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En busca de la felicidad

19 Dic

“No es bueno obsesionarnos con un ideal hasta el punto de amargarnos la existencia por no alcanzarlo”

La bella esposa durmiente del bosque

Satsuko queda con una antigua amiga que no ve desde hace cinco años, Misuzu. Habían trabajado juntas y eran buenas amigas. Después, Misuzu se casó, tuvo un hijo y dejó el trabajo. Ahora los problemas de Misuzu eran otros, no se encontraba bien y le confiesa “algunas veces me siento atrapada, como si estuviera en una caja de zapatos“. La maternidad la agobiaba. Todavía no se había acostumbrado a tener a una persona totalmente dependiente de ella. A no tener tiempo para ella.

En estos momentos estaba trabajando desde casa para compaginar la maternidad con la faceta laboral, pero aún así se seguía sintiendo “encerrada”. Cuenta con estar un año más así, después cuando su hijo vaya al colegio se reincorporaría a la vida laboral.

Además, Misuzu también se siente insegura con su cuerpo. Siente que con la maternidad ha cambiado y es algo que le obsesiona, y quiere recuperar su juventud. Satsuko no sabe como consolarla. Ella la ve igual que siempre y no consigue entenderla bien. Aún así, le regala un día de compras y una tarde de relax en un spa. Misuzu agradece hacer algo, por fin, para sí misma.

El segundo hombre

Satsuko conoce a Tarô el dueño del bar donde suele ir a comer. En seguida le gustó así que intentó hacer todo lo que pudo para que las citas con él salieran bien. La primera fue por iniciativa de él a una clase de Hot yoga. En la segunda, también propuesta por Tarô, a un pícnic. Para la tercera decide acudir antes a la tienda de lencería para que Isaji le aconseje en cuestiones de ropa interior.

Quería buscar algo que reflejara “el tipo de relación que quería tener con él, más natural sin artificio… sólo quería mostrarse tal como se sentía en su compañía”. Isaji, como siempre la aconseja y alaba su nueva actitud frente a la vida ya que parece mucho más segura de sí misma que cuando la conoció. Satsuko se dio cuenta de lo atractivo que es Isaji,como si lo viera por primera vez y “sintió una punzada indefinida en el fondo de su corazón”.

La tercera cita con Tarô no fue todo lo bien que esperaba. Fueron citas originales y sorprendentes y se había sentido muy a gusto en su compañía pero se dio cuenta de que ella no tenía poder de decisión. Todo lo elegía él, no le preguntaba a ella. También se dio cuenta de que intentaba imponer sus gustos sin tener en cuenta su opinión, hacía comentarios sobre ella con la intención de que cambiara para “complacerle“, cosa que no iba en absoluto con el carácter de Satsuko así que acabó rompiendo con él.

Por mi tañen las campanas

En esta parte final del libro, a Satsuko le descubren una “calcificación en un pecho” y le hacen más pruebas médicas. Tras la mamografía vino una biopsia. El resultado fue un “tumor maligno” pero sin riesgo a que se extendiera por otros órganos. Tenían que operarla y hacerle una “mastectomía completa“. Satsuko se quedó destrozada. Aunque le aliviaba el hecho de no tener metástasis, el perder un pecho la desbordaba.

Para la operación se fue a vivir con sus padres para contar con el apoyo de su familia. Decidió someterse a una mastectomía completa y a una reconstrucción al mismo tiempo. Se pondría unos implantes artificiales y más tarde se tendría que volver a someter a otra crujía para ponerse el pecho definitivo.

Un año y pocos meses después, Satsuko se había sometido a varias operaciones para intentar equilibrar sus pechos. Seguía con la rehabilitación. Se había puesto a trabajar a tiempo parcial en un restaurante de fideos chinos que regentaba un amigo de su padre. Todavía no se sentía con fuerzas de volver a su trabajo y en ese intervalo de tiempo la empresa quebró.

Satsuko estaba viva y feliz de estarlo. Por fin podía disfrutar de cada momento del día. Y se acordaba con nostalgia de Isaji. Quería volver a verlo. Se había enamorado de él hace tiempo, sin darse cuenta.

Un día fue a su nueva tienda. Un local mucho mejor. Quería ver su cara cuando la viera. Isaji no se amilanó cuando se dio cuenta de lo que le había pasado, todo lo contrario “se enorgullecía de que hubiera vencido la enfermedad” y le contó que su madre, Hanae, pasó por lo mismo y ahora estaba bien y feliz.

Satsuko no fue capaz de expresarle sus sentimientos pero cuando estaba de regreso a su casa, descubre en la bolsa de la tienda una carta de Isaji donde sí expresaba los de él. Así que se decidió y por una vez en la vida tomó la iniciativa.

Poco tiempo después, monta una nueva empresa de publicidad y se casa con Isaji. Es feliz ante el nuevo futuro que tiene por delante.


Mi opinión

Hemos llegado al final de la novela. Y como cabía esperar, un final feliz. Satsuko se nos presenta al principio como una mujer estresada, sin vida personal y viviendo para su trabajo. Considera que por ser mujer tiene que demostrar el doble en la empresa y no pone límites. En el fondo es una persona insegura y amargada que pone de excusa para su inexistente vida personal y social que su novio la dejó hace tiempo por otra.

El contacto con Isaji le hace ver su auténtica realidad y que no es feliz. Poco a poco va cambiando su mentalidad ya que es consciente de que no lleva las riendas de su vida, sino que se deja llevar sin más. Ese proceso de madurez le hará empatizar más con su entorno y relativizar todo cuanto le ocurre.

Tras superar su enfermedad se vuelve más fuerte y consigue lo que buscaba: el amor y trabajar de otra manera.

Novela ligera, con toques de humor, llena de tópicos y sin más pretensión que hacernos reflexionar sobre algunas cuestiones sobre las que atraviesa la mujer trabajadora de hoy en día: el trabajo, los horarios, la maternidad, la juventud, el cuidado de la imagen, el sexo, etc.

Entretenida y fácil de leer.

¡¡¡Espero vuestros comentarios!!!!


Calendario:

  • Los que tenéis un ejemplar en casa: tenéis que devolver la novela antes del 28 de diciembre.
  • Para todos: hacemos un parón en navidades y volvemos el 7 de enero con más lecturas.

¡¡¡Felices fiestas!!!

Las cosas no cambian, cambiamos nosotros

12 Dic

Foto de Toru Hanai/Reuters. http://www.eldiplo.org

“Cuando las personas permitimos que los prejuicios controlen nuestras vidas, a veces dejamos pasar oportunidades maravillosas”

Cien años de acritud

Satsuko tiene 32 años y trabaja en una empresa de publicidad. Puede estar hasta las tres de la mañana en la oficina e irse a su casa sólo a dormir unas cuentas horas para volver a las jornadas interminables de trabajo. Lleva una vida aburrida y monótona.

Un día, de camino a un cliente, descubre que no lleva puesto el sujetador y decide entrar en una tienda de lencería para subsanar el error. Allí conoce a Yô Isaji, un joven vendedor experto en lencería. Turbada por la presencia masculina en una tienda así, decide olvidar los convencionalismos y dejarse llevar. Pero Isaji resultó ser algo más que un buen vendedor, supo leerle el alma a través del cuerpo y adivinar cual había sido su vida desde hace unos años. Satsuko se quedó impresionada.

Este hecho le hizo pararse a pensar en como está siendo realmente su vida, en general poco satisfactoria. Sin vida social, ni familiar, está plenamente volcada en el trabajo e intentando contentar a sus superiores. El hecho de que Isaji le mostrara la realidad, le hizo ver que todo dependía de ella y sólo ella podía ponerse en valor y conseguir ser más feliz.

Asumió la reunión que tenía programada de otra manera. Su cliente era la empresa Viajes Lirio del Valle pero con quién tenía que lidiar era con su relaciones públicas, la señora Akiyoshi. Una persona con mucho carácter y difícil de contentar. Hasta este momento, Satsuko se limitaba a asentir en la reuniones, darle la razón y comportarse como la “devota empleada“. Pero algo ya había cambiado en su interior y no se conformó con asentir sino que dio su opinión y debatió todas las salvedades que la señora Akiyoshi le hacía a su propuesta publicitaria. No se dejó amedrentar. Y consiguió su objetivo, porque nadie “se había atrevido nunca a expresarle su verdadera opinión”, así que la señora Akiyoshi le dio una oportunidad de llevar la campaña publicitaria de su empresa.

Lo que la faja se llevó

Satsuko es invitada a la boda de su exnovio, Naosuke Monma, con Airi Ono, a la que todavía no conoce. Naosuke había sido su novio desde el instituto, habían pasado mucho tiempo juntos, desde los 14 hasta los 29 años. Ella creyó que pasaría toda la vida con él. Todavía seguía pensando que ese capítulo no estaba del todo cerrado, así que la invitación le supuso un cara a cara con la realidad que no quería asumir.

La causa de la ruptura fue otra mujer, una compañera del trabajo de Naosuke y muy joven. Satsuko no lo había superado. Fue a la boda un poco obligada para no dar lugar a comentarios ni para despertar la compasión. Se encontró con amigas y conocidos y “le hería el amor propio el hecho de que la gente pudiera creer que no tenía pareja ni hijos porque era una mujer inadecuada“.

Lo que se encontró allí la sorprendió. La novia no era quién ella esperaba. No era la compañera de trabajo mucho más joven que ella, sino otra mujer diez años mayor que él. Se escandalizó de lo que vio y no entendía que hacía Naosuke con ella. Cayó de lleno en los convencionalismos sociales y en los prejuicios sobre la edad y la juventud.

Al final, tras el discurso de la novia que dijo que “hago lo que me apetece sin pensar en lo que los demás piensen de mi” se dio cuenta de que ella misma se había convertido en una “mujer intransigente y cuadriculada” se había escandalizado por la diferencia de edad entre los novios y que los vestidos de la novia eran “inadecuados” y se da cuenta que desde su ruptura con Naosuke se “quedó encasillada en ese momento” y se dio cuenta de que necesita salir de ese bucle. Aunque Naosuke no hubiera conocido a otra chica se hubieran separado igual porque recuerda Satsuko que en aquella época “ella solo tenía tiempo para su trabajo”. Ahora, consciente de la realidad, se plantea un nuevo futuro.

El sujetador sobre el río Kwai

Satsuko ayuda a una compañera de trabajo, Momota, a tener una mejor actitud en el trabajo ya que se muestra distante y nada empática con los clientes. Y quiere evitarle problemas con los jefes.

Momota viste de forma masculina y sin importarle mucho su imagen. Así que, Satsuko en vez de juzgarla intenta conocerla mejor y ayudarla con las relaciones laborales. Quedan juntas fuera del trabajo y de esta manera conoce su infancia y adolescencia donde fue intimidada por el sexo masculino. Y le contó como en el metro un hombre mayor se le acercó de manera inapropiada “el hombre mostró sus colmillos de fiera y yo sentía tanta vergüenza como si hubiera cometido un pecado”.

El problema de Momota es que desde la adolescencia y por una serie de circunstancia “se sentía muy humillada y degradada como mujer” y esa sensación le perduraba hasta hoy. Satsuko le dice que puede ser como quiera y vestir igual pero que tiene que ser más amable con su entorno e intentar empatizar con él. La va a ayudar y apoyar. Y Momota va cambiando poco a poco.

El fantasma del edificio comercial

Satsuko se queda sorprendida por la cantidad de hombres vestidos de mujer que entran en el viejo edificio comercial (donde está la tienda de lencería) para ir a la tienda de la Señora del Bigote, una boutique para drag queens. Cree reconocer a uno de sus clientes y siente curiosidad. Después de varios días vigilando la entrada descubre que uno de ellos es el señor Ogami, uno de sus clientes de una empresa de destilería y con el que tenía problemas en promocionar su último sake.

A Satsuko se le ocurre la idea de organizar un taller de lencería para hombres en colaboración con la tienda de la Señora del Bigote. Resulta un éxito. Allí se encuentra con el señor Ogami. Le ayuda a encontrar la prenda perfecta. Tras esto, Ogami decide darle la campaña y no por comprar “su silencio” sino porque cree que Satsuko no tiene prejuicios y sabe “ver a la persona tras el producto“.

El especialista al servicio de Su Majestad

En esta ocasión, Satsuko se enfrenta al proyecto publicitario del señor Ogami. Él quiere para el anuncio de su sake a la actriz Yûki Honjô que lleva varios años sin estar en activo y que además había protagonizado varios escándalos. Aunque seguía siendo un icono entre los gays y los transexuales. Por eso entendió el interés de Ogami por ella.

La contrató para el anuncio pero cuando la vio, no se correspondía en absoluto con la imagen que tenía de ella en sus primeras películas. Llegaba “apoyada en su mánager, con evidentes dificultades para caminar y la cara enrojecida”. Mujer con mucho carácter y difícil de contentar. Un poco diva. Pero tras pasar por maquillaje y peluquería, parecía otra. Ogami no dejaba de contemplarla como si Yûki fuera una escultura de mármol como una diosa y con total admiración.

Tras varios cambios de vestuario, Satsuko consigue dar con la imagen ideal para el anuncio con la ayuda de Isaji, que siempre está cuando lo necesita, y se da cuenta de que la juventud no lo es todo y que a pesar de los años Yûki sigue brillando con luz propia, lo único que hace falta es que “una se acepte a si misma y se quiera“.

Comentario 

Esta novela se puede enmarcar dentro de la narrativa del Chick-lit por su cercanía al género de la novela romántica. Presentando a la mujer, no como víctima, sino como dueña de su propia vida y mostrando un elenco de experiencias que se corresponden, en gran medida, con las de las mujeres actuales, trabajadoras, en torno a la treintena y que viven en grandes ciudades.

Con elegancia y un humor irónico directo, Asako Hiruta nos va mostrando a lo largo de los capítulos la vida y circunstancias de Satsuko Kunieda una treinteañera soltera, trabajadora y estresada.  Que lleva una vida aburrida y sin pretensiones después de que su novio de toda la vida la dejara. Entonces se encuentra con Yô Isaji y le rompe los esquemas, primero al comprobar que es un especialista en lencería, trabajo que siempre se atribuyó a las mujeres, y segundo porque sabe leerle el alma mejor que ella misma.

Es una lectura ligera pero llena de matices. La presión de la imagen de la eterna juventud sobre la mujer, los prejuicios de ellas mismas sobre las demás. Prejuicios cotidianos que esclavizan a la mujer en general con su cuerpo.

La presión sobre el trabajo. Competir en un mundo laboral de hombres intentando siempre ser la mejor. Supeditar toda tu vida a la empresa, sin horarios y sin vida personal.

A lo largo de esta lectura vamos viendo como poco a poco Satsuko va superando los convencionalismos, cogiendo confianza en si misma y tomando las riendas de su vida para ser feliz.


Ahora os toca a vosotros,

Comentad lo que queráis de la novela. Vuestras impresiones. La historia, ¿creéis que trata sobre el cambio de actitud de Satsuko ante la vida o de más cosas?. ¿Creéis que refleja algunas circunstancias y sentimientos reales?. ¿Qué pensáis de Yô Isaji?

El próximo post: el miércoles, 19 de diciembre (final de la novela)

¡¡Nos leemos!!

El papel de la mujer en Japón

4 Dic

Japón es una país ampliamente dominado por los hombres. Su contexto político lo hace desfavorable para la emancipación de la mujer puesto que el Partido Democrático Liberal, excesivamente conservador, ha estado en el poder desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Con la derrota de Japón en la Guerra Mundial, el parlamento tuvo que aceptar la inclusión de una nueva Constitución, en la que se garantizaba la igualdad entre hombres y mujeres.

Aun así hoy en día el estatus social de las mujeres en Japón comparado con otros países desarrollados es bastante bajo. En parte se debe a que en las mentes de los japoneses persisten muchas ideas desde la Era Edo (1603-1868) y por la influencia del Confucianismo  que ve al hombre como un ser social que ocupa un puesto y desempeña una función determinada como estrategia del bien común y no como un ser aislado. “El japonés no piensa en si mismo como individuo, sino en su papel como parte de la sociedad”.

En Japón las mujeres, al igual que los hombres, están encasillados en un rol determinado por el género. Solo el 10% de los cargos de dirección en la empresa privada son ocupados por mujeres y el caso es similar en la administración pública.

Los japoneses conciben esta situación como un asunto meramente cultural, no es porque se considere a la mujer como una persona incompetente o incapaz, sino porque durante siglos, han existido labores asignadas únicamente a los hombres.

Emancipación laboral de la mujer

Fue en la década de los setenta, en pleno boom económico, cuando las japonesas comenzaron a tener un protagonismo real en el desarrollo del país. No sólo porque se produjo una entrada masiva de mujeres en el mercado laboral, aunque en su mayoría a tiempo parcial, sino también porque el mercado les reconoció una importante capacidad de consumo: como administradoras del gasto en sus hogares y como trabajadoras. Sin embargo, fue con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria a principios de los noventa, y con la crisis económica que azotó Japón a lo largo de toda la década, cuando comenzó la “revolución”.

La crisis provocó la reestructuración de la plantilla de las empresas. Decenas de miles de ejecutivos perdieron sus empleos, cientos de miles de hombres que habían crecido con las empresas y jamás concibieron cambiar de empleo vieron traicionada su lealtad empresarial y se vieron en la calle. Aumentó el índice de suicidios y muchos hombres, avergonzados por encontrarse en el paro, optaron por no volver a sus casas y perderse en el creciente enjambre de los “sin techo”.

Forzadas o no por los acontecimientos, las japonesas dieron un paso al frente. Como fuerza laboral, eran mucho más flexibles porque casi siempre habían estado en un segundo plano, con trabajos temporales. Además, las dificultades que las mujeres sufren, en especial el degradante y frecuente acoso sexual, habían convertido su cambio de empleo casi en una costumbre.

En clave autobiográfica de humor y de asombro, la escritora belga Amélie Nothomb, nacida en Japón, donde pasó su infancia y cuya lengua domina, cuenta en Estupor y Temblores” el traumático interior del mundo laboral japonés. Un mundo que fagocita a las personas hasta convertirlas en engranajes; que absorbe la mitad de las horas del día y está fuertemente jerarquizado; en el que cada superior es, antes que nada, inferior de otro, y en el que la mujer, considerada un ser de segunda clase, es humillada y tiene más bien nulas que pocas posibilidades de ascender. Nothomb, que terminó relegada a limpiar los servicios de la empresa, cuenta que la japonesa “nace cargada de obligaciones y bajo el dogma de que nada bueno puede esperar de la vida”. A partir de ahí, todo son preceptos absurdos que moldean su mente desde la cuna y pesan como una losa para que el hombre, la empresa y la sociedad en general se paseen sobre ella.

Discriminación laboral

La falta de flexibilidad es sólo uno de las ramas del problema. Mientras no haya un cambio de actitud por parte de toda la sociedad, la mujer no podrá avanzar hacia la igualdad. Por ejemplo, declaraciones como las del ministro de sanidad Yanagisawa, que describió a las mujeres como “máquinas de parir niños” y sugirió que el bajo índice de natalidad japonesa era culpa de mujeres que no estaban sabiendo cumplir con su obligación de tener hijos, o la recomendación de Shimomura (político del gobierno de Shinzo Abe) hacia las mujeres para que “se queden en casa y cuiden de sus hijos” como solución a la falta de guarderías y centros infantiles, son claros ejemplos de que la mentalidad debe cambiar.

Incluso el lenguaje japonés refleja algunas de éstas ideas. La existencia de términos como christmas cake (para referirse a mujeres de más de 25 años sin perspectivas de matrimonio), shokuba no hana (literalmente, flor de oficina) u OLs (office ladies), que básicamente sirven a sus compañeros masculinos, demuestra que Japón está lejos de vencer la discriminación laboral por cuestión de género y que la idea de que la mujer es inferior al hombre en el ámbito laboral está todavía muy presente en la mente de toda la sociedad.

Asimismo, la diferencia salarial entre sexos en Japón es la mayor de los países desarrollados y conjuntamente con la exigencia de una cultura corporativa, que supone una gran barrera para aquella mujer que no quiere o no puede cumplir con las expectativas de dedicación absoluta y largas jornadas, el número de mujeres en posiciones de liderazgo ha pasado tan sólo del 1% al 2,8% entre 1980 y 2005, es decir, ha tenido un crecimiento exageradamente lento.

A pesar de esto, las tasas de ocupación femenina no han hecho más que subir desde  2005,  pero todavía queda mucho camino por recorrer, especialmente en cuanto a la calidad de estos puestos de trabajo y las condiciones salariales.

Movimientos feministas

Todo esto ha motivado la tardía aparición y el escaso arraigo en Japón de los movimientos feministas y liberalizadores de la mujer así como de la reivindicación de la igualdad de derechos. En la actualidad, desde la Ley de Igualdad de Oportunidades, promulgada en 1985, la Ley de Baja Maternal, de 1992, y la Ley para la Prevención de la Violencia Conyugal, de 2001, las japonesas están tan protegidas legalmente como las europeas o las norteamericanas.

En la práctica, sin embargo, aún les queda un largo camino por recorrer, como demuestra que ninguna de las dos primeras leyes mencionadas incluye una penalización para las empresas en caso de que las incumplieran.

Ayaka Shiomura recibe disculpas publicas de Akihiro Suzuki. Fotografía tomada de: Asianews.it

Existen múltiples ejemplos de acoso a las mujeres, uno de los que causó más revuelo en su momento fue el de la parlamentaria Ayaka Shiomura, quien presentaba un discurso, para proponer acciones de apoyo a las madres trabajadoras con hijos pequeños y medidas para aumentar la tasa de natalidad en Japón; un opositor en su momento lanzó un grito para detener el discurso diciéndole: “¿No sería mejor que te casaras rápido?”

A pesar de lo impactante que fue el comentario de la oposición, entre lagrimas, Shiomura mantuvo su determinación y agregó a su discurso: “Cuando las mujeres brillen con luz propia, Japón será más y más radiante.”

Con el paso de los años, la situación ha empezado a cambiar, las mujeres ahora reconocen sus derechos y su papel en la sociedad, incluso en una con contrastes culturales tan fuertes como la japonesa. Los casos de Sekuhara se denuncian cada vez más y ahora el Estado está trabajando por el reconocimiento de la labor de la mujer en cargos públicos y privados.

La familia y la sexualidad

Unas relaciones sexuales libres y una sexualidad abierta son algunos de los grandes problemas que enfrentan a la juventud japonesa con sus progenitores. Aunque el matrimonio sigue siendo prioritario, cada día son más los chicos y las chicas sexualmente activos fuera de un marco convencional, si bien son pocos los que se aventuran a un desafío abierto. La independencia económica, una buena dosis de hipocresía y la mayor preparación de la mujer han convertido lo que era hasta ahora un tabú en una cuestión de estudio.

La píldora anticonceptiva no fue legalizada hasta 1999 debido a las dudas de la población sobre su seguridad, y en parte debido también a que solo un porcentaje muy bajo de las mujeres japonesas la usan, incluso hoy en día.

Con grandes esfuerzos, las japonesas van ganándose su autoestima y forjando su independencia, lo que se traduce en cambios en la estructura familiar. El primero es el retraso en la edad del matrimonio. Según Kazuo Sato, profesor de la facultad de Educación de la Universidad de Chiba, “hasta hace muy poco era muy difícil para las mujeres vivir como solteras”. Debían casarse antes de los 25 años porque después “su valor como novia decaía rápidamente”.

Ahora, según las estadísticas oficiales, la edad media de las japonesas al casarse se sitúa en 28,3 años. Asimismo, la tasa de divorcio pasó de 1,5 por cada 1.000 parejas en 1984, a 2,3 en 2002, debido fundamentalmente a las demandas presentadas por mujeres.

Foto tomada de: https://mundomayor.com

El futuro

La población envejece con rapidez, la tasa de natalidad disminuye, y los pronósticos indican que la población disminuirá 30 por ciento para 2055.

Para Kathy Matsui, economista de uno de los mayores bancos de Japón, no queda otra solución que aprovechar más la población existente. “Las mujeres constituyen 50 por ciento de los habitantes del país, tienen un gran nivel educativo, pero dejan de trabajar al llegar a determinada edad”, apuntó.

No hay más opción que tomar medidas para que las mujeres sigan trabajando. No es una perspectiva feminista, sino un análisis objetivo de una economista”, subrayó.

Pero la sociedad japonesa no parece muy dispuesta a aceptar esa idea. Una encuesta del gobierno realizada reveló que el 51 por ciento de las personas entrevistadas pensaban que las mujeres deberían quedarse en la casa y cuidar a la familia mientras sus maridos trabajan.

Esa cantidad es 10,3 por ciento más que la que dio una respuesta similar en un estudio similar realizado en 2009. El aumento fue especialmente destacado en la categoría de 20 a 30 años.

“La actual generación joven sabe cómo es crecer con una madre que trabaja”, explicó Suzanne Akieda, arqueóloga belga que vive y trabaja en Japón desde hace 40 años.

“Antes, muchas mujeres trataron de hacer a un lado sus vidas personales para seguir una carrera. Ahora, muchas comenzaron a reconsiderar si aquello fue correcto. Esa es la reacción”, añadió.


Próximo post: miércoles, 12 de diciembre.

Comentarios hasta la página 130 que se corresponde con el final del capítulo “El especialista al servicio de Su Majestad”.

Nos leemos,

Nuestra próxima lectura: “La insólita pasión del vendedor de lencería” de Asako Hiruta

3 Dic

En nuestra próxima lectura nos vamos a Japón de la mano de la joven escritora japonesa Asako Hiruta. Publicada en España en 2016 por la editorial Reservoir Books y traducida por Marta Estefanía Gallego Urbiola.

La insólita pasión del vendedor de lencería

Satsuko tiene 32 años, trabaja en una agencia de publicidad y, a decir verdad, no lleva la vida más plena del mundo. Un día, saliendo de casa con prisas, se da cuenta de que va sin sujetador. Se mete de golpe en una tienda de lencería que ha visto al pasar otras veces, llamada Toujours Ensemble. El dependiente, Isaji, resulta ser un tipo cuyos conocimientos del alma y la anatomía femeninas son tan vastos que apenas necesita tomar medidas para saber qué prenda recomendar y qué consejos personales dar. Su confianza en el poder de la ropa interior es infinita: “La próxima vez que tenga algún problema o duda, llévese la mano al corazón y piense con calma. Su pecho y su sujetador siempre tendrán una respuesta.”

Asako Hiruta

Nació en 1979 en Sapporo, la capital de Hokkaido. Tras graduarse en la facultad de literatura japonesa de la universidad de Otsuma Joshi de Tokio, vuelve a su tierra natal y trabaja en una agencia de publicidad.

En 2007 deja su empleo allí y empieza a escribir. Al año siguiente gana la séptima edición del premio de literatura R-18 (literatura erótica de mujeres para mujeres) de la editorial Shinchosha con el relato «Jijô jibaku no watashi» (Cómo me até a mí misma), que en 2010 se convirtió en la pieza central de un volumen de relatos homónimo y que en 2013 el director del cine Naoto Takenaka llevó a la gran pantalla. A continuación escribe la novela Hoshi to monosashi (Estrellas y distancias, 2012) y otras dos colecciones de relatos: Hitohada shokora riky’ru (2013, El licor de chocolate a temperatura humana) y Ai o furikomu (2013, Domiciliar el amor).

En 2015 su consagración nacional e internacional se produce con Fitter X no ijyona aijyô (La insólita pasión del vendedor de lencería). Como curiosidad comentar que pese a que el libro no es autobiográfico tiene elementos de la vida de la autora.

El trabajo de Asako Hiruta ha sido un pequeño fenómeno editorial en Japón, donde ha cosechado muy buenas críticas, además de provocar el debate y el entusiasmo de un nicho demográfico que en el país nipón es casi invisible: el de las mujeres en la treintena que aún no se han casado y luchan por forjarse una trayectoria profesional. Con un tema extravagante y un humor muy refinado, La insólita pasión del vendedor de lencería se muestra como una lectura refrescante, en la que también afloran cuestiones que afectan a los jóvenes en la actualidad: la sexualidad decreciente de la primera madurez, las miserias de la vida familiar y la maternidad, la presión del mercado laboral o la desigualdad de género.


Calendario de lecturas

  • 3 de diciembre (lunes): post presentación del libro.
  • 4 de diciembre (martes): post “El papel de la mujer en Japón”
  • 12 de diciembre (miércoles): post comentarios hasta la página 130 y se corresponde con el final del capítulo “El especialista al servicio de Su Majestad”.
  • 19 de diciembre (miércoles): post comentarios hasta el final de la novela.

Los que recogéis un ejemplar de la novela en la Biblioteca Fórum ya los tenéis disponibles en horario de apertura de la Sala de adultos.

¡Nos leemos!

Atravesar el dolor

13 May

Luciérnaga. Foto en flickr de Yliaaaaa. Algunos derechos reservados.

Ya hemos llegado al final de este intenso viaje por el amor, la muerte, la enfermedad, el sexo… la vida, a fin de cuentas. Es el momento de que dejéis vuestras conclusiones finales sobre esta novela que aúna una mirada nostálgica con otra plena de vida hacia el futuro.

Con respecto a esta tercera y última parte, yo creo que la historia decae un poco hasta que vuelve a crecer y se llena de significado a partir del último capítulo en el que el suicidio de Naoko provoca el viaje de Toru. Un viaje que, como un sonámbulo, como si estuviera en estado de trance, emprende para vivir su duelo particular por Naoko, y también para intentar encontrarse consigo mismo y, a través de la aceptación de tanta muerte, asumir que ésta es una parte de la vida.

Por fin Watanabe se convierte en protagonista de esta historia, lo que nos va a permitir conocerlo algo más. Poco antes del suicido de Naoko, Toru, que acaba de cumplir 20 años, se encuentra inmerso en un lodazal infinito del que le cuesta horrores salir, pero, como siempre, lo intenta (sólo sabía que tenía que dirigirme a alguna parte y, por ese motivo, movía los pies). Deja la residencia y se va a vivir solo a un apartamento donde aspira a comenzar una nueva vida y le ofrece a Naoko que se vaya a vivir con él. Pero esa nueva vida no llega ya que Naoko empeora. Toru, después de pasar unos días hundido, reacciona y a través de unas palabras, no exentas de reproche, que le dirige a Kizuki, toma una decisión muy importante que explica muchos de los motivos de su proceder hasta ese momento: a diferencia de ti, he decidido vivir como es debido […] Todo lo que está ocurriendo procede de tu muerte: abandonaste a Naoko a su suerte. Yo, en cambio, jamás podré hacerlo, porque la quiero y soy más fuerte que ella. Y aún seré más fuerte. Maduraré. Me convertiré en un adulto […] Hasta ahora había deseado permanecer eternamente en los diecisiete o dieciocho años. Pero ya no lo pretendo […] He cumplido 20 años. Y debo pagar un precio por seguir viviendo. Watanabe comienza a salir del túnel de una eterna y dura adolescencia y se encamina hacia la madurez con paso firme. Finalmente, las pérdidas que sufre parece que le salvan ya que se enfrenta a ellas, las supera, y, una vez dejadas atrás, puede avanzar con su propia vida.

Pero la vida sigue poniéndoselo difícil y se queda muy solo, hasta Midori, ante su indecisión, se aleja de él una buena temporada y este alejamiento le hace llegar a la conclusión de que sin ella no puede seguir adelante. Watanabe lleva mucho tiempo queriendo a las dos, quizás de distinta manera (¿qué opináis?), pero sin ser capaz de dar un paso hacia Midori mientras espera a Naoko que nunca llega. Midori, dolida, se resiste a verle a pesar de sus llamadas, pero un día vuelve a aparecer y le confiesa, en un reencuentro que, como una maravillosa escena cinematográfica, transcurre en la azotea de unos grandes almacenes una tarde de lluvia, que está enamorada de él y que le va a esperar. Ante su hermosa y honesta declaración de amor, Watanabe, vencido por la evidencia, le pide que le dé tiempo ya que no sabe si quiere a Naoko o sólo siente responsabilidad (mi relación con Naoko no fue algo tan simple. Desde el principio estuvimos unidos en la frontera entre la vida y la  muerte) y necesita aclararse. Pero Toru, en ese encuentro, se ha dado cuenta de que ama a Midori de una forma irreversible, quizá desde hace ya mucho tiempo.

Una vez muerta Naoko, y después de su viaje al interior de sí mismo en medio de una naturaleza apabullante, Watanabe percibe que el amor que sintió, ¿que siente?, por ella no deja de dolerle. ¿Será, en parte, porque, como afirma al principio de la novela, Naoko jamás le amó? Una vez conocido el desenlace, ¿por qué creéis que lo dice? ¿Será porque Naoko no había dejado de amar a Kizuki y, finalmente, al escoger la muerte lo escogió a él? El mal que le ha hecho la vida a la joven está muy dentro de su corazón y la presencia de Kizuki lo ocupa casi todo. Éste fue su gran amor y al truncarse, unido a la fragilidad de Naoko, le impide entregarse a Watanabe y a la vida.

Todo lo que ocurre en esta novela, por nimio que sea, es importante y cumple una función, no hay nada casual o gratuito. Lo mismo ocurre con los personajes. Hay un juego interno entre ellos, complejo y lleno de dualidades y contraposiciones, ¿os habéis dado cuenta? Hasta los más secundarios cumplen un papel en la historia.

La “consejera” Reiko, la única adulta, juega un papel fundamental en el paso a la madurez de Watanabe (además parece que se sienten atraídos desde un principio). Con sus conversaciones, le ayuda a desprenderse de tanta muerte, a salir de su particular mundo irreal y del “pozo” en el que cae después del suicidio de Naoko. Ese hermoso y vitalista funeral privado compuesto de 51 canciones (la música es vida) funciona como un acto simbólico y catártico. Pero también Toru ayuda a Reiko. Cuando ésta le pide hacer el amor y él accede, sabe que le está dando un empujón para que ella pueda volver a la sociedad que ha abandonado. A través de la sexualidad (el sexo es vida), Reiko coge fuerzas para enfrentarse de nuevo al mundo real. Es el final de un largo proceso de crecimiento personal que la coloca de nuevo en medio de la pavorosa existencia. Estábamos vivos y teníamos que preocuparnos por seguir viviendo.

Hatsumi, la novia de Nagasawa, es otra alma sensible que pagará caro la elección de ese hombre egoísta que representa el triunfo a toda costa pese incluso a sí mismo. Watanabe, en su breve pero intensa, como todas, relación con ella, siente una corriente de afecto hacia esa mujer que le hace desear que sea su hermana (la deseada hermana mayor del hijo único), pero, sobre todo, siente, al recibir la fuerza que emana de ella, un intenso estremecimiento en su corazón que, años más tarde, descubre qué es: un anhelo adolescente que no había sido, ni sería, jamás colmado. Quiero resaltar la escena que la que terminan juntos jugando al billar, después de la incómoda cena a tres (Toru, de nuevo, sintiéndose de más como le ocurría con Naoko y Kizuki), en la que la dulce Hatsumi explota y reprocha a Nagasawa, con todo derecho, su no correspondida relación. Ella había sido una mujer excepcional. Alguien hubiera debido salvarla.

No quiero dejar de señalar el papel que la música y la literatura ocupan en el libro, y, en general, en toda la obra de Murakami. Las canciones que escuchan y los libros que leen o los autores que nombran, son parte importante que no hay que obviar. Banda sonora de lujo y referencias literarias, simbólicas a veces, que abren el libro a una lectura más profunda: El guardián entre el centeno, La montaña mágica, El gran Gatsby, Capote, Chandler, Updike, Dostoievski, Boris Vian

Queda claro que Watanabe a los 37 años lleva un peso dentro que no tiene resuelto, han tenido que pasar 18 años para que se decida a escribir lo que ocurrió con el fin de poder entenderlo y, en consecuencia, resolverlo. Teniendo esto en cuenta, ¿qué os parece el final de la novela? ¿Creéis que es un final abierto? Para mí está claro que se queda con Midori: Eres lo único que deseo en este mundo. Necesito verte. Quiero empezar una nueva vida a tu lado, y que Midori, aunque no diga nada (aquel silencio recordaba a todas las lluvias del mundo cayendo sobre la faz de la Tierra), le acepta, porque ya antes de su viaje le ha dicho que le ama.

Me parece adecuado terminar con estas palabras que yo creo que resumen muy certeramente la esencia de esta hermosa novela: el conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esta tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar este dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso.

Y yo añadiría: existimos en la medida en que somos recordados.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios, que espero que sean muy numerosos, sobre esta última parte y sobre la novela en general. Disponéis de una semana para ello. Hay mucho que comentar ahora que hemos terminado esta triste y elocuente historia de aprendizaje no exenta de redención. También sobre el peculiar mundo murakamiano y sobre todo lo que queráis. Los rezagados o los que habéis estado “mudos” hasta ahora animaos a dejar vuestra opinión. ¡Nos “vemos” en el blog!

Como un cuervo atesorando pedacitos de cristal en el hueco de un árbol

5 May

熊野古道 #5 – Foto en flickr de Benjyamin. Algunos derechos reservados.

Continuamos en esta segunda parte con el alto voltaje emocional. Estamos en el epicentro de la novela y, con respecto al argumento de la historia, estos son, yo creo, los dos capítulos más importantes. En ellos se profundiza en las dos protagonistas femeninas, y en la relación que mantiene con ellas Watanabe, y se abordan dos de los temas claves de la historia: la muerte y la enfermedad, tanto física como mental.

En esta segunda parte la dualidad es casi total. El capítulo 6 se centra en la vida de Naoko (y Reiko) en la Residencia Ami, un “peculiar” lugar de retiro, completamente aislado en el campo, para personas con problemas mentales, un “mundo irreal” que Watanabe visita durante dos días. El capítulo 7 se centra en la opuesta Midori y en la relación que Watanabe va estableciendo con ella (¡cuánto bien le hace Midori!: doy gracias por haberte conocido. Tengo la sensación de que me he readaptado al mundo) en medio del bullicio de Tokio, el “mundo real” donde el padre de Midori está muriéndose en un hospital (magistral la lección que nos da Midori cuando afirma: hablar es muy fácil. Lo importante es limpiar la mierda o no hacerlo). El autor nos acerca a la enfermedad y a la muerte, a la otra cara de la vida, la que no queremos ver. Murakami nos la pone delante de los ojos como diciéndonos: mira, esto también existe, esto también es la vida.

Tokio blues no nos habla de alegres y despreocupados jóvenes satisfechos con la vida sino todo lo contrario, nos muestra la juventud como un proceso difícil lleno de incertidumbres y desasosiego en el que siempre se quedan muchas cosas por el camino.

Seguimos sin saber mucho de lo que siente Watanabe, sabemos que es solitario, que no le interesan mucho los estudios, que está confuso sentimentalmente y “tocado” desde el suicido de Kizuki, pero parece que le gusta poco hablar de sí mismo, que no se siente cómodo hablando de él. De alguna manera, el autor lo pone ahí con el fin de que todos los demás personajes le “utilicen” para sacar fuera todo lo que llevan dentro. Si os fijáis, en los diálogos, él es el que hace preguntas y los demás se extienden en largas respuestas y cuando le toca responder a él, es muy escueto, como si le costara encontrar las palabras. Hay un diálogo con Reiko donde Toru contesta a una pregunta que ella le hace: me gusta ir de excursión, nadar, leer. A lo que Reiko contesta: veo que te gusta la soledad. Por cierto, ¿qué opináis del personaje de Reiko? ¿Creéis que está metido con calzador o, por el contrario, pensáis que su presencia es clave, o al menos importante, para la historia? ¿Por qué creéis que nos cuenta con tanto detalle la historia de su relación con la alumna? ¿Pensáis que aporta algo a la historia central?

Respecto a los sentimientos que existen entre Watanabe y Naoko ¿Creéis que lo que siente él por ella es sólo amor o éste está teñido con una mezcla de responsabilidad y culpabilidad? ¿Y Naoko? ¿Qué siente ella por él? ¿Será que no puede amar? Recordad que al final del capítulo 1, Toru dice: porque Naoko jamás me amó. ¿Cuál creéis que es el problema de Naoko?

¿Qué opináis acerca del papel que ocupa el sexo en la novela? ¿Qué pensáis de esta forma tan explícita y desprejuiciada que tienen los personajes de hablar de él? ¿Os habéis fijado que el sexo no aparece normalmente asociado con el amor? Donde hay amor hay poco sexo y donde no hay amor hay mucho sexo. ¿Por qué creéis que esto es así?

En el trasfondo de la historia están las luchas estudiantiles de los sesenta. Murakami, a través de las opiniones de Midori y Watanabe, no es nada complaciente con ellas, calificando a sus protagonistas de cobardes e hipócritas. En el capítulo 7, ambos hablan críticamente de todo esto. ¿Qué opináis de su punto de vista?

El final de este capítulo, en el que Watanabe le escribe una carta a Naoko, nos permite conocer un poco más a nuestro protagonista. Es una carta sincera y triste, muy triste, pero también bellísima. Murakami en estado puro, en estado de gracia literaria, nos concede frases como estas: las personas, al morirnos, dejamos atrás unos pequeños y extraños recuerdos […] no me había dado cuenta de que hablo mucho solo. Puede que, mientras me doy cuerda, no pare de murmurar todo el tiempo  […] pero hoy es domingo y esta mañana no me he dado cuerda  […] las tardes de domingo recuerdo un montón de cosas  […] domingos tranquilos, apacibles y solitarios. Los domingos no me doy cuerda.

Plazos

A algunos de vosotros no os está gustando mucho la novela, no conectáis con ella. A otros, por el contrario, os está encantando este mundo murakamiano. Y el resto todavía no habéis dejado vuestras opiniones. Me gustaría saber si los primeros habéis cambiado de opinión con la lectura de esta segunda parte, si habéis conectado algo más con ella. Es hora de vuestros comentarios sobre esta parte. Espero que sean numerosos y espero que contestéis a mis preguntas. Mientras, continuaremos, a lo largo de una semana, con la lectura a partir del capítulo 8 (página 265) hasta el final de la novela. Termino con las hermosas palabras de nuestra compañera Panantel: puede que la novela nos ayude a encontrar nuestra luciérnaga, así que a seguir leyendo compañeros.

 

En mi interior permanecía una especie de masa de aire de contornos imprecisos

28 Abr
Blue Hour over Tokyo. Foto en flickr de Schwarzkaefer. Algunos derechos reservados.

Blue Hour over Tokyo. Foto en flickr de Schwarzkaefer. Algunos derechos reservados.

Me encanta Murakami. Hace ya muchos años que lo descubrí y, desde entonces, se ha convertido en una adicción. Su lectura me hipnotiza, me emociona, me hace reflexionar y darme cuenta de lo que es verdaderamente importante en la vida. Para disfrutarlo sólo tienes que dejarte ir, abandonarte a su escritura, entrar en su mundo. Murakami no se queda en la superficie, va hasta el fondo, muchas veces de auténticos pozos (un importante símbolo en su literatura), y si vas de su mano, una vez que has pasado por todo tipo de experiencias, algunas muy duras, otras deliciosas, también extrañas, irreales, cargadas de simbolismos, sales, como sus personajes, convertido en una persona más sabia. Simplemente aprendes a conocerte mejor a ti mismo y al mundo. Él dice que se deja la piel escribiendo y yo creo que, nosotros, los lectores, tenemos que dejarnos también la piel leyéndolo. Más que leer, hay que vivir sus libros.

Tokio blues es un torrente de emociones y sensaciones ¿no os pasa al leerla que se os ocurren muchísimas cosas que comentar que luego son muy difíciles de trasladar al papel? Porque Murakami, a pesar de su estilo claro y sencillo, es muy complejo (y en esa manera sencilla de plasmar esta complejidad está su maestría) y es difícil abordar tantos temas esenciales que plantea. Así que, esta vez, voy simplemente a dejaros unas cuantas reflexiones sobre esta primera parte tal como me han ido surgiendo para que os animéis vosotros a dejar las vuestras.

Un Watanabe ya adulto se enfrenta a su pasado y siente que tiene que comprender lo que pasó. El paisaje, aquel prado en octubre, le grita: ¡vamos! ¡Arriba! ¡Aún estoy aquí! ¡Arriba! ¡Levántate y comprende! ¿Cuál es la razón de que todavía esté aquí? […] Por eso ahora estoy escribiendo. Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito.

En Tokio blues encontramos los temas recurrentes en la literatura de este autor, sobre todo la soledad de sus personajes. Son seres que no comprenden demasiado el mundo que les rodea, lo ven desde fuera y acaban encontrándose (no en vano) con otros seres iguales de solitarios que ellos. Yo creo que son solitarios porque son personas diferentes, algunos están “deformados”, como se define a sí misma Naoko, otros tienen una visión peculiar de las cosas como Midori que, por otro lado, es la que más vive en el mundo real. Me encanta esta chica: honesta (todos lo son), natural, divertida, independiente, realista, valiente y fuerte. Pero peculiar. Y muy madura, como lo es también Watanabe. El impasible Toru que tan bien sabe escuchar a los demás pero, como le dice Naoko: sé que no puedo esconderme en mi caparazón y dejar que las cosas pasen. Y me da la impresión que tú haces eso. Midori es una superviviente, como Watanabe, pero ha sobrevivido con más frescura y vitalidad y Toru se siente atraído por ella a pesar de su amor por Naoko. ¿Qué pasará entre ellos? ¿Cómo manejará Watanabe ambos sentimientos encontrados? Quiero resaltar la maravillosa escena en la que Midori canta canciones a Toru subidos en el tejado de su casa mientras un incendio cercano pone en peligro sus vidas sin que parezca que a Midori le importe nada. ¿Qué opináis, por ahora, de los personajes? Además del triángulo protagonista: Watabanabe-Naoko-Midori, por ahora sólo han aparecido el ligón de Nagasawa y el “friki” Tropa-de-Asalto.

Como ya hemos dicho, esta novela no es tan simbólica como otras de él, pero en esta primera parte hay dos pasajes donde aparecen elementos simbólicos: el del pozo y el de la luciérnaga, ¿qué creéis que significan?

Otro aspecto a resaltar es que, aunque sus protagonistas son jóvenes, no se puede considerar a Tokio blues la típica novela juvenil sino todo lo contrario. En mi opinión es una novela madura, sólida. Las reflexiones, los diálogos (brillantes) así nos lo muestran. Sus personajes están perdidos, sí, pero intentan comprender, entenderse, buscar respuestas y salidas, incluso Naoko, la más tocada, que ya instalada en el  singular sanatorio donde se recluye y se tranquiliza, opta por una actitud analítica de su comportamiento. Incluso Naoko es madura.

Los personajes dan largos paseos sin rumbo por una inmensa Tokio, visitan muchos locales donde comen, toman un café, una copa… Tokio aparece como una ciudad bulliciosa, una urbe gigantesca, anónima, del todo ajena a los sufrimientos y zozobras de los personajes, el escenario perfecto e indiferente donde estos solitarios y perdidos protagonistas en busca de sí mismos están inmersos.

En las págs. 37-38 (cuyo contenido me parece clave en esta historia) Watanabe reflexiona sobre cómo le influyó el suicido de Kizuki, su único amigo: fui incapaz de hallar mi propio espacio en el mundo que me rodeaba.  Lo único que desea es marcharse de su ciudad y así lo hace, comenzando una nueva vida en Tokio donde su único propósito es tratar de no tomarme las cosas a pecho, mantener la debida distancia con el mundo. Nada más. Y olvidar.  Pero no puede y las reflexiones acerca de la muerte son inevitables: hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. “Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella”. Sin embargo, a fuerza de reflexionar, llega a la conclusión de que la muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella […] La muerte había estado implícita en mi ser desde el principio […] Cuando la muerte se llevó a Kizuki a sus diecisiete años, se llevó una parte de mí, y concluye: la muerte es un asunto grave. Quedé atrapado en este círculo vicioso, en esta asfixiante contradicción. […] Estaba en la plenitud de la vida y todo giraba en torno a la muerte.  Y entonces se reencuentra con Naoko a la que parece que le ha pasado lo mismo. Naoko está tan sola como él pero mucho más desvalida, su mirada es de una trasparencia ausente y busca en el vacío las palabras que no encuentra. Ella misma define su desequilibrio: es como si tuviera el cuerpo dividido por la mitad y las dos partes estuviesen jugando al corre que te pillo. En medio hay una columna muy gruesa y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de mí encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla.

Watanabe para calmar su contradicción camina, nada, bebe de vez en cuando una copa, escucha mucha música y, sobre todo, lee: leía mis libros a solas y en silencio. Los releía y cerraba los ojos y me llenaba de su aroma. Sólo aspirando la fragancia de un libro, tocando sus página, me sentía feliz.

Los libros, la música, la comida, el sexo. Todos temas muy murakamianos. Y temas mucho más serios como la soledad, el suicidio, la muerte y el desequilibrio mental tan importantes en esta novela. Espero vuestros comentarios sobre la presencia de todos ellos en esta parte.

Terminamos con la decisión de Watanabe, después de leer varias veces la extensa carta que Naoko le envía sincerándose con él, de ir a visitarla a la fuera-del-mundo “Residencia Ami”.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios y reflexiones sobre esta parte, y sólo sobre esta parte. Espero que sean muy numerosos. Disponéis de una semana para ello. A la vez, continuaremos con la lectura a partir del capítulo 6 (Pág. 125) hasta llegar al final del capítulo 7 (pág. 263).

Tokio Blues: Alto y desequilibrante voltaje emocional

21 Abr
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Haruki Murakami. Foto en flickr de La Tête Krançien. Algunos derechos reservados.

Haruki Murakami inició su carrera literaria en 1979 pero hasta que no publicó Tokio blues en 1987 era un escritor con ventas que no sobrepasaban los 100.000 ejemplares. Con esta novela le llegó la fama ya que ha vendido varios millones de ejemplares en todo el mundo lo que ha convertido al libro en un auténtico ‘best seller’. En 2005, la editorial Tusquets lo publicó en España y se repitió el éxito: ya va por la 32ª edición y continúan las ventas. Desde entonces Murakami es todo un fenómeno literario, casi una moda (algo que no es muy de su agrado). Sus millones de seguidores esperan con expectación la publicación de un nuevo libro y cada vez que esto ocurre se convierte en todo un acontecimiento. En español están publicadas trece novelas, cuatro libros de relatos, dos libros de ensayo y se acaba de publicar estos días su último libro, otro ensayo, titulado De qué hablo cuando hablo de escribir. Puede ser un buen momento para leerlo y conocer el universo de este interesante escritor.

Tokio blues difiere bastante del resto de sus obras. No tengo interés en escribir novelas largas con estilo realista, pero decidí que, aunque sólo fuera una vez, iba a escribir una novela realista. Tokio blues fue un simple experimento. Personalmente, a mí me gusta esa novela, pero no he vuelto a leerla desde hace casi 20 años. De momento, no tengo ninguna intención de volver a escribir algo parecido. No tengo interés en el pasado. Ya no puedo sentir interés en el llamado estilo realista porque, si escribo una novela así, acabo aburriéndome, aclara. El escritor confiesa que le gusta crear historias que causen desconcierto en sus lectores y que se deja la piel cada vez que escribe una de ellas.

Para los que todavía no conozcáis el mundo murakamiano quizás sea ésta novela la mejor manera de iniciarse en su literatura ya que es menos compleja y simbólica que las restantes, aunque el traductor de la obra al inglés, Jay Rubin, sostiene que esta obra mantiene en grado importante la complejidad y el simbolismo característicos de la obra de Murakami, y que, por lo tanto,  no es simplemente una historia de amor como aparentemente parece.

Tokio blues es el relato conmovedor y agridulce de una educación sentimental y de las pérdidas que implica toda maduración.  La historia comienza cuando su protagonista, Toru Watanabe, escucha el tema de los Beatles que da nombre a la novela mientras está aterrizando en Hamburgo. Tiene 37 años y la canción le hace retroceder a una turbulenta e intensa época de su vida ocurrida dieciocho años atrás, a finales de los 60, en Tokio. La novela está narrada en primera persona por el propio Watanabe en forma de un largo y detallado flashback que evoca, con una gran carga nostálgica, aquellos años estudiantiles en los que conoció a Naoko, una bella chica inestable y muy especial, con la que inicia una peculiar relación.

Watanabe es un cruce entre un narrador protagonista y un narrador testigo ya que aunque sea el protagonista de esta historia, parece que está ahí para hablarnos de los demás personajes. Sabe escuchar, tiene una gran capacidad para comprender a las personas, apenas habla y cuando lo hace (ya sea en los diálogos o en sus reflexiones) revela, con gran honestidad, cosas realmente importantes, claves para entenderlo tanto a él como al resto de los personajes. El prudente, resignado, solitario y confuso Watanabe posee, a la vez, una extraña madurez y serenidad no muy propia de su edad. Casi todas las novelas de Murakami están narradas en primera persona y el narrador, y a la vez protagonista, suele ser un hombre con similares características, un álter ego en muchos aspectos del propio escritor.

Las dos protagonistas femeninas son dos mujeres totalmente opuestas: Naoko, la cara oculta, y oscura, de la luna y Midori, la que brilla con luz blanca. En medio, el prepotente y vanidoso Nawasawa y, sobre todo, Reiko, una mujer herida por la vida, y, al fondo, la omnipresencia ausente de Kizuki, el novio de Naoko y mejor amigo de Watanabe, cuyo suicidio a los diecisiete años llena a ambos de dolor e incomprensión ante el mundo. Quizá sea esta experiencia la que ha otorgado al protagonista una lucidez y vulnerabilidad que le hace percibir con una gran claridad el dolor propio y ajeno así como la madurez que se adquiere cuando uno se enfrenta con la muerte de un ser querido.

Murakami consigue con una gran maestría y un estilo sobrio, depurado, ágil e inquietante que la historia te envuelva y no puedas dejar de leerla. Las descripciones son muy detalladas, precisas y visuales. Aunque describe casi todo, no se explaya demasiado, va a la esencia, y, al contrario de lo que pasa con otras novelas, se puede perfectamente visualizar lo que describe. La novela está plagada de diálogos fluidos y rítmicos magníficamente construidos que poseen una gran verosimilitud en los que se pasa de lo prosaico a lo más trascendente con toda naturalidad y que va dejando toques de un fino humor. Los personajes son los que sostienen una historia en la que apenas hay acción, de ahí la importancia de los diálogos.

El amor, el sexo, la pérdida, la muerte (el suicidio) y la inestabilidad mental transitan por ese mundo de alto, y desequilibrante, voltaje emocional que de manera tan especial y con gran sensibilidad literaria sabe crear el autor. La mirada retrospectiva del narrador posee una evocadora melancolía y un tono nostálgico tiñe toda la novela de una tristeza existencial.

El título original en japonés es Noruwei no Mori, traducción del título de la canción Norwegian Wood de Los Beatles. En la novela aparecen diversas alusiones a la canción, que es la preferida de Naoko. La palabra japonesa “mori” sería el equivalente en español a “bosque”, no a “madera”, aunque en la canción se refiere a este significado (madera noruega). Los bosques y su simbolismo tienen una importancia destacada en la novela. El por qué se ha traducido en español por Tokio blues podría ser por las semejanzas entre este tipo de música y las características de la novela. Una historia triste escrita con un ritmo entrecortado como el blues. Un relato más de sensaciones que de acciones.

Os recomiendo que comencéis la lectura escuchando Norwegian Wood, la canción de los Beatles que da nombre a la novela y que refleja la importancia que la música, desde la clásica al rock, tiene en la obra de Murakami.

Otra de las características de la novela, y de la obra de Murakami en general, son las referencias a otros libros que están leyendo los personajes, sobre todo el  omnívoro lector Watanabe. Normalmente literatura occidental muy del agrado del escritor. En Tokio blues aparecen El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, El Centauro de John Updike (los dos libros favoritos del protagonista), La montaña mágica de Thomas Mann (cuya elección posee una gran carga simbólica de la que ya hablaremos) y Bajo las ruedas de Hermann Hesse. También aparece El guardián entre el centeno de Salinger. Y es que Toru Watanabe podría ser perfectamente Holden Caulfield unos años más tarde. De hecho Reiko le dice en un momento: Hablas de una manera muy especial […] ¿Estás imitando al protagonista de “El guardián entre el centeno”?

La novela fue llevada al cine en 2010 por el director vietnamita Tran Anh Hung. Yo no la he visto todavía. Me parece un buen momento para hacerlo. ¿Alguno la ha visto y nos puede contar? Podéis ver el tráiler y ponerles cara a los personajes. También os dejo un vídeo con una escena de la película donde Reiko toca a la guitarra “Norwegian Wood” ante Watanabe y Naoko y otro más con escenas de la película mientras suena la canción She brings the rain interpretada por el grupo alemán de finales de los años sesenta Can.

Adjunto sendos enlaces, uno a la página de Facebook dedicada a Murakami y otro a la página que le dedica la editorial al autor.

Como un intento de acercamiento al mundo Murakami os dejo algunas declaraciones hechas por el autor sobre su obra y su proceso de creación. ¡Qué mejor para poder entenderle que dejar al propio Murakami que hable!

Soy un nadador, me gusta y sé me da bien, pero no sé explicar lo que hacen mis brazos o mis piernas cuando estoy en el agua. Con la escritura pasa lo mismo, sé hacerlo pero no describir cómo lo hago. Escribo como nado.

Mis historias brotan de algún rincón profundo y misterioso de mi mente. No tengo un mapa o una linterna para rastrear esa extraña fuente, solo puedo divisarla de forma muy vaga. Para mí escribir es explorar la naturaleza de este lugar oscuro, que no maligno, donde conviven elementos enigmáticos, positivos y negativos, ambiguos y nacidos del subconsciente.

Cuando escribo abro la puerta a otra habitación y me encierro en ella, voy al otro lado. No puedo escribir de forma realista porque la ficción me obliga a entrar en esa otra habitación, que es muy oscura, silenciosa y en la que soy testigo de multitud de cosas extrañas, salvajes y surrealistas. Cuando escribo, desciendo a las profundidades de mi mente. Cuanto más bajo, más peligroso resulta. Debo ser fuerte para enfrentarme a las criaturas, a las imágenes y a los sonidos que moran ahí; necesito valor para atreverme a abrir puertas que me provocan mucho miedo. Sé que suena esquizofrénico. Ir de un mundo al otro es delicado y hay que hacerlo con cuidado porque el precipicio está muy presente. Por fortuna, soy un escritor y puedo ir y regresar a mi antojo, mientras que hay gente en la vida real que se extravía fatalmente. Todo el mundo tiene la capacidad de plantarle cara a sus obsesiones, pero solo una minoría se atreve.

Del jazz he aprendido tres lecciones que luego he aplicado a mis libros: ritmo, armonía e improvisación.

A mí siempre me ha interesado la gente que ha sido arrojada fuera de la sociedad, aquella que ha sido retirada o apartada.

Mis personajes siempre acaban encontrando una vía o una solución para superar sus problemas, pero por el camino tienen que sufrir y enfrentarse a la oscuridad, a la maldad, a la extrañeza y en ocasiones incluso a la violencia.

Soy un escritor, mi trabajo es escribir, no hablar. Además, deseo permanecer en el anonimato, poder viajar en el metro de Tokio sin que me reconozcan.

Aún no sé grandes cosas acerca de mí mismo. He estado escribiendo mucho con el objetivo de conocerme, pero he avanzado poco. En última instancia, me dedico a la ficción para saber quién soy, qué hay dentro de mi cabeza. Cada nuevo libro es una forma de conocerme, pero el proceso es lento. Sigue habiendo tanta oscuridad que la batalla se promete larga. 

Soy japonés, escribo en este idioma y mis novelas se desarrollan la mayor parte de las veces en este país. Pero soy un individuo. Sólo un hombre libre.

Para terminar, unas palabras de la escritora mexicana Guadalupe Nettel sobre Tokio blues: es una de esas novelas densas e imprescindibles que se beben como un Cutty Sark una de esas noches en que la vida resulta insoportable.

Bienvenidos al inquietante universo murakamiano. Para muchos lectores leer a Murakami es convertirse en seguidor incondicional de este autor.

Plazos

Vamos a dividir la lectura en tres partes. La primera, que leeremos a lo largo de una semana, nos llevará hasta el final del capítulo 5 (página 123).

Os reitero lo de siempre, sobre todo a los nuevos: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o los personajes, o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis, ni esta parte ni mucho menos en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella en dicho post. Debéis respetar los plazos de lectura y dejar vuestros comentarios en los post respectivos a cada parte. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: TOKIO BLUES de HARUKI MURAKAMI

11 Abr
Tokio-blues

Portada de la novela “Tokio blues” de Haruki Murakami. Tusquets editores.

Nos vamos a Japón de la mano del exitoso escritor Haruki Murakami (Kioto, 1949). Y lo hacemos con la novela que le dio la fama: Tokio blues (O Norwegian Wood, su título original, tomado de una conocida canción de Los Beatles) publicada en Japón en 1987 y en España en 2005. Es probable que algunos, o muchos, de vosotros la hayáis leído. Si es así, será un buen momento para hacer una relectura que os permita profundizar en ella ya que el propio Murakami dice que sus libros es mejor leerlos varias veces para poder captar en su totalidad el complejo e inquietante mundo que habitan sus historias.  Toda relectura enriquece la anterior. Para los que no hayáis leído todavía nada de el escritor japonés es una buena ocasión para conocer su obra. Y creo que está bien empezar por esta excelente novela.

Tokio blues es la novela “más normal” de Murakami pero aun así contiene elementos propios de su mundo. Murakami cuenta que la escribió porque quiso enfrentarse al experimento de escribir una novela al uso ya que sus anteriores novelas, “más raras” en las que mezcla el mundo real con otro sobrenatural, eran sólo leídas por una minoría. Después de ella, y de alcanzar el éxito que le ha llevado a ser un escritor muy leído en todo el mundo, volvió a su estilo original. Pero el éxito no le ha abandonado y cada  novela suya se convierte en un “best seller”.

Advertencia: Murakami – al igual que los Beatles – produce adicción, provoca numerosos efectos secundarios y su modo de narrar tiene algo de hipnótico y opiáceo. Rodrigo Fresán, “El País”.

A partir de mañana miércoles 12 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Disponéis de una semana para ello. Los que vivís fuera también contáis con una semana para conseguir el libro editado por Tusquets.

Nos encontraremos aquí en dicho plazo para empezar a leer Tokio Blues. Espero que os agrade la elección. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Mahi Binebine, y si la Semana Santa os lo permite, podéis hacerlo a lo largo de estos días.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Los caballos de Dios. Gracias.