sociedad.

El argumento de la novela es sencillo: Daniel, de cuarenta y ocho años, es un catedrático de literatura en una universidad madrileña. Está casado con Berta, un ama de casa, dominante y burguesa que no le valora y a la que no ama. Tiene dos hijos adolescentes y lleva una insatisfecha vida familiar rutinaria y anodina. Para paliarla busca compensaciones en su trabajo, que le satisface mucho, y en relaciones esporádicas sin ninguna atadura con sus alumnas. Estamos en 1986, época de la Transición española, y a Daniel le invitan a EEUU a dar un curso en una prestigiosa universidad durante cuatro meses. Allí conoce a Teresa, hija de exiliados españoles que se fueron en los años cincuenta al país norteamericano huyendo de la asfixiante dictadura cuando Teresa era una niña. Teresa es una mujer divorciada y sin hijos, de cuarenta y dos años, culta, inteligente, segura de sí misma, triunfadora en su profesión, con una vida interior rica, independiente, acostumbrada a ser tratada como una igual en su relación con los hombres que está escribiendo un libro sobre las relaciones de pareja entre personas de igual nivel intelectual como el matrimonio Curie. Su entorno social es asimismo el de personas intelectuales: profesores universitarios, artistas, escritores. El amor surge entre ambos casi inmediatamente… y no cuento más pues si no destripo la esencia del libro.

La novela posee una estructura tradicional: está narrada en tercera persona con un desarrollo lineal de la acción. Predominan las reflexiones y los diálogos escritos con una naturalidad muy cuidada y una intención didáctica. El enigma se lee muy fácilmente lo que no evita que nos haga reflexionar sobre lo que en ella se expone. A medida que la novela avanza iremos introduciéndonos en las personalidades y circunstancias de los personajes y en los hechos que se van sucediendo. Sólo hacia el final entenderemos el porqué del título. Es una novela en la que prima más el argumento y la tesis que lo sustenta que el estilo.

Los dos personajes femeninos representan polos opuestos lo que nos permite reflexionar sobre los diferentes roles de la mujer en la sociedad actual. Aldecoa toma partido claramente por Teresa que encarna a la mujer que busca el amor en una relación libre e igual basada en la sinceridad y la autenticidad. Berta personifica, en palabras de la autora, a la mujer enredadera (La enredadera es el título de su primera novela) que depende económicamente de su marido y al que manipula para su propio provecho material: tenía la idea de la mujer de clase media como una enredadera que se agarra al hombre, que le exprime todo lo que puede, pero que ella no hace nada. Daniel se presenta como víctima de los constantes reproches de Berta a la que califica como cínica, inútil, implacable, dogmática, indiferente a su profesión. Siente que vive en un mundo muy pequeño en el que sentimentalmente no es feliz por lo que cuando le ofrecen esa estancia en EEUU, la ve como una liberación. Y, una vez allí, cuando se enamora de Teresa siente que ha encontrado la compañera ideal puesto que le estimula intelectual y profesionalmente y puede compartir con ella su mundo interior. Todo lo contrario a Berta. Teresa le lleva a un lugar en donde él siempre ha querido vivir. Pero… siempre hay un pero ya que si no, no habría historia.

En El enigma se plantea cómo nos marca la educación. No en vano, Josefina proviene de familia de maestros, su madre y su abuela lo fueron, y ella, pedagoga además de escritora, en 1958 fundó y dirigió durante muchos años el prestigioso y progresista colegio Estilo, un interesante experimento humanista basado en las teorías krausistas que alimentaron la Institución Libre de Enseñanza en la Segunda República española.

Para conocer más a la autora os dejo sendos enlaces a su biografía de Wikipedia y de El norte de Castilla. También os dejo un enlace a un programa de Rtve dedicado a ella de la serie documental “Esta es mi tierra”, grabado en enero de 2010, así como dos entrevistas concedidas por Josefina Aldecoa a El País y a la Revista Fusión con motivo de la publicación de El enigma. Os aviso que en las entrevistas se desvela gran parte de la trama. Vuestra es la elección de leerlas o no.

Plazos
Dividiremos la lectura en las dos partes en las que está dividida la novela. Leeremos a lo largo de una semana hasta al final de la primera parte (pág. 130). Os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo a lo largo de esta semana, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito, pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte dentro de una semana, y todos ya hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: EL ENIGMA de JOSEFINA ALDECOA

8 Nov

Portada de El enigma de Josefina Aldecoa. Editorial Alfaguara.

Cuesta abandonar la poesía intensa de Erri de Luca y cambiar de registro, pero a este club le gusta variar y vivir la literatura de diferentes países, culturas y maneras de enfrentarse al hecho literario. En este caso nos venimos a nuestro país, al que visitamos de vez en cuando, de la mano de la escritora Josefina Aldecoa (1926-2011). Vamos a leer El enigma, una de sus últimas novelas publicada en 2002. Llama la atención lo prolífica que fue Aldecoa en los últimos años de su vida cuando ya era muy mayor. Josefina pertenece al importante grupo de escritores denominados como la “Generación de los cincuenta”: Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre, Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa (su marido) y ella misma. Pero Josefina fue una escritora más bien tardía ya que su producción, excepto un par de obras en los años sesenta, se sucede desde principios de los años ochenta hasta pocos años antes de morir.

El enigma es una novela de temática amorosa que se desarrolla en Estados Unidos y España en 1986. El protagonista en un reputado profesor universitario, Daniel Rivera, al que contratan unos meses para enseñar en una universidad estadounidense. Daniel está casado pero su vida no transcurre muy felizmente. Allí conocerá a Teresa, una mujer culta y sensible que le hará cuestionarse a sí mismo y a la vida que ha construido. La novela explora la capacidad que posee el amor para cambiar a las personas así como las posibilidades y las dificultades que se dan en una relación entre hombres y mujeres de igual condición cultural y social.

A partir de mañana lunes 9 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de una semana para conseguir el libro editado por Alfaguara.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Los peces no cierran los ojos. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar la lectura. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Erri de Luca, podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

Ya no era un niño y a cambio era aproximadamente nada

3 Nov

Erri de Luca. Foto en flickr por Paolo Benegiamo (paolobenegiamo.weebly.com). Algunos derechos reservados.

Dejamos al niño Erri recuperándose de sus heridas gracias a los cuidados de la madre y de la chica sin nombre. Ha vuelto a hacer la vida de la isla pero con signos bien visibles de la paliza en su cara, aunque esa nariz rota y esos cortes le hacen “más hombre”, así se lo dicen y él, además del centímetro que ha crecido, siente que sí que algo está cambiando no sólo en su cuerpo sino en su cara: no pensaba que la cara también tiene que crecer. La chica está tramando una venganza como veremos más adelante, su sentido de la justicia así se lo pide: estaré un poco fría contigo en la playa, no me hagas caso. No nos bañaremos juntos. Intentaremos vernos por las tardes, ¿entendido? El niño la ve en la playa paseando con sus agresores y él lo único que desea es ser invisible, no quiere verlos, sólo el mar abierto y nada más. Nada mucho: la superficie del mar es un techo sobre las profundidades y visita a los pescadores: allí mi nariz no causaba risas. Se prestaba poco atención a los desarreglos de la naturaleza, a las heridas, a las lisiaduras. Mientras quedara vida, ésta tenía una finalidad y un lugar útil en tierra.

Esta parte del libro contiene numerosas reflexiones y recuerdos posteriores de su vida que el autor intercala en la acción principal. Hay mucho del Erri adulto. Destaco la importancia que el cine del Neorrealismo italiano tuvo para Erri así como la música, las viejas canciones napolitanas que él toca ahora a la guitarra, una guitarra que no quiso cuando su madre se la ofreció. Pero, sobre todo, están muy presentes el padre y la madre, la muerte de ambos en sus brazos viviendo ya en la casa que él construyó con sus propias manos y el amor tan intenso que les tuvo.

El cine italiano de posguerra me enseñó a mirar, por lo menos cuanto las voces de las mujeres de Nápoles me enseñaron a permanecer a la escucha. Mirar. Escuchar. Verbos muy presentes en la vida de Erri desde su infancia. Verbos fundamentales para un escritor. Amé ese cine de artesanos excelentes que en el momento justo adquiere la intensidad del arte. El blanco y negro daba luz al patio de butacas de los pobres, relucía por el sudor en la frente, no por las lentejuelas. Aquel cine narraba barracas y no palacios, a nuestra gente abarrotada en tercera clase, no los vagones del Orient Express. Iba solo, no quería a nadie a mi lado que se mofara de mi conmoción, que estorbara la sacudida de una compasión, que atenuara la consternación de una ira. Aprendía lo que era Italia. De nuevo la preferencia por los más humildes: he amado mucho ese cine, como espectador puro. Como delante de los cuadros: no me situaba en el punto de vista del pintor, sino en el de quien está en un lateral y echa un vistazo por encima de las cabezas desde un asiento en el gallinero.

Un extraño sentimiento de culpa por haber obstaculizado el amor de sus padres con su llegada al mundo, un deseo de no haber existido nunca le atormentan al ya narrador adulto Erri: se amaban los dos, se regalaban libros. Ella estaba embarazada de mí. La fecha de la dedicatoria denuncia mi intrusión en sus vidas. Se las obstaculicé cual extraño. Querían un hijo, me tuvieron a mí. Ellos son mi gente, pero yo fui poco y mal la suya […] Me entra el deseo maldito de no haber existido, de dejarlos a los dos vivir en paz […] Para quien tiene el tullido impulso de no haber existido nunca, queda el oficio de fantasma. Duras palabras, ¿no creéis? ¿Qué opináis de ellas? Pareciera que siempre se sintió una carga para ellos. Y la insistencia en no valorarse, en pasar siempre desapercibido, en ser casi invisible, está muy presente ya en él desde niño. Aparece con frecuencia en este libro, también en sus recuerdos de adulto, y en las entrevistas.

El padre encuentra trabajo en América y le pregunta por carta a la madre si quiere vivir allí. La madre duda pues yo sólo sé vivir en mi tierra, pero enseguida le pregunta al niño si quiere ir allá. Es la primera vez que le pide su opinión sobre algo importante: me atraía un lugar donde volver a empezar sin conocer a nadie. Podría quitarme el uniforme de invisible, lo sería sin esfuerzo de imaginación. Podía ser un buen sitio para mí un país llamado allá. Pero le contesta que para él es igual. Exactamente le dice que “no quiero tener peso”. No quería contar para nadie, sólo quería pensar en buscar gusanos excavando en la arena, en leer libros, en pasarme los días mudo. Piensa que la decisión es sólo de sus padres ya que su padre sólo le ha preguntado a ella.

En septiembre ocurren días de cielo descendido a la tierra. Se abre el puente levadizo de su castillo en el aire y, bajando por una escalera azul, el cielo se apoya durante un rato en el suelo. A los diez años, podía ver los peldaños escuadrados, y recorrerlos hacia arriba con los ojos. Hoy me contento con haberlos visto y con creer que siguen existiendo. No me he resistido a transcribir este párrafo. ¡Contiene tanta belleza y melancolía! No he hablado de la presencia casi permanente de la nostalgia en esta novela. ¿No creéis que es así? Además de la intensidad, de la poesía, de la verdad, hay un halo de melancolía que impregna todas sus palabras. Me he emocionado, a veces hasta las lágrimas, leyendo y releyendo este libro único. Casi todos los libros de Erri hablan de su infancia en Nápoles. Como si todo lo que hubiera vivido posteriormente ya viniera de allí, de esa ciudad y esas vivencias que abandonó a los dieciocho años para no volver. ¿Por qué se iría Erri? También habla de eso en esta novela más adelante. Pero no da razones.

Dentro de poco me marcho. Antes tengo que arreglar una cuestión de justicia. Ahora vas a escucharme y a hacer lo que te diga […] Mañana por la tarde, bájate a la playa. Te encierras en la caseta y te quedas allí. No salgas hasta que te llame. Oigas lo que oigas y veas lo que veas por las rendijas de los tablones, no salgas hasta que te llame yo. ¿Me has entendido bien? La chica está a punto de llevar a cabo su plan. El niño Erri más que escucharla está mirándola: fue la primera noción cierta de la belleza femenina. Que no está en las portadas de las revistas, en las pasarelas, en las pantallas, que en cambio está de repente a tu lado. Que te sobresalta y te vacía. El niño toma consciencia de su cuerpo por primera vez al lado de ella: del latido de la sangre a flor de muñeca, del ruido del aire en la nariz, del tráfico de la máquina corazón-pulmones. Junto a su cuerpo exploraba el mío, calado en su interior, zarandeado como el cubo en el pozo.

Finalmente el niño se ha puesto del lado de lo que decida su madre respecto a irse o no a América. La madre decide escribirle al padre que no irán. Él se siente molesto consigo mismo: había transgredido mi verdad, que era de sincera distancia entre sus razones y las de papá. Me había puesto de su lado porque la había visto extraviada y despeinada en la cocina por la noche haciendo garabatos. Le había dicho unas palabras de ayuda que para mí no eran verdaderas. Me las había inventado por afecto […] Le había quitado a papá, sin embargo, su esperanza de reunirnos allá y eso me confundía […] Había intervenido entre ellos dos. Debía de ser ésta la consecuencia del cambio en el cuerpo. Crecer conllevaba un precipicio de efectos desconocidos. Había bastado un centímetro. Y de nuevo un flashforward. El narrador recuerda cuando ocho años más tarde se iría para no volver: cerré despacio y bajé los más hondos escalones de mi vida, que no volvería a subir para habitar de nuevo […] en la cabeza me retumbaban los adioses que no había dicho […] desertaba de ellos, del tiempo transcurrido me arrancaba como una hierba del muro, dejándolo limpio […] De haber encontrado a alguien que me hubiera dicho: “Vuélvete a casa” me lo hubiera abrazado. Pero se va y se une a un partido revolucionario en el que conocí entonces el peso y la amplitud del pronombre nosotros. Erri de Luca no nos da ninguna razón, únicamente narra lo que pasó con un poso de tristeza y quizá de ¿arrepentimiento? No me atrevería a afirmarlo. Sólo están los hechos.

Pero el padre renuncia a América: la vida en Nápoles fue para él un exilio sin viaje. Y nos habla de la pérdida de su padre muchos años después con ¡tan bellísimas palabras de dolor y ausencia!: el encuentro con el sueño, donde lloro sin lágrimas. Mi luto por él es una poza de agua marina evaporada. Entre las rocas queda la sal desecada, unos sollozos en seco […] Vuelven cogidas del brazo, las lágrimas, de dos en dos, se asoman por el borde y se zambullen desde las pestañas sobre los pantalones, mientras apoyo la frente sobre las manos vacías. Son las mismas lágrimas de niño, de impotencia antigua. No tienen nada que pedir y cesan por sí solas. Y un poco más adelante en la narración le toca el turno a la madre, a su final junto a él: mamá que me vuelve huérfano de viejo. Me posaba su mano tibia y exhausta sobre la frente y así volvía a respirar tranquilo. La madre que le dio las canciones, la música de su tierra, y con ellas le empujó a hablar, a cantar, a escribir. Las pérdidas de los míos, de los dos, que acabaron en mis brazos, no he podido equilibrarlas con el nacimiento de los hijos […] La vida de los míos, de los dos, están en la prisión de los ausentes y no pasa día sin que espere fuera.

Por fin llega el día del duelo entre los dos agresores que se disputan a la chica. Todo lo ha preparado ella para que la venganza la pueda presenciar el niño Erri encerrado en la caseta: sin armas, con las manos y los pies desnudos, el primero que grite pierde. Y, claro, pierden los dos. El acto de justicia se ha hecho realidad pero para el niño ha sido la inutilidad del odio y de la sangre. Para la chica él es el ganador, le hace salir de la caseta y le besa a la fuerza en la boca delante de los dos derrotados: pero ¿tú no cierras los ojos cuando besas? Los peces no cierran los ojos. Él niño intenta convencerla de que esa justicia no sirve para nada pero no tenía palabras ni ímpetu para oponerme a las suyas. Ella era en aquella hora la voluntad personificada […] Había meditado y ejecutado después la sentencia. Me la enseñaba en su evidencia, no buscaba consenso ni gratitud. El niño Erri se ha enamorado, por fin comprende lo que no entendía e incluso rechazaba cuando lo leía en los libros: la palabra amor: aquel amor cerraba la infancia. Aunque deciden pasar la última noche juntos no volverán a verse, así lo establece la niña y él lo acepta: hoy sé que aquel amor cachorro contenía todos los adioses siguientes. Ninguna se detendría, yo no conocería las bodas […] El amor sería una parada breve entre los aislamientos. Hoy pienso en un tiempo final en común con una mujer, con la que coincidir como lo hacen las rimas, al término de la palabra.

Poco después reacciona ante su cobardía por no haber detenido la pelea: había fallado. No había sido quien exijo ser […] Tras la sorpresa de poder nombrar la palabra amor, venía la experiencia física de la vergüenza […] Ya no era un niño y a cambio era aproximadamente nada. Es muy exigente consigo mismo este niño y ese hombre. Uno siente que la ética en él es palabra principal.

Esta hermosísima novela termina con el encuentro final de los dos chicos, en la playa, entre las barcas de los pescadores, besándose por primera vez: después de cada uno, me daba cuenta de estar creciendo, más que de las heridas. Él todavía no sabe si le gusta el amor pero sabe que lo tiene y sobre todo le gustan los besos: todavía hoy sé que son la más alta meta alcanzada por los cuerpos. Desde allí arriba, desde la cima de los besos, puede uno descender después a los gestos convulsos del amor. Incluso iguala al lenguaje, a las lenguas y a sus palabras y a sus letras, con los besos.

En un cruce nos separamos, soltándonos las manos sin necesidad de más despedidas. Eva y su esposo, saliendo del jardín, habían vivido ya todo el bien del mundo. La vida añadida más tarde, lejos de aquel lugar, no fue más que una divagación.

Plazos
De nuevo he transcrito muchos párrafos del libro, ¡no lo he podido evitar! Si pudiera transcribiría el libro entero. Me he enamorado de la palabra de este escritor, se nota, ¿no? Bueno, es el momento para que vosotros comentéis, o transcribáis por supuesto, todo lo que queráis de esta segunda parte y del libro en su totalidad. Para ello, disponéis de una semana. Y como no hay más que leer, ¡espero que sean numerosos los comentarios!

Mantener

27 Oct

Pescando a Ischia Ponte. Isola de Ischia. Foto en flickr por Andrea Parisse. Algunos derechos reservados.

Los peces no cierran los ojos se abre con una hermosa y enigmática cita de Itzik Manger, un poeta y también autor de canciones en yiddish y estudioso de la Biblia que nació en 1901 en el entonces Imperio austrohúngaro y murió en 1969 en Israel. Llama la atención la similitud con Erri respecto a su interés por la Biblia y además De Luca sabe hebreo y yiddish y suponemos que lee en esos idiomas a sus autores. ¿Qué opináis del contenido de la cita? ¿Por qué creéis que la ha puesto para encabezar el libro?

Como bien apunta Lory, el libro comienza situándonos en el mar como en medio de la vida (hermosa comparación, Lory): el mar no enseña nada, el mar hace, y a su manera. En el mar y con los pescadores es como se siente bien este niño sin nombre. Y aprende de ellos incluso a escribir (la presencia de la escritura ya desde el principio), de sus palabras en dialecto que cuando las decía eran escollos separados con muchas olas entre medias. La palabra y el silencio, y el trabajo con las manos de los más humildes. De ahí nace la escritura poética de Erri de Luca, no de la escuela, sino de la vida. Y de los luchadores inmersos en ella como afirma acertadamente Susana: los pescadores, la madre, el padre… Todos vienen de una guerra cercana en la que han sufrido y han perdido muchas cosas. Es un entorno duro y difícil el de ese Nápoles en el que crece el niño y Erri, que son la misma persona. Él no, pero muchos otros niños ya trabajan en una de las ciudades con mayor mortalidad infantil de la época: en tierra firme, en Nápoles, en cambio, sí que estaban, y de qué manera, los instrumentos y las horas de trabajo en los niños. El niño Erri se siente mayor ayudando a esos pescadores, él que vive a sus diez años una maraña de infancia enmudecida que desea dejar atrás alimentado por los numerosos libros que lee. Su mente crece pero su cuerpo no y eso le hace sentirse incómodo, en territorio de nadie. Y al cumplir diez años abandona esa infancia encerrada entre los castillos de libros de mi padre y se asoma al exterior. Un exterior duro que le hace llorar: a la edad en la que los niños dejan de llorar, yo, por el contrario, empezaba. La infancia había sido una guerra, a mi alrededor morían más los niños que los viejos. Y los libros ya no le bastan para aislarse: desde la ciudad llegaron a la vez los gritos, las miserias, las ferocidades a asaltar los oídos que había mantenido a distancia hasta entonces: a los diez se conectó el nervio entre el dolor de fuera y mis fibras. El mundo irrumpe desde la crueldad de la ciudad en la que vive, tanto que incluso vomita además de llorar.

Para aliviar el dolor, empieza a cantar en voz baja con la mano como telón tapándole a medias la boca. Y sigue leyendo los libros de su padre para aprender a conocer a los adultos por dentro: no eran los gigantes que pretendían creerse. Eran niños deformados por un cuerpo voluminoso. Eran vulnerables, criminales, patéticos y previsibles. Podía anticipar sus gestos; a los diez años era un mecánico del artefacto adulto. Sabía desmontarlo y volver a montarlo. Duras palabras porque aunque quiere hacerse mayor no tiene muy buena opinión de los adultos, ¿qué puede hacer entonces? Difícil, muy difícil se le ponen las cosas al niño Erri. Lo que menos le gusta de éstos es la distancia entre sus frases y las cosas. Para un niño al que el verbo mantener es su palabra preferida, los adultos decían, aunque fuera sólo a sí mismos, palabras que no mantenían. Aprende a conocerlos bien pero lo único que no entiende en ellos es el verbo amar. Siente que lo exageran. Para él, el matrimonio de sus padres es responsabilidad del verbo amar. Y él y su hermana son una de las extravagantes consecuencias de la conjugación. Esa palabra tan desconocida lo agobia porque a mi alrededor no veía y no conocía ese verbo amar. Por el contrario, el odio sí lo entiende: la ciudad se tragaba el odio, se lo intercambiaba con los buenos días de griterío y de cuchillos, se lo jugaba a la lotería. No era el de ahora, azuzado contra los peregrinos del sur, meridionales, gitanos, africanos. Era odio de mortificaciones, de pisoteados en casa y apestados en el extranjero. Aquel odio añadía vinagre a las lágrimas. Y la lectura de Don Quijote le abre los ojos a la realidad tan miserable como era. Quijote tenía razón pues nada era lo que parecía. La evidencia era un error, por todas partes había un doble fondo y una sombra.

La misma sombra que existe ante sus iguales: no llegaríamos a encontrarnos nunca. Ni siquiera en la isla durante el verano: ellos todas las tardes en los bares […] yo nadando o en la playa de los pescadores viendo el arrastre de las redes a la tierra. Sabe de los adultos por los libros pero no sabe ni comparte nada con sus iguales. En la isla, el niño Erri, entre los pescadores y no entre sus iguales, ha dejado de llorar y de cantar: la isla era mano abierta. Aun así, se siente inferior pues ha suspendido las matemáticas: el descubrimiento de la inferioridad sirve para decidir sobre uno mismo. La acepté sin humillación, todo consistía en admitirla. Había vastos campos del saber que no llegaría siquiera a rozar […] ninguna habilidad en nada ha podido corregir la noción de escasez que tengo de mí mismo. Sorprende la sabiduría de este niño y su visión de sí mismo y del mundo, es original, única, nada parecido a nada, ¿no creéis? Y humilde, todo el libro es una lección de humildad en el gran sentido que esta palabra contiene.

Y aparece por primera vez el adulto que narra: cincuenta años después me arrimo a esa edad de archivo de mis formatos sucesivos. Sus diez años contienen ya todo su futuro: en aquel cuerpo sumario estaba la conmoción y la cólera de los años revolucionarios, en el latín estaba el adiestramiento para las lenguas sucesivas, en el cráter del volcán estaban las montañas que subiría a cuatro patas. En los escombros reposados de la guerra estaba la de Bosnia que yo atravesaría y las bombas italianas sobre Belgrado del último año del 1900. Todo su destino está detrás, proviene de lo vivido en una ciudad que agota el destino. Y todo lo que ha escrito el autor estaba en los relatos de mamá, de la abuela, de la tía […] sus voces han formado mi sintaxis. Así como los crucigramas, los jeroglíficos, los anagramas, las criptografías: lo que entonces creía un vicio solitario fue en cambio el taller mecánico de la lengua.

Y en este punto es cuando empieza la pequeña-gran historia que contiene este libro. Aparece la chica del norte que devora a su lado en la playa libritos policiacos. Una chica que no se parece a ninguna que haya conocido antes en el colegio: creaba a su alrededor el efecto contrario, de silencio. Se miran con curiosidad y él se sorprende ante la novedad que supone en su vida fijarse en una persona de sus años. La niña, directa, le impreca: ¿tú por qué eres así? Quiere saber porque no está con los demás niños. Le cuenta que quiere ser escritora pero no sobre los mayores, no me interesan, sino sobre los animales: intento hacer lo mismo que ellos, no malgastar el tiempo. El niño Erri está fascinado, tanto que se le derrite el polo que tiene en la mano mientras le escucha hablar con esa determinación. Comienzan a conocerse y el niño le cuenta que su padre está en Nueva York buscando trabajo. Ha ido tras sus orígenes porque papá había deseado América desde que era niño. Les escribe cartas en las que les cuenta todo lo que hace y todo lo que ve: yo creo en lo que veo escrito. Hablando se dicen un montón de mentiras. Pero cuando uno las escribe, entonces es verdad. Leen juntos las cartas su madre y él. El hijo cuida de su madre, están muy unidos, la quiere, también a su padre, tan libre y diferente. Tres chicos los espían, se burlan, le envidian porque la chica le hace caso a él pero el niño no entiende todavía el verbo amar. Él no les tiene miedo, no le importan lo más mínimo esos chicos: hace falta desdén altanero cuando se oye hablar de más.

La niña del norte le habla de los animales. Mientras lo hace, no podemos evitar establecer un paralelismo entre el comportamiento de los animales y el de los humanos. Él la habla de los peces: algunos peces, en su guarida, llegan a resistir la fuerza de una barca, entonces se rompe el hilo de nailon doble y gana el pez. O pierde, y entonces sale a la superficie el furioso mero, todo cuello y mandíbula, hurtado del bolsillo del mar. Otras veces, el pez ha mordido el anzuelo y es atacado y despedazado por otros peces. Algo importante le está pasando al niño: la miro y no me vuelvo ni hacia aquí ni hacia allá, la miro fijamente mientras sigo contando. Ella escucha con los ojos también. La niña le dice que los machos se baten para aparearse con las hembras. Para ella no es más que batalla por el amor. Y el amor, en los animales es el impulso más fuerte. Amo a los animales, saben de nosotros y nosotros nada de ellos. Se bañan juntos y se cogen la mano bajo el agua: mantener, mi verbo preferido, había sucedido […] nunca había tocado algo tan liso hasta entonces. Ahora no sé si hasta hoy. Se lo dije, que la palma de su mano era mejor que el hueco de la caracola […] ¿Sabes que has dicho una frase de amor? […] Pero si ni siquiera sé lo que es.

La niña le advierte de que tiene que tener cuidado con los tres chicos, que van a ir a por él. Al niño no le da miedo, está acostumbrado a tener enemigos pero hay algo más importante: no me da miedo hacerme daño, salir herido. No me importa. No aprecio mi cuerpo y no me gusta. Es infantil, y yo ya no soy así. Lo sé hace más de un año, yo crezco y mi cuerpo no. Se queda atrás. De manera que, si se rompe, no importa. Mejor si se rompe, de allí deberá salir el cuerpo nuevo. Esa es la curiosa idea del niño, su plan secreto para abandonar ese cuerpo para siempre por lo que no va a impedir la agresión, es más, la va a buscar: debo decidir yo cuándo es la hora. Y quien busca, encuentra: empezaron los golpes que no conté […] Sé que no me defendí. Dolores sí, fuertes, pero también una calma testaruda desde el interior no me dejó gritar. El niño despierta en el hospital malherido. Ante las preguntas de su madre, no contesta: quería decirle: he sido yo. La madre le acompaña dos días en el hospital contándole historias de la posguerra: las historias de mamá, acompañadas de su voz enojada, divertida, grata en cualquier caso a su juventud, hacían que se me pasaran los dolores. Me olvidaba incluso de existir, cuando ella relataba.

El narrador adulto recuerda palizas posteriores en las que sí supo defenderse: no puedo reconocerme en ese niño que no se defiende. Su idea obstinada de querer abrir una brecha en el cuerpo para dejar salir del capullo infantil la forma sucesiva: debía de ser para él una certeza […] aquel niño de diez años queda hoy fuera de mi alcance. Puedo escribir sobre él, no reconocerlo.

Detienen a los tres chicos y los llevan ante él. Ni aun así los delata. El carabinero entiende su silencio y le alaba su generosidad (no su miedo): me volvían las lágrimas a los ojos por aquellas palabras, por la voz justa que me trataba como a una persona. Para él, en aquel momento, yo no era un niño. La niña va a verle y le pregunta si se va vengar. Ella cree en la justicia, él no: ¿Cómo podía una justicia resarcirme de mis heridas? Ningún castigo de esos tres me arreglaría el cuerpo. Tenía que curarse por su cuenta, con las historias de mamá, con el libro que estaba leyendo, con los boquerones fritos, no con el carabinero, la acusación ni la ceremonia de la ley […] la justicia no hacía efecto en mí. Pero su diferencia de opinión no es obstáculo para que dentro del niño está creciendo algo muy grande hacia esa niña: era una mujer, la primera que emergía de aquella multitud que no me interesaba. Otras veces he vuelto a vivir la sorpresa de una mujer que avanzaba hacia mí y el resto a su alrededor quedaba desenfocado. Reaparece el narrador adulto para afirmar: le debo la liberación del verbo amar, que en mi vocabulario estaba bajo arresto. Ella lo deducía de los animales, amar era uno de sus compromisos. Tenía que ver también con la justicia. El amor de los animales tenía un reglamento despiadado y leal.

Plazos
Comentaremos esta primera parte del libro a lo largo de una semana. Espero que sean numerosos los comentarios pues hay mucho de lo que hablar. Al mismo tiempo, continuaremos la lectura desde la página 67 hasta el final de la novela. He transcrito más que otras veces frases y párrafos del libro pero es que en este caso es mejor dejar hablar al autor, nada mejor que sus hermosísimas y certeras palabras para intentar comprender su verdad.

Los peces no cierran los ojos: intensidad, poesía y verdad

20 Oct

Napoli. Foto en flickr por **yukiko**. Algunos derechos reservados.

Los peces no cierran los ojos es una novela corta (115 páginas) de tintes autobiográficos narrada en primera persona. Escrita desde la veracidad de la madurez, el narrador y protagonista recuerda, cincuenta años más tarde, el verano de sus diez años en la isla napolitana de Ischia, que es su patria, su paisaje: me arrimo a través de la escritura a mi yo de hace cincuenta años, para un jubileo privado mío. Es importante resaltar a este narrador adulto ya que se hace presente, con frecuencia, en recuerdos de otros momentos importantes de su vida posteriores a la narración principal. Momentos y vivencias que comienzan a forjarse en aquella infancia en la que el niño, recién cumplidos los diez años, asoma su cabeza a la edad adulta para descubrir que la vida es muy diferente a como la había imaginado. Para el autor es muy importante esa cifra: la infancia acaba oficialmente cuando se añade el primer cero a los años. Acaba, pero no ocurre nada, uno se queda dentro del mismo cuerpo de crío atascado […] revuelto por dentro e inmóvil por fuera […] estaba en un cuerpo encapullado y sólo la cabeza intentaba forzarlo. Su mente, a través de las numerosas lecturas que me llenaban el cráneo y me ensanchaban la mente, crece más rápida que su cuerpo. Ese cuerpo que le oprime y del que necesita librarse como si fuera una costra que tiene que caer para poder crecer. El título se erige como metáfora de cómo este niño abre los ojos a la vida adulta. Al igual que los peces que pesca, no cierra nunca los ojos, no sólo cuando le besan sino tampoco a esa etapa de la vida que se abre ante él.

Un niño que se sabe distinto, solitario por falta de empatía con otros niños, pescador con los pescadores con los que se siente bien y de los que admira su sabiduría, esfuerzo y destreza, lector voraz a gracias a la vasta biblioteca de su padre. Los libros le hacen conocer a los adultos por dentro: sabía cómo tratarlos. Apasionado de los crucigramas y jeroglíficos a través de los cuales aprende la lengua y la precisión de las palabras. La omnipresencia del mar, contexto y escenario vital, con el que mantiene una relación directa. Su madre, fundamental en su vida, su padre ausente en Estados Unidos adonde le han llevado sus orígenes y la búsqueda de una vida mejor y su hermana, que no puede ser más distinta de él y que apenas aparece. Pero sobre todo la fascinante niña sin nombre que conoce en la playa, tan diferente como él, audaz, original, sabia, conocedora profunda del mundo de los animales y que quiere ser escritora. La niña con la que vivirá una historia de amor singular que le llevará a sentir y a comprender por primera vez ese amor, aunque él lo mire de reojo, que él lee en los libros y que no entiende e incluso desprecia pues le parece desmedido. Y que le hablará de justicia, de una idea de justicia que él no comparte puesto que cree que un delito o daño no puede ser reparado con el castigo (la inutilidad del odio y la sangre) ya que con éste no se van a curar sus heridas.

La infancia del protagonista ha sido la de la posguerra. La presencia de la guerra todavía cercana, vivida por sus padres y sufrida sobre todo por su madre que sueña cada noche con las sirenas que anuncian los bombardeos. Ser italiano en esa época no es fácil: éramos un país de apestados tras la guerra perdida por el bando obsceno. Y la idiosincrasia napolitana tan presente y determinante en todo el relato: nacer y crecer en esa ciudad agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto. Para Erri de Luca, Nápoles es un lugar donde sus habitantes están listos para perderlo todo.

En un libro en el que apenas hay trama predomina el estilo: poético, intenso, preciso, profundo, original (no se parece a nadie). Su prosa es pausada, su escritura delicada, sensible. Pequeños párrafos con frases cortas. Consigue algo tan difícil como decir mucho con las palabras justas. Escrito con una sencillez sólo aparente pues contiene en sus palabras toda la complejidad de la vida. Frases que hacen reflexionar y otras que son poesía pura. Es un libro para leer parándote con frecuencia a respirar lo leído, a asimilarlo, a gozarlo. Los peces no cierran los ojos hay que meditarlo, releerlo como todos los libros de los grandes autores. Originales metáforas salpican el texto donde lo cotidiano nos lleva a lo esencial de la vida. El ritmo narrativo está muy medido y hay un amplio despliegue de recursos estilísticos. Hay quien ha dicho que es un poeta que escribe novelas. Pero sobre todo el autor busca la verdad desnuda y lo consigue con creces. Al leerlo sientes que se entrega a la libertad en su escritura, que es un ser libre cuando escribe, que va más allá que la mayoría. Escribir para mí es raspar el fondo de la vida. Este libro te obliga a mirar dentro de ti. En la infancia se encuentra la respuesta a muchas preguntas que nos hemos hecho y no hemos sabido contestar como adultos.

Erri de Luca es uno de los escritores más singulares y de mayor prestigio de la literatura actual. Concibe la literatura como un modo de volver, un modo de habitar de nuevo ya que el tiempo corroe. De Luca ha novelado su vida, es un escritor autobiográfico: cuando escribo no invento casi nada, inventar me parece un abuso de confianza. Nacido en Nápoles en 1950, pasó en esta ciudad su infancia y juventud. A los dieciocho años abandonó su ciudad y los estudios para siempre y se enroló en el grupo revolucionario “Lotta Continua”. Trabajó como obrero de la construcción, operario en la Fiat, camionero, mecánico, estuvo en África y fue conductor de vehículos de ayuda humanitaria durante la guerra de los Balcanes. Construyó con sus propias manos la casa en la que vive y practica el alpinismo como un acto de fe física: tengo una gran confianza en el vacío. Aprendió de manera autodidacta diversas lenguas, como el hebreo y, aunque no es creyente, es un lector apasionado de la Biblia, algunos de cuyos libros ha traducido al italiano. Erri siempre ha leído y siempre ha escrito pero se dio a conocer a los treinta y nueve años con Aquí no, ahora no. Hasta su décimo libro no pudo vivir de la literatura. ¿Y por qué escribe? Ser escritor es una manera de hacer compañía a la gente.

Os dejo unos enlaces a diversas entrevistas realizadas cuando publicó Los peces no cierran los ojos para que podáis conocer mejor al autor y a su obra. Son todas muy interesantes: Mediterráneo Sur (por Alejandro Luque); El País (por Javier Rodríguez Marcos); El Cultural (por Alberto Ojeda); ABC (por Inés Martín Rodrigo). Asimismo, os dejo dos enlaces a sendos vídeos en los que el autor, en italiano, habla de Los peces no cierran los ojos. Se pueden entender por lo menos en lo esencial. Una es en Vimeo y otra en Youtube. Y para finalizar incluyo un enlace para que podáis visionar un corto, Di là del vetro (2011), dirigido por Andrea di Bari y proyectado en el festival de Venecia. En él Erri de Luca mantiene un intenso diálogo con la actriz Isa Danieli que interpreta a la madre del escritor, muerta en 2009. Está rodado en la cocina de la casa de Erri y aunque está en italiano se puede entender por lo menos algo y podéis ver al autor en el rol de actor. Además habla algo de la novela que vamos a leer ya que fue publicada cuando se rodó el corto.

Plazos
Aunque la novela es corta y se lee bien, he decidido dividir la lectura en dos partes porque creo que merece una lectura pausada y ser comentada con profundidad debido a las numerosas reflexiones que contiene. Leeremos a lo largo de una semana hasta la frase “la imagino dedicada a proteger ballenas” que está al principio de la página 67.
Ya que hay muchos miembros nuevos, os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo a lo largo de esta semana, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito o sobre el contenido de las entrevistas y los vídeos… Pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte dentro de una semana, y todos ya hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!

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