Cómo se viene la muerte

30 Jun

Que se marche la violencia. Foto en flickr de Tonari no Totoro. Algunos derechos reservados.

Los tiempos felices se agotan, desaparecen. El motivo es la muerte en 1972 de su hermana Marta, con sólo 16 años, de un cáncer y, quince años después, en 1987, la de su padre, que con 65 años fue asesinado. De estas muertes habla fundamentalmente esta segunda y última parte del libro.

Y después de ese paréntesis de felicidad casi perfecta, que duró algunos años, el cielo, envidioso, se acordó de nuestra familia, y ese Dios furibundo en el que creían mis ancestros descargó el rayo de su ira sobre nosotros que, tal vez sin darnos cuenta, éramos una familia feliz, e incluso muy feliz.

El autor nos habla por fin de sus hermanas narrándonos sus amoríos, y posteriores bodas, como introducción a la historia de Marta: y ahora tengo que contar la muerte de Marta, porque eso partió en dos la historia de mi casa. Marta era la artista de la familia (la portada del título lo constata: una foto de niña con un violín, su primera pasión), inteligente, buena, la preferida de su padre como el autor nos dice. Se decantó por la música pero todo lo hacía bien: yo, de entrada, me había rendido ante su superioridad. En cuatro meses la muerte se la llevará a pesar de todos los intentos por curarla. El autor narra y describe los hechos con toda minuciosidad, con la distancia y la contención, a las que ayuda el tiempo que ha pasado, con que está escrito todo el libro. Hay pocas reflexiones ante un hecho tan terrible como es la fulminante muerte de alguien querido a tan temprana edad. A continuación de narrar el entierro de su hermana, hay un “flash forward” de quince años que nos lleva al entierro de su padre y lo que aconteció allí. Las dos muertes de seres tan amados que acaban con la felicidad de la familia.

Estoy seguro de que mi papá no padeció la tentación del martirio antes de la muerte de Marta […] Cuando uno lleva por dentro una tristeza sin límites, morirse ya no es grave. Aunque uno no se quiera suicidar, o no sea capaz de levantar la mano contra sí mismo, la opción de hacerse matar por otro, y por una causa justa, se vuelve más atractiva si se ha perdido la alegría de vivir. A partir de ese momento, Héctor padre se compromete hasta la locura con batallas imposibles, con causas desesperadas. Su lucha social se hace mayor aún si cabe: Si me mataran por lo que hago, ¿no sería una muerte hermosa?, se preguntaba mi papá cuando algún familiar le decía que se estaba exponiendo mucho en sus denuncias de torturas, secuestros, asesinatos o detenciones arbitrarias, que fue a lo que se dedicó en los últimos años de su vida, a la defensa de los derechos humanos. Todavía siendo profesor universitario se sumergió de lleno en las manifestaciones de los estudiantes y los profesores que se enfrentan al Ejército que había ocupado la universidad. Después de una jubilación obligada y no deseada, además de leer, escuchar música, llevar un programa de radio, escribir artículos de prensa y cuidar de sus amadas rosas, trabajó sin descanso en el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos de Antioquia, el cual presidía.

Antes de esto, en 1978, los dos, padre e hijo, pasan casi un año en Ciudad de México. El autor tiene 19 años y para él esta estancia es decisiva. Decisiva porque entra en contacto con escritores, asiste a talleres de escritura, lee sin parar (En busca del tiempo perdido de Proust será la obra que más le marque) y es en ese momento cuando se fragua su vocación que le llevará más tarde a convertirse en escritor. Y es entonces, también, cuando yo me di cuenta de que debía separarme de él, así fuera matándolo […] Un papa tan perfecto puede llegar a ser insoportable […] Es como si uno, de todos modos, en ese final de la adolescencia, no necesitara un aliado, sino un antagonista. Héctor ha llegado al clímax de su dependencia y comunión, tiene la edad de querer volar libre, y aunque no lo conseguirá hasta el año 82 en que se casa y se va a vivir a Italia (creo que realidad sólo me liberé de él, de su excesivo amor y de su trato perfecto, de mi excesivo amor, cuando me fui a vivir a Italia), en ese momento intenta, en una delirante escena, matarle y matarse él poniendo a toda velocidad el auto en el que viajan. No lo consigue y todo queda como una anécdota plena de significado de ruptura con la infancia y con el papel tan predominante que el padre había tenido en su vida.

En Colombia crecía de nuevo la epidemia cíclica de la violencia […] y esta pestilencia, a mediados de los años ochenta, tenía la cara típica de la violencia política. El Estado, concretamente el Ejército, ayudado por escuadrones de asesinos privados, los paramilitares, apoyados por los organismos de seguridad y a veces también por la policía, estaba exterminando a los opositores políticos de izquierda, para “salvar al país de la amenaza del comunismo”, según ellos decían. Más claro y contundente no puede ser. Y el padre habla, escribe, denuncia, exige con la única arma que le quedaba: la libertad de pensamiento y expresión: la palabra, las manifestaciones pacíficas de protesta, la denuncia pública de los violadores de todo tipo […] Publicaba artículos en los que señalaba a los torturadores y a los asesinos. Denunciaba cada masacre, cada secuestro y la única respuesta que obtiene del Gobierno es el silencio, la indiferencia, el desdén y las acusaciones injustas de ser un aliado de la subversión.

El autor detalla el horror de las torturas y pone nombres y apellidos a los asesinados en un intento de que no caigan en el olvido, en el olvido que seremos. El padre empieza a sufrir amenazas pero él sigue incansable su lucha, ingenuo, como le tilda el hijo, apasionado, lanzado en un camino ya sin retorno. Héctor entresaca fragmentos de sus artículos para que conozcamos mejor la obra de su padre pero también dedica un capítulo a hablar de sus debilidades, sus defectos, sus errores para no caer en la hagiografía. Entre estos habla de su debilidad por la belleza, nombrando la película Muerte en Venecia, que yo no acabo de entender, ¿y vosotros?, ¿alguien me puede aclarar este pasaje?

Antes de narrar con todo detalle los hechos del asesinato de su padre, el autor reflexiona sobre la inevitable muerte que a todos nos va a llegar un día, transcribiendo los hermosos versos de las Coplas de Jorge Manrique por la muerte de su padre y añade: este libro es el intento de dejar un testimonio de ese dolor, un testimonio al mismo tiempo inútil y necesario.

El padre estaba preparado para morir, no le temía a la muerte pero quería vivir: ojalá que no me maten: quiero morir rodeado de mis hijos y mis nietos, tranquilamente […] una muerte violenta debe ser aterradora, no me gustaría nada. Sobrecogedoras estas palabras. Los hechos son reconstruidos por el autor paso a paso, incluso se pone en la piel del padre en el momento en que cae abatido por las balas. Da voz a sus hermanas que cuentan cómo recibieron la noticia y de qué manera reaccionó cada una. Es hermoso el párrafo en que narra cómo se sintió él al lado del cadáver ensangrentado de su padre. El último artículo, publicado postmortem, se titulaba “¿De dónde proviene la violencia?” y contesta: esta violencia nace del sentimiento de desigualdad.

El autor finalmente reflexiona sobre qué le ha llevado a escribir este libro: para que se sepa. Para alargar su recuerdo un poco más, antes de que llegue el olvido definitivo […] poner en palabras la verdad, para que ésta dure más que su mentira. No hay afán de venganza porque su padre les enseñó a no tenerla: los tristes asesinos que le robaron a él la vida y a nosotros, por muchísimos años, la felicidad e incluso la cordura, no nos van a ganar, porque el amor a la vida y a la alegría (lo que él nos enseñó) es mucho más fuerte que su inclinación a la muerte.

Y termino con estas palabras del autor: la única venganza, el único recuerdo, y también la única posibilidad de olvido y de perdón, consistía en contar lo que pasó, y nada más. Y eso es lo que ha hecho Héctor Abad Faciolince con sabiduría, con mucho amor, con inteligencia, con la verdad y con una cordura que no ha perdido en ningún momento del relato de los hechos.

Plazos
Es vuestro turno de comentar esta segunda parte y todo el libro en general. Tenéis una semana para hacerlo. Animo a los que todavía no habéis comentado nada a que lo hagáis. Es un libro para hablar largo y tendido. Si estuviéramos cara a cara lo haríamos ¿no? Pues entonces, venga, hagámoslo por escrito que es nuestra manera en este Club Virtual.
Después haremos una pausa en nuestras lecturas pues nos iremos de vacaciones estivales hasta septiembre que ¡también las necesitamos!

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12 comentarios to “Cómo se viene la muerte”

  1. Marta (two) 30 de junio de 2014 a 16:07 #

    Buenas tardes:
    Leí hace un par de años esta novela, y estoy disfrutando mucho la relectura.
    Explica la estrecha relación entre un niño y su padre, que el hijo describe con afecto y adoración, idealizando totalmente la figura del padre. Desde mi punto de vista, excesivamente permisiva y proteccionista: sino quiere ir al colegio no va, sino quiere trabajar, no trabaja. Mientras la infancia lo permita, el que decide es el hijo, ya vendrá la vida después a exigir otras cosas, disfrutemos los primeros años.
    No creo que nazcamos “buenos” o “malos”, sino que venimos al mundo con un tipo determinado de personalidad, que determina nuestra forma inicial de reaccionar, pero que podemos modificar con el aprendizaje, el entrenamiento y los palos que da la vida para bien y para mal. No creo que se quiera menos a un hijo por obligarle a irse responsabilizando poco a poco de sus obligaciones y no creo que los mimos excesivos permitan a alguien enfrentarse adecuadamente a la dureza de lo que viene, pero bueno, es una opinión.
    También me llama la atención la complementariedad de los padres: padre idealista y ateo pero poco práctico (incapaz de mantenerse a sí mismo y a su familia) y madre religiosa pero realista (independiente económicamente, llevando a cabo una liberación de la mujer sin querer ponerle el nombre).
    Una de las cosas que más me interesan de la novela es su parte social. La que describe, cómo en los años 60-70 (hace relativamente tan poco) las causas de enfermedades eran evitables: alimentación, canalización adecuada de aguas, medidas de salud pública… en las que el padre se implica, hasta poner en juego su propia vida, intentando cambiar la situación.
    Gracias a gente como ésta (serían otros muchos, menos mal) modificaron totalmente las condiciones de vida que nos ha tocado vivir a nosotros (no tan diferentes un siglo atrás en nuestro país). Lo de la ideología me da igual, parece de sentido común defender al pobre, al ignorante, al que no puede defenderse, al que no tiene recursos ni económicos ni mentales para sobrevivir. Lo que determina la salud son cosas básicas: agua, higiene, alimentos. Todo esto genera más salud que los grandes hospitales con tecnología punta. Llama la atención que fuese tan peligroso cambiar la situación. Da que pensar.
    Un saludo.

  2. Yago 1 de julio de 2014 a 3:25 #

    buenos días, tardes o noches a todos y es especial a nuestra amiga Chus por el esfuerzo que tiene que suponerle animarnos y dirigirnos.
    Me dice Chus que explique un poco más mi comentario porque he dejado más oscuros que claros sobre el paisaje de esta novela.
    Mientras leía “El olvido que seremos” en su primera parte esperaba ir descubriendo la vida del Dr. Héctor Abad en lo profesional, en lo político, familiar…o al menos, llegar a conocerlo en alguno de estos campos a través de su hijo lo que daría un “plus” de afectividad muy interesante.
    Pienso que en la primera parte el autor se ve obligado a llenar páginas con opiniones personales de si mismo debido a que sencillamente era una criatura cuando ocurrían los hechos que quiere narrar.
    Ya escribí que quien consideraba que era marxista, ateo y liberal es Héctor Abad…y no su señor padre. En la página 117 el autor escribe: “mi papá, que según los días se declaraba agnóstico o creyente en las enseñanzas humanas de Jesús, o ateo de la tierra…” me hace pensar que el radicalmente ateo es el hijo. En la página 95 se nos cuenta cómo el doctor se indigna por haber convertido los marxistas la capilla de la universidad en edificio para tareas diversas (teatro,….) o en la página 81 regresa de su viaje a la U.R.S.S. decepcionado una vez visto “el marxismo aplicado” y piensa que debería desarrollarse en América Latina un “socialismo latinoamericano”. Abad Gómez no se considera marxista.
    En cuanto a no ser liberalista pienso que me expliqué mal. No me refiero a un ideario, me refiero al Partido Liberal de Colombia…no era así un hombre políticamente esclavizado.
    Y volvemos así a mi comentario básico. El autor al carecer de datos con los que llenar páginas sobre la vida de su padre durante la primera infancia del autor termina dejándose llevar y expone su propio pensamiento…su propio decálogo vital y no el de su padre.
    Es este último párrafo el que explicaría esa idea en la que indico que la figura del Dr. Gómez se diluye. El autor, vuelvo a indicar queriendo mostrarnos la figura de su padre llena vacíos con pensamientos propios y anula así la imagen que nos está queriendo ofrecer de su padre. Diría que por momentos pasamos de una biografía a una autobiografía. ¿no sería interesante conocer con mayor profundidad lo escrito por el Dr. Gómez Abad en sus cartas cuando fue enviado “al exilio” por la dirección de la universidad ? A mi eso me aportaría más que un infantil anticlericalismo del autor al que éste le dedica más de dos páginas…aunque éste es un tema muy interesante y que me gustaría leer, pero no en este libro.
    Termino dándole la razón al Dr. Gómez Abad, es un hombre que debería haber nacido 200 años antes, en la Ilustración…era un hombre ilustrado. Quizás fue eso lo que le costó la vida…buscar la verdad de las cosas.
    En cuanto termine el libro volveré por aquí pero quiero ya decir que lo que he leído hasta ahora de la segunda parte -70 páginas aprox.- me están diciendo mucho más y quizás compensen sobradamente la primera parte.
    Un saludo..

  3. fjbarral 2 de julio de 2014 a 0:37 #

    Yo sigo bastante atrasado, pero encuentro interesante los aspectos que marca en la novela, en cuanto a la no clasificación de las personas. Había conservadores-liberales y liberales-conservadores, unos tenían tendencias de unos y otros, e incluso se mostraban temerosos de sus inclinaciones con respecto a las que creían que debían ser. Ésto nos presenta unos comportamientos más complejos y realistas, a mi forma de entender, de las personas, con lo que no puedo más que mostrar mi completo acuerdo. Se aprecia una especie de dualidad en la novela entre lo que creen que deben ser y lo que sienten que debieran ser, y en estos casos parece que existe una actuación generalizada de imponer la razón o lo que se cree que debería hacerse sobre las sensaciones más internas de cada uno. Sin embargo, lo compruebo demasiado ilusionado con la razón, el entendimiento como fuente de saber verdadero frente al que entiende poco fundamento de los sentidos religiosos e incluso de los sentimientos. Yo creo que tan malo puede ser la razón exagerada como los sentimientos desmedidos … entiendo que son cosas tan diferentes que no deben compararse y mucho menos enfrentarse. En cuanto a la religión monoteista (?), cuando existe multitud de advocaciones de la Virgen y una larga lista de santos, se constituye a mi entender como una forma politeista encubierta (necesitamos la personalización de muchas cosas y fuerzas que no entendemos, e incluso quizás sólo lo usemos para poder expresarnos en cierto aspectos de la única forma que podemos). Además enfrenta la incongruencia de predicar el respeto y amor, mientras se masacra y domina (quizás por su propio bien) a aquellos que piensan diferente, y es seguramente esta idea la que marca la novela en su integridad. Y aunque como ya he dicho los temas que trata me parecen interesantes, encuentro que la forma de abordarlo es demasiado asertiva, demasiado racional y enunciativa, y que encuentro que hasta los sentimientos son declarados y no mostrados. 🙂

  4. Susana 3 de julio de 2014 a 21:50 #

    Hola a todos… Esta vez me es imposible seguir el ritmo de lectura de esta novela que sin embargo me parece que me va a atrapar a estar llena de tanto sentimiento. La disfrutare como lectura de verano sin sujetarme a los plazos e iré leyendo vuestros comentarios aunque sea a destiempo. Os deseo que paseis un buen verano y nos reencontramos a la vuelta con nuevas e interesantes propuestas que seguro nos tiene preparadas Chus .Hasta la vista!!!.

  5. fjbarral 4 de julio de 2014 a 12:11 #

    Yo también voy atrasado, y me quedaré más pendiente de los comentarios de los demás, aunque pienso seguir opinando a medida que avance en la lectura ya que, al menos, he llegado al punto en el que se me permite ver con cierta perspectiva la obra, su estilo y las intenciones generales … el desarrollo de la historia (por otra parte ya avanzada por el autor), creo que sólo contribuye a aportar los detalles que completan el “cuadro”, lo cual es ya por sí importante, aunque no modificara el sentido general de la obra.
    Ya por la mitad de la novela, el relato se va volviendo para el escritor más intimo y sin darnos cuenta, quizás, nos encontramos en un ambiente de confidencia en el que éste nos describe todo a través de sus sentimientos, y de esa forma llegamos no sólo a conocer sino a experimentar no ya lo que ocurre sino también cómo eran los que participaban en la historia de una vida familiar que de alguna forma abandonó la existencia féliz que llevaba para quedar marcada por la tragedia, por la intransigencia. Por eso, se aprecia en el relato, a medida que avanzamos, cómo crece la nostalgia, cómo el escritor (quizás sin darse cuenta) se deja arrastrar por los momentos vividos con su padres y su familia, con su forma de ser, como si se tratara de la oportunidad de volver y disfrutar de una segunda vida, y sabiendo ya que le conducirá a una segunda pérdida también.
    He empezado a apreciar en la lectura un cierto estilo similar al de Marcel Proust, aunque menos profundo sí más compartido con el lector de sus sentimientos, y por eso no me ha extrañado que lo citara entre sus lecturas preferidas.
    Cómo Susana (¡un saludo y que pases buen verano!), pienso seguir leyendo esta novela respetando el ritmo que me marca, e iré opinando en el blog aunque ya nos hayamos despedido … por vacaciones. 🙂

  6. Kelly 5 de julio de 2014 a 14:18 #

    Hola a todos,
    Me ha parecido una novela maravillosa, me ha encantado, no había leído nada de éste autor e intentaré buscar algo más de él.
    Con un lenguaje fluido y agradable nos va presentando una infinidad de temas de su familia, de su país, de la política, ,de la educación, etc. y sobre todo del infinito amor que existe en su familia y más todavía entre él y su padre que creo es el tema fundamental de la novela.
    En ésta segunda parte, después de tanta felicidad y armonía llega la hora de las tragedias, comienza con la muerte se su hermana y la transformación que sufre la familia con tanto dolor y desesperación de no poder hacer nada, para los niños es duro, pero creo que a unos padres es lo peor que les puede pasar en la vida; resulta muy curiosa la conversación que tiene el padre con ellos en esos momentos, para mi incomprensible.
    La desgracia de la política en esos países donde nunca encuentran el punto medio, y se pasa siempre de un extremo a otro, sin valorar el centro y las personas que lo hacen posible, como demuestra el que su padre sea perseguido por todos los bandos, que no entienden de moderación y equilibrio.
    Aquí su padre se convierte ya en mártir de la casa, ya se ve venir el inevitable final , en su ingenuidad o testarudez, no quiere ver lo que viene, con sus sueños de justicia, su idealismo de la igualdad total,, pero al menos al final muere por lo que de verdad cree .
    Reconozco en el autor un alto grado de honestidad, pues reconoce abiertamente tanto su peor defecto que parece ser la cobardía en todas las situaciones y a todos los niveles, como los defectos y debilidades de su padre; tanto a nivel familiar, donde se ocupa de todo su esposa; como políticamente, cuando se deja llevar por los extremismos y la guerrilla de izquierda, que como es inevitable lo utiliza miserablemente, es curioso con tanto amor y admiración que les une que tenga capacidad de ver con claridad sus mezquindades y las de su padre, y más aún que nos las cuente.
    La referencia a “Muerte en Venecia”, entiendo que se relaciona con las cartas que al final encuentra en los cajones de su padre y la insinuación que hacen, que para mí debería haber quedado sin descubrir, entiendo como que todo ello se relaciona con una velada insinuación a ciertas inclinación homosexual oculta en la personalidad de su padre.
    Entiendo que el objetivo de la obra es una catarsis de autor y una deuda con la memoria de su padre y los que han luchad con él y un intento de prolongarla en el tiempo. Y creo que lo hace con mucha delicadeza,con contención, sin exceso de sentimentalismo y sin abusar de horror al que podrían haberle llevado algunas situaciones, lo que par mí ha hecho una lectura dolorosa, pero muy interesante y recomendable.
    Saludos y feliz verano a todos.

  7. Luisa 5 de julio de 2014 a 18:06 #

    Hola a todos de nuevo, me reitero en lo que dije en la primera parte acerca de la belleza de algunos fragmentos porque pienso que es un libro muy íntimo y entrañable, con un lenguaje sencillo y directo que no deja de ser elegante y rico a la vez. La primera parte me atrapó, la segunda me pareció lenta e incluso a veces tediosa y la tercera me ganó definitivamente.

    Si tuviera que resumirlo diría que es la historia de una exagerada y mutua adoración entre un padre y un hijo, pienso que idolatrada en los recuerdos del hijo debido a la trágica y sin sentido muerte de su padre. Me pregunto como lo percibiría el autor si en vez de morir su progenitor a manos de unos asesinos lo hubiera hecho en su cama, a esa misma edad, pero por causas naturales. Creo que la novela, si la hubiera escrito, hubiera sido totalmente diferente.

    Yo personalmente disfruté de la lectura, me entretuvo, me hizo pensar en múltiples ocasiones porque también me evocó recuerdos de la relación con mi padre que ya no está conmigo, me acercó a la historia y el conocimiento de los que lucharon en esa guerra silenciosa y sucia en Colombia con el sueño de crear una vida mejor y sobretodo en su fase final la encontré por momentos realmente conmovedora.

    Espero reencontrarme con todos vosotros a la vuelta del verano para seguir leyendo y comentando juntos.
    ¡FELIZ VERANO!

  8. Ciberclub de lectura 7 de julio de 2014 a 18:51 #

    Yago, una cosa es que el padre se considerara marxista en economía y otra muy diferente que no estuviera de acuerdo con la práctica del comunismo cuando pudo conocerlo de cerca. Tú puedes suscribir una teoría económica por considerarla la mejor y después opinar que la práctica de dicha teoría en determinados países no ha sido acorde a lo escrito en los libros, vamos, que los países comunistas no han sido verdaderamente comunistas. Yo creo que eso es lo que el hijo, y el padre a través de lo que nos cuenta el hijo, piensan. Además sólo se consideraba marxista en economía pues en política decía que era liberal. Así que no podríamos considerarlo un comunista en todos sus aspectos. Era una curiosa mezcla de la que él hijo quiere dejar constancia. Yo creo que el hijo trata por todos los medios de mostrar quién fue su padre. Puede que no se libre de una cierta idealización o subjetividad. Eso es, hasta cierto sentido, lógico. Pero a mí me transmite verosimilitud y afán de ser justo con su padre. Lo conoció mucho, creció a su lado de una manera muy estrecha e, incluso, no evita hacerle cierta crítica para intentar ser del todo ecuánime.
    Yo creo que el autor no carece de datos sobre su infancia, se habrá, lógicamente, documentado bien a través de otras personas mayores que él, por ejemplo su madre que todavía vive, de libros, periódicos… y el libro nos muestra un sinfín de anécdotas, datos, información… a mí no me da la sensación de que no sepa realmente qué pasó.
    En la segunda parte se transcriben largos párrafos de obras y artículos del padre así como de alguna carta. Podemos conocer a través de ellos suficientemente el ideario del doctor Abad.
    ¿Qué pensáis los demás?
    Yo creo que tienes razón, Kelly, sobre la velada mención a una supuesta homosexualidad del padre, es lo que me pareció pero no me quedó claro pues el hijo en esa parte no es claro, es como si se quedara a medio camino y quizás hubiera sido mejor no incluir esta parte que no aporta, a mi parecer, nada a la novela. Lo dice con tanta sutileza y cuidado que no llegamos ni a entenderlo. Con lo claro y directo que es el lenguaje que el autor utiliza en el libro, esta confusa parte es un añadido, ya digo, innecesario.
    Por supuesto que los que vayáis atradados podéis ir dejando vuestros comentarios en este post. Aunque nos vayamos de vacaciones, yo entraré de vez en cuando, al igual que podéis hacerlo vosotros.

  9. Yago 8 de julio de 2014 a 1:19 #

    Buenas noches a todos,
    respecto al ideario político de Héctor Abad pienso que le ocurrió algo parecido a Charles Chaplin, defendió unas ideas hasta que comprobó qué resultado tenían éstas en la práctica. Y de la misma manera que este gran actor tuvo que escapar de los EE,UU. durante la caza de brujas pues nuestro protagonista perdió la vida a manos de individuos como los que gobernaban el país citado. Para entender el ideario de nuestro protagonista pienso que hay que entender la historia de Latinoamérica (latifundios, terratenientes, lobbys de poder,….) y así entenderemos al hombre. He buscado escritos (artículos, discursos,…) del doctor y animo a quien quiera a que también lo haga. Leer los artículos de Héctor Abad dicen mucho a su favor y son tremendamente aclaratorios y muy gratos.
    La segunda parte del libro me ha gustado mucho más que la primera, pienso que se podría dividir en cuatro partes o momentos de la vida del padre y su hijo. El primero sería la muerte de la hermana. Ver morir lentamente a un ser querido, a un ser amado, es muy duro. Esa agonía diaria que abarca años y cuyo final suele desconocer el enfermo…ese mentir diario a un ser querido que está lleno de ilusiones y planes de futuro que jamás se cumplirán. La descripción de aquellos momentos por parte del autor me parecen extraordinariamente humanos aunque el autor parece, es una sensación mía, no alcanzar a comprender cómo se le puede quebrar el corazón a su padre. Es difícil conseguirlo pero reconozco que casi me arranca una lágrima porque sé lo que sintieron los familiares de aquella joven.
    Otra parte sería ese viaje iniciático a México, en el se daría a entender que el padre considera que el sistema de enseñanza es incorrecto. Recuerdo que Abad Gómez dio unas clases como hacían los antiguos profesores clásicos siendo el maestro quien hacía preguntas para que los alumnos razonaran las respuestas y así aprendieran. Creo que esta idea debería ser tenida en cuenta en nuestros días.
    La tercera parte, para mi interesantísima, sería la vida política del autor que me ha animado a buscar, como ya conté, documentos y artículos del Dr. Héctor. Me ha ocurrido lo mismo que cuando leí una biografía sobre Lincoln. Me supo a poco y decidí leer sus discursos…así se conoce mejor a un ser humano.
    La última parte sería la más poética y, al mismo tiempo violenta, se nos cuenta el asesinato del protagonista pero también el autor nos habla de sentimientos cerrando así un círculo que justo comienza con la novela.
    Vuelvo a repetir que la primera parte me pareció insulsa pero me doy por bien pagado con la segunda. Tal vez, luego de leer los comentarios de mis compañeros, a cada uno nos guste una u otra parte del libro según lo que busquemos en él, según lo que queramos saber del protagonista.

    Personalmente me doy por bien pagado al leer esta obra que, repito, me ha animado a profundizar más en los escritos de Héctor Abad Gómez y, tal vez, a leer más sobre Hispanoamérica.

    un saludo y feliz verano.

  10. Yago 8 de julio de 2014 a 1:32 #

    Un sólo comentario más sobre lo indicado por Kelly sobre esa velada homosexualidad. La verdad es que yo también entendí algo similar, pero es un comentario tan breve, rodeado del cariño de un hijo hacia un padre y no olvidemos que el autor de la obra es un poeta acostumbrado al “lenguaje de los sentimientos” que decidí pasarlo sin más al considerarlo un asunto personalísimo, privado y secundario. De tratarse, por ejemplo, de la vida de gran Oscar Wilde sería un tema central…le costó la cárcel.
    Y ahora sí, feliz verano.

  11. chuchesparalamente 8 de julio de 2014 a 18:33 #

    Bueno¡¡¡ se me fue el santo al cielo….

    Estoy bastante de acuerdo con todo lo que contáis de esta novela, pero, por poner algún pero, a mi, personalmente, en algunos momentos me ha parecido un poco forzada y exagerada la descripción de la relación del padre con el hijo. Una relación que, en ciertos momentos note idealizada e irreal, quizás por el paso del tiempo o por la distorsión de las relaciones que suele darse después de la muerte, como dicen en mi pueblo: “una vez muerto todo el mundo es bueno”. 😉

    Feliz verano a todos ¡¡¡¡¡¡

    Javier

  12. fjbarral 13 de septiembre de 2014 a 0:42 #

    Tras terminar la lectura durante el verano, y pasado ya cierto tiempo como para poder mirar con la adecuada distancia, me ha parecido ejemplar y valiente la vida del padre del escritor, enontrado entre el deseo de mejorar la forma de vida de sus conciudadanos, especialmente los más desfavorecidos, y la idea del sometimiento por las capas más altas de la sociedad que lo llamaban revolucionario porque podia hacer despertar a las masas o simplemente hacerle ver que podría haber una vida menos expuesta a la enfermedad y las penurias. Se distingue entre los que quieren mejorar la sociedad pensando en todos y los que sólo quieren obtener beneficio para unos pocos y a los que les interesa además que los desfavorecidos nos les den mucho trabajo.
    Especialmente, me ha parecido interesante el hecho de narrar cómo cada uno de los familiares o amigos vivieron su muerte, de forma que es como si hubiera muerto muchas veces … y así habría sido, para cada uno de ellos. Así, podemos definir que tenemos una vida propia y los reflejos que vamos dejando en los demás con una márca más o menos profunda.
    En cuanto a la velada homosexualidad, no creo que vaya por ahí ya que cuando explico a su hijo su confusión de deseossexuales le habló con respeto de las diferentes opciones y no creo que lo hubiese ocultado tanto. Seguramente se trata de otra cosa, pero como bien dice somos humanos y pesa más el bien que hizo y sus buenas intenciones. Lo deja pues caer para indicar que también tenía partes oscuras, sin que sea necesario profundizar.
    Me ha gustado mucho más como se ha desarrollado la última parte de la novela, tanto en su trama que me ha parecido dotada de mayor perspectiva y riqueza de matices, y también por como está escrito.

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