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Nadie nos puede entender de lejos

26 Jun
Turkey. Foto en flickr de Neha Viswanathan. Algunos derechos reservados.

Turkey. Foto en flickr de Neha Viswanathan. Algunos derechos reservados.

Hemos terminado la novela y llega la hora de las conclusiones. ¿Qué opináis de ella? Este es un libro repleto de acontecimientos, sentimientos, reflexiones, personajes, descripciones en función de la historia. ¿Con qué aspecto os quedarías del libro? El político-religioso, el amoroso, el poético, el reflexivo-existencial… ¿Qué personaje os ha gustado más y por qué? Lo mismo os pregunto sobre alguna parte que os haya gustado especialmente y también, por supuesto y porque mucho de vuestros comentarios así lo indican, lo que nos haya gustado. Una vez terminada la novela y con toda la historia en nuestras manos podemos dar nuestras opiniones con un total conocimiento de lo que en ella sucede. Por lo que a mí respecta debo decir que, fundamentalmente, me cuesta abandonar ese reducto de felicidad y bienestar que es el hotel Nieve Palace, donde se come, se bebe, se habla y se ama. Ya os he dicho anteriormente que me iría a vivir allí una temporada. Eso es lo que siento. Asimismo, esta novela me ha ayudado a comprender a este país que vive una situación tan compleja y, sobre todo, a entender la desesperación de los que nada tienen y el porqué de sus actos a pesar de que estén tan lejos de nuestra cultura.

En esta última parte asistimos al desenlace de esta historia que podemos resumir de la siguiente manera: al ¿ingenuo? Ka lo utilizan como intermediario para cercar a Azul; Ka, al enterarse de que Ipek ha sido la amante de Azul y que seguramente sigue enamorada de él, acaba delatando a éste; matan a Azul; Ipek al enterarse decide, con la maleta ya hecha, no irse con Ka a Frankfurt; Ka es asesinado cuatro años después como venganza a su delación y el cuaderno verde, que contiene los poemas escritos en Kars, desaparece (substraído seguramente por sus asesinos) por lo cual nunca nadie podrá leerlos y ese es el motivo de que no aparezcan en la novela. Orhan (Pamuk), el narrador y amigo de Ka, cobra cada vez más importancia convirtiéndose en un personaje más. Cuando va a Frankfurt a recoger las cosas de Ka después de su asesinato decide escribir esta historia. Por ese motivo visita también Kars para investigar y conocer a sus habitantes. Allí cae rendidamente enamorado ante la belleza de Ipek. La belleza, otro de los temas fundamentales de esta novela, la belleza de la nieve y también la de Ipek (temas que le impulsan a Ka a escribir sus poemas). Por cierto, ¿por qué creéis que dice Orhan cuando conoce a ésta: entramos en el corazón de este asunto: Ipek era mucho más bella de lo que hasta ese momento yo, o ustedes, que están siguiendo esta historia gracias a mi intermediación, hubiera podido imaginar? ¿Por qué creéis que le da tanta importancia a su belleza? ¿Es la belleza de Ipek tan determinante? Parece que sí, tanto como para decir que es el corazón de la historia que aquí se trata.

Otro asunto a resaltar es la lucha que mantiene Ka con la felicidad: desea ser feliz pero le tiene miedo a este sentimiento, tanto como para arruinar un futuro que anhela intensamente con una serie de decisiones que le llevan a la paz espiritual de los que han decidido que nunca serán felices, pero, a la vez, a su desdicha (ni contigo ni sin ti) y, en última instancia, a la muerte: tanta alegría es excesiva para mí e intuyo que pasará algo malo.

El autor sabe crear con un lenguaje altamente poético una atmósfera envolvente y llena de belleza y melancolía. De esta manera nos es más fácil entender y aceptar todos los trágicos acontecimientos que en esos tres días ocurren en Kars. Hay una extraña complementariedad entre la poesía que destila esta historia y las cosas tan terribles que suceden en esta ciudad olvidada por todos, ¿no creéis? Lo hermoso y el horror dándose la mano. Ese aspecto me gusta especialmente y creo que es algo que el autor quiere resaltar y que yo creo que lo consigue con creces. Así es el mundo en muchos lugares en los que en medio de lo más duro hay lugar para la belleza. ¿Qué opináis, por cierto, de estos brutales sucesos que, a la vez, son tan rocambolescos? ¿Los veis creíbles u os parecen un despropósito?

Un último apunte. Este libro no hace más que reflejar lo que está pasando en muchos países islámicos, tanto entonces, cuando fue escrito, como ahora. La brecha cultural existente entre Oriente y Occidente con la que empezábamos esta novela.

Plazos

Os animo a todos a que dejéis vuestros comentarios finales, sobre todo a los que todavía no os habéis pronunciado o lo habéis hecho poco. A los que sí habéis ido dejando vuestros comentarios os quiero preguntar, ahora que ya la hemos terminado, si pensáis lo mismo que mientras la estabais leyendo. Quizá el final os ha hecho cambiar de opinión, especialmente a los que no os estaba gustando.

Finalizado este libro nos vamos de vacaciones hasta octubre. ¡Espero que disfrutéis de vuestras vacaciones estivales y que leáis mucho en ellas! Podéis contarnos vuestras lecturas si así lo que queréis. Estaremos encantados de compartirlas con vosotros.

Hemos llegado al corazón de nuestra historia

19 Jun
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Belle Epoque Russian Architectura – Kars – Turkey. Foto en flickr de Adam Jones, Ph. D – Global Photo Archive. Algunos derechos reservados.

Compruebo que a la mayoría de los que estáis leyendo la novela no os está gustando y lo siento mucho porque a mí sí que me gusta como estoy reflejando en los post, así que continúo comentando esta tercera parte de la que considero una magnífica e interesante historia. Espero que os animéis a seguir leyendo y dejéis vuestros comentarios a pesar del calor y espero también que os enganche aunque ya esté muy avanzada la novela. Quizás estas altas temperaturas y la nieve son incompatibles… 🙂 . ¡Intentad darle una última oportunidad!

Nuestro inseguro protagonista prosigue con su desasosegante vida en Kars, en la que el miedo y la felicidad se dan la mano. Fundamentalmente, Ka tiene miedo a ser feliz, aunque lo anhele con todo su ser, un miedo que sólo le desaparece cuando contempla la nieve: al ver la belleza de una calle nevada y la alegría de los niños que juegan entusiasmados con bolas de nieve, deja atrás todos sus miedos.

La novela pone el dedo en la llaga en problemas tales como el ascenso de los islamistas turcos en un Estado laico que, a pesar de la represión que ejerce, no puede con ellos, el genocidio armenio, la represión de los nacionalistas kurdos, tan olvidados, el control de los ciudadanos por parte del Estado (Kars, la ciudad en la que todos vigilan y son vigilados), la situación de las mujeres y los jóvenes que, impotentes y llenos de dudas, se plantean el suicidio como única solución a sus problemas, la pobreza y olvido en el que viven los habitantes de las zonas más alejadas de la metrópoli… Todos estos problemas los sitúa el autor en una pequeña ciudad y la convierte en una bomba de relojería a punto de estallar. Kars es un microcosmos, un universo en miniatura, en el que se suceden todo tipo de traiciones, luchas, amores, odios, sufrimientos y en el que están reflejados todos los sectores de esta sociedad tan compleja: islamistas, nacionalistas kurdos, europeístas, comunistas…

Hay tantas frases cargadas de significado en los diálogos, en los que se analiza y cuestiona la existencia con gran profundidad, que os transcribo sólo un puñado de ellas para que, si os parece, podáis comentarlas (u otras que vosotros queráis): no olvides que a esos europeos que tanto admiras e imitas ni siquiera les importas… Pero le tienen pánico a Azul y a los que son como él (pág. 266). Eran muy serios. Quizá por eso eran felices. Para ellos la vida era un asunto serio para el que hacía falta responsabilidad. No un empeño a ciegas ni un amargo examen como lo es para nosotros (pág. 273). La vida, excepto enamorarse y ser feliz, sólo era una serie de momentos sin relevancia ni relación entre ellos (pág. 281). El sarcasmo de intelectual, las preocupaciones políticas y las pretensiones de superioridad cultural que hacían que viviera una vida estéril alejada del sentimentalismo al que inducía aquella serie [un culebrón mexicano] eran consecuencia de su propia estupidez (pág. 283). ¿Eras feliz de niño? Cuando uno es feliz nunca sabe que lo es […].  Cuando era niño no me interesaba la felicidad […]. Comencé a pensar en la felicidad cuando la infelicidad me incapacitó para hacer cualquier cosa (pág.310). En cuanto una nación es pobre, lo primero que piensa el mundo entero es que es una nación de tontos, de vagos, de sucios y de inútiles […]. Encuentran cómicas su cultura, sus tradiciones y sus costumbres. A veces luego se avergüenzan de lo que han pensado, dejan de reírse y si los emigrantes de ese país les barren los suelos y trabajan en los peores empleos, se comportan como si encontraran interesante su cultura e incluso los tratan como si fueran iguales para que no se les rebelen […]. Lo único que puedes hacer para que no te desprecien es demostrar que piensas como ellos. Y eso es algo imposible y humillante (págs.325 y 327).

El capítulo 29 supone un paréntesis en la historia que nos adelanta el destino final de Ka (¿por qué creéis que el narrador hace esto?). El narrador se va a una Frankfurt en la que también nieva cuatro años después de la estancia de Ka en Kars y cuarenta y dos días después de su asesinato y nos narra éste con todo detalle. Recorre las calles y los lugares que frecuentaba, se entrevista con quienes le conocieron y con los últimos que le vieron con vida, y, sobre todo, busca, sin encontrarlo, el cuaderno verde con los poemas escritos en Kars en los que había trabajado (intentando encontrar la lógica oculta del libro) los cuatro últimos años de su vida. Pero sí encuentra cuarenta cartas de amor a Ipek no enviadas y la estructura hexagonal de un copo de nieve en la que ha distribuido los títulos de los 19 poemas escritos en Kars (la lógica oculta por fin hallada). Es un capítulo plagado de excelentes descripciones detallistas, tan frecuentes en esta novela, que nos muestran la presencia y la vida de los turcos en la ciudad alemana (parece un homenaje lleno de admiración y cariño a estos inmigrantes y exilados, a su soledad y derrota).

 El narrador, que ya sabemos que se llama Orhan (puesto que es en esta parte cuando descubrimos que el narrador y el autor son la misma persona), se pregunta: ¿Hasta qué punto es posible comprender el dolor y el amor de otra persona? ¿Cuánto podemos comprender de los que sufren penas, ausencias y opresiones más profundas que las nuestras? Si comprender consiste en poder ponernos en el lugar de alguien distinto, ¿han podido alguna vez comprender los poderosos y ricos del mundo a los miles de millones de pobres que viven al margen? ¿Hasta qué punto puede ver Orhan el novelista la oscuridad de la vida difícil y dolorosa de su amigo el poeta? (pág. 306).

Os traslado a vosotros estas preguntas que me parecen el núcleo de esta historia: ¿podemos comprender a los que sufren más que nosotros?, y, añado yo, ¿qué podemos hacer, si es que podemos hacer algo, ante su sufrimiento?

Plazos

Es hora de vuestros comentarios sobre esta tercera parte. A ver si las frases que os transcribo y las preguntas que os hago os animan a participar. Mientras, continuaremos a lo largo de una semana con la lectura desde el capítulo 35 (pág. 371) hasta el final de la novela. Aunque ya sabemos que Ipek no se va a ir con Ka a Frankfurt y éste va a ser asesinado cuatro años después, todavía nos quedan por descubrir los motivos de ambas cosas, así como leer todos los acontecimientos que le quedan por vivir a nuestro poeta en su último día en Kars.

 

He venido porque soy infeliz. Y aquí soy más feliz

11 Jun
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Just a moment! Snow Crystal. Foto en flickr de Elif Ayse. Algunos derechos reservados.

Hemos llegado a la mitad de nuestra lectura y en Kars, la ciudad aislada por la nieve, no paran de suceder cosas. Todos los temas están descritos con verdadero detalle porque el narrador sólo pretende exponerlos, antes que explicarlos o dar soluciones. Parece que quiere dejar que sea el lector el que saque sus propias conclusiones.

Por ejemplo, el hecho de que las jóvenes musulmanas al suicidarse desobedezcan al mismo tiempo a Occidente y al Islam es utilizado por el autor para no posicionarse en este relato sino sólo para mostrar una realidad, la turca, dolorosamente escindida entre Oriente y Occidente. Como escindido está Ka, nuestro poeta de mente confusa con la razón en Europa y el corazón con los militantes de Imanes y Predicadores.

A Ka continúan “viniéndosele” poemas,  mientras la nieve no para de caer, como si por arte de magia los poemas se hicieran solos. Él mismo afirma que siente que es Dios quien le envía la poesía a pesar de no creer: no sé cómo se escribe poesía. El buen poema es como si viniera de fuera, de algún lugar lejano. Yo creo que ciertas vivencias propician al poeta a entrar en un estado de gracia con una lógica oculta a la menteKa está en Kars para ser atravesado por distintas revelaciones: el amor, la poesía, Dios. ¿Qué opináis de este planteamiento?, ¿y de su falta de posicionamiento ante la situación política que le lleva a afirmar la política no me interesa?

Cuando visita las frías habitaciones del horror, reflexiona sobre la brevedad de la vida y el sufrimiento que ésta contiene, pero al salir de nuevo a la nieve siente lo pequeños y frágiles que eran los deseos y sueños humanos, las intrigas políticas y cotidianas frente al frío de Kars,  y se sumerge de nuevo en su mundo feliz en el que el amor y la poesía le esperan. El lenguaje es tan poético que es como si quisiera atrapar la belleza en cada línea.

En esta parte asistimos a muchas conversaciones plagadas de reflexiones. Cuando habla con Necip, éste, con su mirada limpia e inocente, le pone contra la pared con cuestiones muy acertadas: si Dios no existe, eso quiere decir que no hay Paraíso. Y si es así, millones de personas que se pasan la vida entre carencias, pobreza y opresión ni siquiera pueden ir al Cielo. Entonces, ¿qué significado tiene todo el sufrimiento de los pobres? ¿Para qué vivimos y para qué sufrimos en vano? […] Si yo fuera rico, me daría tanta vergüenza que creería todavía más en Dios. Más adelante en su conversación con Sunay Zaim, éste le dice, cuando Ka le confiesa que está empezando a creer en Dios, la cuestión es creer como los pobres y ser uno de ellos. Sólo creerás en Dios cuando comas lo que ellos, cuando vivas con ellos, cuando te rías o te ofendas con lo que se ríen y se ofenden ellos.

Y en su conversación con Kadife, la hermana empañolada de Ipek (hermoso y denso capítulo 13) vuelve sobre el tema de la inutilidad del sufrimiento: sólo los ateos – afirma Kadife – que no han sufrido nunca piensan en la inutilidad del sufrimiento. Porque incluso los ateos que han sufrido aunque sólo sea un poco acaban por no soportar mucho tiempo la falta de fe y al final vuelven a creer.

¿Qué opináis sobre estas reflexiones sobre cómo la pobreza y el sufrimiento llevan a las personas a creer?

En el capítulo dedicado a la cena en el Nieve Palace, el narrador consigue transmitir tan acertadamente la felicidad y el bienestar que sienten todos que a mí me encantaría estar allí con ellos cenando y charlando. ¿No os pasa lo mismo? ¿No sentís al leer este libro como si una serenidad protectora os invadiera? Escoge tan bien los sustantivos y los adjetivos que te trasladas inmediatamente a esa mesa llena de desorden y extraña belleza. Ese deseo que tiene Ka de ser feliz es tan intenso que soñaba con que una luz muy parecida a la de la lámpara que iluminaba la desordenadísima mesa de trabajo de Turgut Bey, llena de libros, periódicos, libros de cuentas y facturas, en un futuro no muy lejano iluminaría la cara de Ipek desde la lámpara de su propia mes de trabajo en el pisito en el que vivirían juntos en Frankfurt. A pesar de sentirse culpable ante el sufrimiento de los más pobres e infelices, su amor por Ipek le colma de alegría.

Toda la parte que describe la representación teatral y la tragedia en la que culmina está narrada con un tono jocoso y casi grotesco que contrasta con la gravedad de los hechos. Ocurre igual con los capítulos dedicados al encuentro de Ka con Sunay Zaim, el director de teatro, un fracasado dirigiendo una revolución que aumenta aún más esta sensación de opereta. Incluso Ka disfruta por estar cerca del poder, lo cual también parece grotesco. ¿Por qué creéis que el autor lo ha narrado de esta manera? ¿Quizá para resaltar lo absurdo de la situación, el despropósito que es? ¿O encontráis otros motivos?

Cuando llegamos al capítulo 20 descubrimos con sorpresa que sólo ha pasado un día. Han ocurrido tantas cosas que parece increíble. Los acontecimientos han ido in crescendo hasta llegar a la tragedia del teatro y Ka parece desinflarse, salir de su sueño particular. Todo es tan intenso e increíble que Ka se cuestiona hasta sus sentimientos más profundos. Pero todavía queda mucha novela y muchas sorpresas.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios sobre esta segunda parte. Os animo a los que todavía no habéis dejado ninguno a que lo hagáis. Hay mucho sobre lo que opinar en este libro tan denso. Mientras dejáis vuestros comentarios, continuaremos, a lo largo de una semana, con la lectura desde el capítulo 24 (pág.250) hasta el 34 inclusive (pág. 370).

¿A qué has ido a Kars, Ka?

5 Jun
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The mosque. Kars. Foto en flickr de Alisan Cirakoglu. Algunos derechos reservados.

Nieve comienza con cuatro citas de autores muy relevantes, citas contundentes y muy significativas de lo que aquí se va a tratar. Destaco la de Stendhal porque esta novela nos va a hablar de los aspectos más feos de la política, aunque contenga mucha poesía y una historia de amor de fondo y aunque el protagonista Ka se abstenga en general de manifestarse, escuchando las opiniones de todos por igual , y dejándose llevar más por las emociones, el amor y la poesía. ¿Qué opináis vosotros de estas citas introductorias?

Yo siento la misma emoción que sentí al leer Nieve por primera vez. No es difícil olvidarte de todo lo que te rodea cuando abres las páginas y te sumerges en esta novela impregnada de un aura de misterio y de belleza. Me atrapan más los sentimientos de Ka, su alma de poeta, su melancolía, que los sucesos políticos, que, no obstante, me resultan muy interesantes. Es una novela profundamente lírica cuya prosa transmite una gran serenidad. En esto también influye el ritmo de la narración que es muy lento.  En sólo tres días van a suceder una gran cantidad de acontecimientos que el narrador nos va contando sin prisas y con todo detalle. El hecho de que la acción dure tan poco tiempo en una novela de casi quinientas páginas permite al autor desarrollar ampliamente los diversos argumentos que ésta contiene.

La nieve es una presencia constante desde la primera línea de la novela. La lentitud de la nieve al caer marca el ritmo de la narración. El silencio, la belleza, la elegancia de la nieve cayendo incansablemente despierta sentimientos de todo tipo en el protagonista; soledad, pureza, emoción, paz, confianza, inocencia, religiosidad, cansancio, miedo…, pero fundamentalmente provoca en Ka un estado de alegría y esperanza ante lo que principalmente va a buscar a Kars: el amor de Ipek. Aunque otro motivo importante que le mueve a Ka a desplazarse a esta ciudad olvidada y lejana es su deseo de hallar en ella la inocencia y la infancia que ya no encuentra ni en Alemania ni en la cambiada y modernizada Estambul.

También es la nieve (¿cuál es el secreto de la nieve?), unido a lo que está viviendo, la que le hace abrir su corazón a la poesía después de cuatro años de silencio en su escritura impulsándole (como si su vida fuera un copo de nieve) a escribir un primer poema en Kars que titulará, como no podía ser de otra manera, Nieve. Es muy hermosa la manera en que Ka le explica a Ipek el motivo por el que dejó de escribir poesía durante su estancia en Alemania: los silencios llegaron a ocupar un lugar tan importante en mi vida que ya no oía aquel molesto ruido que debía de combatir para poder escribir poesía. ¿Qué sentimientos despierta en vosotros leyendo esta primera parte la presencia constante de la nieve? No olvidemos que es el título que el autor ha dado a la novela.

Desde el principio llama la atención cómo el narrador  se presenta y se dirige al lector con esos comentarios que se adelantan en la trama: digamos ya que ese bonito abrigo de pelo suave habría de serle tanto motivo de vergüenza e inquietud como fuente de confianza en los días que pasaría en Kars […] Demos cierta información sobre él en voz baja aprovechando que se ha dormido […] Pero no quiero engañarles: soy un viejo amigo de Ka y sé lo que le ocurrirá en Kars antes incluso de comenzar esta historia […] Dos días más tarde, justo antes de recibir con dolor la noticia más triste de su vida. ¿Qué os parece esta técnica? ¿Os chafa la historia, os confunde, os aclara, os despierta más el interés y, por lo tanto, os mantiene con más atención, o creéis que es un capricho del escritor que no conduce a nada?

En paréntesis que el narrador va abriendo en el desarrollo de la acción nos presenta y describe a Ka y a los demás personajes, nos habla del antiguo esplendor de Kars, crisol de pueblos y culturas en el siglo XIX y convertida ahora en una ciudad pobre y olvidada, y nos describe, con gran acierto, los barrios más humildes, la miseria que reina en las casas de las familias de las jóvenes suicidas. ¿Qué personaje os parece  por ahora más interesante? ¿Y qué os transmite la otra gran protagonista, la decadente Kars, encerrada en el espacio y en el tiempo?

Ka, un solitario vulnerable que busca la felicidad, y su última oportunidad de encontrar un sentido a su vida, en el amor y en la poesía representa la opción individualista y occidentalizada frente a todos los demás que se apoyan en la colectividad de donde extraen su fuerza. ¿Qué opináis de Ka, tan imperfecto y tan humano, con tantas dudas y miedo?

A través de lo que vamos viviendo en Kars se plantean reflexiones muy interesantes sobre la Turquía de los años noventa en la que se desarrolla la acción de la novela (no muy diferente de la actual) dividida en dos corrientes: los laicistas, representantes del poder y apoyados por el ejército y los sectores más progresistas y los islamistas, religiosos y tradicionales apoyados por las clases más populares. Lo que sería lo mismo que decir: Occidente y Oriente. Hay muchas preguntas en la novela: ¿por qué se suicidan las jóvenes? ¿Por qué a todo el mundo le da por la religión? ¿Por qué se impide con la excusa del laicismo que las jóvenes empañoladas vayan a clase? Las jóvenes se suicidan porque son extremadamente infelices y porque no les dejan mostrar su religiosidad a través del velo. En la novela se afirma en numerosas ocasiones que el velo es el símbolo del islam político. ¿Qué opináis de la cuestión del velo tan actual, y tan polémico, también en nuestro propio país y en toda Europa occidental?

A lo largo del texto aparece con frecuencia un tema clave: el sentimiento de inferioridad que poseen los turcos ante Occidente. Azul le cuenta a Ka en un párrafo clave de la novela: imaginando lo que él [un alemán] pensaría de mí, intentaba ver a través de sus ojos mi aspecto, mi ropa, mis gestos, mi manera de andar, mi historia, de dónde venía y adónde iba, quién era. Una sensación horrible, […] pero me permitía comprender cómo se despreciaban a sí mismos mis hermanos… La mayor parte de las veces los europeos no nos desprecian. Somos nosotros quienes les miramos y nos despreciamos […]  los periódicos turcos no se interesan por la miseria y el dolor de su propio pueblo mientras no lo haga la prensa occidental. Asimismo, el asesino del director de la Escuela de Magisterio le dice en un momento dado a éste: si se descubren, entonces los europeos las tratarán más como a personas, afirmando a continuación que los musulmanes son esclavos de Occidente.  Algo más adelante Muhtar afirma: el hijo que yo soñaba que un día, sin tener que aguantar vejaciones, se convertiría en un hombre occidentalizado, moderno y con personalidad propia. Muhtar, antiguo militante izquierdista, es un ejemplo de cómo muchos turcos han regresado con entusiasmo al islam. En un momento de su vida se siente perdido, derrotado, y ahí están los islamistas para consolarle y dar un nuevo sentido a su vida: la gente como yo sólo encuentra la paz luchando por una causa en un partido político entre otros que son como ellos […] no desprecian a la gente al momento como los occidentalizados. Los musulmanes viven el hecho religioso de forma colectiva. Quizá busquen esa unión para fortalecerse ante el mundo occidental que les hace sentirse inferiores y despreciados. ¿Qué opináis de todas estas reflexiones? ¿Y de la conversación entre el jeque y Ka, con la que se cierra esta primera parte de la lectura, en la que éste se sincera sobre su culpa por no creer en Dios y su confusión por sentirse tan occidental?

Plazos

Ahora ya sí es hora de vuestros comentarios sobre esta primera parte de nuestra lectura. Espero que sean muy numerosos y que contestéis a las preguntas que planteo. Mientras dejáis vuestros comentarios, continuaremos, a lo largo de una semana, con la lectura de la novela a partir del capítulo 12 (pág.123) hasta el capítulo 23 inclusive (pág. 249). ¡Ánimo con esos comentarios y buena lectura!

 

Nieve: entre Oriente y Occidente

28 May
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Orhan Pamuk no Fronteiras do Pensamento 2011. Foto en flickr de fronteirasweb. Algunos derechos reservados.

Orhan Pamuk nos va a hablar, fundamentalmente, en Nieve de los problemas de una Turquía contemporánea que se debate entre Oriente y Occidente, entre tradición y modernidad. Pero Nieve es mucho más. Para mí es una novela esencialmente poética (no en vano su protagonista, Ka, es poeta) que se pasea por el amor y el ansia de felicidad. También va a cuestionar y a profundizar en el poder, la política y su violencia y la religión.

Ka, un poeta turco, exilado en Alemania desde hace 12 años, vuelve a Turquía a principios de los años noventa. Se traslada a Kars, una lejana ciudad en la frontera con Armenia representativa de la Turquía pobre y olvidada por los que detentan el poder, con el propósito de escribir una serie de artículos para un periódico de la capital sobre las elecciones municipales (que todo indica que ganarán los islamistas) y sobre los suicidios de jóvenes musulmanas que prefieren morir antes de quitarse el velo que cubre sus cabezas. Pero hay otros motivos más personales que le empujan a ir a esta ciudad. En ella, Ka se verá involucrado en las intrigas políticas locales y en la realidad convulsa y a veces surrealista de esta ciudad de la que no saldrá indemne. A la vez, la belleza y la melancolía de la nieve que no para de caer, le empuja a escribir, atravesado por la inspiración y como en estado de trance, 19 poemas en sólo tres días, que es el tiempo en que se desarrolla la novela. Claramente hay un juego intencionado por parte del autor entre las tres palabras claves de la novela: Ka, Kars y Kar (nieve en turco). Al final de la novela aparecen los títulos de los diecinueve poemas que escribe Ka en Kars y los capítulos y páginas en los que se mencionan pero nos vamos a quedar con las ganas de leerlos porque no son transcritos ninguno de ellos, como máximo el narrador nos explica sobre qué tratan.

Ka, nacido en Kars pero criado y formado en Nisantasi (como el autor), un barrio acomodado de la burguesía de Estambul, ha vivido muchos años en Europa por lo que representa al hombre culto, el intelectual que ha asumido el modo de vida europeo occidental lo que le lleva a defender el laicismo para su país. Él mismo se considera ateo, un ateo al que le van a hacer dudar de su condición religiosa muchos de los personajes islámicos militantes con los que va a entrar en contacto durante su estancia en Kars.

Nieve está narrada en 3ª persona omnisciente por un amigo del protagonista del que descubriremos más cosas hacia el final de la novela. Este narrador, de una manera muy novedosa, participa en la historia dirigiéndose hacia el lector y adelantándole información, pero esto no perjudica a la trama argumental, sino que incluso hace que aumente nuestro interés en la lectura.

Nieve es una novela de una gran belleza en la que, a través de una reinvención del lenguaje novelístico, el autor construye todo un universo que nos atrapa desde el principio con una prosa diáfana, poderosa y un tono melancólico y poético.

En una entrevista concedida al periodista de El País, Miguel Ángel Villena, el 24 de septiembre de 2005, con motivo de la publicación de Nieve en España, Orhan Pamuk contesta a una pregunta sobre la importancia de la nieve en su novela: yo necesitaba un pueblecito del noroeste de Turquía, en el que nevase lo bastante como para que el pueblo se quedara aislado del resto del país. Por eso necesitaba la nieve, para que la historia fuera creíble. A la vez, está también la idea de que cada copo de nieve es diferente de los demás, por lo que nosotros como personas, nos podemos identificar con esta individualidad, con la personalidad de los seres humanos. Cada ser humano es diferente de los demás, como los copos de nieve. Además está la belleza del paisaje nevado, que es un tema que me gusta mucho. Y estas cosas se combinan. Casi todas estas cosas las fui haciendo de tal forma que no sé muy bien por qué las hice. Pero así las hago, me interesa y queda muy bonito. Hay una extraña geometría oculta en todo ello y yo simplemente me dejo llevar por la intuición cuando las junto todas.

En otra pregunta que le hace el entrevistador acerca de si es o no una novela política, el autor responde: este libro no pretende solucionar los problemas políticos de Turquía. De lo que trata este libro es de comprender a la gente que ha quedado totalmente atrapada por estos problemas de laicismo, islamismo político, modernidad, tradición, amor a la familia y la imposición de una manera de pensar, vestir, hacer… La intención política de este libro es describir mi país, más que hacer un comentario político. El tema de este libro es político pero, por otra parte, no tiene la aspiración de adoptar una postura política. Tanto los lectores laicos, como los islámicos, se sintieron ofendidos de alguna forma con este libro cuando se publicó en Turquía hace tres años. Porque los laicos pensaron que yo estaba mostrando algo de comprensión hacia los políticos islámicos, que se retrataban en el libro como una especie de víctimas del Ejército turco. Y los políticos islámicos pensaron que me estaba riendo un poco de ellos por sus ideas, su brutalidad, su confusión y su miseria.

Orhan Pamuk es un poderoso narrador, un escritor que sabe crear un mundo propio. Con un marcado estilo poético, escribe libros densos, raros, sugerentes que exigen la colaboración intelectual del lector y que acaban produciendo una especie de fascinación. A veces es oscuro y experimental. Escribe sobre el odio, el amor, el miedo, la envidia, la violencia, el desprecio… Pamuk ha dado un nuevo sentido a la narrativa actual combinando la rica tradición literaria turca y árabe con los recursos de la novela moderna. En este sentido se aprecia la influencia del escritor egipcio, también Premio Nobel, Naguib Mahfouz. Otra gran influencia en la obra de Pamuk es la de Dostoievski, sobre todo en la construcción de novelas dialogadas donde la trama se erige a través de múltiples voces y presencias.

Su ciudad, Estambul, es frecuentemente protagonista y tema de algunas de sus novelas más importantes. En 2005 se publicó el libro de memorias Estambul. Ciudad y recuerdos. Pamuk es para Estambul lo que fuera James Joyce para Dublín o Mahfouz para El Cairo.

En 2004 fue llevado a juicio por afirmar en una entrevista a un periódico suizo: en Turquía mataron a un millón de armenios y a 30.000 kurdos. Nadie habla de ellos y a mí me odian por hacerlo. Le fue impuesta una condena de 6 meses durante los cuales no podía cometer delitos. En 2005 se reafirmó en sus palabras y, tras el apoyo de escritores de renombre mundial como Saramago, García Márquez, Eco, Gunter Grass, Salman Rushdie o Vargas Llosa que firmaron una declaración conjunta acusando al gobierno turco de no respetar los derechos humanos, un tribunal abandonó el proceso judicial. Su postura ante el problema armenio y kurdo en Turquía lo han convertido en un personaje polémico en su país: mientras unos le consideran un traidor otros le apoyan.

¿Por qué escribe Pamuk? Escribo para que el mundo entero sepa la vida que hemos llevado y seguimos llevando yo, los otros, todos, nosotros, en Estambul, en Turquía […] Escribo porque la vida, el mundo, todo, es increíblemente hermoso y sorprendente. Escribo porque me resulta agradable verter en palabras toda esa belleza y esa riqueza de la vida. Escribo no para contar una historia sino para crear una historia. Escribo para librarme de la sensación de que hay un sitio al que debo ir pero al que no consigo llegar, como en un sueño. Escribo porque no consigo ser feliz. Escribo para ser feliz.

Lo que me une a la escritura es el deseo de refugiarme en un segundo mundo más complejo y más rico que el mundo aburrido, sofocante y frustrante que conocemos. […]  Por supuesto, este segundo y reconfortante mundo que llevo treinta años forjándome a solas en un rincón, lo construyo con materiales del mundo que todos conocemos, con lo que puedo ver en las calles y en las casas de Estambul, Kars o Frankfurt. Pero nuestra imaginación, la imaginación del novelista, también le da a este limitado mundo real un espíritu mágico y particular.

No me resisto a transcribiros el inicio de su novela La vida nueva (1995): Un día leí un libro y toda mi vida cambió. ¿No os recorre un escalofrío al leer esta frase? Para los que somos “letraheridos” tiene un significado pleno. ¿No os ha pasado alguna vez?

Os dejo algunos enlaces interesantes. Para los que sepáis inglés, Orhan Pamuk Official Web Site, con todo tipo de información sobre el autor y su obra. Otro más que contiene un resumen de “La maleta de mi padre”, el discurso que pronunció cuando le fue entregado el Premio Nobel. Y, por último, un enlace a todos los artículos escritos por Pamuk en El País.

Y termino con el comienzo de Nieve: El silencio de la nieve, pensaba el hombre que estaba sentado inmediatamente detrás del conductor del autobús. Si hubiera sido el principio de un poema, habría llamado a lo que sentía en su interior el silencio de la nieve.

Plazos

Vamos a dividir la lectura en cuatro partes. La primera, que leeremos a lo largo de una semana, nos llevará hasta el final del capítulo 11, Ka y el señor jeque (pág. 122).

Os reitero lo de siempre, sobre todo a los nuevos: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o los personajes, o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis, ni esta parte ni mucho menos en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella en dicho post. Debéis respetar los plazos de lectura y dejar vuestros comentarios en los post respectivos a cada parte. ¡Buena lectura!

Nuestro próximo libro: NIEVE de ORHAN PAMUK

19 May
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Portada de la novela “Nieve” de Orhan Pamuk. Alfaguara

Damos un gran salto de Japón a Turquía para leer Nieve, una de las más importantes novelas del escritor turco Orhan Pamuk (Estambul, 1952). Nieve fue publicada  en 2002 y traducida al español en 2005, un año antes de que le concedieran al escritor el Premio Nobel de Literatura. Ya antes del premio, Pamuk era uno de los escritores más leídos, más premiados y más traducidos de la literatura turca actual. Tras el premio, su importancia ha ido creciendo y consolidándose en todo el mundo.

Nieve es un thriller político cuya acción transcurre en Kars, una remota ciudad en el noreste del país en la frontera con Armenia. Ka, un poeta y periodista turco exiliado en Alemania por motivos políticos, viaja a esta ciudad en pleno invierno para escribir una serie de reportajes sobre una ola de suicidios de jóvenes a las que se les ha prohibido llevar el velo a la escuela. El poder, la religión, el amor, la felicidad, la poesía, la violencia política, la sociedad turca sumida en su encrucijada oriente-occidente (uno de los temas claves en la obra de Pamuk)… desfilan por esta interesante novela.

Una absorbente proeza narrativa… una lectura esencial para estos tiempos. Margaret Atwood, “The New York Times Book Review”.

Misteriosamente bella… profunda y conmovedora. “Publishers Weekly”.

Pamuk utiliza sus poderes para mostrarnos los dilemas críticos de la Turquía contemporánea. ¿Cómo de europea es? ¿Cómo puede responder al fundamentalismo islámico? ¿Y cómo puede un artista lidiar con estos temas? Tom Payne, “The Daily Telegraph”.

A partir de mañana sábado 20, podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Disponéis de una semana para ello. Los que vivís fuera también contáis con una semana para conseguir el libro editado por  Alfaguara.

Nos encontraremos aquí en dicho plazo para empezar la lectura de Nieve. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Haruki Murakami podéis hacerlo a lo largo de estos días.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Tokio blues. Gracias.

 

 

Atravesar el dolor

13 May

Luciérnaga. Foto en flickr de Yliaaaaa. Algunos derechos reservados.

Ya hemos llegado al final de este intenso viaje por el amor, la muerte, la enfermedad, el sexo… la vida, a fin de cuentas. Es el momento de que dejéis vuestras conclusiones finales sobre esta novela que aúna una mirada nostálgica con otra plena de vida hacia el futuro.

Con respecto a esta tercera y última parte, yo creo que la historia decae un poco hasta que vuelve a crecer y se llena de significado a partir del último capítulo en el que el suicidio de Naoko provoca el viaje de Toru. Un viaje que, como un sonámbulo, como si estuviera en estado de trance, emprende para vivir su duelo particular por Naoko, y también para intentar encontrarse consigo mismo y, a través de la aceptación de tanta muerte, asumir que ésta es una parte de la vida.

Por fin Watanabe se convierte en protagonista de esta historia, lo que nos va a permitir conocerlo algo más. Poco antes del suicido de Naoko, Toru, que acaba de cumplir 20 años, se encuentra inmerso en un lodazal infinito del que le cuesta horrores salir, pero, como siempre, lo intenta (sólo sabía que tenía que dirigirme a alguna parte y, por ese motivo, movía los pies). Deja la residencia y se va a vivir solo a un apartamento donde aspira a comenzar una nueva vida y le ofrece a Naoko que se vaya a vivir con él. Pero esa nueva vida no llega ya que Naoko empeora. Toru, después de pasar unos días hundido, reacciona y a través de unas palabras, no exentas de reproche, que le dirige a Kizuki, toma una decisión muy importante que explica muchos de los motivos de su proceder hasta ese momento: a diferencia de ti, he decidido vivir como es debido […] Todo lo que está ocurriendo procede de tu muerte: abandonaste a Naoko a su suerte. Yo, en cambio, jamás podré hacerlo, porque la quiero y soy más fuerte que ella. Y aún seré más fuerte. Maduraré. Me convertiré en un adulto […] Hasta ahora había deseado permanecer eternamente en los diecisiete o dieciocho años. Pero ya no lo pretendo […] He cumplido 20 años. Y debo pagar un precio por seguir viviendo. Watanabe comienza a salir del túnel de una eterna y dura adolescencia y se encamina hacia la madurez con paso firme. Finalmente, las pérdidas que sufre parece que le salvan ya que se enfrenta a ellas, las supera, y, una vez dejadas atrás, puede avanzar con su propia vida.

Pero la vida sigue poniéndoselo difícil y se queda muy solo, hasta Midori, ante su indecisión, se aleja de él una buena temporada y este alejamiento le hace llegar a la conclusión de que sin ella no puede seguir adelante. Watanabe lleva mucho tiempo queriendo a las dos, quizás de distinta manera (¿qué opináis?), pero sin ser capaz de dar un paso hacia Midori mientras espera a Naoko que nunca llega. Midori, dolida, se resiste a verle a pesar de sus llamadas, pero un día vuelve a aparecer y le confiesa, en un reencuentro que, como una maravillosa escena cinematográfica, transcurre en la azotea de unos grandes almacenes una tarde de lluvia, que está enamorada de él y que le va a esperar. Ante su hermosa y honesta declaración de amor, Watanabe, vencido por la evidencia, le pide que le dé tiempo ya que no sabe si quiere a Naoko o sólo siente responsabilidad (mi relación con Naoko no fue algo tan simple. Desde el principio estuvimos unidos en la frontera entre la vida y la  muerte) y necesita aclararse. Pero Toru, en ese encuentro, se ha dado cuenta de que ama a Midori de una forma irreversible, quizá desde hace ya mucho tiempo.

Una vez muerta Naoko, y después de su viaje al interior de sí mismo en medio de una naturaleza apabullante, Watanabe percibe que el amor que sintió, ¿que siente?, por ella no deja de dolerle. ¿Será, en parte, porque, como afirma al principio de la novela, Naoko jamás le amó? Una vez conocido el desenlace, ¿por qué creéis que lo dice? ¿Será porque Naoko no había dejado de amar a Kizuki y, finalmente, al escoger la muerte lo escogió a él? El mal que le ha hecho la vida a la joven está muy dentro de su corazón y la presencia de Kizuki lo ocupa casi todo. Éste fue su gran amor y al truncarse, unido a la fragilidad de Naoko, le impide entregarse a Watanabe y a la vida.

Todo lo que ocurre en esta novela, por nimio que sea, es importante y cumple una función, no hay nada casual o gratuito. Lo mismo ocurre con los personajes. Hay un juego interno entre ellos, complejo y lleno de dualidades y contraposiciones, ¿os habéis dado cuenta? Hasta los más secundarios cumplen un papel en la historia.

La “consejera” Reiko, la única adulta, juega un papel fundamental en el paso a la madurez de Watanabe (además parece que se sienten atraídos desde un principio). Con sus conversaciones, le ayuda a desprenderse de tanta muerte, a salir de su particular mundo irreal y del “pozo” en el que cae después del suicidio de Naoko. Ese hermoso y vitalista funeral privado compuesto de 51 canciones (la música es vida) funciona como un acto simbólico y catártico. Pero también Toru ayuda a Reiko. Cuando ésta le pide hacer el amor y él accede, sabe que le está dando un empujón para que ella pueda volver a la sociedad que ha abandonado. A través de la sexualidad (el sexo es vida), Reiko coge fuerzas para enfrentarse de nuevo al mundo real. Es el final de un largo proceso de crecimiento personal que la coloca de nuevo en medio de la pavorosa existencia. Estábamos vivos y teníamos que preocuparnos por seguir viviendo.

Hatsumi, la novia de Nagasawa, es otra alma sensible que pagará caro la elección de ese hombre egoísta que representa el triunfo a toda costa pese incluso a sí mismo. Watanabe, en su breve pero intensa, como todas, relación con ella, siente una corriente de afecto hacia esa mujer que le hace desear que sea su hermana (la deseada hermana mayor del hijo único), pero, sobre todo, siente, al recibir la fuerza que emana de ella, un intenso estremecimiento en su corazón que, años más tarde, descubre qué es: un anhelo adolescente que no había sido, ni sería, jamás colmado. Quiero resaltar la escena que la que terminan juntos jugando al billar, después de la incómoda cena a tres (Toru, de nuevo, sintiéndose de más como le ocurría con Naoko y Kizuki), en la que la dulce Hatsumi explota y reprocha a Nagasawa, con todo derecho, su no correspondida relación. Ella había sido una mujer excepcional. Alguien hubiera debido salvarla.

No quiero dejar de señalar el papel que la música y la literatura ocupan en el libro, y, en general, en toda la obra de Murakami. Las canciones que escuchan y los libros que leen o los autores que nombran, son parte importante que no hay que obviar. Banda sonora de lujo y referencias literarias, simbólicas a veces, que abren el libro a una lectura más profunda: El guardián entre el centeno, La montaña mágica, El gran Gatsby, Capote, Chandler, Updike, Dostoievski, Boris Vian

Queda claro que Watanabe a los 37 años lleva un peso dentro que no tiene resuelto, han tenido que pasar 18 años para que se decida a escribir lo que ocurrió con el fin de poder entenderlo y, en consecuencia, resolverlo. Teniendo esto en cuenta, ¿qué os parece el final de la novela? ¿Creéis que es un final abierto? Para mí está claro que se queda con Midori: Eres lo único que deseo en este mundo. Necesito verte. Quiero empezar una nueva vida a tu lado, y que Midori, aunque no diga nada (aquel silencio recordaba a todas las lluvias del mundo cayendo sobre la faz de la Tierra), le acepta, porque ya antes de su viaje le ha dicho que le ama.

Me parece adecuado terminar con estas palabras que yo creo que resumen muy certeramente la esencia de esta hermosa novela: el conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esta tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar este dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso.

Y yo añadiría: existimos en la medida en que somos recordados.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios, que espero que sean muy numerosos, sobre esta última parte y sobre la novela en general. Disponéis de una semana para ello. Hay mucho que comentar ahora que hemos terminado esta triste y elocuente historia de aprendizaje no exenta de redención. También sobre el peculiar mundo murakamiano y sobre todo lo que queráis. Los rezagados o los que habéis estado “mudos” hasta ahora animaos a dejar vuestra opinión. ¡Nos “vemos” en el blog!

Como un cuervo atesorando pedacitos de cristal en el hueco de un árbol

5 May

熊野古道 #5 – Foto en flickr de Benjyamin. Algunos derechos reservados.

Continuamos en esta segunda parte con el alto voltaje emocional. Estamos en el epicentro de la novela y, con respecto al argumento de la historia, estos son, yo creo, los dos capítulos más importantes. En ellos se profundiza en las dos protagonistas femeninas, y en la relación que mantiene con ellas Watanabe, y se abordan dos de los temas claves de la historia: la muerte y la enfermedad, tanto física como mental.

En esta segunda parte la dualidad es casi total. El capítulo 6 se centra en la vida de Naoko (y Reiko) en la Residencia Ami, un “peculiar” lugar de retiro, completamente aislado en el campo, para personas con problemas mentales, un “mundo irreal” que Watanabe visita durante dos días. El capítulo 7 se centra en la opuesta Midori y en la relación que Watanabe va estableciendo con ella (¡cuánto bien le hace Midori!: doy gracias por haberte conocido. Tengo la sensación de que me he readaptado al mundo) en medio del bullicio de Tokio, el “mundo real” donde el padre de Midori está muriéndose en un hospital (magistral la lección que nos da Midori cuando afirma: hablar es muy fácil. Lo importante es limpiar la mierda o no hacerlo). El autor nos acerca a la enfermedad y a la muerte, a la otra cara de la vida, la que no queremos ver. Murakami nos la pone delante de los ojos como diciéndonos: mira, esto también existe, esto también es la vida.

Tokio blues no nos habla de alegres y despreocupados jóvenes satisfechos con la vida sino todo lo contrario, nos muestra la juventud como un proceso difícil lleno de incertidumbres y desasosiego en el que siempre se quedan muchas cosas por el camino.

Seguimos sin saber mucho de lo que siente Watanabe, sabemos que es solitario, que no le interesan mucho los estudios, que está confuso sentimentalmente y “tocado” desde el suicido de Kizuki, pero parece que le gusta poco hablar de sí mismo, que no se siente cómodo hablando de él. De alguna manera, el autor lo pone ahí con el fin de que todos los demás personajes le “utilicen” para sacar fuera todo lo que llevan dentro. Si os fijáis, en los diálogos, él es el que hace preguntas y los demás se extienden en largas respuestas y cuando le toca responder a él, es muy escueto, como si le costara encontrar las palabras. Hay un diálogo con Reiko donde Toru contesta a una pregunta que ella le hace: me gusta ir de excursión, nadar, leer. A lo que Reiko contesta: veo que te gusta la soledad. Por cierto, ¿qué opináis del personaje de Reiko? ¿Creéis que está metido con calzador o, por el contrario, pensáis que su presencia es clave, o al menos importante, para la historia? ¿Por qué creéis que nos cuenta con tanto detalle la historia de su relación con la alumna? ¿Pensáis que aporta algo a la historia central?

Respecto a los sentimientos que existen entre Watanabe y Naoko ¿Creéis que lo que siente él por ella es sólo amor o éste está teñido con una mezcla de responsabilidad y culpabilidad? ¿Y Naoko? ¿Qué siente ella por él? ¿Será que no puede amar? Recordad que al final del capítulo 1, Toru dice: porque Naoko jamás me amó. ¿Cuál creéis que es el problema de Naoko?

¿Qué opináis acerca del papel que ocupa el sexo en la novela? ¿Qué pensáis de esta forma tan explícita y desprejuiciada que tienen los personajes de hablar de él? ¿Os habéis fijado que el sexo no aparece normalmente asociado con el amor? Donde hay amor hay poco sexo y donde no hay amor hay mucho sexo. ¿Por qué creéis que esto es así?

En el trasfondo de la historia están las luchas estudiantiles de los sesenta. Murakami, a través de las opiniones de Midori y Watanabe, no es nada complaciente con ellas, calificando a sus protagonistas de cobardes e hipócritas. En el capítulo 7, ambos hablan críticamente de todo esto. ¿Qué opináis de su punto de vista?

El final de este capítulo, en el que Watanabe le escribe una carta a Naoko, nos permite conocer un poco más a nuestro protagonista. Es una carta sincera y triste, muy triste, pero también bellísima. Murakami en estado puro, en estado de gracia literaria, nos concede frases como estas: las personas, al morirnos, dejamos atrás unos pequeños y extraños recuerdos […] no me había dado cuenta de que hablo mucho solo. Puede que, mientras me doy cuerda, no pare de murmurar todo el tiempo  […] pero hoy es domingo y esta mañana no me he dado cuerda  […] las tardes de domingo recuerdo un montón de cosas  […] domingos tranquilos, apacibles y solitarios. Los domingos no me doy cuerda.

Plazos

A algunos de vosotros no os está gustando mucho la novela, no conectáis con ella. A otros, por el contrario, os está encantando este mundo murakamiano. Y el resto todavía no habéis dejado vuestras opiniones. Me gustaría saber si los primeros habéis cambiado de opinión con la lectura de esta segunda parte, si habéis conectado algo más con ella. Es hora de vuestros comentarios sobre esta parte. Espero que sean numerosos y espero que contestéis a mis preguntas. Mientras, continuaremos, a lo largo de una semana, con la lectura a partir del capítulo 8 (página 265) hasta el final de la novela. Termino con las hermosas palabras de nuestra compañera Panantel: puede que la novela nos ayude a encontrar nuestra luciérnaga, así que a seguir leyendo compañeros.

 

En mi interior permanecía una especie de masa de aire de contornos imprecisos

28 Abr
Blue Hour over Tokyo. Foto en flickr de Schwarzkaefer. Algunos derechos reservados.

Blue Hour over Tokyo. Foto en flickr de Schwarzkaefer. Algunos derechos reservados.

Me encanta Murakami. Hace ya muchos años que lo descubrí y, desde entonces, se ha convertido en una adicción. Su lectura me hipnotiza, me emociona, me hace reflexionar y darme cuenta de lo que es verdaderamente importante en la vida. Para disfrutarlo sólo tienes que dejarte ir, abandonarte a su escritura, entrar en su mundo. Murakami no se queda en la superficie, va hasta el fondo, muchas veces de auténticos pozos (un importante símbolo en su literatura), y si vas de su mano, una vez que has pasado por todo tipo de experiencias, algunas muy duras, otras deliciosas, también extrañas, irreales, cargadas de simbolismos, sales, como sus personajes, convertido en una persona más sabia. Simplemente aprendes a conocerte mejor a ti mismo y al mundo. Él dice que se deja la piel escribiendo y yo creo que, nosotros, los lectores, tenemos que dejarnos también la piel leyéndolo. Más que leer, hay que vivir sus libros.

Tokio blues es un torrente de emociones y sensaciones ¿no os pasa al leerla que se os ocurren muchísimas cosas que comentar que luego son muy difíciles de trasladar al papel? Porque Murakami, a pesar de su estilo claro y sencillo, es muy complejo (y en esa manera sencilla de plasmar esta complejidad está su maestría) y es difícil abordar tantos temas esenciales que plantea. Así que, esta vez, voy simplemente a dejaros unas cuantas reflexiones sobre esta primera parte tal como me han ido surgiendo para que os animéis vosotros a dejar las vuestras.

Un Watanabe ya adulto se enfrenta a su pasado y siente que tiene que comprender lo que pasó. El paisaje, aquel prado en octubre, le grita: ¡vamos! ¡Arriba! ¡Aún estoy aquí! ¡Arriba! ¡Levántate y comprende! ¿Cuál es la razón de que todavía esté aquí? […] Por eso ahora estoy escribiendo. Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito.

En Tokio blues encontramos los temas recurrentes en la literatura de este autor, sobre todo la soledad de sus personajes. Son seres que no comprenden demasiado el mundo que les rodea, lo ven desde fuera y acaban encontrándose (no en vano) con otros seres iguales de solitarios que ellos. Yo creo que son solitarios porque son personas diferentes, algunos están “deformados”, como se define a sí misma Naoko, otros tienen una visión peculiar de las cosas como Midori que, por otro lado, es la que más vive en el mundo real. Me encanta esta chica: honesta (todos lo son), natural, divertida, independiente, realista, valiente y fuerte. Pero peculiar. Y muy madura, como lo es también Watanabe. El impasible Toru que tan bien sabe escuchar a los demás pero, como le dice Naoko: sé que no puedo esconderme en mi caparazón y dejar que las cosas pasen. Y me da la impresión que tú haces eso. Midori es una superviviente, como Watanabe, pero ha sobrevivido con más frescura y vitalidad y Toru se siente atraído por ella a pesar de su amor por Naoko. ¿Qué pasará entre ellos? ¿Cómo manejará Watanabe ambos sentimientos encontrados? Quiero resaltar la maravillosa escena en la que Midori canta canciones a Toru subidos en el tejado de su casa mientras un incendio cercano pone en peligro sus vidas sin que parezca que a Midori le importe nada. ¿Qué opináis, por ahora, de los personajes? Además del triángulo protagonista: Watabanabe-Naoko-Midori, por ahora sólo han aparecido el ligón de Nagasawa y el “friki” Tropa-de-Asalto.

Como ya hemos dicho, esta novela no es tan simbólica como otras de él, pero en esta primera parte hay dos pasajes donde aparecen elementos simbólicos: el del pozo y el de la luciérnaga, ¿qué creéis que significan?

Otro aspecto a resaltar es que, aunque sus protagonistas son jóvenes, no se puede considerar a Tokio blues la típica novela juvenil sino todo lo contrario. En mi opinión es una novela madura, sólida. Las reflexiones, los diálogos (brillantes) así nos lo muestran. Sus personajes están perdidos, sí, pero intentan comprender, entenderse, buscar respuestas y salidas, incluso Naoko, la más tocada, que ya instalada en el  singular sanatorio donde se recluye y se tranquiliza, opta por una actitud analítica de su comportamiento. Incluso Naoko es madura.

Los personajes dan largos paseos sin rumbo por una inmensa Tokio, visitan muchos locales donde comen, toman un café, una copa… Tokio aparece como una ciudad bulliciosa, una urbe gigantesca, anónima, del todo ajena a los sufrimientos y zozobras de los personajes, el escenario perfecto e indiferente donde estos solitarios y perdidos protagonistas en busca de sí mismos están inmersos.

En las págs. 37-38 (cuyo contenido me parece clave en esta historia) Watanabe reflexiona sobre cómo le influyó el suicido de Kizuki, su único amigo: fui incapaz de hallar mi propio espacio en el mundo que me rodeaba.  Lo único que desea es marcharse de su ciudad y así lo hace, comenzando una nueva vida en Tokio donde su único propósito es tratar de no tomarme las cosas a pecho, mantener la debida distancia con el mundo. Nada más. Y olvidar.  Pero no puede y las reflexiones acerca de la muerte son inevitables: hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. “Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella”. Sin embargo, a fuerza de reflexionar, llega a la conclusión de que la muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella […] La muerte había estado implícita en mi ser desde el principio […] Cuando la muerte se llevó a Kizuki a sus diecisiete años, se llevó una parte de mí, y concluye: la muerte es un asunto grave. Quedé atrapado en este círculo vicioso, en esta asfixiante contradicción. […] Estaba en la plenitud de la vida y todo giraba en torno a la muerte.  Y entonces se reencuentra con Naoko a la que parece que le ha pasado lo mismo. Naoko está tan sola como él pero mucho más desvalida, su mirada es de una trasparencia ausente y busca en el vacío las palabras que no encuentra. Ella misma define su desequilibrio: es como si tuviera el cuerpo dividido por la mitad y las dos partes estuviesen jugando al corre que te pillo. En medio hay una columna muy gruesa y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de mí encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla.

Watanabe para calmar su contradicción camina, nada, bebe de vez en cuando una copa, escucha mucha música y, sobre todo, lee: leía mis libros a solas y en silencio. Los releía y cerraba los ojos y me llenaba de su aroma. Sólo aspirando la fragancia de un libro, tocando sus página, me sentía feliz.

Los libros, la música, la comida, el sexo. Todos temas muy murakamianos. Y temas mucho más serios como la soledad, el suicidio, la muerte y el desequilibrio mental tan importantes en esta novela. Espero vuestros comentarios sobre la presencia de todos ellos en esta parte.

Terminamos con la decisión de Watanabe, después de leer varias veces la extensa carta que Naoko le envía sincerándose con él, de ir a visitarla a la fuera-del-mundo “Residencia Ami”.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios y reflexiones sobre esta parte, y sólo sobre esta parte. Espero que sean muy numerosos. Disponéis de una semana para ello. A la vez, continuaremos con la lectura a partir del capítulo 6 (Pág. 125) hasta llegar al final del capítulo 7 (pág. 263).

Tokio Blues: Alto y desequilibrante voltaje emocional

21 Abr
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Haruki Murakami. Foto en flickr de La Tête Krançien. Algunos derechos reservados.

Haruki Murakami inició su carrera literaria en 1979 pero hasta que no publicó Tokio blues en 1987 era un escritor con ventas que no sobrepasaban los 100.000 ejemplares. Con esta novela le llegó la fama ya que ha vendido varios millones de ejemplares en todo el mundo lo que ha convertido al libro en un auténtico ‘best seller’. En 2005, la editorial Tusquets lo publicó en España y se repitió el éxito: ya va por la 32ª edición y continúan las ventas. Desde entonces Murakami es todo un fenómeno literario, casi una moda (algo que no es muy de su agrado). Sus millones de seguidores esperan con expectación la publicación de un nuevo libro y cada vez que esto ocurre se convierte en todo un acontecimiento. En español están publicadas trece novelas, cuatro libros de relatos, dos libros de ensayo y se acaba de publicar estos días su último libro, otro ensayo, titulado De qué hablo cuando hablo de escribir. Puede ser un buen momento para leerlo y conocer el universo de este interesante escritor.

Tokio blues difiere bastante del resto de sus obras. No tengo interés en escribir novelas largas con estilo realista, pero decidí que, aunque sólo fuera una vez, iba a escribir una novela realista. Tokio blues fue un simple experimento. Personalmente, a mí me gusta esa novela, pero no he vuelto a leerla desde hace casi 20 años. De momento, no tengo ninguna intención de volver a escribir algo parecido. No tengo interés en el pasado. Ya no puedo sentir interés en el llamado estilo realista porque, si escribo una novela así, acabo aburriéndome, aclara. El escritor confiesa que le gusta crear historias que causen desconcierto en sus lectores y que se deja la piel cada vez que escribe una de ellas.

Para los que todavía no conozcáis el mundo murakamiano quizás sea ésta novela la mejor manera de iniciarse en su literatura ya que es menos compleja y simbólica que las restantes, aunque el traductor de la obra al inglés, Jay Rubin, sostiene que esta obra mantiene en grado importante la complejidad y el simbolismo característicos de la obra de Murakami, y que, por lo tanto,  no es simplemente una historia de amor como aparentemente parece.

Tokio blues es el relato conmovedor y agridulce de una educación sentimental y de las pérdidas que implica toda maduración.  La historia comienza cuando su protagonista, Toru Watanabe, escucha el tema de los Beatles que da nombre a la novela mientras está aterrizando en Hamburgo. Tiene 37 años y la canción le hace retroceder a una turbulenta e intensa época de su vida ocurrida dieciocho años atrás, a finales de los 60, en Tokio. La novela está narrada en primera persona por el propio Watanabe en forma de un largo y detallado flashback que evoca, con una gran carga nostálgica, aquellos años estudiantiles en los que conoció a Naoko, una bella chica inestable y muy especial, con la que inicia una peculiar relación.

Watanabe es un cruce entre un narrador protagonista y un narrador testigo ya que aunque sea el protagonista de esta historia, parece que está ahí para hablarnos de los demás personajes. Sabe escuchar, tiene una gran capacidad para comprender a las personas, apenas habla y cuando lo hace (ya sea en los diálogos o en sus reflexiones) revela, con gran honestidad, cosas realmente importantes, claves para entenderlo tanto a él como al resto de los personajes. El prudente, resignado, solitario y confuso Watanabe posee, a la vez, una extraña madurez y serenidad no muy propia de su edad. Casi todas las novelas de Murakami están narradas en primera persona y el narrador, y a la vez protagonista, suele ser un hombre con similares características, un álter ego en muchos aspectos del propio escritor.

Las dos protagonistas femeninas son dos mujeres totalmente opuestas: Naoko, la cara oculta, y oscura, de la luna y Midori, la que brilla con luz blanca. En medio, el prepotente y vanidoso Nawasawa y, sobre todo, Reiko, una mujer herida por la vida, y, al fondo, la omnipresencia ausente de Kizuki, el novio de Naoko y mejor amigo de Watanabe, cuyo suicidio a los diecisiete años llena a ambos de dolor e incomprensión ante el mundo. Quizá sea esta experiencia la que ha otorgado al protagonista una lucidez y vulnerabilidad que le hace percibir con una gran claridad el dolor propio y ajeno así como la madurez que se adquiere cuando uno se enfrenta con la muerte de un ser querido.

Murakami consigue con una gran maestría y un estilo sobrio, depurado, ágil e inquietante que la historia te envuelva y no puedas dejar de leerla. Las descripciones son muy detalladas, precisas y visuales. Aunque describe casi todo, no se explaya demasiado, va a la esencia, y, al contrario de lo que pasa con otras novelas, se puede perfectamente visualizar lo que describe. La novela está plagada de diálogos fluidos y rítmicos magníficamente construidos que poseen una gran verosimilitud en los que se pasa de lo prosaico a lo más trascendente con toda naturalidad y que va dejando toques de un fino humor. Los personajes son los que sostienen una historia en la que apenas hay acción, de ahí la importancia de los diálogos.

El amor, el sexo, la pérdida, la muerte (el suicidio) y la inestabilidad mental transitan por ese mundo de alto, y desequilibrante, voltaje emocional que de manera tan especial y con gran sensibilidad literaria sabe crear el autor. La mirada retrospectiva del narrador posee una evocadora melancolía y un tono nostálgico tiñe toda la novela de una tristeza existencial.

El título original en japonés es Noruwei no Mori, traducción del título de la canción Norwegian Wood de Los Beatles. En la novela aparecen diversas alusiones a la canción, que es la preferida de Naoko. La palabra japonesa “mori” sería el equivalente en español a “bosque”, no a “madera”, aunque en la canción se refiere a este significado (madera noruega). Los bosques y su simbolismo tienen una importancia destacada en la novela. El por qué se ha traducido en español por Tokio blues podría ser por las semejanzas entre este tipo de música y las características de la novela. Una historia triste escrita con un ritmo entrecortado como el blues. Un relato más de sensaciones que de acciones.

Os recomiendo que comencéis la lectura escuchando Norwegian Wood, la canción de los Beatles que da nombre a la novela y que refleja la importancia que la música, desde la clásica al rock, tiene en la obra de Murakami.

Otra de las características de la novela, y de la obra de Murakami en general, son las referencias a otros libros que están leyendo los personajes, sobre todo el  omnívoro lector Watanabe. Normalmente literatura occidental muy del agrado del escritor. En Tokio blues aparecen El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, El Centauro de John Updike (los dos libros favoritos del protagonista), La montaña mágica de Thomas Mann (cuya elección posee una gran carga simbólica de la que ya hablaremos) y Bajo las ruedas de Hermann Hesse. También aparece El guardián entre el centeno de Salinger. Y es que Toru Watanabe podría ser perfectamente Holden Caulfield unos años más tarde. De hecho Reiko le dice en un momento: Hablas de una manera muy especial […] ¿Estás imitando al protagonista de “El guardián entre el centeno”?

La novela fue llevada al cine en 2010 por el director vietnamita Tran Anh Hung. Yo no la he visto todavía. Me parece un buen momento para hacerlo. ¿Alguno la ha visto y nos puede contar? Podéis ver el tráiler y ponerles cara a los personajes. También os dejo un vídeo con una escena de la película donde Reiko toca a la guitarra “Norwegian Wood” ante Watanabe y Naoko y otro más con escenas de la película mientras suena la canción She brings the rain interpretada por el grupo alemán de finales de los años sesenta Can.

Adjunto sendos enlaces, uno a la página de Facebook dedicada a Murakami y otro a la página que le dedica la editorial al autor.

Como un intento de acercamiento al mundo Murakami os dejo algunas declaraciones hechas por el autor sobre su obra y su proceso de creación. ¡Qué mejor para poder entenderle que dejar al propio Murakami que hable!

Soy un nadador, me gusta y sé me da bien, pero no sé explicar lo que hacen mis brazos o mis piernas cuando estoy en el agua. Con la escritura pasa lo mismo, sé hacerlo pero no describir cómo lo hago. Escribo como nado.

Mis historias brotan de algún rincón profundo y misterioso de mi mente. No tengo un mapa o una linterna para rastrear esa extraña fuente, solo puedo divisarla de forma muy vaga. Para mí escribir es explorar la naturaleza de este lugar oscuro, que no maligno, donde conviven elementos enigmáticos, positivos y negativos, ambiguos y nacidos del subconsciente.

Cuando escribo abro la puerta a otra habitación y me encierro en ella, voy al otro lado. No puedo escribir de forma realista porque la ficción me obliga a entrar en esa otra habitación, que es muy oscura, silenciosa y en la que soy testigo de multitud de cosas extrañas, salvajes y surrealistas. Cuando escribo, desciendo a las profundidades de mi mente. Cuanto más bajo, más peligroso resulta. Debo ser fuerte para enfrentarme a las criaturas, a las imágenes y a los sonidos que moran ahí; necesito valor para atreverme a abrir puertas que me provocan mucho miedo. Sé que suena esquizofrénico. Ir de un mundo al otro es delicado y hay que hacerlo con cuidado porque el precipicio está muy presente. Por fortuna, soy un escritor y puedo ir y regresar a mi antojo, mientras que hay gente en la vida real que se extravía fatalmente. Todo el mundo tiene la capacidad de plantarle cara a sus obsesiones, pero solo una minoría se atreve.

Del jazz he aprendido tres lecciones que luego he aplicado a mis libros: ritmo, armonía e improvisación.

A mí siempre me ha interesado la gente que ha sido arrojada fuera de la sociedad, aquella que ha sido retirada o apartada.

Mis personajes siempre acaban encontrando una vía o una solución para superar sus problemas, pero por el camino tienen que sufrir y enfrentarse a la oscuridad, a la maldad, a la extrañeza y en ocasiones incluso a la violencia.

Soy un escritor, mi trabajo es escribir, no hablar. Además, deseo permanecer en el anonimato, poder viajar en el metro de Tokio sin que me reconozcan.

Aún no sé grandes cosas acerca de mí mismo. He estado escribiendo mucho con el objetivo de conocerme, pero he avanzado poco. En última instancia, me dedico a la ficción para saber quién soy, qué hay dentro de mi cabeza. Cada nuevo libro es una forma de conocerme, pero el proceso es lento. Sigue habiendo tanta oscuridad que la batalla se promete larga. 

Soy japonés, escribo en este idioma y mis novelas se desarrollan la mayor parte de las veces en este país. Pero soy un individuo. Sólo un hombre libre.

Para terminar, unas palabras de la escritora mexicana Guadalupe Nettel sobre Tokio blues: es una de esas novelas densas e imprescindibles que se beben como un Cutty Sark una de esas noches en que la vida resulta insoportable.

Bienvenidos al inquietante universo murakamiano. Para muchos lectores leer a Murakami es convertirse en seguidor incondicional de este autor.

Plazos

Vamos a dividir la lectura en tres partes. La primera, que leeremos a lo largo de una semana, nos llevará hasta el final del capítulo 5 (página 123).

Os reitero lo de siempre, sobre todo a los nuevos: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o los personajes, o sobre lo aquí escrito o los enlaces dejados, pero no la comentéis, ni esta parte ni mucho menos en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella en dicho post. Debéis respetar los plazos de lectura y dejar vuestros comentarios en los post respectivos a cada parte. ¡Buena lectura!

Todo el amor de tu vida está dentro de ti

8 Dic

Recolección de fresas. Foto en flickr de M. Martín Vicente. Algunos derechos reservados.

A pesar de tan terribles confesiones, el hecho de que ambas hayan comenzado a abrirse la una a la otra les da fuerza. Son muy sanadores esos monólogos, tanto que Veronika advierte que en su amiga había un cambio sutil en el ángulo de su barbilla, en su postura. Determinación se dijo. Dignidad. Y quizá también alivio. Pero todavía hay mucho que contar, que exorcizar, y es el turno de Veronika, que está llegando a Nueva Zelanda: me sentía nueva, recién despertada a la vida […] Me había lanzado al vacío sin saber dónde ni cómo aterrizaría. Cuando se encuentra por fin cara a cara con James siente que todo lo vivido con él permanece intacto. Y comienza su nueva vida en el nuevo mundo. James ama el mar: para mí, el mar es la vida misma. Los colores, el olor. Es mi anhelo  […] Quiero que os conozcáis. Que aprendáis a quereros el uno al otro. James hace surf en un mar con impredecibles corrientes subterráneas y Veronika le tiene miedo a ese mar bravo: el mar se convirtió en mi enemigo. Luchábamos por el mismo hombre. Pero, a pesar de la amenaza, son felices. Se quieren y piensan en tener hijos.

Volvemos al presente. En una de las cenas que comparten, Veronika sorprende a Astrid con una sonata de Brahms que la madre de la anciana le ponía muy a menudo. La música cura, la música les trae lo mejor de sus vidas: hacía más de setenta años que no la oía. Sin embargo, ahora vuelve a mí y me doy cuenta de que siempre ha estado aquí, en mi corazón. Su madre le decía que la música contenía toda la belleza del mundo. Pero Astrid dejó de escuchar música, abandonó todo lo que significaba la vida para ella: yo maté la música. Y maté a mi hija.  Esta es la parte que me resulta más difícil de entender del libro. El porqué Astrid mató a su hija Sara. Supongo que en la siguiente afirmación unas páginas más atrás está la razón: subí la escalera y supe que él estaba allí La puerta no se hallaba cerrada, sólo tuve que empujarla suavemente y se abrió sin hacer ruido. Lo encontré inclinado sobre la cama […] Supe que no tendría tiempo. ¿Maltrato real a la niña por parte del padre? ¿Miedo a que haga con la niña en un futuro lo que ya le hace a ella y que también le hizo su padre a Astrid? Sinceramente no me queda claro. Y me parece terrible que la mate, ¿por qué? ¿No había otra salida? ¿Qué opináis vosotros?

Veronika no la juzga. Ve tanto dolor en sus ojos durante su confesión que la abraza y la consuela: Oh, Astrid. Mi queridísima, queridísima Astrid. La anciana comienza a llorar el llanto reprimido tantos años: era un llanto fruto de un dolor tan grande que parecía insoportable. Quizá en lo siguiente haya una respuesta: enterré todos mis pensamientos junto con mi hija. Es tan doloroso… […] ¿Lo ves?, era yo. Siempre fui yo. Porque mi amor no era lo bastante intenso. Y si no estaba segura, entonces podría haber vuelto a ocurrir  […] Tal vez es que mi odio lo era demasiado. Ella se siente culpable. Culpable de no haber amado lo suficiente o de haber odiado demasiado. También, hay confusión debido a su soledad: creo que, si encontramos las palabras y a la persona a quien contárselas, tal vez vemos las cosas de una manera diferente. Pero yo no tenía palabras ni a nadie.

Veronika retoma su relato del pasado. Los días felices en Nueva Zelanda van a tener un terrible final. James muere mientras surfea. El mar gana y le arrebata a su amor, a su hombre y ella se quedará estancada en su dolor mucho tiempo incapaz de reaccionar: yo estaba en otra parte, un lugar adonde la luz no llegaba. Pero aún hay más. Veronika pierda al hijo que estaba esperando. El hijo de James. El que podría haber mitigado su pérdida. Es terrible todo lo que les ha ocurrido a estas dos mujeres. Llama la atención su serenidad, su templanza al vivirlo y su resistencia. Ambas son fuertes aunque estén varadas. Muy fuertes.

Después de enterrar al marido de Astrid, las dos mujeres se encaminan a pasar un día en el lago. Antes han ido a comprar un bañador para la anciana que nunca se ha bañado. Es verano. Mientras lo escogen, ríen a carcajadas. Ambas se han liberado de terribles secretos y empiezan a recuperarse y a disfrutar. A Astrid no le importa haber tardado toda una vida porque ha llegado a tiempo de salvarse y eso es lo único importante: con el tiempo comprendes que no hay nada que temer y mucho por lo que estar agradecido. Me ha costado la vida comprenderlo.

He pasado más tiempo con él que con ninguna otra persona. Sin embargo, cuando lo veo ahora que soy adulta, no estoy segura de conocerlo. Sé que es bueno. Y amable. Sé que le gusta leer con qué música disfruta, qué deportes prefiere. Pero no sé lo que piensa. No lo conozco como persona. Sólo como padre. Es Veronika la que habla. Después de funeral de James, la joven va a visitar a su padre a Tokio. Su padre, indispensable en su vida. El único con el que podría estar en esos momentos. Su única familia. Con el que no necesita palabras: no hizo preguntas ni me interrogó con la mirada. Desplegó una callada y tranquila eficiencia. Su expresión y su lenguaje corporal venían a decir: “superemos esto lo antes posible y sin dramatismos”. Pasan juntos un mes sin hablar apenas, instalados en una rutina que le va a hacer mucho bien a Veronika, que todavía sigue en shock. La sutil relación de afecto que tienen padre e hija la va a ayudar a superar su dolor: resultaba tranquilizador darme cuenta de que el hombre que tenía delante era mi padre. Que yo era su hija. Y el último día de su estancia en Tokio, Veronika, por fin, puede llorar por primera vez: era una tristeza suave, indefinida, no el dolor físico de antes.

Después de bañarse en el lago, las dos mujeres celebran una cena de cumpleaños mutuo. La reconciliación con sus respectivos pasados es un hecho ya. Ambas están felices y en paz. Las heridas se están cerrando. Astrid le regala a Veronika el diario de su madre, un preciado objeto que ya no necesita pero quiero verlo en manos de alguien que lo proteja. El verano termina y la vida continúa instaladas en una cómoda rutina que consistía en paseos diarios y cena un par de veces por semana, alternando la casa. La vida se desarrollaba según un ritmo amable y predecible. Veronika se sentía en paz, descansando en el presente.  El libro que está escribiendo avanza. Ya no va a ser el libro de James. No es todavía el momento para escribirlo: era distinto, un libro que había sustituido al otro, y Veronika empezaba a creer que así debía ser. Su padre se ha jubilado y ha regresado a Suecia. La invita a visitarlo. La echa de menos. Ella también. Pero hay algo más: he estado pensando que quizá un día debería volver a Nueva Zelanda. Que quizá necesite una especie de conclusión. He estado pensando que me fui sin terminar mi vida allí. Que es preciso que vuelva. Astrid la anima a que haga lo que tenga que hacer: quizá haya llegado el momento. Cuando estés preparada. No hay prisa. Pero llegará el día en que tengas clara tu decisión. Según la anciana, sólo hay que escuchar a nuestro corazón para saber lo que tenemos que hacer.

Finalmente Veronika decide marcharse. Es el día de Todos los Santos. Irá primero a ver a su padre a Estocolmo y después a Nueva Zelanda. Pero algo de ella se queda en ese lugar donde ha vivido tan intensamente y donde han ocurrido cosas muy importantes: comprendió que aquella casa y aquel pueblo se habían convertido en su hogar. Que por primera vez se enfrentaba a una partida teñida de tristeza. Visitan el cementerio: ahora ya no tengo miedo, afirma Astrid. Y Veronika, a pesar de su tristeza, está preparada para partir: el vínculo entre la casa y ella se había roto. Ambas estaban a la espera de la siguiente etapa. Respecto a Astrid, Veronika siempre la tendrá en su corazón.

Han pasado los meses. Veronika vuelve al pueblo. Es marzo. Igual que la primera vez. Astrid ha muerto. Ha decidido poner fin a su vida y le ha dejado su casa a la joven. Veronika visita el cementerio. La tumba de Astrid está al lado de la de su hija Sara. En ella hay unas palabras grabadas: Déjame ahora cantarte dulces canciones. La joven deposita en cada lápida sendas dioritas traídas de Nueva Zelanda. Hay una carta de Astrid para ella y dentro de la carta, el colgante que siempre llevaba la anciana. La importancia que adquieren pequeños objetos cargados de simbolismo es muy importante en esta novela. La carta está llena de amor y agradecimiento. Y sobre todo de reconciliación con la vida. Emociona, mucho, leerla: me conoces como ninguna otra persona me ha conocido jamás. Y me gusta pensar que te conozco un poco. Durante mucho tiempo me reconfortó la idea de no tener nada. Ni a nadie. Pero ahora sé que no estamos hechos para vivir así. No me entristece haberlo comprendido tan tarde. Me siento agradecida por el simple hecho de haberlo entendido. Puede que a algunas personas mi vida les parezca trágica. Un desperdicio. Yo no lo veo así. Tú me has abierto una nueva perspectiva. Has vuelto a sacarme a la brillante luz de la vida, me has abierto los ojos. Has hecho que el hielo se derrita. Y te estoy muy agradecida. Astrid le dona su casa para que haga lo que quiera con ella pero espero que elijas aceptarla. Es una casa que necesita amor y felicidad, que la merece […] Me gustaría que me recordaras con una sonrisa. No olvides que hubo amor, pero permití que el odio bloqueara mis recuerdos. Ahora creo que mi vida toca a su fin con un cierto triunfo final. He recuperado el amor de mi vida. Astrid considera que todo lo bueno que ha logrado al final de su existencia se lo debe a Veronika: el amor, la música, la capacidad de admirar el paisaje, la reconciliación con su pasado, la vida a fin de cuentas. Y ella, como agradecimiento, le dona un hogar: ¡Vive, Veronika! ¡Arriésgate! La joven tiene también algo para ella: su libro, ya terminado, que se titula “Déjame cantarte dulces canciones”.

Plazos

Una vez terminada esta hermosa historia de amistad y redención, es hora de vuestros comentarios sobre esta segunda parte y sobre la novela en su totalidad. Disponéis de una semana para ello. ¡Espero que sean muchos los comentarios!

Sería un alivio contar la verdad

2 Dic

Un claro en el bosque. Foto en flickr de Jordi Armengol. Algunos derechos reservados.

Astrid y Veronika comienza con una estrofa del poema Insomne de Bo Bergman. Una loa a la escritura como salvación. A continuación hay un prólogo que contiene dos cortos párrafos encabezados por los nombres de ambas protagonistas y unas fechas y lugares. Lo que dicen es enigmático porque todavía no sabemos nada de sus vidas. En cada párrafo hay un “nosotros” y la naturaleza omnipresente.

Veronika llega al lugar que va a ser su hogar a lo largo de ocho meses. Es invierno, principios de marzo. Todo está nevado, oscuro y en silencio. Lo primero que divisa son dos casas, una más grande que la otra. La suya es la pequeña. La joven se ha pasado la vida viajando: toda su vida había viajado en compañía de su padre, cogida de su mano, rumbo a un nuevo destino en algún lugar lejano. Desde que su madre los había abandonado, padre e hija jamás se habían separado. Pero ya no son compañeros de viaje. Su padre vive en Tokio. Sabe que este viaje es distinto: éste sería un trayecto solitario. Una huida, una escapada. Un viaje sin objetivo. Su vida le parecía tan vacilante como la luz, suspendida en medio de una nada blanca. No sabe cuánto tiempo va a quedarse, había sido una decisión repentina. Hay algo que la ha empujado a aquel remanso de paz. Desde el principio la casa se personifica: la casa guardaba aún las distancias […] Era una inquilina huérfana en una casa huérfana. También desde el principio percibimos que a Veronika le ha pasado algo, algo que tardaremos tiempo en saber y que intuimos que no es bueno. La joven necesita silencio y soledad. Quiere escribir. Lo intenta desde los primeros días pero no puede: era como si el libro que había empezado a redactar en otro mundo, en otra vida, lo hubiera escrito alguien distinto. Las palabras ya no guardaban relación con la persona en que se había convertido. Da paseos matutinos y se fija en la otra casa que seguía oscura y silenciosa. La tendera del pueblo le informa que su vecina es Astrid Mattson, la bruja del pueblo. No le gusta la gente. Vive aislada. Me temo que no es una buena vecina. Veronika la ve por primera vez a las dos semanas de llegar. Una mujer mayor y encorvada.

Ahora es Astrid quien contempla a Veronika llegar a través de la ventana entreabierta. A oscuras, refugiada en su casa que constituía una parte orgánica de sí misma. El silencio lo envuelve todo y también la soledad. Su vida era una cuestión de sustento, de supervivencia, y sus necesidades eran mínimas. No hacía planes para el futuro. El jardín se desmoronaba, la casa se desmoronaba […] Era un edificio moribundo que albergaba un cuerpo moribundo. La una huérfana y la otra muriéndose en casas que son un reflejo de sí mismas. Astrid mantiene a raya al pasado, no tiene futuro y el presente era un vacío en calma donde existía físicamente, pero sin presencia emocional. Esperaba, con los recuerdos sumergidos, lo que suponía una tarea constante y agotadora que consumía todas sus energías. Y había momentos que flaqueaba. Astrid espía a su vecina pendiente de sus idas y venidas y, un día, responde al saludo que le hace Veronika y se sorprende. La anciana no está bien, un peso muy grande la habita. Un peso que cada vez soporta peor, y, a veces, llora.

Dos meses después, Astrid se da cuenta de que en la otra casa no hay señales de vida. Se empieza a preocupar y, pasados varios días, decide, sin saber el porqué, ir a ver qué pasa: cuando la puerta se abrió y se encontró cara a cara con la joven, se dio cuenta de que la vida había cambiado de manera irrevocable. Ahora le importaba. Veronika está enferma, con fiebre, con pesadillas que la llevan siempre a una playa en Nueva Zelanda con un mar tempestuoso. Y Astrid ha ido a ayudarla. Por fin se conocen. Y comienza su amistad. Dan su primer paseo. Hablan poco. Pero será Astrid quien rompa el hielo: y durante este tiempo infinito he estado sola en mi casa. Esperando. Guardando mis secretos. He aprendido a guardar bien mis secretos y soy una experta en soledad. Pero ahora… Una mujer que ha estado la mayor parte de su vida sola, anciana ya, de pronto se desborda en confesiones. La primera será sobre su madre. Su adorada madre.

Nunca la oí reír en casa, sólo cuando estábamos lejos, nosotras dos solas. Un hermoso día de su infancia pasean por el lago, ríen y juegan. La madre le dice que recuerde siempre que la quiere: y entonces tuve la certeza absoluta de que no habría más días como aquél. Todo está descrito con gran detalle y mucha emoción. Aquél hermoso día de verano que Astrid nunca olvidará, porque ese mismo día su madre se irá, y poco después encontrarán su cuerpo en un hotel de Estocolmo. Se había cortado las venas  […] tenía veintisiete años. Yo seis […] No descubrí lo que pasó hasta muchos años después, pero instintivamente supe que aquella noche la había perdido para siempre […] Acepté la soledad como un nuevo estadio en la vida. Inevitable y permanente. Para Astrid el principio y el final de su vida será ese momento en que vio a su madre marcharse para nunca más volver: ese hecho pareció señalar el fin de todo lo bueno, de la vida misma. Veronika recibe su confesión en silencio. Cuando hablan serán casi siempre monólogos que recuerdan pasajes de su vida. No hay un interlocutor que conteste. Hay mucho silencio entre las palabras.

Una nueva cita entre las ya amigas da lugar a una nueva confesión, de nuevo de Astrid. Al morir su madre, la niña es llevada a Estocolmo a vivir con su abuelo materno pero la soledad en la vida de Astrid ha venido para quedarse. Será la única vez que salga del pueblo. El abuelo apenas la habla, casi ni existe. Sólo la criada, la señora Asp, le hará algo de compañía y le dará un poco de afecto. No recuerda ni cuánto tiempo pasó allí. Sólo la biblioteca y el piano la entretienen. Nunca recibirá noticias de su padre. Y es precisamente su padre el causante de la indiferencia del abuelo: yo no pedí que viniera. Es la viva imagen de su padre y me resulta doloroso mirarla. Finalmente vuelve al pueblo, con su padre, para nunca más salir de él.

Veronika también tiene sus secretos, y su dolor, que afloran en sus sueños con la playa y el mar. En Nueva Zelanda. Tal vez necesitaba irse lejos para poder ver con claridad, para permitir que los recuerdos emergieran a la superficie. Pero, aunque empezaba a recordar el pasado, no era capaz de convertirlo en palabras. Permanecía horas frente al ordenador sin escribir. El libro que había empezado se le antojaba cada vez más esquivo. No están bien conectados su pasado, su vida presente en el pueblo y el libro. El verano está llegando y Veronika invita a cenar a su nueva amiga. Prepara con gran mimo la cena. Cenan sin hablar mientras escuchan música. Astrid comenta lo que le gustaba cantar, recuerda las canciones que su madre le cantaba. En un brindis final, la anciana habla de los recuerdos, de los secretos: puedes obligarte a creer que se han borrado. Pero si los buscas con atención, si deseas realmente descubrirlos, están ahí. Astrid necesita contar la verdad de su vida, su verdad, y será Veronika la destinataria de sus confesiones que poco a poco ya ha empezado a desgranar.

Un pequeño claro en medio del bosque tupido, con una suave hierba plateada y fresas silvestres. Di con él por casualidad cuando buscaba setas en otoño, y entonces se convirtió en mi escondite secreto […] A veces pasaba allí el día entero, tumbada sobre una manta. Estaba sola en el mundo y a salvo.  Astrid tiene ya dieciséis años. Nadie la echa de menos cuando pasa el día entero en su escondite secreto. Un día, encuentra a un chico en el claro. Está recogiendo fresas. Le sonríe y se las ofrece. Se sientan juntos en silencio. Después de aquel primer día, el deseo de seguridad en mi escondite secreto se convirtió poco a poco en el de encontrarme con él. O tal vez el lugar y el chico se convirtieron en mi mente en una sola cosa. Se llamaba Lars. Tenía un año más que yo […] “Por favor, por favor, por favor, que esté hoy” […] Para mí, el lugar en sí ya no bastaba. Un día su encuentro se convierte en amor. Pero Astrid tiene la certeza de que no durará. Ella no es merecedora de tal felicidad. Sólo la soledad. Lars muere poco después en un accidente pero en el jardín de Astrid los fresales siguen vivos.

Ambas les dan muchas vueltas al lugar que ocupan los recuerdos en sus vidas y al concepto del tiempo con respecto a ellos porque ambas tienen recuerdos dolorosos de los que no han podido liberarse. Pero ahora pueden hacerlo porque cada una tiene en la otra a la persona adecuada que la va a escuchar, y a comprender: Quiero recordarlo todo. Pero quizá necesite más tiempo. Concederme una temporada de reposo. Distanciarme un poco para comprobar si distingo la pauta. Y enfrentarme con la verdad de lo que hay realmente ahí. Es Veronika la que habla y a la que le toca el turno de empezar a soltar su dolor. Su dolor tiene un nombre: James, que ya ha sido un par de veces nombrado, pero que ahora se convierte en protagonista en el relato de Veronika.

Hasta entonces había llevado una vida segura. Había vivido en un mundo lento y cordialmente indiferente que me concedía tiempo para meditar mis acciones. Y ésa era la clase de mundo para la que yo disponía de mapa. En el mundo de James estaba perdida para siempre. James llega como un huracán que barrerá todas las certezas de la joven. Es el amor al que no se le puede preguntar porque no tiene respuestas. Londres, un pub, un camarero de treinta y un años de Nueva Zelanda que está viviendo su experiencia en el extranjero. Un encuentro casual que cambiará la vida de Veronika. Comienzan una relación de la manera más natural: pasaba la noche ante una cerveza, observándolo mientras trabajaba. Riendo de pura alegría de verlo, de oírlo. Me sentía como si jamás hubiera reído antes. Como si nunca hubiera sido feliz. Ahora siento que aquélla fue toda la risa de mi existencia. Mi cuota. Me contó que había prometido a su madre regresar por Navidad, así que yo sabía que pronto acabaría nuestra relación. Veronika  no tiene planes. Se deja llevar. Decide vivir ese amor sin pensar en el futuro. Y guarda, guarda imágenes. En Estocolmo está Johan que la espera. Para esto tampoco tiene respuestas. Cuando llega el momento de la partida de James, éste le dice que la quiere y que se vaya a vivir con él: he olvidado cómo vivir sin ti. No recuerdo cómo me las arreglaba solo. Por favor, ven conmigo, Veronika. Pero la joven no le responde y James se marcha.

Llega el verano. Astrid y Veronika no se han visto desde aquella cena. Un día, cercano ya San Juan, la joven visita a Astrid y ésta le comenta que su marido se muere: he ansiado esta muerte desde el día que me casé. Sesenta años. Ahora que llega, me doy cuenta de que no tiene importancia, de que nunca se trató de él. Sabe que esa boda será el día en que renuncie a la vida: mi marido se casó con un granja. Se casó con la tierra y la casa […] Y se casó con mi apellido. Mi padre creyó que había negociado un futuro para sí mismo y la granja. Yo me casé con la muerte. Astrid tiene dieciocho años. Era un hombre insignificante. La primera vez que lo vi estaba de pie junto a mi padre y parecía una mala copia. Menos corpulento, más joven, pero extrañamente semejante a él […] Ahora todo esto es mío, ¿sabes? Cuanto ves por esa ventana. Todo es mío. Aquí no hay nada que te pertenezca. Nada. Astrid tiene que ir a la residencia de ancianos donde su marido está muriéndose: no temo enfrentarme a él, sino a mí misma […] Ha sido una espera muy larga. He permitido que la vida se me escapara de las manos mientras alimentaba mi odio dentro de esta casa […] Ahora veo que todos estos años no he hecho más que aguardar a ser liberada, cuando en realidad no había más ataduras que las creadas por mí. Y ahora ha llegado el momento. Debo enfrentarme a la verdad.

Pero todavía hay más verdades ocultas y dolorosas en la vida de Astrid. Su padre. Otro hombre frío, seco, que la ignora y al que ella teme. La anciana no logra entender qué fue lo que unió a un hombre débil y menudo y a mi madre, alta, hermosa y risueña. Cuando ella tenía trece años su padre la llamó, mi padre no me hablaba casi nunca y jamás usaba mi nombre, y en su estudio la pide que se desnude. Él la contempla y le dice que se dé la vuelta: sólo se oía el rítmico roce de la lana contra la lana, de su brazo contra los pantalones. El tiempo seguía transcurriendo. Toda mi juventud se desvaneció. Terrible. El abuelo, el padre, el marido. Nefastos para ella, sobre todo los dos últimos a los que sufrió largo tiempo. En contraposición, la madre y Lars, a los que amó, desaparecen como una certeza de que la felicidad está prohibida para ella. Pero Astrid quiere enfrentarse a su verdad y acompañada por Veronika se dirige a la residencia a despedirse de su marido moribundo: He venido a verte morir, Anders. Y no me iré de aquí hasta que esto termine. Veronika no se despega de su lado, fiel amiga ya, hasta que el marido muere. En el coche, de vuelta y en silencio, uno de los numerosos silencios que comparten ambas mujeres, Astrid llora: No son por él. Mis lágrimas. No son por él, sino por mí. Es tal la intimidad y la confianza que están logrando estas mujeres que, una vez en la casa de Astrid, ambas se acuestan juntas para compartir su dolor. Es entonces cuando Veronika le habla a la anciana de Johan.

Hace tanto tiempo que conozco a Johan que a veces olvido que hubo un tiempo en que no lo conocía. Veronika está todavía en Londres cuando Johan la llama para que vuelva a casa por Navidad. Ha estado ausente casi un año. Durante la cena de bienvenida que le ofrece, Johan le confiesa: soy muy, muy feliz, Veronika. Justo en este momento es la felicidad absoluta. No me importa el mañana; estoy aquí ahora. Contigo. Y soy feliz. Ella intenta ilusionarse pero el móvil suena y es James: Ven a Nueva Zelanda, Veronika. Ven aquí y quédate conmigo. También aquí es Navidad. Una vez al año. Y el resto tampoco está mal. Ven a vivir conmigo al nuevo mundo. Ambos se quedan en silencio y cuando volvió a hablar, yo ya había tomado una decisión  […] Me marchaba. Se me había antojado viajar hasta el fin del mundo para vivir con un hombre al que apenas conocía. Y así podría volver a reír. Va a cenar con Johan: miré su rostro, memorizándolo también […] Cuando se lo dije, supe que no quería causar tanto dolor a una persona nunca más. Johan comienza a llorar: estaba equivocado, Veronika. Estaba equivocado. El momento nunca me bastó. También quería el futuro.

Es triste olvidar el rostro de una persona amada. Muy triste. Tal vez creemos que las cosas son más fáciles si no vemos la cara. Pero no es cierto. Sólo hace que el dolor sea más agudo. He olvidado el rostro de mi hija. Podría describir hasta el último y exquisito detalle, pero ya no puedo verlo […] Desde que nació, no ha pasado un solo día sin que pensara en ella. Pero no la veo. Sara. Su hija a la que puso el nombre de su madre: sus uñas eran escamas de pez diminutas. Apretó mi dedo con fuerza y miré sus negros ojos. Me invadía tal alegría que me sentía como si fuéramos invencibles, mi hija y yo. Mi hija Sara […] Llevaba a mi hija a todas partes. Tenía la impresión de que conocía todos sus deseos y necesidades, y ella nunca lloraba. Cuando el tiempo mejoró, me la llevaba al claro del bosque. Se lo contaba todo mientras caminábamos. Y hacía que todo pareciera hermoso. Le hablaba de cosas bonitas, porque quería que viviera en un mundo bueno. Deseaba ofrecerle un mundo bueno  […] Pero cuando volví la vista hacia los fresales, donde las flores todavía eran pequeños capullos prietos, lo supe. Supe que no tendría tiempo. De nuevo la amenaza en la vida de Astrid. Algo ha pasado que le hace presentir que la felicidad no ha sido creada para que ella la pueda vivir.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios, que espero que sean muy numerosos, sobre esta primera parte de la lectura. A la vez que la comentáis, seguiremos la lectura de la novela desde el capítulo 21 (pág. 114) hasta el final de la novela. Disponéis de una semana para ambas cosas. Hay mucho que comentar: los personajes, las descripciones, la relación tan especial que están desarrollando las dos mujeres, los recuerdos desgranados, su dolor, los silencios, la naturaleza… Sinceramente pienso que es una historia muy especial narrada de una manera muy delicada.

 

Tras treinta y tantos años por fin habíamos dejado atrás la infancia

9 Nov

Rodeo. Foto en flickr de Carol Von Canon. Algunos derechos reservados por Big Grey Mare.

Y llegamos a la última parte de Canciones de amor a quemarropa en la que se suceden numerosos capítulos, la mayoría cortos. El mayor protagonismo lo van a tener Henry y Lee que vivirán una rocambolesca situación que a manera de símbolo servirá para solucionar la brecha que se ha abierto en su amistad. Todos van a terminar por encontrar su lugar en el mundo, como no podía ser de otra manera en una historia vitalista y positiva. Amigos para siempre, como dice la canción.

Mientras todos están buscando a Ronny, Beth recuerda cómo un día en aquella época confusa de su vida (no sé qué hacía ni qué límites quería romper), justo después de acostarse con Lee, Ronny la invita a un rodeo en Minneapolis en el que va a participar. Como dos buenos amigos pasan la noche bebiendo y charlando y será Ronny quien la ayude a salir de su confusión: Deberías volver con Hank. Te quiere. ¿Te das cuenta? Te quiere muchísimo, te quiere de verdad […] Hank es mi amigo, y es un buen tipo y está loco por ti, joder. Desde siempre… Ya lo sé, se supone que deberíamos estar todos por ahí viviendo a tope y todo eso, pero, la verdad, me parece que al final ese rollo es una chorrada enorme. Todo el mundo espera a esa persona única. Y Beth, una semana después, vuelve con Henry: al cabo de un año nos casamos. Al cabo de cuatro, tuvimos a nuestra primera hija, Eleanore. Para Beth, Ronny es un ángel que siempre ha estado y estará ahí para ayudarte.

También Lee tiene buenos recuerdos de su gran amigo Ronny. Mientras le está buscando junto a los demás, con la nieva casi hasta el cuello, recuerda cómo le llamó todo entusiasmado para decirle que se casaba y que quería que fuese su padrino (muy al contrario que él que, cuando se casó, únicamente les envió una invitación y unos billetes de avión). Lee, que aunque sólo lleva un mes casado con Chloe, siente que las cosas no van bien entre ellos, no puede dejar de alegrarse infinitamente y sentir cómo sus amigos siempre están ahí. Y será Lee, junto a Eddy, el que acabará encontrando a Ronny tendido en el patio de la escuela con los pies casi congelados, pero a salvo.

Cuando encontraron a Ronny volví a la fábrica, me hice un poco de café y me quedé sentado en el despacho mirando por la ventana. Kip toma la palabra. Está solo y se encierra en el único lugar en el que se siente él mismo. Esa fábrica que ha reformado, ya no sabe muy bien para qué, y que le ha arruinado: desde el mismo día de mi boda, pensé en cuánto me habría gustado volver a empezar, haber hecho las cosas de otro modo. En primer lugar, Felicia y yo hubiéramos hablado sobre todo lo que teníamos que hablar, todo aquello que siempre había estado latente. Hijos, Little Wing, la fábrica de piensos, el dinero, todo. Es justo en “su” fábrica dónde se va a celebrar la boda de Ronny. Y eso le lleva pensar en su propia boda y en Felicia. Decidí coger el coche para ir adonde estaba ella, a ese motel entre Little Wing y Eau Claire. Kip le propone que se marchen de Little Wing (él, en el fondo, quiere volver a Chicago), ella le pide tener un hijo: me dejas embarazada y nos vamos. Y Kip se rinde y accede. La reconciliación es un hecho. Serán felices y tendrán una casa llena de niños, tal como Felicia desea.

Y por fin llega la boda de Ronny y Lucy: pese a los dedos congelados y a la nariz colorada, Ronny insistió e casarse en el día y la hora convenidos. Será Lee quien nos la cuente. Todo el pueblo va a estar presente. Fue una boda preciosa, la típica boda luterana. Y va a unir a todos los amigos: no sabía cómo, pero el muy cabrón se había salido con la suya, había vuelto a juntarnos a todos. En ese espíritu de hermandad y felicidad, Lee decide que ya va siendo hora de reconciliarse con Kip, al que se le ve muy feliz, y le invita a salir fuera a tomarse una cerveza: Venga tío, ¿no vas a dejar que me disculpe? Lee siente que Kip ha cambiado y, además, sabe apreciar que el éxito de esa boda se debe a su buen hacer: lo que él había hecho era algo fuera de lo común, era algo bueno. Era una de esas cosas que se han perdido en América, me temo. Pueblos enteros, comunidades enteras unidas para celebrar algo, para divertirse. Sin política, sin negocios de por medio, sin un orden del día […] América, diría yo, consiste en gente pobre tocando música y en gente pobre compartiendo comida y en gente pobre bailando aun cuando llevan una vida tan desesperante y tan deprimente que ya ni debería haber sitio para la música o para algo de comida extra, cuando no deberían quedarles energías ni para bailar. Y ya me pueden venir con que no tengo razón, con que somos un pueblo puritano, un pueblo evangélico o un pueblo egoísta, pero yo no lo creo. No quiero creerlo. Estos dos párrafos, creo yo, contienen una de las ideas centrales que Nickolas Butler nos quiere transmitir con su novela. La visión, positiva, que él tiene y que nos quiere hacer llegar de la sociedad americana, sobre todo de lo que un día fue su país: todos juntos celebrando algo aunque no tengan donde caerse muertos. ¿No creéis?

Y sumidos en esta onda de buenrollismo, llega el turno de que se reconcilien los únicos que quedan por hacerlo: Lee y Henry. Será este último el que empiece a contárnoslo. Todo girará alrededor de un absurdo tarro gigante de huevos encurtidos. Decenas de huevos, cientos, tal vez, suspendidos en ese líquido amniótico turbio y verdoso que está detrás de la barra del bar de los veteranos. Los dos amigos están tomándose una cerveza en el bar: estábamos taciturnos y apesadumbrados. Los dos queríamos, muy en el fondo, volver a ser amigos, pero no sabíamos si eso sería posible, si lograríamos olvidar y deshacer […] Tomábamos un trago tras otro con ansía. Bebíamos para emborracharnos, para soltarnos. Y, de pronto, Lee, seguramente ya algo borracho, decide que va a robar ese tarro que lleva allí olvidado años, siglos, y que Henry, por supuesto, le va ayudar. Antes le pide perdón pero Henry se resiste, incluso Lee le propone pegarse porque dejaría que me molieras a palos si así volviéramos a ser amigos. Pero Henry está lleno de rabia y celos y siente que su amigo le ha traicionado: cada vez que se despertaba en mí algo parecido al perdón, evocaba alguna imagen de él y Beth juntos en la cama y me volvía loco. Y como no saben qué hacer, pues ¿por qué no robar ese maldito tarro de huevos y así convertirse en cómplices?, piensa Lee. Todo muy rocambolesco, todo muy americano, ¿no creéis? Yo creo que lo hemos visto en cientos de películas “made in USA”. No sé cómo vamos a arreglar esto, tú y yo, sin recurrir a algún acto juvenil de, ya me entiendes, solidaridad mutua.

Hablan claro y Henry finalmente le dice que para volver a confiar en él necesita tiempo, pero yo estaba tristísimo, más que nunca, y más solo que nunca, también. Porque sabía que podíamos seguir siendo amigos, pero sabía también que nunca, nunca, podría confiar en él lo bastante como para poder meterlo otra vez en casa o como para estar tranquilo cuando mi mujer anduviera por ahí. El tiempo había pasado. Todos habíamos tomado decisiones. Así que sólo les queda robar el tarro para salvar su amistad y, mientras Lee entretiene a los parroquianos que hay en el bar, será Henry el que lo robe (gana Lee y su poder de convicción, por fin cómplices en su acto simbólico de salvación de la amistad). Y por fin desaparecimos en la neblina de la noche de Wisconsin, sin un lugar adonde ir y con un inmenso tarro de huevos encurtidos entre los dos. Ya borrachos y en la calle comienzan a coger los  huevos y a tirárselos a los coches. Entre huevo y huevo, Lee le confiesa que se va quedar para siempre en el pueblo: he comprado la fábrica. Se la he comprado a Kip […] Puede que esté tirando el dinero […] Voy a montar un estudio de grabación, abriré un pequeño teatro y el pueblo tendrá música en vivo lo quiera o no. Y lo ha hecho para salvar a Kip de la quiebra y que se pueda marchar a Chicago, que es lo que desea. También, porque en el fondo quiere vivir en su Little Wing pero sin abandonar la música. Ahora estarán sólo los tres en el pueblo: Henry, Beth y Lee.

Y para que la amistad entre ambos quede sellada completamente, Lee terminará herido de bala en una pierna por un chaval que, al romperle el parabrisas con uno de los huevos, le ha disparado (también muy americano). Pero, como, afortunadamente, no es una herida muy grave, todo se arreglará incluso sin ir al hospita, sacándose el propio Lee la bala con la inestimable ayuda, claro, de su ya gran amigo Henry. Asunto resuelto “a la americana”. Entre medias de todo este desaguisado, hay un corto capítulo en el que Ronny nos cuenta que Chicago me gusta. A veces me subo al tren elevado con Christina, la niña, sólo por salir un rato del apartamento. Es un ángel (como no podía ser de otra manera, siendo hija de él)  […] Y ya nadie se fija en mí. Nadie me dice lo que tengo que hacer o dejar de hacer. Y cuando me pierdo, pido ayuda y ya está, porque llevar a un bebé en brazos no va nada mal. También Beth tomará la palabra en un breve capítulo en el que a través de una serie de recuerdos llegará a la conclusión de que todo ha merecido la pena: cada pelea, todos estos años de experimentación y de inmadurez, el desengaño aislado, la mísera cuenta corriente, las camionetas viejas de segunda mano. Haber vivido con otro ser humano, otra persona, con este hombre, todo este tiempo, y haberlo visto cambiar y crecer. Haber visto cómo se volvía más respetable, más paciente, más fuerte y más capaz; cómo quiere a nuestros hijos, etc, etc. Otro asunto resuelto.

La novela se está terminando y Lee nos cuenta con todo detalle, en un largo flashback, la boda de Henry y Beth (muchas bodas, ¿no?) y nos confiesa que todavía la quería, esperando, loco de amor y de tristeza. Y se permite soñar por un momento: ella y yo juntos sobre una cama blanca, con los brazos y las piernas enredados, su pelo castaño, la luz del sol por la mañana y la alegría de hacer un bebé juntos […] Qué tristeza despertar de ese sueño, Dios, para ver mi futuro tal y como se presentaba en realidad: décadas sin esa mujer, décadas viéndola con mi mejor amigos. Pero así estaban las cosas. Incluso se va a las cuatro de la madrugada hasta la habitación del hotel donde sus amigos están pasando la luna de miel. Y cuando está a punto de llamar a la puerta no sabe muy bien ni por qué, pasa ante sus ojos la vida que le espera, que se resume en su éxito y su soledad. Así que bajé el puño hasta la cadera y dejé escapar por la boca años de amor.

Creo que se me nota que no me ha convencido demasiado cómo el autor plantea y resuelve el autor el triángulo Henry-Beth-Lee. Pero, por lo demás, es una novela agradable que ensalza la amistad, el amor y las cosas sencillas de la vida. Aprender que en ellas se encuentra la respuesta a ese algo que todos estamos buscando creo que es el objetivo de esta historia. Y, sobre todo, quiero destacar al que yo considero el verdadero protagonista de Canciones de amor a quemarropa: Little Wing. Cuando el autor nos habla de este pequeño pueblo y lo que implica vivir en él, así como de la naturaleza que le rodea, su prosa se hace grande y ensombrece a todo lo demás que contiene esta novela.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios sobre esta última parte de la novela y sobre toda ella en general. Saquemos conclusiones. Espero que sean numerosas como así lo han sido en el anterior post. Disponéis de una semana para ello.

Polvo de maíz amarillo ascendiendo a los cielos

2 Nov

Wisconsin Winter Snow (In Color). Foto en flickr de sswj. Algunos derechos reservados.

Esta segunda parte que vamos a comentar también está dividida en cinco capítulos correspondientes a los cinco amigos. Comienza con un largo capítulo en la voz de Lee. Han pasado unos meses desde su boda y el músico vuelve a Little Wing, esta vez con la intención de quedarse para siempre, porque su matrimonio con Chloe ha fracasado, tal como pronosticó Beth. Llama la atención que por encima de su tristeza está la alegría por volver: en casa, repetirá varias veces. Es muy fuerte lo que le une a Lee con este pueblo, tanto como para conseguir que la fama no se le suba a la cabeza y siga siendo un hombre sencillo con los pies en la tierra. En este capítulo se alternan dos vueltas al hogar de Lee motivadas por dos fracasos en diferentes tiempos. El fracaso de su carrera como músico en el pasado que le hace volver a Little Wing derrotado y el fracaso personal de su divorcio en el presente que también le hace volver. Lee siempre vuelve a su origen. Sobre todo cuando está vencido por su propia vida. Y Little Wing le da respuestas o el impulso necesario para continuar. Ahí radica la fuerza de ese pequeño lugar tan importante para todos ellos.

Cuando vuelve diez años atrás sin saber muy bien qué va a hacer respecto a su música y se va a vivir a una granja a las afueras con una anciana y varios mexicanos acabará componiendo las canciones que siempre ha querido componer y que nunca había conseguido antes. Y será el principio de su éxito como músico. En un viejo gallinero sin apenas medios compondrá su disco “Shotgun Lovesongs” que le llevará a lo más alto de la fama. Un disco que nace de su propia desorientación y, sobre todo, del desamor. Todas serán canciones dedicadas a su amor por Beth (El disco, ese disco en cuya producción no gasté más que seiscientos dólares, vendió un millón seiscientas mil copias. Cada semana vende más que la anterior. Y las canciones de amor. Las escribí todas para Beth). Porque, como ha contado ella en el capítulo anterior, será en esa granja donde ambos vivirán una noche de amor que queda en nada pero que le dará el impulso necesario para convertir en canciones todo lo que siente por ella y no puede ser vivido (esa noche la recordaré durante el resto de mi vida. Me he acostado con cientos de mujeres. Más de mil, tal vez. Habré tenido más amantes que Little Wing vecinos. Pero esa noche con Beth es la única que recuerdo. Es la que me confunde, la que hace que el corazón me duela, la que me acelera el pulso). Es curioso cómo Lee encuentra su voz y la fama consiguiente a través de un desengaño amoroso. Mi música se parecía mucho a ese gallinero: un lugar frío sediento de calor. Las canciones arrancaban muy despacio; luego llegaba el deshielo y comenzaba a fluir. Si a media pista, en plena grabación, la estufa dejaba escapar un ruido, allí se quedaba.

Y a su vuelta a Little Wing diez años después, ya famoso pero fracasado de nuevo en su matrimonio con una actriz célebre, un matrimonio que no ha durado ni medio año, Lee siente renacer su amor por Beth a la que cree que  nunca dejó de querer. Pero Beth está felizmente casada con Henry, su mejor amigo, con el que ha tenido dos hijos. Y Lee, probablemente perdido y confuso por el dolor que le ha provocado el abandono de Chloe, mezcla sentimientos y se aferra a lo que sintió en el pasado por Beth (no sabría distinguir entre el amor, la soledad, la añoranza y la debilidad. ¿Qué coño sé yo del amor?). Y no se le ocurre nada mejor que, ciego de porros (¿una excusa para justificar su comportamiento?), contarle a Henry todo lo que pasó entre Beth y él hace diez años. Y mientras se lo va contando hay una voz interior que le dice que no está haciendo lo correcto pero él continúa impulsado no sé sabe muy bien porqué, como si quisiera estropearlo todo entre él y Henry (estás saltando por un puto barranco. ¿Qué coño haces? No les jodas la vida a ellos también), o es simplemente el dolor y la confusión lo que le ciegan, además de los porros: Puede que esté enamorado de Beth. “Demasiado tarde”. […] En realidad, creo que llevo mucho tiempo enamorado de ella. “Es guapísima…” […] Creo que ella también me quiere  […] Lo siento, pero tenía que decirlo  […] Hace años nos acostamos. “Cállate ya”. Henry le contesta: “¿Tú quién coño eres? Y la voz interior prosigue: “Me había equivocado” […] Tú y yo hemos acabado. ¿Me entiendes? Y que no te vea por ahí. Hemos acabado.

Lee siempre ha envidiado a Henry y a su matrimonio feliz. Algo que él nunca ha conseguido: nunca los he visto pelearse […] Siempre tan naturales […] Hace años que le tengo envidia a Henry: casado con una mujer preciosa y haciendo exactamente lo que quiere hacer. Al aire libre, bajo el sol, conectado con todo. Los padres de Lee se divorciaron cuando él había terminado el instituto. Cada uno se fue a vivir a otro lugar y me dejaron sin un hogar. A pesar de la de vueltas que había dado, Little Wing era el único lugar que conocía de verdad. Little Wing, donde estaban todos mis amigos.

Le toca el turno a Henry en un capítulo corto que centra en su padre: mi padre no tenía amigos. A través de un hermoso canto de amor al padre ya fallecido hace tres años, Henry, que está profundamente decepcionado de la amistad al saber que su mejor amigo le ha ocultado todos estos años lo que pasó con Beth y lo que parece que continúa sintiendo por ella, piensa que la mejor postura ante los demás es la que mantuvo su padre que nunca tuvo amigos y centró todo su amor en su familia. Un hombre enamorado de su mujer (la única amistad que le había importado a mi padre era la de mi madre) y que compartía noches de futbol por televisión sólo con su hijo. Henry, que siempre ha tenido amigos, al contrario que su padre, piensa ahora que invitar a otro hombre a tu casa es como jugar a los dados. Porque cuando de hombres y mujeres se trata, cuando se trata de sexo, es probable que no se pueda confiar en nadie, que todos seamos unos animales. Tú crees que conoces a alguien, pero nunca puedes llegar a conocerlo del todo […] Cuando ahora pienso en todas las veces que Lee vino a vernos, siento que allanaron mi casa, que me violaron, que me mintieron. Es el momento de preguntaros qué pensáis de la reacción de Henry al saber de la noche de amor que tuvieron su mujer y Lee. Algo que ambos le han ocultado, algo que pasó cuando todavía no estaban casados en un periodo en el que, incluso, no estaban ni juntos ya que habían dejado la relación. Es decir, eran libres. A mí me parece un poco exagerada pero, por otro lado, la puedo entender si la vemos desde el punto de vista de que Lee era, es, su mejor amigo. Y, sobre todo, porque le dice que todavía la sigue queriendo y que ella también le quiere a él. En fin, contadme qué opináis vosotros.

Beth toma la palabra junto con Felicia, de la que se ha hecho muy amiga. Ésta la ha citado en el bar de los veteranos para comunicarle que se separa de Kip porque no quiere tener hijos y eso es lo único que ella desea. A pesar de su brillante carrera profesional de ejecutiva el gran anhelo de Felicia es ver su casa llena de niños: no quiere hijos, ni los quiere ahora ni los ha querido nunca. No sé en qué andaría yo pensando. No tengo ni puta idea. Casarme con él. Venir aquí. Al ver el cariz que toman las cosas, Beth pide unos chupitos. También lo hace por ella porque desde que Lee había perdido la razón y se había ido de la lengua sobre lo que había pasado hacía ya casi diez años, Henry estaba cabreadísimo conmigo, como jamás lo había estado. Todo aquello era más de lo que yo podía digerir. Cuando Henry se lo cuenta, para los secretos, era de los peores, Beth se hunde: me puse a llorar. Era como si me hubiera pegado un puñetazo en la tripa y me hubiera dejado sin aire. No estaba deshecha por mí; estaba deshecha por Henry –este hombre tan, tan bueno, tan bondadoso –, mi marido. Beth decide darle tiempo ya que en su voz iba derritiéndose el hielo. Pero, después de un tiempo, sintiendo que, de alguna manera, lo está perdiendo, decide hablar seriamente con él: no estábamos casados, Henry. Pasó una vez. Sólo una vez […] No le quiero. Te quiero a ti. Eres mi marido y te quiero a ti. A Henry lo que más le duele es que haya sido con su mejor amigo. Y Beth medita sobre el asunto llegando a la conclusión de que nunca pensé que la  noche con Leland hubiera sido un error, pero ahora sí que lo pensaba. ¿Cómo no iba a pensarlo? ¿Iba a jugarme a Henry sólo por él, a mis hijos, a lo que piensan de mí y lo que pensarán de mí? ¿A perder mi casa, mi vida? Y todo porque me sentía sola, por la curiosidad. Creo que todo este tema de la “infidelidad” se le escapa un poco al autor. Me parece que no está bien planteado. Es como si necesitara que pasara algo en la historia y decide que sea esto, que no me parece tan importante, pero “tiene que serlo”. Pero como no lo es, entonces todos pasan de sentir unas cosas a sentir otras con una gran facilidad. A mi parecer no está bien desarrollado. No sé qué pensáis vosotros.

Nos vamos con Kip a lo alto de la fábrica de piensos. Yo creo que allí arriba es donde se siente él mismo, donde encuentra su esencia. Cuando Kip toma la palabra la prosa crece, es la mejor a mi parecer. Es el que tiene una voz propia más poderosa. Y completamente identificable. ¿No creéis? Es poética, sensible en sus descripciones de la naturaleza y en sus huidas buscando algo que le dé sentido a su vida. Es honesto en sus propias limitaciones, en sus errores. No se engaña. Y eso es mucho. Es el más imperfecto pero lo sabe. Me gusta Kip por esto y porque es el que más se aleja de tanto buenismo y perfección. Esto le humaniza y le hace más creíble que al resto. Sabe que en su relación con Felicia el problema soy yo […] Creo que no soy una buena persona. No le hago bien a la gente, lo sé. Lo que se me da bien es hacer dinero […] Pero vosotros plantificadme en una cena o invitadme al cumpleaños de vuestros hijos, y de repente me veré desamparado. Peor que desamparado, porque, por lo visto, siempre digo lo que no toca, siempre hago algo inoportuno. En lugar de ser simple y llanamente torpe, resulta que acabo siendo cruel […] Creí que esta fábrica, este edificio, sería el catalizador con el que mi vida iba a cambiar. Pensé que me aportaría algo concreto, algo real de lo que ocuparme […] A veces subo aquí y ni siquiera sé por qué. Para escapar, supongo. Para contemplar el mundo. Para ver qué viene después. No se ve capaz de tener hijos: nunca he logrado reunir el entusiasmo y el amor que hace falta para eso. La quería, de verdad que la quería. Y todavía la quiero. Pero no me veía siendo padre, siendo esa clase de hombre recto y respetable. Y se compara con Henry y no se ve a su altura: yo no soy Henry Brown.

Felicia ha terminado por irse a un motel cercano. No se ha alejado mucho porque en unos días va a celebrarse la boda de Ronny y Lucy (que está embarazada de seis meses) y quiere estar allí para ayudar. Pero le ha dejado aunque todavía le quiere: tienes que decidir si quieres ser un hombre o no, ya. Madura de una vez. Kip no se ve en el trajín de tener hijos, en la responsabilidad. Quiere disfrutar de su dinero, de viajes y lujos. Kip no ha madurado. Sigue siendo un niño que huye de cualquier responsabilidad personal a través de carreteras interminables con su Mustang. La fábrica ya está terminada y él arruinado, y no sabe qué va a venir a continuación. Y piensa en el suicido. Saltar desde lo más alto de esa fábrica. La verdad es que ya he subido en tres ocasiones distintas con la intención de acabar con todo. Pero no he podido. Simplemente no he sido capaz. La boda de Ronny se acerca y él lo ha preparado todo para que se celebre en la fábrica. El pueblo entero está invitado. Kip corre con todos los gastos: como ya os he dicho, me estoy esforzando.

La voz de Ronny cierra esta segunda parte de nuestra  lectura. Se está preparando para la boda a la vez que se acerca una tormenta de nieve que justo los va azotar el sábado 5 de enero: el día de su boda con Lucinda Barnes. Lee le acompaña a Eau Claire a comprar su traje de boda. Ronny se preocupa porque ha percibido que él y Henry no se hablan y quiere que su regalo de boda sea que vuelvan a ser amigos pero Lee no le promete nada. Ronny todavía no le ha dicho a Lee que después de casarse se va a ir con Lucy a Chicago a empezar una nueva vida ayudados por Chloe. Lucy sabía que yo había intentado escapar del pueblo y había pensado que tal vez esta era nuestra oportunidad de salirnos con la nuestra, de seguir adelante con nuestras vidas. De intentar algo distinto. Lo que no sabe Ronny es que al volver a Little Wing le espera una fiesta sorpresa en el bar de los veteranos. Una despedida de soltero en toda regla: yo no me lo podía creer. No me podía creer que todo el mundo estuviera ahí: toda la gente que conocía, toda la gente a la que quería. Pero esta vez sus amigos están demasiado borrachos pasándoselo en grande para evitar, como siempre hacen, que alguien le dé un chupito a Ronny. Y luego otro, y otro, y otro… hasta que ya no me acuerdo de nada salvo de tener la conciencia de que ya no estaba en el bar y de que hacía un frío del carajo y yo estaba completamente perdido […] Lo cierto es que perdí el conocimiento. Yo mismo apagué el interruptor. Buenas noches. Cuando vuelve en sí, Ronny está en medio de la tormenta de nieve, solo, mareado y sin ninguna referencia. Lo único que se le ocurre es ponerse a cantar una de las viejas canciones de Lee a ver si alguien le oye pero la nieve le va cubriendo y se tumba en el suelo agotado de tanto andar sin rumbo: sobre todo no te duermas  […] Tú sigue cantando. Te mantendrá caliente […] te mantendrá despierto.

Plazos

¿Qué pasará con Ronny? Tendremos que esperar a la tercera y última parte de nuestra lectura para saberlo. Mientras, podéis ir dejando vuestros comentarios sobre esta segunda parte a lo largo de una semana. Espero que sean muy numerosos. Seguiremos, a la vez, nuestra lectura desde el capítulo “B” (página 241) hasta el final de la novela.

Vivir aquí y ser quien soy, nada más

26 Oct

Bon Iver @ Oya 2012. Foto en flickr de aktivioslo. Algunos derechos reservados.

Canciones de amor a quemarropa se abre con la siguiente cita de Moby Dick de Herman Melville: Pero levanta el ánimo, muchacho, preferiría que me mataras tú a que cualquier otro me mantuviera vivo. En palabras de Nickolas Butler: en esta lectura creo que lo que más me golpeó fue la amistad entre Queequeg e Ismael, así como la fraternidad a bordo del barco. Al autor, que la leyó mientras escribía su debut literario, le pareció que esta frase era un buen resumen de su novela.

Esta primera parte que vamos a analizar se divide en cinco capítulos que corresponden a cada uno de los cinco protagonistas. La novela comienza con un largo capítulo en la voz de Henry, al que le siguen tres capítulos cortos correspondientes a Lee, Kip y Ronny, para terminar con otro muy largo en la voz de Beth. Como ya en esta primera parte vamos a poder conocer las cinco voces narrativas en las que está escrita la novela, os quería preguntar si advertís un tono diferente en cada una de ellas.

Henry comienza hablando de Lee (¿Quizá el personaje más importante? ¿Qué opináis?) para continuar presentándonos a los otros tres restantes amigos. Utiliza la primera persona en plural que yo creo que simboliza a veces al grupo, otras al pueblo y otras a él y su mujer, para dejar claro desde el principio el carácter coral de la narración. También desde el principio se aprecia que son buenos, generosos, amigos de verdad, con la excepción de Kip que es el que parece tener más diferencias y distancia con el resto. Lee es el mejor amigo de Henry, lo son desde los ocho años, y se percibe claramente que todos le quieren y le admiran mucho: De todos nosotros, él era el mejor. Componía canciones sobre nuestro rincón del mundo […] sus canciones era nuestros himnos. Pero Kip y Lee no parecían precisamente íntimos. Que yo supiera, Kip no tenía ni un solo disco de Lee.

Sin embargo, Henry valora a Kip: Lejos de nuestras granjas y nuestras fábricas, Kip se había abierto camino manejando los frutos de nuestro trabajo. Pero lo respetábamos igual. Era inteligentísimo, eso para empezar. Además, Kip ha vuelto al pueblo para reformar la fábrica de piensos del centro del pueblo, abandonada desde los años ochenta, y convertirla en Despachos. Talleres. Restaurantes, pubs, cafés... Esta fábrica ocupa un lugar muy importante para todos ellos, es casi otro personaje más: la construcción más alta del lugar, su silo de seis pisos siempre se había alzado sobre todos nosotros, imponente, proyectando unas sombras que eran el reloj de sol de nuestros días. Kip ha vuelto para traer modernidad al pueblo y porque, como Lee, siente nostalgia del lugar donde creció que parece que ejerce como un imán sobre ellos.

A continuación, Henry nos cuenta el accidente de Ronny y en cómo se transforma en una versión al ralentí de sí mismo […] pero aquello no le convertía ni en tonto ni en discapacitado, aunque me pregunto si no era así como lo tratábamos de vez en cuando. Todos le van ayudar mucho a recuperarse, también de su alcoholismo. Lo cuidan con mimo, quizá en exceso. Ronny es la bondad personificada. Y un motivo más para que consideren a Lee su héroe es que éste se va a encargar de todos los gastos de su gran amigo Ronny, que simplemente lo idolatra. Y Henry se pregunta por qué Lee es tan amigo de Ronny: pues claro: los dos eran solteros, amiguitos que se habían hecho mayores sin mujer ni hijos que les fastidiaran la diversión (¿Quizá envidia de que su mejor amigo quiera tanto a Ronny?).

La boda de Kip se acerca, se va a casar con Felicia que es una mujer de Chicago muy guapa e inteligente. A todos les extraña que le haya pedido a Lee que cante en su boda: a mí Kip me cae bien, ya lo sabes, pero no somos íntimos. Pero Lee lo va a hacer por los viejos tiempos y porque cree que Kip está haciendo cosas buenas por el pueblo. La fama le ha traído a Lee soledad: me falta gente en la que confiar. Gente que no quiera nada de mí. Eso termina cambiándote, ¿sabes? Y yo no quiero que me cambie. Quiero ser capaz de volver y vivir aquí y ser quien soy, nada más. Con vosotros. Aunque Lee tiene una sorpresa: está enamorado de Chloe, una famosísima actriz que va a venir a la boda.

Henry apenas nos habla de él ni de su vida ni su familia, sólo pequeñas escenas cotidianas. Su vida perfecta con su amada Beth y sus dos hijos. Pero podemos percibir que son felices y llevan una vida sencilla, con algún apuro económico, en su querido Little Wing. Buena gente. Casi todo el capítulo de Henry está enfocado a ensalzar la bondad y la amabilidad de Lee como cuando cuenta la despedida de soltero de Kip y descubren que éste no ha invitado a Ronny. Lee lo arreglará todo. Kip no va a quedar muy bien parado mostrándonoslo como “un maldito yuppie”. Y Lee se va calentando contra Kip: y entonces vi que algo había cambiado: ya no eran amigos, ya ni siquiera se llevaban bien, ahora no eran más que dos hombres que no se soportaban, dos hombres que lo único que compartían era una geografía común.

Por fin llega el día de la boda y Henry, Beth, Ronny, Lee y Chloe, que acaba de llegar, pasan la mañana juntos en la granja de Lee antes de la ceremonia que será por la tarde. Todo es armonía, risas (ayudados por algunos canutos), amistad. Pero Kip, de nuevo, va a estropearlo todo porque ha traído a paparazzi, helicóptero incluido, (oye, eres famoso. Tu novia es famosa. No sé, pensé que ya estarías acostumbrado a estas cosas) y eso Lee no lo puede permitir: ¡Aquí no, tío! ¡Aquí nunca! Este es mi hogar, ¿vale? […] Cantaré una canción. Y luego se acabó. ¿Me oyes? Para siempre. No vuelvas a llamarme nunca más. ¿Entiendes? Aun así la boda transcurrirá sin incidencias. Tiempo después, ya de vuelta a Nueva York, Lee les enviará una invitación para su próxima boda con Chloe.

Y ahora es Lee el que toma la palabra. Después de la boda de Kip, él y Chloe pasan unas semanas de ensueño en Little Wing: Esas semanas que pasamos en casa después de la boda de Kip fueron de las más felices de mi vida […] Quería descubrirle mi mundo, hacer que se enamorara de Wisconsin. Pero Chloe no está por la labor, no quiere, no puede, ser una persona normal: llevo ya mucho tiempo sin querer ser normal. Me gusta mi vida. Me gusta Nueva York. En Nueva York está todo […] La gente como tú y como yo, Lee, no vive en pueblos. Y Lee quisiera poder explicarle lo que le une a este lugar, quién es él verdaderamente: aquí podía vivir sin apenas dinero; no tenía en qué gastarlo ni a quién impresionar. Aquí a la gente sólo le importa tu espíritu de trabajo, tu amabilidad y tu capacidad. Yo volví a Little Wing y aquí descubrí mi voz […] Y cada vez que vuelvo aquí me encuentro rodeado de gente que me quiere, que se preocupa por mí, que me protege como si levantara una tienda de calor. Aquí escucho cosas, aquí el mundo tiene un latido distinto, el silencio suena como una cuerda que alguien hubiera rasgado millones de años atrás, música en los álamos y los abetos y los robles, hasta en los campos y en el maíz que se seca al sol. ¿Cómo le explicas todo eso a alguien? ¿Cómo le explicas todo eso a alguien a quien quieres? ¿Y si no te entiende?

Es el turno de Kip. Y, curiosamente, después de haber comprobado su comportamiento en su boda y el rechazo y el enfado que ha provocado en todos, me encuentro con una voz poética en un hermoso flashback en el que coloca al pueblo como personaje esencial. Un canto de amor a Little Wing y a sus amigos. El leitmotiv del capítulo va a ser esa fábrica de piensos que él quiere reformar. Y entendemos porqué ha vuelto al pueblo: porque quiere, justo, devolver a la vida a esa vieja fábrica que fue tan importante, tanto, para todos. Ya que cuando tenían catorce años se subían a la azotea de la fábrica abandonada, cargados de cervezas y porros los cuatro amigos porque en la cima de esos viejos silos de cementos y de madera habíamos descubierto trechos angostos donde tumbarnos boca arriba a contemplar las estrellas, beber cerveza, fanfarronear, soñar. Y hablaban de largarse muy lejos de allí. Henry y yo preferíamos las mañanas. El alba, el amanecer […] alguna que otra mañana sí que subíamos por esos peldaños de acero corrugado hasta la cima de los silos y nos poníamos a esperar en el aire frío y azul, vislumbrando a duras penas nuestro aliento […] No hablábamos mucho durante aquellas mañanas; nos quedábamos allí, mirando a lo lejos como si estuviéramos esperando a que llegara un barco. El lenguaje que utilizan todos, especialmente Lee y Kip, cuando se trata de describir a su lugar de origen es pura poesía. Son esos momentos, de alto voltaje estilístico, cuando la prosa del autor se eleva hasta esos cielos de Wisconsin para contemplar el paisaje y lograr transmitirnos su amor por él. No logro recordar quién era yo entonces, versión adolescente de mí mismo, ni qué pensaba. Supongo que, como el resto, me sentía inquieto. O tal vez solo. Quién sabe si allí arriba, en lo alto de los silos, llegué a creer que podría ver algo: mi futuro.

Lee y Ronny preferían el crepúsculo, ver salir la luna […] y en lo alto de esas torres, los dos con las piernas temblorosas […] los dos: siempre colocados, siempre cantando “Idiot Wind” o “Meet Me in the Morning” […] Pero los atardeceres… Con ellos entendí que Lee era distinto, que tal vez estuviera destinado a la fama […] ¿Lo oís? ¿Oís ese tono, esa nota? Lo juro, ese color de allí, es rosa. Cuando esa rosa empieza a sonrojarse suena como esta nota. No puedo describirla, es una nota aguda y delicadísima. ¿Y oís ese naranja de allá? El de color mermelada no,  el otro, el melocotón. ¿Lo oís? Joder. ¡Me muero de ganas de que lleguen los azules! ¡Los azules y los morados! Y luego, la última nota sostenida y grave, la negra, esa nota grave que retumba y dice: “Vamos, buenas noches. Buenas noches, América, buenas noches. Ya digo, pura poesía. Pero Kip, que está claro que admira a Lee, no logra, aunque se esfuerza, escuchar esa música del crepúsculo de la que nos hablaba. Kip, el hombre práctico que acabará dedicándose a ganar dinero como corredor de bolsa en Chicago. Pero termina por volver al pueblo y cuando Felicia le pregunta el por qué se responde a sí mismo: no sé si alguna vez logré dar con la respuesta adecuada, pero supongo que todo se reducía a esas noches y esas mañanas, a esos chicos. A la sensación de que éramos distintos de todo lo que habíamos conocido y tal vez también mejores que el lugar que nos había hecho. Y de que, con todo, estábamos enamorados de ese lugar. Enamorados de ser los reyes del pueblo, de levantarnos sobre esas torres en la ruina y otear el futuro en busca de algo: tal vez la felicidad, tal vez el amor o tal vez la fama.

Y llega el momento de conocer la propia voz de Ronny que parece ser el único que no está a gusto en Little Wing, que quiere marcharse porque ya no sabe qué hacer y a veces tengo la sensación de que nadie me deja hacer nada […] Ahora mi vida se pierde a lo lejos como una autopista que no va a ningún sitio. No encuentra su lugar. Y hace todo de una manera automática. Y le molesta que los demás le traten como si fuera un poco tonto porque les doy pena o porque creen que estoy triste. ¿Y sabéis qué? Que casi nunca lo estoy. No estoy triste. Lo que pasa es que muero de aburrimiento […] Tengo tantas ganas de largarme de aquí que ya ni sé adónde quiero ir. A San Dondesea, supongo. Sé que  piensan que no puedo cuidar de mí mismo, pero vaya si puedo. No soy un tío listísimo – eso ya lo sé –, pero tampoco soy tonto. Y tal como están las cosas, esto es como vivir en una jaula. Porque no hay que olvidar que Ronny fue un exitoso vaquero de rodeos, muy guapo además, que conseguía a la chica que quería y viajó por muchos lugares. Y ahora está varado y la impaciencia le mata y trata de escapar unas tres veces al año, casi siempre en verano, pero, curiosamente, nunca lo consigue porque algún tipo de fuerza tiene que tener este pueblo y siempre que se intenta ir es cuando más nota esa fuerza. Aunque quizá su vida va a cambiar ya que ha conocido a Lucy, una de las strippers de la despedida de soltero de Kip y se han gustado mucho, ya lo creo que se han gustado.

Y, por fin, podemos conocer el punto de vista de la única chica del grupo: Beth. Larguísimo capítulo que trataré de resumir ya que me estoy extendiendo mucho… Beth también ama mucho a Little Wing y su sencilla vida en familia pero la perspectiva de viajar a Nueva York por primera vez con motivo de la boda de Lee y Chloe le hace mucha ilusión ya que apenas sale del pueblo. Irá con su marido Henry, con Ronny y con su estrenada novia, Lucy. Kip y Felicia no han sido invitados, pero después de un largo periodo de vacío que les han hecho debido a todo lo ocurrido en la boda, se han vuelto a amigar y a Beth le cae muy bien Felicia. Son ellos los que les acompañan al aeropuerto y les dan un regalo para Lee. Pero la boda de Lee tampoco me hacía tanta ilusión y aquello me llenaba de una tristeza algo vulgar. ¿Por qué será? Quizá porque yo estuve enamorada de Lee, creo, y supongo que muchas mujeres del pueblo y del mundo entero podrían decir lo mismo. En mi caso, sin embargo, tengo la impresión de que él también se enamoró de mí, aunque el tiempo lo empaña todo y lo único que me queda son recuerdos de hace más de diez años, de cuando Henry y yo no nos habíamos casado y los niños todavía no habían llegado, de cuando yo era más joven y los límites de mi mundo más flexibles y menos definidos. De cuando aún cabía la posibilidad de no terminar viviendo en el mismo lugar durante toda mi vida. Parece que Beth no ha olvidado a Lee, a veces sí que pienso en él, aunque está felizmente casada y se imagina por un instante cómo habría sido su vida si en vez de con Henry se hubiera casado con Lee.

Así que Beth va a contarnos lo que pasó hace diez años entre Lee y ella en un largo flashback. Mientras ellos estaban en la universidad, Lee trataba de abrirse un camino en la música y, aunque lo intentaba, el éxito siempre se le escapaba. Sus amigos creían en él y estaban convencidos de que se haría famoso. Después de la universidad, Henry y yo lo dejamos una temporada, lo que no es sino una manera educado de decir que queríamos acostarnos con otra gente. Lee acababa de romper con su banda, con la que incluso había hecho una gira por Europa, porque no había conseguido la música con la que él soñaba, así que volvió al pueblo y estaba deprimido. Vivía en un cuarto de alquiler en una granja inmensa a las afueras del pueblo. Nadie lo había visto […] Vivía apartado, igual que un coyote. Y entonces le escribe una carta a Beth en la que le cuenta que se siente un fracasado, que no sabe lo que va a hacer, que está componiendo pero tampoco sabe qué pensar sobre esa nueva música, que está solo. En resumidas cuentas, que está a punto de rendirse, buscarse un trabajo normal y marcharse lejos del pueblo. En una posdata le da su teléfono. Y Beth no duda en ir a verle: no sabía lo que hacía, sólo sabía que tenía curiosidad, que me sentía sola, que nadie, ninguna relación, me obligaba a nada. Y va contenta, y no tiene ni frío a pesar de que están bajo cero. En fin, que se enrollan. Él tiene más dudas que ella pero tampoco hablan apenas sobre lo ocurrido. Lee le canta algo de lo que está componiendo y ella se pregunta: ¿Qué debe sentir él? ¿Qué verá? ¿De dónde viene toda esta música? Por la mañana, Beth se marcha.

Y volvemos a Nueva York, a la boda llena de famosos que les dejan boquiabiertos pero se comportan con naturalidad. Disfrutan. Y mientras Lee se está casando, Beth recuerda que en su propia boda durante los votos también había pensado en Lee – apenas una fracción de segundo –, había pensado en la noche en la granja, en que aquella había sido la única ocasión en que había traicionado a Henry. Porque nunca podría contárselo. Henry y yo llevábamos casi diez años casados y, si alguna vez, le había ocultado algo, no han sido más que secretos inocentes[…] Me pregunté si Lee se acordaría de mí cuando pronunciara sus votos ante Chloe o si me verá como algo más que una amiga. A la vez, Beth y Henry disfrutan de su estancia en Nueva York, pasean, van a museos, hacen el amor en el hotel, disfrutan de esas minivacaciones y se les ve felices. Está claro que se quieren. Durante la boda, Beth observa a Chloe y no le acaba de convencer: no creo que vayan a durar. Les doy un años, dos como máximo. A Lee le ve enamorado: era muy tierno con ella. Me pregunté si Chloe sabría ya, si llegaría a saber jamás, lo afortunada que era teniéndolo de marido. Si sabría ver el talento y la bondad y la fuerza de ese hombre. Me sentí incómoda. Y quizá culpable, añado yo, porque vuelve sus ojos a Henry, tan bueno y tan decente. El padre de sus hijos, el gran trabajador, el hombre que está enamorado de ella pero ella también lo está de él, pienso yo. ¿Qué opináis vosotros? Antes de que acabe la boda, Beth siente una nostalgia infinita de su vida en el pueblo, de su hogar, de sus hijos y se quiere ir ya .Quiere que se acabe ese viaje y esa boda.

Plazos

Ha llegado el momento de vuestros comentarios sobre esta primera parte que espero que sean muy numerosos. Comentad lo que queráis sobre ella: los personajes, las descripciones, el estilo, la historia…, por cierto, ¿quién es, por ahora, vuestro personaje preferido? Intentad, también, daos la réplica unos a otros. No sólo dejéis vuestras opiniones sino contestad a los comentarios de los demás para que esto se parezca lo más posible a un debate cara a cara. Todas las opiniones son válidas. Cortas o largas. Venga, ánimo. Disponéis de una semana para dejar vuestros comentarios y, mientras vamos comentando sólo esta parte (lo digo por aquellos que ya hayan leído más, ¡cuidado de no desvelarnos nada! 😉 ), continuaremos la lectura de la segunda parte de Canciones de amor a quemarropa que comprende desde el capítulo “L” (página 143) hasta el final del capítulo “R” (página 240).