Nos condujo en derechura a la muerte, la nuestra y la del prójimo a quien se supone que amamos

2 Abr
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Foto en flickr de Pasi H. Algunos derechos reservados.

Esta segunda parte en la que hemos dividido la lectura comienza con la llegada de Abu Zubeir a sus vidas. Hay ya un adelanto en la página 69: Muertos por culpa de esos a quienes habíamos conocido en el Garaje y a los que Abu Zubeir llamaba el “emir y sus compañeros”. Ah, la historia de esos ya os la contaré luego. Eran cuatro, venían de los poblados de chabolas vecinos para llevarnos por el buen camino. Se sabían el Corán de memoria y las palabras del Profeta como si hubieran vivido en su entorno. Nos acomplejaban. Exacto, los acomplejan, y los culpabilizan, porque ellos no son nada religiosos. Primer paso del camino hacia el Paraíso. Al principio del capítulo 10 podemos encontrar una explicación de por qué se dejan convencer ellos que no son nada religiosos y que algunos de vosotros habéis resaltado: Abu Zubeir nos mintió cuando nos prometió un acceso directo al paraíso. Decía que la gehena que nos correspondía ya la habíamos cumplido en Sidi Moumen y que, en consecuencia, no podía sucedernos nada peor. Más aún, la fe que él nos iba insuflando día a día forjaba el escudo que nos iba a permitir cruzar por los siete cielos para alcanzar la luz […] Abu Zubeir nos glorificaba así en pro de la perennidad del combate contra los infieles. Al mirar nuestros retratos, otros chiquillos soñarán con la justicia y el sacrificio.  Alcanzar la luz, la gloria, la justicia de acabar con los infieles… Para ellos esa meta tan alta bien compensa el sacrificio de sus vidas que nada valen, que ni ellos valoran. Es fácil convencerlos. Vidas transcurridas en la más absoluta de las miserias y conviviendo a diario con la muerte de otros que a veces ellos mismos provocan y a la que, por tanto, ya le han perdido el miedo.  Si a eso le añadimos las cintas de vídeo de los mártires palestinos o chechenos que les hacen ver continuamente para que se contagien del “heroísmo” de esas personas, el camino ya está casi hecho. Ser un elegido, ¿qué mayor gloria puede haber para ellos? Pero Yashin, que nos habla desde el purgatorio, o directamente desde el infierno, ya no se engaña y sabe que el camino recto prometido por Abu Zubeir nos condujo en derechura a la muerte, la nuestra y la del prójimo, a quien se supone que amamos. En derechura hacia una pared ciega a la que rodea la nada, donde no hay sino arrepentimiento, remordimientos, soledad y desconsuelo.

En el Garaje se sienten a gusto. Abu Zubeir posee una luz especial, parece leerles el pensamiento, sus palabras les dan paz mientras va introduciéndoles en la oración. El primero que se va a relacionar con él es Hamid, curiosamente el peor de ellos, el más violento, el menos religioso, el que fuma hachís continuamente. Se siente fascinado por el emir y deja de interesarle todo lo que no sea estar con él: había comenzado a rezar cinco veces al día. La metamorfosis era total. Abu Zubeir le consigue un trabajo en una zapatería de la ciudad (algo que irá haciendo con todos los demás. Dignificarles, y atraerles más a él, a través de un trabajo). Yashin le echa de menos, ni le reconoce. Su captación ha sido total y les abruma con sus diatribas acerca del complot americano-sionista cuyo fin era intoxicarnos, depravarnos y sembrar arteramente el vicio en todos nosotros. Hamid va a ir convenciendo a los demás poco a poco. Sobre todo a su hermano que lo sigue adorando. Yashin y Nabil viven juntos en la chabola como si fuesen un matrimonio, trabajan como mecánicos, su vida ha mejorado notablemente. Más tarde se les unirán Azzi y Fuad. Ghizlene les visita de vez en cuando y les hace ricos cuscús. Ya no juegan tanto al fútbol pero siguen reuniéndose todos en la chabola: era una época bendita en la que todo parecía irse construyendo como por arte de magia. Poco a poco a todos les va yendo mejor gracias a la ayuda económica del emir. Así que un día, Hamid les convence de que vayan a las clases que Abu Zubeir da en el Garaje: así empezamos a resbalar por una sombría pendiente hacia un mundo que no era el nuestro. Un mundo nuevo en el que nos íbamos a hundir poco a poco y que acabaría por tragársenos para siempre.

Abu Zubeir opera con cuatro más: Zaid, Nuseir, Ahmed y Reda. El de más edad, y sin duda el más erudito, Zaid, sólo tiene veinticinco años: le podíamos preguntar lo que fuera; nos contestaba, o, si no estaba seguro, nos traía la información exacta a la mañana siguiente. Tenía una voz grave y dulce, una mirada afable, y le ponía siempre la mano en el hombro a quien fuera con él, en señal de fraternidad. Son como padres para ellos, tienen muchos conocimientos y además les tratan con cariño. Poco a poco les van introduciendo en la oración, obligatoria para conseguir cualquier otra cosa que les atraiga mucho más, sobre todo las artes marciales que es lo que utiliza Zaid para atraparlos: habíamos dejado de beber alcohol porque ya no nos atrevíamos. Quizá un porro de vez en cuando, pero a escondidas. Ahora en la chabola lo que hacen es rezar en grupo, oír casetes del Corán y recibir a sus nuevos amigos: el emir y sus compañeros eran personas sencillas. Nos hacían el honor de venir a casa y nos colmaban de luz y de paz […] aquello era como una victoria sobre la mediocridad de nuestras vidas menores. Bebíamos sus palabras porque las entendíamos. Había conseguido (Abu Zubeir) devolvernos nuestro orgullo con palabras sencillas […] ya no éramos unos parásitos, unos deshechos de la humanidad, unos mindundis. Éramos limpios y dignos y nuestras aspiraciones hallaban eco en mentes sanas. Teníamos quien nos escuchase y nos guiase. La lógica había ocupado el lugar de los golpes. Le habíamos abierto la puerta a Dios y Él había entrado en nosotros. Se habían acabado las idas y venidas frenéticas de acá para allá, perdiendo el tiempo, los insultos y las peleas idiotas […] Sabíamos que los derechos no se regalan, sino que se arrebatan. Y estábamos dispuestos a todos los sacrificios.  En palabras de Mahi Binebine: estremece ver cómo se aferran a una disciplina, la primera con la que se han encontrado en su vida.

Ghizlane es la única que se da cuenta de lo que está pasando. Le dice a Yashin que ha cambiado y que ha abandonado a sus padres: me limitaba a decirle que Dios era grande y que Él acabaría por arreglarlo todo. Ella decía que Dios no pintaba nada en esto y que los padres, incluso los malos padres, eran sagrados. Mi-Lala afirmaba que el paraíso estaba bajo los pies de las madres y que para llegar a él había que arrodillarse y besar las plantas de esos pies todas las mañanas. Ghizlane decía que la barba me endurecía la expresión y que me sentaba fatal. Pero ellos siguen su camino, todos intentábamos imitar al emir, dejan sus trabajos porque las veladas en el Garaje les ocupan casi todo el día, se aprenden el Corán de memoria y llegan a la conclusión de que no había más salvación que la yihad. Dios nos la pedía. Estaba escrito, y muy claro, en el libro de los libros. Abu Zubeir les va introduciendo cada vez más en su círculo más íntimo, la televisión estaba puesta en una cadena que transmitía en bucle matanzas de musulmanes. Y puedo aseguraros que nos hervía la ira por dentro […] Abu Zubeir decía que había que reaccionar. El Profeta no habría tolerado tales humillaciones […] yo notaba que me subía una quemazón desde el vientre que me incendiaba los ojos. Me retorcía las tripas un deseo de venganza. Estábamos de acuerdo en lo de lavar con sangre nuestro honor perdido. Y poco a poco los van convenciendo de que sus armas son ellos mismos: ¡Nadie puede contra un hombre que quiere morir! Devolverle sus vidas a Dios porque Él se lo pide. Para ellos, después de un camino largo de “comedura de coco” inteligente, está muy claro.

¿Creéis que está logrado este camino de captación? ¿Es creíble? Contestad intentando poneos en su piel aunque sea difícil. Que la balanza no oscile ni a un lado, el del entendimiento y justificación total, ni al otro, el de no entender que no pudieran haber reaccionado de otra manera. Intentemos encontrar las razones justas y equilibradas para su proceder, si es que las hay. Y también comentad si el autor logra hacernos creíble el camino que lleva a estos chicos al horror de convertirse en terroristas suicidas.

Los llevan de vacaciones a las montañas, a Dayet Aoua. ¡Qué maravilla poder salir de Sidi Moumen! ¡Y de la ciudad! Una semana para recompensarlos de su dedicación a Dios y a las clases. Ven el mar por primera vez desde el minibús: era un espectáculo único. Ese aire nuevo me había trastornado. Olía de una forma rara. Me dieron escalofríos al mirar el infinito, azul plateado, y el sol blanco que flotaba por encima. Esas vacaciones serán inolvidables, quizás lo más maravilloso que les haya pasado jamás. Les enseñan a manejar la faca, combaten, hacen deporte, corren por los caminos, se bañan en el lago, rezan, escuchan las peroratas del emir sobre glorias pasadas y la lucha que les espera.

Y por fin llega el terrible día. Hamid se lo dice a su hermano: no tenemos elección. Asentí, porque alguien tenía que sacrificarse. Era la primera vez que le leía el espanto en la cara a mi hermano. Ninguno se niega a morir, sin embargo, eso de morir no era ninguna tontería. Cada uno tiene sus razones. Y al fondo de todas ellas están las de convertirse en un mártir y entrar en el paraíso. Desde la nube en que me hallaba, aquello me parecía algo así como un juego; el de la vida y la muere trenzadas sin sospecharlo. Pero en Sidi Moumen la pelona formaba parte de nuestra vida cotidiana. No asustaba tanto. La gente llegaba, se iba, vivía o moría sin que en la ecuación de nuestra miseria cambiase nada […] La muerte, omnipresente. La habíamos adoptado. Vivía en nosotros y nosotros vivíamos en ella […] La muerte era nuestra aliada. Nos servía y la servíamos […] Estaba a solas con ella y no tenía miedo. Había desplegado las alas negras alrededor de mi cuerpo febril y yo me había sometido. Solo pensaba en la dicha de obedecer. Era esclavo suyo, y feliz por pertenecerle. La muerte pensaba por mí  […] Estaba dispuesto a darle los caprichos que quisiera con tal de que me permitiese abrazarla. Aferrarme a ella y salir volando los dos. Cruzar los siete cielos y renacer en otra parte, lejos […] No, no quería volver a ver esas máquinas monstruosas volcar encima de la infancia sus desechos y sus vómitos […] No, nadie puede nada contra un hombre que quiere morir. Y yo lo quería ardientemente. Transcribo las palabras de Yashin porque lo dicen mejor que nadie podría decirlo. Logra poner poesía en la tragedia tan terrible a la que se dirigen. No es casual que el alto voltaje poético se crezca en estos momentos finales, los más duros. Imposible no transcribir tampoco su despedida de Ghizlane: Te quiero infinitamente, pero me voy, amor mío, porque no tengo elección. ¿Hasta cuándo se puede soportar la humillación de haber nacido en Sidi Moumen? No hay vuelta de hoja, voy a morir. Te vengaré de quienes saquearon tu infancia y enviscaron tus sueños en el barro. Les haré pagar a tocateja los años de esclavitud que nos impusieron. Padecerán igual que padecimos nosotros. A todos esos colaboracionistas que se portan como avestruces les alzaré la cabeza y los degollaré como a corderos.

Sí, fue una escabechina, un infierno. Fue el fin del mundo.

Para terminar os dejo con unas palabras del escritor Isaac Rosa que quiero utilizar como disparadero de vuestras reflexiones: Quizás la línea que Binebine traza entre el origen miserable y el terrorismo sea demasiado recta, sin meandros que darían más complejidad al asunto. O quizás es que la realidad es así de simple, y hay cada vez más desgraciados para quienes “no hay más salvación que la yihad”. Ahí queda la discusión que esta interesante novela propone.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios, que espero que sean muy numerosos, sobre esta segunda parte y sobre la novela en general. Disponéis de una semana para ello. Podéis seguir comentando al hilo de las opiniones, argumentaciones, dudas que habéis ido dejando en la primera parte. Hay mucho de lo que hablar ahora que ya hemos terminado esta estremecedora novela, narrada magistralmente, que no creo que deje indiferente a nadie.

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30 comentarios to “Nos condujo en derechura a la muerte, la nuestra y la del prójimo a quien se supone que amamos”

  1. Eduardo 2 de abril de 2017 a 14:59 #

    ¡Buenas! Me ha gustado mucho este libro. Desde la posición del narrador, pasando por la forma en la que describe todo, sin recargos pero con poesía. Para mi el último episodio, en el que se encuentran en el hotel ha sido duro, todo y que está narrado sin entrar en contemplaciones ni explicaciones sobre el porqué de las cosas. Un genial libro. Nos leemos.

  2. Ana María Heinze BFRP 2 de abril de 2017 a 18:21 #

    Hola gente! Para mí como dice Eduardo, la elección del narrador me parece muy acertada. También la reflexión de Isaac Rosa, me parece un buen punto para seguir adelante con la reflexión, si es muy reduccionista el análisis sobre pobreza igual yihad. Hay muchas más variables en la elección de la persona que pueda asumir ese lugar, y creo que ahí está también en juego la psicología individual de la persona que asume el yihad. El proceso de adoctrinamiento es otra variable importante y esa es la clave de algunas personas, no de todas las que atraviesan la experiencia de la pobreza. Porque el,odio, el resentimiento y la violencia de la desigualdad atraviesa otros sectores sociales, dando por resultado otro tipo de atrocidades.
    Me quedo con la escena final, para mí una perlita en cuanto a la síntesis narrativa, los niños jugando en el hotel y Yashin viendo el rostro de esos niños que era el mismo del niño muerto en los brazos de su padre. Era el mismo rostro porque en esa milésima de segundo él se humaniza y pareciera entender de que se trata.

    Un abrazo

  3. cauqual 2 de abril de 2017 a 18:34 #

    Me ha gustado mucho este libro. Ha sido una grata sorpresa. No había oído nunca el nombre de este autor.
    En esta segunda parte es cuando el autor entra realmente en la captación. La primera es fundamentalmente expositiva. Y sin embargo este tramo pese a toda la violencia que entraña y que desembocará en el hotel, resulta más líneal, menos agresiva a primera vista.
    Difícil ponerse en el lugar de estos chicos desde nuestra burbuja. Sí yo hubiera estado allí, como chica hubiera estado protegida. Si hubiese pasado al segundo plano de madre… sería horrible. La escena más sobrecogedora de esta parte
    ¿Me hubieran captado? ¿A mi hermano tal vez? Igual sí.
    De no haber sido por Hamid y la admiración que por él siente Yashin, a lo mejor seguiría en el mismo lugar con Ghizlane. Es un personaje dibujado con dos pinceladas pero que a la postre es el que termina dándose cuenta de a dónde van y sobre todo de que no hay marcha atrás.
    He echado en falta alguna mención a la repercusión que ese suceso pudo tener en el barrio, sobre todo entre sus amigos o la gente de su edad.
    No puedo evitar preguntarme, de qué sirve, ¿si no?
    Hasta la próxima a todos

  4. tonichin 2 de abril de 2017 a 21:35 #

    Esta segunda parte del libro ha sido muy interesante. Quizás menos “impactante” que la anterior, pero sin duda muy intensa. Binebine la llena de estupendas frases, a cada cual más elocuente, desgarradora, cautivadora.

    Me ha encantado el libro, y creo que ha dado mucho juego en el club, así que lo juzgo como todo un acierto. Para mí hay una escena que no acaba de cuadrarme del todo en el libro, quizás porque la encuentro deliberadamente ambigua. Es el final del capítulo 13, cuando llora Abu Zubeir. No sé si pensar que llora porque por fin ha llegado su momento de gloria, la consagración de su compromiso para con la causa divina; o si por el contrario tiene un momento de arrepentimiento al confirmarse que ha destinado a los infiernos a unos críos por los que ha logrado sentir cariño. Me parecía muy rara esta última opción, aunque fue la primera en la que pensé, quizás porque abría una puerta a ver los conflictos internos de un personaje “del otro lado”.

    En cuanto a la pregunta ¿Creéis que está logrado este camino de captación? ¿Es creíble?… Creo que sí, que Binebine lo hace bastante creíble. También lo veo un tanto simplificado, como apunta Isaac Rosa, pero es suficiente para un libro de 150 páginas. Opino que sería muy interesante la historia desde el punto de vista de Hamid. Este, al ser el mayor del grupo de los captados, puede ser mucho más consciente de qué significa lo que van a hacer y lo demuestra con sus titubeos, sus ojos llorosos, sus sudores incontrolables cuanto más se acerca el final. Desde la perspectiva de Yashin la resolución es mucho más directa, una ecuación demasiado lineal: “[Hamid] no entendía por qué estaba yo tan tranquilo, casi sereno. Desde la nube en que me hallaba, aquello me parecía algo así como un juego. […] Quizás no había comprendido aún la gravedad de la situación”. pero no sólo Hamid, también se supone que Fuad tuvo sus dudas de última hora, se dejó tentar por Satanás y huyó del atentado… Con estos ejemplos vemos que no todos los personajes están cortados exactamente por el mismo patrón y que tienen cierto margen de actuación, aunque desgraciadamente no profundiza en sus puntos de vista. Quizás sea más fácil centrarse en un personaje como el protagonista, que apenas ofrece resistencia a su adoctrinamiento, una versión simplificada de lo que pueden ser en esencia todos los Caballos de Dios: Solo pensaba en la dicha de obedecer. […] La muerte pensaba por mí. Lo único que tenía que hacer era seguir las instrucciones de los hermanos Ubaida y todo iría a pedir de boca. […] Al vivir en Sidi Moumen […] estábamos en realidad casi muertos. Así que un poco más o un poco menos, ¡qué más daba!”.

  5. isasplaceblog 3 de abril de 2017 a 10:21 #

    Yo he tenido la misma sensación que tú dices con la escena en la que Abu Zubeir llora. Me da la sensación de que es por arrepentimiento más que por haber logrado su objetivo.

  6. isasplaceblog 3 de abril de 2017 a 10:44 #

    Al terminar la primera parte, te quedas pensando que todo es un poco ambiguo, que no tiene demasiado sentido, que las piezas no encajan demasiado bien entre sí, y, sin embargo, la transición en esta segunda parte hace que todo termine por ser coherente.
    Me ha parecido un libro realmente interesante por el hecho de que trata temas que nadie se atreve a tratar, tal vez porque es complicado hablar de ellos sin posicionarte en un lado, o porque todo puede malinterpretarse. Cada punto, cada coma y cada preposición puede dar lugar a un malentendido y eso tratándose de estas cuestiones, es un error fatal. Dicho esto, creo que el autor ha encontrado el punto justo en el que cuenta la historia desde un bando, sin posicionarse en ese bando, y creo que eso es algo magistral.
    La historia es desgarradora, aunque, como comenta Isaac Rosa, tal vez si peque de simple, pero no creo que sea porque las cosas son simples (aunque todo sea siempre más sencillo de lo que lo hacemos), sino que si ya es complicado no posicionarte en el bando en el que has colocado al protagonista, no quiero imaginarme lo que es hacerlo mientras tratas temas como la religión o los burkas. Y es por eso que creo que el autor ha decidido rozar esas cuestiones, sin adentrarse en ellas, pues si el libro ya es de por sí controvertido y arriesgado (y estoy segura que con muchas críticas), y profundizar en ellas habría sido mucho más arriesgado y tal vez se hubiera perdido esa sensación de que los protagonistas no veían otra salida, sin justificar lo que hacen.

    En cuanto al tema principal, me ha dejado muy confusa. No nos paramos a pensar en cosas de este calibre todos los días, y cuando lo hacemos, sólo pensamos en las víctimas. Pero, ¿y si los jóvenes que se inmolan también fueran, a su manera víctimas?
    Antes de seguir quiero dejar claro que no les quito la responsabilidad de haber acabado con miles de vidas inocentes, y que ese no es el punto que estoy buscando. Lo que digo, es que esos niños (porque son niños grandes), vienen de un mundo en el que la violencia y la muerte son el pan de cada día, la desesperación de una sociedad en la que no vas a llegar a hacer nada productivo, en la que el mantra común es “come o sé comido”, en la que el único objetivo es sobrevivir, en la que la ignorancia es generalizada, que alguien te de un rayito de esperanza es un cambio radical. Que alguien venga y te de un trabajo, que te saque del mundo en el que vivías y te de una casa propia, estabilidad, y algo en lo que creer, hace que adores a esa persona y abraces fielmente todo lo que te ha enseñado. Porque al final, Abu Zubeir no es su mentor, es su Dios.
    No creo, por lo tanto, que el problema esté en las personas que se inmolan, sino en lo que hay detrás. Porque ahí un puñado de muchachos han muerto, pero la cuestión es que detrás hay un hombre que les ha dado la bomba y casi ha tirado de la cuerda por ellos. Ellos no han elegido eso, los han obligado a hacerlo. Y esas personas que los han modelado para que hagan lo que quieren, siguen ahí, captando gente indefensa, ignorante y desesperada que van a hacer lo que les digan porque no ven otra alternativa. El problema de verdad, está en la sociedad en la que viven, y en las personas que se aprovechan de ellos.
    Y no, no creo que todos los casos sean como los de estos chicos; estoy segura de que hay gente que se inmola porque realmente cree en la causa, sólo digo que parte de la solución no está en buscar las células terroristas, sino en exterminar los cimientos de esa sociedad decadente.

    En definitiva, un libro maravilloso y con mucho fondo.

  7. Luisa 3 de abril de 2017 a 14:00 #

    Hola a todos de nuevo. Cuando cerré la última página del libro, el sentimiento fue de tristeza, profunda e inmensa tristeza. Lo habéis comentado ya varios de vosotros, lectura dura en general y muy dura en algunos momentos.

    Personalmente me encantó, desde la utilización del lenguaje, preciso, sereno, emotivo y la manera en que fluye, con esa aparente facilidad….. hasta la originalidad del formato, narrado desde esa otra dimensión donde parece reinar la calma, la reflexión y el análisis aunque nunca el sentimiento de culpa o claro arrepentimiento.

    Alguno de vosotros lo comparó con “Patria” y yo creo que aunque los dos tratan de empatizar con el mundo del terrorista y su entorno, Aramburu en ningún momento los justifica, cosa que si creo que de alguna manera intenta Binebine. Pienso que es un poco perverso simplificar algo tan complicado como es el fenómeno del yihadismo estableciendo una causa directa entre miseria y hombre bomba y de hecho este libro no podría aplicarse a los terroristas que 3 años antes volaron las torres gemelas, su estatus social, económico y vital eran radicalmente diferentes.

    Desde nuestros parámetros es casi imposible comprender su comportamiento. sobre todo si tratamos de reducirlo a razones religiosas o socio-economicas. El perfil del terrorista yihadista ya no es necesariamente un varón joven, pobre y radicalmente religioso sino que puede ser un hombre o una mujer, joven soltero o amante padre de familia, analfabeto o universitario, religioso o ateo, de clase humilde o de familia acomodada o incluso rica. No hay una personalidad terrorista, no tienen una causa determinante o una patología psicológica o una presión economica, ni siquiera a priori un fanatismo religioso, la mayoría provienen de organizaciones sin vínculos religiosos. Pienso que la explicación tiene que ver con el adoctrinamiento de tipo sectario a que son sometidos, un lavado de cerebro hecho por reclutadores y entrenadores que saben muy bien que teclas tocar, como activar los instintos y emociones básicas canalizándolas hacia sentimientos de desesperanza, humillación, odio y venganza, . La historia está llena de este tipo de despersonalización de los individuos,alienación de las masas, igual que hace el líder de la secta, unas veces utilizando la religión o el nacionalismo o el espíritu patriótico o simplemente el aparato de la propaganda.

    Resumiendo, me encantó el libro aunque tengo algunas dudas sobre si el mensaje es del todo honesto.

  8. fjbarral 5 de abril de 2017 a 23:13 #

    Hola a tod@s

    He terminado el libro algo tarde, y no pude participar en los comentarios de la primera parte … pero quisiera opinar que me parece una tarea loable conseguir esa síntesis en los pasos que explicarían un tema tan complejo sobre cómo se puede formar un fanático de la religión o de conseguir un vida más honorable, cuando parece que sea ése el único camino.

    Primero hay que vivir una vida sin objetivos ni futuro, desesperada, y esto se da en asentamientos de chabolismo (no por la zona sino por la exclusión social), como en algunas vidas que pudieran considerarse acomodadas pero que en el fondo puedan beber de las mismas fuentes (por su aislamiento y sensación de incomprensión). Por eso se encuentran conversos también en clases acomodadas.

    La desesperación y al cerrarse las posibles salidas, por lo que la dedicación y amparo que encuentren en la religión les resultará extraña, desconocida y deseable. Se encuentran atendidos, reconocidos y formando parte socialmente de un grupo. Y es después la posibilidad de perder esta deseada condición lo que les mueve a dar el paso de la lucha.

    También, cuando no hay esperanza no importa tanto morir y en algunos lugares existe el reconocimiento social hacia los mártires, al menos para la familia que queda que quedarían atendidas por su pueblo (esto no lo recoge el libro pero también ocurre).
    Como ya he dicho el relato es muy escueto y simple, pero que consigue acercarnos más directamente a sus aspectos más fundamentales.

    La desesperación no se origina en las poblaciones pobres, sino que ya históricamente ha ido cayendo la consideración de unos pueblos que se ha considerados y también han sido apartados del desarrollo por los países occidentales. No han sabido tomar las riendas y adaptarse a los nuevos tiempos. Sus intentos de modernización se han encontrado con fracasos y traiciones de otros países.

    Al final de la historia nos vuelve al principio, nos la presenta cíclica. Nos avisa que si no se rompe este círculo de condicionantes, no se produce una apertura o una salida, esto seguirá y puede que empeorando… Pues no decía ya Tomas Moro en su libro “Utopía” algo sobre este asunto: “Porque, decidme: Si dejáis que sean mal educados y corrompidos en sus costumbres desde niños, para castigarlos ya de hombres, por los delitos que ya desde su infancia se preveía tendrían lugar, ¿qué otra cosa hacéis más que engendrar ladrones para después castigarlos?

    El libro creo que está más bien dirigido a la sociedad occidental para hacerla pensar en su posible papel en esta generación de violencia. No directamente, pero sí permitiendo abusos, el mantenimiento de regímenes despóticos para asegurarse los recursos de los países, la falta de conocimiento y reconocimiento de otras culturas … y otras actuaciones que pensamos que no hacemos, pero que se puede saber que sí lo hacen algunos bancos dónde guardamos nuestros ahorros, las tiendas en las que compramos sin saber si son productos fabricados con abusos. Siempre que resulte que en los medios de comunicación se ignoren los cientos y miles de muertos de lugares lejanos y se magnifique cada uno que se produce en nuestras tierras. Cada muerte debería valer igual y ser igualmente rechazable.

    Debemos reconocer que la autoinmolación es un acto de desesperación, no sólo de terrorismo, ya que cualquier persona pretende salvar su vida si tiene esperanza de futuro. El terrorismo y los actos de sabotaje han sido usados por multitud de países e incluso ensalzados según el bando, pero lo rechazable y lo que asusta en aquellos casos es la extrema violencia y salvajismo primitivo, tan fuera de lugar en nuestra sociedad actual.

  9. fjbarral 5 de abril de 2017 a 23:22 #

    En cuanto a los nombres árabes, para conocer más, os aporto el siguiente enlace, donde puede encontrarse que “Abu” significa “padre de”, porque era común al menos antiguamente mostrar el orgullo por el primogénito, u otro por algún motivo, hijo o hija, de esta forma. Umm(u), sería “madre de”.

    https://es.wikipedia.org/wiki/Onom%C3%A1stica_%C3%A1rabe

  10. Lory 6 de abril de 2017 a 9:18 #

    Hola a todos: Anoche tuve un fallo tecnológico xq cuando casi terminaba de escribir comentario, no sé qué tecla toqué que desapareció y no tuve fuerzas para repetir. Y ahora, al leer a fjbarral he visto el motivo: tenía que leer antes su comentario tan acertado, a mi modo de ver. Anoche escribía, más o menos, “libro genial, me gustó bastante y permitió acercamiento a situaciones y culturas distintas”. Y ahora: QUÉ?
    Había comentado muy exhaustivamente la primera parte y me siento vacía. En los apuntes me queda solo una nota del cap. 13 que aporta otro apoyo a estas historias: “los hermanos Ubaida era de lo más popular. Si no fuera xq las elecciones no pasaban de las puertas de la muralla (xq ya nadie creía en ellas) las habrían ganado con toda facilidad y serían PRESIDENTES VITALICIOS DE Sidi Moumen, COMO EN TODO PAIS ÁRABE QUE SE RESPETE”. Es una sutil ironía del autor que nos deja ver el estilo de política y poder que impera en estas zonas y que todos cooperamos a mantener, no podemos olvidarlo.
    Estos últimos días, me voy del libro pero es inevitable xq el tema es pan de cada día, junto al atentado en S. Petesburgo, condenable, sin duda, nos llegan imágenes del bombardeo de Siria con gas sanín a la población civil: 14 muertos en uno, 100 en el otro.
    Y AHORA: QUÉ?
    La realidad casi siempre supera a la ficción cuando se trata de la vida.
    El libro me parece creíble y está basado en hechos reales; no obstante ya sabemos que el escritor puede manejar los hilos de las palabras.
    Para ir más allá, me faltan datos.

  11. María Vieites 6 de abril de 2017 a 15:27 #

    Buenas tardes compañeros de lectura,

    Como a la mayoría de vosotros, me ha gustado el libro.
    Ha sido una buena elección.
    No había leído a ningún autor marroquí y me ha sorprendido gratamente.

    La narración es sencilla, agradable, se deja leer, en una palabra.

    No obstante, y respecto a la cuestión tratada en el libro, no puedo por más que afirmarme en lo que ya apuntaba en mis comentarios sobre la primera parte, y que veo es coincidente con lo que Luisa dice de forma muy gráfica y clara.

    Es probable que Binebine no quisiese “justificar” la acción de estos chicos, pero a mí me sigue quedando la duda.
    Es más, hasta creo que el protagonista que nos narra la historia desde el “Paraíso prometido” sabe y es consciente de lo que van a hacer, de que van a matar a miles de personas para poder acceder a una vida y una situación mejor.

    De acuerdo que la sociedad occidental debería ser más consciente de la situación y de lo que estamos haciendo, pero en ningún caso ello puede justificar este tipo de acciones. Nunca debería poder apelarse a un Dios de la clase y condición que sea para justificar una matanza de personas indiscriminadamente……..

    Nos leemos.

  12. isasplaceblog 7 de abril de 2017 a 7:49 #

    Totalmente de acuerdo en tu reflexión. No creo que el autor trate de justificarlo, pero eso ya va a opinión personal y a lo que te transmite cuando lo lees; sin embargo tu comentario final me encanta: la religión debería ser algo pacífico, que transmita tolerancia, y no un motivo para declararle la guerra a otros que no opinan como tú.
    Un saludo.

  13. xab 7 de abril de 2017 a 18:02 #

    Por fin me decido a escribir. Hasta ahora no me he atrevido a decir nada porque no me sentía cómodo escribiendo sobre partes del libro arriesgándome a hablar de lo que no procedía aún.
    En primer lugar, quiero agradecer a Chus el trabajazo que hace. Los textos que cuelga son muy largos y están muy bien escritos. Supongo que tuviste unas notas excelentes en literatura en el instituto, y si no por favor danos la dirección de tu profesor/a e iremos a decirle un par de cosas.

    Respecto a la novela, coincido con la mayoría en que me ha dejado con muy mal cuerpo, por más que sabíamos ya cómo terminaba. Me ha parecido muy sencilla en su estructura, muy fácil de leer, cortita y muy bien escrita, con un ritmo impecable y un final muy bien resuelto (muchas novelas fracasan en el final). Perfecto también el recurso narrativo de la primera persona a través de un espectro.

    Lo que cuenta el autor es para mí totalmente creíble. Se entiende perfectamente que unos olvidados por el Estado y la sociedad, dejados de la mano de Dios, se aferren a esta en cuanto se les ofrece.

    Para mí, las novelas dan acceso al conocimiento de una manera que un libro teórico no puede. Si leemos un tratado sobre el islam y la yihad, o sobre terrorismo, nos darán datos pero no sentiremos lo que sienten los terroristas, ni las víctimas, ni los inductores. Es por esto que lamento no estar de acuerdo con quienes consideran que el autor parece justificar los crímenes. La ficción debe ser libre de ataduras morales, que para eso es ficción (si exceptuamos las fábulas o textos con finalidad formativa). Fijaos que yo eliminaría incluso algunas pinceladas de moralina que me ha parecido detectar en la narración de Yashin. Lo que le pido a esta novela no es que me convenza de lo que ya pensaba, sino que me ayude a conocer el punto de vista que no alcanzo a comprender. Salvo que estemos hablando de psicópatas, cuyas motivaciones no obedecen a razón ni sentimiento alguno, todos los criminales actúan motivados por algo, algo que ignoro y no entiendo, y eso es lo que quiero ver en la ficción. Es más, aunque la novela está bien como está, no me hubiera importado que hubiera desarrollado algo más lo personajes que inducen al crimen. En el llanto de Abu Zubeir me parece vislumbrar algo de esto que se me escapa y que me gustaría entender. Contra lo que algunos parecéis opinar, estoy seguro de que los inductores son tan humanos como nosotros (bueno, quizá no tanto, pero casi). Analizados de cerca, probablemente sean padres amantes de sus hijos (de sus hijas un poco menos) y que sufren al enviar soldados a morir. En esto serían exactamente iguales que cualquier militar en una acción de guerra. En resumen, que me ha gustado mucho la novela porque me ha servido para conocer y comprender las motivaciones de gente cuyos actos me parecen atroces. No dejan por ello de ser atroces, pero me aporta un enfoque humano al suceso.

    Otra cosa que me sorprende es la extraña relación que se da en la novela entre los hombres y el sexo homosexual. El personaje de Nabil despierta pasiones por su belleza, pero solamente en hombres. En una sociedad de cultura mahometana, reprimida por lo tanto, me deja muy descolocado esto. No sólo la violación por parte de sus compañeros, que podríamos considerar una muestra de salvajismo más, sublimada por las drogas. Es que además Nabil es perseguido por toda clase de hombres adultos con aviesas intenciones, y el narrador lo encuentra de lo más normal, dado su enorme atractivo. No sé encajar esta tan generalizada inclinación homosexual en una sociedad tan refractaria al amor libre y la sodomía. ¿Es acaso que la autorrepresión produce estos extravíos? Yo no lo creo. Confío más bien en una explicación cultural. Es una creencia extendida en sociedades muy machistas y anticuadas que los hombres tienen una necesidad animal de obtener satisfacción sexual cuando algo se la provoca, sea este algo persona o animal, de sangre fría o caliente. Esto es consustancial a la condición de varón, y por lo tanto inevitable. No así, sin embargo, en el caso de las mujeres, que no sufren esta pulsión y tienen la reserva de su pureza como algo intrínseco a su ser, a no ser que estemos hablando de perdularias o rameras. Esta manera de diferenciar a las personas según su naturaleza quizá explique que los varones no se controlen ante un chico guapo, pero no explica que no persigan de la misma manera a las mujeres. O quizá sí que persigan a las mujeres de la misma manera, y de ahí que tengan normas tan restrictivas con respecto a su libertad de salir solas o de mostrar partes de su cuerpo.

    Nos leemos por aquí.

    • tonichin 9 de abril de 2017 a 10:21 #

      A mí no me hubiera importado una versión más cruda de la historia. También más desarrollo, como comentas, en los personajes que inducen al crimen.

  14. Lory 7 de abril de 2017 a 18:49 #

    Terminaba mi anterior comentario diciendo que me falta conocimiento profundo de estas culturas pero al hilo del comentario anterior me sale decir que, por lo que he leído, se da como natural la relación entre hombre-niño, que para nuestra cultura sería pederastia; quizá lo ven como una especie de iniciación?… Hay cierto matiz de esclavitud en esas relaciones que proliferan más en clases adineradas. La mujer está más reservada para el papel de madre.
    También creo que, en el tema que sea, si hay represión es como un globo que al apretarlo por un lado estalla por el otro. No sé si consigo explicar. Tampoco pienso que esto sea lo más importante del libro, pero llama la atención a nuestra manera de pensar.
    Buen finde

  15. Lea schutz 9 de abril de 2017 a 23:00 #

    Estimad@s:
    El libro me impresionó desde las primeras páginas.
    Es un tema sobre el cual nunca había leído en forma novelada,ni tampoco conocía al
    escritor.
    A mi parecer no es un asunto que tenga varias lecturas,sin embargo él planteó de Chus,nos hace ver desde otro lugar,la manera de captar a estos jóvenes de vidas miserables que debe ser la adecuada,haciéndoles sentir que son alguien,sea a través de las charlas,sea proporcionándoles trabajos para así hacerlos salir de la mugre donde viven.
    “Estábamos de acuerdo en lo de lavar con sangre,nuestro honor perdido”.Que los jihadistas
    Se aprovechan de los desamparados que no tienen lo que perder,puede ser una manera lineal del planteo,no así todo el relato desde que los captan utilizando todos los artilugios que tienen a mano.
    Desde simular amor y emocionarse frente a los jóvenes hasta ofrecerles canastos de comida para sus familias;premiándolos con una excursión a las montañas,pasando por el mar.
    Ese camino utiliza el propio resentimiento de los chicos,ofreciéndoles alcanzar él paraíso.
    Me gustó el recurso con el que el protagonista va relatando hacia atrás,pero desde una “nebulosa”.
    Muchas gracias,exelente elección!
    Saludos a tod@s,Lea

  16. panantel 10 de abril de 2017 a 23:48 #

    Buenas noches compañeros de lectura.
    El libro ha conseguido que pueda ponerme en el lugar de quién muchas veces critiqué, por lo que me parece que el autor ha conseguido lo que pretendía, al menos en mi caso.
    Se que la relación entre yihad- pobreza puede parecer simple y que no todos los atentados, guerras y demás consecuencias negativas del extremismo tienen una única explicación. Lo que si me parece claro es que la pobreza, la incultura y la mala fe de los poderosos hacen que la situación de muchos países musulmanes sea insoportable para los más desfavorecidos.
    Me ha gustado mucho la forma de narrar el final de la historia, cómo vuelve otra vez al vertedero y la historia se perpetúa. Únicamente un cambio radical político y social podría frenar la situación.
    Saludos!

  17. melenalviento 11 de abril de 2017 a 14:33 #

    Hola de nuevo!
    Para mí, esta segunda parte tiene un cambio de ritmo muy marcado: desarrollo muy rápido y tendencia muy lineal, parece como si con la llegada de Abu Zubeir los personajes iniciaran un descenso en una montaña rusa sin final. De hecho, aunque algunos de los personajes, Hamid, por ejemplo, son conscientes de cuál será este final, parecen, excepto Fuad, aceptarlo resignadamente, sometidos a los designios divinos pero también, como indica el protagonista-narrador, rendidos al juicio de la nimiedad de sus existencias.
    Respecto a la pregunta de Chus, el proceso de captación es, para mí, creíble, pero está muy simplificado, por lo que parece demasiado lineal. Me hubiera gustado que el autor explotara un poco más la confrontación con Ghizlane, o con otros personajes, que se planteara algo más de tensión en esa conversión. Tampoco pasaba nada porque la novela tuviera 20 o 30 páginas más si iluminaban un poco más este camino.
    Por otro lado, varios de los comentarios expresan una cierta inquietud acerca de la intención justificadora del autor. Por mi parte, no la veo. Yashin es un espectro que en determinados momentos puede recordar los sentimientos que lo motivaron, pero es un espectro desencantado: cuando se refiere al lugar donde está usa la palabra purgatorio, no habla de edenes ni de ángeles ni de huríes y las palabras finales hacia sus líderes destilan rencor: “Abu Zubeir, el emir Zair y sus compañeros debían de estar frotándose las manos ante sus televisores”. Incluso los culpabiliza en varias ocasiones de sus muertes, y de las de los prójimos, casi como descargando su conciencia. El párrafo de las páginas 85 a 86 es singularmente revelador: “[…] todas las razones que os den, por muy tentadoras que resulten, son razones para morir.” Y en la misma página: “A veces me digo que la incapacidad de intervenir para cambiar las cosas es quizá el infierno propiamente dicho, porque no he dejado de achicharrarme desde el día de mi muerte”.
    Tal vez sea conveniente diferenciar entre la humanización de una conducta que tendemos a deshumanizar por lo abyecta, desesperada e inconcebible que nos parece y la justificación de esa conducta. Lo primero nos haría ver que incluso cuando llevamos a cabo actos de suprema maldad somos personas y negarlo sólo cumple la función de cosificar al que obra mal para que podamos ejecutar sobre él nuestra venganza sin cargo de conciencia. (Durante gran parte de la lectura, tengo una cita en mente, pero no la recuerdo con exactitud, ni tampoco su autor: “Incluso Herodes, cuando ordenó matar a los inocentes, creía hacer el bien”)
    Como personas podemos tener motivos. Justificar significa considerar que esos motivos son válidos para que se acepte nuestro comportamiento, y Binebine no muestra intención alguna de justificar la motivación de los atentados, sino más bien exponer, como indica fjbarral en su comentario, que el caldo de cultivo sigue ahí y seguirá mientras se alimente y plantear, como observa Tomás Moro, ¿hasta qué punto estamos recogiendo lo que se ha sembrado?.
    La novela me ha encantado. La intención de Binebine de remover la conciencia del lector la logra sobradamente, como se puede comprobar por los comentarios. Y está muy bien escrita. Enhorabuena por la selección.

    • tonichin 11 de abril de 2017 a 23:59 #

      Al hilo de lo que comentas, creo que algo en que se nota que Binebine no está intentando justificar el atentado es en las pequeñas contradicciones en que incurre el protagonista porque, si bien es cierto que hace comentarios como los que señalas, tampoco faltan aquellos de los que se deduce que no se retracta en absoluto de lo que ha hecho.

      Creo que Yashin navega entre las dos aguas sin dar muchas explicaciones para poder exponer sus inseguridades, indecisiones, las situaciones en las que se ve envuelto por dejarse llevar, atrapado por las mieles de sus dioses terrenales y divinos y con las que, a toro pasado, parece empezar a discrepar.

      Y creo que precisamente ahí está la clave. Hacia el principio del libro su declaración de intenciones es “no me arrepiento de nada”. Después va relatando su historia y la de quienes lo rodean, como dándonos a entender que son “motivo suficiente”. Pero a medida que avanza, en particular desde el momento de la “captación”, donde la historia empieza a centrarse en el protagonista, vemos que el nivel de reproches va en aumento. Al menos, así es como yo he percibido el vaivén del pensamiento de Yashin, no sé si a vosotros os ha parecido muy distinto.

      • melenalviento 12 de abril de 2017 a 0:34 #

        Sí noté las incongruencias, pero me parecieron fruto de la lucha interior de Yashin: por un lado, desea romper con las injusticias que vive y con las que le lavan el cerebro y desea llevan una vida justa y ordenada; por otro lado, es consciente de que su inmolación no sirve para nada, ni cambia nada, ni aprecia justicia (ese instante de lucidez, cuando ve en los niños del hotel el rostro del niño palestino)… Es un personaje que pasa de idolatrar a un futbolista a idolatrar a terroristas suicidas. Desea el paraíso occidental, pero se convierte en su brazo ejecutor… Esas incoherencias enriquecen al personaje.

      • tonichin 12 de abril de 2017 a 0:50 #

        Completamente de acuerdo. También me da la sensación de que no desarrollar de una manera “razonada” esas incoherencias, sirve directamente al hecho de que son niños no escolarizados a los que, a la postre, se les han lavado el cerebro. Con el beneficio añadido de que Binebine no tiene por qué ahondar en el asunto.

  18. CARMEN LINARES 11 de abril de 2017 a 15:41 #

    Hola a tod@s:

    El libro me ha gustado, pero no sé porque no he llegado a empatizar con el protagonista. En el fondo creo que, a pesar de los comentarios tan acertados de mis compañeros tales como fjbarral o María Vieites, creo que fue un acto de egoísmo. Se detalla el proceso de adoctrinamiento que reciben los chicos en situación absoluta de desamparo, me da mucha pena todo ello y además creo que cualquiera podría en esa situación ser una víctima. Una víctima egoísta que lo hace por el paraíso prometido que no es nada de paraíso, tal y como se deja entrever. A lo largo del libro se cuentan varias historias, que resultan muy humanas y sin embargo al final todo da igual.

    Nos leemos. Saludos.

    • tonichin 12 de abril de 2017 a 0:13 #

      ¿A qué te refieres con que al final las historias que se cuentan dan igual?

      Yo creo que las historias están puestas ahí para intentar meternos en la piel de estos pobres chavales. Por eso interesa mucho, como dices, que sean muy humanas. Yo incluso diría que el capítulo de la perpetración del atentado está contado como una historia más, en el mismo tono que el resto del libro, y también está bastante humanizada. Para muestra, un botón: Los gemidos sonaban en varias lenguas, pero los llantos no tenían ni color ni patria. Llantos de humanos tirados por el suelo, aturdidos, pasmados, perdidos.

      • CARMEN LINARES 12 de abril de 2017 a 11:50 #

        Hola Tonichin, me refiero a que a pesar de sus vivencias al final todo da igual para ellos. El final desemboca en ese atentado. Me hubiese gustado que se desarrollase un poco el impacto que tuvo en sus amigos, por ejemplo, ya que sí que se detalla el dolor de su madre pero qué pasó después.. Saludiños

    • melenalviento 12 de abril de 2017 a 0:52 #

      El tema del egoísmo no lo veo claro. A fin​ de cuentas, está entregando su vida por una causa (justa o no). Lo poco que tiene. No hay un acto de mayor altruismo que entregar la vida propia.
      Pero además, él mismo no se toma en serio dicha recompensa. Bromea con ella.
      A Yashin le hacen creer que vale más su muerte por la yihad que su vida entre basura. Y, a pesar de sus reservas, lo acepta porque es lo que cree que se espera de él, tal vez porque ha encontrado a alguien que espera algo de él…

      • CARMEN LINARES 12 de abril de 2017 a 11:54 #

        Hola melenalviento :), yo veo egoísmo inocente e ignorante. Para el no es un acto altruista dado que busca el paraíso, solamente desde allá se da cuenta de lo que ha hecho. El valor de su vida es insignificante para el, desde su situación, su falta de todo, lo único que ve en morir es en conseguir un objetivo. Comentas que no se toma en serio dicha recompensa pero una vez muerto, antes de vivo en ningún momento muestra temor a morir por algo. Saludiños.

      • melenalviento 12 de abril de 2017 a 12:48 #

        Hola!
        Tampoco recuerdo que diga: qué bien que me voy al cielo con los ángeles y 40 vírgenes para mí solito!
        Les manipulan hasta el punto de hacerles desconfiar de cualquier señal de debilidad o arrepentimiento, que vendría del propio Satán. Les adiestran para que repitan mentalmente qué tienen que hacer, para que obren mecánicamente. Ni siquiera reacciona cuando escucha el lenguaje universal de los lamentos, o cuando ve en el rostro de los niños del hotel el rostro del niño palestino.
        Igual estoy equivocado…
        Pero creo que el sacrificio lo ve como una forma de darle significado a su vida, de transcender. Eso sí, desde su inocente ignorancia juvenil.
        Una pregunta: ¿cómo puede ser el egoísmo inocente?
        Y otra: ¿Fuad se echa atrás por sí mismo o por los prójimos? ¿Es más o menos egoísta que Yashin?
        Un placer! Saudiños!

  19. CAT 12 de abril de 2017 a 14:16 #

    La verdad que pocas cosas quedan ya que resaltar, pero intentare aportar algo más. Me ha gustado mucho cómo está narrado el final del libro. Me encantó el momento donde se describe el exterior del hotel desde el punto de vista del narrador. Se fija en unas palmeras y el agua cristalina de la piscina, que jamas había pisto antes…a mi me ha parecido como un enlace entre lo que el protagonista esta viendo en ese momento y lo que cree que le espera en el paraíso. También creo que ese escenario le vale de motivación para dar definitivamente al botón. En mi opinión.

  20. CARMEN LINARES 12 de abril de 2017 a 14:31 #

    Hola, en respuesta al comentario de cómo puede ser el egoísmo inocente hecho al hilo de un comentario , pues solamente puede ser en la infancia, creo. Sdss.

  21. ROCIO PILAR DIAZ 19 de abril de 2017 a 15:05 #

    Hola, Buenas tardes
    Siento el retraso en mi participación. Espero y deseo cumplir a tiempo los próximos plazos.
    Novela conmovedora, En nuestra vida es difícil sentir la miseria tan cercana, en lo cotidiano. El autor me ha llevado a una familia donde existe el amor entre hermanos y el amor de su madre, todo envuelto en un lugar tan misero, desgraciado, triste, donde mejor morir que volver.
    La novela no me ha dejado indiferente, como bien vaticinaba Chus. Durante la lectura, el entramado te lleva a reflexionar, y una vez terminada, entras en preguntas, conflictos de pensamientos, dilemas en algunas certezas que ya tienes instauradas en tu criterio . en definitiva, debate interno.
    Para mi esta narrada muy bien, Una primera parte magistral, que te va llevando donde el autor quiere. El final esperado,,algo mas esperaba . Creo que la muerte buscada, atraída de esta forma, puede tener más profundidad.

    gracias por todos vuestros comentarios, aprendo muchísimo compañeros del club
    un abrazo ;))

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