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Nuestra próxima lectura: La tía Mame de Patrick Dennis

21 May

Para terminar la temporada, una novela de humor!

Volvemos a Estados Unidos, está vez de la mano del escritor americano Patrick Dennis y su novela La tía Mame” publicada en 1955 y rescatada por la editorial Acantilado en 2010 para editarla en castellano. Esta edición ha sido traducida del inglés por Miguel Temprano García.

 La novela:

Escrita en un tono desenfadado y simpático narra las aventuras de un niño de diez años que se queda huérfano en la América de mil novecientos veinte y es puesto bajo la potestad de una dama excéntrica, obsesionada por estar a la moda, vital, caprichosa, seductora y adorable. Junto a ella, pasará los siguientes treinta años en una espiral incesante de fiestas, amores, aventuras y diversos golpes de fortuna.

El ambiente que refleja esta novela es el de la burguesía acomodada de Manhattan y el de los colegios privados de pago. La obra está dividida en once capítulos que son como once cuentos en orden cronológico con pequeños saltos en el tiempo. Y que al final, después de una generación completa, nos retoma, con el mismo ímpetu inicial, su desenlace.

El ingenio del autor relatando situaciones chocantes y el humor con que las describe, hace impensable que esta novela haya sido rechazada por diecinueve editores ya que vendió, al ser publicada en 1955, más de dos millones de ejemplares en Estados Unidos y se mantuvo 112 semanas en la lista de los diez libros más vendidos del New York Times. Hay varias adaptaciones cinematográficas, una de ellas de 1958 “Auntie Mame.

El autor: 

Autor americano, Patrick Dennis (Evanston, Illinois, 1921 – Nueva York, 1976), seudónimo escogido por Edward Everett Tanner III para firmar su obra literaria, estudió en la Evanston Township High School, tras lo que se unió al American Field Service durante la II Guerra Mundial como conductor de ambulancias en el Norte de África y Oriente Medio.

De vuelta a los Estados Unidos, Dennis inició una prometedora carrera como escritor gracias a “La tía Mame”, libro que se convirtió en un auténtico superventas. A este éxito siguieron novelas como “Pequeña mía, e incluso una secuela: “La vuelta al mundo con la tía Mame”.

Fue un icono de la bohemia de Nueva York, además de uno de los escritores norteamericanos más populares de los años cincuenta y sesenta del siglo XX.

Sin embargo, su popularidad decayó en los años 70 y su obra fue prácticamente olvidada. De hecho abandonó la escritura y pasó sus últimos años trabajando para otras personas.

En la actualidad, su obra ha sido recuperada y ha despertado, una vez más, la atención del público.


Plazos:

Los que tenéis la opción de llevaros el libro a casa, ya podéis pasar por la Sala de adultos de la Biblioteca Fórum Metropolitano, en horario de apertura, a partir de mañana a recoger un ejemplar. El próximo lunes, 28 de mayo, publicaremos el siguiente post y ya os puedo ir avanzando el calendario de lecturas:

  • Hasta el capítulo VI “La tía Mame en misión de auxilio“. Plazo: viernes, 8 de junio.
  • Desde el capítulo VII “La tía Mame en la Universidad” hasta el final. Plazo: miércoles, 20 de junio.

¡Buena lectura!

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Un viaje al pasado

18 Abr

Contexto geográfico:

Tierra de campos es una comarca natural española situada en la Comunidad autónoma de Castilla y León, que se extiende por las provincias de Palencia, Valladolid, Zamora y León. El gentilicio es terracampino.

Los geógrafos que han estudiado esta zona siempre han destacado su inconfundible, significativa e individualizada personalidad, apreciable tanto por sus rasgos fisiográficos, como en su caracteres económicos, que la diferencian de forma nítida de otros espacios de la península ibérica.

Algunos utilizan el calificativo región natural, al fijarse esencialmente en su configuración externa, modelada  por el relieve, el clima y la vegetación, justificando el empleo de este término por la homogeneidad de su aspecto, de su relieve profundamente nivelado, por la uniformidad de su paisaje, de sus producciones y condición de vida, ya que el concepto de región natural implica una porción de territorio determinado por circunstancias especiales de relieve, suelo, clima, paisaje y vegetación que guardan entre sí una relación y que en relación a sus recíprocas influencias vienen a presentar un aspecto de  unidad geográfica, con fisonomía y caracteres propios que la  individualizan y diferencias de los zonas que la rodean.

La novela:

El libro nos explica la biografía de Mosca. Una vida que, en su caso, no es sino crecer sin suelo, tanto como músico sin tradición autóctona, autodidacta como de ser emocional, prueba y error, ciudad y pueblo, infidelidad y lealtad.

Dani Mosca se crea a sí mismo a través del conflicto emocional con su padre, con una madre que el alzhéimer le arrebata muy joven, con la primera amistad que lo resiste todo –los personajes de sus camaradas de su banda, Las Moscas, Gus y Animal se levantan del papel, especialmente el primero-, la música como modo de ordenarse y con la atracción amorosa, epicentro y desequilibrio, droga, refugio y, al final, “sonido de sirena de ambulancia a lo lejos”, en propias palabras de su autor.

Es una novela que habla de sentimientos, de cómo nos relacionamos y a dónde acabamos llegando. Trueba tiene un estilo sencillo, claro y bien hilvanado. Hace que lo cotidiano cobre importancia, sin sentimentalismos ni estridencias. No crea artificios innecesarios, tampoco escapa de evitar soluciones fáciles. Afrontar la figura de un músico no es nada sencillo y Trueba consigue que entremos fácilmente en su mundo y en sus sentimientos.

La novela tiene dos partes, en la primera, tiene lugar el viaje y en la segunda, la estancia en el pueblo que le permite al narrador, en una primera persona muy dúctil, revisar el pasado personal y familiar del protagonista, desde la conflictiva relación con los padres hasta la propia condición paterna pasando por las “heridas” del sexo y el amor, o la construcción de su trayectoria profesional y artística, aquí definidas como una forma desesperada de correr hacia adelante.

En este caso, se aprecia que la paternidad, que podría haber sido el elemento principal de la historia, es una mera anécdota, ya que el autor se detiene mucho más en la narración autobiográfica, centrada sobre todo en dos puntos: su carrera artístico-musical y la lista de sus amoríos.

Como muchas obras de autores de esta generación, el autor usa el recurso de la nostalgia, con constantes referencias a personajes, hechos y situaciones de los años setenta, ochenta y noventa: cantantes, canciones, películas, series tv, hechos históricos… Eso sí, narra bien el brutal contraste cultural entre el mundo “antiguo” del padre difunto (el mundo del campo) y el actual de los hijos, con las nuevas tecnologías (el mundo de la ciudad), siendo el personaje de Daniel el punto de inflexión entre uno y otro.

En definitiva, una novela que apela a los sentimientos y recuerdos de una generación.


 Plazos:

Para que no se haga tan larga la lectura vamos a dividirla en dos plazos con sus correspondientes post:

  • Hasta el epígrafe “cuando ese perro de la calle eres tú” en la página 203. Plazo: 27 de abril.
  • Hasta el final de la novela.  Plazo: 10 de mayo.

¡Espero que os guste!

Buena lectura,

 

Pero no puede soltar a Esme

20 Abr

The window. Foto en flickr de cudipeich. Algunos derechos reservados.

La excursión al mar de Esme e Iris continúa. El mar, la libertad, la vida normal (¿es posible que la vida sea tan sencilla?) sacuden a Esme en su contraste con lo que acaba de dejar atrás: Cauldstone y este lugar, esta terraza con el mar de fondo, no cuajan. ¿Cómo puede hablar de eso allí? ¿Cómo puede pensar en esas cosas? Ni siquiera las ve en una frase. No sabría cómo empezar. Iris le habla de su padre, fallecido a la temprana edad de treinta y un años por una negligencia médica. Pronto sería su cumpleaños: ¿Qué día?, se interesa Esme. El veintiocho. Esme se enreda obsesivamente con los dos números: tiene que levantarse y acercarse a la barandilla para librarse de ellos, y entonces ve, debajo de la terraza de madera donde todo el mundo se sienta al sol, una masa de afiladas rocas negras.

Kitty salta de un recuerdo a otro, de la época de su boda con un hombre, Duncan, que no la hará feliz a cuando eran niñas Esme y ella. Siempre el contraste, la buena y la díscola: siempre pasaba algo, siempre había una razón, por extraña que fuera, pero resultaba imposible adivinarla. Con ella nunca se sabía, no se podía prever qué iba a pasar de un minuto al otro. Creo que por eso...

Es consciente de que esos números, ese dos y ese ocho, intentan buscar un lugar para volver. Han estado acechando desde el recinto al que ella los empujó y están organizando un asalto, un allanamiento. No piensa permitirlo. Ni hablar. Cierra de golpe todas las puertas, echa los cerrojos, las llaves […] Esme se aparta de las rocas. Ahora está a salvo. Pero mantiene una mano en la barandilla, por si acaso. Y regresan los días del colegio en los que todas las niñas se reían de ella porque era diferente, pero eso a Esme no le importaba, sabía abstraerse. Vuelve al presente y a la niña Iris que se le parece muchísimo a su madre: Es como si a Esme se le hubiese concedido una visión de su madre en una idílica vida eterna: relajada al sol, con un peinado nuevo, llevándose una taza a la boca con los diez dedos extendidos. Y la historia de la chaqueta, que vuelve una y otra vez, y el color verde, siempre tan presente: ¿os habéis dado cuenta? ¿Qué creéis que simbolizan ambas cosas? A mí no me queda claro y aunque tengo alguna teoría, espero por las vuestras.

James Dalziel, un joven de excelente familia, aparece por primera vez en los recuerdos de Kitty. James, que jugará un papel decisivo en la triste historia de Esme. Kitty se fija en él: … y la primera vez lo vi creí que me iba a derretir como azúcar en agua […] Él estaba con un amigo, Duncan Lockhart, pero yo casi ni lo miré. Le gusta James, no le gusta Duncan, su futuro marido. Pero a James quien le va a gustar es Esme: él la miraba a ella, y cómo, cualquiera diría que estaba a punto de derretirse como azúcar en agua. Celos. Pero a Esme no le interesa, no le hace ni caso como veremos más adelante (¿O le hace un poquito de caso aunque no lo quiere admitir?). Kitty insiste una y otra vez en sus recuerdos en lo rara que era su hermana, y debo reconocer que a mí me molestaba muchísimo porque su comportamiento impide que las acepten, que las inviten a fiestas, estás destrozando mis oportunidades. La madre la apoya y se queja como ella de esa hija tan extraña e insolente, el bicho raro. Esme quiere seguir estudiando, saca buenas notas, le encantan los libros, pero su padre se lo impide: mis hijas no trabajarán. Mujeres nacidas en una época y en una clase social cuyo único objetivo en la vida es encontrar un buen partido y ser amas de casa. Todo lo que le espera a Esme lo aborrece tanto que le entran ganas de gritar, mientras que Kitty lo acepta gustosa.

A James le gusta mucho Esme pero ella lo rechaza una y otra vez: no creía haber sido tan grosera con nadie. A él parece gustarle porque no es como las otras. Eso a Esme, en el fondo, le agrada aunque le dice que no piensa casarse jamás. James no da su brazo a torcer: de todas las chicas que he conocido, eres la más idónea para el matrimonio […] tienes la personalidad necesaria. Podrías igualar a un hombre, sin desmerecer en nada. A ti no te intimidaría […] tú no cambiarías en nada. No te imagino cambiando por nada. Y eso es lo que quiero. Por eso te quiero a ti. Kitty, que se da cuenta, se siente humillada pues además de gustarle mucho el chico, ella es mayor, más guapa, más educada, más adecuada para casarse con él y asiste, al igual que la madre, escandalizada y dolida al cortejo que James despliega ante la impasible y huraña Esme. A ésta, en el fondo, algo se le está removiendo por dentro, ya tiene dieciséis años. Y, osada como es, se dirige a la habitación de la madre a probarse una  negligé de seda aguamarina: quiere saber si la falda susurrará en torno a sus tobillos, quiere saber si los estrechos tirantes caerán bien sobre sus hombros, quiere ver la persona que será bajo todo aquel encaje de color mar. Tiene dieciséis años.

El padre la descubre y furioso le da una bofetada: su padre no deja de gritarle palabras horribles, palabras que ella jamás había oído. Quiere prohibirle ir a la fiesta de Nochevieja en casa de los Dalziel. Pero la madre tiene una idea para terminar con todo esto: vamos a prepararla. La pondremos guapa, la enviaremos al baile y luego la casaremos con el chico Dalziel. Esme protesta, no quiere… Lo que tú quieras no importa. El chico te quiere a ti, Dios sabrá por qué, pero así es. Tu comportamiento nunca ha sido tolerado en esta casa, y nunca lo será. Así que ya veremos si unos meses de matrimonio con James Dalziel bastarán para doblegarte. Y ahora levántate y vístete. Y estamos de nuevo en el principio de la novela: dos chicas en un baile, pues. Ese será el principio del fin de la vida “normal” de Esme. James la conduce bailando, girando (ella pensará a menudo que aquél fue el momento clave, que si llegó a haber un momento en que pudiera haber cambiado las cosas, fue aquél, cuando danzaba bajo una lámpara de araña la noche de fin de año) a un cuarto oscuro donde se amontonan los abrigos, la besa, la toca, ella sintió una oleada de furia y miedo, así que pataleó y golpeó. Él la cubrió la boca con la mano y le susurró “zorra” al oído. Y el dolor fue tan asombroso, tan increíble, que Esme pensó que se partía en dos que él la quemaba, la desgarraba. Lo que estaba pasando era impensable, no lo habría creído posible. Una vez terminado todo, Esme, en shock y de vuelta a la fiesta sólo quiere ver a su hermana pero lo que hace es comenzar a chillar, un chillido agudo que no podía detener, sobre el que no ejercía ningún control. La señora Dalziel la lleva a su casa y cuando su madre entró en el dormitorio y le preguntó qué había ocurrido exactamente la noche anterior, Esme se incorporó en la cama y produjo de nuevo aquel sonido. Abrió la boca y gritó, gritó, gritó.

Todo se precipita, llaman a un médico: vamos a llevarte a un sitio para que descanses un poco, ¿de acuerdo?, escucha Kitty a través de la cerradura: yo no quería que se fuera para siempre, sólo el tiempo necesario para poder… La diagnostican demencia precoz, lo que hoy en día llamaríamos esquizofrenia. Se la llevan a la fuerza, Esme se resiste, agarrándose a la barandilla y gritando sin parar el nombre de su hermana. Y en ese momento comienza “la extraña desaparición de Esme Lennox”. Una adolescente que es encerrada por no aceptar las convenciones sociales de la época, por querer disfrutar de la felicidad y de la libertad: bailar, ponerse las ropas de mamá, dar paseos en soledad, reír a destiempo, decir y hacer lo que quiera, no quererse casar sino ser independiente y libre… a esa rebelión en aquellos tiempos se le llamaba “histeria” o “esquizofrenia” y los padres, médicos o maridos podían decidir el ingreso en un psiquiátrico a mujeres que no cumplieran sus órdenes o se salieran de la norma con una sola firma de un médico y continuar adelante como si nada hubiese sucedido borrándolas de sus vidas completamente. Abandonándolas en su infortunio, sin una sola visita. Terrible.

Esme ha tenido la mala suerte de ser diferente, de poseer ideas propias y opiniones que no cuadran con la mentalidad de la época. En ningún momento se cuestiona en la novela si está “loca” o no. Estuviera o no estuviera lo que la espera en el psiquiátrico es una vida terrible tal como eran esas instituciones en aquellos tiempos. Si además estás lúcida y realmente no tienes ninguna enfermedad mental tienes que sufrir todavía mucho más. Sólo pensarlo da escalofríos. La tragedia de Esme nos cala hondo y nos lleva a pensar en todas aquellas mujeres que realmente sí vieron sus vidas truncadas, destrozadas, por las decisiones autoritarias del hombre del que dependían. Terrible, insisto.  El personaje de Esme, su integridad, dignidad, está magistralmente construido, tanto en lo que dice como en lo que calla y nos toca para siempre. Esme que una vez libre todavía conserva su lucidez, su ser especial, aunque dañado de alguna manera después de más de sesenta años viviendo encerrada, con tratamientos, medicación, crueldad…, ¿Cómo no va a despertarse en la sensible Iris una complicidad y un afecto hacia su tía abuela?

¿Y qué  hay de Kitty? Que no fue nunca a verla, que aceptó que le robaran el hijo a Esme para dárselo a ella ya que siempre fue virgen y lo que más deseaba era un hijo. Kitty, su cruel verdugo, siempre ateniéndose a las normas, casada con un hombre al que no quiere y que además ni la toca, huye de ella… ¿Es Kitty egoísta, cruel y cobarde o actúa obligada por las circunstancias, las imposiciones sociales, los prejuicios? ¿Qué opináis? Recordad la cita de Edith Wharton que abre el libro. Está claro que Kitty no fue nunca feliz, porque además de tener un marido que la repudia, una vez que consigue el tan preciado bebé no le puede ni siquiera ni educar porque le ponen una niñera a su cargo: entonces descubrí que mis días se tornaban muy vacíos. Pero sobre todo porque lleva el peso duro en su conciencia, ¿y la culpabilidad?, de lo que ha hecho, por eso en sus recuerdos dañados por el Alzheimer no hace más que pensar obsesivamente en todo lo que pasó y repetirle a las enfermeras: yo me lo llevé, yo me lo llevé, y nunca se lo he dicho nadie […] Era de mi hermana, ¿sabes? ¿Cómo va a ser feliz si su vida está edificada sobre la injusticia que se ha cometido contra su propia hermana, como dice Edith Wharton?

Todo lo que se relata sobre la llegada de Esme a Cauldstone y lo que vive allí esos primeros meses, que es lo que nos cuenta el narrador, es aterrador, todo el sufrimiento de esa joven que no entiende nada y que aprende a doblegarse, a fingir, a sobrevivir. Pensar en toda una vida perdida, en tantas vidas perdidas de esa cruel manera… la conmoción hierve de nuevo en lágrimas. No puede ser, no puede ser. Tiende la mano y arranca la cortina, da patadas al armario, grita, tiene que ser un error, todo esto es un error, escuchadme, por favor. Las enfermeras se apresuran con anchos cinturones de cuero y la atan a la cama, luego se alejan meneando la cabeza, enderezándose las cofias. El trato es inhumano. Pero lo peor está por llegar porque cuando parece que la van a soltar descubren que está embarazada y entonces maquinan la idea de quitarle al hijo y dárselo a su hermana, que acepta, y es por ese motivo, por ese terrible hecho, por el que ella tiene que quedarse encerrada de por vida olvidada por todos empezando por su propia, y querida, hermana que nunca querrá que Esme salga por si le pudiera quitar al que ahora es su hijo. Esme la escribe muchas cartas pidiéndole que vaya a verla y nunca sabrá porqué no fue jamás. Es magistral cómo los recuerdos de Kitty están estructurados en una narración que alterna las dos historias: la del repudio sexual de su marido y el descubrimiento del niño de Esme el día que decide ir a verla pues ha leído las cartas que sus padres han escondido. Y cómo se parece a James, el hombre que sí amaba Kitty, y la rabia y envidia que la da, y el ofrecimiento del doctor y ella que lo que más desea es tener un hijo y…

Iris y Alex, que la ha ido a visitar, hablan de Esme. Iris no la ve loca: estamos hablando de una chica de dieciséis años a la que encerraron sólo por probarse una prenda de ropa; estamos hablando de una mujer encarcelada de por vida, que ahora ha recibido un indulto y.. y es cosa mía intentar.. no sé qué. Iris ya no tiene tan claro que la vaya a llevar a ningún sitio teniendo en cuenta, además, que el piso donde vive ella es de Esme. Lo que todavía no sabe Iris, entre otras muchas cosas, es que Esme es su verdadera abuela. A la vez, Iris recuerda todo lo que pasó con Alex. Cómo huyó a Rusia después de su encuentro sexual con Alex (en el que Kitty los descubrió) y nueve meses después (nunca habían pasado tanto tiempo separados) estaba en Manhattan para asistir a la boda de su hermanastro, hace ahora once años. Y cómo la noche anterior a la boda, Alex quiso hacer el amor con ella: te vas a casar, Alex, gritó ella. Mañana, ¿te acuerdas? Y él dijo que no le importaba, no quería casarse. Pues no te cases, replicó Iris. Tengo que hacerlo, objetó él, está todo dispuesto. Si quieres se puede indisponer, replicó ella. Pero él entonces gritó: ¿Por qué has tenido que irte a Rusia? ¿Por qué? ¿Cómo pudiste marcharte así? Era preciso, chilló ella a su vez, debía hacerlo. Tú no tenías que venir a Nueva York, no tenías por qué quedarte aquí, no tienes que casarte con Fran. Sí he de casarme, repuso él. Sí.

Mientras, Esme, a través de unas fotografías que tiene Iris de la familia, en concreto una de su padre, se ha dado cuenta de todo lo que nunca ha sabido: y sostiene la fotografía, la sostiene en las manos, la mira y lo sabe. Piensa de nuevo en esos números, los doses y los ochos, que juntos hacen ochenta y dos y también veintiocho. Y piensa en lo que le pasó una vez el día 28 de un mes de verano. O más bien no lo piensa. No necesita pensarlo. Está siempre en su mente, siempre y para siempre. Lo lleva dentro constantemente, lo oye. Forma parte de su ser. Sabe quién es este hombre. Sabe quién fue. Ahora lo ve todo […] Examina la cara del  hombre y ve en sus rasgos, en el gesto de la cabeza, todo lo que en su vida ha querido saber. Lo que detecta, lo que entiende es esto: Era mío. Parece tender los brazos hacia esta constatación y tomarla. Se la pone como un abrigo. Era mío […] Y comprende que la niña también es suya. Qué idea. Qué cosa. Quiere tomarla la mano, tocar esa carne que ahora es carne de su carne, quiere abrazarla con fuerza, por si sale volando hacia las nubes como una cometa o un globo. Pero se contiene.

Y a la mañana siguiente, el domingo, Esme sabe perfectamente lo que quiere hacer: ¿Podemos ir a ver a Kitty hoy? Kitty al ver a Esme después de tantísimos años farfulla en su inconexión: ¿Y qué tenía que hacer yo? Todas mis posibilidades destrozadas. Estás igual, igual. No fui yo, ¿sabes? No fui yo. Yo no me lo llevé. ¿Para qué iba a quererlo? Menuda ridiculez. De todas formas era lo mejor. Eso tendrás que admitirlo. Padre también pensaba que era lo mejor, y el médico. No sé a qué has venido. No sé qué haces aquí, mirándome así. Era mío, siempre fue mío. Pregúntale a cualquiera. Yo no me lo llevé. No fui yo. Iris y Alex no entienden nada, pero Esme sí que lo entiende y de qué manera: Pero yo sé que te lo llevaste. Pide quedarse a solas con Kitty. Poco después siente que es un alivio que haya cesado el ruido, que todo esté en silencio. Esme se alegra. Una sentada, otra de pie.

Mientras está ocurriendo lo inevitable, Alex e Iris hablan y el hombre por fin le dice lo que lleva años queriéndole decir: tú has sido siempre la única, y lo sabes. Iris sólo quiere huir. Y sabes que yo he sido el único para ti. Iris no sabe qué contestar.  De pronto un revuelo de gente a su alrededor le hace reaccionar a Iris y, de golpe, se da cuenta de todo, de lo que ocurrió en el pasado y de lo que acaba de hacer Esme. Echa a correr hacia la habitación de Kitty: es preciso que llegue primero, alcanzar a Esme antes que nadie, tiene que decirle, tiene que decirle, por favor. Por favor, dime que no lo hiciste […] Pero al llegar a la habitación de Kitty se encuentra el pasillo lleno de gente, residentes en bata y zapatillas, personas de uniforme que salen por la puerta, rostros que se vuelven a mirarla, pálidos como huellas digitales. Una vez ya dentro y viendo lo que ha ocurrido, se sienta junto a Esme que sostiene la mano helada de su  hermana. Alex llega y le presiona el hombro y la habla: Iris siente el impulso de tocarlo, sólo un instante, de sentir aquella conocida intensidad suya, de comprobar que es él realmente, que de verdad está allí. Pero no puede soltar a Esme […] La acompañará, la seguirá entre el blanco, a través de la multitud, fuera de la sala, por el pasillo y más allá.

Plazos

Me he quedado exhausta y conmocionada leyendo (y comentando) esta novela, no sé vosotros. Es hora de vuestros comentarios sobre esta parte y sobre la novela en general. Espero que sean numerosos. La novela es sobrecogedora con respecto al tema que trata y, a la vez, muy original y, desde mi punto de vista, muy lograda la manera en que está estructurada la  historia alternando tres voces que construyen todo el relato de los hechos. Dedicaremos una semana a vuestros comentarios. Los espero con ganas. Hay mucho que comentar.

Un sobre marrón

12 Abr

COME… lets GO. Foto en flickr de DraconianRain. Algunos derechos reservados.

¿Cuándo comienza esta historia? Se interroga el narrador al principio de la novela. Quizás con dos chicas en un baile de nochevieja en los años treinta en algún lugar de Escocia. O no, quizá empiece mucho antes, en la India cuando esas dos chicas eran unas niñas. Lo que sí sabemos es adónde nos va a llevar. A una mujer anciana que mira a través de una ventana con barrotes. Comienzo puzzle, original, el de La extraña desaparición de Esme Lennox. Los capítulos se van a suceder entre el pasado y el presente, entre la vida de Esme, de niña, de joven y ya anciana y la vida de Iris, su sobrina nieta. Más adelante aparecerá también la voz inconexa de Kitty.

Esme, encerrada pero siendo capaz de borrar esos barrotes si se concentra lo suficiente, recuerda diversos momentos de su infancia en India: últimamente no habla con nadie. Quiere concentrarse. En ellos vislumbramos que Esme es una niña diferente, especial, ensimismada en sus ensoñaciones: Esme entorna los ojos y sus padres se desdibujan hasta formar dos siluetas borrosas: ella, un triángulo; él, una línea. Saltamos a Iris, parece que está furiosa, que tiene problemas. Iris recibe una carta en un sobre marrón en la que le hablan de una tal Euphemia Lennox pero no le hace caso, está más preocupada por sus cosas, por su vida. Iris tiene un hermano (el narrador juega y nos hace creer eso, pero más adelante sabremos que es su hermanastro), Alex. Hay mucha complicidad y confianza entre ellos. Alex está casado con Fran. Iris recibe una llamada en la que le hablan de Euphemia Lennox, de nuevo este nombre, ella no la conoce de nada, pero la llamada se corta. La joven tiene una relación con Luke desde hace dos meses pero a ella no le atrae el matrimonio: qué extraño debe de ser el matrimonio, estar tan atada, tan enganchada a otra persona.  Odia las bodas pero conoció a Luke en una. Se convirtió en su amante. No es nada más que eso. Además Luke está casado. A Iris no le importa pero no quiere saber nada de su mujer. Luke quiere dejarla pero eso a ella le da pánico. No quiere ni hablarlo. Alex siempre está por en medio. Es fundamental en su vida. No le gusta Luke para ella. La relación entre los hermanastros es, cuando menos, curiosa, diferente. Un poco más adelante sabremos que el primer hombre con el que se acostó Iris fue su hermanastro Alex.

Volvemos a Esme y a su pasado en India. Es una niña que se fija más en el más nimio detalle que le rodea que en lo supuestamente más importante (estudiar, hacer los deberes): Esme no mira los problemas de aritmética que le han puesto, sino el polvo que se arremolina en los rayos de luz, la línea blanca de la raya del pelo de su hermana, los nudos y marcas de la mesa de madera, que fluyen como el agua, las ramas de la adelfa del jardín, las leves medialunas que aparecen bajo sus cutículas. Esme y Kitty tienen un hermanito, bebé, Hugo. Esme lo adora: le encantan sus miembros apretados, nacarados, los hoyuelos de los nudillos, su olor a leche. Esme huye de su presente, el sanatorio psiquiátrico que se está desmantelando, centrándose en su pasado. Es muy importante para ella. Kitty, su hermana, tiene seis años más y ya la están buscando novio. Kitty, al contrario que Esme, es dócil, obediente, sigue las normas. Esme no quiere casarse.

Por fin, a través de una llamada, Iris se entera de que la tal Euphemia Lennox es la hermana de su abuela: mi abuela no tiene hermanas. La llaman porque Cauldstone va a cerrar y ella es el familiar con quien contactar para los asuntos pertinentes a una tal Euphemia Lennox. Sin entender nada, Iris se dirige al sanatorio para averiguar qué pasa. Allí se entera de que Esme lleva encerrada sesenta y un años, cinco meses, cuatro días con diversos diagnósticos: “bipolar”, “electroconvulsiva”… pero ahora están plenamente convencidos de su docilidad y muy seguros de que puede reisentarse en la sociedad con total garantía. A Iris nunca nadie le ha hablado de Esme, y su madre, a quien llama a Australia, no sabe nada de ella, y su padre está muerto y su abuela perdida en el mundo del alzhéimer. En Cauldstone quieren que se la lleve. Tienen prisa. Van a cerrarlo. Iris está horrorizada: ¿llevarse a una mujer que no conoce de nada? Pero la curiosidad le puede más y pide verla.

Mientras, Esme piensa en lo peor. Lo más difícil. Lo hace muy pocas veces, pero en ocasiones siente la necesidad, y es uno de esos días en que le parece ver a Hugo. El bebé tiene fiebre. Está sola con él y con Jamila, su aya, pero ésta también está enferma. Y cuando intentó coger a Hugo, le resultó muy difícil. Tenía que inclinarse y había tantas mantas y sábanas que el cuerpo del niño parecía pesar mucho, y estaba tan frío y tan tieso que era difícil agarrarlo. Estaba congelado. Esme pasa con el niño toda lo noche. Cuando vuelven sus padres, Jamila y el niño están muertos. De tifus. No quería separarse de Hugo. Tuvieron que arrancárselo de los brazos, entre su padre y un hombre que habían traído no sabía de dónde Su madre se quedó junto a la ventana hasta que todo hubo acabado. El varón tan deseado. El trauma que marcará toda la vida de Esme.

Finalmente, Iris y Esme se encuentran. Después de un recorrido por el fétido y opresivo olor de los pasillos, Iris ve a una mujer alta, de puntillas ante una ventana elevada, dándoles la espalda. Esme siempre en la ventana, siempre huyendo de su terrible presente  rebusca en su mente algo que la salve. Esta mujer es alta, tiene el rostro anguloso y unos ojos inquisitivos, cierto aire altivo, una expresión pícara, las cejas enarcadas. Aunque debe de tener más de setenta años, se advierte en ella algo incongruentemente infantil. Hablan. ¿Has venido a por mí? Pero Iris le dice que no puede llevársela. Antes de que Esme, decepcionada, desaparezca, Iris ve en la cara de Esme la cara de su padre.

Iris va a ver a su abuela a ver si le aclara algo. No va a visitarla con mucha frecuencia. Su abuela la quiso de niña pero cuando Iris llegó a la adolescencia su abuela perdió el entusiasmo por ella. Kitty sólo le dice que no había forma de que soltara al bebé. Todo lo demás es incongruente, no hay manera de sacarla nada. Iris está decidida a investigar y se va a los archivos del sanatorio que son un caos y en los que se encuentra todo tipo de historias de mujeres que no parecen que estén “locas”. Sólo diferentes, raras, atípicas para la época que les tocó vivir. Antes cualquiera podía meter a su hija o a su mujer en un manicomio sólo con la firma de un médico de cabecera. Por fin, encuentra a Esme: Edad: 16. Insiste en dejarse el pelo largo. Los padres declaran haberla encontrado bailando delante de un espejo, vestida con la ropa de su madre. Iris se está involucrando en la vida de Esme y quiere saber qué va a ser de ella: los pacientes cuya familia no pueda hacerse cargo de ellos pasarán a ser responsabilidad del Estado y serán realojados consecuentemente, le informan. Aunque no se siente capaz de encargarse de ella, quiere que salga de Cauldstone (¿Te figuras lo que debe de ser pasar casi toda la vida en un sitio así? Yo ni siquiera me imagino lo que puede ocurrir si te encierran cuando todavía eres…) y está preocupada de adónde la llevarán hasta encontrarla plaza en una residencia de ancianos: un hogar, un asilo. Decide llevarla ella misma para ver cómo es ese sitio.

Esme vuelve a sus recuerdos que la llevan al barco en el que abandonan Bombay rumbo a Escocia. Dejan atrás mucho dolor. Una nueva vida. Un nuevo lugar para las niñas, que han nacido en India. Esme no entiende porqué ella no murió también de tifus como Hugo y la aya. Y aparece Kitty por primera vez con sus monólogos inconexos en los que salta de una época a otra. Esas frases incompletas que comienzan y terminan con puntos suspensivos y que reflejan muy bien su mente enferma. Están en Escocia y en los recuerdos de Kitty aparece la actitud díscola de Esme y, por el contrario, la suya que es obediente y ejemplar: eres responsable porque tu hermana no lo es. Siempre la diferencia entre ambas.

Cuando Iris comprueba el horrible lugar donde van a aparcar temporalmente a Esme, se la lleva de allí dispuesta a devolverla a Cauldstone, a pesar de la reacción de Esme: pero yo creía que me marchaba. Dijiste que me marchaba […] Lo dijiste. Lo prometiste. Iris, convencida de que no puede quedarse con ella, lo intenta pero no la admiten porque ya es tarde y comienza el fin de semana. Mientras habla con el portero de noche, Esme cierra la boca, cierra la garganta, pliega las manos una sobre otra y hace lo que ha llegado a perfeccionar, su especialidad: ausentarse, desvanecerse. Vean, damas y caballeros. Es de importancia crucial mantenerse totalmente inmóvil. Incluso respirar puede recordarles que estás ahí, de manera que hay que hacer sólo una respiración muy corta, muy superficial, lo justo para seguir viva. Nada más. Luego tienes que imaginarte alargada. Eso es lo más difícil. Piensa que eres fina y alargada, tenue hasta la transparencia. Concéntrate. Concéntrate de verdad. Tienes que llegar a un estado en que tu ser, esa parte de ti que te hace ser lo que eres, que te hace sobresalir en tres dimensiones, pueda salir por tu cabeza hasta que, damas y caballeros, hasta que llega el momento de…: la estrategia que Esme ha elaborado con su imaginación, ya desde su condición de niña rara, para poder soportar la vida que le ha tocado en suerte. Triste y duro.

Vuelven los recuerdos de Kitty, esta vez centrados en la muerte del hermano: fue una tragedia. Nos dijeron que evitáramos el tema. Sin embargo, Esme insistía en hablar de él, decía constantemente: ¿Te acuerdas de esto?, ¿te acuerdas de lo otro?, Hugo por aquí, Hugo por allá. El padre le da un escarmiento tal que Esme nunca más vuelve a nombrarlo. Kitty se alegra pues yo tampoco quería volver a saber nada de él. Será entonces cuando Esme elabora su estrategia contra el dolor: y Esme empezó a tener aquellos momentos raros, sus “trances”, los llamaba madre. Está en uno de sus trances, decía, no le hagas caso […] Totalmente quieta, inmóvil, apenas respiraba siquiera. Podía estar mirando a lo lejos, aunque en realidad no parecía estar mirando nada. Ya podías hablarle o llamarla por su nombre, que no te oía. Era de lo más raro. Era antinatural, decía mi abuela, como una persona poseída. Y debo admitir que yo estaba de acuerdo. Pero Esme está obsesionada con lo que ha vivido con su hermano, con su terrible muerte, estuvo allí tres días sola,  a pesar de que todos los demás lo obvien como si no hubiera ocurrido.

Iris no tiene más remedio que llevarse a Esme a su casa a pesar de que no quiere. Será sólo un fin de semana, piensa. Esme reconoce la casa en la que vivió cuando volvieron a Escocia: Kitty reformó la casa para dividirla en varios pisos le informa Iris, éste y otros dos, más grandes. No recuerdo cuándo. Ella vivió muchos años en el piso de la planta baja. Luego se vendió todo para pagar su asistencia médica. Menos éste, que se puso a mi nombre. Yo iba a verla de pequeña, y por entonces el edificio era sólo una casa todavía. Un caserón gigantesco con un jardín enorme. Iris ahora vive en lo que era el desván y aloja a Esme en la antigua habitación de la criada, le informa la anciana: No entiende nada, todo se le antoja muy extraño. De pronto le ha salido un pariente. Un miembro de su familia que conoce su casa mejor que ella misma.

Iris recurre a Alex. Éste se preocupa. Una vez colgado el teléfono, la joven recuerda cómo conoció a su hermanastro cuando tenían ella cinco años y él, seis. La primera vez que lo vio lo reconoció al instante, lo había visto antes. Lo había visto un montón de veces en los ángeles de las iglesias italianas que su madre le llevó a visitar cuando su padre murió. Viven seis años juntos hasta que sus respectivos padres se separan pero Alex no quiere alejarse de Iris y se escapa numerosas veces de su casa y del colegio al que le llevan. Una vez hasta se escapan juntos. Finalmente, los padres llegan al acuerdo de que pase las vacaciones con Iris y su madre. Cuando tienen quince y dieciséis años, la madre de Iris los deja solos unos días. Se encierran en la casa. No necesitan a nadie más. Se tienen el uno al otro: es mi corazón, pero en realidad te pertenece a ti” le dice Alex. Mientras, Esme recorre la habitación que pertenece a la que un día fue su casa reconociéndola. Siempre el pasado.

Sábado. Esme e Iris desayunan juntas. La anciana continúa reconociendo los objetos que un día ella utilizó. Se interesa por la vida de la joven: ¿hasta qué punto está loca?, se pregunta Iris. ¿Cómo se miden estas cosas? Esme le pide que la lleve a ver el mar. De nuevo, recuerda sus baños en él cuando era joven, lo que disfrutaba, era valiente, se arriesgaba hasta casi ahogarse. Contempla a su familia sentada en la arena mientras ella está nadando, ve a su hermana hablando con chicos y no entiende lo que le ha pasado a Kitty. La siente lejana. Se la va a llevar un chico de esos y la perderá para siempre. Se ve a sí misma con ellos, desdoblada. La visión dura unos instantes. Vuelve al presente, mira a Iris: la niña es sorprendente para ella. Es una maravilla. Quiere nadar pero no quiere asustar a la niña. Esme da miedo, eso sí lo ha aprendido. Pero mientras Iris habla por teléfono con Luke que también le reprocha que se haya hecho cargo de esa “loca” (el miedo a la locura), ésta contempla como su anciana tía abuela se está metiendo en el agua completamente vestida. Pero vuelve. No ha sido más que un susto para la alterada Iris que no sabe muy bien cómo llevar esta situación que parece desbordarla por momentos.

Plazos

Dedicaremos una semana a comentar esta parte. Espero que os explayéis en vuestros comentarios. Que opinéis sobre los personajes, sus relaciones, los acontecimientos, los temas que se van tratando, la estructura de la novela (¿os es difícil seguirla?), el estilo… Sobre todo lo que queráis. Mientras vais dejando vuestros comentarios, seguiremos la lectura desde la página 116: “La niña la lleva a almorzar a un restaurante en el extremo de North Berwick…” hasta el final de la novela. ¡Nos vemos en el blog!

La extraña desaparición de Esme Lennox: una historia difícil

4 Abr

Edinburgh. Foto en flickr de Oscar F. Hevia. Algunos derechos reservados.

Esta es una historia que va del pasado al presente y del presente al pasado en un juego de tiempos y voces. Se mueve entre los años treinta del siglo XX, en la India colonial y en Escocia, y un año indeterminado de principios del siglo XXI en Edimburgo. Esta es fundamentalmente la historia de Esme, pero también de Iris y de Kitty. Tres voces, tres silencios, tres pensamientos, tres vidas entrelazadas de tres mujeres pertenecientes a la misma familia. Una novela que es un puzzle en el que se superponen, se entrecruzan de una manera fragmentada las historias de estas mujeres. Un rompecabezas que iremos armando a medida que vayamos leyendo. Difícil, sí, pero en su estructura, compleja, radica la maestría de Maggie O’Farrell que logra, de una manera brillante, que al final de la novela sepamos qué ocurrió y el porqué. A través de esa estructura y de un lenguaje muy visual que no sólo leemos sino que escuchamos y olemos, la autora consigue que haya misterio, suspense, lo que nos impulsa a seguir hasta el final porque queremos saber más, entender, descifrar el enigma de estas vidas entrelazadas. Las tres voces narrativas, dos en tercera persona (Esme e Iris) y una en primera (Kitty), se van alternando lo que, al principio, nos produce cierta confusión hasta que, avanzando en la lectura, conseguimos identificarlas sin dificultad. La voz más difícil de entender es la de Kitty, ya que padece Alzhéimer por lo que intercala recuerdos inconexos sin un orden aparente, mezcla pasado y presente, las frases, están plagadas de puntos suspensivos, comienzan a la mitad y no terminan… yo creo que la autora logra con gran maestría mostrar lo que podría ser la mente de un enfermo de estas características. Los cambios de narrador son parte importante de la original estructura de la novela.

Iris es una mujer joven que tiene una tienda de ropa de segunda mano en Edimburgo y un perro. Un día recibe una llamada del viejo hospital psiquiátrico de Cauldstone que va a cerrar. En él lleva internada sesenta y un años Esme, que resulta ser su tía abuela y le preguntan si quiere acogerla ya que no tiene adonde ir. Iris no sabe nada de la existencia de esta tía abuela, ni ella ni su madre ni nadie de la familia. Todo un misterio. La hermana de Esme, Kitty, al estar enferma de Alzhéimer, vive recluida en un centro hospitalario y no recuerda casi nada y cuando estaba bien jamás dijo que tuviera una hermana. La madre de Iris vive en Australia y tampoco supo nunca nada de la existencia de Esme, el padre de Iris e hijo de Kitty murió hace tiempo. ¿Qué hacer con ella? A Iris se le despierta la curiosidad sobre esta mujer que de golpe y porrazo se convierte en parte de su familia. También sobre ella pesa la gran responsabilidad de hacerse cargo de alguien supuestamente enfermo mental y a quien,  además, no conoce de nada. Finalmente, la curiosidad y el deseo de indagar en una parte de su pasado que le han mantenido oculto puede más y va a buscarla.

Dos preguntas claman por ser contestadas: ¿qué circunstancia llevó a la reclusión de Esme en un psiquiátrico cuando sólo tenía dieciséis años? ¿Por qué se ocultó su historia, su existencia, al resto de la familia? Los recuerdos de Esme, una anciana de memoria clara que no parece estar en absoluto “loca”, y los escasos momentos de lucidez de Kitty irán reconstruyendo, de una manera fragmentada que da saltos en el tiempo, la vida de las dos hermanas hasta el momento fatídico de la “extraña desaparición” de Esme: su infancia en India y la primera juventud en Escocia. A la vez, iremos descubriendo aspectos de la vida de una Iris que no está muy satisfecha y anda algo perdida: la estrecha relación con su hermanastro Alex, el inicio de un idilio con un hombre casado con el que no desea comprometerse como parece que siempre hace, y, especialmente, todo lo que concierne a su encuentro con Esme y la relación que van estableciendo. Esme piensa más que habla e Iris quiere saber. En este puzzle que es la novela, el personaje de Iris es el hilo conductor. Y nosotros, los lectores, somos Iris. Sabemos tan poco como ella sobre la historia de su familia y queremos saber tanto como ella. Esme y Kitty son las que lo saben todo pero callan o fragmentan su saber o, en el caso de Kitty, está casi perdido, pero no del todo, por efecto de la enfermedad.

Hay dolor en esta intensa novela pero también hay gozo. Hay miedo, hay soledad, hay amor, hay misterio, hay olvido, hay incomprensión, hay rebeldía, hay injusticia, hay risas, hay hechos atroces, hay felicidad, hay traición, hay libertad… todo ello contado con un estilo ágil, fugaz, inteligente. Hay atención al detalle, al más mínimo, de todo lo que ven las protagonistas, sobre todo Esme. Novela magnética narrada de una manera original que se lee con avidez a pesar de su dificultad lo que exige al lector un esfuerzo pero sobre todo una entrega. Novela de mujeres (los hombres siempre quedan en un segundo plano, excepto quizás Alex) escrita por una mujer pero sin caer en el tópico. Novela que habla también de la locura, y la cordura, de la traición, de las tortuosas relaciones de las familias y de los secretos que esconden a veces, de las convenciones sociales de una época (principios del siglo XX) cerrada, asfixiante y estrecha sobre todo para las mujeres, máximo si éstas son diferentes o “raras” y quieren ser libres e independientes. Crítica feroz y doliente. Y valor para plantear temas tan escabrosos.

El libro se abre con dos citas de grandes y, no casual, mujeres escritoras: Emily Dickinson y Edith Wharton, citas que aluden a lo que nos vamos a encontrar en la novela y que son una clara declaración de intenciones por parte de la autora: el cuestionamiento de la locura (disiente, y de inmediato serás peligroso y atado con cadenas) y la injusticia que a veces se comete contra otra persona (¿Qué clase de vida cabría edificar sobre tales cimientos?).

Como apunte curioso, parece ser que Maggie O’Farrell utiliza elementos de una novela anterior, un clásico de la literatura británica, El jardín secreto, de Frances Hogdson Brunet, publicado en 1911. Esta novela está protagonizada por Mary Lennox que, como Esme, también nace en la India colonial y, en mitad de su infancia, tiene que abandonar ese mundo cálido para volver a su país de origen. Cuando ambas, en sendas novelas, llegan a Gran Bretaña, son niñas peculiares, rebeldes y traumatizadas. Hasta ahí las semejanzas. Este giño me recuerda al que hizo Jean Rhys en su novela Ancho mar de los Sargazos (extraordinaria novela que leímos en su momento en este Club) en la que recupera al personaje de la primera mujer de Rochester, la “loca” que está encerrada en el ático de Thornfield Hall del clásico de Charlotte Bronte, Jean Eyre. Personaje secundario pero clave en la novela ya que desencadena el incendio y posteriormente se suicida. Jean Rhys convierte a esta mujer en su protagonista y nos narra su historia desde su infancia hasta que, casada con Rochester, llega a Inglaterra. Es curiosa y muy interesante esta utilización por parte de algunos escritores de personajes o historias similares escritas anteriormente.

Asimismo, en una entrevista publicada en su página web, Maggie O’Farrell cuenta cómo surgió en ella la idea de escribir La extraña desaparición de Esme Lennox: la historia se me ocurrió por primera vez hace quince años. Fue a mediados de la década de 1990, después de la reforma de salud impulsada por Margaret Thatcher, cuando los hospitales psiquiátricos comenzaron a cerrar y los pacientes fueron puestos de patitas en la calle. Por entonces, se escuchaban muchas historias de personas, sobre todo mujeres, que habían sido confinadas en manicomios por actos de inmoralidad y abandonadas a pudrirse allí por el resto de sus vidas. Un amigo me contó que la prima de su abuela, que acababa de morir en el manicomio, había sido internada allí a principios de la década de 1920 por fugarse con un oficinista. Terrible.

Os dejo los pocos enlaces que he encontrado sobre la autora: su página web en inglés y una entrevista con motivo de la publicación de la que es, por ahora, su última novela: Instrucciones para una ola de calor (2013), realizada por Lara Touitou en febrero de 2014 y traducida por María del Pilar Martínez. No he logrado encontrar ninguna entrevista sobre La extraña desaparición de Esme Lennox. Si alguno encuentra algo más relacionado con la novela que vamos a leer que nos ponga el enlace. ¡Gracias!

Plazos

Dividiremos la lectura en dos partes. Leeremos a lo largo de una semana hasta la página 116 (parte de arriba de la página) justo hasta la frase “- ¿Estás bien?- pregunta Esme” que es el final de una de las partes (no hay capítulos) en que divide la autora la novela. Para más referencias, el inicio de la siguiente parte, que no vamos a leer, comienza con: “La niña la lleva a almorzar a un restaurante en el extremo de North Berwick”.

Os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o los personajes, o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: LA EXTRAÑA DESAPARICIÓN DE ESME LENNOX de MAGGIE O’FARRELL

23 Mar

Portada de “La extraña desaparición de Esme Lennox” de Maggie O’Farrell. Edicciones Salamandra.

Vamos a leer por primera vez a una autora escocesa. Se trata de Maggie O’Farrell, nacida en Irlanda del Norte en 1972 pero crecida en Gales y Escocia. Está considerada una de las voces más sobresalientes y reconocidas de la narrativa escocesa actual. Y la obra escogida es La extraña desaparición de Esme Lennox publicada en 2006. Fue elegido Mejor Libro del Año 2007 por el Washington Post.

Esta novela es una historia hermosa e inquietante que plantea de  una forma muy valiente el peso de las convenciones sociales y la tortuosa complejidad de los lazos familiares. Maggie O’Farrell aborda con un gran talento esta historia en la que logra, con un estilo altamente original, construir personajes memorables y transmitir emociones de todo tipo. Es una buena ocasión para acercarnos a la literatura de una escritora que muchos desconocíamos y que merece la pena conocer.

A partir de mañana miércoles 23 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Dadas las fechas que son, y como vamos a tener un parón de cuatro días, disponéis, tanto los que vivís en Coruña como los que vivís fuera, de más de una semana para conseguir el libro editado por Salamandra.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Seda. Gracias.

Nos encontraremos aquí en el plazo de más o menos diez días para empezar a leer La extraña desaparición de Esme Lennox. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Alessandro Baricco podéis hacerlo a lo largo de estos días. ¡Feliz Semana Santa a todos!

Ya no era un niño y a cambio era aproximadamente nada

3 Nov

Erri de Luca. Foto en flickr por Paolo Benegiamo (paolobenegiamo.weebly.com). Algunos derechos reservados.

Dejamos al niño Erri recuperándose de sus heridas gracias a los cuidados de la madre y de la chica sin nombre. Ha vuelto a hacer la vida de la isla pero con signos bien visibles de la paliza en su cara, aunque esa nariz rota y esos cortes le hacen “más hombre”, así se lo dicen y él, además del centímetro que ha crecido, siente que sí que algo está cambiando no sólo en su cuerpo sino en su cara: no pensaba que la cara también tiene que crecer. La chica está tramando una venganza como veremos más adelante, su sentido de la justicia así se lo pide: estaré un poco fría contigo en la playa, no me hagas caso. No nos bañaremos juntos. Intentaremos vernos por las tardes, ¿entendido? El niño la ve en la playa paseando con sus agresores y él lo único que desea es ser invisible, no quiere verlos, sólo el mar abierto y nada más. Nada mucho: la superficie del mar es un techo sobre las profundidades y visita a los pescadores: allí mi nariz no causaba risas. Se prestaba poco atención a los desarreglos de la naturaleza, a las heridas, a las lisiaduras. Mientras quedara vida, ésta tenía una finalidad y un lugar útil en tierra.

Esta parte del libro contiene numerosas reflexiones y recuerdos posteriores de su vida que el autor intercala en la acción principal. Hay mucho del Erri adulto. Destaco la importancia que el cine del Neorrealismo italiano tuvo para Erri así como la música, las viejas canciones napolitanas que él toca ahora a la guitarra, una guitarra que no quiso cuando su madre se la ofreció. Pero, sobre todo, están muy presentes el padre y la madre, la muerte de ambos en sus brazos viviendo ya en la casa que él construyó con sus propias manos y el amor tan intenso que les tuvo.

El cine italiano de posguerra me enseñó a mirar, por lo menos cuanto las voces de las mujeres de Nápoles me enseñaron a permanecer a la escucha. Mirar. Escuchar. Verbos muy presentes en la vida de Erri desde su infancia. Verbos fundamentales para un escritor. Amé ese cine de artesanos excelentes que en el momento justo adquiere la intensidad del arte. El blanco y negro daba luz al patio de butacas de los pobres, relucía por el sudor en la frente, no por las lentejuelas. Aquel cine narraba barracas y no palacios, a nuestra gente abarrotada en tercera clase, no los vagones del Orient Express. Iba solo, no quería a nadie a mi lado que se mofara de mi conmoción, que estorbara la sacudida de una compasión, que atenuara la consternación de una ira. Aprendía lo que era Italia. De nuevo la preferencia por los más humildes: he amado mucho ese cine, como espectador puro. Como delante de los cuadros: no me situaba en el punto de vista del pintor, sino en el de quien está en un lateral y echa un vistazo por encima de las cabezas desde un asiento en el gallinero.

Un extraño sentimiento de culpa por haber obstaculizado el amor de sus padres con su llegada al mundo, un deseo de no haber existido nunca le atormentan al ya narrador adulto Erri: se amaban los dos, se regalaban libros. Ella estaba embarazada de mí. La fecha de la dedicatoria denuncia mi intrusión en sus vidas. Se las obstaculicé cual extraño. Querían un hijo, me tuvieron a mí. Ellos son mi gente, pero yo fui poco y mal la suya […] Me entra el deseo maldito de no haber existido, de dejarlos a los dos vivir en paz […] Para quien tiene el tullido impulso de no haber existido nunca, queda el oficio de fantasma. Duras palabras, ¿no creéis? ¿Qué opináis de ellas? Pareciera que siempre se sintió una carga para ellos. Y la insistencia en no valorarse, en pasar siempre desapercibido, en ser casi invisible, está muy presente ya en él desde niño. Aparece con frecuencia en este libro, también en sus recuerdos de adulto, y en las entrevistas.

El padre encuentra trabajo en América y le pregunta por carta a la madre si quiere vivir allí. La madre duda pues yo sólo sé vivir en mi tierra, pero enseguida le pregunta al niño si quiere ir allá. Es la primera vez que le pide su opinión sobre algo importante: me atraía un lugar donde volver a empezar sin conocer a nadie. Podría quitarme el uniforme de invisible, lo sería sin esfuerzo de imaginación. Podía ser un buen sitio para mí un país llamado allá. Pero le contesta que para él es igual. Exactamente le dice que “no quiero tener peso”. No quería contar para nadie, sólo quería pensar en buscar gusanos excavando en la arena, en leer libros, en pasarme los días mudo. Piensa que la decisión es sólo de sus padres ya que su padre sólo le ha preguntado a ella.

En septiembre ocurren días de cielo descendido a la tierra. Se abre el puente levadizo de su castillo en el aire y, bajando por una escalera azul, el cielo se apoya durante un rato en el suelo. A los diez años, podía ver los peldaños escuadrados, y recorrerlos hacia arriba con los ojos. Hoy me contento con haberlos visto y con creer que siguen existiendo. No me he resistido a transcribir este párrafo. ¡Contiene tanta belleza y melancolía! No he hablado de la presencia casi permanente de la nostalgia en esta novela. ¿No creéis que es así? Además de la intensidad, de la poesía, de la verdad, hay un halo de melancolía que impregna todas sus palabras. Me he emocionado, a veces hasta las lágrimas, leyendo y releyendo este libro único. Casi todos los libros de Erri hablan de su infancia en Nápoles. Como si todo lo que hubiera vivido posteriormente ya viniera de allí, de esa ciudad y esas vivencias que abandonó a los dieciocho años para no volver. ¿Por qué se iría Erri? También habla de eso en esta novela más adelante. Pero no da razones.

Dentro de poco me marcho. Antes tengo que arreglar una cuestión de justicia. Ahora vas a escucharme y a hacer lo que te diga […] Mañana por la tarde, bájate a la playa. Te encierras en la caseta y te quedas allí. No salgas hasta que te llame. Oigas lo que oigas y veas lo que veas por las rendijas de los tablones, no salgas hasta que te llame yo. ¿Me has entendido bien? La chica está a punto de llevar a cabo su plan. El niño Erri más que escucharla está mirándola: fue la primera noción cierta de la belleza femenina. Que no está en las portadas de las revistas, en las pasarelas, en las pantallas, que en cambio está de repente a tu lado. Que te sobresalta y te vacía. El niño toma consciencia de su cuerpo por primera vez al lado de ella: del latido de la sangre a flor de muñeca, del ruido del aire en la nariz, del tráfico de la máquina corazón-pulmones. Junto a su cuerpo exploraba el mío, calado en su interior, zarandeado como el cubo en el pozo.

Finalmente el niño se ha puesto del lado de lo que decida su madre respecto a irse o no a América. La madre decide escribirle al padre que no irán. Él se siente molesto consigo mismo: había transgredido mi verdad, que era de sincera distancia entre sus razones y las de papá. Me había puesto de su lado porque la había visto extraviada y despeinada en la cocina por la noche haciendo garabatos. Le había dicho unas palabras de ayuda que para mí no eran verdaderas. Me las había inventado por afecto […] Le había quitado a papá, sin embargo, su esperanza de reunirnos allá y eso me confundía […] Había intervenido entre ellos dos. Debía de ser ésta la consecuencia del cambio en el cuerpo. Crecer conllevaba un precipicio de efectos desconocidos. Había bastado un centímetro. Y de nuevo un flashforward. El narrador recuerda cuando ocho años más tarde se iría para no volver: cerré despacio y bajé los más hondos escalones de mi vida, que no volvería a subir para habitar de nuevo […] en la cabeza me retumbaban los adioses que no había dicho […] desertaba de ellos, del tiempo transcurrido me arrancaba como una hierba del muro, dejándolo limpio […] De haber encontrado a alguien que me hubiera dicho: “Vuélvete a casa” me lo hubiera abrazado. Pero se va y se une a un partido revolucionario en el que conocí entonces el peso y la amplitud del pronombre nosotros. Erri de Luca no nos da ninguna razón, únicamente narra lo que pasó con un poso de tristeza y quizá de ¿arrepentimiento? No me atrevería a afirmarlo. Sólo están los hechos.

Pero el padre renuncia a América: la vida en Nápoles fue para él un exilio sin viaje. Y nos habla de la pérdida de su padre muchos años después con ¡tan bellísimas palabras de dolor y ausencia!: el encuentro con el sueño, donde lloro sin lágrimas. Mi luto por él es una poza de agua marina evaporada. Entre las rocas queda la sal desecada, unos sollozos en seco […] Vuelven cogidas del brazo, las lágrimas, de dos en dos, se asoman por el borde y se zambullen desde las pestañas sobre los pantalones, mientras apoyo la frente sobre las manos vacías. Son las mismas lágrimas de niño, de impotencia antigua. No tienen nada que pedir y cesan por sí solas. Y un poco más adelante en la narración le toca el turno a la madre, a su final junto a él: mamá que me vuelve huérfano de viejo. Me posaba su mano tibia y exhausta sobre la frente y así volvía a respirar tranquilo. La madre que le dio las canciones, la música de su tierra, y con ellas le empujó a hablar, a cantar, a escribir. Las pérdidas de los míos, de los dos, que acabaron en mis brazos, no he podido equilibrarlas con el nacimiento de los hijos […] La vida de los míos, de los dos, están en la prisión de los ausentes y no pasa día sin que espere fuera.

Por fin llega el día del duelo entre los dos agresores que se disputan a la chica. Todo lo ha preparado ella para que la venganza la pueda presenciar el niño Erri encerrado en la caseta: sin armas, con las manos y los pies desnudos, el primero que grite pierde. Y, claro, pierden los dos. El acto de justicia se ha hecho realidad pero para el niño ha sido la inutilidad del odio y de la sangre. Para la chica él es el ganador, le hace salir de la caseta y le besa a la fuerza en la boca delante de los dos derrotados: pero ¿tú no cierras los ojos cuando besas? Los peces no cierran los ojos. Él niño intenta convencerla de que esa justicia no sirve para nada pero no tenía palabras ni ímpetu para oponerme a las suyas. Ella era en aquella hora la voluntad personificada […] Había meditado y ejecutado después la sentencia. Me la enseñaba en su evidencia, no buscaba consenso ni gratitud. El niño Erri se ha enamorado, por fin comprende lo que no entendía e incluso rechazaba cuando lo leía en los libros: la palabra amor: aquel amor cerraba la infancia. Aunque deciden pasar la última noche juntos no volverán a verse, así lo establece la niña y él lo acepta: hoy sé que aquel amor cachorro contenía todos los adioses siguientes. Ninguna se detendría, yo no conocería las bodas […] El amor sería una parada breve entre los aislamientos. Hoy pienso en un tiempo final en común con una mujer, con la que coincidir como lo hacen las rimas, al término de la palabra.

Poco después reacciona ante su cobardía por no haber detenido la pelea: había fallado. No había sido quien exijo ser […] Tras la sorpresa de poder nombrar la palabra amor, venía la experiencia física de la vergüenza […] Ya no era un niño y a cambio era aproximadamente nada. Es muy exigente consigo mismo este niño y ese hombre. Uno siente que la ética en él es palabra principal.

Esta hermosísima novela termina con el encuentro final de los dos chicos, en la playa, entre las barcas de los pescadores, besándose por primera vez: después de cada uno, me daba cuenta de estar creciendo, más que de las heridas. Él todavía no sabe si le gusta el amor pero sabe que lo tiene y sobre todo le gustan los besos: todavía hoy sé que son la más alta meta alcanzada por los cuerpos. Desde allí arriba, desde la cima de los besos, puede uno descender después a los gestos convulsos del amor. Incluso iguala al lenguaje, a las lenguas y a sus palabras y a sus letras, con los besos.

En un cruce nos separamos, soltándonos las manos sin necesidad de más despedidas. Eva y su esposo, saliendo del jardín, habían vivido ya todo el bien del mundo. La vida añadida más tarde, lejos de aquel lugar, no fue más que una divagación.

Plazos
De nuevo he transcrito muchos párrafos del libro, ¡no lo he podido evitar! Si pudiera transcribiría el libro entero. Me he enamorado de la palabra de este escritor, se nota, ¿no? Bueno, es el momento para que vosotros comentéis, o transcribáis por supuesto, todo lo que queráis de esta segunda parte y del libro en su totalidad. Para ello, disponéis de una semana. Y como no hay más que leer, ¡espero que sean numerosos los comentarios!

Mantener

27 Oct

Pescando a Ischia Ponte. Isola de Ischia. Foto en flickr por Andrea Parisse. Algunos derechos reservados.

Los peces no cierran los ojos se abre con una hermosa y enigmática cita de Itzik Manger, un poeta y también autor de canciones en yiddish y estudioso de la Biblia que nació en 1901 en el entonces Imperio austrohúngaro y murió en 1969 en Israel. Llama la atención la similitud con Erri respecto a su interés por la Biblia y además De Luca sabe hebreo y yiddish y suponemos que lee en esos idiomas a sus autores. ¿Qué opináis del contenido de la cita? ¿Por qué creéis que la ha puesto para encabezar el libro?

Como bien apunta Lory, el libro comienza situándonos en el mar como en medio de la vida (hermosa comparación, Lory): el mar no enseña nada, el mar hace, y a su manera. En el mar y con los pescadores es como se siente bien este niño sin nombre. Y aprende de ellos incluso a escribir (la presencia de la escritura ya desde el principio), de sus palabras en dialecto que cuando las decía eran escollos separados con muchas olas entre medias. La palabra y el silencio, y el trabajo con las manos de los más humildes. De ahí nace la escritura poética de Erri de Luca, no de la escuela, sino de la vida. Y de los luchadores inmersos en ella como afirma acertadamente Susana: los pescadores, la madre, el padre… Todos vienen de una guerra cercana en la que han sufrido y han perdido muchas cosas. Es un entorno duro y difícil el de ese Nápoles en el que crece el niño y Erri, que son la misma persona. Él no, pero muchos otros niños ya trabajan en una de las ciudades con mayor mortalidad infantil de la época: en tierra firme, en Nápoles, en cambio, sí que estaban, y de qué manera, los instrumentos y las horas de trabajo en los niños. El niño Erri se siente mayor ayudando a esos pescadores, él que vive a sus diez años una maraña de infancia enmudecida que desea dejar atrás alimentado por los numerosos libros que lee. Su mente crece pero su cuerpo no y eso le hace sentirse incómodo, en territorio de nadie. Y al cumplir diez años abandona esa infancia encerrada entre los castillos de libros de mi padre y se asoma al exterior. Un exterior duro que le hace llorar: a la edad en la que los niños dejan de llorar, yo, por el contrario, empezaba. La infancia había sido una guerra, a mi alrededor morían más los niños que los viejos. Y los libros ya no le bastan para aislarse: desde la ciudad llegaron a la vez los gritos, las miserias, las ferocidades a asaltar los oídos que había mantenido a distancia hasta entonces: a los diez se conectó el nervio entre el dolor de fuera y mis fibras. El mundo irrumpe desde la crueldad de la ciudad en la que vive, tanto que incluso vomita además de llorar.

Para aliviar el dolor, empieza a cantar en voz baja con la mano como telón tapándole a medias la boca. Y sigue leyendo los libros de su padre para aprender a conocer a los adultos por dentro: no eran los gigantes que pretendían creerse. Eran niños deformados por un cuerpo voluminoso. Eran vulnerables, criminales, patéticos y previsibles. Podía anticipar sus gestos; a los diez años era un mecánico del artefacto adulto. Sabía desmontarlo y volver a montarlo. Duras palabras porque aunque quiere hacerse mayor no tiene muy buena opinión de los adultos, ¿qué puede hacer entonces? Difícil, muy difícil se le ponen las cosas al niño Erri. Lo que menos le gusta de éstos es la distancia entre sus frases y las cosas. Para un niño al que el verbo mantener es su palabra preferida, los adultos decían, aunque fuera sólo a sí mismos, palabras que no mantenían. Aprende a conocerlos bien pero lo único que no entiende en ellos es el verbo amar. Siente que lo exageran. Para él, el matrimonio de sus padres es responsabilidad del verbo amar. Y él y su hermana son una de las extravagantes consecuencias de la conjugación. Esa palabra tan desconocida lo agobia porque a mi alrededor no veía y no conocía ese verbo amar. Por el contrario, el odio sí lo entiende: la ciudad se tragaba el odio, se lo intercambiaba con los buenos días de griterío y de cuchillos, se lo jugaba a la lotería. No era el de ahora, azuzado contra los peregrinos del sur, meridionales, gitanos, africanos. Era odio de mortificaciones, de pisoteados en casa y apestados en el extranjero. Aquel odio añadía vinagre a las lágrimas. Y la lectura de Don Quijote le abre los ojos a la realidad tan miserable como era. Quijote tenía razón pues nada era lo que parecía. La evidencia era un error, por todas partes había un doble fondo y una sombra.

La misma sombra que existe ante sus iguales: no llegaríamos a encontrarnos nunca. Ni siquiera en la isla durante el verano: ellos todas las tardes en los bares […] yo nadando o en la playa de los pescadores viendo el arrastre de las redes a la tierra. Sabe de los adultos por los libros pero no sabe ni comparte nada con sus iguales. En la isla, el niño Erri, entre los pescadores y no entre sus iguales, ha dejado de llorar y de cantar: la isla era mano abierta. Aun así, se siente inferior pues ha suspendido las matemáticas: el descubrimiento de la inferioridad sirve para decidir sobre uno mismo. La acepté sin humillación, todo consistía en admitirla. Había vastos campos del saber que no llegaría siquiera a rozar […] ninguna habilidad en nada ha podido corregir la noción de escasez que tengo de mí mismo. Sorprende la sabiduría de este niño y su visión de sí mismo y del mundo, es original, única, nada parecido a nada, ¿no creéis? Y humilde, todo el libro es una lección de humildad en el gran sentido que esta palabra contiene.

Y aparece por primera vez el adulto que narra: cincuenta años después me arrimo a esa edad de archivo de mis formatos sucesivos. Sus diez años contienen ya todo su futuro: en aquel cuerpo sumario estaba la conmoción y la cólera de los años revolucionarios, en el latín estaba el adiestramiento para las lenguas sucesivas, en el cráter del volcán estaban las montañas que subiría a cuatro patas. En los escombros reposados de la guerra estaba la de Bosnia que yo atravesaría y las bombas italianas sobre Belgrado del último año del 1900. Todo su destino está detrás, proviene de lo vivido en una ciudad que agota el destino. Y todo lo que ha escrito el autor estaba en los relatos de mamá, de la abuela, de la tía […] sus voces han formado mi sintaxis. Así como los crucigramas, los jeroglíficos, los anagramas, las criptografías: lo que entonces creía un vicio solitario fue en cambio el taller mecánico de la lengua.

Y en este punto es cuando empieza la pequeña-gran historia que contiene este libro. Aparece la chica del norte que devora a su lado en la playa libritos policiacos. Una chica que no se parece a ninguna que haya conocido antes en el colegio: creaba a su alrededor el efecto contrario, de silencio. Se miran con curiosidad y él se sorprende ante la novedad que supone en su vida fijarse en una persona de sus años. La niña, directa, le impreca: ¿tú por qué eres así? Quiere saber porque no está con los demás niños. Le cuenta que quiere ser escritora pero no sobre los mayores, no me interesan, sino sobre los animales: intento hacer lo mismo que ellos, no malgastar el tiempo. El niño Erri está fascinado, tanto que se le derrite el polo que tiene en la mano mientras le escucha hablar con esa determinación. Comienzan a conocerse y el niño le cuenta que su padre está en Nueva York buscando trabajo. Ha ido tras sus orígenes porque papá había deseado América desde que era niño. Les escribe cartas en las que les cuenta todo lo que hace y todo lo que ve: yo creo en lo que veo escrito. Hablando se dicen un montón de mentiras. Pero cuando uno las escribe, entonces es verdad. Leen juntos las cartas su madre y él. El hijo cuida de su madre, están muy unidos, la quiere, también a su padre, tan libre y diferente. Tres chicos los espían, se burlan, le envidian porque la chica le hace caso a él pero el niño no entiende todavía el verbo amar. Él no les tiene miedo, no le importan lo más mínimo esos chicos: hace falta desdén altanero cuando se oye hablar de más.

La niña del norte le habla de los animales. Mientras lo hace, no podemos evitar establecer un paralelismo entre el comportamiento de los animales y el de los humanos. Él la habla de los peces: algunos peces, en su guarida, llegan a resistir la fuerza de una barca, entonces se rompe el hilo de nailon doble y gana el pez. O pierde, y entonces sale a la superficie el furioso mero, todo cuello y mandíbula, hurtado del bolsillo del mar. Otras veces, el pez ha mordido el anzuelo y es atacado y despedazado por otros peces. Algo importante le está pasando al niño: la miro y no me vuelvo ni hacia aquí ni hacia allá, la miro fijamente mientras sigo contando. Ella escucha con los ojos también. La niña le dice que los machos se baten para aparearse con las hembras. Para ella no es más que batalla por el amor. Y el amor, en los animales es el impulso más fuerte. Amo a los animales, saben de nosotros y nosotros nada de ellos. Se bañan juntos y se cogen la mano bajo el agua: mantener, mi verbo preferido, había sucedido […] nunca había tocado algo tan liso hasta entonces. Ahora no sé si hasta hoy. Se lo dije, que la palma de su mano era mejor que el hueco de la caracola […] ¿Sabes que has dicho una frase de amor? […] Pero si ni siquiera sé lo que es.

La niña le advierte de que tiene que tener cuidado con los tres chicos, que van a ir a por él. Al niño no le da miedo, está acostumbrado a tener enemigos pero hay algo más importante: no me da miedo hacerme daño, salir herido. No me importa. No aprecio mi cuerpo y no me gusta. Es infantil, y yo ya no soy así. Lo sé hace más de un año, yo crezco y mi cuerpo no. Se queda atrás. De manera que, si se rompe, no importa. Mejor si se rompe, de allí deberá salir el cuerpo nuevo. Esa es la curiosa idea del niño, su plan secreto para abandonar ese cuerpo para siempre por lo que no va a impedir la agresión, es más, la va a buscar: debo decidir yo cuándo es la hora. Y quien busca, encuentra: empezaron los golpes que no conté […] Sé que no me defendí. Dolores sí, fuertes, pero también una calma testaruda desde el interior no me dejó gritar. El niño despierta en el hospital malherido. Ante las preguntas de su madre, no contesta: quería decirle: he sido yo. La madre le acompaña dos días en el hospital contándole historias de la posguerra: las historias de mamá, acompañadas de su voz enojada, divertida, grata en cualquier caso a su juventud, hacían que se me pasaran los dolores. Me olvidaba incluso de existir, cuando ella relataba.

El narrador adulto recuerda palizas posteriores en las que sí supo defenderse: no puedo reconocerme en ese niño que no se defiende. Su idea obstinada de querer abrir una brecha en el cuerpo para dejar salir del capullo infantil la forma sucesiva: debía de ser para él una certeza […] aquel niño de diez años queda hoy fuera de mi alcance. Puedo escribir sobre él, no reconocerlo.

Detienen a los tres chicos y los llevan ante él. Ni aun así los delata. El carabinero entiende su silencio y le alaba su generosidad (no su miedo): me volvían las lágrimas a los ojos por aquellas palabras, por la voz justa que me trataba como a una persona. Para él, en aquel momento, yo no era un niño. La niña va a verle y le pregunta si se va vengar. Ella cree en la justicia, él no: ¿Cómo podía una justicia resarcirme de mis heridas? Ningún castigo de esos tres me arreglaría el cuerpo. Tenía que curarse por su cuenta, con las historias de mamá, con el libro que estaba leyendo, con los boquerones fritos, no con el carabinero, la acusación ni la ceremonia de la ley […] la justicia no hacía efecto en mí. Pero su diferencia de opinión no es obstáculo para que dentro del niño está creciendo algo muy grande hacia esa niña: era una mujer, la primera que emergía de aquella multitud que no me interesaba. Otras veces he vuelto a vivir la sorpresa de una mujer que avanzaba hacia mí y el resto a su alrededor quedaba desenfocado. Reaparece el narrador adulto para afirmar: le debo la liberación del verbo amar, que en mi vocabulario estaba bajo arresto. Ella lo deducía de los animales, amar era uno de sus compromisos. Tenía que ver también con la justicia. El amor de los animales tenía un reglamento despiadado y leal.

Plazos
Comentaremos esta primera parte del libro a lo largo de una semana. Espero que sean numerosos los comentarios pues hay mucho de lo que hablar. Al mismo tiempo, continuaremos la lectura desde la página 67 hasta el final de la novela. He transcrito más que otras veces frases y párrafos del libro pero es que en este caso es mejor dejar hablar al autor, nada mejor que sus hermosísimas y certeras palabras para intentar comprender su verdad.

Los peces no cierran los ojos: intensidad, poesía y verdad

20 Oct

Napoli. Foto en flickr por **yukiko**. Algunos derechos reservados.

Los peces no cierran los ojos es una novela corta (115 páginas) de tintes autobiográficos narrada en primera persona. Escrita desde la veracidad de la madurez, el narrador y protagonista recuerda, cincuenta años más tarde, el verano de sus diez años en la isla napolitana de Ischia, que es su patria, su paisaje: me arrimo a través de la escritura a mi yo de hace cincuenta años, para un jubileo privado mío. Es importante resaltar a este narrador adulto ya que se hace presente, con frecuencia, en recuerdos de otros momentos importantes de su vida posteriores a la narración principal. Momentos y vivencias que comienzan a forjarse en aquella infancia en la que el niño, recién cumplidos los diez años, asoma su cabeza a la edad adulta para descubrir que la vida es muy diferente a como la había imaginado. Para el autor es muy importante esa cifra: la infancia acaba oficialmente cuando se añade el primer cero a los años. Acaba, pero no ocurre nada, uno se queda dentro del mismo cuerpo de crío atascado […] revuelto por dentro e inmóvil por fuera […] estaba en un cuerpo encapullado y sólo la cabeza intentaba forzarlo. Su mente, a través de las numerosas lecturas que me llenaban el cráneo y me ensanchaban la mente, crece más rápida que su cuerpo. Ese cuerpo que le oprime y del que necesita librarse como si fuera una costra que tiene que caer para poder crecer. El título se erige como metáfora de cómo este niño abre los ojos a la vida adulta. Al igual que los peces que pesca, no cierra nunca los ojos, no sólo cuando le besan sino tampoco a esa etapa de la vida que se abre ante él.

Un niño que se sabe distinto, solitario por falta de empatía con otros niños, pescador con los pescadores con los que se siente bien y de los que admira su sabiduría, esfuerzo y destreza, lector voraz a gracias a la vasta biblioteca de su padre. Los libros le hacen conocer a los adultos por dentro: sabía cómo tratarlos. Apasionado de los crucigramas y jeroglíficos a través de los cuales aprende la lengua y la precisión de las palabras. La omnipresencia del mar, contexto y escenario vital, con el que mantiene una relación directa. Su madre, fundamental en su vida, su padre ausente en Estados Unidos adonde le han llevado sus orígenes y la búsqueda de una vida mejor y su hermana, que no puede ser más distinta de él y que apenas aparece. Pero sobre todo la fascinante niña sin nombre que conoce en la playa, tan diferente como él, audaz, original, sabia, conocedora profunda del mundo de los animales y que quiere ser escritora. La niña con la que vivirá una historia de amor singular que le llevará a sentir y a comprender por primera vez ese amor, aunque él lo mire de reojo, que él lee en los libros y que no entiende e incluso desprecia pues le parece desmedido. Y que le hablará de justicia, de una idea de justicia que él no comparte puesto que cree que un delito o daño no puede ser reparado con el castigo (la inutilidad del odio y la sangre) ya que con éste no se van a curar sus heridas.

La infancia del protagonista ha sido la de la posguerra. La presencia de la guerra todavía cercana, vivida por sus padres y sufrida sobre todo por su madre que sueña cada noche con las sirenas que anuncian los bombardeos. Ser italiano en esa época no es fácil: éramos un país de apestados tras la guerra perdida por el bando obsceno. Y la idiosincrasia napolitana tan presente y determinante en todo el relato: nacer y crecer en esa ciudad agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto. Para Erri de Luca, Nápoles es un lugar donde sus habitantes están listos para perderlo todo.

En un libro en el que apenas hay trama predomina el estilo: poético, intenso, preciso, profundo, original (no se parece a nadie). Su prosa es pausada, su escritura delicada, sensible. Pequeños párrafos con frases cortas. Consigue algo tan difícil como decir mucho con las palabras justas. Escrito con una sencillez sólo aparente pues contiene en sus palabras toda la complejidad de la vida. Frases que hacen reflexionar y otras que son poesía pura. Es un libro para leer parándote con frecuencia a respirar lo leído, a asimilarlo, a gozarlo. Los peces no cierran los ojos hay que meditarlo, releerlo como todos los libros de los grandes autores. Originales metáforas salpican el texto donde lo cotidiano nos lleva a lo esencial de la vida. El ritmo narrativo está muy medido y hay un amplio despliegue de recursos estilísticos. Hay quien ha dicho que es un poeta que escribe novelas. Pero sobre todo el autor busca la verdad desnuda y lo consigue con creces. Al leerlo sientes que se entrega a la libertad en su escritura, que es un ser libre cuando escribe, que va más allá que la mayoría. Escribir para mí es raspar el fondo de la vida. Este libro te obliga a mirar dentro de ti. En la infancia se encuentra la respuesta a muchas preguntas que nos hemos hecho y no hemos sabido contestar como adultos.

Erri de Luca es uno de los escritores más singulares y de mayor prestigio de la literatura actual. Concibe la literatura como un modo de volver, un modo de habitar de nuevo ya que el tiempo corroe. De Luca ha novelado su vida, es un escritor autobiográfico: cuando escribo no invento casi nada, inventar me parece un abuso de confianza. Nacido en Nápoles en 1950, pasó en esta ciudad su infancia y juventud. A los dieciocho años abandonó su ciudad y los estudios para siempre y se enroló en el grupo revolucionario “Lotta Continua”. Trabajó como obrero de la construcción, operario en la Fiat, camionero, mecánico, estuvo en África y fue conductor de vehículos de ayuda humanitaria durante la guerra de los Balcanes. Construyó con sus propias manos la casa en la que vive y practica el alpinismo como un acto de fe física: tengo una gran confianza en el vacío. Aprendió de manera autodidacta diversas lenguas, como el hebreo y, aunque no es creyente, es un lector apasionado de la Biblia, algunos de cuyos libros ha traducido al italiano. Erri siempre ha leído y siempre ha escrito pero se dio a conocer a los treinta y nueve años con Aquí no, ahora no. Hasta su décimo libro no pudo vivir de la literatura. ¿Y por qué escribe? Ser escritor es una manera de hacer compañía a la gente.

Os dejo unos enlaces a diversas entrevistas realizadas cuando publicó Los peces no cierran los ojos para que podáis conocer mejor al autor y a su obra. Son todas muy interesantes: Mediterráneo Sur (por Alejandro Luque); El País (por Javier Rodríguez Marcos); El Cultural (por Alberto Ojeda); ABC (por Inés Martín Rodrigo). Asimismo, os dejo dos enlaces a sendos vídeos en los que el autor, en italiano, habla de Los peces no cierran los ojos. Se pueden entender por lo menos en lo esencial. Una es en Vimeo y otra en Youtube. Y para finalizar incluyo un enlace para que podáis visionar un corto, Di là del vetro (2011), dirigido por Andrea di Bari y proyectado en el festival de Venecia. En él Erri de Luca mantiene un intenso diálogo con la actriz Isa Danieli que interpreta a la madre del escritor, muerta en 2009. Está rodado en la cocina de la casa de Erri y aunque está en italiano se puede entender por lo menos algo y podéis ver al autor en el rol de actor. Además habla algo de la novela que vamos a leer ya que fue publicada cuando se rodó el corto.

Plazos
Aunque la novela es corta y se lee bien, he decidido dividir la lectura en dos partes porque creo que merece una lectura pausada y ser comentada con profundidad debido a las numerosas reflexiones que contiene. Leeremos a lo largo de una semana hasta la frase “la imagino dedicada a proteger ballenas” que está al principio de la página 67.
Ya que hay muchos miembros nuevos, os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo a lo largo de esta semana, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito o sobre el contenido de las entrevistas y los vídeos… Pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte dentro de una semana, y todos ya hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: LOS PECES NO CIERRAN LOS OJOS de ERRI DE LUCA

12 Oct

Portada de Los peces no cierran los ojos de Erri de Luca. Editorial Seix Barral Biblioteca Formentor.

Hace tiempo que tenía ganas de leer con vosotros a Erri de Luca (Nápoles, 1950) y por fin lo vamos a hacer. Es un autor que amo especialmente y quizá algunos ya lo hayáis leído, no en vano es uno de los escritores italianos actuales más importantes y leídos en todo el mundo. Su obra es prolífica en novelas, ensayo, poesía y teatro. Más de sesenta obras publicadas en italiano y muchas de ellas en español. Está traducido a 23 idiomas y posee importantes premios.

La obra que vamos a leer es Los peces no cierran los ojos, publicada en 2011 en Italia y al año siguiente en España por Seix Barral. Un libro no muy extenso en el que un hombre de sesenta años recuerda el verano de sus diez años en una isla cerca de Nápoles. Un niño solitario y especial que anhela crecer. La pesca, los libros, los jeroglíficos y crucigramas, la playa, sus paseos solitarios, la relación con su madre… llenan sus días de ese verano. Hasta que conoce a una niña también muy especial que le descubre el peso de palabras como amor y justicia. Sólo os adelanto que es un libro altamente poético, diferente y profundo. A través de la poesía de sus palabras precisas y limpias no sólo nos narra los hechos sino también nos ofrece sabiduría a raudales. Erri de Luca habla de lo que verdad importa.

De Luca nos cuenta qué es crecer con la cruda sensibilidad de la que es un gran maestro (Il futurista). Un pequeño milagro (L’Unità). La narrativa de Erri de Luca está fuera del tiempo. Ni influencias, ni plagios, ni contagios de ningún tipo (Jacinta Cremades, El Cultural, El Mundo). Con una prosa áspera pero sumamente cuidada, sus novelas afrontan temas absolutos, un cuerpo a cuerpo con las fuerzas primordiales de la vida (La Repubblica).

A partir de mañana martes 13 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de una semana para conseguir el libro.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de La azucarera. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para comenzar la lectura. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre La azucarera, podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

Comenzamos el año con UN ÁRBOL CRECE EN BROOKLYN de BETTY SMITH

8 Ene

Hola a todos de nuevo. Ya estamos de vuelta en este recién estrenado 2015 para anunciaros el libro con el que vamos a comenzar el año. Se trata de Un árbol crece en Brooklyn de la escritora estadounidense Betty Smith (1896-1972). Una novela que se convirtió en un auténtico best seller cuando fue reeditada en español en 2008. Originariamente publicada en 1943, nos narra la vida de la pequeña Francie Nolan y de su familia a principios del siglo XX. Una peculiar familia que malvive en un barrio de Brooklyn. A través de sus vivencias podremos acercarnos al sueño americano que arrastró a tantos inmigrantes europeos a la tierra prometida. En palabras del escritor Paul Auster: un libro bellísimo de una novelista maravillosa y olvidada.

A partir del viernes 9 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de más o menos una semana para conseguir el libro editado por Lumen.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Los desorientados. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar a leer esta hermosa y emotiva novela.

El gran cuaderno: no hay lugar para la esperanza

5 Nov

El peso de tu ausenciaDicen los críticos que la mejor novela de las tres que componen esta trilogía es la primera: El gran cuaderno y que sólo por ella Agota Kristof merece estar entre los mejores escritores europeos del siglo XX. La verdad es que su lectura es impactante e hipnótica. Tanto por lo que cuenta como por la manera en que está contado alcanza cotas literarias difíciles de superar. Su punto de vista, sus personajes que no dejan lugar a ningún sentimiento, estos niños tan excepcionales en el buen y en el mal sentido: inteligentísimos, crueles pero también gentiles, pervesamente maduros, sádicos y amables, faltos de sentimientos hasta con respecto a su madre y a su padre, justos a su manera, fuertes, inhumanos… Y la guerra como telón de fondo de todos los acontecimientos. La guerra cruel, como todas, que convierte a las personas en animales. Ninguno de los que aquí participamos hemos vivido una guerra y no sabemos lo que es. Agota Kristof utiliza las palabras exactas para hablar de crueldad, identidad, guerra, soledad, supervivencia. La autora no esconde bajo las palabras todo el mal que el hombre es capaz de hacer. Está claro que el punto de vista de la autora y sus recuerdos son decisivos en la forma en que está narrada la historia. Otro autor hubiera escrito de otra manera. Agota Kristof no. Sus vivencias de la guerra en su infancia tuvieron que ser terribles y determinantes de su personalidad y, por lo tanto, de su manera de escribir, tanto como para crear a estos dos niños faltos de moral y sentimientos como una alegoría estremecedora de lo que una guerra puede hacer con los seres humanos. El hecho de que sean dos niños los protagonistas nos lleva a pensar en que la autora quiere desenmascarar de una vez por todas ese tópico tan manido de la inocencia de la infancia. Fue Freud quien dijo que los niños eran “perversos polimorfos”. Pues no hay más que imaginar a esos “perversos polimorfos” en tiempo de guerra con todas las carencias materiales y afectivas posibles. Todos los personajes viven en un desamparo total (el paradigma está en los personajes de Cara de liebre y su madre y su terrible final) y desarrollan sus instintos más primarios: la abuela avara y egoísta a la que solo le importa el dinero, inhumana, sucia hasta la saciedad (¿nos ha impactado la suciedad en la que vive?) y autora de la muerte de su marido; el oficial masoquista (impactante la escena de los latigazos: el cuerpo, los cabellos, la ropa del oficial, las sábanas, la alfombra, nuestras manos, nuestros brazos, todo está rojo. La sangre se nos mete incluso en los ojos, se mezcla con nuestro sudor y continuamos golpeando hasta que el hombre lanza un grito final, inhumano, y nosotros caemos, agotados, al pie de su cama).

Es un libro extraño, audaz, experimental, devastador, nihilista, sin ningún lugar para la esperanza. Asombra por la dureza, intensidad y crueldad de alguna de sus páginas. En esta primera parte no existen ni los nombres, ni de los personajes, ni del pueblo, ni del país. Todo aséptico, frío. Sí hay apodos descalificativos como “cara de libre”, “bruja”, “hijos de perra”. La ausencia de nominalización para darle un carácter global al horror. Esto puede ocurrir en cualquier lugar y en cualquier época. La deshumanización llevada hasta sus más altas consecuencias.

Son tiempos de guerra y los gemelos realizan una serie de estrictos y extraños ejercicios para hacerse fuertes y que nadie pueda con ellos si llega el momento: ejercicios de endurecimiento del cuerpo, de endurecimiento del espíritu, de mendicidad, de ceguera y sordera, de ayuno y de crueldad. Todo un compendio de disciplinas que los convierten en una especie de “superhombres” a los que nada puede afectar, unos seres capaces de resistir la locura de un mundo en guerra y destrucción para hacerlos indiferentes a todo. Así los chicos más mayores les tienen miedo y cuando los detienen y los torturan pueden soportarlo y sobreviven.

El libro está dividido en brevísimos capítulos compuestos de frases muy sencillas y cortas, las situaciones y los personajes sólo necesitan de unas líneas para cobrar vida. A lo largo de la lectura nos daremos cuenta de que estos capítulos están siendo escritos por los gemelos en un cuaderno como si de un diario se tratase donde los niños plasman sus vivencias. Necesitan de la escritura como necesitan del conocimento. Además de las labores de la casa, del huerto, de la pesca, los niños se entregan al conocimiento y a la escritura para dar rienda suelta a lo vivido y eso es lo que estamos leyendo nosotros los lectores: su diario, el gran cuaderno: Para decidir si algo está “bien” o está “mal” tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos. Por ejemplo está prohibido escribir: “la abuela se parece a una bruja”. Pero sí está permitido escribir: “la gente llama a la abuela “la  Bruja”. Está prohibido escribir: “el pueblo es bonito”, porque el pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otras personas. Del mismo modo, si escribimos: “el ordenanza es bueno”, no es verdad, porque el ordenanza puede ser capaz de cometer maldades que nosotros ignoramos. Escribimos, sencillamente: “el ordenanza nos ha dado unas mantas”. Escribiremos: “comemos muchas nueces”, y no: “nos gustan las nueces”, porque la palabra “gustar” no es una palabra segura, carece de precisión y objetividad. “Nos gustan las nueces” y “nos gusta nuestra madre” no puede querer decir lo mismo. La priemr designa un gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento. Las palabras que definen los sentimientos son muy vagas; es mejor evitar usarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos. Creo que este párrafo describe muy certeramente la esencia de esta novela.

Y para terminar, un pequeño apunte que podremos desarrollar cuando nos metamos en la segunda y tercera parte: el hecho de que los niños sean gemelos, de que sus nombres contengan las mismas letras, que escriban en primera persona de plural como si fueran uno parece indicar que son las dos caras de una misma persona. ¿Son dos o son uno? ¿Quiénes son Claus y Lucas? Lo iremos averiguando según avancemos en nuestra lectura.

Plazos

A lo largo de una semana-diez días leeremos el segundo relato de este libro “La prueba”. Dejad vuestros comentarios sobre esta primera parte los que todavía no lo habéis hecho o las réplicas a los míos o a los de los demás miembros del Club que sí se han manifestado.

Claus y Lucas: un juego de espejos

22 Oct

Espejo en el ríoLa obra de Agota Kristof (Hungría, 1935 – Suiza, 2011) es escasa pero contundente. Comenzó a publicar siendo ya una mujer madura y, como muchos escritores del siglo XX, no escribió sus obras en su lengua madre, sino, en su caso, en francés (en 1956 se exilió en Suiza debido a su activismo contra el régimen prosoviético), algo extraño si se piensa que tardó mucho en aprenderlo, pero, como ella misma dice: hubiera escrito lo que fuera en cualquier lengua.

Su obra fundamental y la que le dio a conocer en todo el mundo (está traducida a 30 idiomas), fue la que ella llamó La trilogía. Está compuesta por tres libros: El gran cuaderno (1987), La prueba (1990) y La tercera mentira (1991) y no fue hasta 2007 que fueron reunidos en un solo libro. En España fue publicado con el título de Claus y Lucas, el nombre de los dos gemelos que protagonizan las tres narraciones desde su infancia hasta su madurez (y que, si os fijáis, los nombres contienen las mismas letras en un orden distinto, esto lógicamente no es casual).

La historia comienza cuando una madre lleva a sus dos hijos gemelos a un pueblo donde vive su abuela, una mujer analfabeta y cruel, para que se queden a vivir con ella. Están en guerra y en la ciudad no tienen ya ni para comer. En ningún momento se nos explica qué país es ni que guerra es, pero entendemos que la guerra es la Segunda Guerra Mundial y el país, Hungría. El gran cuaderno nos cuenta cómo estos dos niños se las arreglan para sobrevivir en unas condiciones realmente adversas. Pero decir esto es no decir mucho, pues lo verdaderamente importante es la forma en la que está escrito y lo que nos es narrado. Para empezar, los gemelos son unos niños diferentes, fuertes, sin sentimientos, pudiendo llegar a ser crueles pero también con un sentido propio de la justicia. Todo lo que acontece es increíblemente duro pero resistimos bien la lectura pues el estilo es seco, conciso, claro, preciso, directo y posee una contundente verdad y un gran impacto visual. La historia de Claus y Lucas y sus ejercicios de supervivencia nos atrapan desde el primer momento. Es un libro extraño. Yo no había leído nada semejante sobre la guerra, la protagonista, junto a estos gemelos, de toda la primera historia. No hay juicios morales, no se expresan sentimientos ni apenas emociones, sólo se nos muestran las pulsiones más primarias del ser humano y la historia se limita a los hechos.

En La prueba, ya terminada la guerra, los gemelos se separan. Claus cruza la frontera y Lucas se queda en el pueblo que vive ya bajo un régimen totalitario. La historia se centra en este último y su vida allí, apareciendo otros personajes secundarios y sus historias. Solo y privado de su otra mitad, intenta hacer el bien. De Claus no sabremos nada hasta el final de este relato en el que aparece por el pueblo después de muchos años buscando a su hermano y descubrimos que ni Lucas ni el resto de los personajes que han aparecido en la novela han existido. Comienza el lío.

En la última novela, La tercera mentira (¿Cuáles son la primera y la segunda mentira?), los años han pasado, ya no hay dictadura pero las dificultades continúan. Esta es la parte más extraña del libro y cuesta entenderla (ya la analizaremos cuando llegue el momento). En ella la autora reconstruye la historia de los hermanos, dando diversas y contradictorias interpretaciones que nos llevan a dudar de todo y a pensar que la mentira y la falsedad es el fundamento de la narración como si de un juego de espejos se tratara.

Todo el libro está escrito en presente lo que le da una gran inmediatez al relato. Cada parte está escrita desde un punto de vista distinto. El gran cuaderno en primera persona de plural (el punto de vista de los gemelos que parecen ser sólo uno). La prueba en tercera persona (desaparece la subjetividad que conlleva la utilización de la primera persona, se nos narra la vida de Lucas pero no contada por él, el enigma de quién cuenta la  historia no se aclara en esta parte) y La tercera mentira combina la primera persona del singular (punto de vista de Claus, ¿o de Lucas? ¿Realmente son dos o uno?) y la tercera persona, según se narren unos u otros acontecimientos.

El libro, que se lee muy fácilmente, contiene una complejidad grande, incluso en su estructura. Todo está medido, Agota Kristof tiene claro sus objetivos, pero al lector, sobre todo en la tercera parte, a veces se le escapan. Por estos motivos, es un libro que invita a su análisis, cosa que intentaremos entre todos a lo largo de nuestra lectura.

Para entender mejor a la autora os dejo el enlace a una entrevista concedida por Agota Kristof al diario El País el 24 de febrero de 2007 y realizada por Javier Rodríguez Marcos.

Plazos

Como el libro se compone de tres novelas cortas, dividiremos la lectura en tres partes. A lo largo de unos díez días leeremos la primera: El gran cuaderno. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: Claus y Lucas de Agota Kristof

10 Oct

Novela de Agota KristofDamos un giro de 360º y del humor de Woody Allen nos vamos a una novela difícil de clasificar, podríamos decir que es escalofriante, única y llena de verdad: Claus y Lucas es la obra central de una escritora húngara nacida en 1935 y fallecida en 2011 que comprende tres novelas cortas: El gran cuaderno (1987), La prueba (1988) y La tercera mentira (1991). La editorial El Aleph las ha reunido en una sola obra publicada por primera vez en España en 2007. Agota Kristof es una escritora de culto muy valorada en los círculos literarios que ha sido traducida a más de 30 idiomas.

Los ejemplares de Claus y Lucas estarán preparados para que podáis ir a recogerlos en la Biblioteca de Forum a partir del sábado 13 de octubre.

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