Tenemos que hablar de nuestros hijos

6 Nov

Aquí estamos de nuevo después de haber degustado el aperitivo y los entrantes, a cual más sofisticado y más exiguo. 90 páginas en las que se nos sugiere que algo grave está pasando pero de lo que, increíblemente, no se habla. Sólo, al final del capítulo 15 se pronuncia la frase con la que titulo el post. Tendremos que esperar a la lectura de la segunda parte para entrar en materia. Mientras, Paul, nos va presentando a los demás personajes.

Nos cae bien este Paul aunque nos parezca también un poquito prepotente: irónico, crítico con la sociedad de la opulencia, casado felizmente después de veinte años… No le apetece ir a esa cena que ha organizado Serge, su hermano, el político triunfador, con un motivo que Paul quiere darnos a entender que no conoce. Parece que el tema no va con él. ¿Qué querrá el imbécil de su hermano? No nombra esta palabra pero todo lo que dice de él es negativo, se ve que no le cae muy bien (parece que desde niño), más bien le cae muy mal. Serge, que va de humilde y  normal pero que les lleva a cenar a un restaurante exclusivo donde todo el mundo está pendiente de ellos ya que Serge está a punto de ganar las elecciones que le convertirán en presidente del gobierno de Holanda. Serge que es amante, y un gran entendedor, del buen vino, cuando antes sólo bebía coca-cola. Serge que adopta un niño africano para dar la imagen de solidario… Todo esto, claro, y mucho más, está visto desde los ojos de Paul. Por el contrario, él, es un tipo normal de verdad que odia esos blufs de restaurantes tan a la moda y tan caros, que es un hombre feliz, que ama, admira y se entiende con su mujer a la perfección, que tiene un solo hijo, Michel.

Parémonos aquí, porque sí que hay un problema con Michel. En el segundo y, sobre todo, tercer capítulo se nos narra que algo no va bien con el chico. Claire parece que no sabe nada, sólo lo ve raro, pero Paul sabe algo que puede hacer peligrar su maravillosa felicidad aunque no lo desvela en ningún momento (ni a nosotros lectores ni a su mujer). Únicamente, sabemos que Paul ha descubierto algo sobre su hijo y va a comprobarlo en su móvil, antes de ir a cenar, donde visiona unos vídeos: miré y noté que la cabeza se me enfriaba despacio […]  un frío que producía dolor, un dolor interno. Pero, nada más (por ahora, claro). Koch nos deja en suspense para volver al restaurante donde todo el discurso de Paul se centra en la crítica a su hermano y al local de moda.

Ya en el primer capítulo, para comparar su familia feliz con la supuestamente desdichada de su hermano, Paul nombra la primera frase de Ana Karenina (suponemos que un homenaje de Koch a la gran obra de Tolstoi): todas las familias felices se parecen entre sí, pero cada familia desdichada ofrece un carácter peculiar. Después de esto, no ahorrará numerosas comparaciones entre ambos matrimonios, en las que el suyo siempre sale bien parado. Tampoco ahorra críticas, con un sentido del humor lindante con la mordacidad, sobre la comida, el meñique del maître a un escaso centímetro de la comida señalándoles los ingredientes de cada plato, las camareras con sus austeros uniformes, la escasez de las raciones y sus exorbitantes precios, los nombres rimbombantes de los platos… Así transcurren varios capítulos narrados con una prosa inteligente y ágil que nos atrapa, nos hace sonreír a la vez que mantenemos la atención mientras avanzamos con avidez para averiguar cuando saltará el misterio a la mesa. Pero no será en esta parte.

Babette, la mujer de Serge, parece que le cae mejor a Paul, que hay una cierta confianza entre ellos, la considera una mujer lista y sugiere que podría estar con el tonto de su hermano para disfrutar de las mieles del poder que se acerca a sus vidas. Ésta llega con los ojos llorosos pero tampoco sabremos, por ahora, a qué se debe ese reciente llanto, sólo que Babette no se lo quiere ocultar.

La conversación transcurre, interrumpida continuamente por los camareros y el maître, por los lugares comunes: vacaciones, gimnasios, las últimas películas vistas… todos temas intranscendentes, excepto alguna alusión al racismo y a la homosexualidad. Por cierto, ¿qué opináis del punto de vista de Paul y Claire sobre el racismo: camuflar e ignorar el racismo contribuía más a empeorar el mal que a remediarlo? Paul alude a la película Adivina quién viene esta noche afirmando: si os ponéis un traje tan elegante como el de Sidney y os comportáis como el yerno ideal, nosotros los blancos os recibiremos con los brazos abiertos. También a través de la anécdota de la señora a la que sus vecinos gays le cuidan los gatos se critica este mismo punto de vista.

Mención aparte son los capítulos dedicados a las vacaciones de Serge y Babette en su casa de la Dordoña en Francia. En ellos Paul se ceba con la actitud de los holandeses que van a veranear a Francia porque la idolatran mientras los franceses los odian y ellos parecen no darse cuenta. No escatima críticas al proceder de sus compatriotas: los holandeses se cagan en los pantalones ante la primera amenaza violenta. Pero lo importante de estos capítulos es que comienza a aflorar en los comentarios de Paul una actitud violenta que hasta ese momento no había pasado de mordacidad. ¿No os ha llamado la atención? Hacer salir a algún necio holandés de su casa so pretexto de presentarle a un viticultor francés barato y luego darle una paliza en un campo de maíz; no me refiero a unos cuantos guantazos, sino a algo más contundente, con bates de béisbol y mayales. O si veían a algún holandés solo […] podían dar un volantazo al coche. Incluso hace alusión a las violentas películas Perros de pajaDeliverance. ¿Qué está pasando con Paul? Bien, lo descubriremos pronto…

Plazos

Es hora de vuestros comentarios a los que dedicaremos una semana a la vez que continuaremos con nuestra lectura que se centrará en el segundo plato (Págs. 93-208). ¿En qué consistirá este segundo plato…?

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11 comentarios to “Tenemos que hablar de nuestros hijos”

  1. fjbarral 8 de noviembre de 2013 a 1:04 #

    Empecemos… ¡Saludos a tod@s!
    La novela está escrita en primera persona, así sólo conocemos lo que piensa el protagonista y lo que ve o escucha directamente, no interpreta lo que puedan pensar los demás. Yo lo aprecio algo autosuficiente, en exceso seguro de sí mismo y algo socarrón. Aunque por lo que se ve que pasa a su alrededor puede que no le falte razón. Me parece que los motivos que pueda tener los iremos viendo a medida que avance la narración.
    Mientras se van presentando ideas y opiniones intresantes, y también el caracter de los personajes involucrados. Como ya comenté el hecho de desarrollarse durante un tiempo concreto, único y continuado, le da a mi entender un caracter de realidad y una cercania, ya que son situaciones que podemos vivir perfectamente cada uno de nosotros. Me ha parecido interesante este punto y el ritmo que lleva la narración, aunque los fragmentos más jocosos y ciertos chistes que pretenderían rebajar la tensión, que creo que en este caso despista un poco.

  2. kelly 8 de noviembre de 2013 a 22:11 #

    Hola a todos,
    De momento aprecio que como dicen los compañeros resulta muy fluido y fácil de leer, por el lenguaje tan sencillo y directo como en cualquier conversación de la calle.
    Sin embargo por ahora a el único tipo de reflexión al que me acerca es a la actitud de Paul, que es nuestra única referencia de mome nto, y la sensación que me produce es la de un individuo resentido contra la sociedad acomodada de su país en general y con su hermano en particular; en todos sus pensamientos se deja llevar por el rencor y un enorme complejo de inferioridad respecto a su hermano, diría que incluso vengativo cuando desea que discuta con su esposa,;y no digamos con lo que desea para los holandeses que veranean en Francia… donde lleva al extremo su odio a sus paisanos, deseándoles que quemen sus casas, que les den palizas,… da la impresión de que es envidia y resentimiento ya que el no puede permitirse ese tipo de vida.
    Incluso en los temas más banales como el cine se traiciona a si mismo para diferenciarse de su hermano por todos los medios “como llevar su ropa usada”.. lo que nos remite a un rencor procedente de la infancia, y al mismo tiempo infantil, lo compara a “madera de desguace”,…
    En mi opinión sobra la escena de los aseos por grosera y vulgar, no veo la necesidad de las detalladas descripciones para el desarrollo de los acontecimientos, pero parece que en casi toda la literatura actual si no hay escenas obscenas sienten como que les falta algo, como aquel punto de inconveniencia o de rebeldía social que les hace “modernos”.
    Respecto al racismo de la película creo que todos reaccionaríamos igual fuese blanco o negro, para entrar en nuestra familia preferiríamos auna persona educada, estable, culta y en buena posición que a un arrastrado de la calle, no?
    Además sus comentarios resultan todavía más racistas cuando defienden que los negros “sean ellos mismos y no una burda imitación de los blancos”, “violentos de los bajos fondos”,¿ es que los negros no pueden comportarse de otra manera?.¿ Es esa la única manera de ser ellos mismos?. Cualquiera siente desagrado e incluso temor cuando se aproxima una pandilla de desarrapados, chulos y de aspecto violento independientemente del color, de hecho las pandillas de vándalos que encontramos por aquí, ladrones, drogadictos, atracadores, etc. son blancos y no por ello nos sentimos mejor.
    Creo que la educación y un aspecto agradable, no es “imitar a los blancos”, sólo algo necesario para integrarse en la sociedad sea blanco, negro o chino.
    De momento lo único que sabemos respecto al caso es que él sabe algo importante sobre su hijo que su esposa no sabe.
    Continúo…

  3. Violeta 10 de noviembre de 2013 a 0:53 #

    Me gusta la novela, su estilo ágil y fluído, muy cinematográfico (no es difícil imaginar su adaptación al cine), hay gente que la compara con Un dios salvaje de Polanski, pero creo que no tienen nada que ver.
    La estructura de la novela me parece muy original dividiendo los capítulos en función de los platos que van tomando.
    Respecto a Paul, estoy totalmente de acuerdo con kelly, me parece un tipo acomplejado y resentido, como si desease llevar la vida de su hermano Serge, lo critica pero lo envidia. Le veo un punto racista, como si le molestase que individuos de otras razas prosperen en una holanda blanca y europea, ¿qué más da si es blanco, negro, latino…? lo importante es la persona independientemente de su color. Hay blancos indeseables, igual que negros, chinos, japoneses, árabes, latinos… pero no se puede juzgar a las personas por su procedencia o su color.

  4. Marta 11 de noviembre de 2013 a 13:38 #

    Sí, la novela engancha. La presentación de Paul, al principio, tan irónico, hipercrítico y pejiguero hace que nos riamos de la cena en restaurante exquisito y escaso (difícilmente compatible con la mejor tradición gallega, “mejor que sobre que que falte”). Nos reímos también de su hermano que ha ido puliéndose y actuando más y mejor con el tiempo aunque el hermano pequeño, yo también encuentro ese punto de resentimiento o sentimiento de inferioridad, no deje de escarbar en todas las poses y falsedades que observa en el futuro presidente de Holanda. La mujer, por ahora, no es más que una acompañante fiel, en la que él se encuentra apoyado y comprendido (también están muy bien descritas las miradas de solidaridad, crítica entre la pareja). A Paul también le cae bien la mujer de su hermano, que parece haber entrado llorando.
    Y por último su hijo Michael, adolescente, por lo tanto en su mundo y aunque el padre intenta ir de “colega”, parece que la comunicación no es del todo fluída….
    Continuará…

  5. Euni 12 de noviembre de 2013 a 12:16 #

    Al igual que a vosotros a mi también me ha resultado muy fluida su lectura y me ha dejado con ganas de seguir descubriendo los secretos que guarda Paul respecto a su hijo. Me gusta mucho la forma de relatar del autor las relaciones personales del protagonista, nos transmite claramente el resentimiento hacia su hermando, la complicidad con su esposa, el “feeling” con su cuñada…
    Además, Paul nos está desvelando poco a poco rasgos de su personalidad y creo que nos seguirá sorprendiendo…

  6. eire 12 de noviembre de 2013 a 19:55 #

    A mí también me está enganchando esta lectura, tanto por los temas que trata, como por la manera de presentárnoslos, a base de pequeñas pinceladas de las que puedes extraer mucha información….

    El primer aspecto que ha llamado mi atención es esa, digamos, “preocupación” de Paul por mantener, por encima de todo, su vida “como familia feliz”, aunque dentro de esa asociación (de familia y felicidad) vamos descubriendo que no parece tener cabida su hermano Serge, cuya relación dista bastante de estar asociada a cualquier sentimiento positivo.

    Así, esta reunión de los dos hermanos y sus respectivas parejas para cenar en un restaurante de lujo, parece que le sirve a Paul de pretexto para sacar a relucir todos los trapos sucios de su hermano, al que nos presenta, a través de descripciones de situaciones y comportamientos, poco menos que como un niño consentido, superficial, bastante “baboso” y un poco falto de luces. Si bien, la sensación que a mí me ha causado es la de una persona “muerta de envidia” y con un gran complejo de inferioridad respecto a su hermano mayor, quien parece que le ha marcado profundamente en muchos aspectos de su personalidad y comportamiento.

    En relación con lo anterior, también me parece destacable la forma en la que Paul habla de su mujer, enmarcada dentro de esa imagen de familia y matrimonio feliz, contrapuesta a la proyectada por Serge y Babette (se nos dice que llevan dieciocho años de peleas, que es un marido infiel, que además provoca las lágrimas en su mujer…).

    Y dejando de lado el tema de la familia, me ha resultado “interesante” la forma en la que también vamos conociendo a Serge, a través de sus propios pensamientos, de sus palabras, opiniones o comportamientos…y así se nos va perfilando una persona un tanto intolerante y bastante falta de personalidad (como vemos cuando decide pedir un entrante que no le gusta, con tal de no quedar como poco original ante los ojos de su hermano o cuando manifiesta lo contrario a lo que piensa sobre una película, para no coincidir con lo dicho por Serge…).

    Todo ello contribuye a que la imagen inicial que teníamos de Paul vaya poco a poco evolucionando hacia el lado opuesto, especialmente cuando relata las vacaciones en Francia, y deja ver un odio que incluso le suscita esos “tremendos” pensamientos cargados de violencia, que, por lo menos a mí, me cogen por sorpresa y hacen que se incline y mucho la balanza y me lleven, incluso, a pensar en una persona un tanto “desequilibrada”.

    Y, por último, apuntar que es una obra que hace reflexionar, tanto por los anteriores temas como por los restantes que, con diferente profundidad, se van tratando y que me parecen que tienen un trasfondo bastante crítico, como es el caso de los restaurantes de lujo y sus tácticas para ganar más dinero, el de la adopción, el racismo (tema con el que incluso se nos tambalea la imagen que hasta ahora teníamos de Claire)…

  7. fjbarral 13 de noviembre de 2013 a 11:11 #

    Esta novela nos plantea, a medida que va desarrollando su trama principal, multitud de ideas diversas que pueden tratarse perfectamente en el discurso de una cena. Lo que le da una variedad y riqueza en su desarrollo, por la acción, las conversaciones o lo que piensa el narrador. También por eso, el título y planteamiento de la novela es adecuado.
    En cuanto a lo dicho sobre la película y el racismo, no puedo estar de acuerdo con lo que se ha planteado en los comentarios, primero porque creo que no se ha comprendido lo que se expone en la novela, ya que lo que se pretenden decir no es que estén en contra de la mejora de calidad de vida de las personas incluyendo las de otras culturas diferentes a la nuestra, sino que sólo se valore si es igual a la nuestra. Creo que lo ideal es que mejoren teniendo en cuenta sus propios aspectos culturales (siempre que sea posible teniendo en cuenta la sociedad en la que vivan). El copiar otras formas de ser produce perdida de identidad como ya se ha visto históricamente en la colonización de África, Oriente próximo o los indios americanos.
    Me han gustado la forma de presentar los temas, el ambiente e incluso la personalidad de los protagonistas, de una forma muy sutil y amena. Y desde el principio con frases como: “La felicidad se basta a sí misma, no necesita testigos”, “familias desdichadas y sobre todo matrimonios desdichados nunca pueden estar solos”, “la desdicha no soporta el silencio”, y también por descripciones que nos lleva a la narración por imágenes y que participan en la acción.

  8. Marta 13 de noviembre de 2013 a 21:40 #

    El estilo ágil, ameno, claro y dinámico de la novela me resultó atractivo desde el principio, así como la forma de estructurarla: aperitivos, entrantes segundo, postre, digestivo y propina. Curioso..
    Desde que empecé la novela me gustó la “voz” del narrador. Me parece una voz natural, directa, sin grandes retóricas pero sí muy expresiva.
    Paul se muestra, en principio, como un hombre sencillo y audaz. Sus comentarios, ante la idea de una “cena formal” a la que no le apetece nada ir, son irónicos y acertados. Me resulta agradable y me hace simpatizar con él.
    Pero ¿será un tramposo? Veremos…
    En estos primeros capítulos vemos a otros tres personajes principales a través de sus ojos.
    Ya en el restaurante, me llama la atención la insistencia en describir al “maitre” y su meñique, que le resulta tan desagradable. Como si se sintiera acosado por él, ¡¡¡¡¡¡señalado!!!!!!

  9. Ciberclub de lectura 14 de noviembre de 2013 a 0:14 #

    Estoy de acuerdo con Francisco en su comentario sobre el racismo. Lo ideal no es la asimilación de una cultura minoritaria (los inmigrantes de otras razas, culturas y religiones) por la cultura dominante (la blanca occidental en este caso). Sino, como dice Francisco, conseguir una conviviencia de respeto mutuo (esto es lo que se llama multiculturalidad). El país de acogida está en franca ventaja: tiene el poder, el dinero y es él el que tiene que poner más de su parte para conseguir ese respeto mutuo y que la cultura minorita no pierda su identidad. Y tampoco hay que caer en el paternalismo de “pobrecitos, vamos a ayudarles” porque con ello favorecemos esa asimilación ya que en el fondo queremos que se comporten, vistan, tengan la misma religión, cultura… que nosotros. Es decir: que sean como nosotros en todo y abandonen cualquier seña de identidad propia. Y por supuesto hay que impedir que acaben en guettos que es como viven muchos de ellos actualmente.

  10. Ciberclub de lectura 14 de noviembre de 2013 a 0:18 #

    ¡Cuántos comentarios! ¡Qué bien! Aún tenéis tiempo los demás para dejar los vuestros sobre esta primera parte. En un rato publico el siguiente post correspondiente a la lectura de la segunda parte. ¡Estad atentos!

  11. Pilar 14 de noviembre de 2013 a 14:24 #

    La novela esta muy bien, y lo que mas me gusta ,es que cada vez que vas avanzando en la lectura, vas viendo a los personajes de distinta forma.
    Paul al principio me pareció una persona irónica que criticaba una sociedad hipócrita , y ahora cada vez que voy leyendo , me parece una persona agresiva y poco tolerante.
    Para el su pilar es su mujer , con ella y su hijo han creado la perfecta familia feliz, que se habla de todo .
    El escritor ha hecho una estructuración de la novela muy buena, nada es lo que parece, todo va cambiando según se va desarrollando la novela, y el lector se empieza a hacer preguntas, la sociedad que tenemos , la educación que estamos dando a nuestros hijos.pero seguiremos con la novela para hacer la lectura final.

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