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Las Reclusas

20 May

Argumento

Aparece un nuevo “mordido”, Olivier Vessac, de la “Pandilla de las Reclusas”. Está en el hospital. Adamsberg ve la posibilidad de poder interrogarlo antes de que se muera. Se desplaza hacia Bourges y consigue hablar con él.

Vessac es consciente de que la mordedura ha sido provocada. Al igual que el comisario piensa que es en venganza por sus fechorías con La Pandilla en el orfanato. Confiesa todo. Aunque también declara que no participó en las violaciones en grupo. Cree que se lo tiene merecido y acepta la situación. Tiene el brazo derecho con necrosis. Le queda poco de vida. Confirma que la mordedura fue en el exterior y que no hubo una persona que se la administrara.

Adamsberg está en un callejón sin salida. Tiene a toda la Brigada investigando. Controla todos los movimientos del grupo de los mordidos de niños. Ninguno lo pudo hacer porque a ninguno lo pueden situar en el lugar del crimen ese día.

Va a ver a su hermano, Raphaël, a la isla de Ré. Ya no ve “entre las brumas”. Hay algo que lo perturba. Necesita hablar con su hermano y contarle todo. Su hermano le recuerda un episodio del pasado: cuando el comisario tenía doce años y sus padres los llevaron a Lourdes vio en un viejo palomar de piedra a una mujer que se había recluido por iniciativa propia hace cinco años y que vivía de la caridad de la gente del lugar que la consideraban como una “sana protectora”. Una práctica muy habitual entre la Edad Media y el siglo XVI. A estas mujeres se las llamaba “reclusas”. La imagen de la reclusa de Pré d’Albret le impresionó tanto de niño que la había olvidado. Su hermano le ayudó a sacar estos recuerdos de su interior

El comandante pone de manifiesto ante la Brigada que la pista sobre la “Pandilla de los mordidos” aunque luminosa fue un fiasco. No pudieron probar que alguno de ellos pudiera matar a Vessac. De todas formas, sigue creyendo que hay una relación entre el Orfanato y las víctimas de reclusa.

Habla con un psiquiatra y le cuenta sus recuerdos.  Ahora cree que el asesino puede ser una mujer. Una mujer con una infancia difícil y que fue violada o que estuvo secuestrada. No se quita de la cabeza la imagen de la reclusa que vio de niño. Le venía a la cabeza que para elegir la infinita dificultad de matar con veneno de reclusa, tienes que haber sido reclusa y antes de eso, haber sido secuestrada. 

Sospecha de la coinquilina de Irene Royer, la mujer a la que conoció cuando fue a ver a un experto en arañas al museo y se hicieron amigos. Lo ayuda en la investigación. Fue la que lo puso en la pista de La Pandilla de Le Misericordie. Ahora tiene una inquilina, Louise Chevrier, que fue violada a los 38 años y siente aversión por los hombres. Tiene el perfil que busca Adamsberg para su “posible” asesina.             

Pone a gente de la Brigada a investigar niñas secuestradas desde la infancia y dan con un caso espantoso, la familia Seguin. El padre encerró a sus dos hijas desde pequeñas en el desván y las violó desde la infancia. Después, su hijo Enzo cuando tuvo edad suficiente lo asesinó y la policía consiguió rescatarlas con veinte años. Las niñas se llamaban Annette la menor y Bernadette la mayor.

La pequeña fue prostituida por su propio padre en el desván ofreciéndola a un grupo de muchachos durante once años. Adamsberg piensa que está ahí la conexión. Cree que el grupo que visitaba a la hermana pequeña era la “Pandilla de las Reclusas” ya que el padre era también conserje en Le Misericordie y los conocía a todos.

Sigue esa línea de investigación y los datos empiezan a cuadrar. Confirma con el hijo del director que Seguin trabajó efectivamente de conserje en Le Misericordie y que era permisivo con La Pandilla. Ahora tiene que investigar si alguna de sus hijas es la asesina de la reclusa.

El caso se le pone un poco difícil porque las niñas una vez liberadas estuvieron en un sanatorio psiquiátrico y cambiaron de identidad. Es difícil saber si Louise puede ser una de ellas. La Brigada tampoco encuentra la partida de nacimiento de Louise.

Al mismo tiempo el comisario descubre, tras el asesinato de los dos últimos miembros de la Pandilla –Torrailles y Lambertin-, como fueron asesinados las víctimas con veneno de reclusa sin que nadie apareciera en escena. Les disparaban veneno de reclusa con rifle de dardos desde una distancia que no se pudiera ver. Cada dardo tendría que tener el veneno de veintidós reclusas. El dado se recuperaba del lugar del crimen porque iba atado con un fino hilo del cual poder tirar. Así nadie sospecharía de un asesinato.

Adamsberg llama a Irène para comentar los últimos fallecimientos. Irène ya lo sabía por los foros de Internet. Y le responde “se los han cargado a todos y seguimos sin saber ni quién ni cómo”

Decide excavar en el viejo palomar donde vio a la reclusa de niño para conocer definitivamente su identidad y saber si efectivamente era una de las hermanas Seguin. Quiere encontrar sus dientes en el suelo de ocupación ayudado por un arqueólogo amigo.

Por fin encuentran 21 dientes de la reclusa que les puede dar su identidad. Al mismo tiempo cae en la cuenta de detalles de la investigación que se le habían pasado por alto. Atando cabos descubre quién es la persona que asesinó a los diez miembros de la Pandilla de la Reclusa.

Y hasta aquí … ¡¡no desvelaremos el final!!

Comentarios

Según la crítica esta novela has sido uno de sus proyectos más ambiciosos de la autora porque en ella se entrecruzan elementos como el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los retorcidos laberintos de la mente humana.

Si algo caracteriza a todas las novelas de Fred Vargas es la sencillez y naturalidad con la que compone su obra literaria, tiene un estilo único, muy depurado, todo va hilvanándose con el transcurso de la historia. Cualquier detalle tiene importancia en la trama.

El tiempo de lo narrado es prácticamente el actual aunque la historia tiene retazos del pasado, la arqueología y otras disciplinas que enriquecen la historia y amenizan la acción frente al lector.

La autora ofrece un verdadero crisol de la condición humana, de cómo la venganza puede ser catártica y puede condicionar toda una vida. Los diálogos en el micromundo de la Brigada de Adamsberg vienen salpimentados de humor, inteligencia, sarcasmo, amor y hasta mayéutica.

“No hay que desatender nunca una picadura, hay que rascarla siempre hasta el final, hasta hacerse sangre; si no, corres el peligro de que te pique toda la vida.”

La intriga y su resolución son previsibles, pero esto es secundario cuando en la concepción novelística de Fred Vargas hay otros elementos con los que configurar su particular voz. 

Se ha cumplido la venganza sobre todos los miembros de la La Pandilla de las Reclusas. La escritora nos pone en un dilema moral y al comisario Adamsberg también. ¿Se puede justificar un crimen cuando las víctimas han sido verdugos de otras personas? El comisario lo tiene difícil. Con la resolución del enigma de las muertes por reclusa no sabe que hacer. Por un lado su profesionalidad le dicta que tiene que detener al culpable pero por otra, comprende, empatiza y no quiere volver a recluir a la persona que ha estado ya reclusa la mayor parte de su vida.

Al final, Vargas juega con el lector ¿de verdad se ha impartido justicia?


¡Ahora os toca a vosotros!

Espero que ahora hagáis más comentarios sobre este libro.

¿Qué os ha parecido la historia? ¿Os gusta como escribe la autora?

¿Os ha gustado el final?

Contadme que pensáis sobre la doble moral de la justicia.

RECORDATORIO: Los que tengáis un ejemplar de esta novela acordaros de devolverlo entre esta semana y la siguiente en la Biblioteca Fórum.

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La Pandilla de las Reclusas

6 May

La novela se inicia con el comisario Jean-Baptiste Adamsberg de vacaciones en Islandia con un hijo que ha descubierto hace poco y  sin móvil porque el suyo “está hundido en un montón de mierda de oveja”. Había olvidado que, tiempo atrás, había sido comisario, al mando de los veintisiete agentes de la Brigada Criminal del distrito 13 de París. Un mensaje de imprevisto sobre una mujer atropellada en extrañas circunstancias le hace volver de inmediato.

Ya en la Brigada, los comandantes Mordent y Danglard le informan sobre el desarrollo de la investigación. Una mujer muere atropellada y creen que fue un homicidio. Tienen dos sospechosos: el marido y el supuesto amante.

Un homicidio solucionado rápidamente y que solo nos sirve para adentrarnos en el entorno del comisario Adamsberg y en la Brigada en la que está destinado. Nos va dando pistas del carácter del comisario, de su asombrosa intuición y de lo que algunos denominan “saber ver entre la bruma”, así como las cualidades del resto de los componentes del grupo.

Su vuelta coincide con el interés del teniente Voisenet por un caso que se debate en las redes sociales sobre la muerte de tres ancianos por la mordedura de una araña reclusa, la Loxosceles rufescens. Parece una coincidencia y que la muerte sobrevino por la avanzada edad de las víctimas, pero Adamsberg ve un patrón y no cree en las coincidencias. No hubo ningún caso el año anterior y de repente aparecen tres. Los dos primeros se conocían desde niños y murieron con ocho días de diferencia.

Para el comisario es un caso curioso ya que el veneno de este arácnido aunque doloroso e irritante no suele ser mortal. Se suelen necesitar muchas mordeduras para llegar a ser letal. Otra circunstancia que le llama la atención es que no suele ser un animal agresivo, al contrario se esconde con facilidad y es muy difícil detectar su presencia. Aún así cree que su veneno fue inyectado de alguna manera en las víctimas y está atascado en ese punto.

A pesar de la oposición de la Brigada, Adamsberg decide investigar este caso. Cuenta con poca ayuda pero tanto Veyrenc, como Voisenet, Froissy y Retancourt no le dan la espalda y le ayudan en sus pesquisas, más por el respeto que le tienen que por estar de acuerdo en esta investigación.

El comisario acompañado por Veyrenc viajan a Nimes, al orfanato donde estuvieron las dos primeras víctimas, Claveyrolle y Barral. El orfanato se llamaba “La Miséricorde”. Se entrevistan con el hijo del director de aquella época que les da información y les enseña los archivos que su padre había celosamente guardado a lo largo de todos estos años con la información de todos los niños que pasaron por allí.

Les cuenta que  cuando Claveyrolle y Barral eran todavía unos niños habían constituido en el orfanato “la Pandilla de las Reclusas”, liderada por Claveyrolle y compuesta  en total por nueve niños. Se llamaban así porque utilizaban este tipo de araña para acosar y martirizar a sus compañeros. Causó estragos  en el orfanato porque la mordedura de esta especie puede provocar un cuadro clínico denominado loxoscelismo que, en los casos más graves, puede provocar gangrena. Esto es lo que les pasó a varios niños ya que en 1944 la penicilina todavía estaba en sus inicios. Once niños, once víctimas de su violencia. El director no pudo hacer nada con ellos. Las agresiones no pararon y pasados los años, sus víctimas pasaron a ser mujeres a las que agredían sexualmente en grupo.

En el transcurso de la investigación, descubre que la tercera víctima conocía a las otras dos y que juntos habían llevado a cabo una violación en grupo a una chica de 16 años que conocía uno de ellos.

Con todos estos datos, Adamsberg convoca una reunión para exponer sus resultados a toda la Brigada y así conseguir efectivos para seguir con la investigación. Porque una de sus hipótesis es “la venganza” por parte de las víctimas de “Le Misericordie”. Que se hubieran unido para acabar con sus agresores 60 años después.

En el transcurso de esta reunión, expone sus teorías y enseña las fotografías de los niños amputados y con graves secuelas físicas. También teoriza sobre la posibilidad de que sea una venganza de las víctimas de agresión sexual, pero esta línea de investigación la cree más incierta. Consigue que esta vez la Brigada lo apoye y participe en la investigación. Todos menos el comisario Danglard.

Adamsberg cree que esta oposición al caso tiene algo de “personal , íntimo” y piensa que no hay nada más personal e íntimo que la familia. Así que decide investigar al comandante. En esta línea consigue averiguar que Danglard tiene una hermana, Ariane, catorce años mayor que él que está casada con uno de los niños de la lista de víctimas de La Pandilla, Richard Jarras. Además, trabajó como comercial de la Administración hospitalaria para un hospital en Marsella que funcionaba como Centro de antídotos, entre los que podrían estar los antídotos de reclusa. ¿Coincidencia?

Además, en la lista de La Pandilla hay cuatro de ellos que murieron hace catorce años y al investigar la causa de sus muertes parece que no fueron totalmente “fortuitas” y el Comisario cree que pudo ser el inicio de la venganza de las víctimas de La Pandilla.

Comentario

En una reciente entrevista Fred Vargas declaraba que le apasiona el proceso de la resolución del caso criminal, obligada, sin duda, por el rigor de su experiencia científica. Lo mejor de Vargas es la naturalidad con la que hilvana la lógica de sus relatos, el fino humor con el que los espolvorea, el delirio asumido de su protagonista y, en fin, el cúmulo de coincidencias felices de su trama.

Con esta novela hace la número novena de la saga del comisario Adamsberg que en palabras de su autora lo define como «soñador y utópico obstinado», un comisario que ve entre las brumas. De mentalidad visionaria y metodología errática, tiene un don, la visión proyectiva, que en el transcurso de su obsesiva investigación tiene momentos de bajón en los que se queda a ciegas, atrapado en una oscuridad profunda. El lugar donde viven las arañas «reclusas».

Como las anteriores, esta novela está repleta de sus inolvidables y excéntricos personajes secundarios, entre otros, el genial erudito alcohólico e hipertimésico Danglard, así como de enigmáticos símbolos y ámbitos oscuros. Y en el centro, crímenes, violaciones y una araña: la insignificante “reclusa” que da título al libro.

Además, Vargas juega con los prejuicios del lector, con su pensamiento y sus inquietudes. A medida que van apareciendo distintos sospechosos y conocemos la catadura moral del infame grupo de víctimas, uno tiene que luchar contra la tentación de justificar al asesino y pensar que, sea quien sea finalmente, nos está haciendo un favor al quitar de en medio a estos personajes.


¡Ahora os toca comentar a vosotros!

¿Qué os está pareciendo la novela? ¿Habíais leído más libros de esta autora o de la misma saga? ¿Os gusta la trama?

Yo creo que la novela tiene un buen ritmo y está escrita con una sutil ironía y ternura al mismo tiempo. ¿Qué pensáis vosotros?

¡¡Espero vuestros comentarios!!

El 20 de mayo, lunes, publicaremos el  siguiente post de comentarios finales de la novela.

Nos leemos,

Nuestra próxima lectura: “Cuando sale la reclusa” de Fred Vargas

22 Abr

Vamos a adentrarnos en el mundo policial y de suspense de la mano de la escritora francesa y Premio Princesa de Asturias de las Letras 2018, Fred Vargas.

Esta novela es una nueva entrega de la saga policial del intuitivo e inclasificable comisario Adamsberg. Gracias a los métodos insólitos de este investigador, el relato va y viene de París al Sur rural francés. 

Editado por Siruela en 2015 y traducida del francés por Anne-Hélène Suárez Girard.

La novela

El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal.

Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida.

Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora.

la escritora

Seudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau. Nació en París el 7 de junio de 1957.

Autora de novelas policíacas, escogió como seudónimo el de “Vargas“. Este alias hace referencia al personaje de María Vargas, interpretado por la actriz Ava Gardner en la película “La condesa descalza”.

Es licenciada en Historia y Arqueología. Ha trabajado en el Centro Nacional de Investigación Científica Francés desde 1988 y posteriormente en el Instituto Pasteur, si bien es conocida mundialmente por su faceta de escritora de novelas policíacas, labor que comenzó en 1986.

Sus novelas se desarrollan habitualmente en París, siendo su protagonista el inspector jefe Adamsberg y su equipo. Otras novelas de esta serie: “El hombre de los círculos azules” (1996), “El hombre del revés” (1999), “Huye rápido, vete lejos” (2005), “Bajo los vientos de Neptuno” (2006), “La tercera virgen” (2008), “Un lugar incierto” (2010), “El ejército furioso” (2011), “Fluye el Sena” (2012), “Tiempos de hielo” (2015).

En algunas de sus obras, sobre todo las protagonizadas por los detectives amateurs conocidos como “Los tres evangelistas” (2014), muestra sus conocimientos sobre la Edad Media, como especialista que es. En esta serie se encuentran también: “Que se levanten los muertos” (1995), “Más allá, a la derecha” (2006), “Sin hogar ni lugar” (2007).

Sus novelas han sido traducidas a varios idiomas, y ha obtenido numerosos premios internacionales como reconocimiento a su obra, como el International Dagger, el Premio de las Librerías Francesas o el 813 a la mejor novela en francés. En el año 2018 obtuvo el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

Además, parte de la obra de Vargas ha sido adaptada al cine y a la televisión.

“Cuando sale la reclusa” es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Comienzos de la novela policíaca

La novela policíaca es un género narrativo en donde la trama consiste generalmente en la resolución de un misterio de tipo criminal. El o la protagonista en la novela policíaca es normalmente un/una policía o un/una detective, habitualmente recurrente a lo largo de varias novelas del mismo autor, que, mediante la observación, el análisis y el razonamiento deductivo, consigue finalmente averiguar cómo, dónde, por qué se produjo el crimen y quién lo perpetró. 

Está generalmente aceptado que, aunque sus antecedentes se remontan más atrás en el tiempo, el género policíaco como tal nació en el siglo XIX de la mano de Edgar Allan Poe, al crear al detective Auguste Dupin en su relato “Los crímenes de la Calle Morgue”.

Primera ilustración del personaje creado por Agatha Christie para la publicación The Royal

Dupin fue el primer detective de ficción, el cual sirvió de modelo a Arthur Conan Doyle para dar vida al “más famoso detective de todos los tiempos”: Sherlock Holmes, que constituye por excelencia el protagonista arquetípico de las novelas policíacas. Doyle, junto a Agatha Christie, fundó lo que se conocería como la escuela británica de novela policíaca. Agatha Christie creó a la primera detective femenina de la historia: la Señorita Marple.

Con el paso de los años, la novela policíaca fue evolucionando hacia formas narrativas más complejas, la resolución del misterio planteado como un juego de lógica dejó de ser el objetivo principal de la obra, quedando en primer plano la denuncia social y un intento de comprender los conflictos del alma humana.

Fue así como nació un subgénero dentro de la novela policíaca: la novela negra. La novela negra nació en EE.UU y los padres del género fueron Raymond Chandler y Dashiel Hammett, en cuyas obras se basaron algunas de las películas más representativas del cine negro americano como El halcón maltés o El sueño eterno con el famoso detective Phillip Marlow.

El apelativo de “negra” se debió por un lado a los ambientes oscuros que reflejaban, pero sobre todo a que aquellos relatos se publicaron por primera vez en la revista Black Mask, creada en 1920 por H. L. Mencken y George Jean Nathan y en la Série Noire de la editorial francesa Gallimard nacida en 1945. Aquellas novelas marcaron un antes y un después en la forma de narrar el crimen.

A diferencia de los relatos británicos donde intervenían las clases sociales altas, los crímenes eran generalmente “refinados” y donde el culpable casi siempre era descubierto y castigado por la ley, en la novela negra americana se reflejan sobre todo los ambientes sórdidos de los bajos fondos y el héroe es un personaje cínico y desencantado que habitualmente está sin trabajo, no tiene un dólar en el bolsillo y debe hacer frente él solo, no solo al criminal, sino también a un poder establecido generalmente corrupto.

Aunque el detective o el policía siguen siendo el tipo de protagonista principal, aparecen novelas de crímenes narrados desde otros puntos de vista: a mediados de los años 50 Patricia Highsmith publica El talento de Mr. Ripley, la primera de una magnífica serie de novelas que narran las peripecias 

de Tom Ripley, un estafador que suplanta a las personas a las que asesina.

Aunque la novela negra sufrió una época de crisis en los años 60, desde los 80 hasta nuestros días han seguido apareciendo grandes figuras que han mantenido vivo el género: Julian Symons, PD. James, RuthRendell y más recientemente Henning Mankell, Fred Vargas, Andrea Camilleri o Donna Leon entre otros. En España también merecen especial mención Manuel Vázquez Montalbán, Francisco García Pavón, JuanMadrid y Andreu Martín y más recientemente Lorenzo Silva o Alicia Giménez Bartlett.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Calendario:

  • 22 de abril: presentación de la novela.
  • 6 de mayo: comentarios hasta la página 208 (final del capítulo XXIII).
  • 20 de mayo: del capítulo XXIV hasta el final.

Los que tenéis que recoger el libro en la Biblioteca Fórum: podéis pasar a partir de mañana martes a retirar un ejemplar en la Sala de adultos.

Esta semana id devolviendo la novela de Claudia Piñeiro. El próximo lunes la tengo que enviar a Santiago.

Nos leemos,

 

Recuperar el rastro de si mismo

1 Mar

Argumento

En esta parte de la novela, Guy Roland empieza a recordar detalles de su vida pasada. Siguiendo los pasos de Denise evoca episodios de su pasado con ella como el día en que se conocieron.

En el curso de su investigación queda en un café con el fotógrafo que le hizo la foto de portada a Denise. Éste le lleva a su piso de Montmartre. Conocía a Denise y estuvo en su piso. Le cuenta la historia de un griego de Alejandría que fue asesinado en la misma casa donde ella vivía. El griego era homosexual y subía muchos chicos a casa. Desde esa época, el fotógrafo vive alterado y con miedo. Tiene miedo de acabar asesinado también. Cree conocer la identidad de quién mató al griego. Fue durante la Ocupación y el asesino estaba por aquel entonces con un alemán. Ahora sigue vivo y se hace llamar el “jinete azul”.

En el capítulo XXVI una persona recuerda a Pedro en esos años en el que vivía con miedo y quería irse de Francia. Lo visitó en el hotel Castille para una transacción de joyas. Pedro necesitaba dinero para salir del país ya que “vivimos en una época muy rara”. Quería escapar a Portugal por Suiza.

Hutte le sigue pasando información desde Niza. Ahora le envía sus indagaciones sobre Denise: nacida en 1917 en Francia y casada con Jimmy Pedro Stern, que nació en 1912 en Salónica (Grecia). Además averigua que el rastro de Denise se pierde en febrero de 1943 cuando intentaba pasar la frontera franco-suiza. Tenía por aquel entonces 26 años.

Pedro Stern desapareció en 1940. En París residió en el hotel Lincoln. Este hotel ya no existe pero en su registro Pedro tenía una dirección en Roma (Italia): calle de las Tiendas Oscuras nº 2.

Investiga la identidad que finalmente cree que es la suya: Pedro McEvoy. Le resulta difícil recopilar indicios de su pasado salvo que era súbdito Dominicano y que trabajó en la legación dominicana en París. “Puede haber sido un individuo que usara nombre prestado y papeles falsos, como era corriente por entonces”.

Sospecha que Pedro Stern y Pedro McEvoy son la misma persona.

Sigue esta pista. Un día se encuentra en un bar una persona que lo reconoce como Pedro McEvoy. Le dice que es André Wildmer, un jockey que iba con él y su amigo Freddie a la casa de Valbreuse. Además le recuerda la boda de Freddie con Gay Orllow en una pequeña iglesia rusa en Niza. Piensa que extraña coincidencia que sea precisamente en Niza donde está Hutte y que le hablara de esta iglesia y de su biblioteca como un recuerdo de su niñez. ¿Será Hutte también una persona de su pasado?

Wildmer le recuerda que tenía un amigo que se llamaba Porfirio Rubirosa y que fue de testigo a la boda de Freddie. Le comenta que era un diplomático dominicano y que fue el que le había dado trabajo en la legación (y también una nueva identidad).

Le desvela que él y Freddie estudiaron juntos en un internado, a orillas del mediterráneo,  llamado de “Luiza y Albany”. Eran amigos desde la infancia, pero no descubre nada en su visita al internado.

Hutte le pasa información sobre Oleg de Wrédé de origen ruso y que “ya con veinte años tenía un físico que llamaba la atención” y “era un canalla de poca monta que dejaba que lo mantuvieran personas de ambos sexos”. Después, durante la guerra, vivía en París con un alemán de alta graduación que lo mantenía. Parece que coincide con la persona que mató al vecino de Denise durante la Ocupación.

Un poco más tarde, Pedro junto con Freddie, Denise y Gay huyen a Megève en tren con la intención de salir del ambiente opresivo y controlador de París.  Al llegar a la estación Gay saluda a un conocido suyo de París, un ruso llamado Kyril.

Empezaron a vivir en Megéve de una forma despreocupada. Invitaban a gente a casa y entre ellos venía Kyril y éste trajo a Bob Besson, un monitor de esquí de la zona, y a Oleg de Wrédé. Este último se dio cuenta de que Pedro y Denise quería salir del país y les propuso cruzar la frontera por una cantidad de dinero. Estos aceptan y todo acaba siendo un engaño para robarles el dinero. A partir de esa experiencia Pedro no recuerda nada y nadie sabe lo que le pasó a Denise.

El hilo de Ariadna

En resumen, el protagonista tras una ardua investigación a lo largo de la novela descubre finalmente que su nombre real es Jimmy Pedro Stern, un judío griego de Salónica, que habitaba en París bajo un nombre falso, Pedro McEvoy, y que trabajaba para la embajada de la República Dominicana.

Pista tras pista descubre una serie de personas que conformaban su círculo de amigos: Denise Coudreuse, una modelo francesa que era su pareja, Freddie Howard de Luz, un inglés de la isla Mauricio, Gay Orlow, una bailarina estadounidense de origen ruso y André Wildmer, un antiguo jinete inglés.

Todos ellos deciden abandonar un París cada vez más opresivo debido a la ocupación alemana y reunirse en Megève en 1940. Denise y Pedro, por su lado, decidieron abandonar Francia a través de Suiza, por lo que le pagan a un contrabandista llamado Oleg de Wrede y a su ayudante Bob Besson para que les ayude, pero que finalmente los abandonará en la montaña, dejándolos solos y perdidos en la nieve.

Guy Roland decide encontrar a Freddie, que se había instalado en la Polinesia tras la guerra. Cuando llega a Bora Bora, descubre que Freddie había desaparecido en un naufragio unos días antes. A Guy Roland solo le quedaría una pista para desenmarañar los hilos de su pasado, una antigua dirección en la Roma de los años 1930 que él mismo había ocupado: el número 2 de la Rue des Boutiques Obscures en pleno Gueto judío.

Comentario de la novela

Es un libro fácil de leer pero quizá difícil de comprender ya que el fondo de la cuestión no está en la superficie. Además esta historia tiene un final inconcluso que deja al lector preguntándose si realmente conoce la identidad del protagonista y valorando la importancia o no de tener una identidad, una memoria, en definitiva, un pasado que nos defina.

Modiano busca a través de la escritura respuestas a su identidad porque se considera a sí un hijo del periodo turbulento de la ocupación alemana de Francia durante la Segunda Guerra Mundial: “Yo soy hijo de esta época caótica. La gente aprendió a vivir de negocios poco claros, del mercado negro, de la compraventa de bienes de titularidad dudosa, todo eso duró hasta principios de los setenta. […] Son historias de las que nunca se saben todos los entresijos”.

Es así como crea un mundo completamente “modianesque” y la razón por la que sus novelas son tan reconocibles, porque están presentes en ellas todas las obsesiones del autor: su particular ejercicio de construcción de su infancia, la incesante búsqueda de una  identidad propia en base a los recuerdos, el pasado y el presente intercalados de manera casi imperceptible, la construcción de un conjunto de personajes oscuros y evanescentes… De ahí su particular modo de mezclar historias imaginadas con vivencias personales, sin dejar nunca claro al lector si lo que está leyendo es realidad o ficción.

Un ejemplo, el capítulo en el que Pedro y Denise recogen a una niña y se la llevan de paseo todo el día tiene mucho de símil biográfico. El autor cuenta en sus entrevistas que sus padres no se ocupaban mucho de sus hijos ya que se iban temporadas fuera por trabajo así que lo dejaban a él y a su hermano al cuidado de desconocidos. Ya de mayor se pregunta muchas veces que será de ellos, dónde estarán las casas en las que había vivido cortos periodos de tiempo. Al igual que la niña, ya de mayor, evoca ese recuerdo.

Cuando se le pregunta a propósito de sus recuerdos, Modiano responde: «Recordar puede ser un ejercicio feliz o doloroso, en función de si es motivo de ansiedad o evocación de un paraíso perdido»

Su estilo literario se caracteriza por la economía expresiva y según explica el propio autor en una entrevista “Una frase corta, algo lineal, es el único modo, para mí, de captar lo onírico, porque para dar esa impresión de un sueño interrumpido, en el que entra alguien por sorpresa, necesito frases muy concretas, al igual que en algunos cuadros surrealistas, como los de Magritte, todo es muy preciso pero la impresión global es de sueño. Eso son mis frases cortas, un estilo barroco no me sirve.”

La mayoría de la novela está escrita en primera persona. Solo algunos capítulos están redactados en tercera persona y entonces el autor nos va dando pinceladas reales de la auténtica identidad de Guy. Y vamos comprobando que hay una correspondencia entre lo que va recordando y la realidad.

Se dan extrañas coincidencias en la novela, como por ejemplo que Freddie se hubiera casado en “una pequeña iglesia rusa de Niza” que también le ha descrito Hutte en una de sus cartas desde su retiro en la misma ciudad. O que el contrabandista que engaño a Pedro y Denise se pareciera al ruso que mató al vecino de Denise por asuntos turbios.

París es tratado siempre como un personaje más de la novela y según una entrevista con el autor “Es un París onírico que, aunque basado en lo real, con calles precisas, está totalmente interiorizado, a partir de mis recuerdos de adolescente. Un París que ya no existe. Ojo, no es nostálgico, sino soñado, totalmente interior.”

Al final no se presenta una respuesta sino que se enuncia un interrogante. La identidad no sólo es intercambiable por quien la posee o puede poseerla, también es etérea, intermitente, efímera. Como dice Guy al final de la novela:

“Mi querido Hutte: me voy de París la semana que viene, a una isla del Pacífico en donde hay alguna probabilidad de que vuelva a encontrar a un hombre que me dará informaciones de lo que fue mi vida (…) hasta ahora todo me ha parecido tan caótico, tan fragmentario … Retazos, briznas de cosas me volvían de repente según investigaba … Pero, bien pensado, a lo mejor una vida es eso … ¿Se trata de la mía efectivamente? ¿O de la vida de otro, dentro de la que me he colado?”

y para terminar “¿Y acaso no se esfuman en el crepúsculo nuestras vidas con la misma rapidez que ese disgusto infantil?


¡Ahora os toca a vosotros!

¿Que os ha parecido el tratamiento que ha hecho Modiano sobre esta época oscura de la historia francesa?

Espero vuestras impresiones y reflexiones de la novela. Todo lo que queráis comentar.

¡Nos leemos! 

Calendario

El próximo jueves, 7 de marzo, publicaré el post con la presentación de la próxima lectura. Espero que esta vez los plazos de lectura hayan estado más ajustados.
Los que tenéis el libro en casa: recordad, tenéis que devolverlo a lo largo de la semana que viene.
¡¡¡¡Felices carnavales!!!!

El investigador investigado

22 Feb

Argumento

Guy Roland se quedó amnésico hace más de diez años “e iba a tientas por la niebla”. La novela nos sitúa en París. No hace referencia a la época del presente salvo por una carta que aparece en el capítulo VI y en cuya firma consta el año 1965. Lo que importa es el pasado, ese pasado que ha olvidado y que le impide saber quién es.

Hace ocho años, Guy se acercó a la agencia de detectives de Hutte para ver si lo podía ayudar. Al final, le ayudó proporcionándole una nueva identidad, un pasaporte y un consejo “no vuelva a mirar atrás y piense en el presente y en el futuro”. Acabó trabajando para él.

Esta historia empieza cuando Hutte, ahora jubilado, cierra la agencia y se marcha a vivir a Niza. Guy siente que se vuelve a quedar sólo en la vida y comienza por su cuenta una investigación para averiguar su pasado y su propia identidad. Hutte titubeó un momento antes de cerrar la puerta y aquel chasquillo metálico me hizo sentir una punzada en el corazón. Marcaba el final de una larga temporada de mi vida”. La vida que recordaba.

Su primera pista le lleva a  Paul Sonahitze que regenta un bar en la calle Anatole de la Forgue (Distrito XVI). Queda con él porque cree que en “algún determinado momento” se movían en los mismos círculos de amistades. Paul le lleva al restaurante de Jean Heurteur para ver si  entre los dos pueden acordarse de algo.

Modiano busca siempre personajes corrientes que se mueven en ambientes nocturnos de cafés y locales de París. París es un personaje más de la novela. Siempre describe un París noctámbulo de calles oscuras, sombrías y desiertas. También le gusta detallar con minuciosidad los itinerarios que realizan sus personajes. Le gusta buscar lo cotidiano y pararse en los detalles de sus personajes, como en la referente a Jean “el cutis granuloso, las mejillas flácidas y unos labios de gastrónomo”. Nunca hace referencia a la edad de sus personajes. Dice Jean “es curioso, no se le puede calcular a usted la edad”. Solo sabemos que Guy lleva bigote y es muy alto.

Guy quiere saber si ellos lo reconocen de haberlo visto alguna vez en alguna fiesta o café. Les parece que les recuerda a alguien que hace mucho tiempo iba a un local que se llamaba el Tanagra. Iba con otro hombre ruso llamado Stioppa. Ambos sospechan que era de la pandilla de Stioppa y que salían mucho de noche “una época mucho mas bonita que la nuestra” comentan. ¿Añoranza del pasado o de la juventud?

No centra temporalmente la historia, se refiere al pasado como “la época del diluvio” (aunque sabemos que se refiere a los años de la Ocupación). Saca una pista más cuando Jean recuerda que Guy se le parece a un hombre que se alojaba en el hotel Castille.

Se acerca a Stioppa con la excusa de estar escribiendo un libro sobre la “emigración rusa¹. Acaba en su casa y Stioppa le enseña unas fotos antiguas. En una de esas fotos se cree reconocer “un hombre muy alto, con terno príncipe de Gales , de unos treinta años, moreno y con un bigote fino. Creo en serio que era yo” .

Le llama la atención en una de las fotos una chica. Stioppa le dice que se llama Gay Orlow de nacionalidad rusa que emigró a América con sus padres durante mucho tiempo y después vino a Francia. Empezó a investigar sobre ella. Aunque se suicidó en 1950, encontró una partida de matrimonio con un pianista americano ahora afincado en París: Waldo Blunt. Contacta con él en un café de París y le dice que su matrimonio había sido de conveniencia porque Orlow “estaba obsesionada con tener una nacionalidad” se fue con un francés llamado Howard de Luz confidente de John Gilbert. Ese nombre le despertó algo por dentro y por un momento creyó que podía ser él mismo.

En busca de su identidad, ya lleva dos posibles, todavía no encuentra la verdad. En esta parte de la novela todavía pasará por una más. Una en la que cree que puede ser Pedro McEvoy al que llegó a través de un antiguo amigo de Freddy que le puso en contacto con una dirección.

Se dirige al domicilio que tenía Pedro en el pasado. La actual inquilina, Helene, lo reconoce y le dice que trabajaba en la Embajada de la República Dominicana y que tenía una novia que se llamaba Denise. 

La última vez que Hélène supo de ellos fue cuando se fueron a Megève. Denise tenía instalado un taller de costura en ese piso. Antes vivían en el hotel Castille. Tenía una habitación verde con Denise. Y le dice que se fueron de allí porque no se sentía seguro en el hotel. 

“-La verdad es que era una época peculiar… -¿Qué época?. No obtuvo respuesta”.

Logró saber por Hélène que se fueron a Megève porque era un sitio seguro y desde allí podrían pasar la frontera. Con la agenda que le entrega Hélène (perteneciente a Denise) hay un certificado donde consta que contrajo matrimonio con  Jimmy Pedro Stern el abril de 1939.

Por último le da una carta de Denise, la última que recibió y le ponía las señas de una persona por la que podían contactar: Oleg de Wréde. Así que sigue investigando. Pero empieza a recordar a Denise y al día en que la conoció o ¿es producto de su imaginación?

Comentario

Novela escrita en primera persona de forma intimista y poética. Su personaje principal, Guy Roland, cuenta la historia de la búsqueda de su identidad. Lleva muchos años. En esta parte de la novela investiga su rastro en el pasado y pasa por tres identidades distintas. Y se pregunta “¿Será posible que acabe uno por no reconocer un sitio en el que ha vivido?”

En esta novela nos vamos a encontrar con los tres temas recurrentes en la obra de Modiano: la búsqueda de la identidad, recuperar el pasado y la pérdida.

La obsesión de la búsqueda, la necesidad de identificarse con alguien real de carne y hueso, es un tema esencial en la obra del escritor, ya que sus personajes se mueven siempre tras las huellas de otro ser que les ayude a comprenderse a sí mismos. Sin embargo, entre dudas e incertidumbres, en la obra de Modiano nunca acaba por resolverse esa búsqueda, y como si de una torre de naipes se tratara, la realidad parece frágil, siempre a punto de desmoronarse.

Lo inquietante de la obra y de la vida de este escritor es que las identidades se construyen con más incertidumbres que certezas y nos obligan a preguntarnos cuál es la biografía posible de una identidad que se busca a sí misma constantemente.

En todas sus novelas salen guías de teléfono antiguas y modernas. El autor no lo sabe explicar. Quizá el hecho de dejar un rastro en algún sitio. Recuerda una historia que le contaba Hutte sobre el “hombre de las playas”, aquel que salía en todas las fotos y nadie sabía ni como se llamaba. Y Hutte decía “en la arena no dura más que unos segundos la huella de nuestros pasos”. Habla de lo fútil y anecdótico que es nuestro paso por la vida.

Además tampoco hace referencia al tiempo vivido, se refieren a él como “el tiempo del diluvio” o “la noche de los tiempos” para hacer referencia al tiempo de la Ocupación, aquel que sigue entre nieblas en la memoria de los franceses.

Esta parte invita a la melancolía y a la añoranza de un tiempo pasado. Os dejo esta canción que se menciona en el libro y que resume muy bien la esencia de la historia.


¹Los rusos que huyeron de la revolución bolchevique. Los rusos blancos

En todas las guerras hay vencedores y vencidos. En el caso de la Revolución Rusa de 1917 los vencidos fueron la familia imperial, la vieja aristocracia y los cientos de miles de rusos que escaparon del país, presintiendo las purgas estalinistas. Se contabilizan entre 900.000 y 2 millones de exiliados rusos. Alrededor de 200.000 de estos exiliados se instalaron en Francia donde se les conoce como los “rusos blancos”.

Según Andrei Tereshchuk una “ola de emigración es una intensificación de los procesos migratorios en un periodo de tiempo delimitado. El término ola refleja de una manera precisa el carácter de la emigración rusa en el siglo XX”. Andrei establece cuatro olas migratorias rusas:

La primera ola de emigración rusa se produjo en la etapa 1917-1922. Esta ola migratoria, después de la caída del Imperio ruso, fue un hecho sin precedentes en la vida del país. El inicio fue la revolución de febrero de 1917 y la revuelta bolchevique en Petrogrado (hoy San Petersburgo) en octubre de ese mismo año. El régimen comunista estableció un régimen de terror contra los opositores. Esta represión política  y una profunda crisis económica llevaron a la salida del país de una parte de la población y al comienzo de la Guerra Civil Rusa. En este conflicto se formó el Movimiento blanco, contrapuesto al poder bolchevique. Después de la derrota de los blancos, los restos de sus ejércitos abandonaron Rusia. En relación a este proceso surgió el término “emigración blanca” (no todos los emigrantes de la primera ola participaron en el Movimiento blanco, aunque casi todos los emigrantes blancos pertenecen a la primera ola).

Posteriormente se dio otra ola migratoria entre 1939-1946, durante la Segunda Guerra Mundial.

La tercera ola sería entre 1946-1993 tomando como punto de partida el inicio de la Guerra Fría.

Y por último, la cuarta ola de emigración, desde 1993 hasta la actualidad. Coincidiendo con la desintegración de la URSS.


!Ahora os toca a vosotros!

  • El autor recrea el París de los años 60 como la ciudad de los recuerdos durmientes. ¿Reconocéis París como un personaje más de la  historia?
  • ¿Creéis que Guy encontrará su verdadera identidad? ¿como veis al personaje?
  • Plasmad vuestras impresiones generales de la novela.

Nos leemos,

El estigma de la Ocupación (1940-1945)

12 Feb

Soldados alemanes en un café de París frente a los Campos Elíseos. 1940.

El estilo sobrio de Modiano confiere a su novela un ambiente misterioso. Toda su obra literaria se concentra en la evocación de la Ocupación alemana, ese momento histórico sin precedentes en la historia de Francia y cuya clave quizá se halle en su novela autobiográfica, “Un pedigrí”. 

El abandono de unos padres que se conocieron en los años 40 en París y que vivieron en la semiclandestinidad, la falta de núcleo familiar y la muerte temprana de su hermano son circunstancias clave para entender las obsesiones del escritor. Perdido entre historias de secretismo y un pasado judío, Modiano se refugia también en esta novela en el pasado para intentar reconstruir su propia identidad.

Contexto histórico

Modiano sitúa toda su obra literaria en el París de la Segunda Guerra Mundial, concretamente durante el periodo de la ocupación alemana de Francia que ocurrió entre el 22 de junio de 1940 al diciembre de 1944. Ocupación que siempre supuso un periodo oscuro y humillante para los franceses. Un periodo del que quieren olvidarse.

La colaboración durante esos cinco años con la Alemania nazi hizo a Francia acomodarse a las exigencias del invasor a través de una legislación manifiestamente antisemita. El Régimen de Vichy, fundamentado en valores como “el trabajo, la familia, la patria, la piedad y el orden”, excluyó a los judíos de la vida en común, prohibiéndoles ejercer oficios como los de funcionario, banquero, profesor, médico o artista. A partir de 1942, les obligó a lucir la funesta insignia amarilla y participó en su exterminio en nombre de la reconversión aria de Europa, con la deportación de 75.000 personas que residían en el territorio francés.

Según el historiador Denis Peschanski , uno de los grandes especialistas en este periodo: “Los cientos de documentos, en su mayoría desclasificados por primera vez por las autoridades francesas, permiten reexaminar la actitud de los autóctonos durante la ocupación y los distintos grados de implicación que tuvieron en el avance del nazismo, desde el compromiso convencido e incondicional con la causa hitleriana a un acercamiento circunstancial y no necesariamente sincero. El objetivo es demostrar que el colaboracionismo pudo tener distintos grados, pero también que en ningún caso se trató de un fenómeno marginal. La colaboración no fue solo política, sino también económica, administrativa, policial, militar, ideológica y cultural. Vichy no fue una simple sucursal alemana, sino un sistema plenamente francés, ligado a la tradición de la extrema derecha local”.

La generación de Modiano

Modiano ha sabido captar en su obra la atormentada conciencia de la sociedad francesa ante la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, así como el ambiente bohemio e intelectual del París de esa postguerra, los convulsos acontecimientos de la descolonización de Argelia o de un cierto surrealismo en la vida cotidiana. Es la suya una generación profundamente influida por el frío experimentalismo matemático de Queneau y Perec, y el pensamiento filosófico de Albert Camus.

Todos ellos se irán impregnando de un característico existencialismo donde la realidad recordada, el paso del tiempo, la búsqueda de la propia identidad y el sentimiento de soledad tendrán una decisiva importancia.

El mundo de sus novelas

En sus novelas todo sucede siempre en el pasado. Un pasado que la sociedad francesa quiere olvidar. ¿Pero porqué sin haberlos vivido, habla de los años turbios del colaboracionismo, de la niebla de aquellos días en que hasta los traidores eran falsos y solo la muerte era verdadera?

En varias entrevistas, Modiano reconocía que, aunque nació en 1945, siempre le había sorprendido el silencio de los franceses sobre esa época, principalmente de los que sí la habían vivido: su familia, vecinos, amigos. Nadie hablaba de ese tema. Para Modiano “La memoria nos dice quienes somos, nos otorga una suma de códigos con los que nos presentamos; nos devuelve concretos y reales”. El personaje principal de “Calle de las tiendas oscuras” es una persona sin memoria, amnésica, que busca su pasado, recuperar su identidad y por eso esta novela comienza con la frase “No soy nada. Sólo una silueta clara, aquella noche, en la terraza de un café”.

Sobre su obsesión por ambientar sus novelas en el barrio XVI de París, burgués, aparentemente anodino, dominado a la vez por la sombra de la Torre Eiffel y por las sólidas mansiones, señaló en una entrevista “Por eso, porque no tiene nada de especial. Muchos lo consideran un típico barrio burgués. Pero no es así del todo. Tiene una parte de barrio anónimo, banal, sin monumentos históricos, donde uno puede imaginarse cosas. En otros barrios parisinos te sientes bloqueado por la historia. En Trocadero y sus alrededores uno puede observar las calles y la gente que las habita de una manera onírica”.

Las descripciones son escuetas, breves pinceladas de espacios urbanos con la intención de que el apego a los matices de lo sombrío dominen el ánimo descorazonador de todos sus personajes. Sus personajes son gente corriente. Su sintaxis es sencilla y esquemática pero tras cada frase se esconde un microcosmos. 

Espero que os guste la lectura.


Calendario

El viernes, 22 de enero, comentaremos el libro hasta el capítulo XIX, inclusive.

Nos leemos,

Nuestra próxima lectura: Calle de las Tiendas Oscuras de Patrick Modiano

11 Feb

Vamos a seguir con un novelista francés, Patrick Modiano y su novela “Calle de las Tiendas Oscuras” por el que recibió el prestigioso Premio Goncourt en 1978. En 2014 le concedieron el Premio Nobel de Literatura. 

Calle de las Tiendas Oscuras

Guy Roland es un hombre sin pasado y sin memoria. Ha trabajado durante ocho años en la agencia de detectives del barón Constantin von Hutte, que acaba de jubilarse, y emprende ahora, en esta novela de misterio, un apasionante viaje al pasado tras la pista de su propia identidad perdida. Paso a paso Guy Roland va a reconstruir su historia incierta, cuyas piezas se dispersan por Bora Bora, Nueva York, Vichy o Roma, y cuyos testigos habitan un París que muestra las heridas de su historia reciente. Una novela que nos sitúa ante un yo evanescente, un espectro que trata de volverse corpóreo en un viaje de retorno a un tiempo olvidado.

Esta búsqueda es también una poderosa reflexión sobre los mecanismos de la ficción, y Calle de las Tiendas Oscuras es una novela sobre la fragilidad de la memoria que, sin duda, perdurará en el recuerdo.

Se publicó en Francia en 1978 y ese mismo año ganó el Premio Goncourt.

Patrick Modiano 

Modiano nació en Bolonia-Billancourt en 1945. Novelista francés, ganó el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa (1972), el Premio Goncourt (1978) y el Premio Nobel de Literatura (2014). 

Italiano por parte de padre (que era de origen judío) y belga por parte de madre publicó su primera novela, El lugar de la Estrella, en 1968, que tuvo un éxito casi inmediato, y se convirtió en un escritor totalmente reconocido diez años después al recibir el premio Goncourt por la novela que vamos a leer ahora.

Autor de más de treinta novelas entre las que destacan La Plaza de la Estrella (1968), Villa triste (1975), Viaje de novios (1990), Un pedigrí (2004), En el café de la juventud perdida (2007), El horizonte (2010), Barrio perdido (2012) y La hierba de las noches (2014),

Una parte importante de su obra ha sido traducida al castellano por María Teresa Gallego Urrutia, que ha logrado recrear la claridad y ligereza del francés en el que escribe Modiano.

Varias de sus novelas han sido llevadas al cine y ha participado en la escritura del guión de algunas películas, entre ellas Lacombe Lucien de Louis Malle.

La Academia sueca ha argumentado que le concedió el Premio a Modiano “por su arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más difíciles de retratar y desvelado el mundo de la Ocupación”. Muchos críticos le han acusado de escribir siempre el mismo libro, lo que para sus detractores es un defecto pero para sus defensores es una bendición.

¡Espero que os guste!


Calendario de lecturas:

  • 11 de febrero (lunes): post presentación de la novela.
  • 12 de febrero (martes): post contexto histórico de la novela.
  • 22 de febrero (viernes): post comentarios hasta la página 127 (final capítulo XIX).
  • 01 de marzo (viernes): post comentarios hasta el final de la novela (desde capítulo XX).

Los que recogéis un ejemplar en la Biblioteca Fórum Metropolitano ya lo tenéis disponible en la Sala de adultos. ¡¡¡Acordaros de devolver el ejemplar de la Ley del menor!!! para que lo puedan utilizar en otros clubs de lectura.

¡Nos leemos!.

Ser aquella mujer

17 Mar

Pajarera. Foto en flickr or M. Martín Vicente. Algunos derechos reservados.

A pesar de que en Japón está a punto de comenzar una guerra civil fomentada por las fuerzas que se oponían a la entrada de extranjeros en el país, Hervé Joncour emprende su tercer viaje a la isla. En este tercer viaje, el lago Baikal es definido como “el último”. Ya en los dominios de Hara Kei, pudo ver, al final, de repente, el cielo sobre el palacio tiznarse por el vuelo de cientos de pájaros, como si fuera un estallido de la tierra, pájaros de todo tipo, desorientados, huyendo hacia cualquier parte, enloquecidos, cantando y gritando, pirotecnia explosión de alas y nube de colores disparada en la luz y de sonidos asustados, música en fuga, volando en el cielo. La pajarera ha sido abierta por la mujer quizá porque ella también desea salir volando. Hervé se ha encaminado con calma infinita hacia ella: era un hilo de oro que corría recto en la trama de una alfombra tejida por un loco. El hombre devuelve a la mujer la pequeña hoja de papel, regresad o moriré, que ella coge, mientras aprieta su mando con dulzura, y esconde en su vestido con una sonrisa. Aparece Hara Kei que sentencia sobre la huida de los pájaros: volverán. Es siempre difícil resistir la tentación de volver, ¿no es cierto?. Exactamente como le pasa a Hervé que no puede evitar volver a Japón a pesar de los peligros que conlleva. Está claro que desea ver a la joven, quizá sea lo que más desea en el mundo. En una fiesta en casa de Hara Kei, Hervé mil veces buscó los ojos de ella y mil veces ella encontró los suyos. Era una especie de triste danza, secreta e impotente. Hervé Joncour la bailó hasta bien entrada la noche. Después, se va a su casa, pero la noche le guarda una sorpresa: la chica le ha llevado a otra joven para que haga el amor con ella: la amó durante varias horas, con movimientos que nunca había hecho, dejándose enseñar una lentitud que desconocía. En la oscuridad, no importaba amar a aquella joven y no a ella.

Hervé vuelve bastante trastornado a Lavilledieu: por la noche entró en el lecho de Hélène y la amó con tanta impaciencia que ella se asustó y no consiguió retener las lágrimas. Lágrimas de felicidad porque quizá sea la primera vez que su marido la haya amado de esa manera (que es lo que ella debe desear más que nada en el mundo). Como un hombre. Aquí cobra importancia la teoría que hemos aventurado en los comentarios sobre que Hervé busca (¿buscaba?) en Hélène a una madre y no a una mujer, ¿qué opináis los demás? Hervé se retira de la vida social del pueblo y compra la casa de Jean Berbeck, aquel que dejó un día de hablar y no volvió a hablar hasta su muerte (más simbolismos), se encierra en ella de vez en cuando y trabaja en su proyecto del parque en el que quiere incluir una pajarera para llenarla de pájaros y después, un día en el que suceda algo feliz, se abren sus puertas de par en par y se mira cómo vuelan libres (más simbolismos).

Hervé sigue raro y su mujer lo lleva a Niza convencida de que la serenidad de un refugio apartado conseguiría apaciguar el humor melancólico que parecía haberse apoderado de él. Allí parecen ser felices y sienten la suerte de amarse. Pero, de nuevo, vuelve la necesidad de comprar más huevos y para ello hay que ir a Japón. Pero en Japón ya ha estallado la guerra y están matando a muchos extranjeros. Es tan peligroso ir que Baldabiou no se atreve esta vez a pedirle que vaya y además tiene otras alternativas. Pero Hervé lo único que desea es volver y toma él la decisión bajo su única responsabilidad: Yo voy a ir al Japón, Baldabiou. Voy a comprar esos huevos, y si es necesario, lo haré con mi dinero. Tú debes decidir únicamente si os los venderé a vosotros o a cualquier otro.

El 10 de octubre de 1864, Hervé Joncour partió para su cuarto viaje al Japón. En este cuarto viaje, el lago Baikal es definido como “el santo”. Al llegar se encuentra con un país en guerra y con la aldea de Hara Kei destruida: no quedaba nada. No quedaba ni un alma. El fin del mundo. A pesar de darse cuenta de la inutilidad de su empresa, no era capaz de marcharse. Y de pronto surge un chico de la nada que, además, lleva el guante que Hervé había dejado caer al lado del vestido de la joven en la orilla del lago en su segundo viaje a Japón. Y decide seguirle más allá del fin del mundo. El chico no tiene más de catorce años: tocaba constantemente un pequeño instrumento de bambú, con el que reproducía el canto de todos los pájaros del mundo. Tenía el aspecto de estar haciendo la cosa más hermosa de su vida. Después de cinco días de viaje encuentran una caravana que dirige Hara Kei, el chico desaparece buscando un ademán para decir que había sido un viaje bellísimo. Hara Kei le recibe diciéndole que se marche, aquí no hay nada para vos. Pero Hervé no se va y poco después encuentra al chico ahorcado: el Japón es un país antiguo, ¿sabéis? Sus leyes son antiguas: dicen que hay doce crímenes por los que es lícito condenar a muerte a un hombre. Y uno de ellos es llevar un mensaje de amor de la propia ama le dice Hara Kei que sabe perfectamente el motivo por el que el hombre está allí. Y precisa: Él era un mensaje de amor […] Marchaos, francés. Y no volváis nunca más. Hervé parte sin haber llegado a ver a la joven no sin antes comprar huevos de gusanos de seda que morirán en el camino.

El negocio de la seda se ha ido a pique y para salvar de la miseria a las gentes de Lavilledieu, Hervé contrata a decenas de personas para que construyan su parque. Pero él no es feliz. Baldabiou sabe que algo le ha pasado desde que comenzó a viajar a Japón: total, a alguien tendrás que contarle, antes o después, la verdad. Hervé se la cuenta: ni siquiera llegué a oír nunca su voz. Es un dolor extraño. Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.

A los seis meses de su regreso, Hervé Joncour recibe una carta de siete hojas escrita en ideogramas japoneses, sin nombre, sin dirección, sin ninguna palabra escrita en caracteres occidentales: cenizas de una voz quemada. Durante cuatro días llevará la carta consigo sin abrirla nunca, sólo una noche la mirará a contraluz: en transparencia, las huellas de los minúsculos pájaros hablaban con voz desenfocada. Decían algo absolutamente insignificante o algo capaz de desquiciar una vida: no era posible saberlo, y eso le gustaba a Hervé Joncour (¿Por qué?). Al quinto día (de nuevo, el quinto día) se dirige a Nimes con la intención de que Madame Blanche le traduzca la carta. Han pasado tres años desde la última vez que la visitó. La carta: sexo, deseo, amor, entrega, pero, también un adiós definitivo.

Hervé Joncour pasó los años que siguieron escogiendo para sí la vida límpida de un hombre ya sin necesidades. Sus días transcurrían bajo la tutela de una mesurada emoción. En Lavilledieu la gente volvió a admirarle, porque en él les parecía advertir un modo exacto de estar en el mundo. Viaja de vez en cuando con Hélène: todo les sorprendía; en secreto, incluso su propia felicidad. Hervé ha recuperado la calma, la indestructible calma de los hombres que se sienten en su lugar. Pareciera que la carta ha terminado con sus ansias y su infelicidad. Su intensa insatisfacción. Ahora parece un hombre satisfecho que ha optado por una vida sin sobresaltos donde todo ocupa su lugar. De vez en cuando, en los días de viento, Hervé Joncour bajaba hasta el lago y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida. El lago. ¿Qué simboliza el lago según vosotros?

El 16 de junio de 1871, Baldabiou abandona Lavilledieu. Nadie sabe adónde va. Hélène le abraza llorando, ¿quién sabe qué secretos les habían unido? Quizá Baldabiou le había dado a Hélène la llave para que abriera y entendiera todo lo que le había pasado a su marido. Quizá. Tres años después, Hélène enferma y muere. En su tumba, Hervé, hace esculpir una sola palabra: “Hélas” (que significa: desgraciadamente, por desgracia. Pero también: ay, ojalá. ¿Con cuál de las dos nos quedamos? ¿O valen las dos?). Hervé, sin desesperación, continúa su vida ordenada trabajando incansablemente en su parque. Vivirá todavía veintitrés años más con serenidad y buena salud. Sus costumbres le preservarán de la infelicidad y cuando la soledad sea muy grande, irá al cementerio a hablar con Hélène, su amada esposa. Como veis no he desvelado el gran secreto final que contiene esta novela. Eso os lo dejo a vosotros para que os explayéis en vuestros comentarios. Sólo una última pregunta: ¿qué os parece ese final? ¿Os lo esperabais? O, por el contrario, ¿os ha sorprendido? ¿Es un buen broche final? ¿Sí? ¿No?

Plazos
Disponéis de una semana para comentar esta segunda parte de la novela así como para exponer vuestras conclusiones finales sobre esta hermosa historia. ¡Espero con muchas ganas vuestras opiniones!

Era como tener la nada entre las manos

7 Mar

Foto en flickr por rrbhs99. Algunos derechos reservados.

Comienza Seda, con la concisión que la caracteriza, situándonos en el espacio y el tiempo, presentándonos a su protagonista, Hervé Joncour y explicándonos en qué consiste su profesión y cómo es su vida en Lavilledieu. Las repeticiones, que marcan el ritmo de la novela, están presentes ya desde el primer momento. En el capítulo 5 aparece Baldabiou, el artífice de esta historia, el mago que convierte a Lavilledieu, veinte años atrás en uno de los principales centros europeos de cría de gusanos y de producción de seda. El original y único Baldabiou que no se quiere quedar con todo el negocio, revelándoles a otros empresarios los secretos del oficio porque eso le divertía mucho más que ganar dinero a espuertas. Enseñar. Y tener secretos que contar. Así era aquel hombre. Asimismo, Baldabiou cambia el destino de Hervé doce años después de comenzar el negocio de la seda convirtiéndole en el viajero que irá en busca de los gusanos a Egipto: viajó en un barco que se llamaba Adel. Hasta los camarotes llegaba el olor de la cocina, había un inglés que decía que había combatido en Waterloo, la noche del tercer día vieron delfines que brillaban en el horizonte como olas embriagadas, en la ruleta salía siempre el número dieciséis. Cuando vuelve de su primer viaje, Baldabiou sólo le pide que le hable de los delfines: así era Baldabiou. Nadie sabía cuántos años tenía.

Pero la epidemia de prebina que había destruido los huevos de los cultivos europeos se extendió a través del mar, alcanzando a África. Todo parece indicar el principio del fin del próspero negocio de la seda pero, una vez más, Baldabiou tiene la respuesta al problema y la solución. Hervé, como ochos años antes, dejaba que aquel hombre reescribiera ordenadamente su destino y éste es que tiene que ir siempre recto. Hasta el fin del mundo: Japón. Una isla que durante doscientos años había vivido completamente separada del resto de la humanidad, rechazando cualquier contacto con el continente y prohibiendo el acceso a todo extranjero. Pero serán los americanos los que en 1853 conseguirán la apertura a los extranjeros de dos puertos en el norte del país y el establecimiento de las primeras, mesuradas, relaciones comerciales. Baldabiou sabe que allí se produce la seda más bella del mundo. Lo hacían desde hacía más de mil años, según ritos y secretos que habían alcanzado una mística exactitud. El aislamiento de Japón, piensa acertadamente Baldabiou, la ha preservado de cualquier epidemia. El problema es que los japoneses no se oponen a vender su seda, pero los huevos, ésa es otra historia. Los huevos no los sueltan. Y si intentas sacarlos de la isla estás cometiendo un crimen. Pero nada arredra a Baldabiou ni, consecuentemente, a su fiel servidor, Hervé Joncour. El seis de octubre se despide de Hélène, su mujer, que era una mujer alta, se movía con lentitud, tenía un largo cabello negro que nunca se recogía en la cabeza. Tenía una voz bellísima.

Comienza el primer viaje de Hervé a Japón. Cada vez que comience uno de estos viajes el narrador repetirá el itinerario que seguirá el viajero en un extenso párrafo exactamente igual, excepto en la frase: viajó durante cuarenta días hasta llegar al lago Baikal, al que la gente del lugar llamaba mar. En sucesivos viajes la palabra “mar” será sustituida por “el demonio”, “el último” y “el santo”. ¿A qué creéis que se debe este cambio de nombres? ¿Cuál podría ser su significado simbólico? ¿Creéis que cada una de estas palabras puede tener que ver con las características de cada uno de los viajes? Yo os adelanto que para mí es un enigma que no he logrado descifrar así que espero con mucho interés vuestras opiniones al respecto.

Una vez allí, Hervé será conducido hasta el hombre más inexpugnable del Japón, al amo de todo lo que el mundo conseguía arrancar de aquella isla, Hara Kei, que quiere saber quién es este francés. El autor se demora con todo tipo de detalles en este encuentro a lo largo de cuatro capítulos porque tiene un poderoso motivo ya que junto al amo de todo se encuentra una mujer tendida junto a él, inmóvil, con la cabeza apoyada en su regazo, los ojos cerrados, los brazos escondidos bajo el amplio vestido rojo que se extendía a su alrededor, como una llama, sobre la estera color ceniza. Mientras Hervé, a petición de Hara Kei, le está contando su vida como nunca en su vida lo había hecho, la muchacha abre los ojos y es en ese momento, crucial en esta historia, cuando éste se da cuenta de que aquellos ojos no tenían sesgo oriental, y que se hallaban dirigidos, con una intensidad desconcertante, hacia él: como si desde el inicio no hubieran hecho otra cosa, por debajo de los párpados. A partir de ahí, el encuentro gira alrededor de esa mirada fija en los ojos de Hervé Joncour. Todo parece paralizarse a pesar de que Hervé conserva la compostura y continúa hablando. El único gesto de la muchacha será deslizar lentamente su mano hacia la taza de té en la que él ha bebido y llevársela a sus labios en el mismo lugar en el que Hervé había depositado los suyos momentos antes: los ojos abiertos, fijos en los de Hervé Joncour. Él beberá de nuevo en el mismo lugar de la taza. Ese gesto tan sutil pero tan lleno de significado y simbolismo será el inicio de un cambio que trastocará por completo la vida de Hervé Joncour.

Ya de vuelta en Francia, cuando Baldabiou le pregunta cómo es el fin del mundo, él le contestará: invisible. Al igual que la seda que varias veces es definida como “la nada”. Parece como si lo que está pasando, en realidad no está pasando, como si fuera un sueño, algo irreal. Quizá es así como lo está viviendo nuestro protagonista que, rico, decide comprar un terreno y diseñar para él un parque donde sería leve, y silencioso, pasear. Lo imaginaba invisible como el fin del mundo. Es como si Hervé hubiera entrado en otra dimensión, etérea, inmóvil, debido a ese encuentro mudo con la enigmática muchacha. Estamos en 1862, Hervé cumple treinta y tres años y llovía su vida, frente a sus ojos, espectáculo quieto.

Nuestro protagonista emprende su segundo viaje a Japón. Es hospedado durante cuatro días por Hara Kei. El encuentro inicial será en las orillas de un lago. De nuevo, cruce de miradas con la muchacha que se despoja de un vestido naranja y se sumerge en el lago. Cuando los dos hombres abandonan la orilla después de pasar horas hablando y callando, Hervé dejó caer uno de sus guantes junto al vestido de color naranja, abandonado en la orilla. De nuevo un gesto lleno de simbolismo. Durante esos cuatro días la vida discurría en voz baja, se movía con una lentitud astuta, como un animal acorralado en su madriguera. El mundo parecía estar a siglos de distancia. Para hacer todo más extraño, más irreal, un inglés, que está de paso, le comenta a Hervé ante su pregunta sobre si conoce a una mujer joven blanca que viva allí: no existen mujeres blancas en Japón. No hay ni una sola mujer blanca en Japón. El silencio, el enigma, la soledad rodean a Hara Kei y a su casa. Hay numerosos pájaros, bien volando con grandes alas azules en cuyo vuelo la gente lee su futuro o bien, en una gigantesca jaula, loca prenda de amor, que hace que a Hervé todo le parezca un teatro, una representación cargada de símbolos. La última noche, durante el ritual del baño, una mano de mujer joven le pone un paño en los ojos, le baña con toda la delicadeza del mundo y, finalmente, le deja un papel dentro de su mano: se puso a observar la luz que temblaba, borrosa, en la lámpara. Y, con cuidado, detuvo el Tiempo durante todo el tiempo que lo deseó. No fue nada, después, abrir la mano y ver aquella hoja de papel. Pequeña. Unos pocos ideogramas dibujados uno debajo del otro. Tinta negra.

Hervé regresa a Francia con su cargamento de huevos de gusanos de seda (que siempre consigue sacar a escondidas de la isla). Su mujer le recibe con dulzura y amor. Transcurren cuarenta y un días de vida tranquila pero no se ha olvidado del papel, imposible, necesita saber qué dice y de nuevo recurre a Baldabiou que lo envía a visitar a Madame Blanche, una rica japonesa propietaria de un burdel en Nimes que lleva en los dedos, como si fueran anillos, unas pequeñas flores de color azul intenso. “Regresad o moriré”, eso es lo que dicen los ideogramas. La enigmática madame le recomienda que lo deje estar: no morirá y vos lo sabéis. El narrador no nos dice explícitamente en ningún momento lo que piensa o siente Hervé. Todo son signos cargados de simbolismo, todo es sutil, todo lo tenemos que descifrar de sus gestos, miradas o acciones. Así que, sin saber lo que piensa o siente ante esas palabras, Hervé por primera vez en su vida llevó a su mujer aquel verano a la Riviera. La vida continúa y quieren tener un hijo que se llamará Philippe. Él la ama y se lo dice, le dice: te amaré siempre. Esa parece la respuesta a todo aunque en un rincón escondido de su despacho conservaba una hoja doblada en cuatro, con unos pocos ideogramas dibujados uno debajo del otro, tinta negra.

Plazos
Disponéis de una semana para comentar esta primera parte de la lectura. Espero que sean numerosos vuestros comentarios e impresiones y podamos entre todos descifrar todo el simbolismo que contiene esta lectura. A la vez, seguiremos leyendo desde el capítulo 31 (página 61) hasta el final de la novela. ¡Por favor no comentéis nada de la segunda parte hasta que publique el post sobre ella dentro de una semana! Gracias. 🙂

Seda: una fábula exquisita

1 Mar

Silk. Foto en flickr por eatswords. Algunos derechos reservados.

Como dice su autor, Alessandro Baricco, ésta es una historia decimonónica. Sucede en la segunda mitad del siglo XIX entre Francia y Japón. Dividida en sesenta y cinco breves (a veces, brevísimos) capítulos, esta novela corta, más allá de lo que cuenta, se caracteriza por su estilo: sencillo, preciso, claro, casi transparente como la mejor seda, conciso y original. Casi ascética, Seda va a la esencia en su manera de narrar una sutil historia de amor. Su economía de palabras la suple el autor con una gran riqueza de imágenes, es muy visual. Es etérea, irreal, misteriosa, mágica, toda ella está impregnada de un halo de melancolía casi lacónica y, sobre todo, posee una gran cantidad de elementos simbólicos que quizá pueden dificultar su interpretación (lo veremos en los comentarios). Está narrada de tal manera que deja mucho a la imaginación del lector. El título se refiere tanto al tema como a la forma: la novela está escrita con la misma delicadeza con que se teje la seda. Asimismo, la seda aparece en varios momentos como símbolo de la nada: una vez había tenido entre los dedos un velo tejido con hilo de seda japonés. Era como tener entre los dedos la nada” […] “A su mujer, Hélène, le trajo de regalo una túnica de seda que ella, por pudor, nunca se puso. Si se sostenía entre los dedos era como coger la nada.

Otra característica de Seda es el ritmo que posee. Se aprecia que Baricco ha cuidado mucho este aspecto. La novela tiene música. Utiliza mucho las repeticiones para conseguirlo así como la estructura de cada uno de los capítulos que se establecen como si de una canción se tratase. También la alternancia de capítulos breves y algo más extensos sigue un ritmo perfectamente regular. La línea narrativa sube y baja, ondula rítmicamente. Al respecto dice el autor: todas las historias tienen música propia. Ésta tiene una música blanca. Es importante decirlo porque la música blanca es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutan bien es como oír el silencio y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles. La música blanca es algo rematadamente difícil. En estas palabras se percibe el listón tan alto que se ha puesto Baricco para hacer de Seda una novela diferente, única. Con sus palabras el autor nos quiere decir que detrás de su aparente sencillez hay mucho trabajo y reflexión. Que podría parecer una novela simple pero que, si escarbamos un poco, descubriremos que es muy compleja. Respecto a esto hay que decir que la novela tiene tantos defensores como detractores. Hay quien dice que es sublime y, por el contrario, otros afirman que es casi un bluf, que apenas hay nada detrás de su empeño. Cuando llegue el momento de comentarla, podremos discutir sobre lo que nos parece a cada uno de nosotros. Esta novela hizo famoso a su autor en casi todo el mundo. Su éxito de ventas y lectores le hicieron un hueco entre los autores actuales más conocidos, pero la polémica siempre ha ido con él. ¿Es bueno? ¿Es mediocre? ¿Es profundo? ¿Es superficial? En su debido momento lo comentaremos.

Seda narra gran parte de la vida de Hervé Joncour, un comprador y vendedor francés de gusanos de seda que recorre el mundo en su búsqueda. Casado y sin hijos, vive en un pueblo tranquilo, Lavilledieu, que se dedica casi por entero a la producción de seda. Ha sido Baldabiou, un peculiar personaje clave en esta historia, el que ha introducido esta empresa en el pueblo y ha sido también el que ha escogido a Hervé para que sea el que vaya a la compra de los huevos. El padre de Hervé, alcalde de Lavilledieu, había imaginado para él un brillante porvenir en el ejército, pero finalmente será la voluntad de Baldabiou la que cambiará el destino de Hervé Joncour. Cuando los huevos en Europa comienzan a ser pasto de epidemias, Hervé irá a Siria y a Egipto a por ellos, pero pronto también se verán contaminados por las plagas por lo que Baldabiou decide que hay que ir al fin del mundo, a la misteriosa Japón que lleva doscientos años viviendo completamente separada del resto de la humanidad, rechazando cualquier contacto con el continente y prohibiendo el acceso a todo extranjero. Pero Japón se está abriendo paulatinamente al comercio con el exterior y así comienzan los viajes de Hervé a este misterioso y exótico país en busca de las larvas de seda de la mejor calidad que le harán rico. Será allí donde vivirá una experiencia amorosa (¿o un deseo erótico?) no consumada con una joven no oriental que condicionará su vida. Además de los viajes físicos y reales, paralelamente hay un viaje interior del protagonista, que propiciará el viaje externo, hacia sus propios sentimientos y hacia la esencia de su ser. El autor nos muestra el conflicto existencial que vive Hervé Joncour. Y aunque Baricco diga que no es una novela de amor, éste, en todas sus facetas, es el tema principal: entrega, deseo, seducción, obsesión, erotismo…

Los personajes apenas están esbozados, nunca sabemos mucho de ellos ni de sus sentimientos, sólo el protagonista está algo más perfilado y ya desde el principio el narrador, en tercera persona, nos lo describe como uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla. Hervé se moverá entre dos tipos de amor, uno sereno, cotidiano, real y otro misterioso, prohibido, idealizado, pasional, sobre todo a través de las miradas pero que le abrirá una brecha profunda en su vida y su sentir convencional y mesurado. El milagro es que ambos conviven y que uno no desplaza al otro. También se nos hablará sucintamente sobre esa Francia y ese Japón de los años sesenta y setenta del siglo XIX, de los viajes, del cultivo de la seda. Hay en toda la obra una aire de fábula, ¿con moraleja?, que la hace, ya he dicho, irreal y atemporal. La no-historia en el no-tiempo. Es un triple salto mortal literario el que Baricco intenta en esta breve novela en la que apenas hay diálogos, y cuando los hay están cargados de significado, en la que predominan las descripciones precisas, las miradas, los gestos, los sentimientos… todos marcados por un ritmo musical muy pausado.

Hay quien ha dicho que Seda consigue emular la estructura narrativa de los haikus. Una forma de poesía tradicional japonesa compuesta por tres versos de cinco, siete y cinco moras. En ellos, el poeta describe una emoción profunda generalmente provocada por la percepción de la naturaleza, siempre manteniendo un estilo asimétrico caracterizado por la sencillez, la austeridad y la naturalidad de sus composiciones.

En declaraciones al diario El País, realizadas en mayo de 1997 con motivo de la publicación de Seda en España, Alessandro Baricco afirmaba: no me gusta tratar con las cosas que ya conozco, por eso mis personajes son bastante mágicos, las historias poco corrientes y los lugares inexistentes en el mapa. Añadiendo respecto a la influencia de la música en la estructura de sus novelas que yo no me doy cuenta, pero lo cierto es que voy escribiendo y de repente advierto que me ha salido, por ejemplo, un rondó. A menudo mis libros se pueden leer como una partitura, están construidos sobre una estructura musical.

Existe una versión cinematográfica de 2007 titulada Silk, del director canadiense François Girard, protagonizada por Michael Pitt, Keira Knightley, Alfred Molina y Miki Nakatani. Las críticas no fueron muy buenas.

Os dejo también tres enlaces sobre la obra. Uno es una crítica literaria realizada por Fernando Fuentes Pinzón en YouTube. Otra, muy breve, es un fragmento animado de la novela. Y, por último, una entrevista a Alessandro Baricco (subtitulada en español) de treinta minutos realizada en 2014 por Héctor de Mauleón para el Círculo Editorial Azteca de México. En ella, el autor habla de su obra en general, de su manera de enfrentarse a la escritura, de sus influencias… Es muy interesante porque además Baricco no se prodiga mucho en entrevistas.

Plazos
Como la novela es corta, 125 páginas, he dudado si dividir la lectura en dos partes o no. Finalmente he decidido dividirla para intentar profundizar más en ella y en sus símbolos. Leeremos a lo largo de una semana hasta la página 60 inclusive. Como he observado que algunos no respetáis los plazos (seguramente por desconocimiento de las reglas si sois nuevos o por despiste) y dejáis vuestros comentarios (a veces en el post que no le corresponde) no únicamente sobre la parte establecida sino, a veces, sobre la novela en su totalidad cuando estamos todavía en la primera parte, por favor, os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!