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Toda una playa vibrante de sol se apretaba a mi espalda

8 Ene

Sol PoenteComienza esta primera parte con la muerte de la madre del protagonista y la narración minuciosa de cómo éste se pone en camino hacia el lugar donde ha muerto (Marengo, a 80 km de Argel). Los hechos están narrados con objetividad (y eso que está narrada en primera persona, no lo olvidemos), con un estilo sencillo, claro que va al grano. El protagonista no expresa sus sentimientos, se muestra, incluso, egoísta: durante el último año apenas vine aquí. Y también porque venir anulaba mi domingo, sin contar el esfuerzo de ir al autobús, de tomar los billetes y de hacer dos horas de viaje […] Cuánto me habría gustado pasearme de no haber sido por mamá […] y mi alegría cuando el autobús entró en el nido de luces de Argel. Pronto aparece su actitud de desinterés por todo lo que está ocurriendo. Un primer “no sé” (expresión que, junto a “me da igual”, aparecerá en el texto reiterativamente) ante la pregunta de por qué no quiere ver a su madre muerta. Indiferencia (no sabía la edad exacta), cansancio, aburrimiento, sueño. Eso es lo que siente el protagonista ante su madre muerta. Meursault describe el velatorio, el entierro con gran detalle, es un buen observador, pero continúa sin mostrar sus sentimientos, su postura es por momentos de perplejidad, de duda ante lo que debe hacer. Las observaciones sobre la naturaleza (el paisaje, el calor…) están siempre presentes. Meursault de vuelta a Argel, y como si nada hubiera ocurrido, se va a bañar y se encuentra con una amiga, Marie Cardona, con la que acaba pasando la noche. Repite dos veces, a su jefe y a Marie, que no es culpa suya que su madre haya muerto y afirma: nada significaba eso. De todos modos, uno siempre es un poco culpable. Deja el tiempo pasar, un sentimiento de vacío nos empieza a invadir a medida que avanzamos en la lectura: pensé que, al cabo, era un domingo de menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que, después de todo, nada había cambiado.  Van apareciendo otros personajes: su compañero de trabajo Emmanuel, el dueño del restaurante donde come, Celeste, los vecinos: Salamano y su perro y Raymond, el “almacenero” que vive de las mujeres y que tanta importancia tendrá en el desarrollo de los hechos. Meursault normalmente no manifiesta su opinión cuando se la piden, sólo el silencio o la indiferencia por respuesta. Incluso cuando Marie le pregunta si la quiere, el responde que eso no significa nada, pero que le parece que no, y cuando más tarde le pregunta si quiere casarse con ella, él responde que le da igual y que pueden hacerlo si ese es su deseo. O cuando su jefe le propone un ascenso en el trabajo, yéndose a París a vivir dice: dije que sí, pero en el fondo me daba igual. Me preguntó entonces si no me interesaba un cambio de vida. Contesté que no se cambia nunca de vida, que en cualquier caso todas valían lo mismo y que la mía aquí estaba lejos de disgustarme. Pareció descontento, me dijo que nunca respondía directamente, que no tenía ambición y que eso era desastroso en los negocios. Hubiera preferido no decepcionarlo, pero no veía razón alguna para cambiar de vida. Pensándolo bien, no me sentía desgraciado. Cuando era estudiante, tenía yo muchas ambiciones de ese tipo. Luego, cuando tuve que abandonar mis estudios, comprendí muy pronto que todo eso carecía de verdadera importancia. Parece que no hay motivos en lo que hace y decide, sólo una gran desidia que invade todos sus actos. ¿Qué opináis? ¿Y por qué creéis que es así?

En el último capítulo de la primera parte se desencadena la tragedia. Unos moros con los que Raymond ha tenido problemas a causa de sus relaciones con la hermana de uno de ellos, les siguen a una playa donde están pasando el día. El sol es cegador, hace mucho calor, hay un primer encontronazo en el que pegan a los moros que tienen una navaja. Se alejan. Pero Raymond tiene una pistola y Meursault se la coge y de la manera más absurda vuelve al lugar sin saber muy bien el porqué: era el mismo resplandor rojizo. Sobre la arena, el sol jadeaba con toda la respiración rápida y ahogada de sus pequeñas olas. Caminé lentamente hacia las rocas y sentí que mi frente se inflamaba bajo el sol. Todo ese calor se apoyaba en mí y se oponía a mi avance. Cada vez que sentía su poderoso hálito en mi rostro apretaba los dientes, cerraba los puños en los bolsillos de mi pantalón y me tensaba por entero para triunfar del sol y de aquella ebriedad opaca con la que me invadía. A cada espada de luz surgida de la arena, de una concha blanqueada o de un trozo de vidrio, mis mandíbulas se crispaban.  Se encuentra al árabe. Para mí, era una historia terminada y había venido sin pensarlo […] Pensé que me bastaba dar la vuelta y el incidente habría terminado. Pero toda una playa vibrante de sol se apretaba a mi espalda […] Era el mismo sol del día que enterré a mamá y, como entonces, me dolía sobre todo la frente y todas sus venas batían a un tiempo bajo la piel. Esa quemadura que no podía soportar me hizo dar un paso hacia adelante. Sabía que era estúpido, que no me desembarazaría del sol desplazándome un paso. El árabe saca el cuchillo. En el mismo instante, el sudor acumulado en mis cejas corrió de pronto sobre los párpados y los cubrió con un velo tibio y espeso. Cegaba mis ojos ese telón de lágrimas y de sal […]  Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para vomitar fuego. Todo mi ser se tensó y mi mano se crispó sobre el revolver […] Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz. Entonces, disparé cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que se hundían las balas sin que lo pareciese. Fueron cuatro golpes breves con los que llamaba a la puerta de la desgracia.

He transcrito casi todo el párrafo porque me parece clave para entender (si es que se puede entender) el desencadenamiento de los hechos. No hay motivo aparente para volver al lugar con una pistola y después disparar sobre el árabe. Todo gira alrededor del sol cegador que parece dirigir sus actos de una forma irracional. Todo es absurdo, gratuito, como lo es su propia vida.

¿Qué opináis sobre este acto irracional? ¿Qué es lo que creéis que le empuja a Meursault a realizarlo?

Plazos

Comentaremos esta primera parte a lo largo de una semana y seguiremos con la lectura de la segunda parte al unísono.