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Sábado

26 Feb

RiachueloLa segunda parte de la novela se abre y se cierra con las reflexiones de Margarete. Parece que el autor toma partido por ella para poner en su boca las reflexiones más acertadas. A través de sus pensamientos, más que sus escasas palabras, la vamos conociendo. Margarete personifica el equilibro en medio de los demás personajes más inestables (Le parecía realmente adecuado que Christiane hubiera llevado allí a Jörg tras su liberación. Tal vez perdiera en aquel lugar su enfermedad y los demás las suyas). Además el autor nos sorprende con el comienzo de un idilio entre ella y Henner. Algo que se presiente sólido a pesar de lo inesperado para ambos.

Los personajes se van despertando a un nuevo día en la vieja casa de campo, todos piensan en lo ocurrido el viernes y están llenos de interrogantes. Durante el desayuno se desencadena una interesante discusión sobre la lucha armada. Ulrich ataca con fuerza, y también Karin, ante la postura de Jörg: disculpas, justificación (En la guerra se dispara y se mata […] Estábamos en guerra, así que disparé y maté), autodefensa, indiferencia ante las víctimas… pero no puede ni terminar las frases (Lamento que el mundo no sea un lugar en el que no…, que sea un lugar en el que…). Marko le apoya reincidiendo en la idea de la guerra (Se trataba de una guerra auténtica).  ¿Qué opináis sobre esta idea de ver la situación como una guerra? Es la disculpa que siempre han dado los terroristas occidentales: una guerra contra el Estado, contra el sistema capitalista.

Al final de la discusión, Jörg le acusa a Henner de ser él su delator (parece que es lo único que le interesa decir). En un paseo posterior, Margarete le desvela a Henner que fue Christiane quien lo hizo (Lo traicionó por miedo; por cariño y por  miedo). Esto me recuerda a la película italiana “La mejor juventud” de Marco Tullio Gordiana, no sé si la habréis visto, si no es así, os la recomiendo, es un emocionante retrato, a través de la vida de dos hermanos, de la Italia que va de los setenta al año 2000. En ella, un personaje femenino milita en las Brigadas Rojas y su marido la delata, por amor, para que no la acaben matando.

Continúa la novela paralela de Ilse. El autor le dedica dos capítulos en esta segunda parte. Ilse parece estar inspirada y, a la vez, se interroga sobre el proceso de escritura, de gestación de una novela. A través del personaje de Jan, Ilse nos narra el  la vida de los terroristas en aquellos años: sus pensamientos, sensaciones, la clandestinidad, los secuestros, cómo se enfrentan a su primer asesinato (Con el primer asesinato Jan había traspasado la línea de ese contrato social que hace que no nos matemos los unos a los otros. ¿Qué podía detenerle después de eso?). Con esta narración paralela, el autor llena el hueco que la novela principal no aborda sobre el principio y los porqués de los que, como Jörg, acabaron en prisión o muertos. Esta novela dentro de la novela está muy bien narrada y permite al autor lucirse en otro registro.

Christiane se va liberando poco a poco de su actitud protectora. Ante la amenaza de que Jörg pueda saber que fue ella quien lo delató y el miedo a perder a su amiga (más que amiga en otros tiempos) Margarete (por su aproximación a Henner) y quedarse sin sus dos seres más cercanos, una sensación de resignación se apodera de ella y, curiosamente, se empieza a sentir más libre. Es un proceso complejo que va a ir viviendo y que la va a hacer más humana.

La cuestión del comunicado de prensa que Marko escribe en nombre de Jörg y que, finalmente, entrega a la prensa sin que Jörg dé su consentimiento está, a mi parecer, cogido con alfileres. El autor levanta muchas expectativas sobre ello para luego resolverlo fácilmente y quedar en nada. Simplemente nos sirve para mostrarnos la indecisión de Jörg sobre la cuestión de liderar un nuevo “movimiento revolucionario”. Indecisión que estamos captando casi desde el principio de la novela.

Y, por fin, aparece el último personaje, un tal Gerd Schwarz, estudiante de arte que se interesa por la casa y al que se le invita a unirse a ellos (¿cómo dejan quedarse a ese chico que no saben quién es y hablar delante de él cosas tan íntimas? Se supone que han tomado muchas precauciones para que nadie sepa donde está Jörg esos primeros días de libertad). Un joven que escucha en silencio todo lo que se habla hasta que, tres capítulos después, en medio de una tensa discusión y en un golpe de efecto buscado por el autor, desvela su verdadera identidad: es el hijo de Jörg (Ferdinand Bartholomäus, en homenaje a Ferdinando Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti), al que nadie ha conocido, ni siquiera su padre, porque se lo llevaron los abuelos maternos siendo un niño a Suiza. Antes de que el hijo le cante las cuarenta su padre, los demás se dejan llevar por sus sueños no realizados, y ahí, habla Margarete con toda la verdad, desde mi punto de vista: Vivimos en un exilio. Lo que fuimos y quisimos seguir siendo y quizás también lo que estuvimos destinados a ser lo perdemos, pero a cambio encontramos otras cosas. Incluso cuando pensamos que vamos a encontrar lo que estamos buscando, la verdad es que damos con una cosa distinta. […] Puede que sea eso lo que provoca que surjan terroristas. Puede que sean personas que no soportan vivir en el exilio y quieran instaurar su sueño de una patria a base de bombas. Un buen párrafo para reflexionar y comentar.

En fin, el hijo suelta todo su dolor y su rabia, con toda razón. El padre se queda helado, no sabe ni qué decir. Y para terminar, Dorle, que no ha podido con el padre, se lleva al hijo a pasear, a calmarlo, a hablar con él, y, como quien no quiere la cosa, acaban en la cama. Como Henner y Margarete. Bueno, a mi parecer el relato va adquiriendo un cierto tono de culebrón alejándose de lo verdaderamente importante. Veremos qué nos depara el domingo.

Plazos

Continuamos la lectura con la tercera y última parte, Domingo, a lo largo de una semana. A la vez, podéis ir dejando vuestros comentarios.