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Las cosas no cambian, cambiamos nosotros

12 Dic

Foto de Toru Hanai/Reuters. http://www.eldiplo.org

“Cuando las personas permitimos que los prejuicios controlen nuestras vidas, a veces dejamos pasar oportunidades maravillosas”

Cien años de acritud

Satsuko tiene 32 años y trabaja en una empresa de publicidad. Puede estar hasta las tres de la mañana en la oficina e irse a su casa sólo a dormir unas cuentas horas para volver a las jornadas interminables de trabajo. Lleva una vida aburrida y monótona.

Un día, de camino a un cliente, descubre que no lleva puesto el sujetador y decide entrar en una tienda de lencería para subsanar el error. Allí conoce a Yô Isaji, un joven vendedor experto en lencería. Turbada por la presencia masculina en una tienda así, decide olvidar los convencionalismos y dejarse llevar. Pero Isaji resultó ser algo más que un buen vendedor, supo leerle el alma a través del cuerpo y adivinar cual había sido su vida desde hace unos años. Satsuko se quedó impresionada.

Este hecho le hizo pararse a pensar en como está siendo realmente su vida, en general poco satisfactoria. Sin vida social, ni familiar, está plenamente volcada en el trabajo e intentando contentar a sus superiores. El hecho de que Isaji le mostrara la realidad, le hizo ver que todo dependía de ella y sólo ella podía ponerse en valor y conseguir ser más feliz.

Asumió la reunión que tenía programada de otra manera. Su cliente era la empresa Viajes Lirio del Valle pero con quién tenía que lidiar era con su relaciones públicas, la señora Akiyoshi. Una persona con mucho carácter y difícil de contentar. Hasta este momento, Satsuko se limitaba a asentir en la reuniones, darle la razón y comportarse como la “devota empleada“. Pero algo ya había cambiado en su interior y no se conformó con asentir sino que dio su opinión y debatió todas las salvedades que la señora Akiyoshi le hacía a su propuesta publicitaria. No se dejó amedrentar. Y consiguió su objetivo, porque nadie “se había atrevido nunca a expresarle su verdadera opinión”, así que la señora Akiyoshi le dio una oportunidad de llevar la campaña publicitaria de su empresa.

Lo que la faja se llevó

Satsuko es invitada a la boda de su exnovio, Naosuke Monma, con Airi Ono, a la que todavía no conoce. Naosuke había sido su novio desde el instituto, habían pasado mucho tiempo juntos, desde los 14 hasta los 29 años. Ella creyó que pasaría toda la vida con él. Todavía seguía pensando que ese capítulo no estaba del todo cerrado, así que la invitación le supuso un cara a cara con la realidad que no quería asumir.

La causa de la ruptura fue otra mujer, una compañera del trabajo de Naosuke y muy joven. Satsuko no lo había superado. Fue a la boda un poco obligada para no dar lugar a comentarios ni para despertar la compasión. Se encontró con amigas y conocidos y “le hería el amor propio el hecho de que la gente pudiera creer que no tenía pareja ni hijos porque era una mujer inadecuada“.

Lo que se encontró allí la sorprendió. La novia no era quién ella esperaba. No era la compañera de trabajo mucho más joven que ella, sino otra mujer diez años mayor que él. Se escandalizó de lo que vio y no entendía que hacía Naosuke con ella. Cayó de lleno en los convencionalismos sociales y en los prejuicios sobre la edad y la juventud.

Al final, tras el discurso de la novia que dijo que “hago lo que me apetece sin pensar en lo que los demás piensen de mi” se dio cuenta de que ella misma se había convertido en una “mujer intransigente y cuadriculada” se había escandalizado por la diferencia de edad entre los novios y que los vestidos de la novia eran “inadecuados” y se da cuenta que desde su ruptura con Naosuke se “quedó encasillada en ese momento” y se dio cuenta de que necesita salir de ese bucle. Aunque Naosuke no hubiera conocido a otra chica se hubieran separado igual porque recuerda Satsuko que en aquella época “ella solo tenía tiempo para su trabajo”. Ahora, consciente de la realidad, se plantea un nuevo futuro.

El sujetador sobre el río Kwai

Satsuko ayuda a una compañera de trabajo, Momota, a tener una mejor actitud en el trabajo ya que se muestra distante y nada empática con los clientes. Y quiere evitarle problemas con los jefes.

Momota viste de forma masculina y sin importarle mucho su imagen. Así que, Satsuko en vez de juzgarla intenta conocerla mejor y ayudarla con las relaciones laborales. Quedan juntas fuera del trabajo y de esta manera conoce su infancia y adolescencia donde fue intimidada por el sexo masculino. Y le contó como en el metro un hombre mayor se le acercó de manera inapropiada “el hombre mostró sus colmillos de fiera y yo sentía tanta vergüenza como si hubiera cometido un pecado”.

El problema de Momota es que desde la adolescencia y por una serie de circunstancia “se sentía muy humillada y degradada como mujer” y esa sensación le perduraba hasta hoy. Satsuko le dice que puede ser como quiera y vestir igual pero que tiene que ser más amable con su entorno e intentar empatizar con él. La va a ayudar y apoyar. Y Momota va cambiando poco a poco.

El fantasma del edificio comercial

Satsuko se queda sorprendida por la cantidad de hombres vestidos de mujer que entran en el viejo edificio comercial (donde está la tienda de lencería) para ir a la tienda de la Señora del Bigote, una boutique para drag queens. Cree reconocer a uno de sus clientes y siente curiosidad. Después de varios días vigilando la entrada descubre que uno de ellos es el señor Ogami, uno de sus clientes de una empresa de destilería y con el que tenía problemas en promocionar su último sake.

A Satsuko se le ocurre la idea de organizar un taller de lencería para hombres en colaboración con la tienda de la Señora del Bigote. Resulta un éxito. Allí se encuentra con el señor Ogami. Le ayuda a encontrar la prenda perfecta. Tras esto, Ogami decide darle la campaña y no por comprar “su silencio” sino porque cree que Satsuko no tiene prejuicios y sabe “ver a la persona tras el producto“.

El especialista al servicio de Su Majestad

En esta ocasión, Satsuko se enfrenta al proyecto publicitario del señor Ogami. Él quiere para el anuncio de su sake a la actriz Yûki Honjô que lleva varios años sin estar en activo y que además había protagonizado varios escándalos. Aunque seguía siendo un icono entre los gays y los transexuales. Por eso entendió el interés de Ogami por ella.

La contrató para el anuncio pero cuando la vio, no se correspondía en absoluto con la imagen que tenía de ella en sus primeras películas. Llegaba “apoyada en su mánager, con evidentes dificultades para caminar y la cara enrojecida”. Mujer con mucho carácter y difícil de contentar. Un poco diva. Pero tras pasar por maquillaje y peluquería, parecía otra. Ogami no dejaba de contemplarla como si Yûki fuera una escultura de mármol como una diosa y con total admiración.

Tras varios cambios de vestuario, Satsuko consigue dar con la imagen ideal para el anuncio con la ayuda de Isaji, que siempre está cuando lo necesita, y se da cuenta de que la juventud no lo es todo y que a pesar de los años Yûki sigue brillando con luz propia, lo único que hace falta es que “una se acepte a si misma y se quiera“.

Comentario 

Esta novela se puede enmarcar dentro de la narrativa del Chick-lit por su cercanía al género de la novela romántica. Presentando a la mujer, no como víctima, sino como dueña de su propia vida y mostrando un elenco de experiencias que se corresponden, en gran medida, con las de las mujeres actuales, trabajadoras, en torno a la treintena y que viven en grandes ciudades.

Con elegancia y un humor irónico directo, Asako Hiruta nos va mostrando a lo largo de los capítulos la vida y circunstancias de Satsuko Kunieda una treinteañera soltera, trabajadora y estresada.  Que lleva una vida aburrida y sin pretensiones después de que su novio de toda la vida la dejara. Entonces se encuentra con Yô Isaji y le rompe los esquemas, primero al comprobar que es un especialista en lencería, trabajo que siempre se atribuyó a las mujeres, y segundo porque sabe leerle el alma mejor que ella misma.

Es una lectura ligera pero llena de matices. La presión de la imagen de la eterna juventud sobre la mujer, los prejuicios de ellas mismas sobre las demás. Prejuicios cotidianos que esclavizan a la mujer en general con su cuerpo.

La presión sobre el trabajo. Competir en un mundo laboral de hombres intentando siempre ser la mejor. Supeditar toda tu vida a la empresa, sin horarios y sin vida personal.

A lo largo de esta lectura vamos viendo como poco a poco Satsuko va superando los convencionalismos, cogiendo confianza en si misma y tomando las riendas de su vida para ser feliz.


Ahora os toca a vosotros,

Comentad lo que queráis de la novela. Vuestras impresiones. La historia, ¿creéis que trata sobre el cambio de actitud de Satsuko ante la vida o de más cosas?. ¿Creéis que refleja algunas circunstancias y sentimientos reales?. ¿Qué pensáis de Yô Isaji?

El próximo post: el miércoles, 19 de diciembre (final de la novela)

¡¡Nos leemos!!

El papel de la mujer en Japón

4 Dic

Japón es una país ampliamente dominado por los hombres. Su contexto político lo hace desfavorable para la emancipación de la mujer puesto que el Partido Democrático Liberal, excesivamente conservador, ha estado en el poder desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Con la derrota de Japón en la Guerra Mundial, el parlamento tuvo que aceptar la inclusión de una nueva Constitución, en la que se garantizaba la igualdad entre hombres y mujeres.

Aun así hoy en día el estatus social de las mujeres en Japón comparado con otros países desarrollados es bastante bajo. En parte se debe a que en las mentes de los japoneses persisten muchas ideas desde la Era Edo (1603-1868) y por la influencia del Confucianismo  que ve al hombre como un ser social que ocupa un puesto y desempeña una función determinada como estrategia del bien común y no como un ser aislado. “El japonés no piensa en si mismo como individuo, sino en su papel como parte de la sociedad”.

En Japón las mujeres, al igual que los hombres, están encasillados en un rol determinado por el género. Solo el 10% de los cargos de dirección en la empresa privada son ocupados por mujeres y el caso es similar en la administración pública.

Los japoneses conciben esta situación como un asunto meramente cultural, no es porque se considere a la mujer como una persona incompetente o incapaz, sino porque durante siglos, han existido labores asignadas únicamente a los hombres.

Emancipación laboral de la mujer

Fue en la década de los setenta, en pleno boom económico, cuando las japonesas comenzaron a tener un protagonismo real en el desarrollo del país. No sólo porque se produjo una entrada masiva de mujeres en el mercado laboral, aunque en su mayoría a tiempo parcial, sino también porque el mercado les reconoció una importante capacidad de consumo: como administradoras del gasto en sus hogares y como trabajadoras. Sin embargo, fue con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria a principios de los noventa, y con la crisis económica que azotó Japón a lo largo de toda la década, cuando comenzó la “revolución”.

La crisis provocó la reestructuración de la plantilla de las empresas. Decenas de miles de ejecutivos perdieron sus empleos, cientos de miles de hombres que habían crecido con las empresas y jamás concibieron cambiar de empleo vieron traicionada su lealtad empresarial y se vieron en la calle. Aumentó el índice de suicidios y muchos hombres, avergonzados por encontrarse en el paro, optaron por no volver a sus casas y perderse en el creciente enjambre de los “sin techo”.

Forzadas o no por los acontecimientos, las japonesas dieron un paso al frente. Como fuerza laboral, eran mucho más flexibles porque casi siempre habían estado en un segundo plano, con trabajos temporales. Además, las dificultades que las mujeres sufren, en especial el degradante y frecuente acoso sexual, habían convertido su cambio de empleo casi en una costumbre.

En clave autobiográfica de humor y de asombro, la escritora belga Amélie Nothomb, nacida en Japón, donde pasó su infancia y cuya lengua domina, cuenta en Estupor y Temblores” el traumático interior del mundo laboral japonés. Un mundo que fagocita a las personas hasta convertirlas en engranajes; que absorbe la mitad de las horas del día y está fuertemente jerarquizado; en el que cada superior es, antes que nada, inferior de otro, y en el que la mujer, considerada un ser de segunda clase, es humillada y tiene más bien nulas que pocas posibilidades de ascender. Nothomb, que terminó relegada a limpiar los servicios de la empresa, cuenta que la japonesa “nace cargada de obligaciones y bajo el dogma de que nada bueno puede esperar de la vida”. A partir de ahí, todo son preceptos absurdos que moldean su mente desde la cuna y pesan como una losa para que el hombre, la empresa y la sociedad en general se paseen sobre ella.

Discriminación laboral

La falta de flexibilidad es sólo uno de las ramas del problema. Mientras no haya un cambio de actitud por parte de toda la sociedad, la mujer no podrá avanzar hacia la igualdad. Por ejemplo, declaraciones como las del ministro de sanidad Yanagisawa, que describió a las mujeres como “máquinas de parir niños” y sugirió que el bajo índice de natalidad japonesa era culpa de mujeres que no estaban sabiendo cumplir con su obligación de tener hijos, o la recomendación de Shimomura (político del gobierno de Shinzo Abe) hacia las mujeres para que “se queden en casa y cuiden de sus hijos” como solución a la falta de guarderías y centros infantiles, son claros ejemplos de que la mentalidad debe cambiar.

Incluso el lenguaje japonés refleja algunas de éstas ideas. La existencia de términos como christmas cake (para referirse a mujeres de más de 25 años sin perspectivas de matrimonio), shokuba no hana (literalmente, flor de oficina) u OLs (office ladies), que básicamente sirven a sus compañeros masculinos, demuestra que Japón está lejos de vencer la discriminación laboral por cuestión de género y que la idea de que la mujer es inferior al hombre en el ámbito laboral está todavía muy presente en la mente de toda la sociedad.

Asimismo, la diferencia salarial entre sexos en Japón es la mayor de los países desarrollados y conjuntamente con la exigencia de una cultura corporativa, que supone una gran barrera para aquella mujer que no quiere o no puede cumplir con las expectativas de dedicación absoluta y largas jornadas, el número de mujeres en posiciones de liderazgo ha pasado tan sólo del 1% al 2,8% entre 1980 y 2005, es decir, ha tenido un crecimiento exageradamente lento.

A pesar de esto, las tasas de ocupación femenina no han hecho más que subir desde  2005,  pero todavía queda mucho camino por recorrer, especialmente en cuanto a la calidad de estos puestos de trabajo y las condiciones salariales.

Movimientos feministas

Todo esto ha motivado la tardía aparición y el escaso arraigo en Japón de los movimientos feministas y liberalizadores de la mujer así como de la reivindicación de la igualdad de derechos. En la actualidad, desde la Ley de Igualdad de Oportunidades, promulgada en 1985, la Ley de Baja Maternal, de 1992, y la Ley para la Prevención de la Violencia Conyugal, de 2001, las japonesas están tan protegidas legalmente como las europeas o las norteamericanas.

En la práctica, sin embargo, aún les queda un largo camino por recorrer, como demuestra que ninguna de las dos primeras leyes mencionadas incluye una penalización para las empresas en caso de que las incumplieran.

Ayaka Shiomura recibe disculpas publicas de Akihiro Suzuki. Fotografía tomada de: Asianews.it

Existen múltiples ejemplos de acoso a las mujeres, uno de los que causó más revuelo en su momento fue el de la parlamentaria Ayaka Shiomura, quien presentaba un discurso, para proponer acciones de apoyo a las madres trabajadoras con hijos pequeños y medidas para aumentar la tasa de natalidad en Japón; un opositor en su momento lanzó un grito para detener el discurso diciéndole: “¿No sería mejor que te casaras rápido?”

A pesar de lo impactante que fue el comentario de la oposición, entre lagrimas, Shiomura mantuvo su determinación y agregó a su discurso: “Cuando las mujeres brillen con luz propia, Japón será más y más radiante.”

Con el paso de los años, la situación ha empezado a cambiar, las mujeres ahora reconocen sus derechos y su papel en la sociedad, incluso en una con contrastes culturales tan fuertes como la japonesa. Los casos de Sekuhara se denuncian cada vez más y ahora el Estado está trabajando por el reconocimiento de la labor de la mujer en cargos públicos y privados.

La familia y la sexualidad

Unas relaciones sexuales libres y una sexualidad abierta son algunos de los grandes problemas que enfrentan a la juventud japonesa con sus progenitores. Aunque el matrimonio sigue siendo prioritario, cada día son más los chicos y las chicas sexualmente activos fuera de un marco convencional, si bien son pocos los que se aventuran a un desafío abierto. La independencia económica, una buena dosis de hipocresía y la mayor preparación de la mujer han convertido lo que era hasta ahora un tabú en una cuestión de estudio.

La píldora anticonceptiva no fue legalizada hasta 1999 debido a las dudas de la población sobre su seguridad, y en parte debido también a que solo un porcentaje muy bajo de las mujeres japonesas la usan, incluso hoy en día.

Con grandes esfuerzos, las japonesas van ganándose su autoestima y forjando su independencia, lo que se traduce en cambios en la estructura familiar. El primero es el retraso en la edad del matrimonio. Según Kazuo Sato, profesor de la facultad de Educación de la Universidad de Chiba, “hasta hace muy poco era muy difícil para las mujeres vivir como solteras”. Debían casarse antes de los 25 años porque después “su valor como novia decaía rápidamente”.

Ahora, según las estadísticas oficiales, la edad media de las japonesas al casarse se sitúa en 28,3 años. Asimismo, la tasa de divorcio pasó de 1,5 por cada 1.000 parejas en 1984, a 2,3 en 2002, debido fundamentalmente a las demandas presentadas por mujeres.

Foto tomada de: https://mundomayor.com

El futuro

La población envejece con rapidez, la tasa de natalidad disminuye, y los pronósticos indican que la población disminuirá 30 por ciento para 2055.

Para Kathy Matsui, economista de uno de los mayores bancos de Japón, no queda otra solución que aprovechar más la población existente. “Las mujeres constituyen 50 por ciento de los habitantes del país, tienen un gran nivel educativo, pero dejan de trabajar al llegar a determinada edad”, apuntó.

No hay más opción que tomar medidas para que las mujeres sigan trabajando. No es una perspectiva feminista, sino un análisis objetivo de una economista”, subrayó.

Pero la sociedad japonesa no parece muy dispuesta a aceptar esa idea. Una encuesta del gobierno realizada reveló que el 51 por ciento de las personas entrevistadas pensaban que las mujeres deberían quedarse en la casa y cuidar a la familia mientras sus maridos trabajan.

Esa cantidad es 10,3 por ciento más que la que dio una respuesta similar en un estudio similar realizado en 2009. El aumento fue especialmente destacado en la categoría de 20 a 30 años.

“La actual generación joven sabe cómo es crecer con una madre que trabaja”, explicó Suzanne Akieda, arqueóloga belga que vive y trabaja en Japón desde hace 40 años.

“Antes, muchas mujeres trataron de hacer a un lado sus vidas personales para seguir una carrera. Ahora, muchas comenzaron a reconsiderar si aquello fue correcto. Esa es la reacción”, añadió.


Próximo post: miércoles, 12 de diciembre.

Comentarios hasta la página 130 que se corresponde con el final del capítulo “El especialista al servicio de Su Majestad”.

Nos leemos,

Nuestra próxima lectura: “La insólita pasión del vendedor de lencería” de Asako Hiruta

3 Dic

En nuestra próxima lectura nos vamos a Japón de la mano de la joven escritora japonesa Asako Hiruta. Publicada en España en 2016 por la editorial Reservoir Books y traducida por Marta Estefanía Gallego Urbiola.

La insólita pasión del vendedor de lencería

Satsuko tiene 32 años, trabaja en una agencia de publicidad y, a decir verdad, no lleva la vida más plena del mundo. Un día, saliendo de casa con prisas, se da cuenta de que va sin sujetador. Se mete de golpe en una tienda de lencería que ha visto al pasar otras veces, llamada Toujours Ensemble. El dependiente, Isaji, resulta ser un tipo cuyos conocimientos del alma y la anatomía femeninas son tan vastos que apenas necesita tomar medidas para saber qué prenda recomendar y qué consejos personales dar. Su confianza en el poder de la ropa interior es infinita: “La próxima vez que tenga algún problema o duda, llévese la mano al corazón y piense con calma. Su pecho y su sujetador siempre tendrán una respuesta.”

Asako Hiruta

Nació en 1979 en Sapporo, la capital de Hokkaido. Tras graduarse en la facultad de literatura japonesa de la universidad de Otsuma Joshi de Tokio, vuelve a su tierra natal y trabaja en una agencia de publicidad.

En 2007 deja su empleo allí y empieza a escribir. Al año siguiente gana la séptima edición del premio de literatura R-18 (literatura erótica de mujeres para mujeres) de la editorial Shinchosha con el relato «Jijô jibaku no watashi» (Cómo me até a mí misma), que en 2010 se convirtió en la pieza central de un volumen de relatos homónimo y que en 2013 el director del cine Naoto Takenaka llevó a la gran pantalla. A continuación escribe la novela Hoshi to monosashi (Estrellas y distancias, 2012) y otras dos colecciones de relatos: Hitohada shokora riky’ru (2013, El licor de chocolate a temperatura humana) y Ai o furikomu (2013, Domiciliar el amor).

En 2015 su consagración nacional e internacional se produce con Fitter X no ijyona aijyô (La insólita pasión del vendedor de lencería). Como curiosidad comentar que pese a que el libro no es autobiográfico tiene elementos de la vida de la autora.

El trabajo de Asako Hiruta ha sido un pequeño fenómeno editorial en Japón, donde ha cosechado muy buenas críticas, además de provocar el debate y el entusiasmo de un nicho demográfico que en el país nipón es casi invisible: el de las mujeres en la treintena que aún no se han casado y luchan por forjarse una trayectoria profesional. Con un tema extravagante y un humor muy refinado, La insólita pasión del vendedor de lencería se muestra como una lectura refrescante, en la que también afloran cuestiones que afectan a los jóvenes en la actualidad: la sexualidad decreciente de la primera madurez, las miserias de la vida familiar y la maternidad, la presión del mercado laboral o la desigualdad de género.


Calendario de lecturas

  • 3 de diciembre (lunes): post presentación del libro.
  • 4 de diciembre (martes): post “El papel de la mujer en Japón”
  • 12 de diciembre (miércoles): post comentarios hasta la página 130 y se corresponde con el final del capítulo “El especialista al servicio de Su Majestad”.
  • 19 de diciembre (miércoles): post comentarios hasta el final de la novela.

Los que recogéis un ejemplar de la novela en la Biblioteca Fórum ya los tenéis disponibles en horario de apertura de la Sala de adultos.

¡Nos leemos!

Ser aquella mujer

17 Mar

Pajarera. Foto en flickr or M. Martín Vicente. Algunos derechos reservados.

A pesar de que en Japón está a punto de comenzar una guerra civil fomentada por las fuerzas que se oponían a la entrada de extranjeros en el país, Hervé Joncour emprende su tercer viaje a la isla. En este tercer viaje, el lago Baikal es definido como “el último”. Ya en los dominios de Hara Kei, pudo ver, al final, de repente, el cielo sobre el palacio tiznarse por el vuelo de cientos de pájaros, como si fuera un estallido de la tierra, pájaros de todo tipo, desorientados, huyendo hacia cualquier parte, enloquecidos, cantando y gritando, pirotecnia explosión de alas y nube de colores disparada en la luz y de sonidos asustados, música en fuga, volando en el cielo. La pajarera ha sido abierta por la mujer quizá porque ella también desea salir volando. Hervé se ha encaminado con calma infinita hacia ella: era un hilo de oro que corría recto en la trama de una alfombra tejida por un loco. El hombre devuelve a la mujer la pequeña hoja de papel, regresad o moriré, que ella coge, mientras aprieta su mando con dulzura, y esconde en su vestido con una sonrisa. Aparece Hara Kei que sentencia sobre la huida de los pájaros: volverán. Es siempre difícil resistir la tentación de volver, ¿no es cierto?. Exactamente como le pasa a Hervé que no puede evitar volver a Japón a pesar de los peligros que conlleva. Está claro que desea ver a la joven, quizá sea lo que más desea en el mundo. En una fiesta en casa de Hara Kei, Hervé mil veces buscó los ojos de ella y mil veces ella encontró los suyos. Era una especie de triste danza, secreta e impotente. Hervé Joncour la bailó hasta bien entrada la noche. Después, se va a su casa, pero la noche le guarda una sorpresa: la chica le ha llevado a otra joven para que haga el amor con ella: la amó durante varias horas, con movimientos que nunca había hecho, dejándose enseñar una lentitud que desconocía. En la oscuridad, no importaba amar a aquella joven y no a ella.

Hervé vuelve bastante trastornado a Lavilledieu: por la noche entró en el lecho de Hélène y la amó con tanta impaciencia que ella se asustó y no consiguió retener las lágrimas. Lágrimas de felicidad porque quizá sea la primera vez que su marido la haya amado de esa manera (que es lo que ella debe desear más que nada en el mundo). Como un hombre. Aquí cobra importancia la teoría que hemos aventurado en los comentarios sobre que Hervé busca (¿buscaba?) en Hélène a una madre y no a una mujer, ¿qué opináis los demás? Hervé se retira de la vida social del pueblo y compra la casa de Jean Berbeck, aquel que dejó un día de hablar y no volvió a hablar hasta su muerte (más simbolismos), se encierra en ella de vez en cuando y trabaja en su proyecto del parque en el que quiere incluir una pajarera para llenarla de pájaros y después, un día en el que suceda algo feliz, se abren sus puertas de par en par y se mira cómo vuelan libres (más simbolismos).

Hervé sigue raro y su mujer lo lleva a Niza convencida de que la serenidad de un refugio apartado conseguiría apaciguar el humor melancólico que parecía haberse apoderado de él. Allí parecen ser felices y sienten la suerte de amarse. Pero, de nuevo, vuelve la necesidad de comprar más huevos y para ello hay que ir a Japón. Pero en Japón ya ha estallado la guerra y están matando a muchos extranjeros. Es tan peligroso ir que Baldabiou no se atreve esta vez a pedirle que vaya y además tiene otras alternativas. Pero Hervé lo único que desea es volver y toma él la decisión bajo su única responsabilidad: Yo voy a ir al Japón, Baldabiou. Voy a comprar esos huevos, y si es necesario, lo haré con mi dinero. Tú debes decidir únicamente si os los venderé a vosotros o a cualquier otro.

El 10 de octubre de 1864, Hervé Joncour partió para su cuarto viaje al Japón. En este cuarto viaje, el lago Baikal es definido como “el santo”. Al llegar se encuentra con un país en guerra y con la aldea de Hara Kei destruida: no quedaba nada. No quedaba ni un alma. El fin del mundo. A pesar de darse cuenta de la inutilidad de su empresa, no era capaz de marcharse. Y de pronto surge un chico de la nada que, además, lleva el guante que Hervé había dejado caer al lado del vestido de la joven en la orilla del lago en su segundo viaje a Japón. Y decide seguirle más allá del fin del mundo. El chico no tiene más de catorce años: tocaba constantemente un pequeño instrumento de bambú, con el que reproducía el canto de todos los pájaros del mundo. Tenía el aspecto de estar haciendo la cosa más hermosa de su vida. Después de cinco días de viaje encuentran una caravana que dirige Hara Kei, el chico desaparece buscando un ademán para decir que había sido un viaje bellísimo. Hara Kei le recibe diciéndole que se marche, aquí no hay nada para vos. Pero Hervé no se va y poco después encuentra al chico ahorcado: el Japón es un país antiguo, ¿sabéis? Sus leyes son antiguas: dicen que hay doce crímenes por los que es lícito condenar a muerte a un hombre. Y uno de ellos es llevar un mensaje de amor de la propia ama le dice Hara Kei que sabe perfectamente el motivo por el que el hombre está allí. Y precisa: Él era un mensaje de amor […] Marchaos, francés. Y no volváis nunca más. Hervé parte sin haber llegado a ver a la joven no sin antes comprar huevos de gusanos de seda que morirán en el camino.

El negocio de la seda se ha ido a pique y para salvar de la miseria a las gentes de Lavilledieu, Hervé contrata a decenas de personas para que construyan su parque. Pero él no es feliz. Baldabiou sabe que algo le ha pasado desde que comenzó a viajar a Japón: total, a alguien tendrás que contarle, antes o después, la verdad. Hervé se la cuenta: ni siquiera llegué a oír nunca su voz. Es un dolor extraño. Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.

A los seis meses de su regreso, Hervé Joncour recibe una carta de siete hojas escrita en ideogramas japoneses, sin nombre, sin dirección, sin ninguna palabra escrita en caracteres occidentales: cenizas de una voz quemada. Durante cuatro días llevará la carta consigo sin abrirla nunca, sólo una noche la mirará a contraluz: en transparencia, las huellas de los minúsculos pájaros hablaban con voz desenfocada. Decían algo absolutamente insignificante o algo capaz de desquiciar una vida: no era posible saberlo, y eso le gustaba a Hervé Joncour (¿Por qué?). Al quinto día (de nuevo, el quinto día) se dirige a Nimes con la intención de que Madame Blanche le traduzca la carta. Han pasado tres años desde la última vez que la visitó. La carta: sexo, deseo, amor, entrega, pero, también un adiós definitivo.

Hervé Joncour pasó los años que siguieron escogiendo para sí la vida límpida de un hombre ya sin necesidades. Sus días transcurrían bajo la tutela de una mesurada emoción. En Lavilledieu la gente volvió a admirarle, porque en él les parecía advertir un modo exacto de estar en el mundo. Viaja de vez en cuando con Hélène: todo les sorprendía; en secreto, incluso su propia felicidad. Hervé ha recuperado la calma, la indestructible calma de los hombres que se sienten en su lugar. Pareciera que la carta ha terminado con sus ansias y su infelicidad. Su intensa insatisfacción. Ahora parece un hombre satisfecho que ha optado por una vida sin sobresaltos donde todo ocupa su lugar. De vez en cuando, en los días de viento, Hervé Joncour bajaba hasta el lago y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida. El lago. ¿Qué simboliza el lago según vosotros?

El 16 de junio de 1871, Baldabiou abandona Lavilledieu. Nadie sabe adónde va. Hélène le abraza llorando, ¿quién sabe qué secretos les habían unido? Quizá Baldabiou le había dado a Hélène la llave para que abriera y entendiera todo lo que le había pasado a su marido. Quizá. Tres años después, Hélène enferma y muere. En su tumba, Hervé, hace esculpir una sola palabra: “Hélas” (que significa: desgraciadamente, por desgracia. Pero también: ay, ojalá. ¿Con cuál de las dos nos quedamos? ¿O valen las dos?). Hervé, sin desesperación, continúa su vida ordenada trabajando incansablemente en su parque. Vivirá todavía veintitrés años más con serenidad y buena salud. Sus costumbres le preservarán de la infelicidad y cuando la soledad sea muy grande, irá al cementerio a hablar con Hélène, su amada esposa. Como veis no he desvelado el gran secreto final que contiene esta novela. Eso os lo dejo a vosotros para que os explayéis en vuestros comentarios. Sólo una última pregunta: ¿qué os parece ese final? ¿Os lo esperabais? O, por el contrario, ¿os ha sorprendido? ¿Es un buen broche final? ¿Sí? ¿No?

Plazos
Disponéis de una semana para comentar esta segunda parte de la novela así como para exponer vuestras conclusiones finales sobre esta hermosa historia. ¡Espero con muchas ganas vuestras opiniones!

Era como tener la nada entre las manos

7 Mar

Foto en flickr por rrbhs99. Algunos derechos reservados.

Comienza Seda, con la concisión que la caracteriza, situándonos en el espacio y el tiempo, presentándonos a su protagonista, Hervé Joncour y explicándonos en qué consiste su profesión y cómo es su vida en Lavilledieu. Las repeticiones, que marcan el ritmo de la novela, están presentes ya desde el primer momento. En el capítulo 5 aparece Baldabiou, el artífice de esta historia, el mago que convierte a Lavilledieu, veinte años atrás en uno de los principales centros europeos de cría de gusanos y de producción de seda. El original y único Baldabiou que no se quiere quedar con todo el negocio, revelándoles a otros empresarios los secretos del oficio porque eso le divertía mucho más que ganar dinero a espuertas. Enseñar. Y tener secretos que contar. Así era aquel hombre. Asimismo, Baldabiou cambia el destino de Hervé doce años después de comenzar el negocio de la seda convirtiéndole en el viajero que irá en busca de los gusanos a Egipto: viajó en un barco que se llamaba Adel. Hasta los camarotes llegaba el olor de la cocina, había un inglés que decía que había combatido en Waterloo, la noche del tercer día vieron delfines que brillaban en el horizonte como olas embriagadas, en la ruleta salía siempre el número dieciséis. Cuando vuelve de su primer viaje, Baldabiou sólo le pide que le hable de los delfines: así era Baldabiou. Nadie sabía cuántos años tenía.

Pero la epidemia de prebina que había destruido los huevos de los cultivos europeos se extendió a través del mar, alcanzando a África. Todo parece indicar el principio del fin del próspero negocio de la seda pero, una vez más, Baldabiou tiene la respuesta al problema y la solución. Hervé, como ochos años antes, dejaba que aquel hombre reescribiera ordenadamente su destino y éste es que tiene que ir siempre recto. Hasta el fin del mundo: Japón. Una isla que durante doscientos años había vivido completamente separada del resto de la humanidad, rechazando cualquier contacto con el continente y prohibiendo el acceso a todo extranjero. Pero serán los americanos los que en 1853 conseguirán la apertura a los extranjeros de dos puertos en el norte del país y el establecimiento de las primeras, mesuradas, relaciones comerciales. Baldabiou sabe que allí se produce la seda más bella del mundo. Lo hacían desde hacía más de mil años, según ritos y secretos que habían alcanzado una mística exactitud. El aislamiento de Japón, piensa acertadamente Baldabiou, la ha preservado de cualquier epidemia. El problema es que los japoneses no se oponen a vender su seda, pero los huevos, ésa es otra historia. Los huevos no los sueltan. Y si intentas sacarlos de la isla estás cometiendo un crimen. Pero nada arredra a Baldabiou ni, consecuentemente, a su fiel servidor, Hervé Joncour. El seis de octubre se despide de Hélène, su mujer, que era una mujer alta, se movía con lentitud, tenía un largo cabello negro que nunca se recogía en la cabeza. Tenía una voz bellísima.

Comienza el primer viaje de Hervé a Japón. Cada vez que comience uno de estos viajes el narrador repetirá el itinerario que seguirá el viajero en un extenso párrafo exactamente igual, excepto en la frase: viajó durante cuarenta días hasta llegar al lago Baikal, al que la gente del lugar llamaba mar. En sucesivos viajes la palabra “mar” será sustituida por “el demonio”, “el último” y “el santo”. ¿A qué creéis que se debe este cambio de nombres? ¿Cuál podría ser su significado simbólico? ¿Creéis que cada una de estas palabras puede tener que ver con las características de cada uno de los viajes? Yo os adelanto que para mí es un enigma que no he logrado descifrar así que espero con mucho interés vuestras opiniones al respecto.

Una vez allí, Hervé será conducido hasta el hombre más inexpugnable del Japón, al amo de todo lo que el mundo conseguía arrancar de aquella isla, Hara Kei, que quiere saber quién es este francés. El autor se demora con todo tipo de detalles en este encuentro a lo largo de cuatro capítulos porque tiene un poderoso motivo ya que junto al amo de todo se encuentra una mujer tendida junto a él, inmóvil, con la cabeza apoyada en su regazo, los ojos cerrados, los brazos escondidos bajo el amplio vestido rojo que se extendía a su alrededor, como una llama, sobre la estera color ceniza. Mientras Hervé, a petición de Hara Kei, le está contando su vida como nunca en su vida lo había hecho, la muchacha abre los ojos y es en ese momento, crucial en esta historia, cuando éste se da cuenta de que aquellos ojos no tenían sesgo oriental, y que se hallaban dirigidos, con una intensidad desconcertante, hacia él: como si desde el inicio no hubieran hecho otra cosa, por debajo de los párpados. A partir de ahí, el encuentro gira alrededor de esa mirada fija en los ojos de Hervé Joncour. Todo parece paralizarse a pesar de que Hervé conserva la compostura y continúa hablando. El único gesto de la muchacha será deslizar lentamente su mano hacia la taza de té en la que él ha bebido y llevársela a sus labios en el mismo lugar en el que Hervé había depositado los suyos momentos antes: los ojos abiertos, fijos en los de Hervé Joncour. Él beberá de nuevo en el mismo lugar de la taza. Ese gesto tan sutil pero tan lleno de significado y simbolismo será el inicio de un cambio que trastocará por completo la vida de Hervé Joncour.

Ya de vuelta en Francia, cuando Baldabiou le pregunta cómo es el fin del mundo, él le contestará: invisible. Al igual que la seda que varias veces es definida como “la nada”. Parece como si lo que está pasando, en realidad no está pasando, como si fuera un sueño, algo irreal. Quizá es así como lo está viviendo nuestro protagonista que, rico, decide comprar un terreno y diseñar para él un parque donde sería leve, y silencioso, pasear. Lo imaginaba invisible como el fin del mundo. Es como si Hervé hubiera entrado en otra dimensión, etérea, inmóvil, debido a ese encuentro mudo con la enigmática muchacha. Estamos en 1862, Hervé cumple treinta y tres años y llovía su vida, frente a sus ojos, espectáculo quieto.

Nuestro protagonista emprende su segundo viaje a Japón. Es hospedado durante cuatro días por Hara Kei. El encuentro inicial será en las orillas de un lago. De nuevo, cruce de miradas con la muchacha que se despoja de un vestido naranja y se sumerge en el lago. Cuando los dos hombres abandonan la orilla después de pasar horas hablando y callando, Hervé dejó caer uno de sus guantes junto al vestido de color naranja, abandonado en la orilla. De nuevo un gesto lleno de simbolismo. Durante esos cuatro días la vida discurría en voz baja, se movía con una lentitud astuta, como un animal acorralado en su madriguera. El mundo parecía estar a siglos de distancia. Para hacer todo más extraño, más irreal, un inglés, que está de paso, le comenta a Hervé ante su pregunta sobre si conoce a una mujer joven blanca que viva allí: no existen mujeres blancas en Japón. No hay ni una sola mujer blanca en Japón. El silencio, el enigma, la soledad rodean a Hara Kei y a su casa. Hay numerosos pájaros, bien volando con grandes alas azules en cuyo vuelo la gente lee su futuro o bien, en una gigantesca jaula, loca prenda de amor, que hace que a Hervé todo le parezca un teatro, una representación cargada de símbolos. La última noche, durante el ritual del baño, una mano de mujer joven le pone un paño en los ojos, le baña con toda la delicadeza del mundo y, finalmente, le deja un papel dentro de su mano: se puso a observar la luz que temblaba, borrosa, en la lámpara. Y, con cuidado, detuvo el Tiempo durante todo el tiempo que lo deseó. No fue nada, después, abrir la mano y ver aquella hoja de papel. Pequeña. Unos pocos ideogramas dibujados uno debajo del otro. Tinta negra.

Hervé regresa a Francia con su cargamento de huevos de gusanos de seda (que siempre consigue sacar a escondidas de la isla). Su mujer le recibe con dulzura y amor. Transcurren cuarenta y un días de vida tranquila pero no se ha olvidado del papel, imposible, necesita saber qué dice y de nuevo recurre a Baldabiou que lo envía a visitar a Madame Blanche, una rica japonesa propietaria de un burdel en Nimes que lleva en los dedos, como si fueran anillos, unas pequeñas flores de color azul intenso. “Regresad o moriré”, eso es lo que dicen los ideogramas. La enigmática madame le recomienda que lo deje estar: no morirá y vos lo sabéis. El narrador no nos dice explícitamente en ningún momento lo que piensa o siente Hervé. Todo son signos cargados de simbolismo, todo es sutil, todo lo tenemos que descifrar de sus gestos, miradas o acciones. Así que, sin saber lo que piensa o siente ante esas palabras, Hervé por primera vez en su vida llevó a su mujer aquel verano a la Riviera. La vida continúa y quieren tener un hijo que se llamará Philippe. Él la ama y se lo dice, le dice: te amaré siempre. Esa parece la respuesta a todo aunque en un rincón escondido de su despacho conservaba una hoja doblada en cuatro, con unos pocos ideogramas dibujados uno debajo del otro, tinta negra.

Plazos
Disponéis de una semana para comentar esta primera parte de la lectura. Espero que sean numerosos vuestros comentarios e impresiones y podamos entre todos descifrar todo el simbolismo que contiene esta lectura. A la vez, seguiremos leyendo desde el capítulo 31 (página 61) hasta el final de la novela. ¡Por favor no comentéis nada de la segunda parte hasta que publique el post sobre ella dentro de una semana! Gracias. 🙂

Seda: una fábula exquisita

1 Mar

Silk. Foto en flickr por eatswords. Algunos derechos reservados.

Como dice su autor, Alessandro Baricco, ésta es una historia decimonónica. Sucede en la segunda mitad del siglo XIX entre Francia y Japón. Dividida en sesenta y cinco breves (a veces, brevísimos) capítulos, esta novela corta, más allá de lo que cuenta, se caracteriza por su estilo: sencillo, preciso, claro, casi transparente como la mejor seda, conciso y original. Casi ascética, Seda va a la esencia en su manera de narrar una sutil historia de amor. Su economía de palabras la suple el autor con una gran riqueza de imágenes, es muy visual. Es etérea, irreal, misteriosa, mágica, toda ella está impregnada de un halo de melancolía casi lacónica y, sobre todo, posee una gran cantidad de elementos simbólicos que quizá pueden dificultar su interpretación (lo veremos en los comentarios). Está narrada de tal manera que deja mucho a la imaginación del lector. El título se refiere tanto al tema como a la forma: la novela está escrita con la misma delicadeza con que se teje la seda. Asimismo, la seda aparece en varios momentos como símbolo de la nada: una vez había tenido entre los dedos un velo tejido con hilo de seda japonés. Era como tener entre los dedos la nada” […] “A su mujer, Hélène, le trajo de regalo una túnica de seda que ella, por pudor, nunca se puso. Si se sostenía entre los dedos era como coger la nada.

Otra característica de Seda es el ritmo que posee. Se aprecia que Baricco ha cuidado mucho este aspecto. La novela tiene música. Utiliza mucho las repeticiones para conseguirlo así como la estructura de cada uno de los capítulos que se establecen como si de una canción se tratase. También la alternancia de capítulos breves y algo más extensos sigue un ritmo perfectamente regular. La línea narrativa sube y baja, ondula rítmicamente. Al respecto dice el autor: todas las historias tienen música propia. Ésta tiene una música blanca. Es importante decirlo porque la música blanca es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutan bien es como oír el silencio y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles. La música blanca es algo rematadamente difícil. En estas palabras se percibe el listón tan alto que se ha puesto Baricco para hacer de Seda una novela diferente, única. Con sus palabras el autor nos quiere decir que detrás de su aparente sencillez hay mucho trabajo y reflexión. Que podría parecer una novela simple pero que, si escarbamos un poco, descubriremos que es muy compleja. Respecto a esto hay que decir que la novela tiene tantos defensores como detractores. Hay quien dice que es sublime y, por el contrario, otros afirman que es casi un bluf, que apenas hay nada detrás de su empeño. Cuando llegue el momento de comentarla, podremos discutir sobre lo que nos parece a cada uno de nosotros. Esta novela hizo famoso a su autor en casi todo el mundo. Su éxito de ventas y lectores le hicieron un hueco entre los autores actuales más conocidos, pero la polémica siempre ha ido con él. ¿Es bueno? ¿Es mediocre? ¿Es profundo? ¿Es superficial? En su debido momento lo comentaremos.

Seda narra gran parte de la vida de Hervé Joncour, un comprador y vendedor francés de gusanos de seda que recorre el mundo en su búsqueda. Casado y sin hijos, vive en un pueblo tranquilo, Lavilledieu, que se dedica casi por entero a la producción de seda. Ha sido Baldabiou, un peculiar personaje clave en esta historia, el que ha introducido esta empresa en el pueblo y ha sido también el que ha escogido a Hervé para que sea el que vaya a la compra de los huevos. El padre de Hervé, alcalde de Lavilledieu, había imaginado para él un brillante porvenir en el ejército, pero finalmente será la voluntad de Baldabiou la que cambiará el destino de Hervé Joncour. Cuando los huevos en Europa comienzan a ser pasto de epidemias, Hervé irá a Siria y a Egipto a por ellos, pero pronto también se verán contaminados por las plagas por lo que Baldabiou decide que hay que ir al fin del mundo, a la misteriosa Japón que lleva doscientos años viviendo completamente separada del resto de la humanidad, rechazando cualquier contacto con el continente y prohibiendo el acceso a todo extranjero. Pero Japón se está abriendo paulatinamente al comercio con el exterior y así comienzan los viajes de Hervé a este misterioso y exótico país en busca de las larvas de seda de la mejor calidad que le harán rico. Será allí donde vivirá una experiencia amorosa (¿o un deseo erótico?) no consumada con una joven no oriental que condicionará su vida. Además de los viajes físicos y reales, paralelamente hay un viaje interior del protagonista, que propiciará el viaje externo, hacia sus propios sentimientos y hacia la esencia de su ser. El autor nos muestra el conflicto existencial que vive Hervé Joncour. Y aunque Baricco diga que no es una novela de amor, éste, en todas sus facetas, es el tema principal: entrega, deseo, seducción, obsesión, erotismo…

Los personajes apenas están esbozados, nunca sabemos mucho de ellos ni de sus sentimientos, sólo el protagonista está algo más perfilado y ya desde el principio el narrador, en tercera persona, nos lo describe como uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla. Hervé se moverá entre dos tipos de amor, uno sereno, cotidiano, real y otro misterioso, prohibido, idealizado, pasional, sobre todo a través de las miradas pero que le abrirá una brecha profunda en su vida y su sentir convencional y mesurado. El milagro es que ambos conviven y que uno no desplaza al otro. También se nos hablará sucintamente sobre esa Francia y ese Japón de los años sesenta y setenta del siglo XIX, de los viajes, del cultivo de la seda. Hay en toda la obra una aire de fábula, ¿con moraleja?, que la hace, ya he dicho, irreal y atemporal. La no-historia en el no-tiempo. Es un triple salto mortal literario el que Baricco intenta en esta breve novela en la que apenas hay diálogos, y cuando los hay están cargados de significado, en la que predominan las descripciones precisas, las miradas, los gestos, los sentimientos… todos marcados por un ritmo musical muy pausado.

Hay quien ha dicho que Seda consigue emular la estructura narrativa de los haikus. Una forma de poesía tradicional japonesa compuesta por tres versos de cinco, siete y cinco moras. En ellos, el poeta describe una emoción profunda generalmente provocada por la percepción de la naturaleza, siempre manteniendo un estilo asimétrico caracterizado por la sencillez, la austeridad y la naturalidad de sus composiciones.

En declaraciones al diario El País, realizadas en mayo de 1997 con motivo de la publicación de Seda en España, Alessandro Baricco afirmaba: no me gusta tratar con las cosas que ya conozco, por eso mis personajes son bastante mágicos, las historias poco corrientes y los lugares inexistentes en el mapa. Añadiendo respecto a la influencia de la música en la estructura de sus novelas que yo no me doy cuenta, pero lo cierto es que voy escribiendo y de repente advierto que me ha salido, por ejemplo, un rondó. A menudo mis libros se pueden leer como una partitura, están construidos sobre una estructura musical.

Existe una versión cinematográfica de 2007 titulada Silk, del director canadiense François Girard, protagonizada por Michael Pitt, Keira Knightley, Alfred Molina y Miki Nakatani. Las críticas no fueron muy buenas.

Os dejo también tres enlaces sobre la obra. Uno es una crítica literaria realizada por Fernando Fuentes Pinzón en YouTube. Otra, muy breve, es un fragmento animado de la novela. Y, por último, una entrevista a Alessandro Baricco (subtitulada en español) de treinta minutos realizada en 2014 por Héctor de Mauleón para el Círculo Editorial Azteca de México. En ella, el autor habla de su obra en general, de su manera de enfrentarse a la escritura, de sus influencias… Es muy interesante porque además Baricco no se prodiga mucho en entrevistas.

Plazos
Como la novela es corta, 125 páginas, he dudado si dividir la lectura en dos partes o no. Finalmente he decidido dividirla para intentar profundizar más en ella y en sus símbolos. Leeremos a lo largo de una semana hasta la página 60 inclusive. Como he observado que algunos no respetáis los plazos (seguramente por desconocimiento de las reglas si sois nuevos o por despiste) y dejáis vuestros comentarios (a veces en el post que no le corresponde) no únicamente sobre la parte establecida sino, a veces, sobre la novela en su totalidad cuando estamos todavía en la primera parte, por favor, os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!