Al volver a mi tierra inundada

27 Nov

Beautiful Land. Beirut, Lebanon. Foto en flickr de Sorgul. Algunos derechos reservados.

El libro se abre con una cita de la pensadora y filósofa Simone Weil sobre el poder envilecedor del uso de la fuerza. Como Gloria, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice y me parece un buen arranque para Los desorientados.

Antes de comenzar con el Primer día, podemos leer un hermoso texto de tono pesimista pero no exento de esperanza a manera de introducción. Escrito por Adam, un hombre de 47 años, dos días antes del drama (¿a qué se refiere? Por ahora es muy pronto para saberlo) es todo un retrato de su persona. Empezando por su nombre: llevo en el nombre a la humanidad naciente, pero pertenezco a una humanidad que se extingue. Adam, el origen del hombre. ¿Por qué creéis que el autor escoge este nombre para el protagonista? Adam no se arrepiente de haber emprendido ese viaje, esta peregrinación inútil en la que llevo diez días a su país natal del que se alejó hace veinticinco años pero que nunca olvidó. En su estancia ha recobrado un apetito nuevo por la vida, razones nuevas para luchar y quizá, incluso, un estremecimiento de esperanza.

Pero vayamos al principio de la historia. Un viernes, 20 de abril (¿de qué año? Puedo conjeturar que es el 2001), Adam recibe de madrugada una llamada en su casa de París. Tania, la mujer de su “antiguo amigo” Mourad, le comunica: tu amigo se muere. Quiere verte. Hace veinte años que no se hablan. Adam duda un instante pero, animado por su compañera Dolores y porque si se negaba a acudir junto al lecho de su antiguo amigo, le remordería la conciencia hasta el último día de su vida, coge el primer vuelo con origen a su país natal. El país levantino (como él lo denomina) en el que vivió hasta que comenzó la guerra y decidió exiliarse en plena juventud allá por los años setenta. Adam lleva siempre consigo una libreta en la que pone en orden sus pensamientos: hay personas que para pensar tienen que escribir. Una vez en el avión comienza a escribir. A partir de ese momento la narración alternará el punto de vista del narrador omnisciente en tercera persona con el de Adam, en primera persona, en sus escritos. Éste se plantea cómo portarse con un amigo al que dejó de hablar y que está a punto de morir. Mourad, que al contrario que Adam, permaneció en el país, traicionó durante la guerra los valores en los que ambos creían. Pero de camino a su último encuentro, Adam encuentra razones para justificar sus actos: al quedarse tuvo que encontrar apaños, aceptar, según iban pasando las cosas, unas cuantas transigencias que acabaron por llevarle hasta lo inaceptable. Si me hubiera quedado en mi tierra, me hubiera portado como él. A distancia, podemos negarnos a algo impunemente; in situ, no siempre se cuenta con esa libertad. Con estas palabras, Adam comienza su viaje al interior de sí mismo no exento de autocrítica: con las primeras matanzas, me fui, escapé; seguí teniendo las manos limpias. Mi cobarde privilegio de desertor honrado. ¿Cuánto de Amin Maalouf no hay detrás de estas palabras?

Mourad muere antes de llegar a encontrarse con Adam y éste siente la necesidad de estar solo y reencontrarse con sus recuerdos a través de sus escritos. Todo su pasado, postergado durante veintitantos años, está volviendo a él con una fuerza inusitada y no desea más que abrirle la puerta. El no haber visto a su amigo vivo no le importa, es más, le satisface este epílogo ya que encuentra en él un toque de elegancia moral: la muerte tiene su sabiduría propia, hay veces en que vale más dejar las cosas en sus manos que en las de uno mismo. Y comienza a recordar cómo y dónde se conocieron. En la universidad, octubre de 1971, un grupo de amigos entre los veintitrés y los diecisiete años entrábamos en la vida estudiantil con una copa en la mano y la rebeldía en el corazón. Querían cambiar el mundo. Pero llegó la guerra y todo se corrompió: la amistad, el amor, la abnegación, las afinidades, la fe; y la fidelidad. Y también la muerte. Mis amigos eran de todas las confesiones; y todos consideraban un deber, una coquetería, burlarse de la suya; y, luego, afectuosamente, de las de los demás […] Nosotros que nos jactábamos de voltairianos, de camusianos, de sartrianos, de nietzscheanos o de surrealistas, volvimos a ser cristianos, musulmanes o judíos. Mourad y él eran muy diferentes: aquel sentía su país como suyo y Adam siempre se sintió como un invitado, incurablemente forastero. Antes que él, se marchó Naím, judío, de los últimos que quedaban en el país. Él y su familia se marcharon a Brasil en 1973. El grupo comenzaba a disgregarse. El siguiente fue Bilal. Un ser puro que escogió las armas: un ser enajenado pero puro, sí, y sin mezquindad. Fue abatido en un tiroteo entre dos grupos armados. El siguiente en irse fue él.

De nuevo en el presente, Adam se niega a pronunciar unas palabras en las exequias de Mourad: no quiere mezclarse con gente que se manchó con la guerra, pero, a la vez, un fuerte deseo de quedarse se apodera de él, acababa de empezar a recuperar sus puntos de referencia. Además, Tania le transmite su anhelo de volver a ver a todos los amigos reunidos de nuevo. Adam idea un plan que le permita quedarse pero alejado de todo “ruido” para continuar recordando con calma lo que fueron aquellos años: refugiarse en el hotel que regenta otra de sus antiguas amigas: la bella Semiramis. Un idílico lugar en medio de la naturaleza y con una anfitriona con la que no llegó a vivir una historia de amor muy deseada en el pasado. Esta es una mujer serena, que también se quedó en el país, que transmite equilibrio, seguridad e independencia. Vive su vida en soledad rodeada de numerosos libros.

Ya instalado en el hotel, Adam continúa con sus recuerdos. Explica el porqué de su marcha: sólo veía a mi alrededor violencia y regresión. En este universo levantino que se iba oscureciendo sin parar, ni estaba ya mi lugar, ni quería buscarme uno. Adam, al contrario que Mourad, no siente un apego grande a su país: nací en un planeta, no en un país. Pasaron los años postergando continuamente su vuelta: no regresaría a vivir a mi país hasta que fuera otra vez el que yo había conocido. Sabía que era imposible, pero aquella exigencia no era negociable. Y sigue sin serlo.

Adam revisa cartas que le enviaron sus amigos a París no exentas de reproches por su marcha y por no querer volver. Como apunta Monichampi, Tania le acusa: ¿Que te decepciona un amigo? Deja de ser tu amigo. ¿Que te decepciona tu país? Deja de ser tu país. Y como eres fácil de decepcionar, acabarás por verte sin amigos y sin patria. Y a continuación, Tania describe, muy certeramente, lo que es este país levantino: será siempre un país de facciones, de desorden, de favores bajo cuerda, de nepotismo, de corrupción. Pero es también el país de la dicha de vivir, de la calidez humana, de la generosidad. Y de tus amigos más ciertos. Adam sabe que si hubiera vuelto en algún momento, se hubiera quedado, pero si no lo hizo fue porque de lo que no puede uno reponerse es de la desaparición del porvenir. El país cuya ausencia me entristece y me obsesiona no es aquel que conocí en la juventud; es aquel que soñé y que nunca pudo ver la luz. Todo lo que escribe Adam es un diálogo interminable conmigo mismo.

Y aparece Albert, el amigo de la infancia, el niño que nunca tuvo familia, que siempre estuvo solo. A través de sus cartas durante la guerra, en las que continuamente se está quejando de todos los inconvenientes, Adam recuerda la amistad tan especial que siempre tuvo con él. Y recuerda, recuerda hasta llegar hasta ese día de 1979 en el que le comunica por carta que se va a suicidar porque ya no aguanta más la vida ni a ese país. A partir de ahí, comienza una historia delirante en la que Albert ve fraguado su suicidio por un secuestro muy propio de la época y del país. Adam nos lo detalla con todo tipo de detalles, no exentos de comicidad, porque finalmente el secuestro le salva la vida. A él, además, que siempre ha estado tan alejado de la política.

Percibo cómo el autor, más que narrarnos la guerra, nos habla de la influencia, enorme, que tuvo en cada uno de ellos. No hay datos, fechas, batallas, descripciones… también porque el autor no quiere en ningún momento decirnos que está hablando del Líbano, prefiere que se quede en la idea de un país impreciso y, por tanto, los datos son también imprecisos. El autor escoge centrarse en las historias personales, en los estados de ánimo de cada uno de ellos. La guerra queda difuminada como un telón de fondo de sus vidas.

El final de cuarto día y, por lo tanto de esta primera parte de nuestra lectura, termina con el inevitable encuentro sexual entre Adam y Semiramis, propiciado por ésta. Se veía venir y más desde que, cenando, ambos recuerdan cómo se conocieron y cómo no ocurrió nada entre ellos en aquel momento aunque ambos lo deseaban fervientemente. El paso del tiempo no ha atemperado su deseo y, finalmente, ambos dan rienda suelta a su sentir.

Me gustaría que fuerais comentando esta parte así como qué es lo que opináis de los diferentes personajes que van apareciendo en la historia. También podéis comentar las interesantes conversaciones que tienen lugar entre ellos a través de las cuales se van perfilando sus personalidades.

Plazos

Continuamos con la lectura a partir del capítulo Quinto día (pág. 129) hasta el final del capítulo Séptimo día (pág. 269). Lo leeremos a lo largo de una semana más o menos. Mientras leemos esta segunda parte, comentaremos esta primera parte de la lectura.

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11 comentarios to “Al volver a mi tierra inundada”

  1. jose vicente 27 de noviembre de 2014 a 16:50 #

    Hola amigos: Cuando me enteré de que el libro que íbamos a leer era “Los desorientados” de Amin Maalouf me llevé una alegría.
    Amin Maalouf es uno de los autores que más me gusta, el primer libro que leí de él fue “Identidades Asesinas”. Me parece un autor muy sensato y reflexivo sus libros destilan madurez e inteligencia.
    En el inicio de esta novela nos dice:.
    “Llevo en el nombre a la humanidad naciente pero pertenezco a la humanidad que se extingue”. Más adelante nos explica “Me ha tocado hacerme cargo de las extinciones”….En estas primeras páginas creo que explica la razón de la novela, donde nos habla de identidad, y sobre todo las razones por las que abandonó su país.
    La llamada de la mujer de su “antiguo amigo” Mourad, es el comienzo de una vuelta o regreso a su “antiguo país” levante.
    Durante el relato nos narra las razones por las que abandonó su “antiguo país” y nos explica (o se explica a si mismo) cuales fueron sus reflexiones a favor y en contra de esta decisión. Actúan a favor Albert y en contra Mourad. Yo la verdad es que ya leí un poco más del libro pero no os voy a desvelar nada más, a mi me parece muy interesante- Un saludo.

  2. Gloria 27 de noviembre de 2014 a 22:49 #

    El personaje de Mourad me produce mucha tristeza por el destino tan trágico de acabarte “manchando las manos” y renunciando a tus valores por concesiones que en un principio piensas que no te van a atrapar. Indudablemente podemos elegir, pero en determinadas circunstancias y en una situación de guerra nuestros comportamientos pueden acabar alienandonos y creo que se puede adoptar comportamientos que serían incomprensibles en una situación normal. Me parece que Adam con respecto a él se mueve en la ambigüedad y es hasta cierto punto hipócrita ya que, aunque reconoce que si se hubiera quedado en su tierra probablemente se habría portado como él, lo juzga sin contemplaciones que no aplica a su propio comportamiento. Las palabras de Tania me parecen muy acertadas “¿Que te decepciona un amigo? Deja de ser tu amigo. ¿Que te decepciona tu país? Deja de ser tu país”. No hay emoción ante el posible reencuentro con su amigo y, una vez muerto, se demuestra completamente insensible para mi gusto.

  3. Gloria 27 de noviembre de 2014 a 23:15 #

    ” todo hombre tiene derecho a irse; es su país quien tiene que convencerlo para que se quede “(pág. 68).Me parece un razonamiento muy original sobre todo contrapuesto a lo que J.F. Kennedy plantea en su discurso y desde su posición.Nunca lo había visto de esa manera pero,en la situación actual que estamos viviendo en nuestro país, comprendes muy bien el razonamiento.

    Creo que efectivamente, como comenta Chus, el viaje de Adam se realiza en abril del año 2001 y que ha salido del país en 1976, un año después de que comenzase la guerra civil en el Líbano (1975-1990).El propio escritor Amin Maalouf también lo abandona al comenzar la guerra en 1975, parece ser que fue a partir del mes de abril que se extendió por todo el país.

  4. saevor 29 de noviembre de 2014 a 16:22 #

    Pues, la verdad, a mí esta lectura se me ha atascado un poco y no consigo avanzar. A ver si en los próximos días consigo leer algo más y ponerme al día. Por ahora no es que me haya entusiasmado demasiado.

  5. Luisa 29 de noviembre de 2014 a 21:54 #

    Hola a todos, estoy más a menos en la mitad del libro. Me gustó el comienzo y me gusta poder conocer algo más sobre lo que fue la guerra del Líbano, como hubo una transición de un país próspero y moderno, la llamada Suiza. de Oriente donde el protagonista y sus amigos pertenecen a una clase social alta económica e intelectualmente, a un país destrozado por el sinsentido de la lucha. Hay reflexiones y diálogos realmente interesantes.

    Sin embargo, aunque me entretiene, no me atrapó totalmente, a veces el ritmo es demasiado lento, otras veces lo encuentro un poco deslavazado, insulso, es como hacer un puzzle de forma algo desordenada. Espero cambiar de opinión cuando termine la novela.

  6. Kelly 2 de diciembre de 2014 a 0:23 #

    Hola a todos,
    Como dice José Vicente; por su sensatez, su moderación, su inteligencia,… a mi también me parece un excelente autor y todas las obras que he leído de él me han gustado mucho, espero que ésta también.
    Lo que más me ha impresionado de ésta primera parte es la primera página, que me parece fascinante, creo que en ella se resume todo lo que serán las diferentes reflexiones a las que nos conducirá el resto de la novela: la humanidad y sus debacles,… seré no el primero sino el último de todos los míos, el depositario de penas acumuladas, desilusiones, vergüenzas….hacerme cargo de la extinción…intentar retrasar un naufragio…los niños perdidos….realmente fascinante, pero terriblemente trágica y desesperanzadora.
    Creo que lo que trata de justificar es su actitud ante la guerra que se vive en su país: su huida, pero al mismo tiempo cuando vuelve a enfrentarse con su pasado, parece que intenta justificar también a todos y cada uno de sus amigos e sus diferentes decisiones.
    A mí esto me parece muy interesante, los diferentes decisiones en puntos límites,el intentar enfocar desde varios puntos de vista la misma vivencia trágica de la historia; aunque reconozco, como dice Luisa, que tanta ambigüedad y duda parece que ralentiza demasiado el curso de la narración.
    En algún sentido me recuerda el libro de Clara Usón, reflejando las diferentes actitudes de una pandilla de jóvenes amigos que deben enfrentarse a los horrores de la guerra desde sus diferentes perspectivas en el conflicto de Yugoslavia.
    Me interesa mucho cómo resuelve el tema de la muerte del amigo, puesto que él cree que no se debe perdonar a los muertos, pero está dispuesto a representar la farsa del perdón; realmente nunca lo había pensado, pero creo que yo haría lo mismo aún sabiendo que es pura hipocresía, en el momento definitivo me faltaría valor…
    Me resultan excesivas y demasiado rocambolescas la historia del secuestro de Albert…y también la historia de las dos amigas repartiendoselo como si fuera una mercancía…demasiado rebuscadas para mi gusto.
    Respecto al nombre de Adam, no sé como continuará, pero parece que con ese nombre pretende universalizar la narración, y que él somos todos, con nuestras dudas, nuestras contradicciones, nuestras cobardías…

    • Ciberclub de lectura 2 de diciembre de 2014 a 0:54 #

      Excelente comentario Kelly, estoy totalmente de acuerdo contigo en todo. A mí también me emocionó mucho la primera página y cuando la leí pensé: este libro promete. Las situaciones límites y las diferentes maneras de reaccionar ante ellas son toda una lección de vida. Y sí, estoy de acuerdo: Adam somos todos.

  7. Gloria 2 de diciembre de 2014 a 13:04 #

    Pues por mi parte la historia de Semiramis Adam y su novia me parece admirable. Semirais siempre fue la asignatura pendiente de Adam. El regreso al Libano es una vuelta a su juventud, ideales,etc. Existen relaciones de pareja abiertas y la petición de Semiramis a la pareja de Adam me parece un rasgo de sinceridad y de verdadera amistad hacia ésta. La monogamia es algo establecido artificialmente porque permite en las sociedades humanas el mantenimiento de la prole. La generosidad mostrada por la pareja de Adam es una muestra de su amor inmenso que pone por delante el bien del ser amado antes del sentimiento de posesión. Puede no suceder nada, per es entendible que en el entorno emocional de reencuentro con tu historia personal hayan quedado cosas pendientes, cuya resolución te proporcionará un sentimiento de plenitud , de comprensión hacia tu propia historia personal, de paz contigo mismo que a la larga incrementará tu amor por la persona que ha antepuesto tu bien a su propio interés y ha demostrado una tremenda generosidad. Para nada, en mi opinión, Adam es una mercancia.
    No se si os acordais de una pelicula española que se titula “asignatura pendiente” , la interpretaba Fiorela Taltoyano y creo recordar que iba de este tema.

  8. Irene 3 de diciembre de 2014 a 21:00 #

    Hola a tod@s!!!
    Yo no he leído nada de este autor, era una de mis lecturas pendientes.
    Me está resultando muy interesante porque me permite acercarme a un conflicto, lugar y momento que, pese a quedarme lejanos en el espacio y tiempo, están de plena actualidad.
    La manera de contárnoslo, a través de las decisiones y de las historias particulares de ese grupo de amigos, también me parece un acierto, puesto que, por lo menos a mí y a esta altura de la lectura, me hace pensar y plantearme qué haría en su lugar, qué deberían hacer ellos, por qué…pero entiendo que, desde este lado del mundo no podemos juzgar ni aventurarnos a tomar parte por ninguno de ellos…
    Coincido con Kelly en considerar un poco “forzadas” las historias del secuestro y de la “infidelidad consentida”, pero también creo que es un mensaje más que nos lleva a pensar que, en cierto modo y en cuanto a la historia de Albert, no todo está perdido, resulta paradójico que algo que debería terminar en tragedia sea lo que realmente te salve la vida…En cuanto a la infidelidad no me atrevo a posicionarme, creo que sólo viviendo esa situación en primera persona se puede comprender cada postura.
    Como ya he dicho, me resulta muy interesante tanto la forma de narrarlo como el trasfondo histórico que envuelve toda la historia, sin embargo, no estoy avanzando todo lo que me gustaría, hay días que casi abandono a las dos páginas, y eso tiene un poco que ver con el ritmo al que se refieren Luisa y Kelly.

    • jose vicente 4 de diciembre de 2014 a 11:43 #

      Hola amigos; A mi me parece que la historia que surge entre Semi y Adam, es muy hermosa, donde se hace realidad una fantasía erótica que surge de un amor platónico de juventud, es más creo que Adam fue al Auberg Semiramis no sólo para pasar unos días de reflexión sino para……Pero puestos también a pensar que diría Adam si fuera a Dolores a quien le pasara lo mismo.
      En cuanto a lo que le pasó a Albert a pesar de que es una situación muy rocambolesca me parece por lo absurdo que es perfectamente creible el entorno de una guerra tan absurda.
      Un saludo

  9. fjbarral 5 de diciembre de 2014 a 14:10 #

    Un saludo a tod@s,
    En primer lugar comentar que hace tiempo leí que el nombre bíblico del primer Hombre (ya que se creó a la especie, hombre y mujer), Adam (con m), viene del sumerio y quiere decir “molde”. Así que Díos creo a “el molde” (Adam) … el modelo de la humanidad, no sólo una persona original.
    Esta idea creo que es importante en la historia ya que se describe con humanidad las acciones y sentimientos de un grupo, desde la perspectiva de uno de ellos. Con sus virtudes y defectos, pero asumiendolos como buenos ambos si son sinceros.
    Este autor me gusta desde el primer libro que leí (El viaje de Baldasare) y después por esa grandiosa historia de amor levantino de “Escalas de levante”, por su humanidad, por el reconocimiento de las personas integral tanto en sus buenas acciones como en sus equivocaciones. Y porque, también en este libro, nos lleva de forma sutil y respetuosa por el recorrido de las personas a través, fundamentalmente, de sus sentimientos.
    En este libro se nos presenta Adam como narrador describiendo sus opiniones presentes (pasado ya el tiempo) y también las pasadas (a través de lo que escribe en la libreta), de la aproximado y de lo que es referencia textual de lo que se dejó constancia. De forma que nuestra vida es consecuencia de nuestro camino temporal pero también es lo que conocemos y lo que desconocemos, hechos y suposiciones. Para ello construye pues una historia que transcurre a varios niveles: entre el pasado y el presente, entre los hechos y las impresiones acertadas o no, de forma que nos apunta que somos consecuencia de muchos factores. Adam podemos ser todos en cuanto a que somos humanos, y profundizando en los sentimientos de un individuo nos podemos ver reflejados, no como un mero símbolo sino como especie. Y ésto lo hace muy bien el autor. Así, ninguna historia sobra, y lo ocurrido con Semiramis es importante y bello cuando se llega en la forma que se nos presenta, por lo que no se debe analizar friamente de forma separada porque podría adquirir otro significado o resultar incluso ridículo si no se tienen en cuenta los sentimientos.
    Para mí, este autor tiene la habilidad de llevarnos a zonas de nosotros mismos con delicadeza, y así, es tan importante el camino (la forma en que nos hace llegar) como lo que nos muestra.

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