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Para que veamos cómo trabajan, para que veamos qué es el trabajo

23 Jun

the butchers / los carniceros (3)Estos siete primeros capítulos se centran cada uno de ellos en el albañil, la operaria, el carnicero, el mozo de almacen, la teleoperadora y la limpiadora.

Con el albañil empieza el espéctaculo. Desde las primeras líneas asistimos algo que no sabemos que es pero que parece una representación teatral, algo que constataremos a medida que avancemos en la lectura. Pero, ¿por qué una representación teatral de trabajadores que realizan su trabajo? Es extraño, muy extraño. El albañil hace muy bien su trabajo, sin prisas, con esmero, como si de una obra de arte se tratara, parece que el autor quiere elevar el trabajo a la categoría de arte, dignificar una rutina, un homenaje al bendito ladrillo, un objeto que no es un cuadro, o una escultura, es simplemente un ladrillo, algo que no nos hemos parado nunca a contemplar. Pienso en Bertolt Brecht cuando el autor en boca del albañil afirma  el escaso reconocimiento que tiene pese a ser la base de nuestra civilización. Brecht, y siguiendo su estela, Luis Sepúlveda, hablaban de lo poco que pensábamos en los obreros que habían alzado con sus manos y su sudor catedrales, o construído una vía del tren o un puente, y, en cambio si sabíamos el nombre de los arquitectos o ingenieros encargados de esos proyectos. Y, al hilo de estas reflexiones, yo os pregunto ¿quién es más importante, quién realiza el trabajo más importante: el obrero o el arquitecto o el ingeniero o el artista? Ahí está el quid de la cuestión.

El albañil, como después los otros trabajadores, tiene lo que él llama “pensamientos enladrillados” (verdaderas reflexiones que el autor utiliza para darnos su opinión) que le distraen de su trabajo tedioso y le ayudan a sentirse más persona, más cerebro, menos animal, menos máquina, y que son como una llamada de atención: “¡eh! Que estamos aquí, que existimos”. El autor también recalca la condición de robots de estos trabajadores: conducir sin pensar, como un robot que repite una y otra vez la misma operación […] no hay nada que pensar porque todo es de una sencillez animal. Tampoco hay vida personal en estos trabajadores, no se habla de ella porque Rosa ha querido que sólo el trabajo sea el protagonista, al contrario de otras novelas donde la vida personal de los protagonistas es el eje alrededor del cual gira todo y sus trabajos no dejan de ser meras circunstancias añadidas.

Hay una reflexión interesante de la cual quería pediros vuestra opinión en la que el autor afirma alguien tendrá que hacerlo […], la pregunta entonces es por qué siempre tiene que tocarle a los mismos, por qué no puede repartirse ese trabajo, por turnos, que a todos les tocase alguna vez en la vida poner ladrillos, limpiar culos o picar en la mina, o hacerlo todos juntos. Cuando Rosa dice que este sistema de producción implica que el trabajador no vea que otros modos de trabajar son posibles, se está refiriendo a esto, a que es posible cambiar las cosas y hacerlo de otra manera más humana y más justa. ¿Qué opináis?

Y enlazando con lo anterior, hay otro momento en el que el autor afirma que los ejecutivos estresados se quitan las tensiones haciendo cosas manuales, ¿Por qué no pueden hacer lo mismo los trabajadores manales, quitarse las tensiones haciendo en sus ratos libres el trabajo de un ejecutivo? Aquí hay ironía, mucha ironía porque esto jamás ocurre. De eso se trataría el reparto del trabajo, que todos hiciésemos de todo.

El autor va desgranando los diversos trabajos con toda minuciosidad, tediosa incluso (algo buscado, claramente, a próposito), todos se basan en lo mismo: rutina, repetición, prolongación de máquinas o de fregonas y, en un momento dado, comprobamos que su trabajo no sirve para nada, que destruyen lo hecho cada día mientras unos espectadores asisten al “espectáculo”. A estas alturas de la lectura, ¿qué pensáis que está detrás de todo esto? ¿Cuál es el propósito del autor en mostrarnos este “teatro” del trabajo? ¿Lo sabremos al final o no lo sabremos porque da igual? Lo que está claro es que nos mantiene la atención, hay una intriga que durará toda la novela o irá más allá de ella para que saquemos nosotros nuestras propias conclusiones.

Hay una crítica continua que nos invita a reflexionar y también a indignarnos ante lo que vamos leyendo. La operaria afirma en un momento dado todo es trabajo, esfuerzo, cansancio, atención y un sueldo necesario para vivir. Aparece el dinero, absolutamente necesario para poder vivir, se hace por dinero, no se hace porque te guste. Al final hay un sueldo que es el motivo por lo que lo has hecho, pero, y aquí entra otro factor en juego, no suelen ser sueldos dignos los de estos trabajadores, normalmente son muy escasos y nada equivalentes al trabajo realizado. ¿Por qué un abogado o un empresario (y ya no digo un actor o un futbolista famoso) tiene que ganar más? Otra oportuna pregunta que pone en entredicho el funcionamiento de esta sociedad.

En las tertulias televisivas comienzan a cuestionarse si el “espectáculo del trabajo” que está ya en boca de todos es teatro (circo, arte, experimento, broma, zoológico) o es trabajo en realidad, si son actores que hacen que trabajan o son trabajadores que trabajan realmente. La operaria se ríe de semejante desfachatez: ya te quería ver a ti llenando y vaciando cajas durante siete  horas para que luego me contases si estás trabajando o haces como que trabajas.

El carnicero añade otra reflexión sobre la ignorancia de lo que hay detrás de lo que consumimos: mucha pena por el perrito abandonado pero nunca se les ocurre pensar, cuando se comen un filete o un muslo de pollo de dónde ha salido eso, cómo ha llegado hasta su plato […], no lo piensa, claro que no, pero tampoco quieren saberlo […], prefieren pensar que todo es limpio, indoloro, humano […], qué proceso mental elabora quien siente espanto al ver cómo destrozan la cabeza de una vaca muerta o le cortan las patas, y sin embargo luego mete el tenedor en la costilla sin acordarse del animal de donde fue arrancada. Hay mucha ironía en el capítulo del carnicero y mucha verdad y desconocimiento respecto a esta hipocresía sobre “pobrecitos animales pero qué buena está la chuleta”. Me ha hecho reflexionar mucho el capítulo del carnicero, además es brutal la descripción del despiece de animales. ¿Qué pensáis vosotros?

En el capítulo del mozo del almacén entra en juego el tema de la inmigración, inevitable cuando hablamos de trabajo en la actualidad. El primer mundo “invadido” por el tercer mundo que viene a buscar una posibilidad de mejora y que se lleva los peores y pero pagados puestos, lo que nadie quiere hacer. El mozo dice: soy rumano, esa es mi profesión. Es decir, hago de todo y por poco dinero, no puedo escoger. Soy el último eslabón en esta cadena de trabajo.

Me he extendido demasiado, pero queda la teleoperadora: la falsedad de la venta, las mentiras para vender lo que sea y la invisibilidad de la limpiadora. Os lo dejo a vosotros, es vuestro turno de comentarios.

Plazos

Leeremos hasta el final del libro y en el post iremos dejando nuestros comentarios sobre esta parte y las conclusiones finales de la novela. Lo haremos a partir de ahora y hasta finales de mes. Una semana más o menos, ya que se acercan las vacaciones.

La mano invisible: una inmensa reflexión sobre el trabajo

11 Jun

Trabajos en alturaVoy a utilizar palabras del propio Isaac Rosa concedidas en una entrevista a Europa Press, con motivo de la presentación de su libro, para comenzar este post. El autor es rotundo cuando dice que el trabajo no dignifica, sino que pervierte, que obliga a mentir o a comportarse de manera diferente. Rosa realiza un retrato del mundo laboral y de cómo la percepción del trabajo ha ido deteriorándose a medido que las condiciones de los trabajadores han empeorado en los últimos tiempos. El autor afirma que lo que ha pretendido con su obra ha sido incitar al lector a una reflexión sobre el trabajo y sus condiciones. Sus conclusiones son claras: desde pequeños nos adoctrinan respecto al trabajo y, en el momento de incorporación al mundo laboral, nos volvemos dóciles, sobre todo cuando nos aprietan. Continúa diciendo que esta situación implica que el trabajador no se cuestione jamás el funcionamiento del sistema y no vea que otros modos de trabajar son posibles.

Así que en esta novela sorprendente el mundo laboral es el protagonista absoluto, no hay lugar para el mundo personal. Sólo el trabajo alienante, desgastante. Rosa utiliza a varios representantes del colectivo de trabajadores a cada uno de los cuales les dedica un capítulo. No tienen nombre, sólo tienen su profesión como única identificación: un albañil, una operaria, un carnicero, un mozo, una teleoperadora, una limpiadora, un mecánico, una costurera, un camarero, una administrativa, un informático y un vigilante. Todos ellos representan a los millones de personas que componen la clase trabajadora. No hay lugar para los arquitectos, abogados, artistas, actores, profesores… las supuestas profesiones vocacionales y, por lo tanto, satisfactorias.

Estos trabajadores han sido reunidos en un trabajo extraño, muy extraño. Les han contratado para que realicen su trabajo de cara a un público en una nave abandonada. No saben, y no sabemos, quienes están detrás de sus contratos, ahí está la parte de intriga de la novela que se mantendrá hasta el final. Ellos realizan el mismo trabajo que realizarían si estuvieran en fábricas o empresas pero con la diferencia que, por una vez, lo importante no es la producción sino el proceso en sí mismo y el esfuerzo humano que hay detrás de él. El producto de su trabajo no va dirigido a nadie. Se destruye lo que se hace. Sólo trabajan para que unos espectadores les contemplen. El espectáculo del trabajo, muy propio en este mundo-espectáculo en el que vivimos donde todo se ha convertido en algo susceptible de ser filmado y contemplado.

El autor quiere que el lector reflexione, que piense que las cosas no se hacen solas, desvelar la cara oculta del trabajo, la cara invisible, la que no queremos ver. Que cuando entramos en un edificio pensemos en los albañiles que lo han construido ladrillo a ladrillo, o que cuando utilizamos los baños de unos grandes almacenes pensemos en la limpiadora que ha limpiado la mierda que dejamos todos, o que cuando conducimos un coche pensemos en la cadena de montaje de una empresa de automóviles donde cada trabajador cumple una misión, siempre la misma: colocar los espejos retrovisores, o las puertas… pero Rosa quiere ir aún más allá, porque en esta novela hay una crítica social muy fuerte al sistema de trabajo capitalista en el que vivimos en el que el trabajador consagra su vida a los intereses de otros y destruye todo rastro de solidaridad con los de su especie. Y ¿quién es la mano invisible? ¿El que se lleva las máximas ganancias y que maneja desde arriba los hilos o las manos invisibles de esos millones de personas intercambiables, prescindibles, que quedan ocultas e ignoradas bajo todo lo que nos rodea: los objetos que consumimos, los edificios a los que entramos…? Lo iremos descubriendo en nuestra lectura.

Es muy apropiada y simbólica la cita inicial, con que se abre el libro, de Simone Weil  (1909-1943) una personalidad fascinante. Filósofa, deja su profesión a los 25 años para trabajar como obrera, primero en la Renault (allí recibí la marca del esclavo) y después como obrera agrícola. Pensaba que el trabajo manual debía considerarse como el centro de la cultura y sostenía que la separación creciente a lo largo de la historia entre la actividad manual y la actividad intelectual había sido la causa de la relación de dominio y poder  que ejercen los que manejan la palabra sobre los que se ocupan de las cosas (fuente: Wikipedia).  Weil habla en esta cita inicial sobre la docilidad (una docilidad de bestia de tiro resignada), que no rebelión, que le ha suscitado trabajar como obrera. Estos trabajadores de La mano invisible nos van a hablar también (el texto está plagado de estas reflexiones a modo de monólogos interiores. Junto con la descripción es casi la única estructura del libro. Hay poca acción) de lo que sienten ellos trabajando de esa manera: de su rutina laboral, de su resignación, de su humillación, de su explotación, también de su rabia, son conscientes de lo que hacen (algunos de ellos) y para qué lo hacen pero tambén necesitan el dinero que ganan. Pero no se rebelan, sufren dócilmente, soportan la deshumanización. Son como robots. Como si fueran una prolongación de las máquinas que manejan. Esto está muy presente en todo el libro.

El estilo es muy descriptivo, detalla todo al milímetro (el autor se ha documentado a conciencia sobre los diversos trabajos), muy repetitivo, como si quisiera reflejar con ello la monotonía de estos trabajos.

Es literatura, no deja de serlo, a pesar de la reiteración de los temas, es literatura poderosamente escrita y estructurada. Cuando llevas tres o cuatro capítulos piensas si no te va aburrir tanta reiteración, pero, en mi caso, no ha sido así. Consigue de una forma hipnótica, y con una profunda reflexión incluida, atraparte. Llegas a sentir su agotamiento, sus dolores, su tedio, su rutina. Es pesimista pero no desoladora, porque yo siento una dignidad por debajo de lo escrito que alza a todos estos trabajadores a la categoría de ángeles.

Plazos

Vamos a dividir la lectura en dos partes. La primera nos llevará hasta la página 180, más o menos la mitad del libro. Como son bastantes páginas dedicaremos entre una semana y diez días a su lectura.

Nuestro próximo libro: LA MANO INVISIBLE de ISAAC ROSA

1 Jun

Novela de Isaac Rosa

Nos vamos del teatro noruego del siglo XIX a la literatura en castellano de la mano de una autor actual, Isaac Rosa (Sevilla, 1974), con una interesante y comprometida obra en su haber. La mano invisible es su última novela publicada en septiembre de 2011 en la que el autor aborda uno de los grandes temas de nuestro tiempo y de los menos transitados en la literatura actual: el mundo laboral. Un buen tema para profundizar en estos tiempos.

Los libros ya están preparados para que paséis a recogerlos en la Biblioteca de Forum a partir de ya mismo.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Casa de muñeca, Hedda Gabler. Gracias.

Nos encontramos aquí dentro de una semana más o menos para comenzar nuestra lectura.