Archivo | octubre, 2013

La cena: una historia de violencia

28 Oct

La lectura de La cena de Herman Koch suscita un sinfín de preguntas sobre la sociedad occidental actual y la relación, en su seno, entre padres e hijos. Preguntas de difícil respuesta que nos llevan a reflexionar sobre qué hemos hecho mal en la construcción de la sociedad del bienestar.

El autor holandés nos plantea un tema muy grave que apunta de lleno a la autosatisfacción y complaciencia de la clase social acomodada, a su ceguera e irresponsabilidad, a su falta de autocrítica.

Paul, que se reúne a cenar con su mujer Claire, su hermano Serge y su cuñada Babette, en un exclusivo restaurante de moda en Ámsterdam, será el  narrador en primera persona de esta novela. Sólo tendremos su punto de vista de todo lo que en ella se cuenta. Punto de vista, por lo tanto, absolutamente subjetivo e incompleto. No hay que olvidar esto en ningún momento.

El libro está estructurado en seis partes que comprenden cuarenta y seis capítulos en total. Esas partes son en las que se divide la cena que van a degustar: aperitivo, entrantes, segundo, postres, digestivo y propina. La trama se irá desarrollando a lo largo de esta cena de la que en un principio no sabemos su motivo pero que intuímos que algo grave está pasando aunque este hecho tarde en salir a la superficie. El autor, a través de los ojos de Paul, nos irá presentando a los personajes que charlan de temas banales y comentan la comida del restaurante de moda al que han ido. Hay mucha crítica, irónica e incluso sarcástica no exenta de sentido del humor, sobre estos restaurantes tan en boga en nuestros tiempos donde las raciones son exiguas y supuestamente sofisticadas. Restaurante que, asimismo, es un símbolo de la importancia que se le da hoy en día al status social. Pero la cena es el telón de fondo de un hecho terrible del que son protagonistas Michel y Rick, sus dos hijos de quince años.

No quiero adelantar mucho sobre el argumento ya que hay varios giros claves a lo largo de la narración y  no quiero desvelarlos. Ya tendremos tiempo de hacerlo a lo largo de la lectura de las partes en que dividiremos la novela. Sólo decir que la tensión entre los dos matrimonios irá in crescendo a medida que vayan saliendo a la luz los acontecimientos que los han reunido. Secretos, mentiras, celos, revelaciones… todo teñido de una violencia soterrada en un principio y que acabará estallando al final del relato.

Surgen numerosos temas de debate tales como el racismo, el aborto, el matrimonio, la educación de los hijos, la tolerancia excesiva en dicha educación, la política actual, la pena de muerte, la culpa y el castigo, la moral y la ausencia de ésta en la sociedad que vivimos, la violencia juvenil y la no juvenil, la falsedad de las formas, el consumismo desaforado…

La cena se lee bien, su historia te atrapa desde el principio ya que el lenguaje es sencillo y directo, va al grano con un desarrollo de los hechos muy bien planteado. Posee fuerza, contundencia, mordacidad, sarcasmo y, a veces, es demoledora.

Novela social y psicológica que plantea un dilema moral. Un libro que no te deja indiferente ya que pareciera que los habitantes de este primer mundo “civilizado” se dirigen a la barbarie.

Plazos

Dividiremos la lectura de la novela en tres partes. En la primera “degustaremos” el aperitivo y los entrantes hasta llegar a la página 90. Le dedicaremos a la lectura una semana más o menos. Podéis ir dejando vuestros comentarios más generales sobre esta primera parte en este post y esperar al siguiente en el que ya diseccionaremos más profundamente lo leído.

LUIS GOYTISOLO inicia la segunda temporada de “LIBROS EN DIRECTO”

23 Oct
El ciclo “Libros en directo” inicia su segunda temporada con el miembro de la Real Academia Española Luis Goytisolo, al que seguirá en noviembre, Alejandro Gándara y, en diciembre, Javier Sierra.
Con este ciclo la Concejalía de Cultura pretende traer a A Coruña los autores más relevantes de la actualidad editorial, para que los lectores puedan conocer, por boca de los propios autores, su trayectoria vital y creativa así como los detalles de la obra en cuestión.
El próximo lunes 28 de octubre a las 20:30 horas, en el teatro del Centro Ágora, arrancará la segunda temporada del ciclo “Libros en directo” con una conversación entre Luis Goytisolo, Premio Nacional de Literatura y de la Crítica, y Pedro Ramos, coordinador del ciclo.
La conversación se centrará en las dos novedades que el miembro de la Real Academia Española acaba de publicar en Anagrama: “Estela de fuego que se aleja” yNaturaleza de la novela”, que obtuvo el Premio Anagrama de ensayo 2013, pero estará salpicada de alusiones a otras obras a las que nos acercaremos de mano de la lectura de fragmentos de las mismas. La entrada será libre hasta completar aforo.
“Libros en directo”, gracias a su periodicidad mensual y la calidad de los autores invitados, consiguió el curso pasado situar A Coruña en el mapa estatal de las presentaciones de libros, consolidar el Centro Ágora como el espacio de referencia para las actividades literarias de gran nivel, así como satisfacer la curiosidad del amplio espectro de lectores que pueblan nuestra ciudad.
El ser humano ha conocido tiempos más sombríos; tan bobos, posiblemente no. Decididamente el mundo está más necesitado que nunca de un pensamiento estoico adecuado al presente, de un neoestoicismo. O de un nuevo epicureísmo. De cualquiera de los dos. O mejor: de los dos.

Luis Goytisolo

Nuestro próximo libro: LA CENA de HERMAN KOCH

20 Oct

Portada de La cena de Herman Koch, Ediciones SalamandraNos vamos a Holanda (país que todavía no hemos visitado en nuestras lecturas) de la mano del escritor Herman Koch (1953), considerado, en la actualidad, uno de los escritores más destacados de los Países Bajos. La cena, con más de 340.000 ejemplares vendidos, fue la sorpresa editorial del año 2009 en Holanda. Ganó el Premio del Público y fue declarado Libro del Año 2009.

Os aseguro que el libro no nos va a dejar indiferentes ya que es una novela ácida, provocadora y muy crítica con la sociedad actual.

Desde el lunes 21 podéis pasar a recoger el libro en la Biblioteca Forum.

No os olvidéis de devolver vuestro ejemplar de Donde el corazón te lleve. Gracias.

Nos encontraremos aquí en el plazo de más o menos una semana para comenzar la lectura.

Conócete a ti mismo

10 Oct

Todas las cartas que escribe la anciana a su nieta comienzan con una breve narración de la  pequeña vida cotidiana que la rodea, especialmente los fenómenos atmosféricos que se reflejan en su jardín. Olga, desde su soledad, se ha convertido en una observadora: su perro, su jardín, una mirla herida a la que recoge y cuida. La naturaleza está siempre presente en esta novela. La anciana utiliza a sus elementos, sobre todo a los árboles, como símiles de comportamientos humanos. Todos los días pasea por el jardín o lo contempla desde las ventanas, advierte sus cambios, cuida sus plantas, a pesar de su enfermedad, para que cuando su nieta vuelva encuentre el escenario de su infancia tal como lo conoció. Pero todavía más importante son los recuerdos que Olga continúa plasmando en sus cartas. A partir de esta segunda parte, éstos se van ordenando. Parece que comienza a sentirse a gusto en esta vuelta al pasado en el que se sumerge como lo hace en el desván de su casa, repleto de viejos objetos desordenados. Lo que al principio le daba pereza, e incluso temor, ahora se ha convertido en una necesidad: la urgencia que me posee en este momento no me permite postergaciones, no puedo detenerme justamente ahora, escabullirme.

Olga retoma el relato en la trágica muerte de su hija. Su última conversación en la que le revela la verdad. La frágil e inestable Ilaria está ya al borde del abismo, en manos de un psicoanalista desaprensivo (¿por qué precisamente un psicoanalista? ¿Tendrá la autora algo en su contra?) que la manipula y la domina hasta tal punto que la ha metido en un buen lío de dinero. La chica está desesperada y la verdad de su madre, tanto tiempo guardada, sale disparada de sus labios. Ilaria huye ante sus palabras y se estrella con su coche. La madre, petrificada ante su propia torpeza, cargará con esa culpa el resto de su vida. Una vez que ha comenzado a desvelar las mentiras a su nieta, ya no puede parar. Le habla de su padre: no tenía la menor idea de quién era. Un verano Ilaria se había tomado unas largas vacaciones en Turquía, sola, y había vuelto de esas vacaciones en estado interesante. Ilaria había decidido ser madre soltera, algo muy frecuente en esos tiempos. Olga ha educado a su nieta en el cariño y los cuidados pero ha mantenido ocultas verdades importantes que, una vez que la niña crece, hacen que ésta lo revierta, a través de preguntas no hechas, en rencor hacia su abuela: ¿por qué murió su madre?, ¿quién era su padre?, ¿quién era su verdadero abuelo? Olga ha criado a su nieta entre mentiras: embustera podría ser el título de mi autobiografía. Desde que nací sólo he dicho una mentira. Con ella he destruido tres vidas.

El relato de Olga continúa con su propia vida: su juventud solitaria, su ausencia de maldad en sus relaciones con los hombres (crítica a la “malicia femenina”, ¿qué pensáis?) lo que le impide “cazar” a ninguno. Ella busca un joven con quien pudiera hablar hasta bien entrada la noche sin cansarme […] entonces nacería el amor, se trataría de un amor fundado en la amistad, en la estima, no en la facilidad del enredo. Por ese motivo, pasan los años y  no se casa. Pero su freno, en realidad, es otro: un pequeño muerto en mi interior. Era él quien me frenaba, era él quien me impedía avanzar. Yo me quedaba quieta y aguardaba. Finalmente, aparece Augusto, un viudo mayor que ella con el que sí puede hablar. Se casan precipitadamente nada más empezar la 2ª guerra mundial. Hago aquí un inciso para comentar la nula importancia que Tamaro da a la guerra. Se la quita de encima de un plumazo. Olga habla de querer vivir tranquila y de no importarle nada más que sus pequeñas desdichas personales. ¿? Me parece llamativo que un acontecimiento tan importante que influyó trágicamente en las vidas de tantas personas no influya absolutamente nada en esta mujer tan generosa y sensible. Bien es cierto que la novela trata de otros temas, intimistas, personales… pero de ahí a casi ni nombrarla… ¿qué opináis?

Olga pasa cuatro años en otra ciudad a lo largo de los cuales descubre que su marido es un hombre al que sólo le importa su afición a los coleópteros y además parece ocultar una homosexualidad o inapetencia sexual ya que sus relaciones sexuales son casi nulas. Y, en consecuencia, los hijos no llegan. El pequeño muerto en el interior de Olga se convierte en un muerto enorme. Su soledad y apatía aumenta y se siente encerrada y perdida entre cuatro paredes sin tener nada que hacer. Hasta que conoce a otro hombre, Ernesto, del que se enamora de verdad. Un hombre apasionado, vital con el que vuelve a sentirse viva y feliz. Pero son otros tiempos, los dos están casados y viven en ciudades diferentes. Aún así mantienen una relación que cambia por completo la vida de Olga, tanto incluso como para tener una hija (quería a Ernesto dentro de mí, conmigo, a mi lado para siempre). Augusto se hace el tonto (la anciana lo descubrirá en las palabras que éste dice antes de morir: las manos de Ilaria, ningún otro miembro de la familia las tiene así) y pasan unos años felices en los que Olga se vuelca en el cuidado de la niña. Apenas ve a Ernesto lo que no parece importarle pues su amor está por encima de todo. Ella incluso incide en la idea de que la dificultad mantiene más viva la llama: la facilidad de las relaciones trivializa el amor, que transforma la intensidad del arrebato en una infatuación pasajera. ¿Qué opináis sobre esta afirmación? Suena a idealización, más que a realidad, ¿no creéis?

Ernesto muere, como su hija años más tarde, en un accidente de coche. No ha podido conocer a Ilaria más que de lejos. Ésta sólo tenía cuatro años. Olga cae en una depresión profunda y descuida por completo a su hija. Ese será el origen de que Ilaria crezca inestable y frágil (con sus antenas de niña sensible se dio cuenta de mi repulsa, se volvió caprichosa y prepotente). Además, Ilaria no soporta a Augusto que tampoco le hace mucho caso. La casa se había convertido en un pequeño infierno de rencillas y chillidos: el mal está hecho. Todo porque la anciana se dará cuenta de que buscó la felicidad a través del otro en vez de hacerlo por sí misma (la luz con que había brillado durante los últimos años no provenía de mi interior, sino que era solamente una luz reflejada). Lección que aprenderá más tarde: a los cuarenta años comprendí desde donde tenía que arrancar. Y es desde ella misma, desde su corazón. La carta del 16 de diciembre está plagada de reflexiones a través de las cuales Olga nos explica como llegó a conocerse y a amarse a sí misma y de ahí a amar a los demás, la lección más importante que se puede aprender en la vida: sentada bajo la encina no sea usted, sino la encina; en el bosque sea el bosque, en el prado sea el prado, entre los hombres sea con los hombres. Son palabras de un jesuita que la ayudará mucho en su camino de conocimiento. Si la vida tiene un sentido, ese sentido es la muerte, todas las demás cosas sencillamente giran alrededor de ella. Pero esta verdad hay que saberla con el corazón. Olga se convierte así en una mujer sabia y en paz. Acepta sus errores, asume sus culpas: cometer errores es natural, irse sin haberlos comprendido hace que se vuelva vano el sentido de la existencia. Y, para terminar esta hermosa novela, dos últimas verdades: en realidad, sólo tiene un miedo tremendo. Déjese llevar y lo que tenga que venir vendrá” / “la primera, y la más importante, revolución que hay que realizar es dentro de uno mismo.

Plazos

Es hora de vuestros comentarios a tantos recuerdos y reflexiones. A lo largo de una semana comentaremos esta segunda parte y plasmaremos nuestras conclusiones finales sobre la novela.

Hay cosas que sólo se pueden entender a cierta edad y no antes

2 Oct

Ésta es una abuela especial hablándole a una nieta especial. La niña que escoge un perro herido y feo en vez del más bonito o la que representa una “ceremonia de reencarnación”, ante sus compañeros y la profesora, hablando incluso en otra lengua o la que se hace grandes preguntas (pienso si el cielo se acaba o sigue para siempre) o tiene miedos propios de una persona mayor: lo que te asustaba no era el hombre del saco, ni las brujas, ni los lobos malos, sino el repentino temor de que en cualquier momento el universo de las cosas se viera atravesado por una deflagración. La abuela, una mujer muy generosa y comprensiva, que ama su jardín como si fuera una persona (fui a saludar al nogal y al cerezo), que le habla a una rosa y ésta le contesta (escríbele una carta, un pequeño diario de tus jornadas que le siga haciendo compañía), que prefiere morir cayendo de bruces entre los calabacines de su huerto antes que vivir un año más clavada en una cama, en una habitación de paredes blancas, que comprende y se pone en la piel de su nieta ya adolescente, que se queda sola en el final de su vida y no le importa, que ha sufrido mucho pero ha aprendido y se ha reinventado…

La primera carta que Olga le escribe a su nieta tiene fecha del 16 de noviembre de 1992. La anciana ha estado gravemente enferma y le queda poco tiempo de vida, no quiere decírselo a su nieta que está en América pero, ante el temor de que cuando la joven vuelva, ella ya no esté para abrir la puerta y abrazarte, decide comenzar a escribirle una serie de cartas tan sólo para charlar un poco con esa intimidad que antaño nos unía y que hemos perdido durante los últimos años. Cartas que la joven leerá a su vuelta ya sin su presencia.  Olga, cuando ya era casi una anciana, se encontró con la tarea de hacer de madre de la niña.  Comenta la infancia y la vejez se parecen, por eso se entienden bien mientras la nieta es una niña, pero, al crecer, en algún momento algo se rompió. La adolescente se rodea de una coraza y cuanto más grande y profunda es la herida, más fuerte es la coraza. Y es que hay muchas verdades por confesar, acontecimientos muy importantes que la abuela ha ocultado a su nieta, como tu madre, la  manera que tuvo de concebirte, su muerte. Y Olga quiere hablar, hablar a la niña que fue su nieta (mientras fuiste una niña, juntas éramos felices) y decirle todo lo que no le ha dicho para que la joven comprenda, asimile su pasado y pueda madurar convenientemente.

Las cartas se suceden y la abuela va desgranando, como si estuviera hablando con su nieta cara a cara (pero no), sabias reflexiones sobre la vejez, la infancia, la adolescencia,… así como recuerdos de su vida en común que se le agolpan con el desorden propio de la memoria. La niña se ha convertido en una adolescente llena de cinismo, soledad, obsesiva concentración en tu destino infeliz. Olga siente que debe hablarle con la serenidad que le da la distancia en una conversación unidireccional, sin respuestas. Asimismo, la abuela comienza a ajustar cuentas con su proceder en el pasado: sus culpas sobre la educación que le da a su hija, su silencio egoísta pues cree poder cubrir con su inmenso amor a su nieta el hueco dejado por la madre.

En esta novela hay poca acción y mucha reflexión y recuerdos. Olga, la protagonista, ya al final de su vida, se recoge en sí misma dando rienda suelta a sus pensamientos, busca la paz a través de la verdad que cuenta a su nieta, intenta dejarle un legado fruto de su transcurrir por la vida, con sus errores y con sus aciertos. Hay un halo de espiritualidad oriental en el relato. No olvidemos que en los años noventa en el mundo occidental, una vez muertas, o dormidas, las utopías de querer cambiar la sociedad, de hacerla más justa, hubo una corriente de búsqueda de respuestas en el mundo oriental, en sus religiones, prácticas y espiritualidad tan diferente a la nuestra: la reencarnación, el karma, el budismo… Esto se refleja en el libro. Actualmente, quizás, esto ya no está tan presente y nos puede llamar la atención. Asimismo, la autora trata también el tema del destino y el azar. ¿Qué opináis sobre esto? ¿Es el destino o el azar el que rige nuestros actos?

En la tercera carta, la del 20 de noviembre, la abuela echa la vista atrás e intenta poner orden en sus recuerdos. Habla de la vida de su madre y de su propia infancia. Una relación conflictiva donde su madre y su padre no tuvieron con ella ninguna muestra de cariño. El matrimonio de sus padres no fue por amor. Mi madre murió insatisfecha y resentida, sin que jamás la rozase siquiera la duda de que por lo menos alguna culpa le correspondía a ella. Olga era muy diferente a su madre y ya a los siete años, una vez superada la dependencia de la primera infancia, empecé a no soportarla. Olga, que no es feliz, se convierte en una niña solitaria y fantasiosa. De esta desazón pronto nació en mi interior una gran soledad, una soledad que con el paso de los años se volvió enorme, una especie de vacío en le que me movía con los gestos lentos y torpes de un buzo. La soledad también nacía de las preguntas, de preguntas que me planteaba y a las que no sabía dar respuestasOlga madura muy pronto henchida de preguntas, cada vez mayores y más graves. Hay una crítica muy grande en sus palabras al mundo en el que creció. Más tarde comenzará a comprender a su madre que tampoco tuvo una vida fácil. Habitualmente la desdicha sigue la línea femenina. Al igual que ciertas anomalías genéticas, va pasando de madre a hija. De nuevo crítica, podríamos decir feminista, a la desigualdad reinante entre hombres y mujeres. Y en la familia de Olga esto se cumplirá con creces: su madre, ella, su hija, su nieta.  Como mujer que era, no consigue ir a la universidad a pesar de que lo desea con todas sus fuerzas. Su padre se lo prohíbe. Ella no lucha por su deseo. Ya adulta detrás de mi rutina cotidiana de mujer burguesa, había en realidad un movimiento constante que estaba hecho de pequeñas ascensiones, de desgarramientos, de oscuridades repentinas y de abismos profundísimos. A lo largo de mi vida la desesperación me ha embargado con frecuencia. Y Olga siente la sensación de que siempre está quieta. Todo cambia menos ella. Tendrá que morir su hija de una manera trágica a la edad de treinta y tres años para que Olga empiece a reaccionar. Y como consecuencia de esta muerte, la anciana se tope con una nueva oportunidad que le brinda la vida al poner en sus manos la educación de una niña, su nieta.

El lenguaje con el que narra la autora es hermoso (valgan los ejemplos que transcribo en estos comentarios), intimista, poético, plagado de símiles que van desde los objetos más cotidianos a la esplendorosa naturaleza.

Por fin la abuela habla de esa hija, Ilaria, con la que tuvo una relación difícil. Olga deja a su hija en libertad para no repetir los errores de su madre para con ella. Detrás de la máscara de la libertad se esconde frecuentemente la dejadez, el deseo de no implicarse. / El amor no conviene a los perezosos, existir en plenitud exige gestos fuertes y precisos. Yo había disfrazado mi cobardía y mi indolencia con los nobles ropajes de la libertad. Fuerte autocrítica de la anciana que con el tiempo ha sabido ver sus errores. Os cedo a vosotros un análisis más exhaustivo de esta relación madre-hija.  Casi al final de esta primera parte Olga confiesa: tenía una hija y la he perdido. Murió estrellándose con su coche: ese mismo día yo le había revelado que ese padre que, según ella, tanto daño le había causado, no era su verdadero padre.

Plazos

A lo largo de una semana comentaremos esta primera parte. Es hora de que vosotros opinéis. A la vez, leeremos la segunda parte a partir de la carta del 30 de noviembre (Pág. 86) hasta el final de la novela.