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«Quédate»

20 Oct

Escena de la obra de teatro de Luis Luque basada en la novela

Argumento

La marquesa viuda de Andrade, Francisca Taboada, despierta en su cama una mañana con un gran desasosiego, inquietud, arrepentimiento y desazón en el cuerpo y en el  espíritu. El del cuerpo lo cura con infusiones pero el del alma le produce una gran zozobra, tanta que incluso piensa en ir a su confesor para hablar con él.

Tras una magnífica descripción de sus sentimientos y pesares, da pie al lector para contarle el motivo de esta situación. Empieza a recordar el hilo de acontecimientos que la llevaron a esa desazón.

Todo empezó dos días antes, en la tertulia semanal de la duquesa de Sahagún, que también frecuenta Don Gabriel Pardo de la Lage, paisano de Asís y cumplido caballero. En esa tertulia conoce a Diego Pacheco, un gaditano atractivo y con fama de mujeriego.

Don Gabriel se lleva muy bien con la marquesa, conversan y se entienden aunque no compartan el mismo criterio. Él alberga la esperanza de presentarse algún día en su casa y formalizar una relación amorosa. En este caso hablan de la romería de San Isidro, Don Gabriel piensa que es un sitio depravado donde los bajos instintos del ser humano suelen ponerse de manifiesto. En cambio, la marquesa siente curiosidad por una fiesta tan popular.

Al día siguiente yendo a oír misa a San Pascual, festividad del patrón de Madrid, se encuentra de nuevo con Pacheco, se saludan y se tratan con una familiaridad muy inusual para el grado de conocimiento mutuo. La marquesa lo ve guapo y atractivo y piensa que una mujer tendría que poder expresar abiertamente estos sentimientos, ya que no son nada malos.

Pacheco la invita a la Feria de San Isidro. La marquesa se siente tentada y piensa que no hay nada malo en ir con Pacheco a una fiesta popular que le apetece conocer.

En la romería pasean y después de una buena comida con bebida, la marquesa se siente especialmente risueña:

«Comprendía, sí, que mis pupilas destellaban lumbre y en mis mejillas se podía encender un fósforo; pero, lejos de percibir el atolondramiento que suponía precursor de la embriaguez, solo experimentaba una animación agradabilísima, con la lengua suelta, los sentidos excitados, el espíritu en volandas y gozoso el corazón.»

Con esa sensación de bienestar se adentra en la romería del brazo de Pacheco hasta la puesta de sol sobre el río Manzanares. Tal embriaguez le vino a la marquesa que tuvo que refugiarse en una habitación de una fonda para descansar y recuperarse del mareo producido por la ingesta de alcohol.  Y así se despierta a la mañana siguiente.

La marquesa se siente abrumada y al mismo tiempo atraída por Pacheco, pero se hace el enorme propósito de no volver a verlo y para ello decide hacer un viaje y empezar sus vacaciones en Galicia a los pocos días.

Pacheco no descansa y sigue frecuentando su casa y tentándola con su presencia. La marquesa decide salir con él y van a comer. Allí siente, por primera vez, una punzada en el corazón al verlo bailar con otras mujeres. No quiere reconocerlo y se lo guarda para sí misma pero está celosa y él se da cuenta.

El día anterior a su partida, Pacheco se presenta en su casa. Allí también está Don Gabriel que se da cuenta de lo que pasa y se marcha decepcionado con la marquesa y pensando lo peor de ella por caer en los brazos de un «mujeriego».

Pacheco le confiesa lo que siente por ella y que está seguro de que ella siente lo mismo. Al final, ella le pide que se quede y él le responde que entonces no se irá nunca. Pasan la noche juntos, incluso hacen planes de futuro y al amanecer la marquesa abre la ventana de par en par y se asoma con él, como si con este gesto quisiera mostrar al mundo su amor clandestino.

Comentario

El personaje de la marquesa viuda tiene algo de autobiográfico en su decisión de afrontar los riesgos de romper con los convencionalismos sociales y tomar decisiones que, en la vida personal de la autora, la llevó a romper su matrimonio y asumir la experiencia del amor y la sexualidad con desbordante y natural libertad.

«Insolación» fue publicada en 1889. Doña Emilia, separada ya de su marido, tenía una relación amorosa con Benito Pérez Galdós. En el momento de su publicación esta novela escandalizó a los lectores por el tema tratado.

Para mi el tema principal de la novela es el deseo femenino, desde una perspectiva del siglo XIX, y de como las convenciones sociales se interponían ya en el camino de las mujeres. Hay muchas capas en la historia que requiere también muchas lecturas pero en el fondo somos partícipes, a través de la lectura, de la evolución de una mujer tranquila y sosegada que siente una pasión que no es capaz de controlar. Acabando por ser ella misma y no dejarse someter por las rígidas normas sociales. Es una novela que causó una gran conmoción en su época tanto por el tema tratado como por el enfoque. Este último más próximo a la mentalidad de hoy en día que a la de la época. 

Desde el punto de vista narrativo nos encontramos con dos voces, la de la propia protagonista, hablando en primera persona y a veces con su propia conciencia y la de un segundo narrador, en tercera persona, que describe los hechos sin juzgarlos.

Los ambientes están muy bien caracterizados, y el estudio psicológico de los personajes bien tratado, dando importancia a muchas mujeres durante la narración de distinto estrato social como aristócratas, camareras, criadas, gitanas, todas ellas muy bien identificadas. Los personajes femeninos, no solo el de la protagonista, tienen volumen y personalidad. No te dejan indiferente.

El personaje de Pacheco es descrito como mujeriego, adulador, seductor y libertino, como un verdadero Don Juan. En cambio, en contraposición encontramos otro personaje masculino, Don Gabriel Pardo de la Lage, caballero aristocrático de ideas liberales afrancesadas y caballeroso. Pero este personaje, en el fondo íntimamente conservador, criticará, sintiéndose engañado y frustrado en sus expectativas con la marquesa, la decisión coherente de la mujer al entregarse libremente a sus deseos en brazos del Don Juan.

Por otra parte, está el tiempo en el que transcurre la narración. Es muy corto. Apenas seis días de trato personal en la pareja, pero tan significativos que transforman sus vidas en lo más íntimo.

En la descripción de la historia, Doña Emilia se sirvió mucho del naturalismo, por ejemplo en la minuciosidad de datos al referirse a objetos, pero también tomó elementos del simbolismo, del realismo, al llevarnos a lugares de esparcimiento donde acuden los personajes, del costumbrismo, por sus escenas coloristas, como el baile, y en los diálogos, del romanticismo, etc. 

En esta novela, Doña Emilia reivindica el derecho de las mujeres a elegir libremente su estilo de vida a pesar de los convencionalismos sociales, en una época de hipocresía e intolerancia social.


¡¡Ahora os toca a vosotras!!!

¿Qué os ha parecido esta novela?

Intentando mirar al pasado, ¿Cómo veis que ha retratado la escritora esa época a nivel social y cultural?

Comentad que otros temas de debate os ha sugerido esta historia.

Nos leemos,

La mujer en la época de Doña Emilia

4 Oct

La enseñanza del siglo XIX, muy influenciada aún por la Iglesia a todos los niveles, sigue contemplando a la mujer en un papel secundario. La Iglesia católica tenía un concepto funcional de la mujer. Obedecía a su papel cohesionador al interior de la familia. El prototipo más frecuente fue el de perfecta casada, reina del hogar, piadosa, buena madre y buena esposa. Este concepto correspondía a un discurso ideológico sobre lo doméstico, y la Iglesia católica era su más agresivo portavoz.

Por esto, su instrucción en establecimientos educativos, oficiales o preferentemente privados, no estaba dirigida a formar académicas o sabias, sino mujeres piadosas; sabias en manejo de labores domésticas, expertas en trabajo de agujas.

La incorporación de la mujer al sistema educativo, según la Iglesia, era una forma de moldear en principios y valores cristianos al elemento cohesionador de la familia y el hogar. El acceso de la mujer al sistema educativo no buscaba, de ninguna manera, alterar la función social de la misma; buscaba fundamentalmente alfabetizarla y adiestrarla en algunos quehaceres domésticos para el mejor funcionamiento del hogar y de la familia. Su educación, en caso de haberla, debía ir orientada a su misión en la vida.

La Revolución Liberal no supuso un cambio sustancial en la situación de la mujer, ni en la política, ya que no podía votar ni ser votada, ni en su papel o rol social. La mujer siguió siendo el eje fundamental del hogar y de la familia. En principio, la incorporación de la mujer al mundo laboral fue escasa, aunque fue aumentando a medida que el país se fue transformando económicamente, aunque de forma lenta y discontinua. En el campo continuó su presencia en las tareas agrícolas y en el mundo industrial comenzó a ocupar puestos de baja cualificación y siempre de menor remuneración salarial. En las ciudades el sector doméstico (criadas, nodrizas) fue su principal destino laboral.

En las clases media y alta, la mujer siguió desempeñando labores de organización y administración de sus respectivas casas y familias, además de elemento fundamental en las cuestiones matrimoniales de conveniencia, especialmente, en los estratos sociales más superiores. Las mujeres solteras pudieron desempeñar algunas actividades económicas pero cuando se casaban perdían su autonomía, aunque siempre conservaron la propiedad de sus dotes o de las herencias propias incorporadas al matrimonio.

Segunda mitad del siglo XIX

Desde 1812 hasta 1868 era considerable el atraso en la modernización del país y la debilidad de los sectores de clase media. El régimen liberal, en sus primeros pasos hasta constituir un poder más sólido, se caracterizó por su precariedad e inestabilidad. Este fue el marco en el que tuvieron que desenvolverse las mujeres españolas.

Los años que se sucedieron durante el Sexenio Democrático determinaron el modelo liberal burgués y prepararon un cambio político y social que se fue consolidando a lo largo de la Restauración. Durante ese tiempo surgieron nuevos movimientos y organizaciones sociales y políticas; una nueva clase obrera y nuevas clases medias que, al igual que en otros países, exigieron un mayor protagonismo.

Con ellos se abrieron nuevas oportunidades de reivindicación colectiva para las mujeres. A lo largo del XIX se empezaron a definir los modelos de vida cotidiana que fueron determinados por los discursos de la época y que tuvieron que asumir las mujeres de los diferentes estratos sociales. Así, el pensamiento del liberalismo naciente y su idea acerca del papel diferenciador que tenían que desempeñar ambos sexos, imponía la esfera doméstica para las mujeres y establecía su ausencia de los espacios políticos de decisión.

En España, la evolución política y económica se hizo de forma más gradual que en el resto de Europa, ya que siguió persistiendo una aristocracia y una nobleza de gran importancia económica y notoriedad social, y una Iglesia Católica de notable influencia.

La sociedad española se fue organizando en clases sociales y la burguesía se erigió protagonista instaurando sus costumbres y estilo de vida como modelo social. En relación a esto, las diferencias entre las mujeres de las diferentes clases sociales eran muy marcadas. La vida de las mujeres de clases media y alta, acontecía dentro del espacio doméstico. La familia fue el eje principal de organización social burguesa. A través de ella se defendía la propiedad privada y esto precisaba de un modelo de mujer adecuado al modelo de familia acorde con el grupo social. La moral burguesa dispuso que el prototipo de mujer fuese el de la decente, pura y casta, controladora de sus pasiones, abnegada y sacrificada.

De esclava tal como fue concebida en siglos anteriores, la mujer pasó a ser distinguida como reina del hogar, enalteciendo las cualidades de sensibilidad, entrega, emotividad y afecto procedentes de su naturaleza. De tal forma que el hombre debía emplearse en llevar a cabo grandes logros y proteger a su familia, y la mujer debía limitarse al ámbito de la vida doméstica, principalmente en las faenas de la casa, mostrar los más dulces cuidados, atenciones y una ternura activa y vigilante. 

Por otro lado, si se establece una correlación entre la situación social y la cultural, se observa que la imagen femenina que se divulgó en la literatura del siglo XIX fue la de ángel del hogar, amparada por un rígido régimen patriarcal de valores. Esta figura obtuvo su auge a mediados de siglo. Se estableció entonces la separación de los sexos en dos esferas: pública y privada. Esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de entender la imagen de la figura femenina en la literatura de este siglo, que fue dirigida hacia el sometimiento de la mujer, la sumisión y obediencia para preservar la institución burguesa más preciada, la familia, a través del matrimonio y la maternidad.

A partir de la Revolución de 1868 se pueden apreciar los primeros intentos de mejorar la condición social de las mujeres, pero siempre gracias a figuras, que siendo importantes y que han dejado su impronta en la historia española, estuvieron muy aisladas. Destacaron tres mujeres: Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro. Se esforzaron en defender cambios jurídicos y educativos.

El pensamiento feminista de Emilia Pardo Bazán

A través de sus novelas, ensayos, etc., Doña Emilia nos deja un retrato bastante realista del papel que la mujer representaba en la sociedad española de la segunda mitad del siglo XIX. Leyendo su obra podemos entender las diferencias que existían entre hombres y mujeres en el contexto social de su época y por otro, también podemos valorar el esfuerzo que hizo la escritora por hacer visible esta situación para que poco a poco se pudiera ir cambiando.

Aunque hace una denuncia sistemática de las desigualdades entre los dos sexos, su obra no tiene un carácter victimista ni se centra exclusivamente en las mujeres, sino que plantea las diferentes vías y expectativas que la sociedad ofrece para desarrollar la personalidad de los individuos, sean hombres o mujeres. Y desde esa perspectiva, destaca la fuerza de Doña Emilia por luchar contra lo establecido tanto social como intelectualmente y su afán por alcanzar una amplia cultura en un momento en que las mujeres en España eran analfabetas. 

La educación de las mujeres fue una de sus reivindicaciones más importante. Por una parte, critica que la educación que recibe la mujer burguesa no es más que una cultura de adorno con disciplinas como la música, la pintura, francés, etc. Y Por otra, señala que la escasa implantación del feminismo en nuestro país, con respecto a otros países de Europa, se debe a la falta de educación en España.

En 1892 se celebró en Madrid el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano, donde tomaron parte activa la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, un grupo de mujeres ilustres de la época como Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán. Uno de los temas específicos que se trataron fue la igualdad de ambos sexos en el acceso a los diferentes niveles de enseñanza. Las posturas fueron desde los que defendían el que las mujeres accedieran, a los que planteaban que se debía restringir su acceso ya que se ponía en peligro la institución familiar. Por su lado, en su ponencia titulada La Educación del hombre y de la mujer sus relaciones y sus diferencias, Doña Emilia expone sus ideas sobre la educación, planteando que ésta parte de principios opuestos para los dos sexos:

Mientras la educación masculina se inspire en un postulado optimista…, la educación femenina derívase del postulado pesimista o sea del supuesto que existe una antinomia o contradicción palmaria entre la ley moral y la ley intelectual de la mujer, cediendo en daño y perjuicio de la moral cuando redunda en beneficio de la intelectual, y que –para hablar en lenguaje liso y llano– la mujer es tanto más apta para su providencial destino cuanto más ignorante y estacionaria, y la intensidad de la educación, que constituye en el varón honra y gloria, para la hembra es deshonor y casi monstruosidad… el papel que a la mujer le corresponde en las funciones reproductivas de la especie, determina y limita las restantes funciones de su actividad humana, quitando a su destino toda significación individual, y no dejándole sino la que puede tener relativamente al destino del varón” .

La escritora intentó ser miembro de la Real Academia Española pero fue rechazada por unanimidad por ser mujer.

El matrimonio es otro de los temas que aborda. Traduce al castellano La esclavitud femenina de Stuart Mill, primer diputado que defiende la inclusión del voto femenino, en 1866, y en el prólogo se resalta la importancia de la compenetración de los dos cónyuges y que la relación no sea solo sexual sino también intelectual.

La cuestión del papel social de las jóvenes aparece, también, reflejado en el cuento «Naúfragas«, donde pretende despertar a las mujeres de su tiempo para que progresen, cosa que no será posible mientras permanezcan sumergidas en la ignorancia. Según su convicción, la situación de la mujer tendría que venir con el reconocimiento de su derecho al acceso a todos los niveles de enseñanza, incluida la formación universitaria y que les permitieran realizar el ejercicio de sus carreras en el mundo laboral.

Otro aspecto a resaltar, que define bien su figura y su relevancia histórica, son las diversas relaciones entre los sexos basadas en la amistad entre iguales, rompiendo claramente la cultura establecida de la época, donde a la mujer se le exigía sumisión al hombre dentro del matrimonio. Esta relación de amistad que defendía nuestra autora adquiría una dimensión doblemente transgresora, pues entraba sin tapujos en el plano literario, de intercambio de opiniones y pareceres sobre sus obras, en un contexto en el que la mujer era considerada inferior intelectualmente.

La época de Doña Emilia

1 Oct

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Contexto histórico

Nos situamos a mediados del siglo XIX cuando Emilia Pardo Bazán nace en A Coruña. España era una monarquía gobernada por la reina Isabel II (1930-1904) que accedió al trono con tan solo tres años de edad, gracias a la derogación en 1930 de la denominada «Ley Sálica».

Imagen de Isabel II

Esto provocó la insurgencia del infante Carlos María Isidro, tío de Isabel, quién apoyado por los grupos absolutistas (denominados «carlistas») ya habían intentando proclamarlo rey durante la agonía de Fernando VII, padre de Isabel II.

Estas diferencias entre carlistas e isabelinos llevó a España a la primera guerra carlista (1833-1840) que terminó con el triunfo de los partidarios de Isabel II. Ésta empezó su reinado (tras varias regencias debido a su minoría de edad) en 1843, con 13 años de edad.

Durante el reinado de Isabel II, España se modernizó notablemente gracias al esfuerzo que se hizo en inversiones en obras públicas como el tendido ferroviario, puentes, señalización de costas aunque por el contrario, industrialmente España estaba muy desarticulada ya que las iniciativas de inversión se dieron más en la periferia. En cuanto a la enseñanza tampoco se advirtieron muchos avances con respecto a su padre. Con la crisis económica de 1866 el descontento fue general. 

Con la Revolución de 1868 (conocida como la Gloriosa) Isabel II se vio obligada a abandonar España en tren desde San Sebastián donde veraneaba. Se exilió en Francia donde recibió el amparo de Napoleón III y allí se quedó hasta su muerte en 1904. Se abrió entonces el periodo denominado Sexenio Democrático (1868-1974).

En 1870 abdicó en París a favor de su hijo, el futuro Alfonso XII. 

Restauración borbónica (1875-1902)

Diseñado por Cánovas del Castillo con el objetivo de superar los problemas derivados de la monarquía de Isabel II, se instaura un régimen monárquico constitucional y parlamentario presidido por la figura del rey Alfonso XII. Medidas de Cánovas del Castillo:

Imagen Alfonso XII

  • Acabar con las guerras carlistas, intentando unificar a todos los monárquicos bajo la figura de Alfonso XII, consiguiéndolo en 1876.
  • Acuerdo con los independentistas cubanos mediante la paz de Zanjón de 1878 (Guerra de los diez años).
  • Medidas políticas: mayor apoyo al clero, prohibición de periódicos que se opusieran al régimen imperante, conseguir el apoyo del ejército unificando los mandos entorno al rey, se renovaron los cargos en ayuntamientos…..
  • Constitución de 1876: soberanía compartida entre el rey y las Cortes, la elección a través de sufragio universal masculino a partir de 1890, etc. Sistema bicameral. Establecía España como un estado confesional católico en la que se permitían otros cultos privados, la inviolabilidad jurídico del rey, mando supremo de las fuerzas armadas y con poder de intervención en los poderes políticos (nombrando ministros, funcioanarios, etc,). Recogía además ciertas libertades básicas como el derecho a la imprenta, expresión o reunión. Era un sistema bipartidista inspirado en el Reino Unido («Conservadores» liderados por Cánovas y «liberales» liderados por Sagasta).

Este periodo se caracteriza por el caciquismo y la falta de democracia real.

En 1885 muere sorpresivamente Alfonso XII y toma la regencia María Cristina hasta que Alfonso XIII sea mayor de edad.

Contexto económico

Las desamortizaciones fue una consecuencia de la revolución industrial originada en Gran Bretaña, en el siglo anterior, ya que se cambio de una producción de tipo agrario a otra de tipo industrial. Aún así, como el desarrollo económico en España durante el siglo XIX fue bastante lento, estos cambios tardaron en llegar.

  • Entre 1800 y 1830 se produjo una interrupción del crecimiento económico derivado por la Guerra de la Independencia Española y la consecuente pérdida de los territorios coloniales del centro y del sur de América.
  • Entre 1830 y 1875 aparecerá un crecimiento importante de la burguesía industrial enriquecida con las inversiones y beneficios empresariales que se opondrá a la clásica oligarquía terrateniente.
  • Entre 1875 y 1914 se produjo un gran desarrollo del sector industrial, sobre todo por ejemplo de la siderurgia vasca y de la industria catalana.

El mayor reto económico estaba en el sector primario, en la agricultura. Hubo varias crisis de subsistencia en la agricultura a mediados del siglo XIX. Había muchas tierras improductivas en manos de la nobleza y del clero que no permitían un flujo económico positivo. El gobierno tras detectar que esto impedía el crecimiento de la economía, decidió hacer una reforma agraria  que provocase el paso de una economía de la propiedad de tipo señorial a otra de tipo capitalista. Esta reforma consistió en la disolución del régimen señorial de propiedad de la tierra y la desvinculación de la tierra de manos improductivas, mediante unas medidas que recibirán el nombre de desamortizaciones.

Las desamortizaciones a lo largo de todo el siglo XIX consiguió mayor zona cultivable pero no grandes cambios en la propiedad de la tierra. Estas reformas provocaron que en la zona sur se acrecentara el latifundismo y en la zona norte las pequeñas propiedades.  El resultado de la desamortización fue concentrar la propiedad en cada región en proporción al tamaño existente previamente, por lo que no se produjo un cambio radical en la estructura de la propiedad.​ Las parcelas pequeñas que se subastaron fueron compradas por los habitantes de localidades próximas, mientras que las de mayor tamaño las adquirieron personas más ricas que vivían generalmente en ciudades a mayor distancia de la propiedad.

En 1866 estalló la primera crisis financiera de la historia del capitalismo español. Aunque estuvo precedida de la crisis de la industria textil catalana, cuyos primeros síntomas aparecieron en 1862 a consecuencia de la escasez de algodón provocada por la guerra civil estadounidense, el detonante de la crisis financiera de 1866 fueron las pérdidas de las compañías ferroviarias, que arrastraron con ellas a bancos y sociedades de crédito. Las primeras quiebras de sociedades de crédito vinculadas a las compañías ferroviarias se produjeron en 1864, pero fue en mayo de 1866 cuando la crisis alcanzó a dos importantes sociedades de crédito de Barcelona, la Catalana General de Crédito y el Crédito Mobiliario Barcelonés, lo que desató una oleada de pánico.

Contexto social

A lo largo del siglo XIX la población española pasó de 10 a 20 millones de habitantes, aunque lo hizo a un ritmo más lento que en el resto de Europa. Los estamentos propios del Antiguo Régimen dieron paso a una moderna sociedad dividida por clases propias de una sociedad capitalista: la nobleza (en la cúspide de la sociedad) que había perdido parte de sus derechos señoriales pero había ganado poder económico gracias a las desamortizaciones y que se integró en los grupos dirigentes de la sociedad burguesa, otro estamento privilegiado era la Iglesia que gozaba de menor influencia en la sociedad y de pérdidas económicas debido a las propiedades sustraídas con las desamortizaciones Vio muy disminuido su patrimonio.

La burguesía, a partir de mediados del siglo XIX, adquirirá mucho protagonismo dentro de las clases dirigentes diferenciándose ente ella en Alta (industriales, financieros, militares, etc.), Media (comerciantes, médicos, etc.) y Baja (tenderos, artesanos, etc.).

La mayor parte de la población, las llamadas «clases populares» estaban constituidas por el campesinado y obreros industriales. Las condiciones de vida de los campesinos era muy mala y emigraron a las ciudades en lo que se denominó «éxodo rural del siglo XIX» buscando mejores condiciones de vida y salarios más altos.

En esta segunda mitad de siglo nacieron las asociaciones de obreros y los sindicatos.  

A finales del siglo XIX y primeras décadas del XX la burguesía aumentó su poder económico e influencia gracias a la propiedad de la tierra, las grandes empresas industriales, financieras y comerciales. En este grupo también se pueden incluir las capas más altas de la administración y de las profesiones liberales.

El naturalismo

El naturalismo es una derivación del realismo, imperante a principios del siglo XIX, y tuvo lugar hacia la segunda mitad del siglo XIX. Estuvo fuertemente influenciado por el determinismo, la ciencia experimental y el materialismo. Se ocupaba también de la realidad social, pero en lugar de posicionarse críticamente frente a ella, pretendía mostrarla sin intervención del juicio personal.

Entre sus autores más destacados se pueden mencionar:

  • Emile Zolá, Naná
  • Guy de Maupassat, Bola de sebo
  • Thomas Hardy, Dinastías