Ya no era un niño y a cambio era aproximadamente nada

3 Nov

Erri de Luca. Foto en flickr por Paolo Benegiamo (paolobenegiamo.weebly.com). Algunos derechos reservados.

Dejamos al niño Erri recuperándose de sus heridas gracias a los cuidados de la madre y de la chica sin nombre. Ha vuelto a hacer la vida de la isla pero con signos bien visibles de la paliza en su cara, aunque esa nariz rota y esos cortes le hacen “más hombre”, así se lo dicen y él, además del centímetro que ha crecido, siente que sí que algo está cambiando no sólo en su cuerpo sino en su cara: no pensaba que la cara también tiene que crecer. La chica está tramando una venganza como veremos más adelante, su sentido de la justicia así se lo pide: estaré un poco fría contigo en la playa, no me hagas caso. No nos bañaremos juntos. Intentaremos vernos por las tardes, ¿entendido? El niño la ve en la playa paseando con sus agresores y él lo único que desea es ser invisible, no quiere verlos, sólo el mar abierto y nada más. Nada mucho: la superficie del mar es un techo sobre las profundidades y visita a los pescadores: allí mi nariz no causaba risas. Se prestaba poco atención a los desarreglos de la naturaleza, a las heridas, a las lisiaduras. Mientras quedara vida, ésta tenía una finalidad y un lugar útil en tierra.

Esta parte del libro contiene numerosas reflexiones y recuerdos posteriores de su vida que el autor intercala en la acción principal. Hay mucho del Erri adulto. Destaco la importancia que el cine del Neorrealismo italiano tuvo para Erri así como la música, las viejas canciones napolitanas que él toca ahora a la guitarra, una guitarra que no quiso cuando su madre se la ofreció. Pero, sobre todo, están muy presentes el padre y la madre, la muerte de ambos en sus brazos viviendo ya en la casa que él construyó con sus propias manos y el amor tan intenso que les tuvo.

El cine italiano de posguerra me enseñó a mirar, por lo menos cuanto las voces de las mujeres de Nápoles me enseñaron a permanecer a la escucha. Mirar. Escuchar. Verbos muy presentes en la vida de Erri desde su infancia. Verbos fundamentales para un escritor. Amé ese cine de artesanos excelentes que en el momento justo adquiere la intensidad del arte. El blanco y negro daba luz al patio de butacas de los pobres, relucía por el sudor en la frente, no por las lentejuelas. Aquel cine narraba barracas y no palacios, a nuestra gente abarrotada en tercera clase, no los vagones del Orient Express. Iba solo, no quería a nadie a mi lado que se mofara de mi conmoción, que estorbara la sacudida de una compasión, que atenuara la consternación de una ira. Aprendía lo que era Italia. De nuevo la preferencia por los más humildes: he amado mucho ese cine, como espectador puro. Como delante de los cuadros: no me situaba en el punto de vista del pintor, sino en el de quien está en un lateral y echa un vistazo por encima de las cabezas desde un asiento en el gallinero.

Un extraño sentimiento de culpa por haber obstaculizado el amor de sus padres con su llegada al mundo, un deseo de no haber existido nunca le atormentan al ya narrador adulto Erri: se amaban los dos, se regalaban libros. Ella estaba embarazada de mí. La fecha de la dedicatoria denuncia mi intrusión en sus vidas. Se las obstaculicé cual extraño. Querían un hijo, me tuvieron a mí. Ellos son mi gente, pero yo fui poco y mal la suya […] Me entra el deseo maldito de no haber existido, de dejarlos a los dos vivir en paz […] Para quien tiene el tullido impulso de no haber existido nunca, queda el oficio de fantasma. Duras palabras, ¿no creéis? ¿Qué opináis de ellas? Pareciera que siempre se sintió una carga para ellos. Y la insistencia en no valorarse, en pasar siempre desapercibido, en ser casi invisible, está muy presente ya en él desde niño. Aparece con frecuencia en este libro, también en sus recuerdos de adulto, y en las entrevistas.

El padre encuentra trabajo en América y le pregunta por carta a la madre si quiere vivir allí. La madre duda pues yo sólo sé vivir en mi tierra, pero enseguida le pregunta al niño si quiere ir allá. Es la primera vez que le pide su opinión sobre algo importante: me atraía un lugar donde volver a empezar sin conocer a nadie. Podría quitarme el uniforme de invisible, lo sería sin esfuerzo de imaginación. Podía ser un buen sitio para mí un país llamado allá. Pero le contesta que para él es igual. Exactamente le dice que “no quiero tener peso”. No quería contar para nadie, sólo quería pensar en buscar gusanos excavando en la arena, en leer libros, en pasarme los días mudo. Piensa que la decisión es sólo de sus padres ya que su padre sólo le ha preguntado a ella.

En septiembre ocurren días de cielo descendido a la tierra. Se abre el puente levadizo de su castillo en el aire y, bajando por una escalera azul, el cielo se apoya durante un rato en el suelo. A los diez años, podía ver los peldaños escuadrados, y recorrerlos hacia arriba con los ojos. Hoy me contento con haberlos visto y con creer que siguen existiendo. No me he resistido a transcribir este párrafo. ¡Contiene tanta belleza y melancolía! No he hablado de la presencia casi permanente de la nostalgia en esta novela. ¿No creéis que es así? Además de la intensidad, de la poesía, de la verdad, hay un halo de melancolía que impregna todas sus palabras. Me he emocionado, a veces hasta las lágrimas, leyendo y releyendo este libro único. Casi todos los libros de Erri hablan de su infancia en Nápoles. Como si todo lo que hubiera vivido posteriormente ya viniera de allí, de esa ciudad y esas vivencias que abandonó a los dieciocho años para no volver. ¿Por qué se iría Erri? También habla de eso en esta novela más adelante. Pero no da razones.

Dentro de poco me marcho. Antes tengo que arreglar una cuestión de justicia. Ahora vas a escucharme y a hacer lo que te diga […] Mañana por la tarde, bájate a la playa. Te encierras en la caseta y te quedas allí. No salgas hasta que te llame. Oigas lo que oigas y veas lo que veas por las rendijas de los tablones, no salgas hasta que te llame yo. ¿Me has entendido bien? La chica está a punto de llevar a cabo su plan. El niño Erri más que escucharla está mirándola: fue la primera noción cierta de la belleza femenina. Que no está en las portadas de las revistas, en las pasarelas, en las pantallas, que en cambio está de repente a tu lado. Que te sobresalta y te vacía. El niño toma consciencia de su cuerpo por primera vez al lado de ella: del latido de la sangre a flor de muñeca, del ruido del aire en la nariz, del tráfico de la máquina corazón-pulmones. Junto a su cuerpo exploraba el mío, calado en su interior, zarandeado como el cubo en el pozo.

Finalmente el niño se ha puesto del lado de lo que decida su madre respecto a irse o no a América. La madre decide escribirle al padre que no irán. Él se siente molesto consigo mismo: había transgredido mi verdad, que era de sincera distancia entre sus razones y las de papá. Me había puesto de su lado porque la había visto extraviada y despeinada en la cocina por la noche haciendo garabatos. Le había dicho unas palabras de ayuda que para mí no eran verdaderas. Me las había inventado por afecto […] Le había quitado a papá, sin embargo, su esperanza de reunirnos allá y eso me confundía […] Había intervenido entre ellos dos. Debía de ser ésta la consecuencia del cambio en el cuerpo. Crecer conllevaba un precipicio de efectos desconocidos. Había bastado un centímetro. Y de nuevo un flashforward. El narrador recuerda cuando ocho años más tarde se iría para no volver: cerré despacio y bajé los más hondos escalones de mi vida, que no volvería a subir para habitar de nuevo […] en la cabeza me retumbaban los adioses que no había dicho […] desertaba de ellos, del tiempo transcurrido me arrancaba como una hierba del muro, dejándolo limpio […] De haber encontrado a alguien que me hubiera dicho: “Vuélvete a casa” me lo hubiera abrazado. Pero se va y se une a un partido revolucionario en el que conocí entonces el peso y la amplitud del pronombre nosotros. Erri de Luca no nos da ninguna razón, únicamente narra lo que pasó con un poso de tristeza y quizá de ¿arrepentimiento? No me atrevería a afirmarlo. Sólo están los hechos.

Pero el padre renuncia a América: la vida en Nápoles fue para él un exilio sin viaje. Y nos habla de la pérdida de su padre muchos años después con ¡tan bellísimas palabras de dolor y ausencia!: el encuentro con el sueño, donde lloro sin lágrimas. Mi luto por él es una poza de agua marina evaporada. Entre las rocas queda la sal desecada, unos sollozos en seco […] Vuelven cogidas del brazo, las lágrimas, de dos en dos, se asoman por el borde y se zambullen desde las pestañas sobre los pantalones, mientras apoyo la frente sobre las manos vacías. Son las mismas lágrimas de niño, de impotencia antigua. No tienen nada que pedir y cesan por sí solas. Y un poco más adelante en la narración le toca el turno a la madre, a su final junto a él: mamá que me vuelve huérfano de viejo. Me posaba su mano tibia y exhausta sobre la frente y así volvía a respirar tranquilo. La madre que le dio las canciones, la música de su tierra, y con ellas le empujó a hablar, a cantar, a escribir. Las pérdidas de los míos, de los dos, que acabaron en mis brazos, no he podido equilibrarlas con el nacimiento de los hijos […] La vida de los míos, de los dos, están en la prisión de los ausentes y no pasa día sin que espere fuera.

Por fin llega el día del duelo entre los dos agresores que se disputan a la chica. Todo lo ha preparado ella para que la venganza la pueda presenciar el niño Erri encerrado en la caseta: sin armas, con las manos y los pies desnudos, el primero que grite pierde. Y, claro, pierden los dos. El acto de justicia se ha hecho realidad pero para el niño ha sido la inutilidad del odio y de la sangre. Para la chica él es el ganador, le hace salir de la caseta y le besa a la fuerza en la boca delante de los dos derrotados: pero ¿tú no cierras los ojos cuando besas? Los peces no cierran los ojos. Él niño intenta convencerla de que esa justicia no sirve para nada pero no tenía palabras ni ímpetu para oponerme a las suyas. Ella era en aquella hora la voluntad personificada […] Había meditado y ejecutado después la sentencia. Me la enseñaba en su evidencia, no buscaba consenso ni gratitud. El niño Erri se ha enamorado, por fin comprende lo que no entendía e incluso rechazaba cuando lo leía en los libros: la palabra amor: aquel amor cerraba la infancia. Aunque deciden pasar la última noche juntos no volverán a verse, así lo establece la niña y él lo acepta: hoy sé que aquel amor cachorro contenía todos los adioses siguientes. Ninguna se detendría, yo no conocería las bodas […] El amor sería una parada breve entre los aislamientos. Hoy pienso en un tiempo final en común con una mujer, con la que coincidir como lo hacen las rimas, al término de la palabra.

Poco después reacciona ante su cobardía por no haber detenido la pelea: había fallado. No había sido quien exijo ser […] Tras la sorpresa de poder nombrar la palabra amor, venía la experiencia física de la vergüenza […] Ya no era un niño y a cambio era aproximadamente nada. Es muy exigente consigo mismo este niño y ese hombre. Uno siente que la ética en él es palabra principal.

Esta hermosísima novela termina con el encuentro final de los dos chicos, en la playa, entre las barcas de los pescadores, besándose por primera vez: después de cada uno, me daba cuenta de estar creciendo, más que de las heridas. Él todavía no sabe si le gusta el amor pero sabe que lo tiene y sobre todo le gustan los besos: todavía hoy sé que son la más alta meta alcanzada por los cuerpos. Desde allí arriba, desde la cima de los besos, puede uno descender después a los gestos convulsos del amor. Incluso iguala al lenguaje, a las lenguas y a sus palabras y a sus letras, con los besos.

En un cruce nos separamos, soltándonos las manos sin necesidad de más despedidas. Eva y su esposo, saliendo del jardín, habían vivido ya todo el bien del mundo. La vida añadida más tarde, lejos de aquel lugar, no fue más que una divagación.

Plazos
De nuevo he transcrito muchos párrafos del libro, ¡no lo he podido evitar! Si pudiera transcribiría el libro entero. Me he enamorado de la palabra de este escritor, se nota, ¿no? Bueno, es el momento para que vosotros comentéis, o transcribáis por supuesto, todo lo que queráis de esta segunda parte y del libro en su totalidad. Para ello, disponéis de una semana. Y como no hay más que leer, ¡espero que sean numerosos los comentarios!

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19 comentarios to “Ya no era un niño y a cambio era aproximadamente nada”

  1. Ana María Heinze 3 de noviembre de 2015 a 3:12 #

    Hola gente!!!! Entiendo lo de Chus, transcribir, pues como me pasa con los poetas, ellos encontraron la forma más ajustada de decirlo, pareciera incluso a veces que no existe otra forma de expresarlo. Confieso que no solo me capto , simplemente lo amé, y es esta relación íntima y personal que se logra en el arte, casi como si uno fuera parte del mundo del cuadro pintado, de la palabra escrita , de la danza.
    La segunda parte del libro logré emoocionar con él , como compas de la vida de la historia y confieso que vengo del otro lado del mundo y formo parte de una generacion posterior a la de él ….pero fui parte de un proceso histórico que nace de los 60′ y son los finales de los 70′ en latinoamérica y muchas veces frente al fracaso de algunas luchas, he pensado que paso con nosotros y Erri de Luca me lo relata desde su mundo napolitano y de escritor militante de la vida , nos atrevimos a construir desde alli, y desde donde estemos reproducimos con conviccion profunda, la esperanza de la vida, no hay un lugar mejor que otro, simplemente mantener la convicción amorosa de estar a pleno comprometida con y en la vida.
    Podría detenerme en muchos momentos de la lectura, pero lo más relevante para mi como experiencia personal, es haber podido emocionar con él .
    Me parece increíblemente generoso de su parte, abrir de esta manera tan honesta su experiencia emocional e invitarnos a entrar.
    Les dije al principio, lo amo, ya estoy bajando toda la obra de Erri de Luca…mil gracias Chus, por presentarmelo

  2. Raquel 3 de noviembre de 2015 a 19:24 #

    Me encanto el libro, lo fui descubriendo de a poco y entendiendo también. Es interesante como el autor narra a trasvés de este niño solitario muy maduro para su edad entrando a la adolescencia su relación con el mundo y con su cuerpo, como es la sensación de su primera relación de amor.
    A su vez el autor nos cuenta través del niño que si bien nació en la postguerra y viene de una familia con lazos de cariño muy fuertes no es ajeno a la época que les toco vivir y nos cuenta como es el hombre en el futuro

  3. Ana María Heinze 4 de noviembre de 2015 a 5:41 #

    Este poema de Sepúlveda vino a mi memoria en la lectura de Erri de Luca y me dió ganas de compartirlo con ustedes , aquí va …
    Las mujeres de mi generación abrieron sus pétalos rebeldes de rosas, camelias, orquídeas u otras yerbas, de saloncitos tristes, de casitas burguesas, de costumbres añejas, sino de yuyos peregrinos entre vientos.

    Porque las mujeres de mi generación florecieron en las calles, en las fábricas se hicieron hilanderas de sueños, en el sindicato organizaron el amor según sus sabios criterios.

    Es decir, dijeron las mujeres de mi generación, a cada cual según su necesidad y capacidad de respuesta, como en la lucha golpe a golpe en el amor beso a beso.

    Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas supieron lo que tenían que saber para el saber glorioso de las mujeres de mi generación.

    Minifalderas en flor de los setenta, las mujeres de mi generación no ocultaron ni las sombras de sus muslos que fueron los de Tania, erotizando con el mayor de los calibres los caminos duros de la cita con la muerte.

    Porque las mujeres de mi generación bebieron con ganas del vino de los vivos, acudieron a todas las llamadas y fueron dignidad en la derrota. En los cuarteles les llamaron putas y no las ofendieron porque venían de un bosque de sinónimos alegres: Minas, Grelas, Percantas, Cabritas, Minones, Gurisas, Garotas, Jevas, Zipotas, Viejas, Chavalas, Señoritas: Hasta que ellas mismas escribieron la palabra Compañera en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles, porque las mujeres de mi generación nos marcaron con el fuego indeleble de sus uñas, la verdad universal de sus derechos.
    Conocieron la cárcel y los golpes, habitaron en mil patrias y en ninguna. Lloraron a sus muertos y a los míos como suyos. Dieron calor al frío y al cansancio deseos; al agua sabor y al fuego lo orientaron por un rumbo cierto.

    Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos; cantando Summertime les dieron teta, fumaron marihuana en los descansos, danzaron lo mejor del vino y bebieron las mejores melodías.

    Porque las mujeres de mi generación nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos compañeros, sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias. Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras, artesanas, actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas en los ratos libres de la Resistencia.

    Porque las mujeres de mi generación sólo respetaron los límites que superaban todas las fronteras. Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor, comisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia. Entre batalla y batalla las mujeres de mi generación lo dieron todo, y dijeron que eso apenas era suficiente.

    Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco. Las vistieron de negro en Puerto Montt y Sâo Paulo, y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo fueron las únicas estrellas de la larga noche clandestina.

    Sus canas no son canas sino una forma de ser para el qué hacer que les espera. Las arrugas que asoman en sus rostros dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo.

    Las mujeres de mi generación han ganado algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos, se mueven algo más lentas, cansadas de esperarnos en las metas. Escriben cartas que incendian las memorias. Recuerdan aromas proscritos y los cantan. Inventan cada día las palabras y con ellas nos empujan. Nombran las cosas y nos amueblan el mundo. Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar. Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta.

    Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad. Y la prudencia se transforma en vergüenza.

    Las mujeres de mi generación son como un puño cerrado que resguarda con violencia la ternura del mundo.

    Las mujeres de mi generación no gritan porque ellas derrotaron el silencio. Si algo nos marca, son ellas. La identidad del siglo son ellas.

    Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto; el beso clandestino; el retorno a todos los derechos; un tango en la serena soledad de un aeropuerto; un poema de Gelman escrito en una servilleta; Benedetti compartido en el planeta de un paraguas; los nombres de los amigos guardados con ramitas de lavanda.

    Las cartas que hacen besar al cartero. Las manos que sostienen los retratos de mis muertos. Los elementos simples de los días que aterran al tirano. La compleja arquitectura de los sueños de tus nietos. Lo son todo y todo lo sostienen, porque todo viene con sus pasos y nos llega y nos sorprende. No hay soledad donde ellas miren, ni olvido mientras ellas canten.

    Intelectuales del instinto, instinto de la razón. Prueba de fuerza para el fuerte y amorosa vitamina del débil. Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles, sufridas, golpeadas, negadas pero invictas mujeres de mi generación.

  4. Lory 4 de noviembre de 2015 a 13:33 #

    Terminada la lectura del libro y reafirmo todo lo comentado anteriormente. Me ha gustado el final donde el autor consigue terminar como lo hacen los niños; los miras jugar con una entrega total, a lo que sea, y de repente dicen: se acabó. Ya no juego más. Y a los adultos suelen descolocarnos esos finales abruptos.
    En esta parte del libro me ha parecido ver más al adulto reflexionando acerca de su infancia, por ej: cuando se pregunta acerca de si su vida ha sido un estorbo para la de sus padres. No creo que nadie de 8 años reflexione sobre esto. Si acaso, a veces, nos preguntamos cómo habría sido nuestra vida con otros padres.
    De acuerdo con Chus las líneas donde cuenta el final de sus padres te ponen el vello de punta: preciso, parco en palabras pero lleno de sentimiento e imagen.
    Mi pregunta al terminar de leer es: ¿por qué y para qué ha escrito Erri este libro?
    Lo vemos lleno de nostalgia pero él dice que buscaba una 2ª posibilidad de encuentro, sin nostalgia.
    Lo siento como el eslabón de una cadena. No hay tras él nada que lo amarre a la vida ya que no tiene hijos y quizá busque en el pasado esas otras cadenas o ese tiempo donde se sintió unido a algo.
    Simplemente, aquí lo dejo.

  5. berta 4 de noviembre de 2015 a 23:09 #

    hola a todos/as, he podido terminar la lectura del libro, y os comento que estoy de acuerdo con Raquel en que la niña de la playa fue no sólo su primer amor, fue algo que marco a Erri de Luca, lo digo por el final del libro, ya que afirma que después fue todo una divagación. Lory dice que el final es abrupto, yo también lo creo, pues es que acaso después no amo nada, es que acaso después llamándose a sí mísmo REVOLUCIONARIO, NO CREYÓ EN SU IDEOLOGÍA, es que acaso su vida después fue un fracaso, por la frase final lo parece.
    El libro no está mal, tampoco me ha maravillado, o encantado.El niño que refleja la novela es a través de los ojos y sentimientos de un adulto, el ERRi DE LUCA de 50 años, en retrospectiva.Sólo añadir que la frase final me deja un terrible mal sabor de bboca, lo que escribe: trás aquel primer amor (aquella niña), todo fue una divagación.
    Un comentario más, dirigido a CHUS, aparte de darte las gracias más sinceras por tu esfuerzo, te quería preguntar si crees que es posible decirnos los libros que vamos a leer con anticipación, no digo en Diciembre, pero si ello fuera posible, en Enero, aunque no fueran todos, sino dos o tres meses, pues estoy muy liada y así podria comprarme dos, tres, cuatro o los que fueran posibles, claro que si no es posible lo entiendo, pues todos/as, tú también CHUS, estamos muy líados con lo de nuestras vidas.
    Muchas gracias, y un saludo fuerte a TODOS/AS.

  6. jose vicente 5 de noviembre de 2015 a 11:34 #

    Hola amigos: Hermoso gracias.
    ¿Te gusta el amor?
    Mantener es mi verbo preferido.
    Me pasó los dedos sobre los ojos y después, con esos mismos dedos bajó por la boca, hasta la barbilla. Y después posó sus labios sobre la boca medio abierta por la maravilla.
    –Maravilla— dije cuando se separó, haciéndolo muy despacio.
    –Este era tuyo. Te lo pregunto otra vez,¿te gusta el amor?
    –Bueno, si es esto, si
    Pensé que entendería todos los libros a partir de aquel momento.

    Hermoso, gracias. Un saludo

  7. Lore 6 de noviembre de 2015 a 9:23 #

    Hola a tod@s :

    La verdad es que el libro me ha gustado, esta lleno de frases con muchas metáforas con una buena dosis de poesía. Después de leerlo y leer todos los comentarios, a mi me queda la sensación de que el autor hace un ejercicio al escribir el libro con su pasado algo así como reencontrarse con su niñez y sus padres para seguir su vida. Hay frases que me quedaron grabadas como lo de los dos números de edad para dejar de ser niño y entiendo porque Chus ha transcrito muchas de ellas no tienen desperdicio. Me parece un niño maduro, con lógica, de esa que me falta a muchos adultos y abierto a aprender, como persona curiosa inteligente y que se siente, porque lo es distinto al resto, salvo a la niña, alguien también único. Me dejo con la boca abierta el tema de la paliza para romper el cuerpo que lo necesitaba… También lo del vino y la gaseosa me pareció un símil buenísimo y muy acertado. La verdad es que muchas de sus reflexiones las puedes llevar a la vida real y no importa cuando leas el libro porque creo que no pasaría de moda y siempre te llevaría a pensar en tus propios sentimentos y sensaciones. Gracias Chus por haberme presentado a este autor y tener la oportunidad de leerlo como muchas otras veces seguro que no hubiera caído en mis manos su lectura, que me hubiera gustado fuera más detenida no por los plazos que has dado que son suficientes sino por el ritmo de vida en el que estamos todos. Nos vemos en el síguiente.

  8. Uriska 6 de noviembre de 2015 a 17:07 #

    Así como la primera parte del libro me ha enganchado, esta segunda parte la he leído del tirón sin comprender muchas partes. Me perdí en la metaforas de poeta que habla cuando es adulto, intercanladola con las anecdotas de la niña del norte. He destacado mucho parrafos que me han llamado la atención, pero quizás hay que conocer más al autor y su escritos para entender como veo en los comentarios que habéis hecho el resto de lectores. Aun así me quedo con la buena sensación de una lectura interesante, los ojos del niño como los de un pez: abiertos, la manos suaves de la niña del norte y su idea de la justicia, el agua del mar salada y las labores de pesca.

  9. Luisa 7 de noviembre de 2015 a 20:37 #

    Hola a todos nuevamente. En mi anterior comentario ya expresé la suerte de descubrir a Erri de Luca. Con respecto a la lectura, nada que añadir a lo mucho dicho. La novela es un poema desde el principio hasta su última linea, ideal para saborearla despacio como si fuera un delicioso bombón, incita a la meditación, provoca detenerse en sus múltiples metáforas y simplemente dejarse llevar y disfrutarla. Me encantó.

    Sin embargo con animó de incitar al debate os pregunto si este niño, que a la mayoría nos sedujo, fuera actualmente nuestro hijo, ¿no estaríamos un poco preocupados?, ¿no lo llevaríamos a un psicólogo por sus problemas de sociabilidad?, ¿no pensaríamos que podría ser patológico su exagerado deseo de soledad?. Me hago estas preguntas y os las hago a vosotros en un ejercicio de sinceridad y coherencia.
    Un saludo

  10. Silvia 7 de noviembre de 2015 a 21:47 #

    Hola! Estoy acabando el libro y no he leído vuestros comentarios para dejarme empapar del autor. Pero no puedo avanzar sin intentar saber porqué este empeño en Erri de Luca por sentirse un “intruso” en la vida de sus padres si era un hijo deseado!

  11. Julia 8 de noviembre de 2015 a 11:46 #

    Hola a tod@s:
    De nuevo gracias Chus por descubrirnos, al menos a mí, un libro tan interesante.Aunque parece un libro muy fácil de leer, considero que merece una segunda lectura reposada, deleitándonos en lo bien narrado que está y en todo lo que contiene:
    .- El descubrimiento de uno mismo através de la ruptura con un cuerpo que ya no nos contiene
    .- El concepto de justicia, variable según nuestras vivencias y convicciones
    .- El concepto latente de desigualdad social
    .- El esfuerzo que da valor a lo conseguido
    .- Etc,etc
    En definitiva todo aquello que supone pasar de la niñez a la adolescencia y la madurez.
    Un saludo

  12. Silvia 8 de noviembre de 2015 a 18:21 #

    Acabé la novela. Me ha dejado perpleja la idea que ya apunté y que Chus también comenta en su post. La sensación de incordio que siente el autor hacia sus padres, sensación de que es un estorbo. Está claro que esto lo ha escrito cuando ya ha superado la madurez y con una carga de experiencia vital importante. Aún así, no entiendo qué le lleva a pensar así y escribirlo en la novela y comentarlo en entrevistas. Es doloroso leerlo así que imagino que sentirlo aún debe ser peor.

    En cuanto a lo que comenta Luisa, si nuestro hijo fuera como Erri nos narra de su infancia y la idea de llevarlo a un psicólogo, vuelvo al mismo punto anterior. Está escrito retrospectivamente, es una vuelta a la niñez cuando la edad madura ya ha cargado las tintas no sólo de experiencia sino de recuerdos y memorias quizá “contaminadas” por otras visiones familiares u otras vivencias. Creo que Erri de niño si fue especial, lector, observador, introspectivo, más maduro para su edad pero dudo que fuera tan solitario como cuenta o recuerda.

    Por otro lado, no se vosotros, pero en esta segunda parte hay un cambio de tono en el Erri narrador. Ya lo apunta también Chus en el post. Percibo un Erri mucho más maduro y lo narrado parece más de su época reciente que de su verano de los 10 años. Hay un punto de inflexión en la historia a raíz de su paliza.

    La historia de la niña, su primer amor, y su comparación con el paraíso y Adán y Eva es toda una declaración. Sus recuerdos con sus padres, su pasión por el cine. Es una novela poética que cuenta la revelación de palabras que serán importantes en su vida adulta: amor, mantener, justicia.

    En cuanto a su discrepancia de la idea de justicia de la niña es loable. La niña parte de la ley del Talión y la justicia retributiva que escandaliza a Erri niño aunque no es capaz de reaccionar. Como mínimo es consciente de ello y que es un tipo de justicia que no le interesa, la sangre ajena no consigue mitigar el dolor de la que él ha derramado, el castigo no le produce satisfacción sino más malestar.

    La palabra fin de la terminación del relato es un desenlace tajante. Es el fin a una época -su infancia-, a un amor -no intercambian direcciones con la niña, a un cambio de vida y país -la renuncia de la madre auspiciada por él de ir a Estados Unidos-, a un verano -es septiembre, se acabaron las vacaciones y hay que volver a casa, al colegio-.

    Considero que este libro merece una relectura sólo por el placer de entrar en la dimensión poética y vital de Erri de Luca e impregnarse de su esencia. ¿Aprendió Erri de Luca a cerrar los ojos con sus siguientes besos? ¿O siguió siendo un pez? 😉

  13. carmelaeneslovenia 9 de noviembre de 2015 a 0:22 #

    Empecé el libro anotando en mi libreta frases que me llamaban la atención o que me provocaban algo. Pronto tuve que dejar de hacerlo por lo inabarcable de la tarea. Casi cada frase es un poema. Una gozada de libro.
    Lo que más me ha gustado ha sido reconocer las personalidades. La de él, la de ella y la de los tres niños. Y sobre todo sentirme más cercana a la del protagonista. Que todo lo piensa y analiza, que no se impermeabiliza ante el mundo, que en ocasiones quiere desaparecer porque ya pronto percibe en su vida que tarde o temprano lo haremos. Casi da igual cuando.
    Una auténtica delicia.
    Gracias.

  14. Marta 9 de noviembre de 2015 a 1:46 #

    Hola de nuevo. Es cierto que tras el episodio de la paliza hay un cambio en el “antes niño”. Ahora se ve diferente y nota que lo tratan de manera diferente. ¿Por qué siente la necesidad un niño de 10 años de recibir una paliza? Podía haberla evitado, podía haberse escondido de los tres niños, podía haber hablado con su madre.. pero no lo hizo y fue en busca de esa paliza. La necesitaba para dejar de ser niño, argumenta él. Si ese niño fuera mi hijo qué pensaría… pues que quizá no le estaba prestando suficiente atención. A veces estamos tan inmersos en los problemas cotidianos que nos olvidamos de que los niños perciben con claridad todo eso y que sufren porque no entienden lo qué sucede o porque no pueden hacer nada. Quizá él creyese que por ser niño era una carga para sus padres porque no podía ayudarles con sus problemas. Da para pensar mucho
    El descubrimiento del amor con la niña de la playa está contada de una forma muy bonita. Casi puedes sentir las emociones que experimentan los dos niños.
    Y enfada la brusquedad con la que termina, no se molestan en saber nada más el uno del otro aunque quizá por eso es todavía más intenso.
    Increíble la niña y su venganza planificada hasta el más mínimo detalle.
    Su madre le pregunta si le gustaría ir a vivir a América y él no expresa su verdadera opinión y luego su padre regresa a Nápoles porque no quiere perderlos pero a su padre le falta algo, no ha podido cumplir su sueño. Quizá él se siente culpable porque si él hubiese dicho que quería ir su madre hubiese ido. Demasiada responsabilidad para ese niño que quizá ya nunca lo olvida.
    Un verano que marca su vida por estar lleno de sucesos cruciales
    ¿Qué recordamos nosotros de cuando teníamos esos mismos 10 años?
    Una grata experiencia la lectura de este libro. Gracias

  15. María Lemus 9 de noviembre de 2015 a 2:03 #

    Hola nuevamente a todos, como comente al inicio del libro, este chico me ha encantado con una madurez extraordinaria para su corta edad, aunque también me llama la atención lo solitario para su corta edad ¿no encaja la madurez de un niño en una sociedad?

    La forma en que ha descubierto el significado de la palabra amor, que tantas veces había escuchado de los adultos, es extraordinario. Un relato sencillo, sincero y que ha logrado transportarme años atrás para recordar un suceso de esa magnitud, que tanto marca nuestras vidas a una corta edad y que al paso de años, igual recuerdas con mucha alegría y entusiasmo.

    Me quedo con esto, me ha encantado.
    – Cierra esos benditos ojos de pez
    – Es que no puedo. Si tú vieras lo que yo veo, no podrías.

  16. Mari V. 9 de noviembre de 2015 a 10:30 #

    Buenos días,
    Durante la lectura, a veces, tenía la sensación de perder el hilo narrativo. El autor maneja con extrema agilidad el moverse y viajar de unt iempo a otro y de un sentimiento a otro.
    En conjunto el libro parece estar lleno de metáforas y sentimientos a los que asoman retazos de realidad (la guerra, la ausencia del padre, el dolor de la madre) y, de fondo, está la historia del niño que se hará adulto, que no se casará, que no verá “perpetuar” (por así decirlo) su especie sn sus hijos y que despedirá a sus padres que morirán en sus brazos dejándolo “huérfano de mayor”.
    Puro sentimiento, pura metáfora que se manifiesta de forma increíble al final del libro en donde une el principio de Adán y Eva con el fin de su historia y el fin del libro.

  17. CARMEN 9 de noviembre de 2015 a 13:50 #

    Hola a tod@s:

    Antes de nada, simplemente darte las gracias Chus por éste descubrimiento que para mi ha si el autor. Estoy totalmente de acuerdo con los comentarios anteriores. La forma que tiene el autor de hacer el libro me parece genial. Es poesía. Tiene párrafos, que acarician el alma. Sobre lo que nos dice; es muy interesante ver desde los 10 años lo que un niño ve y piensa. Con respecto a lo que cuestiona Luisa, no creo que si fuera nuestro hijo lo llevásemos al psicólogo porque casi todo lo piensa, no lo dice. La sensación de estorbo sin embargo, a mi me parece que es necesidad de independencia del niño. Cuanto más leo, mas libre soy, menos estoy en mi presente (que no me gusta). Puede ser que odie pensar que un hijo tenga esa sensación con respecto a su madre… Me ha parecido muy interesantes los comentarios de Ana María y el poema de Sepúlveda algo maravilloso.

    Saludiños.

  18. Isolda 9 de noviembre de 2015 a 14:41 #

    Buenos días.

    Este libro me ha rozado muy cerca porque mi hija este mes cumplirá 10 años. Nunca me había puesto a pensar que tal vez se aproxime el inicio del fin de su infancia.El sentido de justicia exento de la ayuda de los mayores, lo he visto reflejado en las andanzas que a veces me comparte su pandilla. Que poco los acompaña a veces el cuerpo con esas ganas enormes de crecer. Se vive entre el juego, la curiosidad y la expectación. Citando al autor: “Crecer conlleva un precipicio de efectos desconocidos”.

  19. aguirrepat 14 de noviembre de 2015 a 23:14 #

    He disfrutado mucho de la lectura de este libro. Ha sido todo un descubrimiento (uno de los motivos por los que quería participar en un club de lectura). Yo tambíén leeré más obras de Erri de Luca. No recuerdo haber leído nada parecido antes, un viaje poético a la infancía que llega al corazón directamente.

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