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No sabía donde estaba la verdad

30 Dic

Comenzamos el capítulo siete instalados ya en plena República. La vida sigue su curso en el universo que rodea a Nalo. La política hierve en un sinfín de cambios y los días eran tan efímeros como los ministros que nos gobernaban, y las leyes también eran efímeras porque se hacían deprisa, tan deprisa como transcurrían los días y las semanas, prisa venturosa, vagar desastrado, y estaban cargadas algunas de estas leyes de buenas intenciones, y también algunas de ellas de segundas intenciones. Se avecina algo gordo, los tiempos están revueltos, las diferencias entre los pobres y los ricos son muy grandes y muchos de los que no tienen nada se alimentan de las ideas socialistas y anarquistas de la época y sueñan con una revolución que lo cambie todo. La II República está decepcionando a muchos de estos, es más de lo mismo como ya vaticinó en sus inicios el abuelo Cosme. Nalo ya es un hombre y profundiza en la sabiduría que tiene como objetivo de su vida: habláis como si hubiera unos mundos por llegar y tuviéramos que esperar o buscar esos mundos […] puede que no haya nada más que esto y, en una conversación con Alipio yo le hablaba de lo poco que hacía falta para sentirse bien […] la sabiduría de que todo lo real no era nada cuando se era capaz de pensar en lo posible, la posibilidad de ser cada día otro diferente sin dejar de ser el anterior. Nalo discute a menudo con Alipio sobre el sentido de la lucha, la violencia: por qué siempre hablas de lucha y de rebelión, eso implica sufrimiento y muerte. Alipio le contesta: es preciso destruir para crear, morir para nacer, acabar con una sociedad controlada en todos sus planos por la tecnocracia capitalista, y para esto no hay otra alternativa que la violencia, la voluntad de asegurar una sociedad libre exige riesgos extremos […] ellos ya utilizan la violencia como instrumento de dominación y nosotros debemos emplearla como instrumento de liberación. Nalo no está de acuerdo con él: me gustaría entenderte, pero sigo pensando que existen otras muchas formas de rebelión, algunas tan implacables y silenciosas como el crecimiento de aquellos castaños.  ¿Qué opináis de las palabras de Nalo?

Donde sí estalla la revolución es en el amor: Alipio y Aída, Eneka y Lucía, Basilio y la niña Angélica, Nalo y la señorita Elena. Mientras tanto, el abuelo Cosme despierta de su letargo de anís y se lanza a construir, con ayuda de voluntarios y donaciones, una presa en Zalampernio porque, para él, hacerlo es como levantarse en armas contra el mundo, contra ese mundo que lo mire por donde lo mire no termina de gustarme y conseguir así hacer llegar la luz eléctrica a los que no la tienen.

En marzo de 1934 los ingenieros belgas abandonan el palacio azul donde sólo quedan Geertghe y Elena y dejan a Nalo encargado de la casa y el jardín, pasa a vivir en el palacio y se convierte en el hombre de la casa. Todo se desarrolla como un sueño: Nalo vive su amor plenamente con Elena, ahora posee un cargo de responsabilidad haciendo lo que más le gusta. Todo es demasiado perfecto para que pueda durar. Pero antes de que se acabe lo disfruta al máximo. Es un hombre feliz. Entonces descubre que su abuelo y Geertghe mantuvieron una relación intensa y secreta durante años como la que mantienen ahora Elena y él. Todo este libro es una celebración de la vida, como la escena del viaje en coche de Elena y Nalo: “corre más, vuela, Nalo. Y, por fin, aparece la mariposa de Nalo: llevaba dibujados en las alas unos signos indescifrables, la sentí como una especie de fuerza, pero no la fuerza con la que los vientos azotaban, el grisú estallaba o los hombres peleaban, sino una fuerza que me hacía regresar y me ataba al primero de todos los momentos.

Se avecina una revolución, la gente sale a la calle, no puede más. Es el sentimiento insurreccional de muchos contra una República, para ellos, inaceptable y burguesa, sin capacidad de reforma social y con clara tendencia a los comportamientos represivos. Muchos defienden la violencia, como Alipio y Caparina, el anarquista que toca el violín: creía ciegamente en la posibilidad del amor de todos con todos […] su sabiduría era más desconcertante e incomprensible que la sabiduría del maestro Eneka. Pero Eneka cree en otro cambio que tenga de base una sabiduría que haga a los hombres buenos y libres de verdad. No cree en que esta revolución que se avecina vaya a cambiar nada porque aunque posean la razón de los acontecimientos, caerán en los mismos errores que sus predecesores porque tampoco ellos han alcanzado la sabiduría verdadera. Para él, tiene que haber un cambio de raíz, profundo, verdadero, que cambie por dentro a los hombres. El autor marca numerosas veces este contraste entre los que creen en la revolución armada y los que creen que el cambio tiene que ser en el interior de las personas.

La revolución de octubre del 34 estalla por fin. El último capítulo de la novela describe ampliamente este acontecimiento y cómo repercute en la vida de todos los personajes. Será en este momento cuando Nalo comience a cobrar conciencia: sentía que yo había sido arrancado de aquel mundo que pasaba cada día ante mis ojos, sabía que permanecía colgado en un espacio sin determinar, en una isla inocente donde la vida era fácil y los días cálidos, llenos de circunstancias singulares que yo veía como un montón de ojos nuevos que estaba aprendiendo a utilizar. Nalo participa en el Comité Revolucionario, formado por anarquistas, comunistas y socialistas, y el palacio azul se convierte en hospital de los heridos cuando el ejército comienza la represión. El sueño revolucionario había durado apenas dos semanas. Cerca de un millar y medio de muertos contabilizados, la mayoría civiles, casi tres mil heridos y varios desaparecidos conformaron el balance de aquellos días de lucha desesperada. El abuelo muere en un bombardeo a Zalampernio: yo sabía que allí estaba de nuevo la muerte y que ella era inmutable y constante. Elena se marcha a París. Su amor con Nalo ha estado marcado por la diferencia insalvable de clase. Y Alipio, Basilio, Caparina, Nalo, entre otros muchos, son arrestados, torturados (magistrales y terribles descripciones de las torturas) y después soltados. Nalo vuelve a su mundo de antes, al palacio azul de los ingenieros belgas con Geertghe y la señora Elvira. Vive con las ancianas y ya los momentos no se desdoblan en otros momentos. Está indeciso, no sabe qué hacer: el mundo daba vueltas a mi alrededor […] y una veces deseaba dejarme llevar por la vorágine de aquel mundo que giraba velozmente ante mí, pero otras veces me agarraba a las columnas de aquel palacio azul de los ingenieros belgas y deseaba convertir mi vida en algo estático, en algo también contemplativo y estético […] y entre el cataclismo de las decisiones drásticas y el eclipse total andaba mi vida, y buscaba a tientas en los libros de la biblioteca una respuesta a la pregunta que ni siquiera me había atrevido a formular […] cuanto más leía, más separación existía entre lo que rebullía en mi interior y lo que ocurría en el exterior y no sabía dónde estaba la verdad.

La novela termina de una manera abierta con la vuelta de la señorita Julia al palacio.

¿Qué le deparará el futuro a Nalo en su camino hacia la sabiduría?

Plazos

Es hora de vuestros comentarios de esta tercera parte y de toda la novela a manera de conclusiones finales. Nos volveremos a encontrar aquí con un nuevo libro que leer que anunciaré después de Reyes así que entre copa de champán y trocito de turrón tendremos tiempo para comentar este extraordinario libro.

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La mariposa que todos llevamos dentro

20 Dic

Esta segunda parte se compone de tres capítulos en los que el autor fundamentalmente se recrea en la comida que dan los ingenieros belgas a los altos cargos de la sociedad donde Nalo se estrena como camarero y en las historias de Eneka y la musa Clío y la del abuelo Cosme que por fin se sienta a hablar con Nalo para contarle su vida. De fondo, la situación histórica con el final de la Dictadura de Primo de Rivera en enero de 1930 (que se anuncia al final de la mencionada comida) y la proclamación de la Segunda República en abril del 31.

Nalo crece, por dentro y por fuera, con lo que eso conlleva (nuevas dosis de un tiempo de vértigo que todo lo sahumaba y cuyo transcurso arrebatado me provocaba espeluzno, lograban distraerme de mi discordia interior), convertido en el ayudante de jardinero de Eneka en el palacio azul de los ingenieros belgas. Eneka es su dios, el hombre más sabio que conoce y del que no para de aprender. Su primo Alipio personifica al hombre concienciado políticamente que desea y lucha por una revolución que lo cambie todo pero mi primo Alipio me había puesto al día de los avatares políticos, los cuales observaba yo con una indiferencia que a él le exasperaba, porque decía que no era propia de un individuo de la clase trabajadora, y yo lo intentaba, hacía esfuerzos por entender sus mensajes y asistía con él a reuniones y manifestaciones, pero lo que a mí de verdad me hacía sentirme bien era trabajar en el jardín con mi amigo Eneka.

El autor narra con todo detalle los preparativos (y el aprendizaje de Nalo en su nuevo oficio) y la comida en el palacio azul que abarca casi en su totalidad el capítulo cuatro. En el centro de todo esto está el descubrimiento deslumbrante del sexo en sendas ocasiones: con la señorita Julia, la niñera, con la que consuma por primera vez el acto sexual (sentía yo que aquel momento era muchos momentos a la vez) y con Elena, la hija del ingeniero: joven, guapa, seductora, caprichosa, inalcanzable… que juega con Nalo mientras éste cae rendido a sus pies. Ellas manejan la situación y son las que buscan al buen mozo en que se ha convertido Nalo. Ya durante la comida la descripción de personajes, de la mesa, de los platos, del decorado… ocupa casi toda la narración. A Nalo le llama la atención la actitud sorpresivamente frívola de todos los comensales: nobles, políticos, banqueros, periodistas… en un momento político muy difícil en que, como se anuncia al final de la comida, está a punto de caer la dictadura de Primo de Rivera. Nalo reflexiona: como niños pequeños se me antojaban a mí aquellos seres polimórficos que llevaban sobre sus hombros la responsabilidad de decisiones de las cuales dependían muchas vidas, incluidas las nuestras. El joven siente, entre esas personas, la insalvable diferencia de clases en su propia piel a pesar de convivir con ellos: yo era un siervo, un criado ayudante de todo y titular de nada, sin derecho a disfrutar de ninguna razón en medio de tanto poder y tan manifiesta riqueza y me sentía vulnerable, como debe sentirse un perro acariciado por el amo al que acaba de morder y, a continuación, una reflexión sobre el perdón: también el perdón era privilegio de los dioses, quizá el gesto donde de forma más contundente manifestaban su poder, más incluso que en el acto del castigo.

Al anunciar la caída del dictador, Geertghe, un personaje que cobrará importancia a partir de ahora alza su copa, ya ebria, y proclama: a la mierda los dictadores, sean prelados, gobernantes o maridos, sean marqueses o miserables, a la mierda todos ellos, brindo por su destrucción. ¿Qué os parece Geertghe? Es un personaje contradictorio, fruto de una clase social a la que pertenece que no le permite ser como ella es. Con los años se vuelve loca (pero una loca cuerda) y sabremos más de ella cuando el abuelo Cosme le cuente su vida a Nalo. Su relación con él la podremos comentar en la tercera parte pues en ella aparecen nuevos datos que contradicen la versión de Cosme: ¿una acosadora algo ninfómana? ¿Una mujer enamorada del hombre equivocado que sufre porque ese hombre, que pertenece a otra clase social, además la rechaza? ¿O, por el contrario, es correspondida en su amor?

Nalo, una vez más, rechaza ese mundo que le es ajeno: ofuscado por aquella dolorosa visión volví la mirada hacia el ventanal y vi al jardinero Eneka podando los sauces, jóvenes y desnudos, y en aquel instante hubiera querido estar con él, ajeno al mundo de aquella sala llena de circunstancias que yo no necesitaba conocer. La abdicación de lo esencial ante lo circunstancial, como dice Torga en la cita inicial del libro. Nalo vive todas las circunstancias que le rodean con perplejidad y un cierto rechazo porque él busca la esencia de la vida que está en la sabiduría y en el amor. Su hermana Lucía también lo ve así: lo que vas a ver allí dentro (en la comida) no son cosas sino circunstancias, accidentes de modo y de espacio y de tiempo que alteran el orden natural de lo conocido hasta el momento. Lucía, Eneka y Nalo personifican esta búsqueda de la esencia de diferentes maneras pero con el mismo objetivo. Y no abdican de la esencia a pesar de la fuerza demoledora de las circunstancias. El resto de los personajes, excepto Geertghe y Cosme, estarían en el otro lado. Y con la esencia aparece el segundo leitmotiv de la novela: la mariposa: y con respecto al incidente de la señora Geertghe, Eneka se puso serio y me dijo, esa mujer esconde un sufrimiento grande. Fue en aquel momento cuando me habló por primera vez de la mariposa que todos llevamos dentro, la de cada uno es única, tiene colores distintos y revolotea de forma diferente, algunos se mueren sin haberla sentido jamás, el quid está en descubrirla a tiempo, y le pregunté, qué pasará cuando la encuentre, y me respondió, lo sabrás cuando llegue ese momento. Algo más tarde Nalo habla con Lucía sobre la poesía: y pensé que el tiempo de la poesía era un tiempo distinto, porque era tiempo del interior, tiempo que quizá nacía en el mismo lugar donde revoloteaba aquella mariposa que Eneka decía que todos llevábamos dentro. Estaba seguro de que mi hermana hacía tiempo que había encontrado su mariposa, por eso le pregunté, cómo es tu mariposa, y ella dijo […] me ocupa entera, es tan grande como yo […] y allí estaba esa fuerza, el coraje, una llama que permanece para siempre, eso que Eneka llama la mariposa, y a mí me gusta esa forma de llamar al alma cuando se hace grande.  Este es un tema clave en la novela, me atrevo a decir que es su esencia, y me parece importante que habléis de ello en los comentarios.

Y llega la Segunda República y, con ella, los anhelos de un mundo más justo aunque algunos no se engañan, como el abuelo Cosme: el poder sigue ahí, con otros trajes y con otros nombres, pero con todos los vicios que siempre tuvo el poder. Vi a mi abuelo muy triste y le pregunté, qué tiene que pasar entonces, y me respondió, no lo sé, quizá una rebelión de todos, una revolución que acabe con cualquier signo de poder, o un incendio que lo arrase todo, tal vez un milagro, pero ya sabes que no creo en los milagros. La historia de Cosme os la dejo a vosotros para comentar, así como el inicio de la relación entre Nalo y Elena, en la que la historia del abuelo y de Geertghe se repite. Me he extendido demasiado y, de nuevo, he transcrito numerosos párrafos de la novela, pero ¡es que el autor lo dice tan bien! Así que no me resisto a terminar con otro párrafo que habla a la perfección de la esencia de Nalo: mi vida se iba llenando de asombros y una permanente sorpresa por cuanto me rodeaba brillaba ante mí como una estrella que me guiaba. Aprendí que era bueno hacerse pequeño para calibrar lo grande de las cosas grandes y que había que abrir los ojos y los oídos hasta debilitarlos para ver y escuchar cuanto acontecía y para conocerlo todo y llegar a ser sabio, como lo era mi amigo Eneka, como lo era mi hermana Lucía o como lo era mi abuelo Cosme, y me consideraba a mí mismo un ser afortunado porque todo pasaba ante mí para que yo lo observara.

Plazos

Leeremos a partir del capítulo siete (Pág. 197) hasta el final de la novela a lo largo de una semana más o menos. Nos cogen los días de Navidad entre medias pero estaré aquí de nuevo el próximo fin de semana, antes de fin de año, para dejaros mi post sobre esta tercera y última parte.

Aprovecho para desearos una Feliz Navidad en compañía de vuestros seres queridos y ¡busquemos un hueco para leer en medio de tanta celebración!

Procura estar siempre al lado de los inocentes, aunque te cueste la vida

12 Dic

Le dice el abuelo Cosme a Nalo el primer día que va a trabajar como ayudante de jardinero en el palacio azul de los ingenieros belgas. He dudado entre poner este título o “un momento era muchos momentos a la vez”, leitmotiv de toda la novela, pero el título que he escogido me gusta mucho y creo que resume, sino la esencia, una de las verdades fundamentales de esta novela.

Quiero hacer una mención a los títulos alternativos que da el autor al ya hermoso y pleno de significado título que ha escogido. Ocho títulos alternativos que “prologan” la novela, a cual más lleno de poesía y que, sobre todo, nos informan de todo lo que nos vamos a encontrar. Descubrimos ya desde el inicio que este autor posee un estilo propio, original, que no  haremos más que constatar a medida que la lectura avance.

La novela comienza en el verano de 1927 con la muerte en una mina asturiana de Jacinto, el padre de Nalo, un novicio imposibilitado para el rencor: el destino determinó que yo no fuera capaz de sentir rencor contra nada ni contra nadie. Esta ausencia de rencor marcará a nuestro protagonista que asistirá de una manera ingenua y llena de asombro a todo lo que la vida le va deparando. Su único afán es alcanzar la sabiduría, ser un hombre sabio, como su maestro Eneka, para poder entender mejor el mundo que le ha tocado vivir.

Este libro es una exaltación de la vida. El autor nos lo transmite en la historia que nos cuenta, en la actitud de los personajes a pesar de las desgracias que les toca vivir, en el lenguaje rebosante de belleza y verdades sobre las que es aconsejable reflexionar.

La primera parte de nuestra lectura, que comprende los capítulos uno, dos y tres, comienza y termina con dos muertes, la del padre de Nalo y la de la madre. La muerte aparece como una de las presencias esenciales en la vida de los personajes junto con el amor, el sexo, la lucha… La reacción desesperada de la madre ante la muerte de su marido que hasta llega a comer la tierra de los geranios (guiño a Cien años de soledad, yo creo que muy presente en toda la novela), la tristeza infinita de Lucía y la ausencia de llanto de Nalo, todavía muy pequeño ante su primer contacto con la muerte de un ser querido, pero me arrimaba a ella para sentir más cerca su llanto, y ella me acariciaba la cabeza y me decía, golondrina, eres como una golondrina, y yo  no sabía que decir pero me gustaba y me arrimaba más a ella hasta casi abrazarla, y ella seguía sollozando y me decía que ya nada sería lo mismo sin nuestro padre. Y no, nada será ya igual. Nalo, dos meses después entra a trabajar en el palacio azul, comenzando así su aprendizaje de la vida y del mundo que le rodea.

Como tenemos al autor, Fulgencio Argüelles, siguiendo nuestra lectura, os animo a que le hagáis las preguntas que queráis sobre la novela. El palacio azul de los ingenieros belgas está tan llena de verdad y poesía que leyéndola me han entrado ganas de reescribir aquí muchas de las reflexiones sobre la vida, el proceder de los hombres, el amor… a modo de comentarios, que os animo, así mismo, a comentar.

Hay una que me ha gustado especialmente y habla sobre la violencia: en aquellos tiempos los amos o patronos castigaban a los criados o a los obreros con la fusta de los caballos por un quítame de aquí esas pajas, y esos mismos hombres hostigados por los dueños de su futuro pegaban a sus mujeres con igual facilidad y con el mismo fundamento con que apaleaban a las mulas, y las mujeres golpeaban a sus hijos con la misma insistencia y naturalidad con la que ahuyentaban a los gatos o les hacían aspavientos a las gallinas, y los niños terminábamos aquella extraña secuencia de la violencia consentida maltratando a los animales […] Tal vez la razón de todos para maltratar fuera la misma, pero no la conocía nadie y a ninguno parecía preocuparnos. Creo que no he leído una reflexión sobre la violencia tan acertada y que explica muchas cosas sobre un tema que, a día de hoy, sigue siendo vigente. ¿Qué opináis?

Sobre mi título alternativo “un momento era muchos momentos a la vez”, os transcribo lo siguiente: y entonces ocurrió allí en el cementerio, cerca de las tumbas, lo que ya otras veces me había ocurrido junto a ella, que un momento no era sólo eso, un momento, un instante en el que ocurre algo concreto, sino muchos momentos a la vez que se confunden y se complican y que te roban toda certeza, hasta la certeza misma de que tú existes en medio de todos esos momentos. ¿No habéis sentido algo similar en situaciones concretas de vuestras vidas? Me identifico mucho con este leitmotiv de la novela. Creo que va directo a la esencia misma del existir.

Esa maravillosa hermana, Lucía, que habla con poemas, y a la que muchos tildan de loca, es la que le inicia con todo el amor del mundo en el sexo, que es la vida, mostrándole su cuerpo: me mostró la parte sangrante, viva, profunda, como el fondo de un pozo ardiendo. Hasta en estos temas tan íntimos, el autor posee la poesía necesaria, tratada con todo tacto, sin caer en el incesto innecesario. Lucía, al morir su marido maltratador, se crece en hermosura y exaltación de la vida: con su vestido de crespón y encajes con cintas de colores vivos y su sombrilla malva y rosa con orquídeas de seda o mariposas de terciopelo. Definiciones del amor y del sexo que le da Lucía a Nalo: del sexo decía que era como una cascada de luz que de pronto te iluminaba el cuerpo, y del amor que era como tender los brazos hacia la puerta entreabierta de la esperanza sin saber lo que podríamos encontrar al otro lado. Todo esto le ayuda a Nalo a traspasar la frontera de la infancia y a descubrir su corazón que se trataba de dos compartimentos que había dentro de cada uno que tenían naturaleza diferente, pero los secretos asediaban las dos estancias, una rígida e implacable como el tiempo de los relojes, otra blanda y sumisa como la masa de las rosquillas de anís que cocinaba la abuela, en una los secretos encontraban el sigilo y en la otra se manchaban de misterios. ¿Qué puedo decir ante estas definiciones? Nada. Ya lo dice todo el autor.

¡Hay tantas frases que escribiría aquí! Pero para terminar os dejo con tres últimas verdades:

El poder más que estatuas necesita gestos.

Eneka me explicó que eso de que el trabajo ennoblece al hombre lo habían inventado unos señores ricos bebiendo buen vino y dejándose acariciar por hermosas señoritas, y que los ricos no acababan nunca de crecer porque había necesidades que ellos no sufrían, escaseces y penurias que no conocían y que eran las que hacían madurar a las personas.

El enemigo más temible está dentro del propio corazón.

Plazos

Continuamos la lectura a lo largo de una semana a partir del capítulo cuatro (pág. 89) hasta el capítulo seis inclusive (pág. 196). ¡Es hora de vuestros comentarios! Aprovechad la presencia del autor para que esta lectura nos enriquezca mucho más.

El palacio azul de los ingenieros belgas: una bellísima narración de inicio a la vida

6 Dic

Esta mágnifica novela que vamos a comenzar a leer fue publicada en 2003 y reeditada de nuevo en 2008. Para mí ha sido un gran descubrimiento leer a Fulgencio Argüelles. Es autor de otras tres novelas que han recibido diversos premios y de un libro de relatos. El palacio azul de los ingenieros belgas es, por ahora, su última novela. Detrás de este hermosísimo título se esconde una no menos hermosísima historia de iniciación a la vida.

Las citas que abren el libro son toda una declaración de intenciones. Dos escritores como Torga y Berger nos dan claves de lo que nos vamos a encontrar más adelante. Nada es casual. Atentos sobre todo a la frase de Torga: la abdicación de lo esencial ante lo circunstancial. Cuando nos metamos de lleno en el análisis del libro volveremos a esta frase. Por ahora es sólo una llamada de atención para que leáis el libro teniéndola en cuenta.

El libro narra un periodo de la vida del joven Nalo. El que va de septiembre de 1927, en plena dictadura de Primo de Rivera, a la Revolución de 1934 en Asturias. Siete años de maduración y descubrimiento del mundo. Narrado en primera persona por el propio Nalo tiempo después (no se precisa cuando y tampoco es necesario), esta es la historia de un chaval que comienza cuando su padre muere en la mina y entra a trabajar como aprendiz de jardinero en el palacio azul de los ingenieros belgas que son los dueños de todo. En palabras del autor Nalo es un aprendiz de jardinero empeñado en buscar y alcanzar la sabiduría y añade: he querido reflejar la búsqueda constante del conocimiento y la perfección, el ansia por la transformación de las cosas, el amor como la manifestación más humana del conocimiento compartido, la convivencia y la confrontación de dos mundos coincidentes y divergentes: ricos y pobres, y, en definitiva, la visión personal y ausente de rencor, de un momento de revoluciones que confundió definitivamente el curso de nuestra historia. Creo que en estas palabras de Fulgencio Argüelles está condensada la esencia de la novela.

La caracterización de personajes es espléndida: el padre, la madre, la hermana, Lucía, una mujer especial que lee poemas y vive en un mundo propio. Lucía será la que le introduzca, con infinito amor, en los misterios del cuerpo y la poesía. El abuelo Cosme, fundamental en el aprendizaje de Nalo, la abuela Angustias que habla con refranes, el jefe jardinero Eneka, un personaje extraordinaro que ha leído toda la Enciclopedia Universal y que introducirá a Nalo en los misterios del mundo. Los ingenieros belgas, Jacob y su hermano Hendrik, sus esposas, en especial Geertghe, que tendrá un papel clave en la historia, la niñera Julia, Aida, la hija de Eneka… Todos tienen un papel importante en la vida de Nalo y forman parte de los dos mundos que habita: los humildes y los poderosos. Dos mundos enfrentados, como dice el autor, que componen el universo de Nalo e influirán en su camino de aprendizaje de la vida, del amor, del sexo y de la muerte, ya que comparte sentimientos con los personajes de ambos lados. Argüelles construye su Macondo particular en tierras asturianas. Un mundo donde la tierra y sus manifestaciones tienen una gran importancia y que están matizadas con elementos mágicos y poéticos. Una mezcla de realismo y poesía en una atmósfera mágica de exaltación de la vida. Argüelles tiene un estilo poderoso y único. Nos recuerda, a veces, a la novela del XIX pero también a la literatura del boom latinoaméricano, pero el autor sabe crear un estilo propio y único que nos envuelve.

Tan importante es en esta novela lo que cuenta como la manera de contarlo. Su estilo se impone y crea la historia. Para mí esto es fundamental en la maestría de un escritor, y muy difícil de conseguir. Largas oraciones subordinadas, pocos puntos, ausencias de diálogos pero claridad en la exposición. No nos perdemos en la historia, al contrario, nos atrapa, nos incita a seguir, nos maravillamos con su prosa vigorosa, sus descripciones, su simbolismo y, muy importante, con las reflexiones que contiene sobre la violencia, el amor, el sexo, la muerte, la política. Los acontecimientos históricos aparecen como telón de fondo, no es una novela histórica ni política, pero, a la vez, son decisivos para el proceso de maduración de Nalo. Éste contempla el mundo con ingenuidad y asombro, absorbe todo y no juzga pues está ausente de rencor. Dicho con palabras del autor: Nalo es un personaje con el corazón dispuesto para el asombro, situado en un mundo contradictorio en el que la sabiduría y el amor son la márgenes del camino para la libertad. Y en el fondo un escenario social complejo y definitivo para el desarrollo de la historia.

Os dejo el enlace a una entrevista realizada a Fulguencio Argüelles para que podáis comprender mejor su obra.

Plazos

La novela se compone de nuevo largos capítulos. Dividiremos nuestra lectura en tres partes. La primera incluye los tres primeros capítulos (hasta la pág. 87). A lo largo de una semana la leeremos y podréis ir dejando vuestras impresiones iniciales.

Nuestro próximo libro: EL PALACIO AZUL DE LOS INGENIEROS BELGAS de FULGENCIO ARGÜELLES

27 Nov

el-palacio-azulNos venimos a España de la mano de un escritor no muy conocido pero que merece la pena con creces: el asturiano Fulgencio Argüelles (1955). Y lo hacemos con esta novela de hermosísimo título, ganadora del premio Café Gijón 2003.

Una novela soberbiamente escrita que transcurre en España entre los años 1927 y 1934 en la que se narra el aprendizaje vital de un joven, Nalo, que un día de septiembre de 1927 entra a trabajar en el palacio azul de los ingenieros belgas como aprendiz de jardinero.

Desde mañana jueves 28 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Forum.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de La cena. Gracias.

Nos encontraremos aquí en el plazo de más o menos una semana para comenzar la lectura.

¡Todavía estáis a tiempo de dejar vuestros últimos comentarios sobre La cena!