Todas las palabras que surgen de mi pluma son besos de muerte

19 Dic

This is Beirut… Foto en flickr de Thomas Leuthard. Algunos derechos reservados.

Estamos ya en el duodécimo día, es martes, 1 de mayo y quedan cinco días para que finalice la novela. Fray Basile lleva a Adam al laberinto del convento y caminando por él sus pensamientos se desvanecen y una sola pregunta aflora en su mente: ¿Cuál es la razón verdadera de mi regreso a este país tan querido cuyo nombre temo escribir? La respuesta es enigmática: Sólo he vuelto para coger flores. Y se me ocurrió que ese gesto que consiste en coger un flor y añadirla al ramo que tienes ya en la mano e incluso estrechas contra el corazón es el gesto más hermoso y más cruel a un tiempo, porque rinde homenaje a la flor mientras la mata […] ¿Había aprensión, un sentimiento de culpabilidad unido a la revelación de tantas cosas íntimas relacionadas con mis amigos, mi país y mi propia persona? El memorialista es un traidor para los suyos o, al menos, un enterrador. Todas las palabras que surgen de mi pluma son besos de muerte. Palabras misteriosas y pesimistas. Quizá un presentimiento de lo que va a ocurrir más adelante. Pero, a la vez, Adam se encuentra en paz. Serenidad, humildad, deseo de silencio, sentirse invencible… todo eso es lo que siente en el laberinto.

Naím es el primero en llegar al país y el encuentro con Semi y Adam es fraternal. Naím es un hombre alegre, positivo y afable, quizá contagiado por el espíritu de Brasil, el país donde vive. Mientras cenan y brindan por la felicidad de verse nuevo juntos después de un cuarto de siglo, se cuentan sus vidas a lo largo de todos esos años. Bueno, sólo Semi y Naím hablan, pues Adam, con su reserva habitual, les deja explayarse mientras les escucha que es lo que siempre se le ha dado mejor. La timidez y el pudor siempre le han podido. Al día siguiente visitan la antigua casa de Naím mientras continúan conversando sobre sus vidas y otros temas como, de nuevo, las religiones o sus ideas de juventud. Ideas que contenían el deseo de cambiar la sociedad, algo que, visto lo ocurrido en el mundo, ven ahora pueril. Se han hecho adultos y ya no les quedan más sueños.

A instancias de sus amigos, Adam por fin cuenta su historia, visita a su casa de la infancia incluida. Adam era un niño feliz, hijo único que vivía con sus padres en una hermosa y elegante casa, no en vano su padre era arquitecto y su madre decoradora. Todo se trastocó cuando tenía doce años y medio. Hasta entonces, esa casa era para mí el centro del mundo. En agosto de 1970 sus padres mueren en un accidente de avión. Arruinado, y deshecho, tiene que vender la casa e irse a vivir con sus abuelos. Para el niño Adam este hecho tan traumático será el condicionante de toda su vida. Se convierte en una persona reservada y una idea se instala en su ser para no abandonarle jamás: cuando más feliz eres todo puede desaparecer en un instante, por lo que, en los momentos en que, ya adulto, la felicidad se instala en su vida, por ejemplo con una relación amorosa, tiene que destruir esa felicidad antes de que desaparezca. Porque Adam no concibe que esa felicidad pueda durar. Así quedó de marcado. Además no le cuenta a nadie lo ocurrido en su infancia. Es su manera de resguardarse del dolor, así como tampoco ha visitado esa casa hasta ese mismo día en que también abre su corazón a sus amigos. No voy a contaros historias de paraíso perdido, pero eso es exactamente lo que siento. Un paraíso del que me expulsaron como a nuestro antepasado, mi homónimo. Pero no por un pecado, por un accidente.

A continuación viene una larga historia en la que Adam les narra la peculiar relación que estableció, de los diez a los doce años, con una enigmática vecina. Una hermosa mujer rubia, viuda e iraquí. La pasión de ambos por los libros les une y para Adam fue su iniciadora sobre todo en la historia, la arqueología y las biografías. Una persona fundamental en su vida que le influye tanto como para hacerse historiador, pero, a mi parecer, el autor se extiende demasiado en esta historia que viene a romper y a trivializar la emoción e intensidad de lo narrado anteriormente por Adam sobre sus padres y su infancia. La historia en sí no es tan interesante y la alarga demasiado haciendo que se vuelvan a encontrar en la actualidad. No sé qué opináis vosotros. En ese encuentro, Maalouf aprovecha de nuevo para verter opiniones, en boca de la mujer, sobre lo nefastas que son todas las revoluciones. Hay un poso de pesimismo en todas las reflexiones que se hacen en el libro, ¿no creéis?, en cómo la evolución de la historia no ha llevado más a que a calamidades y desastres. En nombre del progreso, de la justicia de la libertad, de la nación o de la religión, no dejan de embarcarnos en aventuras que concluyen en naufragios. Aun así, el autor, siempre deja una puerta abierta a la esperanza en un futuro mejor.

Desde mi punto de vista, esta parte final del libro decae bastante con respecto a lo anterior. Pareciera como si el autor ya hubiera dicho todo lo que tenía que decir y se limita a proseguir con los encuentros y la preparación de la reunión. Todo va encaminado a un final abrupto e inesperado que resuelve en muy pocas páginas. Hay diseminadas en esta parte algunas premoniciones, como la que he apuntado más arriba, sobre el final que le espera a Adam: es cierto que llevo en el nombre a la humanidad naciente, pero pertenezco a una humanidad en vías de extinción […] No seré el primero de un linaje, seré el último, el último de todos los míos, el depositario de sus penas acumuladas, de sus desilusiones y también de sus vergüenzas.

Antes de llegar a ese final, tiene lugar el encuentro entre Adam y Albert, y, una vez más, éste le cuenta su vida: lo que en realidad ocurrió con sus padres, qué ha sido de su vida en EEUU, le revela su condición homosexual, su entrañable relación con sus antiguos secuestradores a los que considera sus padres adoptivos… Asimismo, nos narra la llegada de Dolores y la cena que celebran en Le Code Civil, el antiguo restaurante en el que se reunían de jóvenes, todos los que allí se encuentran: Adam, Semi, Naím, Albert y Dolores. Ésta quiere saberlo todo acerca de su vida pasada: ¡Y ahora contádmelo todo! Cómo os conocisteis, qué os juntó y qué os separó durante tanto tiempo. De nuevo, ese regusto amargo sobre el tiempo que se ha ido pero, a la vez, teñido de esperanza: Con el tiempo acabas por perder las ilusiones. Pero vale más que no ocurra demasiado pronto. Porque, en caso contrario, también pierdes el valor para vivir. La cena continúa y Dolores les pregunta: ¿Por qué la fe ocupa tanto espacio en esta región del mundo? a lo que Naím contesta: el creyente, incluso en su laicidad, es Occidente, y el religioso hasta el ateísmo es Occidente. Aquí, en Levante, no nos preocupan las creencias, sino las filiaciones. Nuestras confesiones son tribus, nuestro afán religioso es una forma de nacionalismo... ¿Qué opináis?

Y ya, en el decimosexto y último día, llega ese final abrupto e inesperado, por lo menos para mí. En catorce rápidas páginas se resuelve y nos deja con una sensación de que quizás el autor no sabía bien cómo terminar o que se había cansado de escribir y había que terminar cuanto antes o ya lo había dicho todo y no tenía sentido contar esa reunión o… ¿Qué pensáis vosotros? Se admiten sugerencias. El capítulo comienza: ese día de mayo iba a ser el del reencuentro. Fue el de la postrera separación y la postrera dispersión. Un accidente acaba con la vida del chofer y de fray Basile y deja a Adam en coma. Cuando encuentran su libreta nos enteramos de que el hermoso párrafo con el que comienza el libro lo había escrito Adam unos días antes del accidente para leerlo al final de la reunión. Un texto de clausura y de adiós. Sabiendo esto, sus palabras cobran mayor significado. A pesar de la carga de pesimismo que contienen, el final es esperanzador: mi gran alegría es haber encontrado entre las aguas unos cuantos islotes de delicadeza levantina y de ternura serena. Y eso me proporciona otra vez, al menos de momento, un apetito nuevo por la vida, razones nuevas para luchar y quizá, incluso, un estremecimiento de esperanza. Pero, como dicen las últimas palabras del libro, todo queda en suspensión: Dolores, que lo ha trasladado en avión ambulancia a una clínica parisina y que no se aparta de la cabecera de su cama, prefiere decir que está en suspensión. “Como su país, como este planeta-añade-. En suspensión como todos nosotros.

Plazos
Disponéis de una semana larga para comentar esta última parte y todo el libro en general. Luego, se nos echan las fiestas encima y haremos una pequeña pausa para volver con un nuevo libro a comienzos de enero. Aunque pondré un post para felicitaros las navidades, me adelanto para desearos ¡Feliz Navidad y un maravilloso 2015!

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3 comentarios to “Todas las palabras que surgen de mi pluma son besos de muerte”

  1. Ciberclub de lectura 22 de diciembre de 2014 a 2:09 #

    Os dejo aquí una reflexión interesante sobre el exilio que he encontrado en una entrevista al escritor rumano Norman Manea. Manea se exilió a New York debido a la dictadura de Ceausescu. Dice lo siguiente: “Parece que era mi destino. Lamentablemente tenía que ser un exiliado. Pero, como pasa con todas las experiencias humanas, no es sólo terrible. Aunque salir de tu país de esa manera y aclimatarte a otra realidad tiene un coste psicológico y emocional tremendo, tiene también partes estimulantes. Ir de Rumanía a América fue como entrar prácticamente en lo desconocido. Y lo desconocido no es únicamente el exterior, también es interior, empiezas a adentrarte en todos aquellos lugares de ti mismo que no conocías y descubres partes de ti”. Me parece una aportación muy interesante, y positiva, a la vivencia del exilio. Está claro que no todos los exilios se viven de igual manera. Y, como dije en otro comentario, depende de muchos factores tanto externos como internos ¿Qué opináis vosotros?
    Y más adelante afirma: “Tengo el concepto, puede que un poco infantil, de que no vivo en un país, sino que vivo en un idioma”. El autor escribe en rumano a pesar de vivir más de dos décadas en EEUU, y, quizá, de esa manera, como dice el entrevistador, lleva su patria en su lengua. Algo que no le pasa a Maalouf que escribe en francés, aunque en Líbano el francés es una lengua utilizada.
    Otro apunte que realiza y que se relaciona con la novela que estamos leyendo es el siguiente: “Ahora viene la visión religiosa de quienes defienden que su religión es la mejor y que todas las demás no importan y deben ser destruídas”.
    Frases que os dejo para reflexionar y comentar aquí.

  2. jose vicente 31 de diciembre de 2014 a 13:07 #

    hola amigos; en el post de felicitaciones de navidad hice el resumén de lo que me pareció a mi de la obra aunque me quedó el hablar de los personajes, Opiné sobre Adam que era un oportunista, y es lo que pienso, aunque también pienso que en esta vida tenemos que aprovechar las opciones que nos presta, Adam así lo hace pero quiere imprimir en todos sus actos un maquillaje de sensatez y poesía, y sobre todo tener siempre la razón, lo dice en la primera página “la razón la tengo yo y quien se equivoca es la historia” cosa que sinceramente creo que es falsa,
    También me gustaría hablar sobre los personajes, sobre lo autentico que me pareció Fray Basile, Semi me pareció como una niña que se perdió en su juventud, y todavía tiene hermosas fantasías, Mourad me parece fuerte, aunque actuó seguramente mal y en contra de su conciencia, haciendo lo que pensaba que era correcto, Ramez me parece el triunfador, lo que no entiendo es porque se siente humillado por occidente, ya que el se convierte en un occidental, es musulman pero bebe alcohol y no guarda ningún rito musulman. etc.
    Respecto a lo que publicaste en el comentario sobre ese escritor Rumano me parece correto, lo que siente y sinceramente entiendo que quiera escribir en Rumano, yo nací en Venezuela soy hijo de padres que emigraron alla y nunca me sentí venezolano porque llegué aqui muy joven pero creo que me falta algo, aunque estoy totalmente integrado en Galicia pero tampoco me siento muy de aquí, es como si esos primeros seis años de mi vida me faltaran. no es nada malo ni bueno, porque creo que se nazca donde se nazca uno pertenece al mundo y yo pertenzco a Galicia que es una parte del mundo,
    Un saludo y de nuevo Feliz Año 2015

  3. fjbarral 12 de enero de 2015 a 0:06 #

    Saludos a tod@s,
    Por los comentarios, parece que a la mayoria ha defraudado el final de la novela, por apreciarse bastante improvisado y artificioso. Sin embargo, creo que es un error de apreciación ya que en realidad esta lectura no la considero una novela sino más bien un ensayo, en el que el autor nos expone parte de sus ideas e impresiones, y así no se ha preocupado de encontrar un final de novela y ocurrente.
    Lo que cuenta para mí, es que he disfrutado de la lectura, encontrando que las ideas han sido más importantes que los hechos concretos (en realidad hay pocos). Y encuentro también algunas ocurrencias, como el caso de la importancia de los pares: los “gemelos”, pero además Albert y Nain, Semiaris y Dolores, Bilal y su hermano, e incluso Adam y Mourad. Ya se apreciaba que cada amigo era una especie de estereotipo o simbolizaba algo como una idea o una actitud. Y teniendo en cuenta estos aspectos la “novela” se conviete no en una variedad de amigos que se separan y pretenden encontrarse, sino las ideas y forma de ser que se separan y se juntan para formar una vida, con toda la complejidad y sencillez que puede tener. Así Adam al descubrir la muerte de su par sabe que está condendo a estar ya imcompleto a no poder encontrarse ni aglutinar a su alrededor, así su parte muerta era la de la tierra de nacimiento que aquel quiso mantener pese a corromperse, mientras que Adam rotos los lazos más fuertes (con la muerte de sus padres y la venta de su casa) prefirió un mundo más libre. Yo considero como él que una tierra tiene que hacerse querer y si no te da parte de lo que necesitas no estas obligado a responderle. Adam tuvo que buscar su tierra de origen libre en el extranjero, y por eso ganó como persona mientras que perdió sus orígenes, al contrario que Mourad. Esa generación a la que se refiere Adam no pudo cambiar el destino del país, quizas porque se fueron los que deseaban libertad y una vida mejor, y se quedaron los que hacían la guerra. Y entiendo como una metáfora, que contempla el título de los desorientados, que cuando algo completo se separa en partes, en cada una queda también el vacío de lo que ya no está. Incompleto y desorientado, sin verdadera fuerza para impulsar cambios alrededor, sólo para sobrevivir individualmente.
    Me ha gustado especialmente el simil que hace con los cables de colores y los sentimientos, diciendo que no es necesario desenredar lo que hay de amistad, deseo y otros aspectos en cualquier relación que siempre, así lo considero yo también, es una mezcla en la que aunque predominen algunos pocos aspectos habría que tener la adecuada visión de conjunto de la totalidad. Este libro no se trata de una historia normal con desenlace, sino de un compendio de ideas que han fluctuado como personajes, y que a mí me ha gustado acompañar sin haber llado a ningún punto final o conclusión.

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