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¡Si nada hubiera cambiado!

5 Dic

Foto en flickr de FlickrJunkie. Algunos derechos reservados.

La segunda parte de nuestra lectura continúa narrando la estancia de Adam en su país natal. Comprende desde el quinto al séptimo día. A lo largo de estos tres días, como en toda la novela, se va alternando la narración de lo que está viviendo el protagonista en su tierra con sus recuerdos del pasado que plasma por escrito, a veces a través de e-mails que envía a sus amigos para convocarlos a una próxima reunión que utiliza asimismo para hacer una puesta en común de sucesos de aquel pasado ya lejano.

El romance entre Adam y Semi continúa con el consentimiento de Dolores, la compañera de Adam. Una mujer inteligente que sabe que desde París poco puede hacer y se muestra comprensiva ante esa vuelta a la juventud que está viviendo su pareja, amores frustrados incluidos. Todo muy moderno, muy racional, muy maduro… y también, a mi parecer, un poquito frío. No siento esa pasión, no me la transmiten las palabras del autor. Pero entiendo que en esa vuelta al pasado tenía que haber algo de amor y sexo. ¡Cuántos no habremos dejado historias de este tipo sin vivir en nuestra juventud! Pero, insisto, ya que la incluye echo en falta algo más de pasión, intensidad y descoloque. ¿Qué opináis vosotros? Por otro lado, las dos mujeres se muestran muy maduras en oposición al hombre al que se le ve algo perdido y sin saber manejar muy bien la situación. Aunque ya nos ha ido dejando ver el autor que Adam es un hombre indeciso, tímido y excesivamente correcto.

Después de sus devaneos amorosos, Adam retoma su relato de lo acontecido en el pasado. Nos narra el final del rocambolesco secuestro de Albert que, gracias a las gestiones de Mourad, es liberado. Después de lo vivido, Albert ya no desea suicidarse sino marcharse del país. Además sus secuestradores le han cogido tanto cariño y él a ellos que se despiden con lágrimas y promesas de volverse a ver. Yo creo que este secuestro tan delirante sólo muestra lo delirante que fue aquella sucesión de guerras acaecidas en Líbano donde los que se enfrentaban eran, más que grupos ideológicos, familias, clanes, tribus, cabecillas locales de los diferentes barrios de la capital y de los distritos de la montaña. Albert aterriza en París en 1980 pero sólo temporalmente porque su objetivo es marcharse a EEUU a ejercer la curiosa profesión de futurólogo, algo que, a través de las cartas que se envían ambos amigos, nos explica profusamente el autor.

Mientras Mourad es enterrado, Adam, que se ha reafirmado en la idea de no ir, escribe a Albert y a Naím sendos correos electrónicos para comunicarles el fallecimiento de Mourad y el deseo de Tania de que se reúnan de nuevo todos los amigos.

Quiero hacer un aparte para comentar cómo Adam en la reconstrucción que está haciendo de su pasado se enfrenta a su yo más íntimo y encuentra un desfase entre éste y su condición de historiador. En su profesión destaca. Sabe cómo narrar la vida y los hechos de la historia, como la de Atila en cuya biografía se encuentra enfrascado en ese momento. Si de lo que habla es de la antigüedad es brillante. Puede desarrollar con gran perfección todo aquello que es ajeno a él. Por eso, la vuelta a su país le enfrenta con su propia vida, sobre todo con el hecho de no haber vuelto nunca en tantos años tratando de olvidar todo lo pasado. Adam necesita reflexionar con tiempo y enfrentarse a quién es él en realidad. Echo en falta que el autor nos dé más datos sobre esta situación tan importante que vive el protagonista. Sólo de vez en cuando un apunte como éste: el material del que dispongo para reconstruir mi propio pasado es de una abundancia inaudita, tanto en el caso de mis recuerdos personales como en el de los documentos conservados. Mi drama reside en otra parte, en esa invalidez mental que aparta mi universo íntimo de mis escritos públicos como si sólo pudiera desacreditarlos. ¿Algún comentario sobre esto?

Naím y Albert contestan al momento mostrando un gran entusiasmo en realizar esa reunión. A pesar de mostrar dolor por su muerte, ambos dedican palabras reprobatorias a la conducta pública y a la evolución ética de Mourad y Naím le pregunta directamente a Adam qué es lo que realmente sucedió entre ellos para que su amistad terminara. Éste no duda en contarle con toda profusión de detalles qué es lo que ocurrió. En realidad el motivo no fue nada personal entre ellos sino la actitud ética de Mourad desde el comienzo de la guerra en que se vio metido en una espiral de pleitos interminables sobre tierras y especialmente sobre su casa en el pueblo, su adorada casa, donde todos se reunían: la casa antigua era para él mucho más que una propiedad: representaba su categoría, su prestigio, su honor y su fidelidad a los suyos; en pocas palabras, su razón de ser […] Estaba claro que aquel litigio era, de toda la vida, su punto flaco. Y por esa grieta se colaron, efectivamente, la desdicha y la vergüenza.

La casa es finalmente ocupada por la familia enemiga de Mourad utilizando las armas y éste enloquece. Adam, que todavía está en contacto con él, intenta disuadirlo de cometer una locura pero éste le despacha con cajas destempladas. Ahí comienzan sus fisuras. Mourad termina buscando la ayuda de un siniestro personaje bien relacionado con las altas esferas y los países ocupantes en aquel momento. Un traidor. Éste no duda en ayudarle, asaltando la casa y fusilando al cabecilla responsable de la ocupación. Como ahora le debía al “Alto Comisario” la seguridad e incluso la supervivencia, Mourad se convirtió cada vez más en su hombre de confianza e incluso en su vasallo. Gracias a ese vasallaje, Mourad va ascendiendo en la escala política llegando a ser ministro e insultantemente rico […] El ascenso político de nuestro amigo fue consecuencia directa de la grave falta que cometió. Desde aquel momento cometió muchas más, por la fuerza de los acontecimientos… […] Sospecho que nuestro antiguo amigo fue, tanto en los negocios como en política, el testaferro y la cara presentable del siniestro “Alto Comisario” y que recibió la parte que le correspondía de sus múltiples manejos: extorsión, saqueo, drogas, blanqueo y a saber qué más. […] Pensar que uno de nuestros amigos íntimos tiró por ese camino me resulta intolerable. A veces hay quien me dice, para defenderlo: no hizo nada que no hicieran todos esos que prosperaron en los años de la guerra. Es posible que hiciera lo que todos, pero él era uno de los nuestros. Soñamos juntos un país diferente, un mundo diferente. A él no le perdono nada. […] tú y yo tuvimos que alejarnos de Levante para intentar seguir con las manos limpias. No tenemos nada de que avergonzarnos, pero sería aberrante preconizar que el exilio es la única solución para nuestros dilemas éticos. ¿Qué opináis de esta última afirmación? Está claro que Adam, y el autor detrás de él, se despacha a gusto a través de esta historia con su país. Todo un ajuste de cuentas. Pero el dilema ético está ahí. ¿Qué hacer ante una situación así? ¿Irse? ¿Quedarse y mancharse? ¿Quedarse y mantenerse limpio si eso es posible? Todo esto me recuerda a La hija del Este, la guerra de Yugoslavia y todas las guerras en realidad. Como dice Adam: las guerras no se limitan a sacar a flote nuestros peores instintos: los fabrican, los moldean. Se vuelven traficantes, saqueadores, secuestradores, criminales o asesinos muchos que habrían sido buenísimas personas si la sociedad en que vivían no hubiera implosionado…

Cuando Adam visita, después del entierro, a Tania, ésta se muestra dura con él e intenta disculpar a Mourad. Le dice que él hubiera hecho lo mismo si se hubiera quedado. Y va más allá cuando le pregunta qué hubiera ocurrido si todos se hubieran ido del país como hizo él. Los que se quedaron se ensuciaron las manos para conservar un país para vosotros, para que pudierais regresar un día. Creo que toda la historia de Mourad y el dilema de irse o quedarse, que resumen muy bien las palabras de reproche de Tania, son el tema central de esta novela. ¿Qué opináis de todo esto?

A continuación viene la historia de amor entre Semi y Bilal, rota por la muerte violenta de éste cuando opta por las armas. Bilal se queda con la bella Semiramis y Adam la pierde, una vez más por haberse convertido en esta persona demasiado educada, demasiado pendiente de no desagradar nunca a nadie, demasiado absorta en mis libros y en mis ensoñaciones, ¡en esta persona tan timorata! ¿Ha cambiado Adam o sigue siendo el mismo? Cuando Adam decide quedarse unos días más en el albergue de Semi ¿lo hace fundamentalmente para vivir aquello que no vivió con ella? Él se lo pregunta. Bilal y Adam eran amigos íntimos en aquel momento y, de alguna manera, Bilal le da una lección de sinceridad y amistad verdadera cuando, cuatro años después de que Semi comenzara una relación con Bilal, le saca el tema hablando con la pasión e intensidad que le caracterizaba. Bilal era un hombre que vivía todo en carne viva y Adam poseía un pudor extremo y un caparazón imposible de arrancarse.

Semi le cuenta a Adam su relación con Bilal, tormentosa, apasionada, y el porqué éste tomó las armas. Os dejo a vosotros los comentarios sobre ambos temas, muy interesantes, que podrían partir de la siguiente pregunta que se hace Adam: los conflictos que alteraban nuestro país, ¿eran sencillamente enfrentamientos entre tribus, entre clanes, por no decir entre varias bandas de golfos o tenían de verdad una dimensión más amplia, un contenido más ético?

Nos queda por comentar la historia de otros dos amigos, inseparables, Ramzi y Ramez. Dos caras de una misma moneda. Uno cristiano, el otro musulmán. Dos ingenieros que crearon una empresa que rápidamente creció por muchos países lo que les hizo inmensamente ricos. Pero Ramzi, después de años y vicisitudes varias, abandona todo y se convierte en monje mientras Ramez continúa con la empresa. Ramzi fracasa en el amor y en la paternidad y se cuestiona continuamente el porqué de lo que hacen mientras que Ramez está felizmente casado y disfruta con su trabajo. Es un hombre feliz.

Adam se encuentra con Ramez, un hombre campechano a pesar de su riqueza, simpático y buen amigo que le cuenta todo lo acontecido en su vida y en la de Ramzi a lo largo de esos años. Hay reflexiones muy interesantes sobre la situación de los árabes y los musulmanes en el mundo. Os invito a comentarlas ya que me he extendido demasiado. Podrían comenzar por esta frase de Ramez: pertenezco por nacimiento a una civilización derrotada.

Plazos
Hay muchos temas interesantes que comentar en esta parte. Es vuestro turno. Disponéis de una semana más o menos para ello. Mientras, continuaremos con la lectura a partir del capítulo Octavo día (pág. 273) hasta el final del capítulo Undécimo día (pág. 409).