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La paciencia salva la vida

24 May

Torino 8. Foto en flickr de gatogrunge. Algunos derechos reservados.

Esta segunda parte de nuestra lectura nos va a llevar a través de tres países: Turquía, Grecia e Italia, final del viaje de Enaiat. Las estancias en Turquía y Grecia serán mucho más cortas que las precedentes. En Turquía y Grecia no hay apenas trabajo y la presión de la policía es grande. Enaiat no encuentra en ellos su lugar, y, como se ha hecho mayor y más sabio gracias a las experiencias vividas, abandona estos países en cuanto se da cuenta de que no quiere estar en ellos. Enaiat va vivir la parte más dura del viaje, y nosotros con él: había quien se quedaba congelado en las montañas, quien moría a manos de los policías de la frontera, quien se ahogaba en el mar entre las costas de Turquía y las de Grecia. Su paso de Irán a Turquía por las montañas, veintiséis días caminando de noche en grupo (setenta y siete personas) en condiciones extremas de frío, cansancio, peligro, hambre… en el que muchos quedarán por el camino donde otros ya habían quedado antes (estaban sentadas para siempre. Estaban congeladas. Estaban muertas), para después viajar hasta Estambul durante tres días infernales en un doble fondo de un camión de cincuenta centímetros de ancho, a oscuras, encogidos, sin moverse, sin comer, sin poder orinar… algo absolutamente inhumano: a partir de cierto momento, dejé de existir; dejé de contar los segundos, de imaginar la llegada. Lloraban los pensamientos y los músculos. Lloraban el entumecimiento y los huesos. Olores. Recuerdo los olores: meados y sudor. Gritos. Pero las penurias todavía no han terminado y vivirá una travesía por mar, con cuatro niños más menores que él, en un pequeño bote salvavidas desde las costas de Turquía a la isla griega de Mitilene (no pensábamos en los peligros de la travesía. La muerte es siempre un pensamiento lejano, incluso cuando las sientes cerca. Piensas que te las arreglarás, y tus amigos también). Es milagroso que puedan llegar a su destino cuando ni siquiera saben remar y mucho menos nadar, y tienen tanto miedo que piensan incluso que en el mar hay cocodrilos. Uno de ellos caerá al mar y lo perderán (la muerte tan presente que ni siquiera pueden pararse a llorarla). Pero el afán de supervivencia, la resiliencia, la actitud positiva y la suerte, mucha suerte, acompañan a Ena hasta su destino final. El resto de los viajes, en tren, autobús o ferry, excepto uno escondido en un contenedor de un barco, serán más cómodos.

A pesar de todo lo terrible que es lo que vive Enaiat, hay lugar para descripciones plenas de belleza: el sol había conquistado cada rincón del cielo, el azul no era azul sino amarillo, las nubes doradas y sangrantes por las heridas que les hacían los montes. Donde las peñas machacan. Donde la nieve corta y ahoga, y liberación: me pareció que con la sangre fluía, de dentro de mí, todo el cansancio, la arena del desierto, el polvo de los caminos y la nieve de las montañas, la sal del mar y la cal de Isfahán, las piedras de Qom y los residuos de las cloacas de Quetta. Cuando la sangre dejó de salir, estaba bien, muy bien. Como nunca había estado.

Por el camino se encontrará con gente buena que le ayuda, como la anciana griega en Mitilene que le salva de un gran aprieto dándole comida, ropa decente y cincuenta euros para poder coger el ferry a Atenas: pensé que hay gente muy extraña y amable en el mundo. De nuevo, Fabio le replica ante su ausencia de explicaciones sobre esta mujer: me cuentas las cosas, Enaiat, pero inmediatamente te escapas a otro asunto. Dime algo de esa señora. Descríbeme su casa. Enaiat insiste en su visión de las cosas: a mí me interesa lo que pasó. La señora es importante por lo que hizo. No importa su nombre. No importa cómo era su casa. Ella es cualquiera. Cualquiera que se porte así. ¿Qué opináis sobre el punto de vista de Ena? A mí me llama la atención y no paro de buscarle una respuesta, como le pasa a Fabio. Más personas le ayudarán, una pareja de ciclistas y un chico, ya en Italia, y sus amigos reencontrados, increíblemente, en Grecia, Jamal, y en Italia, Payam (la manera en que localiza a éste es difícil de creer) y, sobre todo, en Turín, una familia le acogerá y podrá comenzar a tener una vida normal y, sobre todo, estudiar que es lo que más desea. Ellos, su familia de acogida, al contrario que la suya propia, sí tienen nombre (me apetece decir los nombres. No son nombres que me hagan sentir mal, al contrario): Danila, la madre, Marco, el padre, y Matteo y Francesco, los hijos. Ena se siente inmensamente feliz con ellos: espectacular. Espectacular aquel día. Espectaculares los días siguientes […] Era algo fantástico […] Que nos querríamos, bueno, eso lo entendí solo. Y es en Turín, por fin, donde encuentra su lugar de vida: ¿Cómo se encuentra un sitio para crecer, Enaiat? ¿Cómo se le distingue de los otros? Lo reconoces porque no sientes ganas de irte. No porque sea perfecto. No existen los sitios perfectos. Pero existen sitios donde, por lo menos, nadie intenta hacerte daño.

Así empezó. Mi segunda vida, quiero decir. Sólo le queda conseguir el permiso de residencia como refugiado político. Antes asiste a clases y aprende con una rapidez asombrosa: la lengua, los estudios de primaria y después comienza los de secundaria. Sus ansias de saber son infinitas. Hice amigos. Aprendí muchas cosas que me obligaron a mirar la vida con otros ojos, como cuando te pones unas gafas de sol con los cristales de colores. Cuando estudiaba higiene me dejaba pasmado lo que me decían, porque lo comparaba con mi pasado, con las condiciones en las que había vivido, con la comida que había comido, etcétera: me pregunté cómo era posible que todavía estuviera íntegro. Finalmente consigue, no sin dificultad y gracias a su inteligencia, el permiso de residencia. No es hasta que pasan tres años de su nueva vida en Italia que se decide a ponerse en contacto con su madre: podría haberla buscado antes, pero sólo después de haber obtenido el permiso de residencia, sólo después de haber recuperado hasta el fondo del tonel la serenidad necesaria, volví a pensar en ella, en mi hermano y en mi hermana. Los había borrado de mi memoria durante mucho tiempo. Y no por maldad ni nada parecido, sino porque antes de ocuparte de los demás tienes que encontrar la manera de estar bien contigo mismo. ¿Cómo puedes dar amor, si no amas tu vida?. Toda una lección de saber vivir la que nos da Enaiat. Se pone en contacto con amigos en Pakistán que van hasta Afganistán, la bondad de nuevo, y terminan por encontrar a su familia. El final, cuando Ena y su madre pueden hablar por teléfono después de ocho largos años es de una emoción que sólo el silencio puede explicar, el silencio de ellos que no pueden hablar, sólo llorar, y nuestro silencio, con un nudo en la garganta, mientras leemos las últimas palabras de este maravilloso libro: en ese momento supe que aún estaba viva y quizá, ahí, me di cuenta por primera vez de que también lo estaba yo. No sé bien cómo. Pero también lo estaba yo.

Plazos

Terminada la increíble historia de Enaiatollah Akbari, es hora de vuestros comentarios. Disponéis de una semana para comentar esta segunda parte y todo el libro en general. Espero que los comentarios sean muchos y muy variados como lo han sido los de la primera parte. No todos tenéis la misma opinión sobre el libro por lo que os pido que os deis la réplica los unos a los otros, como si estuvierais cara a cara, para hacer más vivo el debate. ¡Gracias!

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La esperanza de una vida mejor es más fuerte que cualquier sentimiento

19 May

Lahore to Quetta. Foto en flickr de . . . _ _ _ . . . Algunos derechos reservados.

Esta primera parte que vamos a leer comprende, en tiempo, casi la totalidad del viaje de Ena desde que sale de Afganistán, cuatro años y medio. Vivirá en Quetta (Pakistán) un año y medio y en Isfahán y Qom (Irán) tres años haciendo los más diversos trabajos para sobrevivir. En el primer capítulo dedicado a Afganistán sabremos a través de varios flashback los motivos por los cuales su madre decide que tiene que abandonar el país ya que su vida corre peligro de muerte. Comienza en Quetta cuando su madre le deja en el samavat Qgazi, una especie de hotel que Ena define como un almacén de cuerpos y almas; un depósito donde amontonarse en espera de ser empaquetados y expedidos a Irán o Afganistán, o quién sabe adónde; un lugar donde entrar en contacto con los traficantes de hombres. Su madre le da tres consejos: no tomar drogas, no usar armas (aunque sólo sea un cucharón) y no robar, y le habla de sueños y de que siempre hay que tener un deseo ante los ojos, como un burro una zanahoria, y es en el intento de satisfacer nuestros deseos donde encontramos la fuerza para volver a levantarnos, y que si un deseo, cualquiera que sea, se tiene, en alto, a un palmo de la frente, entonces vivir valdrá siempre la pena. Ena no es consciente de que su madre se está despidiendo. Sólo cuando se despierta y no la ve por ninguna parte, Rahim, el jefe del samavat, ante sus preguntas, se lo confirmará: en ese momento me quedé sin palabras. Quizá hubiera otras, adecuadas, pero yo no las conocía.

Ena vivía en Nava, en la provincia de Ghazni, con su madre y sus dos hermanos, una zona habitada sólo por hazara. A su padre lo mataron cuando el niño sólo tenía seis años. Los pastunes lo obligaron a ir a Irán y volver con el camión, a recoger productos que luego vendían en sus comercios. Si no lo hacía, matarían a su familia. Unos bandidos asaltaron su camión, lo robaron y lo mataron. Los pastunes les dijeron que tenían que pagar la mercancía perdida o si no se llevarían a mi hermano y a mí para utilizarnos como esclavos. Su madre los escondía en un hoyo hasta que Ena se hizo mayor y ya casi no cabía en él. Entonces decidió, sin Ena saberlo, que tenía que salir del país. Sólo tenía diez años. A Ena la vida en Nava le gustaba mucho pero sobre todo le gustaba la escuela. Pero los talibanes la cerraron porque iba contra la voluntad de Dios y mataron al maestro, delante de los niños, que con mucha educación se había enfrenado a ellos. La vida, sin escuela, es como la ceniza.

En su huida caminan durante tres noches hasta Kandahar con mucho peligro pues contaban que, por esa zona, a los hazara de paso como nosotros los cogían los talibanes y los arrojaban vivos a un pozo profundísimo o se los echaban de comer a los perros vagabundos. En Kandahar encuentran a un hombre que los llevará a Pakistán en un camión. Un viaje largo a través de las montañas hasta llegar a Quetta. Una vez que la madre se va, Ena piensa que tenía que pensar, y que pensar que hay que pensar, como decía siempre mi maestro, es ya algo grande. Pero no había pensamientos dentro de mi cabeza, sólo una luz que sepultaba todo y no me dejaba ver nada, como cuando miras el sol.

Todo el relato está contado de una manera muy sutil e incluso poética, esa extraordinaria delicadeza que dicen que es una característica muy afgana.

Ya en Pakistán y abandonado a su suerte, Ena reacciona pronto y decide que tiene que trabajar y evitar que se aprovechen de él. Primero lo hará en el samavat pues le da miedo salir a la calle. Rahim, el encargado, apiadado, le ofrece comida y techo a cambio de hacer cualquier cosa que él le mande. El trabajo es un infierno, no para de hacer cosas que no sabe ni hacer, pero el chico tiene recursos, es fuerte y no se deja asaltar por los recuerdos ni por las comparaciones con su casa: antes de asustarme demasiado, con las manos disolví la comparación en el aire. Ena es listo y procura mantenerse al margen de cualquier problema. Debido a esto su estatus en el samavat asciende y empieza a llevar el chay a las tiendas, un trabajo mucho más agradable. Ena es siempre positivo y ve en todos sus avances un motivo de contento. Todos los días cuando pasa por delante de un colegio espera al recreo: las puertas se abrían de par en par y los niños salían gritando y corriendo a jugar en el patio. Mientras ellos jugaban, yo gritaba dentro de mí y jugaba llamando a mis amigos de Nava. Sólo quiere oírlos para poder dejar correr su fantasía y transformar su realidad. Es su manera de seguir siendo un niño y no olvidar cómo era su vida antes, sin que ésta le haga daño. Pero, en general, la vida de Enaiat está centrada en el trabajo, siempre duro y difícil, en sobrevivir aceptando la suerte que le ha tocado. No hay ni sombra de lamentación ni pena.

Supongo que os habrá pasado que leyendo este libro habréis comparado su vida con la que llevamos aquí nosotros y nuestros hijos. Un abismo. Es difícil desde la comodidad del primer mundo ponernos en la piel de Enaiat y quizá poder entenderlo. ¿No piensa en su madre? ¿No llora? ¿No tiene miedo? Creo que cuando ya has nacido en un lugar difícil y la vida te lo va poniendo cada vez más difícil, no hay lugar para la queja y al miedo lo manejas como puedes, aunque seas un niño (nunca tengo miedo, Enaiat, dijo. Y siempre tengo miedo. Ya no sé distinguir una cosa de la otra). La mera supervivencia, los trabajos de sol a sol, trabajar, comer y dormir, apenas descansar, todo ello creo que te impide pensar en nada, te anestesia, estás demasiado cansado y acaba convirtiéndose en un recurso a tu favor para seguir hacia adelante, eso sí, siempre con un deseo en tu mente que es el que te mueve a continuar. Aceptas tu realidad, no te queda otra, e, incluso, encuentras en ella momentos de alegría. Llevas en tu corazón a todo lo que amas, como en un cofrecito sagrado, pero no lo abres pues si no quizás las fuerzas te abandonen y eso no te lo puedes permitir. La supervivencia de nuevo.

A los seis meses de estar en Quetta, un propietario de un comercio que siempre le trata bien le ofrece ser vendedor ambulante como otros niños y poder ganar un dinero. Lo más importante es intentar que no le roben. Conoce a otros niños hazara, entre ellos a Sufi, que se convierte en su primer amigo. A Ena no le gusta este trabajo: no me gustaba molestar. No me gustaba que me trataran mal. Pero todos (incluido yo) tenemos mucho interés en vivir, y por vivir estamos dispuestos a hacer cosas que no nos gustan. Finalmente Enaiat, después de muchos meses, acaba cansándose. Está harto de que los fundamentalistas o los policías le roben o le peguen, está harto de arriesgar la vida en los atentados de los extremistas que también suceden allí. Y decide irse a Irán pues ha oído que en este país las cosas están mejor que en Pakistán, que hay mucho más trabajo y además son chiítas como él. Sufi decide irse con Ena y Rahim les pone en contacto con un traficante de hombres que será el que les lleve a Irán y les encuentre un trabajo pero, como no tienen apenas dinero, tendrán que pagarle a él sus cuatro primeros sueldos. Ena está conforme pues la perspectiva de tener trabajo al llegar es lo que más le agrada. Entiende las razones del traficante, de alguna manera es su aliado y, más adelante, cumplirá su palabra. O sea, que es un traficante “legal”. Casi todos con los que se encuentre en su viaje lo van a ser. Y será gracias a ellos que podrá cruzar las fronteras de todos los países. Así está montado el negocio. Pero sabemos que, desgraciadamente, no en todos los casos es de esa manera, sino todo lo contrario.

En uno de los diálogos con Fabio que salpican el libro, éste le pide que le cuente sobre los lugares y las personas que ama pero Ena le contesta: no quiero hablar de ellos, ni siquiera de los lugares. No son importantes. Lo importante son los hechos. Lo importante es la historia. Lo que te cambia la vida es lo que te pasa, no dónde ni con quién. Esto explica el porqué en el libro los hechos es casi lo único que se cuenta, pero ¿qué opináis de estas palabras? ¿Creéis que Ena esconde sus sentimientos detrás de esta actitud?

El viaje a Irán, excepto en un tramo, es bastante cómodo y al llegar Enaiat cae muy enfermo. Le cuidan y le medican como pueden y él presa de delirios por la fiebre sí que recuerda su pueblo, la nieve, la mano de su madre, a su maestro… Están dentro de él y el descanso mezclado con la enfermedad le conceden una tregua a tanto trabajo y, claro, se cuelan los sentimientos. En Irán pasará tres años en las ciudades de Isfahán y Qom trabajando primero en la construcción de casas y después en una cantera. Son trabajos duros, de muchísimas horas, sólo tienen medio día libre a la semana, son todos trabajadores ilegales, clandestinos, que apenas salen del lugar de trabajo (La obra era un mundo. La obra era el sistema solar) por miedo a ser detenidos y por lo tanto repatriados o, lo que es peor, enviados a una especie de campos de concentración (lugares sin esperanza), Telisia y Sang Safid, de los que corren historias terribles. Todos los temen. Pero Ena es relativamente feliz, juega al fútbol en la tarde libre con otros niños y se lleva bien con todos, además gana dinero.

Sufi se va antes a Qom y Enaiat le echa de menos, está triste: de la ausencia de una persona te das cuenta por las pequeñas cosas […] Cuando no tienes familia, los amigos lo son todo. Estando allí presencia en una televisión los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas: en una canal había una película con torres que se derrumbaban. Luego sabrá lo que ha sido en realidad, se da cuenta de la gravedad pero para él es más grave no estar con Sufi. Ena está contento a las afueras de Isfahán construyendo casas, además se atreve a salir y conoce a la gente del pueblo que es muy amable: casi pensaba que aquél podía ser un lugar donde vivir para siempre. Un lugar al que por fin llamar casa.

Pero entonces le detienen y le repatrian a Herat, en Afganistán, lo cual no es ningún problema porque Herat está llena de traficantes a la espera de repatriados. Casi no tienes tiempo de dejarte apalear por la policía, cuando inmediatamente te cogen y te llevan de nuevo a Irán. Incluso si no llevas dinero, puedes pagarles más tarde. Está claro que hay un negocio corrupto (muchos policías eran corruptos, por suerte) montado entre los traficantes y la policía en el que todos sacan tajada. Terrible. Pero bueno para Ena que vuelve a Irán, esta vez a Qom, con Safi, a trabajar la piedra. Esta ciudad, de un millón de habitantes, está llena de fábricas de piedras. El trabajo es durísimo: estar bien y evitar ponerse enfermo – como suele gustarle a la gente – era difícil, y no sólo estar bien, incluso seguir vivo era difícil. O entero. Enaiat sufre un accidente terrible cuando una piedra le cae encima del pie. La herida es tan profunda que se le ve hasta el hueso. Pero le hacen terminar el trabajo mientras se desangra porque aquella piedra era importantísima. Cosas así tan duras nos las cuenta como lo más normal mientras nosotros, lectores cómodamente sentados en nuestros sillones, nos estremecemos al leerlas.

¿Os imagináis pasar por algo así? No, es imposible, pero hay millones de personas que sí pasan por esto, que esta es su vida o su muerte. ¿Y nos importa realmente? Lo vemos en las noticias un día sí y otro también pero seguimos con nuestras vidas. Por no tener no tienen ni nombre, sólo son números. Recuerdo alguna escena de inmigrantes supervivientes de un naufragio llegando a las playas del sur de España mientras bañistas en sus toallas ni los miraban… No los tenemos tan lejos, están aquí, en el Mediterráneo, muriendo a centenares, en la valla de Melilla (la famosa foto de la valla en la que están a lomos un puñado de inmigrantes mientras al lado hay un impecable campo de golf donde juegan unas personas ajenas a ellos. Supongo que la habéis visto. Fue hace poco y acaba de ganar un premio importante). ¿Y? Me gustaría que comentarais sobre este tema. La vida de Enaiat nos permite conocer más de cerca a aquellos que son sólo números. Y eso es importante, muy importante.

Dejamos a Enaiat sufriendo una segunda repatriación mucho más dura con los policías disparando sobre ellos mientras intentan huir: cuando dejé de correr porque ya estaba lo bastante lejos, pensé en irme. No quería volver a tener miedo, no. Fue en aquel momento cuando decidí que iba a intentar llegar a Turquía.

Plazos
Comentaremos esta primera parte de la lectura a lo largo de una semana más o menos. Mientras, proseguiremos con el libro a partir del capítulo Turquía (pág. 101) hasta el final de la novela. ¡Espero que vuestros comentarios sean muy numerosos!

En el mar hay cocodrilos. La historia de Enaiatollah Akbari: valor y supervivencia

11 May

Fabio Geda. Foto en flickr de Biblioteca Fondazione Mach. Algunos derechos reservados.

Este es un libro diferente. Para empezar no es una novela, no es ficción, es pura realidad. Es la historia de un viaje muy peculiar. Cinco años en la vida de un niño aparentemente contados por él mismo. Pero hay un intermediario, el escritor Fabio Geda, a quién Enaiatollah Akbari le narra su historia (y también Enaiat en muchas ocasiones parece dialogar con los lectores, se dirige a ellos). Fabio escribe la historia que Enaiat le cuenta (nueve meses de grabaciones y borradores: quedábamos y Ena empezaba a contarme. Yo escribía y luego le pasaba el texto. Y poco a poco se iba acordando de más detalles). Y lo hace como si fuese el mismo niño el que la escribiera. De vez en cuando hay pequeños incisos donde el autor pregunta alguna duda que tiene sobre la historia o algún apunte que quiere hacer pero es una historia en primera persona. Consigue un estilo coloquial, ameno, como si se tratase de literatura oral. Pero debajo de esa aparente sencillez se esconde un libro escrito esmeradamente, está muy medido todo lo que cuenta y sobre todo cómo lo cuenta. Es un estilo muy depurado, muy trabajado aunque nuestra impresión sea la de fluidez. Ese es el gran logro de Fabio Geda. Ya por eso le considero un gran escritor y me apetece leer más cosas de él. En la escritura, y en la narración, hay realidad, toda, pero también poesía. Cuenta cosas a veces terribles pero no hay drama o sentimentalismo en su manera de contarlas, no se detiene en los detalles escabrosos, incluso hay ironía y humor (no se trata de literatura sentimental, no quería que la gente sintiera compasión, explica Enaiat). Va directo a los hechos, prescinde casi de las descripciones, de la caracterización de personajes, de los detalles (será el lector el que irá creando con su imaginación el escenario de los hechos), del entorno (no hay ni una alusión a la realidad política o religiosa de los países por los que pasa Enaiat) y, por supuesto, de los juicios de valor. Va a la esencia: a que conozcamos la historia de este muchacho afgano. La fuerza de esta novela radica en su propia historia, en su contenido. Una historia que se alza como símbolo de muchísimas otras, miles, que están pasando en el mundo que habitamos y a las que apenas prestamos atención cuando aparecen en las noticias. Historias que no tienen nombres. Y para ponerle nombre y toda la realidad Geda escribe este conmovedor y valiente libro.

Siento que hay un acuerdo entre Fabio y Ena para que el libro sea como es. Por supuesto que pienso que hay mucho de Ena en la manera en que el libro está escrito. Lo imagino contándole a Geda sus peripecias y en la esencia el libro es Enaiat. En una reseña del diario La Repubblica dice que la historia tiene una característica muy afgana: una extraordinaria delicadeza. En ningún momento sentimos rencor en las palabras del chico, ni odio, ni lamentación. Enaiat está completamente centrado en lograr salir adelante y encontrar un lugar para él. No olvidemos que cuando comienza la historia es un niño de diez años y cuando termina tiene quince. Pero, como dice Geda, es cuestión de resiliencia: la resiliencia es la capacidad de un material de doblarse sin partirse. Los niños la tienen mucho más que los adultos. Y este libro es la mirada de un niño.

La historia comienza cuando, en un gesto de amor desesperado, su madre le deja solo en la ciudad de Quetta (Pakistán) porque sabe que no hay otra alternativa para él. Estamos en 1999, los talibanes siembran el terror en Afganistán. Enaiat es hazara, el tercer grupo étnico del país (comprenden el 24% de la población), son musulmanes chiitas que están sometidos a la mayoría pastún, musulmanes sunitas, y a los talibanes, también sunitas y con una visión más radical de la religión. A los hazara los desprecian y los persiguen los talibanes por motivos religiosos y por cuestiones tan absurdas como que físicamente carecen de barba. Los consideran impuros. Su dicho es: “¡A los hazara, Goristán!” (“Gor” significa muerte). El gesto de su madre lo resume muy bien el propio Enaiat: una vez en Pakistán, ella decidió que saberme en peligro lejos de ella, pero de viaje hacia un futuro diferente, era mejor que saberme en peligro cerca de ella, pero en el fango del miedo siempre.

A partir de ese momento, Enaiat nos cuenta su asombroso relato de supervivencia a lo largo de cinco años y cinco países: Pakistán, Irán, Turquía, Grecia e Italia. Cada país constituye un capítulo del libro. Cada país es un paso en busca de una vida mejor. Ena es un niño increíblemente maduro (como todos los demás niños que vamos a conocer en su viaje), con gran valor y resistencia y también, hay que decirlo, con mucha suerte. Por el camino irá dejando atrás a otros que no tendrán su misma suerte y que seguramente son igual de valientes. En su viaje hay momentos muy duros y otros de una aparente tranquilidad. Enaiat nunca pierda la esperanza ni la calma, le mantiene con vida su búsqueda de un lugar en el mundo donde haya un espacio para él, un lugar amable donde él sienta que quiere quedarse y construir una vida. A lo largo de ese duro viaje conocerá a personas corruptas y crueles que se aprovecharán de su situación de desventaja pero también a otras personas buenas que le ayudarán mucho. Es muy interesante el concepto de amistad que se forma entre las personas que están en la misma situación que nuestro protagonista, sobre todo los chicos: se necesitan, viven juntos una temporada pero cuando uno decide irse, se despide y, sin más, se va. Son muy importantes esos lazos de amistad, son los que le mantienen con vida, pero, a la vez, la realidad se impone de una manera que a nosotros quizás nos cueste entender. Todos luchan por lo mismo, todos sobreviven lo mejor que pueden, todos maduran a marchas forzadas y, al final, se impone esa realidad tan dura y cada uno sigue su camino.

Un viaje de más de 5.000 kilómetros, en camión, autobús, tren, bote y hasta andando. Trabajos forzosos, detenciones, repatriaciones, muertes, condiciones dramáticas de viaje. Y al igual que hay gente buena, hay mafias que comercian con las vidas humanas, pero es interesante resaltar como Enaiat nunca habla de los traficantes de manera negativa, sino como gente que presta un servicio. En palabras de Fabio Geda: los traficantes de hombres. Aunque parezca monstruoso a nuestros ojos, a los ojos de un niño eran la única esperanza. Traficantes que no les cobran demasiado dinero, no les tratan mal y los llevan al otro lado. Sí, un oxímoron.

Bueno no cuento más del libro porque ya tendremos ocasión de hacerlo cuando lo analicemos a lo largo de nuestra lectura. Sólo deciros que este libro está editado en más de 30 países y sólo en Italia ha vendido más de 200.000 copias. Os dejo tres enlaces a tres entrevistas realizadas al autor y a Enaiat en los diarios El País, ABC y La Vanguardia.

Plazos
Vamos a dividir la lectura en dos partes, la primera nos llevará hasta la página 100 donde finaliza el capítulo de Irán. Lo leeremos a lo largo de una semana. Os pido que en este post sólo dejéis, como siempre, vuestros comentarios iniciales sobre la lectura o sobre lo que aquí he escrito. Ya tendremos tiempo de analizar esta primera parte cuando publique el post correspondiente a ella dentro de una semana. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: EN EL MAR HAY COCODRILOS de FABIO GEDA

29 Abr

Fabio Geda es un escritor italiano que ha trabajado durante muchos años ayudando a jóvenes conflictivos. En esta novela nos va a contar la historia real de Enaiatollah Akbari, un joven afgano con una vida más que difícil. Con diez años fue sacado del país por su madre ante la amenaza de los talibanes y abandonado a su suerte en Pakistán. A partir de ahí, comenzará un largo periplo a través de varios países camino al sueño de Occidente.

Un niño atrapado en los momentos dramáticos más importantes de nuestra historia reciente, en Oriente Medio y Occidente, en su búsqueda de un lugar donde crecer. El mundo está lleno de historias como ésta, y nunca tan actuales como ahora, de personas que tienen que huir de su país, sin nada, en las más terribles condiciones y este libro es un buen pretexto para acercarnos a estas vidas tan difíciles.

En la solapa del libro se puede ver una foto del autor con Enaiatollah. Por deseo de Geda, la mitad de la retribución por los derechos de autor del libro es para el joven afgano protagonista de la historia.
Un relato emocionante, lleno de encanto, verdad y magia. Vanity Fair ha dicho un libro bellísimo sobre la dignidad del ser humano y el coraje de sobrevivir.

A partir de mañana jueves 30 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña, disponéis de una semana para conseguir el libro editado por Áncora y Delfín.
No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Rosa candida. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer En el mar hay cocodrilos. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre Rosa candida, podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

Todas las palabras que surgen de mi pluma son besos de muerte

19 Dic

This is Beirut… Foto en flickr de Thomas Leuthard. Algunos derechos reservados.

Estamos ya en el duodécimo día, es martes, 1 de mayo y quedan cinco días para que finalice la novela. Fray Basile lleva a Adam al laberinto del convento y caminando por él sus pensamientos se desvanecen y una sola pregunta aflora en su mente: ¿Cuál es la razón verdadera de mi regreso a este país tan querido cuyo nombre temo escribir? La respuesta es enigmática: Sólo he vuelto para coger flores. Y se me ocurrió que ese gesto que consiste en coger un flor y añadirla al ramo que tienes ya en la mano e incluso estrechas contra el corazón es el gesto más hermoso y más cruel a un tiempo, porque rinde homenaje a la flor mientras la mata […] ¿Había aprensión, un sentimiento de culpabilidad unido a la revelación de tantas cosas íntimas relacionadas con mis amigos, mi país y mi propia persona? El memorialista es un traidor para los suyos o, al menos, un enterrador. Todas las palabras que surgen de mi pluma son besos de muerte. Palabras misteriosas y pesimistas. Quizá un presentimiento de lo que va a ocurrir más adelante. Pero, a la vez, Adam se encuentra en paz. Serenidad, humildad, deseo de silencio, sentirse invencible… todo eso es lo que siente en el laberinto.

Naím es el primero en llegar al país y el encuentro con Semi y Adam es fraternal. Naím es un hombre alegre, positivo y afable, quizá contagiado por el espíritu de Brasil, el país donde vive. Mientras cenan y brindan por la felicidad de verse nuevo juntos después de un cuarto de siglo, se cuentan sus vidas a lo largo de todos esos años. Bueno, sólo Semi y Naím hablan, pues Adam, con su reserva habitual, les deja explayarse mientras les escucha que es lo que siempre se le ha dado mejor. La timidez y el pudor siempre le han podido. Al día siguiente visitan la antigua casa de Naím mientras continúan conversando sobre sus vidas y otros temas como, de nuevo, las religiones o sus ideas de juventud. Ideas que contenían el deseo de cambiar la sociedad, algo que, visto lo ocurrido en el mundo, ven ahora pueril. Se han hecho adultos y ya no les quedan más sueños.

A instancias de sus amigos, Adam por fin cuenta su historia, visita a su casa de la infancia incluida. Adam era un niño feliz, hijo único que vivía con sus padres en una hermosa y elegante casa, no en vano su padre era arquitecto y su madre decoradora. Todo se trastocó cuando tenía doce años y medio. Hasta entonces, esa casa era para mí el centro del mundo. En agosto de 1970 sus padres mueren en un accidente de avión. Arruinado, y deshecho, tiene que vender la casa e irse a vivir con sus abuelos. Para el niño Adam este hecho tan traumático será el condicionante de toda su vida. Se convierte en una persona reservada y una idea se instala en su ser para no abandonarle jamás: cuando más feliz eres todo puede desaparecer en un instante, por lo que, en los momentos en que, ya adulto, la felicidad se instala en su vida, por ejemplo con una relación amorosa, tiene que destruir esa felicidad antes de que desaparezca. Porque Adam no concibe que esa felicidad pueda durar. Así quedó de marcado. Además no le cuenta a nadie lo ocurrido en su infancia. Es su manera de resguardarse del dolor, así como tampoco ha visitado esa casa hasta ese mismo día en que también abre su corazón a sus amigos. No voy a contaros historias de paraíso perdido, pero eso es exactamente lo que siento. Un paraíso del que me expulsaron como a nuestro antepasado, mi homónimo. Pero no por un pecado, por un accidente.

A continuación viene una larga historia en la que Adam les narra la peculiar relación que estableció, de los diez a los doce años, con una enigmática vecina. Una hermosa mujer rubia, viuda e iraquí. La pasión de ambos por los libros les une y para Adam fue su iniciadora sobre todo en la historia, la arqueología y las biografías. Una persona fundamental en su vida que le influye tanto como para hacerse historiador, pero, a mi parecer, el autor se extiende demasiado en esta historia que viene a romper y a trivializar la emoción e intensidad de lo narrado anteriormente por Adam sobre sus padres y su infancia. La historia en sí no es tan interesante y la alarga demasiado haciendo que se vuelvan a encontrar en la actualidad. No sé qué opináis vosotros. En ese encuentro, Maalouf aprovecha de nuevo para verter opiniones, en boca de la mujer, sobre lo nefastas que son todas las revoluciones. Hay un poso de pesimismo en todas las reflexiones que se hacen en el libro, ¿no creéis?, en cómo la evolución de la historia no ha llevado más a que a calamidades y desastres. En nombre del progreso, de la justicia de la libertad, de la nación o de la religión, no dejan de embarcarnos en aventuras que concluyen en naufragios. Aun así, el autor, siempre deja una puerta abierta a la esperanza en un futuro mejor.

Desde mi punto de vista, esta parte final del libro decae bastante con respecto a lo anterior. Pareciera como si el autor ya hubiera dicho todo lo que tenía que decir y se limita a proseguir con los encuentros y la preparación de la reunión. Todo va encaminado a un final abrupto e inesperado que resuelve en muy pocas páginas. Hay diseminadas en esta parte algunas premoniciones, como la que he apuntado más arriba, sobre el final que le espera a Adam: es cierto que llevo en el nombre a la humanidad naciente, pero pertenezco a una humanidad en vías de extinción […] No seré el primero de un linaje, seré el último, el último de todos los míos, el depositario de sus penas acumuladas, de sus desilusiones y también de sus vergüenzas.

Antes de llegar a ese final, tiene lugar el encuentro entre Adam y Albert, y, una vez más, éste le cuenta su vida: lo que en realidad ocurrió con sus padres, qué ha sido de su vida en EEUU, le revela su condición homosexual, su entrañable relación con sus antiguos secuestradores a los que considera sus padres adoptivos… Asimismo, nos narra la llegada de Dolores y la cena que celebran en Le Code Civil, el antiguo restaurante en el que se reunían de jóvenes, todos los que allí se encuentran: Adam, Semi, Naím, Albert y Dolores. Ésta quiere saberlo todo acerca de su vida pasada: ¡Y ahora contádmelo todo! Cómo os conocisteis, qué os juntó y qué os separó durante tanto tiempo. De nuevo, ese regusto amargo sobre el tiempo que se ha ido pero, a la vez, teñido de esperanza: Con el tiempo acabas por perder las ilusiones. Pero vale más que no ocurra demasiado pronto. Porque, en caso contrario, también pierdes el valor para vivir. La cena continúa y Dolores les pregunta: ¿Por qué la fe ocupa tanto espacio en esta región del mundo? a lo que Naím contesta: el creyente, incluso en su laicidad, es Occidente, y el religioso hasta el ateísmo es Occidente. Aquí, en Levante, no nos preocupan las creencias, sino las filiaciones. Nuestras confesiones son tribus, nuestro afán religioso es una forma de nacionalismo... ¿Qué opináis?

Y ya, en el decimosexto y último día, llega ese final abrupto e inesperado, por lo menos para mí. En catorce rápidas páginas se resuelve y nos deja con una sensación de que quizás el autor no sabía bien cómo terminar o que se había cansado de escribir y había que terminar cuanto antes o ya lo había dicho todo y no tenía sentido contar esa reunión o… ¿Qué pensáis vosotros? Se admiten sugerencias. El capítulo comienza: ese día de mayo iba a ser el del reencuentro. Fue el de la postrera separación y la postrera dispersión. Un accidente acaba con la vida del chofer y de fray Basile y deja a Adam en coma. Cuando encuentran su libreta nos enteramos de que el hermoso párrafo con el que comienza el libro lo había escrito Adam unos días antes del accidente para leerlo al final de la reunión. Un texto de clausura y de adiós. Sabiendo esto, sus palabras cobran mayor significado. A pesar de la carga de pesimismo que contienen, el final es esperanzador: mi gran alegría es haber encontrado entre las aguas unos cuantos islotes de delicadeza levantina y de ternura serena. Y eso me proporciona otra vez, al menos de momento, un apetito nuevo por la vida, razones nuevas para luchar y quizá, incluso, un estremecimiento de esperanza. Pero, como dicen las últimas palabras del libro, todo queda en suspensión: Dolores, que lo ha trasladado en avión ambulancia a una clínica parisina y que no se aparta de la cabecera de su cama, prefiere decir que está en suspensión. “Como su país, como este planeta-añade-. En suspensión como todos nosotros.

Plazos
Disponéis de una semana larga para comentar esta última parte y todo el libro en general. Luego, se nos echan las fiestas encima y haremos una pequeña pausa para volver con un nuevo libro a comienzos de enero. Aunque pondré un post para felicitaros las navidades, me adelanto para desearos ¡Feliz Navidad y un maravilloso 2015!

Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación

12 Dic

Two religions. Foto en flickr de Dmytro Zagrebelnyy. Algunos derechos reservados.

Llegamos al octavo día de la estancia de Adam en el país levantino. Es viernes, 27 de abril. Estamos en el ecuador de la novela y los hechos continúan transcurriendo más o menos con la misma dinámica. Encuentros con los amigos, cartas que se van cruzando, conversaciones muy interesantes sobre los más diversos temas… La reunión se va fraguando y finalmente se adelanta para la semana siguiente. Van a estar casi todos: Adam, Semi, Tania, Albert, Naím, Ramez, Ramzi o fray Basile, Nidal, el hermano de Bilal, y algunas de sus mujeres.

Hay muchas conversaciones sobre la religión en esta parte porque además están representadas casi todas: Ramez y su mujer, Dunia, son musulmanes, Nidal se ha convertido en un islamista, fray Basile es católico, Naím es judío y los demás, aunque son cristianos, se muestran escépticos o alejados de la religión. No hay que olvidar que cuando ellos eran jóvenes, todas las religiones convivían en paz. Algo, que, en la actualidad, se ha perdido ya que se han extremado y enfrentado las posturas y la religión se ha convertido en algo omnipresente en los países árabes. De eso mismo habla Dunia cuando afirma: lo que me exaspera es este sistema de ahora de meter la religión en todas partes y de usarla para justificarlo todo […] Cada vez hay más personas para quienes la religión sustituye a la ética […] Algún día se cansará nuestra gente de una religión tan cargante y prescindirá de todo, de lo mejor y de lo peor.

Naím, por carta, le habla a Adam de una larga conversación que mantuvo con su padre sobre la situación de los judíos, especialmente en el mundo árabe: pronto no quedará ninguna comunidad judía en el mundo árabe […] ¿Hubo un solo momento en la historia del mundo árabe en que nos tratase alguien como a ciudadanos de pleno derecho? […] Si, recién concluidos los horrores nazis, no hubiera surgido este conflicto en torno a Palestina ¿no habría mejorado la suerte de los judíos en las sociedades árabes en vez de irse deteriorando? […] Nuestra suerte está echada desde mucho antes de que nacieras, e incluso desde mucho antes de que naciera yo […] El camino por el que han tirado los israelíes no me convence, pero no tengo alternativa que proponerles. Así que me voy lejos, me callo y rezo. Y Naím concluye: Estamos en la era de la mala fe y de los campos atrincherados. Bien seas judío, bien seas árabe, sólo puedes elegir ya entre odiar al otro u odiarte a ti mismo. Y, si tienes la desdicha de haber nacido como yo, árabe y judío al tiempo, entonces ya ni existes.

Igualmente Adam afirma que es ese conflicto el que impide a Occidente y al islam reconciliarse, es el que hace retroceder a la humanidad contemporánea hacia las crispaciones identitarias, hacia el fanatismo religioso […] es en primer término por ese conflicto por lo que la humanidad ha entrado en una fase de involución ética y no de progreso. Adam analiza el conflicto árabe-israelí, y el papel de occidente en él, abogando idealmente por el entendimiento, algo, que, por otro lado, ve casi imposible que pueda suceder.

En su encuentro con el integrista Nidal se vuelve a tocar el conflicto islam-occidente, pareciendo que ambos representaran a cada uno de esos mundos. Es un encuentro tenso y difícil lleno de reproches: lo que no quieres ver es que en Occidente todo cuanto proceda de nosotros se mira con hostilidad […] Desde hace siglos, existe una hostilidad sistemática hacia todo lo que procede de nosotros […] Desde su punto de vista, hagamos lo que hagamos, siempre lo hacemos mal. En esta conversación, Adam, el árabe cristiano que vive en Francia, se cuestiona en qué lado está él, llegando a la conclusión de que no pertenece a ninguno: para mí, esos dos universos rivales son a la vez “ellos” y “nosotros”. Nidal prosigue el ataque: la relación entre ellos y nosotros no es hoy en día igualitaria en absoluto. Hace cuatrocientos años que no invadimos países en Occidente; son siempre ellos los que nos invaden, los que nos imponen su ley, los que nos tienen sometidos, nos colonizan y nos humillan […] pero tú, historiador, y a quien preocupan la verdad y la objetividad, no te decantas ni por unos ni por otros. Adam le replica duramente preguntándole por qué no consiguieron impedir esa invasión y esa humillación: ¿Por qué somos incapaces de fabricar unas armas tan poderosas como las de Occidente? ¿Por qué ocurrió la revolución industrial en Europa y no aquí? ¿Por qué nos quedamos en el subdesarrollo, la vulnerabilidad y la dependencia? […] Al final no nos quedará más remedio que mirar de frente nuestra propia derrota, la gigantesca y clamorosa debacle histórica de esta civilización, de nuestra civilización […] Los vencidos siempre tienen tendencia a presentarse como víctimas inocentes pero tienen la culpa de que los hayan vencido.

Son muchas los temas que aquí se plantean, y sólo he esbozado algunos. ¿Qué opináis de estas diferentes posturas según sean judíos, cristianos, musulmanes, integristas u occidentalistas? Parece que todos les echan la culpa a los otros. La sensación que tengo al leer este libro es que Amin Maalouf plantea numerosos temas a través de las conversaciones que mantienen unos y otros pero que todas quedan abiertas, sin encontrar respuestas. Quizá es que no haya respuestas y es suficiente con plantearse las preguntas para que nos hagan pensar. Es un tema muy complejo y además a nosotros nos queda un poco lejos aunque nos interese. Pero el autor mantiene la esperanza, siempre ésta planea de fondo. Como afirma Adam: más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación.

Para poner un poco de calma y paz interior a todo este conflictivo debate, esta cuarta parte termina con una visita de Adam a fray Basile, el antiguo ingeniero que se ha retirado a una comunidad religiosa en el campo. Visita que le sirve a Adam para, de nuevo la religión, plantearse cuál es su postura ante ésta: no soy adepto a ninguna religión y no siento necesidad de serlo, aunque no siente ninguna hostilidad hacia los símbolos de la fe. Tampoco se considera ateo. ¿Qué hay más allá? No lo sé. ¿Hay algo? No lo sé […] Me hallo entre la creencia y la incredulidad igual que me hallo entre mis dos patrias: tengo presente una, tengo presente otra, sin pertenecer a ninguna de las dos. Adam pasa una jornada con los monjes sintiéndose a gusto, la atmósfera que se respira es de paz y concordia. Es una comunidad católica, minoría en ese país: a quién pertenece a una minoría le apetece callar su diferencia y no sacarla a la luz o enarbolarla como un estandarte. Y fray Basile con sus palabras vuelve, de alguna manera, al tema que nos ocupa casi todo este post: Si todos los hombres son mortales, nosotros, los cristianos de Oriente, lo somos por partida doble. Una vez como individuos, y eso es decreto del Cielo; y otra en tanto en cuanto comunidades, en tanto en cuanto, como civilización, y en eso no pinta nada el Cielo, la culpa la tienen los hombres. Al autor le preocupa la pervivencia de los judíos, los católicos, los cristianos, todos minorías en esta parte del planeta, en un mundo fundamentalmente musulmán. Y no olvidemos que las guerras en el Líbano fueron mayoritariamente entre facciones cristianas y musulmanas.

Hay más temas y vicisitudes en esa parte que os las dejo a vosotros: la carta de Dolores; la evolución de la relación entre Semi y Adam, y la explicación que éste se da a sí mismo de por qué no quiere que se acabe mientras esté en su país; la historia de Semi y su familia; la visita a Tania y la incomodidad de Adam ante el cambio de su antigua amiga… Podéis comentar todo lo que queráis sobre ello y también sobre el tema política-religión que es en el que más me he extendido.

Plazos
Es el turno de vuestros comentarios. Espero que sean numerosos. Disponéis de una semana más o menos para ello. Mientras, continuaremos con la lectura de la cuarta y última parte a partir del capítulo Duodécimo día (pág. 413) hasta el final de la novela.

¡Si nada hubiera cambiado!

5 Dic

Foto en flickr de FlickrJunkie. Algunos derechos reservados.

La segunda parte de nuestra lectura continúa narrando la estancia de Adam en su país natal. Comprende desde el quinto al séptimo día. A lo largo de estos tres días, como en toda la novela, se va alternando la narración de lo que está viviendo el protagonista en su tierra con sus recuerdos del pasado que plasma por escrito, a veces a través de e-mails que envía a sus amigos para convocarlos a una próxima reunión que utiliza asimismo para hacer una puesta en común de sucesos de aquel pasado ya lejano.

El romance entre Adam y Semi continúa con el consentimiento de Dolores, la compañera de Adam. Una mujer inteligente que sabe que desde París poco puede hacer y se muestra comprensiva ante esa vuelta a la juventud que está viviendo su pareja, amores frustrados incluidos. Todo muy moderno, muy racional, muy maduro… y también, a mi parecer, un poquito frío. No siento esa pasión, no me la transmiten las palabras del autor. Pero entiendo que en esa vuelta al pasado tenía que haber algo de amor y sexo. ¡Cuántos no habremos dejado historias de este tipo sin vivir en nuestra juventud! Pero, insisto, ya que la incluye echo en falta algo más de pasión, intensidad y descoloque. ¿Qué opináis vosotros? Por otro lado, las dos mujeres se muestran muy maduras en oposición al hombre al que se le ve algo perdido y sin saber manejar muy bien la situación. Aunque ya nos ha ido dejando ver el autor que Adam es un hombre indeciso, tímido y excesivamente correcto.

Después de sus devaneos amorosos, Adam retoma su relato de lo acontecido en el pasado. Nos narra el final del rocambolesco secuestro de Albert que, gracias a las gestiones de Mourad, es liberado. Después de lo vivido, Albert ya no desea suicidarse sino marcharse del país. Además sus secuestradores le han cogido tanto cariño y él a ellos que se despiden con lágrimas y promesas de volverse a ver. Yo creo que este secuestro tan delirante sólo muestra lo delirante que fue aquella sucesión de guerras acaecidas en Líbano donde los que se enfrentaban eran, más que grupos ideológicos, familias, clanes, tribus, cabecillas locales de los diferentes barrios de la capital y de los distritos de la montaña. Albert aterriza en París en 1980 pero sólo temporalmente porque su objetivo es marcharse a EEUU a ejercer la curiosa profesión de futurólogo, algo que, a través de las cartas que se envían ambos amigos, nos explica profusamente el autor.

Mientras Mourad es enterrado, Adam, que se ha reafirmado en la idea de no ir, escribe a Albert y a Naím sendos correos electrónicos para comunicarles el fallecimiento de Mourad y el deseo de Tania de que se reúnan de nuevo todos los amigos.

Quiero hacer un aparte para comentar cómo Adam en la reconstrucción que está haciendo de su pasado se enfrenta a su yo más íntimo y encuentra un desfase entre éste y su condición de historiador. En su profesión destaca. Sabe cómo narrar la vida y los hechos de la historia, como la de Atila en cuya biografía se encuentra enfrascado en ese momento. Si de lo que habla es de la antigüedad es brillante. Puede desarrollar con gran perfección todo aquello que es ajeno a él. Por eso, la vuelta a su país le enfrenta con su propia vida, sobre todo con el hecho de no haber vuelto nunca en tantos años tratando de olvidar todo lo pasado. Adam necesita reflexionar con tiempo y enfrentarse a quién es él en realidad. Echo en falta que el autor nos dé más datos sobre esta situación tan importante que vive el protagonista. Sólo de vez en cuando un apunte como éste: el material del que dispongo para reconstruir mi propio pasado es de una abundancia inaudita, tanto en el caso de mis recuerdos personales como en el de los documentos conservados. Mi drama reside en otra parte, en esa invalidez mental que aparta mi universo íntimo de mis escritos públicos como si sólo pudiera desacreditarlos. ¿Algún comentario sobre esto?

Naím y Albert contestan al momento mostrando un gran entusiasmo en realizar esa reunión. A pesar de mostrar dolor por su muerte, ambos dedican palabras reprobatorias a la conducta pública y a la evolución ética de Mourad y Naím le pregunta directamente a Adam qué es lo que realmente sucedió entre ellos para que su amistad terminara. Éste no duda en contarle con toda profusión de detalles qué es lo que ocurrió. En realidad el motivo no fue nada personal entre ellos sino la actitud ética de Mourad desde el comienzo de la guerra en que se vio metido en una espiral de pleitos interminables sobre tierras y especialmente sobre su casa en el pueblo, su adorada casa, donde todos se reunían: la casa antigua era para él mucho más que una propiedad: representaba su categoría, su prestigio, su honor y su fidelidad a los suyos; en pocas palabras, su razón de ser […] Estaba claro que aquel litigio era, de toda la vida, su punto flaco. Y por esa grieta se colaron, efectivamente, la desdicha y la vergüenza.

La casa es finalmente ocupada por la familia enemiga de Mourad utilizando las armas y éste enloquece. Adam, que todavía está en contacto con él, intenta disuadirlo de cometer una locura pero éste le despacha con cajas destempladas. Ahí comienzan sus fisuras. Mourad termina buscando la ayuda de un siniestro personaje bien relacionado con las altas esferas y los países ocupantes en aquel momento. Un traidor. Éste no duda en ayudarle, asaltando la casa y fusilando al cabecilla responsable de la ocupación. Como ahora le debía al “Alto Comisario” la seguridad e incluso la supervivencia, Mourad se convirtió cada vez más en su hombre de confianza e incluso en su vasallo. Gracias a ese vasallaje, Mourad va ascendiendo en la escala política llegando a ser ministro e insultantemente rico […] El ascenso político de nuestro amigo fue consecuencia directa de la grave falta que cometió. Desde aquel momento cometió muchas más, por la fuerza de los acontecimientos… […] Sospecho que nuestro antiguo amigo fue, tanto en los negocios como en política, el testaferro y la cara presentable del siniestro “Alto Comisario” y que recibió la parte que le correspondía de sus múltiples manejos: extorsión, saqueo, drogas, blanqueo y a saber qué más. […] Pensar que uno de nuestros amigos íntimos tiró por ese camino me resulta intolerable. A veces hay quien me dice, para defenderlo: no hizo nada que no hicieran todos esos que prosperaron en los años de la guerra. Es posible que hiciera lo que todos, pero él era uno de los nuestros. Soñamos juntos un país diferente, un mundo diferente. A él no le perdono nada. […] tú y yo tuvimos que alejarnos de Levante para intentar seguir con las manos limpias. No tenemos nada de que avergonzarnos, pero sería aberrante preconizar que el exilio es la única solución para nuestros dilemas éticos. ¿Qué opináis de esta última afirmación? Está claro que Adam, y el autor detrás de él, se despacha a gusto a través de esta historia con su país. Todo un ajuste de cuentas. Pero el dilema ético está ahí. ¿Qué hacer ante una situación así? ¿Irse? ¿Quedarse y mancharse? ¿Quedarse y mantenerse limpio si eso es posible? Todo esto me recuerda a La hija del Este, la guerra de Yugoslavia y todas las guerras en realidad. Como dice Adam: las guerras no se limitan a sacar a flote nuestros peores instintos: los fabrican, los moldean. Se vuelven traficantes, saqueadores, secuestradores, criminales o asesinos muchos que habrían sido buenísimas personas si la sociedad en que vivían no hubiera implosionado…

Cuando Adam visita, después del entierro, a Tania, ésta se muestra dura con él e intenta disculpar a Mourad. Le dice que él hubiera hecho lo mismo si se hubiera quedado. Y va más allá cuando le pregunta qué hubiera ocurrido si todos se hubieran ido del país como hizo él. Los que se quedaron se ensuciaron las manos para conservar un país para vosotros, para que pudierais regresar un día. Creo que toda la historia de Mourad y el dilema de irse o quedarse, que resumen muy bien las palabras de reproche de Tania, son el tema central de esta novela. ¿Qué opináis de todo esto?

A continuación viene la historia de amor entre Semi y Bilal, rota por la muerte violenta de éste cuando opta por las armas. Bilal se queda con la bella Semiramis y Adam la pierde, una vez más por haberse convertido en esta persona demasiado educada, demasiado pendiente de no desagradar nunca a nadie, demasiado absorta en mis libros y en mis ensoñaciones, ¡en esta persona tan timorata! ¿Ha cambiado Adam o sigue siendo el mismo? Cuando Adam decide quedarse unos días más en el albergue de Semi ¿lo hace fundamentalmente para vivir aquello que no vivió con ella? Él se lo pregunta. Bilal y Adam eran amigos íntimos en aquel momento y, de alguna manera, Bilal le da una lección de sinceridad y amistad verdadera cuando, cuatro años después de que Semi comenzara una relación con Bilal, le saca el tema hablando con la pasión e intensidad que le caracterizaba. Bilal era un hombre que vivía todo en carne viva y Adam poseía un pudor extremo y un caparazón imposible de arrancarse.

Semi le cuenta a Adam su relación con Bilal, tormentosa, apasionada, y el porqué éste tomó las armas. Os dejo a vosotros los comentarios sobre ambos temas, muy interesantes, que podrían partir de la siguiente pregunta que se hace Adam: los conflictos que alteraban nuestro país, ¿eran sencillamente enfrentamientos entre tribus, entre clanes, por no decir entre varias bandas de golfos o tenían de verdad una dimensión más amplia, un contenido más ético?

Nos queda por comentar la historia de otros dos amigos, inseparables, Ramzi y Ramez. Dos caras de una misma moneda. Uno cristiano, el otro musulmán. Dos ingenieros que crearon una empresa que rápidamente creció por muchos países lo que les hizo inmensamente ricos. Pero Ramzi, después de años y vicisitudes varias, abandona todo y se convierte en monje mientras Ramez continúa con la empresa. Ramzi fracasa en el amor y en la paternidad y se cuestiona continuamente el porqué de lo que hacen mientras que Ramez está felizmente casado y disfruta con su trabajo. Es un hombre feliz.

Adam se encuentra con Ramez, un hombre campechano a pesar de su riqueza, simpático y buen amigo que le cuenta todo lo acontecido en su vida y en la de Ramzi a lo largo de esos años. Hay reflexiones muy interesantes sobre la situación de los árabes y los musulmanes en el mundo. Os invito a comentarlas ya que me he extendido demasiado. Podrían comenzar por esta frase de Ramez: pertenezco por nacimiento a una civilización derrotada.

Plazos
Hay muchos temas interesantes que comentar en esta parte. Es vuestro turno. Disponéis de una semana más o menos para ello. Mientras, continuaremos con la lectura a partir del capítulo Octavo día (pág. 273) hasta el final del capítulo Undécimo día (pág. 409).

Al volver a mi tierra inundada

27 Nov

Beautiful Land. Beirut, Lebanon. Foto en flickr de Sorgul. Algunos derechos reservados.

El libro se abre con una cita de la pensadora y filósofa Simone Weil sobre el poder envilecedor del uso de la fuerza. Como Gloria, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice y me parece un buen arranque para Los desorientados.

Antes de comenzar con el Primer día, podemos leer un hermoso texto de tono pesimista pero no exento de esperanza a manera de introducción. Escrito por Adam, un hombre de 47 años, dos días antes del drama (¿a qué se refiere? Por ahora es muy pronto para saberlo) es todo un retrato de su persona. Empezando por su nombre: llevo en el nombre a la humanidad naciente, pero pertenezco a una humanidad que se extingue. Adam, el origen del hombre. ¿Por qué creéis que el autor escoge este nombre para el protagonista? Adam no se arrepiente de haber emprendido ese viaje, esta peregrinación inútil en la que llevo diez días a su país natal del que se alejó hace veinticinco años pero que nunca olvidó. En su estancia ha recobrado un apetito nuevo por la vida, razones nuevas para luchar y quizá, incluso, un estremecimiento de esperanza.

Pero vayamos al principio de la historia. Un viernes, 20 de abril (¿de qué año? Puedo conjeturar que es el 2001), Adam recibe de madrugada una llamada en su casa de París. Tania, la mujer de su “antiguo amigo” Mourad, le comunica: tu amigo se muere. Quiere verte. Hace veinte años que no se hablan. Adam duda un instante pero, animado por su compañera Dolores y porque si se negaba a acudir junto al lecho de su antiguo amigo, le remordería la conciencia hasta el último día de su vida, coge el primer vuelo con origen a su país natal. El país levantino (como él lo denomina) en el que vivió hasta que comenzó la guerra y decidió exiliarse en plena juventud allá por los años setenta. Adam lleva siempre consigo una libreta en la que pone en orden sus pensamientos: hay personas que para pensar tienen que escribir. Una vez en el avión comienza a escribir. A partir de ese momento la narración alternará el punto de vista del narrador omnisciente en tercera persona con el de Adam, en primera persona, en sus escritos. Éste se plantea cómo portarse con un amigo al que dejó de hablar y que está a punto de morir. Mourad, que al contrario que Adam, permaneció en el país, traicionó durante la guerra los valores en los que ambos creían. Pero de camino a su último encuentro, Adam encuentra razones para justificar sus actos: al quedarse tuvo que encontrar apaños, aceptar, según iban pasando las cosas, unas cuantas transigencias que acabaron por llevarle hasta lo inaceptable. Si me hubiera quedado en mi tierra, me hubiera portado como él. A distancia, podemos negarnos a algo impunemente; in situ, no siempre se cuenta con esa libertad. Con estas palabras, Adam comienza su viaje al interior de sí mismo no exento de autocrítica: con las primeras matanzas, me fui, escapé; seguí teniendo las manos limpias. Mi cobarde privilegio de desertor honrado. ¿Cuánto de Amin Maalouf no hay detrás de estas palabras?

Mourad muere antes de llegar a encontrarse con Adam y éste siente la necesidad de estar solo y reencontrarse con sus recuerdos a través de sus escritos. Todo su pasado, postergado durante veintitantos años, está volviendo a él con una fuerza inusitada y no desea más que abrirle la puerta. El no haber visto a su amigo vivo no le importa, es más, le satisface este epílogo ya que encuentra en él un toque de elegancia moral: la muerte tiene su sabiduría propia, hay veces en que vale más dejar las cosas en sus manos que en las de uno mismo. Y comienza a recordar cómo y dónde se conocieron. En la universidad, octubre de 1971, un grupo de amigos entre los veintitrés y los diecisiete años entrábamos en la vida estudiantil con una copa en la mano y la rebeldía en el corazón. Querían cambiar el mundo. Pero llegó la guerra y todo se corrompió: la amistad, el amor, la abnegación, las afinidades, la fe; y la fidelidad. Y también la muerte. Mis amigos eran de todas las confesiones; y todos consideraban un deber, una coquetería, burlarse de la suya; y, luego, afectuosamente, de las de los demás […] Nosotros que nos jactábamos de voltairianos, de camusianos, de sartrianos, de nietzscheanos o de surrealistas, volvimos a ser cristianos, musulmanes o judíos. Mourad y él eran muy diferentes: aquel sentía su país como suyo y Adam siempre se sintió como un invitado, incurablemente forastero. Antes que él, se marchó Naím, judío, de los últimos que quedaban en el país. Él y su familia se marcharon a Brasil en 1973. El grupo comenzaba a disgregarse. El siguiente fue Bilal. Un ser puro que escogió las armas: un ser enajenado pero puro, sí, y sin mezquindad. Fue abatido en un tiroteo entre dos grupos armados. El siguiente en irse fue él.

De nuevo en el presente, Adam se niega a pronunciar unas palabras en las exequias de Mourad: no quiere mezclarse con gente que se manchó con la guerra, pero, a la vez, un fuerte deseo de quedarse se apodera de él, acababa de empezar a recuperar sus puntos de referencia. Además, Tania le transmite su anhelo de volver a ver a todos los amigos reunidos de nuevo. Adam idea un plan que le permita quedarse pero alejado de todo “ruido” para continuar recordando con calma lo que fueron aquellos años: refugiarse en el hotel que regenta otra de sus antiguas amigas: la bella Semiramis. Un idílico lugar en medio de la naturaleza y con una anfitriona con la que no llegó a vivir una historia de amor muy deseada en el pasado. Esta es una mujer serena, que también se quedó en el país, que transmite equilibrio, seguridad e independencia. Vive su vida en soledad rodeada de numerosos libros.

Ya instalado en el hotel, Adam continúa con sus recuerdos. Explica el porqué de su marcha: sólo veía a mi alrededor violencia y regresión. En este universo levantino que se iba oscureciendo sin parar, ni estaba ya mi lugar, ni quería buscarme uno. Adam, al contrario que Mourad, no siente un apego grande a su país: nací en un planeta, no en un país. Pasaron los años postergando continuamente su vuelta: no regresaría a vivir a mi país hasta que fuera otra vez el que yo había conocido. Sabía que era imposible, pero aquella exigencia no era negociable. Y sigue sin serlo.

Adam revisa cartas que le enviaron sus amigos a París no exentas de reproches por su marcha y por no querer volver. Como apunta Monichampi, Tania le acusa: ¿Que te decepciona un amigo? Deja de ser tu amigo. ¿Que te decepciona tu país? Deja de ser tu país. Y como eres fácil de decepcionar, acabarás por verte sin amigos y sin patria. Y a continuación, Tania describe, muy certeramente, lo que es este país levantino: será siempre un país de facciones, de desorden, de favores bajo cuerda, de nepotismo, de corrupción. Pero es también el país de la dicha de vivir, de la calidez humana, de la generosidad. Y de tus amigos más ciertos. Adam sabe que si hubiera vuelto en algún momento, se hubiera quedado, pero si no lo hizo fue porque de lo que no puede uno reponerse es de la desaparición del porvenir. El país cuya ausencia me entristece y me obsesiona no es aquel que conocí en la juventud; es aquel que soñé y que nunca pudo ver la luz. Todo lo que escribe Adam es un diálogo interminable conmigo mismo.

Y aparece Albert, el amigo de la infancia, el niño que nunca tuvo familia, que siempre estuvo solo. A través de sus cartas durante la guerra, en las que continuamente se está quejando de todos los inconvenientes, Adam recuerda la amistad tan especial que siempre tuvo con él. Y recuerda, recuerda hasta llegar hasta ese día de 1979 en el que le comunica por carta que se va a suicidar porque ya no aguanta más la vida ni a ese país. A partir de ahí, comienza una historia delirante en la que Albert ve fraguado su suicidio por un secuestro muy propio de la época y del país. Adam nos lo detalla con todo tipo de detalles, no exentos de comicidad, porque finalmente el secuestro le salva la vida. A él, además, que siempre ha estado tan alejado de la política.

Percibo cómo el autor, más que narrarnos la guerra, nos habla de la influencia, enorme, que tuvo en cada uno de ellos. No hay datos, fechas, batallas, descripciones… también porque el autor no quiere en ningún momento decirnos que está hablando del Líbano, prefiere que se quede en la idea de un país impreciso y, por tanto, los datos son también imprecisos. El autor escoge centrarse en las historias personales, en los estados de ánimo de cada uno de ellos. La guerra queda difuminada como un telón de fondo de sus vidas.

El final de cuarto día y, por lo tanto de esta primera parte de nuestra lectura, termina con el inevitable encuentro sexual entre Adam y Semiramis, propiciado por ésta. Se veía venir y más desde que, cenando, ambos recuerdan cómo se conocieron y cómo no ocurrió nada entre ellos en aquel momento aunque ambos lo deseaban fervientemente. El paso del tiempo no ha atemperado su deseo y, finalmente, ambos dan rienda suelta a su sentir.

Me gustaría que fuerais comentando esta parte así como qué es lo que opináis de los diferentes personajes que van apareciendo en la historia. También podéis comentar las interesantes conversaciones que tienen lugar entre ellos a través de las cuales se van perfilando sus personalidades.

Plazos

Continuamos con la lectura a partir del capítulo Quinto día (pág. 129) hasta el final del capítulo Séptimo día (pág. 269). Lo leeremos a lo largo de una semana más o menos. Mientras leemos esta segunda parte, comentaremos esta primera parte de la lectura.

Los desorientados: la historia de una generación rota por la guerra y el exilio

21 Nov

Después de diez años sin publicar ficción, Amin Maalouf vuelve a ella con Los desorientados. A lo largo de estos diez años el autor ha publicado diversos ensayos sobre las relaciones y la problemática entre las diferentes culturas, uno de sus temas clave, incidiendo, como siempre, en la necesidad de la tolerancia y la fraternidad entre los pueblos. Esta novela se mueve en el mismo terreno pero centrándose en lo personal. La pérdida de la identidad, el exilio forzado, la amistad, la pasión, el amor, la religión, los ideales perdidos, el compromiso, la traición y, de fondo, el choque de culturas. Como afirma el autor: tengo, desde hace años, la impresión obsesiva de que el mundo al que pertenezco se desdibuja más cada día, y que podría desaparecer estando yo vivo. Mi novela ha nacido de ese sentimiento. En Los desorientados, me inspiro con mucha libertad en mi propia juventud. La he pasado con amigos que creían en un mundo mejor. E incluso si ninguno de los personajes del libro corresponde a una persona real, ninguno es enteramente imaginario. Me he nutrido de mis sueños, de mis fantasmas, de mis remordimientos, tanto como de mis recuerdos. En esta novela, Maalouf regresa a su país natal con la necesidad de revisar su pasado y todo lo ocurrido en Líbano desde que se exilió a Francia en 1975.

Adam, una especie de alter ego del escritor, es un reputado historiador libanés que vive en París desde que se exilió debido a la guerra que asoló a su país en los años setenta. Atrás deja un heterogéneo grupo de amigos (musulmanes, judíos, cristianos… reflejo de la buena convivencia entre las diversas culturas y religiones que existía hasta ese momento en su país) al que los enfrentamientos obligan a tomar distintas decisiones. Hasta ese momento todos han compartido un sueño común: un mundo mejor. Los integrantes de “El Círculo de los Bizantinos”, que es como les llamaban, pretendían cambiar el mundo. Pero la guerra irrumpió separándolos y haciendo que los que cambiaran fueran ellos. Algunos se fueron al exilio y otros optaron por quedarse en el país y Adam se pregunta qué es mejor, si la elección de un exilio dorado o quedarse y enfrentarse a una situación sin elección posible. El protagonista ha olvidado, aparentemente, todo su pasado hasta que veinticinco años después recibe una llamada que le llevará a enfrentarse de nuevo a todo lo que ha querido dejar atrás. Mourad, uno de los amigos con el que se enemistó, está gravemente enfermo y quiere volver a verle para reconciliarse con él. Adam deja atrás las rencillas pasadas y vuela a su país natal sin pensárselo demasiado. Este hecho será el motor que desencadene sus recuerdos de un tiempo mejor y su reencuentro con una tierra en realidad nunca olvidada. Una vez allí querrá volver a saber qué fue de cada uno de los amigos e, improvisadamente, pondrá en marcha un encuentro con todos ellos. El pasado se apodera de él y lo que iba a ser una estancia muy corta se alarga a lo largo de dieciséis días en los cuales se encuentra con los que se quedaron allí y entra en contacto por mail con los que, como él, se exiliaron. Pareciera que Adam busca la remisión, el perdón por el exilio a través del contacto con los que optaron por permanecer en el país. Finalmente el viaje físico se convierte en un viaje al interior de sí mismo.

Los personajes son estereotipos: hay un antiguo amor, la bella Semiramis, que le acoge en su encantador hotel con la intención de recuperar el tiempo perdido, un judío, un político corrupto, un hombre de negocios de éxito, un islamista, un cristiano, un monje, un exiliado en Estados Unidos que trabaja para el gobierno, otro que optó por la lucha armada y murió… Todos fruto de una guerra desoladora que acabó con su sueño de convivencia y paz. El libro está plagado de conversaciones interesantísimas sobre los más diversos temas en los que el autor profundiza ayudándonos a entender mejor el conflicto entre el mundo occidental y el mundo árabe así como las diferencias entre estos que se han ido agudizando como consecuencia de tantos desastres consecutivos. El posicionamiento del autor es claramente a favor del entendimiento: conciliación, diálogo, comprensión, tanto a nivel personal como político. Recurro de nuevo a palabras de Amin Maalouf: la diversidad en sí misma no es ni una bendición ni una maldición. Es sencillamente una realidad, algo de lo que se puede dejar constancia. El mundo es un mosaico de incontables matices y nuestros países, nuestras provincias, nuestras ciudades irán siendo cada vez mejor a imagen y semejanza del mundo. Lo que importa no es saber si podremos vivir juntos pese a las diferencias de color, de lengua o de creencias; lo que importa es saber cómo vivir juntos, cómo convertir nuestra diversidad en provecho y no en calamidad.

Los desorientados está contada por dos voces narrativas: un narrador en tercera persona omnisciente que nos va a proporcionar una visión más global de la historia y otro en primera persona, el propio Adam a través de su diario personal, que nos aporta la parte más íntima y sincera. La novela está dividida en dieciséis capítulos que corresponden a los dieciséis días que pasa el protagonista en su país pero la acción, gracias a las notas personales de Adam, se mueve desde el presente hasta casi treinta años atrás. El estilo es sencillo, elegante, pausado, fluido y ameno.

El título hace mención a la desorientación de los personajes que ven como desaparece el mundo en el que crecieron y se las tienen que arreglar como pueden sin referencias posibles así como a la desorientación del mundo en general.

En la novela nunca se dice de qué país se trata: ¿ese país que no se nombra nunca es el país en el que he pasado yo mismo mis años de juventud? Sí y no. Lo he cogido indudablemente como modelo, pero sería vano buscar referencias precisas a lugares o fechas. Lo que acabo de decir no es, sin embargo, más que una explicación a posteriori. La verdad es que no he sentido, en ningún momento, que tuviese que llamar a ese país por su nombre. Lo cual es sin duda revelador de los sentimientos complejos que me inspira todavía. Y que me inspirará hasta el fin de mis días.

Os dejo un par de enlaces a sendas entrevistas a Amin Maalouf sobre la novela. Una concedida a El País y otra a Europa Press. Iba a incluir una entrevista que le hizo “Revista de letras”, a mí parecer la más interesante y completa, pero se me ha adelantado Susana que ha dejado el link en los comentarios del anterior post. Leedla. Merece la pena. Gracias Susana.

Plazos
Como el libro es muy largo, más de quinientas páginas, vamos a dividir la lectura en cuatro partes. La primera, a la que dedicaremos más o menos una semana, nos llevará hasta la página 125, final del capítulo que corresponde al Cuarto día. Podéis ir dejando en este post vuestras impresiones iniciales sobre la lectura para pasar ya a comentar con más profundidad esta primera parte en el siguiente post.

Nuestro próximo libro: LOS DESORIENTADOS de AMIN MAALOUF

12 Nov

Hace tiempo que quería traer al Club un libro del escritor libanés en lengua francesa Amin Maalouf (Beirut, 1949) y, por fin, ha llegado el momento. Se trata de su última novela, Los desorientados, publicada en 2012. Una novela muy esperada en la que el autor, al contrario que en la mayoría de sus obras, se vuelca en lo personal. Un regreso literario a su país natal que condensa su manera de ser y de pensar.

El ganador del Premio Príncipe de Asturias 2010 reflexiona en esta larga y amena novela sobre la amistad, el amor, el exilio, la memoria, la identidad y la necesidad de tender puentes entre Oriente y Occidente. Espero que os agrade la elección. Yo me alegro de que vayamos a leer su novela más personal y emotiva.

A partir del viernes 14 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Forum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de más o menos una semana para conseguir el libro editado por Alianza Editorial.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de La nieta del señor Linh. Gracias.

Hasta que comencemos la lectura de Los desorientados podéis continuar dejando vuestros comentarios finales sobre La nieta del señor Linh.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer esta novela que nos va a permitir conocer mejor un interesante y complejo país, Líbano, y a sus habitantes.