Era como tener la nada entre las manos

7 Mar

Foto en flickr por rrbhs99. Algunos derechos reservados.

Comienza Seda, con la concisión que la caracteriza, situándonos en el espacio y el tiempo, presentándonos a su protagonista, Hervé Joncour y explicándonos en qué consiste su profesión y cómo es su vida en Lavilledieu. Las repeticiones, que marcan el ritmo de la novela, están presentes ya desde el primer momento. En el capítulo 5 aparece Baldabiou, el artífice de esta historia, el mago que convierte a Lavilledieu, veinte años atrás en uno de los principales centros europeos de cría de gusanos y de producción de seda. El original y único Baldabiou que no se quiere quedar con todo el negocio, revelándoles a otros empresarios los secretos del oficio porque eso le divertía mucho más que ganar dinero a espuertas. Enseñar. Y tener secretos que contar. Así era aquel hombre. Asimismo, Baldabiou cambia el destino de Hervé doce años después de comenzar el negocio de la seda convirtiéndole en el viajero que irá en busca de los gusanos a Egipto: viajó en un barco que se llamaba Adel. Hasta los camarotes llegaba el olor de la cocina, había un inglés que decía que había combatido en Waterloo, la noche del tercer día vieron delfines que brillaban en el horizonte como olas embriagadas, en la ruleta salía siempre el número dieciséis. Cuando vuelve de su primer viaje, Baldabiou sólo le pide que le hable de los delfines: así era Baldabiou. Nadie sabía cuántos años tenía.

Pero la epidemia de prebina que había destruido los huevos de los cultivos europeos se extendió a través del mar, alcanzando a África. Todo parece indicar el principio del fin del próspero negocio de la seda pero, una vez más, Baldabiou tiene la respuesta al problema y la solución. Hervé, como ochos años antes, dejaba que aquel hombre reescribiera ordenadamente su destino y éste es que tiene que ir siempre recto. Hasta el fin del mundo: Japón. Una isla que durante doscientos años había vivido completamente separada del resto de la humanidad, rechazando cualquier contacto con el continente y prohibiendo el acceso a todo extranjero. Pero serán los americanos los que en 1853 conseguirán la apertura a los extranjeros de dos puertos en el norte del país y el establecimiento de las primeras, mesuradas, relaciones comerciales. Baldabiou sabe que allí se produce la seda más bella del mundo. Lo hacían desde hacía más de mil años, según ritos y secretos que habían alcanzado una mística exactitud. El aislamiento de Japón, piensa acertadamente Baldabiou, la ha preservado de cualquier epidemia. El problema es que los japoneses no se oponen a vender su seda, pero los huevos, ésa es otra historia. Los huevos no los sueltan. Y si intentas sacarlos de la isla estás cometiendo un crimen. Pero nada arredra a Baldabiou ni, consecuentemente, a su fiel servidor, Hervé Joncour. El seis de octubre se despide de Hélène, su mujer, que era una mujer alta, se movía con lentitud, tenía un largo cabello negro que nunca se recogía en la cabeza. Tenía una voz bellísima.

Comienza el primer viaje de Hervé a Japón. Cada vez que comience uno de estos viajes el narrador repetirá el itinerario que seguirá el viajero en un extenso párrafo exactamente igual, excepto en la frase: viajó durante cuarenta días hasta llegar al lago Baikal, al que la gente del lugar llamaba mar. En sucesivos viajes la palabra “mar” será sustituida por “el demonio”, “el último” y “el santo”. ¿A qué creéis que se debe este cambio de nombres? ¿Cuál podría ser su significado simbólico? ¿Creéis que cada una de estas palabras puede tener que ver con las características de cada uno de los viajes? Yo os adelanto que para mí es un enigma que no he logrado descifrar así que espero con mucho interés vuestras opiniones al respecto.

Una vez allí, Hervé será conducido hasta el hombre más inexpugnable del Japón, al amo de todo lo que el mundo conseguía arrancar de aquella isla, Hara Kei, que quiere saber quién es este francés. El autor se demora con todo tipo de detalles en este encuentro a lo largo de cuatro capítulos porque tiene un poderoso motivo ya que junto al amo de todo se encuentra una mujer tendida junto a él, inmóvil, con la cabeza apoyada en su regazo, los ojos cerrados, los brazos escondidos bajo el amplio vestido rojo que se extendía a su alrededor, como una llama, sobre la estera color ceniza. Mientras Hervé, a petición de Hara Kei, le está contando su vida como nunca en su vida lo había hecho, la muchacha abre los ojos y es en ese momento, crucial en esta historia, cuando éste se da cuenta de que aquellos ojos no tenían sesgo oriental, y que se hallaban dirigidos, con una intensidad desconcertante, hacia él: como si desde el inicio no hubieran hecho otra cosa, por debajo de los párpados. A partir de ahí, el encuentro gira alrededor de esa mirada fija en los ojos de Hervé Joncour. Todo parece paralizarse a pesar de que Hervé conserva la compostura y continúa hablando. El único gesto de la muchacha será deslizar lentamente su mano hacia la taza de té en la que él ha bebido y llevársela a sus labios en el mismo lugar en el que Hervé había depositado los suyos momentos antes: los ojos abiertos, fijos en los de Hervé Joncour. Él beberá de nuevo en el mismo lugar de la taza. Ese gesto tan sutil pero tan lleno de significado y simbolismo será el inicio de un cambio que trastocará por completo la vida de Hervé Joncour.

Ya de vuelta en Francia, cuando Baldabiou le pregunta cómo es el fin del mundo, él le contestará: invisible. Al igual que la seda que varias veces es definida como “la nada”. Parece como si lo que está pasando, en realidad no está pasando, como si fuera un sueño, algo irreal. Quizá es así como lo está viviendo nuestro protagonista que, rico, decide comprar un terreno y diseñar para él un parque donde sería leve, y silencioso, pasear. Lo imaginaba invisible como el fin del mundo. Es como si Hervé hubiera entrado en otra dimensión, etérea, inmóvil, debido a ese encuentro mudo con la enigmática muchacha. Estamos en 1862, Hervé cumple treinta y tres años y llovía su vida, frente a sus ojos, espectáculo quieto.

Nuestro protagonista emprende su segundo viaje a Japón. Es hospedado durante cuatro días por Hara Kei. El encuentro inicial será en las orillas de un lago. De nuevo, cruce de miradas con la muchacha que se despoja de un vestido naranja y se sumerge en el lago. Cuando los dos hombres abandonan la orilla después de pasar horas hablando y callando, Hervé dejó caer uno de sus guantes junto al vestido de color naranja, abandonado en la orilla. De nuevo un gesto lleno de simbolismo. Durante esos cuatro días la vida discurría en voz baja, se movía con una lentitud astuta, como un animal acorralado en su madriguera. El mundo parecía estar a siglos de distancia. Para hacer todo más extraño, más irreal, un inglés, que está de paso, le comenta a Hervé ante su pregunta sobre si conoce a una mujer joven blanca que viva allí: no existen mujeres blancas en Japón. No hay ni una sola mujer blanca en Japón. El silencio, el enigma, la soledad rodean a Hara Kei y a su casa. Hay numerosos pájaros, bien volando con grandes alas azules en cuyo vuelo la gente lee su futuro o bien, en una gigantesca jaula, loca prenda de amor, que hace que a Hervé todo le parezca un teatro, una representación cargada de símbolos. La última noche, durante el ritual del baño, una mano de mujer joven le pone un paño en los ojos, le baña con toda la delicadeza del mundo y, finalmente, le deja un papel dentro de su mano: se puso a observar la luz que temblaba, borrosa, en la lámpara. Y, con cuidado, detuvo el Tiempo durante todo el tiempo que lo deseó. No fue nada, después, abrir la mano y ver aquella hoja de papel. Pequeña. Unos pocos ideogramas dibujados uno debajo del otro. Tinta negra.

Hervé regresa a Francia con su cargamento de huevos de gusanos de seda (que siempre consigue sacar a escondidas de la isla). Su mujer le recibe con dulzura y amor. Transcurren cuarenta y un días de vida tranquila pero no se ha olvidado del papel, imposible, necesita saber qué dice y de nuevo recurre a Baldabiou que lo envía a visitar a Madame Blanche, una rica japonesa propietaria de un burdel en Nimes que lleva en los dedos, como si fueran anillos, unas pequeñas flores de color azul intenso. “Regresad o moriré”, eso es lo que dicen los ideogramas. La enigmática madame le recomienda que lo deje estar: no morirá y vos lo sabéis. El narrador no nos dice explícitamente en ningún momento lo que piensa o siente Hervé. Todo son signos cargados de simbolismo, todo es sutil, todo lo tenemos que descifrar de sus gestos, miradas o acciones. Así que, sin saber lo que piensa o siente ante esas palabras, Hervé por primera vez en su vida llevó a su mujer aquel verano a la Riviera. La vida continúa y quieren tener un hijo que se llamará Philippe. Él la ama y se lo dice, le dice: te amaré siempre. Esa parece la respuesta a todo aunque en un rincón escondido de su despacho conservaba una hoja doblada en cuatro, con unos pocos ideogramas dibujados uno debajo del otro, tinta negra.

Plazos
Disponéis de una semana para comentar esta primera parte de la lectura. Espero que sean numerosos vuestros comentarios e impresiones y podamos entre todos descifrar todo el simbolismo que contiene esta lectura. A la vez, seguiremos leyendo desde el capítulo 31 (página 61) hasta el final de la novela. ¡Por favor no comentéis nada de la segunda parte hasta que publique el post sobre ella dentro de una semana! Gracias. 🙂

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26 comentarios to “Era como tener la nada entre las manos”

  1. Salo Kon 7 de marzo de 2016 a 9:49 #

    Hola Chus, hola a todos. Me alegra Chus que hagas mención a la cuestión de las diferentes formas de llamar al Lago Baikal, ya que siendo ésta mi segunda lectura de este libro, es el elemento que más me deja intrigado. El resto, me parece una historia de agradable lectura, poético, musical, incluso visual, pero que al menos a mi no me deja mucho poso. Por último, transcribo aquí una parte de lo que dice la Wikipedia acerca del Lago Baikal y que creo puede aclararnos algo acerca de sus diferentes denominaciones: ” En la tradición rusa, el lago es llamado «mar», y en las lenguas buriata y mongola es llamado «Dalái-Nor», el «Mar Sagrado».”

  2. CARMEN 7 de marzo de 2016 a 12:24 #

    Hola a tod@s, realmente es un libro que cuesta no leerlo de una vez, su ritmo, sus expresiones llegan a hacer que se lea en un rato. Estoy en consonancia con Salo Kon, es una lectura muy placentera pero que no sé si al final aportará algo más. Saludiños

  3. Raquel 7 de marzo de 2016 a 14:59 #

    Hermoso libro, como un poema y las descripciones muy precisas pero deja volar la imaginación, creo que a cada uno de los lectores nos dejara sensaciones distintas en sus encuentros con la mujer

  4. María Vieites 7 de marzo de 2016 a 16:28 #

    Buenas tardes,
    Lo que más me gusta de esta pequeña novela es cómo escribe el autor.
    Alessandro desarrolla esta historia de una manera muy sencilla, utilizando frases cortas, palabras concretas y expresivas que, sin dificultad, hacen que viajes con el personaje por los lugares de Siberia y te sientes a tomar el té con Hara Kei.
    Efectivamente no cuesta leerlo e, incluso, me resulta relajante.
    La historia, sin ser original, resulta deliciosa sobre todo, por la forma en que está contada.
    Me quedo con la parte de la cultura japonesa, que, particularmente me atrae y me fascina.
    Saludos cordiales,

  5. Jesper Boile Nielsen 7 de marzo de 2016 a 18:16 #

    Hola a todos.

    Como soy nuevo en el club aprovecho para presentarme. Soy Jesper, danés de 37 años residente en La Coruña desde hace 12. Vivo con mi mujer y mi hija de 6 años y trabajo en la Orquesta Sinfónica de Galicia. Me he apuntado al club de lectura para reavivar mi afición por la literatura.

    Por alguna razón “Seda” me recuerda a “Siddharta” de Herman Hesse. Aunque el protagonista en aquella novela es un joven Brahman que empieza a ver el mundo de modo diferente y el de ésta, Hervé, es un burgués acomodado que se fascina por la sofisticación del mundo oriental, comparten la experiencia del descubrimiento de un más allá de lo que pensaban que era la vida hasta entonces. Hervé igualmente tiene un aire monjil en su anhelo por el silencio y la paz en el parque de sus sueños. Las dos novelas nos enseñan que la sensualidad y la espiritualidad no están reñidas sino íntimamente conectadas.

    Yo creo que Hervé ha considerado “improcedente” vivir su propia vida porque para él hubiera implicado una regresión a una vida más salvaje y propio de gente más vulgar. No es hasta que descubra el mundo oriental y proyecta sus calidades en la muchacha de Hara Kei que entienda que hay una manera de vivir la vida que no implica una retroceso sino una evolución hacía algo más sutil, refinado y sobre todo, más complejo. Una vez descubierto este nuevo mundo no hay vuelta atrás y está por ver si Hervé consigue a la vez trascender e incluir su antigua vida o si su futuro le depara ruptura, dolor y muerte aunque sea una muerte iluminada.

    En cuánto a los nombres del Lago Baikal esperaré hasta haber leído todo el libro para interpretarlos.

  6. Luisa 7 de marzo de 2016 a 18:27 #

    Hola a todos. Sinceramente no sé que deciros sobre mis impresiones de esta lectura. No me disgusta su sobriedad llevada al extremo y la evocación de la armonía y equilibrio del universo oriental pero de momento estoy desconcertada. Ya veremos lo que siento cuando la finalice.

  7. fjbarral 8 de marzo de 2016 a 0:40 #

    Hola a tod@s,

    Es este un libro extraño. Por una parte es como si hubiera eliminado lo superfluo para dejar no sólo lo importante, sino lo que nos puede llevar a lo fundamental, y, por otra parte, parece que el relato nos condujese continuamente a observar un maravilloso espectáculo, que de alguna forma fuese más un apunte o una dirección que una serie de hechos o situaciones. El relato nos dirige y nos evoca sentimientos y sensaciones, si necesidad de expresarlos.

    La historia se va construyendo pues con escuetos pasajes pero que son lo suficiente relevadores para que nos permitan reconstruirla, para poder avanzar en ella, no sólo someramente sino de forma profunda. Se vislumbra y se aprecia, más que seguir el relato. Es un suponer, pero profundo.

    Se entiende que esta obra me gusta, aunque de forma serena, sutil y algo esquiva, pero no por ello menos profunda.

    Sólo es reiterativo el detalle del viaje del protagonista en sus partes, constantes, a la ida (aunque cambiando la denominación del lago en la útima parte del trayecto) como a la vuelta, que se produce siempre a tiempo de la misa Mayor. Esta forma no va definiendo en caracter constante de éste, la monotonía de su vida pese a lo extraordinario de sus experiencias, sus viajes y su vida. En esta primera parte se mueve pero permanece estático, aunque al final de esta primera parte parece que eso podría cambiar, por la muchacha que conoce, aunque sólo por momentos.

    El caso es que con la introducción del propio autor, que encontró esa forma sutil y profunda de resumir esta obra, nada puede ser malo, sino al contrario que apunta a descubrir sutiles maravillosos sentimientos … ya que, en sus propias palabras, “ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es la historia, que empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento“.

    De alguna forma, me parece que se ajusta a lo que muestra el siguiente vídeo, que se queda en nada pero que es mucho lo que nos muestra, o más bien lo que saca de dentro de nosotros mismos.

    • Jesper Boile Nielsen 8 de marzo de 2016 a 16:42 #

      Hola Fjbarral.
      Me parece que estás diciendo algo importante cuando llamas la atención a “la monotonía de su vida pese a lo extraordinario de sus experiencias”. La cuestión no es la forma de nuestras vidas, sino el fondo. O dicho de otra manera: la estructura subyaciente de nuestra perspectiva particluar. El símbolo pertinente a esta diferenciación entre nuestras experiencias y nuestras interpretaciones de ellas será justamente el “lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento“.
      Un saludo, Jesper.

      • fjbarral 8 de marzo de 2016 a 23:49 #

        Hola Jesper,
        Así me lo parece a mí también. En realidad, pasamos nuestras vidas rodados de situaciones y hechos extraordinarios que no sabemos apreciar por nuestro hábito de ser regulares, de planificar y de tender a la monotonía. Cuando nada destaca y no encontramos ya referencias, el tiempo pasa más rápidamente y de forma más superficial. Me viene a la cabeza una interesante frase, creo que San Agustín, que venía a decir que la principal característica del tiempo no es su extensión, sino que tiene profundidad. Ahí es donde podremos encontrar los detalles que nos pueden hacer apreciar y vivir la vida. 🙂

    • Ciberclub de lectura 14 de marzo de 2016 a 21:14 #

      Genial el vídeo, Francisco. Así es la poesía. Cuando le quitas todo su armazón, si todavía queda algo, eso es la poesía, su esencia. Y claro que lo podemos aplicar a este libro. La cuestión es si en Seda, después de despojarla de su estructura, ritmo, lenguaje… ¿hay algo profundo y esencial? Algunos opináis que sí y otros no lo tenéis tan claro.

  8. Yési 8 de marzo de 2016 a 11:59 #

    Referente a Baldabiou, se podría decir que es un tanto: «especial», sabio y maestro, y quizás un poco «chiflado» (pero bajo mi punto de vista creó que es una locura buena, es como un soñador del mundo) y por ello sabe tantas cosas y le da importancia a detalles reales y magníficos como los delfines, y no le importa explicar y contar secretos de sus negocios, de hecho los da a conocer y hace que mucha gente y el pueblo se hagan ricos. Como también cambio el futuro de Hervé, de pasar a ser un militar a un viajante de huevos de gusanos de seda.
    Todo parece relativamente normal (salvo este personaje de Baldabiou) hasta que llega la epidemia que afecta a los gusanos y el protagonista va a Japón (un sitio totalmente desconocido) exótico, tranquilo, enérgico, reposado y mágico.
    Japón, hará cambiar ya en el primer viaje la vida del francés, cuando conoce a Hara kei y a la chica enigmática (que creó que tienen gran conexión, aunque no creó que sea tan real).
    En el segundo viaje a Hervé, le pasa algo que me imagino (ya que no llegué a esa parte) que le hace cambiar su vida y de hecho cuando regresa a Francia se va de vacaciones con su mujer, pero sin embargo no tira esa nota que le escribieron en tinta negra.
    Lo que dice Chus de la descripción del lago, creó que es por las circunstancias que van pasando en cada viaje y por las impresiones del joven protagonista…
    Añado que para Hervé, Japón es como dice la canción, Sevilla tiene un color especial, pero en vez de que este caso ser Sevilla, es Japón.
    Un saludo

  9. Yési 8 de marzo de 2016 a 12:08 #

    Hola a todos, acabo de leer la primera parte de este libro.
    Y paso a comentar mis impresiones, creó que todo está conectado y para mi parecer el título es más que la seda (de los gusanos) y creo que viene de cuando empieza la crisis de los gusanos en África y Hervé empieza a viajar a Japón, ya que allí parece que todo es paz, armonía, dulce, exótico y hasta creó que un poco caótico.
    Referente a Baldabiou, se podría decir que es un tanto: «especial», sabio y maestro, y quizás un poco «chiflado» (pero bajo mi punto de vista creó que es una locura buena, es como un soñador del mundo) y por ello sabe tantas cosas y le da importancia a detalles reales y magníficos como los delfines, y no le importa explicar y contar secretos de sus negocios, de hecho los da a conocer y hace que mucha gente y el pueblo se hagan ricos. Como también cambio el futuro de Hervé, de pasar a ser un militar a un viajante de huevos de gusanos de seda. Todo parece relativamente normal (salvo este personaje de Baldabiou) hasta que llega la epidemia que afecta a los gusanos y el protagonista va a Japón (un sitio totalmente desconocido) exótico, tranquilo, enérgico, reposado y mágico.
    Japón, hará cambiar ya en el primer viaje la vida del francés, cuando conoce a Hara kei y a la chica enigmática (que creó que tienen gran conexión, aunque no creó que sea tan real). En el segundo viaje a Hervé, le pasa algo que me imagino (ya que no llegué a esa parte) que le hace cambiar su vida y de hecho cuando regresa a Francia se va de vacaciones con su mujer, pero sin embargo no tira esa nota que le escribieron en tinta negra.
    Lo que dice Chus de la descripción del lago, creó que es por las circunstancias que van pasando en cada viaje y por las impresiones del joven protagonista…
    Añado que para Hervé, Japón es como dice la canción, Sevilla tiene un color especial, pero en vez de que este caso ser Sevilla, es Japón.
    Un saludo

    • Jesper Boile Nielsen 8 de marzo de 2016 a 16:48 #

      Hola Yési.
      Se me ocurre al leer tu comentario que la relación de Hervé con su mujer merece un poco de atención. Está claro que la quiere, pero según puedo deducir de las escasas referencias a ella, creo que ella es como una sustituta materna para él. Le gusta estar sentado y escuchar como ella lee en voz alta, algo que es muy común entre madres e hijos. Por otra parte no consiguen concebir un hijo propio, tal vez porque él ya ocupa el sitio del hijo en la relación. ¿Qué te parece?
      Un saludo, Jesper.

      • Yési 11 de marzo de 2016 a 14:10 #

        Hola Jesper:
        Tienes razón que la mujer sí que lo ama como hombre y él la ama pero como quién ama a una madre o a una amiga confidente.
        Ahora ta leí todo el libro, y tengo otras impresiones, ya las escribiré haber si coincidimos.
        Un saludo y bienvenido

      • Ciberclub de lectura 14 de marzo de 2016 a 21:09 #

        Me parece muy interesante las reflexiones que hacéis sobre el papel que ocupa Hervé en su relación con la mujer: una sustituta materna. Él ocupa el lugar de un hijo en vez de marido. Con ella, todo es tranquilo, ordenado, respetuoso… y yo ahí opondría la atracción que siente por la chica de Japón, ante ésta sale el hombre que es, su instinto, la atracción, la sensualidad y la sexualidad implícita que hay en todo, como cuando ella le baña y le seca aunque él no la pueda ver. De sus relaciones sexuales con su mujer no se dice nada, incluso no parece que puedan tener ese hijo… también, como apunta Jesper, porque él ya ese ese hijo.
        Hay una oposición en toda la novela sobre cómo es Hervé y su vida en Francia y en Japón: “la monotonía de su vida” (Francia) y “lo extraordinario de sus experiencias” (viajes a Japón). Dicotomía que enlaza con las relaciones, tan diferentes, con las dos mujeres. El hombre rutinario frente al hombre aventurero. Ambos se complementan y parece que uno no podría existir sin el otro. ¿Por qué creéis que el autor realiza esta disociación?

  10. Lory 8 de marzo de 2016 a 21:10 #

    Hola: es muy posible que la relación con su mujer, de la que tenemos muy pocos datos, sea una RELACIÓN IDEALIZADA por parte de Hervé, al menos. De las diferentes formas de nombrar el lago, la primera: MAR siempre lo asocio con el espacio donde se desarrolla la vida, lo primigenio. Y la segunda que es demonio, puede hacer referencia a las tentaciones que surgen cuando uno vive, siente, experimenta, profundamente. Me afianzo en lo de la semana pasada, un libro con imágenes bellas, poético y una historia bien contada con una estructura de base muy importante. ¿Por qué creéis que hace tanto uso de los números? Viaja con 80 mil francos, recorre 2 mil km, se detiene 11 días. Un libro tan poético podría explicar de manera distinta la imagen.
    Y del que a pesar de su belleza no sé qué decir, qué extraer. Seguiremos
    ZAZO

    • Ciberclub de lectura 14 de marzo de 2016 a 21:24 #

      La información que aporta Salo Kon sobre el significado del lago Baikal arroja luz sobre sus diferentes adjetivaciones: “mar” (en ruso) y “mar sagrado” (en otras lenguas). De ahí vendría, la calificación de “el santo” en su último viaje (anque podría haber más interpretaciones que se podrán hacer cuando hayamos leído toda la novela). Pero entre medias queda “el demonio” y “el último”. Lo que dice Lory sobre “el demonio” es muy interesante: las tentaciones, el peligro que conlleva vivir y sentir con profundidad y valor (su segundo viaje a Japón donde se lanza más a las experiencias, incluida el sensual baño y masaje que la chica le da).
      Nos quedaría por aclarar “el último” de su tercer viaje. Pero para ello así como para entender las adjetivaciones del lago en todo su desarrollo, es mejor, como dice Jesper, esperar a haber terminado la novela.

      Aunque Kelly, más abajo, nos da una clave general cuando dice: “cada vez nos va cambiando una palabra del mismo,supongo que nos hace pensar en el nuevo conocimiento que adquiere el personaje en cada viaje y cómo van sintiendo nuevos cambios en su estado de ánimo..”

  11. Lory 11 de marzo de 2016 a 12:46 #

    Buenos días: Curioso lo que me está pasando con este Club, que la lectura del libro que tenemos asignado, me lleva a leer otro/s del mismo autor (o de su mujer, en el caso de Auster) intentando ver las obsesiones que comparten o si ese otro libro guarda alguna clave que me ayude a descifrar el que leemos.
    En mi anterior comentario hacía referencia al uso de los números. Frase en libro: Océano mar: -los números hablan claro. El resto es poesía. Enlaza con el video de Jasper. Este es un libro con muchas referencias a lo bíblico que el autor utiliza en otros libros: Emaús, por ejemplo.
    Baricco dice en otra entrevista: Escribir es como tocar música; si tú tocas bien, la gente baila.
    Buen finde. Nos encontraremos la próxima semana.

    • Ciberclub de lectura 14 de marzo de 2016 a 21:36 #

      Lory, quizás el uso frecuente que hace el autor de los números sea un recurso más para conseguir ese ritmo que persigue. En este caso se referiría más a conseguir el ritmo con la medida, algo así como la métrica en poesía.
      Nos dices que en “Océano mar”, el narrador afirma: “los números hablan calor. El resto es poesía”. Este comentario, si lo aplicamos a Seda, da un giro de 180 grados a mi comentario y lo lleva a justo al lado opuesto. Sólo cuando utiliza los números habla claro, es concreto, está con los pies en la tierra, “el resto es poesía”.
      Pero también habría que ver en qué sentido lo utiliza en “Océano mar”.
      ¿Con cuál de las dos teorías, tan opuestas os quedáis?

  12. Lory 11 de marzo de 2016 a 12:48 #

    Mil perdones: escribí Jasper y tu nombre es Jesper. Sorry.

  13. Fe Rodríguez 13 de marzo de 2016 a 19:40 #

    El libro es vació, estudiado y artificial. ¡Que no me lo comparen con Hesse!. Baricco nunca más. Gracias que es corto.

    • Fe Rodríguez 13 de marzo de 2016 a 19:41 #

      Quise decir vacío, no vació.

  14. kelly 14 de marzo de 2016 a 20:30 #

    Hola a todos,
    En principio coincido con los demás en que resulta una obra etérea, como un cuento mágico o un sueño,realmente parece que el título haga referencia a la forma, más que al contenido, pues con esa prosa de tal delicadeza y elegancia me recuerda el tacto de la seda, algo tan sutil, casi irreal….
    Creo que es también una obra donde los lectores tenemos que hacer nuestra parte de trabajo, puesto que el texto , nos ofrece apenas frases lacónicas, muy cortas, en las que no sabemos nada de ninguno de los protagonistas, (apenas algo de Baldabiou),es casi como un esbozo de situaciones y personajes que son como sombras , en el que parece que nosostros tengamos que buscar las relaciónes e imaginarnos mucho más bajo las premisas que nos ofrece… donde a mí me sugiere más preguntas que respuestas.
    Encuentro que nos presenta a un personaje cuya vida transcurre plácidamente, hasta que conoce un mundo nuevo que le descubre todas las posibilidades del mundo que hasta ese momento ni se le habían pasado por su imaginación, lo que le genera una insatisfacción y una nueva atracción por lo desconocido, que supone el origen de una búsqueda de algo más, que aumenta con cada viaje y le conduce a un platónico triángulo amoroso .
    Disiento respecto a la obra de Hesse en cuanto que para mí, esta búsqueda de un deseo insatisfecho, de un anhelo por lo exótico; no tiene comparación con la de Siddharta, cuya búsqueda consiste en algo mucho más profundo: la búsqueda de lo esencial, el sentido de la vida ,con un deseo espiritual por la sabiduría y el conocimiento del yo y la armonía con el mundo, que no encuentro aquí por el momento.
    El recurso literario de la reiteración de los párrafos del viaje, además de muy lírico sonoro, y teniendo en cuenta que cada vez nos va cambiando una palabra del mismo,supongo que nos hace pensar en el nuevo conocimiento que adquiere el personaje en cada viaje y cómo van sintiendo nuevos cambios en su estado de ánimo..
    Continuamos…
    Saludos.

  15. Ciberclub de lectura 14 de marzo de 2016 a 21:46 #

    ¡Chicos! El miércoles como muy tarde publicaré el post correspondiente a la segunda y última parte. Mientras, podéis continuar, tan bien como lo estáis haciendo hasta ahora 🙂 con los comentarios sobre esta primera parte. Y podéis también daros la réplica unos a otros sobre los temas y opiniones diversas que están surgiendo. He dejado varios comentarios, con preguntas incluidas, como respuesta a algunas cuestiones que planteáis.

  16. Verónica 17 de marzo de 2016 a 0:49 #

    Hola. Mi nombre es Verónica, soy de Argentina y nueva en el club.
    Me está gustando mucho la novela, me parece muy poética y muy “sensorial” es más lo que se siente que lo que ocurre. Llena de imágenes que remiten a lo suave y lo silencioso, como la seda. Me resulta de muy fácil lectura y estoy contenta de haber descubierto un autor..
    Saludos a todos

  17. Fe Rodríguez 4 de abril de 2016 a 10:57 #

    Así que soy la única a quién no le ha gustado…. (bueno, he leído un comentario negativo aparte del mío). ¡A ver con el próximo libro!. Saludos.

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