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El fin de semana: una novela de reflexión política y moral

9 Feb

Baader Meinhof- Meet Me At The Airport DSC_8976El escritor alemán Bernhard Schlink (1944)  ha publicado en total nueve libros, cuatro novelas policíacas cuyo protagonista es el peculiar detective Selb y El lector (un best seller internacional), Amores en fuga, El regreso, El fin de semana y Mentiras de verano, un libro de relatos. Estas últimas cuatro novelas tienen un denominador común: uno de los personajes posee un oscuro pasado relacionado con algún episodio turbio de la historia de Alemania. Este hecho le sirve para analizar los conceptos de culpa, responsabilidad y arrepentimiento.

El fin de semana se desarrolla en la Alemania actual. El protagonista es Jorg, un antiguo terrorista de la banda Baader-Meinhoff condenado por cuatro asesinatos. Tras veinticuatro años de cárcel es indultado por el presidente alemán sin que haya pedido perdón por los crímenes que cometió en nombre de sus ideales. Su protectora hermana Christiane reúne en una casa de campo a sus viejos amigos de militancia ideológica, que no terrorista, para darle la bienvenida a la libertad. Pero aquellos jóvenes revolucionarios de los años 70 se han integrado en la sociedad que querían cambiar. Hay una obispo protestante, un empresario rico con su mujer y su hija, una profesora que quiere ser escritora, un periodista de éxito, una traductora que vive en el campo y el abogado de Jorg. Más tarde aparecerán dos personajes más que no desvelo ahora. El fin de semana es una novela de reflexión política y moral. Sobre todo es una reflexión sobre el sentido que tiene la lucha, no sólo desde las armas, para intentar cambiar la sociedad. Pero hay más temas: la amistad, el amor, el odio, el rencor, el rechazo, la envidia, la culpa, la libertad, la ingenuidad, la violencia, el perdón, el arrepentimiento…

El título nos indica el tiempo de duración de la novela que está dividida en tres partes: viernes, sábado y domingo. A lo largo de esos tres días, todos los personajes hablan mucho (van directos al grano desde el primer momento), discuten sobre lo que fueron y lo que son, sobre la constatación de que el presente no es como se imaginaron cuando eran jóvenes, buscan respuestas al porqué de la violencia terrorista, qué motivo a estos jóvenes a empuñar las armas y matar a aquellos que no pensaban como ellos y cómo esa lucha armada fracasó y sus integrantes murieron o acabaron en la cárcel durante muchos años, como Jorg, que al salir se cuestiona qué hacer: si seguir en la lucha, si esta tiene sentido o integrarse en la sociedad.

La novela posee una estructura teatral, con un escenario casi único y con continuas entradas y salidas de los personajes lo que la hace muy visual. El estilo es minucioso, ameno, con numerosos diálogos y también silencios muy elocuentes. Asimismo, hay un par de giros sorpresas que mantiene el suspense.

Para terminar os dejo un link de otro Club de Lectura Virtual, de la Biblioteca Salvador García Aguilar de Molina de Segura, donde se habla del autor y su obra.

Plazos

Como el libro está dividido en tres capítulos, dividiremos la lectura en esos tres capítulos. Durante una semana leeremos el primero titulado Viernes, que termina en la página 88.

Nuestro próximo libro: El fin de semana de Bernhard Schlink

29 Ene

findeBernhard Schlink, muy de actualidad en nuestros días por su novela El lector (llevada al cine con gran éxito).

El fin de semana es su última novela, publicada en Alemania en 2008 y traducida en España en 2011.

Un grupo de antiguos amigos se reúne para pasar un fin de semana en el campo y recordar viejos tiempos. Pero no se trata de una reunión cualquiera: uno de ellos, Jörg, exmiembro de la banda terrorista Baader-Meinhof, acaba de salir en libertad tras más de veinte años en prisión…

Los ejemplares de El fin de semana están ya preparados para que podáis ir a recogerlos en la Biblioteca de Forum.

¡No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de El extranjero!

Todavía tenéis tiempo para dejar vuestros últimos comentarios sobre la obra de Camus.

El final del viaje

10 May

“En la primera mitad de la vida lo más importante es la apariencia externa pero cuando entramos en la segunda mitad sólo nos sostienen los cimientos, los pilares ocultos donde se asienta la estructura de nuestra personalidad”

En esta segunda parte, Dani  está desconsolado por la pérdida de Oliva. Reflexiona a lo largo de toda esta parte sobre su vida en común. Nunca la va a olvidar, pero no hace nada por intentar recuperarla. Como si estuviera hastiado de la vida, deja que Oliva se vaya a EEUU con su amigo Fran. No lucha por ella, ni por su relación. Y tampoco le preocupa Fran porque “qué más da perder un amigo cuando pierdes el amor“. Reconoce que no tenían cosas en común y tampoco existía comunicaban entre ellos de forma habitual. Ni siquiera hablaron del bajón en su relación  y se entera de que todo se ha acabado entre ellos por casualidad.

Así que tras la ruptura entra en un aislamiento voluntario. Pero no reacciona. Consigue seguir con su vida gracias al empuje de sus dos amigos de la infancia: Gus y Animal y a los conciertos. Pero ¿no veis que también utiliza las giras o conciertos para huir de la realidad?

En ese momento el grupo empieza a tener éxito. Viven un momento dulce y entonces ocurre la muerte accidental de Gus. La prensa se hace eco y se especula sobre su vida, un posible suicidio o una posible causa en las pastillas, anfetaminas y alcohol. Dani ve algo raro en la muerte de su amigo y años después se entera de que la  policía no quiso investigar a fondo este caso porque supuestamente recibieron órdenes de “dejarlo estar así”. Gus había estado esa noche en una fiesta donde había gente importante a la que se quería proteger. A Gus no le importaba que se supiera que era homosexual pero en esos tiempos no era lo habitual. La sociedad era y sigue siendo muy hipócrita.

Esto vuelve a sumir a Dani en la desolación. Su amigo de la infancia, al que siempre admiró, ya no volvería a estar con él. Le cuesta asumir su pérdida. Se vuelve a aislar y el grupo musical “Las Moscas” se disuelve y cada uno empieza a tocar por su lado.

Dani arranca su carrera musical en solitario. Acepta ser telonero de Serrat y se va con ellos de gira fuera del país. Sigue con su vida  igual que cuando empezó, sin obligaciones y sin mujeres importantes que le hagan olvidar a Oliva. Hasta que en un viaje de la gira por Japón conoce a Kei y vuelve a sentirse o creerse enamorado. La persigue hasta que consigue casarse con ella y formar una familia. Pero no cambia. Cuando tienen a su primera hija, Maya, van a Madrid y al entrar de nuevo en contacto con su mundo, Dani empieza a alejarse emocionalmente de Kei. No solo por las infidelidades, sino porque sigue sin compartir su mundo, su vida en profundidad con ella. Como le decía su amigo Animal para justificarlo “no hay música sin noche. De ahí el conflicto” .

Dani no es una persona posesiva. Además cree en la independencia de las personas y por eso contribuye con su ayuda a que Kei pueda seguir con su carrera musical y no se vea obligada a abandonarla por el cuidado de los niños “no podía permitir que la familia se transformara en una esclavitud que le hiciera perder su autonomía. Yo sabía que era feliz cuando tocaba, como lo era yo también”.

Pero la crisis en Japón hace que Kei pierda su empleo y caiga en el desánimo. Llegan los atentados de Madrid y Dani siente cuanto echa de menos sus raíces, su ciudad, su familia.  Todo lo que conoce está lejos y sin reflexionar demasiado le propone a Kei irse a vivir a Madrid .“la decisión fue una sorpresa también para mi y se tomó en horas”. Otro rasgo de la provisionalidad de su carácter.

Se alegra de volver a Madrid también por Animal. Lo echa de menos. Aunque Kei le abrió los ojos con la situación de su amigo al advertirle de que “No te das cuenta de que tu amigo, tu mejor amigo, es un alcohólico y no vas a ser capaz de hacer nada por él, de ayudarlo”. Animal no se veía así mismo como un alcohólico. Seguía pensando que tenía diecisiete años y que podía continuar así muchos más. De todas formas, con el tiempo aceptó entrar en una clínica y aunque ese hecho lo distanció un poco de Dani al principio, pasado el tiempo, volvieron a la rutina de su amistad incondicional.

Kei y yo nos separamos poco a poco. Nos volcamos en los hijos porque nos resultaban más novedosos y excitantes que nosotros mismos”. Como en su lejana relación con Oliva, volvió a ser ella quién dio el paso de la ruptura y Dani se dejó llevar, sin luchar y aceptando la nueva situación resignado y parece que un poco aliviado… “Nunca puedes conocer del todo a alguien, por más que convivas y tengas hijos, si no compartes el idioma”. ¿Pensáis vosotros así?

Aún así, Dani siente que su vida con Kei ha sido feliz aunque un poco fuera de la realidad “yo inventé a Kei en mi cabeza y ella me inventó a mi, aprovechando la ignorancia de nuestros pasados, de nuestros idiomas”. Kei se volvió a enamorar y Dani lo fue aceptando como si no tuviera derecho a ser feliz “como si la felicidad para mi fuera un bien obligatoriamente perecedero”.

¿Cómo veis vosotros las relaciones que mantuvo con Oliva y Kei? ¿veis rasgos comunes?

Cuando llega al pueblo de su padre para enterrarlo observa con estupor la comitiva que le espera, formada por las llamadas “fuerzas vivas” del pueblo y presididas por su alcalde, Jandrón, al que ya conocía desde niño y por el que no sentía ninguna simpatía. Además se encontraban también familiares y conocidos que no recordaba. Todos atraídos por la aureola de su éxito y por situar a su pueblo en el mapa gracias a la publicidad que les podía dar el nombre de Dani Mosca. Ninguno lo conoce y ninguno parece sentir cariño por él, más allá de inmortalizar el momento con un selfie. Pero es lo triste, si eres famoso, no necesitas nada más. Lo tratan como si fuera uno más del pueblo, hecho bastante forzado cuando Dani apenas pasó un par de veranos allí y nunca se sintió vinculado a ellos. Pero su padre sí, sentía que sus raíces estaban allí y por eso quería volver al pueblo de su infancia al final de sus días.

Dani no comparte los ideales de su padre, ni tampoco la forma que tuvo de educarlo. Siente que nunca lo apoyó en sus decisiones, que siempre las vio inmaduras y hasta el final de sus días, su padre no se podía explicar que pudiera vivir de la música y le seguía insistiendo en que hiciera una carrera universitaria. A pesar de eso, Dani le quería y le echa de menos. Comprende que sus vidas han sido muy distintas. La educación y lo que has vivido en la infancia te marca para toda la vida y su padre no conocía otra forma de relacionarse con él. Creo que Dani entendió esto cuando por fin fue padre.

Dani se resigna a vivir una vida en solitario, seguir con su vida tal como la conoce y la ha vivido, estar con sus hijos pero no se arrepiente de nada. Me gustó la frase “nos hacemos mayores, pero no nos hacemos mejores“. ¿No creéis que es verdad?

Y para finalizar, su última reflexión “Caí en la cuenta de que la gente más valiosa en mi vida es la que me ha empujado a fabricar unos ideales, puede que ficticios, pero tan hermosos que da gusto jugar a que existen, apostar por ellos, cantar sobre ellos, soñar con ellos o echarlos rabiosamente de menos cuando se te han escapado y te va la vida en recuperarlos. ¿Por qué no? Ahí empieza todo.” Y termina esta hermosa novela.


Ahora os toca a vosotros:

Contadme que os ha parecido la historia.

  • ¿Os ha gustado la forma de narrar que ha tenido el autor en esta novela?
  • ¿Cómo veis a los personajes? ¿están suficientemente descritos?
  • ¿Y las reflexiones? ¿os habéis identificado con alguna?
  • ¿Creéis que Dani se ha fabricado una realidad paralela? ¿o es inmadurez?

Me gustaría que también opinarais de la relación de Dani con su padre (o con su madre), con sus amigos y con sus mujeres. Y con los episodios de la novela que mas os hayan gustado, entretenido, etc.

Espero que los saltos de una época a otra no os hayan impedido seguir el hilo del argumento, que a su vez está cargado de sabiduría popular y sentimientos.

Espero vuestros comentarios!


*Plazos: para daros tiempo a terminar la lectura, el lunes, 21 de mayo, se publicará la presentación de la siguiente novela. Así que los que habéis recogido el libro en la Biblioteca Fórum acordaros de devolverlo antes o durante la semana del 21. Muchas gracias!

Tras treinta y tantos años por fin habíamos dejado atrás la infancia

9 Nov

Rodeo. Foto en flickr de Carol Von Canon. Algunos derechos reservados por Big Grey Mare.

Y llegamos a la última parte de Canciones de amor a quemarropa en la que se suceden numerosos capítulos, la mayoría cortos. El mayor protagonismo lo van a tener Henry y Lee que vivirán una rocambolesca situación que a manera de símbolo servirá para solucionar la brecha que se ha abierto en su amistad. Todos van a terminar por encontrar su lugar en el mundo, como no podía ser de otra manera en una historia vitalista y positiva. Amigos para siempre, como dice la canción.

Mientras todos están buscando a Ronny, Beth recuerda cómo un día en aquella época confusa de su vida (no sé qué hacía ni qué límites quería romper), justo después de acostarse con Lee, Ronny la invita a un rodeo en Minneapolis en el que va a participar. Como dos buenos amigos pasan la noche bebiendo y charlando y será Ronny quien la ayude a salir de su confusión: Deberías volver con Hank. Te quiere. ¿Te das cuenta? Te quiere muchísimo, te quiere de verdad […] Hank es mi amigo, y es un buen tipo y está loco por ti, joder. Desde siempre… Ya lo sé, se supone que deberíamos estar todos por ahí viviendo a tope y todo eso, pero, la verdad, me parece que al final ese rollo es una chorrada enorme. Todo el mundo espera a esa persona única. Y Beth, una semana después, vuelve con Henry: al cabo de un año nos casamos. Al cabo de cuatro, tuvimos a nuestra primera hija, Eleanore. Para Beth, Ronny es un ángel que siempre ha estado y estará ahí para ayudarte.

También Lee tiene buenos recuerdos de su gran amigo Ronny. Mientras le está buscando junto a los demás, con la nieva casi hasta el cuello, recuerda cómo le llamó todo entusiasmado para decirle que se casaba y que quería que fuese su padrino (muy al contrario que él que, cuando se casó, únicamente les envió una invitación y unos billetes de avión). Lee, que aunque sólo lleva un mes casado con Chloe, siente que las cosas no van bien entre ellos, no puede dejar de alegrarse infinitamente y sentir cómo sus amigos siempre están ahí. Y será Lee, junto a Eddy, el que acabará encontrando a Ronny tendido en el patio de la escuela con los pies casi congelados, pero a salvo.

Cuando encontraron a Ronny volví a la fábrica, me hice un poco de café y me quedé sentado en el despacho mirando por la ventana. Kip toma la palabra. Está solo y se encierra en el único lugar en el que se siente él mismo. Esa fábrica que ha reformado, ya no sabe muy bien para qué, y que le ha arruinado: desde el mismo día de mi boda, pensé en cuánto me habría gustado volver a empezar, haber hecho las cosas de otro modo. En primer lugar, Felicia y yo hubiéramos hablado sobre todo lo que teníamos que hablar, todo aquello que siempre había estado latente. Hijos, Little Wing, la fábrica de piensos, el dinero, todo. Es justo en “su” fábrica dónde se va a celebrar la boda de Ronny. Y eso le lleva pensar en su propia boda y en Felicia. Decidí coger el coche para ir adonde estaba ella, a ese motel entre Little Wing y Eau Claire. Kip le propone que se marchen de Little Wing (él, en el fondo, quiere volver a Chicago), ella le pide tener un hijo: me dejas embarazada y nos vamos. Y Kip se rinde y accede. La reconciliación es un hecho. Serán felices y tendrán una casa llena de niños, tal como Felicia desea.

Y por fin llega la boda de Ronny y Lucy: pese a los dedos congelados y a la nariz colorada, Ronny insistió e casarse en el día y la hora convenidos. Será Lee quien nos la cuente. Todo el pueblo va a estar presente. Fue una boda preciosa, la típica boda luterana. Y va a unir a todos los amigos: no sabía cómo, pero el muy cabrón se había salido con la suya, había vuelto a juntarnos a todos. En ese espíritu de hermandad y felicidad, Lee decide que ya va siendo hora de reconciliarse con Kip, al que se le ve muy feliz, y le invita a salir fuera a tomarse una cerveza: Venga tío, ¿no vas a dejar que me disculpe? Lee siente que Kip ha cambiado y, además, sabe apreciar que el éxito de esa boda se debe a su buen hacer: lo que él había hecho era algo fuera de lo común, era algo bueno. Era una de esas cosas que se han perdido en América, me temo. Pueblos enteros, comunidades enteras unidas para celebrar algo, para divertirse. Sin política, sin negocios de por medio, sin un orden del día […] América, diría yo, consiste en gente pobre tocando música y en gente pobre compartiendo comida y en gente pobre bailando aun cuando llevan una vida tan desesperante y tan deprimente que ya ni debería haber sitio para la música o para algo de comida extra, cuando no deberían quedarles energías ni para bailar. Y ya me pueden venir con que no tengo razón, con que somos un pueblo puritano, un pueblo evangélico o un pueblo egoísta, pero yo no lo creo. No quiero creerlo. Estos dos párrafos, creo yo, contienen una de las ideas centrales que Nickolas Butler nos quiere transmitir con su novela. La visión, positiva, que él tiene y que nos quiere hacer llegar de la sociedad americana, sobre todo de lo que un día fue su país: todos juntos celebrando algo aunque no tengan donde caerse muertos. ¿No creéis?

Y sumidos en esta onda de buenrollismo, llega el turno de que se reconcilien los únicos que quedan por hacerlo: Lee y Henry. Será este último el que empiece a contárnoslo. Todo girará alrededor de un absurdo tarro gigante de huevos encurtidos. Decenas de huevos, cientos, tal vez, suspendidos en ese líquido amniótico turbio y verdoso que está detrás de la barra del bar de los veteranos. Los dos amigos están tomándose una cerveza en el bar: estábamos taciturnos y apesadumbrados. Los dos queríamos, muy en el fondo, volver a ser amigos, pero no sabíamos si eso sería posible, si lograríamos olvidar y deshacer […] Tomábamos un trago tras otro con ansía. Bebíamos para emborracharnos, para soltarnos. Y, de pronto, Lee, seguramente ya algo borracho, decide que va a robar ese tarro que lleva allí olvidado años, siglos, y que Henry, por supuesto, le va ayudar. Antes le pide perdón pero Henry se resiste, incluso Lee le propone pegarse porque dejaría que me molieras a palos si así volviéramos a ser amigos. Pero Henry está lleno de rabia y celos y siente que su amigo le ha traicionado: cada vez que se despertaba en mí algo parecido al perdón, evocaba alguna imagen de él y Beth juntos en la cama y me volvía loco. Y como no saben qué hacer, pues ¿por qué no robar ese maldito tarro de huevos y así convertirse en cómplices?, piensa Lee. Todo muy rocambolesco, todo muy americano, ¿no creéis? Yo creo que lo hemos visto en cientos de películas “made in USA”. No sé cómo vamos a arreglar esto, tú y yo, sin recurrir a algún acto juvenil de, ya me entiendes, solidaridad mutua.

Hablan claro y Henry finalmente le dice que para volver a confiar en él necesita tiempo, pero yo estaba tristísimo, más que nunca, y más solo que nunca, también. Porque sabía que podíamos seguir siendo amigos, pero sabía también que nunca, nunca, podría confiar en él lo bastante como para poder meterlo otra vez en casa o como para estar tranquilo cuando mi mujer anduviera por ahí. El tiempo había pasado. Todos habíamos tomado decisiones. Así que sólo les queda robar el tarro para salvar su amistad y, mientras Lee entretiene a los parroquianos que hay en el bar, será Henry el que lo robe (gana Lee y su poder de convicción, por fin cómplices en su acto simbólico de salvación de la amistad). Y por fin desaparecimos en la neblina de la noche de Wisconsin, sin un lugar adonde ir y con un inmenso tarro de huevos encurtidos entre los dos. Ya borrachos y en la calle comienzan a coger los  huevos y a tirárselos a los coches. Entre huevo y huevo, Lee le confiesa que se va quedar para siempre en el pueblo: he comprado la fábrica. Se la he comprado a Kip […] Puede que esté tirando el dinero […] Voy a montar un estudio de grabación, abriré un pequeño teatro y el pueblo tendrá música en vivo lo quiera o no. Y lo ha hecho para salvar a Kip de la quiebra y que se pueda marchar a Chicago, que es lo que desea. También, porque en el fondo quiere vivir en su Little Wing pero sin abandonar la música. Ahora estarán sólo los tres en el pueblo: Henry, Beth y Lee.

Y para que la amistad entre ambos quede sellada completamente, Lee terminará herido de bala en una pierna por un chaval que, al romperle el parabrisas con uno de los huevos, le ha disparado (también muy americano). Pero, como, afortunadamente, no es una herida muy grave, todo se arreglará incluso sin ir al hospita, sacándose el propio Lee la bala con la inestimable ayuda, claro, de su ya gran amigo Henry. Asunto resuelto “a la americana”. Entre medias de todo este desaguisado, hay un corto capítulo en el que Ronny nos cuenta que Chicago me gusta. A veces me subo al tren elevado con Christina, la niña, sólo por salir un rato del apartamento. Es un ángel (como no podía ser de otra manera, siendo hija de él)  […] Y ya nadie se fija en mí. Nadie me dice lo que tengo que hacer o dejar de hacer. Y cuando me pierdo, pido ayuda y ya está, porque llevar a un bebé en brazos no va nada mal. También Beth tomará la palabra en un breve capítulo en el que a través de una serie de recuerdos llegará a la conclusión de que todo ha merecido la pena: cada pelea, todos estos años de experimentación y de inmadurez, el desengaño aislado, la mísera cuenta corriente, las camionetas viejas de segunda mano. Haber vivido con otro ser humano, otra persona, con este hombre, todo este tiempo, y haberlo visto cambiar y crecer. Haber visto cómo se volvía más respetable, más paciente, más fuerte y más capaz; cómo quiere a nuestros hijos, etc, etc. Otro asunto resuelto.

La novela se está terminando y Lee nos cuenta con todo detalle, en un largo flashback, la boda de Henry y Beth (muchas bodas, ¿no?) y nos confiesa que todavía la quería, esperando, loco de amor y de tristeza. Y se permite soñar por un momento: ella y yo juntos sobre una cama blanca, con los brazos y las piernas enredados, su pelo castaño, la luz del sol por la mañana y la alegría de hacer un bebé juntos […] Qué tristeza despertar de ese sueño, Dios, para ver mi futuro tal y como se presentaba en realidad: décadas sin esa mujer, décadas viéndola con mi mejor amigos. Pero así estaban las cosas. Incluso se va a las cuatro de la madrugada hasta la habitación del hotel donde sus amigos están pasando la luna de miel. Y cuando está a punto de llamar a la puerta no sabe muy bien ni por qué, pasa ante sus ojos la vida que le espera, que se resume en su éxito y su soledad. Así que bajé el puño hasta la cadera y dejé escapar por la boca años de amor.

Creo que se me nota que no me ha convencido demasiado cómo el autor plantea y resuelve el autor el triángulo Henry-Beth-Lee. Pero, por lo demás, es una novela agradable que ensalza la amistad, el amor y las cosas sencillas de la vida. Aprender que en ellas se encuentra la respuesta a ese algo que todos estamos buscando creo que es el objetivo de esta historia. Y, sobre todo, quiero destacar al que yo considero el verdadero protagonista de Canciones de amor a quemarropa: Little Wing. Cuando el autor nos habla de este pequeño pueblo y lo que implica vivir en él, así como de la naturaleza que le rodea, su prosa se hace grande y ensombrece a todo lo demás que contiene esta novela.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios sobre esta última parte de la novela y sobre toda ella en general. Saquemos conclusiones. Espero que sean numerosas como así lo han sido en el anterior post. Disponéis de una semana para ello.

Con usted iría al fin del mundo, maestro

23 May

Tofu. Foto en flickr de houseofthailand.com. Algunos derechos reservados.

La relación de Tsukiko con el maestro prosigue con altibajos. Se distancian, se acercan. En un encuentro casual, ella le comenta que tiene una cita con otro hombre y el maestro súbitamente la invita a ir a jugar a un salón de pachinko, Tsukiko abandona sus planes y se va con él, están claras sus preferencias, pero le pregunta, como sin darle importancia, por la profesora Ishino. Ambos están celosos pero ambos quieren estar juntos: Los pequeños brotes recién nacidos habían dado lugar a un follaje exuberante. El maestro y yo caminábamos despacio, bajo el mismo paraguas. De vez en cuando, su brazo rozaba mi hombro accidentalmente.

Aun así, Tsukiko ha quedado ya cinco veces con Takashi, y en la última cita éste le propone ir de viaje con él a comer truchas. Le apetece pero le da largas: me gustaba la risa de Takashi. Estuve a punto de aceptar la invitación, pero seguí esquivando la respuesta. Se compara con él. A sus treinta y tantos años, le ve como un hombre: siempre hacía lo que tocaba según la edad que tenía. Su vida transcurría de forma equilibrada, y su cuerpo y su mente se desarrollaban proporcionalmente a su edad. Yo, sin embargo, todavía no me podía considerar una “adulta” hecha y derecha. Cuando iba a la escuela primaria era bastante madura. Empecé a estudiar secundaria y luego pasé a bachillerato, pero mi nivel de madurez disminuía a medida que transcurrían los años. Nunca me he llevado muy bien con el tiempo. En un nuevo encuentro con el maestro se da cuenta de que no quiere ir con Takashi: tumbada en el suelo, con la mejilla apoyada en el tatami, evoqué la vaga incomodidad que sentía cada vez que estaba con él. Era una molestia casi imperceptible, pero que nunca se desvanecía del todo. Y le propone al maestro ir con ella de viaje a comer truchas. Ante su negativa, Tsukiko se desespera tanto que le grita: con usted iría al fin del mundo, maestro. Y añade: lo que pasa es que estoy enamorada de usted. El maestro la mira perplejo y le dice que se ha vuelto loca, que solamente es una niña que teme los truenos, pero la abraza: nada tenía sentido. Era absurdo que yo le hubiera dicho al maestro que estaba enamorada de él, y que él estuviera tan tranquilo a pesar de que aún no me había dado una respuesta. Aquellos truenos repentinos también eran irreales, así como la asfixiante humedad que se había instalado en la salita desde que el maestro había cerrado la ventana. Todo parecía un sueño.

Finalmente el maestro la invita a un viaje de fin de semana a una isla: no sabía por qué el maestro me había invitado a viajar con él. Cuando le confirmé que lo acompañaría, su rostro no reflejó ningún tipo de emoción. Estarán en habitaciones separadas. Nada más llegar, el maestro le propone dar un paseo. Un largo paseo que terminará en un cementerio en el que, ante una tumba, se pone a rezar: es la tumba de mi mujer […] Quería venir aquí contigo […] Era una mujer extravagante. Todavía sigo pensando en ella. Tsukiko se siente ofendida y celosa y vuelve sola a la pensión. No se da cuenta de que el  maestro necesita hacer esa visita para cerrar un ciclo de su vida que le permita abrir otro en el que pueda vivir su amor por la joven. ¡Está tan perdida, la pobre!: ¿Qué estaba haciendo con mi vida? Estaba en una isla que no conocía, arrastrando los pies por un camino desconocido y había perdido de vista al maestro, a quien creía conocer pero en realidad tampoco conocía. No me quedaba otra opción que emborracharme.

Está desesperada porque el amor va invadiéndola y no sabe qué es lo qué quiere el maestro de ella y recuerda cómo se conocieron y de ser su viejo profesor fue lentamente pasando a ser otra cosa: en algún momento, más adelante, al sentarme a su lado empecé a notar la calidez que desprendía. Su presencia dulce y afectuosa se filtraba a través de la tela de su camisa almidonada. Era caballeroso y tierno a la vez. Nunca he sido capaz de describir la presencia que irradiaba el maestro. Cuando intentaba capturarla, se esfumaba para aparecer de nuevo en otra ocasión. Me preguntaba si aquella presencia se convertiría en algo palpable en el caso de que el maestro y yo nos acostáramos juntos. Pero su misteriosa presencia siempre se me acababa escurriendo de las manos. Tsukiko no puede dormir y va a la habitación del maestro. Lo encuentra escribiendo haikus y le pide que le ayude: escribía llena de indignación. Era la primera vez en mi vida que lo intentaba, pero los versos me salían sin pensar. Escribí diez, doce, veinte poemas. Esa noche acaban durmiendo juntos mientras el maestro la acaricia.

A pesar de lo que ocurre en la isla, vuelven a distanciarse: llevaba un tiempo sin ver al maestro. Seguía yendo a la taberna de Satoru, pero no lo veía sentado en la barra como de costumbre. Aquí se intercala un sueño, ¿o realidad?, muy extraño en el que ambos están en algún lugar de la costa bebiendo sake. El maestro hace el pino y en esa situación tan anómala, se superponen escenas de la mujer del maestro y de su vida en común también muy raras. El maestro le dice que están en la frontera. Pareciera que el sueño simboliza un lugar de tránsito entre su otra vida con su mujer y la nueva vida que le espera con Tsukiko. Una frontera que tienen que atravesar. Y cada cierto tiempo, diversos elementos de la naturaleza susurran: ¡Ven! ¡Ven!

Extrañamente, después de este intervalo tan simbólico, Tsukiko decide evitar al maestro a propósito. Dice que la visita a aquel lugar tan extraño no tuvo nada que ver con nuestro distanciamiento. Piensa que si no vuelve a verlo, lo acabará olvidando. Está convencida que el maestro no siente nada por ella. Aunque está acostumbrada a estar sola, no se siente a gusto. Y vuelve a quedar con Takashi pero, una vez más, no funciona. Y entonces, dos meses después, vuelve a la taberna: pensé que después de dos meses ya lo habría superado. Se entera de que el maestro no va porque está resfriado: el grillo seguí cantando. Oía mis latidos y el zumbido del torrente sanguíneo circulando por mis venas. Mi corazón latía cada vez más acelerado.  Y va a su casa. No puede remediarlo. Está preocupada: seguía siendo el mismo de siempre. En cuanto le vi la cara, las fuerzas me abandonaron y las rodillas me flaquearon. Tsukiko está enamorada hasta el tuétano y, por supuesto, no ha conseguido olvidarlo. Después de una visita cordial, se marcha: hacía un buen rato que había dejado atrás la casa del maestro, pero seguía dirigiéndome a él como si estuviera a mi lado. Caminaba despacio, siguiendo el curso del río. Parecía que estuviera hablando con la luna.

Y, de pronto, el maestro la llama por teléfono (nunca lo había hecho antes) y le pide una cita: ir juntos a una exposición de caligrafía antigua en el museo de arte. Su voz suena dulce: en cuanto se cortó la comunicación, me dejé caer al suelo. A lo lejos oía los pitidos procedentes del auricular, que seguía sujetando en la mano. Tsukiko está tan asustada que decide mantener una distancia: quería mantener una relación formal, superficial y duradera, sin esperar nada a cambio. Ya había intentado acercarme a él, pero no me había dejado. Era como si hubiera un muro invisible entre los dos. A primera vista parecía blando y maleable, pero por mucho que lo presionara no me devolvía nada. Era un muro de aire. Ella está nerviosa (estaba mil veces más nerviosa que el primer día que salí con un chico), él, como un acto simbólico, paga por primera vez. Una vez vista la exposición se sientan en un sofá: notaba el calor que desprendía el cuerpo del maestro, sentado a mi lado. Mis sentimientos afloraron de nuevo. Aquel sofá duro e incómodo me parecía el lugar más agradable del mundo. Me sentía feliz a su lado. Eso era todo. Y, por fin, el maestro se sincera con ella. Le dice que ha sido un poco obtuso todo este tiempo y la abraza: cuando me abrazó, el tiempo parecía haberse detenido. Y con su formalidad le propone iniciar una relación basada en el amor mutuo. Ella acepta y él se siente feliz: el maestro me rodeaba con su cálido abrazo, y yo no sabía si reír o llorar. Al final, no hice ni una cosa ni la otra. Me tranquilicé y me acurruqué en sus brazos, en silencio.

El último capítulo, titulado, no en vano, “El maletín del maestro”, nos narra el tiempo que pasaron juntos. Ya no se encuentran casualmente, sino que se llaman por teléfono y quedan, pero aun así en las formas las cosas no habían cambiado mucho. La única diferencia era que la incertidumbre había desaparecido. Ella nos cuenta que la bondad del maestro procedía de su estricto sentido de la justicia. No era amable conmigo para hacerme feliz, sino porque analizaba mis opiniones sin tener ideas preconcebidas. Se podría decir que su bondad era más bien una actitud pedagógica. Por eso cuando me daba la razón me sentía mucho más feliz que si se hubiera limitado a decirme que sí para tenerme contenta. Aquello fue todo un descubrimiento. No me siento cómoda cuando me dan la razón sin tenerla. Prefiero mil veces que me traten con justicia. Totalmente de acuerdo. Son felices. Sin más. Pero, falta una cosa: el maestro y yo todavía no habíamos hecho el amor.  A Tsukiko no la importa mucho, no entra en sus prioridades. Pero al maestro sí le preocupa: el contacto corporal es básico, Tsukiko […] pero no estoy seguro de si podré hacerlo o no. Y si fuerzo la situación sin estar convencido y las cosas no salen bien, perderé la poca confianza que me queda. Ese miedo es lo que me impide dar el paso. Lo siento muchísimo.

Las citas se suceden, se dicen te quiero y, por fin, un día, hacen el amor apasionadamente. Todo es perfecto. Nuestra “relación oficial”, tal y como solía decir él, duró tres años. No tuvimos más tiempo que compartir. No ha pasado mucho tiempo desde entonces. El maestro me dio su maletín. Lo dejó escrito en su testamento. En el entierro, el único hijo del maestro le da las gracias: cuando oí el nombre del maestro, Harutsuna, las lágrimas me inundaron los ojos. Hasta entonces casi no había llorado. Lloré porque aquel nombre, Harutsuna Matsumoto, me resultaba muy poco familiar. Lloré porque el maestro se había ido antes de que me acostumbrara a él. Después de morir el maestro, Tsukiko lee en voz alta poemas y estudia la poesía japonesa: He recorrido un largo camino, / el frío penetra mi ropa gastada. / Esta tarde el cielo está despejado, / ¡cómo me duele el corazón!

Preparo el tofu hervido como él, con bacalao y crisantemo. “Algún día volveremos a vernos, le digo, y el maestro me responde desde el cielo: “No tengo la menor duda”. En noches como ésta, abro el maletín del maestro. En su interior no hay nada, sólo un vacío que se extiende. Un enorme espacio vacío que crece sin parar.

Plazos

Una vez terminada esta hermosa y sutil historia de amor, de la que la escritora Ángeles Caso dijo que le parecía una de las historias de amor más bellas que había leído, es hora de vuestros comentarios sobre esta parte y la totalidad de la novela. Espero que sean numerosos y que os explayéis, ya que en la primera parte no ha habido muchos comentarios. Dedicaremos una semana a ello. Los espero con ganas. Sean o no favorables, yo creo que hay mucho que comentar.

Nuestro próximo libro: EL ENIGMA de JOSEFINA ALDECOA

8 Nov

Portada de El enigma de Josefina Aldecoa. Editorial Alfaguara.

Cuesta abandonar la poesía intensa de Erri de Luca y cambiar de registro, pero a este club le gusta variar y vivir la literatura de diferentes países, culturas y maneras de enfrentarse al hecho literario. En este caso nos venimos a nuestro país, al que visitamos de vez en cuando, de la mano de la escritora Josefina Aldecoa (1926-2011). Vamos a leer El enigma, una de sus últimas novelas publicada en 2002. Llama la atención lo prolífica que fue Aldecoa en los últimos años de su vida cuando ya era muy mayor. Josefina pertenece al importante grupo de escritores denominados como la “Generación de los cincuenta”: Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre, Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa (su marido) y ella misma. Pero Josefina fue una escritora más bien tardía ya que su producción, excepto un par de obras en los años sesenta, se sucede desde principios de los años ochenta hasta pocos años antes de morir.

El enigma es una novela de temática amorosa que se desarrolla en Estados Unidos y España en 1986. El protagonista en un reputado profesor universitario, Daniel Rivera, al que contratan unos meses para enseñar en una universidad estadounidense. Daniel está casado pero su vida no transcurre muy felizmente. Allí conocerá a Teresa, una mujer culta y sensible que le hará cuestionarse a sí mismo y a la vida que ha construido. La novela explora la capacidad que posee el amor para cambiar a las personas así como las posibilidades y las dificultades que se dan en una relación entre hombres y mujeres de igual condición cultural y social.

A partir de mañana lunes 9 podéis pasar a recoger vuestro ejemplar en la Biblioteca Fórum. Los que vivís fuera de Coruña disponéis de una semana para conseguir el libro editado por Alfaguara.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Los peces no cierran los ojos. Gracias.

Nos encontraremos aquí en una semana para empezar la lectura. Mientras, los que todavía no habéis dejado vuestros comentarios finales sobre el libro de Erri de Luca, podéis hacerlo a lo largo de esta semana.

Las baladas del ajo: crueldad y belleza en la China rural de finales del siglo XX

5 Mar

Las baladas del ajo fue publicada en 1989 y hasta 2008 no fue traducida al español (no directamente del chino sino del inglés, un hecho que sucede muy frecuentemente con esta lengua y que ha sido ampliamente debatido respecto a lo que puede perder en sucesivas traducciones). Es una de las primeras novelas de Mo Yan, el escritor chino más famoso, dentro y fuera de su país, sobre todo después de que le concedieran el Premio Nobel en 2012. El jurado del premio destacó que el autor combina los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad con un realismo alucinante.

Mo Yan es autor de doce novelas y numerosos relatos. En español están traducidas nueve de ellas, la mayoría por la editorial Kailas, así que podemos acercarnos a la obra de este autor, nacido en 1955, que comenzó a escribir en 1981 cuando todavía era soldado del Ejército Popular de Liberación. Posteriormente, y para dedicarle mayor tiempo a la literatura ingresó como profesor del Departamento de Literatura de la Academia Cultural de las Fuerzas Armadas.

Mo Yan nació en Gaomi, un pobre condado de la provincia costera de Shandong, en el seno de una familia de agricultores. Su pueblo y la vida de los seres que lo habitan ha sido la principal fuente de inspiración de su obra.

Mo Yan no es mi verdadero nombre, yo me llamo Guan Moye – afirma en una entrevista concedida a José Reinoso en mayo de 2008-. Elegí ese apodo, que significa “no hables”, en recuerdo a los años en los que no podía dirigir la palabra a nadie. Eran los tiempos de la Revolución Cultural (1966-1976) en los que había conflictos entre la gente de mi pueblo todos los días. Mi padre era agricultor, pero mi familia tenía una posición desahogada, y tenía miedo de que dijera algo inconveniente y trajera la desgracia a los míos. Así que me dijo que no hablara y que aparentara ser mudo. Mis recuerdos están repletos de soledad y hambre. Pasaba todo el día en el campo cuidando de las vacas y las ovejas. Había veces que no veía a nadie en todo el día. Recordar el hambre, el temor, la soledad, es una experiencia importante para mí cuando quiero crear una obra. Estas experiencias han formado mi actitud ante la vida y mi opinión sobre la sociedad. A los 18 años entró a trabajar en una fábrica, hasta que en 1976 logró entrar en el Ejército que era la mejor forma de tener una buena vida. Tras la muerte de Mao, en ese año, y la subida al poder de Deng Xiaoping en 1979, se abrió la  mano de la censura y comenzaron a publicarse las primeras obras sobre los hechos terribles acaecidos durante la Revolución Cultural. La escritura floreció en esos años dando lugar a numerosas obras de tema social y crítico con el sistema. A esa generación de escritores se la conoce como la “literatura de los heridos”, generación a la que perteneció Mo Yan: Tenía tantas cosas que contar… Hay que imaginar a una persona forzada a no hablar durante 20 años, que de repente puede contar todo lo que ha visto y experimentado. Este ha sido el verdadero poder detrás de mi escritura. Cuando tenía cinco años, los niños de mi pueblo tenían el vientre hinchado como en África. Los árboles eran blancos porque nos habíamos comido la corteza. Sólo cuando se ha catado la amargura, se es capaz de escribir.

Mo Yan asegura que la literatura latinoamericana de los años ochenta, en especial el colombiano García Márquez, ha tenido gran influencia en su obra: El realismo mágico activo mis experiencias acumuladas en el pasado. Había muchas similitudes entre la vida en mi pueblo y la de sus libros. Asimismo, afirma que lo más importante que aprendí de él, fue su espíritu innovador. Ya habrá tiempo para comentar si percibimos esta influencia en su obra.

Respecto a su estilo, Mo Yan asegura que lo encontró a partir de 1985. Un estilo que califica como realista, pero no el “realismo socialista”, que idealizaba la vida rural y que no decía la verdad. Mi realismo habla de la gente normal. Presento al lector todo tipo de caracteres, personajes con los que no ha tenido contacto nunca, situados en un ambiente especial, en el que se puede respirar el olor y oír los sonidos de la vida rural. Todo esto nos lo vamos a encontrar en Las baladas del ajo.

Esta novela es una crónica novelada de corte político ambientada en los primeros años del proceso de reforma puesto en marcha por Deng Xiaoping en 1978. La novela critica los daños producidos por este proceso económico en la agricultura de los ochenta. La acción se enmarca en hechos reales acaecidos en 1987 en los que se exigió a los agricultores del Condado Paraíso que cultivaran ajo como monocultivo con la promesa de comprarlo íntegramente y a un buen precio, y esto a pesar de que no había demanda (¡absurdo!), cosa que los campesinos no sabían así que se hicieron ilusiones. Además los agricultores tuvieron que pagar tasas para realizar este cambio de cultivos, y como consecuencia de la falta de demanda las cosechas se perdieron, las familias se arruinaron y surgieron las protestas que fueron brutalmente reprimidas. En esta novela conoceremos la miseria en la que viven los campesinos, más propia de tiempos feudales, sus creencias y costumbres, la terrible corrupción de los funcionarios y de la policía y la violencia ejercida sobre las  mujeres en el seno de las familias en las que las relaciones de poder patriarcal y los matrimonios concertados son una característica propia (un tema ampliamente tratado por el autor en otras obras). Los protagonistas son dos campesinos, Gao Yang y Gao Ma, con diferentes actitudes ante los hechos, uno sumiso, el otro rebelde, que les llevará a ambos a la cárcel. La vida en ésta y sus inhumanas condiciones ocupan buena parte del relato. La novela comienza con la detención de Gao Yang y la persecución de Gao Ma, a los que acusan de haber dirigido la revuelta. Pero la acción no es lineal, hay numerosos flash back a los prolegómenos de los hechos (con historia de amor, prohíbida, incluida) y a algunos acontecimientos de la vida de los personajes durante la Revolución Cultural.

Narrada en tercera persona, Mo Yan busca la voz de un testigo impersonal, desaparece para dejar que sean los hechos los que hablen a través de la vida de hombres y mujeres del más bajo estrato social. Trata con el máximo respeto a sus personajes pero no se implica, narra con absoluta objetividad.

Es una novela, aviso, muy dura, llena de violencia, brutalidad, nulo respeto por los derechos de los seres humanos, pero también impregnada de una belleza, trágica, que recorre sus páginas. A pesar de lo duras que son algunas escenas, también encontramos un lirismo conmovedor, expresado a través de los paisajes y la actitud compasiva que algunos personajes tienen. Humana, demasiado humana es esta novela pues en ella vemos lo mejor y lo peor de los hombres. Mo Yan es un gran conocedor del alma humana sin tapujos, en carne viva. Nos puede sorprender su manera de narrar los hechos en los que se describen con todo detalle, desde dentro de los personajes, sus vivencias y experiencias algunas de ellas rozando el límite de lo soportable. Pero merece la pena leerla. Como ya dije, es un mundo ajeno a nosotros, demasiado ajeno, que podremos conocer a través de esta novela para comprender mejor esa alma humana que nos muestra tan bien el autor.

Plazos

La obra comprende 20 capítulos. Dividiremos nuestra lectura en tres partes. La primera, que leeremos a lo largo de una semana, nos llevará hasta el final del capítulo 6 (Pág. 148).

La soledad inmensa y definitiva de la reina sin espejo

13 Jun

He titulado el post con la última frase de la novela pues está llena de significado y cierra magníficamente este notable thriller así como el último capítulo de la novela que me parece de lo mejor del libro: el encuentro final entre Vila y Altavella (que muestra la complejidad y lo contradictorio del ser humano) y la visita al Tibidabo del sargento y la cabo que deja una puerta abierta a un posible acercamiento más personal en el futuro (hay otras alusiones en el libro), teniendo además en cuenta que Vila parece haber dado la espalda al pasado sentimental que le torturaba.

Esta última parte comienza con la detención del amante de Neus gracias a las conversaciones a través del chat que le pone como cebo “Loba verde” (la cabo Chamorro ayudada por Tena) y el acceso al último móvil de prepago que tenían pendiente y que resulta ser de este mismo: Luis Vinuesa. Todos los datos coinciden. Es él y, a pesar de un primer interrogatorio en el que niega conocerla, no tarda en cantar. El Rey Rojo está asustado y les cuenta su relación con Neus y la última noche que pasó con ella, pero niega rotundamente ser el autor del asesinato. El capítulo dedicado al interrogatorio, realizado por primera vez por Chamorro, es brillante, estás viéndolo, sigues todos los pasos como si estuvieras presente. Vuelvo a recalcar, y a agradecer, la claridad y la maestría con la que Silva narra.

Vilas y Chamorro están convencidos de que Vinuesa es el asesino y que es un crimen pasional. No saben qué pensar ante su negativa. Pero Vinuesa pronto vuelve a cantar y dice que fueron otros los que asesinaron a Neus ofreciéndole mucho dinero a cambio de que les diera paso a la casa para hacer unas fotos comprometedoras y publicarlas. Él no sabe por qué lo hizo, por dinero, fama, despecho, estupidez… está desesperado porque se siente culpable de su muerte (aunque nunca pensó que fueran a matarla), pero él no la mató. El sargento y la cabo se dan cuenta de que, de alguna manera tienen que empezar de cero. Se encuentran perdidos. Un asesinato por encargo, ¿pero quién? En ese momento la suerte viene a llamar a su puerta (¡qué casualidad!) a través de uno de los móviles que tenían interceptados que resulta ser de una mujer que habla en rumano (pero allí tienen al gasolinero testigo y rumano para traducirles al momento) que está muy asustada. Los lectores yo creo que ya nos estamos dando cuenta por dónde van los tiros pues  nos acordamos del reportaje que Neus había hecho sobre el mundo de la prostitución, pero los investigadores siguen sin entender nada. Y, de pronto, aparece otro cadáver de una mujer que resulta ser una prostituta rumana y que Vila identifica (a pesar de tener la cara pixelada) como una de las prostitutas que daban su testimonio en el reportaje de Neus. Los Mossos que son los que la han encontrado y la Guardia Civil deciden trabajar juntos desde ese momento.

Gracias a las llamadas de teléfono que recibió Vinuesa de los asesinos, una banda de rumanos, los localizan en una nave de un polígono. Llegamos así a un trepidante capítulo 19,  no en vano titulado “El Rey Rojo”, en el que se resuelve todo, tiroteo incluido debido a un despiste de Vila (es humano y se agradece) en el que resulta muerto uno de los rumanos. Detienen a la banda mafiosa con el añadido de dos policías corruptos, uno de ellos el tal Cruz que canta todo cuando le interrogan. Neus estaba preparando un segundo reportaje mucho más comprometedor sobre las redes de prostitución y había que callarla de alguna manera. Fin de la investigación y de la historia. Una sólida novela, bien planteada y bien resuelta a pesar de algunos flecos, que nos ha mantenido atrapados hasta el final. Me apetece terminar con unas palabras de la novela: lo único sabio es creerse algo y entregarle el corazón. Ni siquiera importa que tenga mucho sentido, porque nadie sabe para qué estamos aquí.

Os dejo a vosotros los comentarios sobre, por ejemplo, la personalidad compleja de Neus, de Altavella, de su relación atípica, de las reflexiones de Vila… o de lo que queráis.

Plazos

Dedicaremos una semana a comentar esta última parte y todo el libro en general. Algunos todavía no os habéis pronunciado. ¡Y hay mucho que comentar! Venga, es vuestro turno.

De la filosofía a la Viena de Fin de Siglo pasando por los personajes de la Disney

1 Oct

El psicoanalistaEs hora de comentar la segunda parte del libro, 10 relatos en la misma línea que los anteriores: ironía, surrealismo, absurdo, delirio, crítica… Yo creo que Woody Allen se lo tiene que pasar muy bien escribiendo estos “nonsenses” ya que no depende, al contrario que en sus películas, más que de él mismo y su imaginación. Echo de menos un relato protagonizado por un hipocondríaco, tan presente en sus películas y cuyos miedos tanto nos han hecho reír. El otro día vi por enésima vez Hannah y sus hermanas, una de mis preferidas, y toda la secuencia del tumor cerebral me hizo reir de nuevo a mandíbula batiente.

En general no os están gustando mucho los relatos. Algo parecido me ha pasado a mí, esperaba mucho más de Woody Allen y, por eso, quizás, me ha decepcionado. No me reído tanto como me hubiera gustado y algunos me han parecido muy flojos. Pasemos a comentarlos.

Peligro, caída de magnates, escrito a manera de guión, relata el ascenso y caída vertiginosa, hasta acabar vendiendo hot-dogs, de un productor de cine. Para mí, esta historia es de las más flojas del libro.

El rechazo es una crítica contundente al “tanto valgo según a qué colegio vaya”, algo que en EEUU es importantísimo. El rechazo de un hijo por un centro preescolar de prestigio es el fin de su padre, un rico de Manhattan, que acaba en la indigencia. La crítica es buena pero el relato lo considero flojo.

Cantad, Sacher Tortes es uno de los mejores, un desatino graciocísimo con los personajes de la Viena de Fin de Siglo protagonizando una comedia musical. Un empresario teatral caído en desgracia idea un guión delirante por el que desfilan Alma Mahler, como bomba sexual, Mahler, Gropius, Werfel, Kokoschka, Freud, Kafka… Los títulos de las canciones que interpretan son buenísimos. Sólo imaginármelos a todos en escena me ha hecho reir. Muy bueno.

El sol no sale para todos es también muy bueno. El mundo de las reformas de las casas y sus chapuzas llevado hasta extremos inauditos. Tiene un arranque genial, y todo lo  demás es una sucesión de delirios a cual más ingenioso. Risas garantizadas.

En Atención, genios: pagos sólo al contado aparece el mundo del psicoanálisis como no podía ser menos viniendo de Woody Allen. Otro de sus temas recurrentes. Sus horas de psicoanálisis le han servido para escribir un buen relato. Una sátira en la que se ríe de todos: pacientes y psicoanalistas.

Tirad demasiado de la cuerda me ha costado entenderlo pues no tengo ni idea del mundo de la ciencia. Es una ingeniosa combinación de la física y de la vida pero se me escapa. ¿Alguien me lo puede explicar?

Y llega mi preferido: Por encima de la ley, por debajo del somier. El absurdo llevado hasta sus más altas cotas en la historia del robo de las etiquetas de todos los colchones de una casa. Me he reído muchísimo con frases como estas: la tierra es cultivable y se encuentra fundamentalmente en el suelo; “A la señora Washburn le gustaba cambiar las bombillas todos los martes y los viernes, fuera necesario o no”, explicó. “Le encantaban las bombillas recién puestas. La ropa blanca sólo la cambiábamos una vez al año”; entonces se le heló la sangre al ver una enorme sombra cernirse amenazadoramente en la pared. El corazón se le aceleró y quiso gritar. Pero de pronto cayó en la cuenta de que la sombra era la suya y, tomando la firme resolución de ponerse a dieta, telefoneó a la policía; al poco tiempo, Stubbs y Doxy Nash empezaron a mantener relaciones sexuales en secreto, aunque ella no tardó en enterarse; Asa Chones se enzarzó en una disputa con su vecino por causa de un cerdo que entró en el jardín del vecino. Los dos hombres discutieron acerca de la propiedad del cerdo durante varias horas, hasta que Chones cayó en la cuenta de que no era un cerdo, sino su esposa. Y el final esta vez sí que está a la altura de todo el relato: aunque sigue siendo discutible que la pena de muerte sirva como disuasorio, los estudios demuestran que la probabilidad de que los criminales reincidan se reduce casi a la mitad después de la ejecución. A mí me ha recordado a A sangre fría de Capote, en el escenario rural, el “crimen”, los personajes…, podría verse como una gran parodía de la obra de Capote. ¿Qué opináis vosotros?

Así comió Zartustra es un espectacular repaso a todos los filósofos de la historia… según su dieta, y además ¡escrito por Nietzche! Demuestra un gran conocimiento de la filosofía e incluye una crítica a las dietas tan en boga hoy en día.

Sorpresa en el juicio de la Disney es un delirante juicio en el que el testigo Mickey Mouse saca los trapos sucios de todos los demás personajes de Disney mezclados con actores de carne y hueso. Muy ingeniosa.

Y por último La ley de Pinchuk me ha parecido de las más flojas. Novela negra con policías detrás del asesino de unos enigmáticos asesinatos donde éste no deja ninguna huella. Al final el asesino resulta ser un dentista que los mata con su cháchara incesante.

No sé si estaréis de acuerdo con mis comentarios por lo que ahora os toca a vosotros opinar sobre ellos y sobre cuál os ha parecido mejor o peor y el porqué.

Plazos

Algunos todavía no habéis dejado ningún comentario. Este es el momento para hacerlo sobre el conjunto del libro.  Tenéis una semana para hacerlo.

El sentimiento de culpa

12 Dic

Acabamos de terminar de leer: Una elección de alojamiento, Solo bondad y No es asunto de nadie.

En estos tres relatos, Lahiri vuelve a los temas recurrentes de siempre: las relaciones familiares, el matrimonio, el desamor, la decepción, el dolor, la identidad, la tradición y sobre todo la incomunicación. Como en los relatos anteriores, no profundiza demasiado en los personajes, pero sí consigue transmitirnos sus sentimientos y que los reconozcamos como nuestros.

En una Elección de alojamiento” (tercer relato de Tierra desacostumbrada), el matrimonio compuesto por Amit y Megan se desplaza desde Nueva York a Langford Academy a la boda de Pam Borden, una antigua amiga de Amit de su etapa en el internado. Tienen dos hijas a las que dejaron en casa de los padres de ella, y esta boda se la toman como unas pequeñas vacaciones para poder disfrutar como pareja. Cogieron una habitación en el hotel Chadwick Inn para estar más cómodos y alejados de los invitados de la boda. Pero el fin de semana no va a resultar como ellos esperaban.

Esta circunstancia, en sí festiva, le hace plantearse seriamente a Amit el punto en el que está su vida y su matrimonio y el desgaste que percibe. Observa que su relación está en un momento de pausa Amit notó la calidez de sus brazos y una punzada de deseo, demasiado lastrada por el agotamiento como para hacer algo al respecto”. Anhela volver al comienzo de su relación, cuando todo se experimentaba por primera vez. ¿Qué os parece esa sensación?

Incluso se siente aliviado cuando ve a su mujer flirteando con otro hombre en la boda porque así “se sintió curiosamente liberado, aliviado de su responsabilidad de lograr que Megan lo pasara bien“. ¿No es muy triste este sentimiento en una relación? ¿como si tuviera un sentimiento de culpa?.

Es muy revelador cuando en el banqueta se sincera ante una desconocida y le comenta sus pensamientos “en realidad, fue tras la segunda cuando podría decir que nuestro matrimonio … desapareció“.

Además, Amit revive sus vivencias de juventud en Langford, como sus padres en 1984 volvieron a la India durante cuatro años antes de regresar a Houston y lo dejaron solo en el internado. Esos años en que se sintió alejado de su familia y sin encontrar su propia identidad ya que cuando iba a visitarlos a Delhi no se encontraba a gusto. Fueron años en que se apoyó en la amistad que le brindó Pam y en el acogimiento de su familia. Supongo que sentirse tan solo durante esa etapa de su vida, tan joven, le habrá marcado su carácter y su personalidad ¿vosotros que creeis?.

¿Qué os ha parecido el final? cuando le confiesa a Megan que realmente estuvo encaprichado de Pam con una relación platónica que nunca se materializó. Y que en un intento de recuperar algo perdido, pudieran volver a desearse de nuevo.

EnSolo bondad” (cuarto relato de Tierra desacostumbrada) trata la relación entre dos hermanos, Sudha y Rahul, y como Sudha se siente responsable de la adición de su hermano pequeño al alcohol por haberle hecho beber su primera copa cuando ella estaba todavía en la universidad y él en secundaria. Él ya había superado la etapa de su niñez y Sudha sentía que por fin podían ser amigos y compartir muchas más cosas.  Sudha compraba botellas de alcohol y las escondía por casa, después se reunía con su hermano en la habitación, charlaban y bebían juntos cerveza.

Cuando Rahul se fue a la Universidad, se volvió una persona distante. Le cambió el carácter. No participaba de las reuniones familiares, estaba siempre callado y sus notas empezaron a empeorar. Entonces, Sudha empezó a preocuparse por él y cuanto más trataba de ayudarle, más se resentía su relación. Empezó a ser consciente de su problema, sobre todo cuando lo detuvieron por ir bebido. Sus padres, en cambio, no querían ver el problema y lo excusaban siempre. ¿Suele ocurrir, qué los padres no vean como son realmente sus hijos y solo sean capaces de ver una imagen idealizada de ellos?

Sudha fue valiente y le expuso la realidad a sus padres “Es posible que Rahul tenga un problema con la bebida. –Sudha, por favor-dijo su madre”. Y le echó la culpa al país,  a las libertades, a las demasiadas juerga en la Universidad. Su padre lo entendía pero no quería encarar el problema. ”Sus padres siempre habían sido ciegos a todo aquello que atormentaba a sus hijos”. Creo que independientemente de la cultura y costumbres, esto se da en muchísimas familias ¿No creéis?

Rahul acabó dejando la Universidad, volvió a casa y encontró trabajo en una lavandería. Sus padres se avergonzaban de ello y lo vivían como un fracaso y un descrédito. Mientras que para ellos su hija Sudha representaba el éxito, vivía en Londres, estaba preparando la Tesis y estaba prometida con Roger, un ingles 14 años mayor que ella que había nacido en la India y que ya había estado casado. Pero le agradaban sus títulos académicos y su herencia, sabiamente invertida.

Cuanto mejor le iban las cosas a Sudha, más se distanciaba de su hermano y más se acrecentaba su sentimiento de culpa. Sobre todo después del episodio incómodo en la boda, donde Rahul volvió a ponerse en evidencia por culpa del alcohol. ¿Como lo sentís vosotros? a pesar de ver el grave problema que tiene su hermano, tampoco es capaz de revelárselo a su marido.

Más tarde tuvieron un hijo, Neel y continuaba con su vida sin saber donde se encontraba su hermano. Entonces Rahul se pone en contacto con su hermana a través de una carta en la que le pide perdón y le dice que lleva sin beber un tiempo porque está en un programa de rehabilitación. Sudha siente que tiene una oportunidad de recuperar a su hermano y lo invita a su casa en Londres para que conozca a su sobrino. El episodio en casa de su hermana es muy desagradable ya que Rahul consigue convencerlos de que lo dejen al cuidado del niño mientras ellos se iban al cine en un acto de confianza. Como Roger no era consciente del problema acepta y la noche pudo acabar en tragedia con Rahul inconsciente en el sofá y el bebé solo en la bañera, pudiendo morirse ahogado. Este hecho consigue abrir una brecha imposible ya de cerrar, primero entre los hermanos y después en el matrimonio ya que Sudha le había ocultado el problema de su hermano con la bebida a Roger. ¿Entendéis la indignación de Roger? ¿Reconocéis ese sentimiento? ¿Cómo veis a Rahul?

Este relato me transmite desde el principio una sensación de gran tristeza ya que el dolor y la decepción junto con el sentimiento de culpa se palpan desde el principio.

En “No le importa a nadie” (quinto relato de Tierra desacostumbradanos recrea los vínculos que se crean entre Sang, la protagonista de orgien bengalí, y sus dos compañeros de piso, Paul y Heather. Como Sang está soltera, no para de recibir llamadas de hombres solteros indios, que no conoce, con la intención de casarse con ella, ante el estupor de Paul y Heather que no entienden bien la situación. Sobre todo Paul, que no entiende porque no los corta o se muestra indignada con ellos. Sang lo vive con normalidad. Está acostumbrada a ello y no le da mayor importancia. ¿Como lo veis vosotros, entendéis la despreocupación de Sang?

Sang tiene un novio, se llama Faruk y es egipcio, lleva tres años con él y es profesor de historia de Oriente Medio en Harvard. No viven juntos porque él está chapado a la antigua y no quiere convivir hasta que se casen.

Desde el principio Paul se quedó impresionado por Sang y poco a poco se fue enamorando de ella en silencio. Compartir piso y hablar con ella le bastaba en un principio para ser feliz hasta que su novio se hizo tan presente en sus vidas que se empezó a sentir incómodo en su presencia “siempre le producía cierta conmoción encontrarse a Faruk en la casa”. Además, Sang empezó a no estar nunca en casa y cuando lo hacía, se encontraba ausente. A Paul también le molestaba ver como Sang se plegaba a todos los caprichos de Faruk y le hacía recados aún cuando no estaba con él.

Poco tiempo después, las discusiones empezaron en torno a Acción de Gracias. Por la asistencia a una fiesta de Sang, porque Faruk no la invitaba a conocer a su familia o no quería que pasaran la noche juntos. Cada vez estas discusiones eran más frecuentes y Paul y Heather lo veían y no entendían que siguiera con él. En esta parte del relato ¿cómo lo veis vosotros?.

Todo estalla cuando Sang decide ir a Londres de vacaciones de Navidad a ver a su hermana y Paul se queda solo en casa recordándola y entristecido por su ausencia. Una noche recibe una llamada que lo va a cambiar todo:

Deirdre Frain telefonea preguntando por Sang. No conforme con la respuesta, lo intenta varias noches más hasta que consigue entablar una conversación con Paul y entonces le cuenta que es la novia de Faruk, que está enamorada de él  y que quiere hablar con Sang porque Faruk le dijo que eran primos. Le contó como se conocieron hace año y medio y que son novios desde entonces. Paul le desvela que lleva con Sang tres años, pero Deirdre no se amilana y le dice que también ellos son una pareja en serio.

¿Qué consideráis que debería hacer Paul con toda esta información? ¿decírselo a Sang para que abra los ojos con Faruk? y así tener él una oportunidad con ella?

Ese es el dilema en el que se encuentra Paul desde entonces. Primero trata de evitarla para no tener que contárselo pero después, lo hace sólo con algunas  pinceladas, lo que provoca el rechazo de Sang. Se aleja también de él porque cree que lo hace por despecho. Más tarde, Paul consigue urdir un plan para que Sang sepa la verdad directamente de Deirdre, escuchando su conversación telefónica por otro auricular. Surte efecto, Sang le cree pero eso solo hace precipitar el final. Se enfada con Faruk, lo deja y se marcha del piso sin volver a querer saber nada más de Paul. Simplemente le deja una nota con “gracias por lo de ayer“.

¿Como veis el comportamiento de Sang? ¿porque no quiso saber nada más de Paul?¿por rencor? ¿por vergüenza?

¿Qué relato os ha gustado más? o ¿cual os ha conmovido en alguna medida?

Podéis comentar cualquier aspecto que consideréis interesante de cualquier relato. Ya veis que los temas se repiten a lo largo de todo el libro.


Plazos:

Para el próximo jueves, 21 de diciembre, leeremos el resto de la novela, desde la página 235 hasta el final. Espero que os guste.

Buena lectura!!

Un sobre marrón

12 Abr

COME… lets GO. Foto en flickr de DraconianRain. Algunos derechos reservados.

¿Cuándo comienza esta historia? Se interroga el narrador al principio de la novela. Quizás con dos chicas en un baile de nochevieja en los años treinta en algún lugar de Escocia. O no, quizá empiece mucho antes, en la India cuando esas dos chicas eran unas niñas. Lo que sí sabemos es adónde nos va a llevar. A una mujer anciana que mira a través de una ventana con barrotes. Comienzo puzzle, original, el de La extraña desaparición de Esme Lennox. Los capítulos se van a suceder entre el pasado y el presente, entre la vida de Esme, de niña, de joven y ya anciana y la vida de Iris, su sobrina nieta. Más adelante aparecerá también la voz inconexa de Kitty.

Esme, encerrada pero siendo capaz de borrar esos barrotes si se concentra lo suficiente, recuerda diversos momentos de su infancia en India: últimamente no habla con nadie. Quiere concentrarse. En ellos vislumbramos que Esme es una niña diferente, especial, ensimismada en sus ensoñaciones: Esme entorna los ojos y sus padres se desdibujan hasta formar dos siluetas borrosas: ella, un triángulo; él, una línea. Saltamos a Iris, parece que está furiosa, que tiene problemas. Iris recibe una carta en un sobre marrón en la que le hablan de una tal Euphemia Lennox pero no le hace caso, está más preocupada por sus cosas, por su vida. Iris tiene un hermano (el narrador juega y nos hace creer eso, pero más adelante sabremos que es su hermanastro), Alex. Hay mucha complicidad y confianza entre ellos. Alex está casado con Fran. Iris recibe una llamada en la que le hablan de Euphemia Lennox, de nuevo este nombre, ella no la conoce de nada, pero la llamada se corta. La joven tiene una relación con Luke desde hace dos meses pero a ella no le atrae el matrimonio: qué extraño debe de ser el matrimonio, estar tan atada, tan enganchada a otra persona.  Odia las bodas pero conoció a Luke en una. Se convirtió en su amante. No es nada más que eso. Además Luke está casado. A Iris no le importa pero no quiere saber nada de su mujer. Luke quiere dejarla pero eso a ella le da pánico. No quiere ni hablarlo. Alex siempre está por en medio. Es fundamental en su vida. No le gusta Luke para ella. La relación entre los hermanastros es, cuando menos, curiosa, diferente. Un poco más adelante sabremos que el primer hombre con el que se acostó Iris fue su hermanastro Alex.

Volvemos a Esme y a su pasado en India. Es una niña que se fija más en el más nimio detalle que le rodea que en lo supuestamente más importante (estudiar, hacer los deberes): Esme no mira los problemas de aritmética que le han puesto, sino el polvo que se arremolina en los rayos de luz, la línea blanca de la raya del pelo de su hermana, los nudos y marcas de la mesa de madera, que fluyen como el agua, las ramas de la adelfa del jardín, las leves medialunas que aparecen bajo sus cutículas. Esme y Kitty tienen un hermanito, bebé, Hugo. Esme lo adora: le encantan sus miembros apretados, nacarados, los hoyuelos de los nudillos, su olor a leche. Esme huye de su presente, el sanatorio psiquiátrico que se está desmantelando, centrándose en su pasado. Es muy importante para ella. Kitty, su hermana, tiene seis años más y ya la están buscando novio. Kitty, al contrario que Esme, es dócil, obediente, sigue las normas. Esme no quiere casarse.

Por fin, a través de una llamada, Iris se entera de que la tal Euphemia Lennox es la hermana de su abuela: mi abuela no tiene hermanas. La llaman porque Cauldstone va a cerrar y ella es el familiar con quien contactar para los asuntos pertinentes a una tal Euphemia Lennox. Sin entender nada, Iris se dirige al sanatorio para averiguar qué pasa. Allí se entera de que Esme lleva encerrada sesenta y un años, cinco meses, cuatro días con diversos diagnósticos: “bipolar”, “electroconvulsiva”… pero ahora están plenamente convencidos de su docilidad y muy seguros de que puede reisentarse en la sociedad con total garantía. A Iris nunca nadie le ha hablado de Esme, y su madre, a quien llama a Australia, no sabe nada de ella, y su padre está muerto y su abuela perdida en el mundo del alzhéimer. En Cauldstone quieren que se la lleve. Tienen prisa. Van a cerrarlo. Iris está horrorizada: ¿llevarse a una mujer que no conoce de nada? Pero la curiosidad le puede más y pide verla.

Mientras, Esme piensa en lo peor. Lo más difícil. Lo hace muy pocas veces, pero en ocasiones siente la necesidad, y es uno de esos días en que le parece ver a Hugo. El bebé tiene fiebre. Está sola con él y con Jamila, su aya, pero ésta también está enferma. Y cuando intentó coger a Hugo, le resultó muy difícil. Tenía que inclinarse y había tantas mantas y sábanas que el cuerpo del niño parecía pesar mucho, y estaba tan frío y tan tieso que era difícil agarrarlo. Estaba congelado. Esme pasa con el niño toda lo noche. Cuando vuelven sus padres, Jamila y el niño están muertos. De tifus. No quería separarse de Hugo. Tuvieron que arrancárselo de los brazos, entre su padre y un hombre que habían traído no sabía de dónde Su madre se quedó junto a la ventana hasta que todo hubo acabado. El varón tan deseado. El trauma que marcará toda la vida de Esme.

Finalmente, Iris y Esme se encuentran. Después de un recorrido por el fétido y opresivo olor de los pasillos, Iris ve a una mujer alta, de puntillas ante una ventana elevada, dándoles la espalda. Esme siempre en la ventana, siempre huyendo de su terrible presente  rebusca en su mente algo que la salve. Esta mujer es alta, tiene el rostro anguloso y unos ojos inquisitivos, cierto aire altivo, una expresión pícara, las cejas enarcadas. Aunque debe de tener más de setenta años, se advierte en ella algo incongruentemente infantil. Hablan. ¿Has venido a por mí? Pero Iris le dice que no puede llevársela. Antes de que Esme, decepcionada, desaparezca, Iris ve en la cara de Esme la cara de su padre.

Iris va a ver a su abuela a ver si le aclara algo. No va a visitarla con mucha frecuencia. Su abuela la quiso de niña pero cuando Iris llegó a la adolescencia su abuela perdió el entusiasmo por ella. Kitty sólo le dice que no había forma de que soltara al bebé. Todo lo demás es incongruente, no hay manera de sacarla nada. Iris está decidida a investigar y se va a los archivos del sanatorio que son un caos y en los que se encuentra todo tipo de historias de mujeres que no parecen que estén “locas”. Sólo diferentes, raras, atípicas para la época que les tocó vivir. Antes cualquiera podía meter a su hija o a su mujer en un manicomio sólo con la firma de un médico de cabecera. Por fin, encuentra a Esme: Edad: 16. Insiste en dejarse el pelo largo. Los padres declaran haberla encontrado bailando delante de un espejo, vestida con la ropa de su madre. Iris se está involucrando en la vida de Esme y quiere saber qué va a ser de ella: los pacientes cuya familia no pueda hacerse cargo de ellos pasarán a ser responsabilidad del Estado y serán realojados consecuentemente, le informan. Aunque no se siente capaz de encargarse de ella, quiere que salga de Cauldstone (¿Te figuras lo que debe de ser pasar casi toda la vida en un sitio así? Yo ni siquiera me imagino lo que puede ocurrir si te encierran cuando todavía eres…) y está preocupada de adónde la llevarán hasta encontrarla plaza en una residencia de ancianos: un hogar, un asilo. Decide llevarla ella misma para ver cómo es ese sitio.

Esme vuelve a sus recuerdos que la llevan al barco en el que abandonan Bombay rumbo a Escocia. Dejan atrás mucho dolor. Una nueva vida. Un nuevo lugar para las niñas, que han nacido en India. Esme no entiende porqué ella no murió también de tifus como Hugo y la aya. Y aparece Kitty por primera vez con sus monólogos inconexos en los que salta de una época a otra. Esas frases incompletas que comienzan y terminan con puntos suspensivos y que reflejan muy bien su mente enferma. Están en Escocia y en los recuerdos de Kitty aparece la actitud díscola de Esme y, por el contrario, la suya que es obediente y ejemplar: eres responsable porque tu hermana no lo es. Siempre la diferencia entre ambas.

Cuando Iris comprueba el horrible lugar donde van a aparcar temporalmente a Esme, se la lleva de allí dispuesta a devolverla a Cauldstone, a pesar de la reacción de Esme: pero yo creía que me marchaba. Dijiste que me marchaba […] Lo dijiste. Lo prometiste. Iris, convencida de que no puede quedarse con ella, lo intenta pero no la admiten porque ya es tarde y comienza el fin de semana. Mientras habla con el portero de noche, Esme cierra la boca, cierra la garganta, pliega las manos una sobre otra y hace lo que ha llegado a perfeccionar, su especialidad: ausentarse, desvanecerse. Vean, damas y caballeros. Es de importancia crucial mantenerse totalmente inmóvil. Incluso respirar puede recordarles que estás ahí, de manera que hay que hacer sólo una respiración muy corta, muy superficial, lo justo para seguir viva. Nada más. Luego tienes que imaginarte alargada. Eso es lo más difícil. Piensa que eres fina y alargada, tenue hasta la transparencia. Concéntrate. Concéntrate de verdad. Tienes que llegar a un estado en que tu ser, esa parte de ti que te hace ser lo que eres, que te hace sobresalir en tres dimensiones, pueda salir por tu cabeza hasta que, damas y caballeros, hasta que llega el momento de…: la estrategia que Esme ha elaborado con su imaginación, ya desde su condición de niña rara, para poder soportar la vida que le ha tocado en suerte. Triste y duro.

Vuelven los recuerdos de Kitty, esta vez centrados en la muerte del hermano: fue una tragedia. Nos dijeron que evitáramos el tema. Sin embargo, Esme insistía en hablar de él, decía constantemente: ¿Te acuerdas de esto?, ¿te acuerdas de lo otro?, Hugo por aquí, Hugo por allá. El padre le da un escarmiento tal que Esme nunca más vuelve a nombrarlo. Kitty se alegra pues yo tampoco quería volver a saber nada de él. Será entonces cuando Esme elabora su estrategia contra el dolor: y Esme empezó a tener aquellos momentos raros, sus “trances”, los llamaba madre. Está en uno de sus trances, decía, no le hagas caso […] Totalmente quieta, inmóvil, apenas respiraba siquiera. Podía estar mirando a lo lejos, aunque en realidad no parecía estar mirando nada. Ya podías hablarle o llamarla por su nombre, que no te oía. Era de lo más raro. Era antinatural, decía mi abuela, como una persona poseída. Y debo admitir que yo estaba de acuerdo. Pero Esme está obsesionada con lo que ha vivido con su hermano, con su terrible muerte, estuvo allí tres días sola,  a pesar de que todos los demás lo obvien como si no hubiera ocurrido.

Iris no tiene más remedio que llevarse a Esme a su casa a pesar de que no quiere. Será sólo un fin de semana, piensa. Esme reconoce la casa en la que vivió cuando volvieron a Escocia: Kitty reformó la casa para dividirla en varios pisos le informa Iris, éste y otros dos, más grandes. No recuerdo cuándo. Ella vivió muchos años en el piso de la planta baja. Luego se vendió todo para pagar su asistencia médica. Menos éste, que se puso a mi nombre. Yo iba a verla de pequeña, y por entonces el edificio era sólo una casa todavía. Un caserón gigantesco con un jardín enorme. Iris ahora vive en lo que era el desván y aloja a Esme en la antigua habitación de la criada, le informa la anciana: No entiende nada, todo se le antoja muy extraño. De pronto le ha salido un pariente. Un miembro de su familia que conoce su casa mejor que ella misma.

Iris recurre a Alex. Éste se preocupa. Una vez colgado el teléfono, la joven recuerda cómo conoció a su hermanastro cuando tenían ella cinco años y él, seis. La primera vez que lo vio lo reconoció al instante, lo había visto antes. Lo había visto un montón de veces en los ángeles de las iglesias italianas que su madre le llevó a visitar cuando su padre murió. Viven seis años juntos hasta que sus respectivos padres se separan pero Alex no quiere alejarse de Iris y se escapa numerosas veces de su casa y del colegio al que le llevan. Una vez hasta se escapan juntos. Finalmente, los padres llegan al acuerdo de que pase las vacaciones con Iris y su madre. Cuando tienen quince y dieciséis años, la madre de Iris los deja solos unos días. Se encierran en la casa. No necesitan a nadie más. Se tienen el uno al otro: es mi corazón, pero en realidad te pertenece a ti” le dice Alex. Mientras, Esme recorre la habitación que pertenece a la que un día fue su casa reconociéndola. Siempre el pasado.

Sábado. Esme e Iris desayunan juntas. La anciana continúa reconociendo los objetos que un día ella utilizó. Se interesa por la vida de la joven: ¿hasta qué punto está loca?, se pregunta Iris. ¿Cómo se miden estas cosas? Esme le pide que la lleve a ver el mar. De nuevo, recuerda sus baños en él cuando era joven, lo que disfrutaba, era valiente, se arriesgaba hasta casi ahogarse. Contempla a su familia sentada en la arena mientras ella está nadando, ve a su hermana hablando con chicos y no entiende lo que le ha pasado a Kitty. La siente lejana. Se la va a llevar un chico de esos y la perderá para siempre. Se ve a sí misma con ellos, desdoblada. La visión dura unos instantes. Vuelve al presente, mira a Iris: la niña es sorprendente para ella. Es una maravilla. Quiere nadar pero no quiere asustar a la niña. Esme da miedo, eso sí lo ha aprendido. Pero mientras Iris habla por teléfono con Luke que también le reprocha que se haya hecho cargo de esa “loca” (el miedo a la locura), ésta contempla como su anciana tía abuela se está metiendo en el agua completamente vestida. Pero vuelve. No ha sido más que un susto para la alterada Iris que no sabe muy bien cómo llevar esta situación que parece desbordarla por momentos.

Plazos

Dedicaremos una semana a comentar esta parte. Espero que os explayéis en vuestros comentarios. Que opinéis sobre los personajes, sus relaciones, los acontecimientos, los temas que se van tratando, la estructura de la novela (¿os es difícil seguirla?), el estilo… Sobre todo lo que queráis. Mientras vais dejando vuestros comentarios, seguiremos la lectura desde la página 116: “La niña la lleva a almorzar a un restaurante en el extremo de North Berwick…” hasta el final de la novela. ¡Nos vemos en el blog!

Un deseo irrefrenable de conocerse

24 Nov

Yale Campus Green. Foto en flickr por Francisco Anzola. Algunos derechos reservados.

El enigma nos presenta en los dos primeros capítulos a ambos protagonistas. Comienza con Daniel Rivera en un avión rumbo a EEUU. Con cuatro pinceladas nos muestra su insatisfecha relación matrimonial y sus últimos devaneos con una alumna (que tienen que terminar porque ella empezaba a olvidar las reglas del juego) que lo admira (algo que no encuentra en su mujer y que por eso busca en estas relaciones efímeras). A pesar de lo que deja atrás, o por eso mismo, Daniel está contento ante la promesa de una experiencia estimulante que le esperaba con toda seguridad al final de su viaje. En el segundo capítulo es el turno de Teresa que se encuentra en su casa trabajando en un libro. Ha huido de su vida en Nueva York que colmaba tantos deseos y esperanzas buscando tranquilidad y reflexión en la antigua Universidad donde vivió con su padre y su madrastra hace años. Ha dejado atrás, llena de dudas, preguntas y contradicciones, su trabajo en una revista de Humanidades y un matrimonio fracasado. Y Teresa se prepara para asistir a un cóctel de bienvenida a un profesor invitado que había llegado de Madrid días antes. Cóctel en el que se conocerán ambos protagonistas, claro. Daniel, como frecuentemente le ocurre en estos actos sociales, se siente solo, inseguro, lejano, y será Teresa, que le observa, la que le rescate llevándole a un rincón tranquilo. Allí se interesará por su vida y le hablará de la de ella. Esta actitud de Teresa respecto a Daniel se mantendrá en toda la novela.

A los pocos días, Teresa, una mujer muy directa, le invita a pasar el fin de semana con unos amigos en su casa de la playa. Está claro el interés mutuo. Daniel se siente inquieto ante una mujer tan diferente de la suya: ¿Por qué esta mujer le desconcertaba y le hacía reaccionar tan torpemente ante cualquiera de sus inesperadas observaciones? Ya en el cóctel le ha parecido una mujer bella, inteligente, segura de sí misma, libre, autosuficiente… que se habrá quedado de piedra cuando ha descubierto que el profesor Rivera, llegado con una aureola de prestigio, colaborador de revistas importantes, conferenciante serio y riguroso está casado con una burguesa tradicional que no trabaja y se dedica sólo al hogar, piensa Daniel. La acción está frecuentemente interrumpida por monólogos telefónicos protagonizados por Berta. Soliloquios llenos de quejas y reproches ante los que Daniel no dice nada pero sí reflexiona: en algún punto del camino se había equivocado y ya para siempre sería víctima de ese error. Todos los adjetivos que Daniel le dedica a Berta son (¿demasiado?) negativos.

En la playa por primera vez, ¿en siglos?, se sentía libre, lejano y libre, perdido y libre. Y comienza a conocer a Teresa y a sus amigos. También las clases comienzan y Daniel se siente a gusto entre alumnos interesados y alumnas que le ven como a un padre y a las que no tiene ningún interés en conquistar Se siente saturado de esas conquistas y de esas chicas españolas coquetas e insinuantes. En este nuevo ambiente tan diferente, Daniel se siente cómodo y comunicativo con sus nuevos amigos. Va conociendo poco a poco a Teresa que se muestra solícita con él ayudándole en cuestiones prácticas. Se siente tan bien, tan libre, que le vuelven las ganas de escribir poesía: en su nueva soledad no le costaba trabajo seguir el curso del pensamiento, el juego de percepciones y asociaciones de ideas que fructificaba en un descubrimiento estético, el origen, a veces, de un poema. Después de mucho tiempo, aquí había recuperado la capacidad creativa que creía oscurecida para siempre. La poesía y sus ganas de nuevo de ella estarán muy presentes estos cuatro meses. Él, poeta de un solo libro juvenil, siente que aquella época en la que escribía poemas fue la más feliz de su vida, la más intensa, en la que era verdaderamente él mismo. La esencia de Daniel probablemente sea el ser poeta y la abandonó muy pronto por culpa de un matrimonio errado y todo lo que esto trajo consigo.

Teresa está entregada al trabajo intelectual que se ha convertido en lo único que le da un sentimiento de felicidad. Está escribiendo un libro que se va a titular “Hombres y mujeres. Historia de siete parejas famosas” en el que ha escogido parejas en las que la mujer tiene la misma profesión que el hombre: ¿por qué la pareja del siglo XX desdeña en tantos casos el valor de una relación entre iguales superiores y desciende a una relación poco evolucionada intelectualmente? ¿Impide la relación amorosa la exploración en común de un mundo apasionante, ciencia, filosofía, arte, incluso política? Este es el enigma que plantea esta novela que se irá desarrollando a lo largo de sus páginas: ¿qué opináis al respecto? Seguro que a alguno le chirría ese “superiores”, ¿no? Pero Teresa desde que ha conocido a Daniel no se concentra: la presencia de Daniel había alterado su tranquilidad. Daniel había despertado en ella un interés excesivo. Teresa siente la necesidad de estar cerca de él: una atracción espontánea que la preocupaba. Y se pregunta si Daniel siente lo mismo que ella. Y sí, Daniel siente lo mismo: necesitaba verla. Necesitaba tenerla cerca, a su lado, como había estado casi todos los días de las últimas semanas. A él esta necesidad le sumió en un estado de confusión. Y pasa lo que tiene que pasar. A partir de ese momento se entregan con furor al conocimiento mutuo, a contárselo todo, a hablar de sus vidas desde la infancia: no conoces a nadie si no conoces su infancia […] en la infancia se encontraban zonas inexploradas que explicaban sus reacciones de adultos. Y del conocimiento y la entrega al enamoramiento sólo hay un paso.

Ambos discuten sobre el libro que está escribiendo Teresa. No están de acuerdo, claro, ya que Daniel no vive esa realidad de igualdad en su matrimonio. Teresa, sin embargo, piensa que sí puede ser posible: debe de ser maravilloso tener la suerte de vivir un amor y una identificación perfecta con el trabajo que están haciendo dos personas o que está haciendo uno con la colaboración de otro. Daniel opina que alguno tendría que renunciar a algo, como por ejemplo los hijos en el caso de la mujer y la individualidad en el caso de los hombres. ¿Qué opináis? Daniel para no renunciar a esa individualidad ha conservado su apartamento de estudiante donde se refugia a trabajar y a ligar con sus alumnas: había conseguido separar los dos mundos: la familia, el hogar, por una parte y por otra el trabajo. En ese apartamento siente una deliciosa sensación de independencia, de libertad preservada pero también le gusta regresar por la noche al hogar, al orden, a los hijos. Compagina esa doble vida pero el apartamento significa la parte de su vida no traicionada. Así se salva Daniel de su elección errada.

Teresa siente interés por Berta y su matrimonio, y cuando Daniel le cuenta todo (que es bastante desolador), Teresa le reprocha que lo ha descrito muy fríamente y que le ha parecido todo deprimente y mediocre y ajeno… Ante su confesión, Teresa piensa si estará magnificándolo, si se estará engañando: la elección de Berta, la inmadurez, la cobardía, la ausencia de rebeldía impresionaba a Teresa. Pero, inmediatamente, ésta lo justifica, lo ve como un hombre fracasado fruto de una educación tradicional y se anima a sí misma: no te aferres al pasado de Daniel. No te obceques con sus errores. Está a tu lado, está descubriendo un mundo de sentimientos. Espera… Todo está empezando. ¿Está muy enamorada o se engaña, se aferra a este atractivo hombre, intelectualmente “superior” como a ella le gustan los hombres? ¿Qué opináis? No en vano ella comparte con él muchas cosas: el sexo vivo, adulto, no aburrido, se unía a momentos de sensibilidad estética compartida, de coincidencias intelectuales inesperadas. Pero ¿eso es todo? Pregunto yo. ¿Qué hay de su parte emocional, sus sentimientos, su vida equivocada en ese terreno? ¿Podrá cambiar? Teresa espera que sí.

Se van solos a la casa de la playa a pasar un fin de semana a ver qué ocurre. Los sentimientos previos de Daniel son de incertidumbre, angustia, humillación. Después de la primera noche de amor, perfecta, Daniel se asusta, ¿será amor? La congoja era la consecuencia del éxito en la experiencia amorosa. Era el temor, el miedo al compromiso, a no saber el coste personal que esta historia de amor iba a tener. La sombra de Berta y sus hijos le había atenazado nada más despertar. Daniel le confiesa a Teresa que tiene miedo. Ambos analizan la situación, su pasado. Él confiesa que, desde niño, el mundo femenino de sus hermanas y las amigas de éstas, le ha intimidado, le ha producido desconfianza: una incipiente misoginia iba anidando sin saberlo en las primeras reflexiones del adolescente Daniel. Teresa escucha y le dice que ha tenido una educación propia de aquella época de posguerra en la que la coeducación no existía. Pero él insiste en que hay diferencias esenciales, no sólo educacionales o culturales. ¿Qué opináis? Teresa continúa aferrándose a su felicidad y no quiere tener en cuenta sus palabras. De nuevo me pregunto: ¿se engaña ya que el amor la ciega? Y, mientras, Daniel duda y duda y sólo quiere escapar de la fiesta que ha dado Teresa a su vuelta de la playa y piensa en Berta, en sus hijos… Todo un caos tiene este hombre en la cabeza: ¿lográis entender a Daniel?

Un fin de semana se quedan aislados por la nieve en la casa y entonces Daniel se relaja, es como una tregua luminosa durante la cual Daniel fue el ser más adorable, tierno e inteligente […] Nunca, como en aquel encierro forzoso, tuvo Daniel una impresión tan clara de libertad. Por una vez no tenía que decidir él. Era una situación excepcional y por tanto despojada de dudas, remordimiento o prevenciones. Daniel no quiere decidir nada, es cobarde. Y Teresa, que le acosa a preguntas, que él muchas veces no quiere responder, busca de nuevo una justificación: secretos que desvelar, reacciones que interpretar: ésa es la esencia del amor duradero, la compleja esencia de la relación amorosa. ¿Estáis de acuerdo? Pero es que a Daniel, aunque Teresa le parece fascinante, la mujer que siempre anheló, también le agota su empecinamiento en saber. Una constante indagación sobre su persona ante la que él se cierra, como siempre ha hecho. Y piensa en que, aunque Berta es muy inferior en todo a Teresa, no le exigía nada en lo profesional. Nada que no tuviera que ver con el dinero […] No indagaba cada día por qué estaba desanimado, triste, irritable. Simplemente no lo veía o no le interesaba y eso le permitía a él vivir en una cápsula de soledad e indiferencia hacia lo que le rodeaba.

Así están las cosas cuando se van unos días a Nueva York. Teresa está alegre, ama esa ciudad, su ciudad, y quiere enseñársela, compartirla con él, presentarle a sus amigos y, aunque a Daniel le encanta Nueva York, tuvo la intuición de que aquella ciudad maravillosa encerraba una amenaza. Ella no estaba totalmente curada de los problemas que le habían impulsado a huir y al mismo tiempo, lo temía, allí iba a encontrar él un obstáculo, un escollo, un abismo, algo que le separaría de Teresa. No sé muy bien a qué se refiere, la verdad, (¿alguna idea?) quizás al concepto de la vida y del amor que tiene Teresa y que representa esa ciudad y su vida en ella. Daniel conoce al ex-marido de Teresa, Robert, y los celos le invaden al ver la buena relación que mantienen, le rompe sus esquemas tradicionales. Teresa simplemente ríe, aún a pesar de una fuerte discusión, al darse cuenta de que sólo son celos. Son dos estilos de vida tan diferentes los de ambos que chocan con frecuencia. Y Teresa sigue erre que erre intentando indagar en Daniel. Aunque está enamorada (¿y se autoengaña?) no es que no vea las cosas, las ve pero siempre encuentra una justificación, se obceca en seguir con este hombre. No dudaba del Daniel intelectual. Tampoco dudaba de la pasión. A ella le surgen las dudas y los temores cuando piensa en el hombre casado con una mujer insoportable e inferior. Ahí él le parece inmaduro, retrógrado. Y además siente que se aferra a esa vida de casado insatisfecho y se cierra en banda a hablarlo con ella, a cuestionárselo. Porque Teresa lo que quiere es que deje a su mujer y se quede con ella: el fantasma de Berta se alzaba entre ellos como una amenaza, como si, por primera vez, Teresa hubiera descubierto su existencia. Esa es la cuestión.

Se acerca la Navidad y con ella el final de la estancia de Daniel en EEUU. Teresa está cada vez más irritable y nerviosa porque ve que él no toma ninguna decisión. Y Daniel imagina el reencuentro. Berta. Nunca le dejaría irse. Berta. Los hijos… Los hijos para Berta eran un seguro de vida. Daniel no se atreve a tomar una decisión. Está paralizado. En un último fin de semana en la casa de la playa, Teresa le confiesa que está desesperada, que no quiere separarse de él: no te vayas. Quédate. O déjame que te acompañe. Viviremos en Nueva York, en Madrid o donde tú quieras. Pero juntos… A Daniel le sorprende (¿?) su apasionamiento, su urgencia: Daniel no reaccionaba. No esperaba una propuesta así de Teresa. Y le contesta que no es fácil lo que le propone, que una propuesta así necesita un tiempo. Teresa acepta, le dice que le quiere a pesar de que una angustia devastadora la posee.

Plazos
Es hora de vuestros comentarios sobre esta parte. Yo creo que hay mucho, muchísimo que comentar, y espero que así sea. Disponéis de una semana para ello. Mientras, continuaremos la lectura desde la segunda parte, pág. 133, hasta el final de la novela. ¡Espero con mucho interés vuestros comentarios!

La niña que estaba predestinada a hacer grandes cosas

24 Ene

NYC-Brooklyn-Williamsburg: South 6th and Berry St. Foto en flickr de Wally Gobetz. Algunos derechos reservados.

El libro primero, que comprende cinco capítulos, nos sitúa en el tiempo, en el lugar y nos da a conocer a los personajes principales. Brooklyn, barrio de Williamsburg, un fin de semana en el verano de 1912. Francie Nolan, la protagonista, tiene once años. Su hermano Neeley, diez y sus padres Katie, veintinueve y Johnny, treinta y uno. Se casaron muy jóvenes, ella sólo tenía diecisiete y él, diecinueve y los hijos vinieron enseguida. Nada más empezar la narración, la autora nos presenta al árbol, el único árbol que sólo crece en las barriadas populares: el amigo de la gente pobre. Así sabemos ya desde el principio que los Nolan son pobres como casi todos los que viven en su barrio. A través de la minuciosa narración de los principales acontecimientos del fin de semana vamos sabiendo de sus vidas y sus personalidades, sobre todo de su lucha por conseguir dinero. El dinero, su ausencia, es muy importante en esta novela. La autora nos detalla cómo van consiguiendo cada dólar o cada centavo de dólar, cómo lo gastan y cómo ahorran (muy importante) también lo que pueden. El dinero se gasta casi exclusivamente en la comida (se habla mucho de lo que comen y de cómo lo consiguen) y en los gastos de la casa. Apenas queda nada para un capricho. Algún caramelo o dulce o deliciosos caprichos gratuitos como el de tirar el café en el fregadero: Francie tiene derecho a una taza de café en cada comida, como los demás; si prefiere tirarlo en vez de bebérselo, es asunto suyo. Creo que es bueno que la gente como nosotros derroche algo de vez en cuando para tener la sensación de poseer dinero y olvidar así las aflicciones de su continua falta de todo, afirma contundente Katie. Así de originales y maravillosos son los Nolan.

¡Oh, qué prodigioso era el sábado en Brooklyn! Este es el tono de casi toda la novela: positivo y remarcando lo que la vida tiene de placentera. Incluso un mal olor se convierte en una promesa de aventuras: se enorgullecía de ese olor. Para ella era el indicio de que cerca había un riachuelo que, aunque sucio, iba a un río que a su vez desembocaba en el mar. Ese olor nauseabundo le traía a la mente vapores que zarpaban hacia remotos mares y extrañas aventuras. Por eso le agradaba ese olor. Pura poesía. No hay que olvidar, tampoco, que el punto de vista es el de una niña de once años que va descubriendo la vida. Una niña, además, imaginativa y fantasiosa: Francie tenía una afición favorita: tejer conjeturas acerca de las personas que veía. También es sensible y cuando ve cosas que le afectan relacionadas con la pobreza que la rodea, se refugia en su casa donde siempre reina la comprensión y el afecto.

Los libros que lee Francie, ¡uno por día!, los consigue en la biblioteca. Los va leyendo en orden alfabético sin saltarse ni uno. La biblioteca es un lugar muy especial para la niña a pesar de la antipática bibliotecaria. Descubrir qué flores habrá en el florero del mostrador roza casi el éxtasis: la intensa emoción que le produjo esa belleza fue casi dolorosa. Lo recordaría toda la vida. Francie adora leer y sueña que cuando sea mayor tendrá una casa con un escritorio como el de la bibliotecaria, lleno de lápices y con las paredes repletas de libros. Llega el momento más codiciado en toda la semana: el ritual de la lectura en la escalera de incendios entre las ramas del árbol. Allí puede descubrir el mundo que el libro le brinda así como contemplar la vida que la rodea: estar allí fuera era como vivir en un árbol; nadie de arriba, ni de abajo, ni de enfrente podía verla; en cambio, ella lo veía todo a través de las hojas. No hay placer mayor para Francie: mientras leía en paz con el mundo, y tan feliz como sólo puede sentirse una niñita que tiene un buen libro y un bol lleno de caramelos y que además está sola en su casa, las hojas del árbol del cielo formaban sombras extrañas y la tarde declinaba. La autora consigue con su delicada prosa que podamos visualizar tan hermosa escena.

Francie tiene una relación muy especial con su padre. Le adora y él tiene predilección por su hija. La niña escucha atentamente sus quejas y sus historias. Ella sabe que es un borracho pero a la vez ¡es tan simpático, tan guapo y baila y canta tan bien! Son cómplices la “Prima Donna” y el atractivo padre. Este le dice con una sinceridad pasmosa: bebo porque soy un derrotado y porque tengo conciencia de ello. Bebo porque sé que no soy capaz de sobrellevar mis responsabilidades. No soy un hombre feliz. Tengo mujer e hijos y no soy un buen trabajador. Nunca quise tener familia. Pero se enamoró de Katie, una buena mujer. Cuando Francie le escucha sus quejas se le estruja el corazón, pero después se siente feliz cuando dice: sí, tu madre trabaja sin descanso; yo la amo y quiero a mis hijos. Pero Johnny tenía el presentimiento de que estaba derrochando la vida con demasiada rapidez. Luego se alegra y le promete a Francie que la llevará de viaje al lugar donde florecen los copos de algodón y la niña se derrite de amor. Johhny y los hombres en general en esta novela son mucho más débiles, irresponsables, despreocupados y torpes que las mujeres. También son alegres, cantarines, bohemios, intensos pero unos fracasados en la vida. Hay una oposición muy clara entre ambos géneros. ¿Qué opináis de esto?

El libro segundo comienza con un flashback a 1900 cuando Johnny conoció a Katie. Ésta se enamora perdidamente de él, se lo roba a una amiga y él cae rendido a sus pies. Se casan a los cuatro meses de haberse conocido. La autora nos presenta a la familia Rommely (de origen austriaco), la de Katie, y a la familia Nolan (de origen irlandés), la de Johnny. A sus padres y hermanos. Son muy buenas descripciones tanto físicas como de sus personalidades. Conociéndolos a ellos entendemos más del carácter de Katie y de Johnny: los Rommely generaban mujeres de fuerte personalidad. Los Nolan producían hombres débiles e ingeniosos. Todos los hermanos Nolan, incluido Johnny, van a morir, por diversos motivos, antes de llegar a los treinta y cinco años. En un hermoso párrafo (págs. 81-82) la autora nos describe cómo es Francie: una mezcla de los Nolan y los Rommely, pero también era todo lo que leía en los libros de la biblioteca; era la flor del florero marrón, era parte del árbol que crecía firmemente en el patio... Y lo más importante es que hay algo innato en ella y sólo en ella. Ese toque sobrenatural que Dios o su equivalente pone en todas las almas a quienes infunde vida.

Prosigue la vida de casados de Johnny y Katie. Al principio son muy felices. Ambos trabajan cuidando una escuela por las noches. Lo pasan muy bien, se ríen mucho, se cuentan historias, bailan, cantan… pero enseguida Katie se queda embarazada y Johnny comienza a sentirse cada vez más inquieto. En el momento del parto, Johnny, nervioso, va a buscar a su hermano, se emborrachan y se olvida de ir a trabajar. Pierde el empleo. Comienzan los problemas y el sufrimiento. Y Katie se hace aún más fuerte y, a la vez, más dura. Es consciente de que ella va a tener que llevar las riendas de esa familia y cuidar de todos. La madre de Katie, Mary, una mujer analfabeta pero muy sabia, la da sabios consejos para construir un futuro mejor para la hija que acaba de nacer: el secreto está en saber leer y escribir. Tú sabes leer. Todos los días debes leer a tu hija una página de algún libro; todos los días hasta que ella aprenda a leer. Entonces ella deberá leer todos los días. Ese es el secreto. Los libros que la madre le aconseja son la obra de Shakespeare (todo lo prodigioso de la vida se encuentra en ella) y la Biblia protestante (aunque ellos son católicos) porque su Biblia expresa mejor las bellezas de nuestro mundo y del más allá. Cada día tendrá que leer una página de cada uno a su hija aunque no entiendas lo que está escrito en ellos y aunque no sepas pronunciar bien las palabras. Y además contarle todas las leyendas que ella le contó porque la niña tiene que poseer algo muy valioso que se llama imaginación. Necesita crearse un mundo de fantasía todo suyo. Debe empezar por creer en las cosas que no son de este mundo; luego, cuando el mundo se haga demasiado duro para soportarlo, podrá refugiarse en su imaginación. Maravilloso. Después, continúa, ella de mayor descubrirá la verdad por sí misma. Al enseñar a tu hija no olvides que sufrir también es útil. Enriquece el carácter. ¡Qué abuela! Me rindo ante ella.

Johnny consigue ser camarero y cantante de café de vez en cuando. Pero Katie se vuelve a quedar embarazada y Johnny comienza a preocuparse cada vez más, se siente atrapado. Pensó que eran muy jóvenes y ya estaban derrotados. En cuanto escuchó la noticia salió para embriagarse. Neeley nace y la madre se da cuenta de que va a quererlo más que a Francie. Neeley es guapo y fuerte, igual que su padre, y Francie debilucha y frágil. Katie quiere convertirlo en el hombre que Johnny debería haber sido y se entrega de lleno a este niño pensando que Francie y Johnny ya se arreglarían de alguna forma. Los niños van creciendo y Katie se convirtió en una mujer capaz, firme y previsora. Amaba a su Johnny, pero aquella veneración de antes se había desvanecido. Amaba a su hija, sólo porque le inspiraba compasión. Más que amor, lo que sentía por ella era piedad y obligación. Duro, muy duro. Johnny y Francie percibían el cambio que se iba operando en Katie. A medida que el niño crecía en tamaño y hermosura, crecía en Johnny su debilidad e iba resbalando cada vez más cuesta abajo. Francie se dio cuenta de los sentimientos de su madre. Respondió con cierta aspereza hacia ella, y esa misma aspereza, paradójicamente, las acercó, hizo que se parecieran más. Johnny bebe cada vez más y trabaja cada vez menos: su vida había terminado antes de haber tenido ocasión de empezar. Estaba condenado, y nadie estaba más convencido de ello que el mismo Johnny Nolan. Katie, con diecinueve años, también se siente condenada pero no lo acepta, como Johnny: apartó sus sueños y abrazó la realidad.

Sissy merece un capítulo aparte. Francie está fascinada con su tía Sissy (y yo también), tiene treinta y cinco años y es la mayor de las hermanas Rommely. Es una mujer alegre, fuerte, algo loca y muy comprensiva. Siempre soluciona todos los problemas. A pesar de ser analfabeta posee una gran inteligencia natural. Le gustan mucho los hombres y el sexo y es, sobre todo, buenísima con los demás: Rebosaba ternura, y tenía muchas ganas de ofrecer a quien lo necesitara todo lo que poseía […] Deseaba dar felicidad a todo el mundo. Sissy se casa varias veces sin haberse divorciado previamente (¡!) y da luz a diez hijos que mueren al poco de nacer. Es como una maldición y ella vierte todo su amor en los demás pero sobre todo en Francie. Johnny opina de ella que era mala; pero era buena. Mala en cuanto a los hombres, pero buena porque allí donde aparecía había vida, alegría, bondad, ternura; se saboreaba la existencia. Sissy salva a Johnny de un “delirium tremens” y le da una lección a su hermana diciéndole que tiene que aceptar a Johnny, ya que lo escogió, tal como es.

Francie crece solitaria y soñadora. Echa de menos no tener amigas pero acepta las cosas tal como son. La vida continúa y la familia Nolan se las va arreglando como puede, cambian de casa varias veces, aprenden a tocar el piano (emotiva la historia de las señoritas Tynmore) y Francie y Neeley se preparan para ir al colegio. Los primeros días de escuela Francie sufre una desilusión enorme ante la crueldad de los otros niños y el desapego y dureza de las profesoras. La niña recibe su primera lección de realidad. Y ahí dejamos la lectura de esta primera parte. Con esa Francie saliendo del refugio que es su casa y enfrentándose a la dureza de la vida.

Plazos
Esta primera parte tiene muchas cosas muy interesantes que comentar. Espero que lo hagáis y que os esté gustando tanto la novela como a mí. Disponéis de una semana más o menos para comentarla, dar vuestra opinión, reflexionar sobre los hechos y los personajes… Al mismo tiempo seguiremos con la lectura que nos llevará desde el capítulo XX (pág. 167) hasta el final del capítulo XXXIX (pág. 344).

Nuestro próximo libro: Nosotras que nos queremos tanto de Marcela Serrano

15 Mar

Nosotras que nos queremos tantoNos vamos a Chile de la mano de Marcela Serrano. Mujer y latinoamericana. Cuatro mujeres en la mitad de sus vidas ser reúnen en una casa junto a un lago en el sur de su país para contar sus experiencias. En palabras de la autora es la suma de muchas mujeres que he conocido en mi vida y que materialmente habitan en mí. Y añade: escribo desde la mujer, pero no sólo para mujeres.

Los ejemplares de Nosotras que nos queremos tanto están ya preparados desde mañana para que podáis ir a recogerlos en la Biblioteca Forum.

¡No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de El fin de semana!