Ser aquella mujer

17 Mar

Pajarera. Foto en flickr or M. Martín Vicente. Algunos derechos reservados.

A pesar de que en Japón está a punto de comenzar una guerra civil fomentada por las fuerzas que se oponían a la entrada de extranjeros en el país, Hervé Joncour emprende su tercer viaje a la isla. En este tercer viaje, el lago Baikal es definido como “el último”. Ya en los dominios de Hara Kei, pudo ver, al final, de repente, el cielo sobre el palacio tiznarse por el vuelo de cientos de pájaros, como si fuera un estallido de la tierra, pájaros de todo tipo, desorientados, huyendo hacia cualquier parte, enloquecidos, cantando y gritando, pirotecnia explosión de alas y nube de colores disparada en la luz y de sonidos asustados, música en fuga, volando en el cielo. La pajarera ha sido abierta por la mujer quizá porque ella también desea salir volando. Hervé se ha encaminado con calma infinita hacia ella: era un hilo de oro que corría recto en la trama de una alfombra tejida por un loco. El hombre devuelve a la mujer la pequeña hoja de papel, regresad o moriré, que ella coge, mientras aprieta su mando con dulzura, y esconde en su vestido con una sonrisa. Aparece Hara Kei que sentencia sobre la huida de los pájaros: volverán. Es siempre difícil resistir la tentación de volver, ¿no es cierto?. Exactamente como le pasa a Hervé que no puede evitar volver a Japón a pesar de los peligros que conlleva. Está claro que desea ver a la joven, quizá sea lo que más desea en el mundo. En una fiesta en casa de Hara Kei, Hervé mil veces buscó los ojos de ella y mil veces ella encontró los suyos. Era una especie de triste danza, secreta e impotente. Hervé Joncour la bailó hasta bien entrada la noche. Después, se va a su casa, pero la noche le guarda una sorpresa: la chica le ha llevado a otra joven para que haga el amor con ella: la amó durante varias horas, con movimientos que nunca había hecho, dejándose enseñar una lentitud que desconocía. En la oscuridad, no importaba amar a aquella joven y no a ella.

Hervé vuelve bastante trastornado a Lavilledieu: por la noche entró en el lecho de Hélène y la amó con tanta impaciencia que ella se asustó y no consiguió retener las lágrimas. Lágrimas de felicidad porque quizá sea la primera vez que su marido la haya amado de esa manera (que es lo que ella debe desear más que nada en el mundo). Como un hombre. Aquí cobra importancia la teoría que hemos aventurado en los comentarios sobre que Hervé busca (¿buscaba?) en Hélène a una madre y no a una mujer, ¿qué opináis los demás? Hervé se retira de la vida social del pueblo y compra la casa de Jean Berbeck, aquel que dejó un día de hablar y no volvió a hablar hasta su muerte (más simbolismos), se encierra en ella de vez en cuando y trabaja en su proyecto del parque en el que quiere incluir una pajarera para llenarla de pájaros y después, un día en el que suceda algo feliz, se abren sus puertas de par en par y se mira cómo vuelan libres (más simbolismos).

Hervé sigue raro y su mujer lo lleva a Niza convencida de que la serenidad de un refugio apartado conseguiría apaciguar el humor melancólico que parecía haberse apoderado de él. Allí parecen ser felices y sienten la suerte de amarse. Pero, de nuevo, vuelve la necesidad de comprar más huevos y para ello hay que ir a Japón. Pero en Japón ya ha estallado la guerra y están matando a muchos extranjeros. Es tan peligroso ir que Baldabiou no se atreve esta vez a pedirle que vaya y además tiene otras alternativas. Pero Hervé lo único que desea es volver y toma él la decisión bajo su única responsabilidad: Yo voy a ir al Japón, Baldabiou. Voy a comprar esos huevos, y si es necesario, lo haré con mi dinero. Tú debes decidir únicamente si os los venderé a vosotros o a cualquier otro.

El 10 de octubre de 1864, Hervé Joncour partió para su cuarto viaje al Japón. En este cuarto viaje, el lago Baikal es definido como “el santo”. Al llegar se encuentra con un país en guerra y con la aldea de Hara Kei destruida: no quedaba nada. No quedaba ni un alma. El fin del mundo. A pesar de darse cuenta de la inutilidad de su empresa, no era capaz de marcharse. Y de pronto surge un chico de la nada que, además, lleva el guante que Hervé había dejado caer al lado del vestido de la joven en la orilla del lago en su segundo viaje a Japón. Y decide seguirle más allá del fin del mundo. El chico no tiene más de catorce años: tocaba constantemente un pequeño instrumento de bambú, con el que reproducía el canto de todos los pájaros del mundo. Tenía el aspecto de estar haciendo la cosa más hermosa de su vida. Después de cinco días de viaje encuentran una caravana que dirige Hara Kei, el chico desaparece buscando un ademán para decir que había sido un viaje bellísimo. Hara Kei le recibe diciéndole que se marche, aquí no hay nada para vos. Pero Hervé no se va y poco después encuentra al chico ahorcado: el Japón es un país antiguo, ¿sabéis? Sus leyes son antiguas: dicen que hay doce crímenes por los que es lícito condenar a muerte a un hombre. Y uno de ellos es llevar un mensaje de amor de la propia ama le dice Hara Kei que sabe perfectamente el motivo por el que el hombre está allí. Y precisa: Él era un mensaje de amor […] Marchaos, francés. Y no volváis nunca más. Hervé parte sin haber llegado a ver a la joven no sin antes comprar huevos de gusanos de seda que morirán en el camino.

El negocio de la seda se ha ido a pique y para salvar de la miseria a las gentes de Lavilledieu, Hervé contrata a decenas de personas para que construyan su parque. Pero él no es feliz. Baldabiou sabe que algo le ha pasado desde que comenzó a viajar a Japón: total, a alguien tendrás que contarle, antes o después, la verdad. Hervé se la cuenta: ni siquiera llegué a oír nunca su voz. Es un dolor extraño. Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.

A los seis meses de su regreso, Hervé Joncour recibe una carta de siete hojas escrita en ideogramas japoneses, sin nombre, sin dirección, sin ninguna palabra escrita en caracteres occidentales: cenizas de una voz quemada. Durante cuatro días llevará la carta consigo sin abrirla nunca, sólo una noche la mirará a contraluz: en transparencia, las huellas de los minúsculos pájaros hablaban con voz desenfocada. Decían algo absolutamente insignificante o algo capaz de desquiciar una vida: no era posible saberlo, y eso le gustaba a Hervé Joncour (¿Por qué?). Al quinto día (de nuevo, el quinto día) se dirige a Nimes con la intención de que Madame Blanche le traduzca la carta. Han pasado tres años desde la última vez que la visitó. La carta: sexo, deseo, amor, entrega, pero, también un adiós definitivo.

Hervé Joncour pasó los años que siguieron escogiendo para sí la vida límpida de un hombre ya sin necesidades. Sus días transcurrían bajo la tutela de una mesurada emoción. En Lavilledieu la gente volvió a admirarle, porque en él les parecía advertir un modo exacto de estar en el mundo. Viaja de vez en cuando con Hélène: todo les sorprendía; en secreto, incluso su propia felicidad. Hervé ha recuperado la calma, la indestructible calma de los hombres que se sienten en su lugar. Pareciera que la carta ha terminado con sus ansias y su infelicidad. Su intensa insatisfacción. Ahora parece un hombre satisfecho que ha optado por una vida sin sobresaltos donde todo ocupa su lugar. De vez en cuando, en los días de viento, Hervé Joncour bajaba hasta el lago y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida. El lago. ¿Qué simboliza el lago según vosotros?

El 16 de junio de 1871, Baldabiou abandona Lavilledieu. Nadie sabe adónde va. Hélène le abraza llorando, ¿quién sabe qué secretos les habían unido? Quizá Baldabiou le había dado a Hélène la llave para que abriera y entendiera todo lo que le había pasado a su marido. Quizá. Tres años después, Hélène enferma y muere. En su tumba, Hervé, hace esculpir una sola palabra: “Hélas” (que significa: desgraciadamente, por desgracia. Pero también: ay, ojalá. ¿Con cuál de las dos nos quedamos? ¿O valen las dos?). Hervé, sin desesperación, continúa su vida ordenada trabajando incansablemente en su parque. Vivirá todavía veintitrés años más con serenidad y buena salud. Sus costumbres le preservarán de la infelicidad y cuando la soledad sea muy grande, irá al cementerio a hablar con Hélène, su amada esposa. Como veis no he desvelado el gran secreto final que contiene esta novela. Eso os lo dejo a vosotros para que os explayéis en vuestros comentarios. Sólo una última pregunta: ¿qué os parece ese final? ¿Os lo esperabais? O, por el contrario, ¿os ha sorprendido? ¿Es un buen broche final? ¿Sí? ¿No?

Plazos
Disponéis de una semana para comentar esta segunda parte de la novela así como para exponer vuestras conclusiones finales sobre esta hermosa historia. ¡Espero con muchas ganas vuestras opiniones!

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23 comentarios to “Ser aquella mujer”

  1. MARIA VIEITES 17 de marzo de 2016 a 13:30 #

    Buenos días compañeros de lectura,
    Para mí, el desenlace de la novela es sorprendente al desvelar que la autoría de la carta escrita corresponde a su mujer y no a la misteriosa amante japonesa.
    ¿Qué significado tiene el lago?
    El protagonista de la novela, Joncour, es un hombre con una vida convencional y tranquila, lo describe el autor como “uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla” y, en su vida tiene mucho protagonismo el lago, “De vez en cuando, en los días de viento, Hervé Joncour bajaba hasta el lago y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida”.
    El lago cobra especial relevancia tras la muerte de su mujer y allí baja a reflexionar sobre lo que había sido su vida pero no logra comprendar el “inexplicable espectáculo” en el que se convirtió su existencia con la irrupción en ella de la misteriosa mujer japonesa.
    Tras el fallecimiento de su mujer, finaliza esa etapa turbia, incluso emocionante que fue su vida y vuelve a la monotonía.
    Es una novela llena de alegorías y metáforas que merece ser leída de nuevo dentro de un tiempo porque estoy segura que las sensaciones no serán las mismas.
    Saludos cordiales,

    • Jesper Boile Nielsen 26 de marzo de 2016 a 0:45 #

      Hola María. Para mí es fascinante que al final ambos, marido y mujer, comparten la misma anhelo a ser algo más, a vivir de manera más apasionada pero siempre proyectando ese anhelo fuera. Herve proyecta en la chica japonesa y Helene en Herve. Los dos ignoran que pueden ser lo que quieran sin depender de la pasión de otra persona. Es el mito de la media naranja que nos mantiene cortados por la mitad. Medias personas. Un saludo, Jesper.

  2. caromgar 17 de marzo de 2016 a 19:12 #

    Me ha encantado Seda, lo leí en una sola sentada, sin levantarme siquiera a rellenar la taza de café. Muchas veces me fascina más el sonido y el uso de las palabras que el contenido en sí mismo, aunque no me parece que este libro no lo tenga.
    Ya con el cierre del primer capítulo, esas tres frases que no agregan nada nuevo pero que te llaman a leerlas en voz alta y repetirlas, el libro se había ganado mi interés.
    Como dijo alguien en el post anterior, tal vez sea un libro para que te lean en voz alta, y muchas veces me detuve para leer las frases en voz alta y escucharlas. Un verdadero placer.

  3. Marta 17 de marzo de 2016 a 20:11 #

    Hola a tod@s. Yo también me leí el libro de una tirada, enterito. No es el tipo de libro que más me gusta leer pero es el típico libro que aprecias más y te gusta más cuando, después de haberlo leído, empiezas a “rumiarlo”.
    Dice mucho en muy poco texto y deja mucho sin decir. Es una historia triste sobre la monotonía en la que se puede convertir nuestra vida.
    Hervé Joncour tenía una vida cómoda: no le faltaba dinero, tenía una esposa que lo quería, un trabajo que le gustaba… pero a su vida le faltaba algo. Y ese algo lo encontró en su viaje a Japón en una mujer a la que apenas tuvo la ocasión de conocer pero que tenía algo que le hizo despertar del letargo en el que estaba inmerso.
    Es triste también pensar en el sufrimiento de su mujer que hubiera dado lo que fuese por ser “esa mujer”
    Quizá ninguno de ellos fue realmente feliz en ningún momento de su vida porque se limitaron a pasar por ella pero no a saborearla. Él porque nunca pudo estar con la mujer que había conocido en Japón y ella porque aunque su marido estaba con ella tenía su corazón y su mente en otra persona.
    Es una reflexión sobre la importancia de aprovechar la vida y no conformarse con tener una existencia más o menos cómoda porque llegado un momento te puedes arrepentir de no haber arriesgado.
    Cuando su mujer se muere él se queda destrozado: por perderla, por saber que ella sabía que él pensaba en la otra mujer, por sentir que no la había querido lo suficiente…
    La forma de escribir del autor me recuerda en algunos pasajes a la literatura infantil, cuando cuenta por ejemplo el trayecto que tiene que recorrer para llegar hasta la aldea de Hara Kei.
    Ha sido una lectura interesante y enriquecedora, como todas las que llevamos hasta ahora.

  4. Marta 17 de marzo de 2016 a 20:18 #

    Hola de nuevo. Se me olvidaba comentar que a mi sí me ha sorprendido mucho el final de la novela. Y en cuanto al significado del lago quizá Hervé se identificaba con él porque un lago está siempre quieto, en calma; no es como el mar en el que hay olas, mareas, o los ríos. Y la vida de Hervé también fue así, tranquila, estancada. Sólo se agitó una vez en la vida pero luego las aguas volvieron rápidamente a su cauce.
    Quizá el lago le aportaba serenidad y tranquilidad por esos mismos motivos.
    Un saludo

    • Jesper Boile Nielsen 26 de marzo de 2016 a 1:05 #

      Hola Marta. Estoy de acuerdo en tu reflexión sobre el significado del lago (los lagos). Pienso que a lo mejor son una metafora de la vida, y más concretamente la de Hervé. No me convence que Hervé esté tan profundamente infeliz. Más bien su carácter es cómo el lago: aunque tenga agitación en el superficie, permanece tranquilo en el fondo. Y eso me parece que quita amargura al cuento. La inspiración del amor por la japonesa la sublimiza para crear un jardín en vez de proyectarla en su mujer. Tal vez no una mala elección, salvo que Heléne malinterpreta su aventura y se queda atrás atada por los celos en la búsqueda de lo sublime…

  5. fjbarral 18 de marzo de 2016 a 0:57 #

    Parece que estamos practicamente de acuerdo que esta novela es un relato evocador, escrito con sutileza, de forma que las palabras se encadenan y nos apuntan a conceptos y situaciones no descritos… creando un ambiente apenas vislumbrado y tenue.
    El autor creo que utiliza tres poderosas herramientas para construir un relato sobre algo que no puede explicarse, y entonces debe utilizar métodos indirectos.
    Si hubiera redactado unos capítulos normales, extensos, y luego eliminase lo que tuviera especial relevancia para su narración, pero mantuviera suficientes pistas que apuntaran al texto ocultado, se obtendría un libro similar al que hemos leído. Así, por una parte lo importante es lo que no dice y, así, encontramos la primera herramienta que se conoce (entre las trece leyes de la Gestalt establecidas por el psicólogo Max Wertheimersobre la percepción de estímulos) como Ley de cierre o de de clausura, que viene a decir que tendemos a completar una figura o forma incompleta … de esta forma ante un texto con huecos, vacios e imprecisiones nos vemos motivados a completarlo, y a poco que se nos dirija, terminamos añadiendo lo que consideremos que falta, y esta parte es diferente para cada uno de nosotros porque se basa en nuestras experiencias.
    Por otra parte, al modo de ciertos relatos y cuentos, muchas veces la historia sólo sirve para entretener nuestra parte racional, dejando libre a nuestra parte más intuitiva para percibir las impresiones y el mensaje que no puede ser racionalizado ni entendio, del mismo modo que entendemos perfectamente ciertos conceptos abstractos que no son explicables, al menos en su esencia, tales como la bondad, el amor…. Ésta seria la segunda herramienta.
    Finalmente, la tercera herramienta, sería, como ya se ha dicho, el estilo sutil del autor para colocar las mínimas indicaciones pero que sean suficientes para asegurar encontrar el sentido de la historia. Es un sentido tenue que cuando intentamos acercarnos se nos escapa, ahí su habilidad, y muchas veces la desazón que se nos presenta cuando erroneamente intentamos racionalizarlo y no podemos hacerlo, que nos puede llevar a despreciar partes sustanciales por el hecho de no entenderlas.
    Me gustan las historias y los relatos que nos introducen de lleno en lo desconocido, en lo innombrable, en un mundo perfectamente comprensible pero que no es entendible, ni explicable, porque son los que nos dejan con una sensación de haber visualizado las maravillas del mundo y dejarnos mecer por ambientes que perduran en nuestras sensaciones. Por todo esto me ha gustado este libro que como un iceberg del que sólo se aprecia una pequeña parte pero que, al mismo tiempo, impone toda su presencia dejandonos unas imperdurables maravillosas impresiones, como un evocador paisaje. 🙂

  6. Verónica 18 de marzo de 2016 a 1:51 #

    Realmente me encantó el libro.
    El final no me lo esperaba para nada y me hizo reflexionar sobre cómo, quizás por la época en que se desarrolla la historia, la esposa tiene una actitud pasiva en la pareja (en lo que respecta a la vida sexual) y sólo logra superar esa pasividad cuando se desdobla y finge ser otra. Quizás lo que el marido buscaba, más pasión, más aventura, lo tenía en su propia casa y no lo había descubierto.
    Con respecto a la forma en que la novela está escrita me interesó mucho lo conciso, como con pocas palabras el autor logra una novela que para mí, como ya dije en el comentario anterior, es sensorial y muy poética.
    Estoy muy contenta de haberme sumado al club y haber comenzado a leer este libro porque en un primer momento había pensado en esperar el próximo. Fue una muy buena lectura de bienvenida.
    Saludos desde Buenos Aires

    • Jesper Boile Nielsen 26 de marzo de 2016 a 1:13 #

      Hola Verónica. Buena observación lo de la pasividad de la mujer. Ella podría haber eligido otro camino que no fuese el de la amargura y el engaño. Muy curioso teniendo en cuenta que obviamente comparte la fascinación de su marido. Y el podría haber elegido sincerarse y compartir sus experiencias y aspiraciones con ella. Pero ambos infravaloran las capacidades del otro. Tomemos nota.

  7. Luisa 18 de marzo de 2016 a 1:57 #

    Hola a todos nuevamente. Pienso que esta lectura no deja indiferente a nadie, denostada por unos y considerada obra maestra por otros, suscita numerosas polémicas, desde su estructura, novela corta, cuento largo, historia, fábula, hasta su temática, es una historia de amor, es un triángulo amoroso, es la conexión de culturas diferentes, existencia tranquila versus vida excitante rozando lo prohibido…

    Personalmente lo que más valoro es el talento de su autor para transmitir, con un estilo telegráfico y muy escueto en palabras, un sinfín de emociones de toda índole, sensitivas, visuales, de intriga, de paz, de amistad y con un final inesperado que me gustó. Pienso que Baricco quiso hacer algo diferente y lo consiguió, en vez de darle el acabado al lienzo, realiza un esbozo perfecto con lineas difusas pero perfecto en equilibrio y volúmenes. Hizo algo como el americano “do it yourself”, el bricolaje que tenemos que hacer cada uno de nosotros cuando leemos su obra y por lo que podríamos debatir de casi todo. Por eso crea división de opiniones.

    Para mi representa sobre todo la historia de un gran amor, el que le profesa su esposa, que silenciosamente con gran inteligencia y sensibilidad consigue ayudarle a cicatrizar las secuelas de una pasión obsesiva y enfermiza que lo está destruyendo.

    Fue amena la lectura, fácil, diferente, alternativa, pero quizás esperaba algo más de una novela tan ensalzada por la mayor parte de la crítica y de los lectores, considerada por muchos una joya literaria. Me faltó culminación o quizás, que las expectativas eran exageradamente altas.

    Un saludo y hasta pronto

  8. Yési 19 de marzo de 2016 a 0:13 #

    Hola a todos y todas compis
    Tras leer el libro, el comentario de Chus y los vuestros, coincido que es un libro que se debería de leer en voz alta con las pausas dadas y buena entonación, como decía Caromgar y cómo decís el resto no deja indiferente.
    Esconde algo, que nos deja intuir a cada uno nuestras impresiones, como lo de la relación de Baldibuo y Helen, que quizás como dice Chus fuese el que le dijera a Helen que le pasa a su marido y por ello le escriba esa carta después de su último viaje a Japón.
    Creó que lleva una vida tranquila como decíais y como dijo Baricco en la descripción de el al principio del libro y por ello creó que ya en el primer viaje a Japón le cambia todo esa mirada y esa cara de esa joven, si os acordáis también en el segundo viaje o tercero no recuerdo bien, a su vuelta, Helen va a darle un beso de buenas noches y se le desabrocha el camisón dejandose ver sus pechos y éste dice que son pequeños y hace mención como a la chica, me dio la sensación que a veces su mujer y la chica que no tenía rasgos asiáticos, podía ser como Helen al inició de cuando eran ellos jóvenes y quizás pareja y por ello también se sienta confuso un poco nuestro protagonista, ¿Añoranza quizá de otro tiempo de relación con su esposa, sea lo que le recuerde esa jovencita de Japón?
    Algo también que me resulta curioso es el color azul, las rosas de la madame que llevaba como anillos y los pájaros solían tener colores azules, como, un color interpretativo, como el agua del lago?
    Yo creó que le gusta ver el lago al igual que los pájaros, por lo que representó su vida, sus viajes y su totalidad aparte de que le daría calma y le vendrían imágenes de lo que fue, pudo ser y también no fue. Supongo que será su fuelle de división y difusión, donde encontrar la paz, el pasado y el presente.
    Respecto a los nombres del lago, ahora que leí el libro en su totalidad, me inclino por decir que es como que ed la aventura que se le aproxima, que es lo que va a ver en Japón y sus impresiones respecto a ello por la joven.
    Y para despedirme, decir que a mí no sé si a vosotros, y si Chus lo ve bien,si podríamos leer un libro de Jorge Bucay, cualquiera de los muchísimo que tiene. Un saludo y hasta la próxima lectura

  9. eduardo 19 de marzo de 2016 a 19:48 #

    ¡Muy buenas! Seda es un libro diferente, de eso estoy seguro. Tiene una historia, que es la que vive su protagonista a raíz de su trabajo, curioso si más no, el cual le hace viajar a Japón en diverses ocasiones.
    Seda parece más un cuento que una novela, no hay una profundidad en el desarrollo de los personajes, no hay un transfondo relevado de sus protagonistas, quizás algunos saltos en el tiempo que nos informan de algunos sucesos relacionados con el desarrollo de la empresa de seda en el pueblo del protagonista y poco más.
    Con esta premisa explica la historia Seda. Ágil, rápido, directo son algunes virtudes que yo le veo. Es poetico y está escrito de una forma que te deja buen sabor de boca, pero, no sabes por que. Personalmente he disfrutado de su lectura, me ha parecido atractiva y el golpe de efecto de saber que su mujer le escribió la carta haciendose pasar por la chica que vivia en Japón, me gustó.
    De todas formas creo que no es un libro que me haya encantado, es como si hubiera creado una pequeña ilusión momentanea y al acabar el libro se diluyera ¡Nos leemos!

  10. Ciberclub de lectura 19 de marzo de 2016 a 21:53 #

    Creo que la frase de Marta resume muy bien este libro: “Dice mucho en muy poco texto y deja mucho sin decir”. Por ese motivo, la lectura exige un esfuerzo para entenderla. No es lectura fácil aunque aparentemente lo parezca. Y da lugar a muchas interpretaciones, como así estáis haciéndolo vosotros, de sus numerosos símbolos y de todo lo que no dice y que tenemos que imaginar, suponer… haciendo que el lector ocupe un lugar muy activo en su lectura.
    Muy interesantes vuestras interpretaciones. ¡Gracias! Seguimos comentado…

  11. Lore 19 de marzo de 2016 a 23:38 #

    Hola a todos, para mi fue una lectura muy agradable y ágil, casi de una sentada y en medio de una gripe, parece fácil pero como decía Chus, creo que no lo es, hay un montón de cosas escondidas detrás de cada frase que deja libre el pensamiento e interpretación de quién lo lee, te atrapa y cuando te das cuenta has acabado pasando de la vida en calma como un lago a la parte rumbo a la aventura, la libertad y la atracción de lo desconocido, en un santiamén. Me gusto mucho la repetición de la secuencia del comienzo y final de los viajes a Japón que marcan de esa manera muy clara esa parte de la novela diferenciándola de la vida en el pueblo. Me sorprendió mucho que la carta fuera de la mujer creo que me llevo un tiempo cerrar la boca de la sorpresa, es un giro genial como de no pensar que ella lo puede saber a escribir de esa manera y pedir que se lo traduzcan, muy bueno. Creo que es la lectura que en un principio la lees y listo pero que según vaya pasando el tiempo dejara mucho poso y la recordarás aunque no consigas saber porque te ha dejado cautivado. El título también es perfecto tanto por la historia apasionante de la creación de esa tela como el simbolismo de ser algo suave, vaporoso y de tacto agradable. Me alegro mucho de haberme reenganchado de nuevo con esta lectura fresca y ágil aunque profunda y reflexiva, llevaba un tiempo sin ser capaz de acabar las lecturas y comentar, lo estaba echando de menos. Por cierto todos vuestros comentarios son tan enriquecedores como la propia novela. Chus de nuevo gracias por sorprenderme.
    Buenas noches, y nos leemos.

  12. Raquel 20 de marzo de 2016 a 22:48 #

    Hola , me gusto mucho este libro., esta historia de amor o de atracción y deseo de un hombre que lo lleva a recorrer miles de kilómetros. La narrativa es muy breve y extraña y con muchas imágenes .y con final inesperado

  13. Ana María Heinze 21 de marzo de 2016 a 4:22 #

    Hola gente ! Me he quedado con la sensación de quietud, como una vida quieta que es atravesada por un hecho, como un relámpago que atraviesa un cielo despejado, sin embargo aquella historia, digamos aquella pequeña historia de miradas secretas, de desafío es lo que termina impregnando la vida de esta pareja. Me pareció muy interesante ese final, finalmente la fantasía no era solo de Herve , entra también en ella su esposa y la concreta en la carta. Un final atrevido para un relato que no jugaba a las sorpresas. Me gusto y me pareció una bella historia humana.

    Saludos

  14. fjbarral 21 de marzo de 2016 a 12:19 #

    La historia principal del relato me ha recordado un viejo cuento tradicional árabe, cargado de enseñanza, y que se conoce con el título de “Historia de los dos que soñaron” o “El tesoro soñado”, y que comparto en su versión más resumida:

    Cuentan los hombres dignos de fe (pero sólo Alá es omnisciente y poderoso y misericordioso y no duerme) que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió, menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño a un desconocido que le dijo:

    -Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla.

    A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros de los desiertos, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres. Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por el decreto de Dios Todopoderoso una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea. El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo y lo llevaron a la cárcel. El juez lo hizo comparecer y le dijo:

    -¿Quién eres y cuál es tu patria?

    El hombre declaró:

    -Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Yacub El Magrebí.

    El juez le preguntó:

    -¿Qué te trajo a Persia?

    El hombre optó por la verdad y le dijo:

    -Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que la fortuna que me prometió ha de ser esta cárcel.

    El juez echó a reír.

    -Hombre desatinado -le dijo-, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín. Y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol, una higuera, y bajo la higuera un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, has errado de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no vuelva a verte en Isfaján. Toma estas monedas y vete.

    El hombre las tomó y regresó a la patria. Debajo de la higuera de su casa (que era la del sueño del juez) desenterró el tesoro. Así Dios le dio bendición y lo recompensó y exaltó. Dios es el Generoso, el Oculto.

    Así, lo que el protaginista creia encontrar el el lejano Japón se encontraba en su propia casa, y de esta forma al regreso de su último viaje, fallido por no haber podido encontrarse con la muchacha que le había cautivado, su mujer le escribe una carta cargada de pasión y con una despedida seguramente para que a través de la mente de su marido se materializara en su relación, de una u otra manera.

    Es esta una lectura con gran contenido simbólico. Cada una de sus elementos y las acciones representan un concepto o un matiz. Así, además de macernos con su refinado estilo de escritura, el autor nos hace, poco a poco, partícipes de sensaciones y fuentes de conocimiento profundo.

    El símbolo principal creo que es el del lago, que representa una superficie de agua, normalmente abarcable y generalmente con aguas que no permiten conocer su profundidad. Así podemos encontrar quizas una representación de la persona que se hunde más o menos en su interior y se aisla del mundo. Pero otras de las caracteristicas del lago consiste en que sus aguas tranquilas reflejan al mundo circundante, por lo que es en esta interfase entre lo interior y lo exterior, dónde se dejaba perder en sus pensamientos el protagonista de la historia, donde nos es posible conocer y apreciar el mundo. Así, como el reflejo, el mundo nos deja la marca de su reflejo y así nos cambia nuestro aspecto o nuestra forma de ser con los demás. Pero además, existe otra forma de cambio, que es la que sufría el protagonista en sus viajes, así algunas impresiones provocaban cambios profundos y más permanentes, que agitan sus aguas internas, y que provocan también cambios en su superficie, desdibujando lo que su superficie refleja.

  15. Paula 21 de marzo de 2016 a 19:56 #

    Buenas tardes a todos.
    Realmente he disfrutado muchísimo la lectura de éste libro. Muy ameno e interesante. El desenlace me ha sorprendido bastante. Si bien me llamaba la atención la aparición de la carta y su supuesta autoría, nunca imaginé quién podía ser la autora de la misma.
    La sutileza del cambio de palabras para describir los mismo lugares y trayectos es maravillosa. He sentido que el autor es muy descriptivo sin ahondar en largas explicaciones, con esos cambios de palabras mostró cómo cambiaban los ánimos del protagonista en su peregrinar de cada año.
    La percepción del protagonista del porqué Jean Berbeck dejó un día de hablar y no volvió a hablar hasta su muerte, realmente me dejó pensando y apreciando el poder de la palabra bien dicha y del silencio oportuno.
    El lago y el pasar horas mirándolo, estimo a todos en mayor o menor medida, nos ha pasado. En lo personal me resulta hinóptico ver las consecuencias que una leve brisa opera sobre una superficie que podría estar quieta. Y también ver una superficie quieta y saber que por debajo pueden ocurrir corrientes. Las superficies de agua pueden operar como espejos, reflejos del entorno, o desdibujarlos, inundarlos. Pueden ser inestables, calmos, tormentosos.
    Bueno, esa es mi apreciación.
    Saludos a todos

  16. Lory 22 de marzo de 2016 a 21:12 #

    ¡Qué jugosos todos vuestros comentarios!
    Voy a ser muy breve xq sé que tiendo a pasarme. Encontré por ahí una definición muy ajustada: SEDA es una nostálgica búsqueda de sentimientos que nunca se nombran. Enlaza con todo lo que decís acerca de lo que el autor no dice y nos deja ese espacio a quienes leemos.
    La primera vez que lo leí pensé que era una historia de amor. La segunda, una historia de amor frustrado, pero amor. Y la tercera, ahora, añado que por esa frustración pienso que es una historia de deseo. De lo que soñamos. De lo incumplido.
    Hervé viene a soñar al lago. A mirar sus sueños. Los realiza en el parque. Conversa con su mujer en la tumba.
    Baricco puede ser todo, a la hora de escribir, menos un creador cómodo. Busca siempre provocar, obliga a reflexionar, tiene giros inesperados, frases poéticas en medio de un caos.
    Pienso que Seda es un libro arquetipo: podemos analizarlo desde donde queramos. Siempre nos dirá algo.
    Y me gustó. No fue una explosión, pero una pequeña traca.
    Nos leemos. Un saludo

  17. Mercedes 25 de marzo de 2016 a 12:40 #

    Espero llegar a tiempo para compartir con vosotros mi impresión sobre este extraordinario libro. La verdad que sí me sorprendió el final, no obstante durante toda la novela, específicamente desde la página 43, me preguntaba por la identidad y quién era aquella mujer vista por Hervé Joncour, el protagonista.

    En la página 43 Joncour pregunta al inglés que va a vender armas a Hara Kei: “¿conocéis a una mujer joven, creo que europea, blanca, que vive aquí?”. A lo que el inglés le responde: “No existen mujeres blancas en Japón. No hay ni una sola mujer blanca en Japón”.

    A partir de esta conversación del protagonista con el inglés, me pregunté durante toda la novela por la identidad de esta mujer, inclusive de si existía pero sólo para Joncour. Todavía es un asunto en el que reflexiono. Sobre todo, porque al parecer, Joncour no realiza un viaje al Japón sólo externo, en el sentido del término viajar de trasladarse de un lugar a otro físicamente, también parece viajar internamente, es decir, podría estar realizado un viaje interno que lo hace estar en contacto con otras emociones de su ser.

    Por otro lado, no sé si los huevos y las larvas de gusanos de seda podrían tener una relación con el proceso interno del protagonista. Quizás como una especie de paralelismo entre el protagonista y esos huevos y larvas de seda. Con cada viaje Joncour viene con unos huevos y larvas que se abren y tejen tras de sí la seda. Algo así como si Joncour también regresase de cada viaje siendo otro, siendo como una larva que sale del huevo, y que va dejando una seda, que es como la nada entre los dedos.

    Una nada que en el último viaje muere, pues en Joncour parece morir algo u ocurrir algo al igual que a los huevos y las larvas. Luego de su último viaje a Japón, es que Joncour dice “Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca”, a partir de ese momento aparece en él sensaciones y emociones no vistas antes por alguien que sólo se describe en un principio como quien asiste a su vida pero no la vive.

    Lo vivido por el protagonista va más allá del amor y cualquier emoción o sensación que pueda ser determinada, parece ser como es descrita la propia seda en la novela: la nada entre los dedos.

  18. fjbarral 28 de marzo de 2016 a 19:25 #

    Aunque todavía podríamos avanzar por muchos de la multitud de detalles de esta escueta novela que, no obstante, nos ha llevado lejos en nuestras impresiones, creo que hemos encontrado los calificativos necesarios para mostrar nuestro embeleso. Hemos recogido todo y nos quedamos, no con la historia o los personajes, sino con las sensaciones que tanto aquella como estos nos han hecho sentir, nos hemos encontrado con una historia que no ha necesitado explicación más allá de los sentimientos que a propiciado.

    Pero creo que aún queda un detalle importante … ¿por qué motivo el protagonista se encontró con una chiquilla de ojos no orientales? ¿es en verdad importante estos dos detalles, cuando no los desarrolla en el relato? … o simplemente nos da una nota de misterio, de sensual empuje en la historia pero inconsistente en sí mismo….

    Será a la manera del término inventado por Hitchcock, “MacGuffin“, y sería algo como: “un elemento de suspenso que hace que los personajes avancen en la trama, pero que no tiene mayor relevancia en la trama en si“, sin embargo, esta palabra la acuñó sin ninguna intención, a su vez, de definirla, para referirse a algo que no podía ni quería explicar, por lo que en una entrevista se refirió a ella en esta forma: «La palabra procede del music-hall. Van dos hombres en un tren y uno de ellos le dice al otro “¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?”. El otro contesta: “Ah, eso es un McGuffin”. El primero insiste: “¿Qué es un McGuffin?”, y su compañero de viaje le responde: “Un MacGuffin es un aparato para cazar leones en Escocia”. “Pero si en Escocia no hay leones”, le espeta el primer hombre. “Entonces eso de ahí no es un MacGuffin”, le responde el otro». 🙂
    https://es.wikipedia.org/wiki/Macguffin

  19. jose vicente 29 de marzo de 2016 a 16:50 #

    Hola amigas y amigos; Siento no haber podido leer la novela la dejo para el verano. ya leeré los comentarios más adelante. Un saludo nos vemos en la próxima.

  20. caromgar 27 de abril de 2016 a 19:50 #

    No sé a ustedes, pero a mí esta novela me ha dejado resonando pedacitos de frases, que todavía se me aparecen de vez en cuando en medio de otros pensamientos se van hilando sin mucho sentido unos con otros. Y algunas de las que más se me vienen a la mente son las del lago Baikal, tal vez porque me sigue resultando un poco misterioso. Por eso me encantó encontrar este artículo en El País con unas fotografías del Baikal estupendas, especialmente las nocturnas con la aurora boreal. Se los comparto por si les interesa:
    http://elpais.com/elpais/2016/04/25/videos/1461579986_412336.html

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