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Nadie nos puede entender de lejos

26 Jun
Turkey. Foto en flickr de Neha Viswanathan. Algunos derechos reservados.

Turkey. Foto en flickr de Neha Viswanathan. Algunos derechos reservados.

Hemos terminado la novela y llega la hora de las conclusiones. ¿Qué opináis de ella? Este es un libro repleto de acontecimientos, sentimientos, reflexiones, personajes, descripciones en función de la historia. ¿Con qué aspecto os quedarías del libro? El político-religioso, el amoroso, el poético, el reflexivo-existencial… ¿Qué personaje os ha gustado más y por qué? Lo mismo os pregunto sobre alguna parte que os haya gustado especialmente y también, por supuesto y porque mucho de vuestros comentarios así lo indican, lo que nos haya gustado. Una vez terminada la novela y con toda la historia en nuestras manos podemos dar nuestras opiniones con un total conocimiento de lo que en ella sucede. Por lo que a mí respecta debo decir que, fundamentalmente, me cuesta abandonar ese reducto de felicidad y bienestar que es el hotel Nieve Palace, donde se come, se bebe, se habla y se ama. Ya os he dicho anteriormente que me iría a vivir allí una temporada. Eso es lo que siento. Asimismo, esta novela me ha ayudado a comprender a este país que vive una situación tan compleja y, sobre todo, a entender la desesperación de los que nada tienen y el porqué de sus actos a pesar de que estén tan lejos de nuestra cultura.

En esta última parte asistimos al desenlace de esta historia que podemos resumir de la siguiente manera: al ¿ingenuo? Ka lo utilizan como intermediario para cercar a Azul; Ka, al enterarse de que Ipek ha sido la amante de Azul y que seguramente sigue enamorada de él, acaba delatando a éste; matan a Azul; Ipek al enterarse decide, con la maleta ya hecha, no irse con Ka a Frankfurt; Ka es asesinado cuatro años después como venganza a su delación y el cuaderno verde, que contiene los poemas escritos en Kars, desaparece (substraído seguramente por sus asesinos) por lo cual nunca nadie podrá leerlos y ese es el motivo de que no aparezcan en la novela. Orhan (Pamuk), el narrador y amigo de Ka, cobra cada vez más importancia convirtiéndose en un personaje más. Cuando va a Frankfurt a recoger las cosas de Ka después de su asesinato decide escribir esta historia. Por ese motivo visita también Kars para investigar y conocer a sus habitantes. Allí cae rendidamente enamorado ante la belleza de Ipek. La belleza, otro de los temas fundamentales de esta novela, la belleza de la nieve y también la de Ipek (temas que le impulsan a Ka a escribir sus poemas). Por cierto, ¿por qué creéis que dice Orhan cuando conoce a ésta: entramos en el corazón de este asunto: Ipek era mucho más bella de lo que hasta ese momento yo, o ustedes, que están siguiendo esta historia gracias a mi intermediación, hubiera podido imaginar? ¿Por qué creéis que le da tanta importancia a su belleza? ¿Es la belleza de Ipek tan determinante? Parece que sí, tanto como para decir que es el corazón de la historia que aquí se trata.

Otro asunto a resaltar es la lucha que mantiene Ka con la felicidad: desea ser feliz pero le tiene miedo a este sentimiento, tanto como para arruinar un futuro que anhela intensamente con una serie de decisiones que le llevan a la paz espiritual de los que han decidido que nunca serán felices, pero, a la vez, a su desdicha (ni contigo ni sin ti) y, en última instancia, a la muerte: tanta alegría es excesiva para mí e intuyo que pasará algo malo.

El autor sabe crear con un lenguaje altamente poético una atmósfera envolvente y llena de belleza y melancolía. De esta manera nos es más fácil entender y aceptar todos los trágicos acontecimientos que en esos tres días ocurren en Kars. Hay una extraña complementariedad entre la poesía que destila esta historia y las cosas tan terribles que suceden en esta ciudad olvidada por todos, ¿no creéis? Lo hermoso y el horror dándose la mano. Ese aspecto me gusta especialmente y creo que es algo que el autor quiere resaltar y que yo creo que lo consigue con creces. Así es el mundo en muchos lugares en los que en medio de lo más duro hay lugar para la belleza. ¿Qué opináis, por cierto, de estos brutales sucesos que, a la vez, son tan rocambolescos? ¿Los veis creíbles u os parecen un despropósito?

Un último apunte. Este libro no hace más que reflejar lo que está pasando en muchos países islámicos, tanto entonces, cuando fue escrito, como ahora. La brecha cultural existente entre Oriente y Occidente con la que empezábamos esta novela.

Plazos

Os animo a todos a que dejéis vuestros comentarios finales, sobre todo a los que todavía no os habéis pronunciado o lo habéis hecho poco. A los que sí habéis ido dejando vuestros comentarios os quiero preguntar, ahora que ya la hemos terminado, si pensáis lo mismo que mientras la estabais leyendo. Quizá el final os ha hecho cambiar de opinión, especialmente a los que no os estaba gustando.

Finalizado este libro nos vamos de vacaciones hasta octubre. ¡Espero que disfrutéis de vuestras vacaciones estivales y que leáis mucho en ellas! Podéis contarnos vuestras lecturas si así lo que queréis. Estaremos encantados de compartirlas con vosotros.

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Hemos llegado al corazón de nuestra historia

19 Jun
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Belle Epoque Russian Architectura – Kars – Turkey. Foto en flickr de Adam Jones, Ph. D – Global Photo Archive. Algunos derechos reservados.

Compruebo que a la mayoría de los que estáis leyendo la novela no os está gustando y lo siento mucho porque a mí sí que me gusta como estoy reflejando en los post, así que continúo comentando esta tercera parte de la que considero una magnífica e interesante historia. Espero que os animéis a seguir leyendo y dejéis vuestros comentarios a pesar del calor y espero también que os enganche aunque ya esté muy avanzada la novela. Quizás estas altas temperaturas y la nieve son incompatibles… 🙂 . ¡Intentad darle una última oportunidad!

Nuestro inseguro protagonista prosigue con su desasosegante vida en Kars, en la que el miedo y la felicidad se dan la mano. Fundamentalmente, Ka tiene miedo a ser feliz, aunque lo anhele con todo su ser, un miedo que sólo le desaparece cuando contempla la nieve: al ver la belleza de una calle nevada y la alegría de los niños que juegan entusiasmados con bolas de nieve, deja atrás todos sus miedos.

La novela pone el dedo en la llaga en problemas tales como el ascenso de los islamistas turcos en un Estado laico que, a pesar de la represión que ejerce, no puede con ellos, el genocidio armenio, la represión de los nacionalistas kurdos, tan olvidados, el control de los ciudadanos por parte del Estado (Kars, la ciudad en la que todos vigilan y son vigilados), la situación de las mujeres y los jóvenes que, impotentes y llenos de dudas, se plantean el suicidio como única solución a sus problemas, la pobreza y olvido en el que viven los habitantes de las zonas más alejadas de la metrópoli… Todos estos problemas los sitúa el autor en una pequeña ciudad y la convierte en una bomba de relojería a punto de estallar. Kars es un microcosmos, un universo en miniatura, en el que se suceden todo tipo de traiciones, luchas, amores, odios, sufrimientos y en el que están reflejados todos los sectores de esta sociedad tan compleja: islamistas, nacionalistas kurdos, europeístas, comunistas…

Hay tantas frases cargadas de significado en los diálogos, en los que se analiza y cuestiona la existencia con gran profundidad, que os transcribo sólo un puñado de ellas para que, si os parece, podáis comentarlas (u otras que vosotros queráis): no olvides que a esos europeos que tanto admiras e imitas ni siquiera les importas… Pero le tienen pánico a Azul y a los que son como él (pág. 266). Eran muy serios. Quizá por eso eran felices. Para ellos la vida era un asunto serio para el que hacía falta responsabilidad. No un empeño a ciegas ni un amargo examen como lo es para nosotros (pág. 273). La vida, excepto enamorarse y ser feliz, sólo era una serie de momentos sin relevancia ni relación entre ellos (pág. 281). El sarcasmo de intelectual, las preocupaciones políticas y las pretensiones de superioridad cultural que hacían que viviera una vida estéril alejada del sentimentalismo al que inducía aquella serie [un culebrón mexicano] eran consecuencia de su propia estupidez (pág. 283). ¿Eras feliz de niño? Cuando uno es feliz nunca sabe que lo es […].  Cuando era niño no me interesaba la felicidad […]. Comencé a pensar en la felicidad cuando la infelicidad me incapacitó para hacer cualquier cosa (pág.310). En cuanto una nación es pobre, lo primero que piensa el mundo entero es que es una nación de tontos, de vagos, de sucios y de inútiles […]. Encuentran cómicas su cultura, sus tradiciones y sus costumbres. A veces luego se avergüenzan de lo que han pensado, dejan de reírse y si los emigrantes de ese país les barren los suelos y trabajan en los peores empleos, se comportan como si encontraran interesante su cultura e incluso los tratan como si fueran iguales para que no se les rebelen […]. Lo único que puedes hacer para que no te desprecien es demostrar que piensas como ellos. Y eso es algo imposible y humillante (págs.325 y 327).

El capítulo 29 supone un paréntesis en la historia que nos adelanta el destino final de Ka (¿por qué creéis que el narrador hace esto?). El narrador se va a una Frankfurt en la que también nieva cuatro años después de la estancia de Ka en Kars y cuarenta y dos días después de su asesinato y nos narra éste con todo detalle. Recorre las calles y los lugares que frecuentaba, se entrevista con quienes le conocieron y con los últimos que le vieron con vida, y, sobre todo, busca, sin encontrarlo, el cuaderno verde con los poemas escritos en Kars en los que había trabajado (intentando encontrar la lógica oculta del libro) los cuatro últimos años de su vida. Pero sí encuentra cuarenta cartas de amor a Ipek no enviadas y la estructura hexagonal de un copo de nieve en la que ha distribuido los títulos de los 19 poemas escritos en Kars (la lógica oculta por fin hallada). Es un capítulo plagado de excelentes descripciones detallistas, tan frecuentes en esta novela, que nos muestran la presencia y la vida de los turcos en la ciudad alemana (parece un homenaje lleno de admiración y cariño a estos inmigrantes y exilados, a su soledad y derrota).

 El narrador, que ya sabemos que se llama Orhan (puesto que es en esta parte cuando descubrimos que el narrador y el autor son la misma persona), se pregunta: ¿Hasta qué punto es posible comprender el dolor y el amor de otra persona? ¿Cuánto podemos comprender de los que sufren penas, ausencias y opresiones más profundas que las nuestras? Si comprender consiste en poder ponernos en el lugar de alguien distinto, ¿han podido alguna vez comprender los poderosos y ricos del mundo a los miles de millones de pobres que viven al margen? ¿Hasta qué punto puede ver Orhan el novelista la oscuridad de la vida difícil y dolorosa de su amigo el poeta? (pág. 306).

Os traslado a vosotros estas preguntas que me parecen el núcleo de esta historia: ¿podemos comprender a los que sufren más que nosotros?, y, añado yo, ¿qué podemos hacer, si es que podemos hacer algo, ante su sufrimiento?

Plazos

Es hora de vuestros comentarios sobre esta tercera parte. A ver si las frases que os transcribo y las preguntas que os hago os animan a participar. Mientras, continuaremos a lo largo de una semana con la lectura desde el capítulo 35 (pág. 371) hasta el final de la novela. Aunque ya sabemos que Ipek no se va a ir con Ka a Frankfurt y éste va a ser asesinado cuatro años después, todavía nos quedan por descubrir los motivos de ambas cosas, así como leer todos los acontecimientos que le quedan por vivir a nuestro poeta en su último día en Kars.

 

He venido porque soy infeliz. Y aquí soy más feliz

11 Jun
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Just a moment! Snow Crystal. Foto en flickr de Elif Ayse. Algunos derechos reservados.

Hemos llegado a la mitad de nuestra lectura y en Kars, la ciudad aislada por la nieve, no paran de suceder cosas. Todos los temas están descritos con verdadero detalle porque el narrador sólo pretende exponerlos, antes que explicarlos o dar soluciones. Parece que quiere dejar que sea el lector el que saque sus propias conclusiones.

Por ejemplo, el hecho de que las jóvenes musulmanas al suicidarse desobedezcan al mismo tiempo a Occidente y al Islam es utilizado por el autor para no posicionarse en este relato sino sólo para mostrar una realidad, la turca, dolorosamente escindida entre Oriente y Occidente. Como escindido está Ka, nuestro poeta de mente confusa con la razón en Europa y el corazón con los militantes de Imanes y Predicadores.

A Ka continúan “viniéndosele” poemas,  mientras la nieve no para de caer, como si por arte de magia los poemas se hicieran solos. Él mismo afirma que siente que es Dios quien le envía la poesía a pesar de no creer: no sé cómo se escribe poesía. El buen poema es como si viniera de fuera, de algún lugar lejano. Yo creo que ciertas vivencias propician al poeta a entrar en un estado de gracia con una lógica oculta a la menteKa está en Kars para ser atravesado por distintas revelaciones: el amor, la poesía, Dios. ¿Qué opináis de este planteamiento?, ¿y de su falta de posicionamiento ante la situación política que le lleva a afirmar la política no me interesa?

Cuando visita las frías habitaciones del horror, reflexiona sobre la brevedad de la vida y el sufrimiento que ésta contiene, pero al salir de nuevo a la nieve siente lo pequeños y frágiles que eran los deseos y sueños humanos, las intrigas políticas y cotidianas frente al frío de Kars,  y se sumerge de nuevo en su mundo feliz en el que el amor y la poesía le esperan. El lenguaje es tan poético que es como si quisiera atrapar la belleza en cada línea.

En esta parte asistimos a muchas conversaciones plagadas de reflexiones. Cuando habla con Necip, éste, con su mirada limpia e inocente, le pone contra la pared con cuestiones muy acertadas: si Dios no existe, eso quiere decir que no hay Paraíso. Y si es así, millones de personas que se pasan la vida entre carencias, pobreza y opresión ni siquiera pueden ir al Cielo. Entonces, ¿qué significado tiene todo el sufrimiento de los pobres? ¿Para qué vivimos y para qué sufrimos en vano? […] Si yo fuera rico, me daría tanta vergüenza que creería todavía más en Dios. Más adelante en su conversación con Sunay Zaim, éste le dice, cuando Ka le confiesa que está empezando a creer en Dios, la cuestión es creer como los pobres y ser uno de ellos. Sólo creerás en Dios cuando comas lo que ellos, cuando vivas con ellos, cuando te rías o te ofendas con lo que se ríen y se ofenden ellos.

Y en su conversación con Kadife, la hermana empañolada de Ipek (hermoso y denso capítulo 13) vuelve sobre el tema de la inutilidad del sufrimiento: sólo los ateos – afirma Kadife – que no han sufrido nunca piensan en la inutilidad del sufrimiento. Porque incluso los ateos que han sufrido aunque sólo sea un poco acaban por no soportar mucho tiempo la falta de fe y al final vuelven a creer.

¿Qué opináis sobre estas reflexiones sobre cómo la pobreza y el sufrimiento llevan a las personas a creer?

En el capítulo dedicado a la cena en el Nieve Palace, el narrador consigue transmitir tan acertadamente la felicidad y el bienestar que sienten todos que a mí me encantaría estar allí con ellos cenando y charlando. ¿No os pasa lo mismo? ¿No sentís al leer este libro como si una serenidad protectora os invadiera? Escoge tan bien los sustantivos y los adjetivos que te trasladas inmediatamente a esa mesa llena de desorden y extraña belleza. Ese deseo que tiene Ka de ser feliz es tan intenso que soñaba con que una luz muy parecida a la de la lámpara que iluminaba la desordenadísima mesa de trabajo de Turgut Bey, llena de libros, periódicos, libros de cuentas y facturas, en un futuro no muy lejano iluminaría la cara de Ipek desde la lámpara de su propia mes de trabajo en el pisito en el que vivirían juntos en Frankfurt. A pesar de sentirse culpable ante el sufrimiento de los más pobres e infelices, su amor por Ipek le colma de alegría.

Toda la parte que describe la representación teatral y la tragedia en la que culmina está narrada con un tono jocoso y casi grotesco que contrasta con la gravedad de los hechos. Ocurre igual con los capítulos dedicados al encuentro de Ka con Sunay Zaim, el director de teatro, un fracasado dirigiendo una revolución que aumenta aún más esta sensación de opereta. Incluso Ka disfruta por estar cerca del poder, lo cual también parece grotesco. ¿Por qué creéis que el autor lo ha narrado de esta manera? ¿Quizá para resaltar lo absurdo de la situación, el despropósito que es? ¿O encontráis otros motivos?

Cuando llegamos al capítulo 20 descubrimos con sorpresa que sólo ha pasado un día. Han ocurrido tantas cosas que parece increíble. Los acontecimientos han ido in crescendo hasta llegar a la tragedia del teatro y Ka parece desinflarse, salir de su sueño particular. Todo es tan intenso e increíble que Ka se cuestiona hasta sus sentimientos más profundos. Pero todavía queda mucha novela y muchas sorpresas.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios sobre esta segunda parte. Os animo a los que todavía no habéis dejado ninguno a que lo hagáis. Hay mucho sobre lo que opinar en este libro tan denso. Mientras dejáis vuestros comentarios, continuaremos, a lo largo de una semana, con la lectura desde el capítulo 24 (pág.250) hasta el 34 inclusive (pág. 370).

¿A qué has ido a Kars, Ka?

5 Jun
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The mosque. Kars. Foto en flickr de Alisan Cirakoglu. Algunos derechos reservados.

Nieve comienza con cuatro citas de autores muy relevantes, citas contundentes y muy significativas de lo que aquí se va a tratar. Destaco la de Stendhal porque esta novela nos va a hablar de los aspectos más feos de la política, aunque contenga mucha poesía y una historia de amor de fondo y aunque el protagonista Ka se abstenga en general de manifestarse, escuchando las opiniones de todos por igual , y dejándose llevar más por las emociones, el amor y la poesía. ¿Qué opináis vosotros de estas citas introductorias?

Yo siento la misma emoción que sentí al leer Nieve por primera vez. No es difícil olvidarte de todo lo que te rodea cuando abres las páginas y te sumerges en esta novela impregnada de un aura de misterio y de belleza. Me atrapan más los sentimientos de Ka, su alma de poeta, su melancolía, que los sucesos políticos, que, no obstante, me resultan muy interesantes. Es una novela profundamente lírica cuya prosa transmite una gran serenidad. En esto también influye el ritmo de la narración que es muy lento.  En sólo tres días van a suceder una gran cantidad de acontecimientos que el narrador nos va contando sin prisas y con todo detalle. El hecho de que la acción dure tan poco tiempo en una novela de casi quinientas páginas permite al autor desarrollar ampliamente los diversos argumentos que ésta contiene.

La nieve es una presencia constante desde la primera línea de la novela. La lentitud de la nieve al caer marca el ritmo de la narración. El silencio, la belleza, la elegancia de la nieve cayendo incansablemente despierta sentimientos de todo tipo en el protagonista; soledad, pureza, emoción, paz, confianza, inocencia, religiosidad, cansancio, miedo…, pero fundamentalmente provoca en Ka un estado de alegría y esperanza ante lo que principalmente va a buscar a Kars: el amor de Ipek. Aunque otro motivo importante que le mueve a Ka a desplazarse a esta ciudad olvidada y lejana es su deseo de hallar en ella la inocencia y la infancia que ya no encuentra ni en Alemania ni en la cambiada y modernizada Estambul.

También es la nieve (¿cuál es el secreto de la nieve?), unido a lo que está viviendo, la que le hace abrir su corazón a la poesía después de cuatro años de silencio en su escritura impulsándole (como si su vida fuera un copo de nieve) a escribir un primer poema en Kars que titulará, como no podía ser de otra manera, Nieve. Es muy hermosa la manera en que Ka le explica a Ipek el motivo por el que dejó de escribir poesía durante su estancia en Alemania: los silencios llegaron a ocupar un lugar tan importante en mi vida que ya no oía aquel molesto ruido que debía de combatir para poder escribir poesía. ¿Qué sentimientos despierta en vosotros leyendo esta primera parte la presencia constante de la nieve? No olvidemos que es el título que el autor ha dado a la novela.

Desde el principio llama la atención cómo el narrador  se presenta y se dirige al lector con esos comentarios que se adelantan en la trama: digamos ya que ese bonito abrigo de pelo suave habría de serle tanto motivo de vergüenza e inquietud como fuente de confianza en los días que pasaría en Kars […] Demos cierta información sobre él en voz baja aprovechando que se ha dormido […] Pero no quiero engañarles: soy un viejo amigo de Ka y sé lo que le ocurrirá en Kars antes incluso de comenzar esta historia […] Dos días más tarde, justo antes de recibir con dolor la noticia más triste de su vida. ¿Qué os parece esta técnica? ¿Os chafa la historia, os confunde, os aclara, os despierta más el interés y, por lo tanto, os mantiene con más atención, o creéis que es un capricho del escritor que no conduce a nada?

En paréntesis que el narrador va abriendo en el desarrollo de la acción nos presenta y describe a Ka y a los demás personajes, nos habla del antiguo esplendor de Kars, crisol de pueblos y culturas en el siglo XIX y convertida ahora en una ciudad pobre y olvidada, y nos describe, con gran acierto, los barrios más humildes, la miseria que reina en las casas de las familias de las jóvenes suicidas. ¿Qué personaje os parece  por ahora más interesante? ¿Y qué os transmite la otra gran protagonista, la decadente Kars, encerrada en el espacio y en el tiempo?

Ka, un solitario vulnerable que busca la felicidad, y su última oportunidad de encontrar un sentido a su vida, en el amor y en la poesía representa la opción individualista y occidentalizada frente a todos los demás que se apoyan en la colectividad de donde extraen su fuerza. ¿Qué opináis de Ka, tan imperfecto y tan humano, con tantas dudas y miedo?

A través de lo que vamos viviendo en Kars se plantean reflexiones muy interesantes sobre la Turquía de los años noventa en la que se desarrolla la acción de la novela (no muy diferente de la actual) dividida en dos corrientes: los laicistas, representantes del poder y apoyados por el ejército y los sectores más progresistas y los islamistas, religiosos y tradicionales apoyados por las clases más populares. Lo que sería lo mismo que decir: Occidente y Oriente. Hay muchas preguntas en la novela: ¿por qué se suicidan las jóvenes? ¿Por qué a todo el mundo le da por la religión? ¿Por qué se impide con la excusa del laicismo que las jóvenes empañoladas vayan a clase? Las jóvenes se suicidan porque son extremadamente infelices y porque no les dejan mostrar su religiosidad a través del velo. En la novela se afirma en numerosas ocasiones que el velo es el símbolo del islam político. ¿Qué opináis de la cuestión del velo tan actual, y tan polémico, también en nuestro propio país y en toda Europa occidental?

A lo largo del texto aparece con frecuencia un tema clave: el sentimiento de inferioridad que poseen los turcos ante Occidente. Azul le cuenta a Ka en un párrafo clave de la novela: imaginando lo que él [un alemán] pensaría de mí, intentaba ver a través de sus ojos mi aspecto, mi ropa, mis gestos, mi manera de andar, mi historia, de dónde venía y adónde iba, quién era. Una sensación horrible, […] pero me permitía comprender cómo se despreciaban a sí mismos mis hermanos… La mayor parte de las veces los europeos no nos desprecian. Somos nosotros quienes les miramos y nos despreciamos […]  los periódicos turcos no se interesan por la miseria y el dolor de su propio pueblo mientras no lo haga la prensa occidental. Asimismo, el asesino del director de la Escuela de Magisterio le dice en un momento dado a éste: si se descubren, entonces los europeos las tratarán más como a personas, afirmando a continuación que los musulmanes son esclavos de Occidente.  Algo más adelante Muhtar afirma: el hijo que yo soñaba que un día, sin tener que aguantar vejaciones, se convertiría en un hombre occidentalizado, moderno y con personalidad propia. Muhtar, antiguo militante izquierdista, es un ejemplo de cómo muchos turcos han regresado con entusiasmo al islam. En un momento de su vida se siente perdido, derrotado, y ahí están los islamistas para consolarle y dar un nuevo sentido a su vida: la gente como yo sólo encuentra la paz luchando por una causa en un partido político entre otros que son como ellos […] no desprecian a la gente al momento como los occidentalizados. Los musulmanes viven el hecho religioso de forma colectiva. Quizá busquen esa unión para fortalecerse ante el mundo occidental que les hace sentirse inferiores y despreciados. ¿Qué opináis de todas estas reflexiones? ¿Y de la conversación entre el jeque y Ka, con la que se cierra esta primera parte de la lectura, en la que éste se sincera sobre su culpa por no creer en Dios y su confusión por sentirse tan occidental?

Plazos

Ahora ya sí es hora de vuestros comentarios sobre esta primera parte de nuestra lectura. Espero que sean muy numerosos y que contestéis a las preguntas que planteo. Mientras dejáis vuestros comentarios, continuaremos, a lo largo de una semana, con la lectura de la novela a partir del capítulo 12 (pág.123) hasta el capítulo 23 inclusive (pág. 249). ¡Ánimo con esos comentarios y buena lectura!

 

Nieve: entre Oriente y Occidente

28 May
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Orhan Pamuk no Fronteiras do Pensamento 2011. Foto en flickr de fronteirasweb. Algunos derechos reservados.

Orhan Pamuk nos va a hablar, fundamentalmente, en Nieve de los problemas de una Turquía contemporánea que se debate entre Oriente y Occidente, entre tradición y modernidad. Pero Nieve es mucho más. Para mí es una novela esencialmente poética (no en vano su protagonista, Ka, es poeta) que se pasea por el amor y el ansia de felicidad. También va a cuestionar y a profundizar en el poder, la política y su violencia y la religión.

Ka, un poeta turco, exilado en Alemania desde hace 12 años, vuelve a Turquía a principios de los años noventa. Se traslada a Kars, una lejana ciudad en la frontera con Armenia representativa de la Turquía pobre y olvidada por los que detentan el poder, con el propósito de escribir una serie de artículos para un periódico de la capital sobre las elecciones municipales (que todo indica que ganarán los islamistas) y sobre los suicidios de jóvenes musulmanas que prefieren morir antes de quitarse el velo que cubre sus cabezas. Pero hay otros motivos más personales que le empujan a ir a esta ciudad. En ella, Ka se verá involucrado en las intrigas políticas locales y en la realidad convulsa y a veces surrealista de esta ciudad de la que no saldrá indemne. A la vez, la belleza y la melancolía de la nieve que no para de caer, le empuja a escribir, atravesado por la inspiración y como en estado de trance, 19 poemas en sólo tres días, que es el tiempo en que se desarrolla la novela. Claramente hay un juego intencionado por parte del autor entre las tres palabras claves de la novela: Ka, Kars y Kar (nieve en turco). Al final de la novela aparecen los títulos de los diecinueve poemas que escribe Ka en Kars y los capítulos y páginas en los que se mencionan pero nos vamos a quedar con las ganas de leerlos porque no son transcritos ninguno de ellos, como máximo el narrador nos explica sobre qué tratan.

Ka, nacido en Kars pero criado y formado en Nisantasi (como el autor), un barrio acomodado de la burguesía de Estambul, ha vivido muchos años en Europa por lo que representa al hombre culto, el intelectual que ha asumido el modo de vida europeo occidental lo que le lleva a defender el laicismo para su país. Él mismo se considera ateo, un ateo al que le van a hacer dudar de su condición religiosa muchos de los personajes islámicos militantes con los que va a entrar en contacto durante su estancia en Kars.

Nieve está narrada en 3ª persona omnisciente por un amigo del protagonista del que descubriremos más cosas hacia el final de la novela. Este narrador, de una manera muy novedosa, participa en la historia dirigiéndose hacia el lector y adelantándole información, pero esto no perjudica a la trama argumental, sino que incluso hace que aumente nuestro interés en la lectura.

Nieve es una novela de una gran belleza en la que, a través de una reinvención del lenguaje novelístico, el autor construye todo un universo que nos atrapa desde el principio con una prosa diáfana, poderosa y un tono melancólico y poético.

En una entrevista concedida al periodista de El País, Miguel Ángel Villena, el 24 de septiembre de 2005, con motivo de la publicación de Nieve en España, Orhan Pamuk contesta a una pregunta sobre la importancia de la nieve en su novela: yo necesitaba un pueblecito del noroeste de Turquía, en el que nevase lo bastante como para que el pueblo se quedara aislado del resto del país. Por eso necesitaba la nieve, para que la historia fuera creíble. A la vez, está también la idea de que cada copo de nieve es diferente de los demás, por lo que nosotros como personas, nos podemos identificar con esta individualidad, con la personalidad de los seres humanos. Cada ser humano es diferente de los demás, como los copos de nieve. Además está la belleza del paisaje nevado, que es un tema que me gusta mucho. Y estas cosas se combinan. Casi todas estas cosas las fui haciendo de tal forma que no sé muy bien por qué las hice. Pero así las hago, me interesa y queda muy bonito. Hay una extraña geometría oculta en todo ello y yo simplemente me dejo llevar por la intuición cuando las junto todas.

En otra pregunta que le hace el entrevistador acerca de si es o no una novela política, el autor responde: este libro no pretende solucionar los problemas políticos de Turquía. De lo que trata este libro es de comprender a la gente que ha quedado totalmente atrapada por estos problemas de laicismo, islamismo político, modernidad, tradición, amor a la familia y la imposición de una manera de pensar, vestir, hacer… La intención política de este libro es describir mi país, más que hacer un comentario político. El tema de este libro es político pero, por otra parte, no tiene la aspiración de adoptar una postura política. Tanto los lectores laicos, como los islámicos, se sintieron ofendidos de alguna forma con este libro cuando se publicó en Turquía hace tres años. Porque los laicos pensaron que yo estaba mostrando algo de comprensión hacia los políticos islámicos, que se retrataban en el libro como una especie de víctimas del Ejército turco. Y los políticos islámicos pensaron que me estaba riendo un poco de ellos por sus ideas, su brutalidad, su confusión y su miseria.

Orhan Pamuk es un poderoso narrador, un escritor que sabe crear un mundo propio. Con un marcado estilo poético, escribe libros densos, raros, sugerentes que exigen la colaboración intelectual del lector y que acaban produciendo una especie de fascinación. A veces es oscuro y experimental. Escribe sobre el odio, el amor, el miedo, la envidia, la violencia, el desprecio… Pamuk ha dado un nuevo sentido a la narrativa actual combinando la rica tradición literaria turca y árabe con los recursos de la novela moderna. En este sentido se aprecia la influencia del escritor egipcio, también Premio Nobel, Naguib Mahfouz. Otra gran influencia en la obra de Pamuk es la de Dostoievski, sobre todo en la construcción de novelas dialogadas donde la trama se erige a través de múltiples voces y presencias.

Su ciudad, Estambul, es frecuentemente protagonista y tema de algunas de sus novelas más importantes. En 2005 se publicó el libro de memorias Estambul. Ciudad y recuerdos. Pamuk es para Estambul lo que fuera James Joyce para Dublín o Mahfouz para El Cairo.

En 2004 fue llevado a juicio por afirmar en una entrevista a un periódico suizo: en Turquía mataron a un millón de armenios y a 30.000 kurdos. Nadie habla de ellos y a mí me odian por hacerlo. Le fue impuesta una condena de 6 meses durante los cuales no podía cometer delitos. En 2005 se reafirmó en sus palabras y, tras el apoyo de escritores de renombre mundial como Saramago, García Márquez, Eco, Gunter Grass, Salman Rushdie o Vargas Llosa que firmaron una declaración conjunta acusando al gobierno turco de no respetar los derechos humanos, un tribunal abandonó el proceso judicial. Su postura ante el problema armenio y kurdo en Turquía lo han convertido en un personaje polémico en su país: mientras unos le consideran un traidor otros le apoyan.

¿Por qué escribe Pamuk? Escribo para que el mundo entero sepa la vida que hemos llevado y seguimos llevando yo, los otros, todos, nosotros, en Estambul, en Turquía […] Escribo porque la vida, el mundo, todo, es increíblemente hermoso y sorprendente. Escribo porque me resulta agradable verter en palabras toda esa belleza y esa riqueza de la vida. Escribo no para contar una historia sino para crear una historia. Escribo para librarme de la sensación de que hay un sitio al que debo ir pero al que no consigo llegar, como en un sueño. Escribo porque no consigo ser feliz. Escribo para ser feliz.

Lo que me une a la escritura es el deseo de refugiarme en un segundo mundo más complejo y más rico que el mundo aburrido, sofocante y frustrante que conocemos. […]  Por supuesto, este segundo y reconfortante mundo que llevo treinta años forjándome a solas en un rincón, lo construyo con materiales del mundo que todos conocemos, con lo que puedo ver en las calles y en las casas de Estambul, Kars o Frankfurt. Pero nuestra imaginación, la imaginación del novelista, también le da a este limitado mundo real un espíritu mágico y particular.

No me resisto a transcribiros el inicio de su novela La vida nueva (1995): Un día leí un libro y toda mi vida cambió. ¿No os recorre un escalofrío al leer esta frase? Para los que somos “letraheridos” tiene un significado pleno. ¿No os ha pasado alguna vez?

Os dejo algunos enlaces interesantes. Para los que sepáis inglés, Orhan Pamuk Official Web Site, con todo tipo de información sobre el autor y su obra. Otro más que contiene un resumen de “La maleta de mi padre”, el discurso que pronunció cuando le fue entregado el Premio Nobel. Y, por último, un enlace a todos los artículos escritos por Pamuk en El País.

Y termino con el comienzo de Nieve: El silencio de la nieve, pensaba el hombre que estaba sentado inmediatamente detrás del conductor del autobús. Si hubiera sido el principio de un poema, habría llamado a lo que sentía en su interior el silencio de la nieve.

Plazos

Vamos a dividir la lectura en cuatro partes. La primera, que leeremos a lo largo de una semana, nos llevará hasta el final del capítulo 11, Ka y el señor jeque (pág. 122).

Os reitero lo de siempre, sobre todo a los nuevos: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o los personajes, o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis, ni esta parte ni mucho menos en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella en dicho post. Debéis respetar los plazos de lectura y dejar vuestros comentarios en los post respectivos a cada parte. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: NIEVE de ORHAN PAMUK

19 May
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Portada de la novela “Nieve” de Orhan Pamuk. Alfaguara

Damos un gran salto de Japón a Turquía para leer Nieve, una de las más importantes novelas del escritor turco Orhan Pamuk (Estambul, 1952). Nieve fue publicada  en 2002 y traducida al español en 2005, un año antes de que le concedieran al escritor el Premio Nobel de Literatura. Ya antes del premio, Pamuk era uno de los escritores más leídos, más premiados y más traducidos de la literatura turca actual. Tras el premio, su importancia ha ido creciendo y consolidándose en todo el mundo.

Nieve es un thriller político cuya acción transcurre en Kars, una remota ciudad en el noreste del país en la frontera con Armenia. Ka, un poeta y periodista turco exiliado en Alemania por motivos políticos, viaja a esta ciudad en pleno invierno para escribir una serie de reportajes sobre una ola de suicidios de jóvenes a las que se les ha prohibido llevar el velo a la escuela. El poder, la religión, el amor, la felicidad, la poesía, la violencia política, la sociedad turca sumida en su encrucijada oriente-occidente (uno de los temas claves en la obra de Pamuk)… desfilan por esta interesante novela.

Una absorbente proeza narrativa… una lectura esencial para estos tiempos. Margaret Atwood, “The New York Times Book Review”.

Misteriosamente bella… profunda y conmovedora. “Publishers Weekly”.

Pamuk utiliza sus poderes para mostrarnos los dilemas críticos de la Turquía contemporánea. ¿Cómo de europea es? ¿Cómo puede responder al fundamentalismo islámico? ¿Y cómo puede un artista lidiar con estos temas? Tom Payne, “The Daily Telegraph”.

A partir de mañana sábado 20, podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Disponéis de una semana para ello. Los que vivís fuera también contáis con una semana para conseguir el libro editado por  Alfaguara.

Nos encontraremos aquí en dicho plazo para empezar la lectura de Nieve. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Haruki Murakami podéis hacerlo a lo largo de estos días.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Tokio blues. Gracias.

 

 

Atravesar el dolor

13 May

Luciérnaga. Foto en flickr de Yliaaaaa. Algunos derechos reservados.

Ya hemos llegado al final de este intenso viaje por el amor, la muerte, la enfermedad, el sexo… la vida, a fin de cuentas. Es el momento de que dejéis vuestras conclusiones finales sobre esta novela que aúna una mirada nostálgica con otra plena de vida hacia el futuro.

Con respecto a esta tercera y última parte, yo creo que la historia decae un poco hasta que vuelve a crecer y se llena de significado a partir del último capítulo en el que el suicidio de Naoko provoca el viaje de Toru. Un viaje que, como un sonámbulo, como si estuviera en estado de trance, emprende para vivir su duelo particular por Naoko, y también para intentar encontrarse consigo mismo y, a través de la aceptación de tanta muerte, asumir que ésta es una parte de la vida.

Por fin Watanabe se convierte en protagonista de esta historia, lo que nos va a permitir conocerlo algo más. Poco antes del suicido de Naoko, Toru, que acaba de cumplir 20 años, se encuentra inmerso en un lodazal infinito del que le cuesta horrores salir, pero, como siempre, lo intenta (sólo sabía que tenía que dirigirme a alguna parte y, por ese motivo, movía los pies). Deja la residencia y se va a vivir solo a un apartamento donde aspira a comenzar una nueva vida y le ofrece a Naoko que se vaya a vivir con él. Pero esa nueva vida no llega ya que Naoko empeora. Toru, después de pasar unos días hundido, reacciona y a través de unas palabras, no exentas de reproche, que le dirige a Kizuki, toma una decisión muy importante que explica muchos de los motivos de su proceder hasta ese momento: a diferencia de ti, he decidido vivir como es debido […] Todo lo que está ocurriendo procede de tu muerte: abandonaste a Naoko a su suerte. Yo, en cambio, jamás podré hacerlo, porque la quiero y soy más fuerte que ella. Y aún seré más fuerte. Maduraré. Me convertiré en un adulto […] Hasta ahora había deseado permanecer eternamente en los diecisiete o dieciocho años. Pero ya no lo pretendo […] He cumplido 20 años. Y debo pagar un precio por seguir viviendo. Watanabe comienza a salir del túnel de una eterna y dura adolescencia y se encamina hacia la madurez con paso firme. Finalmente, las pérdidas que sufre parece que le salvan ya que se enfrenta a ellas, las supera, y, una vez dejadas atrás, puede avanzar con su propia vida.

Pero la vida sigue poniéndoselo difícil y se queda muy solo, hasta Midori, ante su indecisión, se aleja de él una buena temporada y este alejamiento le hace llegar a la conclusión de que sin ella no puede seguir adelante. Watanabe lleva mucho tiempo queriendo a las dos, quizás de distinta manera (¿qué opináis?), pero sin ser capaz de dar un paso hacia Midori mientras espera a Naoko que nunca llega. Midori, dolida, se resiste a verle a pesar de sus llamadas, pero un día vuelve a aparecer y le confiesa, en un reencuentro que, como una maravillosa escena cinematográfica, transcurre en la azotea de unos grandes almacenes una tarde de lluvia, que está enamorada de él y que le va a esperar. Ante su hermosa y honesta declaración de amor, Watanabe, vencido por la evidencia, le pide que le dé tiempo ya que no sabe si quiere a Naoko o sólo siente responsabilidad (mi relación con Naoko no fue algo tan simple. Desde el principio estuvimos unidos en la frontera entre la vida y la  muerte) y necesita aclararse. Pero Toru, en ese encuentro, se ha dado cuenta de que ama a Midori de una forma irreversible, quizá desde hace ya mucho tiempo.

Una vez muerta Naoko, y después de su viaje al interior de sí mismo en medio de una naturaleza apabullante, Watanabe percibe que el amor que sintió, ¿que siente?, por ella no deja de dolerle. ¿Será, en parte, porque, como afirma al principio de la novela, Naoko jamás le amó? Una vez conocido el desenlace, ¿por qué creéis que lo dice? ¿Será porque Naoko no había dejado de amar a Kizuki y, finalmente, al escoger la muerte lo escogió a él? El mal que le ha hecho la vida a la joven está muy dentro de su corazón y la presencia de Kizuki lo ocupa casi todo. Éste fue su gran amor y al truncarse, unido a la fragilidad de Naoko, le impide entregarse a Watanabe y a la vida.

Todo lo que ocurre en esta novela, por nimio que sea, es importante y cumple una función, no hay nada casual o gratuito. Lo mismo ocurre con los personajes. Hay un juego interno entre ellos, complejo y lleno de dualidades y contraposiciones, ¿os habéis dado cuenta? Hasta los más secundarios cumplen un papel en la historia.

La “consejera” Reiko, la única adulta, juega un papel fundamental en el paso a la madurez de Watanabe (además parece que se sienten atraídos desde un principio). Con sus conversaciones, le ayuda a desprenderse de tanta muerte, a salir de su particular mundo irreal y del “pozo” en el que cae después del suicidio de Naoko. Ese hermoso y vitalista funeral privado compuesto de 51 canciones (la música es vida) funciona como un acto simbólico y catártico. Pero también Toru ayuda a Reiko. Cuando ésta le pide hacer el amor y él accede, sabe que le está dando un empujón para que ella pueda volver a la sociedad que ha abandonado. A través de la sexualidad (el sexo es vida), Reiko coge fuerzas para enfrentarse de nuevo al mundo real. Es el final de un largo proceso de crecimiento personal que la coloca de nuevo en medio de la pavorosa existencia. Estábamos vivos y teníamos que preocuparnos por seguir viviendo.

Hatsumi, la novia de Nagasawa, es otra alma sensible que pagará caro la elección de ese hombre egoísta que representa el triunfo a toda costa pese incluso a sí mismo. Watanabe, en su breve pero intensa, como todas, relación con ella, siente una corriente de afecto hacia esa mujer que le hace desear que sea su hermana (la deseada hermana mayor del hijo único), pero, sobre todo, siente, al recibir la fuerza que emana de ella, un intenso estremecimiento en su corazón que, años más tarde, descubre qué es: un anhelo adolescente que no había sido, ni sería, jamás colmado. Quiero resaltar la escena que la que terminan juntos jugando al billar, después de la incómoda cena a tres (Toru, de nuevo, sintiéndose de más como le ocurría con Naoko y Kizuki), en la que la dulce Hatsumi explota y reprocha a Nagasawa, con todo derecho, su no correspondida relación. Ella había sido una mujer excepcional. Alguien hubiera debido salvarla.

No quiero dejar de señalar el papel que la música y la literatura ocupan en el libro, y, en general, en toda la obra de Murakami. Las canciones que escuchan y los libros que leen o los autores que nombran, son parte importante que no hay que obviar. Banda sonora de lujo y referencias literarias, simbólicas a veces, que abren el libro a una lectura más profunda: El guardián entre el centeno, La montaña mágica, El gran Gatsby, Capote, Chandler, Updike, Dostoievski, Boris Vian

Queda claro que Watanabe a los 37 años lleva un peso dentro que no tiene resuelto, han tenido que pasar 18 años para que se decida a escribir lo que ocurrió con el fin de poder entenderlo y, en consecuencia, resolverlo. Teniendo esto en cuenta, ¿qué os parece el final de la novela? ¿Creéis que es un final abierto? Para mí está claro que se queda con Midori: Eres lo único que deseo en este mundo. Necesito verte. Quiero empezar una nueva vida a tu lado, y que Midori, aunque no diga nada (aquel silencio recordaba a todas las lluvias del mundo cayendo sobre la faz de la Tierra), le acepta, porque ya antes de su viaje le ha dicho que le ama.

Me parece adecuado terminar con estas palabras que yo creo que resumen muy certeramente la esencia de esta hermosa novela: el conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esta tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar este dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso.

Y yo añadiría: existimos en la medida en que somos recordados.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios, que espero que sean muy numerosos, sobre esta última parte y sobre la novela en general. Disponéis de una semana para ello. Hay mucho que comentar ahora que hemos terminado esta triste y elocuente historia de aprendizaje no exenta de redención. También sobre el peculiar mundo murakamiano y sobre todo lo que queráis. Los rezagados o los que habéis estado “mudos” hasta ahora animaos a dejar vuestra opinión. ¡Nos “vemos” en el blog!

Como un cuervo atesorando pedacitos de cristal en el hueco de un árbol

5 May

熊野古道 #5 – Foto en flickr de Benjyamin. Algunos derechos reservados.

Continuamos en esta segunda parte con el alto voltaje emocional. Estamos en el epicentro de la novela y, con respecto al argumento de la historia, estos son, yo creo, los dos capítulos más importantes. En ellos se profundiza en las dos protagonistas femeninas, y en la relación que mantiene con ellas Watanabe, y se abordan dos de los temas claves de la historia: la muerte y la enfermedad, tanto física como mental.

En esta segunda parte la dualidad es casi total. El capítulo 6 se centra en la vida de Naoko (y Reiko) en la Residencia Ami, un “peculiar” lugar de retiro, completamente aislado en el campo, para personas con problemas mentales, un “mundo irreal” que Watanabe visita durante dos días. El capítulo 7 se centra en la opuesta Midori y en la relación que Watanabe va estableciendo con ella (¡cuánto bien le hace Midori!: doy gracias por haberte conocido. Tengo la sensación de que me he readaptado al mundo) en medio del bullicio de Tokio, el “mundo real” donde el padre de Midori está muriéndose en un hospital (magistral la lección que nos da Midori cuando afirma: hablar es muy fácil. Lo importante es limpiar la mierda o no hacerlo). El autor nos acerca a la enfermedad y a la muerte, a la otra cara de la vida, la que no queremos ver. Murakami nos la pone delante de los ojos como diciéndonos: mira, esto también existe, esto también es la vida.

Tokio blues no nos habla de alegres y despreocupados jóvenes satisfechos con la vida sino todo lo contrario, nos muestra la juventud como un proceso difícil lleno de incertidumbres y desasosiego en el que siempre se quedan muchas cosas por el camino.

Seguimos sin saber mucho de lo que siente Watanabe, sabemos que es solitario, que no le interesan mucho los estudios, que está confuso sentimentalmente y “tocado” desde el suicido de Kizuki, pero parece que le gusta poco hablar de sí mismo, que no se siente cómodo hablando de él. De alguna manera, el autor lo pone ahí con el fin de que todos los demás personajes le “utilicen” para sacar fuera todo lo que llevan dentro. Si os fijáis, en los diálogos, él es el que hace preguntas y los demás se extienden en largas respuestas y cuando le toca responder a él, es muy escueto, como si le costara encontrar las palabras. Hay un diálogo con Reiko donde Toru contesta a una pregunta que ella le hace: me gusta ir de excursión, nadar, leer. A lo que Reiko contesta: veo que te gusta la soledad. Por cierto, ¿qué opináis del personaje de Reiko? ¿Creéis que está metido con calzador o, por el contrario, pensáis que su presencia es clave, o al menos importante, para la historia? ¿Por qué creéis que nos cuenta con tanto detalle la historia de su relación con la alumna? ¿Pensáis que aporta algo a la historia central?

Respecto a los sentimientos que existen entre Watanabe y Naoko ¿Creéis que lo que siente él por ella es sólo amor o éste está teñido con una mezcla de responsabilidad y culpabilidad? ¿Y Naoko? ¿Qué siente ella por él? ¿Será que no puede amar? Recordad que al final del capítulo 1, Toru dice: porque Naoko jamás me amó. ¿Cuál creéis que es el problema de Naoko?

¿Qué opináis acerca del papel que ocupa el sexo en la novela? ¿Qué pensáis de esta forma tan explícita y desprejuiciada que tienen los personajes de hablar de él? ¿Os habéis fijado que el sexo no aparece normalmente asociado con el amor? Donde hay amor hay poco sexo y donde no hay amor hay mucho sexo. ¿Por qué creéis que esto es así?

En el trasfondo de la historia están las luchas estudiantiles de los sesenta. Murakami, a través de las opiniones de Midori y Watanabe, no es nada complaciente con ellas, calificando a sus protagonistas de cobardes e hipócritas. En el capítulo 7, ambos hablan críticamente de todo esto. ¿Qué opináis de su punto de vista?

El final de este capítulo, en el que Watanabe le escribe una carta a Naoko, nos permite conocer un poco más a nuestro protagonista. Es una carta sincera y triste, muy triste, pero también bellísima. Murakami en estado puro, en estado de gracia literaria, nos concede frases como estas: las personas, al morirnos, dejamos atrás unos pequeños y extraños recuerdos […] no me había dado cuenta de que hablo mucho solo. Puede que, mientras me doy cuerda, no pare de murmurar todo el tiempo  […] pero hoy es domingo y esta mañana no me he dado cuerda  […] las tardes de domingo recuerdo un montón de cosas  […] domingos tranquilos, apacibles y solitarios. Los domingos no me doy cuerda.

Plazos

A algunos de vosotros no os está gustando mucho la novela, no conectáis con ella. A otros, por el contrario, os está encantando este mundo murakamiano. Y el resto todavía no habéis dejado vuestras opiniones. Me gustaría saber si los primeros habéis cambiado de opinión con la lectura de esta segunda parte, si habéis conectado algo más con ella. Es hora de vuestros comentarios sobre esta parte. Espero que sean numerosos y espero que contestéis a mis preguntas. Mientras, continuaremos, a lo largo de una semana, con la lectura a partir del capítulo 8 (página 265) hasta el final de la novela. Termino con las hermosas palabras de nuestra compañera Panantel: puede que la novela nos ayude a encontrar nuestra luciérnaga, así que a seguir leyendo compañeros.

 

En mi interior permanecía una especie de masa de aire de contornos imprecisos

28 Abr
Blue Hour over Tokyo. Foto en flickr de Schwarzkaefer. Algunos derechos reservados.

Blue Hour over Tokyo. Foto en flickr de Schwarzkaefer. Algunos derechos reservados.

Me encanta Murakami. Hace ya muchos años que lo descubrí y, desde entonces, se ha convertido en una adicción. Su lectura me hipnotiza, me emociona, me hace reflexionar y darme cuenta de lo que es verdaderamente importante en la vida. Para disfrutarlo sólo tienes que dejarte ir, abandonarte a su escritura, entrar en su mundo. Murakami no se queda en la superficie, va hasta el fondo, muchas veces de auténticos pozos (un importante símbolo en su literatura), y si vas de su mano, una vez que has pasado por todo tipo de experiencias, algunas muy duras, otras deliciosas, también extrañas, irreales, cargadas de simbolismos, sales, como sus personajes, convertido en una persona más sabia. Simplemente aprendes a conocerte mejor a ti mismo y al mundo. Él dice que se deja la piel escribiendo y yo creo que, nosotros, los lectores, tenemos que dejarnos también la piel leyéndolo. Más que leer, hay que vivir sus libros.

Tokio blues es un torrente de emociones y sensaciones ¿no os pasa al leerla que se os ocurren muchísimas cosas que comentar que luego son muy difíciles de trasladar al papel? Porque Murakami, a pesar de su estilo claro y sencillo, es muy complejo (y en esa manera sencilla de plasmar esta complejidad está su maestría) y es difícil abordar tantos temas esenciales que plantea. Así que, esta vez, voy simplemente a dejaros unas cuantas reflexiones sobre esta primera parte tal como me han ido surgiendo para que os animéis vosotros a dejar las vuestras.

Un Watanabe ya adulto se enfrenta a su pasado y siente que tiene que comprender lo que pasó. El paisaje, aquel prado en octubre, le grita: ¡vamos! ¡Arriba! ¡Aún estoy aquí! ¡Arriba! ¡Levántate y comprende! ¿Cuál es la razón de que todavía esté aquí? […] Por eso ahora estoy escribiendo. Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito.

En Tokio blues encontramos los temas recurrentes en la literatura de este autor, sobre todo la soledad de sus personajes. Son seres que no comprenden demasiado el mundo que les rodea, lo ven desde fuera y acaban encontrándose (no en vano) con otros seres iguales de solitarios que ellos. Yo creo que son solitarios porque son personas diferentes, algunos están “deformados”, como se define a sí misma Naoko, otros tienen una visión peculiar de las cosas como Midori que, por otro lado, es la que más vive en el mundo real. Me encanta esta chica: honesta (todos lo son), natural, divertida, independiente, realista, valiente y fuerte. Pero peculiar. Y muy madura, como lo es también Watanabe. El impasible Toru que tan bien sabe escuchar a los demás pero, como le dice Naoko: sé que no puedo esconderme en mi caparazón y dejar que las cosas pasen. Y me da la impresión que tú haces eso. Midori es una superviviente, como Watanabe, pero ha sobrevivido con más frescura y vitalidad y Toru se siente atraído por ella a pesar de su amor por Naoko. ¿Qué pasará entre ellos? ¿Cómo manejará Watanabe ambos sentimientos encontrados? Quiero resaltar la maravillosa escena en la que Midori canta canciones a Toru subidos en el tejado de su casa mientras un incendio cercano pone en peligro sus vidas sin que parezca que a Midori le importe nada. ¿Qué opináis, por ahora, de los personajes? Además del triángulo protagonista: Watabanabe-Naoko-Midori, por ahora sólo han aparecido el ligón de Nagasawa y el “friki” Tropa-de-Asalto.

Como ya hemos dicho, esta novela no es tan simbólica como otras de él, pero en esta primera parte hay dos pasajes donde aparecen elementos simbólicos: el del pozo y el de la luciérnaga, ¿qué creéis que significan?

Otro aspecto a resaltar es que, aunque sus protagonistas son jóvenes, no se puede considerar a Tokio blues la típica novela juvenil sino todo lo contrario. En mi opinión es una novela madura, sólida. Las reflexiones, los diálogos (brillantes) así nos lo muestran. Sus personajes están perdidos, sí, pero intentan comprender, entenderse, buscar respuestas y salidas, incluso Naoko, la más tocada, que ya instalada en el  singular sanatorio donde se recluye y se tranquiliza, opta por una actitud analítica de su comportamiento. Incluso Naoko es madura.

Los personajes dan largos paseos sin rumbo por una inmensa Tokio, visitan muchos locales donde comen, toman un café, una copa… Tokio aparece como una ciudad bulliciosa, una urbe gigantesca, anónima, del todo ajena a los sufrimientos y zozobras de los personajes, el escenario perfecto e indiferente donde estos solitarios y perdidos protagonistas en busca de sí mismos están inmersos.

En las págs. 37-38 (cuyo contenido me parece clave en esta historia) Watanabe reflexiona sobre cómo le influyó el suicido de Kizuki, su único amigo: fui incapaz de hallar mi propio espacio en el mundo que me rodeaba.  Lo único que desea es marcharse de su ciudad y así lo hace, comenzando una nueva vida en Tokio donde su único propósito es tratar de no tomarme las cosas a pecho, mantener la debida distancia con el mundo. Nada más. Y olvidar.  Pero no puede y las reflexiones acerca de la muerte son inevitables: hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. “Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella”. Sin embargo, a fuerza de reflexionar, llega a la conclusión de que la muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella […] La muerte había estado implícita en mi ser desde el principio […] Cuando la muerte se llevó a Kizuki a sus diecisiete años, se llevó una parte de mí, y concluye: la muerte es un asunto grave. Quedé atrapado en este círculo vicioso, en esta asfixiante contradicción. […] Estaba en la plenitud de la vida y todo giraba en torno a la muerte.  Y entonces se reencuentra con Naoko a la que parece que le ha pasado lo mismo. Naoko está tan sola como él pero mucho más desvalida, su mirada es de una trasparencia ausente y busca en el vacío las palabras que no encuentra. Ella misma define su desequilibrio: es como si tuviera el cuerpo dividido por la mitad y las dos partes estuviesen jugando al corre que te pillo. En medio hay una columna muy gruesa y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de mí encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla.

Watanabe para calmar su contradicción camina, nada, bebe de vez en cuando una copa, escucha mucha música y, sobre todo, lee: leía mis libros a solas y en silencio. Los releía y cerraba los ojos y me llenaba de su aroma. Sólo aspirando la fragancia de un libro, tocando sus página, me sentía feliz.

Los libros, la música, la comida, el sexo. Todos temas muy murakamianos. Y temas mucho más serios como la soledad, el suicidio, la muerte y el desequilibrio mental tan importantes en esta novela. Espero vuestros comentarios sobre la presencia de todos ellos en esta parte.

Terminamos con la decisión de Watanabe, después de leer varias veces la extensa carta que Naoko le envía sincerándose con él, de ir a visitarla a la fuera-del-mundo “Residencia Ami”.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios y reflexiones sobre esta parte, y sólo sobre esta parte. Espero que sean muy numerosos. Disponéis de una semana para ello. A la vez, continuaremos con la lectura a partir del capítulo 6 (Pág. 125) hasta llegar al final del capítulo 7 (pág. 263).

Tokio Blues: Alto y desequilibrante voltaje emocional

21 Abr
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Haruki Murakami. Foto en flickr de La Tête Krançien. Algunos derechos reservados.

Haruki Murakami inició su carrera literaria en 1979 pero hasta que no publicó Tokio blues en 1987 era un escritor con ventas que no sobrepasaban los 100.000 ejemplares. Con esta novela le llegó la fama ya que ha vendido varios millones de ejemplares en todo el mundo lo que ha convertido al libro en un auténtico ‘best seller’. En 2005, la editorial Tusquets lo publicó en España y se repitió el éxito: ya va por la 32ª edición y continúan las ventas. Desde entonces Murakami es todo un fenómeno literario, casi una moda (algo que no es muy de su agrado). Sus millones de seguidores esperan con expectación la publicación de un nuevo libro y cada vez que esto ocurre se convierte en todo un acontecimiento. En español están publicadas trece novelas, cuatro libros de relatos, dos libros de ensayo y se acaba de publicar estos días su último libro, otro ensayo, titulado De qué hablo cuando hablo de escribir. Puede ser un buen momento para leerlo y conocer el universo de este interesante escritor.

Tokio blues difiere bastante del resto de sus obras. No tengo interés en escribir novelas largas con estilo realista, pero decidí que, aunque sólo fuera una vez, iba a escribir una novela realista. Tokio blues fue un simple experimento. Personalmente, a mí me gusta esa novela, pero no he vuelto a leerla desde hace casi 20 años. De momento, no tengo ninguna intención de volver a escribir algo parecido. No tengo interés en el pasado. Ya no puedo sentir interés en el llamado estilo realista porque, si escribo una novela así, acabo aburriéndome, aclara. El escritor confiesa que le gusta crear historias que causen desconcierto en sus lectores y que se deja la piel cada vez que escribe una de ellas.

Para los que todavía no conozcáis el mundo murakamiano quizás sea ésta novela la mejor manera de iniciarse en su literatura ya que es menos compleja y simbólica que las restantes, aunque el traductor de la obra al inglés, Jay Rubin, sostiene que esta obra mantiene en grado importante la complejidad y el simbolismo característicos de la obra de Murakami, y que, por lo tanto,  no es simplemente una historia de amor como aparentemente parece.

Tokio blues es el relato conmovedor y agridulce de una educación sentimental y de las pérdidas que implica toda maduración.  La historia comienza cuando su protagonista, Toru Watanabe, escucha el tema de los Beatles que da nombre a la novela mientras está aterrizando en Hamburgo. Tiene 37 años y la canción le hace retroceder a una turbulenta e intensa época de su vida ocurrida dieciocho años atrás, a finales de los 60, en Tokio. La novela está narrada en primera persona por el propio Watanabe en forma de un largo y detallado flashback que evoca, con una gran carga nostálgica, aquellos años estudiantiles en los que conoció a Naoko, una bella chica inestable y muy especial, con la que inicia una peculiar relación.

Watanabe es un cruce entre un narrador protagonista y un narrador testigo ya que aunque sea el protagonista de esta historia, parece que está ahí para hablarnos de los demás personajes. Sabe escuchar, tiene una gran capacidad para comprender a las personas, apenas habla y cuando lo hace (ya sea en los diálogos o en sus reflexiones) revela, con gran honestidad, cosas realmente importantes, claves para entenderlo tanto a él como al resto de los personajes. El prudente, resignado, solitario y confuso Watanabe posee, a la vez, una extraña madurez y serenidad no muy propia de su edad. Casi todas las novelas de Murakami están narradas en primera persona y el narrador, y a la vez protagonista, suele ser un hombre con similares características, un álter ego en muchos aspectos del propio escritor.

Las dos protagonistas femeninas son dos mujeres totalmente opuestas: Naoko, la cara oculta, y oscura, de la luna y Midori, la que brilla con luz blanca. En medio, el prepotente y vanidoso Nawasawa y, sobre todo, Reiko, una mujer herida por la vida, y, al fondo, la omnipresencia ausente de Kizuki, el novio de Naoko y mejor amigo de Watanabe, cuyo suicidio a los diecisiete años llena a ambos de dolor e incomprensión ante el mundo. Quizá sea esta experiencia la que ha otorgado al protagonista una lucidez y vulnerabilidad que le hace percibir con una gran claridad el dolor propio y ajeno así como la madurez que se adquiere cuando uno se enfrenta con la muerte de un ser querido.

Murakami consigue con una gran maestría y un estilo sobrio, depurado, ágil e inquietante que la historia te envuelva y no puedas dejar de leerla. Las descripciones son muy detalladas, precisas y visuales. Aunque describe casi todo, no se explaya demasiado, va a la esencia, y, al contrario de lo que pasa con otras novelas, se puede perfectamente visualizar lo que describe. La novela está plagada de diálogos fluidos y rítmicos magníficamente construidos que poseen una gran verosimilitud en los que se pasa de lo prosaico a lo más trascendente con toda naturalidad y que va dejando toques de un fino humor. Los personajes son los que sostienen una historia en la que apenas hay acción, de ahí la importancia de los diálogos.

El amor, el sexo, la pérdida, la muerte (el suicidio) y la inestabilidad mental transitan por ese mundo de alto, y desequilibrante, voltaje emocional que de manera tan especial y con gran sensibilidad literaria sabe crear el autor. La mirada retrospectiva del narrador posee una evocadora melancolía y un tono nostálgico tiñe toda la novela de una tristeza existencial.

El título original en japonés es Noruwei no Mori, traducción del título de la canción Norwegian Wood de Los Beatles. En la novela aparecen diversas alusiones a la canción, que es la preferida de Naoko. La palabra japonesa “mori” sería el equivalente en español a “bosque”, no a “madera”, aunque en la canción se refiere a este significado (madera noruega). Los bosques y su simbolismo tienen una importancia destacada en la novela. El por qué se ha traducido en español por Tokio blues podría ser por las semejanzas entre este tipo de música y las características de la novela. Una historia triste escrita con un ritmo entrecortado como el blues. Un relato más de sensaciones que de acciones.

Os recomiendo que comencéis la lectura escuchando Norwegian Wood, la canción de los Beatles que da nombre a la novela y que refleja la importancia que la música, desde la clásica al rock, tiene en la obra de Murakami.

Otra de las características de la novela, y de la obra de Murakami en general, son las referencias a otros libros que están leyendo los personajes, sobre todo el  omnívoro lector Watanabe. Normalmente literatura occidental muy del agrado del escritor. En Tokio blues aparecen El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, El Centauro de John Updike (los dos libros favoritos del protagonista), La montaña mágica de Thomas Mann (cuya elección posee una gran carga simbólica de la que ya hablaremos) y Bajo las ruedas de Hermann Hesse. También aparece El guardián entre el centeno de Salinger. Y es que Toru Watanabe podría ser perfectamente Holden Caulfield unos años más tarde. De hecho Reiko le dice en un momento: Hablas de una manera muy especial […] ¿Estás imitando al protagonista de “El guardián entre el centeno”?

La novela fue llevada al cine en 2010 por el director vietnamita Tran Anh Hung. Yo no la he visto todavía. Me parece un buen momento para hacerlo. ¿Alguno la ha visto y nos puede contar? Podéis ver el tráiler y ponerles cara a los personajes. También os dejo un vídeo con una escena de la película donde Reiko toca a la guitarra “Norwegian Wood” ante Watanabe y Naoko y otro más con escenas de la película mientras suena la canción She brings the rain interpretada por el grupo alemán de finales de los años sesenta Can.

Adjunto sendos enlaces, uno a la página de Facebook dedicada a Murakami y otro a la página que le dedica la editorial al autor.

Como un intento de acercamiento al mundo Murakami os dejo algunas declaraciones hechas por el autor sobre su obra y su proceso de creación. ¡Qué mejor para poder entenderle que dejar al propio Murakami que hable!

Soy un nadador, me gusta y sé me da bien, pero no sé explicar lo que hacen mis brazos o mis piernas cuando estoy en el agua. Con la escritura pasa lo mismo, sé hacerlo pero no describir cómo lo hago. Escribo como nado.

Mis historias brotan de algún rincón profundo y misterioso de mi mente. No tengo un mapa o una linterna para rastrear esa extraña fuente, solo puedo divisarla de forma muy vaga. Para mí escribir es explorar la naturaleza de este lugar oscuro, que no maligno, donde conviven elementos enigmáticos, positivos y negativos, ambiguos y nacidos del subconsciente.

Cuando escribo abro la puerta a otra habitación y me encierro en ella, voy al otro lado. No puedo escribir de forma realista porque la ficción me obliga a entrar en esa otra habitación, que es muy oscura, silenciosa y en la que soy testigo de multitud de cosas extrañas, salvajes y surrealistas. Cuando escribo, desciendo a las profundidades de mi mente. Cuanto más bajo, más peligroso resulta. Debo ser fuerte para enfrentarme a las criaturas, a las imágenes y a los sonidos que moran ahí; necesito valor para atreverme a abrir puertas que me provocan mucho miedo. Sé que suena esquizofrénico. Ir de un mundo al otro es delicado y hay que hacerlo con cuidado porque el precipicio está muy presente. Por fortuna, soy un escritor y puedo ir y regresar a mi antojo, mientras que hay gente en la vida real que se extravía fatalmente. Todo el mundo tiene la capacidad de plantarle cara a sus obsesiones, pero solo una minoría se atreve.

Del jazz he aprendido tres lecciones que luego he aplicado a mis libros: ritmo, armonía e improvisación.

A mí siempre me ha interesado la gente que ha sido arrojada fuera de la sociedad, aquella que ha sido retirada o apartada.

Mis personajes siempre acaban encontrando una vía o una solución para superar sus problemas, pero por el camino tienen que sufrir y enfrentarse a la oscuridad, a la maldad, a la extrañeza y en ocasiones incluso a la violencia.

Soy un escritor, mi trabajo es escribir, no hablar. Además, deseo permanecer en el anonimato, poder viajar en el metro de Tokio sin que me reconozcan.

Aún no sé grandes cosas acerca de mí mismo. He estado escribiendo mucho con el objetivo de conocerme, pero he avanzado poco. En última instancia, me dedico a la ficción para saber quién soy, qué hay dentro de mi cabeza. Cada nuevo libro es una forma de conocerme, pero el proceso es lento. Sigue habiendo tanta oscuridad que la batalla se promete larga. 

Soy japonés, escribo en este idioma y mis novelas se desarrollan la mayor parte de las veces en este país. Pero soy un individuo. Sólo un hombre libre.

Para terminar, unas palabras de la escritora mexicana Guadalupe Nettel sobre Tokio blues: es una de esas novelas densas e imprescindibles que se beben como un Cutty Sark una de esas noches en que la vida resulta insoportable.

Bienvenidos al inquietante universo murakamiano. Para muchos lectores leer a Murakami es convertirse en seguidor incondicional de este autor.

Plazos

Vamos a dividir la lectura en tres partes. La primera, que leeremos a lo largo de una semana, nos llevará hasta el final del capítulo 5 (página 123).

Os reitero lo de siempre, sobre todo a los nuevos: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o los personajes, o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis, ni esta parte ni mucho menos en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella en dicho post. Debéis respetar los plazos de lectura y dejar vuestros comentarios en los post respectivos a cada parte. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: TOKIO BLUES de HARUKI MURAKAMI

11 Abr
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Portada de la novela “Tokio blues” de Haruki Murakami. Tusquets editores.

Nos vamos a Japón de la mano del exitoso escritor Haruki Murakami (Kioto, 1949). Y lo hacemos con la novela que le dio la fama: Tokio blues (O Norwegian Wood, su título original, tomado de una conocida canción de Los Beatles) publicada en Japón en 1987 y en España en 2005. Es probable que algunos, o muchos, de vosotros la hayáis leído. Si es así, será un buen momento para hacer una relectura que os permita profundizar en ella ya que el propio Murakami dice que sus libros es mejor leerlos varias veces para poder captar en su totalidad el complejo e inquietante mundo que habitan sus historias.  Toda relectura enriquece la anterior. Para los que no hayáis leído todavía nada de el escritor japonés es una buena ocasión para conocer su obra. Y creo que está bien empezar por esta excelente novela.

Tokio blues es la novela “más normal” de Murakami pero aun así contiene elementos propios de su mundo. Murakami cuenta que la escribió porque quiso enfrentarse al experimento de escribir una novela al uso ya que sus anteriores novelas, “más raras” en las que mezcla el mundo real con otro sobrenatural, eran sólo leídas por una minoría. Después de ella, y de alcanzar el éxito que le ha llevado a ser un escritor muy leído en todo el mundo, volvió a su estilo original. Pero el éxito no le ha abandonado y cada  novela suya se convierte en un “best seller”.

Advertencia: Murakami – al igual que los Beatles – produce adicción, provoca numerosos efectos secundarios y su modo de narrar tiene algo de hipnótico y opiáceo. Rodrigo Fresán, “El País”.

A partir de mañana miércoles 12 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Disponéis de una semana para ello. Los que vivís fuera también contáis con una semana para conseguir el libro editado por Tusquets.

Nos encontraremos aquí en dicho plazo para empezar a leer Tokio Blues. Espero que os agrade la elección. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Mahi Binebine, y si la Semana Santa os lo permite, podéis hacerlo a lo largo de estos días.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Los caballos de Dios. Gracias.

Nos condujo en derechura a la muerte, la nuestra y la del prójimo a quien se supone que amamos

2 Abr
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Foto en flickr de Pasi H. Algunos derechos reservados.

Esta segunda parte en la que hemos dividido la lectura comienza con la llegada de Abu Zubeir a sus vidas. Hay ya un adelanto en la página 69: Muertos por culpa de esos a quienes habíamos conocido en el Garaje y a los que Abu Zubeir llamaba el “emir y sus compañeros”. Ah, la historia de esos ya os la contaré luego. Eran cuatro, venían de los poblados de chabolas vecinos para llevarnos por el buen camino. Se sabían el Corán de memoria y las palabras del Profeta como si hubieran vivido en su entorno. Nos acomplejaban. Exacto, los acomplejan, y los culpabilizan, porque ellos no son nada religiosos. Primer paso del camino hacia el Paraíso. Al principio del capítulo 10 podemos encontrar una explicación de por qué se dejan convencer ellos que no son nada religiosos y que algunos de vosotros habéis resaltado: Abu Zubeir nos mintió cuando nos prometió un acceso directo al paraíso. Decía que la gehena que nos correspondía ya la habíamos cumplido en Sidi Moumen y que, en consecuencia, no podía sucedernos nada peor. Más aún, la fe que él nos iba insuflando día a día forjaba el escudo que nos iba a permitir cruzar por los siete cielos para alcanzar la luz […] Abu Zubeir nos glorificaba así en pro de la perennidad del combate contra los infieles. Al mirar nuestros retratos, otros chiquillos soñarán con la justicia y el sacrificio.  Alcanzar la luz, la gloria, la justicia de acabar con los infieles… Para ellos esa meta tan alta bien compensa el sacrificio de sus vidas que nada valen, que ni ellos valoran. Es fácil convencerlos. Vidas transcurridas en la más absoluta de las miserias y conviviendo a diario con la muerte de otros que a veces ellos mismos provocan y a la que, por tanto, ya le han perdido el miedo.  Si a eso le añadimos las cintas de vídeo de los mártires palestinos o chechenos que les hacen ver continuamente para que se contagien del “heroísmo” de esas personas, el camino ya está casi hecho. Ser un elegido, ¿qué mayor gloria puede haber para ellos? Pero Yashin, que nos habla desde el purgatorio, o directamente desde el infierno, ya no se engaña y sabe que el camino recto prometido por Abu Zubeir nos condujo en derechura a la muerte, la nuestra y la del prójimo, a quien se supone que amamos. En derechura hacia una pared ciega a la que rodea la nada, donde no hay sino arrepentimiento, remordimientos, soledad y desconsuelo.

En el Garaje se sienten a gusto. Abu Zubeir posee una luz especial, parece leerles el pensamiento, sus palabras les dan paz mientras va introduciéndoles en la oración. El primero que se va a relacionar con él es Hamid, curiosamente el peor de ellos, el más violento, el menos religioso, el que fuma hachís continuamente. Se siente fascinado por el emir y deja de interesarle todo lo que no sea estar con él: había comenzado a rezar cinco veces al día. La metamorfosis era total. Abu Zubeir le consigue un trabajo en una zapatería de la ciudad (algo que irá haciendo con todos los demás. Dignificarles, y atraerles más a él, a través de un trabajo). Yashin le echa de menos, ni le reconoce. Su captación ha sido total y les abruma con sus diatribas acerca del complot americano-sionista cuyo fin era intoxicarnos, depravarnos y sembrar arteramente el vicio en todos nosotros. Hamid va a ir convenciendo a los demás poco a poco. Sobre todo a su hermano que lo sigue adorando. Yashin y Nabil viven juntos en la chabola como si fuesen un matrimonio, trabajan como mecánicos, su vida ha mejorado notablemente. Más tarde se les unirán Azzi y Fuad. Ghizlene les visita de vez en cuando y les hace ricos cuscús. Ya no juegan tanto al fútbol pero siguen reuniéndose todos en la chabola: era una época bendita en la que todo parecía irse construyendo como por arte de magia. Poco a poco a todos les va yendo mejor gracias a la ayuda económica del emir. Así que un día, Hamid les convence de que vayan a las clases que Abu Zubeir da en el Garaje: así empezamos a resbalar por una sombría pendiente hacia un mundo que no era el nuestro. Un mundo nuevo en el que nos íbamos a hundir poco a poco y que acabaría por tragársenos para siempre.

Abu Zubeir opera con cuatro más: Zaid, Nuseir, Ahmed y Reda. El de más edad, y sin duda el más erudito, Zaid, sólo tiene veinticinco años: le podíamos preguntar lo que fuera; nos contestaba, o, si no estaba seguro, nos traía la información exacta a la mañana siguiente. Tenía una voz grave y dulce, una mirada afable, y le ponía siempre la mano en el hombro a quien fuera con él, en señal de fraternidad. Son como padres para ellos, tienen muchos conocimientos y además les tratan con cariño. Poco a poco les van introduciendo en la oración, obligatoria para conseguir cualquier otra cosa que les atraiga mucho más, sobre todo las artes marciales que es lo que utiliza Zaid para atraparlos: habíamos dejado de beber alcohol porque ya no nos atrevíamos. Quizá un porro de vez en cuando, pero a escondidas. Ahora en la chabola lo que hacen es rezar en grupo, oír casetes del Corán y recibir a sus nuevos amigos: el emir y sus compañeros eran personas sencillas. Nos hacían el honor de venir a casa y nos colmaban de luz y de paz […] aquello era como una victoria sobre la mediocridad de nuestras vidas menores. Bebíamos sus palabras porque las entendíamos. Había conseguido (Abu Zubeir) devolvernos nuestro orgullo con palabras sencillas […] ya no éramos unos parásitos, unos deshechos de la humanidad, unos mindundis. Éramos limpios y dignos y nuestras aspiraciones hallaban eco en mentes sanas. Teníamos quien nos escuchase y nos guiase. La lógica había ocupado el lugar de los golpes. Le habíamos abierto la puerta a Dios y Él había entrado en nosotros. Se habían acabado las idas y venidas frenéticas de acá para allá, perdiendo el tiempo, los insultos y las peleas idiotas […] Sabíamos que los derechos no se regalan, sino que se arrebatan. Y estábamos dispuestos a todos los sacrificios.  En palabras de Mahi Binebine: estremece ver cómo se aferran a una disciplina, la primera con la que se han encontrado en su vida.

Ghizlane es la única que se da cuenta de lo que está pasando. Le dice a Yashin que ha cambiado y que ha abandonado a sus padres: me limitaba a decirle que Dios era grande y que Él acabaría por arreglarlo todo. Ella decía que Dios no pintaba nada en esto y que los padres, incluso los malos padres, eran sagrados. Mi-Lala afirmaba que el paraíso estaba bajo los pies de las madres y que para llegar a él había que arrodillarse y besar las plantas de esos pies todas las mañanas. Ghizlane decía que la barba me endurecía la expresión y que me sentaba fatal. Pero ellos siguen su camino, todos intentábamos imitar al emir, dejan sus trabajos porque las veladas en el Garaje les ocupan casi todo el día, se aprenden el Corán de memoria y llegan a la conclusión de que no había más salvación que la yihad. Dios nos la pedía. Estaba escrito, y muy claro, en el libro de los libros. Abu Zubeir les va introduciendo cada vez más en su círculo más íntimo, la televisión estaba puesta en una cadena que transmitía en bucle matanzas de musulmanes. Y puedo aseguraros que nos hervía la ira por dentro […] Abu Zubeir decía que había que reaccionar. El Profeta no habría tolerado tales humillaciones […] yo notaba que me subía una quemazón desde el vientre que me incendiaba los ojos. Me retorcía las tripas un deseo de venganza. Estábamos de acuerdo en lo de lavar con sangre nuestro honor perdido. Y poco a poco los van convenciendo de que sus armas son ellos mismos: ¡Nadie puede contra un hombre que quiere morir! Devolverle sus vidas a Dios porque Él se lo pide. Para ellos, después de un camino largo de “comedura de coco” inteligente, está muy claro.

¿Creéis que está logrado este camino de captación? ¿Es creíble? Contestad intentando poneos en su piel aunque sea difícil. Que la balanza no oscile ni a un lado, el del entendimiento y justificación total, ni al otro, el de no entender que no pudieran haber reaccionado de otra manera. Intentemos encontrar las razones justas y equilibradas para su proceder, si es que las hay. Y también comentad si el autor logra hacernos creíble el camino que lleva a estos chicos al horror de convertirse en terroristas suicidas.

Los llevan de vacaciones a las montañas, a Dayet Aoua. ¡Qué maravilla poder salir de Sidi Moumen! ¡Y de la ciudad! Una semana para recompensarlos de su dedicación a Dios y a las clases. Ven el mar por primera vez desde el minibús: era un espectáculo único. Ese aire nuevo me había trastornado. Olía de una forma rara. Me dieron escalofríos al mirar el infinito, azul plateado, y el sol blanco que flotaba por encima. Esas vacaciones serán inolvidables, quizás lo más maravilloso que les haya pasado jamás. Les enseñan a manejar la faca, combaten, hacen deporte, corren por los caminos, se bañan en el lago, rezan, escuchan las peroratas del emir sobre glorias pasadas y la lucha que les espera.

Y por fin llega el terrible día. Hamid se lo dice a su hermano: no tenemos elección. Asentí, porque alguien tenía que sacrificarse. Era la primera vez que le leía el espanto en la cara a mi hermano. Ninguno se niega a morir, sin embargo, eso de morir no era ninguna tontería. Cada uno tiene sus razones. Y al fondo de todas ellas están las de convertirse en un mártir y entrar en el paraíso. Desde la nube en que me hallaba, aquello me parecía algo así como un juego; el de la vida y la muere trenzadas sin sospecharlo. Pero en Sidi Moumen la pelona formaba parte de nuestra vida cotidiana. No asustaba tanto. La gente llegaba, se iba, vivía o moría sin que en la ecuación de nuestra miseria cambiase nada […] La muerte, omnipresente. La habíamos adoptado. Vivía en nosotros y nosotros vivíamos en ella […] La muerte era nuestra aliada. Nos servía y la servíamos […] Estaba a solas con ella y no tenía miedo. Había desplegado las alas negras alrededor de mi cuerpo febril y yo me había sometido. Solo pensaba en la dicha de obedecer. Era esclavo suyo, y feliz por pertenecerle. La muerte pensaba por mí  […] Estaba dispuesto a darle los caprichos que quisiera con tal de que me permitiese abrazarla. Aferrarme a ella y salir volando los dos. Cruzar los siete cielos y renacer en otra parte, lejos […] No, no quería volver a ver esas máquinas monstruosas volcar encima de la infancia sus desechos y sus vómitos […] No, nadie puede nada contra un hombre que quiere morir. Y yo lo quería ardientemente. Transcribo las palabras de Yashin porque lo dicen mejor que nadie podría decirlo. Logra poner poesía en la tragedia tan terrible a la que se dirigen. No es casual que el alto voltaje poético se crezca en estos momentos finales, los más duros. Imposible no transcribir tampoco su despedida de Ghizlane: Te quiero infinitamente, pero me voy, amor mío, porque no tengo elección. ¿Hasta cuándo se puede soportar la humillación de haber nacido en Sidi Moumen? No hay vuelta de hoja, voy a morir. Te vengaré de quienes saquearon tu infancia y enviscaron tus sueños en el barro. Les haré pagar a tocateja los años de esclavitud que nos impusieron. Padecerán igual que padecimos nosotros. A todos esos colaboracionistas que se portan como avestruces les alzaré la cabeza y los degollaré como a corderos.

Sí, fue una escabechina, un infierno. Fue el fin del mundo.

Para terminar os dejo con unas palabras del escritor Isaac Rosa que quiero utilizar como disparadero de vuestras reflexiones: Quizás la línea que Binebine traza entre el origen miserable y el terrorismo sea demasiado recta, sin meandros que darían más complejidad al asunto. O quizás es que la realidad es así de simple, y hay cada vez más desgraciados para quienes “no hay más salvación que la yihad”. Ahí queda la discusión que esta interesante novela propone.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios, que espero que sean muy numerosos, sobre esta segunda parte y sobre la novela en general. Disponéis de una semana para ello. Podéis seguir comentando al hilo de las opiniones, argumentaciones, dudas que habéis ido dejando en la primera parte. Hay mucho de lo que hablar ahora que ya hemos terminado esta estremecedora novela, narrada magistralmente, que no creo que deje indiferente a nadie.

Rondo como un fantasma forastero por el reino de mis recuerdos de la infancia

26 Mar
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Fantasma. Foto en flickr de La chica de las medias de rayas. Algunos derechos reservados.

Un paseante podría bordear nuestro poblado sin sospechar ni por un momento de su existencia. Con estas simbólicas palabras comienza la novela. Simbólicas porque se refieren no sólo a la barriada de Sidi Moumen donde viven nuestros protagonistas sino a ellos mismos encerrados dentro de un muro imponente de adobe. Nadie los ve por lo tanto nadie va a saber nada de sus vidas, de sus deseos o esperanzas. No existen. La mayoría no ha salido nunca del poblado, viven en ese micromundo. Enseguida vamos a saber que nuestro protagonista, la voz narrativa, Yashin, está muerto: No me quedé mucho tiempo en la vida, porque en la vida no había gran cosa que hacer. Y tengo empeño en decirlo sin más demora: no lamento haber terminado con ella. No echo de menos ni poco ni mucho los puñeteros dieciocho años que me tocó vivir […] En fin, me alegro de estar lejos de las chapas onduladas, del frío, de las alcantarillas reventadas y de todos los miasmas que anduvieron por mi infancia.

Yashin nos va introduciendo en su vida, en su familia con la omnipresencia de Yemma, la madre, a la que adora, y de su hermano mayor, Hamid, su ídolo y su protector: de todos los rebuscadores del vertedero, puedo decirlo sin presumir, mi hermano Hamid era el que más valía. Tenía algo así como un sexto sentido para encontrar la perla de valor. Su olfato animal, al que se sumaba una inteligencia precoz, lo hacía, de entrada, superior al conjunto […] A mí me fascinaba mi hermano Hamid. Me protegía. También me mimaba. Podía ponerse violento si alguien se metía conmigo. Pronto vamos a descubrir que Sidi Moumen es una “ciudad sin ley” donde puedes matar a alguien sin que nadie se entere y sin que nadie lo busque enterrándolo en el vertedero y pensando todos que había huido de la barriada para buscarse la vida en la ciudad, un lugar donde la violencia es omnipresente, donde crecen con sus propias leyes: Sí, a veces mi hermano era injusto. Y eso que me quería. Habría hecho lo que fuera por mí.

Yemma es el alma de esa familia de once miembros, la mujer más limpia y la más previsora con quien me haya topado jamás […] pendiente de todos, nos cuidaba como una gallina a sus polluelos. El padre, Magdul, al que casi nunca llama por su nombre, al contrario que a su madre, es un hombre que había decidido hacerse viejo antes de tiempo, sentado a lo moro en su rincón, pasando sin parar las cuentas del rosario de ámbar. El antiguo obrero de las canteras es como un cero a la izquierda sin ninguna autoridad, sin hablar siquiera, todo lo contrario de Yemma que ayuda a todo el mundo: tenía un corazón de oro. Parecía cargar ella sola con todo el desvalimiento de Sidi Moumen. A Yashin le cuesta imaginarse otra relación entre sus padres diferente a la que contempla todos los días: me costaba imaginarme a mi padre en el mundo de los vivos y a Yemma como una mujer enamorada.

A continuación le toca el turno a sus amigos que son como su familia si no más importantes. El hermoso Nabil, su mejor amigo, cuya belleza la había sacado de su madre, Tamu, una puta que había decidido consagrar sus encantos a los ociosos de Sidi Moumen y que es respetada por todos  porque  vuelve locos a los hombres y también desempeña ocasionalmente el oficio de cantante en las diversas celebraciones del barrio. Los dos inseparables amigos trabajan para Hamid recogiendo cosas en el vertedero y se han construido un refugio, un chamizo donde poder estar solos, aunque más tarde se convertirá en el cuartel general de todos, y soñar con una vida más allá del muro de adobe. Pero también aman a su barrio: no me da vergüenza deciros que a veces fui feliz entre esos escombros repugnantes, en las basuras de esa cloaca maldita, sí, fui feliz en Sidi Moumen, mi tierra.

De todas las Estrellas de Sidi Moumen, sólo Fuad tuvo la oportunidad de asistir a la escuela, que estaba a unos cuantos kilómetros del poblado de chabolas. Quizá porque su padre es el almuédano, guardián e imam de la mezquita. Y quizá también por ese motivo no deja jugar al fútbol a Fuad, aunque él se escapa porque su único sueño es jugar al fútbol con nosotros.  Luego, cuando su padre le pilla le dará una paliza. Toda la vida de estos chicos gira alrededor del equipo de fútbol y los partidos memorables que juegan en el vertedero. No son religiosos: cuántas veladas pasamos en aquella chabola, acurrucados unos contra otros oyendo los cánticos del Atlas Medio y los ritmos endemoniados de Nass el Ghiwan… ¡Cuántos porros nos fumamos y cuantas historias rocambolescas soñamos allí. A los catorce años Fuad se queda huérfano de padre y se convierte en cabeza de familia, lo cual tiene sus ventajas porque ya no recibirá las palizas de su autoritario padre y dejó en el acto de ir a la escuela y encargó que le hicieran un puesto con ruedas donde empezó a vender los dulces que cocinaban su madre y su hermana Ghizlane. Maduró de golpe.

Las Estrellas de Sidi Moumen tienen muchos rivales, otros equipos de las barriadas, con los que juegan partidos: nos reuníamos los domingos en el vertedero para celebrar encuentros legendarios que solían terminar en combates de gladiadores. Peleas inmisericordes de las que regresábamos todos más o menos descalabrados. Sin embargo, no podíamos por menos de repetir la semana siguiente. Necesitábamos enfrentarnos, pegarle golpes a un balón o a la cara de alguien. Nos servía de desahogo.

Ali es hijo de un carbonero tacaño que explota a su hijo y que cuando sospecha, cosa muy frecuente, que le ha robado dinero le pegaba con todas su fuerzas hasta hacerlo sangrar […] Como muchos de nosotros, había domesticado esos golpes. Ahora ya formaban parte integrante de su vida, igual que la amargura de la humillación, igual que la fealdad que nos rodeaba por todas partes, igual que ese condenado destino que nos había entregado, atados de pies y manos, a estas ruinas innominables.

Jalil es con el que menos afinidades tiene Yashin: nos pasábamos la vida peleándonos en el campo. Y, a veces, fuera del campo. Jalil es defensa en el equipo  y Yashin el portero por lo cual necesita del buen hacer de Jalil: tengo empeño en rendir público homenaje a ese muchacho de talento. El motivo de sus peleas quizá fuera que Jalil no había nacido en Sidi Moumen y por ese motivo los mira por encima del hombro, aunque Yashin piensa que debía de ser más desdichado que la mayoría de los granujas de la zona. Nacer entre el barro es más tolerable que verse en él sin remedio ya con cierta edad […] era indudable que tuvo que padecer esa caída. Las callejas más sórdidas de la medina valen mucho más que nuestro poblado de chabolas. El milagro de Sidi Moumen es que todo aquel que fracasa en la ciudad o viene de una pobreza mayor que la del poblado de chabolas se adapta con gran facilidad a su nueva vida en la barriada: se meten en el molde de una derrota resignada, se acostumbran a la mugre, echan por la borda la dignidad, aprenden el arte de la chapuza y a remendar la existencia […] Ahí están y sueñan. Saben que anda rondando la de la guadaña y que se mete primero con los que han dejado de soñar. Pero ellos no tienen intención de morirse. Se apiñan hombro con hombro, se apoyan. Jalil acaba adaptándose a su nueva vida y los demás le aceptan. Deja de ir a la escuela y se hace limpiabotas. Es el único que va a la ciudad y, cuando están todos reunidos en el refugio, les cuenta sus andanzas. Una ciudad que los demás no conocen. El otro lado. La otra vida soñada.

Ya conocemos a la pandilla, a los protagonistas de esta historia. Son una familia: si uno de nosotros se encontraba con un marrón, los demás se presentaban como un solo hombre para sacarlo del apuro. Se apoyan, se quieren, comparten su vida, el fútbol, las peleas, las risas, los sueños. Tienen su refugio para reunirse y dar rienda suelta a la alegría a través de los porros, la música y el baile. Nabil siempre se lanza a bailar imitando a su madre. Al bello Nabil de pelo castaño ensortijado, piel blanca y ojos claros lo arrastraba una ola poderosa y secreta. Una noche, después de ganar un partido a su mayor rival, van todos a celebrarlo al refugio: porros, café, alcohol, música y Nabil eufórico contoneándose: estábamos en un mundo irreal, lejos de la basura y de la mugre, lejos de la miseria y de los fantasmas que rondan por ella. Lo único que contaba era esa sensación de ser invencibles en que estábamos sumergidos todos. Éramos los reyes del mundo. Borrachos, bebiéndonos las nubes, dando palmadas y vociferando de dicha. Nabil giraba tanto sobre sí mismo que la gandura se inflaba. Echaba miradas provocativas y daba más y más vueltas. Luego, igual que un paracaidista en el centro de su tela, se desplomó y cayó al suelo desmayado. Habría podido jurarse que un ángel enamorado y celoso había intrigado para que ocurriera esa caída.

Lo que ocurre a partir de ahí es que todos, empezando por Hamid, van a violar al inconsciente Nabil. Sólo Yashin está escandalizado: yo me había vuelto para no ver ese espectáculo desolador del que no oía sino jadeos mezclados con las canciones de Nass el Ghiwan. Cuando le toca el turno en vez de salir corriendo de ese lugar maldito del que se había adueñado Satanás se queda dudando porque teme que le tomen por un marica (¡!) y se acerca a Nabil sudando y llorando. Le salva que éste se despierta en ese momento. Todos se van avergonzados mientras Yashin le baja con delicadeza los faldones de la gandura. Respecto a este tema, os transcribo las palabras de Mahi Binebine en una entrevista concedida a “La Razón”: Tenemos una cultura en la que las mujeres deben permanecer vírgenes, a pesar que estamos en 2015. Todavía hay mujeres que pueden ser repudiadas si el día de su matrimonio se descubre que no son vírgenes. El resultado es que las familias protegen mucho a las niñas. Eso ya no sucede tanto en las grandes ciudades, pero en el campo y en los barrios de chabolas sí es una costumbre muy arraigada. Así que los chicos se las apañan entre ellos como pueden, y a lo mejor las chicas también, quién sabe. Introduje el elemento sexual en la historia porque me gusta meter el dedo en todo aquello que no sea tabú y decir: “No es tan grave”.

A continuación viene un “flashforward” o prolepsis en el que vamos a asistir al entierro de Yashin visto por él mismo: una muerte casi sin cadáver, porque el mío lo recogieron con cucharilla. Lo irónico es que enterraron conmigo unos restos de Jalil […] Henos aquí reposando juntos en el mismo cuadrilátero, a la sombra de un azufaifo, al fondo del cementerio,  nosotros que nos llevábamos tan mal. No nos ha correspondido plegaria alguna porque en las tumbas de los suicidas no se reza. Aún estoy viendo a mi padre, a mis hermanos y a los más arrojados de las Estrellas de Sidi Moumen alrededor del agujero donde acababan de meterme. Yemma, o más bien lo que quedaba de ella, que ha desaparecido el día que le comunican la carnicería que mi hermano Hamid, yo y otros terroristas habíamos hecho en la ciudad; las decenas de muertes inocentes, los considerables daños materiales, el pánico en todo el país, aparece en el cementerio. Ese ser andrajoso que andaba descalzo por el paseo invadido por zarzas, despeinado, con la mirada ida, allí en medio del recinto, era desde luego mi buena y anciana madre. Venía a despedirse de nosotros. Transgrede la tradición inmutable de que las mujeres no entren en el cementerio los días de entierro. Se hace un silencio inmenso y todo el gentío se abre para dejarla pasar hasta el borde de la tumba de su hijo Yashin mientras masculla un versículo del Corán. Así fue como una mujercilla de nada, que algunos tomaban por loca, consiguió imponer a los hombres un entierro digno para sus hijos. Sobrecogedor todo el capítulo.

No, no hubo solo momentos sombríos en Sidi Moumen. También me correspondió mi parte de felicidad. Una prueba: mi historia de amor con Ghizlane, la hermana pequeña de Fuad. Con esta hermosa historia termina la primera parte en que he dividido la lectura. Si existió algo por lo que habría renunciado al “adiós”, ese algo era desde luego mi amor por Ghizlane. Y pensar que se podrían haber ahorrado varias vidas si ella me hubiera retenido. La mía para empezar, y luego las de los demás; esos a quienes no conocía y me llevé en el morral, igual que un cazador furtivo […] En vida, no habría sabido describirla como ahora. No me enseñaron palabras para nombrar la belleza de los seres y de las cosas, la sensualidad y la armonía que los ensalzan. Y resulta que este fantasma enamorado que soy ahora siente la necesidad fútil de explayarse. De contar por fin esta historia que rumia mi pensamiento desde el día de mi muerte. Os dejo a vosotros que os explayéis como Yashin sobre Ghizlane, esta sensible, risueña y profunda muchacha y su incipiente y truncada historia de amor.

Plazos

Ahora sí ya es hora de vuestros comentarios sobre esta primera parte y sólo sobre ésta 😉 Disponéis de una semana para comentar todo lo que consideréis interesante. ¡Espero que sean muchos los comentarios! La novela lo merece, desde los personajes, sus vidas, la barriada, la voz narrativa, el estilo, los acontecimientos que se suceden… A la vez que comentamos seguiremos leyendo la novela desde el capítulo 10 (pág. 85) hasta el final de la novela.

 

Los caballos de Dios: una novela necesaria

18 Mar
Étoiles

Étoiles. Foto en flickr de DocChewbacca. Algunos derechos reservados.

El título original de Los caballos de Dios es “Les Étoiles de Sidi Moumen”, Las Estrellas de Sidi Moumen, el nombre de un equipo de fútbol que han montado un grupo de chavales en su barriada a las afueras de Casablanca para no morirse de asco. Yashin, Hamid, Nabil, Fuad, Ali y Jalil son los protagonistas de esta historia de ficción total y realidad total en palabras de su autor, Mahi Binebine. La realidad es que el 16 de mayo de 2003 se produjeron en Casablanca varios atentados en los que murieron 45 personas, entre ellos 12 de los 14 terroristas suicidas que los provocaron, y resultaron heridas cien personas. El mayor atentado yihadista ocurrido hasta la fecha en Marruecos. Estos muchachos, entre 20 y 23 años, en conexión con Al Qaeda, hicieron estallar los cinturones de explosivos que portaban en diversos puntos de la ciudad.

La ficción nos narra la vida de seis de estos chicos en el inmenso barrio de chabolas de Sidi Moumen donde se hacinan cerca de 300.000 personas. Un poblado que rodea a un basurero del que sacan el sustento sus habitantes con muy pocas o ninguna posibilidad de salir de la extrema miseria en la que viven. Un infierno en la tierra. El camino que recorren estos chicos desde su pobre vida hasta el momento en que entran en relación con el fundamentalismo islámico y deciden entregar su vida para ir a un supuesto Paraíso es lo que nos va contar este libro. Los caballos de Dios (nombre que da la imaginería yihadista a los fieles que hacen de bombas humanas) va más allá de la literatura con la intención de remover nuestra conciencia. Binebine consigue que vivamos una historia desde el interior de los acontecimientos que narra, que miremos de frente al conflicto que en ella se expone. En palabras del poeta Luis García Montero: la buena literatura nos enseña a conocer la vida por dentro. Esta novela abre un mundo que suele quedar escondido al otro lado de las noticias.

La voz narrativa va a ser la de Yashin. Y lo original del planteamiento es que el joven nos habla desde un lugar indeterminado de un limbo en el que habita después de su muerte que no tiene nada que ver con el Paraíso que le han prometido los yihadistas. Yashin se dirige a nosotros, los lectores, apelándonos incluso a veces. Nos habla de su vida en Sidi Moumen, de su familia, de sus amigos, de su terrible realidad llena de violencia. En su vida no hay metas, no hay esperanza, no hay salida. Sólo el fútbol como desahogo, la amistad, la fugaz visita del amor, la rabia y la alegría muchas veces provocada por el hachís o el alcohol. Al fin y al cabo son jóvenes que quieren disfrutar a pesar de todo: a veces fui feliz entre esos escombros repugnantes. No tienen nada que perder, sólo esperar un milagro. Inolvidables personajes olvidados en esa cloaca que les configura. La voz poética de Yashin dulcifica, eleva a las alturas el dolor y la dureza del mundo que le rodea. Es tan poética como terrible porque nos va a contar todo con un realismo extremo que, increíblemente, y ahí radica la maestría del autor, no nos hace daño porque hay humanidad, mucha, y humor y delicadeza y serenidad en su manera de narrar. Binebine cuenta que le costó encontrar la voz narrativa adecuada ya que esos muchachos carecían de la mínima cultura y formación, hasta que se le ocurrió que fuera la voz de un muerto que habla desde otro lugar y con otra perspectiva: una conciencia: es decir, la sosegada resultante de una miríada de pensamientos lúcidos. No aquellos, oscuros y raquíticos, que jalonaron mi breve existencia, sino pensamientos de facetas infinitas, irisadas, cegadoras a veces. Pura poesía en la voz de Yashin como ya comprobamos en el primer capítulo. Yo pongo poesía para hacer que los mensajes lleguen, afirma Binebine.

Entre 2003 y 2004 estuve muchas veces allí. También entrevisté a las familias de los kamikazes y hablé con ellos sobre lo que sentían. A Mahi Binebine le resultó muy difícil acertar con el tono adecuado que presentara a unas personas que habían cometido semejante atrocidad como víctimas. No se trataba de justificarlas. Paró varias veces y se cuestionó incluso dejar la historia. Finalmente consiguió un tono de neutralidad, no maniqueísta, humano, en el que sólo se intenta entender. Ir a los orígenes para encontrar respuestas a tamaña monstruosidad o, por lo menos, para hacerse las preguntas adecuadas. Estos muchachos son carne de cañón, un objetivo fácil de manipulación porque no tienen nada, son muy jóvenes y además no tienen ninguna formación. Así que, inteligentemente utilizados por los yihadistas, les hacen creer que dirigidos por un mandato divino pueden alcanzar el Paraíso. Son los elegidos, los caballos de Dios. Por fin pueden ser algo en la vida y servir para algo: ¿Quién no va a querer ir al Paraíso si vive en el infierno? Una terrible realidad los convierte en monstruos, en máquinas de matar (aprendemos cómo se fabrica un terrorista suicida) y mueren junto a sus víctimas sin saber que ellos también lo son. Los verdaderos culpables son los que los incitan a ello, las mafias del yihadismo. Asistimos desde su interior a la escalofriante mezcla de la inocencia de la juventud con los horrores del terrorismo.  Se necesitan apenas dos años para crear una bomba humana.

La calidad narrativa de Mahi Binebine es evidente. Lo comprobaréis ya desde el mismo inicio de la lectura. Posee una pluma elegante, precisa, certera, poética y valiente que no evita ningún tema por escabroso que sea. Asimismo, su prosa, rica en matices, es capaz de mostrarnos con todo su colorido ese pútrido lugar. Lo llena de vida, verdad, inocencia y humanidad.

Leyendo este libro he recordado al escritor Mohammed Chukri, según algunos el más grande escritor de Marruecos, que encontró en la literatura la salvación a una infancia y juventud también llena de pobreza, abandono, violencia y cárcel. Asimismo, os recomiendo la magnífica novela de temática similar “Calle de los ladrones” del escritor francés Mathias Énard, premio Goncourt 2015 con Brújula. En este caso está más enfocada a esos chicos que se van del país buscando una vida mejor.  Binebine cree que además de las mafias religiosas (que nada tienen que ver con la religión), también el Estado marroquí es responsable ya que no hace nada por mejorar la vida de los habitantes de las numerosas barriadas de chabolas que existen en los extrarradios de las ciudades, simplemente los abandona a su suerte en lugares donde no existen ni escuelas, ni médicos, ni alcantarillado, ni agua corriente… La mayoría no sale nunca de ellas viviendo olvidados por todos. Para Binebine hay una relación directa entre el origen de miseria de estos muchachos y su destino final como terroristas suicidas. Según el escritor, son la pobreza y la falta de futuro una de las razones que les arrojan en manos de los yihadistas (que les tratan bien, que les dan de todo, incluso hasta cariño), y no tanto unas convicciones religiosas o un odio que muchas veces no poseen. Y como dice el escritor Isaac Rosa: si de la periferia europea salen yihadistas, ¿qué podemos esperar de los barrios más miserables del norte de África, donde el único horizonte es emigrar precisamente a esos mismo guetos europeos?

Por este motivo y porque está convencido de que sólo a través de la educación y la cultura se puede frenar el radicalismo islámico, decidió crear, junto al cineasta Nabil Ayouch, un centro cultural en Sidi Moumen llamado igual que el libro, “Les Étoiles de Sidi Moumen” (era hora de devolver a la gente de Sidi Moumen todo lo que habíamos ganado) y tienen planeado hacer lo mismo en otros barrios pobres del país. Es muy grande, cerca de 2.000 metros cuadrados. En él se proyectan películas, se organizan exposiciones, talleres de música, hay una biblioteca con miles de libros, salas de baile y una sala de ordenadores. Tienen también una página en Facebook llamada “Centre culturel Les Étoiles de Sidi Moumen”. Hay que ayudar en el lugar de origen, para que se desarrolle, e impedir la emigración desesperada y evitar, asimismo, que estos chicos caigan en las redes de los extremistas que han sido, hasta ahora, los únicos que han sabido aprovecharse inteligentemente de la desesperación y la extrema pobreza de millones de personas. Estamos haciendo el trabajo que el Estado no hace. Tienen unos cuatrocientos jóvenes inscritos y asisten normalmente sobre 1.000.

En una entrevista concedida a Culturamas en noviembre de 2015, Mahi Binebine nos habla de cómo es ahora Sidi Moumen: el Estado ha tomado consciencia de que el islamismo radical es un peligro y ha decidido acabar con estas barriadas, que es algo que debería haber hecho hace cuarenta años. Está destruyéndolas poco a poco para reemplazarlas pro edificios de realojo. Los vecinos no aceptan estas casas y lo que hacen es alquilarlas para construir otra barriada en una zona más alejada. Es algo muy difícil de erradicar. Creo que llevará unos veinte o treinta años hasta que puedan acabar con ellas realmente. Y ese fallo de crear zonas de recolocación es un error repetido de lo que sucedió en Europa porque al final hacinamos a gente en estos edificios, la olvidamos durante treinta años, y un día nos encontramos con que hay un montón de gente, de múltiples nacionalidades, que han sido marginadas y termina por convertirse en un gueto. Es un grave problema. Yo creo que hay que crear barrios sociales y ligarlos siempre a la sociedad y a la ciudad. Sobre el barrio de Sidi Moumen he encontrado dos reportajes muy interesantes de fechas distintas. Uno, “Las bombas humanas del celuloide marroquí”, es de febrero de 2012 publicado en “El Mundo”. El otro, de diciembre de 2016, es un reportaje de Isabel Ramos Rioja publicado en “La Vanguardia” titulado “El atentado que cambió un barrio”.

Los caballos de Dios obtuvo el Premio de Novela Árabe en 2010 y ha sido llevada al cine. La película, también titulada Los caballos de Dios, dirigida por Nabil Ayouch, ganó La Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid en 2012 y el Premio François-Chalais del Festival de Cannes. Binebine, amigo de Ayouch, considera que en Marruecos se lee muy poco y en lugares como Sidi Moumen aún menos. La película es mucho más eficaz. Os la recomiendo ya que es muy buena pero mucho más dura que la novela que con su estilo poético y con humor pone distancia. La imagen siempre impacta más. Creo que ambas se complementan.

Mahi Binebine es, además de novelista, pintor y escultor. Algunas de sus obras forman parte de la colección permanente del Museo Guggenheim de Nueva York. Vivió en esta ciudad así como en París, donde también estudio Matemáticas. Regresó a Marruecos en 2002 porque me encontré con Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y me dije: tengo tres hijas y no quiero que crezcan en un país racista. De lo que se encuentra a su regreso nace Los caballos de Dios. Os dejo un enlace para que podáis acercaros a su obra como artista plástico.

Asimismo, os dejo enlaces a cuatro entrevistas a Mahi Binebine realizadas en 2015 cuando se publicó en España la novela: “El terrorismo como salida a la miseria”El País. “Comencé a pensar que en su situación yo también podría haber sido una presa fácil para el yihadismo”Culturamas. “Los islamistas son los hijos de las dictaduras que hemos vivido en los países árabes”ABC. “Me gusta meter el dedo en todo aquello que sea tabú”La Razón.

Por último, aquí van dos enlaces a dos entrevistas de audio al autor. Una en el programa “Libros de arena” de Radio 5. Y otra en el programa “Hoy empieza todo” de Radio 3.

Plazos

Aunque la novela no es muy larga, vamos a dividir la lectura en dos partes para poderla comentar con más profundidad. Leeremos a lo largo de una semana hasta el final del capítulo 9 (pág. 84).

Os reitero lo de siempre, sobre todo a los nuevos: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o los personajes, o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis, ni esta parte ni mucho menos en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella en dicho post. Debéis respetar los plazos de lectura y dejar vuestros comentarios en los post respectivos a cada parte. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: LOS CABALLOS DE DIOS de MAHI BINEBINE

9 Mar

Portada de la novela “Los caballos de Dios” de Mahi Binebine. Editorial Alfaguara.

Nos vamos a Marruecos de la mano del escritor Mahi Binebine (Marrakech, 1959) con su novela más exitosa, un auténtico best-seller en Francia, Los caballos de Dios (2010). La narración está basada en la historia real de los jóvenes autores de los atentados que sacudieron Casablanca en 2003. Estos chicos han crecido en Sidi Moumen, una barriada de chabolas a las afueras de Casablanca. Un infierno terrenal que huele al vertedero que los muchachos han transformado en campo de fútbol. Vamos a conocer cómo es su vida y qué es lo que les conduce a convertirse en terroristas suicidas.

Un libro de una gran delicadeza. Un escritor de enorme talento. Su maestría queda patente en la neutralidad y humanidad con que retrata a los jóvenes de Sidi Moumen. Marc Dugain, “Le Figaro littéraire”.

Una novela que resulta imprescindible en estos tiempos en que el yihadismo monopoliza el terror del mundo occidental. Es de un realismo escalofriante. Jordi Soler, “El País”.

Binebine nos pasea por todos los rincones de Sidi Moumen y nos descubre un mundo rico en colores, sabores y olores. Una hermosa historia narrada por una pluma elegante y alejada de todo maniqueísmo. E. Flory, “Le Magazine des livres”.

A partir de mañana viernes 10 podéis pasar ya a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Disponéis de una semana para ello. Los que vivís fuera también contáis con una semana para conseguir el libro editado por Alfaguara.

Nos encontraremos aquí en dicho plazo para empezar a leer Los caballos de Dios. Espero que os agrade la elección. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Benjamin Black, podéis hacerlo a lo largo de estos días.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de El otro nombre de Laura. Gracias.