Los desorientados: la historia de una generación rota por la guerra y el exilio

21 Nov

Después de diez años sin publicar ficción, Amin Maalouf vuelve a ella con Los desorientados. A lo largo de estos diez años el autor ha publicado diversos ensayos sobre las relaciones y la problemática entre las diferentes culturas, uno de sus temas clave, incidiendo, como siempre, en la necesidad de la tolerancia y la fraternidad entre los pueblos. Esta novela se mueve en el mismo terreno pero centrándose en lo personal. La pérdida de la identidad, el exilio forzado, la amistad, la pasión, el amor, la religión, los ideales perdidos, el compromiso, la traición y, de fondo, el choque de culturas. Como afirma el autor: tengo, desde hace años, la impresión obsesiva de que el mundo al que pertenezco se desdibuja más cada día, y que podría desaparecer estando yo vivo. Mi novela ha nacido de ese sentimiento. En Los desorientados, me inspiro con mucha libertad en mi propia juventud. La he pasado con amigos que creían en un mundo mejor. E incluso si ninguno de los personajes del libro corresponde a una persona real, ninguno es enteramente imaginario. Me he nutrido de mis sueños, de mis fantasmas, de mis remordimientos, tanto como de mis recuerdos. En esta novela, Maalouf regresa a su país natal con la necesidad de revisar su pasado y todo lo ocurrido en Líbano desde que se exilió a Francia en 1975.

Adam, una especie de alter ego del escritor, es un reputado historiador libanés que vive en París desde que se exilió debido a la guerra que asoló a su país en los años setenta. Atrás deja un heterogéneo grupo de amigos (musulmanes, judíos, cristianos… reflejo de la buena convivencia entre las diversas culturas y religiones que existía hasta ese momento en su país) al que los enfrentamientos obligan a tomar distintas decisiones. Hasta ese momento todos han compartido un sueño común: un mundo mejor. Los integrantes de “El Círculo de los Bizantinos”, que es como les llamaban, pretendían cambiar el mundo. Pero la guerra irrumpió separándolos y haciendo que los que cambiaran fueran ellos. Algunos se fueron al exilio y otros optaron por quedarse en el país y Adam se pregunta qué es mejor, si la elección de un exilio dorado o quedarse y enfrentarse a una situación sin elección posible. El protagonista ha olvidado, aparentemente, todo su pasado hasta que veinticinco años después recibe una llamada que le llevará a enfrentarse de nuevo a todo lo que ha querido dejar atrás. Mourad, uno de los amigos con el que se enemistó, está gravemente enfermo y quiere volver a verle para reconciliarse con él. Adam deja atrás las rencillas pasadas y vuela a su país natal sin pensárselo demasiado. Este hecho será el motor que desencadene sus recuerdos de un tiempo mejor y su reencuentro con una tierra en realidad nunca olvidada. Una vez allí querrá volver a saber qué fue de cada uno de los amigos e, improvisadamente, pondrá en marcha un encuentro con todos ellos. El pasado se apodera de él y lo que iba a ser una estancia muy corta se alarga a lo largo de dieciséis días en los cuales se encuentra con los que se quedaron allí y entra en contacto por mail con los que, como él, se exiliaron. Pareciera que Adam busca la remisión, el perdón por el exilio a través del contacto con los que optaron por permanecer en el país. Finalmente el viaje físico se convierte en un viaje al interior de sí mismo.

Los personajes son estereotipos: hay un antiguo amor, la bella Semiramis, que le acoge en su encantador hotel con la intención de recuperar el tiempo perdido, un judío, un político corrupto, un hombre de negocios de éxito, un islamista, un cristiano, un monje, un exiliado en Estados Unidos que trabaja para el gobierno, otro que optó por la lucha armada y murió… Todos fruto de una guerra desoladora que acabó con su sueño de convivencia y paz. El libro está plagado de conversaciones interesantísimas sobre los más diversos temas en los que el autor profundiza ayudándonos a entender mejor el conflicto entre el mundo occidental y el mundo árabe así como las diferencias entre estos que se han ido agudizando como consecuencia de tantos desastres consecutivos. El posicionamiento del autor es claramente a favor del entendimiento: conciliación, diálogo, comprensión, tanto a nivel personal como político. Recurro de nuevo a palabras de Amin Maalouf: la diversidad en sí misma no es ni una bendición ni una maldición. Es sencillamente una realidad, algo de lo que se puede dejar constancia. El mundo es un mosaico de incontables matices y nuestros países, nuestras provincias, nuestras ciudades irán siendo cada vez mejor a imagen y semejanza del mundo. Lo que importa no es saber si podremos vivir juntos pese a las diferencias de color, de lengua o de creencias; lo que importa es saber cómo vivir juntos, cómo convertir nuestra diversidad en provecho y no en calamidad.

Los desorientados está contada por dos voces narrativas: un narrador en tercera persona omnisciente que nos va a proporcionar una visión más global de la historia y otro en primera persona, el propio Adam a través de su diario personal, que nos aporta la parte más íntima y sincera. La novela está dividida en dieciséis capítulos que corresponden a los dieciséis días que pasa el protagonista en su país pero la acción, gracias a las notas personales de Adam, se mueve desde el presente hasta casi treinta años atrás. El estilo es sencillo, elegante, pausado, fluido y ameno.

El título hace mención a la desorientación de los personajes que ven como desaparece el mundo en el que crecieron y se las tienen que arreglar como pueden sin referencias posibles así como a la desorientación del mundo en general.

En la novela nunca se dice de qué país se trata: ¿ese país que no se nombra nunca es el país en el que he pasado yo mismo mis años de juventud? Sí y no. Lo he cogido indudablemente como modelo, pero sería vano buscar referencias precisas a lugares o fechas. Lo que acabo de decir no es, sin embargo, más que una explicación a posteriori. La verdad es que no he sentido, en ningún momento, que tuviese que llamar a ese país por su nombre. Lo cual es sin duda revelador de los sentimientos complejos que me inspira todavía. Y que me inspirará hasta el fin de mis días.

Os dejo un par de enlaces a sendas entrevistas a Amin Maalouf sobre la novela. Una concedida a El País y otra a Europa Press. Iba a incluir una entrevista que le hizo “Revista de letras”, a mí parecer la más interesante y completa, pero se me ha adelantado Susana que ha dejado el link en los comentarios del anterior post. Leedla. Merece la pena. Gracias Susana.

Plazos
Como el libro es muy largo, más de quinientas páginas, vamos a dividir la lectura en cuatro partes. La primera, a la que dedicaremos más o menos una semana, nos llevará hasta la página 125, final del capítulo que corresponde al Cuarto día. Podéis ir dejando en este post vuestras impresiones iniciales sobre la lectura para pasar ya a comentar con más profundidad esta primera parte en el siguiente post.

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3 comentarios to “Los desorientados: la historia de una generación rota por la guerra y el exilio”

  1. Gloria 25 de noviembre de 2014 a 22:28 #

    Es el primer libro que leo de este autor y me ha encantado. Aunque es bastante”sesudo” en algunos puntos,rozando el ensayo, su escritura es ágil y ligera. Lo que más me ha interesado es su tratamiento de la incomprensión /rivalidad entre oriente y occidente y sus reflexiones sobre el exilio. La elección de la cubierta del libro me parece acertada y la cita de Simone Weil simplemente perfecta.

  2. monichampi 26 de noviembre de 2014 a 13:50 #

    Se presentan diversas soluciones o respuestas para afrontar la guerra: el exilio de Adam, la permanencia de Mourad-Tania y la negación a la vida de Albert. Me parece muy acertado el juego que realiza el autor a través del secuestro de Albert, quien no tiene familia para solicitar rescate y a quien no le importa seguir viviendo.
    Dejo unas líneas de la carta de Tania que me han gustado mucho: <>

  3. monichampi 26 de noviembre de 2014 a 13:55 #

    “¿Que te decepciona un amigo? Deja de ser amigo tuyo. ¿Que te decepciona un país? Deja de ser tu país. Y como eres fácil de decepcionar, acabarás por verte sin amigos y sin patria.”

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