La sutil violencia familiar

18 May

Vitoria-Gasteiz. Foto de Civitatis

Nos encontramos ante una novela de personajes. Tres personajes, tres miradas diferentes. Para ello Karmele utiliza el recurso de las voces narrativas. Dos son narradas en segunda persona, como si fuera la voz de su conciencia, y la última en primera persona (Jasone).

Ismael, novelista en bloqueo creativo; Jasone, su mujer, también correctora de sus borradores y escritora en ciernes y Libe, activista, hermana del primero y amiga de la infancia de Jasone. Alrededor de éstos, las figuras del padre y la madre de Ismael y Libe, el editor Jauregi y Aitor, el sobrino preferido del padre.

Ismael está bloqueado. Lleva dos años intentando escribir su próxima novela, pero no consigue producir más que borradores sin vida, y no llega a los plazos acordados con su editor, Jauregi. Se cuestiona todo lo que escribe, algo que no le había ocurrido nunca. No es capaz de meterse en la piel de ningún personaje. Su situación se complica el día en que su madre tiene un accidente e Ismael se ve obligado a pasar todas las tardes con su padre para cuidar de él. Esas horas lo transportarán de golpe a un momento que quedó congelado en su infancia y que Ismael ha mantenido oculto hasta ahora entre sus recuerdos.

Su primo Aitor, el preferido de su padre, sufrió un accidente en el monte del que le quedaron secuelas físicas y psíquicas. Tras su desaparición, se organizaron batidas en el monte para localizarlo. Ismael participó en la búsqueda y mintió a su padre cuando le preguntó si había revisado bien la zona que les tocaba inspeccionar. Ahí apareció su primo días después, y esa culpa lo perseguirá toda su vida.

Su hermana vive en Berlín y le toca a él cuidar de su padre por las tardes. En su fuero interno piensa que él no debería ocuparse de eso ya que «son cosas de mujeres«. Esta circunstancia reaviva su pasado, y reflexiona sobre la conflictiva relación que ha tenido con su padre y como siempre se ha sentido menospreciado por no cumplir con sus expectativas de masculinidad. Para su padre, él siempre fue un niño sensible con el que apenas podía compartir aficiones, como la de ir de caza, a diferencia de su primo Aitor del que todo el mundo estaba orgulloso ya que cumplía con creces los roles masculinos del momento. Aún así,  siempre quiso tener la aceptación de su padre y sentía envidia por Aitor. 

Jasone es la primera lectora y correctora de los textos de su marido. Desde hace años vive dedicada a su familia, y aunque ella también escribía de joven, lo dejó. En este último año, sus hijas ya están fuera de casa, se ha quedado por las noches frente al ordenador, y a escondidas ha comenzado a crear de nuevo. Pero cuando intenta mostrar su novela a su amigo de la universidad y editor Jauregi, éste cree que es una obra de su marido corregida por ella y Jasone se frustra y decepciona. Se da cuenta de que su amigo no la reconoce como escritora y sin pensar en sus sentimiento y orgullo le pide que su marido firme la novela como propia para publicarla en la editorial. Ante tal decepción entrega su novela que la acepta como si fuera algo natural. 

Libe ha tenido un pasado político en el conflicto vasco. Después de ser detenida, e intentando alejarse de todo,  se fue para Berlín para empezar de nuevo. Tiene una pareja allí llamada Kristin y nunca se la ha presentado a su familia. Todos lo saben, menos su padre. Su padre no lo entendería. Se ha sentido libre pero ahora su sentimiento de culpa por ver a su hermano cuidando a sus padres, aflora y vuelve llena de contradicciones. 

Cada uno jugará con su secreto en medio de una marejada emocional en la que los silencios, como casi siempre, hablarán más que las propias palabras.

Esta novela nos hace reflexionar sobre los patrones creados durante generaciones para los hombres y para las mujeres. Por este motivo, todos los personajes de esta novela sufren las consecuencias de ello. No solo habla del papel que juega la mujer en la sociedad sino también el del hombre.

No veo esta novela como una novela feminista, ni creo que la autora pretendiera hacerlo. Vemos como los patrones de la masculinidad se repiten de padres a hijos al igual que el de las mujeres. Donde lo normal es que una mujer deje de trabajar cuanto tiene hijos y se ocupe de la casa y por supuesto, sobre ella recaerá el cuidado de los padres cuando se hacen mayores. Normas que  aunque no están escritas, sí están interiorizadas y consiguen hacerte sentir culpable si antes piensas en ti misma, o consideras el trabajo como una prioridad irrenunciable.

La única mirada en primera persona es la de Jasone. Perdió parte de su identidad cuando se trasladó al País Vasco ya que se cambió el nombre porque no quiso que la conocieran como una inmigrante pobre venida de otra provincia, en la que se llamaba Asunción. Era mejor traducir su nombre. Se casó con Ismael porque su miedo le daba seguridad. No estaba metido en política y no participaba del activismo juvenil que estaba tan en boga en aquellos años y aunque escribía sobre ello, lo veía desde lejos. Ahora es una mujer que reclama su sitio, es escritora, no la mujer de un escritor. Empieza a sacudirse la culpa por dedicarse a ella misma. 

Los roles de género, como se producen y se perpetúan son el argumento de esta historia. Los padres de Ismael han seguido esa tradición de la que tanto él como Jasone creen verse libres. No obstante, cuando la madre de Ismael, que le trae todos los días tapers de comida, se rompe la cadera, esos roles quedan al descubierto ¿Quién va a cuidar al padre con demencia? Ismael habla con su hermana para que regrese a hacerlo, mientras ella le aconseja otra vía

No se puede juzgar el pasado con los ojos del presente. Cada contexto social y cada contexto histórico tiene sus condicionantes. Se puede mirar hacia atrás y contarlo pero es más difícil juzgarlo.

Lo que más me ha gustado de La casa del padre es ese contraste entre sutileza y dura exposición con el que aborda el cambiante rol de género femenino en nuestra sociedad y los sentimientos que provoca en las mujeres pero, sobre todo, en los hombres. Buena parte de la novela recae en un hombre, Ismael, que ve como los roles que le han implantado dejan de tener razón de ser en el momento actual y se siente descolocado. También sobrevuela en esta novela la idea de la escritura como terapia, de si escribir sobre lo que ya se sabe o lo que es necesario descubrir, y como las mujeres son capaces de escribir sobre cosas pequeñas con mayor intimidad.

El conflicto vasco y las diferentes posturas ante él también aparecen representadas en esta obra pero sin profundizar en ellas, simplemente las utiliza como un contexto de los personajes para situarlos en un lugar y en una época muy concreta.

Con esta novela, la autora nos demuestra que se puede escribir una novela corta e intensa, donde no hay acción ni trama y donde todo el peso recae en los personajes y sus reflexiones.


¡¡¡Ahora os toca a vosotros!!!

¿Qué os ha parecido esta novela?

¿Os habéis visto reflejados en algún personaje?

y sobre todo ¿os ha parecido interesante este enfoque?

¡¡¡Espero vuestros comentarios!!!

7 respuestas hasta “La sutil violencia familiar”

  1. Lory 18 de mayo de 2022 a 18:35 #

    Hola a tod@s:
    El libro me ha gustado mucho. Es una lectura trepidante que obliga a parar por riesgo de asfixia. Diría que es una lectura de necesidad, recomendada sin distinción de sexo.
    Lo primero que me llamó la atención fue el tipo de narrador en 2ª persona que no es habitual, luego entra también la 1ª inclusive, a veces, tuve la sensación de un «nosotros» que da fuerza al grupo.
    De lo mejor para mi, es que muestra los personajes en su luz y su sombra, enseñando las contradicciones, cobardías que tocan a todos.
    Por cercanía de edad me tocan la madre y el padre y sin embargo, he visto más reflejada a mi madre que a mi misma.
    Siempre he defendido que no hay maltratadores sino víctimas y que trabajando con las víctimas es como se darían grandes pasos hacia una sociedad más comprensiva. Aunque nos duela, somos las mujeres quienes hemos de transformarnos primero para que el hombre halle su equilibrio. Si el alma evoluciona en femenino y masculino, -y esto es un consuelo- tenemos que aprender desde el centro de los dos.
    En esta novela vemos cómo el hombre tb es una víctima de género y educación.
    La autora nos interroga desde varios ángulos: ¿Cómo se trasmiten los roles? Desde el silencio, la crítica, la no acción, la soledad… Mujeres repitiendo la castración y violación del otr@ como LIbe con Kristin, su pareja a la que esconde.
    Un punto tb para el papel que juegan los ambientes -culturales y políticos- y el lugar donde naces y creces.
    Un libro muy bien montado apoyado en unos bien hilados personajes. Muy buena elección, desde mi punto de vista.

    Un saludo para tod@s

  2. Carmen 22 de mayo de 2022 a 17:56 #

    Hola a tod@s:

    Para mi ha sido un regalo, ya que ya la había leído no hace mucho y la he vuelto a leer encantada. Me parecen ambos comentarios muy acertados. María la has definido, para mi, en «Los roles de género, como se producen y se perpetúan son el argumento de esta historia.» A lo largo de la historia vemos como esos roles hacen que tanto los hombres que no se ajustan, como las mujeres que consienten, siguen siendo sus víctimas. Es muy revelador como para Josune, el hecho de participar en un club de lectura feminista, forma parte de una revelación, de cómo le hace ver que lo interiorizado como normal, no debería de serlo. Sin embargo, parece que es Ismael el que ve los cambios, el que se siente, a veces, hasta deslegitimado, por su mujer e incluso en la unidad familiar con sus hijas. Veo a Ismael como un personaje entre dos aguas, está perdido en su mundo y después el cuidado a su padre, le hace cuestionar y revivir su vida y educación. Se da cuenta de que la falta de afecto daña a la persona y a sus alrededores. De que la honestidad es clave en una persona y que su padre no lo ha sido, ni con el ni con su mujer. Las emociones y sentimientos pasados están siempre de una u otra forma en el ahora. En la figura de la hermana se ve claramente, como una mujer fuerte, con convicciones, culta y con una vida plena, puede llegar a sentirse mal por cómo ha sido educada. Jasone pone de manifiesto como se ha interiorizado en las mujeres que debemos de buscar la aceptación masculina incluso, para valorarnos el trabajo que hemos hecho nosotras mismas sabiendo que es muy bueno. Desde luego, aunque seguramente la autora no había querido hacer un libro feminista, le ha salido uno y muy bueno. Muy simple, muy profundo. En el último párrafo de la última página se cita «…Solo contándote a ti mismo esa historia en la que has crecido, ……PODRÁS SABER DEDE DÓNDE HAS APRENDIDO A MIRAR EL MUNDO…». Esta frase me parece un resumen de la novela. Vemos desde dónde han aprendido a ver el mundo cada uno de los personajes. Esa forma de mirar nos subyuga.

    Es evidente que me ha gustado mucho y desde luego, coincido con Lory en afirmar que, literalmente, debería de ser una lectura de necesidad y sin distinción de sexo.

    Un saludo.

    Carmen.

  3. Ciberclub de lectura 24 de mayo de 2022 a 14:14 #

    Gracias Lory y Carmen por vuestro extenso comentario. Coincido contigo, Carmen, en que esa frase «… podrás saber desde donde has aprendido a mirar el mundo» resumen perfectamente la esencia de la novela y la de nuestras vidas. Es difícil escapar de los convencionalismos, miedos y culpa que te han ido inculcando desde la niñez. El padre quiere inculcar su rol masculino a su hijo. Su hijo se siente culpable por no responder a las expectativas marcadas por su padre. Pero para esto, no solo influye el rol masculino sino también el femenino. Su madre contribuye a esta continuidad de roles en sus hijos. A veces no somos conscientes de lo que nos ha marcado nuestra familia, educación y entorno para la visión que tenemos actualmente del mundo. Es la reflexión que nos plantea la autora, para, piensa e intenta mirar la misma situación desde otra mirada…como dice Lory, es bueno trabajar con las víctimas de ambos sexos para crear una sociedad más justa. Un saludo. María.

  4. Machusa 27 de mayo de 2022 a 11:51 #

    Hola a tod@s, me gustó mucho el libro creo que es una lectura muy necesaria para ambos sexos. Gracias María por esta elección. No tengo palabras para expresar me quedo con todos los sentimientos y sensaciones que me produjo. Un saludo

  5. Isabel Montes De Oca 28 de mayo de 2022 a 14:23 #

    Hola a tod@s.

    Este ha sido un libro de lectura trepidante, que te absorbe desde un principio, pero que una vez terminado, he dejado reposar, y me ha estado rumiando los últimos días.
    No sabría decir si es un libro feminista. Lo que sí coincido con todas es que debería ser de lectura y reflexión aconsejada para ambos sexos.
    Leemos sobre la culpa, el dolor, el miedo. Todo ello sobrevolando por los tres personajes principales, que nos habla cada uno desde voces diferentes; y también sobrevuela sobre los personajes secundarios, que no menos relevantes para la historia, el padre, la madre, y el primo Aitor.
    El miedo que se nos graba a fuego en la infancia, la culpa que parece que llevamos incrustado en nuestra genética, y el dolor al comprender en dónde nos hemos situado.
    Todos los personajes evolucionan a lo largo de la novela. Los personajes femeninos me han resultado muy reconocibles, los miedos a que nos pueda pasar algo por la noche, al volver a casa, el dolor de resultar invisibles para los que nos rodean, la culpa de no estar, las culpas que pesan como losas por esa vieja ley. Los cinturones imaginarios que nos atan, como dice Libe, las huidas que emprendemos, los fracasos a los que nos enfrentamos, cuando comprobamos que todo sigue igual. Las voces de Jasone, de Libe y de su madre son el conjunto de nuestras voces. Todavía nos cuesta en algún momento de nuestra vida huir de la aceptación de alguien, padres, parejas, hijos. Nuestras decisiones, ¿son cesiones o renuncias?
    El personaje de Ismael, en un primer lugar, me resultó incómodo. No sabría decir por qué. Pero no me gustaba esa voz. De no querer ver, de no querer saber. Su evolución me pareció más compleja. Desde una nebolusa de sentimientos nuevos, debilidades, miedos, egoísmo, enfado. El miedo a que su padre no le quisiera, la culpa por no estar a la altura de la hombría que se esperaba de él, el dolor de haber sido incapaz de ver su casa lo que estaba pasando, esa violencia sutil y familiar, como decís.
    Me ha gustado cómo las tres voces son capaces de reconocerse en sus miedos, culpas, dolores, y cambiar la perspectiva desde dónde estaban mirando, y hacerlo desde otro sitio, para verlo de otra manera, y ser valientes para aceptar lo que se ve desde ese otro ángulo.
    El final me ha dejado una sensación esperanzadora. Tanto hombres como mujeres “podemos cambiar el rumbo, y confiar que, con suerte, la bandada te siga por detrás.”
    Ha sido un libro estupendo, para la reflexión. Gracias por la elección.

    • Ciberclub de lectura 30 de mayo de 2022 a 15:44 #

      Muchas gracias por tus reflexiones, Isabel. Ismael puede resultar incómodo, tal vez, porque reconocemos ese rol todavía en nuestro entorno. Un rol más moderno e informado que el de la anterior generación pero que sigue acomodado en algunas facetas familiares que a nosotras ya nos chirría y por eso nos produce incomodidad leer sus propias reflexiones. Aún así es el personaje que más ha evolucionado a lo largo de la historia. Otro tema también para reflexionar es como el entorno social/económico/político nos condiciona. Y creo que cuando más jóvenes somos, más nos condiciona, en general. Un saludo,

Ahora te toca a ti

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