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En la guerra no hay ganadores

23 Mar

Frente Oriental II Guerra Mundial (Fuente: iStock)

«Cada guerra es una destrucción del espíritu humano«. Henry Miller

Se ha escrito mucho sobre la guerra, sobre todo sobre la Segunda Guerra Mundial. Es un filón que parece inagotable. Cada nueva generación de escritores vuelve sobre ella con una mirada diferente. En este caso, la mirada viene del lado de los derrotados en esta contienda. No estamos ante una novela centrada en la violencia y destrucción de las SS o del ejército ruso, sino ante una novela que recupera la memoria del gran desastre europeo que supuso la Guerra y las secuelas psicológicas que dejó en toda una generación y que han pervivido hasta hoy en día. En las primeras hojas de la novela, Rothmann escribe:

«El silencio, el rechazo absoluto a hablar, especialmente sobre los muertos, es un vacío que tarde o temprano la vida termina llenando por su cuenta con la verdad».

En la portadilla encontramos una cita bíblica que nos va a servir de hilo conductor de toda la historia «Los padres comieron las uvas agrias y a los hijos les dio dentera«. Con este refrán los judías querían dar a entender que Dios estaba castigando a los hijos por los pecados que cometieron sus padres. En este libro también, el autor habla de sociedades condenadas a sufrir por los terribles pecados que cometieron otros que nacieron en sus mismas fronteras. Rothmann rememora el final de la Segunda Guerra Mundial, febrero de 1945, cuando el ejército alemán está a punto de sucumbir ante la ofensiva aliada. Los estragos de la guerra son visibles en todo el país. 

La novela arranca en los años ochenta del siglo pasado cuando un hijo intenta que su padre moribundo salga del silencio en el que siempre se mantuvo con lo que le pasó en la Guerra. Walter Urban muere a los sesenta años con el cuerpo destrozado en la mina de carbón sin poder relatarle a su hijo su trauma bélico. Y le hace un encargo «el escritor eres tú». ¿Hasta que punto esta novela tiene carga personal? no lo sabemos pero tal como discurre la narración parece que es así ya que el autor trata la historia de estos dos jóvenes amigos con tanta sensibilidad que denota cercanía.  

Walter, hijo de minero de la cuenca del Rur, y Fiete son dos amigos que trabajan como ordeñadores en una vaqueriza. Tienen diecisiete años y son reclutados a la fuerza para un comando de las SS.  Ellos no tienen inclinaciones políticas y los asuntos de la Guerra les queda lejano, pero aún así no tienen escapatoria y tienen que ir.

Ya en el ejército Walter tiene suerte y conduce un convoy de abastecimiento pero Fiete es enviado al frente en Hungría, donde tras ser herido gravemente trata inútilmente de escapar. Quiere volver con su novia, Ortrud, que le ha dicho que está embarazada y sabe que si no muere en el frente, los rusos lo atraparán igualmente. Una Guerra que sabiéndose perdida por las altas esferas, intuyéndose incluso perdida por aquellos que se envían a luchar, ha de seguir batallándose ante pena de muerte ante la negativa.

Aquí se produce la parte más dura de la  historia. Los amigos se reencuentran, pero a Fiete lo condenan a muerte por deserción y a Walter le obligan, junto con sus compañeros de habitación, a formar parte del pelotón de fusilamiento; si se niega, lo fusilan a él también. Intenta suplicar al comandante que lo perdone, intenta por todos los medios no participar en el pelotón, pero finalmente se pone delante de su amigo empuñando un fusil. Tiene que disparar porque después, van a contar las balas. En estas situaciones se consuelan pensando que un cartucho de bala de uno de los rifles está vacío y nadie sabe cual es. Da igual, este hecho marcará el resto de su vida. El sentimiento de culpa por querer «sobrevivir» lo perseguirá el resto de su existencia.

Rothmann muestra un dominio narrativo absoluto al situar este conflicto en la mitad del relato, como punto culminante y sin retorno. Se centra en la culpa del inocente. Se habla del silencio de un hombre recio, de cuerpo agotado por el duro trabajo en la mina, y alma forjada mucho tiempo atrás. Un silencio que solo mantienen quienes sufrieron lo indecible, aunque ni siquiera fueran heridos. Y que reconocemos desde las primeras páginas como uno de esos que llaman silencios de vida, que marcan a todo aquel que rodea a quien lo sufre, como si ellos fueran los que lo padecen.

El autor también es hijo de uno de esos padres que nunca ha querido hablar de su experiencia durante el  nazismo. La responsabilidad alemana y la específica de los escritores alemanes ante esta parte de la historia es como una deuda que quiere saldar el autor, con un relato serio y crudo lleno de sensibilidad.

A partir de entonces, el ciclo de vida de Walter es únicamente el de la supervivencia. Sobrevivir al final de la Guerra, al campo de internamiento americano, al reencuentro de su hermana y de su madre en la casa familiar donde se da cuenta de que no hay sitio para él. Sobrevivir a su etapa de trabajo en la granja donde ahora tampoco tiene cabida. Su única salida es volver a la cuenca minera y como había hecho también su padre, instalarse como minero en la cuenca del Rur con su novia de antes de la Guerra, Lisbeth.

En definitiva, una gran novela que no habla de campos de concentración ni de grandes batallas, sino de la crueldad de las guerras en general y como obligan a forjar caminos encontrados donde la brutalidad no tiene límites y destruye familias y más aún, rompe corazones.


¡¡Ahora os toca a vosotros!!

¿Qué os ha parecido esta novela? ¿Conocíais a este autor?

¿Os ha gustado el planteamiento del relato y su forma de narrarlo?

Para los que tenéis un ejemplar en casa: necesito que lo devolváis el próximo lunes/martes para enviar a la Biblioteca de Santiago. El siguiente viene también de allí y no creo que llegue antes del lunes 28 de marzo (os aviso). Ese lunes también publico la presentación del siguiente libro, así que hasta entonces escribid vuestras impresiones de esta novela. 

«Hay causas por las que merece la pena morir, pero no por las que merece la pena matar». Albert Camus.

Nos leemos,

El final de la Guerra: el Frente Oriental

9 Mar

La novela nos sitúa en la primavera de 1945 en el Frente Oriental. Nos encontramos al final de la contienda cuando Hungría ha sido ocupada y desde allí se dispone una ofensiva contra el Ejército Rojo.

Sitio de Budapest (Fuente: 2GM)

Ocupación de Hungría

En 1940bajo la presión de Alemania, Hungría se unió al EjeAunque esperaba evitar la participación directa en la guerraésta pronto se hizo inevitable.  En 1941, las fuerzas húngaras participaron en la invasión de Yugoslavia y la invasión de la Unión Soviética.

Mientras combatía contra la Unión SoviéticaHungría mantuvo negociaciones de paz secretas con los Estados Unidos y el Reino UnidoHitler descubrió su traición y el 19 de marzo de 1944 los alemanes ocupan Hungría.  Döme Sztójay, embajador húngaro en Berlín y ferviente partidario de los nazis, se convirtió en el nuevo primer ministro. Después de que las tropas alemanas ocuparan Hungría sin encontrar ninguna resistencia comenzaron las deportaciones en masa de los judíos a los campos de exterminio alemanes en la Polonia ocupada. El coronel de las SS Adolf Eichmann fue enviado a Hungría para supervisar las deportaciones a gran escala, que contaron con el apoyo de la gendarmería húngara. Entre el 15 de mayo y el 9 de junio, las autoridades húngaras deportaron a 437.402 judíos, de los que todos menos 15.000 fueron enviados a Auschwitz-Birkenau.

Aproximadamente 300.000 soldados y 80.000 civiles húngaros murieron durante la Segunda Guerra Mundial y muchas ciudades sufrieron daños, especialmente la capital, BudapestDesde la ocupación, Hungría se había convertido en el centro de las operaciones del Frente Oriental.

1ª División SS Panzer Leibstandarte Adolf Hitler. (Fuente: Wikimedia)

Ofensiva del Lago Balaton

Contra todo lo imaginado en una fecha tan tardía como Marzo de 1945 los países del Eje todavía gozaban de fuerza suficiente en Europa como para sorprender a los Aliados. Así lo demostraron durante la Batalla del Lago Balaton en Hungría, un enfrentamiento bautizado como «Operación Despertar de Primavera» que constituyó la última gran ofensiva acorazada lanzada por el Tercer Reich y lo mejor de las divisiones de las Waffen-SS en el Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial.

El ataque alemán comenzó el 6 de marzo de 1945 en los alrededores del lago Balaton tanto con divisiones locales del Frente Oriental como con divisiones blindadas alemanas transferidas desde el Frente Occidental, entre ellas el 6.º Ejército Panzer-SS de Josef «Sepp» Dietrich, recientemente fogueado en la batalla de las Ardenas. Aunque el plan fue trazado con gran cuidado y secretismo por el alto mando alemán, este no pudo burlar al servicio de inteligencia soviético, que a su vez puso sobre aviso al alto mando soviético. La ofensiva alemana finalmente terminó en una inevitable derrota dada la enorme disparidad de fuerzas entre ambos bandos y por la alarmante debilidad de las Fuerzas alemanas.

La Ofensiva en el lago Balaton tuvo poco efecto sobre el avance del Ejército Rojo. En la que fue su última operación defensiva, entre el 6 y el 15 de marzo los soviéticos tuvieron muchísimas bajas humanas además de tanques y cañones antitanques. En contraste, las pérdidas del Eje fueron el doble en cuanto a muertos, heridos o desaparecidos. A inicios de abril, el oeste de Hungría fue ocupado completamente por los soviéticos en el marco de su ofensiva final sobre Viena. En tal situación, los alemanes retiraron sus últimas fuerzas de suelo húngaro para concentrarse urgentemente en la defensa de Viena y de la Baja Austria. Mientras, el gobierno húngaro pronazi partió a exiliarse a Alemania con los pocos seguidores que aún le quedaban.  La situación para la población civil de Hungría fue precaria: muchos soldados y oficiales soviéticos trataron a los húngaros como aliados del III Reich.

Muchos tanques, armas pesadas y numeroso equipo en buen estado fueron abandonados durante la retirada alemana. En la orilla occidental del Lago Balaton y los Montes Bakony cayeron en manos del Ejército rojo varias columnas de tanques sin haber disparado un solo tiro, que pudieron ser integradas en las unidades soviéticas como compañías blindadas propias.

Otra consecuencia grave fue que tras esta ofensiva Alemania perdió los pozos petrolíferos de la localidad de Nagykanizsa (al suroeste del lago Balaton), que constituían los últimos que aún se mantenían bajo control alemán en esta etapa de la contienda. Esto agravó la ya de por sí difícil situación militar de la Alemania nazi, dependiente casi por completo del combustible sintético (y el cual ya resultaba insuficiente para atender las urgencias de la guerra).

Sin embargo, el audaz ataque demostró a los soviéticos que la Wehrmacht aún tenía fuerzas para defenderse y, aunque no podía cambiar el curso de la lucha, sí estaba en condiciones de provocar altísimas bajas al Ejército Rojo. Lo cierto es que las fuerzas soviéticas perdieron casi el 7 % de sus efectivos, mientras las muertes alemanas, aunque menores en número, equivalían al 10 % de las tropas. Así, la batalla del lago Balaton constituyó la última gran acción ofensiva de las tropas de la Wehrmacht en el marco de la Segunda Guerra Mundial.

Las muertes en la Segunda Guerra Mundial

El 30 de abril de 1945, mientras las tropas soviéticas avanzaban peleando hacia la Cancillería del Reich, Hitler se suicidó. El 7 de mayo de 1945, Alemania se rindió incondicionalmente ante los aliados occidentales en Reims y el 9 de mayo ante los soviéticos en Berlín.

El 6 de agosto de 1945 explotó la primera bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima y el 9 de agosto una segunda bomba atómica en Nagasaki. El 2 de septiembre, Japón firmó su rendición y, de esta manera, finaliza la Segunda Guerra Mundial.

Como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, se calcula que murieron 55 millones de personas en todo el mundo. Aunque muchas de las siguientes estadísticas están sujetas a variaciones en el material de donde provienen, sirven como referencia para hacer cálculos. En batalla, Estados Unidos tuvo 292.129 bajas y 139.709 desaparecidos en acción. La Unión Soviética tuvo 8.668.400 bajas y otros 4.559.000 desaparecidos. Alemania tuvo 2.049.872 bajas y 1.902.704 desaparecidos. China tuvo 1.324.516 bajas y 115.248 desaparecidos. Japón tuvo 1.506.000 bajas y 810.000 desaparecidos. Gran Bretaña tuvo 397.762 bajas y 90.188 desaparecidos.

La enorme cantidad de civiles muertos fue igualmente terrible. La Unión Soviética perdió 14.012.000 civiles; estas cifras incluyen entre un millón y un millón y medio de judíos. China perdió más de un millón de civiles, mientras que Polonia perdió casi cinco millones, entre los que había tres millones de judíos.