Con usted iría al fin del mundo, maestro

23 May

Tofu. Foto en flickr de houseofthailand.com. Algunos derechos reservados.

La relación de Tsukiko con el maestro prosigue con altibajos. Se distancian, se acercan. En un encuentro casual, ella le comenta que tiene una cita con otro hombre y el maestro súbitamente la invita a ir a jugar a un salón de pachinko, Tsukiko abandona sus planes y se va con él, están claras sus preferencias, pero le pregunta, como sin darle importancia, por la profesora Ishino. Ambos están celosos pero ambos quieren estar juntos: Los pequeños brotes recién nacidos habían dado lugar a un follaje exuberante. El maestro y yo caminábamos despacio, bajo el mismo paraguas. De vez en cuando, su brazo rozaba mi hombro accidentalmente.

Aun así, Tsukiko ha quedado ya cinco veces con Takashi, y en la última cita éste le propone ir de viaje con él a comer truchas. Le apetece pero le da largas: me gustaba la risa de Takashi. Estuve a punto de aceptar la invitación, pero seguí esquivando la respuesta. Se compara con él. A sus treinta y tantos años, le ve como un hombre: siempre hacía lo que tocaba según la edad que tenía. Su vida transcurría de forma equilibrada, y su cuerpo y su mente se desarrollaban proporcionalmente a su edad. Yo, sin embargo, todavía no me podía considerar una “adulta” hecha y derecha. Cuando iba a la escuela primaria era bastante madura. Empecé a estudiar secundaria y luego pasé a bachillerato, pero mi nivel de madurez disminuía a medida que transcurrían los años. Nunca me he llevado muy bien con el tiempo. En un nuevo encuentro con el maestro se da cuenta de que no quiere ir con Takashi: tumbada en el suelo, con la mejilla apoyada en el tatami, evoqué la vaga incomodidad que sentía cada vez que estaba con él. Era una molestia casi imperceptible, pero que nunca se desvanecía del todo. Y le propone al maestro ir con ella de viaje a comer truchas. Ante su negativa, Tsukiko se desespera tanto que le grita: con usted iría al fin del mundo, maestro. Y añade: lo que pasa es que estoy enamorada de usted. El maestro la mira perplejo y le dice que se ha vuelto loca, que solamente es una niña que teme los truenos, pero la abraza: nada tenía sentido. Era absurdo que yo le hubiera dicho al maestro que estaba enamorada de él, y que él estuviera tan tranquilo a pesar de que aún no me había dado una respuesta. Aquellos truenos repentinos también eran irreales, así como la asfixiante humedad que se había instalado en la salita desde que el maestro había cerrado la ventana. Todo parecía un sueño.

Finalmente el maestro la invita a un viaje de fin de semana a una isla: no sabía por qué el maestro me había invitado a viajar con él. Cuando le confirmé que lo acompañaría, su rostro no reflejó ningún tipo de emoción. Estarán en habitaciones separadas. Nada más llegar, el maestro le propone dar un paseo. Un largo paseo que terminará en un cementerio en el que, ante una tumba, se pone a rezar: es la tumba de mi mujer […] Quería venir aquí contigo […] Era una mujer extravagante. Todavía sigo pensando en ella. Tsukiko se siente ofendida y celosa y vuelve sola a la pensión. No se da cuenta de que el  maestro necesita hacer esa visita para cerrar un ciclo de su vida que le permita abrir otro en el que pueda vivir su amor por la joven. ¡Está tan perdida, la pobre!: ¿Qué estaba haciendo con mi vida? Estaba en una isla que no conocía, arrastrando los pies por un camino desconocido y había perdido de vista al maestro, a quien creía conocer pero en realidad tampoco conocía. No me quedaba otra opción que emborracharme.

Está desesperada porque el amor va invadiéndola y no sabe qué es lo qué quiere el maestro de ella y recuerda cómo se conocieron y de ser su viejo profesor fue lentamente pasando a ser otra cosa: en algún momento, más adelante, al sentarme a su lado empecé a notar la calidez que desprendía. Su presencia dulce y afectuosa se filtraba a través de la tela de su camisa almidonada. Era caballeroso y tierno a la vez. Nunca he sido capaz de describir la presencia que irradiaba el maestro. Cuando intentaba capturarla, se esfumaba para aparecer de nuevo en otra ocasión. Me preguntaba si aquella presencia se convertiría en algo palpable en el caso de que el maestro y yo nos acostáramos juntos. Pero su misteriosa presencia siempre se me acababa escurriendo de las manos. Tsukiko no puede dormir y va a la habitación del maestro. Lo encuentra escribiendo haikus y le pide que le ayude: escribía llena de indignación. Era la primera vez en mi vida que lo intentaba, pero los versos me salían sin pensar. Escribí diez, doce, veinte poemas. Esa noche acaban durmiendo juntos mientras el maestro la acaricia.

A pesar de lo que ocurre en la isla, vuelven a distanciarse: llevaba un tiempo sin ver al maestro. Seguía yendo a la taberna de Satoru, pero no lo veía sentado en la barra como de costumbre. Aquí se intercala un sueño, ¿o realidad?, muy extraño en el que ambos están en algún lugar de la costa bebiendo sake. El maestro hace el pino y en esa situación tan anómala, se superponen escenas de la mujer del maestro y de su vida en común también muy raras. El maestro le dice que están en la frontera. Pareciera que el sueño simboliza un lugar de tránsito entre su otra vida con su mujer y la nueva vida que le espera con Tsukiko. Una frontera que tienen que atravesar. Y cada cierto tiempo, diversos elementos de la naturaleza susurran: ¡Ven! ¡Ven!

Extrañamente, después de este intervalo tan simbólico, Tsukiko decide evitar al maestro a propósito. Dice que la visita a aquel lugar tan extraño no tuvo nada que ver con nuestro distanciamiento. Piensa que si no vuelve a verlo, lo acabará olvidando. Está convencida que el maestro no siente nada por ella. Aunque está acostumbrada a estar sola, no se siente a gusto. Y vuelve a quedar con Takashi pero, una vez más, no funciona. Y entonces, dos meses después, vuelve a la taberna: pensé que después de dos meses ya lo habría superado. Se entera de que el maestro no va porque está resfriado: el grillo seguí cantando. Oía mis latidos y el zumbido del torrente sanguíneo circulando por mis venas. Mi corazón latía cada vez más acelerado.  Y va a su casa. No puede remediarlo. Está preocupada: seguía siendo el mismo de siempre. En cuanto le vi la cara, las fuerzas me abandonaron y las rodillas me flaquearon. Tsukiko está enamorada hasta el tuétano y, por supuesto, no ha conseguido olvidarlo. Después de una visita cordial, se marcha: hacía un buen rato que había dejado atrás la casa del maestro, pero seguía dirigiéndome a él como si estuviera a mi lado. Caminaba despacio, siguiendo el curso del río. Parecía que estuviera hablando con la luna.

Y, de pronto, el maestro la llama por teléfono (nunca lo había hecho antes) y le pide una cita: ir juntos a una exposición de caligrafía antigua en el museo de arte. Su voz suena dulce: en cuanto se cortó la comunicación, me dejé caer al suelo. A lo lejos oía los pitidos procedentes del auricular, que seguía sujetando en la mano. Tsukiko está tan asustada que decide mantener una distancia: quería mantener una relación formal, superficial y duradera, sin esperar nada a cambio. Ya había intentado acercarme a él, pero no me había dejado. Era como si hubiera un muro invisible entre los dos. A primera vista parecía blando y maleable, pero por mucho que lo presionara no me devolvía nada. Era un muro de aire. Ella está nerviosa (estaba mil veces más nerviosa que el primer día que salí con un chico), él, como un acto simbólico, paga por primera vez. Una vez vista la exposición se sientan en un sofá: notaba el calor que desprendía el cuerpo del maestro, sentado a mi lado. Mis sentimientos afloraron de nuevo. Aquel sofá duro e incómodo me parecía el lugar más agradable del mundo. Me sentía feliz a su lado. Eso era todo. Y, por fin, el maestro se sincera con ella. Le dice que ha sido un poco obtuso todo este tiempo y la abraza: cuando me abrazó, el tiempo parecía haberse detenido. Y con su formalidad le propone iniciar una relación basada en el amor mutuo. Ella acepta y él se siente feliz: el maestro me rodeaba con su cálido abrazo, y yo no sabía si reír o llorar. Al final, no hice ni una cosa ni la otra. Me tranquilicé y me acurruqué en sus brazos, en silencio.

El último capítulo, titulado, no en vano, “El maletín del maestro”, nos narra el tiempo que pasaron juntos. Ya no se encuentran casualmente, sino que se llaman por teléfono y quedan, pero aun así en las formas las cosas no habían cambiado mucho. La única diferencia era que la incertidumbre había desaparecido. Ella nos cuenta que la bondad del maestro procedía de su estricto sentido de la justicia. No era amable conmigo para hacerme feliz, sino porque analizaba mis opiniones sin tener ideas preconcebidas. Se podría decir que su bondad era más bien una actitud pedagógica. Por eso cuando me daba la razón me sentía mucho más feliz que si se hubiera limitado a decirme que sí para tenerme contenta. Aquello fue todo un descubrimiento. No me siento cómoda cuando me dan la razón sin tenerla. Prefiero mil veces que me traten con justicia. Totalmente de acuerdo. Son felices. Sin más. Pero, falta una cosa: el maestro y yo todavía no habíamos hecho el amor.  A Tsukiko no la importa mucho, no entra en sus prioridades. Pero al maestro sí le preocupa: el contacto corporal es básico, Tsukiko […] pero no estoy seguro de si podré hacerlo o no. Y si fuerzo la situación sin estar convencido y las cosas no salen bien, perderé la poca confianza que me queda. Ese miedo es lo que me impide dar el paso. Lo siento muchísimo.

Las citas se suceden, se dicen te quiero y, por fin, un día, hacen el amor apasionadamente. Todo es perfecto. Nuestra “relación oficial”, tal y como solía decir él, duró tres años. No tuvimos más tiempo que compartir. No ha pasado mucho tiempo desde entonces. El maestro me dio su maletín. Lo dejó escrito en su testamento. En el entierro, el único hijo del maestro le da las gracias: cuando oí el nombre del maestro, Harutsuna, las lágrimas me inundaron los ojos. Hasta entonces casi no había llorado. Lloré porque aquel nombre, Harutsuna Matsumoto, me resultaba muy poco familiar. Lloré porque el maestro se había ido antes de que me acostumbrara a él. Después de morir el maestro, Tsukiko lee en voz alta poemas y estudia la poesía japonesa: He recorrido un largo camino, / el frío penetra mi ropa gastada. / Esta tarde el cielo está despejado, / ¡cómo me duele el corazón!

Preparo el tofu hervido como él, con bacalao y crisantemo. “Algún día volveremos a vernos, le digo, y el maestro me responde desde el cielo: “No tengo la menor duda”. En noches como ésta, abro el maletín del maestro. En su interior no hay nada, sólo un vacío que se extiende. Un enorme espacio vacío que crece sin parar.

Plazos

Una vez terminada esta hermosa y sutil historia de amor, de la que la escritora Ángeles Caso dijo que le parecía una de las historias de amor más bellas que había leído, es hora de vuestros comentarios sobre esta parte y la totalidad de la novela. Espero que sean numerosos y que os explayéis, ya que en la primera parte no ha habido muchos comentarios. Dedicaremos una semana a ello. Los espero con ganas. Sean o no favorables, yo creo que hay mucho que comentar.

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15 comentarios to “Con usted iría al fin del mundo, maestro”

  1. Jesper Boile Nielsen 26 de mayo de 2016 a 16:08 #

    Hola! Siento que no he dejado comentario para la primera parte.
    La verdad es que la novela me ha parecido muy bella en su descripción del desarrollo de un amor inesperado por parte de ambas personajes. La pareja “adecuada” para Tsukiko, Takashi, simplemente resulta predecible para ella. Y lo que es más importante, él se acerca demasiado demasiado pronto. Y como bien sabemos “la confianza” da asco, Tsukiko no se siente cómoda con él. Sin embargo la relación que tiene con el maestro justamente está basada en su opinión compartida sobre la distancia que debe mantener dos personas. Y paradójicamente es esa distancia, o respeto, que va a permitir que surga el amor entre ellos. Tsukiko lo llama justicia y es una calidad que admira profundamente en el Maestro. Para mí él se convierte en un verdadero Maestro no por su mayor conocimiento o sabiduría sino porque ha aprendido a reconocer el valor de las personas independientemente de su nivel de desarrollo.

  2. kelly 28 de mayo de 2016 a 20:21 #

    Hola a todos,
    En mi opinión continuamos como en la primera parte, con un vacío y una monotonía absolutas, además de conductas para mi confusas y que no acabo de comprender.
    Como dice Jesper, seguramente es esa distancia que mantiene el profesor lo que la
    atrae a ella y la excentricidad de ella lo que le atrae a él , ya que parece recordarle a su mujer, (“una egoísta, caprichosa y lunática”), con sus conductas impredecibles.
    Quizás forma parte tambien de una cultura y una forma de relacionarse tan alejada de la nuestra con la que no puedo identificarme…
    Para mí, lo resumiría con algunas de las frases del texto:
    “mi nivel de madurez disminuía a medida que transcurrían los años”,
    “soy una niña caprichosa y siempre lo he sido”,
    “nada tenía sentido, todo era absurdo”,
    “soy un incordio, nadie me soporta”,
    “¿qué estaba haciendo con mi vida?. No me quedaba otra opción que emborracharme”.
    “los atunes y los bonitos también estaban serios”,
    Creo que se define por si misma…
    Es más parece que tampoco la muerte llega aser suficientemente relevante para alterar o modificar su vida o sus pensamientos.
    En cualquier caso, considero muy interesante haberla conocido, puesto que considero que es la labor más imortante de un club de literatura el darnos a conocer autores y obras que de otro modo nunca leeríamos.
    Saludos.

  3. Lory 28 de mayo de 2016 a 21:11 #

    Hola¡ Vuelvo a comprobar como un libro, o la historia que guarda, no es algo terminado, completo; sino que cuenta y trasmite dependiendo en gran parte de nuestro momento, ánimo y búsqueda.
    Las imágenes bellas de ayer, persisten; pero hoy, tengo que reconocer que me ha saturado tanta taberna, tanto sake, tanta cerveza. Me vienen imágenes de una película japonesa donde un hombre joven, insatisfecho, termina todos los días emborrachándose en un bar; sin hacer ni el más mínimo gesto por cambiar en su vida lo que no le llena.
    Los personajes los he sentido ambiguos, como esbozos. Apenas sabemos nada de ellos. ¿Qué hacen fuera de los encuentros? ¿En qué trabaja Tsukiko?
    Al poner juntos al maestro y al antiguo compañero percibí la distinta forma de acercamiento y de estar con ella: el maestro la acepta como es y Takashi quiere cambiarla y le muestra lo que hace equivocado o lo poco que vale.
    Subyace la hª de amor y lo que me gusta es la falta de ataduras. Sus encuentros no son premeditados, hasta casi el final del libro, se echan en falta y prueban a encontrarse, como cuando hace años se paseaba la c/ Mayor a ver si lo veías.
    Sin embargo, mas que una hª de amor es una enorme hª de soledad y vacío (incluído el maletín).
    Es obligatorio destacar que la novela está muy bien encajada y escrita. Refleja mucha simbología: taberna, setas (donde se une Naturaleza y alimento), cerezos, grillos que en esta cultura anuncian la llegada del otoño. Es fiel a la literatura clásica japonesa.
    Hace de pequeñas cosas, grandes historias y eso tiene mucho mérito.
    Bue fin de semana. Zazo

  4. Lea Schutz 29 de mayo de 2016 a 22:51 #

    Como estan?
    Me ha gustado mucho la historia de amor japonesa.
    Es el relato de una mujer adulta que a veces parece una niña caprichosa y su vida es una continua soledad.Un personaje dificil de describir a no ser por sus defectos sus manias y sus gustos poco femeninos.
    Tambien es la historia del maestro,de quien fue su alumna cuando iba a la escuela.
    Un dia coinciden en una taberna y se relacionan a traves de los mismos gustos sobre la comida y la bebida.
    Ahi se reencontraran casa vez y entablaran una relacion intergeneracional,que con el paso del tiempo se convertira en una relacion de amor.El lazo entre ellos fluye a buen ritmo.
    Discrepo con l@s compañer@s del club,el ritmo es lento e hilvanado y en todo momento te despierta curiosidad,de saber como se enhebrara la historia de Tzikiko y el maestro.
    Ella dice:”Estaba sola,subia solla al autobus,paseaba sola,iba de compras sola y bebia sola.Cuando estaba con el maestro me sentia mas completa.Era una sensacion curiosa como si me hubiera comprado un relojnuevo y no quisiera quitarle el plastico que protegia el cristal”.Es con estas imagenes tan cotidianas,simples que te sumerge en ese mundo que se va urdiendo de a poco,a pesar de su diferente nivel cultural.El maestro se formo como tal y Tzukiko es elemental en sus conocimientos.
    La historia esta llena de situaciones equivocas y de sutilezas.
    Los deseos de los personajes se ven demorados.Por verguenza?o es una filosofia de vida que implica ir despacio,disfrutando de cada pequeño avance?
    Cuando van al Pachinko,abren el juego de los celos,se hacen los ofendidos y reencuentran la relacion yendo a la taberna a beber.
    L@s saludo,desde esta tardecita invernal,lluviosa y fria en Montevideo.Ideal para conectarme con ustedes.
    Lea.

  5. Luisa 30 de mayo de 2016 a 9:22 #

    Hola a todos nuevamente. A mí también me gustó, es muy japonesa, muy zen, muy acorde con su cultura, exaltación de sus valores, veneración de la naturaleza, sus placeres en la comida y la bebida, narración lenta, pausada, sencilla sin verborrea, sutil, delicada y muy emotiva.
    Para mi es la historia de dos personas que comparten en principio su dura soledad y acaban compartiendo otro tipo de sentimiento, el maestro lo llamó amor mutuo cuando le propuso a su alumna una relación, y que su autora describe de forma minimalista y pienso que magistralmente. Como ya dije en la primera parte, no empatizo muy bien con la relación final pero seguramente sea debido a la distinta forma de ver y valorar la vejez que tenemos en occidente, entendería otros tipos de sentimientos, pero me cuesta procesar ese enamoramiento.
    Fue un placer.

  6. María Vieites 31 de mayo de 2016 a 17:45 #

    Buenas tardes,
    Así como en la primera parte me costaba ver los sentimientos de los personajes y protagonistas de esta historia, en esta segunda parte, éstos se manifiestan de una forma más clara.
    Es una novela que recurre mucho a la metáfora y al simbolismo, muy característico de la literatura japonesa que yo he leído hasta el momento.
    El final es triste, vacío.
    Sin darme cuenta, me queda la imagen de Tsukiko abriendo un maletín en el que no hay nada, el maletín del maestro.
    Parece, no obstante, que es el final que le encaja.
    Nos leemos.

  7. Marta 2 de junio de 2016 a 10:47 #

    Hola, a mi me ha gustado la historia aunque reconozco que no me identifico para nada con los personajes. De acuerdo con los demás comentarios en que es una historia de amor y de soledad. Es una mezcla muy curiosa pero a la vez muy tierna
    Tsukiko nunca ha encajado con la gente de su edad y por eso ha pasado gran parte de su vida sola y sin haber intimado demasiado con nadie. No habla de amigos y la relación con sus padres también es un tanto particular: su madre y ella se quieren pero no tienen nada que decirse…
    La primera persona con la que ella se siente a gusto y completa es con el profesor. Quizá porque la forma de relacionarse con él no es muy usual. Nunca planean sus encuentros, tardan en verse, se enfadan por un partido y no vuelven a hablarse durante meses…
    Pero al final siempre se buscan.
    En la segunda parte del libro empiezan a atisbarse ya los celos. Cuando el profesor la invita a la merienda y ella se va con Takashi porque el profesor está más pendiente de la profesora que de ella.
    Es una relación muy complicada pero muy bonita y muy tierna a mi modo de ver
    Y la novela es muy fácil de leer y te atrapa porque quieres saber qué más puede pasar. El capítulo en que van a buscar setas es como poco peculiar.
    La novela es un fiel reflejo de que el amor no tiene edad y puede surgir en cualquier momento. Ella se da cuenta de que el amor de verdad se basa sobre todo en sentirse a gusto con la otra persona aunque no se haga nada extraordinario. En compartir algo tan sencillo como un paseo por un mercado y que nos parezca algo increíble.
    Y el amor de ellos surge de la manera más tranquila y relajada, no es algo que pase de repente sino que se va cocinando poco a poco. Se van dando cuenta de que no pueden estar el uno sin el otro y de que sólo estando juntos se sienten completos de todo.
    El profesor está asustado porque sabe que es mayor y que quizá no pueda estar mucho tiempo con ella pero al final se da cuenta de que sea mucho o poco el tiempo que le queda quiere pasarlo con ella.
    El final, aunque lógico, da pena pero hay que quedarse con lo fundamental que para mi es que hay que disfrutar de las cosas cuando llegan porque nunca sabes cuanto van a durar.
    Una vez más gracias por haberme hecho descubrir tantos autores nuevos para mi y os deseo a todos que paséis un feliz verano lleno de buenas lecturas.
    ¡Nos vemos en septiembre!

  8. SUSANA 2 de junio de 2016 a 14:28 #

    Dos soledades convergen y dialogan en sus mundos, comparten bar y confidencias, apenas profundizan en sus conversaciones pero sus almas se tocan y se necesitan para respirar en ese mundo asfixiante que les oprime y no les comprende. La prosa delicada nos lleva de la mano y aunque apenas ocurre nada sus corazones se enlazan para siempre en un baile común. Así he sentido la novela, como un delicado dibujo que se tatúan dos amantes en su piel, quienes no volveran a sentirse plenos si no están juntos. Gracias Chus como siempre por tus propuestas y felices vacaciones a todos. Hasta la vuelta.

  9. berta 4 de junio de 2016 a 21:42 #

    Hola a todos/as, opino como Marta y otros/as de vosotros, es una historia de amor que nace de la soledad, de la costumbre, del roce, de lo cotidiano,se van haciendo indispensables uno y otra, se buscan, tratan de encontrarse para seguir compartiendo.
    La relacion con su antiguo camarada de instituto no funciona, porque como habeis comentado ese compañero es dominante y la porotagonista no se siente a gusto con él, el es tópico, la relación no se establece en horizontal, en terminos de igualdad, por eso la protagonista vuelve a buscar al maestro con quien sí se siente bien, a gusto.
    Sorprende la diferencia de edad entre el maestro y la protagonista, pero aún así su relación triunfa.
    El final subraya lo del maletín, decir que dicho maletín para mí representa la experiencia vital, el maestro lo llenaba con su experiencia vital, ahora con su muerte queda vacio y le toca a la protagonista llenarlo con su propia experiencia vital.
    Bueno, felices vacaciones a tod@s, y nos encontramos, un fuerte saludo a tod@s.

  10. Lory 6 de junio de 2016 a 10:34 #

    Pasito a paso o libro a libro hemos compartido, sin apenas sentirlo, este curso que ha sido para mi todo un descubrimiento. Gracias todas/os por los comentarios que tanto nos aportan y hacen que este Club sea un regalazo. Gracias a Chus por sus mimos y cuidado, por su buen hacer.
    Os dejo una bendición irlandesa que me gusta especialmente:

    QUE EL CAMINO SALGA A TU ENCUENTRO.
    QUE EL VIENTO SIEMPRE ESTÉ DETRÁS DE TÍ
    Y LA LLUVIA CAIGA SUAVE SOBRE TUS CAMPOS.

    Y HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR,
    QUE DIOS TE SOSTENGA SUAVEMENTE
    EN LA PALMA DE SU MANO.

    Buen verano y hasta que nos volvamos a encontrar.

    Sugerencias para lectura de verano:
    La mujer de Gilles de Madeleine Bourdouxhe. Hª preciosísima llena de sentimientos.
    Una historia sencilla de Leila Guerriero. Magnífico. Otra cultura, otro ambiente. Escrito como una crónica periodística.
    Como lectura fácil: Una pasión rusa de Reyes Monforte.

    ZAZO fuerte para todos.

    • Ana María Heinze 11 de junio de 2016 a 16:52 #

      Lory que hermosa tu bendición … Gracias!!!!

    • María Vieites 11 de junio de 2016 a 22:41 #

      Qué bonito deseo y qué buenas recomendaciones Lory!!!!!

  11. Eduardo 6 de junio de 2016 a 16:03 #

    ¡Muy buenas! Me ha gustado la forma en la que está escrito el libro, directo y con un lenguaje entendible. Eso si, la historia no me ha enganchado demasiado. Muy monótona, a ratos incluso con pasajes que no acababa de entender hacia donde me conducían. La idea que me ha quedado es la de dos personas que se encuentran solas en el mundo, con historias que han causado dolor en sus vidas y que sin más ánimos que la compañía mutua, se reúnen ha compartir momentos, que desembocan en una historia de amor entre una persona mayor y una joven. Nos leemos!

  12. Ana María Heinze 11 de junio de 2016 a 7:20 #

    Hola gente!
    La suavidad es la palabra que enmarca esta pequeña historia de encuentro. Los rituales concluyen e inician momentos en este vinculo, dando lugar a una historia pequeña y sin pretensions. Un amor breve y bello como un Haiku…la disfruté y encontré momentos muy bellos .

    Amigos y amigas que disfruten su verano y el descanso de vacaciones , por estas tierras centroamericanas estamos a plena actividad y en época de aguaceros, ideal para la lectura, cuando la cotidaneidad lo permite.

    Abrazos y nos leemos pronto
    Ana

  13. gabriel 29 de agosto de 2016 a 0:16 #

    las parte, toman el amor en forma predecible, cuando hay vacío uno de ellos llena su espectativa, mas cuando al final del camino de la pareja , descubre que la otra persona padecía de vacíos, o realmente el mensaje del ser que partio, fue “….ESTARAS VACIA…..”

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