12 comentarios to “Todo es irreal salvo el instante”

  1. Luisa 2 de mayo de 2014 a 23:41 #

    Hola de nuevo a todos, yo también he finalizado la novela. En esta segunda parte Samuel sigue en la misma dinámica neurótico obsesiva de la primera , dedicando los comentarios mas agrios a su hijo, al que siente muy distante y en algún momento manifiesta que ha creado al “perfecto extranjero”, a un ser abúlico y que hubiera preferido a un enemigo, a un delicuente o incluso a un terrorista. Se refleja muy bienl la frustración relativa al deseo que habitualmente tenemos los padres de realizarnos a través de los hijos, ya sea para que hagan lo que hicimos o lo que no fuimos capaces de hacer.

    Para mi en esta lectura son interesantes innumerables aspectos. Uno de ellos es el debate acerca de si existe la felicidad o, como dice Samuel, solo existe su búsqueda. Este pensamiento lo desarrolla durante toda la novela, pero hay un pasaje en que hablando con Geneviève dice que la realidad solo está en uno mismo. Yo creo que esta afirmación conecta con la corriente muy oriental que proclama que la felicidad fluye del interior al exterior y no a la inversa, que existe y que depende más de ti que de lo que viene de fuera.

    Otro aspecto es la descripción de la “desolación” que tiene muchas caras, y la de la novela es la que aparentemente va ligada al sentimiento de vejez y de decrepitud. Sin embargo, yo creo que la de Samuel está causada sobre todo por la soledad, a pesar de reivindicarla en algún pasaje. La novela podría ser exactamente la misma aunque Samuel tuviera veinte años menos.

    Encontré realmente conmovedor, ya casi al final del libro, los deseos del acercamiento a su hijo, en una especie de claudicación donde dice que no corre detrás de la felicidad pero que no la descarta, que le encantaría que su hijo le dijese que la felicidad es reírse juntos como antes, que le cojiese en sus brazos, que le dijera que se acuerda de él cuando presumía de ser el rey de la charlatanería, cuando era el rey de la imprecisión, el rey de la mala fe, de la injusticia, de la impaciencia, pero que puede contar con él para formar parte de la estirpe de los hijos y que la muerte lo encontrará todavía guardián de su pequeño imperio.

    Creo que es un grito de socorro, una demanda de ese interlocutor, una petición de amor, en este caso, de amor filial. Para mi la novela es la crónica de una soledad.
    Cuando terminé la lectura me quedé pensativa y también algo triste.

  2. Yago 3 de mayo de 2014 a 0:57 #

    Buenos días, tardes o noches según sea el caso.
    Quiero dar ánimos a mis compañeros para que se animen a compartir sus pensamientos sobre esta hermosa ,a mi parecer, obra .
    Hasta la indiferencia es comentable y, en muchas ocasiones, hasta acertada.
    El libro ciertamente se merece más de una lectura porque un mismo párrafo ofrece diversas interpretaciones en distintos momentos para un mismo lector. Se trataría de una obra de alguna manera “caleidoscópica”…o mejor sería decir de una novela “viva”.
    El comentario sobre la segunda parte lo plasmaré cuando todas las ideas y sensaciones que me aportó la obra de Reza estén correctamente colocadas en “mi interior”.
    Solamente quiero comentar que esta segunda parte es muy clarificadora y sus últimas diez o quince páginas (no es cosa tampoco de dar un número) parecen ir poniendo fin a la novela al ritmo de la Barcarola de Offenbach….”Belle nuit d´amour”.

    Es una obra breve…larga…sencilla…complicada…lógica…absurda, en fin, como la vida misma.

    un saludo.

  3. Yago 4 de mayo de 2014 a 22:43 #

    Como siempre, buenos días, tardes o noches.

    Pues sí, he terminado de leer un libro fantástico que comparo a un exámen de conciencia o al análisis interno de uno mismo. Como creo ya haber comentado anteriormente, la autora, en esta obra se sirve del protagonista para ponerse ella en su lugar o poner por momentos al lector en la encrucijada de observarse a si mismo como si estuviera ante un espejo. Esto último es lo que tal vez nos halla hecho remolonear en cuanto a comentarios, y es que no siempre lo que descubrimos de nosotros mismos nos gusta.

    La segunda parte del libro rompe con la primera estructuralmente ya que mientras la primera es un mar continuo de acertijos, dudas, problemas….la segunda parte parece hacerse más lenta –constante conversación con Geneviève- lo que hace que nos apacigüemos un poco, aunque las ideas y dudas que presenta la autora sigan ofreciéndosenos al mismo ritmo. Podría decirse que Yasmina Reza continúa ofreciendo la misma medicina pero camuflada bajo una “dulce conversación” entre Geneviève y Samuel.

    Un tema esencial de esta parte es el judaísmo. Me ha sorprendido que abarcara este campo la autora y tan crudamente porque tal vez con ello se arriesgaba a desanimar a algún lector por prejuicios. Pienso que es un dato que dice mucho en favor de Reza y anima con ello a profundizar más en su bibliografía.

    La autora no califica el sentimiento judío de Samuel directamente, lo hace indirectamente poniendo en tela de juicio el judaísmo de otros personajes. Así, conversando con Geneviève, nos hace ver su desacuerdo con Arthur, un “judío de última generación” que regresa periódicamente a Tierra Santa físicamente, pero no retorna espiritualmente. Arthur lleva a cabo un “Éxodo” geográfico pero cubierto de “seda y joyas” manteniéndose ajeno a las enseñanzas de la Ley.
    Se nos presenta igualmente a Michel, joven judío que vive este judaísmo cegado por la fijación en la shoah, en la cual vive escondido placenteramente como si se tratara de un “piso en Jerusalén” y que no duda en repetir y recordar mecánicamente en cualquier conversación como si se tratara de una letanía o mantra.
    Lionel es quizás el más radical (aunque podamos ver en Arthur a un sionista acomodado) con su fe y su tradición ya que no sólo no vive ajeno a ésta sino que rompe con la misma cuando por teléfono él dedica un hurra a los griegos, es decir, a los gentiles…a los no-judíos tras comentar un pasaje del Deuteronomio con Samuel.
    El último desacuerdo de Samuel no es ya con un ser ficticio, -destaco aquí nuevamente la valentía de Reza- es con Amos Oz, escritor israelita actual de ideas progresistas contrario a los asentamientos (pags. 64 y 65 aprox.)

    Si vamos así eliminando de Samuel todos estos caracteres, nos queda, en mi opinión el verdadero Samuel. Personalmente no veo en Samuel a un ultraortodoxo judío ni tampoco veo a un hombre radical ajeno a su fe. Por un lado Samuel no se reconoce como un “judío de sinagoga” y por otra parte es un hombre que ha vivido sus “deslices”. Pienso así que sencillamente es un ser humano que ha heredado una tradición que ha conservado durante toda su vida y que le ha servido para no caer en la desolación.

    La conversación de Geneviève sobre Walther finaliza sorprendentemente con una frase breve que nos coge a contrapié y da que pensar: “ha puesto una podadera de nula calidad, déjeme aconsejarla”. ¿No podrían ser Arthur, Michel, Lionel, Amos Oz…” podaderas de nula calidad”?.

    Referente a mi párrafo anterior sólo indicar también que nuestra compañera Isolda, en un comentario referido a la felicidad, señaló también un fragmento de la obra de Reza en la que contraponía a un asunto existencial una respuesta banal (una técnica que utiliza la autora durante todo el libro con maestría). En su caso ella destacó el contraste entre el desánimo y teñirse el pelo.

    Nuevamente surge el tema del hijo, pero referido directamente a la infancia de éste. Siempre hemos visto a Samuel como directo responsable del desarrollo del mismo bien sea por dejadez o incapacidad. Pero en la página 79 la primera profesora que tuvo su hijo comenta: “ Estoy contenta –anunció- este año se ha socializado; el año pasado (…) permanecía en su mundo y hacía preguntas impropias de su edad” ¿Quién ha formado o, mejor dicho, deformado al hijo de Samuel impermeabilizándolo de su “yo interior”? ¿quién le ha negado el derecho a pensar libremente? ¿quién le ha impedido buscarse a sí mismo? ¿El obstáculo que separa al padre de su hijo no será algo externo a estos?…¿es la sociedad en su funcionamiento la encargada de romper lazos generacionales y de tradición?

    Uno de los momentos más hermosos es aquél en el que Samuel limpia la lápida de su padre. Samuel, en aquellos breves instantes, deja de ser el padre y ocupa el rol de hijo. Descubrimos aquí a un Samuel más joven en espíritu y de actitud menos avara…un niño que se sabe incapaz de transmitir aquello que le lega su padre durante la breve conversación junto a su tumba. Aquí, es mi opinión, se derrumba el gruñón de la primera parte del libro y se entiende la desolación. No es tanto una desolación personal y egoísta, es más bien una desolación ante la incapacidad de vencer al mundo actual. Samuel sabe, tras recordar a su padre, que él mismo es el final.

    No hago comentarios sobre Geneviève porque me alargaría más de lo que ya lo hago, pero ella es toda la segunda parte de la obra, sin su presencia y actuación jamás llegaríamos a entender a Samuel. Es ella la que “limpia el jardín de rastrojos”…y deja que podamos observar exclusivamente al protagonista.

    Me gustaría terminar ya este comentario destacando un hecho que no sé si es causal o casual…el nombre que Yasmina Reza le pone a su personaje: “Samuel”, Samuel fue el primer profeta en el Antiguo Testamento posterior a Moisés, es decir, como profeta es el primer “intermediario” entre el ser humano y Dios. Una humanidad que nuestro protagonista critica y un Dios que en todo momento respeta y del que sólo comenta que tal vez se haya apartado del hombre viendo que éste se ha abandonado al “buen vivir”…

    Quiero poner ya fin a mi comentario tal y cómo lo comencé: “pues sí, he terminado de leer un libro fantástico”.

    Un saludo.

  4. Marta (two) 5 de mayo de 2014 a 23:56 #

    Buenas noches:
    Es cierto que me ha costado mucho meterme en la novela. Siento mucho no haber participado antes, pero me parecía muy difícil.
    En la primera lectura el personaje principal se me hacía tan desagradable, petulante y egocéntrico que no conseguí comprenderlo. Me sentía más identificada con el hijo, dispuesto a disfrutar de la vida o su “opción de la inutilidad del hacer” o con Nancy, la mujer, que él describe irónicamente: “Es maravillosa, sabes. Le gusta la gente, desea el bien de la humanidad. Desde el amanecer. Es una mujer atrozmente positiva desde que se levanta…Es partidaria de la generosidad… se felicita de estar en el mundo”. Soy más de optimismo practicante para hacer frente a los embates de la vida, y tanta amargura, crítica y sarcasmo sólo me despertaban rechazo. No entraba en mis coordenadas que intentar ser feliz, como repite una y otra vez, fuese un problema.
    Ha sido al leer vuestros comentarios, y la recomendación de la segunda lectura, que comencé de nuevo el libro, orientándolo de otra forma. Y me ha ganado totalmente, claro, sobre todo desde el humor y la ironía, pero también por las cargas de profundidad que envía en sus pocas y contundentes páginas. Me ha parecido una excelente obra, de las que resisten muchas lecturas.
    En esta segunda vuelta me he reído, y mucho, con la ironía que desprenden todos y cada uno de los párrafos “Tu hermana me ha dicho que sería menos espeso si leyera. Textual. No me he ofendido” “Pienso, le digo, en la inutilidad de nuestros esfuerzos. Educar a unos seres para que te acaben recomendando, en la recta final, la literatura y el Museo Picasso” y con las situaciones (la cita del amigo talludito con la camarera o el susto que se lleva, en plena cita con una mujer elegante e inteligente, al descubrir qué eran realmente los frutos secos, por ejemplo).
    Y aunque me he reído, lo que el autor transmite es soledad, la inutilidad de intentar el acercamiento a otro porque la única realidad que se puede conocer es la que uno subjetivamente aplica a sus propios deseos, la incapacidad para cambiar el mundo (repite varias veces que “el mundo me ha empequeñecido, la vida ha podido más que yo”), y la grandeza del hombre que es intentar vencer y conquistar (incluso violentamente) aparece perdida, y un paso más allá de la derrota. No hay aceptación de esa derrota inevitable, sino desprecio y burla hacia la gente que convive con el fracaso, sin ser conscientes. Tampoco hay lugar para la ternura ni el amor, ni con su amante ni con su mujer ni con sus hijos. Sólo lo consuelan la música de Bach y su jardín. Pero lo que queda es la incapacidad de disfrute y la depresión que rondan el final de una existencia.

  5. Yago 6 de mayo de 2014 a 1:29 #

    Gracias Marta(two) por tus comentarios porque me parecen muy interesantes. Has llegado a “conocer” a Samuel dirigiéndote directamente hacia él mientras que yo lo que he hecho es estudiar a quienes lo rodeaban para intentar igualmente conocerlo.

    No recordaba, la verdad, el momento que citas del amigo que se prepara para estar con la chica y que después de flirtear y “preparar la situación” descubre…descubrimos que “su cuerpo ya no le responde”. Es una demostración más de la calidad de la autora porque yo llegué a olvidar la diferencia de edad, por un instante, entre los dos personajes hasta que al amigo de Samuel le da el colapso y Yasmina Reza nos devuelve a todos a la realidad,..a los lectores, al amigo de Samuel y a éste último.

    En fin, no me cansaré de decirlo, me parece un “libro de mesilla”, una obra para releer parcialmente algún que otro día y sacar ideas del párrafo leído.

    Aprovecho estas líneas para para volver a referirme a Geneviève,…como póco pienso que es un personaje que está a la misma altura que Samuel. Sigo creyendo que sin ella no llegaríamos al protagonista. De alguna manera Geneviève les aporta humanidad a los sentimientos de Samuel y, para el lector, hace más fácil de comprender al hombre.

    La próxima vez que lea esta obra, intentaré llegar al protagonista de manera más directa, quizás eso me muestre a otro Samuel que no he llegado a conocer.

    Un saludo.

  6. SUSANA 6 de mayo de 2014 a 15:01 #

    El esquema narrativo de este libro me ha traído a la memoria la novela de Susanna Tamaro que leimos “Donde el corazón te lleve”, por cuanto ambos son monólogos de dos ancianos, en este caso a su hijo y en aquel a su nieta. Los dos libros parten de la no interferencia en el relato de los aludidos, de una manera provocadora y con intencionado vacío, haciendo girar la historia entorno a unos protagonistas que se confiesan, en el ocaso de su vida, reflexionando sobre ella y también sobre la muerte, mientras toman como excusa al interlocutor al que juzgan en ambos casos pero con distinta valoración. Hasta ahí las semejanzas. En esta novela en cambio el anciano se nos presenta como un huraño luchador y escéptico que censura a su hijo por su perezosa y acomodada búsqueda de la felicidad desde su inacción ante el mundo.
    Se nos muestra orgulloso y libre de decir lo que piensa, sin interpretar el papel de abuelo bueno que deja enseñanzas, quiere vivir sus últimos días ajeno a las obligaciones y lamentándose de la herencia que deja en su hijo al que siente como un “extranjero”. (Pág 80-81. He creado un abúlico (…) ¿Debo, so pretexto de genes, absolver a un ser cuya visión del mundo me da náuseas? ¿Debo aceptar para mi vis a vis final a una larva cuyo ideal es no aburrirse como una ostra??) La dureza de su juicio nos predispone contra él, a la vez que nos lleva, inducidos por la autora, a reflexionar sobre el futuro de una sociedad que ha llegado a un estado de bienestar sobrevenido, fruto de una lucha previa, que permite a algunos jóvenes vivir desde una atalaya de necesidades cubiertas, con el único objetivo de encontrar en la vida contemplativa el sentido a una existencia vácua.
    El título de desolación bien parece reflejar la decepción en su relación padre-hijo. Su ímpetu avasallador nos resulta transgresor en el anciano y choca con la frívola actitud pasiva del hijo, describiendo el distanciamiento afectivo de una manera despegada y escéptica. (pág 86…una mirada que oscila entre la compasión y el aburrimiento. Y la irritación tal vez. Me escuchas, te esfuerzas por estar presente y nada de lo que oyes te llena, nada te habla ni te afecta…Puedo cogerte de la mano, pero tú estás lo más lejos posible. No podemos dar ni un solo paso juntos. Leo en tus ojos tu incomprensión y mi vejez. Leo el abandono. Leo el testimonio de la soledad).
    La relación con Lionel y Geneviéve, sus auténticos cómplices vitales y su progresivo desenamoramiento de Nancy, que encarna la inocencia optimista inquebrantable, van dibujando la personalidad de Samuel quien encara sus últimos momentos denunciando que la misión de un hombre no se acaba sólo en la búsqueda de la felicidad, lograda frívola e impunemente a cualquier precio.

  7. Luisa 6 de mayo de 2014 a 18:38 #

    Hola de nuevo a todos, tan solo con ánimo de debatir un poco os planteo si no creéis que hemos tomado abiertamente partido por Samuel, que ha creado prejuicios en nosotros de los que probablemente no seamos ni conscientes. Puede que nos haya abducido, que hayamos entrado en su bucle mental y que al final veamos a sus allegados, especialmente a su hijo como a un “nini” que no trabaja, ni estudia, ni le preocupa nada que tenga que ver con el intelectualismo paterno y que no se plantea ninguna duda existencial de las que, parecer ser, atormentaron a su padre.
    La novela es la visión que nos da su padre, es la única versión que tenemos. ¿Y si su hijo es alguien que ama la sencillez y la simplicidad, e incluso la simpleza de la vida, que trabaja en algo que le gusta, que le llega para comer sin más pretensiones, dando clases de surf, pinchando discos en una discoteca, haciendo de guía en Thailandia o enseñando a los demás a practicar yoga en la India? ¿ Por que es tan malo querer ser feliz y conseguirlo de forma sencilla, natural, ingenua y espontánea, sin dobleces de ningún tipo? ¿Tenemos autoridad para juzgarlo? ¿Sabemos lo que piensa o hace?
    Esto es un puzzle que creemos haberlo terminado pero las piezas siempre nos las aportó Samuel.

    • fjbarral 6 de mayo de 2014 a 22:40 #

      Me parece muy interesante la visión que nos das, Susana, ya que por lo que leo de los comentarios la novela es prácticamente un monólogo y efectivamente sólo hay la visión de una persona, que aunque siendo veraz con lo que siente podría estar equivocada en sus apreciaciones.

  8. Kelly 7 de mayo de 2014 a 22:02 #

    Hola a todos,
    Después de acabar la obra, creo que tiene razón Luisa cuando dice que os habéis dejado conquistar por el protagonista, puesto que lo único que conocemos es su opinión y la de nadie más.
    Por el contrario a mi me sigue pareciendo como había dicho en la primera parte un ser egoísta, rencoroso, amargado, y totalmente incoherente. pues encuentro que en cada una de las críticas que realiza de los personas que le rodean, seguidamente nos cuenta que él lo ha hecho igual o peor. Así vemos como en la primera parte critica abiertamente el patetismo de Nancy, y Trump intentando cuidarse estéticamente : “pobre criatura, un rostro demacrado,…”, mientras que él comienza ¡a teñirse el cabello! para superar su desanimo. (pág.37),, habla de la falta de interés del hijo, pero él dice pertenecer a “un linaje de yacientes”.(pág.15), reconoce además que en sus múltiples viajes de trabajo no había aprovechado nada: “Corea, Macao,… que más da?. ..hoteles, coches, palmeras,fábricas, …geishas,..monumentos que te importan un bledo…y la maleta llena de memeces…”(pág. 21).Tampoco el gran amor de su vida, era nada ni significaba nada, la había ideado él .”ella no se movía, no valía nada, pero entre sus síes y sus noes yo pasaba de conquistador a pingajo….”, mi auténtica experiencia existencial!!…no era nada , si un día por aburrimiento no se me hubiera ocurrido crearla!!!!”
    Critica también a “los viejos alelados de los bancos públicos…meditando sobre la historia del tiempo”, cuando la única diferencia es que él lo hace en su casa o en el jardín “donde las gardenias, las divisas, los achaques,… sustituyen a la vida”, pág.52)
    Respecto al hijo como dice Luisa, creo que su decepción es que en realidad sea como él y se quede en esa mediocridad desesperante, sin otra aspiración, pero sólo porque hubiera querido que fuese mejor que él, puesto que no hay nada que nos cuente que haga suponer su interés,lucha o sufrimiento por ascender en su trabajo, mejorar el mundo , la educación de sus hijos, la convivencia matrimonial, su nivel cultural, etc, no se aprecia en ningún sitio., incluso nos habla con desinterés o mas bien desprecio por la literatura y el arte,…
    Respecto al sionismo, parece que lo encuentra impostado, como una pose social, de unirse a algún “club” que les haga sentirse parte de un grupo de élite, que como un sentimiento real de anexión a un ideal. Como algo de moda y frívolo.en los que le rodean.”un simulacro, farándula,…cuando el pueblo del Libro, es mucho más áspero y salvaje y nunca se ha comparado a una nidada de temblorosos pajarillos”,( pág. 96).
    Respecto al tema del paso del tiempo y lo terrible de la vejez, es de las mejores reflexiones que contiene el libro para mi gusto, eso sí, todas ellas terribles y causticas, pero como debe ser realmente la impotencia de ver que el tiempo se acaba y no has hecho nada de lo que habías pensado, que todas tus ilusiones están rotas, que tampoco formas parte del mundo de los que vienen detrás porque ya no te queda nada que esperar,:”l a espantosa indiferencia del tiempo”,”la muerte triunfa poco a poco…”la falta de estar presente, la nostalgia de todo lo pasado,..”
    Sin embargo la compasión que merecería cualquier persona en esas circunstancias se disipa al comprobar que, como desgraciadamente sucede en la realidad ,en ocasiones éstas personas se vuelven insoportables y si su vida es amarga, intentan también amargar las de los que les rodean, además en éste caso conscientemente, pues él mismo reconoce que lo hace adrede para provocar, lo que hace que nos volvamos en contra de ellos, ya que su conducta se vuelve infantil intentando llamar la atención en todo momento sobre su situación con provocaciones que no conducen a ninguna parte más que a llenar el espacio familiar con un ambiente tenso y desagradable, como vemos en éste personaje: “envejecer es acabar con la compasión”…hasta su nieto le parece un ser suplementario…y una actitud muy habitual…”soy incapaz de moderación…callar o entibiar…he dejado de perjudicar mi salud ya que ese respeto por la elegancia y el equilibrio resultaba fatal para mis nervios..”.(pág 57), ” me pongo en estado de extrema odiosidad para poner a prueba su afecto…”(pág. 112).
    Creo que tendría que haberse buscado antes a una Genevieve para estar entretenido y no agriarse de esa forma, pero la encontró tarde.
    Respecto al INSTANTE, efectivamente, creo que es lo único que tenemos, y desde luego es total y necesariamente irreal por ser subjetivo, puesto que si ésta historia nos la hubiera contado el hijo, Nancy, Lionel,…hubiera sido muy distinta.
    Saludos.

  9. Yago 8 de mayo de 2014 a 0:56 #

    Hola a todos.

    Quiero empezar estas líneas destacando que como podemos ver son muchas las ideas y perspectivas que ofrece el libro…Chus tenía razón.

    Respecto a si Samuel tiene razón en todo lo que cuenta está claro que “nadie tiene la verdad absoluta” de su parte. Es decir, en un intento de homicidio por ejemplo, no va a pensar lo mismo de la situación vivida el presunto homicida de la persona que ha estado a punto de perder la vida. Como dije en uno de mis comentarios, no pueden pensar lo mismo un limpiabotas y el caballero al que le están “lustrando” los zapatos. Pero ésto, no significa que el limpiabotas sea un ejemplo de humanidad y honradez y su cliente un tirano.

    Si partimos de la idea de que Samuel es un opresor basándonos en unas ideas de su comportamiento y, dado que no conocemos el comportamiento y pensar de su hijo, ¿que nos permite creer que su hijo es un ser inocente? ¿Quién en esta relación es el limpiabotas y quién el señor…y cuál es su comportamiento ante la vida?

    En este caso sólo conocemos el pensar de Samuel, es cierto, pero ello es una limitación establecida por Reza ya que ésta opta por escribir en primera persona y no en tercera. Digamos que es un condicionante establecido por la escritora. Ella sólo quiere que conozcamos a Samuel para que llegamos a este contraste de opiniones.

    Aquí hemos defendido vivir el instante, lo que nos lleva al famoso “Carpe diem” de Horacio, pero qué supone vivir el instante…¿estar sentado viendo pasar el mundo…? ¿intentar sobrevivir en una sociedad?…es un tema que daría para mucho.

    Con respecto al presunto sionismo de Samuel quiero destacar que Samuel “no” es sionista…judío sí, pero no sionista. Aprovecho para indicar que fue un sionista la primera persona que asesinó a un rabino en Tierra Santa.

    Los comentarios en que me basé para desarrollar la personalidad del hijo de Samuel no parten de posicionamientos subjetivos del protagonista. Si yo así lo hiciera estaría siendo injusto con quienes rodean a Samuel. Y es que Samuel, como todo ser humano es imperfecto,…como también lo es su hijo. Yo he tenido en cuenta dos hechos objetivos que me llevan a no considerar que el hijo de Samuel sea una persona “ejemplar”. Entre las pags. 10-11 se resalta que este personaje: “tiene treinta y ocho años. Recorre el mundo con “los cuatro cuartos que le proporciona el alquiler del apartamento que yo -Samuel es quien habla- le compré”.

    Intentemos por lo tanto ser justos con el “viejo tacaño”, y es que es fácil “tener ideales” cuando éstos los está pagando otro. Pero aún y con ese párrafo que pone en duda el pensamiento vital del hijo no quiero ser injusto con éste. El la página 79, vuelvo a recordarlo, Samuel critica el sistema de “socialización” que se inicia ya en el proceso educativo de los niños. Aquí “sí” es culpable aunque sea parcialmente Samuel que deja que el sistema y la pasividad de su mujer acaben con la capacidad creativa y la formación humana de su hijo.

    Quiero terminar dando las gracias a todas las personas que han participado y participan en el estudio de esta obra sea cual sea su opinión,…en la diversidad de opiniones está siempre la riqueza de un club de lectura.

    un saludo.

  10. Kelly 11 de mayo de 2014 a 23:32 #

    Hola a todos,
    muy interesantes los comentarios y cuánto mas diferentes visiones mejor para todos. Aunque hecho de menos a algunos participantes que siempre aportaban enriquecedoras aportaciones.
    Pido disculpas a Yago por la confusión que he creado entre sionista y judío, fue involuntario y simplemente me surgió esa palabra cuando estaba escribiendo el texto.
    Saludos.

  11. fjbarral 13 de mayo de 2014 a 13:28 #

    Ya que no puedo entrar al fondo, me limito a comentar sobre lo expuesto que constituya una unidad independiente de la lectura, aunque relacionado. Teniendo en cuenta que se aprecia que el protagonista parece desesperado por el pasado y la posible falta de perspectiva de futuro, aunque se agarra a su presente (a la vida), se puede debatir sobre el tiempo y la existencia. Así sobre el título “Todo es irreal salvo el instante” (acompañado de una estupenda fotografía, creo que está hecha con una velocidad baja siguiendo con la cámara a la pareja que baila y que consigue retratar varios momentos o tiempos), no diría yo que sí.
    Creo que podemos estar de acuerdo que el futuro no existe todavía o si existe son muchos futuros los que tenemos delante por lo que no lo conoceremos. El pasado tampoco existe ya salvo lo que ha dejado en nosotros, modificando nuestras conductas, nuestra experiencia a la que comparar situaciones y las expectativas; debería ser un refugio contra el exceso de incertidumbres presentes y futuras, por ser terreno conocido o que creemos conocido (no siempre es claro), pero no es buena idea permanecer fijos en él ya que no es un lugar de vida, sólo de recuerdos y experiencias. Vivimos, aunque no lo queramos reconocer siempre en el presente (por definición).
    Sin embargo, estudiosos en este asunto (como San Agustín) considerando que se aprecia un fluir del tiempo se hacen necesarios más de un punto donde se desarrollo la vida, y estableció tres tipos de tiempo: el presente futuro, el presente y el presente pasado. Los tres constituyen el instante pero que comprende las expectativas que afectan al presente y el pasado inmediato que todavía consideramos que estamos viviendo.
    “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si
    quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo
    sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado;
    y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no
    habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro,
    ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no
    es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a
    ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente,
    para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo
    deciros que existe éste, cuya causa o razón de ser está en dejar de
    ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el
    tiempo sino en cuanto tiende a no ser?”
    (San Agustín, “Ciudad de Díos”).
    El caso, y estoy de acuerdo con ésto, es que el fluir del tiempo racionalmente se produciría entre el presente futuro y el presente pasado, ya que el presente es percibido directamente pero no interpretado por lo que no lo apreciamos. Vivir el presente o el instante es posible pero sólo irracionalmente, con los sentimientos. 🙂

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