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Todas las palabras que surgen de mi pluma son besos de muerte

19 Dic

This is Beirut… Foto en flickr de Thomas Leuthard. Algunos derechos reservados.

Estamos ya en el duodécimo día, es martes, 1 de mayo y quedan cinco días para que finalice la novela. Fray Basile lleva a Adam al laberinto del convento y caminando por él sus pensamientos se desvanecen y una sola pregunta aflora en su mente: ¿Cuál es la razón verdadera de mi regreso a este país tan querido cuyo nombre temo escribir? La respuesta es enigmática: Sólo he vuelto para coger flores. Y se me ocurrió que ese gesto que consiste en coger un flor y añadirla al ramo que tienes ya en la mano e incluso estrechas contra el corazón es el gesto más hermoso y más cruel a un tiempo, porque rinde homenaje a la flor mientras la mata […] ¿Había aprensión, un sentimiento de culpabilidad unido a la revelación de tantas cosas íntimas relacionadas con mis amigos, mi país y mi propia persona? El memorialista es un traidor para los suyos o, al menos, un enterrador. Todas las palabras que surgen de mi pluma son besos de muerte. Palabras misteriosas y pesimistas. Quizá un presentimiento de lo que va a ocurrir más adelante. Pero, a la vez, Adam se encuentra en paz. Serenidad, humildad, deseo de silencio, sentirse invencible… todo eso es lo que siente en el laberinto.

Naím es el primero en llegar al país y el encuentro con Semi y Adam es fraternal. Naím es un hombre alegre, positivo y afable, quizá contagiado por el espíritu de Brasil, el país donde vive. Mientras cenan y brindan por la felicidad de verse nuevo juntos después de un cuarto de siglo, se cuentan sus vidas a lo largo de todos esos años. Bueno, sólo Semi y Naím hablan, pues Adam, con su reserva habitual, les deja explayarse mientras les escucha que es lo que siempre se le ha dado mejor. La timidez y el pudor siempre le han podido. Al día siguiente visitan la antigua casa de Naím mientras continúan conversando sobre sus vidas y otros temas como, de nuevo, las religiones o sus ideas de juventud. Ideas que contenían el deseo de cambiar la sociedad, algo que, visto lo ocurrido en el mundo, ven ahora pueril. Se han hecho adultos y ya no les quedan más sueños.

A instancias de sus amigos, Adam por fin cuenta su historia, visita a su casa de la infancia incluida. Adam era un niño feliz, hijo único que vivía con sus padres en una hermosa y elegante casa, no en vano su padre era arquitecto y su madre decoradora. Todo se trastocó cuando tenía doce años y medio. Hasta entonces, esa casa era para mí el centro del mundo. En agosto de 1970 sus padres mueren en un accidente de avión. Arruinado, y deshecho, tiene que vender la casa e irse a vivir con sus abuelos. Para el niño Adam este hecho tan traumático será el condicionante de toda su vida. Se convierte en una persona reservada y una idea se instala en su ser para no abandonarle jamás: cuando más feliz eres todo puede desaparecer en un instante, por lo que, en los momentos en que, ya adulto, la felicidad se instala en su vida, por ejemplo con una relación amorosa, tiene que destruir esa felicidad antes de que desaparezca. Porque Adam no concibe que esa felicidad pueda durar. Así quedó de marcado. Además no le cuenta a nadie lo ocurrido en su infancia. Es su manera de resguardarse del dolor, así como tampoco ha visitado esa casa hasta ese mismo día en que también abre su corazón a sus amigos. No voy a contaros historias de paraíso perdido, pero eso es exactamente lo que siento. Un paraíso del que me expulsaron como a nuestro antepasado, mi homónimo. Pero no por un pecado, por un accidente.

A continuación viene una larga historia en la que Adam les narra la peculiar relación que estableció, de los diez a los doce años, con una enigmática vecina. Una hermosa mujer rubia, viuda e iraquí. La pasión de ambos por los libros les une y para Adam fue su iniciadora sobre todo en la historia, la arqueología y las biografías. Una persona fundamental en su vida que le influye tanto como para hacerse historiador, pero, a mi parecer, el autor se extiende demasiado en esta historia que viene a romper y a trivializar la emoción e intensidad de lo narrado anteriormente por Adam sobre sus padres y su infancia. La historia en sí no es tan interesante y la alarga demasiado haciendo que se vuelvan a encontrar en la actualidad. No sé qué opináis vosotros. En ese encuentro, Maalouf aprovecha de nuevo para verter opiniones, en boca de la mujer, sobre lo nefastas que son todas las revoluciones. Hay un poso de pesimismo en todas las reflexiones que se hacen en el libro, ¿no creéis?, en cómo la evolución de la historia no ha llevado más a que a calamidades y desastres. En nombre del progreso, de la justicia de la libertad, de la nación o de la religión, no dejan de embarcarnos en aventuras que concluyen en naufragios. Aun así, el autor, siempre deja una puerta abierta a la esperanza en un futuro mejor.

Desde mi punto de vista, esta parte final del libro decae bastante con respecto a lo anterior. Pareciera como si el autor ya hubiera dicho todo lo que tenía que decir y se limita a proseguir con los encuentros y la preparación de la reunión. Todo va encaminado a un final abrupto e inesperado que resuelve en muy pocas páginas. Hay diseminadas en esta parte algunas premoniciones, como la que he apuntado más arriba, sobre el final que le espera a Adam: es cierto que llevo en el nombre a la humanidad naciente, pero pertenezco a una humanidad en vías de extinción […] No seré el primero de un linaje, seré el último, el último de todos los míos, el depositario de sus penas acumuladas, de sus desilusiones y también de sus vergüenzas.

Antes de llegar a ese final, tiene lugar el encuentro entre Adam y Albert, y, una vez más, éste le cuenta su vida: lo que en realidad ocurrió con sus padres, qué ha sido de su vida en EEUU, le revela su condición homosexual, su entrañable relación con sus antiguos secuestradores a los que considera sus padres adoptivos… Asimismo, nos narra la llegada de Dolores y la cena que celebran en Le Code Civil, el antiguo restaurante en el que se reunían de jóvenes, todos los que allí se encuentran: Adam, Semi, Naím, Albert y Dolores. Ésta quiere saberlo todo acerca de su vida pasada: ¡Y ahora contádmelo todo! Cómo os conocisteis, qué os juntó y qué os separó durante tanto tiempo. De nuevo, ese regusto amargo sobre el tiempo que se ha ido pero, a la vez, teñido de esperanza: Con el tiempo acabas por perder las ilusiones. Pero vale más que no ocurra demasiado pronto. Porque, en caso contrario, también pierdes el valor para vivir. La cena continúa y Dolores les pregunta: ¿Por qué la fe ocupa tanto espacio en esta región del mundo? a lo que Naím contesta: el creyente, incluso en su laicidad, es Occidente, y el religioso hasta el ateísmo es Occidente. Aquí, en Levante, no nos preocupan las creencias, sino las filiaciones. Nuestras confesiones son tribus, nuestro afán religioso es una forma de nacionalismo... ¿Qué opináis?

Y ya, en el decimosexto y último día, llega ese final abrupto e inesperado, por lo menos para mí. En catorce rápidas páginas se resuelve y nos deja con una sensación de que quizás el autor no sabía bien cómo terminar o que se había cansado de escribir y había que terminar cuanto antes o ya lo había dicho todo y no tenía sentido contar esa reunión o… ¿Qué pensáis vosotros? Se admiten sugerencias. El capítulo comienza: ese día de mayo iba a ser el del reencuentro. Fue el de la postrera separación y la postrera dispersión. Un accidente acaba con la vida del chofer y de fray Basile y deja a Adam en coma. Cuando encuentran su libreta nos enteramos de que el hermoso párrafo con el que comienza el libro lo había escrito Adam unos días antes del accidente para leerlo al final de la reunión. Un texto de clausura y de adiós. Sabiendo esto, sus palabras cobran mayor significado. A pesar de la carga de pesimismo que contienen, el final es esperanzador: mi gran alegría es haber encontrado entre las aguas unos cuantos islotes de delicadeza levantina y de ternura serena. Y eso me proporciona otra vez, al menos de momento, un apetito nuevo por la vida, razones nuevas para luchar y quizá, incluso, un estremecimiento de esperanza. Pero, como dicen las últimas palabras del libro, todo queda en suspensión: Dolores, que lo ha trasladado en avión ambulancia a una clínica parisina y que no se aparta de la cabecera de su cama, prefiere decir que está en suspensión. “Como su país, como este planeta-añade-. En suspensión como todos nosotros.

Plazos
Disponéis de una semana larga para comentar esta última parte y todo el libro en general. Luego, se nos echan las fiestas encima y haremos una pequeña pausa para volver con un nuevo libro a comienzos de enero. Aunque pondré un post para felicitaros las navidades, me adelanto para desearos ¡Feliz Navidad y un maravilloso 2015!

Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación

12 Dic

Two religions. Foto en flickr de Dmytro Zagrebelnyy. Algunos derechos reservados.

Llegamos al octavo día de la estancia de Adam en el país levantino. Es viernes, 27 de abril. Estamos en el ecuador de la novela y los hechos continúan transcurriendo más o menos con la misma dinámica. Encuentros con los amigos, cartas que se van cruzando, conversaciones muy interesantes sobre los más diversos temas… La reunión se va fraguando y finalmente se adelanta para la semana siguiente. Van a estar casi todos: Adam, Semi, Tania, Albert, Naím, Ramez, Ramzi o fray Basile, Nidal, el hermano de Bilal, y algunas de sus mujeres.

Hay muchas conversaciones sobre la religión en esta parte porque además están representadas casi todas: Ramez y su mujer, Dunia, son musulmanes, Nidal se ha convertido en un islamista, fray Basile es católico, Naím es judío y los demás, aunque son cristianos, se muestran escépticos o alejados de la religión. No hay que olvidar que cuando ellos eran jóvenes, todas las religiones convivían en paz. Algo, que, en la actualidad, se ha perdido ya que se han extremado y enfrentado las posturas y la religión se ha convertido en algo omnipresente en los países árabes. De eso mismo habla Dunia cuando afirma: lo que me exaspera es este sistema de ahora de meter la religión en todas partes y de usarla para justificarlo todo […] Cada vez hay más personas para quienes la religión sustituye a la ética […] Algún día se cansará nuestra gente de una religión tan cargante y prescindirá de todo, de lo mejor y de lo peor.

Naím, por carta, le habla a Adam de una larga conversación que mantuvo con su padre sobre la situación de los judíos, especialmente en el mundo árabe: pronto no quedará ninguna comunidad judía en el mundo árabe […] ¿Hubo un solo momento en la historia del mundo árabe en que nos tratase alguien como a ciudadanos de pleno derecho? […] Si, recién concluidos los horrores nazis, no hubiera surgido este conflicto en torno a Palestina ¿no habría mejorado la suerte de los judíos en las sociedades árabes en vez de irse deteriorando? […] Nuestra suerte está echada desde mucho antes de que nacieras, e incluso desde mucho antes de que naciera yo […] El camino por el que han tirado los israelíes no me convence, pero no tengo alternativa que proponerles. Así que me voy lejos, me callo y rezo. Y Naím concluye: Estamos en la era de la mala fe y de los campos atrincherados. Bien seas judío, bien seas árabe, sólo puedes elegir ya entre odiar al otro u odiarte a ti mismo. Y, si tienes la desdicha de haber nacido como yo, árabe y judío al tiempo, entonces ya ni existes.

Igualmente Adam afirma que es ese conflicto el que impide a Occidente y al islam reconciliarse, es el que hace retroceder a la humanidad contemporánea hacia las crispaciones identitarias, hacia el fanatismo religioso […] es en primer término por ese conflicto por lo que la humanidad ha entrado en una fase de involución ética y no de progreso. Adam analiza el conflicto árabe-israelí, y el papel de occidente en él, abogando idealmente por el entendimiento, algo, que, por otro lado, ve casi imposible que pueda suceder.

En su encuentro con el integrista Nidal se vuelve a tocar el conflicto islam-occidente, pareciendo que ambos representaran a cada uno de esos mundos. Es un encuentro tenso y difícil lleno de reproches: lo que no quieres ver es que en Occidente todo cuanto proceda de nosotros se mira con hostilidad […] Desde hace siglos, existe una hostilidad sistemática hacia todo lo que procede de nosotros […] Desde su punto de vista, hagamos lo que hagamos, siempre lo hacemos mal. En esta conversación, Adam, el árabe cristiano que vive en Francia, se cuestiona en qué lado está él, llegando a la conclusión de que no pertenece a ninguno: para mí, esos dos universos rivales son a la vez “ellos” y “nosotros”. Nidal prosigue el ataque: la relación entre ellos y nosotros no es hoy en día igualitaria en absoluto. Hace cuatrocientos años que no invadimos países en Occidente; son siempre ellos los que nos invaden, los que nos imponen su ley, los que nos tienen sometidos, nos colonizan y nos humillan […] pero tú, historiador, y a quien preocupan la verdad y la objetividad, no te decantas ni por unos ni por otros. Adam le replica duramente preguntándole por qué no consiguieron impedir esa invasión y esa humillación: ¿Por qué somos incapaces de fabricar unas armas tan poderosas como las de Occidente? ¿Por qué ocurrió la revolución industrial en Europa y no aquí? ¿Por qué nos quedamos en el subdesarrollo, la vulnerabilidad y la dependencia? […] Al final no nos quedará más remedio que mirar de frente nuestra propia derrota, la gigantesca y clamorosa debacle histórica de esta civilización, de nuestra civilización […] Los vencidos siempre tienen tendencia a presentarse como víctimas inocentes pero tienen la culpa de que los hayan vencido.

Son muchas los temas que aquí se plantean, y sólo he esbozado algunos. ¿Qué opináis de estas diferentes posturas según sean judíos, cristianos, musulmanes, integristas u occidentalistas? Parece que todos les echan la culpa a los otros. La sensación que tengo al leer este libro es que Amin Maalouf plantea numerosos temas a través de las conversaciones que mantienen unos y otros pero que todas quedan abiertas, sin encontrar respuestas. Quizá es que no haya respuestas y es suficiente con plantearse las preguntas para que nos hagan pensar. Es un tema muy complejo y además a nosotros nos queda un poco lejos aunque nos interese. Pero el autor mantiene la esperanza, siempre ésta planea de fondo. Como afirma Adam: más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación.

Para poner un poco de calma y paz interior a todo este conflictivo debate, esta cuarta parte termina con una visita de Adam a fray Basile, el antiguo ingeniero que se ha retirado a una comunidad religiosa en el campo. Visita que le sirve a Adam para, de nuevo la religión, plantearse cuál es su postura ante ésta: no soy adepto a ninguna religión y no siento necesidad de serlo, aunque no siente ninguna hostilidad hacia los símbolos de la fe. Tampoco se considera ateo. ¿Qué hay más allá? No lo sé. ¿Hay algo? No lo sé […] Me hallo entre la creencia y la incredulidad igual que me hallo entre mis dos patrias: tengo presente una, tengo presente otra, sin pertenecer a ninguna de las dos. Adam pasa una jornada con los monjes sintiéndose a gusto, la atmósfera que se respira es de paz y concordia. Es una comunidad católica, minoría en ese país: a quién pertenece a una minoría le apetece callar su diferencia y no sacarla a la luz o enarbolarla como un estandarte. Y fray Basile con sus palabras vuelve, de alguna manera, al tema que nos ocupa casi todo este post: Si todos los hombres son mortales, nosotros, los cristianos de Oriente, lo somos por partida doble. Una vez como individuos, y eso es decreto del Cielo; y otra en tanto en cuanto comunidades, en tanto en cuanto, como civilización, y en eso no pinta nada el Cielo, la culpa la tienen los hombres. Al autor le preocupa la pervivencia de los judíos, los católicos, los cristianos, todos minorías en esta parte del planeta, en un mundo fundamentalmente musulmán. Y no olvidemos que las guerras en el Líbano fueron mayoritariamente entre facciones cristianas y musulmanas.

Hay más temas y vicisitudes en esa parte que os las dejo a vosotros: la carta de Dolores; la evolución de la relación entre Semi y Adam, y la explicación que éste se da a sí mismo de por qué no quiere que se acabe mientras esté en su país; la historia de Semi y su familia; la visita a Tania y la incomodidad de Adam ante el cambio de su antigua amiga… Podéis comentar todo lo que queráis sobre ello y también sobre el tema política-religión que es en el que más me he extendido.

Plazos
Es el turno de vuestros comentarios. Espero que sean numerosos. Disponéis de una semana más o menos para ello. Mientras, continuaremos con la lectura de la cuarta y última parte a partir del capítulo Duodécimo día (pág. 413) hasta el final de la novela.

¡Si nada hubiera cambiado!

5 Dic

Foto en flickr de FlickrJunkie. Algunos derechos reservados.

La segunda parte de nuestra lectura continúa narrando la estancia de Adam en su país natal. Comprende desde el quinto al séptimo día. A lo largo de estos tres días, como en toda la novela, se va alternando la narración de lo que está viviendo el protagonista en su tierra con sus recuerdos del pasado que plasma por escrito, a veces a través de e-mails que envía a sus amigos para convocarlos a una próxima reunión que utiliza asimismo para hacer una puesta en común de sucesos de aquel pasado ya lejano.

El romance entre Adam y Semi continúa con el consentimiento de Dolores, la compañera de Adam. Una mujer inteligente que sabe que desde París poco puede hacer y se muestra comprensiva ante esa vuelta a la juventud que está viviendo su pareja, amores frustrados incluidos. Todo muy moderno, muy racional, muy maduro… y también, a mi parecer, un poquito frío. No siento esa pasión, no me la transmiten las palabras del autor. Pero entiendo que en esa vuelta al pasado tenía que haber algo de amor y sexo. ¡Cuántos no habremos dejado historias de este tipo sin vivir en nuestra juventud! Pero, insisto, ya que la incluye echo en falta algo más de pasión, intensidad y descoloque. ¿Qué opináis vosotros? Por otro lado, las dos mujeres se muestran muy maduras en oposición al hombre al que se le ve algo perdido y sin saber manejar muy bien la situación. Aunque ya nos ha ido dejando ver el autor que Adam es un hombre indeciso, tímido y excesivamente correcto.

Después de sus devaneos amorosos, Adam retoma su relato de lo acontecido en el pasado. Nos narra el final del rocambolesco secuestro de Albert que, gracias a las gestiones de Mourad, es liberado. Después de lo vivido, Albert ya no desea suicidarse sino marcharse del país. Además sus secuestradores le han cogido tanto cariño y él a ellos que se despiden con lágrimas y promesas de volverse a ver. Yo creo que este secuestro tan delirante sólo muestra lo delirante que fue aquella sucesión de guerras acaecidas en Líbano donde los que se enfrentaban eran, más que grupos ideológicos, familias, clanes, tribus, cabecillas locales de los diferentes barrios de la capital y de los distritos de la montaña. Albert aterriza en París en 1980 pero sólo temporalmente porque su objetivo es marcharse a EEUU a ejercer la curiosa profesión de futurólogo, algo que, a través de las cartas que se envían ambos amigos, nos explica profusamente el autor.

Mientras Mourad es enterrado, Adam, que se ha reafirmado en la idea de no ir, escribe a Albert y a Naím sendos correos electrónicos para comunicarles el fallecimiento de Mourad y el deseo de Tania de que se reúnan de nuevo todos los amigos.

Quiero hacer un aparte para comentar cómo Adam en la reconstrucción que está haciendo de su pasado se enfrenta a su yo más íntimo y encuentra un desfase entre éste y su condición de historiador. En su profesión destaca. Sabe cómo narrar la vida y los hechos de la historia, como la de Atila en cuya biografía se encuentra enfrascado en ese momento. Si de lo que habla es de la antigüedad es brillante. Puede desarrollar con gran perfección todo aquello que es ajeno a él. Por eso, la vuelta a su país le enfrenta con su propia vida, sobre todo con el hecho de no haber vuelto nunca en tantos años tratando de olvidar todo lo pasado. Adam necesita reflexionar con tiempo y enfrentarse a quién es él en realidad. Echo en falta que el autor nos dé más datos sobre esta situación tan importante que vive el protagonista. Sólo de vez en cuando un apunte como éste: el material del que dispongo para reconstruir mi propio pasado es de una abundancia inaudita, tanto en el caso de mis recuerdos personales como en el de los documentos conservados. Mi drama reside en otra parte, en esa invalidez mental que aparta mi universo íntimo de mis escritos públicos como si sólo pudiera desacreditarlos. ¿Algún comentario sobre esto?

Naím y Albert contestan al momento mostrando un gran entusiasmo en realizar esa reunión. A pesar de mostrar dolor por su muerte, ambos dedican palabras reprobatorias a la conducta pública y a la evolución ética de Mourad y Naím le pregunta directamente a Adam qué es lo que realmente sucedió entre ellos para que su amistad terminara. Éste no duda en contarle con toda profusión de detalles qué es lo que ocurrió. En realidad el motivo no fue nada personal entre ellos sino la actitud ética de Mourad desde el comienzo de la guerra en que se vio metido en una espiral de pleitos interminables sobre tierras y especialmente sobre su casa en el pueblo, su adorada casa, donde todos se reunían: la casa antigua era para él mucho más que una propiedad: representaba su categoría, su prestigio, su honor y su fidelidad a los suyos; en pocas palabras, su razón de ser […] Estaba claro que aquel litigio era, de toda la vida, su punto flaco. Y por esa grieta se colaron, efectivamente, la desdicha y la vergüenza.

La casa es finalmente ocupada por la familia enemiga de Mourad utilizando las armas y éste enloquece. Adam, que todavía está en contacto con él, intenta disuadirlo de cometer una locura pero éste le despacha con cajas destempladas. Ahí comienzan sus fisuras. Mourad termina buscando la ayuda de un siniestro personaje bien relacionado con las altas esferas y los países ocupantes en aquel momento. Un traidor. Éste no duda en ayudarle, asaltando la casa y fusilando al cabecilla responsable de la ocupación. Como ahora le debía al “Alto Comisario” la seguridad e incluso la supervivencia, Mourad se convirtió cada vez más en su hombre de confianza e incluso en su vasallo. Gracias a ese vasallaje, Mourad va ascendiendo en la escala política llegando a ser ministro e insultantemente rico […] El ascenso político de nuestro amigo fue consecuencia directa de la grave falta que cometió. Desde aquel momento cometió muchas más, por la fuerza de los acontecimientos… […] Sospecho que nuestro antiguo amigo fue, tanto en los negocios como en política, el testaferro y la cara presentable del siniestro “Alto Comisario” y que recibió la parte que le correspondía de sus múltiples manejos: extorsión, saqueo, drogas, blanqueo y a saber qué más. […] Pensar que uno de nuestros amigos íntimos tiró por ese camino me resulta intolerable. A veces hay quien me dice, para defenderlo: no hizo nada que no hicieran todos esos que prosperaron en los años de la guerra. Es posible que hiciera lo que todos, pero él era uno de los nuestros. Soñamos juntos un país diferente, un mundo diferente. A él no le perdono nada. […] tú y yo tuvimos que alejarnos de Levante para intentar seguir con las manos limpias. No tenemos nada de que avergonzarnos, pero sería aberrante preconizar que el exilio es la única solución para nuestros dilemas éticos. ¿Qué opináis de esta última afirmación? Está claro que Adam, y el autor detrás de él, se despacha a gusto a través de esta historia con su país. Todo un ajuste de cuentas. Pero el dilema ético está ahí. ¿Qué hacer ante una situación así? ¿Irse? ¿Quedarse y mancharse? ¿Quedarse y mantenerse limpio si eso es posible? Todo esto me recuerda a La hija del Este, la guerra de Yugoslavia y todas las guerras en realidad. Como dice Adam: las guerras no se limitan a sacar a flote nuestros peores instintos: los fabrican, los moldean. Se vuelven traficantes, saqueadores, secuestradores, criminales o asesinos muchos que habrían sido buenísimas personas si la sociedad en que vivían no hubiera implosionado…

Cuando Adam visita, después del entierro, a Tania, ésta se muestra dura con él e intenta disculpar a Mourad. Le dice que él hubiera hecho lo mismo si se hubiera quedado. Y va más allá cuando le pregunta qué hubiera ocurrido si todos se hubieran ido del país como hizo él. Los que se quedaron se ensuciaron las manos para conservar un país para vosotros, para que pudierais regresar un día. Creo que toda la historia de Mourad y el dilema de irse o quedarse, que resumen muy bien las palabras de reproche de Tania, son el tema central de esta novela. ¿Qué opináis de todo esto?

A continuación viene la historia de amor entre Semi y Bilal, rota por la muerte violenta de éste cuando opta por las armas. Bilal se queda con la bella Semiramis y Adam la pierde, una vez más por haberse convertido en esta persona demasiado educada, demasiado pendiente de no desagradar nunca a nadie, demasiado absorta en mis libros y en mis ensoñaciones, ¡en esta persona tan timorata! ¿Ha cambiado Adam o sigue siendo el mismo? Cuando Adam decide quedarse unos días más en el albergue de Semi ¿lo hace fundamentalmente para vivir aquello que no vivió con ella? Él se lo pregunta. Bilal y Adam eran amigos íntimos en aquel momento y, de alguna manera, Bilal le da una lección de sinceridad y amistad verdadera cuando, cuatro años después de que Semi comenzara una relación con Bilal, le saca el tema hablando con la pasión e intensidad que le caracterizaba. Bilal era un hombre que vivía todo en carne viva y Adam poseía un pudor extremo y un caparazón imposible de arrancarse.

Semi le cuenta a Adam su relación con Bilal, tormentosa, apasionada, y el porqué éste tomó las armas. Os dejo a vosotros los comentarios sobre ambos temas, muy interesantes, que podrían partir de la siguiente pregunta que se hace Adam: los conflictos que alteraban nuestro país, ¿eran sencillamente enfrentamientos entre tribus, entre clanes, por no decir entre varias bandas de golfos o tenían de verdad una dimensión más amplia, un contenido más ético?

Nos queda por comentar la historia de otros dos amigos, inseparables, Ramzi y Ramez. Dos caras de una misma moneda. Uno cristiano, el otro musulmán. Dos ingenieros que crearon una empresa que rápidamente creció por muchos países lo que les hizo inmensamente ricos. Pero Ramzi, después de años y vicisitudes varias, abandona todo y se convierte en monje mientras Ramez continúa con la empresa. Ramzi fracasa en el amor y en la paternidad y se cuestiona continuamente el porqué de lo que hacen mientras que Ramez está felizmente casado y disfruta con su trabajo. Es un hombre feliz.

Adam se encuentra con Ramez, un hombre campechano a pesar de su riqueza, simpático y buen amigo que le cuenta todo lo acontecido en su vida y en la de Ramzi a lo largo de esos años. Hay reflexiones muy interesantes sobre la situación de los árabes y los musulmanes en el mundo. Os invito a comentarlas ya que me he extendido demasiado. Podrían comenzar por esta frase de Ramez: pertenezco por nacimiento a una civilización derrotada.

Plazos
Hay muchos temas interesantes que comentar en esta parte. Es vuestro turno. Disponéis de una semana más o menos para ello. Mientras, continuaremos con la lectura a partir del capítulo Octavo día (pág. 273) hasta el final del capítulo Undécimo día (pág. 409).