Hemos llegado al corazón de nuestra historia

19 Jun
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Belle Epoque Russian Architectura – Kars – Turkey. Foto en flickr de Adam Jones, Ph. D – Global Photo Archive. Algunos derechos reservados.

Compruebo que a la mayoría de los que estáis leyendo la novela no os está gustando y lo siento mucho porque a mí sí que me gusta como estoy reflejando en los post, así que continúo comentando esta tercera parte de la que considero una magnífica e interesante historia. Espero que os animéis a seguir leyendo y dejéis vuestros comentarios a pesar del calor y espero también que os enganche aunque ya esté muy avanzada la novela. Quizás estas altas temperaturas y la nieve son incompatibles… 🙂 . ¡Intentad darle una última oportunidad!

Nuestro inseguro protagonista prosigue con su desasosegante vida en Kars, en la que el miedo y la felicidad se dan la mano. Fundamentalmente, Ka tiene miedo a ser feliz, aunque lo anhele con todo su ser, un miedo que sólo le desaparece cuando contempla la nieve: al ver la belleza de una calle nevada y la alegría de los niños que juegan entusiasmados con bolas de nieve, deja atrás todos sus miedos.

La novela pone el dedo en la llaga en problemas tales como el ascenso de los islamistas turcos en un Estado laico que, a pesar de la represión que ejerce, no puede con ellos, el genocidio armenio, la represión de los nacionalistas kurdos, tan olvidados, el control de los ciudadanos por parte del Estado (Kars, la ciudad en la que todos vigilan y son vigilados), la situación de las mujeres y los jóvenes que, impotentes y llenos de dudas, se plantean el suicidio como única solución a sus problemas, la pobreza y olvido en el que viven los habitantes de las zonas más alejadas de la metrópoli… Todos estos problemas los sitúa el autor en una pequeña ciudad y la convierte en una bomba de relojería a punto de estallar. Kars es un microcosmos, un universo en miniatura, en el que se suceden todo tipo de traiciones, luchas, amores, odios, sufrimientos y en el que están reflejados todos los sectores de esta sociedad tan compleja: islamistas, nacionalistas kurdos, europeístas, comunistas…

Hay tantas frases cargadas de significado en los diálogos, en los que se analiza y cuestiona la existencia con gran profundidad, que os transcribo sólo un puñado de ellas para que, si os parece, podáis comentarlas (u otras que vosotros queráis): no olvides que a esos europeos que tanto admiras e imitas ni siquiera les importas… Pero le tienen pánico a Azul y a los que son como él (pág. 266). Eran muy serios. Quizá por eso eran felices. Para ellos la vida era un asunto serio para el que hacía falta responsabilidad. No un empeño a ciegas ni un amargo examen como lo es para nosotros (pág. 273). La vida, excepto enamorarse y ser feliz, sólo era una serie de momentos sin relevancia ni relación entre ellos (pág. 281). El sarcasmo de intelectual, las preocupaciones políticas y las pretensiones de superioridad cultural que hacían que viviera una vida estéril alejada del sentimentalismo al que inducía aquella serie [un culebrón mexicano] eran consecuencia de su propia estupidez (pág. 283). ¿Eras feliz de niño? Cuando uno es feliz nunca sabe que lo es […].  Cuando era niño no me interesaba la felicidad […]. Comencé a pensar en la felicidad cuando la infelicidad me incapacitó para hacer cualquier cosa (pág.310). En cuanto una nación es pobre, lo primero que piensa el mundo entero es que es una nación de tontos, de vagos, de sucios y de inútiles […]. Encuentran cómicas su cultura, sus tradiciones y sus costumbres. A veces luego se avergüenzan de lo que han pensado, dejan de reírse y si los emigrantes de ese país les barren los suelos y trabajan en los peores empleos, se comportan como si encontraran interesante su cultura e incluso los tratan como si fueran iguales para que no se les rebelen […]. Lo único que puedes hacer para que no te desprecien es demostrar que piensas como ellos. Y eso es algo imposible y humillante (págs.325 y 327).

El capítulo 29 supone un paréntesis en la historia que nos adelanta el destino final de Ka (¿por qué creéis que el narrador hace esto?). El narrador se va a una Frankfurt en la que también nieva cuatro años después de la estancia de Ka en Kars y cuarenta y dos días después de su asesinato y nos narra éste con todo detalle. Recorre las calles y los lugares que frecuentaba, se entrevista con quienes le conocieron y con los últimos que le vieron con vida, y, sobre todo, busca, sin encontrarlo, el cuaderno verde con los poemas escritos en Kars en los que había trabajado (intentando encontrar la lógica oculta del libro) los cuatro últimos años de su vida. Pero sí encuentra cuarenta cartas de amor a Ipek no enviadas y la estructura hexagonal de un copo de nieve en la que ha distribuido los títulos de los 19 poemas escritos en Kars (la lógica oculta por fin hallada). Es un capítulo plagado de excelentes descripciones detallistas, tan frecuentes en esta novela, que nos muestran la presencia y la vida de los turcos en la ciudad alemana (parece un homenaje lleno de admiración y cariño a estos inmigrantes y exilados, a su soledad y derrota).

 El narrador, que ya sabemos que se llama Orhan (puesto que es en esta parte cuando descubrimos que el narrador y el autor son la misma persona), se pregunta: ¿Hasta qué punto es posible comprender el dolor y el amor de otra persona? ¿Cuánto podemos comprender de los que sufren penas, ausencias y opresiones más profundas que las nuestras? Si comprender consiste en poder ponernos en el lugar de alguien distinto, ¿han podido alguna vez comprender los poderosos y ricos del mundo a los miles de millones de pobres que viven al margen? ¿Hasta qué punto puede ver Orhan el novelista la oscuridad de la vida difícil y dolorosa de su amigo el poeta? (pág. 306).

Os traslado a vosotros estas preguntas que me parecen el núcleo de esta historia: ¿podemos comprender a los que sufren más que nosotros?, y, añado yo, ¿qué podemos hacer, si es que podemos hacer algo, ante su sufrimiento?

Plazos

Es hora de vuestros comentarios sobre esta tercera parte. A ver si las frases que os transcribo y las preguntas que os hago os animan a participar. Mientras, continuaremos a lo largo de una semana con la lectura desde el capítulo 35 (pág. 371) hasta el final de la novela. Aunque ya sabemos que Ipek no se va a ir con Ka a Frankfurt y éste va a ser asesinado cuatro años después, todavía nos quedan por descubrir los motivos de ambas cosas, así como leer todos los acontecimientos que le quedan por vivir a nuestro poeta en su último día en Kars.

 

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6 comentarios to “Hemos llegado al corazón de nuestra historia”

  1. isasplaceblog 19 de junio de 2017 a 9:45 #

    Aún no he terminado esta parte porque el libro me llego tarde y voy bastante atrasada, pero a mi sí me está gustando mucho. Comentaré más cuando la haya terminado

  2. Lea Schutz 19 de junio de 2017 a 14:38 #

    Hasta que punto es posible comprender el dolor y el amor de otra persona?
    Solo hasta el punto o limite de la historia del otro.
    Lo,explica muy bien Rosa Montero,sobre el duelo en “La ridicula idea de no volver a verte”
    Pamuk se acerca al dolor del otro pero a la escencia del sufrimiento no puede.
    Saludos,Lea.

  3. Alicia Ballestero Cauqual 20 de junio de 2017 a 20:15 #

    A mi me está costando este libro. Se me resiste y no sé por qué. Pero no lo dejo. Espero tener una idea más concreta para publicar mi comentario

  4. Marta (two) 21 de junio de 2017 a 10:41 #

    A mí me está gustando mucho el libro. Nos hace comprender lo que significa vivir en Turquía, la lucha entre Oriente y Occidente, y la verdad es que deja mejor parados a los islamistas (que son coherentes con sus ideas, están dispuestos a dar su vida por ellas y las explican), que al turco occidentalizado que, aunque bienintencionado, está algo perdido, aunque se vea a sí mismo “por encima”.
    Lo cual no quiere decir que un occidental pueda compartir la desigualdad con las mujeres, o la violencia en el trato en general. Pero sí la riqueza cultural de la diversidad y el respeto a las creencias de otros.
    El libro plantea muchas preguntas muy interesantes: ¿hasta cuanto se puede entender al que sufre, al pobre, al que no tiene recursos culturales o económicos? Y la pregunta que plantea Chus es la base del problema ¿qué se puede hacer para cambiarlo?
    La respuesta es difícil a nivel individual, pero no colectivo. Para evitar la emigración es necesario solucionar el problema en origen: invertir en educación, en servicios sociales, en cultura, en evitar la depredación económica mundial que empobrece más al pobre. El enriquecimiento feroz de unos pocos a costa de otros se vuelve peligroso sino se mantienen cubiertas necesidades básicas de alimentación, cultura, diversidad… Nos faltan mecanismos de control de los especuladores, que si somos inteligentes, deberíamos crear para evitar el abuso. Queda mucho que andar. Por ahora Occidente está más preocupado en sus neuras y su ombligo, y bastante tiene, que en intentar conseguir justicia e igualdad a nivel mundial, aunque este sea un problema que pueda llegar a destruírlo, como a Ka.
    El libro relata muy bien el empobrecimiento de esta ciudad en el margen de un país como Turquía, que ha sufrido unos cambios muy importantes en los últimos años, de hecho, escrita en 2002, muestra la antesala de lo que ha venido después.
    El protagonista peca de inocente, intenta mantenerse al margen, sólo mirando hacia una ventana y viendo cómo cae la nieve se despierta su inquietud poética, vive un momento de intensa creatividad que lo eleva y lo aleja de la cruda realidad. En la página 197 lo describe bien: “El calor del hotel y la luz de recepción le llenaron el corazón de alegría. Comprendía por la caras de los huéspedes que veían la televisión en pijama y cigarrillo en mano que había sucedido algo extraordinario, pero su mente se deslizaba libre y ligera por encima de todo como un niño que ignora un problema que le desagrada”. A veces esa actitud infantil permite sobrevivir. Pero la realidad no le permite vivir al margen, todos exigen implicación, a un gran coste final.
    Me faltan las 100 últimas páginas, no se por qué el autor quiere que sepamos tan pronto que Ka es asesinado. De todas formas, es reveladora la imagen del copo de nieve con la distribución de los poemas.
    En cuanto a la relación con Ipek, es un enamoramiento estético por su elegancia y belleza, pero no hay encuentro, al poeta parece importarle poco lo que ella realmente piensa y quiere, no se lo pregunta. La desea infantilmente, golosamente, se la imagina compartiendo su vida en Frankfurt, pero no hay verdadero interés en lo que ella pueda ofrecer o desear. Todavía no he llegado a los motivos por los que ella no se marcha con él, pero es bastante evidente que lo que hay es una relación física o emocional, y siempre se cuenta desde los sentimientos de Ka, desconocemos lo que piensa o siente ella.

    Seguiremos comentando.
    Un saludo.

  5. raquel franco 21 de junio de 2017 a 21:45 #

    Hola, voy un poco atrasada, pero me gusta mucho la novela, Pamuk escribe muy bien, pero ademas describe este dilema de las religiones, como lo occidental no trae las mejoras,ni la felicidad el desarraigo de los migrantes…Magnifica la descripción del gobierno de facto, de los presos y el toque de queda, la ingenuidad de algunos, tan real y tan parecida a las que sufrimos nosotros en nuestro país.
    Novela que despierta reflexiones y emociones y recuerdos muy dolorosos

  6. Salvador Chacón Ramírez 24 de junio de 2017 a 5:19 #

    Hola. Me sucede igual que a la mayoría de ustedes porque me está costando avanzar con el libro. Llevo casi una semana de retraso porque apenas hoy terminé la tercera parte. Lo que leí esta semana se me hizo más dinámico que las semanas anteriores, hasta hay un flashforward (supongo que se debe de llamar así porque fue hacia el futuro) hasta después de la muerte de Ka. Creo que el autor nos da adelantos para que pongamos atención en los detalles que seguramente terminarán por desencadenar los hechos futuros. Acá supongo que el asesinato de Ka tiene su origen en la visita que está realizando en Kars, donde creo que va a terminar como chivo expiatorio porque los cuatro frentes (el gobierno, los islamistas, los conservadores y los del golpe militar) ya lo traen como títere para usarlo como bandera. También creo que da adelantos para animar la narración.

    No me gustó la manera en que el autor lo humaniza al grado de contar que era adicto a las películas pornográficas y a relatarnos algunos detalles de la primera relación sexual que tiene con İpek (a pesar de todo, todavía no me convence ese romance, no lo percibo como de verdad). Ahora que ya no está el pobre de Necip, Kadife ocupa el lugar de mi personaje favorito.

    Ya todos se están preparando a que termine la tormenta y la nieve libere de su aislamiento a Kars para que se restablezca el orden. Se avecina una nueva representación teatral, Ka está amenazado (ya sabemos que él mismo predice su muerte) y el desenlace está por llegar.

    A Ka sólo le importa İpek, escribir poemas y ser feliz. En medio de ese ambiente hostil, la falta de atención a las amenazas que lo están cercando va a pasarle factura en el futuro.
    En cuanto a las preguntas de esta semana, creo que sólo podemos comprender a alguien que sufre cuando hemos experimentado el mismo sufrimiento. Por eso creo que no podemos comprender a las personas que sufren más que nosotros. Por ejemplo, si me pongo a cargar costales de cemento para sentir el sufrimiento de un cargador nunca lo experimentaré a su mismo nivel porque lo estaría haciendo yo para experimentar y él para obtener su sustento (suponiendo que sufra por eso; fue el primer ejemplo que se me ocurrió). Nunca puede ser igual.

    A mí me gustó esta frase: “No hay que vivir la vida por los principios, sino para ser feliz” (pg. 366). Aunque sólo la dice Ka para convencer a Kadife que actúe para salvar el pellejo.

    Saludos.

    Salvador.

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