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Tengo que matarte, María. Me has dejado solo

12 Jul

Continuamos la lectura a la luz de los comentarios que habéis hecho. A partir del capítulo XXI los acontecimientos se van a ir desencadenando hasta llegar al final que ya conocemos. Como consecuencia de su proceder con María, Castel se desprecia a sí mismo y cae en una espiral de alcohol, prostitutas y coquetea con la idea del suicidio (reflexión incluida). Los sueños, y la importancia que les da el protagonista, están muy presentes en esta novela, en ello se ve la influencia de Freud y el psicoanálisis en el autor.  Además, éstos nos ayudan a conocer más la mente y la personalidad de Castel. Éste, en su ir y venir de la desesperanza a la esperanza, envía una serie de cartas a María hasta que ésta le invita a la estancia. Al llegar, asiste a una snob y frívola conversación, que le asquea, entre Hunter y su prima Mimí. Hablan de pintura, literatura… y, a pesar de su frivolidad, la conversación contiene mucha ironía y humor, lo que se agradece en medio de tanta gravedad.

Todo el texto está plagado de comentarios de Castel del tipo prometiéndome examinar el fenómeno cuando estuviese solo. Todo lo que vive lo analiza exhaustiva y obsesivamente cuando se queda solo. Busca respuestas, explicaciones a los hechos, disecciona todos los posibles puntos de vista… Abruma esa personalidad pues, además, sus conclusiones son siempre erróneas, enfermas, contradictorias, fruto del vaivén al que somete a su mente.

Por fin se ve a solas con María que, a pesar de todo, le despierta sentimientos positivos: entre este ser maravilloso y yo hay un vínculo secreto […] ella había empezado a serme indispensable, incluso reflexiones acertadas de su erróneo proceder: ahora que puedo analizar mis sentimientos con tranquilidad […] siento que, en cierto modo, estoy pagando la insensatez de no haberme conformado con la parte de María que me salvó (momentáneamente) de la soledad. Ese estremecimiento de orgullo, ese deseo creciente de posesión exclusiva debían haberme revelado que iba por mal camino, aconsejado por la vanidad y la soberbia. Ella, ante la inmensidad del mar y un cielo tormentoso (alusión a la simbología romántica) le abre su corazón como nunca lo ha hecho antes, pero, él, como siempre, comienza a torturarse adelantándose a la idea de perderla: sentí que ese momento mágico no se volvería a repetir nunca. “Nunca más, nunca más”, pensé, mientras empecé a experimentar el vértigo del acantilado y a pensar qué fácil sería arrastrarla al abismo, conmigo.  Está tan abrumado que ni la escucha, en un momento en el que parece que ella le está confesando hechos importantes de su pasado: me pareció que María me había estado haciendo una preciosa confesión y que yo, como un estúpido, la había perdido. Está claro que Castel no puede ser feliz.

Y como no puede ser feliz pronto encuentra el móvil, a través de sus obsesivos análisis de los hechos, para acabar con ese amor que le resulta imposible: María es amante de Hunter. Castel se va de la estancia sin despedirse y, a partir de ese punto, los acontecimientos se precipitan. Los capítulos se acortan, los hechos se suceden vertiginosamente como un “fatum” sin una posibilidad de una vuelta atrás.

Los días que precedieron a la muerte de María fueron los más atroces de mi vida. Me es imposible hacer un relato de todo lo que sentí, pensé y ejecuté, pues si bien recuerdo con increíble minuciosidad muchos de los acontecimientos, hay horas y hasta días enteros que se me aparecen como sueños borrosos y deformes. Así comienza el capítulo XXIX. El alcohol le lleva a un estado de locura semiinconsciente. Se emborracha en tugurios de mala muerte, pasa por la comisaría, lleva a una prostituta a su casa a la que después echa a patadas porque su expresión de simulación le recuerda a María, destruye su obra y en especial el cuadro de la ventana, logra hablar con María y la convence con chantajes de que se vuelvan a ver. Pero ella no acude a la cita. Llega a la conclusión de que María le ha dejado solo para siempre, que prefiere estar con Hunter. No lo soporta, y una noche, de nuevo con tormenta, marcha enloquecido a la estancia y la mata. Después, vuelve a Buenos Aires y va a contárselo todo a Allende, el marido ciego de María. Este reacciona sólo con dos exclamaciones: ¡imbecil! e ¡insensato! Castel se entrega en comisaría: sentí que una caverna negra se iba agrandando dentro de mi cuerpo.

Castel ha escrito el relato unos meses después de todo lo ocurrido. Allende se ha suicidado y él, que está muy cansado, tanto para no poder analizar como antes, aún así quiere saber el significado de ese ¡insensato!, y los motivos que han llevado al viudo al suicidio. El final queda abierto. Castel, en la cárcel, pinta y concluye la novela con estas palabras: y los muros de este infierno, serán, así, cada día más herméticos. Fin de este estremecedor retrato de un hombre perdido que ha vivido toda su vida en un túnel solitario y oscuro.

Plazos

Comentaremos esta segunda parte y la novela en general a lo largo de una semana más o menos. Después cerraremos temporalmente el Club por vacaciones estivales.

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Estoy caminando a tientas, y necesito su ayuda porque sé que siente como yo

5 Jul

Desde el principio de la novela comprobamos la “enfermedad” que domina a Castel. Es un ser enfermo y nos va a contar toda su historia desde ese lugar.

En la introducción de Ángel Leiva podemos leer que Sábato tuvo una adolescencia solitaria, tímida y dueña de una angustia permanente. ¿Cuánto del escritor se esconde detrás de su protagonista Juan Pablo Castel, sobre todo en sus reflexiones? ¿Qué opináis al respecto?

En la técnica no es un buceador, un experimentador. Es una novela de desarrollo lineal, una novela psicológica y existencial. Es más importante el contenido. Sábato siempre ha dicho que él nunca es demasiado consciente de lo que escribe, que son los personajes y la estructura del mundo creado los que le dirigen. La manera en que Castel nos cuenta su historia es prolija en detalles, lo narra todo muy minuciosamente, se enzarza en explicaciones, en analizar todas las variantes posibles antes de que ocurran como buen obsesivo que es. Reflexiona sobre lo que hace sin juzgarlo, nunca hay autocrítica, arrepentimiento, sin embargo sí que hay crítica para los demás. Sólo en una ocasión dice: ¡Ah, y sin embargo te maté! ¡Y he sido yo quien te ha matado, yo, que veía como a través de un muro de vidrio, sin poder tocarlo, tu rostro mudo y ansioso! ¡Yo, tan estúpido, tan ciego, tan egoísta, tan cruel!, pero, a continuación, añade: basta de efusiones. Dije que relataría esta historia en forma escueta y así lo haré.  Él dice en varias ocasiones que quiere narrar de una manera imparcial. ¿Creéis que lo logra? Yo creo que no. Todo está teñido de subjetividad, juicios, crítica. No hay sentimientos en él, hay obsesión enfermiza, paranoica. Sólo está contento en contadas ocasiones y le dura poco (¡Ay! Mis sentimientos de felicidad son tan poco duraderos…). Siempre está triste, angustiado, temeroso, inseguro, insatisfecho. Es un ser tortuoso. Se castiga a sí mismo. Sólo el sufrimiento le da un sentido a su ser. Todo el relato es una obsesión neurótica.  

Soledad, incomunicación, desesperanza, angustia, inseguridad, amor posesivo, celos… todo este cóctel da como resultado la imposibilidad.

¿Qué simboliza la ventana del cuadro? La descripción que hace Castel es la siguiente: arriba, a la izquierda, a través de una ventanita, se veía una escena pequeña y remota: una playa solitaria y una mujer que miraba el mar. Era una mujer que miraba como esperando algo, quizá algún llamado apagado y distante. La escena sugería, en mi opinión, una soledad ansiosa y absoluta. ¿Y el túnel? Para Leiva, la ventana simboliza el regreso al país de la infancia que lo plantea como algo inalcanzable. Castel persigue lo inalcanzable. Y el túnel es la verdad, lo oscuro de la verdad. Pero ¿qué opináis vosotros de ambas cosas?

Castel siente identificación con María porque ésta mira hacia el mismo lugar que él, y de ahí surge el amor, que para Castel es encuentro en la identificación y en el ser comprendido, y una vez juntos, recuperar esa infancia mitificada como lugar de verdad y ser uno mismo. Ese es el deseo pero no la realidad.

¿Qué siente María? ¿Qué quiere María? Parece que le quiere, que encuentra una identificación pero habla poco, huye cuando es más requerida por él, es esquiva, su mundo y sus relaciones con su marido y con Hunter son misteriosas, no quedan claras en ningún momento. Ahonda poco en el personaje. Siempre va a quedar a la sombra de Castel. Como la novela está escrita desde el punto de vista de él podemos pensar que éste no llega a entenderla, a conocerla, sumido en sus análisis exhaustivos que no le llevan a nada. Cuando, por fin, comienzan una relación (durante más de un mes nos vimos casi todos los días. No quiero rememorar en detalle todo lo que sucedió en ese tiempo a la vez maravilloso y terrible), Castel la interroga continuamente, la cuestiona, la maltrata incluso con insultos, no se concede a sí mismo la posibilidad de ser feliz.

El existencialismo de la novela se percibe en párrafos como éste: a veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil.

Finalizamos esta primera parte con el capítulo XX, una interesante reflexión sobre la disociación de Castel: ¡cuántas veces esta maldita división de mi conciencia ha sido la culpable de hechos atroces! Mientras una me hace ver la belleza del mundo, la otra me señala su fealdad y la ridiculez de todo sentimiento de felicidad. María huye ante palabras crueles. De tanto tirar de la cuerda ésta se rompe. Las últimas palabras del capítulo lo corroboran: algo se había roto entre nosotros.

Es hora de vuestros comentarios. Venga, animaos.

Plazos

Continuaremos leyendo a lo largo de una semana desde el capitulo XXI hasta el final de la novela.

El túnel: retrato de una obsesión

27 Jun

Foto de Natharael en flickr. Algunos derechos reservados.Antes de nada, quiero empezar diciendo que la edición de El túnel que vamos a leer viene con una amplia y detallada introducción a cargo de Ángel Leiva que os recomiendo que leáis para situaros en la obra, en su contexto y en la figura de Ernesto Sábato.

Sábato, Doctor en Físicas, vivió en París becado por un laboratorio en los años previos a la 2ª Guerra Mundial. En aquel otoño que precedió a la guerra comprendí que mi vocación era definitivamente la literatura. A ello le empujó su amistada con escritores y pintores del movimiento surrealista, especialmente André Bretón. Pero no será hasta 1948, ya instalado en Argentina, que publica su primera novela, El túnel.

Esta nouvelle es, a la vez, una novela psicológica (se le ha comparado con Dostoievsky) y existencialista. En aquellos tiempos la corriente filosófica existencialista de Sartre y Camus estaba en pleno apogeo. Este último dijo cuando la leyó: admiré su sequedad, su intensidad y aconsejé a Gallimard su traducción al francés. Espero que encuentre en Francia todo el éxito que merece

La novela es una introspección psicológica del protagonista, Juan Pablo Castel, hecha por él mismo ya que está escrita en primera persona. Desde el momento que el autor escoge para la narración la primera persona sabemos que sólo podremos tener ese punto de vista subjetivo de todo lo ocurrido que es, ni más ni menos, que un crimen perpetrado por él. A través de un magistral monólogo, Sábato se pone en la piel de un asesino obsesivo hasta rayar lo paranoico, enfermizo en su pasión amorosa, tortuoso, asocial y destructivo. Pero también, más allá de la introspección psicológica, hay un cuestionamiento existencial sobre el ser humano que vive inmerso en una sociedad muy imperfecta (personificada en la vida en las ciudades, en oposición al campo, que enajena a los que la habitan y que conduce al hombre a la incomunicación) que le lleva a la soledad, al miedo, a la angustia, a la desesperanza, al absurdo de estar vivos: ¿toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes? Y en medio de todo esto está el amor. El amor entendido por el protagonista como una pasión absoluta e intensa que dé sentido a todo y que pueda ser la respuesta a todo. Pero el amor también termina por ser imposible entendido de esa manera tan total. Castel está en un túnel desde su infancia y no puede salir de él: en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío.

Desde la primera línea sabemos quién es el asesino, pero eso no quita ni un ápice de intriga a la historia porque lo que nos motiva a seguir la lectura es saber las razones que han llevado a éste a cometer ese crimen. Y eso es lo que  nos va a contar Castel. Y eso es lo que vamos a leer nosotros. Según Alfred Hayes, crítico del New York Herald de la época, el protagonista vive dentro de una prisión de alucinada lógica. Esa “alucinada lógica” es la que vamos a intentar analizar en nuestra lectura.  

Ernesto Sábato escribió solo tres novelas que componen una trilogía: El túnel (1948); Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón, el Exteminador (1974). El resto de su obra, mucho más extensa, son ensayos sobre temas políticos, filosóficos y literarios. 

Entre los admiradores de su obra encontramos al ya citado Albert Camus, a Thomas Mann y a Graham Greene que afirmó: tengo gran admiración por El túnel, por su magnífico análisis psicológico. No puedo decir que lo haya leído con placer, pero sí con absoluta absorción.

El Lexington Herald dijo en el momento de la publicación en inglés: una sucesión de treinta y cuatro palabras es todo el fulminante que necesita para hacer estallar uno de los libros más explosivos de la temporada literaria. El túnel es una hechizante novela comparable a relatos de Poe y Dostoievsky. Termino, pues, con las treinta y cuatro palabras:

Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.

Plazos

Al ser una obra no muy extensa, vamos a dividir la lectura de El túnel en dos partes. Leeremos la primera, que nos llevará hasta el final del capítulo XX, a lo largo de una semana.

Nuestro próximo libro: El túnel de Ernesto Sábato

19 Jun

El túnel de Ernesto SábatoEste año, en vez de irnos de vacaciones estivales a finales de junio, prolongaremos la actividad del Club hasta más o menos mediados de julio con una nueva lectura. Le toca el turno a un libro considerado uno de los más importantes en la literatura en lengua española del siglo XX: El túnel del argentino Ernesto Sábato (1911-2011). Tenía ganas de que lo leyéramos y este es un buen momento pues el libro no es muy largo. El túnel escrito en 1948 es la primera novela de las tres, importantísimas, que escribió el autor. Escrita en un tono existencialista y con los recursos de la novela policiaca, es un completo análisis de la desesperanza.

Los ejemplares de El túnel estarán preparados para que podáis ir a recogerlos a partir del viernes 21 en la Biblioteca Forum.

¡No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de La reina sin espejo! Todavía estáis a tiempo, estos días, de dejar vuestros comentarios sobre este libro.

La paz maravillosa del verano dormido entraba en mí como una marea

18 Ene

carcelComenzamos esta segunda parte con la curiosidad de saber qué le pasará al ahora asesino Meursault. Hemos conocido a un hombre en la primera parte con el que no empatizamos en absoluto y queremos descubrir la causa de su proceder, ahora aún más que es encarcelado y va a ser juzgado. ¿Reaccionará Meursault?

Al principio no, continúa su indiferencia, su aburrimiento, no se toma en serio sus visitas al juez, no se cuestiona en ningún momento el porqué de su asesinato y le extraña que le pregunten sobre sus sentimientos el día del entierro de su madre: Esa pregunta me sorprendió mucho. Contesté que había perdido la costumbre de interrogarme y que me resultaba difícil informarle. Por supuesto que yo quería a mamá, pero eso no quería decir nada. […] Yo era de tal naturaleza que mis necesidades físicas alteraban con frecuencia mis sentimientos. El día que enterré a mamá, estaba muy cansado y tenía sueño. De modo que no me di cuenta de lo que pasaba. Meursault comienza a explicarse. Aunque seguimos sorprendidos. Meursault no colabora con su abogado defensor, parece que le da igual salvarse o no. Y no es capaz de decir nada cuando el juez le pregunta una y otra vez por qué mató al árabe. Parece que no hay respuesta, que ni él mismo lo sabe (más tarde, en el juicio, dirá que fue por causa del sol. Más de lo mismo.). Le cuesta creer que él es un criminal. Después de visitarle Marie, el siente, por primera vez, que mi casa era mi celda y que mi vida entera se detenía allí.  Durante la visita de Marie, Meursault observa como un hijo y una madre que le ha ido a visitar se miran intensamente y no dicen nada. Es emotivo cómo está narrado ese encuentro madre-hijo y lo diferente que es a la relación de Meursault con su madre. No es casual que él se fije.

Durante los meses que pasa en prisión va desarrollándose una evolución. Al principio no lo lleva mal, después comienza a sentir la falta de una mujer, de los cigarrillos, lo pasa mal hasta que llega a la conclusión de que todo el problema consistía, una vez más, en matar el tiempo (como ha hecho toda su vida). Y comienza a recordar y de esa manera consigue no aburrirse.

El tiempo transcurre del verano al verano (siempre el sol, el calor… ¿por qué creéis que será?) y llega el momento del juicio. El juicio es como una farsa a lo largo del cual se intuye cuál será el veredicto final. El protagonista siente que se habla más de él que de su crimen, que se le juzga igual por haber matado que por no haber sido un buen hijo. Es su vida entera la que se juzga. A Meursault le parece que habla con más lógica el fiscal que su abogado defensor. Los testigos de la defensa son manejados fácilmente por el fiscal y Meursault comienza a sentir que todo está perdido: por vez primera, al cabo de muchos años, sentí un deseo estúpido de llorar, porque comprendí hasta qué punto toda aquella gente me detestaba. Meursault comienza a humanizarse y al salir del juicio en el furgón volví a encontrar uno a uno, como desde el fondo de mi cansancio, todos los ruidos familiares de una ciudad que amaba y de una cierta hora en la que solía sentirme contento. El grito de los vendedores de periódicos en el aire ya sosegado, los últimos pájaros en la plazoleta, el reclamo de los mercaderes de bocadillos, el lamento de los tranvías en los altos virajes de la ciudad y este rumor del cielo antes de que la noche caiga sobre el puerto, todo recomponía para mí un itinerario de ciego, que conocía perfectamente antes de entrar en la cárcel. Sí, era la hora en la que, hacía ya mucho tiempo, me sentía feliz. Lo que me esperaba entonces era un sueño ligero y sin imágenes. Y, no obstante, algo había cambiado, pues en la espera del siguiente día, fue mi celda lo que volví a encontrar. Como si los caminos familiares trazados en los cielos del estío pudieran llevar lo mismo a las prisiones que a los sueños inocentes.

Meursault no se siente culpable yo no lamentaba gran cosa mi acto, y explica: yo nunca había podido lamentar nada verdaderamente. Estaba siempre acaparado por lo que iba a suceder, por hoy o por mañana. Poco a poco vamos conociendo sus razones y sintiéndolo más humano: me asaltaron los recuerdos de una vida que ya no me pertenecía, pero en la que había encontrado mis alegrías más simples y más tenaces: los olores del verano [el olor, siempre el olor del verano. Camus tiene un libro muy recomendable que se titula El verano], el barrio que amaba, cierto cielo de la tarde, la risa y los vestidos de Marie. Bueno, parece que tiene sentimientos, que puede sentir, que puede amar.

Pero Meursault está ya perdido: le condenan a muerte. Encerrado en la cárcel, durante sus últimos meses de vida, vamos conociendo más el mundo interior del protagonista ya que éste comienza a reflexionar: sobre la pena capital, sobre la muerte, sobre la vida: pues bien, habré de morir. Antes que otros, era evidente. Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena ser vivida […] Desde el momento en que se muere, el cómo y el cuándo, no importan, es evidente.

Meursault se enfrenta a su muerte. La muerte para él se convertirá en la única opción posible de reencontrar un sentido a su propia existencia. De esto se da cuenta tras el diálogo que mantiene con el capellán. Meursault estalla: Ninguna de sus certidumbres valía un cabello de mujer. Ni siquiera tenía la certeza de estar vivo porque vivía como un muerto. Yo parecía tener las manos vacías. Pero yo estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esa muerte que iba a llegar. Sí, era lo único que tenía. Pero, al menos, yo tenía esa verdad tanto como ella me tenía a mí. Yo había tenido razón, seguía teniendo razón, tenía siempre razón.

Y llega la redención, la paz, la bondad. Cuando se fue, recuperé la calma […] Los ruidos del campo llegaban hasta mí. Olores de noche, de tierra y de sal refrescaban mis sienes. La paz maravillosa del verano dormido entraba en mí como una marea […] Como si esa gran cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, ante esta noche cargada de signos y de estrellas me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraterno al cabo, sentí que había sido feliz y que lo era todavía. Reconciliación en sus palabras llenas de poesía (en ellas sale el poeta que llevaba dentro Camus). Y fin de la novela.

¿Pensáis igual que yo que el protagonista se reconcilia con su vida y encuentra un sentido a ésta en su propia muerte?

¿Si tuvierais que calificar al libro con un adjetivo (o con varios), con cuál lo haríais?

Es hora de los comentarios finales, de vuestras opiniones.

Toda una playa vibrante de sol se apretaba a mi espalda

8 Ene

Sol PoenteComienza esta primera parte con la muerte de la madre del protagonista y la narración minuciosa de cómo éste se pone en camino hacia el lugar donde ha muerto (Marengo, a 80 km de Argel). Los hechos están narrados con objetividad (y eso que está narrada en primera persona, no lo olvidemos), con un estilo sencillo, claro que va al grano. El protagonista no expresa sus sentimientos, se muestra, incluso, egoísta: durante el último año apenas vine aquí. Y también porque venir anulaba mi domingo, sin contar el esfuerzo de ir al autobús, de tomar los billetes y de hacer dos horas de viaje […] Cuánto me habría gustado pasearme de no haber sido por mamá […] y mi alegría cuando el autobús entró en el nido de luces de Argel. Pronto aparece su actitud de desinterés por todo lo que está ocurriendo. Un primer “no sé” (expresión que, junto a “me da igual”, aparecerá en el texto reiterativamente) ante la pregunta de por qué no quiere ver a su madre muerta. Indiferencia (no sabía la edad exacta), cansancio, aburrimiento, sueño. Eso es lo que siente el protagonista ante su madre muerta. Meursault describe el velatorio, el entierro con gran detalle, es un buen observador, pero continúa sin mostrar sus sentimientos, su postura es por momentos de perplejidad, de duda ante lo que debe hacer. Las observaciones sobre la naturaleza (el paisaje, el calor…) están siempre presentes. Meursault de vuelta a Argel, y como si nada hubiera ocurrido, se va a bañar y se encuentra con una amiga, Marie Cardona, con la que acaba pasando la noche. Repite dos veces, a su jefe y a Marie, que no es culpa suya que su madre haya muerto y afirma: nada significaba eso. De todos modos, uno siempre es un poco culpable. Deja el tiempo pasar, un sentimiento de vacío nos empieza a invadir a medida que avanzamos en la lectura: pensé que, al cabo, era un domingo de menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que, después de todo, nada había cambiado.  Van apareciendo otros personajes: su compañero de trabajo Emmanuel, el dueño del restaurante donde come, Celeste, los vecinos: Salamano y su perro y Raymond, el “almacenero” que vive de las mujeres y que tanta importancia tendrá en el desarrollo de los hechos. Meursault normalmente no manifiesta su opinión cuando se la piden, sólo el silencio o la indiferencia por respuesta. Incluso cuando Marie le pregunta si la quiere, el responde que eso no significa nada, pero que le parece que no, y cuando más tarde le pregunta si quiere casarse con ella, él responde que le da igual y que pueden hacerlo si ese es su deseo. O cuando su jefe le propone un ascenso en el trabajo, yéndose a París a vivir dice: dije que sí, pero en el fondo me daba igual. Me preguntó entonces si no me interesaba un cambio de vida. Contesté que no se cambia nunca de vida, que en cualquier caso todas valían lo mismo y que la mía aquí estaba lejos de disgustarme. Pareció descontento, me dijo que nunca respondía directamente, que no tenía ambición y que eso era desastroso en los negocios. Hubiera preferido no decepcionarlo, pero no veía razón alguna para cambiar de vida. Pensándolo bien, no me sentía desgraciado. Cuando era estudiante, tenía yo muchas ambiciones de ese tipo. Luego, cuando tuve que abandonar mis estudios, comprendí muy pronto que todo eso carecía de verdadera importancia. Parece que no hay motivos en lo que hace y decide, sólo una gran desidia que invade todos sus actos. ¿Qué opináis? ¿Y por qué creéis que es así?

En el último capítulo de la primera parte se desencadena la tragedia. Unos moros con los que Raymond ha tenido problemas a causa de sus relaciones con la hermana de uno de ellos, les siguen a una playa donde están pasando el día. El sol es cegador, hace mucho calor, hay un primer encontronazo en el que pegan a los moros que tienen una navaja. Se alejan. Pero Raymond tiene una pistola y Meursault se la coge y de la manera más absurda vuelve al lugar sin saber muy bien el porqué: era el mismo resplandor rojizo. Sobre la arena, el sol jadeaba con toda la respiración rápida y ahogada de sus pequeñas olas. Caminé lentamente hacia las rocas y sentí que mi frente se inflamaba bajo el sol. Todo ese calor se apoyaba en mí y se oponía a mi avance. Cada vez que sentía su poderoso hálito en mi rostro apretaba los dientes, cerraba los puños en los bolsillos de mi pantalón y me tensaba por entero para triunfar del sol y de aquella ebriedad opaca con la que me invadía. A cada espada de luz surgida de la arena, de una concha blanqueada o de un trozo de vidrio, mis mandíbulas se crispaban.  Se encuentra al árabe. Para mí, era una historia terminada y había venido sin pensarlo […] Pensé que me bastaba dar la vuelta y el incidente habría terminado. Pero toda una playa vibrante de sol se apretaba a mi espalda […] Era el mismo sol del día que enterré a mamá y, como entonces, me dolía sobre todo la frente y todas sus venas batían a un tiempo bajo la piel. Esa quemadura que no podía soportar me hizo dar un paso hacia adelante. Sabía que era estúpido, que no me desembarazaría del sol desplazándome un paso. El árabe saca el cuchillo. En el mismo instante, el sudor acumulado en mis cejas corrió de pronto sobre los párpados y los cubrió con un velo tibio y espeso. Cegaba mis ojos ese telón de lágrimas y de sal […]  Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para vomitar fuego. Todo mi ser se tensó y mi mano se crispó sobre el revolver […] Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz. Entonces, disparé cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que se hundían las balas sin que lo pareciese. Fueron cuatro golpes breves con los que llamaba a la puerta de la desgracia.

He transcrito casi todo el párrafo porque me parece clave para entender (si es que se puede entender) el desencadenamiento de los hechos. No hay motivo aparente para volver al lugar con una pistola y después disparar sobre el árabe. Todo gira alrededor del sol cegador que parece dirigir sus actos de una forma irracional. Todo es absurdo, gratuito, como lo es su propia vida.

¿Qué opináis sobre este acto irracional? ¿Qué es lo que creéis que le empuja a Meursault a realizarlo?

Plazos

Comentaremos esta primera parte a lo largo de una semana y seguiremos con la lectura de la segunda parte al unísono.

El extranjero: el hombre absurdo

17 Dic

Calle El MourabitouneAlbert Camus (Argelia, 1913 – Francia, 1960) fue un novelista, ensayista y dramaturgo considerado uno de los más grandes escritores y pensadores del siglo XX. Camus fue fundamentalmente un humanista que, influido por la corriente del pensamiento existencialista, desarrolló el concepto del absurdo de la condición humana: la sensación de alienación y desencanto del hombre de su época, situado en la Europa de las guerras mundiales. Posteriormente, Camus, que fue miembro activo de la Resistencia, incorporó a su pensamiento las cualidades positivas de la dignidad y la fraternidad humanas.

Con su primera novela, El extranjero, publicada en 1942 (en plena Segunda Guerra Mundial) comenzó a ser conocido. Esta obra y su ensayo El mito de Sísifo, publicado en el mismo año, se complementan en su desarrollo del concepto del hombre absurdo. En El mito de Sísifo presenta a este personaje de la mitología griega como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre lo que le lleva a desarrollar la filosofía del absurdo en la que el hombre se muestra permanentemente consciente de la completa inutilidad de su vida ya que no comprende el mundo que le ha tocado vivir. También se cuestiona el problema del suicidio, ya que siendo este mundo tan fútil, Camus se pregunta si no hay más alternativa que el suicidio. El ensayo se inicia con la frase: no hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. 

El extranjero, junto con este ensayo, es el mejor exponente de este hombre, personificado en el Sr. Mersault, incapaz de participar en las pasiones que los demás sí sienten y que vive su propia vida, y desgracia posterior, desde la indiferencia más absoluta ya que le resultan absurdas. La pasividad, la dejadez, la ausencia de sentimientos caracterizan a este “extranjero” de la sociedad y de la vida al que todo le da igual dejándose llevar por una inercia y una sensación de aburrimiento perpetuo lo que le convierten en un hombre insensible e incluso inhumano. La lectura de este libro nos empuja a una profunda reflexión acerca de la importancia de encontrarle un sentido a la vida.

Novela de una gran calidad literaria posee además un esclarecedor estudio sobre el hombre de nuestros tiempos: indiferente, solitario, resignado ante la vida, carente de emociones y valores hasta el punto de ser incapaz de distinguir entre el bien y el mal.

No quiero adelantar nada de la trama que analizaremos después de la lectura. La novela que se desarrolla en Argelia (como la mayoría de las obras de Camus) está narrada en primera persona por Mersault (nombre que contiene un juego de palabras: mar y sal, muy relacionado con la importancia que la naturaleza de la Argelia natal de Camus posee en su obra) con un tono frío, neutro, sin ninguna implicación emocional, excepto en sus descripciones de los elementos atmosféricos que le rodean: el cielo, el calor, la luz, el mar, el paisaje… El lenguaje es sencillo y claro, va directo al grano, se lee con facilidad pero posee, a pesar de la brevedad de la novela, un contenido inmenso en el que hay que pararse a reflexionar. La vida tal como la vive Mersault es monótona y aburrida, parece un autómata con una existencia vacía sin sentido ni futuro. Nada le afecta, nada le conmueve, nada le preocupa, no parece ser consciente de sus actos pero tampoco es infeliz, ni se cuestiona este sentimiento. Tendremos que analizar en su momento el porqué de esta actitud con objetividad pues es difícil identificarse o empatizar con el personaje. Hay numerosos “no sé” y “me da igual” puestos en su boca.

No tenemos consciencia del tiempo en esta novela, no sabemos cuánto de él transcurre entre unos hechos y otros, no sabemos ni la edad del protagonista. El libro está dividido en dos partes y cada una de ellas en capítulos donde se va narrando los acontecimientos. Son éstos los que poseen toda la importancia. El autor se limita a describir las acciones y pensamientos de Mersault.

Plazos

Dividiremos la lectura en las dos partes que componen el libro. Durante una semana más o menos leeremos la primera. Como coinciden las fechas claves de Navidad con la lectura y todos andaremos muy ocupados nos lo tomaremos con calma, dando un descanso entre Nochebuena y Nochevieja. De todas formas podéis dejar vuestros comentarios cualquier día que queráis.

Y ahora os dejo con el principio de la novela: Hoy mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé. He recibido un telegrama del asilo: “Madre fallecida. Entierro mañana. Sentido pésame”. Nada quiere decir. Tal vez fue ayer.

Nuestro próximo libro: El extranjero de Albert Camus

6 Dic

Albert Camus - El extranjeroPara terminar el año vamos a leer la primera obra, y la más conocida, del Premio Nobel Albert Camus: El extranjero, publicada en 1942. Una obra corta pero plena en contenido y reflexión. Además, el ejemplar que vamos a leer está traducido por el gran poeta José Ángel Valente, lo que le da un plus de calidad a la obra (ya sabéis la importancia de las traducciones).

El extranjero es el señor Mersault, un ser indiferente a la realidad por resultarle absurda e inabordable. El personaje de Mersault refleja la filosofía del absurdo, la sensación de alienación, de desencanto frente a la vida.

Los ejemplares de El extranjero estarán preparados para que podáis ir a recogerlos en la Biblioteca de Forum a partir de mañana viernes 7 de diciembre.

Aún tenéis varios días para dejar vuestros últimos comentarios sobre Claus y Lucas. Algunos de vosotros todavía no lo habéis hecho. Venga, ¡ánimo!