El vino de la soledad: la fragilidad y la fuerza del ser humano

25 Ene

Kiev in winter. Foto en flickr por Mariusz Kluzniak. Algunos derechos reservados.

El vino de la soledad es la novela más autobiográfica de Irène Némirovsky. Irène es la verdadera protagonista de la novela. Ella es Elena Karol y la novela es la historia de su vida entre los ocho y los veintiún años, de 1910 a 1923. Su confesión, su desahogo, su ajuste de cuentas. Irene tuvo una infancia difícil e infeliz con una madre que nunca le demostró amor sino más bien rechazo y un padre ausente. Hija única, creció siendo una niña solitaria sólo cuidada y querida por su institutriz francesa. Se refugió en la lectura y pronto en la escritura. La literatura fue su salvación, incluso una catarsis, y a través de ella se vengó de esa madre que la despreciaba. Irène, Elena, la misma persona.

Publicada en 1935, cuando Irène tenía treinta y dos años, El vino de la soledad (hermoso y simbólico título) cuenta la vida de una adinerada familia ruso-judía, los Karol. Boris, el padre, es un judío hecho a sí mismo de baja extracción social pero hábil en los negocios. Cuando comienza la novela no es muy rico, aunque poseen una situación acomodada, pero después se convertirá en un gran hombre de negocios que no para de viajar y que amasará una cuantiosa fortuna. Sus únicos intereses son ganar dinero y el juego. Bella, la madre, una aristócrata rusa perteneciente a una familia venida a menos, es una mujer narcisista, egocéntrica, frívola y coqueta a la que sólo le preocupa estar guapa y pasarlo bien. Colecciona amantes más por sentirse adulada que por amor. No ama a su marido ni a su hija (bueno, no ama a nadie), ésta es más bien un estorbo para ella ya que al ir creciendo le hace sentir el paso del tiempo, cosa que no le gusta nada. Bella no hace ningún caso a su hija y sólo se dirige a ella en muy pocas ocasiones para criticarla, despreciarla o censurarla. Elena la odia, no así a su padre al que adora aunque éste no le haga mucho caso y sólo establezca torpes y ocasionales contactos con ella. Boris ama a su mujer y se hace el ciego y el sordo ante la colección de amantes, también las convenciones sociales influyen en su proceder. Elena crece sola con el cariño de su adorada madeimoselle Rose, dulce y protectora que se convierte en la única figura maternal.

La historia comienza en una ciudad de provincias a las orillas del Dniéper (Ucrania) que posiblemente sea Kiev (entonces rusa). Cuando el padre prospera y se hace rico se trasladarán a San Petersburgo y después a Finlandia huyendo de la revolución bolchevique. Finlandia pertenecía entonces a Rusia pero allí las cosas están más tranquilas. Elena odia San Petersburgo y ama las nieves y el frío de Finlandia. Cuando también Finlandia se desestabiliza políticamente ante el avance de la revolución, los Karol se irán definitivamente a París, ciudad que visitaban frecuentemente en la infancia de Elena y que ésta adoraba. Pero ahora hay guerra y París ya no es la misma, es una ciudad fría, extraña y vacía que acentúa su soledad. La novela se desarrolla en una época convulsa. Los hechos históricos y políticos, que en la novela se muestran sólo con certeras pinceladas (los hechos históricos sólo hay que rozarlos, mientras se profundiza en la vida cotidiana y afectiva y, sobre todo, en la comedia que eso ofrece, Irène Némirovsky dixit), son claves en el devenir de Europa y Rusia: la caída de los zares, la I Guerra Mundial, la Revolución Rusa de 1917 y la Guerra Civil rusa entre blancos y bolcheviques en 1919. Hay un paralelismo entre la vida familiar y la situación histórica: ambas se precipitan hacia el abismo. La novela está dividida en cuatro partes, cada una corresponde a los cuatro lugares donde van a ir viviendo sucesivamente los Karol: Ucrania, San Petersburgo, Finlandia y Francia. Cada parte empieza con ese cambio espacial y la acción sigue un orden cronológico, se trata de una estructura interna lineal en la que no hay saltos temporales. Los espacios interiores también tienen una gran importancia: las casas y los hoteles en los que viven son descritos profusamente con ese estilo detallista y preciso que caracteriza a Némirovsky.

En El vino de la soledad asistimos a dos temas fundamentales como son el desmoronamiento de una familia y el odio que conduce a la venganza, en este caso de una hija hacia su madre. Otro tema secundario pero no menos importante es el de la soledad. No hay concesiones ni sentimentalismos en una narración dura y fría. Escrita en tercera persona omnisciente el punto de vista es el de Elena, aunque a veces aparece el punto de vista de otros personajes pero muy brevemente. Asistimos asimismo al desarrollo de Elena y a su evolución psicológica que crece desde una infancia en la que ya es una niña sensible, seria, inteligente, observadora, consciente de su desgracia, que se hace necesariamente fuerte y muy madura hasta convertirse en una mujer joven que echa la culpa de toda su infelicidad y soledad a su madre de la cual decide vengarse dándole en donde más le duele. Será su liberación de esa familia que la ha hecho tan desgraciada. Al final de la novela Elena cruzará la frontera hacia la edad adulta saliendo fortalecida e indemne de tanto daño y abandono. Ella es el vino de la soledad que la embriaga. El tema de la venganza de una hija hacia su madre la trató Némirovsky en otras dos grandes novelas: El baile y Jezabel. Queda claro que la autora se vengó de su maltrecha suerte a través de la literatura necesitando hacerlo en varias ocasiones. Sus novelas, veintiuna en total, quince traducidas al español, giran en general en torno a su propia vida. Una vida que la marcó a fuego y de la que tuvo necesidad de escribir para exorcizar sus demonios.

El estilo de la novela es analítico, descriptivo, directo, veraz y poético, sobre todo en lo que respecta a la naturaleza y los sentimientos. No hay humor ni ironía en su escritura, no hay vía de escape por ahí, todo lo contrario: Némirovsky opto por un tono grave, frío, sereno y estudiado. Es una gran escritora, brillante, exacta, profunda, madura, con una gran habilidad para crear tramas humanas sin concesiones a la sentimentalidad y cruda cuando tiene que serlo ya que los temas que trata así lo son. La descripción de personajes en El vino de la soledad es precisa. Excepto con Elena con la que se explaya más, los demás personajes son retratados con pocas pinceladas muy certeras sin ocultar sus flaquezas, anhelos o miserias resultando a veces incluso muy descarnados y crueles.

Asimismo asistimos, a través del punto de vista de Elena, a un demoledor retrato de la sociedad burguesa de la época en la que ella vive inmersa: hipócrita, frívola, amoral, cotilla, a la que sólo le importan las apariencias, el lujo y el dinero. A resaltar que la fortuna que consigue hacer Boris, y tantos otros rusos, proviene del aprovechamiento de la desgracia de quienes no tuvieron más remedio que vender absolutamente todo para poder huir y sobrevivir cuando la revolución bolchevique triunfa. Lo mismo aconteció con la familia de Irène Némirovsky, cuyo padre, León Némirovsky, uno de los más ricos banqueros rusos, se enriqueció de igual manera. El padre de Elena representa al hombre de negocios judío que sólo vive para ganar dinero pero no disfruta realmente de su riqueza. Embebido en amasar una fortuna (millones, millones, millones) su única salida a una vida estéril en lo personal es el juego en los casinos. El estilo de vida de los Karol y de las demás familias burguesas que los rodean es pretencioso y pleno de infidelidades: allí todas las mujeres casadas tenían un amante al que sus hijos llamaban “tío” y con quien su marido jugaba a la cartas. La propia Bella exclama en una ocasión: ¡Ay!, yo no he nacido para ser una burguesa tranquila y satisfecha entre un marido y una hija.

Para terminar, transcribo un párrafo del prólogo de Myriam Anissimov a Suite Francesa en el que podemos comprobar la similitud entre la vida real de Irène y la de Elena Karol: Irène, confiada a los buenos cuidados de su aya, recibió las enseñanzas de excelentes preceptores. Como sus padres sentían escaso interés por su hogar, fue una niña extremadamente desdichada y solitaria. Su padre, a quien adoraba y admiraba, pasaba la mayor parte del tiempo ocupado en sus negocios, de viaje o jugándose fortunas en el casino. Su madre, que se hacía llamar Fanny (de nombre hebreo Faïga), la había traído al mundo con el mero propósito de complacer a su acaudalado esposo. Sin embargo, vivió el nacimiento de su hija como una primera señal del declive de su feminidad, y la abandonó a los cuidados de su nodriza. Fanny Némirovsky (Odessa, 1887 – París, 1989) experimentaba una especie de aversión hacia su hija, que jamás recibió de ella el menor gesto de amor. Se pasaba las horas frente al espejo acechando la aparición de arrugas, maquillándose, recibiendo mensajes, y el resto fuera de casa, en busca de aventuras extraconyugales. Muy envanecida de su belleza, veía con horror cómo sus rasgos se marchitaban y la convertían en una mujer que pronto tendría que recurrir a gigolós. No obstante, para demostrarse que todavía era joven se negó a ver en Irène, ya adolescente, otra cosa que una niña, y durante mucho tiempo la obligó a vestirse y peinarse como una pequeña colegiala. Irène, abandonada a su suerte durante las vacaciones de su aya, se refugió en la lectura, empezó a escribir y resistió la desesperación desarrollando a su vez un odio feroz contra su madre. Esta violencia, las relaciones contra natura entre madre e hija, ocupa un lugar capital en su obra.

Una novela impregnada de tristeza y melancolía en la que se nos narra una historia que nos habla, a veces con terribles silencios, de heridas muy profundas, de una infancia rota, de ilusiones perdidas, de soledad, de pasión, de odio y de venganza.

Plazos
Como la novela consta de cuatro partes, dividiremos la lectura en dos partes. La primera de ellas nos llevará hasta el final de la segunda parte (pág. 113). La leeremos a lo largo de una semana. Os reitero lo de siempre: escribir en este post, mientras vais leyendo esta primera parte, sólo vuestras impresiones iniciales sobre la lectura o sobre lo aquí escrito, pero no la comentéis en su totalidad. Cuando publique el post de análisis correspondiente a esta primera parte de la lectura dentro de una semana, y todos hayáis leído dicha parte, entonces podréis explayaros ampliamente en vuestros comentarios sobre ella. ¡Buena lectura!

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12 comentarios to “El vino de la soledad: la fragilidad y la fuerza del ser humano”

  1. Lory 31 de enero de 2016 a 18:38 #

    Estaba mirando por si alguien había comentado algo y me sacaba de la obscuridad que me está produciendo este libro. En principio me pareció buena la elección que nos obligaba a un salto, casi mortal, entre autores y épocas. De Némirovsky había leído: El baile, El maestro de almas, Nieve en Otoño, esta última me pareció muy buena y me gustó leer una novela un poco más extensa de ella.
    En vista de que nadie ha comentado, esperaré a mañana cuando Chus publique la guía. Y veremos.
    Zazo

    • Salo Kon 31 de enero de 2016 a 19:33 #

      Yo también me he estado asomando a esta ventana por si veía pasar a alguien, hasta este momento en que te acabo de ver.
      He terminado la lectura de la primera parte, y tengo la intención de volver a leerla, aunque en estos días no se si podré hacerlo. Lo que quería comentar, es que me gusta mucho la descripción que va haciendo la autora de la vida tanto de Elena como de su familia, del ambiente que les rodea, de la situación económica y política de profundas transformaciones. Pero me quedo con un tema en el que quisiera profundizar a medida que avance en la lectura. El de la relación madre-hija. Esta madre y esta hija. Ya que es bastante común exaltar el sentido del amor a los progenitores y de estos hacia sus hijos, sin embargo en esta novela se puede ir apreciando el odio creciente entre ambas, los celos, las envidias.
      Sabía de la muerte (asesinato) de Irene Nemirovsky en Auschwitz, a los 39 años, creo, pero en estos días he leido que su madre, Fanny o Feigue, falleció en 1989 a los 101 años de edad. Me impresiona quizás más la realidad que la ficción.

  2. Ciberclub de lectura 31 de enero de 2016 a 23:50 #

    Hola a todos, hoy me tocaba publicar el post sobre la primera parte pero no va a ser posible pues estoy con gripazo fuerte, me encuentro fatal, la verdad y me es imposible concentrarme en el trabajo. A ver si el miércoles puedo publicarlo, yo espero que sí. Y así podremos comentar lo que plantean Lory y Salo Kon, aunque podéis comentarlo los demás en este post. Ya sabéis, los temas generales de la obra. Para meternos en detalle habrá que esperar a mi post. ¡Lo siento chicos! De todas formas veo que nadie excepto Lory y Salo Kon han dejado ningún comentario… está muy vacío este post. ¿Qué pasa? ¿Nada que comentar sobre las impresiones generales que os está produciendo la novela? ¡Venga, animaos!
    Un saludo y disculpad el retraso

  3. Lory 1 de febrero de 2016 a 18:22 #

    Vaya Chus, mejórate lo antes posible. Una gripe es proceso de limpieza de toxinas.
    No quise apuntar más acerca de libro para no condicionar; ya que, así de entrada, miro mis apuntes en cuaderno y tengo escrito: es autobiográfica. Y ya. Nada más. Y nada menos, añadiría. Está siendo oscura, cerrada, llena de contradicciones, con falsos sufrires, ya que son sufrimientos que pertenecen más a lo psíquico y mental, lo que pienso, lo que imagino. Y eso, se puede cambiar, si cambias de pensamiento.
    Ahondaremos en relación madre-hija. Os parece que hay un cierto complejo de Edipo?
    Curioso, porque el padre la utiliza.
    Lo que más me ha gustado son las descripciones, sobre todo la naturaleza y paisajes y a las personas como paisajes. Percibo imágenes repetidas: niebla y pérdidas, atuendos…
    Muy curiosa la forma de cerrar algunos capítulos, con mucha fuerza.
    Quizá mi ánimo no está para estas cosas. Las nieblas y falta de luz me tenían al borde. Hoy, por fin, ha salido el sol en mi ciudad.
    Zazo

  4. virginia 1 de febrero de 2016 a 18:55 #

    Mejórate Chus.
    A mi también me parece oscura. El hecho de que sea una autobiografía hace que resulte durísima la historia, el desprecio mutuo entre madre e hija, y el orgullo de la niña que procura no mostrar sus miedos a los mayores, no quiere dejar ver su debilidad y su necesidad de cariño, que la van endureciendo, sufriendo sin demostrar sus verdaderos sentimientos.
    La relación con el padre es extraña ya que apenas lo ve durante largas temporadas, y parece que disculpa su comportamiento con respecto a ella. Creo que si puede haber cierto complejo de Edipo.

  5. Leticia Level Gonzalez 2 de febrero de 2016 a 4:30 #

    Hola a todos, Que te recuperes pronto Chus. Al Igual que Virginia también me parece una historia dura, donde abundan las emociones y situaciones negativas, soledad, abandono, odio, resentimiento, orgullo, rabia Son pocos los pasajes de esta primera parte que hemos leído que tocan el amor u otros buenos sentimientos. Quizás la abuela por Elena y el propio y desmedido amor de Elena por su padre, que igualmente la mantiene apartada y abandonada pero que ella no lo percibe así, porque quizás se aferra a los pocos encuentros con él y el cariño que él le da. A mí lo que más me ha gustado es la época y los lugares donde se desarrolla la novela, resulta para mi muy interesante porque es mi contacto más cercano con esos países y los hechos históricos que allí ocurrieron como fue la caída de los zar y la revolución bolchevique y como estos hechos eran percibidos y vividos por sus habitantes.

  6. fjbarral 2 de febrero de 2016 a 13:44 #

    Espero que te mejores, Chus. Yo he pasado algunos días de la semana pasada acatarrado y no se está para nada. En cuanto a la lectura, yo todavía estoy con ella… la forma de escribir y de describir me gusta, es muy visual y casi cinematográfica, aunque deteniéndose y profundizando en el caracter de los personajes.

    Ya iremos viendo… mientras tanto comparto con vosotr@s estas fotografias tomadas en Rusia y su entorno entre 1905 y 1910, a todo color usando una técnica propia por el fotografo Sergeĭ Mikhaĭlovich Prokudin-Gorskiĭ, que se embarco en el proyecto de documentar fotograficamente el imperio ruso, las cerca de 3500 fotografias que consiguió se han ido perdiendo hasta que finalmente han sido recuperadas y se encuentran una buena parte de ellas en la Biblioteca del Congreso de EEUU. Como muestra (Woman in formal dress, posed, sitting at table with vase of flowers, on a balcony overlooking a field). http://cdn.loc.gov/service/pnp/prokc/20100/20194v.jpg

    Y la dirección donde encontrar más, http://www.loc.gov/pictures/search/?sp=1&co=prok&st=grid

    • Ciberclub de lectura 3 de febrero de 2016 a 21:49 #

      Gracias, Francisco, por las fotos. ¡Son muy interesantes! Y nos ayudan a situarnos visualmente en la época en que se desarrolla la novela, sobre todo, los inicios. Poder ver paisajes, las casas, la manera de vestir… y además a todo color. Geniales. No sé cómo te las arreglas para encontrar todo tipo de información adicional, siempre interesante, a nuestras lecturas 😉 Es una aportación muy enriquecedora. ¡Gracias!

      • fjbarral 4 de febrero de 2016 a 16:04 #

        Me alegro que os hayan gustado. En este caso, como me interesa la fotografía, no pude dejar de indagar al conocer el caso hace ya tiempo de fotografías en color de principios del siglo XX, la técnica consistía en mezclar fotografías en color hechas con filtros para conseguir la de color (lo esplica en la página de la Biblioteca del Congreso). En este caso nos vienen muy bien por ser de la época de nuestra novela y de Rusia. Son muy interesantes y la historia sobre ellas también… 🙂
        https://es.wikipedia.org/wiki/Sergu%C3%A9i_Prokudin-Gorski

  7. Raquel 2 de febrero de 2016 a 22:32 #

    Hola a todos, que te mejores Chus, linda novela, pero muy triste, mas sabiendo que se basa en la infancia de la autora que tiene una biografía trágica. Ahora estoy mirando las fotos de Rusia del sitio que mando fj, disculpa pero no se el nombre, están muy lindas y sirven para situarse en el libro

  8. virginia 4 de febrero de 2016 a 14:00 #

    Muy interesantes las fotos.
    Gracias fjbarral.

  9. María Vieites 8 de febrero de 2016 a 16:22 #

    Buenas tardes,
    De Irene Nemirovsky me quedo con su capacidad para describir el entorno, la época en la que se desarrolla la historia, los pequeños detalles y, sobre todo, los sentimientos que se desprenden de esa “no relación” madre-hija.
    La madre vive por y para ella, la hija idealiza al padre y busca en al institutriz el cariño que su madre le niega. Se crece y se hace fuerte en circunstancias adversas, quiere odiar a su madre y, lo cierto, es que la progenitora tampoco hace méritos para que no sea así: se aloja en el mejor hotel de París pero deja a su hija y a su institutriz en una pensión de inferior categoría, las críticas al comportamiento de la niña son duras y el castigo final de privarla de quien le da cariño y la acuesta, a la pequeña le resulta excesivamente duro.
    La niña no tiene un referente en cuanto a patrón de comportamiento, su madre se rodea de amantes jóvenes, de vestidos y ropa cara, de una vida superficial que no quiere ver la realidad social y decadente en la que se encuentran, su padre se ve atrapado en el juego y a ella la deja en la entrada del local de juegos……
    La niña preside reuniones y conversaciones a las que no tendría que asistir y se va asomando a la pubertad sola, sin que nadie la guie, encontrándose con las “insinuaciones” incómodas de uno de los amigos de la familia.
    Parece que no es la situación ideal para una niña.
    Parece que la niñez de Nemirovsky no fue precisamente fácil y los recuerdos que conservaba no reflejan una familia feliz, ya no estándar o ajustada a patrones típicos, sino feliz.
    Yo creo que Irene no fue una niña feliz.

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