No temo a la vida

15 Feb

Arco del Triunfo. París. Foto en flickr por Juanedc. Algunos derechos reservados.

Con quince años, Elena y su familia llegan a Finlandia. Este país va a ser nieve y alegría. Dos años en los que Elena será feliz como nunca lo ha sido. Esa nieve blanquísima que le empuja a la aventura la limpiará de todo lo vivido: sintió enseguida una serenidad, una paz tan profunda como no había conocido en su corta vida. Y luego, igual que el bienestar que sigue de cerca a la ingestión de un tónico, la embriagó una alegría infantil, una especie de jubiloso fervor. Van a vivir en un hotel con otras personas que, al igual que ellos, han huido de la revolución. Elena no se sentirá sola a pesar de que su padre se marcha a Moscú y su madre sólo tiene ojos para Max con el que pasa, a pesar del peligro, largas temporadas en San Petersburgo. Se siente acompañada por personas amables que la cuidan y con las que lleva una vida de deliciosa rutina, y en su corazón conserva intacto el recuerdo y el amor por mademoiselle Rose. De alguna manera, Elena recupera su infancia, la alegría de tirarse en trineo por las laderas nevadas, de jugar salvajemente, pero, paralelamente, conocerá el amor con un hombre casado, Fred Reuss, que es como un niño. Es curiosa esta mezcla de niña y mujer que se da en la joven en su estancia en el país de la nieve. La niña que se hace mujer con el hombre cuya juventud parece inextinguible inmersos en una naturaleza que les hace jugar salvajemente con el peligro volviendo a ser niños (en el caso de Elena la niña que nunca fue) y, a la vez, besándose febrilmente como adultos que viven una pasión que saben que no durará. Sintiendo que un suave y dulcísimo vértigo se apoderaba de su alma en ambas situaciones.

Abrirse al amor le hace incluso entender y aceptar, por primera vez, que entre su madre y Max hay verdadero amor pero cuando comprueba que Fred no va a dejar nunca a su mujer vuelve el odio a través del dolor. Y comienza a idear su venganza: ¡Qué tonta soy! La venganza está en mi mano… Si supe atraer a Fred Reuss, detrás del cual iban todas las mujeres… Max no es más que un hombre… Si yo quisiera… ¡Oh, Dios mío, aleja de mí esa tentación! Sin embargo… ella se lo merece… Mi pobre mademoiselle Rose… cómo la hicieron sufrir… ¿Perdonar? ¿Por qué? ¿A santo de qué? Sí, ya lo sé, Dios dijo: “Mía es la venganza”. ¡Me da igual, no soy una santa, no puedo perdonarla! ¡Espera, espera un poco y verás! Te haré llorar como me hiciste llorar a mí […] ¡Qué odioso es todo! ¡Cuánto dolor! ¡Qué malo es el mundo! ¡Espera, amiga mía espera!  Elena se debate entre el deseo de venganza que crece en su corazón lleno de odio y la culpa por ser mala como ellos. En una larga noche magistralmente narrada en la que todos los huéspedes del hotel reunidos en el salón, cercados por el peligro de la guerra que se acerca a su refugio en la nieve, falsamente seguro, Elena, al contrario de los demás, no siente miedo ninguno: rió entre dientes. El silbido de las balas le gustaba. Una exaltación salvaje la hacía estremecerse y temblar de alegría […] De pronto experimentó una energía y un júbilo burlón que no volvería a sentir en toda su vida […] y sentía hasta el vértigo la orgullosa embriaguez de ser ella misma, Elena Karol, “más fuerte, más libre que todos ellos juntos”. Finalmente, por la mañana, todos se marchan del hotel y se despedirá para siempre de Fred. Refugiados en un pueblo, Elena se aburre mortalmente: no es que echara de menos a Fred, muy al contrario, extrañamente lo había olvidado. Pero añoraba la libertad, los espacios abiertos, el peligro, la vida al límite que había conocido y que no podía borrar de su memoria.

En su estancia en ese pueblo, Elena continuará alimentando su idea de venganza. Cada vez los odia más y Max y su madre ya no se quieren como antes, discuten, se reprochan, ya sin ningún pudor, delante de ella. Esta tercera parte termina con una discusión terrible entre los dos en la que Elena presencia el inicio de su decadencia como pareja y fríamente se aferra como a un clavo ardiendo a su plan de venganza: yo soy joven, tengo dieciséis años, te lo quitaré, te robaré a tu amiguito, y para ello no hará falta ni mucho tiempo ni mucha astucia, ¡ay, ni mucho esfuerzo!… Y cuando te haya hecho sufrir lo bastante, lo mandaré a paseo, porque para mí siempre será el odiado Max de mi infancia, el enemigo de mi pobre institutriz muerta… ¡Oh, qué bien voy a vengarla! Pero todavía hay que esperar… Terrible.

El vendaval de la revolución, que desperdigó a su capricho a los hombres por la faz de la tierra, mandó a los Karol a Francia en julio de 1919. Así comienza la cuarta y última parte de la novela. Acaba de terminar la I Guerra Mundial, Elena tiene diecisiete años y está feliz de regresar a su amada París: la niña se había transformado en joven mujer. Un mundo se había desmoronado, arrastrando a innumerables personas a la muerte, pero de eso Elena no se acordaba, o más bien un feroz egoísmo lo velaba en su interior: rechazaba los recuerdos fúnebres con la implacable dureza de la juventud; sólo le quedaba la conciencia de su fuerza, su edad, su poder embriagador. Una salvaje excitación fue apoderándose de ella. ¡Quién le iba a decir a Irène Némirovsky que en la siguiente guerra mundial ella moriría a la edad de treinta y nueve años en un campo de concentración sólamnente por ser judía!

Y como se siente joven, fuerte y capaz de seducir a un hombre comienza su acercamiento a Max, no ha olvidado su venganza aunque la culpa no la abandona: en el fondo no soy mejor que ellos. Estos sentimientos encontrados vivirán en su interior mientras ejecuta su plan. No queda claro tampoco si Elena se enamora de alguna manera de Max o sólo es venganza, hay momentos en que parece que sí lo ama o por lo menos lo necesita. Todo es confuso, ¿no creéis? Claramente, Max cae rendido a sus pies y a su juventud (la hija que sustituye a la madre, la misma sangre), su relación con Bella está acabada, ésta además está haciéndose mayor y, aunque intenta patéticamente ocultarlo con afeites de todo tipo, su decadencia es un hecho que ella lleva muy mal así como la distancia de Max. Se pasa el día llorando y suplicando y Max no la aguanta. Pero no la deja, hay todavía apego a ella (el sangrante, agonizante amor que seguía existiendo entre Max y su vieja amante), a pesar de las numerosas discusiones, y además, muerta su adorada madre, no tiene a nadie, sólo a los Karol a los que se aferra y a su nuevo amor por Elena. En su seducción, Elena avanza y retrocede, duda, siente culpa o una exaltación llena de odio a partes iguales (me he pasado la vida luchando contra una sangre odiosa, pero la llevo dentro). Y a Elena lo que más le importa es mantener su fuerza ganada a pulso: deseo ser más fuerte que yo misma, quiero vencerme a mí misma…  Y cuando el poco amor que recibe, de Fred, de su padre, le falla, su fuerza se tambalea y entonces sólo le queda el odio o el juego de la seducción. Algo importante que señalar es que Bella no se enterará nunca de la relación de los dos jóvenes. Sospecha que Max tiene una amante pero nunca sabrá que es su propia hija así que, a mi parecer, la venganza no es completa. Elena nunca le dirá a su madre lo que está ocurriendo: cuando vea que el juego ha llegado demasiado lejos, me retiraré… Pero no antes de haberla hecho sufrir, al menos un poco. Nunca será tanto como yo sufrí por su culpa… Sólo un poco… En medio de sus dudas por lo que está haciendo comienza a surgir una nueva idea en Elena: si pudiera creo que esta misma noche me iría. En el fondo, es lo único que deseo. Marcharme a cualquier rincón de la tierra donde no volviera a ver ni a mi madre ni esta casa, donde no volviera a oír las palabras “dinero” y “amor”.

Finalmente, Elena se niega a casarse con un Max que le suplica muerto de amor: nunca podré olvidar. Jamás sería feliz contigo. Me gustaría vivir junto a un hombre que no hubiera conocido a mi madre, ni mi casa, que ni siquiera conociera mi lengua ni mi país, que me llevara lejos, me da igual dónde, al infierno, lejos de aquí. Contigo sería desdichada aunque te amara. Pero no te quiero. Éste se marchará a Londres donde vive su hermana y comenzará una nueva vida casándose con otra mujer. Pasa el tiempo, dos años, que Elena siempre recordará como un torrente de aguas densas e impetuosas. En ese tiempo había madurado, envejecido, pero sus movimientos seguían siendo bruscos y torpes, su tez, pálida, y sus brazos, delgados y frágiles. Bella se entregará a lo único que le queda: los amantes, gigolós, por dinero. No puede vivir sin amor, sin hombres, sin peligro: no puedo cambiar mi cuerpo, apagar el fuego que arde en mi sangre […] La sensación de peligro, que era lo único que la satisfacía […] ¿Crees que hay alguien en el mundo que pueda vivir sin amor?

Mientras tanto, Boris, que se ha reunido con ellos en París, parecía consumido por un fuego interior. Está muy desmejorado y aunque sigue ganando dinero a raudales se entrega al juego aún más, al alcohol y a las fiestas con mujeres en una carrera autodestructiva que le llevará, con el tiempo, a la muerte después de arruinarse completamente. La familia ha estallado por los aires, no queda nada e incluso Elena echa de menos aquellos tiempos en los que había tenido algo parecido a un hogar, a una familia. Y se siente culpable: soy yo, yo, la artífice de esto. Tenía a Max… Habría sido mío hasta la muerte… Quise cambiar el curso de nuestras vidas, como un niño que intenta detener un torrente con sus débiles manos, y aquí está el resultado. Este armenio gordo, este hombre pálido y agotado y esta vieja arpía – se decía, mirando a su madre con un sentimiento en que ya no había odio, sino una especie de horror ante aquel rostro devastado, abotargado, embadurnado, con el hilo escarlata de los finos labios, aquel rostro donde tantas arrugas, tantos surcos dejados por las lágrimas, eran obra suya, pensaba con piedad, pavor y remordimiento. Pero enseguida se decía, desesperada -: Todo el mundo vive así…

Muerto su padre, la idea de Elena de marcharse cobra un mayor sentido: ¿Para qué voy a quedarme? ¿Qué me retiene ahora que el pobre ha muerto? Tengo veintiún años. Mi padre era mucho más joven cuando se marchó de casa. Supo ganarse la vida muy bien. Tenía quince años. Me lo contó muchas veces. Yo soy una mujer, pero soy valiente. Y, Elena, sin saber siquiera adónde ir, abandona su casa con una maleta y su gato: por primera vez, las lágrimas, gruesas y abundantes, resbalaron por su cara. Estaba sola. Con la lluvia, los Campos Elíseos habían quedado desiertos. Poco a poco, iba entrando en calor; la sangre empezaba a correr por sus venas más deprisa, con mayor alegría […] Jamás habría abandonado a mi padre. Pero ahora está muerto, descansa tranquilo, y yo soy libre, libre, me he librado de mi casa, mi infancia, mi madre, todo lo que odiaba, todo lo que me oprimía el corazón. Lo he arrojado lejos, soy libre. Trabajaré. Soy joven y estoy sana. No temo a la vida. La venganza, a medias cometida, ya no tiene importancia porque Elena ha encontrado su camino, su liberación.

Plazos
Ya terminada esta extraordinaria novela es vuestro turno de comentarla, tanto esta segunda parte como toda ella en su totalidad. Disponéis de una semana para ello. Espero con muchas ganas vuestros comentarios que ¡tienen que ser muchos! 🙂 Venga, ánimo, sobre todo a los que todavía no os habéis pronunciado. A mí me ha dejado un poso amargo esta lectura pero, a la vez, he aprendido mucho con ella, de la vida, del ser humano, de los sentimientos de todo tipo que le mueven… Y he disfrutado enormemente de la prosa poderosísima de esta gran autora.

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17 comentarios to “No temo a la vida”

  1. Leticia Level Gonzalez 15 de febrero de 2016 a 4:13 #

    Hola a todos¡¡¡ A mi realmente esta parte me ha gustado muy poco. Con excepción de lo que Elena vive en el Hotel con Fred, todo lo demás gira en lo mismo, en el odio que Elena siente por su madre y en el deseo de venganza. Pienso que hasta el amor que sentía por su padre, no era mas que una competencia para arrebatarle el amor que el padre sentía por su madre. La historia sin embargo me deja un claro mensaje y es que no tiene ningún sentido acumular resentimientos, perder lo valioso que es el tiempo en odiar a una persona aunque lo merezca, porque ese veneno sólo te lo tomas tú, para que se muera otro. También queda claro, que el placer esperado de la venganza no es tal, sino por el contrario, creo que deja un gran vacío y la triste respuesta a la pregunta ¿ que logré con esto? la cual es NADA. Si, nada, amargarte, perderla oportunidad de vivir, de disfrutar todo lo que la vida brinda y es que la mayoría de los seres humanos creemos que la vida siempre estará allí para cuando nosotros decidamos vivirla y ser felices y eso no necesariamente es así, porque no sabemos cuando nos toca partir como le tocó a Elena perderá tan pronto su vida.

  2. Lory 15 de febrero de 2016 a 12:07 #

    Dices, Chus, que la lectura te ha dejado un poso amargo; a mi al contrario: una alegría de que ese estilo de vivir, esas personas vacías, esa riqueza, ese vida cuyo único propósito es el disfrute, la venganza también en este caso, se hayan ido para siempre.
    Me llamó la atención la actitud de Elena de ser fuerte, más fuerte que los demás y que enlaza con estoicismo que no creo natural en una niña de sus años.
    No he conseguido sentirla cercana en ninguno de sus sentimientos. Me dejó fría. Bien contada, indiscutible; prosa… bueno. Pero habla de pasión y resulta acartonada. Es como si sólo describiese esas situaciones. No sé explicarlo mejor.
    Buena semana.

  3. SUSANA 16 de febrero de 2016 a 13:31 #

    En esta parte asistimos al inicio de la adolescencia de Elena, con el trasunto del escenario político de revoluciones y ocaso de la antigua opulencia de las clases burguesas. Convertida en mujer descubrimos que no es capaz amar sin interponerse, como un aprendizaje erróneo su despertar sexual viene asociado a los triángulos amorosos en los que se enreda. Ahora en Finlandia con Fred, donde existe un amor culpable que victimiza a una tercera que sufre el engaño. De esa forma cae en la cuenta de la relación de su madre con Max, otro amor prohibido del que ella decide formar parte para castigar a ambos, cuando en realidad también a sí misma, no permitiéndose un amor verdadero. Max vampiriza en ella su juventud, la desea por fresca pero sigue amando a Bella a su manera y la demoniza por cómo le ha llevado con su vejez a un destino decadente y sin futuro. Por ello sufre el chantaje emocional que él mismo protagoniza y finalmente escapa decidiendo comenzar una nueva vida. Con la muerte de su padre, ya liberada de todo sentimiento, Elena rompe con los vínculos que le unían a la casa y a su madre y emprende solitaria su camino. Su dolor le lleva a sentirse fuerte para construir y romper con un pasado que le ha arrancado la inocencia. Sin ataduras, abandona a su madre y resurge dueña de su vida. Tremenda lectura que me ha sacudido por su cruenta descripción de las relaciones familiares tan despojadas de sentimientos. Personajes fríos y calculadores envenenados de sufrimiento.

  4. Rosina 16 de febrero de 2016 a 13:45 #

    Hola a todos!!,desgraciadamente cuando uno sufre por amor es difícil medir la consecuencias de los actos que puedes llegar a provocar, cuando no eres correspondido.Quizás una niña que se convierte en mujer y ve que su alrededor todo es sufrimiento,hace participe a personas que quizás no se merecía su desprecio.La propia venganza, hace en ella una persona que no será capaz de poder alcanzar aquello que realmente le haga feliz.
    Feliz semana.

  5. CARMEN 16 de febrero de 2016 a 16:14 #

    Hola a tod@s, a mi la novela me ha gustado mucho, me parece una crítica a la sociedad que le ha tocado vivir: en numerosas ocasionas detalla esa crítica inflando la infelicidad que siente contra su familia, aunque deja ver que, en el fondo, la disfruta, no la sufre. La verdad que hace sentir la hipocresía en uno mismo. Me ha pasado que mientras he leído la novela me preguntaba si la pareja que acaba de pasar por la calle, por ejemplo, será REALMENTE feliz ó, si por el contrario, viven en un estado de hipocresía siendo infelices y pudiendo buscar la solución, porque en la historia desde luego no se ofrece ninguna, pero las hay. No sé, me parece un poco raro su conversión de niña a mujer. Casi da miedo imaginar a una niña con esos valores (de su querida Rose), teniendo que realizarse a través de la conquista del amante de su madre.
    Es como para reflexionar hasta que punto la autora ha querido hacer una crítica social de su infancia ó contar una historia muy bien escrita pero que, en el fondo deja un poso amargo, porque coincido con Chus en ese punto.
    Por otro lado, la figura masculina juega un rol totalmente material, no se cuestiona porqué actúan, solo por dinero. El abuelo dilapida fortuna tras fortuna durante su vida; el padre busca poder a través de millones, millones, millones. El amante Fred, es el único que se enamora pero se hace hincapié en que tiene una pequeña fortuna. Hasta el amante pagado de su madre busca millones, millones, millones.
    Saludiños.

  6. Eduardo 16 de febrero de 2016 a 17:28 #

    ¡Muy buenas a todos/as! Una gran lectura, con una prosa potente y muy descriptiva. Con algunos pasajes difíciles de olvidar por su dureza, la de una niña que crece sin cariño. Es curioso como hacia el final del libro, cuando la protagonista se cobra su venganza (robar el amante a su madre, hacerle saber que ella es más joven que ella constantemente, etc) llega a dar incluso un poco de pena, el personaje de la madre, que encontrábamos tan mezquino al inicio del libro.
    Un libro que gira en torno a muchas cosas; las apariencias, la juventud, el egoísmo, las guerras, las personas, el dinero y su poder, en fin, un buen y duro libro.

  7. Luisa 16 de febrero de 2016 a 18:26 #

    Hola a todos. A mi me gustó mucho la novela; su prosa, igual que a Chus, me parece brillante, magistralmente descriptiva pero al mismo tiempo concisa y clara, creo que exacta, no falta ni sobra nada.

    Y precisamente esa precisión en el lenguaje contribuye a que el lector pueda captar la profundidad y dureza de los sentimientos descritos, dificiles de asimilar, muchas veces antinaturales como la relación materno-filial, o el odio y el deseo de venganza en una niña tan pequeña que se asemeja a menudo a un ser diabólico.

    Elena manifiesta que, contradictoriamente, se siente bien cuando muere Mademoiselle Rose, porque ya no pueden hacerle daño, porque el amor esclaviza, pero no es consciente que padece el sentimiento más destructivo y opresor que hay, el odio, esa es su prisión. Y finalmente alcanza su liberación porque consigue desterrarlo de su vida.

    Lo he disfrutado y nos veremos en el próximo.
    Un saludo

  8. Marta (one) 18 de febrero de 2016 a 10:27 #

    Hola a todos!!!!
    ‘El vino de la soledad’ me ha parecido una de las obras más bonitas y tiernas de Irene Nemirovsky, seguramente porque traslada a papel sus sentimientos y experiencias más intimas, como es la vida de una persona. El odio hacia su madre, siempre rodeada de amantes, que no ejercía como tal, el amor hacia su padre, siempre fuera de casa, la confianza que deposita en su cuidadora…. Es como si hiciese una confesión con todos nosotros. La prosa me ha parecido serena, con descripciones justas , veraces, tristes y melancólicas….. Intimista.
    De los tres libros que me he leído de Irene Nemirovsky, éste me ha parecido el que tiene una escritura más impecable. Una joya literaria para disfrutar. Gracias Chus.

  9. kelly 18 de febrero de 2016 a 15:07 #

    Hola a todos,
    A pesar de la maravillosa narrativa de la autora, que percibimos ya desde la primera página del libro, con una preciosa descripción, la novela resulta cruel y descarnada, como ya el título nos hacía prever.
    Su principal objetivo es aproximarnos a la terrible soledad en que se cría una niña, que además, desde el pricipiio se nota que es mucho más madura de lo que corresponde a su edad y como ella dice tiene “un corazón de vieja en un cuerpo de niña”, que podemos apreciar cuando intenta disimular su inteligencia y su capacidad para observar y valorar el mundo que la rodea.
    Esta soledad la llevará directamente al odio y al deseo de venganza que apreciamos en toda la novela, y a una serie de contradicciones del personaje, que se ven agravados por el paso de la adolescencia, entre ellos encontramos un odio feroz por la madre, pero al mismo tiempo una cierta admiración por su belleza, por su atractivo para los hombres, que ella tratará también de potenciar; un amor idealizado a su padre, cuando en realidad su comportamiento es un desastre exactamente igual al de su madre, como opinan los demás, aparenta un complejo de Electra,etc.
    Suponemos que su madurez se debe a esa soledad, que la lleva a pasar años enteros de su infancia sola, entre adultos y rodeada de libros, pues es lo único que tiene, además de la compañía de su niñera. Que le recuerda que la inteligencia no hace más feliz, sino todo lo contrario.
    Nos habla también del tiempo, una de las experiencias más terribles en la vida del ser humano, que es irremediable e incondicional, especialmente para aquellas personas que hacen de su belleza la fuente absoluta de su felicidad. Todavía resuena más terrible, sabiendo que duró más de cien años, creo que por mucho daño que haya hecho este castigo sería lo peor, desde que la vemos amargada por la edad en la novela, que podría ser una mujer de cuarenta ños…vivir todavía tantos años de decadencia y senilidad…qué horror!!! .
    Curioso el papel de los hombres, en realidad, para ella igual que para su madre, solo sirven para ser utilizados, bien como medio de vida, bien como amantes, pero nada más, no significan nada., como dice Carmen.
    Resulta sosprendente la capacidad de la autora, para llevarnos a una visión de conjunto de la sociedad, la guerra, la familia, etc, con tan solo secuencias, pinceladas, instantes, como dice jf barral, como pequeños cuadros costumbristas que nos dicen tanto con tan poco.
    Respecto a la guerra y su insignificancia en la obra, creo que es parte del mecanismo de defensa del ser humano, cuando nos vemos rodeados de desgracias a diario, se impone necesariamente una cierta inmunidad protectora, sin la cual no lo resistiríamos, tal como nos sucede a nosotros ahora a la vista de las desgraciadas y terribles noticias que nos bombardean a todas horas y la impotencia para poder hacerles frente.
    Al final vemos que al convertirse en mujer y comprobar que su poder sobre los hombres es ya el mismo que el de su madre, parece que es suficiente y su deseo de venganza se aplaca, de hecho le parece “demasiado fácil” y que no tendría valor alguno. Se da cuenta que lo que en realidad deseaba era huir de la situación familiar, independizarse y vivir su vida, lo que consigue al morir su padre, que era lo único que la mantenía allí.
    Eso sí, su inmensa soledad parece que la seguirá hasta el final de los días…
    Muy interesante.
    Saludos.

  10. jose vicente 19 de febrero de 2016 a 13:27 #

    Hola amigas y amigos: Este libro lo leí en dos tiempos, el primero cuando se puso el primer post, después lo dejé un poco y retomé la lectura esta semana.
    Indudablemente se trata de una gran novela, donde se narra como una pareja Bella y Boris, yo creo que una pareja de enfermos, donde Boris, lleva una vida de desenfreno, el juego, las mujeres, los negocios de riesgo el alcohol, el vicio, en fin un ejemplo a seguir, Bella una ninfómana, bueno no creo que sean los mejores padres, Elena su hija, crece sin el apoyo de los padres y sin su amor, sólo con el amor de una criada, Rose,que al final enloquece, lo cierto es que es una historia tristísima, donde la venganza es la meta,y el amor se utiliza como un arma,
    El vino de la soledad, es una de esas novelas que nos permite reflexionar sobre nuestras vidas, y las envidias que sentimos a veces de los ricos.
    A mi me pareció muy triste, y sus personajes muy desdichados, totalmente vacios y entregados a su egoismo, avaricia y vicio.
    El final me gustó, donde permite a Elena, rehacer su vida y aspirar a la dicha.Bueno ahora toca despedirse.
    Un saludo

  11. Lory 21 de febrero de 2016 a 21:21 #

    Muchas gracias por todas estas opiniones que me han ayudado a tener una visión un poco menos negativa que con la que terminé la lectura del libro.
    De dónde sacáis que un autor/a escribe porque quiere hacer crítica (en este caso de la sociedad que la ha tocado vivir)?
    Pienso que su intención puede ser únicamente mostrar unos hechos y siempre parciales xq sólo tenemos su punto de vista.
    Una cosa me quedo de este relato y es que no por ser de la misma sangre y pertenecer a una familia compartiendo un techo, se dan relaciones de amor. El amor, la comunicación y la cercanía hay que saber ganarlas.

    Buena semana y hasta el próximo libro.

  12. María Vieites 22 de febrero de 2016 a 11:30 #

    Buenos días,
    Esta segunda parte del libro, comienza con la alegría de la niña protagonista al cambiar de domicilio, conocer nuevas gentes, e incluso parece que consigue dejar en un segundo plano a su madre y los sentimientos que le genera olvidándose incluso de la desaparición de su querida institutriz.
    No obstante, a medida que avanzo en la lectura sigo encontrándome con el resentimiento y esa actitud negativa que la niña mantiene a lo largo de toda la novela, así se revela en pasajes como “Soy tan imperfecta, tan rencorosa, tan egoísta, tan orgullosa….Carezo de humildad, no sé lo que es la caridad, pero deseo ardientemente ser mejor” (……)”.
    Y, sin embargo, no lo consigue.
    ¿Quizá porque no tuvo un patrón que seguir?
    El final de la novela se me antoja que va acorde con la sociedad decadente en la que la familia sigue moviéndose, así Irene Nemirovsky describe la última fiesta, describe cómo el padre cae enfermo y evoluciona en su enfermedad y cómo su madre sigue recurriendo a los amantes, incluso de pago.
    Y toda esa decadencia, tristeza, depresión, esa crítica insana en la que la niña se ha criado desde la infancia, llevan a la autora a liberarla al final de la novela, dejándola que se marche sola, con su gato, y que sentada en un banco pueda sentir el aire fresco sin tener que pensar ni apurar , sólo disfrutar del silbido el viento.
    Ahí es cuando se da cuenta de su soledad y no le teme, es más se le antoja, como la define la autora, ávida y embriagadora.
    Final feliz.

  13. Marta (two) 22 de febrero de 2016 a 13:52 #

    Hola a todos: la novela es dura y fría porque representa autobiográficamente una vida que así lo ha sido. Irene Nemirovsky vivió esa vida. Y si antes de los 3 años no has recibido cariño, atención, cuidados… es probable que eso determine todas las relaciones posteriores que tengas con los que te rodean, que sino has recibido afecte te cueste darlo. Lo que la novela muestra perfectamente es que la felicidad no depende de lo económico, sino de la riqueza interior y de la de los afectos. Describe bien la sociedad del nuevo rico, enriquecido durante la guerra, ludópata y que solo piensa en los negocios, la de la madre infantil e inmadura, que necesita ser un objeto aun cuando ya está fuera de la edad de ser admirada, la soledad de una cría que crece en medio de ese frio… Es lo más duro que le puede pasar a un niño: que no lo quieran. Me ha gustado mucho, el qué y el como.
    Un abrazo.

  14. fjbarral 22 de febrero de 2016 a 16:34 #

    La segunda parte de esta novela se desarrolla entre el deseo de venganza, que acerca más a la protagonista a parecerse a los que odia, y la espera en busca de la independencia. Es mucho, por ambas partes, un dejarse ir, y que se refiere más a acciones y un desarrollo narrativo, que la autora demuestra que no domina tanto como con las descripciones. Así, se muestra al final, salvo algunas pocas ocasiones, bastante dispersa y anodina, no consigue la profundidad intensa de la primera parte. Por una parte una pena no haber conseguido llevar a buen puerto la historia, al menos con el nivel empezado, pero por otra parte ésto no desmerece ls gran maestria mostrada en los momentos descritos con tanto detalle y profundidad, no sólo de las situaciones sino que llega hasta el fondo de los mismos con sólo el acercamiento y el detalle en una situación. Me ha parecido magistral, especialmente su primera parte, que aún desinflandose a medida que se acercaba el final, no ha quedado desmejorada. En general un estilo literario sobrio y acertado, contundente y bello. Mágistral el hecho de no cebarse con sus padres, sobre todo su madre, culpables, aunque le ha llevado a quedar algo dispersa la historia. Y, al final una palabra, “aburrimiento” que resumía la lucha del entorno familiar, pero que les llevada a hacer todo lo posible menos vivir y preocuparse por los demás. Con la curiosidad que este es un tema que surge actualmente, nos dicen que hagamos muchas cosas para no aburrirmos pero casi siempre nos dirigen hacía las que no nos aportan nada, quizás porque siendo más desgraciados seremos personas más insatisfechas y mejores consumidores. La novela termina cuando la protagonista consigue safarse de la situación que la estaba llevando a la destrucción … a partir de ese momento, la vida pobrá ser mejor o peor, la aprovechará o no, pero creo que por fin habrá conseguido que sea su propia vida, mejor vivida en sus alegrias y también en sus penas.

  15. Ana María Heinze 23 de febrero de 2016 a 2:31 #

    Hola gente! Esta segunda parte de la novela me sostuvo el interés de igual manera que la primera, atrapada en la historia y en sus descripciones , diría que me pareció impecable.

    A mi personalmente el final me pareció muy esperanzador, finalmente Elena sobrevivió al desafecto y la falta de vínculos verdaderamente amorosos que poblaron su infancia, sin embargo con el tibio amor de su padre y el cariño de medemoiselle ella logró sobrevivir, rescatar algo a pesar de algunos procesos realmente complejos como el tema de la venganza, que sin embargo no la lleva hasta el fondo, ella no lastima a Bella, ella en esa decisión muestra un componente no tan extremadamente destructivo como el ambiente que la rodeo.

    Con su gato y algún dinero ella se enfrentará a la vida, toma una decisión, confía en ella misma , y se atreve a vivir por si misma, a buscar una vida diferente, me emociona profundamente lo que le dice a su gato, se hubiera quedado si no se lo traía con ella, ese gato es el único vínculo que ella puede rescatar después de la muerte de su padre y es lo que necesita para volver a empezar. Ella es fuerte, ese final es muy coherente con su personalidad.

    Saludos

  16. berta 27 de febrero de 2016 a 22:37 #

    hola a todos/as, la novela es interesante, refleja bien como habéis comentado la soledad de Elena, su odio y su deseo de venganza, que quebrará al final y abrirá una puerta a la esperanza.

  17. Inés 28 de febrero de 2016 a 20:47 #

    Hola a todos. Una novela dura, que impacta por su crudeza del reflejo de las relaciones familiares. En determinados momentos me ha costado seguir el libro, y de vez en cuando he tenido que abandonar su lectura durante unos días para poder retomarla.
    Era la primera novela que leía de Irene Nemirovsky y, a pesar de que me ha dejado un regusto amargo y un cierto desasosiego, ha sido un gran descubrimiento y espero leer más obras de esta autora.

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