Mantener

27 Oct

Pescando a Ischia Ponte. Isola de Ischia. Foto en flickr por Andrea Parisse. Algunos derechos reservados.

Los peces no cierran los ojos se abre con una hermosa y enigmática cita de Itzik Manger, un poeta y también autor de canciones en yiddish y estudioso de la Biblia que nació en 1901 en el entonces Imperio austrohúngaro y murió en 1969 en Israel. Llama la atención la similitud con Erri respecto a su interés por la Biblia y además De Luca sabe hebreo y yiddish y suponemos que lee en esos idiomas a sus autores. ¿Qué opináis del contenido de la cita? ¿Por qué creéis que la ha puesto para encabezar el libro?

Como bien apunta Lory, el libro comienza situándonos en el mar como en medio de la vida (hermosa comparación, Lory): el mar no enseña nada, el mar hace, y a su manera. En el mar y con los pescadores es como se siente bien este niño sin nombre. Y aprende de ellos incluso a escribir (la presencia de la escritura ya desde el principio), de sus palabras en dialecto que cuando las decía eran escollos separados con muchas olas entre medias. La palabra y el silencio, y el trabajo con las manos de los más humildes. De ahí nace la escritura poética de Erri de Luca, no de la escuela, sino de la vida. Y de los luchadores inmersos en ella como afirma acertadamente Susana: los pescadores, la madre, el padre… Todos vienen de una guerra cercana en la que han sufrido y han perdido muchas cosas. Es un entorno duro y difícil el de ese Nápoles en el que crece el niño y Erri, que son la misma persona. Él no, pero muchos otros niños ya trabajan en una de las ciudades con mayor mortalidad infantil de la época: en tierra firme, en Nápoles, en cambio, sí que estaban, y de qué manera, los instrumentos y las horas de trabajo en los niños. El niño Erri se siente mayor ayudando a esos pescadores, él que vive a sus diez años una maraña de infancia enmudecida que desea dejar atrás alimentado por los numerosos libros que lee. Su mente crece pero su cuerpo no y eso le hace sentirse incómodo, en territorio de nadie. Y al cumplir diez años abandona esa infancia encerrada entre los castillos de libros de mi padre y se asoma al exterior. Un exterior duro que le hace llorar: a la edad en la que los niños dejan de llorar, yo, por el contrario, empezaba. La infancia había sido una guerra, a mi alrededor morían más los niños que los viejos. Y los libros ya no le bastan para aislarse: desde la ciudad llegaron a la vez los gritos, las miserias, las ferocidades a asaltar los oídos que había mantenido a distancia hasta entonces: a los diez se conectó el nervio entre el dolor de fuera y mis fibras. El mundo irrumpe desde la crueldad de la ciudad en la que vive, tanto que incluso vomita además de llorar.

Para aliviar el dolor, empieza a cantar en voz baja con la mano como telón tapándole a medias la boca. Y sigue leyendo los libros de su padre para aprender a conocer a los adultos por dentro: no eran los gigantes que pretendían creerse. Eran niños deformados por un cuerpo voluminoso. Eran vulnerables, criminales, patéticos y previsibles. Podía anticipar sus gestos; a los diez años era un mecánico del artefacto adulto. Sabía desmontarlo y volver a montarlo. Duras palabras porque aunque quiere hacerse mayor no tiene muy buena opinión de los adultos, ¿qué puede hacer entonces? Difícil, muy difícil se le ponen las cosas al niño Erri. Lo que menos le gusta de éstos es la distancia entre sus frases y las cosas. Para un niño al que el verbo mantener es su palabra preferida, los adultos decían, aunque fuera sólo a sí mismos, palabras que no mantenían. Aprende a conocerlos bien pero lo único que no entiende en ellos es el verbo amar. Siente que lo exageran. Para él, el matrimonio de sus padres es responsabilidad del verbo amar. Y él y su hermana son una de las extravagantes consecuencias de la conjugación. Esa palabra tan desconocida lo agobia porque a mi alrededor no veía y no conocía ese verbo amar. Por el contrario, el odio sí lo entiende: la ciudad se tragaba el odio, se lo intercambiaba con los buenos días de griterío y de cuchillos, se lo jugaba a la lotería. No era el de ahora, azuzado contra los peregrinos del sur, meridionales, gitanos, africanos. Era odio de mortificaciones, de pisoteados en casa y apestados en el extranjero. Aquel odio añadía vinagre a las lágrimas. Y la lectura de Don Quijote le abre los ojos a la realidad tan miserable como era. Quijote tenía razón pues nada era lo que parecía. La evidencia era un error, por todas partes había un doble fondo y una sombra.

La misma sombra que existe ante sus iguales: no llegaríamos a encontrarnos nunca. Ni siquiera en la isla durante el verano: ellos todas las tardes en los bares […] yo nadando o en la playa de los pescadores viendo el arrastre de las redes a la tierra. Sabe de los adultos por los libros pero no sabe ni comparte nada con sus iguales. En la isla, el niño Erri, entre los pescadores y no entre sus iguales, ha dejado de llorar y de cantar: la isla era mano abierta. Aun así, se siente inferior pues ha suspendido las matemáticas: el descubrimiento de la inferioridad sirve para decidir sobre uno mismo. La acepté sin humillación, todo consistía en admitirla. Había vastos campos del saber que no llegaría siquiera a rozar […] ninguna habilidad en nada ha podido corregir la noción de escasez que tengo de mí mismo. Sorprende la sabiduría de este niño y su visión de sí mismo y del mundo, es original, única, nada parecido a nada, ¿no creéis? Y humilde, todo el libro es una lección de humildad en el gran sentido que esta palabra contiene.

Y aparece por primera vez el adulto que narra: cincuenta años después me arrimo a esa edad de archivo de mis formatos sucesivos. Sus diez años contienen ya todo su futuro: en aquel cuerpo sumario estaba la conmoción y la cólera de los años revolucionarios, en el latín estaba el adiestramiento para las lenguas sucesivas, en el cráter del volcán estaban las montañas que subiría a cuatro patas. En los escombros reposados de la guerra estaba la de Bosnia que yo atravesaría y las bombas italianas sobre Belgrado del último año del 1900. Todo su destino está detrás, proviene de lo vivido en una ciudad que agota el destino. Y todo lo que ha escrito el autor estaba en los relatos de mamá, de la abuela, de la tía […] sus voces han formado mi sintaxis. Así como los crucigramas, los jeroglíficos, los anagramas, las criptografías: lo que entonces creía un vicio solitario fue en cambio el taller mecánico de la lengua.

Y en este punto es cuando empieza la pequeña-gran historia que contiene este libro. Aparece la chica del norte que devora a su lado en la playa libritos policiacos. Una chica que no se parece a ninguna que haya conocido antes en el colegio: creaba a su alrededor el efecto contrario, de silencio. Se miran con curiosidad y él se sorprende ante la novedad que supone en su vida fijarse en una persona de sus años. La niña, directa, le impreca: ¿tú por qué eres así? Quiere saber porque no está con los demás niños. Le cuenta que quiere ser escritora pero no sobre los mayores, no me interesan, sino sobre los animales: intento hacer lo mismo que ellos, no malgastar el tiempo. El niño Erri está fascinado, tanto que se le derrite el polo que tiene en la mano mientras le escucha hablar con esa determinación. Comienzan a conocerse y el niño le cuenta que su padre está en Nueva York buscando trabajo. Ha ido tras sus orígenes porque papá había deseado América desde que era niño. Les escribe cartas en las que les cuenta todo lo que hace y todo lo que ve: yo creo en lo que veo escrito. Hablando se dicen un montón de mentiras. Pero cuando uno las escribe, entonces es verdad. Leen juntos las cartas su madre y él. El hijo cuida de su madre, están muy unidos, la quiere, también a su padre, tan libre y diferente. Tres chicos los espían, se burlan, le envidian porque la chica le hace caso a él pero el niño no entiende todavía el verbo amar. Él no les tiene miedo, no le importan lo más mínimo esos chicos: hace falta desdén altanero cuando se oye hablar de más.

La niña del norte le habla de los animales. Mientras lo hace, no podemos evitar establecer un paralelismo entre el comportamiento de los animales y el de los humanos. Él la habla de los peces: algunos peces, en su guarida, llegan a resistir la fuerza de una barca, entonces se rompe el hilo de nailon doble y gana el pez. O pierde, y entonces sale a la superficie el furioso mero, todo cuello y mandíbula, hurtado del bolsillo del mar. Otras veces, el pez ha mordido el anzuelo y es atacado y despedazado por otros peces. Algo importante le está pasando al niño: la miro y no me vuelvo ni hacia aquí ni hacia allá, la miro fijamente mientras sigo contando. Ella escucha con los ojos también. La niña le dice que los machos se baten para aparearse con las hembras. Para ella no es más que batalla por el amor. Y el amor, en los animales es el impulso más fuerte. Amo a los animales, saben de nosotros y nosotros nada de ellos. Se bañan juntos y se cogen la mano bajo el agua: mantener, mi verbo preferido, había sucedido […] nunca había tocado algo tan liso hasta entonces. Ahora no sé si hasta hoy. Se lo dije, que la palma de su mano era mejor que el hueco de la caracola […] ¿Sabes que has dicho una frase de amor? […] Pero si ni siquiera sé lo que es.

La niña le advierte de que tiene que tener cuidado con los tres chicos, que van a ir a por él. Al niño no le da miedo, está acostumbrado a tener enemigos pero hay algo más importante: no me da miedo hacerme daño, salir herido. No me importa. No aprecio mi cuerpo y no me gusta. Es infantil, y yo ya no soy así. Lo sé hace más de un año, yo crezco y mi cuerpo no. Se queda atrás. De manera que, si se rompe, no importa. Mejor si se rompe, de allí deberá salir el cuerpo nuevo. Esa es la curiosa idea del niño, su plan secreto para abandonar ese cuerpo para siempre por lo que no va a impedir la agresión, es más, la va a buscar: debo decidir yo cuándo es la hora. Y quien busca, encuentra: empezaron los golpes que no conté […] Sé que no me defendí. Dolores sí, fuertes, pero también una calma testaruda desde el interior no me dejó gritar. El niño despierta en el hospital malherido. Ante las preguntas de su madre, no contesta: quería decirle: he sido yo. La madre le acompaña dos días en el hospital contándole historias de la posguerra: las historias de mamá, acompañadas de su voz enojada, divertida, grata en cualquier caso a su juventud, hacían que se me pasaran los dolores. Me olvidaba incluso de existir, cuando ella relataba.

El narrador adulto recuerda palizas posteriores en las que sí supo defenderse: no puedo reconocerme en ese niño que no se defiende. Su idea obstinada de querer abrir una brecha en el cuerpo para dejar salir del capullo infantil la forma sucesiva: debía de ser para él una certeza […] aquel niño de diez años queda hoy fuera de mi alcance. Puedo escribir sobre él, no reconocerlo.

Detienen a los tres chicos y los llevan ante él. Ni aun así los delata. El carabinero entiende su silencio y le alaba su generosidad (no su miedo): me volvían las lágrimas a los ojos por aquellas palabras, por la voz justa que me trataba como a una persona. Para él, en aquel momento, yo no era un niño. La niña va a verle y le pregunta si se va vengar. Ella cree en la justicia, él no: ¿Cómo podía una justicia resarcirme de mis heridas? Ningún castigo de esos tres me arreglaría el cuerpo. Tenía que curarse por su cuenta, con las historias de mamá, con el libro que estaba leyendo, con los boquerones fritos, no con el carabinero, la acusación ni la ceremonia de la ley […] la justicia no hacía efecto en mí. Pero su diferencia de opinión no es obstáculo para que dentro del niño está creciendo algo muy grande hacia esa niña: era una mujer, la primera que emergía de aquella multitud que no me interesaba. Otras veces he vuelto a vivir la sorpresa de una mujer que avanzaba hacia mí y el resto a su alrededor quedaba desenfocado. Reaparece el narrador adulto para afirmar: le debo la liberación del verbo amar, que en mi vocabulario estaba bajo arresto. Ella lo deducía de los animales, amar era uno de sus compromisos. Tenía que ver también con la justicia. El amor de los animales tenía un reglamento despiadado y leal.

Plazos
Comentaremos esta primera parte del libro a lo largo de una semana. Espero que sean numerosos los comentarios pues hay mucho de lo que hablar. Al mismo tiempo, continuaremos la lectura desde la página 67 hasta el final de la novela. He transcrito más que otras veces frases y párrafos del libro pero es que en este caso es mejor dejar hablar al autor, nada mejor que sus hermosísimas y certeras palabras para intentar comprender su verdad.

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25 comentarios to “Mantener”

  1. rosario 27 de octubre de 2015 a 2:44 #

    hola he terminado el libro y me dispongo a leerlo nuevamente, creo que es una obra que se debe degustar lentamente, no por corta es una obra menos intensa. Me ha gustado mucho como nuestro niño de diez años va desarrollando sus planteos, como se descubre a si mismo en nuevas facetas y sobre todo sus planteos sobre la justicia, es una obra de pocas paginas que nos interpela sobre el amor, la justicia sin dudas maravillosa

    • Ciberclub de lectura 29 de octubre de 2015 a 0:29 #

      Si, Rosario, el planteamiento de dos temas tan importantes como el amor y la justicia, su cuestionamiento, es de lo más interesante de la novela, pero no lo único. Me interesa especialmente el punto de vista del niño con respecto a la justicia. En una de las entrevistas que incluyo al autor, Erri de Luca habla de este concepto de justicia que él mantiene a día de hoy y considera que es inviable en esta sociedad, lo sabe, pero que es el suyo y lo reivindica. Otra de sus singularidades que realmente nos hace pensar. ¡Como todo el libro! También es interesante el punto de vista de la niña que se basa en el comportamiento de los animales.

  2. Yési 27 de octubre de 2015 a 10:08 #

    Me gusta como empieza el libro, con una lección de un marinero, de que el mar no es algo que esté en los libros, sino que es variante y se tiene que aprender de el.
    El protagonista, es un niño en una cabeza de adulto, pues tiene mucha cultura por los libros y crucigramas que hace; que le aportan riqueza lingüística.
    Él no conoce a los niños de su edad pero si a los mayores y no le gusta el verbo amar en forma de orden, no lo entenderá hasta que la niña, se lo haga ver y le resulte hasta gracioso ya que alarga mucho la «o» de amor.
    A él, le encanta: leer, nadar ( se le da muy bien), pescar y la tranquilidad… su verbo favorito es «mantener» y este coge fuerza en su primera cogida de manos que tienen bajo el agua el protagonista y la niña.
    Ella apasionada a los animales y entendedora de ellos, en sus conversaciones siempre compara o hace alegato a como son, por lo que luchan y como hacen justicia. Y es eso mismo esa justicia que ella siente y la ve de una forma distinta a lo que la ve el protagonista, cuando va a buscar la paliza, para salir del cascarón en el que se ve y no sé siente cómodo…
    Me gusta como narra el autor y la importancia que le da a cosas a veces tan importantes y cotidianas pero sin embargo que no nos paramos a darle mucha importancia a ellas, ya que estamos enfrascados en la rutina, día a día y no nos paramos a reflexionar cosas tan simples pero importantes y esenciales como: una mirada, un agarre y ese instante de mantenerlo o que es el amor y el desamor….y apunto una frase mía: «nada cabe en nuestra mente hasta que frustrada se ven las emociones picadas para darle rumbo coherente»

    • Ciberclub de lectura 29 de octubre de 2015 a 0:33 #

      Si, Yesi, Erri habla de lo esencial que existe en las cosas más nimias pero no menos importantes, esa es su mirada, tan personal e interesante. Me gusta tu frase, es muy sabia: la necesidad de llegar a la frustración para poder dar un rumbo coherente a los que pensamos y nos planteamos. El límite como respuesta.

  3. Marta (two) 27 de octubre de 2015 a 11:16 #

    Yo también estoy pendiente de la segunda lectura.
    Es impresionante la cantidad de hallazgos en ideas y expresiones. Enhorabuena a Chus por la idea de sugerirnos el libro (un autor que yo desconocía) y por sus introducciones, siempre se saca mucho más de la lectura.
    A mí también me ha llamado la atención esa sensación de haber crecido por dentro, no correspondiéndose con el cuerpo de niño, deseando el protagonista que le pegasen para romper esa especie de capullo y salir a la luz como realmente se siente… Mientras los otros ven una agresión, él no la interpreta como tal. No es que sea valiente, es que desea crecer…
    La imagen del enamoramiento, de la mujer que se acerca cuando todo el resto se desenfoca también es muy expresiva…
    A la segunda vuelta, hablamos.
    Un abrazo.

    • Ciberclub de lectura 29 de octubre de 2015 a 0:40 #

      Gracias por tus palabras Marta. Es cierto que la idea del niño con respecto a romper ese cuerpo que le aprisiona y le impide desarrollar su mente que va mucho más allá es uno de los temas más importantes del libro. Necesita otro cuerpo para poder crecer convenienemente y su manera de conseguirlo (buscando los golpes), ya de mayor no la comprende, no se reconoce en ese niño, sólo puede contar lo que hizo, lo que vivió. Esa honestidad le honra.

  4. Silvia 27 de octubre de 2015 a 11:20 #

    El poema de Manger es precioso pero no se si sabré interpretarlo. ¿Es una declaración de amor incondicional? ¿Es una simbiosis de dos personas en una? Es como decir ¿para qué quieres que te bese si somos uno? La verdad es que me descoloca no entenderlo. Confío en vuestras aportaciones para “abrirme los ojos”. He leído que Manger ha escrito canciones de cuna … ¿es la interpretación correcta, Chus?

    En cuanto a la novela confieso que me llamó la atención desde el principio por el título “Los peces no cierran los ojos”. Es un título que encierra ya una declaración de intenciones y un aviso al lector. Los peces no cierran los ojos y están atentos a todo, como las miradas de los niños, la infancia en la que somos esponjas y estamos atentos a todo -esto lo corroboro ahora con mi hija pequeña de 7 años, yo no tengo la suerte de Erri de Luca de recordarlo!-. Es una metáfora, por supuesto. Los peces no cierran los ojos porque no tienen párpados para hacerlo. Los humanos tenemos los sentidos para ello. La niña que se hace amiga del Erri niño “escucha con los ojos también” (página 38). Por eso también comentaba que el título lo interpreto como una declaración de intenciones, de abrirnos los ojos y la mirada.

    Me ha cautivado la aparente sencillez de la narración, cómo ha conseguido esa voz narrativa tan verosímil del niño de 10 años y jugar con el presente -dice “Cincuenta años después me arrimo a esa edad de archivo” (página 23) y “Me arrimo a través de la escritura a mi yo de hace cincuenta años” (página 22) y con el pasado -cuando pasó el verano en la isla con su madre y hermana mientras el padre se ha ido a Estados Unidos a buscar trabajo y conocer sus raíces-.

    Es un niño introvertido, lector voraz, amante del silencio. Los libros le ayudan a comprender a los adultos. Es muy poético cuando habla del verbo “amar” y comenta que tanto su hermana como él son “una de las extravagantes consecuencias de la conjugación” referidas al verbo amar. En una de las entrevistas que he leído del autor dice, al respecto de sus padres, “temo haberles estropeado la vida”. Tanto en la novela como en sus comentarios a la prensa percibo dolor, tristeza, dureza consigo mismo. Dice, por ejemplo, cuando supera el examen de matemáticas de octubre “superé el examen, no la lección de mi incapacidad” y, prosigue “en nada ha podido corregir la noción de escasez que tengo de mí mismo” (páginas 21-22).

    La relación con la niña -de la que no recuerda el nombre- es casi mágica pues la recuerda como la primera persona de su edad con la que entabla relación y conversación. La niña es lista y observadora y no tiene ganas de perder el tiempo! Es curiosa su percepción de la vida. Lectora como él y le enseña dos conceptos básicos e imprescindibles: AMOR y JUSTICIA. Dice sus primeras frases de amor: “la palma de su mano -referida a la niña- era mejor que el hueco de la caracola” (página 50) y “tus manos curan” (página 64).

    Se enfrenta a los tres niños que le molestan por “celos” de haber sido él quién ha llamado la atención a la niña. Se enfrenta para que su cuerpo de 10 años crezca y sea como su mente, mayor. No se defiende y no los delata. Es toda una lección. En parte es como decir “me van a pegar igual, cuanto antes me lo saque de encima, mejor”. Es un enfrentarse a lo inevitable? Quizá. Aunque el recuerdo de esta paliza le ha durado toda la vida. Y, además, se siente agradecido porque tanto su madre como el carabinero lo han tratado como “una persona”, no como un niño. Erri no entiende de justicia, cree que ésta no va a curar las heridas, los castigos no resarcen. Al contrario, la niña sí tiene necesidad de justicia pues siempre equipara a las personas con las actitudes de los animales. Para ella, es necesario que exista la justicia que repare el daño causado. Erri dice más adelante que el “sentimiento de justicia” hizo mella en él con los años y que siente que está en deuda con la niña por ello y, por “la liberación del verbo amar” (página 66).

    Sigamos leyendo y entrando en este mundo real y poético.

  5. Silvia 27 de octubre de 2015 a 11:33 #

    Releía las aportaciones de Chus y de los compañeros y me he sorprendido pues, en apariencia, es un libro reducido -en páginas- pero es capaz de provocar que cada cuál se fije en pequeños detalles, que unos nos fijemos en unas palabras y otros en otras. Lo sencillo es lo más “completo”. Erri de Luca es la prueba.

  6. Kelly 27 de octubre de 2015 a 22:29 #

    Hola a todos,
    En primer lugar destacar, al igual que los demás lectores, la maravillosa prosa del autor, que la cosa más sencilla la convierte en poesía, el trabajo de los pescadores, la sensación de los baños de mar, incluso el bullicio de la ciudad….
    Es también de agradecer, puesto que el despertar a la vida es uno de los temas recurrentes de la literatura actual y por previsible resulta aburrido, si no se acompaña de verdadera literatura.
    Al igual que Silvia, me siento confusa y desconcertada ante la cita de la primera página y no sé cómo interpretarla, espero que alguien lo aclare antes de dejar la obra… e igual que ella interpreto el título como esa curiosidad infantil por todo lo que rodea a los niños, que todo lo perciben, incluso aún sin saber de que se trata ni conocer su definición, pero todo lo guardan y lo absorben…
    Además de muchos de los comentarios que ya se han realizado, me llama la atención, la importancia que le da el autor al haber nacido e Näpoles, “como el circo ás grande del mundo”,como una ciudad que marca para toda la vida, “que agota el destino”, supongo que siempre marca el lugar donde has nacido, el idioma, las tradiciones, costumbres, etc.., supongo que nos lo aclarará más adelante.
    Respecto a su humildad y cierto complejo de inferioridad, encuentro que resulta ser todo lo contrario, vemos aun niño con un profundo sentido de la realidad, con conocimiento del mundo adulto, de la literatura, un niño que lee y hace su propia interpretación del Quijote, así como de la justicia, del matrimonio, etc… Un niño increíblemente maduro para su edad, que no sólo observa, sino que analiza profundamente todo lo que le rodea…incluso reconoce su propia diferencia respecto a los demás y sabe desde el principio “que no nos encontraremos nunca”. Y es sabido que precisamente esa humildad corresponde a aquellas personas que perciben la inmensidad del saber y de los conocimientos y reconocen sus limitaciones ante todo lo que nos queda por conocer, es decir la inteligencia de reconocer lo que somos. Como dice un antiguo refrán que ahora no recuerdo, el mundo lo gobiernan una mayoría de ignorantes, porque aquellos que en realidad son sabios consideran que no saben nada y que habrá personas que lo harán mejor que ellos…
    Interesante también la diferencia entre la psicología de los sexos, que él ya percibe, “la rapidez mental ” , las”ideas que a él no se le hubieran ocurrido”, la diferente percepción del tiempo, la agudeza para prevenir lo que va a suceder,….
    Y qué decir del comentario de Susana, tan acertado y casi tan poético como el del autor.
    Saludos.

    • Ciberclub de lectura 29 de octubre de 2015 a 1:16 #

      Estoy de acuerdo contigo Kelly que se agradece que un tema tan manido en la literatura actual como el de la infancia y el despertar a la vida sea tratado como verdadera literatura. No hay lugares comunes en su historia, todo es deslumbrantemente nuevo, diferente, aporta vida, sabiduría. Esa es la gran destreza literaria del autor.
      El niño sabio, increiblemente maduro y a la vez humilde, la humildad de la verdadera sabiduría del que dice “sólo sé que no sé nada” porque todo es cuestionable, y la duda el mayor mandamiento. Preguntarse aunque no haya respuestas.

  7. Marta 28 de octubre de 2015 a 13:27 #

    Hola, yo también lo he terminado ya pero quizá me aventure en una segunda lectura.
    Lo bonito de compartir una lectura con alguien es que uno se enriquece mucho más porque no todos percibimos lo mismo de la misma manera. Y este libro, a pesar de tener pocas páginas, tiene mucho de lo qué hablar y comentar.
    De acuerdo con todos los comentarios ya hechos en que llama la atención que el protagonista es un niño con un cuerpo de diez años pero con una madurez más propia de un adulto, quizá consecuencia de las circunstancias vividas.
    Me gusta mucho ese niño y hubiera disfrutado estando con él si lo hubiese conocido. Recuerdo que una vez una persona me dijo que en la vida había dos tipos de personas: las que eran como la gaseosa y las que eran como el vino. Las primeras son las personas que allá dónde van siempre se hacen notar, que son extrovertidas y las segundas las que casi siempre pasan desapercibidas pero que si te paras a conocerlas siempre te enriquecen. El niño de la historias sería como las segundas. Siempre quiere “hacerse invisible” pero tiene mucho que aportar a quién se molesta en hablar con él
    Erri de Luca a partir de algo tan sencillo como contar algunos retazos de un verano en la playa nos hace reflexionar sobre muchos aspectos de la vida: el amor, la justicia, la guerra, la familia…
    Es muy bonito cómo narra la sorpresa del niño al descubrir que le interesa por primera vez alguien de su edad
    También es muy significativo el hecho de que su palabra favorita sea “mantener”. Quizá porque está demasiado acostumbrado a que los mayores no se tomen demasiado en serio lo que le prometen a los niños. Quizá porque a veces los mayores creen que los niños no se enteran de lo que sucede a su alrededor cuando en realidad es todo lo contrario.
    Importante la figura del pescador en su vida. Es un personaje de pocas palabras pero que sin embargo sabe valorar al niño y le deja ayudarle en algunas tareas. Por eso el niño se siente a gusto a su lado. El pescador no le pregunta nada y le da la oportunidad de sentirse útil.
    La pesca es una actividad que requiere mucha paciencia, tranquilidad, saber esperar… igual que la vida
    El niño quiere crecer para que le tengan en cuenta, para que por fin su mente y su cuerpo vayan a la par. ¿Quién pensaría que en ese cuerpo de niño su mente tiene tanta sabiduría y madurez?
    Un libro muy interesante y con una narrativa muy fácil de leer. Contenta de haberlo leído porque no conocía al autor. Gracias Chus

    • Ciberclub de lectura 29 de octubre de 2015 a 1:09 #

      A mí también; Marta, me gusta mucho ese niño y, como dices tú, hubiera disfrutado estando con él si lo hubiese conocido. Y sí, es buen vino, no gaseosa.
      Muy buena la comparación de la pesca con la vida.

  8. Salo Kon 28 de octubre de 2015 a 17:34 #

    Encontré este poema de Itzik Manguer,en cuya primera lectura interpreto que está aludiendo a su llegada a Israel, donde vivió hasta su muerte. En él manifiesta una su indisoluble unidad con la tierra y el paisaje que lo acogen después de haber rodado por infinidad de destinos. Aquellos que llegaban a la Tierra Prometida, la besaban, literalmente, como se besa a una madre a cuyo seno se vuelve, y Manguer viene a decirnos que no sirve de nada besar ese polvo, esa tierra, ya que él mismo está hecho de ellos, él mismo es ella.

    Dejo a vuestra consideración la relación con el libro que estamos leyendo y por las razones que llevaron a su autor a citar esas palabras.

    Años enteros rodé

    Años enteros rodé por tierras extrañas,
    ahora voy a rodar por mi propia tierra.
    Un solo par de zapatos, una sola camisa,
    en la mano el cayado, ¿puedo andar ya sin él acaso?

    No voy a besar tu polvo como aquel gran poeta
    aunque también mi corazón rebase de canto y llanto.
    ¿Qué significa besar tu polvo? Yo soy tu polvo
    y quién, por favor, se besa a si mismo.

    Voy a quedarme absorto ante el azul del Kineret
    cubierto con mi ropaje miserable:
    un príncipe perdido que encontró su azul
    habiendo sido el azul su sueño de siempre.

    No voy a besar tu azul; sólo permanecer callado,
    sencillamente, como plegaria.
    ¿Qué significa besar tu azul? Yo soy tu azul
    y quien, por favor, se besa a sí mismo.

    Voy a detenerme, ensimismado, ante tu enorme desierto
    y sentir los pasos de viejas generaciones de camellos
    que hamacan sobre sus jorobas por la arena

    sabiduría, mercancía y el viejo canto errante
    que tiembla sobre las arenas ardientes como brasas,
    muere, recuerda, y no quiere sucumbir.

    No voy a besar tu arena; no y mil veces no.
    ¿Qué significa besar tu arena? yo soy tu arena
    y quien, por favor, se besa a si mismo.

    • Silvia 28 de octubre de 2015 a 18:23 #

      Muchas gracias por compartirlo. Qué belleza!

  9. Ciberclub de lectura 29 de octubre de 2015 a 1:05 #

    MUchas gracias a Salo Kon por el poema de Itzik Manger “Años enteros rodé” que contien la cita de introducción al libro. Como dice Silvia, es un poema bellísimo en el que podemos encontrar la explicación a los dos enigmáticos versos que selecciona Erri de Luca.
    Silvia no andaba desencaminada con sus comentarios sobre la simbiosis de dos personas en una o la brillante frase: “¿para qué quieres que te bese si somos uno?”. Manger habla de su unión indisoluble con la tierra que le acoge, su tierra, su origen, despúes de rodar años enteros por otros lugares: “¿Qué significa besar tu polvo? Yo soy tu polvo / y quién, por favor, se besa a si mismo”. Lo mismo repite con tu azul (“un príncipe perdido que encontró su azul / habiendo sido el azul su sueño de siempre”) y con tu arena. El poeta estaba perdido buscando su sueño de siempre: el azul. Y lo encuentra al llegar a su tierra porque se da cuenta de qué él era esa tierra, esa arena, ese sueño anhelando en su errar por el mundo. La respuesta está en su interior, en sí mismo: yo soy tú.
    Es aventurado trasladar estas palabras al libro de Erri. Habría que preguntarle al autor el porqué de la elección de esos versos. Conjeturo que habrá leído mucho a Itzik Manger y que le gusta especialmente y ya puestos a conjeturar, ese polvo puede ser desde la ciudad de Nápoles, tan importante en la novela (y ahí habría una identificación mayor con el poema, que para Manger (ese polvo) es Israel y para Erri, Nápoles) como el amor que nace en él por primera vez por esa niña. ¿Qué es el amor sino sentirse uno con la persona amada? Puede que se refiera a ambas cosas. Ojalá pudiéramos preguntárselo al autor. Quizás algún día sea posible.
    Se admiten sugerencias…

  10. Luisa 29 de octubre de 2015 a 19:35 #

    Hola a todos y gracias a Chus por ayudarme a descubrir a este hombre, y digo hombre porque creo que tanto o más importante que el escritor, el poeta, el artista, és la persona. Desde las primeras lineas sentí una atracción especial que me impulsó a conocer algo más de este ser fascinante, peculiar y muy especial, como el niño que nos muestra en la novela.

    Me impresionó como se rinde a su concepto sobre la justicia, que para él significa igualdad y no el castigo a los culpables. Admite que puede estar equivocado pero dice que le late en el corazón y no lo puede corregir.

    És también polémico cuando afirma que no le gustan los escritores, que escribir no és un trabajo, és una actividad que realiza después de la jornada laboral.

    Me gusta cuando manifiesta que la política és una palabra hermosa, noble y que nunca la utilizaría para describir lo que hacen los administradores de nuestros gobiernos.

    Cuando el entrevistador le pregunta “el niño solo cree en lo que ve escrito, ¿en qué cree usted? ” , el responde ” en el tono de la gente cuándo dice las cosas”.
    Me conquistó.

    Lo siento, en el próximo comentario hablaré sobre el libro.

  11. Karmen 30 de octubre de 2015 a 16:05 #

    El libro me está gustando desde el título. No me resulta especialmente fácil de leer, ya que me enredo en las frases cargadas de significado.

    También me hubiera gustado ese niño, introvertido e interesante, de haberlo conocido. Me cae bien la gente como él, bastante escasa en todas las edades.

    Por un lado “mantener” es su verbo favorito y, por otro, no parece importale que su edad ya tenga dos crifras, desea desprenderse de ese caparazón de niño de 10 años…

  12. Ana María Heinze 31 de octubre de 2015 a 4:28 #

    Hola gente! Desde el comienzo el titulo invita a reflexionar, porque entiendo que quizás siempre tengamos los ojos abiertos hacia la infancia, pues ella habita en nuestro cuerpo presente ….

    Lo comente antes , Erri de Luca me capto y me da demasiado respeto su coherencia, es un escritor de la vida y eso se siente , se huele en sus palabras, pareciera escribir con todos sus sentidos despiertos.

    Él para mi es como el mar, “…no enseña nada, el mar hace, y a su manera”, y la infancia se acaba “cuando se añade el primer cero a los años”

    Todo ese mundo de la infancia , ese conocer desde la necesidad , el descarnado emocionar, como el verbo mantener, que de alguna manera pareciera implicar el deseo de sostenerse en la mano de su padre, pero había que entender ese mundo adulto que no entiende de verbos que reclaman la mano de un papá, quizás porque ya había añadido el primer cero , entonces había que entender, no se…

    Y llega el momento del verbo amar …y Erri de Luca dice en una entrevista, “el amor es la energía más fuerte presente dentro del cuerpo humano. No puede faltar, como no puede faltar la sangre…” Y este niño tratando de entender este verbo amar ….el imperativo ama, frente a la total incoherencia del mundo adulto, que ya lo espera a la vuelta de la esquina

    Y en esta dura transformación del cuerpo niño al adulto, también intenta sus propias explicaciones sobre el amor, ” tus manos curan, esta es mi segunda frase de amor. Entraron las madres …ella mantuvo mi mano entre las suyas. Frente al mundo, el verbo mantener afirmaba sus derechos”
    Le debe a ella desde entonces la liberación del verbo amar….

    La lectura me despertó muchas imágenes personales , se podría jugar horas con las palabras y las imágenes que nos invita a explorar

    Maravilloso y bello todo!!!!!!!

  13. Lory 31 de octubre de 2015 a 20:23 #

    Hola a todas¡ Pido disculpas por haber estado un poco ausente. La Semana de cine (Seminci) me ha tenido atrapada. Leo ahora de un tirón todos vuestros comentarios, tan enriquecedores. Observo que el libro elegido por Chus tiene un sobresaliente unánime. Me gustó mucho comprobar como el autor continúa comprometido en su momento actual y enlazo esto con lo que dice en el libro acerca de los adultos y la incongruencia con que vivimos. La lucha por la autenticidad puede llevarnos una vida; pero una vida no es demasiado tiempo.
    Deja ver el autor como su aprendizaje viene de los libros y de lo experimentado, la emoción que vive. Me encantó leer como lo femenino (la niña) ayuda a despertar en él, los sentimientos, la poesía, las bellas palabras…
    Es un libro que emociona y del que podríamos analizar o profundizar, casi, cada imagen.
    Me llamó la atención la forma de enjuiciar la venganza (la inutilidad del odio y la sangre), el salto que da al diente por diente: superar lo primario. Y expresa claramente que un daño no puede ser reparado con el castigo.
    Dice Erri que busca en el pasado una segunda posibilidad de encuentro, sin sentimiento de nostalgia, porque no le gustaría regresar a ningún momento anterior. A mí tampoco.
    Como es un libro sin trama, nos está mostrando lo que mueve al protagonista; como si nos dijese que la meta es el regreso a casa. Como Ulises, si. La cima no es habitable.
    Enlazo esto con la frase de Itzik. Salo Kon gracias por compartir el poema, bellíiiisimo.
    Como apuntáis creo que habla de la unidad, de como somos un TODO y más con lo que amamos. Esa simbiosis profunda que cuesta entender en el amor: ¿cómo voy a besarte si yo soy tú?.
    El título perfecto nos pone en aviso de que no va a dejarnos cerrar los ojos a todo lo que expresa; vamos a ser, mientras leemos, como los peces.
    Me impacto mucho, y ya termino, el ver cómo nos marca el lugar donde nacemos; porque creo es un tema de total actualidad.
    No me resisto a terminar con una frase de la película que vi esta mañana: Pero qué buscan, si lo tienen todo. Nadie quiere la noche de Isabel Coixet.
    Buen fin de semana y nos vemos la próxima.

  14. celiju 2 de noviembre de 2015 a 10:22 #

    En primer lugar enhorabuena por la elección de este título. Es una delicia leer las páginas de este libro y acompañar a ese niño de diez años un verano. Está lleno de poesí, aunque hable de temas cotidianos los engrandece como ya se ha dicho. Me llama la atención como describe la curiosidad por el mundo que le rodea, aunque se siente distinto. Es la relación con la niña la que le hace salir de su mundo interior y descubrir el amor. Pero también necesita una transformación personal a través del cuerpo que le limita. Como también habéis dicho merece una lectura sosegada parando en cada frase y cada metáfora.

  15. berta 3 de noviembre de 2015 a 0:07 #

    Hola a todos y todas.El libroque estamos leyendo y comentando, me está gustando.Hay dos cosas que me gustaría comentar, y que ya habéis comentado algunos de vosotros y vosotras, por ejemplo el hecho relativo al aislamiento del niño (ERRI) de pequeño, quiere crecer, odia su cuerpo, pero él va en busca de los golpes, quizá como comenta Sylvia por lo inevitable. Yo considero eso de cobardes.Además también el propio autor afirma no reconocerse en ese niño que se dejó pegar.
    El niño lee mucho, aprende cosas en los libros, pero los niños o niñas no son adultos, por eso considero fundamental la relación que tiene con la niña que conoce en la playa, pues para él es una amistad adecuada, se entienden suficiente, y eso creo ayuda a crecer al niño desde un punto de vista emocional o psicológico, es una amistad que despierta en él sentimientos de empatía.
    Yo creo que la infancia está muy lejos de la edad adulta y que a todos y todas nos habra costado crecer en algún momento de la vida e insisto que la amistad con la niña es fundamental.

    • María Lemus-M 3 de noviembre de 2015 a 4:04 #

      Hola a todos, he leído cada comentario y veo que a todos nos ha impactado este pequeño. El libro me ha encantado, pareciese una lectura rápida pero cuando he empezado a leerla, ha hecho que me detenga en muchos párrafos, en pensamientos muy profundos y que me han hecho leer y leer nuevamente las frases. Los pensamientos y análisis de un pequeño niño durante la lectura, han creado escenas e imágenes en mi cabeza, pero sobre todo, lo que más me ha encantado es como ha hecho que verbos o palabras tan frecuentes en mi diario vivir, toman sentido y sobre todo, valorar la profundidad de estas.

  16. Gloria 4 de noviembre de 2015 a 15:04 #

    El lugar y la familia en la que nacemos marca nuestras vidas. El recuerdo de un verano especial en una isla ocupa gran parte del relato. Son muy diversos los temas que trata el autor, especialmente me llama la atención cómo indica que le marca su tierra, Nápoles, de una manera indeleble.

    Otro de los aspectos que me ha llamado la atención, y con el que estoy de acuerdo, es en cómo trata el tema de la violencia y el odio, cómo se angustia con el Quijote: “el destino del hombre honesto es ser apaleado, humillado, rechazado, menospreciado”´.Nada le resta dignidad, pues la grandeza del hombre se mide por no responder al odio con más odio. El rencor que deja la guerra : “aquel odio que añadía vinagre a las lágrimas”.Cómo se enfrenta a la violencia de los tres niños que le pegan, no queriendo denunciarlos; su denuncia no habría añadido nada a la vergüenza que ya sentían los agresores cuando el policia los llevó a su casa; el que no los denuncie no quiere decir que vayan a ser sus amigos o que se considere mejor que ellos, simplemente hay personas con las que no conectas y no vas a hacerlo nunca, es una cuestión de principios. El devolver el odio no te hace mejor, te daña como persona.

    El aspecto de la lectura, del amor a los libros tanto del padre como del hijo.es otra parte del relato con el que me he sentido identificada. Las tardes de verano leyendo y dando disculpas a los amigos para no salir forman parte de mi infancia y adolescencia. No me arrepiento, “hay frases que se clavan en la retina”,”se topa uno, leyendo con frases sísmicas” , es cierto hay frases que te remueven por dentro. La lectura como elemento liberador de la monotonía o la tristeza que tienen algunos momentos de la vida “son la más potente contradicción de los barrotes, los libros. Al prisionero tumbado en el catre le abrían de par en par el techo”.

    Por último, discrepando de Erri, el autor puede recrear basándose en la imaginación como relatar vivencias “son historias vividas, olvidadas y después recordadas”. La fuente de inspiración da igual, lo importante es lo que el escritor haga con sus recuerdos o con sus imaginaciones, la belleza con que los plasme y la cercanía, comprensión, reflexión o disfrute que genere en el lector.

  17. Uriska 5 de noviembre de 2015 a 14:46 #

    Destaque de la primera parte del libro un parrafo que ya se ha mencionado “no eran los gigantes que pretendían creerse. Eran niños deformados por un cuerpo voluminoso. Eran vulnerables, criminales, patéticos y previsibles.” Me sorprende la fluidez con la que aprende el personaje a pesar de que no es consciente de ello, y aprende de su entorno; de los pescadores, del cine y de la chica del norte. He sido consciente de que el personaje crece porque crece a ojos de los que le miran, y eso se traslada al mundo real, nos sentimos y crecemos dependiendo del refuerzo que nos proporcionan los demás. Sigo con la lectura…

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  1. La ley leve de la gravedad | ez nekeak! - 25 de julio de 2016

    […] cuerpo contiene mi energía, y pienso que si “mantener” – como escribe Erri de Luca – es un verbo precioso que significa tener en la mano, “contener” también lo es […]

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