5 comentarios to “Me gustaría que me explicaras la palabra feliz”

  1. Yago 28 de abril de 2014 a 1:22 #

    Buenos días, tardes o noches,
    “Una desolación”… en mi opinión un libro que no sólo invita a ser leído, sino a ser releído ya que es un monólogo tan profundo y tan íntimo que absorve al lector conviertiéndolo por momentos en Samuel, su hijo, su esposa, la criada, el jardinero,…
    Pensar en Samuel como si este fuera un “anciano gruñón con rarezas” es fácil, pero es igualmente injusto.
    El pensamiento de Samuel parte de un razonamiento lógico que, eso sí, quizás sea ya un póco añejo por causa del paso del tiempo.
    No creo que debamos ver en Samuel a un ser desolado…más bien diría decepcionado.
    Le decepciona su mujer la cual ha decidido esconderse en la rutina para así huir de la vejez que la acosa ya, y por encima de todo su hijo. De alguna forma, el ser humano busca en su descendencia un algo de inmortalidad, un poco de si mismo que legar a este mundo. Pero a Samuel no el agrada su legado…el pensamiento, carácter, comportamiento de su hijo. Sabemos lo que no hay de Samuel en su hijo, pero ¿sabe Samuel qué hay de si mismo en su descendiente?…¿nace esa desolación personal en ese conocimiento que no ha querido con nadie más?
    Tema central de la obra es la Vida de manera directa y, otras veces, a través de la Muerte de manera indirecta y la interpretación de la misma. Podemos estar o no de acuerdo con Samuel, con su hijo, su mujer,…son comportamiento aceptables o defendibles al igual que criticables. Me viene a la mente una foto de los años 20 en la que se puede ver a un hombre bien vestido y a sus pies a un “limpiabotas”. Ambos están viviendo el mismo momento, pero no la misma verdad. Lo que le ocurre a Samuel es que confunde los momentos con las verdades considerando así que sólo hay una verdad para cada momento y no comprende que él tiene su verdad al igual que su hijo tiene la suya propia (ésto lo escribo sin querer defender ni de pasada el relativismo actual).
    Volviendo nuevamente a ese hilo conductor que es la vida es destacable entonces el contraste entre Samuel y su hijo. Samuel es un hombre que ha vivido un esfuerzo constante a lo largo de los años (aquí entra el tiempo nuevamente) para alcanzar una cima mientras que su hijo ha optado por mantenerse en un valle al pie de esa montaña observando el pico de ésta “sin esfuerzo alguno”. Samuel da a entender que la breve felicidad que puede dar la vida nace de un incalculable esfuerzo, al revés que su hijo el cual piensa que la vida es, de por sí, felicidad.
    Sobre éste asunto daré mi opinión recordando el segundo párrafo de la Declaración de Independencia de los EE.UU., en ella se dice respecto a los derechos del hombre: “…de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”…
    La búsqueda de la felicidad…..no la obtención.

    Un saludo.

  2. Ciberclub de lectura 1 de mayo de 2014 a 19:10 #

    Magnífico comentario Yago. Estoy muy de acuerdo contigo. ¿Pero dónde estáis los demás y vuestras opiniones? Yago da pie a réplicas varias así como vuestros propios comentarios.
    Está al caer el próximo post pero me gustaría que antes os pronunciarais sobre esta primera parte. Hay mucho de lo que hablar. El libro es magnífico. Venga, perezosos :), animaos a escribir.

  3. Isolda 3 de mayo de 2014 a 15:56 #

    Es la primera vez que hago un comentario. Así que no sé muy bien por dónde empezar. Tal vez por decir que la aportación de Yago me ha dejado pensando un rato sobre el deseo de inmortalidad y la descendencia. Tal vez ese negación de vida finita siempre nos acompañe.
    A mí hubo algo que me tocó…el desánimo y teñirse el pelo. ” Me paseo despreocupadamente, cuando de repente, hábilmente oculto en el decorado, surege el desánimo y choca conmigo…..Y que hago para combatirlo? Me tiño”. Cuántas caminos comarcales buscamos a lo largo de nuestras vidas para combatir el desánimo.

    Saludos

    • Yago 4 de mayo de 2014 a 14:23 #

      Buena frase escogida en tu segundo párrafo como ejemplo de la técnica de Yasmina Reza, en ésta le da un sentido humano…personifica diríamos, a una sensación como es el desánimo para incluirlo en una escena muy común y que todos hemos vivido en alguna ocasión caminando por la calle. No hay nada más violento que chocar inesperadamente con otra persona. Y a ese momento tan descorazonador de Samuel con el desánimo la autora lo finaliza con una superficialidad: teñirse.
      Y pienso que tu razonamiento…lo que busca la autora en definitiva en el lector…es muy acertado. Incluso esos caminos comarcales no sólo sirven para combatir, en ocasiones sólo buscamos huir del desánimo.
      un saludo.

  4. fjbarral 5 de mayo de 2014 a 23:53 #

    Un saludo a todos. Sobre el libro no quiero entrar, pues ya dije que no iba a poder leerlo, por lo que no me parece oportuno comentar sólo por oidas, sin siquiera tener presente el estilo ni la forma en que nos aborda la narración. Pero sobre lo que he leido en vuestros interesantes comentarios y en algunas de las ideas expuestas, creo que me es posible poder aportar algo (no sé si con algún sentido). 🙂
    Sobre la felicidad, encontré hace tiempo la siguiente frase que creo puede ser interesante en este momento:
    «Un hombre le dijo a Buda: “Yo quiero felicidad”.
    Él contestó: primero retira “Yo”, ésto es el ego. Después remueve “quiero”, porque es el deseo. Mira, ahora sólo tienes “felicidad”.
    »
    Por otra parte, por lo visto, y simplificando quizás excesivamente, el protagonista se encuentra sólo porque no encuentra en su hijo su reflejo, y en lo demás lo que justificaría su vida … no entiende pues que cada uno somos islas incomunicadas que no podemos relacionarnos ni entendernos profundamente. Sin embargo, podemos encontrar corrientes que nos permiten vibrar conjuntamente y ésto sí lo percibimos, aunque no seamos capaces de comprenderlo. Como el agua o la arena, cuanto más la retengamos y apretemos, más se nos escapa. Y más nos queda la sensación de impotencia y frustración, sin darnos cuenta que el camino correcto no es la posesión ni tener el corto alcance de miras que nos da nuestro sólo entendimiento, es dejarse llevar por las sensaciones: de lo correcto, de la alegria, de la superación, del sufrimiento compartido o no, de la contemplación, de la armonía y muchas más; y confiar en que nosotros sí somos capaces de reconocerlas y recorrerlas intuitivamente en la forma adecuada para que llenen nuestras vidas.
    Espero que os sirva y que me excuséis el atrevimiento de opinar sin haber leido la novela. 🙂

Ahora te toca a ti

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s