Su temida y odiada madre

5 Feb

Palacio de invierno. San Petersburgo. Foto en flickr por Little Sadie. Algunos derechos reservados.

Para empezar situémonos en el tiempo y en el espacio. La primera parte de El vino de la soledad se desarrolla en Ucrania donde Elena vive desde los ocho a los doce años, entre 1910 y 1914, año del comienzo de la I Guerra Mundial. La segunda parte arranca con el traslado de la familia a San Petersburgo donde vivirán hasta el inicio de la Revolución Rusa de 1917 cuando Elena ya tiene quince años.

Boris y Bella Karol viven en una aletargada ciudad de provincias perdida en lo profundo de Rusia con los padres de Bella, los Safronov, y Elena, su única hija. La profesión de Boris, gerente de una fábrica de tejidos, les permite llevar una vida acomodada. Boris ha salvado de la miseria a los Safronov, una familia aristócrata que ha dilapidado su fortuna. El matrimonio de Bella ha sido claramente de conveniencia. Ésta no quiere a su marido y únicamente le ha dado una hija para contentarle. Boris, sin embargo, ama a su mujer pero se pasa casi todo el tiempo fuera y, cuando está en casa, las peleas se suceden. Boris además es débil, cede para evitar los problemas. Elena crece con el único amor de su institutriz, mademoiselle Rose. Odia a su madre, adora a su padre que tampoco parece quererla mucho (estoy de acuerdo con vosotros en lo del complejo de Edipo que sufre), siente algo de aprecio por su abuelo y no soporta mucho a su quejosa y triste abuela. Elena es víctima y, a la vez, observadora de la triste vida familiar que lleva.

A través de una cena familiar la autora nos presenta a la familia y a sus circunstancias. La narración está frecuentemente salpicada de hermosísimas descripciones de la naturaleza o el tiempo como la primera con la que arranca la novela. Bella se aburre mortalmente y se resiste a tener un amante, solución tomada por todas las mujeres casadas de la época, ella lo que quiere es ¡estar sola, ser libre! Pasear por las calles de París mientras hombres desconocidos la siguen y la abordan: eso al menos era apasionante, peligroso, excitante… Estrechar en sus brazos a un hombre del que no sabía ni el nombre ni la procedencia, que nunca volvería a verla: era lo único que le provocaba aquel intenso estremecimiento al que aspiraba. La autora pisa fuerte, no elude la verdad por muy dura que sea. Incluyo este párrafo sobre Bella para ver si podemos entenderla. Es el personaje que más rechazo nos puede provocar, con razón. A los ojos de la niña es toda defectos pero, de tanto en vez (no sé si lo habéis apreciado), hay una cierta justificación de su proceder como cuando se nos habla de sus anhelos y de sus orígenes familiares, ¿no os parece?: nunca he sido feliz. Que me dejen divertirme ahora, no hago daño a nadie. Y sobre todo: pensar que su temida y odiada madre había sido una niña como todas las demás e incluso que también tenía derecho a reprocharles algo a sus padres, introducía demasiados matices en el sumario y radical retrato que Elena había ido esbozando laboriosamente en su fuero interno. Elena no quiere saber, no quiere, quizá, entender. Pero, a la vez, hay una explicación sutil de dónde puede proceder todo.

Elena no es cariñosa con nadie, no le gustan las demostraciones de afecto y cuando recibe alguna, pocas, se siente mal (en sus raros momentos de maternal ternura, cuando estrechaba a Elena contra su pecho, sus uñas siempre arañaban la cara o el brazo desnudo de su hija). Desdeña el cariño y le gusta que la institutriz, comedida y sensata, sea parca en esas demostraciones (era ordenada, exacta, meticulosa, francesa hasta la médula, algo distante y burlona. Nada de palabras altisonantes. Pocos besos. “¿Qué si te quiero? Claro, cuando te portas bien”). A la niña le llega con saber que la quiere y que se lo diga de vez en cuando, pero con su padre todo es diferente: los únicos besos que Elena aceptaba y devolvía con gusto eran los paternos. Su sangre y su alma, su fuerza y su debilidad, sólo se sentían fraternas y cercanas con él, que inclinaba hacia la niña su pelo gris plateado con reflejos verdosos por la luz de la luna, su rostro todavía joven pero arrugado, fruncido por la atención, sus ojos, tan pronto profundos y tristes como iluminados por el brillo de un malicioso regocijo… Lo primero deciros que me rindo ante la prosa de Némirovsky, ¡es brillante! (os transcribiría decenas de párrafos), y lo segundo es una teoría que he elaborado mientras leía el libro sobre que quizás lo que salvó a Elena-Irène fue ese amor incondicional por su padre, ese Edipo, independientemente de que el padre no la correspondiera. Quizá toda su fuerza y valor vengan de ese amor que la salva de todo lo demás. ¿Qué opináis? Pero también viene de su soledad cuando se encierra en su habitación con sus juegos de guerra (de niño, curioso), sus libros y su entrega al mundo de los sueños donde se cura de todo lo malo bajo los cuidados siempre atentos de su mademoiselle que nunca la abandona.

Boris pierde el trabajo por culpa de su mujer. El director sabe que ella lleva una vida de lujo por encima de sus posibilidades y piensa que él puede acabar robando dinero para mantener ese tren de vida. Y por esa razón le despide. Mientras los oye discutir, Elena juega a la guerra con sus soldados y eso la hace fuerte (lo que más le interesaba era su fortaleza). Escapa a los gritos de sus padres a través de un sueño de sangre y gloria. La niña aprende pronto a defenderse de todo lo hostil que le rodea. Ese despido será el principio de la fortuna que amasará Boris que se marcha a Siberia, como gerente de unas minas de oro, y con el tiempo se hará inmensamente rico. En su ausencia, Bella se lanzará al desenfreno, siempre fuera de casa, siempre seduciendo a otros hombres. Elena crecerá solo con la compañía, indispensable, de Rose. E insisto: se hará fuerte: gracias a mademoiselle Rose, la niña, que se había acostado con el telón de fondo de un estrépito de gritos, discusiones y platos que estallaban en pedazos, podía oír con indiferencia aquella lejana tempestad como quien oye el viento en una casa caldeada con las ventanas cerradas, sabiendo que tenía un refugio al lado de aquella tranquila joven que cosía junto a la lámpara. Con la ausencia de su padre, Elena soporta peor la vida en familia y llora a menudo: durante mucho tiempo, la carne tuvo para Elena un regusto a sal y el pan estuvo empapado de amargura. Elena compara su vida con la de otras familias más felices y siente, a la vez, envidia y desprecio. Siempre se está defendiendo, luchando: su forma de ser no le permitía rendirse a una desesperación inútil.

Elena crece sola, asustada, triste, con terror a perder a la única persona que la quiere (No regresará. Un día se irá y no volverá) pero eso, a la vez, la hace fuerte, sobre todo el silencio y la soledad: a los diez años empezó a hallar un encanto melancólico en aquella soledad dominical. Le gustaba el extraordinario silencio de aquellas largas jornadas. Y el odio a su madre va creciendo: su corazón albergaba un extraño odio hacia su madre, odio que parecía crecer con ella, que como el amor tenía mil motivos y ninguno, y como el amor podía decir: “Porque era ella, porque era yo”. ¿Cómo entendéis esta última frase? Me parece un enigma. Aquí podemos introducir también lo que algunos habéis remarcado: la atípica relación madre-hija, el tema principal de esta novela, llena de matices, silencios, renuncias, tristeza.

A pesar de todo su sufrimiento, Elena es una niña, ya de diez años, y disfruta con el juego; sobre todo corriendo se sentía libre, contenta, fuerte. Está viva: sentía la dura y amarga alegría de estar viva con una especie de embriagadora plenitud. Observad la adjetivación de “alegría”, aparentemente contraria a su significado: “dura”, “amarga”. Como la vida de Elena: una niña que juega, se ríe, corre pero, a la vez, es muy desgraciada. Y mientras juega y corre descubre a chicas más mayores que se entregan al juego del amor y el sexo. Esto, en una edad que se acerca a la frontera entre la niña y la mujer, le produce, al mismo tiempo, curiosidad y rechazo (una oscura sensación de asco, vergüenza y atracción). ¿Qué sabe ella del amor? Su modelo son unos padres que discuten, una madre que no ama a su padre y tiene amantes, ella lo sabe bien (la escena de la camisa rasgada). El amor colocado en un lugar erróneo. Por eso no puede envidiar ni entender a esas chicas y, entonces, como oposición, se sumerge, se reboza, en la naturaleza: ¡Uf! ¡Qué horror! Volvió la cabeza y la hundió en la hierba, que se mecía suavemente, porque con el atardecer se había levantado viento. Olía al cercano río y los juncos, a la cañas que lo rodeaban. Roza la perfección cómo la autora describe esa contradicción que una niña tan desgraciada vive respecto a lo que significa hacerse mujer con el modelo de una frívola e infiel madre incapaz de amar.

En sus viajes todos los años a París, Elena es feliz. Aunque su madre se aloja en un gran hotel y manda a la niña con su institutriz a una mísera pensión, ella disfruta enormemente de la ciudad y estando en ella y viendo a otros niños, muy diferentes a ella, jugando felices en la calle, quiere ser como ellos, quiere ser otra. Ha pasado el tiempo, ya tiene doce años, es el invierno anterior a la I Guerra Mundial, está en Niza y llega su padre que se las va a llevar a vivir a San Petersburgo: de repente experimentó un sentimiento de amor por él que le colmó el corazón de una alegría casi dolorosa, intensa hasta la angustia. Pero a su padre, ya rico, sólo le interesa el dinero: la mecánica de la ganancia, los negocios, y su hija era una niña inocente que lo miraba con adoración. Y también el juego. La lleva con él al casino de Montecarlo, la deja fuera, se olvida de ella horas mientras Elena se dedica a observar, mientras espera, a toda la gente que la rodea imaginándose sus vidas: la incipiente escritora hace su aparición.

La segunda parte comienza en el otoño de 1914 cuando Elena y mademoiselle Rose llegan a San Petersburgo. Una nueva vida en una nueva ciudad. Elena se ha convertido en una niña reservada que ha aprendido a ejercer el disimulo: habría preferido morir a dejar traslucir sus sentimientos. No le gusta la ciudad, tiene un presentimiento de desgracia. ¡Es tan diferente a París! Y su amada París está en guerra, y Rose está muy triste pensando en qué será de su país y su familia y, además, nadie las viene a buscar a la estación: una oleada de dolor y hiel le inundaba el alma, ascendiendo de las profundidades de su ser, de un región de sí misma que ni ella conocía. Al llegar a la casa se encuentra con la sorpresa de que allí vive su primo Max Safronov, un joven de veinticuatro años, rico, que se ha convertido en el amante de su madre: Elena se marchó, preguntándose con angustia qué le traería aquel desconocido, si felicidad o desgracia, porque ya sabía que en adelante sería el verdadero dueño de su vida. Elena que, de alguna manera, siempre se ha sentido mayor a su edad siente que ha envejecido de golpe: qué vieja se puede ser a los doce años… – Súbitamente, se sintió ávida de soledad total, de silencio, de una amarga melancolía con la que alimentar su alma hasta saturarla de odio y tristeza. El odio, siempre el odio que la configurará hasta llegar a la venganza.

A partir de este momento se acelera la acción. Estamos ya en 1915. Europa está en guerra pero nadie de la familia, excepto Elena y Rose, piensa en ella, sólo les importa el dinero y la abundancia en la que viven. Su padre nunca está en casa, su madre o esta fuera o se encierra en el salón con Max, ella no tiene amigas… y sólo piensa en ser la mujer más hermosa del mundo: Dios mío, haz que todos los hombres se enamoren de mí cuando sea mayor (¿Cómo su madre?). Cuando su padre está en casa con amigos tan ricos como él sólo hablan de dinero y de cómo pueden conseguir más y más. De nuevo, otro salto en el tiempo, la revolución de 1917 se acerca pero nadie parece darse cuenta, no se la toman en serio ni cuando comienza a haber graves disturbios. Mademoiselle Rose ha envejecido, está como ausente, murmura frases ininteligibles, hace tres años que no sabe nada de su familia. Las dos se refugian en las iglesias donde Elena se siente tranquila, no tiene miedo a nada, se logra olvidar de esa ciudad fétida que odia. En casa se aburre, ya tiene catorce años pero la siguen vistiendo como a una niña. Tiene pensamientos de adulta: todas las casas están habitadas por mujeres adúlteras, niños infelices y hombres atareados que sólo piensan en el dinero.

Los acontecimientos se van a precipitar hacia el abismo cuando Elena, que siente que nadie le presta atención (ellos no la veían, pero para ella también eran irreales, seres lejanos medio envueltos en la bruma, vanas e inconsistentes sombras carentes de sangre y sustancia. Vivía lejos de ellos, aparte, en un mundo imaginario del que era dueña y señora), se alivia escribiendo en los márgenes de los libros todo lo que piensa de su familia. La escritura como acto de liberación, algo que ya no la abandonará a Elena-Irène. Pero, se equivoca, y Bella le arrebata el libro. Al leer lo escrito la insulta con inusitada dureza e infinita crueldad: la cara de su madre, crispada por la ira, se acercó a la suya. Vio brillar aquellos ojos que odiaba, dilatados por la cólera y el miedo. Hay que buscar una cabeza de turco y, claro, ¿quién va a ser la culpable sino mademoiselle Rose que ha sido quien la ha educado? Deciden despedirla. Elena sucumbe ante lo que más ha temido en toda su vida: perder a la única persona que la quiere. Y recurre al padre pero éste también la rechaza y Elena se dio cuenta de que su padre no deseaba saber nada, que quería seguir amando a aquella mujer y aquella caricatura de hogar, y conservar la única ilusión que le quedaba en la vida. Aunque Elena, ya mayor, sufre más por su institutriz porque sabe que no podrá vivir sin la niña a la que ha educado y amado, que no tiene a nadie más en el mundo, que morirá si la separan de ella.

En una última escena sobrecogedora, perdidas en la niebla de la ciudad hostil, mademoiselle se esfumará mientras habla sola delirando hacia el abismo, hacia la nada. Elena aterrorizada la buscará en vano y por un momento siente deseos de tirarse a los canales pero sabía que no era cierto. Cuanto veía en ese momento, cuanto experimentaba, su misma desdicha, su soledad, y aquellas aguas negras, aquellas llamitas de farol agitadas por el viento, todo, incluso su desesperación, la impulsaban hacia la vida […] No, no podrán conmigo. Soy valiente… Mademoiselle Rose muere. Ellos se van a marchar dos días después a Finlandia huyendo de la Revolución. Elena se ha hecho fuerte, muy fuerte. Todo, su familia, su vida, la guerra, la muerte, el horror, el odio, la soledad, todo ello le ha convertido en una mujer valiente: ¿acaso soy una niña pequeña? ¿Me asusta la muerte, la desgracia? ¿Me asusta la soledad? No. No pediré ayuda a nadie, y menos a ellos. No los necesito. ¡Soy más fuerte que los dos juntos! ¡No me verán llorar! ¡No son dignos de ayudarme! Nunca volveré a pronunciar su nombre… ¡No son dignos de oírlo! Sobrecogedor. Fuerte. Duro. Todo en este libro lo es.

Plazos
Disponéis de una semana larga para comentar esta primera parte. Mientras, seguiremos leyendo desde la Tercera parte, pág. 117, hasta el final de la novela. Espero que sean numerosos los comentarios. ¡Hay tanto que comentar! Los personajes, los temas fundamentales que toca, la situación histórica y social, el estilo, la verdad y el valor que contiene la prosa poderosa de Irène Némirovsky…

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14 comentarios to “Su temida y odiada madre”

  1. rosario 5 de febrero de 2016 a 1:31 #

    hola a todos. he leido el libro dos veces. es un libro tan triste realmente la autora logra trasladar los estados de animo de elena , uno siente cariño y compasión por esa niñita. hay tantas escenas que impresionan, me ha quedado en la retin en la despedida de los abuelos safranov, todos saben que no se volveran a ver, los abuelos se saben descartados y elena va aumentando su soledad. luego la perdida de la institutriz, como la relacion madre e hija se va deteriorando. cuando averigue que la madre de la autora fanny vivio mas de cien años, pensaba que para belle ese seria un castigo pues cuantos años sobrellevando la vejez. Es terrible ver a esa niñita crecer tan sola y tan aislada, creo que todo el libro es una catarsis de la autora, quiero creer que logro liberarse del odio por su madre antes de morir.

  2. jose vicente 5 de febrero de 2016 a 13:55 #

    Hola amigas y amigos: Bueno yo leyendo esta novela me siento un poco como un intruso, que observa la triste vida de Elena. Una niña que crece sin el cariño de unos padres, hija de un matrimonio en el que el padre buscaba una posición social, y la madre una situación económica estable, ya que su familia está arruinada, y tiene una hija para asegurar su inversión, una madre que a mi me parece tremendamente desgraciada, incapaz de amar, y en el fondo con una mentalidad infantil, enfermiza, egoísta creo que es incapaz de compartir absolutamente nada, Boris en cambio, es una persona trabajadora, y todos sus esfuerzos están orientados a impresionar a Bella para que esta lo quiera, cosa que nunca logra.
    No quiero extenderme mucho, la novela me está gustando, y encuentro similitudes entre ese matrimonio y muchos otros que hoy en día se celebran, parece que a medida que nuestro nivel de vida mejora, copiamos las formas de la aristocracia y todos sus defectos.
    Un saludo.

  3. Yara Camii 5 de febrero de 2016 a 20:29 #

    Es un libro estupendamente fabuloso. Realmente la autora nos traslada a las diferentes situaciones en las que se desarrolla.

    Así mismo es importante resaltar el tinte poetico del libro, muy bien usado, muy sútil pero a la vez funciona como ilustrador de cada personaje, lugar y de la historia.

    Estoy encantada .

  4. Eduardo 6 de febrero de 2016 a 10:43 #

    ¡Muy buenas! A unas pocas páginas de acabar este gran libro, no me puedo resistir a escribir mi comentario sobre él. Para mi ha sido un libro inquietante, interesante y a ratos amargo, pero con una fuerza en su narrativa que crea imágenes difíciles de olvidar.
    ¿De que habla? Pues de la vida. Una vida difícil por parte de la autora, una infancia marcada por el rechazo y las escasas muestras de reconocimiento por parte de su madre; de un padre ausente en todos y cada uno de los aspectos de su vida pero al cual le guarda una pequeño amor de hija, supongo que comparado con su madre él jamás le ha hecho nada malo; una criadora que es su verdadera madre y un paisaje marcado por los viajes, las conversaciones decadentes en torno al dinero entre adultos, con el alma negra de avaricia, envidia y postureo.
    Una niña que se refugia en su imaginación para conservar la cordura mientras la guerra y las revoluciones en países del este azotan todo lo conocido por ella.
    No todo es oscuridad en este libro, también hay pasajes que entrañan esa pequeña luz al final del camino.
    Capítulos con fuerza, como el que nos relata como muere su institutriz, sola entre las brumas de Sant Petersburgo o ese en el que hay una cena entre su padre, amigos carroñeros suyos y su mujer, junto con Max, su amante.
    En resumidas cuentas, un libro punzante que pone de manifiesto los peores valores de la humanidad, sin tapujos, sin conceder tregua al lector, una prosa impactante y unas descripciones brutales, un libro para recordar. Gracias por la buena elección Chus.
    Nos leemos.

  5. Madaí 7 de febrero de 2016 a 23:08 #

    Hola saludos desde Guatemala, creo que Elena no es más que el reflejo de muchas niñas de esta temporada en donde por los afanes de tener muchas cosas descuidan a sus hijos, y no digamos aquellos niños que lamentablemente están sufriendo las consecuencias de que sus padres aún crean que son jóvenes y pueden vivir una vida que ya no les toca vivir. Ciertamente Elena en esta historia ha tenido que adaptarse a las deficiencias en su casa, mucha suerte para ella que en este caso tenga una nana que se preocupa por ella, sin embargo creo que dentro de todo sigue teniendo mucha suerte de que no sea peor. Creo que será muy interesante esta segunda parte

  6. fjbarral 8 de febrero de 2016 a 16:33 #

    No se puede negar que esta autora consigue desde sus primeras palabras sumergirnos fácilmente y de forma profunda en los ambientes descritos, en sus escenas y las vidas de los personajes. Así desde los primeros momentos lo sentimos como algo nuestro, y es esta implicación la que hace que nos involucromos más y que sintamos sus historias.
    Para mí, esta escrito ra es una perfecta retratista que consigue capturar el alma de los momentos. Contar historias a través de instantes. Hacernos partícipes de la historia contada. Éste es quizás, para mí, su mayor logro (que no es poco).
    Generalmente podemos adaptar el relato del libro a nuestro propio ritmo, pero en algunos casos éste nos viene dado y es el libro el que nos lleva completamente. Éste es el caso en esta novela. 🙂

    • CARMEN 12 de febrero de 2016 a 15:04 #

      Estoy completamente de acuerdo, pocas veces he podido leer una novela así.

  7. Marta 10 de febrero de 2016 a 0:26 #

    Hola, la historia del libro está ya reflejada desde la primera página. La tristeza de Elena por la falta de amor por parte de su madre, la ausencia constante de su padre y su gran refugio que es Mademoiselle Rose.
    Su madre es una persona fría a la que sólo le importa la posición social, el dinero, el lujo…
    Su padre una persona obsesionada con ganar dinero para tener contenta a su esposa y empeñado en creer que ella lo quiere mientras siga habiendo ese dinero. Sabe que su mujer le es infiel e incluso convive con Max pero prefiere no saberlo. Acaba refugiándose en el juego y en comprar todo lo que se pueda comprar
    Mademoiselle Rose es la única persona que muestra afecto a Elena y que le dedica su tiempo y sus enseñanzas. Para su familia no deja de ser un estorbo o una posesión más pero no la tratan como si fuera un ser humano. Su padre cuando se acuerda de ella la trata más como a una mascota. Nadie se interesa por lo que piensa o lo que siente…
    Realmente es una historia dura y triste pero supongo que muy real en esa época y quizá también en la nuestra.
    Por suerte consigue liberarse de ese odio y seguir hacia delante.
    Un libro interesante como todos los que llevamos leído.

  8. Susana 10 de febrero de 2016 a 13:11 #

    Nos sacude el odio que habita la relación madre-hija en esta novela. Posicionarse tan abiertamente contra Bella, vista a través de los ojos de Elena cuestiona la idea de un juicio tan superficial. Pese a intentar acercarnos a la debilidad de su madre, educada sólo para matrimoniar con un rico que le ofrezca un futuro, sentimos que no podemos dejar de proteger a esa niña a la que sentimos tan sola y abandonada emocionalmente. Elena sueña para poder evadirse de lo que le rodea. Esto la hace observadora y crítica, ácida, demasiado descreída para su corta edad. En cierto modo ha envejecido deprisa. Parapetada en su mundo salvaguardada por las puertas de la casa y su niñera que le aísla de lo hostil. La autora narra con maestría los paisajes y sentimientos que rodean las relaciones entre ellos, el amor ciego hacia su padre y el desprecio absoluto de todo lo que venga de su madre, ella y sus abuelos a los que no perdona nada. Culpa a su madre porque le resulta demasiado horrible aceptar su total orfandad afectiva. Se agarra desesperadamente a Rose quién es la única que le demuestra amor cuidándola y atendiéndola y aspira a ser la única para su padre que sólamente se ocupa de sí mismo y de sus negocios. Su redención viene a través de la escritura en la que Elena exorciza sus espantos, y con ello descubrimos a una maravillosa creadora de atmósferas y personajes que narra su biografía con el trasfondo de los movimientos político sociales que agitaban el momento histórico en el que creció

  9. CARMEN 12 de febrero de 2016 a 15:03 #

    Hola, desde luego ésta novela cautiva, a mí desde luego desde el punto de vista narrativo me ha impresionado desde el principio. La forma de describir situaciones, sentimientos, paisajes, tan exhaustiva y a la vez tan hermosa me hace meterme en la novela como una intrusa con la boca abierta. Desde luego creo que la relación de la autora con su madre y su familia ha influido en los personajes y sus vivencias, parece casi un diario por momentos. Me llama la atención que se habla de la guerra y sus muertos casi como en modo comentario, es como si quisiese que no existieses haciéndonos ver que el mundo de Elena no es perturbado por ella y, sin embargo se tienen que ir de San Petersburgo por su consecuencia…
    Bueno pues ahora tocar acabar de leerla y seguir comentando. Saludiños a todos.

  10. fjbarral 12 de febrero de 2016 a 16:01 #

    Esta novela tiene una forma de relato que no es la habitual, ya que en realidad no nos cuenta una historia, sino que nos describe los estados de ánimo y las situaciones como si fueran cuadros de una exposición. Con gran detalle, realismo e implicación, así, centrándose en las impresiones y las acciones, y con cierta secuencia en tales secuencias, se nos construye o más bien vivimos la historia. Cre que la peculiaridad de esta novela no es que nos cuente la relación de la madre o el padre con la hija, sino que nos hace partícipe de ella de forma que nos involucramos más. Observo que no se hacen juicios directos, salvo los comentarios de fondo de terceras personas, por lo que no serían entendibles los juicios y opiniones que finalmente nos descubrimos sobre los hechos sólo por la historia, hace falta el grado de impliación que la autora con su forma de relatar consigue para que resulten como consecuencia no de lo que leemos sino de lo que vivimos con la lectura.

    Como ya he dicho me ha sorprendido las extensas descripciones por los que nos lleva de forma muy sentida no sólo por las situaciones, sino más bien por las impresiones y sensaciones. Son recorridos grandes y detallados en el espacio en algunas escenas y en el tiempo, en otras. Con la peculiaridad de que pese a su detalle no producen imágenes al tiempo de leer, por lo menos a mi me pasa que por fijarse más es las relaciones que los objetos percibo la sensación de paisajes y escenas, sin necesidad de una imagen visual … podría entenderse como una imagen textual, basada en el texto, sin necesidad de tener que imaginar, que basarnos o trasladar lo leido a imágenes.
    Además este texto basado tan certeramente en sentimientos es necesariamente poetico y marca así un ritmo impuesto que favorece que nos conduzca hacia donde quiere y
    como quiere.

    Entendemos, porque lo sufrimos, el abandono de la protagonista. La falta de atención, de dedicación familiar. En una familia en la que cada cual tiene sus intereses personales y que no construye una relación entre sus miembros. El padre, enredado en negocios para obtener dinero pero que además le hace sentir vivo por la emoción del riesgo y el juego; la madre porque busca las emociones que no tiene en su familia con el juego de la seducción, para sentirse viva. En vez de vivir, todos ejercitan un simulacro de vida y una representación que no es real, y buscan las emociones que logicamente no obtienen de esa vida ficticia con el engaño de actividades secundarias en una pseudovida. Son culpables por no buscar el sentido de sus vidas donde debieran y por las consecuencias de sus actos, que conocen pero no quieren cambiar, por lo que profundizan, quizás sin querer reconocerlo, en sus problemas, sobre todo sobre los demás. No lo veo como una actuación malvada, sino como una mala actuación por sus consecuencias y por no querer modificarlo ni reconocerlo.

    Una delicia de lectura.

  11. Mercedes 13 de febrero de 2016 a 14:30 #

    La visión de Elena prevalece sobre cualquier otra, razón por la cual asistimos a sus pensamientos y sentimientos, así que resulta una tentación intentar entender el mundo interior de esta niña. Esto no parece fácil, como tampoco lo es la relación con sus padres, abuelos e instituriz. Los vínculos de esta niña con los adultos parecen carecer de amor y afecto, incluso hasta ella parece negarse a ellos, es así como vemos que no acepta muestras de afecto de su abuela o institutriz.
    No obstante, la niña parece inclinarse sentimentalmente más hacia su padre que a su madre, de hecho el rechazo hacia esta última es patente. Sin embargo, su padre solo piensa en el dinero, y además un día entra a un casino y hasta deja a la niña esperándolo afuera durante horas.
    Entonces es cuando aparece la pregunta: ¿qué ocurre?, cómo entender la inclinación de este niña hacia una figura paterna, y digo figura en todo el sentido de la palabra, pues su ausencia es evidente. La otra pregunta es la siguiente: ¿por qué no rechaza a su padre del mismo modo que a la madre? Al seguir las respuestas a estas preguntas, observé que la madre reprende sin cesar a la niña y le demanda comportamientos de una clase social en la mesa, al caminar y en todo momento. Pero por otro lado, el padre nunca hace esto, de hecho hasta le tira del pelo a modo juguetón (Pág. 85), y es el único que parece despertar el lado infantil de ella en ciertos momentos. Inclusive hasta se sienta en las piernas del padre, ya siendo mayor, pues él parece resaltar su lado de hija y niña: “…Karol tenía a Elena sentada en las rodillas…” (Pág.95).
    Nuevamente hago referencia al lado infantil de Elena, que aparece sólo en ocasiones, de hecho las preguntas anteriores, particularmente me llevaron a detenerme en las siguientes líneas de la novela: “A veces, tenía la sensación de que en su cuerpo vivían dos almas sin mezclarse, yuxtapuestas, sin confundirse…” (Pág.61) “…Como si en su cuerpo de niña viviera encerrada un alma vieja…” (Pág.33).
    Las líneas anteriores resuenan en mí durante la lectura, así es que veo a Elena como que rechaza la clase social a la que pertenece, no sólo con sus conductas sino cuando esta en Francia, pero al mismo tiempo debe ser parte de ella. Elena a veces se comporta como niña pero generalmente como una pequeña adulta, de ahí que quizás rechace afecto y la debilidad de su abuela. Este personaje me resultó muy curioso, pues es el más débil, sufrido y que revela una clase social no acorde al entorno, es decir proviene de una clase social más baja.
    En fin, comparto aquello de el alma dividida de Elena: Elena niña y Elena pequeña adulta, Elena dividida en dos clases sociales, Elena divida sentimentalmente entre institutriz, padre, madre y abuelos.

  12. Ana María 14 de febrero de 2016 a 20:06 #

    Hola gente! me ha costado seguir el ritmo de lectura por cuestiones de la vida, la vuelta del viaje se me hizo difícil, así que he leído a los saltos, sin ese placer y concentración que me gusta y que hace de la lectura uno de los más grandes disfrutes para mi, pero bueno algo trataré de aportar …

    Con esa introducción, he de decir que mis respetos a la escritora, pues como dice una de las compañeras, la narrativa es excelente y personalmente la sentí muy sólida, en ningún momento se cae y logra ubicarnos en cada escenario e internalizar cada personaje con realismo y sin adornos innecesarios, eso me encantó.

    Me gustaría abordar muchos temas, los hay miles en la historia, que me impactan y me ponen a reflexionar, la relación madre-hija, que es parte de la historia de las mujeres, ese reconocimiento en la madre, la madre en la hija muchas veces no tiene la dinámica amorosa que creemos debería tener, muchas y las más de las veces no existe la solidaridad, ni por lo tanto la mirada amorosa, que se necesita para dimensionarse como persona primero y como mujer después. Qué la salvó ? Mademoiselle, el amor que pudo sentir hacia su padre, como dice Marta que la ama como a una mascota, pero al menos existe esa tibia emoción que la humaniza y ese potencial de energía vital personal, que le permitió recurrir a la fantasía como medio para producir un pensamiento creativo, que se materializaría en palabras, imágenes finalmente en su oficio de escritora.

    Ese telón de fondo de la guerra, de más allá de la guerra, las miserias y mezquindades presentes en ella, me conmueve y me arrastra a esa sensación del nunca acabar.

    Y finalmente esa niña, creciendo y desarrollándose en medio de las contradicciones, a veces solo sobreviviendo, como único ejercicio de vida posible en medio de tanta violencia. No sabría responder que la salvó, eso es muy difícil o si de verdad se salvó, lo cierto es que allí esta esta pequeña niña, invisible, como un especie de fantasma tratando de existir y de aprender a valorar su existencia. Esa niña me llena de ternura, como me gustaría abrazarla y decirle ya todo va a pasar, aunque no sea así.

    Espero poder terminar a tiempo, porque además se me averío el ibook ….

    Un abrazo gente!

  13. berta 17 de febrero de 2016 a 23:20 #

    Hola a todos/as, sólo comentar que el libro como dice Yara es poético. Y tal como decis muchos/as la relación de madre e hija es muy dificil y complicada.la novela por ahora me esta gustando, espero poder acabarla a tiempo.aunque por diversos motivos tengo muy poco tiempo.a seguir leyendo saludos a todos/as.Hasta luego.

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