Rondo como un fantasma forastero por el reino de mis recuerdos de la infancia

26 Mar
8015251690_e85cbac10d_n

Fantasma. Foto en flickr de La chica de las medias de rayas. Algunos derechos reservados.

Un paseante podría bordear nuestro poblado sin sospechar ni por un momento de su existencia. Con estas simbólicas palabras comienza la novela. Simbólicas porque se refieren no sólo a la barriada de Sidi Moumen donde viven nuestros protagonistas sino a ellos mismos encerrados dentro de un muro imponente de adobe. Nadie los ve por lo tanto nadie va a saber nada de sus vidas, de sus deseos o esperanzas. No existen. La mayoría no ha salido nunca del poblado, viven en ese micromundo. Enseguida vamos a saber que nuestro protagonista, la voz narrativa, Yashin, está muerto: No me quedé mucho tiempo en la vida, porque en la vida no había gran cosa que hacer. Y tengo empeño en decirlo sin más demora: no lamento haber terminado con ella. No echo de menos ni poco ni mucho los puñeteros dieciocho años que me tocó vivir […] En fin, me alegro de estar lejos de las chapas onduladas, del frío, de las alcantarillas reventadas y de todos los miasmas que anduvieron por mi infancia.

Yashin nos va introduciendo en su vida, en su familia con la omnipresencia de Yemma, la madre, a la que adora, y de su hermano mayor, Hamid, su ídolo y su protector: de todos los rebuscadores del vertedero, puedo decirlo sin presumir, mi hermano Hamid era el que más valía. Tenía algo así como un sexto sentido para encontrar la perla de valor. Su olfato animal, al que se sumaba una inteligencia precoz, lo hacía, de entrada, superior al conjunto […] A mí me fascinaba mi hermano Hamid. Me protegía. También me mimaba. Podía ponerse violento si alguien se metía conmigo. Pronto vamos a descubrir que Sidi Moumen es una “ciudad sin ley” donde puedes matar a alguien sin que nadie se entere y sin que nadie lo busque enterrándolo en el vertedero y pensando todos que había huido de la barriada para buscarse la vida en la ciudad, un lugar donde la violencia es omnipresente, donde crecen con sus propias leyes: Sí, a veces mi hermano era injusto. Y eso que me quería. Habría hecho lo que fuera por mí.

Yemma es el alma de esa familia de once miembros, la mujer más limpia y la más previsora con quien me haya topado jamás […] pendiente de todos, nos cuidaba como una gallina a sus polluelos. El padre, Magdul, al que casi nunca llama por su nombre, al contrario que a su madre, es un hombre que había decidido hacerse viejo antes de tiempo, sentado a lo moro en su rincón, pasando sin parar las cuentas del rosario de ámbar. El antiguo obrero de las canteras es como un cero a la izquierda sin ninguna autoridad, sin hablar siquiera, todo lo contrario de Yemma que ayuda a todo el mundo: tenía un corazón de oro. Parecía cargar ella sola con todo el desvalimiento de Sidi Moumen. A Yashin le cuesta imaginarse otra relación entre sus padres diferente a la que contempla todos los días: me costaba imaginarme a mi padre en el mundo de los vivos y a Yemma como una mujer enamorada.

A continuación le toca el turno a sus amigos que son como su familia si no más importantes. El hermoso Nabil, su mejor amigo, cuya belleza la había sacado de su madre, Tamu, una puta que había decidido consagrar sus encantos a los ociosos de Sidi Moumen y que es respetada por todos  porque  vuelve locos a los hombres y también desempeña ocasionalmente el oficio de cantante en las diversas celebraciones del barrio. Los dos inseparables amigos trabajan para Hamid recogiendo cosas en el vertedero y se han construido un refugio, un chamizo donde poder estar solos, aunque más tarde se convertirá en el cuartel general de todos, y soñar con una vida más allá del muro de adobe. Pero también aman a su barrio: no me da vergüenza deciros que a veces fui feliz entre esos escombros repugnantes, en las basuras de esa cloaca maldita, sí, fui feliz en Sidi Moumen, mi tierra.

De todas las Estrellas de Sidi Moumen, sólo Fuad tuvo la oportunidad de asistir a la escuela, que estaba a unos cuantos kilómetros del poblado de chabolas. Quizá porque su padre es el almuédano, guardián e imam de la mezquita. Y quizá también por ese motivo no deja jugar al fútbol a Fuad, aunque él se escapa porque su único sueño es jugar al fútbol con nosotros.  Luego, cuando su padre le pilla le dará una paliza. Toda la vida de estos chicos gira alrededor del equipo de fútbol y los partidos memorables que juegan en el vertedero. No son religiosos: cuántas veladas pasamos en aquella chabola, acurrucados unos contra otros oyendo los cánticos del Atlas Medio y los ritmos endemoniados de Nass el Ghiwan… ¡Cuántos porros nos fumamos y cuantas historias rocambolescas soñamos allí. A los catorce años Fuad se queda huérfano de padre y se convierte en cabeza de familia, lo cual tiene sus ventajas porque ya no recibirá las palizas de su autoritario padre y dejó en el acto de ir a la escuela y encargó que le hicieran un puesto con ruedas donde empezó a vender los dulces que cocinaban su madre y su hermana Ghizlane. Maduró de golpe.

Las Estrellas de Sidi Moumen tienen muchos rivales, otros equipos de las barriadas, con los que juegan partidos: nos reuníamos los domingos en el vertedero para celebrar encuentros legendarios que solían terminar en combates de gladiadores. Peleas inmisericordes de las que regresábamos todos más o menos descalabrados. Sin embargo, no podíamos por menos de repetir la semana siguiente. Necesitábamos enfrentarnos, pegarle golpes a un balón o a la cara de alguien. Nos servía de desahogo.

Ali es hijo de un carbonero tacaño que explota a su hijo y que cuando sospecha, cosa muy frecuente, que le ha robado dinero le pegaba con todas su fuerzas hasta hacerlo sangrar […] Como muchos de nosotros, había domesticado esos golpes. Ahora ya formaban parte integrante de su vida, igual que la amargura de la humillación, igual que la fealdad que nos rodeaba por todas partes, igual que ese condenado destino que nos había entregado, atados de pies y manos, a estas ruinas innominables.

Jalil es con el que menos afinidades tiene Yashin: nos pasábamos la vida peleándonos en el campo. Y, a veces, fuera del campo. Jalil es defensa en el equipo  y Yashin el portero por lo cual necesita del buen hacer de Jalil: tengo empeño en rendir público homenaje a ese muchacho de talento. El motivo de sus peleas quizá fuera que Jalil no había nacido en Sidi Moumen y por ese motivo los mira por encima del hombro, aunque Yashin piensa que debía de ser más desdichado que la mayoría de los granujas de la zona. Nacer entre el barro es más tolerable que verse en él sin remedio ya con cierta edad […] era indudable que tuvo que padecer esa caída. Las callejas más sórdidas de la medina valen mucho más que nuestro poblado de chabolas. El milagro de Sidi Moumen es que todo aquel que fracasa en la ciudad o viene de una pobreza mayor que la del poblado de chabolas se adapta con gran facilidad a su nueva vida en la barriada: se meten en el molde de una derrota resignada, se acostumbran a la mugre, echan por la borda la dignidad, aprenden el arte de la chapuza y a remendar la existencia […] Ahí están y sueñan. Saben que anda rondando la de la guadaña y que se mete primero con los que han dejado de soñar. Pero ellos no tienen intención de morirse. Se apiñan hombro con hombro, se apoyan. Jalil acaba adaptándose a su nueva vida y los demás le aceptan. Deja de ir a la escuela y se hace limpiabotas. Es el único que va a la ciudad y, cuando están todos reunidos en el refugio, les cuenta sus andanzas. Una ciudad que los demás no conocen. El otro lado. La otra vida soñada.

Ya conocemos a la pandilla, a los protagonistas de esta historia. Son una familia: si uno de nosotros se encontraba con un marrón, los demás se presentaban como un solo hombre para sacarlo del apuro. Se apoyan, se quieren, comparten su vida, el fútbol, las peleas, las risas, los sueños. Tienen su refugio para reunirse y dar rienda suelta a la alegría a través de los porros, la música y el baile. Nabil siempre se lanza a bailar imitando a su madre. Al bello Nabil de pelo castaño ensortijado, piel blanca y ojos claros lo arrastraba una ola poderosa y secreta. Una noche, después de ganar un partido a su mayor rival, van todos a celebrarlo al refugio: porros, café, alcohol, música y Nabil eufórico contoneándose: estábamos en un mundo irreal, lejos de la basura y de la mugre, lejos de la miseria y de los fantasmas que rondan por ella. Lo único que contaba era esa sensación de ser invencibles en que estábamos sumergidos todos. Éramos los reyes del mundo. Borrachos, bebiéndonos las nubes, dando palmadas y vociferando de dicha. Nabil giraba tanto sobre sí mismo que la gandura se inflaba. Echaba miradas provocativas y daba más y más vueltas. Luego, igual que un paracaidista en el centro de su tela, se desplomó y cayó al suelo desmayado. Habría podido jurarse que un ángel enamorado y celoso había intrigado para que ocurriera esa caída.

Lo que ocurre a partir de ahí es que todos, empezando por Hamid, van a violar al inconsciente Nabil. Sólo Yashin está escandalizado: yo me había vuelto para no ver ese espectáculo desolador del que no oía sino jadeos mezclados con las canciones de Nass el Ghiwan. Cuando le toca el turno en vez de salir corriendo de ese lugar maldito del que se había adueñado Satanás se queda dudando porque teme que le tomen por un marica (¡!) y se acerca a Nabil sudando y llorando. Le salva que éste se despierta en ese momento. Todos se van avergonzados mientras Yashin le baja con delicadeza los faldones de la gandura. Respecto a este tema, os transcribo las palabras de Mahi Binebine en una entrevista concedida a “La Razón”: Tenemos una cultura en la que las mujeres deben permanecer vírgenes, a pesar que estamos en 2015. Todavía hay mujeres que pueden ser repudiadas si el día de su matrimonio se descubre que no son vírgenes. El resultado es que las familias protegen mucho a las niñas. Eso ya no sucede tanto en las grandes ciudades, pero en el campo y en los barrios de chabolas sí es una costumbre muy arraigada. Así que los chicos se las apañan entre ellos como pueden, y a lo mejor las chicas también, quién sabe. Introduje el elemento sexual en la historia porque me gusta meter el dedo en todo aquello que no sea tabú y decir: “No es tan grave”.

A continuación viene un “flashforward” o prolepsis en el que vamos a asistir al entierro de Yashin visto por él mismo: una muerte casi sin cadáver, porque el mío lo recogieron con cucharilla. Lo irónico es que enterraron conmigo unos restos de Jalil […] Henos aquí reposando juntos en el mismo cuadrilátero, a la sombra de un azufaifo, al fondo del cementerio,  nosotros que nos llevábamos tan mal. No nos ha correspondido plegaria alguna porque en las tumbas de los suicidas no se reza. Aún estoy viendo a mi padre, a mis hermanos y a los más arrojados de las Estrellas de Sidi Moumen alrededor del agujero donde acababan de meterme. Yemma, o más bien lo que quedaba de ella, que ha desaparecido el día que le comunican la carnicería que mi hermano Hamid, yo y otros terroristas habíamos hecho en la ciudad; las decenas de muertes inocentes, los considerables daños materiales, el pánico en todo el país, aparece en el cementerio. Ese ser andrajoso que andaba descalzo por el paseo invadido por zarzas, despeinado, con la mirada ida, allí en medio del recinto, era desde luego mi buena y anciana madre. Venía a despedirse de nosotros. Transgrede la tradición inmutable de que las mujeres no entren en el cementerio los días de entierro. Se hace un silencio inmenso y todo el gentío se abre para dejarla pasar hasta el borde de la tumba de su hijo Yashin mientras masculla un versículo del Corán. Así fue como una mujercilla de nada, que algunos tomaban por loca, consiguió imponer a los hombres un entierro digno para sus hijos. Sobrecogedor todo el capítulo.

No, no hubo solo momentos sombríos en Sidi Moumen. También me correspondió mi parte de felicidad. Una prueba: mi historia de amor con Ghizlane, la hermana pequeña de Fuad. Con esta hermosa historia termina la primera parte en que he dividido la lectura. Si existió algo por lo que habría renunciado al “adiós”, ese algo era desde luego mi amor por Ghizlane. Y pensar que se podrían haber ahorrado varias vidas si ella me hubiera retenido. La mía para empezar, y luego las de los demás; esos a quienes no conocía y me llevé en el morral, igual que un cazador furtivo […] En vida, no habría sabido describirla como ahora. No me enseñaron palabras para nombrar la belleza de los seres y de las cosas, la sensualidad y la armonía que los ensalzan. Y resulta que este fantasma enamorado que soy ahora siente la necesidad fútil de explayarse. De contar por fin esta historia que rumia mi pensamiento desde el día de mi muerte. Os dejo a vosotros que os explayéis como Yashin sobre Ghizlane, esta sensible, risueña y profunda muchacha y su incipiente y truncada historia de amor.

Plazos

Ahora sí ya es hora de vuestros comentarios sobre esta primera parte y sólo sobre ésta 😉 Disponéis de una semana para comentar todo lo que consideréis interesante. ¡Espero que sean muchos los comentarios! La novela lo merece, desde los personajes, sus vidas, la barriada, la voz narrativa, el estilo, los acontecimientos que se suceden… A la vez que comentamos seguiremos leyendo la novela desde el capítulo 10 (pág. 85) hasta el final de la novela.

 

Anuncios

22 comentarios to “Rondo como un fantasma forastero por el reino de mis recuerdos de la infancia”

  1. Ana María Heinze BFRP 27 de marzo de 2017 a 2:26 #

    Hola a tod@s

    Hacer visible lo invisible, ciertamente Yashin nos permite entrar en ese mundo invisible de la miseria . Humanizar al autor de un atentado me parece una tarea difícil, pero Binebine lo logra. Definitivamente todo gira alrededor del valor de la vida en esos lugares, yo diría que la vida no tiene ningún valor en esas comunidades. El relato del hermano de Yashin cuando mata al abusador, el cual termina enterrado en el basural, es un claro ejemplo de esto. Y si la vida no tiene valor, es tan fàcil dar ese paso a ser un caballo de DIos, es solo un paso más. SIn embargo cuando Yemma la madre aparece en la escena del entierro, yo sentí una extraña compasión, ella es una mamá y ellos allí enterrados sus hijos, no son los suicidas, son los hijos de Yemma. Me pareció una escena bellamente escrita.
    Indudablemente el tema es complejo, el fanatismo religioso no es la única respuesta a esto, solo es una herramienta útil , para acceder a la vida frustrada de estos chicos, desarrollada a partir de una experiencia de pobreza sin fin. Una vez logrado el control, la falta de valor hacia la propia vida, es campo fértil para el objetivo de estas organizaciones de poder. La vida humana no vale nada, para nadie en este juego.Eso en definitiva es lo más conmovedor para mí . Y me pregunto ¿Cómo llegamos hasta aquí ?
    La vida de esos muchachos, la mía la de cualquier ser humano es importante, pareciera que seguimos sin entenderlo y seguimos siendo un número de muertos, no personas humanas con nombre, con historia, con humanidad, muriendo cada día, en nombre de la gran desigualdad.
    Me parece que Binebine nos confronta y nos invita a reflexionar mucho sobre la injusticia y la desigualdad sobre la que se va construyendo la vida de todos nosotros

    Me gusta, si es posible decir esto en este contexto, me interesa como lectura compartida,,porque me permite leer voces diferentes, sobre una realidad que está sobre la mesa.

    Sigo con la lectura

    Saludos a tod@s
    Ana

    • tonichin 29 de marzo de 2017 a 0:26 #

      A colación sobre el tema de la mortalidad humana que pones explícitamente sobre la mesa, tengo sentimientos encontrados.
      Me considero una persona altamente empática, y sin embargo comulgo con la idea Staliniana de que la muerte de una persona es una tragedia, la de millones es pura estadística.
      No sé si son lo mismo “la vida humana”, “la vida del ser humano”, “la vida de un ser humano”… Si lo importante el todo o la parte, el individuo o la especie.

      • Ana María Heinze BFRP 29 de marzo de 2017 a 7:44 #

        Desde mi perspectiva personal la vida de cualquier ser humano es valiosa, en mi país se habla de 30000 desaparecidos, para redondear, uno más, uno menos…es una manera de cosificar y con la cosificacion llega la deshumanización, lo que da lugar a sentir que hay quienes tienen derecho sobre la vida del otro, porque no son humanos, son cosas. Esto les ha justificado la tortura y la muerte de un ser humano en nombre de tantas cosas, como la religión, la ideología y lo que venga. Son millones de Juanes , de anas , de padres , hijos, madres, que murieron en nombre de algo. Es muy común hablar de los judios, los vietnamitas etc de esa manera tomamos distancia del horror, que es avanzar sobre la vida de otro ser humano, tan humano como yo, como vos.
        Como dice John Donne, por quién doblan las campanas, las campanas doblan por mi….

      • tonichin 30 de marzo de 2017 a 0:14 #

        Es un tema peliagudo… Espero no haber ofendido a nadie. Reconozco haberme ido un poco por la tangente con el tema, y sólo intentaba avivar un poco la conversación, llevarla más allá de las circunstancias del libro.

        Creo que poner distancia es algo que hacemos todos los seres humanos en todos los aspectos de la vida por naturaleza, instinto. Estoy completamente de acuerdo en que la vida de cualquier ser humano es valiosa, y que todas valen por igual. Sin embargo desde mi punto de vista personal, no puedo evitar que me importe más la mía que la de cualquier otra persona… ¿Es este pensamiento válido, incongruente, egoísta? Yo digo que es humano, que es lo suficientemente ambiguo.

  2. Eduardo 27 de marzo de 2017 a 8:58 #

    ¡Muy buenas! Esta primera mitad del libro me ha gustado mucho. Hay muchos detalles y formas de entender lo que el autor nos transmite. Ciertamente, plantea estos 10 capitulos como descripción de los personajes que servirán a la “causa” terrosrista y de sus pobres vidas en un barrio olvidado por todos. Hay episodios duros, como la violación en grupo de su amigo Fuad o cuando describe como su hermano, Hamid, se empieza a enrrlar en la radicalización del Islam. Con ganas de saber como entrará y porque en las zarpas del radicalismo. Nos leemos

  3. isasplaceblog 27 de marzo de 2017 a 15:21 #

    Un libro duro… Esta primera parte es muy interesante, pues no se plantea el tema religioso, pero sí se nombra de pasada la forma en la que acaban muriendo los jóvenes. ¿Cómo convences a alguien para quien lo único que es sagrado es que los domingos se juega al fútbol de que debe morir por un Dios? (Un Dios al que no se menciona más que a través de otros personajes, pero nunca desde los protagonistas) Estoy realmente intrigada por descubrirlo, pero, centrándonos en esta parte, puedo entender parte de la respuesta a esta pregunta: No valoran la vida. Para ellos la vida es pura violencia y la muerte algo habitual. Y esto, en mi opinión, no responde al cómo los convencen, pero sí al porqué.
    Todos sufren calamidades de tal calibre, que no sé si cualquier otra persona que no las hubiera vivido antes en tercera persona sería capaz de soportarlas. Muertes por doquier, latigazos por portarse mal, palizas por jugar al fútbol, culpabilizar a un niño porque su hermano se ahoga cuando está con él, y violaciones a un muchacho semiinconsciente por parte de su grupo de amigos son algunas de las cosas que vive esta gente día a día. Historias aterradoras y abominables que no soy capaz de imaginar plenamente (ni tampoco quiero). La hipocresía también es un tema bastante implantado en esa sociedad (como en todas, supongo), que he visto, por ejemplo, en que todos odiaran a un policía corrupto por el hecho de pedirles dinero por dejarles hacer sus chanchullos, cuando la otra opción es un policía con conciencia moral que los detuviera, o que Habib mate a un hombre por hacerle cosquillas a su hermano en lo que a él le pareció una actuación de “maricones”, y luego viole a uno de sus amigos cuando este está inconsciente. Es una sociedad en la que no importan los principios morales, lo único que importan son las apariencias.
    El hecho de que la gente queme la comisaría de la zona y en lugar de renovarla y aumentar la vigilancia, no la vuelvan a construir es, cuanto menos, curioso. Es como si los habitantes de las barriadas no importaran, como si fueran otro estado en el que la única ley vigente es la de cada persona en particular.

    Algo que desentona completamente de la temática del libro es la relación entre el protagonista y Ghizlane; en esta, todo es mucho más “normal”, o, mejor dicho, más normal para nosotros, que no estamos acostumbrados a ese tipo de vida. Entre los dos personajes mantienen una relación que sólo desentona de una de nuestra sociedad por pequeños detalles (como el hecho de que se diviertan viendo cómo roban carteras). Esta muchacha, por otro lado, me parece un rayo de sol entre las tinieblas, pues ella y su abuela son las únicas que me parecen realmente “buenas”, en las que la monstruosidad de la sociedad en la que viven no ha hecho a penas mella.

    Si algo he aprendido de esta parte, es sin duda que el bien y el mal son muy relativos, y que una misma persona puede cometer actos atroces y al mismo tiempo amar a su familia y tener buenos detalles con ellos. Obviamente esto ya lo sabía, pero creo que siempre es bueno recordarlo porque tendemos a pensar de forma totalitarista, o todo es blanco o todo es negro. Este dilema me surge, principalmente con el protagonista, a quien odio a momentos, para apiadarme de él en otros. Creo que, en el fondo, es un buen chico a quién todos han contribuido a meterle desde muy pequeño en la cabeza ideas que desprenden miedo y violencia. Y esta creencia de que el muchacho no es más que un niño asustado a quién han inculcado valores inhumanos, pero que aun así se debate entre ellos y lo que a él le parece correcto, me hace reaccionar de forma confusa. Todo empieza por acabar con una sociedad que prepara a los niños para matar. Y esto me cabrea. Pero mi verdadero dilema lo tiene mi cabeza, que no sabe a quién echarle la culpa, si plenamente a la sociedad de la zona, o también al chico por dejarse convencer, y va yendo y viniendo de una idea a la otra sin quedarse en ninguna durante mucho rato.

    Siento que sea tan largo, pero la lectura es muy intensa.
    Nos leemos

    • tonichin 29 de marzo de 2017 a 23:12 #

      Muy agudo y concienzudo comentario.

      A mí también me intriga sobremanera lo que todavía no se nos ha contado, esa respuesta a tu maravillosa pregunta ¿Cómo convences a alguien para quien lo único que es sagrado es que los domingos se juega al fútbol de que debe morir por un Dios?.

      Desgraciadamente hay quien prepara a los niños para toda clase de labores deleznables ahí y en muchos otros sitios. Es un eslabón débil, fácil de adoctrinar, mano de obra barata… Parece ser el santo grial de las factorías del mal. Todo esto de “violencia, terror, niños” me recuerda a una película relativamente poco conocida que he visto no hace mucho: Beasts of no nation. De verla, estoy seguro que contribuirá a cabrearte todavía más. Ya te lo tomes como una recomendación o un aviso lo dejo a tu criterio 😀

      • isasplaceblog 30 de marzo de 2017 a 10:20 #

        Estoy de acuerdo completamente con el hecho de que los niños son fáciles de adoctrinar, y algo que me gusta mucho del libro es ese punto, pues el protagonista acaba haciendo cosas que no quiere hacer sin oponer demasiada resistencia por este punto.
        En cuanto a la película, me lo tomo como una recomendación; creo que, por mucho que las cosas sean desagradables, nunca es bueno apartar la mirada. Aunque puede que luego me arrepienta…

  4. CAT 27 de marzo de 2017 a 15:48 #

    Lo que más me llama la atención de la novela es lo que comentaba Chus en la entrada anterior con respecto a la forma de contar la historia en un momento de lucidez del narrador. Te sitúa en un poblado pobre, dónde los protagonistas son niños analfabetos que no han recibido educación ni han viajado, ni han tenido acceso a libros etc…pero sin embargo no sorprende la manera culta de contar la historia. En segundo lugar también me ha llamado mucho la atención el episodio de la violación, no me lo imaginaba por cómo venía desarrollándose la novela, ni por el contexto tampoco. También la argumentación que da el autor sobre la violación, en un universo de extrema pobreza, donde no hay nada que perder porque no tienen nada, lo más valioso de la mujer es su virginidad…Por último decir que me los imagino a los protagonistas como el típico ejemplo del pez en su pecera, lo que hay dentro de la pecera es lo único que conocen, puede que el exterior se lo imaginen distorsionado, pero en todo caso no han tenido oportunidad de conocerlo. Esta primera parte me ha gustado mucho, ha hecho que me traslade a otro mundo he podido imaginar cómo es “el infierno en la tierra”.

  5. Lory 27 de marzo de 2017 a 18:02 #

    Como ya lo califiqué anteriormente es una lectura trepidante e intensa. Primer cap.ya marca el tono de quién nos va a contar la historia y desde dónde: espectro y desde una especie de limbo. El 2º cap. es una lección magistral xq en 4 hojas: sitúa y retrata familia, negocio del hermano en vertedero, fútbol, asesinato de amigo, posible relación homo y filosofía acerca del qué le ha llevado a inmolarse. Chapeau por Binebine!
    En el 3º entra Nabil. Su madre prostituta y ya te está diciendo que no se va a callar ni a edulcorar nada-
    El 4º Fuad, vuele el fútbol y el padre el imán. Y nos muestra que no por eso tiene una vida o actitudes más compasivas ya que da de latigazos al hijo cuando lo pilla jugando. Entra Ghizlane en escena y el policía y algo que a mi me encoge: la extorsión por los iguales.
    En el 5º Ali, el carbonero. Generoso con lo que tiene. Quizá va buscando hacerse perdonar lo que él siente como una “suciedad” ya que su padre lo hace culpable de la muerte de su hermano pequeño. Lo castiga a perder su nombre. ¿Cómo se puede ser tan duro y rígido con alguien que es tu hijo y sólo es un niño?
    El final de este capítulo es bellísimo; dice por 1ª vez con claridad lo que van a hacer. Y se llaman por sus nombres: íntimo, cercano. -Nos vemos allá arriba Yashim. Si, Yusef, allá arriba. En el cap.siguiente entra Jalil en escena. Vuelve cada día a la ciudad de donde vino rebotado a trabajar como limpiabotas. Hace un poco de mensajero entre el vertedero y les cuenta cosas maravillosas de la ciudad.
    En el 7º nos plantea el grupo, la pertenencia a algo y algo dónde reconocerse.
    Tiene también este libro cosas reales pero que pueden entenderse como simbología: el muro de adobe, el barro, el vertedero… Si viajas a Marruecos te das cuenta de la distancia abismal que hay entre las zonas del centro, las afueras, los pueblos. Lo que no se ve no existe para su mentalidad. En uno de los reportajes he leído que este barrio tuvo la “suerte” de que al salir de allí los terroristas pensaron qué se podía hacer para erradicar esos guetos: lo derribaron. Y acomodaron a la gente en otro de mejor aspecto, pero sin el mínimo cambio social, sin darles esperanza ni motivación. Asombra ver las fotos de esos barrios miserables con los tejados llenos de antenas de televisión (opio del pueblo y anulación del menor pensamiento crítico)
    Por suerte, el autor ha creado un centro donde muchos jóvenes están encontrando otras cosas. Dice Mahi que sentía que debía devolver a esas personas lo que había ganado con el libro y la película. Ha desaparecido uno de esos barrios pero sólo en la zona de Casablanca, dice que hay 400.
    Otro día más.

  6. tonichin 29 de marzo de 2017 a 0:11 #

    El libro se las prometía. Y cumple.

    Sobre esta parte creo que el autor consigue transmitirnos a todos de forma muy eficaz su mensaje, a la vista está por los comentarios que hemos estado haciendo en este y el anterior artículo. Remueve la conciencia, hace foco en las miserias a las que se enfrentan a diario demasiadas personas. Me han llamado especialmente la atención los siguientes datos, pasajes y frases:

    Sintonizan a duras penas la TV, en teles en blanco y negro… pero ponen plásticos de colores sobre ella. Porque está bien saber que aún en una situación así se puede “soñar” en color.
    En medio de la miseria todos son iguales y se ayudan como buenos vecinos, “… el mundo no se acaba porque una casucha se queme en Sidi Moumen. La vuelven a construir en el día y la gente se moviliza para ofrecer a la víctima esteras, mantas, ropa y unos cuantos utensilios de cocina. Y la vida reanuda así su curso normal.”
    La historia de Ali, que en realidad se llama Yusef… Un castigo brutal.
    Hamid es el más porrero, el más macho, el anti maricas por excelencia. También es compañero de trabajo de Nabil y mira tú por dónde, aprovecha el desmayo y la pérdida de conocimiento de este para iniciar una ronda de violación en grupo con su culo como único objetivo.

    Me encanta cómo está escrito y traducido el libro de Binebine, usando una mezcla de lenguaje muy directo, altamente evocador y lírico que no enmascara del todo la crudeza del fondo que trata. De todas las frases que se podrían escoger para describir, sintetizar esta primera parte, y obviando algunas muy buenas que ya ha señalado Chus en este artículo, quisiera señalar esta hermosa, triste y contundente frase:

    “Ahora [los golpes que Ali recibía de su padre] ya formaban parte integrante de su vida, igual que la amargura de la humillación, igual que la fealdad que nos rodeaba por todas partes, igual que ese condenado destino que nos había entregado, atados de pies y manos, a estas ruinas innominables.”

    Espero con ilusión la segunda parte, en la que no queda más remedio que meterse en la captación de los pobres caballos de Dios.

  7. María Vieites 29 de marzo de 2017 a 11:51 #

    Buenos días compañeros de lectura,

    Tengo sentimientos encontrados con este libro.
    Me gusta como está escrito, me gusta como el autor consigue transmitir y dibujar el escenario en donde se desarrollan los hechos, la miseria en la que viven estos chicos, y las penurias a las que han de enfrentarse
    Casi consigue convencerme de que no tienen otra salida.
    Efectivamente es una novela dura, los personajes están descritos y desarrollados con crueldad, desde la óptica de la pura supervivencia, y, como contraste, aparecen pinceladas como su afición al deporte mundialmente conocido (el fútbol), la atracción por el sexo opuesto pero también la violación de un amigo bajo el efecto de las drogas.
    No entiendo la sociedad que describe porque no consigo entender por qué se ha de morir por un Dios, por qué las mujeres deben ir tapadas/ocultas/inmaculadamente vírgenes y a cambio y como salida a una necesidad física natural, la violación de un amigo es algo normal y hasta parece que habitual……

    En una de las entrevistas realizadas al autor y que he leído, dice que no pretende que esta novela sea una justificación a la violencia o a los asesinatos que se cometen en nombre de un dios. Y a mí me cuesta verla de otra manera, y llevo intentándolo desde la primera página.

    Desde mi punto de vista, la violencia nunca puede estar justificada.

    Sigo con la segunda parte.

    Nos leemos.

    • tonichin 29 de marzo de 2017 a 22:48 #

      Es curioso, pero a pesar de que Yashin comienza la novela diciendo que no lamenta haber muerto por la causa, yo no he sentido en ningún momento que la novela sea una justificación del terrorismo. En esta primera mitad se han descrito los orígenes de los protagonistas y ¿no es todavía anecdótica la información que tenemos sobre la gestación del atentado?

  8. Lola 31 de marzo de 2017 a 14:28 #

    Hola:
    Cuando dan la noticia de un atentado con víctimas, se suele escuchar “cómo puede haber personas que hagan esto”. Lo que se cuenta en este libro no es que justifique la barbarie pero explica cosas. La lectura de esta primera parte nos sitúa en la piel del que mata.Como dice Ana María, me he sorprendido a mi misma sintiendo compasión por algunos personajes.
    Yashim habla desde un estado que llama “conciencia”. Si buscamos las acepciones de esta palabra encontramos 1) “Conocimiento claro y reflexivo de la realidad”, sería la posición de Yashim al mostrarnos su entorno y sus familias; 2) “Conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios” esta sería la posición del lector, aunque sean los actos de otros. El autor reconoció en un entrevista que tardó en encontrar la voz narrativa, pero creo que ha sido un acierto.

    La admiración de Yashim por su hermano , “ el jefe” y la que siente por algunas estrellas del fútbol, hasta el punto de cambiarse el nombre las percibo como pistas que es una persona que fácilmente seguir a otras.

    Me ha impresionado la frase “Era basura vieja, que había pasado mil veces por el tamiz de la miseria”
    En este ambiente de miseria extrema, Yemma da el toque humano y afectivo que lucha por mantener la dignidad de su familia. Y que se rompe por dentro con la muerte de sus hijos.

    Y resaltaría la violencia institucionalizada en Sidi Moumen. La violencia individual, al matar Hamid al chico. La violencia familiar, de padre a hijos. La violencia colectiva, al quemar la comisaría y la violencia de grupo con la violación en grupo y cuando Hamid pega a Jalil en el campo de fútbol y lo dejan en la banda y siguen jugando.

    Retomo la lectura.
    Saludos a tod@s

  9. Lory 31 de marzo de 2017 a 18:01 #

    Hola a todos:
    He tenido algún problema con portátil y me birló algún comentario; luego de repente apareció todo. Cosas de la técnica.
    Tengo apuntadas unas respuestas a Cangual y Tonichín cuando reflexionan acerca de qué puede llevarlos a inmolarse. Es muy lindo lo que aporta Cangual: quieres ser tenidos en cuenta y yo añado que buscan SER HÉROES O ESTRELLAS DE FÚTBOL, desempeñar un papel en la vida, lo que les daría un PROPÓSITO PARA VIVIR/MORIR. Contribuir así a hacer avanzar el mundo y olvidar la desesperanza.
    Y Tonichin apunta las fuertes creencias religiosas; sin embargo no percibo que ellos tengan esas creencias hasta más adelante. Qué les cambian entonces? La forma de vida: trabajo, orden, comida y luego ya consignas religiosas y rígidas. Y como no tienen herramientas para contrarrestar, son una tabla rasa y limpia donde los otros escriben. Nombras tb algunas frases y yo tengo apuntada una del cap. 2: “Abu Zubeir está vivito y coleando. Y sigue siendo el espíritu de algún garaje con otros muertos de hambre de mi categoría”. Más alto puede ser; pero más claro. Como en todas las guerras: ¿quiénes son los soldados de a pié?

    Por fin conseguí la película¡ Es bastante fiel al libro, pierde la poesía que tiene la escritura. Cambia algunas cosas: la violación a Nadil la sitúa cuando son aún niños (8-10 años). Este hecho hace que parezca mas un “juego” y no tan duro e incongruente como en el libro. Mientras el film nos muestra a los protagonistas niños todo aparenta ser más ligero, casi alegre; no exento de violencia en la calle y partidos. Y es cuando llega la adolescencia y más, cuando se percibe el mundo sin esperanza donde habitan. La relación con Ghizlane le está prohibida. A ella le gusta pero él es un don nadie, no puede aspirar a ella. La forma de captarlos es diferente: los sacan de un apuro y es el Hamid el que va a la cárcel. Ay, las cárceles. Vertedero de todo. Lugar cerrado donde, a cambio de protección, atrapan a sus esclavos.
    No me extiendo más para no dar pistas de 2ª parte hasta que Chus cuelgue su post. Y ENHORABUENA POR LA ELECCIÓN. Un éxito
    Zazo a todos. Gloria

  10. Ana 2 de abril de 2017 a 8:28 #

    Me ha gustado, dicho esto,aùn estoy impresionada por lo que cuenta y como lo cuenta. Estoy de acuerdo con todo lo que habéis dicho,y si creo que sin justificar lo que hacen, reúna lotería el lugar donde te toca nacer y el resto de tu vida nadas para sobrevivir en ese medio. Un saludo

  11. Mª Eugenia López González 2 de abril de 2017 a 14:13 #

    Me parece un libro muy interesante, cuenta la forma de vida que tienen en los paises en los cuales tienen muy pocas posibilidades de tener una vida digna, su situación desde luego no es nada fácil y por eso este libro me descubre la vida diaria y sus pormenores y muchas veces no vemos esta parte de la historia.

  12. Maribel 2 de abril de 2017 a 21:35 #

    Hola, veo que voy con retraso… pero por ahora no he empezado con la siguiente parte, así que prefiero comentar por aquí. A mí me está pareciendo una maravilla esta novela tan corta y tan intensa, tan dura como inocente…Por ahora no se ha hablado de otra religión que no sea la del fútbol, que por cierto, no puede ser más occidental además de representar de alguna forma una especie de enlace cultural entre varios mundos…
    Estoy deseando acabarla y comentar el otro post.
    Saludos!

  13. Lorena Juiz Fernández 3 de abril de 2017 a 7:44 #

    Hola a tod@s,
    A mi la lectura del libro me esta resultando ágil y profunda. Ágil porque te envuelve y se deja leer muy buen y profunda porque a poco que pares en la lectura y te pongas en su lugar se te ponen los pelos de punta. No sólo por el entorno donde viven sino por cómo lo hacen y la educación que reciben. A mi me quedo la sensación en esta primera parte de ser una infancia violenta y falta de cariño. Creo que sin justificarse nada puedes llegar a entender porque los escogen para llevar ese destino. Sigo con el libro. Nos leemos

  14. panantel 6 de abril de 2017 a 22:41 #

    Muy buenas compañeros de lectura.
    Soy nueva en el foro y he cogido el libro un poco tarde. Aún así me parece tan interesante que la lectura es amena y rápida.
    En primer lugar me llama la atención la narración en primera persona del personaje fallecido, no me parece que justifique su actuación sino que simplemente nos da las herramientas para ser realmente empáticos y entender qué es lo que le llevó a ser un terrorista. En mi opinión, me parece que lo único que anhelaban era tener una misión, algo por lo que luchar. En el contexto de incultura, violencia y desarraigo en el que viven es muy fácil que bandas sin escrúpulos se aprovechen de ello. La religión únicamente es una excusa.
    Me parece increíble cómo narra situaciones horribles, muy difíciles de imaginar desde nuestra mente occidental, como la violación del amigo, el asesinato del pederasta o la adición de los niños al pegamento. Es tan espeluznante el mundo que les rodea que ni siquiera son conscientes de ello, de hecho la felicidad llama a veces a su puerta y es en esas ocasiones cuando podemos sentirlos más cercanos.
    Deseando ir a por la segunda parte.
    Un saludo.

  15. melenalviento 11 de abril de 2017 a 6:35 #

    Ante todo, debo pediros disculpas por comentar tan a destiempo.
    He leído el post de Chus y vuestros comentarios y estoy de acuerdo con casi todo lo que planteáis.
    Hasta el final de esta primera parte, la novela me parece el fruto de un autor que tiene algo que contar y tiene muy claro cómo contarlo. Está escrita con un estilo sencillo, pero plantea temas muy profundos sin caer en la simpleza, narrando la vida en Sidi Moumen desde un punto de vista que alterna la inocencia de la juventud del narrador, Yashin, con la lucidez sobrenatural de su alma sacrificada.
    Sólo me gustaría apuntar un aspecto formal (y muy puntual) que no me encaja. El autor narra a través de Yashin, usando al personaje para darle más veracidad a la narración y aprovechándose de su condición fantasmal para dotarlo de omnisciencia y la antedicha lucidez. Sin embargo, hay pasajes en los que se pierde su voz y creo que se hace demasiado evidente la voz de Binebine. En concreto, estoy pensando en el comienzo del capítulo 2, cuando habla sobre la “democratización” de las antenas parabólicas. Me parece oir la voz de un intelectual, no la de un muchacho de un poblado de chabolas de un basurero.
    También me llama la atención que en el primer capítulo el narrador dice que “no anda muy bien de la cabeza” por una pedrada, pero parece que la circunstancia se ha olvidado por el camino.
    Y qué oportuno que Nabil se despertara cuando había llegado el turno de de Yashin…
    Que conste que no deseo deslucir la novela, que en esta primera parte me parece de gran valor y que ofrece una necesaria perspectiva sobre los temas planteados: la marginación social y la violencia.
    Espero terminar pronto la novela y comentar la segunda parte. Un saludo.

  16. berta 12 de abril de 2017 a 20:40 #

    La lectura de este libro me esta resultando deprimente, miseria, violación, terrorismo como salida, aunque cuando se vive en un vertedero y no hay otras vías de salida, el terrorismo es una forma de negar a todo el resto del mundo.Pero los que mueren en esos atentados, sea una sola persona o muchas, me parece a mí que no tienen la culpa de la miseria, y pobreza incluso moral de esas barriadas, para mí la novela es deprimente, no sé si la terminare.
    saludos a todos/as y hasta luego, buena lectura y aseguir comentando, hasta luego.

Ahora te toca a ti

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s